Saber vivir

Sufrimiento posaborto

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

SECUELAS PERSONALES Y FAMILIARES

 

La toma de la decisión antes de abortar, evidentemente, está impregnada de muchas emociones negativas. Las influencias externas que acompañan a esta determinación influyen también: las circunstancias por las que atraviesa la mujer, las opiniones de sus seres queridos o allegados, la incertidumbre sobre lo que le va a pasar, las razones que la llevaron a pensar así…

Mientras tanto, su sentido común y la conciencia la atacan sin descansar: algo le dice que no está actuando correctamente.

Pero, luego de realizarse un aborto, la mayoría de las mujeres experimentan una serie de impresiones psicológicas que trascienden a la vida familiar como se pasa a describir.

Primero aparece un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”.

Después, puede suceder que tenga con quién desahogarse contándole todo pormenorizadamente o que se calle y no comparta sus emociones, sino que las interiorice. En ambos casos, ella misma se disculpa con toda clase de argumentos para contradecir a su conciencia y para sumar una buena cantidad de “razones” que explicarían el aborto como tal, como también la determinación que tomó. Quienes la escuchan, obviamente, toman la misma actitud: no le van a reprochar algo que ya hizo y que no tiene retroceso, especialmente cuando la hace sufrir tanto.

En la tercera etapa, la sensación de culpa se oculta sin desaparecer produciendo gran cantidad de efectos en su emotividad y en su afectividad:

La primera afección psicológica es una baja en su estima personal. Como se sabe, estas mujeres, sin notarlo ni expresarlo, se sienten poco valiosas, dignas de reprobación, poco útiles, menospreciadas o frustradas…

Las actitudes en su vida diaria son muestra de estas sensaciones internas y, por eso, se dejan maltratar psicológicamente, verbalmente e, incluso, físicamente.

Esas fallas en su emotividad producen efectos nocivos en su afectividad: en primer lugar, sus seres queridos se ven afectados de una u otra forma, pero también todos los que se relacionan con ella.

La experiencia profesional ha mostrado que la relación de pareja y, si tiene otros hijos, la relación maternal, se ven continuamente deterioradas, hasta producir separaciones y fallas graves en el proceso educativo de los hijos.

 

Con frecuencia se dan casos de mujeres que no logran estabilidad laboral por sus continuas riñas con compañeros de trabajo y/o patronos, hasta que se curan, cuando acceden a la terapia psicológica que se hace en esos casos (y que hoy llaman: “sanación posaborto”). Otras veces nacen en ellas costumbres como el tabaquismo, alcoholismo o drogadicción, que también ceden o desaparecen con el tratamiento.

Pero aún hay más: reiteradamente los psicólogos son consultados por parejas o por individuos de ambos sexos que buscan disminuir la frigidez (reducción o pérdida del deseo sexual) que se presenta tras los abortos.

Muchas mujeres sienten una frustración de su instinto maternal que no manifiestan abiertamente, pero que las obliga a tomar actitudes de tristeza o depresión ante la vida.

Otras sienten un deseo vehemente de quedar nuevamente embarazadas para reemplazar al hijo “perdido”.

Y la mayoría suelen tomar actitudes que parecen extrañas pero que son explicables: anotan en un papel la fecha probable del parto del hijo que abortaron, y ese papel lo dejan en la mesita de noche (bajo el vidrio, entre el cajón o detrás de ella), debajo del colchón, tras un cuadro de la habitación…, siempre en su alcoba, como si quisieran castigarse al levantarse y al acostarse, todos los días de su vida, con el recuerdo de esa deplorable acción. Pero la cosa no termina allí: también es frecuente que se queden viendo con tristeza y mucho dolor a un niño o niña de la edad que tendría su hijo, si viviera; la mayoría de las veces en silencio.

A menudo se crea una fuerte aversión hacia su marido o compañero, lo que dificulta el trato en la pareja, con las consecuencias que se derivan en cuanto a relación interpersonal, a educación y armonía en el hogar.

Es habitual la presencia de neurosis, especialmente de tipo depresión reactiva, como también el insomnio de muy difícil curación, como consecuencias de practicarse el aborto.

Por último, el suicidio se presenta como secuela final en alrededor del treinta por ciento de las mujeres. Pero lo más sorprendente de todo es saber que, en Colombia, quienes se suicidan o piensan hacerlo eligen casi siempre una marca especial de veneno para matar ratones. Fue una sorpresa saber que la mayoría de las personas creen que ese veneno mata destruyendo las entrañas. ¿No será que, al matarse así, el castigo estaría a la altura del crimen que se cometió?

 

 

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