Saber vivir

Cuidar la imagen

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Cuidar la imagen

Noemí no permitía que sus compañeros de trabajo cuestionaran la calidad de su labor; según ella, hacía todo perfecto. Un día, el jefe la llamó para encargarle un trabajo que otro empleado había hecho mal:

–Señora Noemí, como ya sabe, estos papeles no se entregaron a tiempo la vez pasada; le ruego que los haga llegar lo más pronto posible.

–¡Pero, señor, usted no me había pedido que los enviara!

–¿Le dije acaso que usted había fallado?

–Pero es que…

Noemí volvió la cabeza y se percató de algunas miradas de sus compañeros que, admirados por su conducta, mecían la cabeza de un lado para otro y murmuraban:

«No tiene remedio»…

¿Cuántas veces hemos hecho algo parecido? ¿Cuántas veces al día decimos la consabida frase: «Pero es que…»?

¿Por qué nos preocupa tanto nuestra imagen? ¿Qué nos lleva a tratar de mantenerla intacta por todos los medios? ¿A qué le tememos? ¿Es que no somos humanos ni nos podemos equivocar? ¿Acaso conocemos a alguien que nunca yerra?…

Y, sobre todas esas preguntas se yergue una más importante: ¿Qué pretendemos esconder con esa conducta?

La experiencia y los estudios científicos han demostrado que bajo esa actitud de querer proyectar una imagen que no poseemos está siempre la conciencia cierta de que somos inferiores a los demás, es decir, que tenemos una autoestima pobre.

Con frecuencia nos ocultamos a nosotros mismos nuestros defectos; y quizá lo logramos… Pero no a todos podemos engañar. La gente se da cuenta de más cosas y circunstancias de las que creemos, y de nuestras verdaderas intenciones.

Muchas veces, bajo la apariencia de bondad, salen al exterior nuestros deseos de aplausos, de un «qué dirán» positivo. Muchas veces —no nos engañemos— pretendemos que nos alaben, que nos tomen por buenos. Muchas veces buscamos admiración porque no nos amamos.

Algunos son más hábiles que otros en proyectar esa imagen a los demás. Todos conocemos, por ejemplo, ese tipo de personas que «nunca se equivocan», que «siempre tienen la razón», que siempre dan una explicación a su mal comportamiento y a sus palabras desacertadas.

Y quizá muchos hemos caído en ese error alguna vez…, o muchas. Si somos sinceros, aceptaremos que en mayor o menor grado hemos caído en esa trampa de nuestro principal enemigo de la felicidad: la soberbia.

Cuando dejemos de decir sin atención aquello de que «nadie es perfecto», cuando lo comprendamos de veras, cuando nos percatemos de que no somos la excepción, habremos dado el primer paso para no poner una coraza defensiva ante los demás.

¡Somos como todos: erramos, pecamos, caemos, reaccionamos mal…!

Entonces, ¿qué imagen es la que debemos cuidar?

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