Saber vivir

¿Amor afectivo o amor efectivo?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 12, 2008

Cada ser humano tiene, basado primero en las circunstancias sociales en las que nació y creció, y también en las experiencias personales, una propia y casi exclusiva visión personal del amor verdadero.

Una vez que se enuncia la pregunta: “¿Qué es el amor?”, las respuestas son tan numerosas, y a veces tan dispares, que algunos han declinado en la lucha por lograr explicarlo.

Sin embargo, hay una luz:

Se ha afirmado que el amor de una madre es el amor más perfecto que existe y que los hijos nunca logran amar tanto a sus madres. Y así es efectivamente:

El amor materno es desinteresado y no busca recompensa.

Una madre es capaz de aguantar los mareos, vómitos y hasta desmayos del primer trimestre del embarazo producidos por el cambio hormonal; una madre es capaz de soportar el peso y las incomodidades de los últimos meses; una madre es capaz de sufrir los dolores del parto o aceptar la cesárea, si es necesaria. Todo a cambio de que su hijo nazca bien y sea sano.

Una madre es tan fuerte, que amamanta a su hijo, so pena de que le muerdan los pechos, muchas veces hasta que aparezcan grietas y aun cuando sangran; una madre es tan fuerte que se levanta todas las veces que considere necesario para verificar que su hijo está bien o para darle de comer; una madre es tan fuerte que le cambia los pañales cada vez que llora por la incomodidad que le produce la humedad, haciendo a un lado el asco de oler y/o untarse…

Si su hijo llega a enfermarse, no repara en gasto de tiempo, sueño, dinero, etc., para que ceda o desaparezca su malestar…

Más adelante, cuando su hijo crezca, lo seguirá amando con la misma fuerza y lo defenderá de los demás, si quieren dañarlo física o psicológicamente.

Y, aunque se comporte como un mal hijo, siempre lo perdonará, olvidará con facilidad las veces que la ofenda… lo disculpará ante los demás y hablará siempre muy bien de él…

Y, siempre, sin esperar nada a cambio. Sólo una madre puede ser ejemplo del amor verdadero.

Todo esto es entrega desinteresada. Todo esto es sacrificio. Todo esto es amor.

Por tanto, el amor verdadero se expresa con hechos: es pensar más en el ser amado que en uno mismo, es sacrificio de los propios egoísmos, de las metas personales, de las ilusiones propias, etc., en pro de la felicidad del otro.

Esto es amor efectivo.

Es frecuente, como se dijo líneas más arriba, que se defina al amor como un sentimiento: esa sensación de placer que se experimenta junto al ser amado, ese deseo de convivir con él, de compartirlo todo con él. Este es el amor afectivo.

Esta clase de “amor” es inmodificable: los sentimientos no se pueden mutar fácilmente. Es casi imposible que alguien ame afectivamente a quien ha matado a un ser querido.

Pero esta clase de amor es egoísta: busca el bienestar propio, no el del otro: te “amo” porque me produces satisfacción afectiva, psicológica, emocional…; y me la produces a mí (ego).

El amor verdadero —el efectivo— tiene como fin la felicidad del ser amado; en cambio, el “amor” afectivo (si a eso se le puede llamar amor) busca el bienestar del que ama, no del amado. Y esto es egoísmo, ¡precisamente lo contrario del amor!

Solo hay amor cuando es efectivo.

De hecho, cuando cuesta más es cuando es más verdadero.

Si amáramos porque así nos sentimos mejor, estaríamos haciendo un simple canje: yo te doy bienestar no para hacerte feliz, sino para complacerme en ello, para conseguir un beneficio personal: la satisfacción que deja el ser bondadoso.

A eso se le puede llamar filantropía, mas no amor.

En cambio, dar sin esperar nada a cambio es lo que más puede enriquecer al espíritu humano.

 

Tomado del libro:

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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