Saber vivir

Vandalismo

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Oscurecía en el centro de la ciudad. Un pordiosero le pide a un conductor «una monedita de cien pesos»; cuando se la dio, este hizo el ademán de rascarse una pierna y, súbitamente, le arrancó el espejo retrovisor al carro, y huyó velozmente.

 

Luego, pasaron varios haciendo y diciendo cosas parecidas… Murallas de buses lo acorralaban por todas partes, mientras era asediado por esos menesterosos de mal aspecto. Cerca, otros mendigos intimidaban con palos a más conductores…

 

La violencia de la zona era patente: hacía no pocos días habían matado a un estudiante y el día anterior estallaba una bomba a pocas cuadras…

 

¿Cuál era el móvil de este hombre zarrapastroso?: su acto violento no se debía a la ira, ya que le dieron lo que pedía. ¿Tendría hambre, y por eso lo hizo? ¿Cómo lo educaron? ¿Cómo aprendió a sobrevivir? ¿Qué le enseñaron? ¿Cuál es su modo de vida? ¿Cómo y dónde vivía?…

 

El hecho es la muestra de una enfermedad social innegable… Y, ¿quiénes son los culpables de este vandalismo?

 

¿No es vandalismo también el terrorismo de la guerrilla y los paramilitares? ¿No son vandalismo las políticas gubernamentales que favorecen el enriquecimiento de unos pocos y que incrementan los impuestos al pueblo, mientras se disminuye el empleo? ¿No son vandalismo las acciones de las potencias mundiales que bajo el manto de la ayuda humanitaria propenden únicamente por sus propios beneficios económicos?…

 

Y, todos ellos, ¿cómo han sido educados? ¿Qué intereses han aprendido a seguir? ¿Qué los mueve a pensar sólo en sí mismos y a pasar por encima de los derechos de los demás?

 

Los seres humanos hemos sembrado mucho egoísmo, y el egoísmo es el padre del odio… Pero parece que no nos damos cuenta, y estamos —en el mundo— como en la calle del cartucho: llenos de vándalos.

 

Por nuestro egoísmo somos una multitud de seres solitarios.

 

Esta triste realidad es la causa de todo el desastre que nos aflige, y debe ser derrotada con nuestro amor: cuando dejemos de pensar tanto en nosotros mismos y nos abramos al «tú», aparecerá un «yo» solidario. Y hay que educar a nuestros hijos en ese aspecto.

 

Si no empezamos ya, no terminaremos nunca.

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