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Blog de Mauricio Rubiano Carreño

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En caso de violación ¿abortar?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

Cuando acaece una violación, la situación psicológica de la gran mayoría de las mujeres se ve afectada de una manera u otra, llegando a presentarse casos de desquiciamiento total.

 

Es verdaderamente una injusticia ante la que hay que reaccionar. En primer lugar, es necesario encontrar la causa de semejante atropello. Parte del problema tiene su origen en la educación sexual del ciudadano, pues recibe una instrucción colegial superficial en donde no se compromete el amor con la sexualidad humana y está sometido a la avalancha de mensajes comerciales, lecturas, programas radiales, televisados y de cine que invitan a la irresponsabilidad sexual y al deterioro de los valores humanos fuertes que, en situaciones de inestabilidad emocional desencadenan la violencia sexual. Sirve de confirmación de ello que en la guerra o en tragedias naturales, muchos hombres se convierten casi en animales y violan a gente inocente, en su cuerpo, en su derecho a la libertad y en su intimidad. He aquí una loable meta a lograr por parte del gobierno: la de educación en la moral y en las buenas costumbres de los futuros ciudadanos.

 

Sin embargo, es bueno refrescar las estadísticas: en el Manual sobre el Aborto (Eunsa, 1975) se informa que en Checoslovaquia, de 86.000 abortos provocados, sólo 22 fueron embarazos producidos por violación y que en un estudio realizado en Minneápolis sobre 3.500 casos de violación, dados en diez años, no se registró caso alguno de embarazo.

 

Médicamente esto tiene su explicación: la adrenalina, sustancia que excretan las glándulas suprarrenales en situaciones de susto o pánico, cierra el cuello del útero y hace su moco más espeso, dificultando así el paso de los espermatozoides.

 

Para fortuna de las mujeres que están en el pequeño porcentaje de quienes quedan embarazadas tras una violación, hoy la ciencia médica es capaz de eliminar al espermatozoide de la vagina y del cuello uterino para descartar la posibilidad de la fecundación. Basta que la paciente acuda rápidamente a un centro médico donde le practicarán un “lavado” que impide que el espermatozoide viaje a la trompa a encontrarse con el óvulo y se forme el cigoto.

 

Precisamente por la ignorancia en este aspecto, aunque son pocas, todavía hay algunas mujeres que quedan embarazadas después una violación. ¿Qué hacer entonces? ¿Se debe castigar con la muerte al niño inocente? Es verdad que la violación es una injusticia pero, ¿se añadirá un asesinato a la injusticia social? Esto, además, sería hacer más aceptable una situación ya de por sí inaceptable.

 

Psicólogos nombrados por el doctor Jêróme Lejeune, biólogo especializado en genética, afirman que no siempre un embarazo no deseado implica un nacimiento no deseado: en el curso de los nueve meses, la actitud de la madre, incluso si ha sido violada, puede cambiar por completo. Más adelante, se ha visto que algunas sobreprotegen al hijo que ha nacido por una violación, mucho más que a sus hermanos.

 

Además, para las madres que no se sientan capaces de hacerlo, quedará siempre la noble opción de la entrega del hijo en adopción: que otros seres humanos puedan encargarse del niño para darle la oportunidad de vivir y de gestarse su propio destino.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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El aborto terapéutico

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

La Asociación civil francesa “Laissez-les Vivre” precisa que “es falso que la mayor parte de las deficiencias del recién nacido sean hereditarias o provengan de enfermedades del embarazo; más bien” -dice- “obedecen a la insuficiencia de equipos de reanimación o fallas humanas en lo que respecta a prevención y vigilancia”.

 

También afirma que “es falso que todas las malformaciones se pueden constatar por punción amniótica (succionando, con una jeringa el líquido amniótico y analizando en él las células descamativas del feto). Sólo algunas enfermedades se pueden diagnosticar tempranamente, como es el caso de la trisomía 21 o mongolismo. La naturaleza es sabia: las verdaderas monstruosidades son eliminadas espontáneamente”. Además, con los últimos adelantos científicos, hoy es posible intentar mejorar el cromosoma afectado.

 

Sin embargo, algunos médicos aceptan el deseo de sus pacientes o, incluso, instan a que se elimine a los enfermos cuando son pequeños e incapaces de defenderse, como es el caso del embrión y del feto, olvidando que el médico está para preservar la vida y la salud, no para matar. En ese sentido, el profesional debe ser muy cauteloso al decir las cosas: muchas veces, una palabra del médico se convierte, por la autoridad de que está revestido, en coacción, al igual que lo sería la legalización del aborto, pues le daría un “valor moral” que no posee y que no adquiere por mayoría de votos en ningún congreso.

 

La historia sucedida en Italia a propósito de la nube tóxica de dioxina sobre la ciudad de Seveso, puede dar una idea del estrago que los médicos y los medios de comunicación pueden causar sobre la opinión pública: muchas madres fueron convencidas de que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas monstruosas. Por esa razón, las autoridades permitieron el aborto terapéutico. Lo llamativo del caso fue que las 1.400 madres que se negaron a hacerlo dieron a luz hijos sanos. Así como éste, se dan muchos casos que se presentan como abortos terapéuticos los que sólo son homicidios verdaderos y premeditados.

 

Por otra parte, no se puede tachar al feto de “injusto agresor del organismo de la madre”, como se afirma a veces, ya que el niño no hace nada, voluntaria y conscientemente. Además, en la inmensa mayoría de estos casos, factores inherentes al organismo de la madre —y no al del niño—, son los que causan agresión.

 

Por último, debe decirse que la vida humana no es una “cosa útil”, como la propiedad; por tanto, ambos derechos a la vida —el de la madre y el del niño— son igualmente valederos; así que, en los casos en que se justifica el aborto para salvar la vida de la madre, se viola uno de los dos derechos.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sufrimiento posaborto

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

SECUELAS PERSONALES Y FAMILIARES

 

La toma de la decisión antes de abortar, evidentemente, está impregnada de muchas emociones negativas. Las influencias externas que acompañan a esta determinación influyen también: las circunstancias por las que atraviesa la mujer, las opiniones de sus seres queridos o allegados, la incertidumbre sobre lo que le va a pasar, las razones que la llevaron a pensar así…

Mientras tanto, su sentido común y la conciencia la atacan sin descansar: algo le dice que no está actuando correctamente.

Pero, luego de realizarse un aborto, la mayoría de las mujeres experimentan una serie de impresiones psicológicas que trascienden a la vida familiar como se pasa a describir.

Primero aparece un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”.

Después, puede suceder que tenga con quién desahogarse contándole todo pormenorizadamente o que se calle y no comparta sus emociones, sino que las interiorice. En ambos casos, ella misma se disculpa con toda clase de argumentos para contradecir a su conciencia y para sumar una buena cantidad de “razones” que explicarían el aborto como tal, como también la determinación que tomó. Quienes la escuchan, obviamente, toman la misma actitud: no le van a reprochar algo que ya hizo y que no tiene retroceso, especialmente cuando la hace sufrir tanto.

En la tercera etapa, la sensación de culpa se oculta sin desaparecer produciendo gran cantidad de efectos en su emotividad y en su afectividad:

La primera afección psicológica es una baja en su estima personal. Como se sabe, estas mujeres, sin notarlo ni expresarlo, se sienten poco valiosas, dignas de reprobación, poco útiles, menospreciadas o frustradas…

Las actitudes en su vida diaria son muestra de estas sensaciones internas y, por eso, se dejan maltratar psicológicamente, verbalmente e, incluso, físicamente.

Esas fallas en su emotividad producen efectos nocivos en su afectividad: en primer lugar, sus seres queridos se ven afectados de una u otra forma, pero también todos los que se relacionan con ella.

La experiencia profesional ha mostrado que la relación de pareja y, si tiene otros hijos, la relación maternal, se ven continuamente deterioradas, hasta producir separaciones y fallas graves en el proceso educativo de los hijos.

 

Con frecuencia se dan casos de mujeres que no logran estabilidad laboral por sus continuas riñas con compañeros de trabajo y/o patronos, hasta que se curan, cuando acceden a la terapia psicológica que se hace en esos casos (y que hoy llaman: “sanación posaborto”). Otras veces nacen en ellas costumbres como el tabaquismo, alcoholismo o drogadicción, que también ceden o desaparecen con el tratamiento.

Pero aún hay más: reiteradamente los psicólogos son consultados por parejas o por individuos de ambos sexos que buscan disminuir la frigidez (reducción o pérdida del deseo sexual) que se presenta tras los abortos.

Muchas mujeres sienten una frustración de su instinto maternal que no manifiestan abiertamente, pero que las obliga a tomar actitudes de tristeza o depresión ante la vida.

Otras sienten un deseo vehemente de quedar nuevamente embarazadas para reemplazar al hijo “perdido”.

Y la mayoría suelen tomar actitudes que parecen extrañas pero que son explicables: anotan en un papel la fecha probable del parto del hijo que abortaron, y ese papel lo dejan en la mesita de noche (bajo el vidrio, entre el cajón o detrás de ella), debajo del colchón, tras un cuadro de la habitación…, siempre en su alcoba, como si quisieran castigarse al levantarse y al acostarse, todos los días de su vida, con el recuerdo de esa deplorable acción. Pero la cosa no termina allí: también es frecuente que se queden viendo con tristeza y mucho dolor a un niño o niña de la edad que tendría su hijo, si viviera; la mayoría de las veces en silencio.

A menudo se crea una fuerte aversión hacia su marido o compañero, lo que dificulta el trato en la pareja, con las consecuencias que se derivan en cuanto a relación interpersonal, a educación y armonía en el hogar.

Es habitual la presencia de neurosis, especialmente de tipo depresión reactiva, como también el insomnio de muy difícil curación, como consecuencias de practicarse el aborto.

Por último, el suicidio se presenta como secuela final en alrededor del treinta por ciento de las mujeres. Pero lo más sorprendente de todo es saber que, en Colombia, quienes se suicidan o piensan hacerlo eligen casi siempre una marca especial de veneno para matar ratones. Fue una sorpresa saber que la mayoría de las personas creen que ese veneno mata destruyendo las entrañas. ¿No será que, al matarse así, el castigo estaría a la altura del crimen que se cometió?

 

 

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‘Preembrión’

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

¿SE PUEDE DISPONER DE ÉL PARA FINES CIENTÍFICOS?

 

En muchos medios de comunicación se ha venido escribiendo y hablando del “preembrión” con una seguridad asombrosa, como si se tratara de algo ya plenamente aceptado por la ciencia. Incluso se han llegado a oír médicos que utilizan este vocablo en sus conferencias.

Esto no tendría ninguna trascendencia si no fuera porque repercute tanto en el ámbito científico como en el humano.

La ciencia puede definir ahora el estado —en muchos aspectos— de los embriones antes del nacimiento. Ya se han descrito cerca de 6.000 genes que producen caracteres hereditarios específicos, aunque el trabajo que resta es inmensamente mayor: son miles de millones.

Existen procedimientos capaces de originar seres humanos idénticos o en serie, lo que se ha llamado “clonación”; se tiene la posibilidad de utilizar la ingeniería genética con fines no terapéuticos; se busca lograr el intercambio genético con otras especies; el uso de embriones (o “preembriones”) para la producción de cosméticos y su comercialización es cada vez más frecuente…

Por otra parte, se quiere establecer cuál será el estatuto jurídico del “preembrión” —qué derechos tiene— y quiénes serían los titulares de la disponibilidad sobre él, quiénes decidirían su futuro.

 

 

¿Qué es el “preembrión”?

 

Uno de los aspectos más importantes al dirimir un asunto es conocer el argot que le corresponde. Es necesario puntualizar que el término “preembrión” no está aceptado por la Real Academia Española, que no se usa en los textos científicos y que tampoco aparece en los diccionarios de términos médicos.

Acudiendo a la etimología (y a la lógica), se puede deducir que el preembrión es lo que precede al embrión. La definición de éste es: “Germen o rudimento de un ser vivo, desde que comienza el desarrollo del huevo hasta que el organismo adquiere una forma característica del individuo adulto. Producto de la concepción hasta fines del tercer mes del embarazo” (sin embargo, hoy se considera que a los sesenta días, ya que está completo y que sólo le falta desarrollarse, muda su nombre por el de feto).

Si se tiene en cuenta que la concepción es el momento en el cual el espermatozoide penetra en el óvulo y sus núcleos se fusionan para formar un nuevo ser humano, no hay lugar para la posible existencia de un preembrión: antes de este momento sólo hay dos células, llamadas gametos: una femenina —que puede llegar a vivir un poco más de 24 horas—, y otra masculina —que tiene una expectativa de vida de 72 horas— si esa unión no se produce. De lo contrario, el producto de esa conjugación podrá alcanzar los 75 años de vida que muestran, como promedio, las estadísticas (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

Los primeros estadios de la vida humana tienen una denominación específica: cigoto es el primero de ellos, y se denomina así al “individuo resultante de la unión de los dos gametos”; el siguiente es mórula que significa “óvulo fecundado que, durante el período de segmentación, tiene el aspecto de una mora”; y finalmente blástula o “período de desarrollo embrionario consecutivo a la segmentación del huevo fecundado, con una cavidad central”. Como se ve, todos estos son fases de crecimiento y desarrollo del embrión.

De manera que todo estatuto jurídico del embrión debe, primero, asumir que las decisiones que se tomen al respecto afectarán al ser humano desde el momento de la fecundación y, segundo, no legislar para un “preembrión” no existente.

 

 

Los titulares de la disponibilidad sobre el embrión

 

Desde el punto de vista genético, ser humano significa el individuo que, en sus células, y más específicamente en los núcleos, posea 46 cromosomas, y que, además, posea la capacidad de desarrollar, si las circunstancias de normalidad se dan, un ser humano adulto.

La célula primaria o cigoto —siendo una sola— es capaz de desarrollar un cerebro y un corazón tan complejos como los de un adulto, una placenta y un cordón umbilical que lo mantienen unido a su madre para alimentarse y beneficiares de ella desde los primeros días… En cambio, una célula de la piel de una mujer o de un hombre no puede realizarse a sí misma tantos cambios, aunque posea los 23 pares de cromosomas.

De modo que, aunque sea un individuo unicelular, el cigoto es el punto de partida del desarrollo del ser humano y, por tanto, de la vida humana: es ya una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa individualidad hasta su muerte. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida. Y esta vida continuará sus estadios hasta la muerte.

Se puede afirmar, entonces, que toda legislación común para el ser humano, sea éste viejo, adulto, joven, adolescente o niño debe cobijar al ser humano, sea éste feto, embrión o cigoto.

El embrión y lo que se ha llamado preembrión es un ser humano. Es seguro que, como tal, tendrá todos los derechos de que son depositarios los seres humanos y, por consiguiente, ése mismo será su “estatuto” jurídico.

En este contexto, al debatir, como se pretende, quién es titular de la disponibilidad de un feto o de un embrión es imperante preguntar antes quién es el titular de la disponibilidad de otro ser humano cualquiera.

 

 

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Aborto: ¿por mayoría de votos?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

En la polémica que se desata de cuando en cuando sobre la despenalización del aborto, algunos abogados, miembros de la Corte Constitucional y Defensores del Pueblo aducen que «el pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban».

Pero, ¿es el pluralismo ideológico más importante que el bien común? Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano. Por citar sólo un ejemplo, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia —establecida, por demás, en muchos países— no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría).

La «mayoría de votos» podría llegar así a ser no menos que la «tiranía de algunos».

Igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un «valor moral» que no posee y que no se adquiere por mayoría de votos en ningún Congreso del mundo.

Si las ciencias de la genética y la embriología —con todo sustento científico— no han hecho otra cosa que especificar que la vida humana comienza con la fecundación, y el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, Carta Magna de 1991, reza: «El derecho a la vida es inviolable», despenalizarlo sería una contradicción flagrante, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Además, el efecto histórico de la legalización del aborto es el incremento de las razones que se utilizan para ello: se comienza por algunas particulares causas extremas, como la violación y la fecundación no consentida, y luego se aumentan hasta situaciones tan sutiles como las que se dieron en los ejemplos que siguen:

Los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos, que figuran allí como causas aceptadas.

El Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas. Hoy día, Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto.

Asimismo, en Suecia, la depresión reactiva (psicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que se piensa en realizar un aborto.

Lo peor de todo es que, tras la legalización, la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva con respecto del número de veces que anteriormente se recurría a tal maniobra, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en muchos ciudadanos. Esto muda la gestión protectora de la moral y las buenas costumbres que deben dar las autoridades.

En Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia, por ejemplo, la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos.

Es fácil deducir que esto mismo ocurrirá en Colombia si se llega a despenalizar el aborto, y se incrementará la muerte violenta de otros muchos ciudadanos; en este caso, con el agravante de que se hará con premeditación, alevosía y ventaja. ¿No es suficiente con lo que ya está pasando?

 

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Métodos para realizar el aborto

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

Dentro de los métodos que más se utilizan para realizar el aborto está el raspado bajo anestesia general que, como su nombre lo dice, consiste en retirar el feto, previa una apertura rápida de dos centímetros del cuello uterino, con el paciente anestesiado, en el que se utilizan unas pinzas largas para despedazar al bebé dentro del útero materno y sacarlo en pedazos.

El aborto por aspiración, que emplea, a modo de legra, un tubo de 8 a 16 mm al que se acopla un aspirador quirúrgico y que evita, casi siempre, hospitalizar a la madre. El método Karmann, variante del precedente, y que emplea un pequeño material plástico.

El aborto por solución salina (también uno de los más utilizados) consiste en pinchar el útero y absorber o dejar salir casi todo el líquido amniótico; en su reemplazo se deja una solución salina (cloruro de sodio). El bebé se intoxica y muere. Entre uno y tres días más tarde la madre expele el niño muerto. Este método es recomendado en los casos que llegan con tres meses y medio de evolución o más, en donde el feto ya no se puede trocear para evacuarlo por raspado, debido a su tamaño.

En algunas ocasiones, se hace una cesárea, especialmente cuando se quiere esterilizar a la madre.

Si se quiere realizar el aborto sin intervención manual o instrumental, se puede optar por utilizar las prostaglandinas, que invitan al útero a contraerse y a expulsar el contenido. Este método es uno de los más utilizados en las clínicas especializadas.

El aborto “asistido” consiste en citar a la madre una semana antes del parto, dilatar el cuello uterino y darle la vuelta al niño para que quede de pie: Una vez en esa posición, se lo saca hasta el cuello, de modo que la cabeza quede todavía dentro del cuerpo materno. Luego, se le succiona el cerebro a través de la fontanela (el orificio que tienen los bebés en la cabeza). Terminado este procedimiento se lo termina de extraer por completo. Se dice que es un aborto y no un homicidio, puesto que el cerebro todavía está dentro del cuerpo de la madre.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional “probo y altamente calificado”, crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de amenorreas persistentes (falta de menstruación), procesos inflamatorios tubo–ováricos, esterilidad secundaria y otros procesos patológicos. Los reportes muestran, además de las complicaciones de la anestesia, especialmente las siguientes secuelas tardías: esterilidad, embarazos extrauterinos, apertura permanente o desgarro de cuello uterino, sinequias (adherencias colágenas) del útero, corte o lastimación del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica) y otras de menor prevalencia, como la perforación accidental del intestino a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial). Carol Everett, ex propietaria de cuatro clínicas situadas en Dallas, Tejas, informa que desde 1977 hasta 1983, una de cada quinientas mujeres a las que se practicaba el aborto moría o quedaba mutilada.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Aborto legal contra el aborto ilegal

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

 

La razón más fuerte que enarbolaba el último documento que pretendía legalizar el aborto en Colombia es que en casi todos los países “avanzados” lo está. Colombia —decía el proyecto— no puede quedarse atrás en ese sentido.

El mundo camina hacia su destrucción y nuestro país se ha negado, de nuevo, a estar a la moda. ¿Llamaremos a eso adelanto o retroceso?

El argumento que más se discutió rondaba la idea, muy extendida hoy, de que el aborto ilegal es una realidad y que, como existencia indiscutible, había que regularlo.

Así se empezó a forjar una idea que se oye a diario en todos los ambientes en la que se cree que, ya que es imposible penalizar adecuadamente ese acto ilegal, deben implantarse las reglas del juego: en cuáles circunstancias y cuándo se considerará legal hacerlo y en cuáles circunstancias y cuándo no.

Pero nadie cuestionó lo siguiente:

·     La justicia que no pudo evitar el aborto llamado clandestino ¿será capaz de hacer valer las nuevas reglas? ¿cómo lo hará? ¿con qué mecanismo?

·     ¿No será más difícil detectar si los abortos que se lleven a cabo están permitidos? ¿cómo se evitaría el aborto no permitido por la nueva ley, si anteriormente no se podía evitar el aborto, aunque estaba penalizado?

Pero lo más inconsecuente de todo es pensar que el razonamiento inicial —legalizar lo que no se puede evitar— es lógico:

·     ¿Debemos legalizar (regular) el homicidio, ya que Colombia es uno de los países en los que menos se respeta la vida? ¡Habría que hacer lo mismo con el secuestro, con el robo, con la violencia conyugal o infantil, con el peculado, con la corrupción…!

Se puede decir que el problema, entonces, no es del congreso, es de la rama jurisdiccional: hacer cumplir las leyes.

Pero, si inspeccionamos más profundamente, se llegará a la esencia: el problema es de moral: hace falta una cultura por la defensa de la vida que se contraponga a la cultura de la muerte que nos domina y que hace que las conciencias no valoren el don más valioso que puede tener el ser humano: su vida. Sin ella, es imposible luchar por los demás derechos.

  

 

 

 

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¿Aborto u homicidio?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 22, 2008

El individuo resultante de la unión de las células sexuales masculina y femenina, o gametos, se llama cigoto.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en los genes toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: son ellos los que guían la construcción del cerebro, y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un cassette, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Es enorme la cantidad de información contenida en las moléculas de DNA: Veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, que es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa y, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia animado por una naturaleza humana, se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre.

A los pocos días de fecundado, ya no se habla de cigoto, sino de embrión.

En el sexto o séptimo día de su vida, con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien a través de un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de su madre. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Con técnicas como la ecografía transvaginal, se puede observar, un mes después de la fecundación, el minúsculo corazón del embrión que late ya desde hace una semana y, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro.

A los dos meses, llamado ya feto, está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios y hasta sonríe.

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. El nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos. Sólo al llegar la adolescencia, esta red de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

El “Official Journal of the California Medica Asociación”, Vol. 113 Nº 3. p. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Aborto: ¿siente dolor el feto?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 18, 2008

En el aborto, uno de los aspectos más olvidados es el referente a las sensaciones del nonato (embrión o feto no nacido). Por eso, se presentan a continuación, las siguientes publicaciones:

“Antes de finalizar el segundo mes, hay una clara respuesta del feto a los estímulos. Por ese entonces la inspección electroencefalograma revela que hay funcionamiento cerebral del niño no nacido.

“Entre la octava y la décima semana, ya se puede medir la actividad del tálamo (sitio donde está, en el cerebro, el centro del dolor). Los nociceptores (nervios sensoriales para la recepción del dolor) llegan a la piel antes de la novena semana de la gestación.

“Para el día 77 de vida en el vientre materno, el niño ya puede tragar (a una velocidad que varía según el nivel de dulce de la inyección).” The Silent Screams: Abortion & Fetal Pain” Patrick Kaler, C. SS. R. Liguori publications. 1984.

“…a la mitad del período de embarazo, mitad del quinto mes, una luz muy luminosa puesta sobre el abdomen de la madre induce al niño o niña a mover sus manos en una posición de protegerse los ojos. Música en alto volumen induce a una respuesta similar en las manos hacia las orejas.

“El movimiento rápido de los ojos (REM) —con el que los investigadores miden los estados de alerta, de dormir y los sueños— han sido registrados desde la semana 19 de gestación.” Libro: “The Secret Life of Unborn Child”. Doctor Thomas Verny.

Se ha probado la existencia de dolor fetal, dolor resultado del aborto. “Fetal Pain and Abortion: The Medical Evidence”. Vincent J. Collins, Steven R. Zielinski y Thomas J. Marzen. 1984.

The New York Times, febrero 26 de 1984: El doctor William Hogan, miembro del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos, citó numerosas obras reconocidas de fetología que apoyan la existencia de dolor en el feto.

Philadelphia Daily News, marzo 6 de 1984: En 1984, durante la Convención Estadounidense sobre Derecho a la Vida, en Kansas City, Missouri, el doctor Bernard Nathanson, un ex abortista, mostró un sonograma (película de ultrasonido) de un aborto por succión. El siguiente es el relato dado por una de las delegadas, Mrs. Sandy Ressel:

“La pequeña niña tiene diez semanas de vida y es muy activa. Podemos verla en sus juegos moviéndose y volviéndose, y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su ‘santuario’. Nosotros vimos con horror cómo -literalmente- maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza; mientras la niña convulsionaba violentamente, vivió casi todo ese trágico proceso tratando de esquivar el instrumento cortante. Con mis propios ojos vi su cabeza echada hacia atrás y su boca quedó abierta, a lo que el doctor Nathanson llamó ‘un grito silencioso’. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del fórceps buscando la cabeza para destrozarla y removerla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión.”

El aborto por dilatación y evacuación se practica hasta en embarazos de 12 semanas; el procedimiento requiere producir innumerables cantidad de heridas de cuchilla, hasta que se produzca la muerte.

Para abortos más tardíos suele utilizarse la técnica de la solución salina o hipertónica en la que “la acción corrosiva de la solución salina quema las capas superiores de la piel del feto”; esto es obvio, ya que, en los manuales sobre técnicas abortivas, se advierte a los médicos no dejar gotas de la solución salina entrar en contacto con los tejidos maternos, por lo que se produciría un “intenso y severo dolor”.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

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Abortar es avanzar

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Junio 12, 2008

Abortar es avanzar

 

«Los países más adelantados lo han aprobado. Colombia no se puede quedar atrás.» Con este argumento se pretende —otra vez— legalizar el aborto.

Los países más adelantados en genética han descubierto que el individuo resultante de la unión de los gametos, espermatozoide y óvulo, posee en los genes toda la información que conformará sus características peculiares: son ellos los que guían la construcción del cerebro y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de su personalidad: veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva o cigoto a partir del que, tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa, y aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre.

Los países más adelantados han desarrollado tanto la ciencia de la embriología que han descubierto que en el sexto o séptimo día de su vida, con un tamaño apenas de milímetro y medio, el ser humano es ya capaz de presidir no poco de su propio destino: es él, y sólo él, quien a través de un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de su madre; obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Los países más adelantados en técnicas como la ecografía transvaginal, han mostrado que a través de ella se puede observar, un mes después de la fecundación, el minúsculo corazón del embrión que late ya desde hace dos semanas y, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro.

Los países más adelantados demuestran que a los dos meses está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse; se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma.

Con un microscopio, los países más adelantados han observado sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Si a los tres meses se le toca el labio superior, vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios, y hasta sonríe.

Los países más adelantados concluyen que el comienzo del ser humano coincide con la fecundación: para ellos, es tan error situar el principio de la vida en la 8ª semana como a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada.

Los países más adelantados afirman que el proceso de unión de los dos gametos es el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

Los países más adelantados aseveran que la vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.

En la «I Conferencia Internacional sobre el Aborto», celebrada en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos de los países más adelantados, se estableció que no se puede «encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración».

Sin embargo, algunos países —de entre los «más adelantados»— han aprobado el homicidio de pequeños e indefensos inocentes, decidiendo quiénes deben vivir y quiénes no, quitándoles abusivamente su libertad y su principal derecho: el de la vida.

¿Le haremos caso a los países más desarrollados en sus avances o en sus retrocesos?

 

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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