Saber vivir

Aborto: ¿por mayoría de votos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

En la polémica que se desata de cuando en cuando sobre la despenalización del aborto, algunos abogados, miembros de la Corte Constitucional y Defensores del Pueblo aducen que «el pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban».

Pero, ¿es el pluralismo ideológico más importante que el bien común? Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano. Por citar sólo un ejemplo, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia —establecida, por demás, en muchos países— no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría).

La «mayoría de votos» podría llegar así a ser no menos que la «tiranía de algunos».

Igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un «valor moral» que no posee y que no se adquiere por mayoría de votos en ningún Congreso del mundo.

Si las ciencias de la genética y la embriología —con todo sustento científico— no han hecho otra cosa que especificar que la vida humana comienza con la fecundación, y el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, Carta Magna de 1991, reza: «El derecho a la vida es inviolable», despenalizarlo sería una contradicción flagrante, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Además, el efecto histórico de la legalización del aborto es el incremento de las razones que se utilizan para ello: se comienza por algunas particulares causas extremas, como la violación y la fecundación no consentida, y luego se aumentan hasta situaciones tan sutiles como las que se dieron en los ejemplos que siguen:

Los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos, que figuran allí como causas aceptadas.

El Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas. Hoy día, Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto.

Asimismo, en Suecia, la depresión reactiva (psicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que se piensa en realizar un aborto.

Lo peor de todo es que, tras la legalización, la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva con respecto del número de veces que anteriormente se recurría a tal maniobra, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en muchos ciudadanos. Esto muda la gestión protectora de la moral y las buenas costumbres que deben dar las autoridades.

En Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia, por ejemplo, la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos.

Es fácil deducir que esto mismo ocurrirá en Colombia si se llega a despenalizar el aborto, y se incrementará la muerte violenta de otros muchos ciudadanos; en este caso, con el agravante de que se hará con premeditación, alevosía y ventaja. ¿No es suficiente con lo que ya está pasando?

 

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