Saber vivir

Los Simpsons

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Mi hijo está viendo, para distraerse, el programa de televisión: «Los Simpsons». Decido acompañarlo para descansar. Los días siguientes hago lo mismo, y empiezo a penetrar el cuadro que esta serie de dibujos animados representa:

 

El jefe del hogar, el señor Homero, tiene un carácter muy peculiar: habla unas veces como idiota y otras, como un niño inmaduro. Sus costumbres son tomar cerveza y ver televisión; en la oficina es un ejemplo de irresponsabilidad y negligencia; no se le nota el más mínimo respeto por su esposa o por su hogar; sus deberes religiosos son, como todo lo demás, algo que se puede tomar o dejar a voluntad; desconoce por completo el significado de educar y, por supuesto, su obligación para con sus hijos en ese sentido… En fin, es la más perfecta exhibición de ausencia de valores y de principios morales.

 

Bart, un verdadero niño–patán, es su hijo mayor. Nada positivo puede rescatarse de su carácter vandálico, incivil y maleducado, salvo —quizá— su iniciativa, la cual pone únicamente al servicio de sus siempre funestos planes…

 

En esa familia, todos comen sin la más mínima finura, eructan con frecuencia, son cochinos en sus costumbres y en sus vestidos, a excepción de la madre, que se limita a emitir un ruido gutural en señal de desaprobación…

 

Fuera de la hija de este matrimonio, ninguno de los personajes de esta familia tiene metas o ilusiones… Son casi autómatas de la sociedad de consumo y parecen también seres que solo desean llenar su deseo de placeres primarios, sin pensar en nada más trascendente.

 

En esa superficialidad de vida no existen ideales por qué luchar, moral qué defender ni religión qué vivir.

 

En el ambiente moderno, gobernado por la abulia (falta de voluntad) para todo, es realmente dramático observar que este dantesco programa tenga tanto éxito y haga que muchas madres digan desprevenidamente: «Mi hijo se está distrayendo viendo Los Simpsons», sin saber la cantidad de veneno que les están inyectando a sus corazones y a sus cerebros en proceso de formación; porque no es lo mismo que un adulto con juicio y capacidad de raciocinio vea estas imágenes esporádicamente a que un chiquillo se «forme» con criterios tan vanos y tan bajos. ¿Qué será de esta generación si es educada por tales normas de conducta?

 

Para completar la desgracia, en el programa se suceden escenas sorprendentes y actitudes excéntricas tan rápidas que impiden el más mínimo análisis, ya que cada exabrupto es seguido de inmediato por otro completamente distinto que hace reír o que desconcentra la atención, induciendo a los niños a ser cada vez más y más superficiales en sus vidas, hasta convertirlos en entes que no piensan ni tienen sentido ni orientación en sus vidas.

Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.