Saber vivir

El machismo, ¿culpa de los hombres?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 3, 2008

 

No se sabe si la causa sea cultural o, como se dijo alguna vez, tiene su origen en las escrituras, pero hacia los 35 años de edad las mujeres solteras comienzan a sentir terror y angustia cuando escuchan la palabra “solterona”; mientras tanto, hombres célibes de mayor edad ni siquiera se inmutan por su condición.

¿Es que la cultura machista hace pensar a todos y a todas que la mujer no puede vivir sin un hombre que le sirva de apoyo psicológico y material? ¿Las preparamos para eso? ¿O es que aquello de que “ansiarás al hombre, quien te dominará” estigmatizó desde el Génesis a la mujer?

Lo que sí es patente es que los medios de comunicación estimulan constantemente a los hombres en el aspecto sexual: imágenes y fotografías de mujeres desnudas o semidesnudas son “el pan de cada día” en la televisión, el cine y la prensa escrita; cuando se trata de las películas, el “héroe” con rasgos de valentía y de moralidad se besa apasionadamente con cuanta mujer se cruza en su camino, cuando no tiene relaciones genitales con ellas. Esta cultura forja la creencia de que la mujer, lejos de ser un ser humano con valores, es simplemente un objeto de placer.

Aunado a esto, las mujeres con frecuencia se dejan llevar por tales conceptos hasta el extremo de que conquistan al hombre a través de conductas hedonistas, en vez de poner en alto su identidad como ser amable (que se puede amar), y su valor como futura madre.

Pero lo más habitual es que la mujer se considere a sí misma menos que el hombre. Cuando una madre, por ejemplo, aconseja a su hija que cuando sea grande luche mucho por llegar a ser igual que el hombre, tácitamente está haciéndole creer que las mujeres son inferiores, pues deben esforzarse para ser como ellos.

Un análisis poco profundo mostrará que las mujeres son superiores al hombre en el plano biológico (hasta ahora ninguno puede quedar embarazado o amamantar); también su ternura innata, su interés por ayudar, su paciencia con los necesitados y la unión con los que sufren demuestran que la mujer, generalmente, supera al hombre en el plano psicológico.

Sin embargo, estadísticamente, el índice de las que aceptan la infidelidad de su cónyuge, de las que se quejan de disminución del apetito sexual, de las que sufren porque se dan cuenta de que son buscadas únicamente como objetos de placer, es alarmante.

Cuando la mujer —madre en potencia— deje ver al hombre que su capacidad de amar y de sacrificarse (no hay mayor amor que el de una madre) debe ser correspondida por un amor igual, se iniciará el camino hacia la erradicación del machismo y de todas sus consecuencias devastadoras para la familia y, por ende, para la sociedad.

También se acabarán la palabra “solterona” (¿por qué no hay “solterones”?), y la frase “madre soltera” (¿existen padres solteros que se encarguen como ellas del bienestar de sus hijos, de su alimentación y educación, además de las cargas económica y laboral?).

Ellas y ellos dejan a un lado la coquetería con que se conquistaron. Pareciera que, una vez obtenido el “botín”, todo esfuerzo por perpetuar esa relación se dejara de lado: en la mujer, por ejemplo, se observa que, teniendo la potestad de hacer de su novio un digno padre para sus hijos, teniendo la capacidad de ir educando y hasta “moldeando” la personalidad de su esposo con esa coquetería, con ese “tire y afloje”, no la utilizan.

¿Cómo reaccionaría un hombre si su esposa se niega a la intimidad tras una mirada impura suya a otra mujer? ¿Cómo cambiaría un muchacho si su novia lo va dirigiendo hacia su alma enseñándole que el amor es la lucha total por hacer feliz al otro aun a costa de los propios intereses?

“La mujer no fue sacada del cerebro del hombre pues nunca se pensó que gobernara, ni de sus pies para que fuera su esclava, sino de su costado para que caminara a su lado, de debajo de su brazo para que fuese por él protegida y de cerca a su corazón para que la amara intensamente” (Hugo de Víctor, siglo XII).

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

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