Saber vivir

Tener hijos, ¿para qué?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Sucedió en Bucaramanga: una señora que, para realizarse como profesional, dejaba a su hijo de cinco años al cuidado de la empleada del servicio doméstico, a la que, como casi siempre dicen, consideraba la “mejor empleada del mundo”.

Un día, hacia las diez de la mañana, el niño se cayó de la baranda de los pasillos que daban acceso a su apartamento, el cual queda en un sexto piso. La muerte no fue instantánea: pasó ocho días en el hospital, en estado de coma; y cuando se lo llevó a una habitación, murió.

La “mejor empleada del mundo” admitió que el niño jugaba con frecuencia en los pasillos del piso y que se descuidó “un minuto”, mientras supervisaba el almuerzo.

–Así, ¡para qué tener hijos! —se lamentó una vecina—. Si uno los va a descuidar de esa manera, dejándolos con una sirvienta, nada bueno se debe esperar…

Los habitantes del edificio se enfrascaron en una gran disputa, pues unos pensaban como la vecina, mientras que otros se oponían… Se acaloraron los ánimos y no quedó nada como conclusión.

Lo que sí debe llevar a todos a sacar conclusiones es la estadística que un psicólogo llevó a cabo: en los hogares donde la madre está ausente se da algo más del sesenta y siete por ciento de los hijos que caen en el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución infantil y juvenil o el satanismo. Al mismo tiempo, en otro estudio se mostró cómo los problemas psicológicos afectan más a los niños o jóvenes que, al llegar a la casa después de clases, no encuentran a su madre.

La mayoría de las veces, esas madres se excusan diciéndose que “es más importante la calidad que la cantidad de tiempo que se les dedica a sus hijos”. Pero, desafortunadamente, los niños y los adolescentes necesitan a la mamá cuando ellos la necesitan; no cuando ella puede estar presente. Por otra parte, se sabe que la mujer, aunque en términos generales sea más comprensiva, tolerante y resistente que el hombre, llega cansada del trabajo y con deseos de reposar, lo que disminuye su capacidad de entrega y se ocupa poco de las que considera “pequeñeces” de sus hijos.

Es más: no se sabe qué sucede en la psique de esos jóvenes, pero parece que algo les impide perdonar a la mamá que trabaja sin necesidad: en una población de unas trescientas familias estudiada para tal efecto, se descubrió que la rebeldía de los niños pequeños era inmensamente superior en los hogares en los cuales la madre salía a “distraerse con una labor”, a “ganarse unos pesitos adicionales” o a “realizarse como persona”.

Esta actitud del niño “que no perdona a su mamá” se da porque, según dicen los que se atreven a explicar su conducta, “no me quiere” o “le importa más su trabajo que yo”; es decir, están diciendo que la madre le presta más atención a otras cosas que a ellos.

Esta conducta materna tiene consecuencias graves en el proceso evolutivo de los hijos, ya que su emotividad se ve afectada, lo mismo que su afectividad: serán adultos que, a su vez, no sabrán amar a los suyos, reaccionarán erróneamente en los momentos difíciles de sus vidas y, especialmente, tendrán dificultad para relacionarse con otros… Además, como se leyó líneas más arriba, están los peligros graves del alcohol, la droga, la prostitución y el satanismo.

En fin, como decía otro psicólogo, la explicación de la situación actual de la sociedad está en una verdadera crisis de madres: no hay madres que eduquen a los hijos, no hay madres que tengan tiempo para sus hijos, no hay madres que estén disponibles para apoyarlos psicológicamente cuando las necesitan…

Y, contrario a lo que se puede deducir, ni ellas ni ellos se dan cuenta de la labor tan importante que realizan las mamás en sus hogares: si se promueve un modo de aliviar las cargas que implica su trabajo, si los esposos las estimulan, las valoran y las apoyan en esa difícil pero valiosa tarea, si el gobierno favorece los empleos de medio tiempo para la mujer, habrá de nuevo muchas mamás y la sociedad se reoxigenará con valores humanos y con principios morales que tanto le están haciendo falta… Así sí se podrá decir que el mundo habrá progresado, puesto que su célula, la familia, habrá mejorado.

De la mujer dependemos. En ella está el secreto del bienestar social. Vale la pena que los hombres la valoren y que ellas se den cuenta de su dignidad.

Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.