Saber vivir

¿Celos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2008

«Hay muchas clases de celos», es la afirmación más frecuente sobre este tema entre las señoras. Unas manifiestan que «si no se sienten celos no hay amor»; otras, que «eso es una enfermedad»; otras, que «es una debilidad»… Y todas tienen razón, unas más, otras menos: los celos consisten en la sospecha, la inquietud y el recelo de que la persona amada haya cambiado o cambie su amor, y ame a otro(a).

Pero los celos pueden nacer de causas reales o de causas imaginarias. Las sospechas y la desconfianza que causan esa inquietud, entonces, pueden aparecer cuando es evidente que la persona amada ya no nos quiere o cuando nos lo estamos imaginando.

Cuando nos lo estamos imaginando no hay nada qué hacer: él o ella nos sigue amando, aunque nosotros lo dudemos.

Y, ¿qué se puede hacer cuando es evidente que ya no nos quieren? Tampoco se puede hacer nada: esa persona simplemente no nos ama. Ni siquiera ella misma puede cambiar los sentimientos de su propio corazón.

Si un fulano le es infiel a su cónyuge, por ejemplo, es porque no la ama; la esposa puede hacer todo lo que quiera para cambiar ese sentimiento y nada logrará: ni siquiera él mismo puede hacerlo: él no la ama.

Es posible que un psicólogo le enseñe a valorar a la mujer de la que se está burlando, pero él simplemente no la ama. Es posible que un sacerdote le pueda ayudar a este hombre a comprender que está destruyendo un hogar y la salud psicológica de sus hijos, pero él sencillamente no la ama. Es posible que, por diversas circunstancias, ella pueda conquistarlo más adelante, pero hoy él no la ama. Es posible que algún día Dios convierta ese corazón, le dé capacidad para amar a su esposa y se inicie un matrimonio feliz, pero él, por ahora, ¡no la ama!

¿Qué sentido tiene, por lo tanto, celar al cónyuge? ¿Para qué tanto gasto de energía «cuidando» a la persona amada, por celos? Lo que está perdido, perdido está.

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