Saber vivir

‘Asesinar con cuidado’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Las consecuencias nefastas de nuestros actos parecen ya no interesarle a nadie; hoy no importa mucho el mal que resulte de las acciones encaminadas a la consecución de dinero, lo que importa es obtenerlo.

La globalización de la economía, por ejemplo, consiste en que todos los países, tengan la pobreza que tengan, participen de un mercado de competitividad con las naciones que poseen todos los medios para ganar esa competencia.

Así, poco a poco, los países pobres están entrando en una parálisis económica que los llevará a la ruina; aquellos cuyas economías están limitadas, pero estables, se están yendo por el mismo resbaladero que arruinó a los pobres; y las naciones poderosas se harán más y más ricas.

Es otro modo de asesinar —con mucha sagacidad, por supuesto—; pero es un homicidio hecho con premeditación, alevosía y ventaja.

Esta salvaje forma de vivir en el ámbito internacional, es el pan de cada día dentro de las economías nacionales: todo lo que produzca dinero es viable, pero muchas cosas indispensables para el desarrollo del ser humano, por no producir ganancias monetarias, son inasequibles.

Basta pensar en la situación de salud del pueblo: los índices de morbilidad (proporción de personas que enferman) y mortalidad son todavía altísimos para lo que se presupuestó hace unos decenios, dado el avance científico y tecnológico en la medicina.

La educación del pueblo sigue reservada a unos cuantos privilegiados. Y no se diga nada acerca de esa educación en valores humanos y en principios morales que guiarían la construcción de una sociedad civilizada, respetuosa de los derechos individuales y propulsora del bien común.

Numerosos estudios muestran el dramático estado de subalimentación de nuestros pueblos, y esa tasa de desnutrición da fe de la insalubridad biológica y la pobreza intelectual del pueblo.

Mientras tanto, a esa población enferma, sin educación y desnutrida, se la llena de celulares, televisión por cable, computadores que se desactualizan una semana después y gran cantidad de productos y servicios que les prometen una supuesta vida más feliz.

Por un lado se les incentiva lo superficial, lo banal y la imagen; y por otro, no se les ofrece lo primordial y básico para una vida digna. Y así, poco a poco van muriendo mientras llenan de dinero a las multinacionales y la los «pulpos» de la industria nacional…

Se asesinan así con mucho cuidado las mentes de esos ingenuos consumidores de lo superfluo quienes, obnubilados por las novedades del mercado, siguen viviendo una existencia vacía, cuyo dolor tratan de ahogar en cerveza y aguardiente (siempre baratos, quién sabe por qué), acumulando sin darse cuenta riquezas en quienes los usan como «idiotas útiles» de una sociedad de consumo inventada con el único fin de enriquecerse a costa de los demás.

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