Saber vivir

Archive for 29 julio 2008

Estrés

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 29, 2008

¿QUÉ LO CAUSAREALMENTE?

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En una investigación llevada a cabo durante los últimos 14 años se descubrieron las principales causas del estrés de los colombianos, en su orden de incidencia:

 

1. La disolución conyugal

2. La pérdida de un ser querido

3. Los problemas económicos

4. El exceso de trabajo

5. El tráfico

6. La pérdida de trabajo

7. Los problemas laborales

 

La lista, por supuesto, es mucho más larga, pero con estos primeros 7 puntos se pueden hacer algunos análisis y sacar conclusiones útiles para la vida.

 

El estudio mostró, por ejemplo, que muchos seres humanos reaccionan exageradamente a los problemas de la vida: la tristeza, el desasosiego, la depresión, el desconsuelo, la ira, la sensación de impotencia y otras muchas enfermedades psicológicas son «el pan de cada día» en los consultorios de psiquiatras y de psicólogos. Y, la mayoría de las veces, estas patologías no son producidas por razones reales, sino porque el individuo no está capacitado para sobrellevar las dificultades de su vida y/o emprender sereno el cambio que solucionaría su problema.

 

También fue evidente que el grado de afectación de cada ser es diferente para cada ser: unos se deprimen severamente, otros sienten pánico, otros se sienten impotentes, otros luchan denodadamente por solucionar sus problemas, otros se alzan de hombros como si no les afectara…, en fin, las reacciones son muy dispares.

 

Es más: en la investigación, algunos no se vieron afectados, a pesar de estar envueltos en problemas con los que otros enfermarían gravísimamente…

 

La primera pregunta que surgió fue: ¿Por qué algunos se afligen menos con esos problemas que otros?

 

Resulta obvio concluir que algunos están mejor preparados para enfrentar los sinsabores y sufrimientos de la vida. Pero, ¿de dónde proviene esa supuesta preparación?

 

La respuesta a esta pregunta está en un error de concepto acerca de la etiología (la causa) de los problemas emocionales: no son causas externas las que producen el estrés psicológico: no es el tráfico de las calles, ni los problemas conyugales, ni la falta de dinero, ni el exceso de trabajo lo que «estresa» al individuo, sino que algunos individuos tienen propensión a sufrir de estrés; es decir, no existen tanto situaciones estresantes sino individuos «estresables».

 

En el estudio quedó patente que hay individuos débiles e incapaces de afrontar la vida con sus aspectos positivos y negativos y, hasta cierto grado, de asumir su responsabilidad como seres humanos.

 

Pero, ¿de dónde sale esa ineptitud, esa incapacidad?

 

En primer lugar, de la mentira. Mentiras que se dicen, mentiras que se piensan mentiras que se viven…

 

Los aparatos detectores de mentiras perciben el más mínimo cambio en la presión arterial, en las pulsaciones del corazón y en las otras mediciones que hacen, cuando un individuo miente en algo superficial. ¿Cuánto cambiarán esas mediciones ante una mentira en algo importante? ¿Qué cambios producirá en el organismo una forma de vida falsa? Los infieles a su cónyuge, los que roban a su empresa o explotan a sus empleados, los que cobran comisiones injustas, los que levantan falsos testimonios de los demás… ¡Qué débiles se van haciendo! ¡El menor problema conyugal, laboral, familiar o personal los afecta terriblemente! ¡Cómo no van a tener estrés!

 

Lo mismo sucede con los individuos que no tienen coherencia entre los actos que realizan y las metas que dicen tener en la vida: hay quienes se mienten a sí mismos diciendo que creen en tal o cual filosofía o modo de vida, que dicen profesar determinada Fe, mientras sus vidas están alejadas de esos criterios. ¡Cuántos cristianos, por ejemplo, hay que critican a los demás! ¡Cuántos que envidian! ¡Cuántos que no estudian ni intentan vivir bien su Fe! Así es imposible esperar que no tengan estrés.

 

La experiencia ha demostrado que aquellos que no saben de dónde vienen, para dónde van y qué vinieron a hacer en esta vida, no tienen la capacidad suficiente para solucionar los conflictos de la vida; es decir, estos individuos están más propensos al estrés. Y la Fe bien vivida es la única respuesta a esas preguntas.

 

Se concluye fácilmente que sin ahondar en la Fe y guiados por una persona conocedora, es imposible evitar el estrés. La experiencia también ha demostrado que quienes se dan a la tarea de profundizar en esos temas e inician una vida coherente se les disminuye el estrés y, a veces, se les acaba: ya no les afectan los problemas, sino que los encaran sabiamente, y salen avantes mejorando lo que pueden mejorar, cambiando lo que pueden cambiar, y reconociendo y aceptando lo que no se puede cambiar.

 

Es esta, entonces, una tarea para toda la vida: ser veraces. Primero, comenzar diciendo siempre la verdad, luego —un nivel más alto— pensar siempre la verdad y, finalmente, que los actos coincidan con las creencias y con los principios morales que se dicen tener.

 

Otro aspecto bien documentado por la psicología moderna es la incapacidad que algunos seres tienen para perdonar. Millares de personas se curan de su estrés cuando aprenden a perdonar, a aceptar que los demás, como ellos, tienen errores y que, así como los demás deben tolerarles sus propios defectos, ellos deben hacer lo mismo con las deficiencias de los demás.

 

En este campo, lo que más elimina el estrés es aprender a perdonar al papá. No se sabe la razón exacta, pero los humanos perdonan a la mamá, aunque ella sea una mala mujer, y la defienden de toda afrenta; pero con el papá no son tan indulgentes: recuerdan todos los malos momentos que les hizo pasar, los insultos, las humillaciones y los golpes (si los hubo), y pasan su vida con una carga inmensa y pesada en sus hombros, generándose a sí mismos un gigantesco estrés.

La experiencia profesional confirma la estadística existente: cerca del 80% del estrés proviene de no querer entender que el papá es también un ser humano con defectos, al que hay que comprender y perdonar de corazón, para no vivir autodestruyéndose.

 

Y a los papás hay que reiterarles que ser demasiado exigentes con sus hijos o proyectar en ellos una imagen de perfección puede desencadenarles ese mal. Deben saber los padres que, como seres humanos, cometen errores, y que el papá que no pide perdón a sus hijos cuando se equivoca suscita en ellos la idea de que él es perfecto, con lo que se les desarrolla su incapacidad para perdonarlos…

 

Diferente es el caso de quienes comparan, pero tiene la misma incidencia sobre la psique: los que con frecuencia comparan a los demás o se comparan con ellos, o comparan lo que poseen, son unos seres desgraciados, porque se van debilitando para eliminar el estrés. Las estadísticas muestran que, de cada 10 personas con estrés, 7 viven comparándose y comparando. Miden, verifican, tratan de estimar sus diferencias o semejanzas con otros, la suerte que les ha tocado…

 

Y del hábito de comparar se pasa con mucha facilidad al juicio: se convierten en jueces de los demás. A estos seres humanos es muy fácil descubrirlos: son expertos en solucionar las vidas de los demás, pero la suya propia la viven muy mal. Es imposible pretender que no tengan estrés.

 

También es una vana ilusión eliminar los sufrimientos producidos por la envidia, otra consecuencia de la comparación.

 

El paso siguiente a la envidia, el odio, está a la vuelta de la esquina para estos seres. ¡Cuánto sufren estas personas! ¡Cuánto los afectan los problemas externos! Y el problema lo tienen adentro…

 

En fin, son tantas las verdaderas causas de estrés, que difícilmente cabrían en estas líneas. Baste decir que todo lo que el ser humano piense, diga o haga en contra de su propia naturaleza —de su dignidad— es lo que lo afecta en su interior, y lo hace menos competente para asumir los retos vitales.

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Preservativos, ¿la solución?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 26, 2008

PREVENCION DEL SIDA

Preservativos, ¿la solución?

El sólo hecho de pensar en que existe la posibilidad de contagiarse (a través de agujas, jeringas, instrumentos quirúrgicos, odontológicos, de peluquería… etc.) o infectarse (por medio de relaciones sexuales) produce pavor.

Angustiados por la magnitud del problema (o preocupados por obtener el premio Nobel), los científicos se ven impotentes buscando un tratamiento terapéutico.

Hasta este momento, tres medicamentos emergen como alternativas de tratamiento: la Zidovudina, la Dideoxiinosina (DDI) y la Dideoxicitidina (DCC). Infortunadamente —como lo dice The Medical Letter, en su Vol. 33, Nº 855 del 19 de octubre de 1991— “Con ninguno de los medicamentos comercializados en la actualidad para tratar el VIH [virus productor del SIDA] se ha podido curar la infección; todos ellos deben considerarse paliativos”, es decir, atenuantes. Agravando el problema, con su uso, en muchos pacientes surgen abundantes efectos adversos: cuando el paciente es tratado con Zidovudina se presenta anemias, neutropenias, náuseas, vómitos, cefalea, fatiga, confusión, malestar, miopatías (enfermedades de los músculos); cuando se ha elegido el DDI se observan cólicos abdominales, diarrea, neuropatía periferica dolorosa, pancreatitis, insuficiencia hepática; y con el uso del DDC se reportan erupciones cutáneas, estomatitis, fiebre y neuropatías periféricas.

Ante la perspectiva presente, otros han encaminado sus esfuerzos para ofrecer, por lo menos, un mecanismo de prevención que sea realmente eficaz. Fue cuando apareció el preservativo o condón, ya no como medio anticonceptivo, sino para evitar la infección por el VIH.

Apoyados por la enérgica publicidad de los productores, se inició la que hoy han atinado en llamar “la era del látex”: guantes que se utilizan en toda actividad que pueda tener riesgo de contagio como en cirugía, odontología, enfermería, bacteriología… en fin, en las áreas de la salud. La preocupación ha hecho que su uso se propague hasta en otras muchas actividades cuyo mejor ejemplo son las peleas de boxeo, en donde los árbitros se “cuidan” sus manos de posibles gotas de sangre de los adversarios, que acabarían infectando el VIH, y con él, la mortal enfermedad.

Ahora el peluquero y la manicurista se ven rutinariamente asediados con la pregunta sobre si limpiaron y esterilizaron sus instrumentos y cuchillas.

Y en el campo del comportamiento sexual, el preservativo se erige como la panacea de la prevención del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida:

“¿Es Ud. homosexual? ¿Es Ud. bisexual? ¿No vive Ud. la monogamia con su cónyuge? [Estos son los renglones donde se presenta mayor índice de prevalencia de la enfermedad]

Use el condón y tendrá la mejor prevención.”

“Sexo seguro”

En el campo médico, el tema ha sido tratado muy ampliamente: las revistas científicas y gremiales reiteradamente informan sobre el riesgo de contagio del profesional y sobre las precauciones que se debe tener al atender un paciente con la enfermedad o cuyo resultado haya sido positivo y, por lo tanto, sea un portador sano.

En odontología, por ejemplo, ha quedado establecido que, si bien algunos estudios muestran el virus en la saliva, ésta no ofrece posibilidad de contagio. No ocurre lo mismo con la sangre: si una gota de sangre infectada entra en contacto con cualquier erosión de la piel o de las mucosas de la boca, nariz u ojos del profesional, lo expone grandemente. De ahí que siempre que se entra a un consultorio odontológico, se le vea con guantes, tapabocas y gafas.

Parece que con estas precauciones fuera difícil el contagio del profesional, sobretodo, teniendo en cuenta que es poco probable que se sumen las tres condiciones para que se establezca el contagio:

1. Que el paciente sea un portador sano o sufra de SIDA,

2. Que salga sangre en el acto operatorio y

3. Que vaya a caer precisamente en el sitio de la excoriación, si es que la tiene.

Sin embargo, recientes estudios recomiendan a todo odontólogo el uso de doble guante.

En cambio, en el aspecto de las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es —sin temor a equivocaciones— mucho mayor: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal. Para comprender esto de un modo mejor, en cualquier libro de medicina se encuentra como definición de erosión “destrucción o ulceración de un tejido por fricción, con pérdida del epitelio”; en este caso se pierde tejido epitelial de la mucosa, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección o de desarrollar la enfermedad.

Si se considera que la mucosa del ano y del recto está completamente exenta de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que aparecerá un porcentaje mucho mayor de escoriaciones en las relaciones homosexuales entre hombres o en las de pareja, cuando la relación es anal. Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

En ese sentido, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”. En el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987).

Aunado a estos aspectos, ha de tenerse en cuenta la información recopilada por el Dr. Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina en la edición de Julio/Septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, donde se afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 15 % y el 20 %. Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón, falla que intentan mejorar todos los productores con novedosas adiciones químicas y físicas, pero que encarecen el costo de los mismos y que, hasta ahora, dan resultados poco satisfactorios.

El Dr. Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre SIDA: “SIDA y procreación responsable”, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Pandemia

No se trata de una endemia: “enfermedad que reina constantemente en épocas fijas en ciertos países por influencias de una causa local especial”.

Tampoco se trata de una epidemia: “enfermedad accidental, transitoria que ataca al mismo tiempo y en el mismo país o región a gran número de personas”.

El SIDA es una pandemia, ya que consiste en una epidemia extendida a muchos países.

La palabra clave es, entonces, prevención. Una manera de frenar la propagación de este mal.

Si la política gubernamental es entregar a los drogadictos jeringas desechables o donar preservativos a todo nivel, como dijera el año pasado el Director del Departamento de Epidemiología viral de Bethesda, en EE.UU., el Dr. Blattner, se logrará un aumento del abuso de drogas y un incremento en la promiscuidad sexual y, por ende, el aumento de las conductas arriesgadas.

Aquí vale la pena reevaluar las políticas estatales: la “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales y de heterosexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de SIDA de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá —paradójicamente— en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Un aspecto del que no se puede hacer caso omiso y que quizá explique —por lo menos en parte— la actitud del gobierno, es la manipulación de que es objeto por parte de los productores del látex. Convencidos, como están, de que sus ganancias seguirán multiplicándose si el ejecutivo y el legislativo se persuaden de que el único camino para la detención de esta pandemia es el uso del preservativo, impulsan y apoyan con todos los medios a su alcance toda iniciativa publicitaria que el gobierno pretenda realizar en pro de su único interés: el lucro.

El modelo de prevención

Ya que todavía no se dispone de vacuna que prevenga la infección y teniendo en cuenta que la enfermedad no depende tanto de factores ambientales como sucede con el cólera u otra patología producida por virus, caso en el cual la estrategia iría encaminada a su control (agua, alimentos… etc.), como de comportamientos personales libres y voluntarios, no queda alternativa diferente a encaminar todos los esfuerzos para que el pueblo dirija sus actitudes sexuales de una manera racional, no solamente desde un punto de vista frívolo y hedonista.

El modelo de prevención, entonces, será completamente diferente a los acostumbrados en estos casos. Bastará contemplar los grupos de riesgo y los grupos en los que no lo hay o está disminuido, ya que éstos son bien conocidos por la constante información que imparten los medios de comunicación.

En este camino, el primer aspecto que debe replantearse es el aspecto del comportamiento sexual y el segundo es el comportamiento frente al uso de drogas. Para erradicar el SIDA o, por lo menos, para disminuir el número de contagios y de enfermos la llave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad. Por esa razón, es más exacto hablar de conductas de riesgo, en vez de “grupos de riesgo”.

Conductas de riesgo:

Homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (hombres, casi siempre).

Bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo.

Promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto.

Drogadicción o uso de fármacos que producen adicción y que se administren por vía parenteral (inyectados).

(Deben adicionarse, ya no como conductas de riesgo sino como grupo de riesgo los pacientes hemofílicos, los hijos de madres infectadas portadoras sanas o no y algunos profesionales de la salud.)

Casi completamente exento de riesgo, como se sabe, están los componentes de las parejas estables, monogámicas (un solo hombre con una sola mujer) no toxicodependientes.

Si el gobierno y los productores hubiesen dedicado todos sus esfuerzos —y los dineros gastados en difundir el uso del preservativo— para educar al ciudadano en los aspectos relacionados con la verdadera prevención, de manera que aprendieran a establecer relaciones sexuales sólo con una y la misma persona, dejar de consumir drogas, evitar transfusiones de sangre infectada, prevenir embarazos en las mujeres portadoras sanas o con sida, etc., ya se estarían observando los resultados de sus campañas en la disminución de la incidencia y de la prevalencia de esta terrible enfermedad; además, la amenaza que se cierne sobre gente inocente estaría también dramáticamente disminuida.

En muchos casos, aparece velado un intento de imponer una cultura que trivializa la sexualidad humana colocándola en un plano mucho menor del que posee per se: el plano donde todo está permitido, donde se separa el sexo del amor y de la fidelidad, donde el cónyuge se convierte en un objeto de utilización sexual, ya que lo único valedero, lo único que importa, el fin principal, es el placer.

El Estado debe asumir un compromiso cultural y educador, compromiso que está bastante alejado de la actual realidad que hace crear ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y propende a la irresponsabilidad sexual y no a la dignidad del hombre y al orden social.

Otro tanto deben hacer los medios de comunicación. ¿Cuándo asumirán la idea de que su responsabilidad es mayor que la que tienen como simples ciudadanos? En sus manos está una gran capacidad de influencia sobre la moral y las costumbres. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de un bien común?

“La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89. R 19, del 28 de enero de 1992).

Aún estamos a tiempo.

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

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El placer*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 25, 2008

El ser humano es incomprensible, enigmático e indescifrable porque está empastado de ambigüedad, frecuentemente desconcertante. Busca apasionadamente la felicidad y lleva una vida de tensión y de vértigo; desea la paz y vive en la guerra cotidiana; anhela plenitud y se contenta con una felicidad instantánea.

En la sociedad actual se ha suplantado la felicidad por el placer, que se le ha elevado a valor supremo. El placer como fin y meta del hombre cotidiano. El placer se ha convertido en estilo de vida, de propaganda y de negocio, incluso en ética y en cultura. La gran masa vive aquello que decía Nietzsche: ‘La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche’, sin pensar ni proyectar en otra forma de vida diferente.

Sin embargo, cuanto más se busca el placer más se encuentra con la tristeza. No le faltaba la razón a Pascal cuando decía que los que más se divierten son precisamente los que más se aburren.”

 

 

José Antonio Merino

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El arte de soterrar

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 18, 2008

 ¡Qué hermoso es encontrar personas sinceras! Sin caer en imprudencias o impertinencias, sin ser duros o agresivos, recordando siempre la caridad y el respeto para con los demás, dicen siempre la verdad, usan siempre la verdad y profesan siempre la verdad.

 

En cambio, cuánto nos molestan los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el arte de disimular…

 

¿Por qué no decir las cosas directamente, con franqueza? ¿Qué se pretende cuando se intenta hacer que una cosa parezca distinta de lo que es con simulación, engaño o apariencia?

 

¿Qué se gana cuando se dice algo para no significar explícita o claramente una cosa, y darla, sin embargo, a entender?

 

¿Sirve de algo representar cosas, fingiendo o imitando lo que no es?

 

¿Con qué fin se disimula para disfrazar u oscurecer la verdad?

 

¿Para qué encubrir con astucia las verdaderas intenciones? ¿Por qué disfrazar u ocultar cosas, para que parezcan distintas de lo que son?

 

Soterrar significa eso: esconder una cosa de modo que no aparezca. Y eso es lo que algunos acostumbran hacer, cuando no quieren decir lo que piensan directamente y sin tapujos.

 

El «arte» de soterrar, entonces, es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan.

 

También es evidente que ser hipócrita es mentir; entre otras cosas porque no hay peor mentira que una verdad a medias.

 

Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

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Algunas virtudes

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 11, 2008

Se definen, a continuación, algunas de las virtudes a las que debe acceder todo ser humano, si quiere realizarse como tal.

 

à     Abnegación: sacrificio que se hace de la voluntad, de los afectos o de los intereses, generalmente por amor.

à     Afabilidad: ser agradable, dulce, suave en la conversación y el trato.

à     Alegría.

à     Apacibilidad: ser manso, dulce y agradable en la condición y el trato; de buen temple, tranquilo, agradable.

à     Aprovechamiento del tiempo.

à     Benevolencia: simpatía y buena voluntad hacia las personas.

à     Bondad: natural inclinación a hacer el bien, apacibilidad de genio.

à     Compasión: sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.

à     Comprensión: facultad, capacidad o perspicacia para entender a las personas.

à     Constancia: firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos.

à     Cortesía: atención, agrado, urbanidad, comedimiento.

à     Decoro: circunspección, gravedad; pureza, honestidad, recato; honra, pundonor, estimación.

à     Delicadeza: finura, atención y exquisito miramiento con las personas o las cosas, en las obras o en las palabras; ternura, suavidad.

à     Devoción: amor, veneración y fervor religiosos; prontitud con que se está dispuesto a hacer la santa voluntad de Dios.

à     Discreción: sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar; don de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad; reserva, prudencia, circunspección.

à     Ecuanimidad: igualdad y constancia de ánimo; imparcialidad de juicio.

à     Elegancia.

à     Equidad: bondadosa templanza habitual; propensión a dejarse guiar, o a decidir algo, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley.

à     Espíritu de servicio.

à     Fidelidad: lealtad, observancia de la fe que uno debe a otro.

à     Generosidad: inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés; largueza, liberalidad; valor y esfuerzo en las empresas arduas.

à     Honestidad: decencia o decoro; el que es recatado, pudoroso; razonable, justo; probo, recto, honrado.

à     Honorabilidad: el que es digno de ser honrado o acatado.

à     Laboriosidad: aplicación al trabajo.

à     Lealtad.

à     Magnanimidad: grandeza y elevación de ánimo.

à     Obediencia a las leyes de Dios y de las autoridades competentes.

à     Optimismo: propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.

à     Paciencia: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse; capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas; facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

à     Perseverancia: mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión; constancia en la virtud y en mantener la gracia hasta la muerte.

à     Perspicacia: penetración de ingenio o entendimiento.

à     Prudencia: capacidad para discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello; templanza, cautela, moderación; sensatez, buen juicio.

à     Puntualidad: cuidado y diligencia en hacer las cosas a su debido tiempo.

à     Reciedumbre: fuerza, fortaleza o vigor.

à     Rectitud de intención.

à     Rectitud: recta razón o conocimiento práctico de lo que debemos hacer o decir.

à     Religión: virtud que nos mueve a dar a Dios el culto debido.

à     Respeto: veneración, acatamiento que se hace a uno; miramiento, consideración, deferencia.

à     Sagacidad: virtud del que es avisado, astuto y prudente, que prevé y previene las cosas.

à     Sencillez: que no tiene artificio ni composición; que carece de ostentación y adornos.

à     Sensatez: prudencia, cordura, buen juicio.

à     Simpatía: modo de ser y carácter de una persona que la hacen atractiva o agradable a las demás.

à     Sinceridad: veracidad, modo de expresarse libre de fingimiento.

à     Sobriedad: templanza, moderación.

à     Suavidad: el que es tranquilo, quieto, manso; moderado; dócil, manejable o apacible.

à     Tenacidad: el que es firme, porfiado y pertinaz en un propósito.

à     Ternura: virtud del que es afectuoso, cariñoso y amable.

à     Tolerancia: respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras.

à     Tranquilidad.

à     Valentía.

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Susto, miedo y temor

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 4, 2008

Según la Academia de la Lengua: 

Susto:

Impresión repentina en el ánimo por sorpresa, miedo, espanto o pavor.

 

Miedo:

Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

 

Temor:

Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar las cosas que se consideran dañosas, arriesgadas o peligrosas.

 

Temor de Dios:

Miedo reverencial y respetuoso que se tiene Dios, por ser tan bueno.

 

 

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