Saber vivir

¡Se dispara la infidelidad femenina!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

 

«Es que mi esposo me es infiel», «Necesitaba algo de cariño, me sentía muy sola», «Quería sentirme amada», «Mi pareja solo me busca por interés», «Mi vida era monótona hasta que lo hice: es una aventura maravillosa; me atrae vivir algo prohibido», «Hoy nadie es fiel»… Son todas respuestas dadas por muchas mujeres (cada vez más) que, sin saberlo su esposo, viven una «aventura» extramatrimonial.

¿Por qué algo que hasta hace poco casi solo se achacaba a los hombres es ahora una estadística creciente? ¿Qué está sucediendo en el cerebro de la mujer?

Las respuestas son tan variadas entre ellas como entre los psicólogos. Van desde cierta sensación de fatiga de la mujer hasta una especie de venganza social, según la mayoría de los asesores de pareja. La mujer parece decir hoy día: «Si ellos lo han hecho tanto, ahora es el turno de la mujer; además, debe tiene algo de atractivo». Otros piensan que el estrés de la vida moderna, ese «corre–corre» diario, incita a poner en tela de juicio las instituciones, incluido el matrimonio.

En el trasfondo de esta realidad yacen dos aspectos importantes: en primer lugar, algunas mujeres se dejaron ganar por el empuje de la cultura que exalta el egoísmo y los placeres por encima de otros principios, como el valor de la familia, del sentido del hogar, la estabilidad psicológica (emocional y afectiva) de los hijos, pues son valores que ya no se ven; a cambio de ellos les atrae el placer de sentirse amadas (que siempre deja en ellas una sensación de frustración, porque se sabe que esas relaciones son siempre pasajeras), el deseo de experimentar una «aventura» y de salirse de los patrones tipificados de la vida (actitud impulsada por los medios de comunicación, especialmente la televisión y el cine)…

En segundo lugar, parece que ha revivido aquella «angustia existencial» que se popularizó tanto hace algunas décadas: frecuentemente la mujer, como muchos hombres, no sabe de dónde viene, a dónde va y qué vino a hacer en esta tierra. Olvidaron ellas que Dios les dio unas privilegios altísimos: la maternidad, el contacto íntimo con su hijo durante el amamantamiento, más hormonas que el hombre, dos zonas erógenas principales (el hombre tiene una), mayor intensidad en el placer sexual, un umbral del dolor visceral más alto, mayor responsabilidad laboral (según las estadísticas), mayor cercanía al dolor ajeno, mayor ternura promedio, mayor sentido de la religión (basta visitar las iglesias y observar qué porcentaje de varones hay); cuando madres suelen ser más pacientes, tolerantes y comprensivas que los padres, son (casi siempre) más respetuosas de los sentimientos de sus hijos y saben entender que esas emociones a veces les impiden actuar bien o responder más rápido; por otro lado, las estadísticas muestran que cuando hay una separación la mamá suele quedarse con los hijos y que a ellas les queda más fácil asumir el papel de padre que al revés, frecuentemente sacan sus hogares adelante en ausencia del marido: se encargan con valentía del sostén económico, afectivo y educativo…

Todo esto explica la dignidad tan alta de la mujer, y le da el norte a su vida: si la mujer se prostituye la sociedad queda prostituida; mientras que si la mujer se dignifica se construirá una sociedad más noble, que fructificará en las futuras generaciones.

Si la mujer conoce esta hermosa y alta responsabilidad, y el hombre la valora y respeta, los índices de infidelidad disminuirán de parte y parte, y obtendremos una sociedad sana para nuestros hijos.

 

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