Saber vivir

Hecho con humildad*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Cuenta el relato que un hombre atribulado subió a lo alto de una montaña para consultarle a un sabio sobre un problema que traía. Al llegar le dijo:

–Maestro, soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: “¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser?” Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Maestro, estoy arruinado! Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta y, peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto! ¡No entiendo qué sucedió, fue el mejor trabajo que hice en años!

–Vuelve a tu negocio —dijo el Maestro— descose cada una de las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego llévala al príncipe.

–¡Pero obtendré el mismo atuendo que tengo ahora! —protestó el sastre— Además, mi estado de ánimo no es el de siempre.

–Haz lo que te indico, y Dios te ayudará, dijo el maestro.

Dos semanas después, el sastre volvió a subir la montaña.

–¡Maestro, usted ha salvado mi vida! Cuando le presenté nuevamente el ropaje, el rostro del noble se iluminó: “¡Hermoso! —exclamó— ¡Este es el más hermoso y delicado traje que haya visto!” Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Maestro, deseo saber cuál es la diferencia entre la primera prenda y la segunda.

–El primer traje —explicó el Maestro— fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza. La segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provoca admiración en quien la vea.

 

Anónimo

 

 

 

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