Saber vivir

Falta mucha autoestima

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

Numerosos psicólogos fueron haciendo sus presentaciones magistrales en un congreso, explicando la altísima incidencia de la baja autoestima en nuestro país, como causa de muchos de nuestros males y, basados en sus estadísticas, mostraron a los asistentes, uno a uno, los orígenes de ese padecimiento.

El primero destacó, entre las causas principales, la que ya conocíamos todos: una ausencia de amor en el hogar, especialmente por parte del padre. Efectivamente, un poco más del ochenta por ciento de los padecimientos psicológicos se producen cuando el padre no tiene contacto con sus hijos e hijas: abrazos, caricias, besos paternales, otras demostraciones de cariño, aprecio por lo que hacen, etc. Adicionó en su exposición que «contacto» es una palabra que se divide en dos: «con» y «tacto», y que esto, lejos de propiciar la homosexualidad de los hijos varones, los aleja de ese peligro, ya que no crecen con esa carencia de afecto paterno ni de figura masculina, las cuales sí inducen a reemplazar al papá que no se tuvo con otro hombre que probablemente estaba en sus mismas condiciones…

Otro investigador disertó profundamente sobre la «educación» que dan los medios de comunicación (especialmente la televisión) a los niños y a los jóvenes: los estereotipos de hombres galanes y mujeres esbeltas están, en la mayoría de los casos, alejadísimos de la realidad nacional, como también está el nivel de vida de los «héroes» protagonistas de las películas: sus posesiones, su habilidad, su suerte y la fama que siempre los rodea. En estas condiciones —decía— es imposible que el público televidente vea viables esas «metas», y su frustración alcanzará niveles altos y duraderos en sus mentes y en sus vidas, haciendo de ellos seres pusilánimes que se consideran a sí mismos incapaces de lograr los anhelos que tengan…

Un conferenciante latinoamericano explicó la incidencia de la educación que se da en los hogares de nuestros países: con más frecuencia de lo que pensamos, la mujer es considerada un objeto de placer sexual, una muchacha del servicio doméstico, una niñera o, si trabaja, una simple productora de dinero; en segundo lugar, los niños nacen, casi siempre, para que los esposos logren el anhelo de ser padres, no para ser amados, lo que significaría que sus padres dedicarían todos sus esfuerzos para hacerlos felices, no a «realizarse» como padres o únicamente para darles cosas materiales, como ahora se ve; en tercer lugar, lo que ahora los padres promueven más con sus palabras es que las personas valen por la fortuna económica que posean: «a fulano le ha ido muy bien, ya tiene casa, finca, dos buenos carros, viaja con frecuencia…». Todo esto anula —según este psicólogo— el valor intrínseco de la persona humana, y lo reduce a la altura de una cosa útil o inútil, de manera que ya no posee autoestima si no «produce» cosas materiales…

Y —agregó— a los niños no se les presta la atención debida; no se les dedica el tiempo necesario para educarlos (dejan esa responsabilidad a los colegios); los padres no comparten con ellos los sentimientos, ni las dichas ni las desdichas, ni los triunfos ni los fracasos… «Ellos no entienden», suelen decir; muy pocos padres saben quiénes son los mejores amigos de sus hijos, cuáles son sus juegos preferidos, sus ilusiones, sus metas, sus proyectos…

Pero lo que realmente produjo estupor fue la participación del último orador: sus palabras fueron cortas pero incisivas y consistentes: «¿Podrá tener autoestima un niño que oye decir casi todos los días que no hay que tener tantos hijos, que hoy ya no se puede, que una familia de tres hijos es ya muy grande, que el mundo se está llenando y que ya no cabemos, que si seguimos así faltarán los alimentos, que hay que ser inteligentes y racionalizar los hijos…? Esos niños pensarán que son solamente estorbos.»

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