Saber vivir

El tener hipotecó al ser*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Se han impuesto la consigna y la voluntad de producir más para consumir más, y consumir más para que la producción no cese, sino que aumente. Tan pronto como se satisfacen unas necesidades, se estimulan y se crean unas nuevas. En la medida en que se satisfacen las necesidades estimuladas se van creando y elevando otras aspiraciones en el propio nivel de vida. Así se impulsan las ansias de bienestar y los deseos de una vida cómoda.

Los nobles esfuerzos humanos por superar la miseria, la pobreza y tantas limitaciones materiales del pasado, se han transformado en una espiral ilimitada de necesidades en los consumidores y de estímulos en los productores y propagandistas. Pero en la escala de la felicidad no siempre están más altos en felicidad los que más tienen y los que más consumen. El malestar del bienestar se ha hecho evidente. Y precisamente entre las clases más habituadas al consumo ha crecido un claro sentimiento de aburrimiento, de hastío y de cansancio vital.

Nos alimentamos de todo sin importarnos mucho de qué. Lo que interesa es tener sensaciones nuevas y estar satisfechos. El consumismo se ha convertido en un estilo de vida, en una aventura frenética y en una sed insaciable de devorar lo que sea: cosas, objetos, personas, valores, libros, tiempo, ideas, imágenes y manías. El hombre de la sociedad desarrollada, hostigado por la propaganda, es un ser que consume cada vez más y con mayor rapidez, pero sin la capacidad de disfrutarlo. Y con el consumo de las cosas y de los objetos, se consume también la propia vida.

Se vive suave y pacíficamente una esclavitud sublimada. Se vive con una conciencia feliz porque los sentidos están satisfechos y los egoísmos saturados.

El consumismo crea una cultura de experiencia sensible inmediata y del disfrute instantáneo y favorece una psicología del “fast food”, del consumo rápido, incidiendo en las relaciones del hombre con las cosas y en la misma manera de interpretarse y valorarse la persona humana. A veces cuando menos es el individuo tanto más necesita tener y demostrar que tiene para tapar y suplir las propias limitaciones y las ausencias personales.

 

José Antonio Merino

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