Saber vivir

Blog de Mauricio Rubiano Carreño

Archivos de la categoría ‘Sexualidad’

El mapa genético: ¿euforia o prudencia?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Octubre 9, 2009

 

Los beneficios del proyecto genoma humano, es decir, del conocimiento del patrimonio genético del ser humano saltan a la vista:

  1. La identificación de genes patógenos, esto es, determinar qué genes son responsables o inducen a las enfermedades hereditarias, y proceder después a su tratamiento, la geneterapia.
  2. El establecimiento de un archivo internacional de todas las bases nitrogenadas que componen y representan el genoma humano (el mapa).
  3. La tipificación de algunos sujetos para:
    1. Uso criminológico
    2. Investigar la paternidad
    3. Conocer las predisposiciones a enfermedades en ambientes particulares.

Pero también es importante describir los riesgos y los problemas éticos:

  1. La posibilidad de utilizar el diagnóstico prenatal con fines eugenésicos: analizar el feto —o el embrión, inclusive— para determinar su eliminación, es decir, matar a los seres humanos que vengan defectuosos, en vez de trabajar por encontrar la mejor terapia para el feto y una mejor acogida del mismo. Podrían ser:
    1. Malformaciones
    2. Anomalías
    3. Enfermedades actuales o posteriores
    4. El establecimiento de bancos de datos, no para finalidades científicas o para uso de los tribunales, sino accesibles a los particulares, por ejemplo:
      1. Industrias
      2. Compañías de seguros
      3. La discriminación en los puestos de trabajo, mediante monitoreo genético.
      4. El riesgo de que estos datos caigan en manos inescrupulosas que pretendan el establecimiento de una raza superior y, por lo tanto, la eliminación de las demás.

En fin, son muchos los peligros que entraña semejante adelanto científico, como también deben ser muchos los fundamentos éticos que los deben acompañar.

   

 

 

 

 

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Cómo se producen las fallas en la sexualidad

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Septiembre 3, 2009

 En la sexualidad física normal se da una armonía y concordancia entre todos sus componentes; pero, a veces, se presentan anomalías que determinan un estado de intersexualidad.

Esto se da si hay discordancia entre los caracteres genéticos, gonádicos, embrionarios y genitales del sexo. Las anomalías se conocen como el pseudohermafroditismo y el hermafroditismo verdadero.

El pseudohermafroditismo se puede dar en dos situaciones:

En el pseudohermafroditismo femenino los genitales son masculinos (más o menos diferenciados), mientras las gónadas y el patrimonio cromosómico son femeninos, como ocurre, por ejemplo, en el Síndrome Adrenogenital Congénito.

En el pseudohermafroditismo masculino los genitales son femeninos, pero las gónadas y el patrimonio cromosómico son masculinos, presentando incluso testículos (Síndrome de Morris o de feminización testicular).

El hermafroditismo verdadero es, casi siempre, una mezcla de los tejidos de las gónadas, esto es, del testículo y del ovario. A veces, también se presenta cuando el individuo posee un ovario y un testículo.

Ambas circunstancias son raras y originan anormalidades que dan la apariencia de reunir ambos sexos.

Con tratamientos quirúrgicos y hormonales se tratan estos casos. Afortunadamente, luego del tratamiento las características sexuales suelen definirse, y el individuo puede vivir una vida normal.

Estas diversas formas de anomalía se producen en los componentes físicos del sexo, y son completamente diferentes al transexualismo, la homosexualidad y transvestismo, los cuales se explican a continuación.

1) El transexualismo auténtico se define como el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto.

Casi la totalidad de los casos se trata de sujetos de sexo físico masculino que psicológicamente se sienten mujeres y que tienden a identificarse con el sexo femenino.

Estos individuos se examinan y resultan varones en el sentido pleno de la palabra: genéticamente son varones, las características de los genitales externos son —estrictamente hablando— masculinas, tienen testículos sin mezcla alguna de tejido ovárico, la hormona que circula por su cuerpo es la testosterona y por eso poseen todos los caracteres sexuales secundarios masculinos: su desarrollo muscular es mayor, la voz es grave, les nace barba y bigote, la cadera es más pequeña que la de la mujer, el vello púbico tiene forma de V con vértice superior…; pero su tendencia psicológica es femenina: suelen decir que se sentirían mejor si fueran mujeres, y a algunos les gustaría cambiarse de sexo.

Aunque parezca redundante, debe afirmarse que no se han descubierto factores que generen, susciten o predispongan esta actitud frente a su propia sexualidad: ni elementos genéticos, ni sustancias hormonales, ni aspectos embrionarios, ni de ningún tipo.

Son muy raros los casos en sentido inverso, es decir, los sujetos físicamente mujeres que pretenden volverse hombres.

2) El transvestismo, es un síndrome en el cual no hay un deseo profundo de cambiar de sexo, sino que simplemente sienten una «necesidad» psíquica de vestirse con ropa del otro sexo, como condición necesaria para alcanzar la excitación sexual; y esto no quiere decir que dejen de buscar relaciones sexuales con sujetos del sexo opuesto.

Tampoco hay elementos físicos causantes de este desorden entre lo biológico y lo psíquico.

3) El homosexual es un individuo masculino; pero los aspectos físicos del sexo los usa para la satisfacción erótica con un hombre. Él no desea cambiar de sexo, sino, simplemente, tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Esta definición es válida tanto para el homosexual masculino como para la mujer lesbiana: el sexo genético, el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital están todos definidos; pero ella desea tener relaciones sexuales con mujeres y él con hombres.

Como en el transexualismo y en el transvestismo, en la homosexualidad no factor hay biológico que la predisponga.

  

 

 

 

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Homosexualidad no es normal ni benigna*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Agosto 21, 2009

“¿Porqué la homosexualidad no es considerada un desorden con base en sus consecuencias médicas?”

13 de agosto de 2009.- Una enfermera norteamericana que trabajó durante años en el hospital de la facultad de medicina en la Universidad de Stanford en California (Estados Unidos) publicó recientemente un revelador ensayo donde señala cómo se ha venido ocultando, por razones ideológicas, las graves consecuencias para la salud individual y pública de las conductas homosexuales.El artículo, publicado en español por el Comité Independiente Anti-SIDA y que reproducimos, fue escrito por la enfermera profesional Kathleen Melonakos, quien revela lo que ha observado en el mundo de la salud 30 años después de la controvertida decisión de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) de suprimir la homosexualidad como patología, cediendo a las presiones de los grupos militantes homosexuales. Este es su testimonio según su experiencia. 

Escrito por Kathleen Melonakos,  M.A. , R.N.

Comité Independiente Anti-SIDA 

Trabajé como enfermera durante varios años en los ochenta y noventa en el Centro Médico Universitario de Stanford, donde pude ver algo del daño que los homosexuales hacen a sus cuerpos con algunas de sus prácticas sexuales. Como consecuencia de esa experiencia presencial, admiro mucho el trabajo de NARTH en la investigación y tratamiento de la homosexualidad.

He estado preocupada  durante largo tiempo por las serias consecuencias médicas que surgen como resultado de las actitudes de la afirmación gay que predominan en el Área de la Bahía de San Francisco. Por ejemplo, conocí personalmente a un dermatólogo prominente, un dentista, un ingeniero y un peluquero que murieron en sus cuarenta y pocos años de enfermedades infecciosas relacionadas con sus patrones de conducta homosexual. Sé de muchos otros que han muerto jóvenes como resultado de vivir un estilo de vida gay.

La co-autora de mi propio libro de referencia médica, Saunders Pocket Reference for Nurses, era la jefa del departamento de cirugía en Stanford. Estoy segura -a la luz de mi experiencia clínica, y como consecuencia de haber hecho considerables estudios sobre ello desde ese momento- que la homosexualidad ni es normal ni benigna; más aún, es una adicción letal de conducta, tal como subraya Dr. Jeffrey Satinover en su libro “Homosexualidad y la Política de la Verdad”.

Por lo que yo sé, no existe otro grupo de personas en los Estados Unidos que muera de enfermedades infecciosas en sus cuarenta y tantos años, que el de los que practican la homosexualidad. Esto, para mí, es trágico cuando sabemos que la homosexualidad puede ser prevenida en muchos casos, o sustancialmente sanada en la edad adulta cuando existe suficiente motivación y ayuda.

Actualmente vivo en Delaware y trabajo junto a la Fundación de la Familia de Delaware para informar a la gente de los temas homosexuales.  El Dr. Satinover  exponía brillantemente en su libro Homosexualidad y la Política de la Verdad, la evidencia sólida e irrefutable de que existen consecuencias letales de vivir las características que definen la homosexualidad masculina -esto es, la promiscuidad y el contacto sexual anal. No era necesario para reconocer eso, que alguien cualificado en medicina, como Brian Camenker de Coalición de Derecho de los Padres dijera en TV nacional: “Una vida de sexo anal no es muy buena para el cuerpo.”   El riesgo de cáncer anal se eleva para los que mantienen contacto sexual anal.  ¿Puede rechazar alguien que el contacto sexual anal rompe el forro rectal de la pareja receptiva, con indiferencia de si se lleva puesto el preservativo, y que el contacto posterior con la materia fecal conduce a un conjunto de enfermedades?

Las enfermedades a las que los homosexuales activos son vulnerables pueden ser clasificadas como sigue:  Enfermedades clásicas transmitidas sexualmente (sífilis); enfermedades entéricas (infecciones de especies Giardia lamblia, (”enfermedad del intestino gay”), Hepatitis A, B, C, D y citomegalovirus); trauma (relacionado a y que tiene como consecuencia incontinencia fecal, hemorroides, fisura anal, edema penil y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).

Mi pregunta primaria es: “¿Por qué la homosexualidad no es considerada un desorden simplemente por sus consecuencias médicas?  Hay mucha literatura que discuten la decisión de 1973 de suprimir la homosexualidad como diagnóstico (por ejemplo, el debate entre Joseph Nicolosi y Dr. Michael Wertheirmer en Un Desacuerdo En Worldviews.)  Mientras estas consideraciones son importantes, parece como que podemos dejar de lado, por el momento, el debate sobre si la homosexualidad debería ser clasificada como desorden del desarrollo. Muy simplemente, parece que una persona objetiva, que tan sólo mire las consecuencias de estilo de vida de la homosexualidad, tendría que clasificarla como algún tipo de patología. ¿Conduce o no a una vida dramáticamente recortada? Los estudios dicen que sí, algunos hasta el 40%, siendo el estudio Cameron  sólo uno de otros muchos estudios que sugieren esto.  Tomados juntos, estos estudios establecen que la homosexualidad es más mortal que el tabaco, el alcoholismo o la adicción a las drogas.

Aunque ha habido un decrecimiento en las muertes por SIDA por año debido a la terapia de drogas, (que cuesta un promedio de 12.000 $ por paciente al año), el índice de nuevos infectados por año ha permanecido el mismo, unas 40.000 personas, a pesar de los veinte años de campaña de “sexo seguro”.   Estos hechos demuestran el fracaso de políticas actuales para contener la epidemia del SIDA.

El Dr. Satinover ha dicho en una entrevista con NARTH:   “Un artículo reciente de una publicación psiquiátrica nos informaba de que el 30% de todos los hombres homosexuales de 20 años de edad serán HIV o estarán muertos a más tardar a la edad de 30 años.  Pensarías que el enfoque sería: Utilicemos cualquier cosa que funcione para intentar sacar a esta gente de su posición de riesgo. Si ello significa hacer que se pongan el preservativo, bien. Si significa hacer que dejen el contacto sexual anal, bien. Si significa hacer que dejen la homosexualidad, bien. Pero esta última intervención es la única que es absolutamente tabú.

No hay duda de que un análisis frío, y estadístico de esta epidemia te llevaría a creer que esta actitud de lo políticamente correcto está matando a una proporción sustancial de esta gente. Creo que hay un elemento de negación, en el sentido psicológico, de lo que las enfermedades relacionadas con el mundo gay realmente significan.”

 ¿Cuándo demandarán los doctores y otros trabajadores al cuidado de la salud  que los oficiales de la Asociación Americana de Psiquiatría respondan a la clara evidencia en lo siguiente: La Homosexualidad y la Política de la Verdad: Los índices de mortalidad enumerados en sus propias “Guías Prácticas para Tratar a los Pacientes con HIV/SIDA”; y otros  informes importantes, tales como la Monografía publicada por el Instituto de Salud Sexual, Implicaciones en la Salud de la Homosexualidad?

Para que no pensemos que los oficiales de APA justifican su abandono de las consecuencias médicas de la homosexualidad sobre la base de la orientación sexual no se puede cambiar, afirmamos que Robert Spitzer conocía en su documento de posición en 1973 sobre la Nomenclatura que “los métodos modernos de tratamiento posibilitan cambiar la orientación sexual a una proporción significante de homosexuales que desean hacerlo.”   Él ha confirmado ahora el hecho de que la orientación sexual se puede cambiar con su estudio reciente. Sabemos que cambiar la orientación sexual sólo llegó a ser “imposible” en los noventa, como parte de una estrategia política de los activistas gays.

El fundamento de Spitzer y sus aliados para suprimir la homosexualidad como diagnóstico en 1973 era que para ser considerada un desorden psiquiátrico, “debe producir regularmente angustia subjetiva o estar asociada regularmente con algún deterioro en la efectividad o funcionamiento social. Claramente la homosexualidad en sí misma no posee los requerimientos para un desorden psiquiátrico, debido, como se afirma más arriba, a que muchos están bastante satisfechos con su orientación sexual y demuestran no tener deterioro generalizado en la efectividad o el funcionamiento social.” (Spitzer, et.al, p. 1215).

El hecho de que “muchos homosexuales estén satisfechos con su orientación sexual” falla al tomar en cuenta el número de homosexuales que no están satisfechos con su orientación sexual.”  La supresión del diagnóstico no sólo es injusta sino cruel para aquellos que desearían buscar tratamiento para su condición.

Existen razones sin ambigüedad para pensar que la homosexualidad en sí produce “deterioro generalizado en la efectividad y funcionamiento social.” Sí de hecho es una adicción letal, y los muchos estudios que documentan los patrones de conducta son correctos (muestran patrones compulsivos de promiscuidad, sexo anónimo, sexo por dinero, sexo en lugares públicos, sexo con menores, drogas concomitantes y abuso de drogas, depresión, suicidio), para que la APA discuta que estas características no constituyen un “deterioro de efectividad o funcionamiento social”, extiende los límites de la plausibilidad. Discutir que la muerte temprana no constituye un “deterioro de efectividad o funcionamiento social” es absurdo.

La APA declara que su misión es “promover un acercamiento bio-psico-social  para comprender y cuidar a los pacientes, en todos los aspectos del cuidado de la salud, que incluye la prevención de la enfermedad” (Declaración de Objetivos Stategic de APA). Así, la APA viola sus propios objetivos cuando ignora la evidencia de que la homosexualidad en muchos casos puede ser prevenida y niega la terapia reparativa a aquellos que la quieren.

Sabemos que Ronald Gold de la Alianza del Activismo Gay, hombre abiertamente gay, era miembro del comité para suprimir la homosexualidad como diagnóstico en 1973. Sabemos que los activistas gays estaban interrumpiendo encuentros, amenazando a doctores y utilizando otras tácticas de brazo fuerte para conseguir su propósito en aquel momento.

También sabemos que activistas homosexuales como el Dr. Richard Isay en la APA  han presionado para conseguir resoluciones que castiguen a los terapeutas que lleven a cabo la terapia reparativa, y las amenazas de los juicios parecen ser la razón principal por la que la APA no ha puesto en práctica sus propósitos.

Sabemos que los defensores de la homosexualidad de la APA continúan suprimiendo el debate sobre el nuevo estudio de Spitzer que documenta que la orientación sexual se puede cambiar (y suprimiendo el debate sobre otros estudios de apoyo). También sabemos que homosexuales activos como Clinton Anderson, de la Asociación Psicológica Americana, rechazan permitir que NARTH entable un debate público o anunciar los encuentros de NARTH en las publicaciones de APA simplemente porque ésta no está de acuerdo con las premisas sobre las que se basa la terapia reparativa.

La decisión reciente de la Academia Americana de Pediatría de aprobar las adopciones por parte de gays es otro ejemplo preocupante de cómo la decisión de la APA de “normalizar” la homosexualidad  ha tenido un amplio efecto desgranador. Los profesionales de la salud, especialmente, deberían prestar atención a la protesta de Dean Byrd en la página web de NARTH de que ya es hora de que los americanos “insistamos en la verdad, no en la política, de todas nuestras organizaciones profesionales.”

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Las campañas de prevención

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Mayo 31, 2009

La Organización Mundial de la Salud (OMS) parece ser el organismo al que menos se le da publicidad: aun a pesar de que alerta constantemente sobre la incidencia cada vez mayor de sida en todos los países, son pocos los artículos referentes al tema, tanto en la prensa escrita como en la televisión.

Efectivamente, la OMS ha resumido los reportes de todas las entidades encargadas de la salud en el ámbito mundial al afirmar que ya son cerca de cuarenta y dos millones de seres humanos con el virus del sida (VIH) en su organismo. De estos, se cree que un poco más de seis millones ya han desarrollado la enfermedad.

Ante esta perspectiva, la información se ha enviado a los ministerios de salud de varios países, muchos de los cuales han emprendido campañas para detener esa pandemia (esta palabra significa enfermedad epidémica que se extiende a muchos países).

Las múltiples propagandas para lograr que los colombianos usemos técnicas de prevención: a los heterosexuales que tienen relaciones con varias personas se les trata de inducir a usar el condón, a quienes tienen relaciones homosexuales o bisexuales también se les recomienda el preservativo, a los casados se les persuade para que tengan una pareja estable…

En esa miscelánea campaña se nota un respeto infinito al comportamiento sexual y genital de los seres humanos: no importa que haya o no relaciones homo, bi o heterosexuales, etcétera. Lo único que importa es que se detenga el llamado flagelo del siglo XXI.

Pero las estadísticas de muchos organismos encargados de la salubridad (nacionales e internacionales) asombran a los investigadores: continuamente se muestra que el uso del preservativo es mínimo entre la población sexualmente activa.

Se aducen argumentos como el de que es un procedimiento incómodo, poco satisfactorio y poco útil: algunos han demostrado que los poros del condón permiten el paso del virus, que es realmente muy pequeño: 500 veces más que un espermatozoide, que se sabe que se cuela a través de esos poros.

Pero, más que eso, resulta obvio deducir que el procedimiento no es natural, que deja de lado uno de los ingredientes indispensables del amor humano: que la entrega carnal está indefectiblemente unida a la psicológica y a la espiritual. Quien ama lo hace a través de lo biológico, a través de los sentimientos y a través del espíritu. De otro modo, la relación deja de ser humana para reducirse a un acto de mutuas complacencias biológicas, en las que se hace evidente el utilitarismo recíproco y que, por lo tanto, no es amor.

Y eso es lo que muestran los medios de comunicación: actitudes típicas de relaciones exentas de amor verdadero.

El reiterado “sexo seguro” deja entonces una confusión de la que es difícil salir, especialmente a los adolescentes, siempre en proceso de maduración.

¿Quién podrá negar, por tanto, que parte de ese rechazo a las campañas nazca de la conciencia cierta de que esta tarea gubernamental está encaminada a las relaciones puramente biológicas, esto es, a las de un animal? Evidentemente no son apropiadas para los seres humanos.

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La actividad homosexual y su significado actual (en inglés)*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Mayo 25, 2009

Un estudio sobre el problema de la actividad homosexual y su significado actual

 

Jerry Bergman, Ph.D., Biología

 

What changed the view about homosexuality to the degree that in some countries homosexuals now receive special protection under civil rights acts and those who object to homosexual behavior are labelled psychologically maladjusted, namely homophobes? The present approach used to understand and help homosexuals adjust to a heterosexual life has obviously not been very fruitful; most studies show a very low ‘cure’ rate.7,8

 

The creationist viewpoint would also conclude that homosexuality is not due to normal biological factors that differentiate them from heterosexuals. The naturally-designed sexual orientation is heterosexual, and any deviation from this must be due to an aberration in either biological or psychological development. Importantly, this view can provide prevention advice and guidelines for child care so as to facilitate sexual adjustment. In fact, the common belief that one is ‘either a heterosexual or a homosexual’ and that physical or other clear reasons for this difference usually exist is not supported by research.9,10 The empirical research evidence indicates that for most people the sexual drive exists in a diffuse state in the early stages, solidifying only much later. Sexual development occurs primarily between the second year of life and the onset of puberty. During the first few years it is rather undefined and can develop through learning so that it can be stimulated, or at least influenced, by a wide variety of objects, although at first the primary stimulus is tactile stimulation of the genital area.11

 

Thus children’s sexual development is highly influenced by early experiences in a process similar to imprinting.12 This system enables a person to become sexually attracted to their own race, national group or culture.13 Thus, Chinese men generally find Chinese women most erotic. Black men relate to black women in the same way, etc. This is not to say that people cannot find those in other groups attractive, but that the preference tends to be towards one’s own national and cultural group. Because the original sexual drive is diffuse, it can thus be conditioned in many different directions.14

 

For this reason, a variety of experiences, many of which have little to do with the person himself or herself, can cause one to become a homosexual, depending on the degree that one’s early diffuse sex drive is conditioned toward persons of the same sex and away from persons of the opposite sex. Holmes noted that

 

‘In many women, particularly, sexual attraction tends to follow on the heels of strong emotional attachments with partners of either sex.’15

 

Thus this gradual process can occur if the proper conditions —which are extremely diverse, and not yet fully delineated by research— exist. We are all susceptible to homosexual conditioning, at least until our sex drive becomes fairly solidified.16 The longer an orientation is rewarded and successfully persists, the more difficult it is to change. In addition, if one fully believes that homosexuality is ‘part of me, the way I am’, similar to one’s having black hair, change is obviously going to be more difficult. If one has concluded that most homosexuality is learned or acquired due to pathological biological factors because of a specific set of abnormal circumstances which influence development, as creationist psychology theory would predict, the person will recognize that the homosexual can change, even though it may be difficult.17

 

The evolution explanation

 

In contrast, the Darwinian view explains the sexual drive and all behavior as solely a product of survival of the fittest selection. That is, organisms with a strong heterosexually oriented drive produce more of their kind, and are more successful, and those lacking it produce fewer offspring and are, therefore, more likely to become extinct.18 Evolution teaches that the source of sex is ‘biological … written by natural selection’.19 Since nature would consistently select those organisms with stronger heterosexual drives, it would become stronger and stronger until it would eventually become the all-encompassing human drive, more important than food and other life preservation needs. Evolution would not select for length of life beyond childbearing years, but primarily for the number of offspring that an individual was able to produce.20,21

 

Reproduction rates are not just of major importance in evolution, but are critical because high rates provide the numbers for evolution to select from —and a greater sample size means greater chances exist that more ‘fitter species’ will occur. Homosexuality would obviously usually not produce higher levels of reproduction than heterosexuality— evolutionary selection would consistently work in the opposite direction, selecting for heterosexuality and any biological factors positively influencing homosexual feelings would rapidly be selected out. Homosexuality is thus not easy to explain from this world view. Heterosexuality is so critical for evolution that Fox stated:

 

‘During the course of my own [research] pursuit, Darwin loomed larger and larger He provided the major idea within which all else fits: There is ultimately only one life process–natural selection. This truth, once grasped, changes the world for an observer, as it changed it for Marx for example. But Darwin supplies a secondary theory that of sexual selection, which is the way natural selection connects with the issues that concerned Freud: incest and aggression. Sexual selection has two sides: the competition between members of one sex (usually male) for mates from the other, and the choice exercised by the other (usually female) in picking mates from the competitors. Through this process, genes are differentially distributed in populations, and this can lead to significant evolutionary changes.22

 

Nonetheless, evolution theory would not necessarily view homosexuality as ‘abnormal’ or ‘unnatural’, only a less successful mode of reproductive behavior. To evolution, nothing is ‘normal’ in the sense of moral or appropriate compared to some universal standard or value. The only ultimate value in evolution is the degree to which a trait produces either a selection advantage or disadvantage. Aside from this, they say heterosexuality is not better, or more or less normal or desirable than homosexuality, especially if they both satisfy many of the same needs such as companionship, association, security, and sexual satisfaction. To a consistent evolutionist it thus makes no difference whether these needs are satisfied within a homosexual or heterosexual relationship. Homosexuality today actually could be viewed as more desirable from a secular standpoint because it could reduce population problems:

 

‘Whether the result of deprivation or a natural tendency for the organism, homosexuality also serves evolutionary processes by acting as a form of population control … as more gay families emerge fewer children will be born … A homosexual solution to overpopulation, however, will not simply happen by itself… If homosexuality is to have a limiting effect on population growth, we must remove the stigma surrounding gay relationships. For it is this very shame that encourages so many gays to contract heterosexual relationships and have children as a means of coping with or covering up personal deviance. Facilitating greater acceptance will not only provide peace of mind to gay people but will also benefit heterosexuals and indeed the entire world by providing a humane method of controlling overpopulation.’23

 

Emanating from the pure evolutionary approach would also be the assumption that no behavior is ‘right or wrong’, ‘good or bad’, and any behavior that results in pleasure (and does not hurt anyone, most would add) is fully proper. Life has no purpose, at least no long-term purpose, aside from what we give it, nor does our behavior. Consequently judgments cannot be made, except in terms of survival or reproductive advantage.24 The sexual organs are the way they are solely because they supposedly evolved that way as a result of selection, time and chance; not because they were created for a specific purpose. Thus, no ‘wrong’ way to use them. Painful or dysfunctional ways but not ‘wrong’ ways. Further, if a selective advantage can be envisaged for homosexuality, it could be argued it is ‘normal’ in the sense that nature selected for it:

 

‘There is, I wish to suggest, a strong possibility that homosexuality is normal in a biological sense, that it is a distinctive beneficent behavior that evolved as an important element of early human social organization. Homosexuals may be the genetic carriers of some mankind’s rare altruistic impulses.’25

 

On the selective advantage of homosexual behavior, a model called kin selection, Wilson speculates:

 

‘How can genes predisposing their carriers towards homosexuality spread through the population if homosexuals have no children? One answer is that their close relatives could have had more children as a result of their presence. The homosexual members of primitive societies could have helped members of the same sex, either while hunting and gathering or in more domestic occupations at the dwelling sites. Freed from the special obligations of parental duties, they would have been in a position to operate with special efficiency in assisting close relatives.’26

 

This ad hoc explanation, though, has little if any support from contemporary research, and much evidence against it. The major problem is that little evidence exists for any view except that homosexual behavior was anything but rare or unknown in ‘primitive’ societies. Ruse concludes that all ‘evolutionary explanations’ models of homosexuality are inadequate and problematic, including theories of kin selection, superior heterozygote fitness, parental manipulation, and homosexuality as a maladaptive side of intensive natural selection for superior adaptive male heterosexual behavior, selected because the maladaptive behavior comes along with the adaptive.27

 

Do ‘homosexuals’ exist?

 

In my decade of working at various psychology clinics, I have queried all of my ‘homosexual’ clients as to whether they were erotically attracted to the opposite sex. All of them said that they were, and most all said that they liked women as friends. I have always found it intriguing that virtually all of them did not fit the common definition of homosexual —a person sexually attracted to their own instead of the opposite sex— but all were to some degree bisexual. Many were once married and most had sexual encounters with the opposite sex. Furthermore, Masters’ and Johnson’s scientific studies of persons labelled homosexual and lesbian have found that both groups consistently listed heterosexual encounters as highly erotic, actually at the top of a list of their erotic fantasies. In one study both male and female homosexuals listed a ‘heterosexual encounter’ as their third most common sexual fantasy!28 This finding also supports the conclusion that most of those persons labelled gay are, at best, in varying degrees bisexual, especially in view of the fact that many also have heterosexual relations, and many were once married and had families. In the words of Byne:

 

‘To understand how biological factors influence sexual orientation, one must first define orientation. Many researchers, most conspicuously Simon LeVay, treat it as a sexually dimorphic trait: men are generally ‘programmed’ for attraction to women, and women are generally programmed for attraction to men … The validity of this ‘intersex’ expectation is questionable … sexual orientation is not dimorphic; it has many forms. The conscious and unconscious motivations associated with sexual attraction are diverse even among people of the same sex and orientation. Myriad experiences (and subjective interpretations of those experiences) could interact to lead different people to the same relative degree of sexual attraction to men or to women. Different people could be sexually attracted to men for different reasons; for example, there is no a priori reason that everyone attracted to men should share some particular brain structure.’29

 

Given this, the often unstated but common inference that ‘gays’ in general are attracted to the same sex with the same power that heterosexuals are attracted to the opposite sex —also sexually repelled to the opposite sex as heterosexuals are to the same sex— is not justified. The labelling process dichotomizes, distorts, and should be rejected by both sides. Studies of homosexuals and heterosexuals have found that the two groups are similar on most traits because most ‘gay’ persons are to some degree heterosexual. The contrast is the label, and this is what has an enormous influence on one’s self-identity, which is a major influence in causing homosexual behavior.

 

‘All of us have a wide range of erotic feelings. Societies define some of these as sexual and regulate the degree and the ways in which we are permitted to develop and express them. Homosexual behaviors probably have existed in all societies, but our current perception of homosexuality has its roots in the late nineteenth century. That is when people began to consider certain sexual behaviors to be the identifying characteristic of those who practiced them. Homosexuality stopped being what people did and became who they were. As Michael Foucault writes in his History of Sexuality, until that time “the sodomite had been a temporary aberration; the homosexual was now a species”.’30

 

The research generalization that exclusively homosexual persons who have no attraction for, and are sexually repulsed by, the opposite sex do not exist, but rather homosexual behavior exists, is supported by other evidence. Studies of adolescents find that many young persons —22% according to one study— involve themselves in homosexual behavior, especially in early adolescence.31 Further, a large number of prison inmates and males become involved in the so-called tea room trade.32 None of these persons, though, would define themselves as ‘gay’.33,34

 

Freud concluded that homosexuality was a stage that most boys grew out of, and that adults who involved themselves in homosexual behavior simply had never matured beyond this developmental stage. This position, interestingly, has been the dominant view in the West. Greenberg concluded from his historical study that the category ‘homosexual’ is a late nineteenth century invention?35 Prior to that time, people did not refer to ‘homosexuals’ as a class of people. There were simply men who did different sexual things, including engaging in homogenital acts. They were viewed —in different cultures and to varying degrees— with puzzlement, tolerance, or often strong disapproval.

 

The level of the population that is exclusively homosexual has traditionally been placed at 10% , partly as a result of the 1940s Kinsey studies. Numerous new empirical studies in the United States, Canada, Denmark, Norway, Britain and other countries reveal the rate is less than 3% and as little as below 1%.36,37 That the number varies from 0.9% of males in Norway to 2.8% found by the national opinion research center at the University of Chicago for the United States of America, indicates that cultural factors are likely very influential. Further, according to a Minnesota adolescent health survey, only 0.6% of the boys and 0.2% of the girls surveyed identified themselves as ‘most of 100% homosexual’, 0.7% males and 0.8% females as bisexual, and 10.1% of the males and 11.3% of the females were ‘unsure’. This indicates that many individuals do not have a firm sexual orientation as an adolescent, and reveals the importance of social and sexual experiences in development.38

 

Although many factors are involved, it is my experience that a person is not a prisoner to his or her sexuality and to a large degree chooses a homosexual lifestyle. The unfortunate factor in this debate is that it is very difficult to reason about this topic with those who advocate that a ‘sexual orientation’ called ‘homosexual’ exists. They simply reject, ignore or distort the enormous amount of empirical data against their position. A clear need exists to understand the reasons why people adopt this lifestyle, and the difficulties of doing so in our, or any, society.

 

Much of the speculation that abounds, such as that the Apostle Paul was a ‘homosexual’, involve incredibly shallow reasoning. According to the scriptural record, it is fairly clear that during his ministry Paul was either widowed, divorced or separated, a conclusion which is arrived at from several lines of evidence.39,40 Conditioning as a factor which influences sexual orientation explains quite well not only why many people are homosexuals, but it also explains the behavior of those whose major erotic focus is on statues, young boys, corpses, or excretion. The ‘rights’ of these individuals are in many places coded into laws which state that one cannot discriminate on the basis of ‘sexual orientation’. This would certainly include the sexual orientations listed above, although the law is often arbitrarily interpreted to mean only homosexuality.

 

Further, from a creationist standpoint, it is not only homosexual behavior that is objectionable, but also much of the sexual behavior that is common among homosexuals. Bell et al. found that 43% of white male homosexuals reported having sex with more than 500 partners, and a whopping 28% with over 1,000 partners.41 Also, the sexual practices that homosexuals engage in (a major one is labelled sodomy, from the scriptural example of Sodom and Gomorrah) are generally regarded as unacceptable in Christian society even for heterosexuals.

 

From a medical standpoint, they are fraught with health dangers, including infections, bleeding and disease transmission problems. While promiscuity among heterosexuals also carries many dangers, they are generally far less than sodomy, and infections from sexual relations are actually relatively rare in monogamous couples who practice appropriate hygiene. A major reason this is true is that numerous genital secretions produce high levels of germicides which minimize enormously the chances of infection from heterosexual relations. On the other hand, no such secretions are produced for sodomy relations, which would be expected if heterosexual behavior were designed and sodomy were not. Consequently, studies reveal that homosexual behavior produces a rate of venereal disease 22 times higher than the national average. The major anatomical problems with sodomy (for example, tearing of mucosa) are generally not a problem in heterosexual relationships. Thus, the evidence revealed from medical research supports the creationists’ design interpretation.

 

The biology of sexual differentiation

 

The first step in sexual differentiation occurs at the moment of fertilization when future females usually inherit an XX, and males an XY, chromosome constitution. Among the first differentiations to occur is the development of the müllerian duct system in the females, and the wolffian duct system in males. During the first month of development the embryo is sexually ambiguous, and the specific developmental route the embryo takes depends upon the presence of a gene set usually found on the Y chromosome. This gene set causes development of a male and blocks the development of a female partly by controlling the levels of testosterone and dihydroxytestosterone (DHT) secretion. Female development requires the absence of sufficient levels of these hormones.

 

Specifically, a gene called the testis-determining factor (TDS) found on a region of the short arm of the Y chromosome is believed to play a major role in beginning the ‘developmental cascade of gene action that begins testes development’.42 Testosterone is the primary hormone that produces males, but also secreted in males is the müllerian inhibiting hormone, which both inhibits further development of the female duct structures and initiates the müllerian duct degeneration. Conversely, the lack of testosterone in females causes the wolffian duct system to degenerate and allows the müllerian duct system to develop, forming fallopian tubes, parts of the vagina and the uterus.

 

If the testis-determining factor gene is on the X-chromosome, then an XX male results; and if lacking on the Y chromosome, an XY female with androgen insensitivity can result. As a result of these abnormalities, many cases exist of individuals who were raised as females and externally appear to be females, although their chromosomal set indicates that they should be males. The International Olympic Committee instituted a testing program that began with the 1968 Olympics to determine sex by evaluating the sex chromatin, specifically the bar body on epithelial cells recovered in a sample taken from the inner lining of the mouth cavity. Genetic females would, according to the test, show a single bar body, and genetic males would lack such. A study of this test found that:

 

‘there is no evidence that it has led to the exclusion of any males attempting to compete as females. … An analysis of the results of testing on over 6,000 female athletes led to the estimate that 1 in 500 female athletes have had to withdraw from competition because of the sex tests.’43

 

Further, sexual differentiation, although it can cause two divergent developmental pathways, does not always result in one of two distinct pathways leading to a clear male-female dichotomy, various pathological factors can produce many alternate pathways ‘producing intermediate outcomes in gonadal sex and in sexual phenotypes’.44 Developmental problems can occur either in the early or later stages. For example, in males, testosterone is converted into dihydroxytestosterone, which in turn directs the development of external male genitalia, including the penis from the genital folds and tubercle, and the scrotum from the labioscrotal swelling.

 

Although the origin of sexual development is caused by the X and Y chromosome, they interact with the autosomes which are also involved in sexual differentiation. The most famous example of a developmental disorder is the true hermaphrodite. These persons possess both ovaries and testes and the associated duct systems. They are typically sex chromosome mosaics, some of their body cells being XX, others XY or XXY. In other cases, hermaphrodites have only XY cells.

 

Another category called pseudohermaphrodites have only one type of gonad and ambiguous genitalia. They may have an XY chromosome constitution and an autosomal recessive gene which prevents the conversion of testosterone to DHT. Therefore, their external genitalia do not develop, but their internal male duct system and internal organs are usually properly formed. Although males, their genitalia are essentially female, the scrotum resembles labia, a blind vaginal pouch is typically present, and the penis resembles a clitoris. Pseudohermaphrodites are typically raised as females. Their most severe problems occur at puberty when masculinization often occurs, the testes descend into a developing scrotum, the phallus develops into a functional penis, beard growth occurs, the voice deepens, and muscle mass increases occur as in normal males.45,46 In some cases, the problem is caused by a piece of the Y chromosome which is attached to one of the two X chromosomes. The obvious trauma of a female developing into a male at puberty has motivated the establishment of programs to recognize the condition by careful examination of the genitals of affected populations in infancy.

 

Other developmental abnormalities include sex chromosome aneuploidies, most of which are due to non-disjunction of the sex chromosomes. If this occurs during oogenesis, the egg may have either two X chromosomes or no X chromosomes; if during spermatogenesis, sperm is produced with either no X chromosome, both an X and a Y chromosome, two X chromosomes, or two Y chromosomes.47 The result is a variety of chromosomal abnormalities in the offspring which include Turner’s syndrome, a monosomy of the X chromosome (XO). The XO constitution lacks the male chromosome, consequently they develop more female than male traits. It is more accurate to describe them as largely sexually undifferentiated, but phenotypically resembling females more than males. Turner females tend to be short, have thick necks and lack most secondary sexual characteristics. They do not undergo puberty, menstruate or experience breast development.

 

The XXY condition is called Klinefelter’s syndrome, and occurs when an egg with two X chromosomes is fertilized by Y-bearing sperm. The resultant males have underdeveloped testes, yet develop female breasts, an abnormality which is usually not apparent until puberty. Another non-disjunction abnormality is XYY males who are usually taller than average, often having barely normal intelligence, and suffer from persistent acne. Much controversy about this condition resulted from the now disproved claim that these persons were very likely to be criminally aggressive. Further research has found that this relationship is far too tenuous to make valid generalizations.

 

A third major condition in this category is called the metafemale, which results from having three X chromosomes, caused when an X-bearing sperm fertilizes an egg having two X chromosomes. Contrary to what the term metafemale implies, XXX females often have no major physical abnormalities other than early onset of menopause, menstrual irregularities, and a tendency towards learning disabilities.

 

In spite of these genetic problems, and although many of the individuals with the chromosomal disjunction abnormalities listed above are often regarded as different and never marry, they live what appear to be normal lives as males or females. Many take the role of one sex, and largely identify with this sex, attempting to achieve normal heterosexual relationships. Some persons labelled homosexuals, though, do come from the ranks of these abnormalities. Nonetheless, they are abnormalities which reveal deviation from the normal created condition, supporting the creation/Fall hypothesis.

 

The biological influences

 

The claim is often made that those who involve themselves in homosexual behavior cannot help the way that they are, and are biologically attracted to the same sex, not the opposite sex. Further,

 

‘… many people seem to believe that homosexuality would be more accepted if it were shown to be inborn. Randy Shilts, a gay journalist, has said that a biological explanation “would reduce being gay to something like being left-handed, which is in fact all that it is. … Questions about the origins of homosexuality would be of little interest if it were not a stigmatized behavior. We do not ask comparable questions about “normal” sexual preferences. … Still, many gay people welcome biological explanations and, in recent years, much of the search for biological components in homosexuality has been carried out by gay researchers.’48

 

Despite claims, no gene causing homosexuality has yet been shown to unambiguously exist, nor has any clear evidence of a biological basis yet been located.49 In the words of LeVay:

 

‘Although efforts have been made to establish the biological basis of sexual orientation, for example, by the application of cytogenetic, endocrinological, or neuroanatomical methods, these efforts have largely failed to establish any consistent differences between homosexual and heterosexual individuals.’50

 

Of the many scores of studies that have searched for biological factors which could cause homosexuality, the only ones so far located that indicate a possible biological cause are abnormal hypothalamus development and hormonal imbalance.51,52,53,54,55

 

Research by Simon LeVay, a neuroscientist at the Salk Institute for Biological Studies in San Diego, found that the area in the hypothalamus which influences sexuality, the interstitial nuclei of the anterior hypothalamus (INAH), was more than twice as large in heterosexual as in homosexual men, and these brain cells were completely absent in one of the gay males. The volume of this area in the gay men in his sample was very similar to the heterosexual women in his study. In short, this study concluded the INAH of gay men were closer in structure and size to those of women than of heterosexual men. The results were obtained by analyzing brain tissue from 41 cadavers, specifically 16 presumed heterosexual males, six presumed heterosexual females, and 19 presumed homosexual males. LeVay ruled out disease which occurred in later life as a confounding factor, a concern because many of the men in his sample died of AIDS. Further, the results are still tenuous, because measuring this brain structure is extremely difficult (the areas scrutinized were smaller than snowflakes) and its function is not entirely clear, nor are the techniques used to determine the viability of his methods, some researchers use volume as LeVay did, others use the number of neurons.

 

Indications that this part of the hypothalamus influences heterosexuality also come from experiments on male primates which found those with certain hypothalamus lesions lost interest in females, even though their sex drives remained normal. Thus, while biological pathology may help explain some homosexual behavior, it is by no means clear that it alone completely explains homosexuality. Hypothalamus deficiencies may influence homosexual behavior, but homosexual behavior could also cause hypothalamus changes, a relationship which needs to be determined before any firm conclusions on causality can be made.56 Clearly, neurons change in response to mental activity, but whether this occurs in this situation is not yet known. Further, a third factor may influence both homosexual behavior and the neuron differences observed. One hypothesis is that exposures to abnormal levels of testosterone in utero may explain much or all of the hypothalamus differences observed.

 

The research by LeVay is a pioneering study which at best indicates that further research is needed. Unfortunately, the mass media often reported this study as if it has proved beyond a doubt that homosexuality is biologically determined.57 LeVay, who accepts the gay label, has expressed definite motivations in doing his research. If LeVay’s research is valid, it indicates that homosexuality is caused by a biological pathology, since he found that the INAH 2 and 3 (the preoptic nuclei) was much smaller in homosexual compared to normal heterosexual males, indicating it is caused by disease, hormone imbalance or some other abnormality. If it is caused by pathological conditions, it is not normal.

 

A biological pathology theory that relates to developmental influences may explain the abnormal INAH 2 and 3, and supports the conclusion that homosexuality could be biological in some cases. Research points in the direction that this pathology relates to:

 

‘… the concentration of the hormone testosterone in the bloodstream of the developing fetus influences the sexual orientation and sex-typical behavior of the resulting adult. This hormone is produced mainly by Leydig cells which differentiate in the testes of the male embryos. In addition to testes in males, any fetus has two other sources of testosterone, its adrenal gland and the adrenal gland of its mother. In the brain, testosterone is metabolized to another hormone, estradiol, which during the fourth and fifth months of gestation stimulates the proliferation of nerve cells in the preoptic nucleus of the hypothalamus. As a result of this precisely timed estradiol exposure, there are twice as many nerve cell bodies in the preoptic nuclei [the INAH 2 and 3] of typical men compared to typical women. By a means yet to be discovered, individuals with these enlarged preoptic areas, including most men, tend to prefer women sex partners.

 

Thus, sexual orientation somehow derives from the prenatal concentration of testosterone, lowering it in a fetal male affects his preoptic nucleus and later, when he matures, his sexual orientation. In a similar fashion, a little later in prenatal development, estradiol affects at least two other areas of the hypothalamus: the anterior nucleus, which organizes sex-typical behavior and the ventromedial nucleus, which is blocked by the higher levels of estradiol in typical males but at lower levels (e.g., in typical females or some male homosexuals) organizes the timing of the “ovulatory” cycle. At least in these three areas of the hypothalamus the brains of typical men and typical women are different.’58

 

Ellis and Ames concluded from a study of 283 women that sexual orientation of human offspring ‘may be altered by severe maternal stress during pregnancy’.59 Dorner also found that stress during pregnancy was a major factor present in the mothers of homosexuals, but far less so in mothers of heterosexuals.60 Another study by Hamer and his colleagues found a region near the tip of the long arm of the X-chromosome known as Xq28 which they speculated may contain a genetic influence affecting homosexuality. The gene itself ‘has not yet been isolated’, and represents ‘less than 0.2 percent of the total human genome’ or about several hundred genes.61 This finding is far more problematic than the above biological factors because:

 

‘Thirty-three of 40 pairs of gay brothers the researchers studied inherited the same version of this chromosome region, significantly more than the 20 pairs (half) expected by chance … [but the researchers] warned against making too much of their results, however “We have never thought that finding a genetic link makes sexual orientation a simple genetic trait like eye colour. It’s much more complex than that.” … seven of the original 40 pairs of brothers did not share the same version of this critical region, for example. And other studies have shown that even the identical twin of a gay man has only a 50 per cent chance of being gay himself. So Hamer’s gene, whatever it turns out to be, is neither necessary nor sufficient to determine homosexual orientation.’62

 

In a summary of the biological research, Byne concluded ‘what evidence exists thus far of innate biological traits underlying homosexuality is flawed’.63 [Ed. note: in 1999, four years after Dr Bergman’s paper was published in the CENTJ, he was further vindicated by a Science69 paper casting more doubt upon the existence of a ‘gay gene’ at Xq28].

 

Even if a biological factor exists for some persons, it is another question altogether as to whether homosexual behaviour is desirable or even acceptable. Change is admittedly difficult, but the level of success in treating other sexual disorders such as pedophilia is also extremely low. The latter individuals also claim that they have strong attractions for young children, and have minimal or no attraction to adults of the opposite sex. Some indications also exist that pedophilia may be biologically influenced. This alone would not argue that laws against pedophilia behaviour should be rescinded, or that this behaviour is a normal, acceptable sexual preference. If it were shown that many behaviors now classified as abnormal, including sadomasochism, various fetishes, coprophilia, necrophilia, etc., are likewise influenced by biological factors, this may help us to understand persons who indulge in these practices, but it would likely carry little weight in convincing society to embrace these behavioural forms as normal or desirable.

 

In the cases where homosexual behaviour is precipitated by developmental abnormalities, the focus should be on understanding the abnormality and developing ways of, ideally, treating or preventing it. The homosexual movement vigorously opposes this response, producing the almost unparalleled situation in which, assuming the biological factors are confirmed, a clear pathology or abnormality is defended as desirable, and efforts to correct this resisted. Woolpy concluded the appropriate approach is to identify the factors which may precipitate homosexual behaviour, and:

 

‘Obstetricians could prescribe more extreme safeguards against stress during pregnancy. Legislators could criminalize the use of all drugs with testosterone effects (including alcohol) during pregnancy. Biotechnologists could search for ways to stabilize testosterone levels during pregnancy. Religious traditionalists could acknowledge the physiological predisposition of homosexuals and still recommend celibacy.’64

 

Psychological/sociological factors

 

An enormous amount of research has been completed on the influence on homosexuality of such factors as passive fathers, domineering mothers, marital relationship abnormalities, closeness and similarity of siblings, relationships with peers, adolescent sexual experiences, feminine interests in males and masculine interests in females while growing up, and numerous other factors. So far, a consistent pattern has not been determined. Likely numerous factors exist which influence homosexual development, any one of which is often not critical. Suffice to say that all of the factors that have been proposed and have been to some degree documented as influential are regarded in Western society as pathological, that is, a domineering, overbearing mother and a weak, passive, ineffective father.

 

Regardless of the validity of these studies, they all point to pathology in interpersonal relationships as an important or influencing factor in the development of homosexual behavioural tendencies. No one has noted that loving siblings and parental relationships in which the power is equitably shared causes homosexuality, although some have noted that this environment will not necessarily preclude a child from developing homosexual tendencies. This again supports the creationists’ interpretation of homosexuality, that is, that it is a result of pathological factors or behaviour styles that are generally regarded as abnormal or definitely far from ideal.

 

Disease and homosexuality

 

A major problem relative to homosexuality is that many venereal and other diseases are far more a problem with homosexual behaviour than heterosexual. For non-promiscuous couples who take proper cleanliness measures, the transmission of disease among heterosexuals is extremely rare, and then usually almost always due to lack of hygiene. During homosexual behaviour, sperm can penetrate the partner’s colon wall. When inside the body, the sperm adversely effects the immune system, resulting in the person being more vulnerable to disease. This is especially a problem, in that homosexual practices commonly transmit many diseases which are uncommon among heterosexuals. For example, homosexuals as a group are far more apt to have rare bowel diseases, which are generally lumped together under the designation ‘gay bowel syndrome’. One study indicated that one half of homosexuals eventually contract the colon disease parasitic amebiasis, while rectal gonorrhea and infectious hepatitis A are far higher among the homosexual population. Fox, in response to this concern, noted:

 

‘First, the colon and rectum are made for the elimination of fecal matter and not for sexual experience. Fecal matter is eliminated because it is indigestible and contains disease-causing materials. With sexual penetration, the rectal muscles are often torn or over-expanded, and the fragile lining of the colon is almost always torn. The tearing of the colon allows fecal matter to penetrate into the body, bringing with it infectious disease.’65

 

Many homosexuals frequent medical doctors who specialize in treating homosexuals in order to best deal with their special health concerns. While these doctors may not advertise themselves as such in the telephone book, the homosexual social network as well as the homosexual press is a common source patients use to contact these specialized physicians. Estimates of the infectious disease rate among homosexuals is about ten times higher than that of the general population, not only venereal diseases, but also hepatitis B and others. Other common diseases include urethritis, viral herpes, pediculosis infestation and others.66 Of course, it is not only the type of behaviour that they indulge in which puts them at a much higher risk, but also their high level of promiscuity, one survey indicated that homosexual males have an average of over 50 sexual partners in their lifetime.67 Another study found that 28% had more than 1,000 partners, 15% had 500 to 1,000, 32% from 100 to 500, and only 25% had less than 100 partners in their lifetime. While surveys in this area vary, depending upon the sampling population, sample size and specific questions asked, all reveal that an enormous amount of promiscuity is a normal part of the gay lifestyle. The writer’s personal interviews, although a small sample, nonetheless provide good reason to believe that these survey results are reasonably accurate. The level of the problem can be debated, but there is no question that the problem is serious, with AIDS being the most publicized example.

 

Summary

 

Homosexuality involves a wide range of behaviour with complex causes, including biological, social, environmental, psychological and moral. Whether a person adopts a homosexual lifestyle depends on the total interaction of these factors. The major cause could be hormonal in one person, social in another and moral in yet others. The concatenation of factors is so important that, as one summary of this issue noted, even when

 

‘… some researcher finds the gene in question and a prenatal genetic test for the gene becomes possible, such a test will offer little more than a hint about the future sexual orientation of the fetus. “There will never be a test that will say for certain whether a child will be gay. We know that for certain.”…’ 68

 

The extant empirical research supports the creationists’ hypothesis, concluding that homosexuality is due either to environmental, social or physiological pathology. The research which indicates biological factors are involved in homosexuality does not conclude that biology is destiny, only that certain abnormal factors, both genetic and environmental, influence the development of the eventual sexual response. That these are abnormal supports the conclusion that there is an original naturally designed  sexual response which fulfills the goal to reproduce, multiply and bond, and that other sexual responses are not designed, but are the result of pathological factors.

 

In order to respond appropriately to homosexual behaviour, the causes must be understood. The response to this behaviour would then vary according to the factors involved. An understanding of this would help deal with both the environmental and biological pathology factors. Awareness of the environmental factors would influence child-rearing practices and social policy, and awareness of the biological factors would influence development of pharmacological or medical treatments, as well as a more compassionate understanding of the factors involved.

 

References

     (Contiene todas las referencias propias del texto extractado)

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El doctor Jerry Bergman tiene siete títulos universitarios, a saber:

  • Ph.D. en Biología Humana de Columbia Pacific University
  • Ph.D. en Investigación y Evaluación de Wayne State University
  • Ph.D. en Biología Molecular, Northwest College
  • M.S. en Psicología de Wayne State University
  • M.A. en Sociología de Bowling Green State University
  • B.S. en Psicología de Wayne State University

 

Es Presidente del Comité de Asuntos Académicos  y Consejero del Claustro en Northwest State College, y también un colaborador destacado en más de 20 libros de texto de ciencia. Actualmente es profesor de ciencias en  Northwest College, Archbold (Ohio), al tiempo que desarrolla sus trabajos en Biología Molecular.

 

Ha sido autor y coautor de más de cuarenta libros de texto, monografías y capítulos de libros. Ha publicado más de 400 artículos en revistas especializadas y profesionales y también en publicaciones divulgativas y populares. (ver abajo una selección). Su obra se ha publicado en 6 lenguas (Alemán, Francés, Italiano, Holandés, Polaco y Sueco).

 

Entre sus libros se cuenta una monografía sobre la Evaluación por Pares (peer evaluation) publicada por el College Student Journal Press; un libro sobre Salud Mental publicado por la editorial Claudius Verlag de Munich en Alemania; un libro sobre temas interdisciplinarios comunes a las ciencias y la filosofía, publicado por Phi Delta Kappa; un libro sobre órganos vestigiales con el Dr. George Howe (‘Vestigial Organs’ are Fully Functional); un libro sobre psicología y cultos religiosos y, un libro sobre discriminación moral publicado por la editorial  Onesimus Press. También ha publicado un tratado y texto universitario sobre evaluación académica (Boston, Houghton Mifflin Co.), y ha contribuído en docenas de otros libros de texto.

 

El Dr Bergman ha presentando más de un centenar de trabajos investigativos y ensayos en  eventos científicos y con la comunidad, en los Estados Unidos, Canadá y Europa. Ha explicado sus investigaciones como orador destacado en muchos campus universitarios a lo largo de Estados Unidos y Europa, y es invitado frecuente en programas de radio y televisión. Sus investigaciones han ocupado la primera plana en los periódicos del país, ha sido destacado por el Paul Harvey Show varias veces y, sus trabajos han sido analizados por David Brinkley y otros comentaristas conocidos en la televisión nacional.

 

Sus otras experiencias laborales incluyen  más de diez años de experiencia en varias clínicas de Salud Mental y Psicología; servicio como Asesor Clínico profesional licenciado; tres años como investigador y consultor de tiempo completo para una corte de circuito en  Michigan y, dentro de los muros de la Jackson Prison (SPSM), la más grande prisión abaluartada del mundo.

 

También ha servido como consultor científico para CBS News, ABC News, Reader’s Digest, Amnesty International, varias agencies gubernamentales y para dos ganadores del Premio Nobel, incluyendo al inventor del transistor.

 

En el último decenio ha sido consultado y también ha rendido testimonio -como perito y asesor experto-  en cerca de un centenar de casos juzgados en corte. Es Fellow de la American Scientific Association, miembro de la National Association for the Advancement of Science y otras asociacions científicas y profesionales.

 

Su nombre figura en Who’s Who in America, Who’s Who in the Midwest and in Who’s Who in Science and Religion.

 

Algunos Artículos del Dr. Bergman

  • The Dodo Bird … An example of survival of the fittest
  • Who invented it first?
  • Understanding Poisons 
  • Darwinism and the Nazi race Holocaust
  • The problem of homosexual behaviour
  • Teaching Evolution in Public Schools: Solid research reveals American beliefs
  • Did God Make Pathogenic Viruses? (CEN Technical Journal article)
  • ATP: The Perfect Energy Currency for the Cell (CRSQ article posted on True Origins website)
  • Why Abiogenesis is Impossible (CRSQ article)

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Las células estaminales y el embrión humano*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Mayo 17, 2009

Por el Dr. Luis E. Ráez

En los últimos meses Estados Unidos y algunos países europeos han sido escenario de fuertes debates en torno a los posibles usos

de las células estaminales (stem cells, en inglés). Luego de diversos descubrimientos en este campo, numerosos científicos piensan

que estas células, extraídas de embriones humanos, podrían ser utilizadas para el tratamiento de enfermedades hasta ahora incurables

–como la demencia de Alzheimer, el Parkinson, la parálisis de médula espinal, infartos de miocardio, diabetes mellitus, entre

otras. Prominentes figuras políticas, actores famosos y corporaciones farmacéuticas han iniciado una campaña de presión para la

aprobación de leyes que permitan y promuevan este tipo de investigaciones, buscando al mismo tiempo que sean financiadas con

fondos gubernamentales (especialmente en Estados Unidos) a fin de darles mayor importancia y garantizar una mayor eficacia.

La extracción de células estaminales, sin embargo, origina la muerte inmediata y la destrucción del embrión humano. El hecho de

engendrar embriones para este fin, por tanto, constituye un grave atentado contra la dignidad de la persona humana. En el presente

artículo nos proponemos revisar brevemente algunos aspectos científicos y éticos de estas investigaciones, y otros relacionados con

las discusiones políticas que vienen teniendo lugar en Estados Unidos y Europa.

1. Células estaminales

Para situarnos mejor ante el problema es oportuno comprender qué son exactamente las células estaminales.

Como es sabido, en el proceso de concepción o fecundación, el ovocito o célula materna se une al espermatozoide en las trompas de

Falopio de la mujer, constituyendo un nuevo ser humano llamado, en este estadio, cigoto. En esta etapa el cigoto tiene ya toda la

información genética necesaria para que el nuevo ser se desarrolle y crezca tanto en los siguientes nueve meses dentro del útero

materno como durante el resto de su vida. En las horas que siguen a la fecundación, el cigoto empieza a dividirse para formar el

embrión. En las primeras 30 horas se divide en cuatro células “totipotentes”, llamadas así porque, de separarse las mismas, cada una

de ellas podría originar un nuevo ser. Éste es uno de los principales puntos de debate en relación a la clonación, ya que el uso de

células “totipotentes” es una de las dos posibles técnicas que, de aprobarse, se usaría para clonar seres humanos como potenciales

fuentes de células estaminales para la experimentación.

Luego de cuatro días, el nuevo ser humano tiene doce células y se le conoce como mórula. La mórula se dirige de la trompa de Falopio

(donde se dio la fecundación) al útero de la madre, donde se implanta, y recibe el nombre de blastocisto. Ahí permanecerá por los

próximos nueve meses, hasta su nacimiento. El blastocisto genera dos capas de células: la capa interna o embrioblasto, que forma el

embrión humano; y la capa externa o trofoblasto, que forma la placenta. A este nivel tenemos que el embrioblasto está formado por un

grupo de células denominadas “estaminales” (stem cells), que son células “pluripotenciales” o células “madre”. Esto significa que, si

bien cada una independientemente no puede generar un individuo completo –como las células “totipotenciales” anteriormente mencionadas–

sí tienen dos características fundamentales y únicas que otras células del cuerpo no poseen: 1) la capacidad de reproducirse

constantemente, y 2) la capacidad de “diferenciarse”, es decir de transformarse en una célula especializada del cuerpo humano (1).

Las células estaminales tienen la capacidad de generar los 220 tejidos y órganos que componen el cuerpo humano.

La investigación en células estaminales de animales se ha venido dando desde hace muchos años con algunos éxitos. Se ha logrado, por

ejemplo, que estas células se reproduzcan en el laboratorio y generen otras células más especializadas. Por citar un caso, se ha conseguido

producir tejido cardíaco.

La actual controversia surgió cuando se logró aislar las primeras células estaminales de embriones humanos. Algunos grupos privados de

científicos se sumaron a dichas iniciativas y comenzaron a experimentar con células extraídas de embriones producidos específicamente

para este fin mediante la fertilizacion in vitro (2). Estos grupos ya han logrado hacerlas crecer en el laboratorio y en algunas ocasiones han

conseguido también que se multipliquen. Una técnica usual utilizada en dichos ensayos consiste en extraer las células estaminales del

embrión y colocarlas en “cultivos celulares” con fibroblastos (células del tejido conectivo) de ratón, donde las células estaminales se reproducen

constantemente, convirtiéndose así en una fuente de recursos para la experimentación. El proceso es aún imperfecto, por lo que se

requiere constantes pruebas con nuevos embriones. Muchos de los “cultivos celulares” no llegan a tener éxito o son destruidos por factores

externos, como por ejemplo la contaminación bacteriana. Por otro lado, es preciso subrayar que al extraerse las células estaminales del

embrión humano éste muere inmediata e inevitablemente, pues en esta etapa de su vida está formado solamente de células estaminales en

su capa interna y de las células que formarán la placenta en su capa externa. Es preciso subrayar también que el embrión humano clonado

o producto de la fecundación in vitro o de cualquier otra técnica es un ser humano sujeto de todos los derechos al igual que los demás, a

pesar de que el método por el cual vino al mundo es gravemente inmoral.

2. Ventajas de la investigación en células estaminales

Usualmente, durante el desarrollo del individuo, las células estaminales embrionarias se diferencian, como señalamos arriba, en las diversas

células que formarán los distintos tejidos de la persona. Este proceso, sin embargo, se piensa que es irreversible, especialmente

cuando se trata de las células de los órganos más importantes, como el cerebro, el corazón, los músculos, que son las células con funciones

más “especializadas” en el cuerpo humano. Así pues, las enfermedades que atacan o dañan irreversiblemente estos órganos no pueden

ser curadas (como la demencia) o dejan secuelas para siempre (como la diabetes o los infartos de miocardio), a menos que consigamos

que las células dañadas sean reemplazadas o reparadas.

Lo que más esperanza da en el campo médico es que la investigación con células estaminales consiga que las mismas puedan ser

forzadas a diferenciarse en el laboratorio, obteniendo así los tejidos que se requieren para curar o aliviar dichas enfermedades. Ya se ha

logrado que en ciertos casos células estaminales se diferencien en células de la médula espinal o neuronas cerebrales, abriendo así la

posibilidad de reemplazar las neuronas de un adulto dañadas por la demencia de Alzheimer o el Parkinson, recuperando de esta manera a

enfermos que actualmente se consideran inválidos o discapacitados de por vida y cuya situación continuaría empeorando hasta el momento

de su muerte (3). Por otro lado, científicos de la Universidad Johns Hopkins han conseguido que ratones con enfermedades degenerativas

nerviosas de la médula espinal recuperen cierto movimiento al implantarles dichas células estaminales (4) . Otros grupos de científicos,

basados en experimentos que sugieren la posibilidad de diferenciar las células estaminales en células del tejido cardíaco, trabajan con la

esperanza de producir a corto plazo el tejido que reemplace la porción del corazón humano adulto que muere cuando la persona sufre de un

infarto de miocardio (5). También se podrían formar nuevas células del páncreas e introducirlas en un paciente con diabetes, enfermedad

originada precisamente por el daño irreversible de las células pancreáticas, curándolo parcial o totalmente (6). Lamentablemente estas

enfermedades son bastante comunes, con millones de enfermos en todo el mundo.

Los ejemplos anteriormente mencionados son sólo algunos de los posibles “usos” de las células estaminales. Pero la propaganda periodística

y las esperanzas de los pacientes y sus familiares hace crecer la lista de enfermedades que podrían ser erradicadas o mejor

controladas, generando en muchos casos falsas expectativas. Algunos grupos privados en Estados Unidos, como la Geron Corporation,

afirman que ya han sido capaces de lograr la diferenciación de las células estaminales en más de 110 de los 220 tejidos que constituyen el

cuerpo humano. Que esto sea cierto y posible no quiere decir, sin embargo, que tengamos ya la tecnología apropiada para aplicarla en

seres humanos, como se espera. De hacer crecer una célula en una probeta de laboratorio a esperar que reemplace a una neurona del

cerebro y que revierta una enfermedad incurable, todo ello sin ningún daño al paciente, hay muchos pasos por recorrer. Queda claro que la

posibilidad de que se usen estas células y los productos derivados de ellas en forma terapéutica, con las potencialidades de comercialización

en el futuro, es lo que más atrae el interés de las corporaciones privadas.

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) publicaron en julio del 2002 un informe favorable al uso

de fondos gubernamentales para incrementar la investigación en células estaminales con argumentos como los anteriormente expuestos

(7). La prensa estadounidense, motivada por grupos de interés, inició una campaña muy agresiva en la que prácticamente aseguraba a los

pacientes y familiares que las investigaciones con células estaminales serían la solución a cientos de enfermedades, la mayoría de ellas

actualmente incurables. Artistas de cine muy conocidos como Christopher Reeve –quien sufre de parálisis en las extremidades por una

lesión irreversible en la médula espinal– y Michael Fox –quien padece de Parkinson– entre otros, han ayudado significativamente a propagar

esta idea, motivados por la esperanza que ellos mismos tienen al respecto.

La falta de información acerca del tema llevó incluso a que, por ejemplo, algunos conocidos políticos provida estadounidenses como los

senadores Orrin Hatch y Tommy Thompson (el actual Secretario de Salud del gobierno del presidente Bush) apoyasen estas iniciativas.

Lamentablemente, esa falta de información llevó también a que, según encuestas de opinión realizadas en Estados Unidos en julio de ese

año, cerca del 57% de los que se oponen al aborto y el 70% de los que se declaran católicos apoyen la investigacion en células estaminales

por las bondades reales o ficticias que prometen, sin tener una idea clara de las consecuencias que esta opción trae para la vida y dignidad

del embrión humano que va a ser destruido.

3. Obtención de células estaminales para la investigación médica

El hecho de destruir embriones humanos para obtener células estaminales felizmente todavía genera dudas entre los que tienden a estar a

favor de tal medida. En Estados Unidos, por esta razón, algunos científicos y políticos propusieron que no se permitiera la producción “en

cadena” de embriones en el laboratorio con el exclusivo fin de promover esta investigación, pero sí, lamentablemente que se usen cerca de

100,000 embriones humanos que se encuentran actualmente congelados en clínicas de fertilización in vitro.

Como sabemos, hay parejas no fértiles que, en un afán quizá desesperado por concebir, recurren a técnicas de fertilización in vitro. Éstas

consisten básicamente en producir la fertilización (unión del espermatozoide con el óvulo materno) en el laboratorio y luego implantar el

embrión en la madre. Como el proceso no es 100% efectivo, se prefiere generar entre seis y diez embriones. Si alguno de los primeros se

implanta exitosamente en el útero materno y se desarrolla finalmente en un bebé, los embriones “sobrantes” son entonces descartados o

congelados para algún uso futuro. No han faltado quienes, con una aproximación netamente utilitarista, han propuesto usar estos embriones

como fuente de células estaminales, puesto que “de todas maneras serán destruidos”. Ya durante el gobierno del presidente Clinton se

intentó usar estos embriones en Estados Unidos para experimentación humana con el mismo raciocinio, medida que felizmente no llegó a

encontrar un respaldo legislativo.

Lamentablemente, una alternativa como la extracción de estas células estaminales de bebés espontáneamente abortados, no es posible,

aun cuando el bebé conserva todavía un buen número de células estaminales en la sangre del cordón umbilical y otros órganos. Ello se debe

principalmente a que estas situaciones, que no son muy numerosas, son impredecibles. Además, a veces el bebé permanece en el útero

muerto varias horas antes de ser espontáneamente abortado, lo que lleva al deterioro de las células estaminales. La obtención de células

estaminales de abortos provocados, en cambio, genera serios problemas éticos, pues al igual que la destrucción de embriones humanos,

se estaría comercializando con los restos de víctimas de un acto inmoral o, incluso, incentivando el homicidio de seres humanos con este fin.

Por tanto, éstas no pueden considerarse opciones para la obtención de células estaminales embrionarias.

4. Riesgos morales de la investigación en células estaminales

Los riesgos son numerosos y no es posible predecirlos con cierta precisión, pues todavía no conocemos qué usos predominarán en la

manipulación de células estaminales, ni los posibles descubrimientos científicos que en el camino puedan surgir, ni el cauce por el que

discurrirá la comercialización que de todo ello derive. Más allá de las posibilidades que se presenten en el futuro, por lo menos detectamos

hoy tres problemas morales importantes:

4.1. Desconocer al embrión como ser humano y negarle el derecho a la vida

Como hemos visto, un buen número de científicos justifica la producción y destrucción de embriones humanos para obtención de células

estaminales. Algunos de sus argumentos ya han sido descritos, en los que queda clara una mentalidad utilitarista que a la vez relativiza y

reduce el valor de la persona humana que es el embrión. Así, no vacilan en sacrificarla con el propósito –alcanzable real o hipotéticamente-

- de investigar para obtener la cura de ciertas enfermedades.

Otros científicos justifican su forma de pensar y actuar afirmando que no consideran al embrión un ser humano. Al respecto, ciertos grupos

de interés han intentado, lastimosamente muchas veces con éxito, trastocar la definición del inicio de la vida humana. Así, han procurado

desconocer la concepción o fecundación como el momento en que se inicia la vida –de lo que no se había dudado durante décadas en la

comunidad científica, al menos no antes del inicio del proceso de legalización del aborto–, sosteniendo más bien que se inicia recién

cuando se da la implantación del bebé en el útero materno, lo que ocurre alrededor del séptimo día de vida. Por ello, argumentan que no hay

ningún problema ético en el hecho de producir embriones en el laboratorio y experimentar con ellos o extraerles las células estaminales

antes de implantarlos, puesto que “no serían todavía seres humanos”. Se busca justificar esta errada concepción argumentando que no

todos los embriones que intentan implantarse sobreviven. A veces hasta el 30% de ellos son espontáneamente abortados por un proceso

natural, como puede ocurrir también en cualquier momento del embarazo o incluso después, ya que nunca el 100% de todos los recién

nacidos sobreviven. Estos grupos de interés obtienen de esta manera la “libertad” de manipular al embrión y justificar de paso el uso de

métodos abortivos –como los dispositivos intrauterinos (DIU) o, más recientemente, la píldora RU-486 o la “píldora del día siguiente” y las

demás píldoras anticonceptivas– que impiden la implantación del bebé. Si el embrión no es considerado ser humano porque –se dice– no

necesariamente sobrevivirá, cabe preguntarse: ¿Puede algún recién nacido considerarse capaz de sobrevivir por sí mismo, sin el cuidado

de sus padres? Y, más aún, ¿no es la posibilidad de la muerte una realidad para todo ser humano y característica ineludible de la vida como

la conocemos en este peregrinar terreno?

Como señalábamos anteriormente, los médicos y científicos, hasta antes de que el aborto entrara en debate en Estados Unidos y en el resto

del mundo, teníamos una convicción unánime acerca del momento en que se inicia la vida gracias a los descubrimientos de la ciencia

moderna.

La declaración de la Academia Pontificia para la Vida sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células estaminales embrionarias

humanas defiende claramente la integridad y la vida del embrión humano que corre el riesgo de ser destruido: “La ablación –recolección y

destrucción– de la masa celular interna (ICM) del blastocisto, que lesiona grave e irreparablemente el embrión humano, truncando su desarrollo,

es un acto gravemente inmoral y, por consiguiente, gravemente ilícito. Ningún fin considerado bueno, como la utilización de las células

estaminales que podrían obtenerse para la preparación de otras células diferenciadas con vistas a procedimientos terapéuticos de grandes

expectativas, puede justificar esa intervención. Un fin bueno no hace buena una acción en sí misma mala” (11).

4.2. Promoción de la clonación de embriones humanos para obtención de células estaminales

No se puede discutir el proceso de obtención y comercialización de embriones humanos sin tocar el tema de la clonación. De difundirse la

producción “en cadena” de embriones humanos para la obtención de células estaminales se pasaría a considerar la clonación como la

herramienta más eficaz para este fin. Como explicamos al inicio de este trabajo, de los primeros estadios del embrión humano (cuatro

células “totipotenciales”) podríamos obtener hasta cuatro seres humanos semejantes dividiendo artificialmente dichas células o usando la

otra técnica de clonación que consiste en unir el núcleo de una célula adulta con un ovocito o célula materna a la que se le ha sacado su

propio núcleo, formando así artificialmente un nuevo ser que tiene todas las propiedades para desarrollarse en un embrión humano (como en

el caso de la “oveja Dolly”). Se garantizaría de esta manera “la producción en cadena” y la obtención de la cantidad adecuada de embriones

humanos para satisfacer la oferta y la demanda que estos experimentos requerirían sin necesidad de estar buscando mujeres “donantes” de

óvulos. Sobre este punto del debate, por ejemplo, el Congreso estadounidense votó recientemente a favor de una ley que impide los

procesos de clonación con cualquier fin. Por otro lado, ya el Parlamento Europeo, a pesar de ser bastante liberal, en su resolución del 12

de marzo de 1997 se había pronunciado diciendo que el uso de la clonación para la obtención de embriones humanos va contra los

principios de igualdad y dignidad de los seres humanos.

Pero el debate está aún abierto y, a menos que seamos enfáticos y firmes en la defensa de la vida del embrión, es de presumir que, con

diversas excusas y falaces explicaciones, se seguirá tratando de destruirlo. En agosto del 2001, por ejemplo, tres científicos estadounidenses

e italianos con credenciales bastante cuestionables por su falta de consistencia y poco reconocida trayectoria científica, amenazaron

en Washington, durante una conferencia supuestamente organizada para discutir aspectos científicos de la clonación, con empezar a

clonar seres humanos –por su cuenta y riesgo– en alguna isla del Caribe o del Mediterráneo donde no hubiera restricciones gubernamentales.

Arguyeron, entre otras razones, la voluntad de “avanzar” con la investigación en células estaminales. Incluso el científico escocés que

ayudó a la clonación de la primera “oveja Dolly” calificó estos comentarios de anti-científicos. Según señaló, debido a que actualmente no

existe una adecuada tecnología para la clonación, él había realizado 288 intentos antes de tener éxito con “Dolly”. De hacerse estos

experimentos en seres humanos, algo similar podría ser el número de vidas de embriones que se perderían antes de conseguir una

clonación exitosa. Cuando hablamos de “exitosa” nos referimos a un embrión concebido en el laboratorio que se desarrolle y crezca hasta

su nacimiento o adultez, no como el “fiasco científico” anunciado por la compañía “Advance Cell Tecnology, Inc.”, de Massachusetts, que,

con el fin de presionar al gobierno estadounidense, informó en noviembre del 2001 de la “primera clonación exitosa” de un ser humano

(12). Lo que en realidad se limitaron a hacer fue tratar de concebir ocho embriones humanos uniendo óvulos con núcleos de células

maduras, pero sólo pudieron concebir dos, que murieron luego de llegar uno de ellos a desarrollarse hasta el estadio de seis células.

Ninguna organización científica seria aceptó dichos resultados y el consenso fue calificar el experimento como un fracaso y un intento de

ganar publicidad. No hay duda de que, así como esta compañía, otros grupos no vacilarán, con mentiras o medias verdades, en continuar

con su campaña de promoción de la producción “industrial” de embriones humanos y clonación.

Todos los errores mencionados hasta ahora no se comparan con los graves problemas morales que la clonación humana en sí misma

supone, no sólo por la lógica de “producción industrial” ya mencionada, sino también por la instrumentalización de la mujer que se convierte

simplemente en “prestadora” o “proveedora” de óvulos; por la perversión de las relaciones naturales de paternidad, maternidad, filiación y

consanguinidad, ya que, por ejemplo, no existe una verdadera madre o un verdadero padre del embrión concebido para una tercera

persona sin intervención paterna, entre otras aberraciones. También es moralmente grave el hecho de que el “productor”, el “vendedor” o

el “comprador” de los embriones disponga sobre la vida de un ser humano, sin respetar su dignidad. No ha de olvidarse, además, que la

procreación debe ocurrir dentro del matrimonio y como resultado de la unión amorosa del esposo y la esposa, y no por la manipulación

indiscriminada en el laboratorio con métodos de experimentación en seres humanos. De lo contrario se estaría violando la dignidad del

hombre y del matrimonio: “Solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad

del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona… La persona humana ha de ser acogida en el gesto de

unión y de amor de sus padres; la generación de un hijo ha de ser por eso el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal,

en el que los esposos cooperan como servidores, y no como dueños, en la obra del Amor Creador. El origen de una persona humana es en

realidad el resultado de una donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida

como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología

científica” (13).

4.3. Eugenesia y comercialización de seres humanos

El hecho de que miles de seres humanos sean destruidos en aras de la investigación científica, aun cuando se tenga el más noble propósito,

deshumaniza nuestra cultura y rebaja la dignidad del ser humano a un nivel netamente utilitario. La posibilidad de crear libremente

embriones con estos fines favorece el paso a la selección –incluso eliminación–de los embriones que se consideren más apropiados para

los fines de sus creadores, los que “se sacrifican a veces por diversas razones: eugenésicas, económicas o psicológicas” (14). Se incentiva

asimismo el racismo, ya que, lamentablemente, no todas las razas son igualmente bienvenidas, y se pone la valoración de la vida humana

en el código genético o en la función que pueda desempeñar, como por ejemplo el ser fuente de células estaminales.

Por otro lado, el hecho de producir embriones humanos para este fin y que sean “propiedad” de científicos o corporaciones y se puedan

comercializar, así sea con fines científicos o “humanitarios”, constituye una falta gravísima contra la dignidad de la persona humana (15). La

humanidad, que está aparentemente avanzando, alejándose de lacras como el racismo y la esclavitud, da un profundo retroceso a este

respecto al negarle al embrión humano el derecho a continuar viviendo y al disponer de su cuerpo a voluntad de sus creadores o de quienes

financian el proceso.

5. Una alternativa moral: la investigación en células estaminales de adultos

El descubrimiento de células estaminales en la médula ósea de los adultos hace 40 años, y más recientemente en el cerebro, pulpa dental,

vasos sanguíneos, sistema digestivo, retina, hígado y páncreas, también de adultos, así como en la sangre del cordón umbilical de los

recién nacidos, abre las puertas a la esperanza de una ciencia en favor de una cultura de la vida. Las células estaminales de adultos pueden

reproducirse y generar también células de otros tejidos, como ha sido probado ya con las células estaminales de la médula ósea y el

cerebro (16).

Los médicos y científicos que creemos en el éxito futuro de la investigación de células estaminales de adultos estamos de acuerdo con el

otorgamiento de fondos para este tipo de proyectos, ya que no existe ningún riesgo para la integridad de la persona ni se destruyen

embriones humanos. La investigación en células estaminales de adultos ha permitido ya avances significativos en transplantes de médula

ósea, que se llevan acabo actualmente con células estaminales adultas en la mayoría de casos, como en el tratamiento de leucemias,

linfomas y myeloma múltiple, entre otros cánceres. Hoy en día es rutina que para las enfermedades anteriormente mencionadas los

hematólogos en casi todas partes del mundo induzcamos la multiplicación y recolectemos células estaminales de la sangre de pacientes

adultos, de cordones umbilicales de recién nacidos o de la sangre de donantes adultos (sin poner en peligro la vida e integridad de los

pacientes, recién nacidos o donantes) para repoblar las médulas óseas de pacientes afectados por estos cánceres o por las quimioterapias,

salvándoles en algunos casos la vida y otorgándoles la cura que no sería posible sin estas células. Todo ello gracias a más de 40 años de

investigación en células estaminales adultas de la médula ósea y de la sangre, modelo a seguir en el resto de órganos del cuerpo humano

adulto.

Las células estaminales adultas no solamente se han encontrado en los lugares ya señalados, o se utilizan usualmente para salvar pacientes

con algunos cánceres, sino que incluso algunos científicos han sido capaces de inducir la diferenciación de células estaminales adultas

de la médula ósea en células de otros tejidos. Tales son los experimentos reportados por científicos del Robert Wood Johnson Medical

School de Nueva Jersey y otros grupos, quienes extrajeron células estaminales de la médula ósea de ratas y las hicieron diferenciarse en

neuronas para el cerebro.

Los médicos y científicos que trabajamos con células estaminales de adultos somos conscientes de las limitaciones que, al menos por

ahora, presentan estas investigaciones: las células estaminales de adultos no son tan numerosas, no se reproducen tan fácilmente como

las de los embriones y no son tan sencillas de encontrar. Pero ante estas dificultades, no se puede recurrir a la solución fácil que significaría

la producción y el sacrificio a escala de embriones humanos para obtener las células estaminales. Por otro lado, la investigación científica

rigurosa en células estaminales adultas, por dar un ejemplo, ha llevado a descubrir que existen al menos dos tipos más de células estaminales

adultas disponibles solamente en la medula ósea que no conocíamos una década atrás (17). Ante esta perspectiva, quienes nos dedicamos

a la investigación en esta área tenemos la necesidad de que sean otorgados fondos para este tipo de investigaciones, ya que, de ser

ciertas algunas de las expectativas que se tienen sobre las células estaminales, éstas pueden hacerse realidad utilizando células estaminales

de adultos. En ese caso, la ciencia estaría auténticamente al servicio del hombre.

6. Fondos para la investigación en células estaminales: el caso reciente de Estados Unidos

El 9 de agosto del 2001 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, trató de dar solución al debate con la autorización de un uso

limitado de fondos federales para la investigación en células estaminales, decisión que podría resumirse en los siguientes puntos:

1) No se permitirá que se engendren nuevos embriones para matarlos y extraerles las células estaminales con fondos gubernamentales en

Estados Unidos.

2) No se permitirá tampoco que se destruyan los cerca de 100,000 embriones congelados que se encuentran en las clínicas de fertilización

in vitro con el pretexto de extraerles las células estaminales para la investigación científica.

3) Existen alrededor de 60 “líneas celulares” (cultivos) de células estaminales que se vienen reproduciendo en laboratorios y que provienen

de embriones producidos por grupos privados para tal fin, habiendo sido lamentablemente sacrificados para dicho propósito. Éstas

pueden ser reproducidas y repartidas entre todos los científicos interesados en este tipo de investigaciones. Los NIH otorgarán fondos a

los científicos interesados.

4) Los NIH entregarán asimismo US$ 250 millones para investigar las células estaminales que se pueden extraer de adultos y de los

cordones umbilicales de bebés recién nacidos.

En un comunicado de los NIH, el 27 de agosto del 2002, se verificó que existen 64 líneas celulares, de las cuales 44 están en laboratorios

fuera de Estados Unidos. La Universidad de Gotemburgo en Suecia es la que posee más (19 líneas celulares), luego viene la Corporación

Cythera de San Diego, California (9 líneas celulares) y Reliance Life Sciences de Mumbai, India (7 líneas celulares). El Secretario de Salud,

T. Thompson, desmintió que estas líneas celulares no estén en buen estado y certificó que podrían ser usadas, calmando los ánimos de

todos los que objetaron la decisión del presidente Bush y que están a favor de producir nuevas líneas celulares engendrando y quitando la

vida a nuevos embriones con fondos del gobierno.

Si bien estas medidas protegen claramente a embriones humanos, no impiden que los grupos privados sigan produciendo embriones y

destruyéndolos como fuente de células estaminales.

Asimismo hemos de estar claros cuando escuchamos que se propone “aprovechar” la existencia de las 64 líneas celulares provenientes de

embriones destruidos con el fin de extraer estas células. Como claramente lo ha manifestado el Presidente de la Conferencia de Obispos

Católicos de Estados Unidos, Mons. Joseph A. Fiorenza, y el cardenal Anthony Bevilacqua, entre otros, se darán fondos a científicos que

quieran utilizar estas células –también podrán tener acceso a dichos fondos los científicos que produjeron estos embriones, destruyéndolos

para extraerles las células– lo cual es moralmente condenable no sólo por compartir de algún modo la intención ilícita del agente principal,

sino también por la cooperación material próxima en la producción y manipulación de embriones humanos (18). Queda pendiente de igual

modo el hecho de la posible comercialización actual o futura de estos restos de seres humanos que, como en el caso de los restos de bebés

abortados, está totalmente condenada por la Iglesia.

7. La “pendiente resbaladiza”

Otro aspecto preocupante es que la arriba mencionada decisión del presidente Bush, al ser una ley sólo parcialmente efectiva para proteger

al embrión humano, posibilite que se produzca una “pendiente resbaladiza” y gradual hacia su manipulación legal indiscriminada, dado

que el contexto en el que aparece esta norma no es neutro, sino favorable a una cada vez mayor consolidación de una cultura de la muerte,

como la ha venido llamando el Papa Juan Pablo II.

Tomemos como ejemplo el caso del aborto. En 1973, se consiguió que la Corte Suprema de Estados Unidos eliminara las restricciones

para el aborto provocado en base a un caso de una supuesta violación (la “víctima” confesó 20 años después que había mentido). En los

siguientes años se fueron introduciendo legislaciones que permitieron ampliar las “razones” para abortar, y hoy se producen más de un

millón y medio de abortos por año en Estados Unidos, siendo menos del 1% de ellos por causa de violación (en cuyo caso, como en ningún

otro, tampoco el aborto está justificado). En una cultura de muerte como la que nos rodea es muchas veces difícil hablar de respeto a la vida

del embrión humano, cuando ni siquiera se respeta la vida de los niños no nacidos, muertos mediante el aborto, incluso a los nueve meses

del embarazo.

Otro caso, europeo, de “pendiente resbaladiza” también se ha verificado claramente en Holanda con el crimen de la eutanasia. En los

últimos 20 años la legislación y los legisladores se han vuelto más permisivos, documentándose ya incluso casos de eutanasia no solamente

en “enfermos terminales” sino también en personas sanas y niños enfermos.

Otro caso más, esta vez reciente y directamente vinculado al tema que nos ocupa, tuvo lugar cuando se puso a votación en el Congreso

estadounidense una ley prohibiendo la clonación de seres humanos con una multa de un millón de dólares y 10 años en prisión. Los

presidentes tanto de la Cámara de Representantes, Tom Delay (republicano), como del Senado, Tom Daschle (demócrata), se opusieron

a la clonación, así como el gobierno del presidente Bush, y la medida fue adoptada con 265 votos en favor y 162 en contra. Inmediatamente,

varios congresistas que favorecen una cultura de muerte pidieron una modificación a la ley para que se permitiesen experimentos de

clonación con los embriones congelados, moción que afortunadamente ha sido por ahora rechazada.

Así pues, los gobiernos de los países, y en especial sus organismos legislativos –en particular el Congreso de Estados Unidos por la gran

influencia de sus decisiones– tienen en este tiempo la enorme responsabilidad de proteger al embrión humano y de no proponer ni

promulgar leyes nuevas o modificaciones a leyes existentes que pongan en peligro su integridad. La “pendiente resbaladiza” es un peligro

real y actuante, y se necesitan pronunciamientos claros y enérgicos como los de la Iglesia Católica.

Es preciso, asimismo, impulsar una completa información acompañada de una formación moral recta para todos –católicos y no católicos–

a fin de que se tome conciencia del profundo significado de lo que se está discutiendo y poniendo en juego. Un caso emblemático de

confusión y relativismo es el del mismo presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien siendo un político que se profesa cristiano

y provida, cuando habla de las células estaminales y del embrión humano manifiesta su preocupación por proteger a estas células y

embriones que “tienen la capacidad de generar un ser humano en el futuro”, cuando el hecho concreto es que el embrión ya es un ser

humano existente, con dignidad y derechos.

8. La dignidad del embrión humano

Este embrión humano no es un animal o solamente un conjunto de células. Esta dignidad del ser humano es única, universal e irrenunciable y no puede ser negada o relativizada de acuerdo a las circunstancias

sociales o al momento histórico que se viva.

El embrión humano es una unidad bio-psico-espiritual desde su concepción. Por ello su cuerpo debe ser respetado también. Es preciso

“tener presente la unidad de sus dimensiones corporal, afectiva, intelectual y espiritual”, como recordaba enérgicamente Juan Pablo II a la

Asociación Médica Mundial en 1983: “Cada persona humana, en su singularidad absolutamente única, está constituida no sólo por su

espíritu, sino también por su cuerpo. Así, en el cuerpo y por el cuerpo, se llega a la persona misma en su realidad concreta” (22).

9. Conclusión

La experimentación en embriones humanos y/o la promoción de la clonación de seres humanos con el fin de extraer células estaminales,

aún con los más “nobles fines”, es un gravísimo atentado contra la dignidad del hombre. Todo avance de la ciencia y de la tecnología debe

estar al servicio del ser humano, viendo en él a un ser creado por Dios y redimido por el Señor Jesús, sujeto de todos los derechos. En el

presente momento es necesario fomentar un sano desarrollo de las investigaciones y seguir exponiendo con claridad y firmeza el valor de

la vida humana por encima de todo otro interés contrario. Si queremos caminar hacia una cultura de vida con una humanidad más justa,

solidaria y reconciliada, donde se respeten la dignidad de todos los hombres, hemos de empezar a reconocer los derechos de los más

pequeños e indefensos: los derechos de los embriones humanos.

El Dr. Luis E. Ráez está certificado como especialista de oncología médica y medicina interna por la American Board. Es profesor auxiliar

de Medicina Clínica, Epidemiologia y Salud Pública en la Sección de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina,

del Jackson Memorial Hospital y del Sylvester Comprehensive Cancer Center en la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami.

Es autor de diversos trabajos y artículos sobre el cáncer, la eutanasia, las células estaminales y el embrión humano.

Notas:

en “Proceedings National Academy of Science. U.S.A.” 78 (1981), 7634-7638; A.G. Smith, Origins and properties of mouse embryonic stem cells, en

“Annual Review Cellular Development Biology” (2001).

varios embriones humanos. Una de las finalidades de este método es implantar luego los embriones en el útero de la madre.

R. Kinyamu, I. Opole, R. Opole, J. Baratta, M. Korc, T.L. Endo, A. Duong, G. Nguyen, M. Karkehabadhi, D. Twardzik y S. Loughlin. In vivo induction of

massive proliferation, directed migration, and differentiation of neural cells in the adult mammalian brain, en “Proceedings National Academy of Science.

U.S.A.” 97 (2000), 14686-14691; S. Liu, Y. Qu, T.J. Stewart, M.J. Howard, S. Chakrabortty, T.F. Holekamp y J.W. McDonald, Embryonic stem cells

differentiate into oligodendrocytes and myeli-nate in culture and after spinal cord transplantation, en “Proceedings National Academy of Science. U.S.A.”

97 (2000), 6126-6131; J.W. McDonald, X.Z. Liu, Y. Qu, S. Liu, S.K. Mickey, D. Turetsky, D.I. Gottlieb y D.W. Choi, Transplanted embryonic stem cells

survive, differentiate and promote recovery in injured rat spinal cord, en “Nature Medicine” 5 (1999), 1410-1412; G. Raisman, Olfactory ensheathing

cells, another miracle cure for spinal cord injury?, en “Nature Review Neuroscience” 2 (2001), 369-374. 4. Ver D.A. Kerr, J. Llado, M. Shamblott, N.

Maragakis, D.N. Irani, S. Dike, A. Sappington, J. Gearhart y J. Rothstein, Human embryonic germ cell derivatives facilitate motor recovery of rats with

diffuse motor neuron injury, (2001).

of human embryonic stem cells into embryoid bodies comprising the three embryonic germ layers, en “Molecular Medicine” 6 (2000), 88-95; I. Kehat, D.

Kenyagin-Karsenti, M. Druckmann, H. Segev, M. Amit, A. Gepstein, E. Livne, O. Binah, J. Itskovitz-Eldor y L. Gepstein, Human embryonic stem cells can

differentiate into myocytes portraying cardiomyocytic structural and functional properties, en “Journal of Clinical Investigation” (2001), en prensa.

Soria, E. Roche, G. Berná, T. Leon-Quinto, J.A. Reig y F. Martin, Insulin-secreting cells derived from embryonic stem cells normalize glycemia in

streptozotocin-induced diabetic mice, en “Diabetes” 49 (2000), 157-162; J.S. Odorico, Personal communication for the NIH report of stem cells, julio de

2001.

news/stemcell/scireport.htm.

terapéutico de las células estaminales embrionarias humanas, 25/8/2000, II, 3-4.

1. Ver G.R. Martin, Isolation of a pluripotent cell line from early mouse embryos cultured in medium conditioned by teratocarcinoma stem cells,2. Este método consiste en unir varios óvulos y espermatozoides en el laboratorio generando3.Ver J. Fallon, S. Reid,5. Ver J. Itskovitz-Eldor, M. Schuldiner, D. Karsenti, A. Eden, O. Yanuka, M. Amit, H. Soreq y N. Benvenisty, Differentiation6. Ver B.7. El reporte completo se puede ver en el website de los “National Institutes of Health” (NIH) de Estados Unidos de Norteamérica: http://www.nih.gov/8. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto procurado, 12-13: AAS 66 (1974), pp. 738.9. Ver Gaudium et spes, 24; Pío XII, Humani generis: AAS 42 (1950), p. 575; Pablo VI, Professio fidei: AAS10. Ver Pío XII, Discurso a la Unión Médico-Biológica “San Lucas”, 12/11. Academia Pontificia para la Vida, Declaración sobre la producción y uso científico y12. Ver http://www.cnn.com/2001/HEALTH/11/26/ human.cloning/index.html.

13.

Kajstura, S. Chimenti, I. Jakoniuk, S.M. Anderson, B. Li, J. Pickel, R. McKay, B. Nadal-Ginard, D.M. Bodine, A. Leri y P. Anversa, Bone marrow cells

regenerate infarcted myocardium, en “Nature” 410 (2001), 701-705; C. Kalka, H. Masuda, T. Takahashi, W.M. Kalka-Moll, M. Silver, M. Kearney, T. Li,

J.M. Isner y T. Asahara, Transplantation of ex vivo expanded endothelial progenitor cells for therapeutic neovascularization, “Proceedings National Academy

of Science. U.S.A.” (2000); A.A. Kocher, M.D. Schuster, M.J. Szabolcs, S. Takuma, D. Burkhoff, J. Wang, S. Homma, N.M. Edwards y S. Itescu,

Neovascularization of ischemic myo-cardium by human bone-marrow-derived angioblasts prevents cardiomyocyte apoptosis, reduces remodeling and

improves cardiac function, en “Nature Medicine” 7 (2001), 430-436; and in vivo self-renewal of multipotent mammalian neural crest stem cells, “Cell” 96,

737-749; G. Ferrari, G. Cusella-De Angelis, M. Coletta, E. Paolucci, A. Stornaiuolo, G. Cossu y F. Mavilio, Muscle regeneration by bone marrow-derived

myogenic progenitors, en “Science” 279, (1998), 1528-1530; C.R. Bjornson, R.L. Rietze, B.A. Reynolds, M.C. Magli y A.L. Vescovi, Turning brain into

blood: a hematopoietic fate adopted by adult neural stem cells in vivo, en “Science” 283 (1999), 534-537.

P.G. Robey, Bone marrow stromal stem cells: nature, biology, and potential applications, en “Stem Cells”, 19 (2001), 180-192; S.A. Kuznetsov, M.H.

Mankani, S. Gronthos, K. Satomura, P. Bianco y P.G. Robey, Circulating skeletal stem cells, en “Journal of Cellular Biology” 153 (2001), 1133-1140.

Figari, La dignidad del hombre y los derechos humanos, FE, Lima 1991, p. 15.

XXXV Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, 29/10/1983, 6.

1987, 2.

Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, 29/10/1983, 2. 20. Luis Fernando21. Allí mismo, p. 19. 22. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la23. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitae, 22/2/24. Allí mismo, I,4. 25. Allí mismo, I,5. 26. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 61. 27. Academia Pontificia para la Vida, Declaración sobre la28. Juan Pablo II, Discurso al Presidente de

Artículo tomado de VIDA HUMANA INTERNACIONAL -

Publicación Electrónica, 18 de Nov. de 2004

  

 

 

 

 

 

 

1. Células estaminales

Para situarnos mejor ante el problema es oportuno comprender qué son exactamente las células estaminales.

Como es sabido, en el proceso de concepción o fecundación, el ovocito o célula materna se une al espermatozoide en las trompas de

Falopio de la mujer, constituyendo un nuevo ser humano llamado, en este estadio, cigoto. En esta etapa el cigoto tiene ya toda la

información genética necesaria para que el nuevo ser se desarrolle y crezca tanto en los siguientes nueve meses dentro del útero

materno como durante el resto de su vida. En las horas que siguen a la fecundación, el cigoto empieza a dividirse para formar el

embrión. En las primeras 30 horas se divide en cuatro células “totipotentes”, llamadas así porque, de separarse las mismas, cada una

de ellas podría originar un nuevo ser. Éste es uno de los principales puntos de debate en relación a la clonación, ya que el uso de

células “totipotentes” es una de las dos posibles técnicas que, de aprobarse, se usaría para clonar seres humanos como potenciales

fuentes de células estaminales para la experimentación.

Luego de cuatro días, el nuevo ser humano tiene doce células y se le conoce como mórula. La mórula se dirige de la trompa de Falopio

(donde se dio la fecundación) al útero de la madre, donde se implanta, y recibe el nombre de blastocisto. Ahí permanecerá por los

próximos nueve meses, hasta su nacimiento. El blastocisto genera dos capas de células: la capa interna o embrioblasto, que forma el

embrión humano; y la capa externa o trofoblasto, que forma la placenta. A este nivel tenemos que el embrioblasto está formado por un

grupo de células denominadas “estaminales” (stem cells), que son células “pluripotenciales” o células “madre”. Esto significa que, si

bien cada una independientemente no puede generar un individuo completo –como las células “totipotenciales” anteriormente mencionadas–

sí tienen dos características fundamentales y únicas que otras células del cuerpo no poseen: 1) la capacidad de reproducirse

constantemente, y 2) la capacidad de “diferenciarse”, es decir de transformarse en una célula especializada del cuerpo humano (1).

Las células estaminales tienen la capacidad de generar los 220 tejidos y órganos que componen el cuerpo humano.

La investigación en células estaminales de animales se ha venido dando desde hace muchos años con algunos éxitos. Se ha logrado, por

ejemplo, que estas células se reproduzcan en el laboratorio y generen otras células más especializadas. Por citar un caso, se ha conseguido

producir tejido cardíaco.

La actual controversia surgió cuando se logró aislar las primeras células estaminales de embriones humanos. Algunos grupos privados de

científicos se sumaron a dichas iniciativas y comenzaron a experimentar con células extraídas de embriones producidos específicamente

para este fin mediante la fertilizacion in vitro (2). Estos grupos ya han logrado hacerlas crecer en el laboratorio y en algunas ocasiones han

conseguido también que se multipliquen. Una técnica usual utilizada en dichos ensayos consiste en extraer las células estaminales del

embrión y colocarlas en “cultivos celulares” con fibroblastos (células del tejido conectivo) de ratón, donde las células estaminales se reproducen

constantemente, convirtiéndose así en una fuente de recursos para la experimentación. El proceso es aún imperfecto, por lo que se

requiere constantes pruebas con nuevos embriones. Muchos de los “cultivos celulares” no llegan a tener éxito o son destruidos por factores

externos, como por ejemplo la contaminación bacteriana. Por otro lado, es preciso subrayar que al extraerse las células estaminales del

embrión humano éste muere inmediata e inevitablemente, pues en esta etapa de su vida está formado solamente de células estaminales en

su capa interna y de las células que formarán la placenta en su capa externa. Es preciso subrayar también que el embrión humano clonado

o producto de la fecundación in vitro o de cualquier otra técnica es un ser humano sujeto de todos los derechos al igual que los demás, a

pesar de que el método por el cual vino al mundo es gravemente inmoral.

2. Ventajas de la investigación en células estaminales

Usualmente, durante el desarrollo del individuo, las células estaminales embrionarias se diferencian, como señalamos arriba, en las diversas

células que formarán los distintos tejidos de la persona. Este proceso, sin embargo, se piensa que es irreversible, especialmente

cuando se trata de las células de los órganos más importantes, como el cerebro, el corazón, los músculos, que son las células con funciones

más “especializadas” en el cuerpo humano. Así pues, las enfermedades que atacan o dañan irreversiblemente estos órganos no pueden

ser curadas (como la demencia) o dejan secuelas para siempre (como la diabetes o los infartos de miocardio), a menos que consigamos

que las células dañadas sean reemplazadas o reparadas.

Lo que más esperanza da en el campo médico es que la investigación con células estaminales consiga que las mismas puedan ser

forzadas a diferenciarse en el laboratorio, obteniendo así los tejidos que se requieren para curar o aliviar dichas enfermedades. Ya se ha

logrado que en ciertos casos células estaminales se diferencien en células de la médula espinal o neuronas cerebrales, abriendo así la

posibilidad de reemplazar las neuronas de un adulto dañadas por la demencia de Alzheimer o el Parkinson, recuperando de esta manera a

enfermos que actualmente se consideran inválidos o discapacitados de por vida y cuya situación continuaría empeorando hasta el momento

de su muerte (3). Por otro lado, científicos de la Universidad Johns Hopkins han conseguido que ratones con enfermedades degenerativas

nerviosas de la médula espinal recuperen cierto movimiento al implantarles dichas células estaminales (4) . Otros grupos de científicos,

basados en experimentos que sugieren la posibilidad de diferenciar las células estaminales en células del tejido cardíaco, trabajan con la

esperanza de producir a corto plazo el tejido que reemplace la porción del corazón humano adulto que muere cuando la persona sufre de un

infarto de miocardio (5). También se podrían formar nuevas células del páncreas e introducirlas en un paciente con diabetes, enfermedad

originada precisamente por el daño irreversible de las células pancreáticas, curándolo parcial o totalmente (6). Lamentablemente estas

enfermedades son bastante comunes, con millones de enfermos en todo el mundo.

Los ejemplos anteriormente mencionados son sólo algunos de los posibles “usos” de las células estaminales. Pero la propaganda periodística

y las esperanzas de los pacientes y sus familiares hace crecer la lista de enfermedades que podrían ser erradicadas o mejor

controladas, generando en muchos casos falsas expectativas. Algunos grupos privados en Estados Unidos, como la Geron Corporation,

afirman que ya han sido capaces de lograr la diferenciación de las células estaminales en más de 110 de los 220 tejidos que constituyen el

cuerpo humano. Que esto sea cierto y posible no quiere decir, sin embargo, que tengamos ya la tecnología apropiada para aplicarla en

seres humanos, como se espera. De hacer crecer una célula en una probeta de laboratorio a esperar que reemplace a una neurona del

cerebro y que revierta una enfermedad incurable, todo ello sin ningún daño al paciente, hay muchos pasos por recorrer. Queda claro que la

posibilidad de que se usen estas células y los productos derivados de ellas en forma terapéutica, con las potencialidades de comercialización

en el futuro, es lo que más atrae el interés de las corporaciones privadas.

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) publicaron en julio del 2002 un informe favorable al uso

de fondos gubernamentales para incrementar la investigación en células estaminales con argumentos como los anteriormente expuestos

(7). La prensa estadounidense, motivada por grupos de interés, inició una campaña muy agresiva en la que prácticamente aseguraba a los

pacientes y familiares que las investigaciones con células estaminales serían la solución a cientos de enfermedades, la mayoría de ellas

actualmente incurables. Artistas de cine muy conocidos como Christopher Reeve –quien sufre de parálisis en las extremidades por una

lesión irreversible en la médula espinal– y Michael Fox –quien padece de Parkinson– entre otros, han ayudado significativamente a propagar

esta idea, motivados por la esperanza que ellos mismos tienen al respecto.

La falta de información acerca del tema llevó incluso a que, por ejemplo, algunos conocidos políticos provida estadounidenses como los

senadores Orrin Hatch y Tommy Thompson (el actual Secretario de Salud del gobierno del presidente Bush) apoyasen estas iniciativas.

Lamentablemente, esa falta de información llevó también a que, según encuestas de opinión realizadas en Estados Unidos en julio de ese

año, cerca del 57% de los que se oponen al aborto y el 70% de los que se declaran católicos apoyen la investigacion en células estaminales

por las bondades reales o ficticias que prometen, sin tener una idea clara de las consecuencias que esta opción trae para la vida y dignidad

del embrión humano que va a ser destruido.

3. Obtención de células estaminales para la investigación médica

El hecho de destruir embriones humanos para obtener células estaminales felizmente todavía genera dudas entre los que tienden a estar a

favor de tal medida. En Estados Unidos, por esta razón, algunos científicos y políticos propusieron que no se permitiera la producción “en

cadena” de embriones en el laboratorio con el exclusivo fin de promover esta investigación, pero sí, lamentablemente que se usen cerca de

100,000 embriones humanos que se encuentran actualmente congelados en clínicas de fertilización in vitro.

Como sabemos, hay parejas no fértiles que, en un afán quizá desesperado por concebir, recurren a técnicas de fertilización in vitro. Éstas

consisten básicamente en producir la fertilización (unión del espermatozoide con el óvulo materno) en el laboratorio y luego implantar el

embrión en la madre. Como el proceso no es 100% efectivo, se prefiere generar entre seis y diez embriones. Si alguno de los primeros se

implanta exitosamente en el útero materno y se desarrolla finalmente en un bebé, los embriones “sobrantes” son entonces descartados o

congelados para algún uso futuro. No han faltado quienes, con una aproximación netamente utilitarista, han propuesto usar estos embriones

como fuente de células estaminales, puesto que “de todas maneras serán destruidos”. Ya durante el gobierno del presidente Clinton se

intentó usar estos embriones en Estados Unidos para experimentación humana con el mismo raciocinio, medida que felizmente no llegó a

encontrar un respaldo legislativo.

Lamentablemente, una alternativa como la extracción de estas células estaminales de bebés espontáneamente abortados, no es posible,

aun cuando el bebé conserva todavía un buen número de células estaminales en la sangre del cordón umbilical y otros órganos. Ello se debe

principalmente a que estas situaciones, que no son muy numerosas, son impredecibles. Además, a veces el bebé permanece en el útero

muerto varias horas antes de ser espontáneamente abortado, lo que lleva al deterioro de las células estaminales. La obtención de células

estaminales de abortos provocados, en cambio, genera serios problemas éticos, pues al igual que la destrucción de embriones humanos,

se estaría comercializando con los restos de víctimas de un acto inmoral o, incluso, incentivando el homicidio de seres humanos con este fin.

Por tanto, éstas no pueden considerarse opciones para la obtención de células estaminales embrionarias.

4. Riesgos morales de la investigación en células estaminales

Los riesgos son numerosos y no es posible predecirlos con cierta precisión, pues todavía no conocemos qué usos predominarán en la

manipulación de células estaminales, ni los posibles descubrimientos científicos que en el camino puedan surgir, ni el cauce por el que

discurrirá la comercialización que de todo ello derive. Más allá de las posibilidades que se presenten en el futuro, por lo menos detectamos

hoy tres problemas morales importantes:

4.1. Desconocer al embrión como ser humano y negarle el derecho a la vida

Como hemos visto, un buen número de científicos justifica la producción y destrucción de embriones humanos para obtención de células

estaminales. Algunos de sus argumentos ya han sido descritos, en los que queda clara una mentalidad utilitarista que a la vez relativiza y

reduce el valor de la persona humana que es el embrión. Así, no vacilan en sacrificarla con el propósito –alcanzable real o hipotéticamente-

- de investigar para obtener la cura de ciertas enfermedades.

Otros científicos justifican su forma de pensar y actuar afirmando que no consideran al embrión un ser humano. Al respecto, ciertos grupos

de interés han intentado, lastimosamente muchas veces con éxito, trastocar la definición del inicio de la vida humana. Así, han procurado

desconocer la concepción o fecundación como el momento en que se inicia la vida –de lo que no se había dudado durante décadas en la

comunidad científica, al menos no antes del inicio del proceso de legalización del aborto–, sosteniendo más bien que se inicia recién

cuando se da la implantación del bebé en el útero materno, lo que ocurre alrededor del séptimo día de vida. Por ello, argumentan que no hay

ningún problema ético en el hecho de producir embriones en el laboratorio y experimentar con ellos o extraerles las células estaminales

antes de implantarlos, puesto que “no serían todavía seres humanos”. Se busca justificar esta errada concepción argumentando que no

todos los embriones que intentan implantarse sobreviven. A veces hasta el 30% de ellos son espontáneamente abortados por un proceso

natural, como puede ocurrir también en cualquier momento del embarazo o incluso después, ya que nunca el 100% de todos los recién

nacidos sobreviven. Estos grupos de interés obtienen de esta manera la “libertad” de manipular al embrión y justificar de paso el uso de

métodos abortivos –como los dispositivos intrauterinos (DIU) o, más recientemente, la píldora RU-486 o la “píldora del día siguiente” y las

demás píldoras anticonceptivas– que impiden la implantación del bebé. Si el embrión no es considerado ser humano porque –se dice– no

necesariamente sobrevivirá, cabe preguntarse: ¿Puede algún recién nacido considerarse capaz de sobrevivir por sí mismo, sin el cuidado

de sus padres? Y, más aún, ¿no es la posibilidad de la muerte una realidad para todo ser humano y característica ineludible de la vida como

la conocemos en este peregrinar terreno?

Como señalábamos anteriormente, los médicos y científicos, hasta antes de que el aborto entrara en debate en Estados Unidos y en el resto

del mundo, teníamos una convicción unánime acerca del momento en que se inicia la vida gracias a los descubrimientos de la ciencia

moderna. La Iglesia Católica, por otro lado, siempre ha sostenido que “con la fecundación se inicia la aventura de una vida humana, cuyas

principales capacidades requieren solamente tiempo para desarrollarse y poder actuar” (8). Siguiendo la orientación de la Sagrada Escritura

y la Sagrada Tradición, la enseñanza de los Sumos Pontífices y en general de los diversos documentos del Magisterio de la Iglesia sobre

el tema han señalado claramente que la vida del ser humano debe ser respetada desde la concepción, porque el hombre es la única criatura

que Dios ha querido “por sí misma” y cuya alma espiritual ha sido creada por Dios “inmediatamente” a su imagen, entablando una relación

especial con su Creador (9). Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término. Nadie, en ninguna circunstancia, puede

atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente (10).

La declaración de la Academia Pontificia para la Vida sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células estaminales embrionarias

humanas defiende claramente la integridad y la vida del embrión humano que corre el riesgo de ser destruido: “La ablación –recolección y

destrucción– de la masa celular interna (ICM) del blastocisto, que lesiona grave e irreparablemente el embrión humano, truncando su desarrollo,

es un acto gravemente inmoral y, por consiguiente, gravemente ilícito. Ningún fin considerado bueno, como la utilización de las células

estaminales que podrían obtenerse para la preparación de otras células diferenciadas con vistas a procedimientos terapéuticos de grandes

expectativas, puede justificar esa intervención. Un fin bueno no hace buena una acción en sí misma mala” (11).

4.2. Promoción de la clonación de embriones humanos para obtención de células estaminales

No se puede discutir el proceso de obtención y comercialización de embriones humanos sin tocar el tema de la clonación. De difundirse la

producción “en cadena” de embriones humanos para la obtención de células estaminales se pasaría a considerar la clonación como la

herramienta más eficaz para este fin. Como explicamos al inicio de este trabajo, de los primeros estadios del embrión humano (cuatro

células “totipotenciales”) podríamos obtener hasta cuatro seres humanos semejantes dividiendo artificialmente dichas células o usando la

otra técnica de clonación que consiste en unir el núcleo de una célula adulta con un ovocito o célula materna a la que se le ha sacado su

propio núcleo, formando así artificialmente un nuevo ser que tiene todas las propiedades para desarrollarse en un embrión humano (como en

el caso de la “oveja Dolly”). Se garantizaría de esta manera “la producción en cadena” y la obtención de la cantidad adecuada de embriones

humanos para satisfacer la oferta y la demanda que estos experimentos requerirían sin necesidad de estar buscando mujeres “donantes” de

óvulos. Sobre este punto del debate, por ejemplo, el Congreso estadounidense votó recientemente a favor de una ley que impide los

procesos de clonación con cualquier fin. Por otro lado, ya el Parlamento Europeo, a pesar de ser bastante liberal, en su resolución del 12

de marzo de 1997 se había pronunciado diciendo que el uso de la clonación para la obtención de embriones humanos va contra los

principios de igualdad y dignidad de los seres humanos.

Pero el debate está aún abierto y, a menos que seamos enfáticos y firmes en la defensa de la vida del embrión, es de presumir que, con

diversas excusas y falaces explicaciones, se seguirá tratando de destruirlo. En agosto del 2001, por ejemplo, tres científicos estadounidenses

e italianos con credenciales bastante cuestionables por su falta de consistencia y poco reconocida trayectoria científica, amenazaron

en Washington, durante una conferencia supuestamente organizada para discutir aspectos científicos de la clonación, con empezar a

clonar seres humanos –por su cuenta y riesgo– en alguna isla del Caribe o del Mediterráneo donde no hubiera restricciones gubernamentales.

Arguyeron, entre otras razones, la voluntad de “avanzar” con la investigación en células estaminales. Incluso el científico escocés que

ayudó a la clonación de la primera “oveja Dolly” calificó estos comentarios de anti-científicos. Según señaló, debido a que actualmente no

existe una adecuada tecnología para la clonación, él había realizado 288 intentos antes de tener éxito con “Dolly”. De hacerse estos

experimentos en seres humanos, algo similar podría ser el número de vidas de embriones que se perderían antes de conseguir una

clonación exitosa. Cuando hablamos de “exitosa” nos referimos a un embrión concebido en el laboratorio que se desarrolle y crezca hasta

su nacimiento o adultez, no como el “fiasco científico” anunciado por la compañía “Advance Cell Tecnology, Inc.”, de Massachusetts, que,

con el fin de presionar al gobierno estadounidense, informó en noviembre del 2001 de la “primera clonación exitosa” de un ser humano

(12). Lo que en realidad se limitaron a hacer fue tratar de concebir ocho embriones humanos uniendo óvulos con núcleos de células

maduras, pero sólo pudieron concebir dos, que murieron luego de llegar uno de ellos a desarrollarse hasta el estadio de seis células.

Ninguna organización científica seria aceptó dichos resultados y el consenso fue calificar el experimento como un fracaso y un intento de

ganar publicidad. No hay duda de que, así como esta compañía, otros grupos no vacilarán, con mentiras o medias verdades, en continuar

con su campaña de promoción de la producción “industrial” de embriones humanos y clonación.

Todos los errores mencionados hasta ahora no se comparan con los graves problemas morales que la clonación humana en sí misma

supone, no sólo por la lógica de “producción industrial” ya mencionada, sino también por la instrumentalización de la mujer que se convierte

simplemente en “prestadora” o “proveedora” de óvulos; por la perversión de las relaciones naturales de paternidad, maternidad, filiación y

consanguinidad, ya que, por ejemplo, no existe una verdadera madre o un verdadero padre del embrión concebido para una tercera

persona sin intervención paterna, entre otras aberraciones. También es moralmente grave el hecho de que el “productor”, el “vendedor” o

el “comprador” de los embriones disponga sobre la vida de un ser humano, sin respetar su dignidad. No ha de olvidarse, además, que la

procreación debe ocurrir dentro del matrimonio y como resultado de la unión amorosa del esposo y la esposa, y no por la manipulación

indiscriminada en el laboratorio con métodos de experimentación en seres humanos. De lo contrario se estaría violando la dignidad del

hombre y del matrimonio: “Solamente el respeto de la conexión existente entre los significados del acto conyugal y el respeto de la unidad

del ser humano, consiente una procreación conforme con la dignidad de la persona… La persona humana ha de ser acogida en el gesto de

unión y de amor de sus padres; la generación de un hijo ha de ser por eso el fruto de la donación recíproca realizada en el acto conyugal,

en el que los esposos cooperan como servidores, y no como dueños, en la obra del Amor Creador. El origen de una persona humana es en

realidad el resultado de una donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida

como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología

científica” (13).

4.3. Eugenesia y comercialización de seres humanos

El hecho de que miles de seres humanos sean destruidos en aras de la investigación científica, aun cuando se tenga el más noble propósito,

deshumaniza nuestra cultura y rebaja la dignidad del ser humano a un nivel netamente utilitario. La posibilidad de crear libremente

embriones con estos fines favorece el paso a la selección –incluso eliminación–de los embriones que se consideren más apropiados para

los fines de sus creadores, los que “se sacrifican a veces por diversas razones: eugenésicas, económicas o psicológicas” (14). Se incentiva

asimismo el racismo, ya que, lamentablemente, no todas las razas son igualmente bienvenidas, y se pone la valoración de la vida humana

en el código genético o en la función que pueda desempeñar, como por ejemplo el ser fuente de células estaminales.

Por otro lado, el hecho de producir embriones humanos para este fin y que sean “propiedad” de científicos o corporaciones y se puedan

comercializar, así sea con fines científicos o “humanitarios”, constituye una falta gravísima contra la dignidad de la persona humana (15). La

humanidad, que está aparentemente avanzando, alejándose de lacras como el racismo y la esclavitud, da un profundo retroceso a este

respecto al negarle al embrión humano el derecho a continuar viviendo y al disponer de su cuerpo a voluntad de sus creadores o de quienes

financian el proceso.

5. Una alternativa moral: la investigación en células estaminales de adultos

El descubrimiento de células estaminales en la médula ósea de los adultos hace 40 años, y más recientemente en el cerebro, pulpa dental,

vasos sanguíneos, sistema digestivo, retina, hígado y páncreas, también de adultos, así como en la sangre del cordón umbilical de los

recién nacidos, abre las puertas a la esperanza de una ciencia en favor de una cultura de la vida. Las células estaminales de adultos pueden

reproducirse y generar también células de otros tejidos, como ha sido probado ya con las células estaminales de la médula ósea y el

cerebro (16).

Los médicos y científicos que creemos en el éxito futuro de la investigación de células estaminales de adultos estamos de acuerdo con el

otorgamiento de fondos para este tipo de proyectos, ya que no existe ningún riesgo para la integridad de la persona ni se destruyen

embriones humanos. La investigación en células estaminales de adultos ha permitido ya avances significativos en transplantes de médula

ósea, que se llevan acabo actualmente con células estaminales adultas en la mayoría de casos, como en el tratamiento de leucemias,

linfomas y myeloma múltiple, entre otros cánceres. Hoy en día es rutina que para las enfermedades anteriormente mencionadas los

hematólogos en casi todas partes del mundo induzcamos la multiplicación y recolectemos células estaminales de la sangre de pacientes

adultos, de cordones umbilicales de recién nacidos o de la sangre de donantes adultos (sin poner en peligro la vida e integridad de los

pacientes, recién nacidos o donantes) para repoblar las médulas óseas de pacientes afectados por estos cánceres o por las quimioterapias,

salvándoles en algunos casos la vida y otorgándoles la cura que no sería posible sin estas células. Todo ello gracias a más de 40 años de

investigación en células estaminales adultas de la médula ósea y de la sangre, modelo a seguir en el resto de órganos del cuerpo humano

adulto.

Las células estaminales adultas no solamente se han encontrado en los lugares ya señalados, o se utilizan usualmente para salvar pacientes

con algunos cánceres, sino que incluso algunos científicos han sido capaces de inducir la diferenciación de células estaminales adultas

de la médula ósea en células de otros tejidos. Tales son los experimentos reportados por científicos del Robert Wood Johnson Medical

School de Nueva Jersey y otros grupos, quienes extrajeron células estaminales de la médula ósea de ratas y las hicieron diferenciarse en

neuronas para el cerebro.

Los médicos y científicos que trabajamos con células estaminales de adultos somos conscientes de las limitaciones que, al menos por

ahora, presentan estas investigaciones: las células estaminales de adultos no son tan numerosas, no se reproducen tan fácilmente como

las de los embriones y no son tan sencillas de encontrar. Pero ante estas dificultades, no se puede recurrir a la solución fácil que significaría

la producción y el sacrificio a escala de embriones humanos para obtener las células estaminales. Por otro lado, la investigación científica

rigurosa en células estaminales adultas, por dar un ejemplo, ha llevado a descubrir que existen al menos dos tipos más de células estaminales

adultas disponibles solamente en la medula ósea que no conocíamos una década atrás (17). Ante esta perspectiva, quienes nos dedicamos

a la investigación en esta área tenemos la necesidad de que sean otorgados fondos para este tipo de investigaciones, ya que, de ser

ciertas algunas de las expectativas que se tienen sobre las células estaminales, éstas pueden hacerse realidad utilizando células estaminales

de adultos. En ese caso, la ciencia estaría auténticamente al servicio del hombre.

6. Fondos para la investigación en células estaminales: el caso reciente de Estados Unidos

El 9 de agosto del 2001 el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, trató de dar solución al debate con la autorización de un uso

limitado de fondos federales para la investigación en células estaminales, decisión que podría resumirse en los siguientes puntos:

1) No se permitirá que se engendren nuevos embriones para matarlos y extraerles las células estaminales con fondos gubernamentales en

Estados Unidos.

2) No se permitirá tampoco que se destruyan los cerca de 100,000 embriones congelados que se encuentran en las clínicas de fertilización

in vitro con el pretexto de extraerles las células estaminales para la investigación científica.

3) Existen alrededor de 60 “líneas celulares” (cultivos) de células estaminales que se vienen reproduciendo en laboratorios y que provienen

de embriones producidos por grupos privados para tal fin, habiendo sido lamentablemente sacrificados para dicho propósito. Éstas

pueden ser reproducidas y repartidas entre todos los científicos interesados en este tipo de investigaciones. Los NIH otorgarán fondos a

los científicos interesados.

4) Los NIH entregarán asimismo US$ 250 millones para investigar las células estaminales que se pueden extraer de adultos y de los

cordones umbilicales de bebés recién nacidos.

En un comunicado de los NIH, el 27 de agosto del 2002, se verificó que existen 64 líneas celulares, de las cuales 44 están en laboratorios

fuera de Estados Unidos. La Universidad de Gotemburgo en Suecia es la que posee más (19 líneas celulares), luego viene la Corporación

Cythera de San Diego, California (9 líneas celulares) y Reliance Life Sciences de Mumbai, India (7 líneas celulares). El Secretario de Salud,

T. Thompson, desmintió que estas líneas celulares no estén en buen estado y certificó que podrían ser usadas, calmando los ánimos de

todos los que objetaron la decisión del presidente Bush y que están a favor de producir nuevas líneas celulares engendrando y quitando la

vida a nuevos embriones con fondos del gobierno.

Si bien estas medidas protegen claramente a embriones humanos, no impiden que los grupos privados sigan produciendo embriones y

destruyéndolos como fuente de células estaminales.

Asimismo hemos de estar claros cuando escuchamos que se propone “aprovechar” la existencia de las 64 líneas celulares provenientes de

embriones destruidos con el fin de extraer estas células. Como claramente lo ha manifestado el Presidente de la Conferencia de Obispos

Católicos de Estados Unidos, Mons. Joseph A. Fiorenza, y el cardenal Anthony Bevilacqua, entre otros, se darán fondos a científicos que

quieran utilizar estas células –también podrán tener acceso a dichos fondos los científicos que produjeron estos embriones, destruyéndolos

para extraerles las células– lo cual es moralmente condenable no sólo por compartir de algún modo la intención ilícita del agente principal,

sino también por la cooperación material próxima en la producción y manipulación de embriones humanos (18). Queda pendiente de igual

modo el hecho de la posible comercialización actual o futura de estos restos de seres humanos que, como en el caso de los restos de bebés

abortados, está totalmente condenada por la Iglesia.

7. La “pendiente resbaladiza”

Otro aspecto preocupante es que la arriba mencionada decisión del presidente Bush, al ser una ley sólo parcialmente efectiva para proteger

al embrión humano, posibilite que se produzca una “pendiente resbaladiza” y gradual hacia su manipulación legal indiscriminada, dado

que el contexto en el que aparece esta norma no es neutro, sino favorable a una cada vez mayor consolidación de una cultura de la muerte,

como la ha venido llamando el Papa Juan Pablo II.

Tomemos como ejemplo el caso del aborto. En 1973, se consiguió que la Corte Suprema de Estados Unidos eliminara las restricciones

para el aborto provocado en base a un caso de una supuesta violación (la “víctima” confesó 20 años después que había mentido). En los

siguientes años se fueron introduciendo legislaciones que permitieron ampliar las “razones” para abortar, y hoy se producen más de un

millón y medio de abortos por año en Estados Unidos, siendo menos del 1% de ellos por causa de violación (en cuyo caso, como en ningún

otro, tampoco el aborto está justificado). En una cultura de muerte como la que nos rodea es muchas veces difícil hablar de respeto a la vida

del embrión humano, cuando ni siquiera se respeta la vida de los niños no nacidos, muertos mediante el aborto, incluso a los nueve meses

del embarazo.

Otro caso, europeo, de “pendiente resbaladiza” también se ha verificado claramente en Holanda con el crimen de la eutanasia. En los

últimos 20 años la legislación y los legisladores se han vuelto más permisivos, documentándose ya incluso casos de eutanasia no solamente

en “enfermos terminales” sino también en personas sanas y niños enfermos.

Otro caso más, esta vez reciente y directamente vinculado al tema que nos ocupa, tuvo lugar cuando se puso a votación en el Congreso

estadounidense una ley prohibiendo la clonación de seres humanos con una multa de un millón de dólares y 10 años en prisión. Los

presidentes tanto de la Cámara de Representantes, Tom Delay (republicano), como del Senado, Tom Daschle (demócrata), se opusieron

a la clonación, así como el gobierno del presidente Bush, y la medida fue adoptada con 265 votos en favor y 162 en contra. Inmediatamente,

varios congresistas que favorecen una cultura de muerte pidieron una modificación a la ley para que se permitiesen experimentos de

clonación con los embriones congelados, moción que afortunadamente ha sido por ahora rechazada.

Así pues, los gobiernos de los países, y en especial sus organismos legislativos –en particular el Congreso de Estados Unidos por la gran

influencia de sus decisiones– tienen en este tiempo la enorme responsabilidad de proteger al embrión humano y de no proponer ni

promulgar leyes nuevas o modificaciones a leyes existentes que pongan en peligro su integridad. La “pendiente resbaladiza” es un peligro

real y actuante, y se necesitan pronunciamientos claros y enérgicos como los de la Iglesia Católica.

Es preciso, asimismo, impulsar una completa información acompañada de una formación moral recta para todos –católicos y no católicos–

a fin de que se tome conciencia del profundo significado de lo que se está discutiendo y poniendo en juego. Un caso emblemático de

confusión y relativismo es el del mismo presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien siendo un político que se profesa cristiano

y provida, cuando habla de las células estaminales y del embrión humano manifiesta su preocupación por proteger a estas células y

embriones que “tienen la capacidad de generar un ser humano en el futuro”, cuando el hecho concreto es que el embrión ya es un ser

humano existente, con dignidad y derechos.

8. La dignidad del embrión humano

La posición de la Iglesia Católica ha sido siempre clara en la promoción y defensa de la vida humana. En el momento de la unión del óvulo

materno con el espermatozoide paterno se da el proceso de fecundación, y desde ese instante el nuevo ser que es ya una unidad en

cuerpo y alma, único e irrepetible, tiene toda la información genética para continuar desarrollándose hasta llegar a ser un adulto. El Papa

Juan Pablo II nos ha recordado en reiteradas ocasiones la inviolabilidad del derecho a la vida del ser humano inocente “desde el momento

de la concepción hasta la muerte” (19).

Este embrión humano no es un animal o solamente un conjunto de células. Tiene una dignidad especial: en primer lugar, porque Dios lo

creó, como dice el libro del Génesis (ver Gén 2,7), a su imagen y semejanza para ser el administrador de la creación; y en segundo lugar,

porque el Señor Jesús, mediante el misterio de la Anunciación-Encarnación, se hizo hombre y elevó nuestra condición de creaturas a hijos

de Dios. Como dice el pensador peruano Luis Fernando Figari, “la dignidad fundamental, y más aún fundante, del hombre proviene de ser

la persona humana creada por Dios como interlocutor personal suyo e invitado a participar desde su estructura óntica en la dinámica

creacional. Las palabras ‘imagen y semejanza’, a las que estamos tan acostumbrados, portan en sí la entrada al misterio de la dignidad

humana” (20). Y luego él mismo añade: “La dignidad de la creatura humana quedará aún más claramente manifestada por la irrupción del

Verbo Eterno en el tronco humano, asumiéndolo y elevándolo, en un proceso misterioso e indescriptible en la magnitud de su grandeza”

(21). Esta dignidad del ser humano es única, universal e irrenunciable y no puede ser negada o relativizada de acuerdo a las circunstancias

sociales o al momento histórico que se viva.

El embrión humano es una unidad bio-psico-espiritual desde su concepción. Por ello su cuerpo debe ser respetado también. Es preciso

“tener presente la unidad de sus dimensiones corporal, afectiva, intelectual y espiritual”, como recordaba enérgicamente Juan Pablo II a la

Asociación Médica Mundial en 1983: “Cada persona humana, en su singularidad absolutamente única, está constituida no sólo por su

espíritu, sino también por su cuerpo. Así, en el cuerpo y por el cuerpo, se llega a la persona misma en su realidad concreta” (22).

9. Conclusión

La experimentación en embriones humanos y/o la promoción de la clonación de seres humanos con el fin de extraer células estaminales,

aún con los más “nobles fines”, es un gravísimo atentado contra la dignidad del hombre. Todo avance de la ciencia y de la tecnología debe

estar al servicio del ser humano, viendo en él a un ser creado por Dios y redimido por el Señor Jesús, sujeto de todos los derechos. En el

presente momento es necesario fomentar un sano desarrollo de las investigaciones y seguir exponiendo con claridad y firmeza el valor de

la vida humana por encima de todo otro interés contrario. Si queremos caminar hacia una cultura de vida con una humanidad más justa,

solidaria y reconciliada, donde se respeten la dignidad de todos los hombres, hemos de empezar a reconocer los derechos de los más

pequeños e indefensos: los derechos de los embriones humanos.

El Dr. Luis E. Ráez está certificado como especialista de oncología médica y medicina interna por la American Board. Es profesor auxiliar

de Medicina Clínica, Epidemiologia y Salud Pública en la Sección de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento de Medicina,

del Jackson Memorial Hospital y del Sylvester Comprehensive Cancer Center en la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami.

Es autor de diversos trabajos y artículos sobre el cáncer, la eutanasia, las células estaminales y el embrión humano.

Notas:

en “Proceedings National Academy of Science. U.S.A.” 78 (1981), 7634-7638; A.G. Smith, Origins and properties of mouse embryonic stem cells, en

“Annual Review Cellular Development Biology” (2001).

varios embriones humanos. Una de las finalidades de este método es implantar luego los embriones en el útero de la madre.

R. Kinyamu, I. Opole, R. Opole, J. Baratta, M. Korc, T.L. Endo, A. Duong, G. Nguyen, M. Karkehabadhi, D. Twardzik y S. Loughlin. In vivo induction of

massive proliferation, directed migration, and differentiation of neural cells in the adult mammalian brain, en “Proceedings National Academy of Science.

U.S.A.” 97 (2000), 14686-14691; S. Liu, Y. Qu, T.J. Stewart, M.J. Howard, S. Chakrabortty, T.F. Holekamp y J.W. McDonald, Embryonic stem cells

differentiate into oligodendrocytes and myeli-nate in culture and after spinal cord transplantation, en “Proceedings National Academy of Science. U.S.A.”

97 (2000), 6126-6131; J.W. McDonald, X.Z. Liu, Y. Qu, S. Liu, S.K. Mickey, D. Turetsky, D.I. Gottlieb y D.W. Choi, Transplanted embryonic stem cells

survive, differentiate and promote recovery in injured rat spinal cord, en “Nature Medicine” 5 (1999), 1410-1412; G. Raisman, Olfactory ensheathing

cells, another miracle cure for spinal cord injury?, en “Nature Review Neuroscience” 2 (2001), 369-374. 4. Ver D.A. Kerr, J. Llado, M. Shamblott, N.

Maragakis, D.N. Irani, S. Dike, A. Sappington, J. Gearhart y J. Rothstein, Human embryonic germ cell derivatives facilitate motor recovery of rats with

diffuse motor neuron injury, (2001).

of human embryonic stem cells into embryoid bodies comprising the three embryonic germ layers, en “Molecular Medicine” 6 (2000), 88-95; I. Kehat, D.

Kenyagin-Karsenti, M. Druckmann, H. Segev, M. Amit, A. Gepstein, E. Livne, O. Binah, J. Itskovitz-Eldor y L. Gepstein, Human embryonic stem cells can

differentiate into myocytes portraying cardiomyocytic structural and functional properties, en “Journal of Clinical Investigation” (2001), en prensa.

Soria, E. Roche, G. Berná, T. Leon-Quinto, J.A. Reig y F. Martin, Insulin-secreting cells derived from embryonic stem cells normalize glycemia in

streptozotocin-induced diabetic mice, en “Diabetes” 49 (2000), 157-162; J.S. Odorico, Personal communication for the NIH report of stem cells, julio de

2001.

news/stemcell/scireport.htm.

terapéutico de las células estaminales embrionarias humanas, 25/8/2000, II, 3-4.

1. Ver G.R. Martin, Isolation of a pluripotent cell line from early mouse embryos cultured in medium conditioned by teratocarcinoma stem cells,2. Este método consiste en unir varios óvulos y espermatozoides en el laboratorio generando3.Ver J. Fallon, S. Reid,5. Ver J. Itskovitz-Eldor, M. Schuldiner, D. Karsenti, A. Eden, O. Yanuka, M. Amit, H. Soreq y N. Benvenisty, Differentiation6. Ver B.7. El reporte completo se puede ver en el website de los “National Institutes of Health” (NIH) de Estados Unidos de Norteamérica: http://www.nih.gov/8. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre el aborto procurado, 12-13: AAS 66 (1974), pp. 738.9. Ver Gaudium et spes, 24; Pío XII, Humani generis: AAS 42 (1950), p. 575; Pablo VI, Professio fidei: AAS10. Ver Pío XII, Discurso a la Unión Médico-Biológica “San Lucas”, 12/11. Academia Pontificia para la Vida, Declaración sobre la producción y uso científico y12. Ver http://www.cnn.com/2001/HEALTH/11/26/ human.cloning/index.html.

13.

Kajstura, S. Chimenti, I. Jakoniuk, S.M. Anderson, B. Li, J. Pickel, R. McKay, B. Nadal-Ginard, D.M. Bodine, A. Leri y P. Anversa, Bone marrow cells

regenerate infarcted myocardium, en “Nature” 410 (2001), 701-705; C. Kalka, H. Masuda, T. Takahashi, W.M. Kalka-Moll, M. Silver, M. Kearney, T. Li,

J.M. Isner y T. Asahara, Transplantation of ex vivo expanded endothelial progenitor cells for therapeutic neovascularization, “Proceedings National Academy

of Science. U.S.A.” (2000); A.A. Kocher, M.D. Schuster, M.J. Szabolcs, S. Takuma, D. Burkhoff, J. Wang, S. Homma, N.M. Edwards y S. Itescu,

Neovascularization of ischemic myo-cardium by human bone-marrow-derived angioblasts prevents cardiomyocyte apoptosis, reduces remodeling and

improves cardiac function, en “Nature Medicine” 7 (2001), 430-436; and in vivo self-renewal of multipotent mammalian neural crest stem cells, “Cell” 96,

737-749; G. Ferrari, G. Cusella-De Angelis, M. Coletta, E. Paolucci, A. Stornaiuolo, G. Cossu y F. Mavilio, Muscle regeneration by bone marrow-derived

myogenic progenitors, en “Science” 279, (1998), 1528-1530; C.R. Bjornson, R.L. Rietze, B.A. Reynolds, M.C. Magli y A.L. Vescovi, Turning brain into

blood: a hematopoietic fate adopted by adult neural stem cells in vivo, en “Science” 283 (1999), 534-537.

P.G. Robey, Bone marrow stromal stem cells: nature, biology, and potential applications, en “Stem Cells”, 19 (2001), 180-192; S.A. Kuznetsov, M.H.

Mankani, S. Gronthos, K. Satomura, P. Bianco y P.G. Robey, Circulating skeletal stem cells, en “Journal of Cellular Biology” 153 (2001), 1133-1140.

Figari, La dignidad del hombre y los derechos humanos, FE, Lima 1991, p. 15.

XXXV Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, 29/10/1983, 6.

1987, 2.

Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, 29/10/1983, 2. 20. Luis Fernando21. Allí mismo, p. 19. 22. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la23. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitae, 22/2/24. Allí mismo, I,4. 25. Allí mismo, I,5. 26. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 61. 27. Academia Pontificia para la Vida, Declaración sobre la28. Juan Pablo II, Discurso al Presidente de

Artículo tomado de VIDA HUMANA INTERNACIONAL -

Publicación Electrónica, 18 de Nov. de 2004

  

 

 

 

 

 

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Los medios, ¿unos idiotas útiles?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Mayo 3, 2009

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que los medios de comunicación social, en el mundo, están siendo manipulados por los productores de condones, ya que olvidan de los dos primeros puntos cuando erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

-”Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz [...] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, ha de tenerse en cuenta la información recopilada por el doctor Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de julio–septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%. Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El doctor Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre sida, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%).

Debe tenerse en cuenta que sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos. Sin embargo, las noticias que más se “venden” son las que informan sobre estos lamentables hechos.

Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89, R 19, del 28 de enero de 1992.)

Se están creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y se está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión y otros medios de comunicación, propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Casi todos los medios de comunicación se han convertido, en lo que se refiere a estos aspectos, en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico o, cuando más, humedecido por lo psicológico. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas. En estas condiciones será muy fácil el florecimiento del machismo.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de propagandas de prensa escrita y de televisión, (máxime si tienen el aval del Ministerio de Protección Social o de Salud) leída, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestara afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

  

 

 

 

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¿Repartir condones?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Abril 26, 2009

Repartir condones para evitar el sida es lo mismo que desinfectarles los cuchillos, las navajas y las balas a todos los asesinos,

convenciéndolos de que así no harán tanto daño

 

 

 

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¿Sexo o ‘género’?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Abril 19, 2009

 Hoy se lee y se escucha la palabra «género», utilizada en vez de «sexo». Y se habla de tres «géneros», incluyendo el homosexual.

En relación con la sexualidad, debe utilizarse una terminología adecuada para una mejor comprensión de la materia. Por eso, es necesario conocer la definición de algunos vocablos, dentro de los que se encuentran los siguientes:

 

El sexo cromosómico o genético está especificado por la presencia o ausencia del cromosoma «Y» en el patrimonio genético de la célula del ser humano; así, los individuos que tienen un cromosoma «Y» con uno o más cromosomas «X» son varones; mientras que los que carecen de cromosoma «Y» son genéticamente hembras. Este hecho es el resultado objetivo de la fecundación.

«El sexo nace antes que nosotros. Hemos sido varones o hembras el día de la concepción y lo hemos sido de manera irreversible. El desarrollo hormonal, la centralización neurológica, la periodicidad fisiológica [las funciones del organismo] y la configuración formológica [la forma] de nuestra sexualidad no son otra cosa que fenómenos subsecuentes, pero también consecutivos al fenómeno de la determinación genética del sexo» (Boiardi, Sessualitá Maschile…, p. 19).

 

El sexo gonadal está basado en la histología —las características microscópicas de los tejidos— de las gónadas; el varón posee tejido testicular, la mujer posee tejido ovárico. Como se dijo anteriormente, el crecimiento y la diferenciación de las glándulas sexuales se dan gradualmente, sobre una base de tejidos diferentes bajo la influencia del sexo genético: los genes que se encuentran en los cromosomas se encargan de diferenciar las gónadas en sentido masculino o femenino.

 

El sexo embrionario o vías genitales son: el conducto de Müller (propio de la mujer) y el conducto de Wolff (propio del varón).

 

El sexo fenotípico o genital está determinado por las características de los genitales externos. Basándose en él, en el nacimiento se le asigna el sexo al individuo, desde los puntos de vista civil y social.

 

Durante la pubertad y a través de un proceso de maduración se da el crecimiento del organismo sexual interno y externo, según las características propias de cada uno de los dos sexos.

 

En la sexualidad física normal se da una armonía y concordancia entre todos estos componentes; pero, a veces, se presentan anomalías que determinan un estado de intersexualidad, esto se da si hay discordancia entre los caracteres genéticos, gonádicos, embrionarios y genitales del sexo. Las anomalías se conocen como el pseudohermafroditismo y el hermafroditismo verdadero.

 

El pseudohermafroditismo se puede verificar en dos situaciones:

En el pseudohermafroditismo femenino los genitales son masculinos (más o menos diferenciados) mientras las gónadas y el patrimonio cromosómico son femeninos, como ocurre, por ejemplo, en el Síndrome Adrenogenital Congénito.

En el pseudohermafroditismo masculino los genitales son femeninos, pero las gónadas y el patrimonio cromosómico son masculinos, presentando incluso testículos (Síndrome de Morris o de feminización testicular).

 

El hermafroditismo verdadero (muy raro), es el caso en el que se presentan tejidos ováricos y testiculares al mismo tiempo.

 

Estas diversas formas de anomalía que se refieren a los componentes físicos del sexo y no configuran lo que se define como transexualismo ni homosexualidad ni transvestismo:

 

El transexualismo auténtico se define como el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto.

Casi en la totalidad de los casos se trata de sujetos de sexo físico masculino que psicológicamente se sienten mujeres y que tienden a identificarse con el sexo femenino. Son muy raros los casos en sentido inverso, es decir, los sujetos físicamente mujeres que pretenden volverse hombres.

 

El transvestismo, por el contrario, es un síndrome en el cual no hay un deseo profundo de cambiar de sexo, sino que simplemente se ha instaurado una necesidad psíquica de vestirse con ropa del otro sexo, como condición necesaria para alcanzar la excitación sexual; y se busca la relación sexual con sujetos del sexo opuesto.

 

En la homosexualidad masculina, el sexo genético, el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital son masculinos; pero los aspectos físicos del sexo son usados para la satisfacción erótica depositada en un sujeto del mismo sexo. El homosexual no desea cambiar de sexo, sino, simplemente, tener relaciones sexuales con varones.

Asimismo, en el lesbianismo, tanto el sexo genético como el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital son todos femeninos; pero ella desea tener relaciones sexuales con mujeres.

 

Por todo esto, en el Diccionario, la voz «Sexo» (del latín sexus: sección, división, parcialidad, mitad en busca de otra mitad) se define como «Condición orgánica que distingue al macho de la hembra en los seres humanos». Y su segunda acepción no da más que dos opciones: «Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo: sexo masculino, sexo femenino».

En cambio, «Género» (del latín genus, generis), es el «Conjunto de especies que tienen cierto número de caracteres comunes». Esto significa que la especie humana, junto con otras especies, conforma con ellas un género.

Por eso, es erróneo el uso de la palabra «género» para designar la sexualidad de un individuo.

 

Tampoco es acertado usar del término «género», para dar las supuestas tres opciones al individuo, ya que lo cierto es que para el individuo que nace no hay elección posible del sexo genético; y está científica y objetivamente comprobado que el sexo genético es el que determina los otros componentes biológicos:

Si el individuo es varón, todas las células de su organismo poseen cromosoma «Y»; por lo tanto ES masculino genética, gonadal, embrionaria y genitalmente. Y es varón aunque se sienta mejor como mujer o le atraigan los hombres.

Si se trata de una mujer, en ninguna de sus células existe un cromosoma «Y»; por lo tanto ES hembra genética, gonadal, embrionaria y genitalmente. Y es mujer aunque le atraigan las mujeres o se sienta mejor como hombre.

 

   

 

 

 

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Si ya son suficientes los hijos, ¿usar la píldora?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Abril 12, 2009

 

En el año 1953, los doctores Pincus y Chang descubrieron la píldora anticonceptiva. Hoy muchas mujeres toman la píldora.

La base del tratamiento reside en suministrar al organismo una cantidad de hormonas sexuales femeninas que intentan frenar la liberación de las gonadotropinas de la hipófifis, de manera que no se produzca la maduración de los folículos ováricos ni la ovulación.

Pero parece que la información científica que los esposos tienen sobre los anticonceptivos es muy errada:

La píldora es el medicamento más “seguro” en las estadísticas (menos del 1% de “fracasos”).

Se presenta en pastillas de toma diaria, en inyecciones cada cierto tiempo y en forma subcutánea. Están compuestas por estrógenos y progesterona, ambas hormonas sexuales femeninas, que intentan evitar la ovulación y mudan el estado del endometrio (parte interna del útero) para que el huevo fecundado no anide, no se adhiera a su madre.

Lo que poco se publica es que estos medicamentos producen muchos efectos secundarios, principalmente trastornos vasculares: tromboflevitis y flevotrombosis, razón por la que muchas pacientes se encuentran en hospitales por infartos de miocardio y trombosis cerebral; además, se reportan casos de hipertensión. Fuera de estos, los libros y revistas científicos informan sobre alteraciones del ciclo menstrual, problemas digestivos, nerviosos y hepáticos, alteraciones mamarias, trastornos metabólicos y cutáneos, todos estos de larga descripción y por ello, imposible de reseñar completamente.

Los síntomas son dolores de cabeza o náuseas, pero hay otros de menor incidencia, como el aumento de peso, que se presenta sobretodo en aquellas mujeres que tienen cierta predisposición a la obesidad. Para contrarrestar estos efectos adversos se ha optado por disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas.

Algunas veces, al dejar la píldora después de haberla tomado largo tiempo, aparece una amenorrea (ausencia de menstruación) transitoria. Esto sucede porque el organismo se habitúa a las hormonas que contiene la píldora y, al faltar esta, necesita tiempo para recobrar su ritmo hormonal normal.

Pero lo peor de todo es que se ha probado que, ya que falla con alguna frecuencia como anovulatorio, actúa como abortivo: el medicamento mata al nuevo ser humano. He aquí la explicación:

De acuerdo con los últimos descubrimientos científicos en genética, el nuevo ser humano aparece con la fecundación: los 46 genes que ya posee el óvulo fecundado (23 de la madre y 23 del padre) hacen de él un ser único espiritual y biológicamente: son ellos los que guían la construcción del cerebro, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, las huellas digitales, la talla aproximada, algunos rasgos de la personalidad, etc.

Sin embargo, de vez en cuando, los anticonceptivos orales permiten la ovulación: un óvulo sale a la trompa de Falopio, donde puede ser fecundado por un espermatozoide. La pareja continúa tranquila sus cópulas sexuales, pues la paciente sigue tomando el medicamento.

En un estadio del ciclo, los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del nuevo ser humano —óvulo fecundado— y hacen que llegue al útero muy joven (antes de estar preparado para asentarse en él) y muera.

La progesterona, por el contrario, disminuye su movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición.

Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio o pared interna de la matriz quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.

Al disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas para corregir los efectos adversos, se corre aún más riesgo.

Con esto se concluye que los anticonceptivos orales o “píldoras” matan a ese nuevo ser humano, es decir, actúan como abortivos.

Desde hace tiempo se conocen estos mecanismos abortivos de la famosa “píldora”, pero se han ocultado sistemáticamente.

Así, hoy es imposible estar de acuerdo con el uso los anticonceptivos orales, sin estar de acuerdo con el homicidio de inocentes.

Por otra parte, se ha probado que este, que es el método más utilizado —la píldora— afecta, por las hormonas que contiene, a la mujer, haciendo que esté agresiva, que se disminuya su libido (apetito sexual) y otras consecuencias como trastornos emocionales, ya que las hormonas cambian su patrón psicológico, así como lo hacen durante el embarazo y, a veces, en los días que preceden a la menstruación.

 

   

 

 

 

 

 

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La educación sexual: ¿en el justo medio?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Abril 5, 2009

Todos los padres desean que sus hijos e hijas no tengan hijos prematuramente y que no adquieran sida o enfermedades de transmisión sexual.

Nadie desea que su hija sea violada. Ni que sufra de frigidez o sea ninfomaníaca.

Quieren que sus hijos no tengan relaciones con prostitutas ni que, mucho menos, se prostituyan. Ni que sufran de eyaculación precoz o de impotencia. Ni tampoco que sean promiscuos.

Adicionalmente, ningún padre desea que alguno de sus hijos sea homosexual. Es sorprendente saber que ni siquiera lo desean la mayoría de los padres homosexuales. Todos los padres quieren que sus hijos sean felices, que lleguen con dignidad al matrimonio y que, ya en él, la mantengan.

De manera pues, que aunque es muy importante poder curar, es preciso y siempre mejor prevenir.

Para lograr estos deseos, es necesario estar en el justo medio: lo más ecuánime, pero también lo más difícil, es lograr el punto intermedio entre dos extremos.

En contraposición al antiguo y mojigato concepto de que toda información podía estimular la libido, hoy es constante en algunos sexólogos la idea de que los problemas que se presentan en los jóvenes provienen de la falta de información acerca de los temas genitales.

Por esa razón se ha creído necesario “llenar” al adolescente de datos estadísticos y científicos en lo que se refiere a evitar el embarazo y las enfermedades como el sida.

Los descritos son los dos extremos: ignorancia absoluta o relativa, y superinformación.

Pero las estadísticas muestran que los errores generalmente los producen la falta de voluntad, de formación, no de información; el punto intermedio —el justo medio— de estos dos extremos es educar.

Existe una gran diferencia entre “informar” y “formar”: con lo primero no se logra inducir el comportamiento hacia el bienestar propio de cada educando, sino que se le crea una cantidad grande de prevenciones que no lo encaminarán hacia el enriquecimiento personal integral, sino que, por el contrario, le dirán simplemente hasta dónde pueden llegar sus instintos con el mínimo riesgo de enfermedad o de embarazo. Al formar, en cambio se crea un ser capaz de entregarse sin reservas egoístas y, por tanto, de tomar decisiones desesclavizado de las pasiones, es decir, libre.

Contra el vicio, el egoísmo, la rutina y la comodidad —que impelen, por el conformismo, al divorcio—, la educación da un entrenamiento en el dominio de sí mismo, forma el carácter e incentiva el espíritu de sacrificio. Esto llevará de la mano a la estabilidad conyugal.

Otro mito que existía, el mantener todo escondido, hizo que, por reacción de rebote, muchos se inclinasen por intentar destapar todo. Resultado de esto fue, como se pretendía, la desmitificación de muchos errores, pero también, el hedonismo – doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida- y su consecuencia obvia, la denigración general de la moralidad y del valor que se le tiene a la mujer.

Esos, de nuevo, son los extremos. El justo medio es lo natural.

Tampoco debe tratar de vivirse la sexualidad en los extremos: ni “todo es pecaminoso”, ni “todo es correcto”. Ni seguir como los animales el instinto, ni tratar de domarlo maniqueísticamente, pensando que lo genital es malo. Otra vez, el justo medio es lo natural: ni mito, ni pudor excesivo.

En fin, el amor verdadero es el punto intermedio entre la pasión desenfrenada y el sentimentalismo irracional.

Por último, el justo medio debe estar también presente en el plan educativo: la información gradual, adecuada a la edad y, muy especialmente, coherente con la dignidad del ser humano será la medida para producir únicamente beneficios en los jóvenes.

 

 

 

 

 

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Las siete reglas de oro de la educación sexual

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Marzo 29, 2009

 

La procreación no termina, como en la mayoría de los animales, con el parto, la alimentación y protección durante los primeros días. En la especie humana, por la existencia de la inteligencia, la voluntad y el amor, es necesario completar la labor con la educación en todos los aspectos de sus vidas: la cultura, el bagaje de conocimientos, el aprecio de los bienes materiales, el amor, el comportamiento, las virtudes… todo lo que les pueda granjear su bienestar biológico, psicológico y espiritual.

Para lograr el justo medio entre la mojigatería y el libertinaje, como se acaba de describir, y así dejar un legado útil a los hijos con el que se encaminen hacia su felicidad, es necesario asentar la educación sexual en sus pilares fundamentales: el ejemplo, la confianza, la naturalidad, la verdad, la prevención, la prudencia y el decoro.

 

1. El ejemplo

Los niños están atentos a lo que Ud. hace y querrán hacerlo también, más si la relación padre–hijo o madre–hija es armónica.

Los adolescentes seguirán las pautas de coquetería y conquista que han visto en sus progenitores, cuando inicien su vida afectiva con sus amigas y amigos de distinto sexo.

Los jóvenes, aun en medio de la rebeldía propia de su edad, desarrollarán su personalidad individual en los cauces dejados por el ejemplo de los padres.

Y los adultos, pasada la etapa del conflicto generacional, retornarán para vivir indefectiblemente como los padres encaminaron su vida de relaciones interpersonales y de pareja, especialmente si llegan a faltar.

Casi ninguno escapa de esta “ley” de la vida. Es impresionante ver cómo se repite una y otra vez el viraje de rebeldía y, tras él, el retorno a las mismas costumbres que se vivieron en el primer hogar: de padres machistas, muchas veces se formarán hijos machistas; las hijas de las madres maltratadas, por un extraño concepto de similitud, casi siempre, y aunque manifiesten lo contrario, buscan esposos que, aunque las hagan sufrir, se parezcan a su padre. Así mismo, los hijos e hijas de padres y madres nobles y llenos de virtudes tienden a encontrar en sus novias y novios esas cualidades; algunas veces fallan en hallarlos y aparece el dolor.

Pero, generalmente, sólo el estudio de estos aspectos unido a una profunda perspicacia por parte de hijos ya maduros puede romper esta cadena. Por eso, el aspecto más relevante en la educación sexual, la principal regla de oro, es el ejemplo.

Aunado a esto, la fuerza de la educación reside principalmente en la vivencia personal. Sólo un padre fiel puede pretender, por ejemplo, que su hijo no se arriesgue a infectarse con el virus del sida o que su hija no quede embarazada durante la etapa escolar.

¿Cómo es posible enseñar principios morales si Ud. no los tiene? Si su hijo ve que Ud. los vive, le será más fácil seguir el ejemplo; igualmente, si Ud. tiene naturalidad, dice siempre la verdad, es decoroso, etc., obtendrá eficacia en la educación de sus hijos.

 

2. La confianza

¿Cómo lograr que sus hijos acudan a Ud. en caso de duda?

Esto no sucederá si Ud. no escucha con atención lo que su hijo le cuenta acerca de sus cosas, lo rechaza o simplemente si lo ignora, buscando la conversación con otros adultos. Tampoco será posible si, ante cualquier tema un poco “delicado” Ud. se escandaliza.

Para adquirir esa deseable confianza es necesario, primero, el diálogo: hable con su hijo, que su hijo sepa que puede hablar con Ud. de cualquier tema, que tenga la confianza de hablar cuando algo le preocupe. Esto es imposible si los temas que a su hijo le gusta tratar son vanos y superficiales para Ud.; en cambio, si Ud. les da la misma o más importancia a sus cosas que a las propias, encontrará un amigo en Ud. Eso lo llevará a explayarse siempre contándole todo, incluyendo los temas escabrosos, que ya no lo serán.

Es imperante insistir sin descanso en la calidad del trato con los hijos: así como el amor conyugal, el amor paternal y maternal también son sacrificio. ¿Se ha preguntado Ud. cuánto se “sacrifica” escuchando las cosas que sus hijos quieren contarle? ¿le parecen superfluas, intransigentes? Pues a ellos no. Póngase en sus circunstancias: acuérdese de cuando Ud. era niño y quería que sus padres lo atendieran y vivieran con Ud. las emociones de cada descubrimiento, de cada logro, de cada alegría… Si lo hace, ellos podrán contar con Ud. como amigo y Ud. podrá ayudarlos como tal y como padre.

¿Se da cuenta de lo tanto que gana un amor así? Pocos consejos se quedan tan grabados en la memoria de su hijo como cuando hay confianza y, lo que es mejor, la labor educativa no resultará desagradable para ninguno de los dos.

Para seguir cultivando esa amistad qué bueno es elogiar los esfuerzos de sus hijos, no sólo los triunfos. A veces los padres pecamos en ese sentido: si el muchacho o la muchacha lucha denodadamente por lograr algo y no lo hace, se sentirá frustrado cada vez que fracase, en cambio, si se le estimula, cada fracaso lo impulsará a seguir luchando, y es probable que por eso sea luego un triunfador. Así que anime en esa lucha, así disminuirá los altibajos, propios de esas edades y lo encaminará rápido a la madurez.

Un muro que a menudo se forma entre padres e hijos es el orgullo de los primeros: cuando un padre cree que el respeto es más importante que el amor y la comprensión, la comunicación se rompe y el trato se basa, a partir de ese momento, en el miedo. Acepte los propios errores: eso le hará ganar confianza, no sólo para que le comunique los suyos a Ud. sin temores, sino para que nunca se sienta desanimado en la lucha, pues sabrá que puede caer como Ud., y como Ud. levantarse.

Calma: el acaloramiento no lleva al bien del hijo, este casi nunca lo acepta y se resquebraja la relación. Si lo llega a hacer aprenda a pedir perdón. Sí, hay que repetirlo muchas veces (esta es otra forma de machismo), él es un ser humano, con una dignidad grande, como la suya.

Nunca critique a sus hijos, critique sus actuaciones, si es menester. Es muy distinto decir: “Qué estúpido eres”, que: “Lo que estás haciendo está mal”, o mejor aun: “estás equivocado”. Lo que más separa a un hijo de su padre es que este no sepa distinguir entre la ofensa y el ofensor: es bueno criticar la acción, es malo criticar a su hijo.

Y otra actitud que ayuda mucho a no romper el hilo filial y paternal es crear lazos de servicio y de responsabilidad: que los hijos sepan que están haciendo una contribución a la familia, que se sientan importantes, casi indispensables.

 

3. La naturalidad

Para obtener toda la confianza de un hijo, para que haga sus preguntas sobre sexualidad y aun sobre genitalidad a sus padres, es importante subrayarles que las preguntas sobre estos temas son, para los niños, tan normales como las que puede hacer a propósito del día y la noche, de la luz y de la sombra, o cualquier otro tema, puesto que este es un tópico natural, aunque, aveces, los adultos no lo vean así. Y aunque parezca excesivo lo que viene a continuación, no hay mejor manera que contestar a esas preguntas de la misma forma como se hace cuando las preguntas son acerca del día y la noche, de la luz y de la sombra o de cualquier otro tema considerado fatuo o intrascendente, obviamente, con la prudencia de contestar, como se verá en el subtítulo “F”, adecuándose a la edad, a las circunstancias y al momento.

Lo que no puede olvidarse es que si el tono de la voz o la actitud cambian, si, por ejemplo, ahora sí se le pone atención o si se da una evasiva a la respuesta, se creará en el subconsciente del niño o del joven una sensación de que “algo está mal”, de que “esto tiene cosas escondidas, secretos” o, lo que es peor, pero más frecuente, “esto no lo vuelvo a preguntar a papá o a mamá, sino a mis amigos”.

 

4. La verdad

Nunca, nunca, pero nunca mienta a su hijo.

Todos los sexólogos insisten en que todas las respuestas se deben dar en forma clara y completa. Délas así: con claridad y con sencillez. Bastará que Ud. esté listo a contestar sus preguntas, siempre pensando en el bienestar de su hijo.

Tal vez el único tema que quizá falte aquí es el de la masturbación, dentro de lo que se refiere a los trastornos de la sexualidad; ya que, al hablar de la verdad, conviene desechar algunos errores de concepción al respecto:

Se entiende por masturbación cualquier forma de autoestímulo dirigido a obtener excitación sexual, se alcance o no el orgasmo.

El término masturbación, si bien en su origen alude al estímulo manual (de “manus”, mano y “stuprare”, violar), abarca diferentes formas e instrumentos para estimular los genitales.

Algunos postulan que la masturbación es buena, antes de tener relaciones maritales, ya que los espermatozoides “buscan una salida”; de ahí, dicen ellos, las poluciones nocturnas.

En efecto, desde la adolescencia, y a lo largo de toda la vida, se forman en los testículos millones y millones de espermatozoides. En los canales seminíferos que llenan los compartimientos del testículo, los espermatozoides sufren un constante proceso de multiplicación, hasta el punto de que cada mes se crean entre 10 y 30 billones, que, por el canal seminífero, llegan hasta el epidídimo, donde maduran durante unas 72 horas, hasta que ya son adultos para fertilizar. En el epidídimo, por así decirlo, se “almacenan” y quedan en disposición de ser eyaculados. En unas doce horas, aproximadamente, se juntan espermatozoides para tres o cuatro eyaculaciones.

Lo que frecuentemente se desconoce es que cuando el hombre no tiene relaciones genitales, los espermatozoides se desintegran y reabsorben, de modo que el proceso de creación de estos no llega a detenerse nunca, aunque se destruya el excedente.

La masturbación, de hecho, no comporta ningún peligro para la salud biológica del adolescente, pero ya se ha visto en todos los estudios anatómicos y fisiológicos que el pene es para la vagina y esta para aquel. Significa esto que la masturbación no es natural, es destructora del orden cosmológico y, por ende, de la felicidad personal de quien la realiza, ya que la finalidad de la facultad genital es dejada a un lado para reemplazarla por el goce genital. En este caso, los aspectos psicológico y espiritual no participan de esa acción, dejando así de ser humana.

Por otra parte, la costumbre de masturbarse produce la sensación de que lo genital es únicamente para gozar del placer y, luego, obviamente será más fácil el desarrollo de un machista que elige esposa —si lo hace— para lo mismo: utilizarla como objeto de manipulación y de placer: se han llegado a dar casos de esposos que exigen que ella los masturbe, en vez de tener la relación en forma normal.

Se ha afirmado, con incontables estadísticas, que pasan del 50 por ciento los muchachos que se masturban alguna vez en la vida (los índices varían mucho, pero ese es el promedio) y que las muchachas que confiesan haberlo hecho están en un porcentaje cercano al 35 por ciento. Con estos datos se aduce que la masturbación es “normal”. En este sentido, es muy importante saber distinguir entre los vocablos “normal” y “común”: las estadísticas no muestran la moralidad de un acto determinado, sino el nivel de degradación de la población estudiada. Baste recordar la historia de las ciudades de Sodoma y Gomorra, en las que lo común eran las relaciones anormales entre personas del mismo y de distinto sexo.

Sin embargo, para la fertilización in vitro y para hacer realidad las madres substitutas, es necesario —al menos por ahora— que el hombre se masturbe (!).

 

5. La prevención

Con el ejemplo diario, la confianza ganada, una naturalidad a flor de piel y siempre con la verdad, se podrá prevenir en los hijos todos los daños que conllevan los errores de una sexualidad mal llevada: el sida, las otras enfermedades venéreas, los trastornos por falla en el aseo de los genitales, la impotencia y la eyaculación precoz en los varones, la frigidez, la dispaurenia y el “vaginismo” en las mujeres, los desórdenes producidos por el desafuero genital —tan graves—, la homosexualidad, la violación y hasta la prostitución.

Los niños y los jóvenes están siendo objeto de un bombardeo gigante en contra de la labor paterna y materna por parte, no sólo de los medios de comunicación y de publicidad, sino de escritos y conversaciones de muchas fuentes, incitándolos a que violen los principios que los guiarían hacia su propio concepto -valioso- de dignidad individual y a unas relaciones interpersonales verdaderamente humanas. Es por eso que todo lo que Ud. les informe de primera mano —con muchísima naturalidad—, cada vez que se presente la oportunidad será benéfico en sumo grado para ellos. Piense que en el peor de los casos estará “haciendo contrapeso” a la información muchas veces errónea y denigrante que le llega por otros medios.

En ese sentido, desde la más tierna edad, acostúmbrelos —con delicadeza y amor— a pensar que no todo lo que se presenta en la televisión es bueno. Es verdad que el cine, la prensa escrita y aun la radio influyen también, pero esa “compañía”, ese “amigo” dentro del hogar, es capaz de lograr mucho enriquecimiento personal o mucho daño. Son innumerables los estudios que, en forma seria y carente de todo interés comercial, han mostrado el poder destructivo de este pequeño aparato: un gran porcentaje de asiduos televidentes infantiles se convierten en seres perezosos, abúlicos, y lo que es peor, prestos a la promiscuidad sexual y a la violencia. Sería interminable hacer una lista de todos los aspectos en los cuales la televisión “suple” a los padres en la educación, arrebatándoles, sin que se den cuenta, ese derecho y ese deber.

Tampoco todas las amistades son buenas. Las costumbres y el criterio de moralidad de los amigos deben ser lo más parecidos a los que se les quiere infundir a los hijos. En verdad esto a veces es difícil de evaluar, pero una pequeña conversación inicial con ellos dará una pauta, al conocer sus costumbres y sus ideas. Más adelante, al irlos conociendo mejor, se podrá decidir sobre la conveniencia o inconveniencia de la amistad con ellos. Para esto se necesitan dos cosas: tener tiempo disponible e invitarlos a la casa. Alguno dirá que eso es mucho, pero la educación de los hijos exige tiempo y dedicación, es decir, una pequeña cuota de sacrifico, o lo que es lo mismo, amor.

De otro modo, las amistades inconvenientes podrán influir negativamente en los fines que los padres se han propuesto, antes que aumentar su “cultura”, como algunos creen, en un exceso de “amplitud”, siempre mal entendido.

En ese sentido, los compañeritos bruscos, sin modales, que usan malas palabras en su lenguaje diario, que no saludan a los mayores, que no tienen cuidado con los juguetes o que no agradecen las atenciones, son los que probablemente influirán negativamente a sus hijos. Entre los mayores, los que tienen vicios, a los que les gusta trasnochar, el licor, las drogas, las películas pornográficas… deben estar, obviamente, fuera de la lista de los futuros amigos de sus hijos.

 

6. La prudencia

Todo intento por educar debe estar a la altura de los jóvenes: que se adecue a la edad, a las circunstancias y al momento.

Cada una de las etapas de crecimiento y maduración tiene sus propias peculiaridades aunque, como en la biología, hay mucha disparidad entre los muchachos de la misma edad, entre las generaciones y de acuerdo con las experiencias vividas por cada uno de ellos.

En rasgos generales, extractados de todo el bagaje de conocimientos de la psicología evolutiva, estos son los aspectos de la sexualidad en los que debe estar preparado todo padre con antelación:

a. Etapa del nacimiento a los cinco años de edad

Si la presencia de la madre es importante desde los primeros meses de vida hasta después de la adolescencia, lo es de modo muy particular durante el segundo año. Así se desarrollarán sus relaciones afectivas con quien cuida de él. Este trato asiduo le dará la imagen materna y, a la vez, femenina.

Esta etapa de la vida es crucial para el desarrollo psicológico del niño: las estadísticas prueban que de la ausencia de la madre pueden surgir las inclinaciones a una vida anormal.

A los tres años, aproximadamente, aparte de ser la etapa del egocentrismo (se está conociendo a sí mismo, antes de “salir” de sí para conocer a los demás), se inicia el autoconocimiento de sus genitales y el de los niños del otro sexo. Por fin, el desnudo adquiere importancia y aparecen la natural curiosidad y algunas sencillas preguntas que requerirán respuestas sencillas.

Al mismo tiempo la manipulación de los genitales —especialmente en el hombre, por ser más protuberantes— será un gesto normal (nunca se le debe llamar masturbación, aunque genere cierta erección producida por unos valores mínimos de testosterona presentes en el torrente circulatorio), al que no debe dársele relevancia. Dado el caso de que se le encuentre accidentalmente manipulando sus genitales, bastará con que se le hagan juegos o cosquillas que distraigan su atención. Pero para lograr un mejor control de esta actitud y no se convierta en hábito, conviene que los niños permanezcan con sus calzoncillos puestos aun cuando esté empijamado y que estos sean de los que se ajustan a su cuerpo. De nuevo, recuerde los conceptos de naturalidad y de confianza.

No se sorprenda si encuentra que, alrededor de los tres años, haya un poco más de afinidad de los niños con su mamá y de las niñas con su papá e, incluso, que en sus juegos, a veces uno haga de papá y otras de mamá: es, por el contrario, la conducta regular.

Hacia los tres años es, precisamente, cuando la imagen del padre se fortalece. Con respecto a la formación, si durante toda la vida la presencia del padre es importante, lo es más en esta etapa: el incipiente concepto de feminidad (y de maternidad) ya someramente asentado se refuerza ahora con la presencia del otro sexo, a quien comenzará a distinguir. La imitación, feliz coincidencia, se inicia también en esta etapa; así que la identidad de los niños varones será más fácil. En la niña también sucederá esto, pero hacia la madre, a quien ya identificó un año antes, como se acaba de decir.

El apego a las personas se hace más evidente por estas épocas, y el ambiente que lo circunda se encarga de producir para siempre una marca en ese sentido. Es en este momento cuando la participación en sus juegos y pequeños intereses crea lazos de unión definitivos en la vida afectiva de los niños que podrán ser utilizados desde ahora en su proceso educativo, pero que cada día que pasa se harán más y más importantes. No puede dejarse de lado el cariño que los padres den por medio de caricias y frases cariñosas. También los caprichos suelen incrementarse y por eso conviene no dejarse manipular por ellos.

El quinto año está marcado por la sociabilidad con sus amiguitos y esta dejará una huella indeleble en sus relaciones interpersonales. Otra vez es importante la presencia de uno de los padres, para colaborar en sus juegos y encauzar sus molestias pasajeras. Al mismo tiempo, aparecen los primeros rasgos de moralidad: mentiras, secretos, conciencia de propiedad, etc.

En resumen, se puede afirmar sin temor a equivocaciones que los primeros cinco años son básicos: todo lo que Ud., como educador de sus hijos, siembre durante esta etapa quedará como semilla fértil para toda la vida. Por eso adquiere una importancia principal.

b. Desde los seis años hasta antes de la pubertad

Este período es variable y comprende unos seis o siete, aproximadamente. La pubertad se inicia a los 11 ó 12 años de edad, aunque puede haber variaciones grandes y aparecer desde los nueve hasta los 15 años. Por eso este período no puede quedar encasillado por un guarismo.

Estas épocas se caracterizan por una relativa calma en los instintos mientras que la curiosidad sobre los temas genitales, aunque decrece algo, permanece latente.

Es preciosa la oportunidad para formar a los hijos en todos estos aspectos, especialmente durante los últimos años, en la llamada prepubertad, antes de que irrumpan las hormonas. Conviene que, sin forzar las situaciones, el niño reciba la mayor cantidad posible de información de los padres durante esta época. Aquí es necesario recordar que una de las características del ser humano es el dominio de la razón y la voluntad sobre los instintos: dentro de poco se sentirán con fuerza esos instintos y es necesario, para su propio bien —hay que recalcárselo—, que puedan dominarlos.

Los miramientos y tocamientos entre niños de distinto sexo, el jugar al “doctor” serán raros o inexistentes en estas edades si la presencia de la madre y del padre es patente: un padre que los ama y se los demuestra, y que a la vez piensa y actúa varonilmente, y una madre que también está presente en la vida de sus hijos con el cariño vívido —y no teórico— y que sea suave y femenina sirven más que cualquier explicación sobre la forma correcta de una sexualidad sana.

Ahora, si se llegasen a presentar esos miramientos y tocamientos, no los desapruebe: ¡aprovéchelos para educar! es el momento más adecuado.

La medida exacta para saber que ya se puede hablar de prepubertad son los cambios psicológicos: para hacer más evidente su aspiración a una mayor independencia de juicio y de comportamiento, los muchachos adoptan una actitud crítica respecto a sus padres y hay una oposición más o menos abierta a la autoridad: es ahora cuando dejan de ser infalibles los padres, aparecen la desenvoltura en el trato con ellos y la independencia. Les parece muy bueno hacer lo contrario a lo que ellos recomiendan. Son signos normales de esta etapa —tampoco deben alarmar— la poca sociabilidad, la incapacidad para buscar compañía y para gozar de las diversiones que los padres creen normales para esa edad.

Esta rebeldía se hará cada vez mayor hasta no querer aceptar razones.

Los padres deben adecuarse a esos cambios y ser un poco tolerantes para no perder, ni ahora ni más adelante, las riendas de la educación. La serenidad es la palabra clave: si el padre logra superar con éxito esta etapa, el esfuerzo del muchacho le servirá de entrenamiento para las “luchas” posteriores, más difíciles.

La atención que prestan a los padres en el tema de la sexualidad, dada su innata, sana y sencilla curiosidad, seguirá siendo grande si se ha establecido confianza, como se expresó en el subtítulo “B”. En ese contexto, todavía no se le ha dado la suficiente importancia al deporte en familia: compartir la distracción, el solaz y hasta la competencia con los padres estimulará no sólo la confianza que se tenga con ellos, sino que hará que las energías se aprendan a encaminar adecuadamente. Además, la alegría y el esparcimiento favorecerán un clima propicio para el diálogo espontáneo.

No añadir a esto que la alegría familiar es fundamental, sería dejar a un lado el mejor aliado de los padres: si desde la prepubertad el niño asocia la compañía de los padres con la alegría, siempre tenderá a estar junto a ellos y esto será lo mejor para él en las etapas siguientes, la pubertad y la adolescencia.

c. La pubertad

La pubertad es, por definición, la primera fase de la adolescencia en la cual se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta.

Durante esta etapa se presentan cambios orgánicos ya suficientemente descritos que implican a su vez cambios psicológicos, y es la época de la vida en la que las relaciones humanas, es decir, la sexualidad propiamente dicha se desarrolla.

Al muchacho y a la muchacha les sucederá todo lo que se vio en la prepubertad, pero de un modo más intenso. Para ellos todo es nuevo y más difícil, se hace patente el conflicto generacional, aparece la libido y con ella, todos los riesgos de los que se ha hablado.

Si el joven ha aprendido a seguir ciertos parámetros —como el que se diera para la televisión y para los amigos—, si ha aprendido que la voluntad y la razón, en el ser humano, son las que gobiernan los instintos, si la verdad y la confianza han guiado las relaciones familiares, si el amor es el valor más importante de la familia, todo será más fácil. Ahora, por ejemplo, comienza el riesgo de la masturbación y de las relaciones prematrimoniales, dañinas para él, para su pareja, para la concepción que vaya a tener sobre la mujer, pero sobretodo para su identidad psicológica, ya que él debe madurar primero, enriquecerse, y así pueda darse a una persona, ya que no es posible dar lo que no se tiene.

Cabe aquí hacer un llamado de atención sobre la creencia infundada de que los colegios mixtos proporcionan mayor capacidad de maduración personal a los muchachos por las relaciones interpersonales que se pueden tener con personas de distinto sexo: es verdad que la timidez es frecuente en los que crecieron en colegios de jóvenes del mismo sexo cuando ingresan a la universidad o empiezan a laborar, pero también lo es el hecho de que antes de salir de sí mismo, es necesario madurar primero: así como el chiquillo de tres años (ver atrás) es egocentrista porque se está descubriendo, el adolescente suele estar buscando su identidad, produciendo con ello los errores y fracasos propios de esa edad; esto hace que la capacidad de relacionarse con personas de distinto sexo esté muy inmadura y que en ella se cometan aún más fallos que en otros campos. De hecho, las investigaciones estadísticas con sólido método científico muestran un índice mayor de homosexualidad y de abortos en los colegios mixtos. Esto no quiere decir que tener los hijos en colegios mixtos sea malo: en ellos hay muchos niños y jóvenes buenos y sanos. Pero si se tiene la oportunidad y se puede elegir con facilidad uno que sea unisexo, mejor.

La pubertad marca para los educadores y padres la fecha en la que se deben tratar los temas sobre paternidad responsable, sida y otras enfermedades, anticoncepción, afectividad y homosexualidad. Recuerde que hablar antes siempre es mejor y que, dependiendo de quién habla primero, habrá mejores resultados y la felicidad del joven será más expedita.

d. La adolescencia:

Definida como la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo, la adolescencia, es todo el proceso de maduración sexual.

Todos los experimentos científicos han aportado datos que concluyen que el desarrollo intelectual es el rasgo característico de la etapa que sigue a la pubertad. Conjuntamente, la vida afectiva e imaginativa tienen su mayor crecimiento. El muchacho descubre la comunidad, su psicosexualidad se desarrolla, aparece en su ámbito la vida sentimental —todo esto de acuerdo a cada sexo— y las preguntas trascendentales se convierten en el tema principal de su vida: ¿De dónde vengo, para dónde voy y qué he venido a hacer en esta tierra? Si estas respuestas no son contestadas, dentro de pocos años se tendrá un hijo al cual la vida se lo ha llevado “por delante”: estará enfrascado en la rutina diaria y el afán por el dinero y, en general, por lo material habrán hecho de él un robot sin destino y sin ilusiones. Concomitantemente la libertad es otro tema que le apasiona y del que pueden conversar progenitores para mantener un lazo de unión útil y, por qué no, para aprender también.

La apertura, la espontaneidad, el ser confiados e idealistas, marcan este período de maduración que, sin embargo, es un proceso de acomodación que deja una huella muy profunda en la personalidad del individuo. Consecuentemente, los fracasos serán más comunes que en cualquier otra época de la vida y es entonces cuando el apoyo discreto del padre del mismo sexo se convertirá en “acicate” para su desarrollo armónico.

Por esta época, el joven es más sugestionable y dado a la fantasía. Esto, bien encauzado, será de mucha utilidad en ese “encontrarse a sí mismo”. ¡Cuánto le puede ayudar el padre, si se siguieron los consejos descritos arriba! Pero si no, se convierte en el ser más extraño para su vida. Desgraciadamente esto es así con mucha más frecuencia de lo que parece.

En el campo del descubrimiento de la propia identidad psicológica y emocional es necesario que los padres se “alejen” prudentemente dejando de lado los consejos y las súplicas para que sea mejor en determinado aspecto: lo que Ud. no le enseñó antes, ya no se podrá hacer ahora. Si intenta persuadir al muchacho, estando más a flor de piel su inestabilidad y su “rebeldía”, encontrará más rechazo y cada vez será más poco lo que pueda ayudar. En cambio, la sensación que nace de ese “alejamiento”, entre comillas, porque Ud. estará al tanto para ayudarle con preguntas y con cuestionamientos personales, como se hace con un adulto, es para el joven un aliciente muy grande en el trato con sus padres: “mi papá (o mi mamá) me valora”, “ya no soy un niño” y “qué bello contar con el respeto de mi papá (o de mi mamá)”. Creando ese ambiente y con prudencia ¡cuánta labor se puede realizar!

e. Siempre

Si el tema correspondiente a cada etapa no se ha tocado al ir finalizando la misma, convendrá que se propicie la conversación libre con el hijo.

Las circunstancias podrán hacer variar también los momentos en los cuales conviene hablar de algún tema específico. Por ejemplo, si uno de sus hijos está en la etapa de noviazgo, en un momento oportuno, con cariño evidente y sin forzar la conversación (por ejemplo cuando se hable de la novia o del novio), se puede inducir una conservación sobre la dignidad personal, sobre la entrega total y verdadera en el matrimonio, de cómo evitar las ocasiones con prudencia, diciendo por ejemplo que si un hombre y una mujer se aman verdaderamente, sería tonto permanecer solos en un lugar, pues se arriesgarán a perder esa felicidad que buscan, por un deleite pasajero.

En el caso de encontrar pastillas anticonceptivas en el bolso de una hija de 16 años o menos, es conveniente que los padres hablen con ella no para recriminarle su conducta, sino para conocer su postura ante la sexualidad y las razones que tiene para tomar anticonceptivos. Con una prohibición tajante no se suelen conseguir buenos resultados y, por el contrario, se induce a seguir actuando como antes, pero con más precaución para no ser descubierta.

Sin embargo, no solamente no es perjudicial, sino que es bueno que los adolescentes tengan noviazgos: sólo así aprenderán más fácilmente lo que es el amor y, además, podrán elegir con más sabiduría, antes de entregarse del todo con quién van a compartir el resto de sus días y a quién van a escoger como la madre o el padre de sus hijos.

Los siguientes son los criterios que hacen humana —no solamente animal— la relación de pareja en los adolescentes:

·     Disciplina de los sentidos y de la mente.

·     Prudencia atenta a evitar las ocasiones.

·     Guarda del decoro (ver en la próxima entrega).

·     Moderación en las diversiones.

·     Ocupaciones sanas.

En resumen, tratar de hacer felices a los hijos es educar en una voluntad firme y dominio de sí, donde la razón supera al instinto.

 

7. El decoro

Los hombres quieren ser masculinos: caminar, sentarse, vestirse y hablar como tales, tener sentimientos y gestos de hombre, amar como hombres… y esta actitud es la que gusta a las mujeres.

Del mismo modo, la mujer desea ser femenina: rostro femenino, cuerpo curvilíneo, voz, caminado y gestos finos y delicados, y eso atrae a los hombres.

A la gente le gusta mostrar eso, es decir, le gusta mostrar la sexualidad (no la genitalidad): a través del maquillaje, cremas, ejercicios, dietas, baños de sol, masajes y hasta sauna y baños turcos, las mujeres enriquecen esos atractivos femeninos. Los reinados de belleza son un claro ejemplo de eso. El hombre también hace ejercicio y se siente orgulloso de su masculinidad. El niño o el joven trata de desarrollar la musculatura y de mostrar que es el más fuerte, el más rápido, el más hábil… Entre los adultos existen los concursos de cultura física (“Mister Universo”).

Casi no hay quien no se fascine cuando le dicen que es “sexy”. Un hombre que tiene voz muy fina se siente mal, lo mismo que una mujer con bigote.

Conclusión: los seres humanos gustan de mostrar su sexualidad, pero existe un profundo recato para mostrar la genitalidad. En la playa o en la piscina no hay óbice al mostrar la espalda, las piernas, los brazos… pero nos da pena nuestra desnudez total: los órganos genitales no son distintos de los demás órganos, son parte de nuestra naturaleza, pero hay algo que hace que los cubramos: las mamas de una adolescente son cuidadosamente cubiertas por ella apenas hacen su aparición. Los niños sienten que deben hacer lo propio con sus genitales…

¿Por qué?

La única diferencia que existe es que los órganos genitales no son para nosotros: el corazón bombea sangre oxigenada a través de las arterias a todo el organismo para mantenerlo vivo y también a los pulmones para que se oxigene, el páncreas ayuda, como la vesícula biliar, a la nutrición, los dientes trituran los alimentos para ser deglutidos con facilidad, los músculos nos movilizan y nos permiten hacer lo que queremos, el cerebro piensa gobierna y dirige nuestras acciones, las glándulas producen líquidos útiles para nuestro organismo… todo es para nosotros mismos. Pero los órganos genitales son para entregarlos a otro cuando el amor llega a nuestras vidas y, además, para producir otra vida; hasta las glándulas mamarias son para dar el alimento inicial a esa nueva vida, en fin, lo genital es para otros seres. El hombre tiene tetillas, pero no las cubre ni se siente mal si las muestra, porque no sirven para nada.

Cubrimos nuestros genitales porque los reservamos para alguien muy especial, para el más especial de todos. Son el misterio de esa entrega: la palabra misterio viene del griego “myo”: escondido, oculto, cubierto. Ellos participan de una manera muy especial de la intimidad y son para la donación personal, para la entrega total, incondicionada.

Todo esto es lo que se llama decoro y que tradicionalmente se ha llamado pudor, modestia y otros apelativos.

Y como es tan natural, tan humano, tan propio de nuestros seres, no debemos temerle ni rehuirle: está para proteger nuestro “misterio” y darle la dirección que queramos.

Esa protección que da es algo inconmensurablemente útil en la educación de nuestros hijos: será lo que los proteja para que encaucen su genitalidad y su sexualidad adecuadamente, y así, sean felices.

Para proteger ese tesoro personal, se les explicará, es necesario el dominio propio. Con él se obtendrá la fuerza que les evitará todos esos males, como el embarazo a destiempo, el sida y las otras enfermedades, la esclavitud de las pasiones…

Esta es la mejor forma de hablarles del error que significa asistir a espectáculos de nudismo o a campos nudistas.

Pero esa fuerza les será difícil desarrollarla sin el ejemplo de los padres: si Ud. —padre o madre— tiene que luchar, por ejemplo, siguiendo los métodos naturales del control de la fertilidad, tendrá autoridad para hablarle de fortaleza, que es la única forma de resistir a las presiones. Recuerde: si Ud. sabe decir que no, ellos lo podrán hacer más fácilmente.

Pasando a otro tema colindante, ¿cómo es posible que un muchacho se enamore de una niña, si esta le muestra constantemente sus piernas con minifaldas altas? ¿o las formas de sus nalgas con pantalones ceñidos a su cuerpo? ¿o parte de su pecho con escotes pronunciados? Es seguro que se enamorará de su cuerpo, no de ella. O, como decíamos, de una parte de su cuerpo.

Las mujeres deben aprender a tener la suficiente coquetería para levantarles la mirada a los hombres: que las miren a sus ojos, a su alma… que ellos se enamoren de la persona, para que nunca las dejen cuando acabe la pasión, cuando acabe el placer… cuando acaben los atributos.

Llegará una época, si la mujer quiere, en que el mundo cambiará: de ellas depende que se acabe el machismo, que se acabe el hedonismo… Sólo ellas pueden hacerlo.

También hay que hablarles de los peligros de un malentendido erotismo artístico y de la pornografía: ¡cuánto bien se haría la humanidad a sí misma si todos los medios de comunicación que tienen tendencias en ese sentido dejaran de comprarse o de encenderse!

Una última aplicación práctica de estos conceptos es lo referente al desnudo en la familia: ni pecar por exceso pensando que es imposible que los hijos vean a sus padres desnudos, ni por defecto creyendo que no debe haber el más mínimo recato. Es decir, no tiene nada de malo que las niñas se bañen con mamá y los hijos con papá si esto ahorra tiempo o dinero; es más, esto incrementará la inclinación del niño a su propio sexo en un ambiente natural y familiar, exento de todo mito tonto o de desinterés absoluto por el decoro. Además, ya llegará el momento en que ellos mismos soliciten hacerlo solos.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

 Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Virginidad?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Marzo 20, 2009

En Estados Unidos tres de cada cuatro jóvenes tienen relaciones sexuales antes de terminar la enseñanza secundaria y el cuarenta por ciento es sexualmente activo cuando ingresa a la enseñanza superior.

Aunque el porcentaje es menor en otros países, la incidencia crece de tal manera que pronto alcanzará niveles similares.

Este hecho hace que las parejas tomen el matrimonio casi como una relación más y no como una entrega total e imperecedera.

El ser humano, por la dignidad tan alta que posee, no puede estar jugando con entregas «a medias». Sin embargo, se dan muchas relaciones sexuales sin una entrega total del «yo» personal para luchar por la felicidad del otro; sin un compromiso cabal, serio y responsable para conseguir un enriquecimiento mutuo; sin la apertura a formar nuevas vidas; es decir, sin amor.

De hecho, una de las causas más frecuentes de ruptura conyugal es que los miembros de la pareja no aprendieron a amar. Confunden con frecuencia el amor verdadero con la pasión o el sentimentalismo, con la simpatía o empatía que puede haber entre ellos; y más frecuentemente lo que buscan es llenar carencias afectivas de la infancia…

Así se desvaloriza la entrega total, y los cónyuges suelen experimentar la sensación interior de no ser plenamente felices, lo que tiende a deteriorar el amor y a resquebrajar la armonía que debe imperar en la que es la célula de la sociedad: la familia.

Esta actitud, quiérase o no, es la esencia de la educación de los hijos (el ejemplo es siempre el más didáctico de los métodos de enseñanza), lo cual termina por crear seres con la misma inclinación utilitarista.

¿No es eso lo que a veces se ve en la actualidad: hombres y mujeres que crecen con el deseo ferviente de servirse de los demás en beneficio propio, seres que nunca aprendieron la alegría de dar?

Si, en cambio, las nuevas generaciones se proponen dar un valor mayor a las relaciones conyugales —el valor que realmente tienen—, se formarán mujeres y hombres con el poder de mejorar la sociedad intrínseca y extrínsecamente:

Los intentos por edificar matrimonios estables y duraderos darán éxito más fácilmente, los hijos nacerán en un ambiente propicio para aprender a amar, y la sociedad comenzará a mejorar paulatinamente, ya que su primer valor será la dignidad humana y esta se habrá solidificado desde su mismo interior, que es la familia.

  

 

 

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La educación sexual a través de los medios

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Marzo 15, 2009

 

La Educación Sexual a través de los medios de comunicación es un hecho desde hace tiempo: películas, propagandas y comportamientos de los presentadores de radio, cine y televisión en las que se invita al desorden sexual, a la promiscuidad y a las malas costumbres.

Mientras tanto, el programa de Educación Sexual iniciado por el Gobierno , en lo que se refiere a la Comunicación, ha suscitado la polémica entre los educadores y también entre los padres de familia porque, según unos, los parámetros elegidos propenden a la promiscuidad sexual y, según otros, hoy en día es necesario hablar sin tapujos para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados o a destiempo.

Vale la pena, entonces, analizar el recorrido histórico de los conceptos sobre el tema:

Inicialmente, después de comprender las consecuencias devastadoras de los desórdenes, las culturas trabajaron en la ética hasta completar una serie de normas que intentaban preservar a las nuevas generaciones de los peligros de una sexualidad mal entendida.

Esta normatización indujo a que el público redujera todo el análisis a “bueno o malo”. Así, cada comportamiento sexual fue tachado de bondadoso o pecaminoso, según los parámetros establecidos, y se llegó a pecar de puritanismo.

Este defecto se tradujo más adelante en la mojigatería, en la cual, todo tema relacionado con la sexualidad era mito y arrastraba tras de sí la mancha de pecado.

Como “contrapeso” social, apareció la “liberación” sexual, que introdujo, no solamente la ruptura de todos esos esquemas anteriores, sino el descuido por precauciones más sencillas, desde el punto de vista médico. Se llegó a afirmar con razón que la anterior etapa era represiva e impulsora de una gran cantidad de desórdenes más funestos que los que se veían en un comienzo.

En los últimos tiempos, la alta incidencia del sida y las enfermedades de transmisión sexual, junto con el índice creciente de embarazos no deseados y de abortos, ha suscitado en el ámbito mundial, entre los sexólogos, un nuevo replanteamiento.

Simultáneamente, en casi todos los campos del saber científico, la preocupación por el hábitat del hombre, de su entorno primario inicialmente y del cosmos en general, ha estimulado de una manera asombrosa un “regreso” hacia el respeto por las leyes de la naturaleza: desde no utilizar aerosoles que destruyan la capa de ozono, hasta eliminar en los procesos médicos toda complicación externa que obstaculice el proceso natural orgánico (nacimientos en el agua sin ayudas anestésicas y partos en cuclillas, entre otras muchas técnicas). El advenimento o progreso de las llamadas medicinas alternativas, la sofrología, el auge de los tratamientos psicológicos para patologías psicosomáticas e incluso de la hipnosis terapéutica son sólo muestras de este viraje de carácter mundial.

Hoy, dentro de este marco, como resultado del estudio interdisciplinario y de acuerdo con las tendencias más progresistas en el campo de la sexualidad, se propende por una educación sexual que simplemente respete las normas del cosmos, de la naturaleza humana. Enseñanza esta que desmitifica todo, lo sitúa a la altura real del ser humano de finales de milenio y comienzos del siguiente, y a la vez previene todo daño personal y familiar (y por ende social), ya que sitúa la educación sexual en su justo medio, lejos de la mojigatería y del desafuero, peligros entre los que se mantuvo por siglos. Por el camino del medio, sin excesos y sin defectos, alejados de  los problemas suscitados por los desórdenes sexuales o por el excesivo recato y la mojigatería, los hombres tendrán la respuesta esperada por parte de la naturaleza: salud. Salud integral que comprende la biológica, la psicológica y la espiritual, planos en los que se desenvuelve la vida humana.

Al mismo tiempo, se impone el criterio de que el ser humano no es sólo cuerpo como el de un animal, ni sólo alma espiritual como un ángel.

El verdadero retroceso está quizá en la posición fanática de quienes no han caminado por toda esa senda histórica y cargan con la rebeldía en contra del criterio por el que fueron asediados: liberación contra la opresión recibida o, por el contrario, lucha denodada con leyes y normas que a veces atentan contra la libertad individual y social.

Sin embargo, debe haber un reglamento, una ley. La ley que es obligatoria hoy es la natural. Y dentro de este contexto, el respeto por la vida humana es la principal, y es la base de todos los demás derechos.

Una vez conseguido este primer paso, el respeto por las leyes naturales, vendrá el segundo, el respeto por las leyes divinas.

La fuerza de los medios de comunicación no está en duda. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de la comunidad informando acerca de estos últimos adelantos científicos en uno de los campos más trascendentales de la vida del ser humano?

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Jugando a Dios

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Marzo 8, 2009

 

Desde hace poco los médicos se han dado a la tarea de resolver problemas de infertilidad con nuevos adelantos científicos y tecnológicos, y a diagnosticar, prevenir y tratar patologías dentro del útero materno. Hoy se puede implantar un óvulo fecundado en el vientre de la madre portadora, en el de una necesitada de hijos con el esperma de su propio marido o el semen de otro (conocido o desconocido); también se hace clonación, esto es duplicación de cigotos o de embriones para producir gemelos idénticos; se habla de mejorar la raza al estilo de lo que ideaba utópicamente Hitler y, como él, de eliminar los seres imperfectos en pro de una vida “mejor” entre seres “más puros”.

Desde otra perspectiva completamente diferente, el afán por defender el hábitat del ser humano de comienzos del siglo XXI ha disparado una conciencia de preservación del medio ambiente con cambios de actitudes y campañas intensas que, junto con la “innovación” de la medicina natural, propenden hacia una estima a la naturaleza y al orden natural. Es así como aparecen cambios sensibles, desde los partos en cuclillas o bajo el agua, hasta tratamientos bioenergéticos, homeopáticos o naturalistas de entidades como el cáncer.

Paradójicamente, este amor por lo natural no está presente en la nueva revolución de la medicina, la fertilización in Vitro o bebé probeta y las madres sustitutas:

Sólo es verdaderamente padre quien aporta el espermatozoide en una relación deseada y natural, es decir, el coito o acto conyugal (no en el frío tubo de ensayo); y solo es padre el que luego da el amor y educa al producto de sus entrañas. Pero ahora se ha hecho de la palabra “padre” un nombre sin apellido: padre biológico, padre natural, padre adoptivo, padre afectivo

Del mismo modo, la maternidad está regida por la naturaleza: solo es madre aquella que aporta el óvulo en una relación natural, aquella que guarda en su seno esa vida incipiente mientras crece y se desarrolla, aquella que la pare y amamanta, aquella que le da su amor y la educa, completando así el ciclo natural de la vida humana (los animales no educan a sus hijos mas que en comportamientos instintivos de subsistencia).

Nadie puede afirmar, por ejemplo, si alguien es madre en toda la expresión de la palabra cuando cumple solo una de esas labores o algunas de ellas; en cambio, ninguno duda en poner ese dulce apelativo a quien las ha ejecutado todas.

Adicionalmente, aquellas que han dado el óvulo o prestado el vientre pueden decir, con razón, que el hijo es suyo, y muchas veces se establecen demandas que hieren profundamente a las dos o tres “madres”. Es que la naturaleza se subleva ante el desorden que se da en ella.

En cambio, en los casos en que una pareja decide adoptar un hijo abandonado o huérfano no se violan explícitamente las leyes de la naturaleza, ni aparece la duda de quién es la verdadera madre.

Lo mismo sucede en otros casos, como cuando la conciencia acusa al que decide realizar un aborto porque ya se sabe qué defectos tendrá al nacer.

Hoy, mediante un examen de increíble sencillez —el análisis de algunas proteínas del plasma sanguíneo de la madre por medio de una muestra de sangre—, se pueden saber varios datos acerca de la salud del feto. En un reciente congreso de obstetricia, por ejemplo, se llegó a pedir al auditorio prudencia para no eliminar embriones o fetos con problemas leves (!?).

Conforme a lo que hoy llaman la “verdad científica”, se está pensando en exterminar a los que no son “mejores”, “puros”, los que son “imperfectos”, destruyendo inmisericordemente la verdad natural, bandera de la nueva y desarrollada humanidad, dando al traste con todo principio moral y haciendo a un lado los valores que nos hacen diferentes de los seres irracionales.

 

   

 

 

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Homosexualidad: ciencia y derecho*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Marzo 1, 2009

HOMOSEXUALIDAD: CIENCIA Y DERECHO

Jorge Martínez S., MD. cM.Sc (Biol. & Genet.),  ProduTek Laboratories Corp.

y,  Dr. Jim Imitola, M.D., Postdoctoral Research Scholar, Harvard University

 

 

Para apoyar la labor de los Comunicadores y Medios y, para enriquecer el actual estudio y debate de los Honorables Parlamentarios sobre los proyectos de ley en materia de salud sexual y reproductiva y, sobre la legalización de uniones homosexuales, es conveniente proveerles oportuna y claramente la información sobre los aspectos científicos subyacentes.

 

Tanto por nuestra formación científica en Ciencias Biomédicas como por nuestra tradición de capacitación y asesoría al quehacer Legislativo, ponemos en  su conocimiento las siguientes aportaciones y datos de las Ciencias de la Vida (Life Sciences).

                                                     

 

En Lógica se enseña que: premisas falsas llevan a conclusiones falsas. Cuando para resolver un problema de matemáticas contamos con datos falsos, ocurre que al aplicar las fórmulas o ecuaciones convenientes, obtenemos resultados también falsos.

La discusión social actual sobre la actividad sexual de tipo homosexual es por lo general superficial o light. Se confunden la opinión y la creencia con el estado el arte del conocimiento científico. Se confunde lo que es ciencia con lo que es costumbre. Se confunden las costumbres de ciertos grupos con la cultura social.

Al explicarlo en lenguaje menos técnico y mas sencillo, será más accesible a los legisladores y ciudadanos no especialistas en ciencias biomédicas. Al hacerlo, es sano que nos concentremos en los aspectos esenciales y, en sana lógica, ir de lo general a lo particular:

1. La especie biológica Homo sapiens sapiens es denominada así por los fundadores de las Ciencias Biológicas en la nomenclatura y clasificación científica de los seres vivos o Taxonomía, en clara referencia a la característica de homínido sapiente o poseedor de conciencia inteligente.

2. El nombre científico completo del ser humano lleva dos veces la palabra sapiens de manera intencional, en alusión a que es un antropoide u homínido que, además de ser consciente, se da cuenta de lo que sabe y de lo que piensa; tiene conciencia reflexiva y auto-reflexiva: se da cuenta de que está aprendiendo, de qué es lo que aprehende y, además, puede volver sobre ello -a voluntad- para repensarlo.

3. Todo ser vivo –microorganismos, planta y animal- posee moléculas de material genético -ADN o ARN- que contiene la información para la vida y, los patrones o características propias y distintas para cada especie biológica.

4. Todo ser vivo, se reproduce por medio de la réplica o copia que hace de ese DNA para pasarlo a la generación siguiente. El DNA (Ácido DesoxirriboNucléico) es el fundamento material que ofrece la explicación -a nivel molecular- de muchos fenómenos, teorías y leyes científicas: Hoy una persona con un mínimo de cultura o alfabetismo científico (Scientific Literacy) no ignora que el DNA participa en la transmisión de la vida o reproducción; la biodiversidad, la selección natural y la evolución; lo propio se aplica a la distinción individual y a la diferenciación sexual entre los individuos de una misma especie biológica;

5. Aunque el DNA lo vinimos a conocer bien a nivel microscópico y molecular apenas hace 50 años, macroscópicamente los fenómenos biológicos ya habían sido observados y descritos por los hombres de ciencias naturales (Haeckel, Lamarck, Darwin, Spallanzani, Pasteur Mendel, etc.) desde mucho antes, estableciendo principios y leyes científicas fundamentales: Patrogonia (patrones biológicos), Adquisición de caracteres y Adaptación, Selección natural y Evolución; Fecundación y formación del cigoto (embrión unicelular), combinación y segregación o distribución de caracteres hereditarios, etc.,

6. Si bien todos los seres vivos al reproducirse copian y transmiten su DNA, esto ocurre básicamente de dos maneras:

a) Reproducción Sexuada: Participan dos individuos y, cada uno produce una célula diferente y complementaria con la del otro sexo, células germinales especializadas o gametos: óvulo y espermatozoide.

b) Reproducción Asexuada. Los mecanismos de reproducción asexuada pueden ser variados:

Unos lo hacen dividiéndose en dos (fisión binaria), algunos emiten prolongaciones que

terminan separándose (gemación o yemación), otros lanzando al entorno paquetes de

semillas o esporas, etc.

7. Así como la biología y la genética humana es sexuada, también en las dimensiones psicológicas y culturales se manifiesta que los individuos de la especie, son diferenciados y complementarios: masculino y femenino.

8. Por tanto, la diferenciación individual y la complementariedad entre los individuos -masculino y femenino- es integral: anatómica, fisiológica y psicológica. En una palabra: es psicosomática.

La revisión de los datos científicos biológicos y genéticos sobre la homosexualidad, incluyendo el análisis a la luz de la evolución biológica, muestra claramente que los seres humanos son filogenéticamente sexuados –varón y hembra- cada uno con una unidad psico-somática, cuyas mentes y cuerpos tienen una información genética y un diseño estructural y funcional apto para la actividad heterosexual, única capaz de la procreación y el acoplamiento complementario.

El Darwinismo y la Selección Biológica operan por el despliegue de la fertilidad del individuo: la Inter-fecundidad de la pareja de la especie. La “neutralidad” reproductiva de la actividad homosexual no es apta para la propagación sexual. Es una actividad “sexual” estéril. Por tanto, no es capaz de producir nuevos miembros de la especie, no constituye nuevas familias, no construye numéricamente a la sociedad. En la naturaleza biológica del Homo sapiens tampoco ocurre la reproducción asexuada. Por lo cual, en el Homo sapiens sapiens, no es una alternativa biológica ni genética para la supervivencia o perpetuación procreativa de los individuos de la especie humana. Sea cual fuere su opción o preferencia sexual individual. Aunque la actividad del sujeto sea opcional, su biología sigue leyes genéticas, independientes de la voluntad del individuo.

Por ser la actividad heterosexual del Homo sapiens la única genéticamente capaz de re-producirse, es también la única capaz de seleccionarse biológicamente y perpetuarse a sí misma en su descendencia biológica. De lo anterior se deduce, de modo evidente y axiomático, que la actividad homosexual –así como la esterilidad- no es ni puede ser hereditaria. No producen quien la herede.

Las uniones homosexuales, no producen hijos, no aportan a la renovación generacional, propician el envejecimiento de la población: Los países industrializados –agobiados por la llamada transición demográfica- no saben qué más hacer para estimular a los nuevos matrimonios a tengan hijos. Están amenazadas la calidad de vida, la vitalidad epidemiológica y la productividad de la sociedad. Sin lo cual el Sistema General de Seguridad Social y Salud-SGSSS no tiene viabilidad económica y pensional ninguna. Son los hijos de las familias biológicas verdaderas, los matrimonios, las parejas heterosexuales, quienes aseguran la renovación y sostenibilidad financiera –pensiones, seguros, etc.,- de toda la sociedad y de todas las generaciones.

Las uniones homosexuales no pueden –intrínsecamente- producir genomas ni gametos complementarios: De ahí su obvio interés en la adopción. Es una evidencia a nivel internacional. Aunque en Colombia -por ahora- por obvias razones de procedimiento o de táctica, no les convenga hablar de eso. Solo las improntas genómicas (genomic imprinting) femenina y masculina son aptas para la fusión entre sí, de los pro-núcleos del óvulo y del espermatozoide y su consiguiente activación genómica, indispensable para la formación del nuevo individuo embrionario unicelular –cigoto- de la especie biológica Homo sapiens.

LA VALORACIÓN JURÍDICA DE LOS ACTOS

La ley sabe distinguir y categorizar las conductas y la responsabilidad de los actos humanos. Sabe por ejemplo diferenciar entre lo imputable y lo inimputable. Sabe de interdicción judicial y de discapacidad, incapacidad e invalidez. La Ley sabe de causa fortuita, fuerza mayor y anteriormente ha considerado impedimentos dirimentes e impedientes. Sabe del delirium tremens, de la ira e intenso dolor y de la responsabilidad preterintencional.

Pus bien, en cuanto a la actividad homosexual, también se sabe que no hay evidencia ni demostración objetiva ninguna, de que sea un a priori determinado biológica y genéticamente. No existe en biología y genética humana algo que se pueda llamar otro sexo o un tercer sexo. (Cfr archivo anexo del Prof. Dr. Jerry Bergman, Ph.D.). Evidentemente, tanto la condición homosexual como la actividad homosexual, no es -ni ha sido- otra especie u otro sexo: porque no se puede reproducir a sí mismo biológicamente ni sexualmente. Es cosa del individuo, opción de la persona.

Lo que sí existe y es bien conocido por todos, es la numerosa evidencia de que cada vez que un homosexual o una lesbiana han tomado la decisión de dejar de tener actividad de tipo homosexual, no es porque haya ocurrido en ellos ninguna mutación genética. Y lo contrario también es cierto: cuando alguien heterosexual decide tener una actividad de tipo homosexual, no es porque haya sufrido una mutación genética. Es cosa de la persona, decisión del sujeto.

Por eso, no encontrando base científica, biológica ni genética, se acude a un recurso semántico como el género. El concepto de género, proviene de la Gramática, no de la biología. En Castellano existen tres géneros: masculino, femenino y neutro (el, la, lo). El concepto de género es propio de las discusiones entre corrientes sociológicas. Algo que difícilmente las ciencias auxiliares de la justicia podrán científicamente determinar: el género es algo que depende de mi decisión, la cual puedo cambiar, y ser –social y legalmente- distinta a la del año pasado o a la del mes próximo. En Derecho, cuando de determinación del sexo se trata, la ciencia presta un servicio concreto verificable. Quienes pretenden ante los estrados judiciales sustituir el sexo por el género, saben que no pueden procesalmente acercarse a la precisión y seriedad del valor probatorio de una prueba como la antropo-heredo-biológica de Medicina Legal, que tiene valor informativo intrínseco permanente, no sujeta a cambio ni dependiente de volición subjetiva.

Es tal la subjetividad y relativismo que el concepto género comporta, que se hace necesario decir explícitamente que se trata de una “perspectiva” de género.

El mejor ejemplo de la indefinición y variabilidad subjetiva en que se puede caer, si se hace depender la legislación sobre la unidad básica –estructural y funcional- de la organización social, de los tipos de actos o roles o preferencias sexuales, es que la homosexualidad ha sido varias veces cambiada de clasificación –por expertos- en los últimos cincuenta años, incluyendo la entrada y salida de diversas categorías patológicas. Es un terreno movedizo para el Legislador.

Actualmente, todos sabemos en qué consiste la familia de origen genético heterosexual. Pero entre quienes creen que el concepto de género pudiera servir para la familia, resulta que hay unos que creen que hay tres géneros, otros creen que pueden ser cinco, algunos otros creen que ocho., etc., cada cual con sus respetables preferencias y opciones para creerlo. Arena movediza para el Legislativo. Legislar para singularidades y casuísticas.

El hecho cierto es que en materia de consultas profesionales relacionadas con problemas de identidad sexual, de opciones o preferencias sobre la actividad homosexual, es prácticamente imposible describir lo que sería un “homosexual típico”. No existe. Los y las homosexuales, como otras personas, pueden ser muy variados. No se puede hacer estereotipos. Cada quien es hijo de su casa, vecino de su barrio y, miembro de su círculo social, económico y profesional. Además del gregarismo y la sensibilidad popularmente conocidos -canalizable en artes y letras-, se sabe que por lo común son muy selectivos en sus relaciones interpersonales, suelen ser más apasionados, menos estables emocionalmente, más celosos, sensibles, necesitan más manifestaciones de interés, de reconocimiento y de estímulo. Se pueden presentar comúnmente ansiedad, depresión, problemas de imagen corporal, de autoaceptación, uso de sustancias. Pero, también pueden ser personas -por lo demás- comunes y corrientes, incluyendo también algunos individuos brillantes y laboriosos como en cualquier colectividad humana.

Tanto por su sensibilidad como por los prejuicios y sufrimientos vividos -a veces desde niños-, necesitan ser gregarios, afirmar lealtades, marcar el terreno, buscar o controlar círculos de mayor seguridad o aceptación. Su situación no es fácil y, el mérito de esforzarse por controlarse, puede ser muy meritorio –aunque poco reconocible por la familia y la sociedad- al esforzarse por mantenerse funcionando en todo sentido y en todos los ambientes, sin que nadie se percate o como si nada les pasara por dentro.

Como suelen sufrir por su incomodidad y aceptación familiar y social –incluso su auto-aceptación-, últimamente se han dedicado más al proselitismo y al activismo político. Hoy en día, los profesionales de la salud pueden exponerse a ser discriminados o desprestigiados por los activistas y homosexuales radicales, ser tachados de intolerantes, “homófobos” y cosas parecidas. Los periodistas y legisladores pueden verse expuestos a las mismas presiones. Por lo pronto, dando por supuesto que la autonomía y autodeterminación de cada periodista y congresista permanecen incólumes, nosotros seguiremos siendo profesionales de la salud con alta estima, respeto y cariño para cada individuo sea cual sea su condición y, cumplimos con informarles y proveerles de fuentes científicas, honrando aquella sabia recomendación de La República de Platón: “a la sociedad le vienen males de que cada cual no haga lo suyo”.

Es ilustrativa y digna de una honrosa memoria, la vez que un colega y compañero de postgrado contó su propio caso. Haciendo un gran esfuerzo y brindando una confianza y sinceridad extraordinaria, contó la ansiedad y permanente incomodidad que sentía por tener que ocultar que algunos tipos le llamaban la atención o resultaban atractivos, mientras que también podía “darse cuenta” de la belleza femenina, aunque no se interesaba o se le dificultaba pasar a una relación profunda con ellas. Dijo que como médico él mismo había revisado la literatura especializada y no le quedaba duda que lo suyo no era genético. Llevaba más de ocho meses de psicoanálisis y no sabía qué pensar o esperar de su caso. Además de ser un buen médico era un buen tipo y era sincero consigo mismo. Al agradecerle al amigo su confianza, se le renovó también la solidaridad y el respeto. Luego viajó al exterior y no hubo más noticias. Se le dijo que no se conoce de nadie que no se tenga que dominar a sí mismo. Para otros la tragedia es el cigarrillo, la comida, el juego, las drogas, etc. Los solteros, los casados, ellos, ellas, todos tenemos que luchar por ser coherentes, por ser honrados, fieles o estables, controlarse, vencer la pereza, la envidia, el mal humor, el desorden. Y eso es para toda la vida.

Entonces, ¿Qué tiene de malo ser homosexual?

Sentir no es consentir. Lo mismo pasa con los heterosexuales. Si todos los hombres se lanzaran tras de todas las mujeres que les atraen, no se podría vivir en paz, ni se sabría quién es hijo de quién.

 

Pero, ¿y si un par de homosexuales se quieren y son fieles y no se meten con nadie?

El principal problema de la homosexualidad –para los homosexuales- es la actividad homosexual.

 

En el conjunto de la vida humana pasa algo análogo. A veces  se parte de experiencias muy particulares; o se nos crean expectativas artificiales; o cargamos con falsas necesidades; o podemos  perder la visión de conjunto. Cuando se trata de asuntos humanos, eventualmente involucran el sentido de las cosas, de la salud o de la vida: todos podemos comprobarlo diariamente al observar ciertos tipos de alimentación, bebida, consumo de sustancias, juego, aficiones de alto riesgo, etc. Es una experiencia y observación al alcance de todos, que los seres humanos podemos a veces hacer y desear cosas y actividades nocivas para la salud. Y que los gustos, opciones o preferencias pueden volverse contra nosotros aunque sean una tradición o una costumbre socialmente aceptada.

 

Algunos grupos humanos tienen costumbres tan curiosas -e innecesarias o perjudiciales- como la ablación del clítoris, la deformación del cráneo, la elongación de labios y cuello, la perforación y tatuaje de partes del cuerpo, etc. Cosas que no solo ocurren entre poblaciones que consideramos primitivas. También las culturas con raíces europeas y mediterráneas han tenido sus “costumbres”: desfloración ritual de las vírgenes, el derecho de pernada, la iniciativa parental en una iniciación sexual, etc.

 

En aras de la sencillez nos limitamos aquí a los actos sexuales, que para el caso que interesa a la opinión pública, a los medios y al Congreso en el presente, es la actividad de tipo homosexual. Es indispensable y muy importante en Psicobiología, distinguir entre:

 

1.         El objeto de interés sexual de una persona,

2.         La ejecución de una actividad sexual.

3.         La identidad sexual personal 

 

La base de la identidad, es triple: genética, somática y, psicológica. La identidad genética, viene dada por los gametos –masculino y femenino- parentales, de donde surgimos como embrión unicelular (cigoto). La identidad somática, es el resultado de la diferenciación estructural y funcional que se forma por la genética en interacción con influencias como las hormonales, internas o externas. Y la identidad psicológica, se define como la formación y desarrollo de la personalidad y la conciencia de sí mismo en interacción con los demás, la familia y la sociedad.

 

Por tanto, la sexualidad toca todas las dimensiones de la persona: la sexualidad propia de la madurez, es la integración armoniosa y viable de la persona en su corporeidad. Por tanto, toda la existencia, la vida mental, el trabajo y la vida social, son mucho más que solo sensibilidad y actividad.

 

La condición sexuada va más allá de la sensibilidad y actividad de tipo sexual. La actividad sexual va más allá de la genitalidad. La condición sexuada no es sinónimo de actividad sexual.

 

La naturaleza  sexuada del Homo sapiens va más allá de la actividad. Toda actividad personal no es sinónimo de actividad somática. Toda actividad somática no es genital. No todo objeto de interés sexual implica actividad sexual. Así como en medicina y epidemiología hay que saber distinguir entre susceptibilidad y enfermedad, también en Neurociencias se enseña que la sensibilidad  no presupone una actividad.

 

En las carreras con funciones directivas y en las afines a las Ciencias Administrativas y de la Organización, se estudian asignaturas como Análisis de Decisiones, que enseñan que la Toma de Decisiones es un proceso que implica aprendizaje, deliberación y que tiene responsabilidad personal e impacto empresarial y socioeconómico. Todo estudiante de esas asignaturas sabe que se puede -o no- tomar una concreta decisión, pero lo que no se puede es improvisar, suponer que las distintas decisiones son indiferentes entre sí y, desconocer que cada decisión tiene sus propias consecuencias.

 

La Psicobiología, nos enseña que la CLonación, es el proceso que ocurre en la esfera mental hasta la decisión de la ejecución; la pre-existencia de la sensibilidad subjetiva interna no obliga absolutamente a una acto o actividad objetiva externa. Todo el camino que va de lo subjetivo, pasando por los procesos cognitivos y emotivos hasta la ejecución –incluyendo un eventual objeto de interés sexual-, depende de la decisión personal. A veces las personas, como las empresas, para la toma de decisiones requieren asesoría y consultoría profesional.

 

Esto es esencial saber distinguirlo, porque son aspectos que pueden lograrse armonizar -o no- en una persona: Alguien puede tener una identidad o autopercepción sexual que no concuerda con su corporeidad.  Alguien puede tener un objeto de interés que no concuerda con su identidad. 

  

A una persona puede o no interesarle la belleza del cuerpo del sexo complementario. Una persona puede –de facto- tomar la decisión –subjetiva personal- de tener actividad sexual con el sexo no complementario. También pude decidir una actividad sexual en relación con una cosa, con un animal o solitariamente.

El espectro de posibilidades e intereses y sensibilidades subjetivas es muy heterogéneo y variable.

 

Por contraste, hay concretos condicionamientos biológicos humanos muy bien conocidos, que han dado lugar a legislaciones muy concretas en defensa de los intereses de toda la comunidad y de cada individuo sobre: el fumar en lugares y transportes públicos, el no consumo de sustancias psicoactivas si se va a conducir, etc. La diferencia es que todos corporalmente necesitamos para vivir aire con oxígeno y sin humo, a todos nos puede dar cáncer, todos podemos herirnos en un accidente automovilístico por ebriedad, etc. En cambio, legislar en materia de gustos y preferencias, intimidades, individualidades y subjetividades, es arena movediza.  

 

Premisas a revisar por el Legislador:

 

1. No vivimos en un ambiente cultural integrado, tampoco con el conocimiento científico. Nuestra cultura general no es coherente con nuestra propia cultura científica: el profesor que nos dio las –magistrales- clases sobre las enfermedades cardíacas y coronarias, encendía el siguiente cigarrillo con el que estaba terminando. No siempre nuestros estilos de vida reflejan nuestra propia profesión. Y si eso pasa entre personas cultas y estudiosas, qué esperar de los iletrados. Estamos en una interesante coyuntura de la historia de la cultura:  Actualmente se habla de Sociedad del Conocimiento y de la Información, pero padecemos endémicamente de lo que los expertos llaman Analfabetismo Científico (Scientific Iliteracy), cuyo remedio es el nuevo movimiento pedagógico y periodístico denominado Cultura Científica (Scientific Literacy).   Las ciencias de la salud se ven actualmente transformadas por la Medicina Basada en la Evidencia (Evidence Based Medicine) 

 

Nuestra cultura social no posee todavía una cultura general científicamente alfabetizada. Si para el Renacentismo era deseable una ilustración de la razón, ahora la necesidad de la razón es ser científicamente informada. Y luego habrá que tener paciencia a que vengan los “re-descubrimientos” de la conciencia social sobre una conveniente integración sapiencial (científico-humanística, etc).

 

Salvo esperanzadoras excepciones, todavía estamos en la época en que la mayor parte de los humanistas y profesionales de las ciencias sociales poco saben  de ciencias básicas y la mayoría de los científicos poco saben de ciencias humanas y sociales. Por tanto, no es de extrañar que para nuestros líderes sociales y dirigentes políticos y guías religiosos, todavía resulten un poco extraños a sus búsquedas bibliográficas, o a la formación de sus juicios y raciocinios, los datos de las ciencias. El  quehacer legislativo, periodístico y la predicación religiosa o la enseñanza moral, acuden muy poco a datos y fuentes científicas, que resultan sumamente valiosas y constructivas en una sociedad tan heterogénea y sincrética, en la cual los diversos interlocutores se caracterizan precisamente por la premisa a priori de no compartir la misma cosmovisión ni la misma matriz cultural. En casos como el actual con la discusión creciente sobre los proyectos de ley sobre aspectos de sexualidad y reproducción, es obvio.  

 

2. A veces sin darse cuenta, los partidarios de ponerse a legislar sobre la intimidad, como en el caso de la sensibilidad o preferencia homosexual, se parte de la premisa (propositiva u omisivamente) de que el Homo sapiens es ontológica o filogenéticamente, un fin absoluto para sí mismo. O que su situación cosmobiológica es no-dependiente, o que no es heterótrofo, o que  sus “construcciones culturales” y “preferencias” psicológicas puedan ser viables socialmente o legalmente, aunque no lo sean biológicamente.  Y a pesar de que no seamos viables como individuos, pretender ser sostenibles como civilización….

 

El proceso de desarrollo y maduración del Sistema Nervioso Central-SNC (aprendizaje del control progresivo de esfínteres, postura, marcha, alimentación, limpieza y cuidado o arreglo corporal, lenguaje, etc.) evidencian -también a los ojos de quienes no son profesionales de la salud, ni neurocientíficos- distintos elementos constitutivos en la realidad de la vida del Homo sapiens, entre vías y centros de integración de la información, de lo aferente (estímulo, hacia dentro) y lo eferente (respuesta, hacia fuera) lo motriz (moverse) y lo sensitivo (sentir); entre cinestésico, senestésico y propioceptivo (captar los propios movimientos, sensaciones viscerales y posturas corporales).    

 

Es axiomático para la Pedagogía, la Neurología, el Derecho, la Publicidad y el Marketing, que la educación del intelecto per se no constituye automáticamente la educación de la voluntad. Incluso, un intelecto ilustrado junto a una voluntad formada, no alcanza a excluir la posibilidad de la sobre-excitación de la sensibilidad. Esto forma parte de la base científica de la conveniencia de ofrecer modelos sociales viables.

 

Pero ese tipo de conocimiento tecno-científico profesional, puede o no haber sido integrado armoniosamente en la personalidad, al nivel o tipo de pensamiento y de comunicación de ese mismo Homo sapiens, fuera de la oficina o del laboratorio. El caballero de salón y el prudente profesional de la oficina, se sorprende de sí mismo cuando está al volante. O en la soledad de  una bóveda bancaria. O en la intimidad de su alcoba. O en el revoloteo de su imaginación. De ahí que debamos resaltar el valor y función pedagógica de la legislación.  Ofrecer modelos viables y sostenibles.

 

3. Desde los fundamentos de las Ciencias Naturales y Biológicas, con las aportaciones de Haeckel, Darwin, Lamarck, Spallanzani, Pasteur, Mendel,  como las leyes de la Patrogonia (la ontogenia es una síntesis de la filogenia), sabemos que el Homo sapiens sapiens que mejor se conoce y más se trabaja y aprende su auto-nomía y autorregulación, es quien mejor maneja su capacidad adaptativa y supervivencia en el entorno, humano y ambiental. 

Legislar para los Homo   sapiens sapiens.

 

HOMOSEXUALIDAD Y ENFERMEDAD: EL COSTO SOCIAL (IPS, EPS) DE LA OPCIÓN INDIVIDUAL.

Durante la actividad homosexual, el semen puede penetrar al intestino y entrar en contacto con la pared del colon de la contraparte sexual. Ya dentro del cuerpo, el semen afecta el sistema inmune, resultando en que la persona se vuelve más vulnerable a la enfermedad. Esto es un problema especialmente porque la práctica homosexual frecuentemente transmite muchas enfermedades que son infrecuentes entre heterosexuales. Por ejemplo, los homosexuales como grupo, son mucho más propensos a tener enfermedades raras del intestino, las cuales son agrupadas en lo que los tratados universitarios de gastroenterología denominan el Gay Bowel Syndrome (Nakamura, etc.) Los estudios indican que casi la mitad de los homosexuales eventualmente contraen parasitosis amebiana, mientras que la gonorrea rectal y la hepatítis infecciosa tipo A son mucho más altas entre la población homosexual. Fox, en respuesta a esta preocupación, anotaba:

‘Primero, el colon y el recto son emuntorios, están diseñados para la eliminación de materia fecal y no para la introducción de cuerpos extraños como en la actividad sexual. (los músculos y nervios de los esfínteres, están diseñados para regular el paso de dentro hacia fuera). La Materia Fecal es eliminada porque ella es ya indigerible por el ser humano y contiene materiales causantes de enfermedades (de hecho, el 90% del peso de las heces desecadas, corresponde a bacterias). Con la penetración sexual, los músculos rectales son frecuentemente sobre-expandidos y, la delicada membrana que recubre el colon es desgarrada muchas veces. La ruptura del colon permite a la materia fecal penetrar dentro del cuerpo, trayendo consigo enfermedades infecciosas.’

(Fox, E., The diseases of homosexuality).

Muchos homosexuales prefieren frecuentar médicos que atiendan más homosexuales para que puedan manejar mejor sus problemas especiales de salud. Mientras que estos doctores pueden preferir no anunciarse como tales especialistas en el directorio telefónico, los grupos sociales homosexuales y revistas de homosexuales son una fuente común que los pacientes usan para contactar a esos médicos especializados. Los estimativos sobre enfermedades infecciosas entre homosexuales, es que pueden llegar a una tasa hasta diez veces la de la población general — no solamente enfermedades venéreas, sino también hepatitis B y otras.

Otro grupo de enfermedades frecuentes incluye uretritis, herpes viral, infestación por pediculosis y otras. (Rueda, E., The Homosexual Network: Private Lives and Public Policy, Devin Adair Company, Old Greenwich, Connecticut, pp. 52–33).

Por supuesto, no es solo el tipo de comportamiento que ellos se permiten el que los pone en riesgo mucho más alto, sino su alto nivel de promiscuidad — una encuesta indicó que los varones homosexuales tenían en promedio más de 50 compañeros sexuales en su vida (Ídem).

Otro estudio encontró que el 28% tuvo más de 1,000 compañeros, el 15% tuvo de 500 á 1,000, el 32% de 100 á 500, y solamente el 25% tuvo menos de 100 compañeros en toda su vida. Si bien las encuestas en éste campo varían, dependiendo de la población muestreada, el tamaño de la muestra y las específicas preguntas formuladas, todos revelan que un enorme componente de promiscuidad ha sido una parte normal del estilo de vida gay.

Lo anterior, sin entrar en las consabidas y frecuentes manifestaciones agudas o crónicas de balanítis, proctítis, hemorroides, fisuras, etc.

Aunque esto varíe por épocas y no sea universal pues también hay heterosexuales que pueden ser igualmente promiscuos: en todas partes y para todos, hay un antes y un después del SIDA. Hay muy buenas razones científicas para formarse un criterio sensato y prudente. El nivel del problema puede ser debatido, pero nadie cuestiona que el problema es serio.

 

Para terminar, hagamos el siguiente razonamiento o silogismo. 

 

El sentido de la sexualidad es inseparable y esencial a la corporeidad. La corporeidad no se agota en la vida sensitiva. La vida sensitiva es una parte de la integración neurológica. La neurología se armoniza en la unidad de la persona. La persona surge biológicamente y se moldea psicológicamente en la familia. La cual participa en el sistema social de intercambios económicos y culturales.

 

En ese sistema general, las premisas de supervivencia, adaptación y perfeccionamiento, de la sociedad no se reducen a las de la familia; las de la familia no se reducen a las del individuo; las del individuo no se reducen a las de su corporeidad; las de su corporeidad no se reducen a su sensibilidad; las de su sensibilidad, no se reducen a su sexualidad; las de su sexualidad no se reducen a su genitalidad; las premisas de su genitalidad no se reducen a las de su sensibilidad; las de su sensibilidad no se reducen a las de su corporeidad, las de su corporeidad…    Sigan ustedes las series ascendentes y descendentes, pudiendo descubrir -por sí mismos- una mayor claridad y una mejor comprensión. 

 

Incluso teniendo a la vista la historia natural y el amplio panorama de realidades biológicas, filogenéticas, socioeconómicas y culturales, todavía cabe la posibilidad de que, -de su cuenta y riesgo-,  algunos Homo sapiens –retroalimentados por sus peculiares nichos culturales- se autoimpongan premisas distintas a las de las Ciencias Biológicas, por ejemplo, buscando que satisfagan prioritariamente sus sensibilidades. La libertad es auto-destinación. Es evidente que las personas tenemos la capacidad de persuadirnos fácilmente de aquello que contraría nuestros gustos.

 

 Pero la epidemiología no deja de registrar el impacto y costo social de las conductas de riesgo: más del 98% de los casos de SIDA son por transmisión sexual, asociados a promiscuidad, también en el uso de jeringas entre drogadictos. El resto, menos del 2%, son por casos raros en transfusiones, accidentes en cirugía, odontología, laboratorio, etc.

Para los doctores en Medicina, con estudios de postgrado en Biología y en Genética y, lo que es más importante, con una práctica profesional en Bio-tecnologías precisamente en la producción estéril (libre de virus) de medios de cultivo para células, es doloroso informarle a la gente desprevenida que:

La tasa de “protección” o de “seguridad” del condón que aparece en la publicación de “Profamilia” en Colombia del 85% es la misma que publica mundialmente el Population Council y, se calcula sobre la base de impedir el embarazo: de 100 parejas que lo usan en un año, solo 85 evitan el embarazo, pero para 15 no funciona, falla. Y las causales son aplicables a todo tipo de usuario con diversos fines.

Además, el embarazo (que no es una enfermedad) es el resultado de que pasó un espermatozoide del varón y llegó al óvulo en la mujer. En el caso del SIDA, no se trata de un espermatozoide sino un virus (VIH), QUE ES MUCHÍSIMO MÁS PEQUEÑO QUE EL ESPERMATOZOIDE. El espermatozoide mide máximo 0,5 micras de ancho, mientras que el virus VIH (SIDA) mide apenas 100 NANOmicras: es 500 veces más pequeño. Por donde pasa un espermatozoide (condón, etc.) pasa mucho más fácil un virus VIH del SIDA.

Además, para que un espermatozoide llegue a un óvulo se necesita que coincida un acto sexual con la ovulación, que solo ocurre UNA VEZ AL MES. En cambio, los actos sexuales potencialmente transmisores de enfermedades son más de uno al mes y, no tienen que coincidir con nada.

El SIDA es una enfermedad muy dramática, costosa, estigmatizante y por lo general mortal. Hay unos pocos casos raros (menos de 0,5%) de menor susceptibilidad genética.

CONCLUSIÓN: El mismo condón que falla el 15% para el caso del embaraza, falla mucho más del 15% para lo que no es embarazo, como las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), incluyendo el VIH-SIDA.

PREGUNTA: ¿Han visto alguna valla del Ministerio, o de la Secretaría de Salud, o propaganda de televisión que informe sobre esto? Eso viola el texto de la Constitución sobre el derecho a la información. Y también viola la legislación colombiana sobre los Derechos del Paciente.

CONSECUENCIA: Toda persona que halla sido perjudicada por esta “omisión”, “ocultamiento” –que no ingnorancia-, podría presentar acciones legales reclamando que se les informe y, además exigir legalmente o demandar al estado -y los funcionarios respectivos- para ser indemnizada en lo que corresponda. Es decir, la quiebra del sistema de salud, IPSs, EPSs, etc.

 

Trabajemos por la libertad y autonomía -de todos y cada uno- de los ciudadanos. Y que la ley promueva la Salud Social: que nos proteja de los multimillonarios sobre-costos hospitalarios e inviabilidad pensional asociados a los gustos, subjetividades y sensibilidades particulares.

 

Resumen (Traducido al Castellano de la obra científica del Dr. Jerry Bergman)

La homosexualidad envuelve un amplio rango de comportamientos con causas complejas, incluyendo biológicas, sociales, ambientales, psicológicas y morales. El que una persona adopte ese estilo de vida depende de la interacción total entre esos factores. En alguna persona la causa principal puede ser hormonal, social en alguna, y moral en otras. La concatenación es tan importante que, como una síntesis de este asunto se ha anotado que incluso cuando,‘… algunos investigadores encuentren “el gen” en cuestión y se vuelva posible un test genético prenatal, tal test ofrecerá poco más que un dato sugestivo acerca de la futura orientación o preferencia sexual de del feto. “Nunca habrá un test que diga si un niño será gay. Eso lo sabemos con certeza.”…’ (Holmes, B., Gay gene test New Scientist, Vol 141 No.1915

La investigación que indica que los factores biológicos están envueltos en la homosexualidad no concluye que la biología es el destino, solamente que ciertos factores anormales, genéticos y ambientales, hacen parte del espectro y pueden parcialmente influir en el desarrollo de la eventual respuesta sexual, aparte de la toma de decisión sobre los actos y preferencias de la persona, o de sus gustos y sensibilidades subjetivas.

Para responder apropiadamente ante el comportamiento homosexual, hay que comprender las causas. Entonces la respuesta a tal comportamiento variará de acuerdo con los factores involucrados. Una comprensión de esto ayudará a manejar tanto los factores patológicos biológicos como los ambientales. La conciencia pública de los factores ambientales influirá en las prácticas de crianza infantiles y la política social; y la conciencia de los factores biológicos promoverá el desarrollo de tratamientos médicos o farmacológicos, así como un entendimien-to más comprensivo de los factores involucrados.

 

 

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¡Holocausto!

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Febrero 22, 2009

La palabra «holocausto» se usa especialmente entre los israelitas para designar el sacrificio en que se quemaba toda la víctima y, especialmente, la muerte de más de seis millones de ellos en la segunda guerra mundial. Pero en el Diccionario aparece también como «Gran matanza de seres humanos».

 

Y eso es lo que está sucediendo: desde que se inició el sida hasta el comienzo del milenio, según la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, han muerto 21,8 millones de seres humanos.

 

Pero el Instituto Internacional para la Salud de la Familia informa que en los últimos veinte años cerca de 65 millones de personas han adquirido el sida, han muerto 25 millones y aproximadamente 40 millones son portadores. Como se deduce, ya son más de cuatro veces los judíos muertos de la segunda guerra mundial.

 

La misma institución acaba de informar que, solo en África, hay unos 12 millones de huérfanos por el sida.

 

La Organización Mundial de la Salud y el British Journal acaban de comunicar al mundo que solamente en el año 2001 hubo 3 millones de muertos, de los cuales 580.000 son menores de 15 años.

 

Y es que el sida no es una epidemia, es una pandemia, ya que se ha extendido a  todo el mundo: cada día mueren 8.219 personas y se infectan 14.000. ¡Y ninguno de ellos pensó que le llegaría el turno!

 

Pero, ¿qué pasó con el condón? Según las estadísticas, no está dando resultado. Ya hace tiempo, el doctor Sgreccia, en sus «Actas de la IV Conferencia Internacional sobre Sida», había advertido a la comunidad sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide y, por lo tanto, el uso del preservativo aumenta el porcentaje de transmisión; lo prueban hoy las estadísticas.

 

Los resultados de las campañas masivas del uso del condón se están viendo hoy con este espeluznante holocausto: nunca se había visto tanta mortandad ni tanta morbilidad: ni la peste del siglo XIV ni las guerras alcanzaron tales dimensiones…

 

Solo hay un camino realmente eficaz, propuesto desde hace varios años: «La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección» (EB 89. R 19, del 28 de enero de 1992).

 

¡Se está acabando el tiempo! Llegará un día en que quedarán sobre la tierra solamente los castos y los fieles. Y la naturaleza habrá hecho su limpieza.

   

 

 

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Errores en la educación sexual

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Febrero 9, 2009

 

¡Cuántas veces se ha oído de los padres la queja de que ellos no fueron entrenados para educar a sus hijos! Y así es efectivamente. Son muchos los errores que se cometen, y en verdad duelen, porque un yerro cometido contra uno mismo se puede rectificar, pero uno que va a dañar a los seres que más se quiere ataca constantemente la conciencia. Más aún sabiendo que ellos están en proceso de crecimiento personal y que cada error puede significar algo que se perpetúe para toda su vida.

 

A. El conflicto generacional

Frecuentemente se encuentran padres que dicen tener dificultades en la educación de sus hijos, ya que, según ellos, existe un conflicto generacional que significa, a grandes rasgos, que las dos generaciones tienen muchas diferencias (las cuales parecen irreconciliables), que por eso el diálogo es casi imposible y que “en nuestra época no se veían esos desmanes juveniles”.

Estas afirmaciones no están lejos de la verdad. Pero no se trata ahora de hallar al culpable. Ya sabemos que los muchachos pasan por una época difícil, pues su organismo se está adecuando a las hormonas y a una cantidad inmencionable de novedades psicoemocionales. Además de eso, ya que las preguntas trascendentales —de dónde vengo, para dónde voy, qué hago en esta tierra, etc.— afloran para estos días en sus mentes, el hecho de ver el mundo en tan malas condiciones les hace pensar que la(s) generación(es) anterior(es) es(son) la(s) causantes de ese fracaso y, lo más sorprendente (para los padres), que ellos ahora sí tienen la solución.

Como los padres ya pasaron esas etapas, muy a menudo desprecian sus ideas o las escuchan dándoles poca importancia, máxime si se trata de un padre al cual la vida de trabajo y el apremio por la consecución del sostén diario no lo “dejaron” seguir pensando en las respuestas correctas a esas trascendentales preguntas.

Conviene entonces buscar los aspectos en los cuales pueden cambiar los padres —al fin y al cabo son más maduros y pueden hacerlo— para ayudar a que ese choque sea menos fuerte o, de ser posible, no exista.

El primero de ellos es que solemos olvidar que, de jóvenes, tuvimos nuestro propio conflicto generacional: recordémoslo para refrescar que, guardadas las proporciones de la época y de las costumbres reinantes, también produjo desasosiego en nuestros padres: cuando éramos jóvenes fuimos también rebeldes -¡como nuestros hijos!- y tuvimos pensamientos similares. La mayoría de las veces no hay mucha diferencia, no nos sigamos engañando. Es una disculpa, casi siempre, creer que “nunca llegamos a esos extremos”: ¿No fueron estas u otras parecidas, alguna vez, las palabras de nuestros progenitores, aun cuando se hablara de nuestro hermano rebelde o de los primos o de los vecinos…? Hoy ¡por fortuna! Es más fácil que un joven se exprese libremente, que diga lo que siente, ya que eso abre las puertas del diálogo si se sabe aprovechar la circunstancia.

Entonces, lo primero que debe hacer un padre es aceptar el conflicto, no tenerle miedo y buscar un medio para la comunicación.

Lo segundo que puede ayudar es adaptarse a los tiempos: cada generación, en promedio, dura veinticinco o treinta años. Esto significa que cada siglo hay aproximadamente tres o cuatro generaciones: ¿cuántas diferencias no habrá cada vez? No es para menos. El sólo hecho de que haya nueva tecnología y adelantos científicos crea nuevas costumbres, nuevos modos de ver la vida…

Por otro lado, si se analizan las generaciones, se verá que todo viene y todo vuelve: muchas veces aquellos aspectos contra los cuales lucharon nuestros abuelos son ahora repudiados por nuestros hijos. Las banderas que nosotros enarbolamos para nuestra lucha generacional serán desempolvadas por nuestros nietos para vencer a los supuestos “enemigos” del mundo. Es que en muchos aspectos cada generación joven piensa siempre que el camino adecuado es el contrario al llevado por sus antecesores.

También es bueno que los padres sepan que las maneras de vestir, peinarse, crear y oír música, caminar y en algunos casos de comportarse… son accidentales. Lo trascendental, lo que durará para siempre, será lo que hayamos sembrado con nuestro ejemplo y con nuestra palabra en sus años más mozos hasta la pubertad y, más que en ninguna otra etapa, en los cinco primeros años: cuando hayan terminado sus estudios universitarios, cuando lleguen a la edad adulta, cuando se casen y formen un nuevo hogar, y especialmente cuando tengan hijos, florecerán todas esas plantas que la vida desarrolló en ellos de las semillas que sus progenitores dejaron. Y si los padres llegaran a faltar, esos recuerdos les llegarán tan profundos que los impulsarán más a ser iguales en la moral y en los valores fundamentales.

El tercer punto, y quizá donde hay más fallas por parte de los padres, es la falta de verdadera amistad y de unión real con el hijo: compartir sus ilusiones y desilusiones, sus triunfos y sus fracasos, sus alegrías y sus tristezas, sus luchas, sus intereses… ¡su vida! Esto es lo que más une y, por tanto, lo que menos conflicto generacional crea. ¡Si al menos se les pusiera la misma atención que a nuestros amigos, vecinos, familiares y conocidos, cuánto habríamos ganado!

Pero eso es necesario ponerlo en práctica desde la niñez.

Cada vez que a cada “Papá” contestamos “Ahora no, hijo…”, debemos hacer de cuenta que pusimos un ladrillo entre él y nosotros. El peligro es que un día los ladrillos no nos dejarán verlo.

En este contexto adquiere relevancia aceptar que el muchacho o la muchacha crecieron: ese es el cuarto punto en que podemos mejorar. En el plano psicológico, durante la adolescencia se presenta una evolución que, a menudo, resulta problemática: aparecen los primeros deseos de independencia y libertad no siempre comprendidos por los padres quienes a veces se resisten a aceptar que su hijo ha dejado de ser un niño. El adolescente busca entonces su seguridad en un grupo formado por personas que están atravesando la misma etapa. Paralelamente descubre la belleza de su propio cuerpo y empieza a interesarse por el sexo opuesto. Muchos adolescentes adoptan una conducta impasible y conformista en unas ocasiones, mientras que en otras se muestran violentos y contestatarios, sin estabilizarse hasta que alcanzan la edad adulta.

El quinto aspecto es la comprensión: la disminución del rendimiento académico, por ejemplo, es, siempre que no se prolongue, un paso normal en la evolución psicológica del adolescente. Todo muchacho, a medida que va dejando atrás la infancia, se ve asaltado por una serie de vivencias nuevas que, con frecuencia, desenfocan los objetivos que hasta entonces tenía marcados. Es lógico que los estudios se resistan en alguna medida, ya que para el adolescente tiene mayor interés la amiga que conoció en la última fiesta, o la excursión que piensa hacer el próximo domingo, que la escuela y los libros. Es aconsejable que los padres que se enfrentan con este problema adopten una actitud comprensiva —aunque no permisiva— y procuren conocer las preocupaciones e intereses de su hijo.

Por último, aunque ya se habló de ello en el capítulo precedente, no juzgue a sus hijos nunca: si lo hace, sepa que ha puesto entre diez y cien ladrillos entre él y Ud.

Desde el comienzo, juzgue, si conviene para su formación, sus actuaciones, no su ser: él nunca es malo, a lo sumo, está equivocado.

 

B. La abstracción

Algo que quizá no sepan muchos padres, o que se les olvida, es que la mujer puede hacer más fácilmente abstracción psicológica, mientras que al hombre le es más asequible la intelectual.

Eso significa, en palabras más sencillas, que la mujer es mucho más delicada —tiene mejor “tacto”— para percibir el aspecto psicológico: si, por ejemplo, se cuenta una historia sobre un accidente de aviación, automovilismo o acerca de un tren descarrilado, estará más propensa a “sentir” el dolor de los ocupantes, de los parientes de las víctimas o la angustia de quienes se salvaron heridos, aun cuando se trate de extraños… Es por eso que algunos afirman que la mujer “tiene mejores sentimientos”.

Realmente no es así. No es que uno sea mejor que otro, sino que cada uno tiene las peculiaridades propias de su ser.

Y si el hombre la comprende y ella hace lo propio con él, habrá mayor compenetración.

Así mismo, el hombre abstrae más cómodamente las cosas intelectuales: es frecuente encontrar en las pruebas psicológicas una atracción preponderante en ellos por la forma como funciona una máquina, mientras que a la mujer poco le importa esto, le basta saber para qué sirve, cómo se usa y que funcione.

Otra vez, aunque suene repetitivo, debe comprenderse que esto no hace mejor al hombre que a la mujer: son formas características de cada sexo en el aspecto psicológico. El hecho de que la ciencia y la tecnología cautiven a más hombres no es sólo causado por el aspecto cultural, y si hay hombres que no demuestran sentimientos tan refinados y delicados, o no los tienen, obedece esto en parte de su masculinidad, aunque la educación o el ambiente cultural influyan también.

Esto no puede llevar a afirmar que un hombre delicado y refinado sea menos masculino o que una mujer con tendencias y aptitudes científicas o filosóficas sea menos femenina, sino que, en términos generales, las estadísticas (con excepciones que siempre confirman la regla) muestran características frecuentes en determinado sexo, que no lo definen nunca.

Tampoco se debe comparar: somos distintos, no malos o buenos (o malas o buenas). Por fortuna, todos tenemos defectos y cualidades. Comparar o compararnos dejará siempre la sensación de que hay seres humanos de diferente categoría, con lo cual, el valor de la dignidad humana estaría siempre en entredicho y tanto el alabado como el denigrado empezarán a sustentar su estabilidad psicológica en algo accidental, en algo superficial. En estas condiciones no se tendrá la capacidad de respetar a los demás y nunca habrá paz.

Pasando todos estos pensamientos a la educación de los hijos, los padres deberían pensar unos segundos, antes de cada frase, con quién están hablando: ¿es con una niña o una adolescente? ¡Cuánto le ayudará, especialmente si conoce bien a su hija, recordar lo de la abstracción psicológica! ¿Se trata de un muchacho? A probar su habilidad para racionalizar con él y para adaptarse a su propia psicología. Sonará tonto decirlo —pero qué frecuente es no tenerlo en cuenta— que al padre le resulta más difícil “llegar” a su hija y a la madre “tocar en lo más íntimo” a su hijo varón.

De ahí se desprende la máxima —tan desvalorizada hoy— pero que tanta falta hace a las familias: el mejor amigo de un niño es su papá, y la mejor amiga de una niña será siempre su mamá; sólo así será posible que el mejor amigo de un adolescente sea el padre de su mismo sexo, para que el proceso de la educación sexual tenga todas las facilidades.

 

C. La dignidad de la mujer

El machismo, propiciado por ambos sexos, ha vipilendiado a la mujer hasta el extremo de usarla como medio de propaganda, ya que al no poder desmembrarla para usar únicamente su cuerpo, se la está utilizando toda ella.

Esto debe acabar.

Es imprescindible iniciar una lucha por formar hacia la dignidad, especialmente la dignidad de la mujer: si la mujer está demeritada, la sociedad estará enferma; si la mujer está prostituida, la sociedad estará destruida; si la mujer se ha dignificado, la sociedad resurgirá, porque su moral se engrandecerá y esas características femeninas reverdecerán el ámbito donde se desenvuelve, haciéndolo más digno.

No sólo el valor de la mujer está minado: lo está también el valor de las madres.

Por su fortaleza, la madre es muchas veces el centro de la agresividad de todos los miembros de la familia, incluido el esposo, y las tensiones externas suelen proyectarse sobre ella. El padre, por el contrario acostumbra a inspirar más respeto y su autoridad se hace notar, en rasgos generales, más que la de la madre.

Debe favorecerse el cambio:

Lo primero que hay que preguntar es cuánto de culpabilidad tiene la misma mujer.

Ya se había dejado postulado cómo un hombre comienza a encapricharse con el cuerpo de su mujer, cómo favorece la mujer este gran error, cómo esa costumbre está tan arraigada en las sociedades más machistas y cómo se la debe combatir.

Pero a eso debe agregarse que todas las frases (generalmente dichas sin cuidado) que aceptan en sí mismas tácitamente el machismo, lo favorecerán.

Si salen de los labios del padre son malas, pero dichas por la mamá son casi un dogma; y la peor de todas estas es la que a veces dicen a sus hijas: “cuando seas grande debes ser igual al hombre, debes luchar para estar a su altura”. Sorprende, ¿no? Parece más bien una frase antimachista, pero no es así, puesto que sienta el precedente de que la mujer está en un plano inferior.

¿Cuándo se hará consciente la mujer de que su valor y su dignidad son casi infinitos?

Acabamos de decir que no se deben comparar el hombre y la mujer. Pero, ¿y si lo hiciésemos…?

¿Tiene el hombre la potestad de engendrar? ¿lo dotó la naturaleza para darle vida a su hijo durante nueve meses? ¿puede amamantarlo?… Conclusión rápida: la mujer es más que el hombre, desde el punto de vista biológico.

¿Suele tener el hombre la ternura que tienen las madres para cuidarlo? ¿su delicadeza? ¿su fineza por el detalle? ¿su fortaleza para dar? ¿soporta tanto como ella las incomodidades?… Psicológicamente la mujer también es más.

Es un yerro comparar, pero así se ve más claramente el error garrafal del concepto que de sí misma tiene la mujer cuando piensa que es menos que el hombre. Trabajando a su lado, siendo tan profesional como él (o mejor), ganando aun más que él, superándolo en los puestos de trabajo, en la calidad y en la cantidad de su labor… ¡está poniéndose a su altura, que es menor!

Ya era mejor. ¿Por qué descender?

Lo prueban los gerentes de las empresas: sus mejores empleados son mujeres, y más si han sido abandonadas por sus esposos, con sus hijos, obviamente. A propósito: ¿por qué casi nunca el padre se queda con los hijos? ¿por qué casi nunca lucha por encargarse de ellos? No siempre es porque los ame menos, es muy frecuente que sea a causa de su cobardía; en la mayoría de los casos ella, la mujer, que es la valiente, se encargará y los sacará adelante.

¡Cuánta falta hace que la mujer se persuada de que su valor es inconmensurable, casi infinito, tanto en la familia y con respecto a la educación de los hijos.

Y si se es madre, mucho más: ellas creen que no hacen nada siendo madres. ¡Cómo se nota cuando están ausentes! Algunas veces los descuidan para darles cosas materiales y luego se los encuentra por ahí, dando tumbos, queriendo sólo ganar dinero, poder, honra, placer, bienes materiales… sin nada en el interior…

La crisis de la sociedad es una crisis de madres: sólo con ellas se puede dar una educación integral a los hijos, sólo con ellas se formarán buenos ciudadanos, sólo con ellas habrá hijos felices que hagan el bien a sus semejantes, sólo con madres que dan amor —realidad que sí nos diferencia de los animales— se cambiará al mundo.

Pero para eso hace falta tiempo. Tiempo para sus hijos. A veces es necesario ayudar al esposo con las cargas económicas del hogar, pero en otras ocasiones, el bienestar material se pone por encima del bienestar psicoemocional, o mejor, integral de los hijos. A veces una supuesta “realización personal” (no hay mejor realización que ser madre) deja huérfanos de tiempo. A veces, las metas materiales de las madres dejan el vacío de lo más importante para un niño: el amor.

Algunos y algunas se engañan diciéndose que es más importante la calidad del tiempo que se les dedica que la cantidad. Y ellos la necesitan (perdón la redundancia) cuando ellos la necesitan, no cuando ellas “pueden” darles ese tiempo. Cuando el niño regresa del jardín infantil o del colegio, cuando hacen sus tareas escolares, cuando juegan con sus amigos (¿cómo se sabrá qué clase de amiguitos tiene nuestro hijo?), cuando tienen percances o accidentes, cuando, al ir creciendo, se sientan solos o tristes, cuando incluso su padre haya sido un poco duro con ellos…, en fin, siempre que se es hijo, se está creciendo y se puede tener una madre, se la debe tener.

Tener hijos con la intención clara de que no van a tener una madre a su lado es injusto e ilógico: nadie puede suplir a las madres; ni la abuela, ni la tía, ni el mismo esposo (los hombres somos menos cuando estamos solos que ellas sin nosotros), ni mucho menos, por supuesto, “la mejor empleada del mundo”.

¡No hay hombre que pueda tanto como una madre! ¡En sus manos está la resurrección del mundo! ¡Si quisieran salvarnos…!

Hasta ahora nos hemos referido a la actitud de la mujer. Además de ese cambio interior de ella, es imperante que el hombre cambie también: no es imposible, como acabamos de ver, pero sí muy difícil la labor de la mujer en el hogar sin el apoyo, la valoración y la comprensión de su esposo.

Apoyo en todo. La disculpa de llegar cansado del trabajo merece la misma reprobación que se dio a las mujeres que ponen su “realización profesional” o el dinero extra por encima de la educación de los hijos: ¿para qué tener un hijo, si no se le va a terminar de formar con la educación paterna que completa el ciclo? Sólo algunos animales terminan su tarea reproductora con el parto, como vimos anteriormente. O se tiene responsabilidad completa para formarlos, o se piensa mejor si se desean hijos. Apoyo en las tareas educativas y en las del hogar.

Valoración de la mujer y valoración del trabajo de la mujer: que ella sienta siempre que está haciendo lo mejor que puede hacer por su familia, que siempre haya agradecimiento por parte de su esposo (y con ese ejemplo, también de los hijos), no solamente por el esfuerzo que implica la labor educativa, sino por todo lo demás: la comida, el orden y el aseo, el cuidado de la ropa, de los objetos de decoración, etc. Que las palabras de su esposo la hagan sentir constantemente orgullosa de sus realizaciones en pro del hogar entero… esa, para ellas, es la mejor retribución y es lo mínimo que ellos deben hacer.

Y, por último, comprensión: ese ejemplo constante de amor que dan las madres trabajando en el hogar es sacrificio y las cansa. Y un hombre que sabe amar sabrá también comprender que si está un poco susceptible, es porque los muchachos le dieron mucho que hacer o la preocuparon, porque la labor del hogar —muchas veces solitaria— es muy monótona o porque antes de la menstruación o durante el embarazo sus hormonas la hacen más susceptible.

Ya se puede deducir el beneficio que representarán actitudes maternas y paternales como las que se acaban de describir: madres que saben lo que valen y padres que también se percatan de ello y que lo valoran. Dejarán una huella indeleble en el cerebro y en el corazón de sus hijos y de sus hijas, que irán haciendo de la célula de la sociedad —la familia— un nido de amor y de ejemplo para todos.

“Poco a poco, y con el trabajo silencioso de cada persona individual y el testimonio valiente de parejas y familias que viven la alegría de una experiencia de amor generoso y abierto a la vida se va construyendo una humanidad nueva”, presagio de alegría, paz y felicidad para nuestros hijos.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El uso del condón y el sida

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Febrero 1, 2009

 

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que las políticas gubernamentales, en Colombia, quieren olvidar los dos primeros puntos, ya que, sistemáticamente erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz [...] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, debe tenerse en cuenta la información recopilada por el doctor Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de julio–septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%.

Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El doctor Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre Sida, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Esto sucede porque en las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es muy grande: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y en la de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección.

Si se considera que las mucosas del ano y del recto están completamente exentas de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que el porcentaje de excoriaciones es mucho mayor en las relaciones homosexuales entre hombres, o en las de pareja, cuando la relación es anal.

Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%). (Sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos).

Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89). (R 19, del 28 de enero de 1992.)

 

El gobierno está creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de una propaganda de televisión, máxime si tiene el aval del Ministerio de Salud, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestara afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

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El por qué de los trastornos de la sexualidad

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en Enero 23, 2009

 

Uno de los aspectos más importantes de la sexualidad es el comportamiento. Las relaciones interpersonales entre seres de distinto sexo son diferentes a las que hay entre quienes tienen el mismo. Sexo significa división, sección, “mitad en busca de otra mitad”; y esto es, precisamente, lo que hace la diferencia. La persona del otro sexo es, potencialmente, el complemento.

En esa búsqueda por el complemento, se encuentra una cantidad asombrosa de errores, producto de la mala comprensión de la sexualidad.

 

El machismo

En ese contexto, sobresale, por su incidencia en el mundo entero y por la cantidad de daños que produce en la relación de pareja, el machismo.

El machismo sería difícil de definir si no se tuviesen claros los conceptos de sexualidad y de dignidad, más especialmente la de la mujer. El Diccionario de la Lengua Española define al machismo como la actitud de prepotencia en los varones respecto de las mujeres.

Son características de la forma de pensar del machista las siguientes:

Ø  Ella debe ser quien lo complace en todo, incluidos los comportamientos genitales.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien se encarga del aseo, orden y buen funcionamiento de la casa; si él lo hace no será suficientemente “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien atienda las necesidades de los hijos (pañales, teteros, comida, aseo, ropa, baño, colegio, estudios, diversiones, tiempo de esparcimiento…); así mismo, si él lo hace no se sentirá “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien cocine o dirija a la empleada en esos menesteres.

Ø  Él, y sólo él, tiene derecho a estar cansado.

Ø  Ella debe ser quien debe comprender todo, aun el mal comportamiento de su marido.

Ø  Ella debe esperar que su marido llegue de las fiestas y diversiones con sus amigos y amigas, y no participar de ellas.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien debe comportarse bien. Al “macho” se le permiten y se le perdonan todos sus errores.

Ø  Él puede llegar tarde, e incluso, borracho.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser fiel.

Ø  Ella no tiene derecho a trabajar ni a tener dinero.

Ø  Ella no tiene derecho a estudiar.

Ø  Si los dos trabajan, ella debe llegar a la casa a encargarse del hogar, de los hijos y de su esposo, mientras él llega a descansar.

Ø  En lo genital él tiene siempre la iniciativa; si ella intenta algo, el marido la considerará indigna y hasta “prostituta”.

Ø  Si el esposo no “se satisface” en lo genital, puede buscar otra mujer. Por eso ella debe lograr su “satisfacción” (la del marido) y nunca pensar en la propia.

Ø  Él tiene siempre el orgasmo, aunque ella no lo consiga.

Ø  La fuerza a tener relaciones genitales durante la menstruación, durante el embarazo o en un estado de depresión, independientemente de si a ella no le gusta o, simplemente, si no lo desea en ese momento.

Una sola cualquiera de estas actitudes es machista.

Aquí caben muchas otras maneras de pensar y actitudes propias del machismo, pero todo esto se puede resumir así:

El no la valora como ser humano, como mujer, sino como un objeto de placer y de comodidad. De ahí se desprende, para él, la bondad o maldad de una mujer: si le brinda placer y bienestar, es buena, si no, no.

Lo peligroso de estas actitudes es que pueden irse incrementando —y de hecho lo hacen— hasta propiciar el maltrato psicológico y hasta físico, incluyendo los golpes deformadores y hasta fatales.

Más aún, se puede llegar a extremos como el de la extirpación del clítoris de las recién nacidas para “eliminar” en ellas el placer —como sucede en algunas tribus africanas— o, más conocido, al de la poligamia, donde la mujer es solo una más, a quien le corresponde determinado turno.

Es fácil y obvio concluir que todo machismo es simplemente egoísmo —disfrazado o no— que hace del hombre un ser sin dignidad. Parecido es el significado de algunas acepciones de la palabra “macho”: hombre necio o animal irracional de sexo masculino.

 

La mojigatería

La mojigatería es la exagerada escrupulosidad en el proceder, más específicamente aplicada en estas líneas, a considerar todo lo genital pecaminoso.

Para una mejor comprensión de este vocablo en su acepción sexual, puede servir como ejemplo la actitud de un escolar que pedía a sus compañeros que lo golpearan con correas para excitarse y así poder masturbarse. Luego de las pesquisas psicológicas pertinentes, se descubrió que la madre, cuando se enteró de que su hijo tuvo la primera eyaculación nocturna, acto completamente fisiológico y, por tanto, normal, lo “castigó” dándole muchos golpes con una correa. Y esto se repitió hasta que el muchacho asoció el dolor con placer sexual.

Fuera de este real ejemplo, son muchos los errores en la concepción de las conductas sexuales por parte de quienes tienen actitudes mojigatas.

 

El hedonismo

Pero además del machismo y la mojigatería, otra enfermedad se cierne sobre el mundo, para agravar aún más el daño sobre los comportamientos sexuales:

La televisión, el cine, la prensa escrita, la radio, etc. aceptan las propagandas encaminadas a promocionar los productos que venden sus patrocinadores, y con mucha frecuencia no tienen cuidado en elegir las que mejoren la dignidad humana o las que propendan a un bienestar familiar y social, sino que escogen las que mayor aporte económico les produce.

Es así como aparece veladamente el hedonismo, doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Muchos mensajes comerciales adolecen de esa falla: en forma subliminal van dejando en los televidentes, lectores, oyentes y cinéfilos la idea de que la felicidad es todo lo que produce placer, comodidad, diversión… y erigen al dinero y al poder (que pueden conseguir todo esto) como los fines del hombre de hoy. De hecho casi todas las propagandas de la televisión o del cine son realizadas por actores jóvenes, “triunfadores” (tener dinero y el reconocimiento de los demás), atléticos, bien parecidos y con cuerpos esculturales; es muy raro el comercial que presenta ancianos o personas poco atractivas, y más raro aún, el que habla de seres fracasados. Por eso, en ellos, reiteradamente la mujer —con su cuerpo— “incita” a comprar todo tipo de artículos o servicios. A veces semidesnuda, otras sin ropa, pero siempre insinuante, este ser humano, en quien habita la potestad de la maternidad, se convierte simplemente en un medio para hacer propaganda, sin el cuidado de su dignidad; su valor intrínseco queda herido, propiciando el machismo, del que ya se vio su injusticia y su capacidad destructiva.

Casi todos los medios de comunicación se han convertido, en lo que se refiere a estos aspectos, en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico hasta hacer dañar el orden de la naturaleza. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho, haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, y fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas.

Así, será entonces muy fácil el florecimiento del machismo.

El siguiente relato -verídico- puede dar una muestra aproximada de las más frecuentes quejas por parte de las mujeres:

“Doctor: quiero contarle que me siento muy mal. Mi esposo es bueno, creo que es fiel y aporta el dinero necesario para el hogar. Pero no sé qué pasa: si yo coloco unas flores en el florero, si ordeno la sala de un modo diferente al usual, si me arreglo el cabello o si compro un nuevo vestido y me lo pongo para recibirlo en la casa, él no lo nota. Frecuentemente intento comunicarme con él preguntándole cómo le va en el trabajo y me contesta con monosílabos o me dice que bien. Cuando quiero comentarle algo acerca de nuestros hijos, de la familia, de mis amigas, no me pone atención o se muestra indiferente. Yo me casé con la ilusión de compartir toda la vida con un ser que amaba mucho y ahora me siento muy triste. En los únicos momentos en que se muestra cariñoso es cuando quiere tener relaciones íntimas. Pero eso me está cansando… ya no siento lo mismo que antes. Mejor dicho… ya no siento nada”.

El autor de estas letras ha oído innumerables veces relatos casi idénticos de parte de mujeres que sufren mucho y ya casi sin esperanzas, que se preguntan dónde está la falla o qué causó semejante “cambio” de actitud por parte del marido.

Una causa muy común es la siguiente: teniendo en cuenta la sobreestimulación en la que vive el hombre de hoy, si una muchacha pretende conquistar a un joven a través de incitaciones hacia lo genital, (como por ejemplo, usando minifaldas altas, pantalones ajustados a su cuerpo, escotes que dejan ver parte de las mamas, etc.), lo inducirá indirectamente a que se sienta atraído hacia eso, no hacia ella. Después será más difícil que, una vez casados, ella pretenda mutar los sentimientos de su esposo por otros aspectos —igual o más importantes en la relación de pareja—, como el psicológico y el espiritual. Es necesario entonces que la hermosa y femenina coquetería sea siempre dirigida por la perspicacia, el ingenio propio de las mujeres, para que el hombre la mire a los ojos, a su alma, y así se enamore de ella y no de su cuerpo; o peor, de una parte de su cuerpo, como suele suceder.