Saber vivir

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El machismo, ¿culpa de los hombres?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 24, 2008

No se sabe si la causa sea cultural o, como se dijo alguna vez, tiene su origen en las escrituras, pero hacia los 35 años de edad las mujeres solteras comienzan a sentir terror y angustia cuando escuchan la palabra “solterona”; mientras tanto, hombres célibes de mayor edad ni siquiera se inmutan por su condición.

¿Es que la cultura machista hace pensar a todos y a todas que la mujer no puede vivir sin un hombre que le sirva de apoyo psicológico y material? ¿Las preparamos para eso? ¿O es que aquello de que “ansiarás al hombre, quien te dominará” estigmatizó desde el Génesis a la mujer?

Lo que sí es patente es que los medios de comunicación estimulan constantemente a los hombres en el aspecto sexual: imágenes y fotografías de mujeres desnudas o semidesnudas son “el pan de cada día” en la televisión, el cine y la prensa escrita; cuando se trata de las películas, el “héroe” con rasgos de valentía y de moralidad se besa apasionadamente con cuanta mujer se cruza en su camino, cuando no tiene relaciones genitales con ellas. Esta cultura forja la creencia de que la mujer, lejos de ser un ser humano con valores, es simplemente un objeto de placer.

Aunado a esto, las mujeres con frecuencia se dejan llevar por tales conceptos hasta el extremo de que conquistan al hombre a través de conductas hedonistas, en vez de poner en alto su identidad como ser amable (que se puede amar), y su valor como futura madre.

Pero lo más habitual es que la mujer se considere a sí misma menos que el hombre. Cuando una madre, por ejemplo, aconseja a su hija que cuando sea grande luche mucho por llegar a ser igual que el hombre, tácitamente está haciéndole creer que las mujeres son inferiores, pues deben esforzarse para ser como ellos.

Un análisis poco profundo mostrará que las mujeres son superiores al hombre en el plano biológico (hasta ahora ninguno puede quedar embarazado o amamantar); también su ternura innata, su interés por ayudar, su paciencia con los necesitados y la unión con los que sufren demuestran que la mujer, generalmente, supera al hombre en el plano psicológico.

Sin embargo, estadísticamente, el índice de las que aceptan la infidelidad de su cónyuge, de las que se quejan de disminución del apetito sexual, de las que sufren porque se dan cuenta de que son buscadas únicamente como objetos de placer, es alarmante.

Cuando la mujer —madre en potencia— deje ver al hombre que su capacidad de amar y de sacrificarse (no hay mayor amor que el de una madre) debe ser correspondida por un amor igual, se iniciará el camino hacia la erradicación del machismo y de todas sus consecuencias devastadoras para la familia y, por ende, para la sociedad.

También se acabarán la palabra “solterona” (¿por qué no hay “solterones”?), y la frase “madre soltera” (¿existen padres solteros que se encarguen como ellas del bienestar de sus hijos, de su alimentación y educación, además de las cargas económica y laboral?).

Ellas y ellos dejan a un lado la coquetería con que se conquistaron. Pareciera que, una vez obtenido el “botín”, todo esfuerzo por perpetuar esa relación se dejara de lado: en la mujer, por ejemplo, se observa que, teniendo la potestad de hacer de su novio un digno padre para sus hijos, teniendo la capacidad de ir educando y hasta “moldeando” la personalidad de su esposo con esa coquetería, con ese “tire y afloje”, no la utilizan.

¿Cómo reaccionaría un hombre si su esposa se niega a la intimidad tras una mirada impura suya a otra mujer? ¿Cómo cambiaría un muchacho si su novia lo va dirigiendo hacia su alma enseñándole que el amor es la lucha total por hacer feliz al otro aun a costa de los propios intereses?

“La mujer no fue sacada del cerebro del hombre pues nunca se pensó que gobernara, ni de sus pies para que fuera su esclava, sino de su costado para que caminara a su lado, de debajo de su brazo para que fuese por él protegida y de cerca a su corazón para que la amara intensamente” (Hugo de Víctor, siglo XII).

   

 

 

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¿Cabemos o no cabemos?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 18, 2008

¿Cabemos o no cabemos?

 

Es fácil hacer las cuentas: si el promedio mundial de hijos por familia fuera de tres, una familia de ese tamaño se puede acomodar en 200 m2 con amplitud, tomando como ejemplo lo que se ve en un excelente barrio de Bogotá.

Un edificio de 8 pisos de 2 apartamentos por piso provee 16 apartamentos de ese tamaño, lo cual significa que allí pueden vivir 16 familias, y el área que se utilizó fue de 400 m2.

En una cuadra de 100 m x 100 m, es decir, de 10.000 m2, caben 25 edificios (10.000 / 400 = 25). En 1 Km², entonces, se podrán hacer 2.500 edificios de 16 apartamentos cada uno. Esto es 40.000 apartamentos o familias (2.500 x 16 = 40.000), lo que significa 200.000 personas por kilómetro cuadrado (40.000 x 5 = 200.000).

Cada millón de personas, por tanto, necesita 5 Km² para vivir, pero a eso debe agregarse el área de las avenidas, calles, parques para recreación, museos, escuelas, universidades, etc. Calculando esa área igual a la de la habitable, se concluye que 1’000.000 de personas necesitan 10 Km² para vivir holgadamente.

La población bogotana (6’000.000 de habitantes) necesita 60 Km² y, sin embargo, Bogotá tiene más de 360 Km² de área urbana.

Curiosamente, así también se puede concluir que los 36 millones de colombianos podríamos vivir holgadamente en el área urbana de Bogotá (360 Km²) y, ya que Colombia tiene 1’140.000 Km², sobrarían campos de 1’139.640 Km², para las siembras, ganados, lagos, ríos, reservas forestales, fábricas, escuelas rurales, zoológicos naturales e infinidad de cosas más: Colombia sin Bogotá.

A nivel mundial podríamos hacer algo similar: los 6.000’000.000 de habitantes que caminan por el globo terráqueo pueden acomodarse -cómoda y holgadamente también- en 60.000 Km², esto es ¡el área de nuestro departamento de Antioquia!

Sin embargo, para la Conferencia de Población y Desarrollo, el panorama aparece dramático. Se pensaba utilizar hasta el aborto como medio de planificación familiar y se piensa propender, en todas las naciones del orbe, a métodos de regulación artificial, sin el ánimo de respetar la libertad individual.

Por ese camino, la tasa de natalidad ha descendido y la expectativa de vida ha aumentado. Esto se ve magnificado, ya que la ciencia médica ha progresado de una manera asombrosa en los campos científico y tecnológico hasta desarrollar tratamientos y medios de prevención que han mostrado su eficacia de un modo incuestionable.

Este panorama tiene además otra cara: Europa, Estados Unidos de América, Canadá, Australia, Japón, Corea y otros países -en donde mayor eficacia han tenido las políticas en contra de la llamada “Explosión Demográfica”- tienen el más alto índice de ancianos, ancianos que no laboran pero que deben alimentarse. Y esas naciones están viendo en sus senos que unos pocos jóvenes deben mantener a muchos viejos. Esto se magnifica en muchas de esas naciones, ya que los subsidios estatales acogen a los ancianos.

Las cifras son alarmantes. La pirámide poblacional está cambiando su estructura histórica. La población mayor de 60 años era de 495 millones en 1991. Para el año 2020, se calcula que excederá los 1000 millones.

En 1991, en casi toda Europa, entre el 12.5 % y el 20 % de su población era mayor de 60 años. Hoy los ancianos superan el 20 %.

En Colombia, en 1973, el 7 % de seres humanos eran mayores de 55 años. El DANE proyecta que en el 2025 habrá más de diez millones de ancianos, es decir, el 14 % de su población.

De manera que la lucha que se comienza a emprender en esas naciones es ahora contra la Implosión Demográfica, fenómeno no esperado por aquellos que se preocupaban por detener el crecimiento poblacional a toda costa, so pretexto de que hubiese pan para todos. Ahora ese pan puede comenzar a escasear, pues ya no hay tantas manos para sembrar, cosechar, amasar, hornear y vender.

En Finlandia se paga la alimentación, vestido y educación de todos los hijos que las parejas tengan ¡hasta los diez y ocho años! En Inglaterra y otros países se puede leer la consigna “Es políticamente necesario el nacimiento de un tercer hijo”.

Es verdad que hay que mejorar el nivel de vida del ciudadano y del hombre rural, es verdad que una de las luchas que debe emprender el mundo es hacia la erradicación de la pobreza absoluta, conviene que también en el aspecto económico haya un crecimiento… pero todo esto con el aval del raciocinio, del uso de la inteligencia, del “medir” los alcances de esas políticas demográficas. De otro modo, el hombre seguirá autodestruyéndose, como lo hace cuando merma la capa de ozono, máxime si se tiene en cuenta que esas políticas nacen en el poco sentido de dignidad de la vida humana, donde no se valora al hombre como tal, sino que se le considera un número que se puede manipular sin sentido y sin razón. El respeto por la vida humana es el principio de todos los demás derechos del hombre y toda lid que se inicie por éstos estará perdida desde el comienzo si no se ha dado la base fundamental que es el valor del ser humano.

 

Gustavo Vélez

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