Saber vivir

¿Aborto u homicidio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

El individuo resultante de la unión de las células sexuales masculina y femenina, o gametos, se llama cigoto.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en los genes toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: son ellos los que guían la construcción del cerebro, y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un cassette, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Es enorme la cantidad de información contenida en las moléculas de DNA: Veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, que es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa y, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia animado por una naturaleza humana, se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre.

A los pocos días de fecundado, ya no se habla de cigoto, sino de embrión.

En el sexto o séptimo día de su vida, con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien a través de un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de su madre. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Con técnicas como la ecografía transvaginal, se puede observar, un mes después de la fecundación, el minúsculo corazón del embrión que late ya desde hace una semana y, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro.

A los dos meses, llamado ya feto, está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios y hasta sonríe.

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. El nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos. Sólo al llegar la adolescencia, esta red de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

El “Official Journal of the California Medica Asociación”, Vol. 113 Nº 3. p. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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