Saber vivir

Televisión, ¿para formar?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

 

Se realizó este encuentro con la participación del señor Presidente de la República, con un discurso en cuyas palabras se resaltó lo que tanto se ha dirimido en el ámbito educativo desde hace años: ¿con la televisión se pretende simplemente informar (enterar, dar noticia de algunas cosas) o más bien se procura educar, esto es, desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos y otros medios?

 

El presidente habló acerca del esfuerzo docente del Ministerio de Educación con estas palabras: “Como un ejemplo de los esfuerzos estatales en esta materia, el Ministerio de Educación viene cumpliendo a través de Señal Colombia con su función docente llevando a cabo el Espacio Maestro, una experiencia única en materia educativa y audiovisual.”

 

Habló también de “posibilitar la reflexión de la sociedad”, de “fomentar una actitud crítica y creativa, así como despertar la práctica investigativa en los niños y jóvenes” e informó a los asistentes que “el Ministerio de Educación y Colciencias vienen adelantando gestiones con algunos canales de televisión educativa en Estados Unidos e Inglaterra como Discovery y ITV para adquisición de material…”

 

Además, compartió con su auditorio las estrategias propuestas en un foro:

1.  Estímulo a la producción de una televisión educativa.

2.  Socializar las experiencias y modelos de educación a través de foros y seminarios

3.  Invitación a la reflexión para conformar mesas de trabajo con maestros, estudiantes, programadores de televisión y líderes empresariales.

4.  Convocar un encuentro latinoamericano sobre el estado del arte de la investigación en materia de televisión y educación.

 

 

 

 

¿Favorecer las facultades y morales del niño o del joven?

 

Fue consenso general que las palabras dichas durante el Encuentro, como las del señor Presidente, versaron casi exclusivamente sobre el enriquecimiento cultural e intelectual de los televidentes, especialmente de los jóvenes.

 

Pero, ¿qué pasó con las facultades morales y las políticas para desarrollarlas?

 

¿Qué ganamos con el hecho de que las nuevas generaciones sepan mucha historia, geografía, anatomía, matemáticas y otras materias, si el país está lleno de asesinatos, secuestros, violaciones, corrupción, impunidad…?

 

La educación que se pretende dar a los jóvenes está llena de conocimientos (Discovery, ITV, Espacio Maestro y otros), pero con frecuencia le faltan valores, principios para la vida. Es poco lo que se les instruye en los campos de la honestidad, del comportamiento, de la urbanidad, de la trascendencia, de las virtudes humanas, del respeto por la mujer, del valor del hogar, que es célula de la sociedad…

 

“Posibilitar la reflexión de la sociedad, fomentar una actitud crítica y creativa, así como despertar la práctica investigativa en los niños y jóvenes” es bueno, es positivo; pero ¿cómo prevenir la destrucción de los hogares colombianos que hace el machismo? ¿la violencia que azota a nuestro país?

 

Pornografía, machismo y violencia

 

Con algunos programas y propagandas de la televisión que ven hoy los “educandos” se está exaltando el erotismo y, en otros casos, la pornografía, que, hoy más que siempre, producen una distorsión gigante de la sexualidad y de las cosas que a ella están unidas.

 

Así aparece veladamente el hedonismo, doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Muchos mensajes comerciales adolecen de esa falla: subliminalmente van dejando en los televidentes la idea de que la felicidad es todo lo que produce placer, comodidad, diversión… y erigen al dinero y al poder (que pueden conseguir todo esto) como los fines del hombre de hoy.

 

De hecho casi todas las propagandas de la televisión son realizadas por actores jóvenes, “triunfadores” (“triunfar” significa para ellos únicamente tener dinero y el reconocimiento de los demás), atléticos, bien parecidos y con cuerpos esculturales; es muy raro el comercial que presenta ancianos o personas poco atractivas o el que habla de seres fracasados. Por eso, en ellos, reiteradamente la mujer —con su cuerpo— “incita” a comprar todo tipo de artículos o servicios. A veces semidesnuda, otras sin ropa, pero siempre insinuante, este ser humano, en quien habita la potestad de la maternidad, se convierte simplemente en un medio para hacer propaganda con el detrimento de su dignidad; su valor intrínseco queda herido, propiciando el machismo, del que ya se sabe su injusticia y su capacidad destructiva.

 

La televisión, en lo que se refiere a este aspecto, se ha convertido en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico o, cuando más, humedecido por lo psicológico. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas.

 

Lo mismo sucede con la violencia televisiva: no es necesario esforzarse mucho para saber de dónde han nacido los guerrilleros, los secuestradores, los homicidas, los narcotraficantes, los violadores de niños, de sus derechos…, en fin, todos los que creen que cualquier cosa se puede lograr a la fuerza.

 

Así también, a los televidentes jóvenes, con frecuencia, se les induce a una subvaloración de la libertad, de la vida, de los valores…

 

El señor Presidente se refirió a las políticas por vincular la televisión a la educación, diciendo que en ellas “ha primado hasta ahora, la idea del cubrimiento poblacional y de la cantidad de información emitida…” Si no nos engañamos, lo que prima es conseguir el lucro que mantiene a la televisión: se aceptan propagandas encaminadas a promocionar los productos que venden sus patrocinadores, y con mucha frecuencia no se tiene cuidado de elegir las que mejoren la dignidad humana, las que propendan a un bienestar familiar y social, sino que escogen las que mayor aporte económico les produce.

 

La voluntad

 

Y ¿qué decir de la voluntad, el libre albedrío o la libre determinación, la verdadera libertad? Solo un hombre libre puede decir que no. Los esclavizados por el sexo, la droga, el licor, la violencia, el placer desaforado, el dinero, la fama, el poder, la corrupción, el atractivo de las ganancias fáciles de vivir al margen de la ley, como en los grupos guerrilleros, el narcotráfico, etcétera, no pueden decir: “no”. Les falta voluntad.

 

Pero la televisión no propone pensar mucho: en menos de cinco segundos ya hay una idea nueva, que hace olvidar la anterior y tres segundos después se cambia a otra. Pocos programas o propagandas hacen pensar, ponen a meditar. Por eso vemos hoy tantos muchachos superficiales para pensar y para vivir…

 

Es que ser libre es ser dueño de sí mismo y, cuando la inteligencia y la voluntad lo indiquen, guiar los actos hacia el bien personal; y si se quiere más libertad, hacia el bien común.

 

Si los que manejan la televisión se lo proponen, la guía para determinar qué programas, qué propagandas, qué películas y qué novelas se emiten, podría ser la moralidad y la formación que darían al televidente infantil y juvenil. Así favorecerían la mejora de la sociedad: habría muchas mujeres y hombres dignos de ese nombre y no únicamente “sabios” que se han desarrollado poco como seres humanos.

 

 

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