Saber vivir

Aborto legal contra el aborto ilegal

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

 

La razón más fuerte que enarbolaba el último documento que pretendía legalizar el aborto en Colombia es que en casi todos los países “avanzados” lo está. Colombia —decía el proyecto— no puede quedarse atrás en ese sentido.

El mundo camina hacia su destrucción y nuestro país se ha negado, de nuevo, a estar a la moda. ¿Llamaremos a eso adelanto o retroceso?

El argumento que más se discutió rondaba la idea, muy extendida hoy, de que el aborto ilegal es una realidad y que, como existencia indiscutible, había que regularlo.

Así se empezó a forjar una idea que se oye a diario en todos los ambientes en la que se cree que, ya que es imposible penalizar adecuadamente ese acto ilegal, deben implantarse las reglas del juego: en cuáles circunstancias y cuándo se considerará legal hacerlo y en cuáles circunstancias y cuándo no.

Pero nadie cuestionó lo siguiente:

·     La justicia que no pudo evitar el aborto llamado clandestino ¿será capaz de hacer valer las nuevas reglas? ¿cómo lo hará? ¿con qué mecanismo?

·     ¿No será más difícil detectar si los abortos que se lleven a cabo están permitidos? ¿cómo se evitaría el aborto no permitido por la nueva ley, si anteriormente no se podía evitar el aborto, aunque estaba penalizado?

Pero lo más inconsecuente de todo es pensar que el razonamiento inicial —legalizar lo que no se puede evitar— es lógico:

·     ¿Debemos legalizar (regular) el homicidio, ya que Colombia es uno de los países en los que menos se respeta la vida? ¡Habría que hacer lo mismo con el secuestro, con el robo, con la violencia conyugal o infantil, con el peculado, con la corrupción…!

Se puede decir que el problema, entonces, no es del congreso, es de la rama jurisdiccional: hacer cumplir las leyes.

Pero, si inspeccionamos más profundamente, se llegará a la esencia: el problema es de moral: hace falta una cultura por la defensa de la vida que se contraponga a la cultura de la muerte que nos domina y que hace que las conciencias no valoren el don más valioso que puede tener el ser humano: su vida. Sin ella, es imposible luchar por los demás derechos.

  

 

 

 

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