Saber vivir

‘Preembrión’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

¿SE PUEDE DISPONER DE ÉL PARA FINES CIENTÍFICOS?

 

En muchos medios de comunicación se ha venido escribiendo y hablando del “preembrión” con una seguridad asombrosa, como si se tratara de algo ya plenamente aceptado por la ciencia. Incluso se han llegado a oír médicos que utilizan este vocablo en sus conferencias.

Esto no tendría ninguna trascendencia si no fuera porque repercute tanto en el ámbito científico como en el humano.

La ciencia puede definir ahora el estado —en muchos aspectos— de los embriones antes del nacimiento. Ya se han descrito cerca de 6.000 genes que producen caracteres hereditarios específicos, aunque el trabajo que resta es inmensamente mayor: son miles de millones.

Existen procedimientos capaces de originar seres humanos idénticos o en serie, lo que se ha llamado “clonación”; se tiene la posibilidad de utilizar la ingeniería genética con fines no terapéuticos; se busca lograr el intercambio genético con otras especies; el uso de embriones (o “preembriones”) para la producción de cosméticos y su comercialización es cada vez más frecuente…

Por otra parte, se quiere establecer cuál será el estatuto jurídico del “preembrión” —qué derechos tiene— y quiénes serían los titulares de la disponibilidad sobre él, quiénes decidirían su futuro.

 

 

¿Qué es el “preembrión”?

 

Uno de los aspectos más importantes al dirimir un asunto es conocer el argot que le corresponde. Es necesario puntualizar que el término “preembrión” no está aceptado por la Real Academia Española, que no se usa en los textos científicos y que tampoco aparece en los diccionarios de términos médicos.

Acudiendo a la etimología (y a la lógica), se puede deducir que el preembrión es lo que precede al embrión. La definición de éste es: “Germen o rudimento de un ser vivo, desde que comienza el desarrollo del huevo hasta que el organismo adquiere una forma característica del individuo adulto. Producto de la concepción hasta fines del tercer mes del embarazo” (sin embargo, hoy se considera que a los sesenta días, ya que está completo y que sólo le falta desarrollarse, muda su nombre por el de feto).

Si se tiene en cuenta que la concepción es el momento en el cual el espermatozoide penetra en el óvulo y sus núcleos se fusionan para formar un nuevo ser humano, no hay lugar para la posible existencia de un preembrión: antes de este momento sólo hay dos células, llamadas gametos: una femenina —que puede llegar a vivir un poco más de 24 horas—, y otra masculina —que tiene una expectativa de vida de 72 horas— si esa unión no se produce. De lo contrario, el producto de esa conjugación podrá alcanzar los 75 años de vida que muestran, como promedio, las estadísticas (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

Los primeros estadios de la vida humana tienen una denominación específica: cigoto es el primero de ellos, y se denomina así al “individuo resultante de la unión de los dos gametos”; el siguiente es mórula que significa “óvulo fecundado que, durante el período de segmentación, tiene el aspecto de una mora”; y finalmente blástula o “período de desarrollo embrionario consecutivo a la segmentación del huevo fecundado, con una cavidad central”. Como se ve, todos estos son fases de crecimiento y desarrollo del embrión.

De manera que todo estatuto jurídico del embrión debe, primero, asumir que las decisiones que se tomen al respecto afectarán al ser humano desde el momento de la fecundación y, segundo, no legislar para un “preembrión” no existente.

 

 

Los titulares de la disponibilidad sobre el embrión

 

Desde el punto de vista genético, ser humano significa el individuo que, en sus células, y más específicamente en los núcleos, posea 46 cromosomas, y que, además, posea la capacidad de desarrollar, si las circunstancias de normalidad se dan, un ser humano adulto.

La célula primaria o cigoto —siendo una sola— es capaz de desarrollar un cerebro y un corazón tan complejos como los de un adulto, una placenta y un cordón umbilical que lo mantienen unido a su madre para alimentarse y beneficiares de ella desde los primeros días… En cambio, una célula de la piel de una mujer o de un hombre no puede realizarse a sí misma tantos cambios, aunque posea los 23 pares de cromosomas.

De modo que, aunque sea un individuo unicelular, el cigoto es el punto de partida del desarrollo del ser humano y, por tanto, de la vida humana: es ya una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa individualidad hasta su muerte. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida. Y esta vida continuará sus estadios hasta la muerte.

Se puede afirmar, entonces, que toda legislación común para el ser humano, sea éste viejo, adulto, joven, adolescente o niño debe cobijar al ser humano, sea éste feto, embrión o cigoto.

El embrión y lo que se ha llamado preembrión es un ser humano. Es seguro que, como tal, tendrá todos los derechos de que son depositarios los seres humanos y, por consiguiente, ése mismo será su “estatuto” jurídico.

En este contexto, al debatir, como se pretende, quién es titular de la disponibilidad de un feto o de un embrión es imperante preguntar antes quién es el titular de la disponibilidad de otro ser humano cualquiera.

 

 

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