Saber vivir

Archive for 23 enero 2009

El por qué de los trastornos de la sexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 23, 2009

 

Uno de los aspectos más importantes de la sexualidad es el comportamiento. Las relaciones interpersonales entre seres de distinto sexo son diferentes a las que hay entre quienes tienen el mismo. Sexo significa división, sección, “mitad en busca de otra mitad”; y esto es, precisamente, lo que hace la diferencia. La persona del otro sexo es, potencialmente, el complemento.

En esa búsqueda por el complemento, se encuentra una cantidad asombrosa de errores, producto de la mala comprensión de la sexualidad.

 

El machismo

En ese contexto, sobresale, por su incidencia en el mundo entero y por la cantidad de daños que produce en la relación de pareja, el machismo.

El machismo sería difícil de definir si no se tuviesen claros los conceptos de sexualidad y de dignidad, más especialmente la de la mujer. El Diccionario de la Lengua Española define al machismo como la actitud de prepotencia en los varones respecto de las mujeres.

Son características de la forma de pensar del machista las siguientes:

Ø  Ella debe ser quien lo complace en todo, incluidos los comportamientos genitales.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien se encarga del aseo, orden y buen funcionamiento de la casa; si él lo hace no será suficientemente “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien atienda las necesidades de los hijos (pañales, teteros, comida, aseo, ropa, baño, colegio, estudios, diversiones, tiempo de esparcimiento…); así mismo, si él lo hace no se sentirá “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien cocine o dirija a la empleada en esos menesteres.

Ø  Él, y sólo él, tiene derecho a estar cansado.

Ø  Ella debe ser quien debe comprender todo, aun el mal comportamiento de su marido.

Ø  Ella debe esperar que su marido llegue de las fiestas y diversiones con sus amigos y amigas, y no participar de ellas.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien debe comportarse bien. Al “macho” se le permiten y se le perdonan todos sus errores.

Ø  Él puede llegar tarde, e incluso, borracho.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser fiel.

Ø  Ella no tiene derecho a trabajar ni a tener dinero.

Ø  Ella no tiene derecho a estudiar.

Ø  Si los dos trabajan, ella debe llegar a la casa a encargarse del hogar, de los hijos y de su esposo, mientras él llega a descansar.

Ø  En lo genital él tiene siempre la iniciativa; si ella intenta algo, el marido la considerará indigna y hasta “prostituta”.

Ø  Si el esposo no “se satisface” en lo genital, puede buscar otra mujer. Por eso ella debe lograr su “satisfacción” (la del marido) y nunca pensar en la propia.

Ø  Él tiene siempre el orgasmo, aunque ella no lo consiga.

Ø  La fuerza a tener relaciones genitales durante la menstruación, durante el embarazo o en un estado de depresión, independientemente de si a ella no le gusta o, simplemente, si no lo desea en ese momento.

Una sola cualquiera de estas actitudes es machista.

Aquí caben muchas otras maneras de pensar y actitudes propias del machismo, pero todo esto se puede resumir así:

El no la valora como ser humano, como mujer, sino como un objeto de placer y de comodidad. De ahí se desprende, para él, la bondad o maldad de una mujer: si le brinda placer y bienestar, es buena, si no, no.

Lo peligroso de estas actitudes es que pueden irse incrementando —y de hecho lo hacen— hasta propiciar el maltrato psicológico y hasta físico, incluyendo los golpes deformadores y hasta fatales.

Más aún, se puede llegar a extremos como el de la extirpación del clítoris de las recién nacidas para “eliminar” en ellas el placer —como sucede en algunas tribus africanas— o, más conocido, al de la poligamia, donde la mujer es solo una más, a quien le corresponde determinado turno.

Es fácil y obvio concluir que todo machismo es simplemente egoísmo —disfrazado o no— que hace del hombre un ser sin dignidad. Parecido es el significado de algunas acepciones de la palabra “macho”: hombre necio o animal irracional de sexo masculino.

 

La mojigatería

La mojigatería es la exagerada escrupulosidad en el proceder, más específicamente aplicada en estas líneas, a considerar todo lo genital pecaminoso.

Para una mejor comprensión de este vocablo en su acepción sexual, puede servir como ejemplo la actitud de un escolar que pedía a sus compañeros que lo golpearan con correas para excitarse y así poder masturbarse. Luego de las pesquisas psicológicas pertinentes, se descubrió que la madre, cuando se enteró de que su hijo tuvo la primera eyaculación nocturna, acto completamente fisiológico y, por tanto, normal, lo “castigó” dándole muchos golpes con una correa. Y esto se repitió hasta que el muchacho asoció el dolor con placer sexual.

Fuera de este real ejemplo, son muchos los errores en la concepción de las conductas sexuales por parte de quienes tienen actitudes mojigatas.

 

El hedonismo

Pero además del machismo y la mojigatería, otra enfermedad se cierne sobre el mundo, para agravar aún más el daño sobre los comportamientos sexuales:

La televisión, el cine, la prensa escrita, la radio, etc. aceptan las propagandas encaminadas a promocionar los productos que venden sus patrocinadores, y con mucha frecuencia no tienen cuidado en elegir las que mejoren la dignidad humana o las que propendan a un bienestar familiar y social, sino que escogen las que mayor aporte económico les produce.

Es así como aparece veladamente el hedonismo, doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Muchos mensajes comerciales adolecen de esa falla: en forma subliminal van dejando en los televidentes, lectores, oyentes y cinéfilos la idea de que la felicidad es todo lo que produce placer, comodidad, diversión… y erigen al dinero y al poder (que pueden conseguir todo esto) como los fines del hombre de hoy. De hecho casi todas las propagandas de la televisión o del cine son realizadas por actores jóvenes, “triunfadores” (tener dinero y el reconocimiento de los demás), atléticos, bien parecidos y con cuerpos esculturales; es muy raro el comercial que presenta ancianos o personas poco atractivas, y más raro aún, el que habla de seres fracasados. Por eso, en ellos, reiteradamente la mujer —con su cuerpo— “incita” a comprar todo tipo de artículos o servicios. A veces semidesnuda, otras sin ropa, pero siempre insinuante, este ser humano, en quien habita la potestad de la maternidad, se convierte simplemente en un medio para hacer propaganda, sin el cuidado de su dignidad; su valor intrínseco queda herido, propiciando el machismo, del que ya se vio su injusticia y su capacidad destructiva.

Casi todos los medios de comunicación se han convertido, en lo que se refiere a estos aspectos, en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico hasta hacer dañar el orden de la naturaleza. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho, haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, y fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas.

Así, será entonces muy fácil el florecimiento del machismo.

El siguiente relato -verídico- puede dar una muestra aproximada de las más frecuentes quejas por parte de las mujeres:

“Doctor: quiero contarle que me siento muy mal. Mi esposo es bueno, creo que es fiel y aporta el dinero necesario para el hogar. Pero no sé qué pasa: si yo coloco unas flores en el florero, si ordeno la sala de un modo diferente al usual, si me arreglo el cabello o si compro un nuevo vestido y me lo pongo para recibirlo en la casa, él no lo nota. Frecuentemente intento comunicarme con él preguntándole cómo le va en el trabajo y me contesta con monosílabos o me dice que bien. Cuando quiero comentarle algo acerca de nuestros hijos, de la familia, de mis amigas, no me pone atención o se muestra indiferente. Yo me casé con la ilusión de compartir toda la vida con un ser que amaba mucho y ahora me siento muy triste. En los únicos momentos en que se muestra cariñoso es cuando quiere tener relaciones íntimas. Pero eso me está cansando… ya no siento lo mismo que antes. Mejor dicho… ya no siento nada”.

El autor de estas letras ha oído innumerables veces relatos casi idénticos de parte de mujeres que sufren mucho y ya casi sin esperanzas, que se preguntan dónde está la falla o qué causó semejante “cambio” de actitud por parte del marido.

Una causa muy común es la siguiente: teniendo en cuenta la sobreestimulación en la que vive el hombre de hoy, si una muchacha pretende conquistar a un joven a través de incitaciones hacia lo genital, (como por ejemplo, usando minifaldas altas, pantalones ajustados a su cuerpo, escotes que dejan ver parte de las mamas, etc.), lo inducirá indirectamente a que se sienta atraído hacia eso, no hacia ella. Después será más difícil que, una vez casados, ella pretenda mutar los sentimientos de su esposo por otros aspectos —igual o más importantes en la relación de pareja—, como el psicológico y el espiritual. Es necesario entonces que la hermosa y femenina coquetería sea siempre dirigida por la perspicacia, el ingenio propio de las mujeres, para que el hombre la mire a los ojos, a su alma, y así se enamore de ella y no de su cuerpo; o peor, de una parte de su cuerpo, como suele suceder.

Aquí vale la pena hacer un análisis: la finalidad del placer puesto por la naturaleza en las papilas gustativas de la lengua, en el paladar y hasta en las mucosas de la boca, es mantener vivo al individuo, lo mismo que el placer que produce el ingerir alimentos cuando se siente mucha hambre. Si estos placeres no existieran, el hombre moriría; se requeriría que hiciera una abstracción mental para comprender que el alimento es necesario para mantener la vida y se diera unos minutos diarios al día para dedicarse a nutrir su cuerpo.

No es fácil olvidar lo que hacían algunos romanos del siglo primero en sus orgías, verdaderas bacanales: como sus viandas eran tan apetitosas, tenían destinados unos lugares ligeramente alejados a los cuales iban de cuando en  cuando a vomitar lo ingerido, para regresar a seguir disfrutando de su festín.

A cualquiera le repugna esta descripción, pero conviene mucho sopesar esta acción:

1. El instinto es un medio (en este caso el apetito es un medio para la subsistencia), pero en las acciones de estos romanos se puso como fin al instinto.

2. El hombre se diferencia de las bestias por su capacidad de raciocinio y por su voluntad.

3. Solo la ausencia de racionalización puede llevar a este desorden de la naturaleza en el que los actos no cumplen su finalidad natural.

Así mismo, a cualquiera puede parecerle grotesco realizar la cópula sexual si esta no produjera placer. Es fácil deducir entonces que la naturaleza dotó también de satisfacción al acto que haría que la raza humana no se acabase.

Por tanto, el placer que depara la genitalidad es un medio para la permanencia de hombre sobre la tierra y sería simplemente absurdo no concluir que nunca es un fin para el ser humano.

Pero así es:

Tanto en los hombres como en las mujeres, por el influjo del machismo y por la generalización del hedonismo, se puede presentar un deseo urente de genitalidad, hasta de una genitalidad desaforada, cuando se ha mutado el orden cosmológico para buscar únicamente el placer, el goce puramente biológico, dejando a un lado los otros aspectos de la sexualidad humana, y convirtiendo al hombre en un ser que lo único que busca es satisfacer sus debilidades haciendo de sí mismo un esclavo de las pasiones y no un hombre con libertad.

 

 

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El por qué de los trastornos de la sexualidad