Saber vivir

El sexo ‛débil’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Un análisis concienzudo de las diferencias entre el hombre y la mujer puede llevar a sorprender a más de uno… ¡y a más de una!

Para comenzar, es necesario recordar que son tres los planos en los que opera el ser humano: el biológico, lo que corresponde a la fisiología; el psicológico, que comprende la afectividad, las emociones, los sentimientos, etc.; y el espiritual, el plano en el que se maneja lo trascendental: la otra vida y lo que dejamos como huella en este mundo.

Conviene pormenorizar cada uno de los planos en los dos sexos:

 

El plano biológico

· Ningún hombre puede quedar, hasta ahora, embarazado. Tampoco puede disfrutar de esa experiencia maternal durante la gestación: los movimientos de su hijo, la sensación de tenerlo dentro de sí, de sentirlo vivo…

· Tampoco hay varón que pueda amamantar a su hijo, darle el alimento de su propio cuerpo, con todo lo que ello representa afectivamente…

· En la definición que da el Diccionario de la lengua española de las tetillas dice que son “menos desarrolladas que las de las hembras”. Efectivamente, se puede decir que estas son una atrofia de las glándulas mamarias, las cuales nunca se desarrollaron en ellos. Debe destacarse, además, que las telillas no sirven para nada.

· El sujeto masculino posee una hormona sexual: la testosterona y sus derivados, mientras que la mujer tiene dos principales: los estrógenos que desarrollan y mantienen los órganos genitales y fomentan los caracteres sexuales secundarios, por un lado; y por el otro, la progesterona o gestágeno, que faculta a la mujer para concebir y ayudar a desarrollar al producto de la fecundación.

· Si los hombres tenemos una zona erógena principal, el pene, las mujeres tienen dos: el clítoris y los bulbos vestibulares, trabeculado venoso ubicado a los lados de la entrada vaginal, con los cuales puede llegar también al orgasmo. Por eso la extirpación del clítoris —como se hace en alguna tribu africana con el nombre de “circuncisión”— es insuficiente para eliminar la satisfacción genital en la mujer.

· En el aspecto de la excitación sexual, no se sabe de hombres que puedan experimentar varios orgasmos durante una cópula, como sí se ha reportado en varias mujeres.

· En la misma línea, los orgasmos femeninos son más intensos: se sabe que, muchas veces, la mujer pierde el sentido durante el clímax, cosa que nunca ocurre en el varón. De hecho, la experiencia muestra que la mujer queda más satisfecha y, quizá por eso, no está pendiente de la próxima relación genital con tanta ansia como muchos hombres.

· Pasando a otro tema, por todos es conocido que la mujer tiene el umbral del dolor más alto que los hombres, en cuanto se refiere al dolor visceral (cólicos, gripe, etc.).

 

El plano psicológico

· En el campo de la responsabilidad hay superioridad: en el trabajo, por ejemplo, a las mujeres les cuesta un poco “salirse” de las reglas establecidas en las empresas; por eso, las estadísticas muestran que son más los gerentes que roban a su compañía. Debido a esto, hoy las corporaciones de ahorro tienen más mujeres como directoras de sus oficinas.

· Y las palabras de los gerentes y de los jefes de personal de las empresas muestran mucho: sus empleados más eficientes son mujeres, aun las que han sido abandonadas por sus esposos, con sus hijos, obviamente.

· En el campo afectivo, si alguien —por ejemplo— cuenta en un auditorio femenino la historia trágica de una mujer embarazada que va en un tren cargando a su hijo —un niño de brazos— y que cuando, al descarrilarse la máquina, intenta sin éxito evitar que las ruedas pasen cercenando un brazo de su pequeño niño, y que lo ve gritar de dolor, las mujeres se erizarán de pena y de dolor. Por su parte, esa misma historia presentada ante un público masculino haría que ellos simplemente dijeran levantando los hombros: “Huy, qué vaina”. Esto quiere decir que los sujetos masculinos no están, por norma general, tan cerca del dolor ajeno como las mujeres; a ellas les “llega” más, se conduelen más fácilmente, sienten con los demás.

· También su ternura innata y su interés por ayudar y por consolar las hace más humanas, la mayoría de las veces.

El plano espiritual

· En el aspecto religioso se nota un sentido de responsabilidad mayor en la mujer: basta visitar las iglesias y observar qué porcentaje de varones hay (en cualquier credo).

· En este plano, el de la trascendencia, se erige como principal la labor educativa (los hijos son, de algún modo, la continuación de nuestros seres), y en este campo se nota que la mujer, como madre, es más paciente, tolerante y comprensiva. Pocas veces las órdenes perentorias de los padres consiguen tanto como las palabras cariñosas de las madres.

· Ellas son, casi siempre, más respetuosas de los sentimientos de sus hijos y saben entender que, algunas veces, esas emociones les impiden actuar bien o responder más rápido y que es bueno esperar un poco. Claro, todo esto es lo común, porque hay muy buenos padres y madres malas, que por fortuna son la excepción.

· Las estadísticas muestran que, cuando hay una separación, la mamá suele quedarse con los hijos (son muy pocos los que luchan por sus hijos), y que a ellas les queda más fácil asumir el papel de padre que al revés: los padres el de las madres.

· Las capacidades para sacar un hogar adelante en ausencia del otro, el encargarse del sostén económico, afectivo y educativo muestran también el talento de la mujer.

· La mujer, además, tiene la potestad de hacer de su novio un digno padre para sus hijos, la capacidad de ir educando y hasta “moldeando” la personalidad de su esposo con esa coquetería, con ese “tire y afloje”: ¿Cómo reaccionaría un hombre si su esposa se niega a la intimidad tras una mirada impura suya a otra mujer? ¿Cómo cambiaría un muchacho si su novia lo va dirigiendo hacia su alma enseñándole que el amor es la lucha total por hacer feliz al otro aun a costa de los propios intereses?

· Y si son madres, son mucho más valiosas: ellas creen que no hacen nada siendo madres. ¡Cómo se nota cuando están ausentes! Algunas veces los descuidan para darles cosas materiales y luego se los encuentra por ahí, dando tumbos, queriendo sólo ganar dinero, poder, honra, placer, bienes materiales… sin nada en el interior… A veces se unen a ellos malas compañías que, junto con el ocio, los inducen a ser viciosos y se vuelven alcohólicos y hasta drogadictos…

La crisis de la sociedad es una crisis de madres: sólo con ellas se puede dar una educación integral a los hijos, sólo con ellas se formarán buenos ciudadanos, sólo con ellas habrá hijos felices que hagan el bien a sus semejantes, sólo con madres que dan amor —realidad que sí nos diferencia de los animales— se cambiará al mundo.

Pero para eso hace falta tiempo. Tiempo para sus hijos. A veces es necesario ayudar al esposo con las cargas económicas del hogar, pero en otras ocasiones, el bienestar material se pone por encima del bienestar psicoemocional, o mejor, integral de los hijos. A veces una supuesta “realización personal” (no hay mejor realización que ser madre) deja huérfanos de tiempo. A veces, las metas materiales de las madres dejan el vacío de lo más importante para un niño: el amor. Algunos y algunas se engañan diciéndose que es más importante la calidad del tiempo que se les dedica que la cantidad. Y ellos necesitan a la mamá —aunque suene redundante— cuando ellos la necesitan, no cuando ellas “pueden” darles ese tiempo: cuando el niño regresa del jardín infantil o del colegio, cuando hacen sus tareas escolares, cuando juegan con sus amigos (¿cómo se sabrá qué clase de amigos tiene nuestro hijo?), cuando tienen percances o accidentes, cuando, al ir creciendo, se sientan solos o tristes, cuando incluso su padre haya sido un poco duro con ellos…, en fin, siempre que se es hijo, se está creciendo y se debe tener una madre. Procrear con la intención clara de que los hijos no van a tener una madre a su lado es injusto e ilógico: nadie puede suplir a las madres; ni la abuela, ni la tía, ni el mismo esposo (los hombres somos menos cuando estamos solos que ellas sin nosotros), ni mucho menos, por supuesto, “la mejor empleada del mundo”.

 

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Si cambiamos otra vez la Constitución, si cambiamos al Presidente, si cambiamos a los dirigentes, si cambiamos la infraestructura del país… no cambiará el futuro de nuestra patria, pero si la mujer cambia habrá esperanza.

¡Y dicen que es el sexo débil!

¡No hay hombre que pueda tanto como una madre! ¡En sus manos está la resurrección del mundo! ¡Si quisieran salvarnos…!

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

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