Saber vivir

¿De qué depende la felicidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

En un estudio llevado a cabo durante 12 años, se hizo esta pregunta a cerca de mil personas. No se utilizó un protocolo, sino que se hizo dentro de una conversación espontánea. Por eso, el margen de error de este estudio está entre el 7% y el 12%.

He aquí los resultados:

 

Respuesta número 1 (41 % de los entrevistados):

–Depende de si a uno le va bien en la vida: hay gente que tiene dinero… fama… y puede gozar de la vida…

 

Respuesta número 2 (29 %):

–Depende de lo que cada uno crea que es la felicidad: algunos piensan, por ejemplo, que ser feliz consiste en casarse, formar un hogar lindo, tener nietos, etc. Otros creen que hay que divertirse, tener aventuras, “pasarla bien”… Y para otros la felicidad está en otras cosas o circunstancias; si cada uno de ellos las logra, será feliz; si no, no.

 

Respuesta número 3 (15 %):

–Depende de la forma como uno asuma la vida. Hay que ser positivos: pensar lo bueno, tener fe en que las cosas van a salir bien, en que uno puede…

 

Respuesta número 4 (5 %):

–La felicidad es la paz: vivir en paz.

 

Respuesta número 5 (3 %):

–La felicidad es una armonía total, y nadie puede estar en armonía en todas las áreas. Por lo tanto conseguir la felicidad es imposible.

 

Respuesta número 6 (2 %):

–Depende de si uno ama.

 

Respuesta número 7 (1 %):

–Si uno busca la felicidad sufre. Es mejor no pensar en eso: la felicidad puede surgir repentinamente. La felicidad no es una meta qué lograr, sino un estado.

 

Respuesta número 8 (4%):

–No sabe / no responde.

 

Las respuestas anteriores muestran que la mayoría de quienes las dieron no han encontrado la verdadera felicidad.

 

El principal error radica en que suelen confundirse los vocablos “felicidad” y “alegría”. El Diccionario de la lengua española define la alegría como “Sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero o a veces sin causa determinada, que se manifiesta por lo común con signos exteriores”, significado que apunta más a momentos pasajeros.

En cambio, felicidad es el “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”.

Para entenderla bien, es necesario, entonces comprender la palabra posesión: “Acto de poseer o tener una cosa con ánimo de conservarla”; es decir, la felicidad se encamina al mantenimiento de ese estado de complacencia en el ánimo.

Pero esos bienes pueden ser variados: materiales (objetos concretos o abstractos, como la salud), psicológicos (afectos, estado del ánimo o de la emotividad, etc.) o espirituales (relación con Dios y Fe).

Entonces la felicidad podría darse en muchos campos: desde la alegría que se produce con la adquisición de un objeto cualquiera, aunque sea muy poco valioso, hasta la que se logra con la utópica consecución de todos los bienes posibles.

 

Con esto también se deduce que la verdadera felicidad es la posesión del bien mayor o más importante de todos, como se pasa a describir:

· En primer lugar, la felicidad no depende del medio ambiente externo del ser: un hombre no está feliz porque no esté lloviendo, no está feliz porque no está enfermo, no está feliz porque no tiene problemas…; su felicidad no depende de esas u otras circunstancias, todas externas.

· En segundo lugar, la felicidad tampoco depende de lograr o no los anhelos de la vida, porque a veces esos anhelos fueron dados por la cultura en la que se creció o por lo que los medios de comunicación impusieron.

Un ejemplo claro de esto es la televisión, que es la que muchas veces está formando a los niños: les dice que la felicidad se consigue con dinero, porque el placer no se logra sin dinero, sin cosas materiales. Les dice subliminalmente que la fama es uno de los valores más importantes de la vida y que quien la consiga será feliz.

Tener, placer, fama, poder… estereotipos que ciegan al hombre en su afán —velado o no— de felicidad.

La felicidad no viene de afuera, proviene de adentro.

· En tercer lugar, la felicidad es inmutable: se puede ser feliz aun ante la ausencia de bienes materiales, en presencia de la enfermedad, etc.

Esto se explica al analizar las vidas de mujeres y hombres con mucha fama, con mucho dinero, con mucho poder o que han vivido en la comodidad y el placer: se descubre en muchos de ellos un alto grado de infelicidad. Hay varios ejemplos de suicidios de aquellos a quienes se les ha dado mucho reconocimiento internacional en las artes, la ciencia, la tecnología, la política, etc.

Y —qué paradoja— a veces se encuentran seres que, viviendo en medio de las tragedias más aterradoras, muestran no solo serenidad sino una capacidad grande de aceptación y de sobreponerse a las adversidades con renovado vigor y esperanza…

Es frecuente encontrar muchos que se ocupan más en los demás que en sí mismos. Precisamente en estos últimos se puede descubrir un constante sentimiento de felicidad, actitud que nunca deja indiferentes a quienes los conocen: atraen con su ejemplo e invitan a seguirlo.

 

Ahora, ¿cómo hacer brotar la semilla de la felicidad?

1. Tener una conciencia clara del destino al cual uno está llamado. Y, por lo tanto, buscar vivir en armonía con el Creador, con el cosmos (incluidos los demás) y consigo mismo (armonía interior).

2. Esto implica vivir muy bien la propia religión: primero, tener la certeza absoluta de que esa es la religión verdadera y, segundo, buscar coherencia entre esa religión y lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

3. Iniciar un diálogo con Dios (no monólogo), para ir descubriendo la razón de ser de la vida personal: de dónde vengo, para dónde voy y qué vine a hacer en esta tierra.

4. Contestada esa trascendental pregunta se hace aún más obligado hacer, decir y pensar en consecuencia: que todos los actos, las palabras y los pensamientos tengan el mismo objetivo.

5. El resultado de vivir estos 4 pasos es una condición estable en la relación personal con Dios, una condición estable en la relación personal con los seres animados e inanimados y una condición interior estable. Así, el estado del ánimo ya no va a depender de las condiciones externas.

6. Si bien es verdad que el que no busca no encuentra, también es verdad que todo el que busca la felicidad propia será siempre infeliz.

Pero el que la trata de dar la felicidad a los demás (aunque sea a uno solo) se encaminará, sin quererlo directamente, por la senda acertada de la dicha total, inmutable e imperecedera: no hay nada que pueda hacer tan feliz a un ser humano como deshacerse de su propio egoísmo para amar, luchar por la felicidad de los demás, ilusionarse a diario con lograr que otros sean felices…

Esa actitud ha sido patente en los santos: Teresa de Calcuta, Francisco de Asís, Pablo… y muchos más. Siempre pensando en los demás antes que en ellos mismos —a ejemplo de Jesús, que murió por todos—, se llenaron indirectamente de lo que ahora llaman “autoestima”: autoestima que nació de saber que podían hacer algo por los demás, autoestima que los hizo tan grandes que hoy hacen la lista más grande de mujeres y hombres felices que hay en el mundo.

7. Todo lo anterior es simplemente un preámbulo —y esto se puede apreciar también en las vidas de los santos— de la única y verdadera felicidad que añora el ser humano: la esperanza de estar algún día en aquel lugar donde estará Dios: todo lo bello, todo lo bondadoso, toda la verdad reunido en un solo ser… Todo el Amor que se nos da para llenarnos de felicidad. Esa no es la pequeña y pobre imagen de felicidad que cada uno tiene: no es una felicidad individual, es la felicidad. Es una felicidad eterna, en un presente continuo, sin ayer y sin mañana, sin antes ni después, un ahora hermoso que no pasa; ¡y es una felicidad que sacia sin saciar!: cuando ya se siente plena, no llena del todo, pues se desea más…

 

 

Quien lo desee puede ser otro de esos, si se lo propone:

· Que ame y a las alegrías pasajeras de la vida habrá unido una felicidad inconmovible.

* Que ame y las que llaman tristezas se convertirán en peldaños para llegar a la perfección, en obstáculos sorteables y necesarios para crecer.

· Que ame y verá que su estado de ánimo permanecerá impasible ante las desgracias más atroces, ante el dolor, ante la muerte…

· Que ame y será verdaderamente feliz.

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.