Saber vivir

Archive for 29 marzo 2009

Las siete reglas de oro de la educación sexual

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 29, 2009

 

La procreación no termina, como en la mayoría de los animales, con el parto, la alimentación y protección durante los primeros días. En la especie humana, por la existencia de la inteligencia, la voluntad y el amor, es necesario completar la labor con la educación en todos los aspectos de sus vidas: la cultura, el bagaje de conocimientos, el aprecio de los bienes materiales, el amor, el comportamiento, las virtudes… todo lo que les pueda granjear su bienestar biológico, psicológico y espiritual.

Para lograr el justo medio entre la mojigatería y el libertinaje, como se acaba de describir, y así dejar un legado útil a los hijos con el que se encaminen hacia su felicidad, es necesario asentar la educación sexual en sus pilares fundamentales: el ejemplo, la confianza, la naturalidad, la verdad, la prevención, la prudencia y el decoro.

 

1. El ejemplo

Los niños están atentos a lo que Ud. hace y querrán hacerlo también, más si la relación padre–hijo o madre–hija es armónica.

Los adolescentes seguirán las pautas de coquetería y conquista que han visto en sus progenitores, cuando inicien su vida afectiva con sus amigas y amigos de distinto sexo.

Los jóvenes, aun en medio de la rebeldía propia de su edad, desarrollarán su personalidad individual en los cauces dejados por el ejemplo de los padres.

Y los adultos, pasada la etapa del conflicto generacional, retornarán para vivir indefectiblemente como los padres encaminaron su vida de relaciones interpersonales y de pareja, especialmente si llegan a faltar.

Casi ninguno escapa de esta “ley” de la vida. Es impresionante ver cómo se repite una y otra vez el viraje de rebeldía y, tras él, el retorno a las mismas costumbres que se vivieron en el primer hogar: de padres machistas, muchas veces se formarán hijos machistas; las hijas de las madres maltratadas, por un extraño concepto de similitud, casi siempre, y aunque manifiesten lo contrario, buscan esposos que, aunque las hagan sufrir, se parezcan a su padre. Así mismo, los hijos e hijas de padres y madres nobles y llenos de virtudes tienden a encontrar en sus novias y novios esas cualidades; algunas veces fallan en hallarlos y aparece el dolor.

Pero, generalmente, sólo el estudio de estos aspectos unido a una profunda perspicacia por parte de hijos ya maduros puede romper esta cadena. Por eso, el aspecto más relevante en la educación sexual, la principal regla de oro, es el ejemplo.

Aunado a esto, la fuerza de la educación reside principalmente en la vivencia personal. Sólo un padre fiel puede pretender, por ejemplo, que su hijo no se arriesgue a infectarse con el virus del sida o que su hija no quede embarazada durante la etapa escolar.

¿Cómo es posible enseñar principios morales si Ud. no los tiene? Si su hijo ve que Ud. los vive, le será más fácil seguir el ejemplo; igualmente, si Ud. tiene naturalidad, dice siempre la verdad, es decoroso, etc., obtendrá eficacia en la educación de sus hijos.

 

2. La confianza

¿Cómo lograr que sus hijos acudan a Ud. en caso de duda?

Esto no sucederá si Ud. no escucha con atención lo que su hijo le cuenta acerca de sus cosas, lo rechaza o simplemente si lo ignora, buscando la conversación con otros adultos. Tampoco será posible si, ante cualquier tema un poco “delicado” Ud. se escandaliza.

Para adquirir esa deseable confianza es necesario, primero, el diálogo: hable con su hijo, que su hijo sepa que puede hablar con Ud. de cualquier tema, que tenga la confianza de hablar cuando algo le preocupe. Esto es imposible si los temas que a su hijo le gusta tratar son vanos y superficiales para Ud.; en cambio, si Ud. les da la misma o más importancia a sus cosas que a las propias, encontrará un amigo en Ud. Eso lo llevará a explayarse siempre contándole todo, incluyendo los temas escabrosos, que ya no lo serán.

Es imperante insistir sin descanso en la calidad del trato con los hijos: así como el amor conyugal, el amor paternal y maternal también son sacrificio. ¿Se ha preguntado Ud. cuánto se “sacrifica” escuchando las cosas que sus hijos quieren contarle? ¿le parecen superfluas, intransigentes? Pues a ellos no. Póngase en sus circunstancias: acuérdese de cuando Ud. era niño y quería que sus padres lo atendieran y vivieran con Ud. las emociones de cada descubrimiento, de cada logro, de cada alegría… Si lo hace, ellos podrán contar con Ud. como amigo y Ud. podrá ayudarlos como tal y como padre.

¿Se da cuenta de lo tanto que gana un amor así? Pocos consejos se quedan tan grabados en la memoria de su hijo como cuando hay confianza y, lo que es mejor, la labor educativa no resultará desagradable para ninguno de los dos.

Para seguir cultivando esa amistad qué bueno es elogiar los esfuerzos de sus hijos, no sólo los triunfos. A veces los padres pecamos en ese sentido: si el muchacho o la muchacha lucha denodadamente por lograr algo y no lo hace, se sentirá frustrado cada vez que fracase, en cambio, si se le estimula, cada fracaso lo impulsará a seguir luchando, y es probable que por eso sea luego un triunfador. Así que anime en esa lucha, así disminuirá los altibajos, propios de esas edades y lo encaminará rápido a la madurez.

Un muro que a menudo se forma entre padres e hijos es el orgullo de los primeros: cuando un padre cree que el respeto es más importante que el amor y la comprensión, la comunicación se rompe y el trato se basa, a partir de ese momento, en el miedo. Acepte los propios errores: eso le hará ganar confianza, no sólo para que le comunique los suyos a Ud. sin temores, sino para que nunca se sienta desanimado en la lucha, pues sabrá que puede caer como Ud., y como Ud. levantarse.

Calma: el acaloramiento no lleva al bien del hijo, este casi nunca lo acepta y se resquebraja la relación. Si lo llega a hacer aprenda a pedir perdón. Sí, hay que repetirlo muchas veces (esta es otra forma de machismo), él es un ser humano, con una dignidad grande, como la suya.

Nunca critique a sus hijos, critique sus actuaciones, si es menester. Es muy distinto decir: “Qué estúpido eres”, que: “Lo que estás haciendo está mal”, o mejor aun: “estás equivocado”. Lo que más separa a un hijo de su padre es que este no sepa distinguir entre la ofensa y el ofensor: es bueno criticar la acción, es malo criticar a su hijo.

Y otra actitud que ayuda mucho a no romper el hilo filial y paternal es crear lazos de servicio y de responsabilidad: que los hijos sepan que están haciendo una contribución a la familia, que se sientan importantes, casi indispensables.

 

3. La naturalidad

Para obtener toda la confianza de un hijo, para que haga sus preguntas sobre sexualidad y aun sobre genitalidad a sus padres, es importante subrayarles que las preguntas sobre estos temas son, para los niños, tan normales como las que puede hacer a propósito del día y la noche, de la luz y de la sombra, o cualquier otro tema, puesto que este es un tópico natural, aunque, aveces, los adultos no lo vean así. Y aunque parezca excesivo lo que viene a continuación, no hay mejor manera que contestar a esas preguntas de la misma forma como se hace cuando las preguntas son acerca del día y la noche, de la luz y de la sombra o de cualquier otro tema considerado fatuo o intrascendente, obviamente, con la prudencia de contestar, como se verá en el subtítulo “F”, adecuándose a la edad, a las circunstancias y al momento.

Lo que no puede olvidarse es que si el tono de la voz o la actitud cambian, si, por ejemplo, ahora sí se le pone atención o si se da una evasiva a la respuesta, se creará en el subconsciente del niño o del joven una sensación de que “algo está mal”, de que “esto tiene cosas escondidas, secretos” o, lo que es peor, pero más frecuente, “esto no lo vuelvo a preguntar a papá o a mamá, sino a mis amigos”.

 

4. La verdad

Nunca, nunca, pero nunca mienta a su hijo.

Todos los sexólogos insisten en que todas las respuestas se deben dar en forma clara y completa. Délas así: con claridad y con sencillez. Bastará que Ud. esté listo a contestar sus preguntas, siempre pensando en el bienestar de su hijo.

Tal vez el único tema que quizá falte aquí es el de la masturbación, dentro de lo que se refiere a los trastornos de la sexualidad; ya que, al hablar de la verdad, conviene desechar algunos errores de concepción al respecto:

Se entiende por masturbación cualquier forma de autoestímulo dirigido a obtener excitación sexual, se alcance o no el orgasmo.

El término masturbación, si bien en su origen alude al estímulo manual (de “manus”, mano y “stuprare”, violar), abarca diferentes formas e instrumentos para estimular los genitales.

Algunos postulan que la masturbación es buena, antes de tener relaciones maritales, ya que los espermatozoides “buscan una salida”; de ahí, dicen ellos, las poluciones nocturnas.

En efecto, desde la adolescencia, y a lo largo de toda la vida, se forman en los testículos millones y millones de espermatozoides. En los canales seminíferos que llenan los compartimientos del testículo, los espermatozoides sufren un constante proceso de multiplicación, hasta el punto de que cada mes se crean entre 10 y 30 billones, que, por el canal seminífero, llegan hasta el epidídimo, donde maduran durante unas 72 horas, hasta que ya son adultos para fertilizar. En el epidídimo, por así decirlo, se “almacenan” y quedan en disposición de ser eyaculados. En unas doce horas, aproximadamente, se juntan espermatozoides para tres o cuatro eyaculaciones.

Lo que frecuentemente se desconoce es que cuando el hombre no tiene relaciones genitales, los espermatozoides se desintegran y reabsorben, de modo que el proceso de creación de estos no llega a detenerse nunca, aunque se destruya el excedente.

La masturbación, de hecho, no comporta ningún peligro para la salud biológica del adolescente, pero ya se ha visto en todos los estudios anatómicos y fisiológicos que el pene es para la vagina y esta para aquel. Significa esto que la masturbación no es natural, es destructora del orden cosmológico y, por ende, de la felicidad personal de quien la realiza, ya que la finalidad de la facultad genital es dejada a un lado para reemplazarla por el goce genital. En este caso, los aspectos psicológico y espiritual no participan de esa acción, dejando así de ser humana.

Por otra parte, la costumbre de masturbarse produce la sensación de que lo genital es únicamente para gozar del placer y, luego, obviamente será más fácil el desarrollo de un machista que elige esposa —si lo hace— para lo mismo: utilizarla como objeto de manipulación y de placer: se han llegado a dar casos de esposos que exigen que ella los masturbe, en vez de tener la relación en forma normal.

Se ha afirmado, con incontables estadísticas, que pasan del 50 por ciento los muchachos que se masturban alguna vez en la vida (los índices varían mucho, pero ese es el promedio) y que las muchachas que confiesan haberlo hecho están en un porcentaje cercano al 35 por ciento. Con estos datos se aduce que la masturbación es “normal”. En este sentido, es muy importante saber distinguir entre los vocablos “normal” y “común”: las estadísticas no muestran la moralidad de un acto determinado, sino el nivel de degradación de la población estudiada. Baste recordar la historia de las ciudades de Sodoma y Gomorra, en las que lo común eran las relaciones anormales entre personas del mismo y de distinto sexo.

Sin embargo, para la fertilización in vitro y para hacer realidad las madres substitutas, es necesario —al menos por ahora— que el hombre se masturbe (!).

 

5. La prevención

Con el ejemplo diario, la confianza ganada, una naturalidad a flor de piel y siempre con la verdad, se podrá prevenir en los hijos todos los daños que conllevan los errores de una sexualidad mal llevada: el sida, las otras enfermedades venéreas, los trastornos por falla en el aseo de los genitales, la impotencia y la eyaculación precoz en los varones, la frigidez, la dispaurenia y el “vaginismo” en las mujeres, los desórdenes producidos por el desafuero genital —tan graves—, la homosexualidad, la violación y hasta la prostitución.

Los niños y los jóvenes están siendo objeto de un bombardeo gigante en contra de la labor paterna y materna por parte, no sólo de los medios de comunicación y de publicidad, sino de escritos y conversaciones de muchas fuentes, incitándolos a que violen los principios que los guiarían hacia su propio concepto -valioso- de dignidad individual y a unas relaciones interpersonales verdaderamente humanas. Es por eso que todo lo que Ud. les informe de primera mano —con muchísima naturalidad—, cada vez que se presente la oportunidad será benéfico en sumo grado para ellos. Piense que en el peor de los casos estará “haciendo contrapeso” a la información muchas veces errónea y denigrante que le llega por otros medios.

En ese sentido, desde la más tierna edad, acostúmbrelos —con delicadeza y amor— a pensar que no todo lo que se presenta en la televisión es bueno. Es verdad que el cine, la prensa escrita y aun la radio influyen también, pero esa “compañía”, ese “amigo” dentro del hogar, es capaz de lograr mucho enriquecimiento personal o mucho daño. Son innumerables los estudios que, en forma seria y carente de todo interés comercial, han mostrado el poder destructivo de este pequeño aparato: un gran porcentaje de asiduos televidentes infantiles se convierten en seres perezosos, abúlicos, y lo que es peor, prestos a la promiscuidad sexual y a la violencia. Sería interminable hacer una lista de todos los aspectos en los cuales la televisión “suple” a los padres en la educación, arrebatándoles, sin que se den cuenta, ese derecho y ese deber.

Tampoco todas las amistades son buenas. Las costumbres y el criterio de moralidad de los amigos deben ser lo más parecidos a los que se les quiere infundir a los hijos. En verdad esto a veces es difícil de evaluar, pero una pequeña conversación inicial con ellos dará una pauta, al conocer sus costumbres y sus ideas. Más adelante, al irlos conociendo mejor, se podrá decidir sobre la conveniencia o inconveniencia de la amistad con ellos. Para esto se necesitan dos cosas: tener tiempo disponible e invitarlos a la casa. Alguno dirá que eso es mucho, pero la educación de los hijos exige tiempo y dedicación, es decir, una pequeña cuota de sacrifico, o lo que es lo mismo, amor.

De otro modo, las amistades inconvenientes podrán influir negativamente en los fines que los padres se han propuesto, antes que aumentar su “cultura”, como algunos creen, en un exceso de “amplitud”, siempre mal entendido.

En ese sentido, los compañeritos bruscos, sin modales, que usan malas palabras en su lenguaje diario, que no saludan a los mayores, que no tienen cuidado con los juguetes o que no agradecen las atenciones, son los que probablemente influirán negativamente a sus hijos. Entre los mayores, los que tienen vicios, a los que les gusta trasnochar, el licor, las drogas, las películas pornográficas… deben estar, obviamente, fuera de la lista de los futuros amigos de sus hijos.

 

6. La prudencia

Todo intento por educar debe estar a la altura de los jóvenes: que se adecue a la edad, a las circunstancias y al momento.

Cada una de las etapas de crecimiento y maduración tiene sus propias peculiaridades aunque, como en la biología, hay mucha disparidad entre los muchachos de la misma edad, entre las generaciones y de acuerdo con las experiencias vividas por cada uno de ellos.

En rasgos generales, extractados de todo el bagaje de conocimientos de la psicología evolutiva, estos son los aspectos de la sexualidad en los que debe estar preparado todo padre con antelación:

a. Etapa del nacimiento a los cinco años de edad

Si la presencia de la madre es importante desde los primeros meses de vida hasta después de la adolescencia, lo es de modo muy particular durante el segundo año. Así se desarrollarán sus relaciones afectivas con quien cuida de él. Este trato asiduo le dará la imagen materna y, a la vez, femenina.

Esta etapa de la vida es crucial para el desarrollo psicológico del niño: las estadísticas prueban que de la ausencia de la madre pueden surgir las inclinaciones a una vida anormal.

A los tres años, aproximadamente, aparte de ser la etapa del egocentrismo (se está conociendo a sí mismo, antes de “salir” de sí para conocer a los demás), se inicia el autoconocimiento de sus genitales y el de los niños del otro sexo. Por fin, el desnudo adquiere importancia y aparecen la natural curiosidad y algunas sencillas preguntas que requerirán respuestas sencillas.

Al mismo tiempo la manipulación de los genitales —especialmente en el hombre, por ser más protuberantes— será un gesto normal (nunca se le debe llamar masturbación, aunque genere cierta erección producida por unos valores mínimos de testosterona presentes en el torrente circulatorio), al que no debe dársele relevancia. Dado el caso de que se le encuentre accidentalmente manipulando sus genitales, bastará con que se le hagan juegos o cosquillas que distraigan su atención. Pero para lograr un mejor control de esta actitud y no se convierta en hábito, conviene que los niños permanezcan con sus calzoncillos puestos aun cuando esté empijamado y que estos sean de los que se ajustan a su cuerpo. De nuevo, recuerde los conceptos de naturalidad y de confianza.

No se sorprenda si encuentra que, alrededor de los tres años, haya un poco más de afinidad de los niños con su mamá y de las niñas con su papá e, incluso, que en sus juegos, a veces uno haga de papá y otras de mamá: es, por el contrario, la conducta regular.

Hacia los tres años es, precisamente, cuando la imagen del padre se fortalece. Con respecto a la formación, si durante toda la vida la presencia del padre es importante, lo es más en esta etapa: el incipiente concepto de feminidad (y de maternidad) ya someramente asentado se refuerza ahora con la presencia del otro sexo, a quien comenzará a distinguir. La imitación, feliz coincidencia, se inicia también en esta etapa; así que la identidad de los niños varones será más fácil. En la niña también sucederá esto, pero hacia la madre, a quien ya identificó un año antes, como se acaba de decir.

El apego a las personas se hace más evidente por estas épocas, y el ambiente que lo circunda se encarga de producir para siempre una marca en ese sentido. Es en este momento cuando la participación en sus juegos y pequeños intereses crea lazos de unión definitivos en la vida afectiva de los niños que podrán ser utilizados desde ahora en su proceso educativo, pero que cada día que pasa se harán más y más importantes. No puede dejarse de lado el cariño que los padres den por medio de caricias y frases cariñosas. También los caprichos suelen incrementarse y por eso conviene no dejarse manipular por ellos.

El quinto año está marcado por la sociabilidad con sus amiguitos y esta dejará una huella indeleble en sus relaciones interpersonales. Otra vez es importante la presencia de uno de los padres, para colaborar en sus juegos y encauzar sus molestias pasajeras. Al mismo tiempo, aparecen los primeros rasgos de moralidad: mentiras, secretos, conciencia de propiedad, etc.

En resumen, se puede afirmar sin temor a equivocaciones que los primeros cinco años son básicos: todo lo que Ud., como educador de sus hijos, siembre durante esta etapa quedará como semilla fértil para toda la vida. Por eso adquiere una importancia principal.

b. Desde los seis años hasta antes de la pubertad

Este período es variable y comprende unos seis o siete, aproximadamente. La pubertad se inicia a los 11 ó 12 años de edad, aunque puede haber variaciones grandes y aparecer desde los nueve hasta los 15 años. Por eso este período no puede quedar encasillado por un guarismo.

Estas épocas se caracterizan por una relativa calma en los instintos mientras que la curiosidad sobre los temas genitales, aunque decrece algo, permanece latente.

Es preciosa la oportunidad para formar a los hijos en todos estos aspectos, especialmente durante los últimos años, en la llamada prepubertad, antes de que irrumpan las hormonas. Conviene que, sin forzar las situaciones, el niño reciba la mayor cantidad posible de información de los padres durante esta época. Aquí es necesario recordar que una de las características del ser humano es el dominio de la razón y la voluntad sobre los instintos: dentro de poco se sentirán con fuerza esos instintos y es necesario, para su propio bien —hay que recalcárselo—, que puedan dominarlos.

Los miramientos y tocamientos entre niños de distinto sexo, el jugar al “doctor” serán raros o inexistentes en estas edades si la presencia de la madre y del padre es patente: un padre que los ama y se los demuestra, y que a la vez piensa y actúa varonilmente, y una madre que también está presente en la vida de sus hijos con el cariño vívido —y no teórico— y que sea suave y femenina sirven más que cualquier explicación sobre la forma correcta de una sexualidad sana.

Ahora, si se llegasen a presentar esos miramientos y tocamientos, no los desapruebe: ¡aprovéchelos para educar! es el momento más adecuado.

La medida exacta para saber que ya se puede hablar de prepubertad son los cambios psicológicos: para hacer más evidente su aspiración a una mayor independencia de juicio y de comportamiento, los muchachos adoptan una actitud crítica respecto a sus padres y hay una oposición más o menos abierta a la autoridad: es ahora cuando dejan de ser infalibles los padres, aparecen la desenvoltura en el trato con ellos y la independencia. Les parece muy bueno hacer lo contrario a lo que ellos recomiendan. Son signos normales de esta etapa —tampoco deben alarmar— la poca sociabilidad, la incapacidad para buscar compañía y para gozar de las diversiones que los padres creen normales para esa edad.

Esta rebeldía se hará cada vez mayor hasta no querer aceptar razones.

Los padres deben adecuarse a esos cambios y ser un poco tolerantes para no perder, ni ahora ni más adelante, las riendas de la educación. La serenidad es la palabra clave: si el padre logra superar con éxito esta etapa, el esfuerzo del muchacho le servirá de entrenamiento para las “luchas” posteriores, más difíciles.

La atención que prestan a los padres en el tema de la sexualidad, dada su innata, sana y sencilla curiosidad, seguirá siendo grande si se ha establecido confianza, como se expresó en el subtítulo “B”. En ese contexto, todavía no se le ha dado la suficiente importancia al deporte en familia: compartir la distracción, el solaz y hasta la competencia con los padres estimulará no sólo la confianza que se tenga con ellos, sino que hará que las energías se aprendan a encaminar adecuadamente. Además, la alegría y el esparcimiento favorecerán un clima propicio para el diálogo espontáneo.

No añadir a esto que la alegría familiar es fundamental, sería dejar a un lado el mejor aliado de los padres: si desde la prepubertad el niño asocia la compañía de los padres con la alegría, siempre tenderá a estar junto a ellos y esto será lo mejor para él en las etapas siguientes, la pubertad y la adolescencia.

c. La pubertad

La pubertad es, por definición, la primera fase de la adolescencia en la cual se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta.

Durante esta etapa se presentan cambios orgánicos ya suficientemente descritos que implican a su vez cambios psicológicos, y es la época de la vida en la que las relaciones humanas, es decir, la sexualidad propiamente dicha se desarrolla.

Al muchacho y a la muchacha les sucederá todo lo que se vio en la prepubertad, pero de un modo más intenso. Para ellos todo es nuevo y más difícil, se hace patente el conflicto generacional, aparece la libido y con ella, todos los riesgos de los que se ha hablado.

Si el joven ha aprendido a seguir ciertos parámetros —como el que se diera para la televisión y para los amigos—, si ha aprendido que la voluntad y la razón, en el ser humano, son las que gobiernan los instintos, si la verdad y la confianza han guiado las relaciones familiares, si el amor es el valor más importante de la familia, todo será más fácil. Ahora, por ejemplo, comienza el riesgo de la masturbación y de las relaciones prematrimoniales, dañinas para él, para su pareja, para la concepción que vaya a tener sobre la mujer, pero sobretodo para su identidad psicológica, ya que él debe madurar primero, enriquecerse, y así pueda darse a una persona, ya que no es posible dar lo que no se tiene.

Cabe aquí hacer un llamado de atención sobre la creencia infundada de que los colegios mixtos proporcionan mayor capacidad de maduración personal a los muchachos por las relaciones interpersonales que se pueden tener con personas de distinto sexo: es verdad que la timidez es frecuente en los que crecieron en colegios de jóvenes del mismo sexo cuando ingresan a la universidad o empiezan a laborar, pero también lo es el hecho de que antes de salir de sí mismo, es necesario madurar primero: así como el chiquillo de tres años (ver atrás) es egocentrista porque se está descubriendo, el adolescente suele estar buscando su identidad, produciendo con ello los errores y fracasos propios de esa edad; esto hace que la capacidad de relacionarse con personas de distinto sexo esté muy inmadura y que en ella se cometan aún más fallos que en otros campos. De hecho, las investigaciones estadísticas con sólido método científico muestran un índice mayor de homosexualidad y de abortos en los colegios mixtos. Esto no quiere decir que tener los hijos en colegios mixtos sea malo: en ellos hay muchos niños y jóvenes buenos y sanos. Pero si se tiene la oportunidad y se puede elegir con facilidad uno que sea unisexo, mejor.

La pubertad marca para los educadores y padres la fecha en la que se deben tratar los temas sobre paternidad responsable, sida y otras enfermedades, anticoncepción, afectividad y homosexualidad. Recuerde que hablar antes siempre es mejor y que, dependiendo de quién habla primero, habrá mejores resultados y la felicidad del joven será más expedita.

d. La adolescencia:

Definida como la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo, la adolescencia, es todo el proceso de maduración sexual.

Todos los experimentos científicos han aportado datos que concluyen que el desarrollo intelectual es el rasgo característico de la etapa que sigue a la pubertad. Conjuntamente, la vida afectiva e imaginativa tienen su mayor crecimiento. El muchacho descubre la comunidad, su psicosexualidad se desarrolla, aparece en su ámbito la vida sentimental —todo esto de acuerdo a cada sexo— y las preguntas trascendentales se convierten en el tema principal de su vida: ¿De dónde vengo, para dónde voy y qué he venido a hacer en esta tierra? Si estas respuestas no son contestadas, dentro de pocos años se tendrá un hijo al cual la vida se lo ha llevado “por delante”: estará enfrascado en la rutina diaria y el afán por el dinero y, en general, por lo material habrán hecho de él un robot sin destino y sin ilusiones. Concomitantemente la libertad es otro tema que le apasiona y del que pueden conversar progenitores para mantener un lazo de unión útil y, por qué no, para aprender también.

La apertura, la espontaneidad, el ser confiados e idealistas, marcan este período de maduración que, sin embargo, es un proceso de acomodación que deja una huella muy profunda en la personalidad del individuo. Consecuentemente, los fracasos serán más comunes que en cualquier otra época de la vida y es entonces cuando el apoyo discreto del padre del mismo sexo se convertirá en “acicate” para su desarrollo armónico.

Por esta época, el joven es más sugestionable y dado a la fantasía. Esto, bien encauzado, será de mucha utilidad en ese “encontrarse a sí mismo”. ¡Cuánto le puede ayudar el padre, si se siguieron los consejos descritos arriba! Pero si no, se convierte en el ser más extraño para su vida. Desgraciadamente esto es así con mucha más frecuencia de lo que parece.

En el campo del descubrimiento de la propia identidad psicológica y emocional es necesario que los padres se “alejen” prudentemente dejando de lado los consejos y las súplicas para que sea mejor en determinado aspecto: lo que Ud. no le enseñó antes, ya no se podrá hacer ahora. Si intenta persuadir al muchacho, estando más a flor de piel su inestabilidad y su “rebeldía”, encontrará más rechazo y cada vez será más poco lo que pueda ayudar. En cambio, la sensación que nace de ese “alejamiento”, entre comillas, porque Ud. estará al tanto para ayudarle con preguntas y con cuestionamientos personales, como se hace con un adulto, es para el joven un aliciente muy grande en el trato con sus padres: “mi papá (o mi mamá) me valora”, “ya no soy un niño” y “qué bello contar con el respeto de mi papá (o de mi mamá)”. Creando ese ambiente y con prudencia ¡cuánta labor se puede realizar!

e. Siempre

Si el tema correspondiente a cada etapa no se ha tocado al ir finalizando la misma, convendrá que se propicie la conversación libre con el hijo.

Las circunstancias podrán hacer variar también los momentos en los cuales conviene hablar de algún tema específico. Por ejemplo, si uno de sus hijos está en la etapa de noviazgo, en un momento oportuno, con cariño evidente y sin forzar la conversación (por ejemplo cuando se hable de la novia o del novio), se puede inducir una conservación sobre la dignidad personal, sobre la entrega total y verdadera en el matrimonio, de cómo evitar las ocasiones con prudencia, diciendo por ejemplo que si un hombre y una mujer se aman verdaderamente, sería tonto permanecer solos en un lugar, pues se arriesgarán a perder esa felicidad que buscan, por un deleite pasajero.

En el caso de encontrar pastillas anticonceptivas en el bolso de una hija de 16 años o menos, es conveniente que los padres hablen con ella no para recriminarle su conducta, sino para conocer su postura ante la sexualidad y las razones que tiene para tomar anticonceptivos. Con una prohibición tajante no se suelen conseguir buenos resultados y, por el contrario, se induce a seguir actuando como antes, pero con más precaución para no ser descubierta.

Sin embargo, no solamente no es perjudicial, sino que es bueno que los adolescentes tengan noviazgos: sólo así aprenderán más fácilmente lo que es el amor y, además, podrán elegir con más sabiduría, antes de entregarse del todo con quién van a compartir el resto de sus días y a quién van a escoger como la madre o el padre de sus hijos.

Los siguientes son los criterios que hacen humana —no solamente animal— la relación de pareja en los adolescentes:

·     Disciplina de los sentidos y de la mente.

·     Prudencia atenta a evitar las ocasiones.

·     Guarda del decoro (ver en la próxima entrega).

·     Moderación en las diversiones.

·     Ocupaciones sanas.

En resumen, tratar de hacer felices a los hijos es educar en una voluntad firme y dominio de sí, donde la razón supera al instinto.

 

7. El decoro

Los hombres quieren ser masculinos: caminar, sentarse, vestirse y hablar como tales, tener sentimientos y gestos de hombre, amar como hombres… y esta actitud es la que gusta a las mujeres.

Del mismo modo, la mujer desea ser femenina: rostro femenino, cuerpo curvilíneo, voz, caminado y gestos finos y delicados, y eso atrae a los hombres.

A la gente le gusta mostrar eso, es decir, le gusta mostrar la sexualidad (no la genitalidad): a través del maquillaje, cremas, ejercicios, dietas, baños de sol, masajes y hasta sauna y baños turcos, las mujeres enriquecen esos atractivos femeninos. Los reinados de belleza son un claro ejemplo de eso. El hombre también hace ejercicio y se siente orgulloso de su masculinidad. El niño o el joven trata de desarrollar la musculatura y de mostrar que es el más fuerte, el más rápido, el más hábil… Entre los adultos existen los concursos de cultura física (“Mister Universo”).

Casi no hay quien no se fascine cuando le dicen que es “sexy”. Un hombre que tiene voz muy fina se siente mal, lo mismo que una mujer con bigote.

Conclusión: los seres humanos gustan de mostrar su sexualidad, pero existe un profundo recato para mostrar la genitalidad. En la playa o en la piscina no hay óbice al mostrar la espalda, las piernas, los brazos… pero nos da pena nuestra desnudez total: los órganos genitales no son distintos de los demás órganos, son parte de nuestra naturaleza, pero hay algo que hace que los cubramos: las mamas de una adolescente son cuidadosamente cubiertas por ella apenas hacen su aparición. Los niños sienten que deben hacer lo propio con sus genitales…

¿Por qué?

La única diferencia que existe es que los órganos genitales no son para nosotros: el corazón bombea sangre oxigenada a través de las arterias a todo el organismo para mantenerlo vivo y también a los pulmones para que se oxigene, el páncreas ayuda, como la vesícula biliar, a la nutrición, los dientes trituran los alimentos para ser deglutidos con facilidad, los músculos nos movilizan y nos permiten hacer lo que queremos, el cerebro piensa gobierna y dirige nuestras acciones, las glándulas producen líquidos útiles para nuestro organismo… todo es para nosotros mismos. Pero los órganos genitales son para entregarlos a otro cuando el amor llega a nuestras vidas y, además, para producir otra vida; hasta las glándulas mamarias son para dar el alimento inicial a esa nueva vida, en fin, lo genital es para otros seres. El hombre tiene tetillas, pero no las cubre ni se siente mal si las muestra, porque no sirven para nada.

Cubrimos nuestros genitales porque los reservamos para alguien muy especial, para el más especial de todos. Son el misterio de esa entrega: la palabra misterio viene del griego “myo”: escondido, oculto, cubierto. Ellos participan de una manera muy especial de la intimidad y son para la donación personal, para la entrega total, incondicionada.

Todo esto es lo que se llama decoro y que tradicionalmente se ha llamado pudor, modestia y otros apelativos.

Y como es tan natural, tan humano, tan propio de nuestros seres, no debemos temerle ni rehuirle: está para proteger nuestro “misterio” y darle la dirección que queramos.

Esa protección que da es algo inconmensurablemente útil en la educación de nuestros hijos: será lo que los proteja para que encaucen su genitalidad y su sexualidad adecuadamente, y así, sean felices.

Para proteger ese tesoro personal, se les explicará, es necesario el dominio propio. Con él se obtendrá la fuerza que les evitará todos esos males, como el embarazo a destiempo, el sida y las otras enfermedades, la esclavitud de las pasiones…

Esta es la mejor forma de hablarles del error que significa asistir a espectáculos de nudismo o a campos nudistas.

Pero esa fuerza les será difícil desarrollarla sin el ejemplo de los padres: si Ud. —padre o madre— tiene que luchar, por ejemplo, siguiendo los métodos naturales del control de la fertilidad, tendrá autoridad para hablarle de fortaleza, que es la única forma de resistir a las presiones. Recuerde: si Ud. sabe decir que no, ellos lo podrán hacer más fácilmente.

Pasando a otro tema colindante, ¿cómo es posible que un muchacho se enamore de una niña, si esta le muestra constantemente sus piernas con minifaldas altas? ¿o las formas de sus nalgas con pantalones ceñidos a su cuerpo? ¿o parte de su pecho con escotes pronunciados? Es seguro que se enamorará de su cuerpo, no de ella. O, como decíamos, de una parte de su cuerpo.

Las mujeres deben aprender a tener la suficiente coquetería para levantarles la mirada a los hombres: que las miren a sus ojos, a su alma… que ellos se enamoren de la persona, para que nunca las dejen cuando acabe la pasión, cuando acabe el placer… cuando acaben los atributos.

Llegará una época, si la mujer quiere, en que el mundo cambiará: de ellas depende que se acabe el machismo, que se acabe el hedonismo… Sólo ellas pueden hacerlo.

También hay que hablarles de los peligros de un malentendido erotismo artístico y de la pornografía: ¡cuánto bien se haría la humanidad a sí misma si todos los medios de comunicación que tienen tendencias en ese sentido dejaran de comprarse o de encenderse!

Una última aplicación práctica de estos conceptos es lo referente al desnudo en la familia: ni pecar por exceso pensando que es imposible que los hijos vean a sus padres desnudos, ni por defecto creyendo que no debe haber el más mínimo recato. Es decir, no tiene nada de malo que las niñas se bañen con mamá y los hijos con papá si esto ahorra tiempo o dinero; es más, esto incrementará la inclinación del niño a su propio sexo en un ambiente natural y familiar, exento de todo mito tonto o de desinterés absoluto por el decoro. Además, ya llegará el momento en que ellos mismos soliciten hacerlo solos.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

 Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Las siete reglas de oro de la educación sexual

¿Virginidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 20, 2009

En Estados Unidos tres de cada cuatro jóvenes tienen relaciones sexuales antes de terminar la enseñanza secundaria y el cuarenta por ciento es sexualmente activo cuando ingresa a la enseñanza superior.

Aunque el porcentaje es menor en otros países, la incidencia crece de tal manera que pronto alcanzará niveles similares.

Este hecho hace que las parejas tomen el matrimonio casi como una relación más y no como una entrega total e imperecedera.

El ser humano, por la dignidad tan alta que posee, no puede estar jugando con entregas «a medias». Sin embargo, se dan muchas relaciones sexuales sin una entrega total del «yo» personal para luchar por la felicidad del otro; sin un compromiso cabal, serio y responsable para conseguir un enriquecimiento mutuo; sin la apertura a formar nuevas vidas; es decir, sin amor.

De hecho, una de las causas más frecuentes de ruptura conyugal es que los miembros de la pareja no aprendieron a amar. Confunden con frecuencia el amor verdadero con la pasión o el sentimentalismo, con la simpatía o empatía que puede haber entre ellos; y más frecuentemente lo que buscan es llenar carencias afectivas de la infancia…

Así se desvaloriza la entrega total, y los cónyuges suelen experimentar la sensación interior de no ser plenamente felices, lo que tiende a deteriorar el amor y a resquebrajar la armonía que debe imperar en la que es la célula de la sociedad: la familia.

Esta actitud, quiérase o no, es la esencia de la educación de los hijos (el ejemplo es siempre el más didáctico de los métodos de enseñanza), lo cual termina por crear seres con la misma inclinación utilitarista.

¿No es eso lo que a veces se ve en la actualidad: hombres y mujeres que crecen con el deseo ferviente de servirse de los demás en beneficio propio, seres que nunca aprendieron la alegría de dar?

Si, en cambio, las nuevas generaciones se proponen dar un valor mayor a las relaciones conyugales —el valor que realmente tienen—, se formarán mujeres y hombres con el poder de mejorar la sociedad intrínseca y extrínsecamente:

Los intentos por edificar matrimonios estables y duraderos darán éxito más fácilmente, los hijos nacerán en un ambiente propicio para aprender a amar, y la sociedad comenzará a mejorar paulatinamente, ya que su primer valor será la dignidad humana y esta se habrá solidificado desde su mismo interior, que es la familia.

  

 

 

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Virginidad?

La educación sexual a través de los medios

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 15, 2009

 

La Educación Sexual a través de los medios de comunicación es un hecho desde hace tiempo: películas, propagandas y comportamientos de los presentadores de radio, cine y televisión en las que se invita al desorden sexual, a la promiscuidad y a las malas costumbres.

Mientras tanto, el programa de Educación Sexual iniciado por el Gobierno , en lo que se refiere a la Comunicación, ha suscitado la polémica entre los educadores y también entre los padres de familia porque, según unos, los parámetros elegidos propenden a la promiscuidad sexual y, según otros, hoy en día es necesario hablar sin tapujos para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados o a destiempo.

Vale la pena, entonces, analizar el recorrido histórico de los conceptos sobre el tema:

Inicialmente, después de comprender las consecuencias devastadoras de los desórdenes, las culturas trabajaron en la ética hasta completar una serie de normas que intentaban preservar a las nuevas generaciones de los peligros de una sexualidad mal entendida.

Esta normatización indujo a que el público redujera todo el análisis a “bueno o malo”. Así, cada comportamiento sexual fue tachado de bondadoso o pecaminoso, según los parámetros establecidos, y se llegó a pecar de puritanismo.

Este defecto se tradujo más adelante en la mojigatería, en la cual, todo tema relacionado con la sexualidad era mito y arrastraba tras de sí la mancha de pecado.

Como “contrapeso” social, apareció la “liberación” sexual, que introdujo, no solamente la ruptura de todos esos esquemas anteriores, sino el descuido por precauciones más sencillas, desde el punto de vista médico. Se llegó a afirmar con razón que la anterior etapa era represiva e impulsora de una gran cantidad de desórdenes más funestos que los que se veían en un comienzo.

En los últimos tiempos, la alta incidencia del sida y las enfermedades de transmisión sexual, junto con el índice creciente de embarazos no deseados y de abortos, ha suscitado en el ámbito mundial, entre los sexólogos, un nuevo replanteamiento.

Simultáneamente, en casi todos los campos del saber científico, la preocupación por el hábitat del hombre, de su entorno primario inicialmente y del cosmos en general, ha estimulado de una manera asombrosa un “regreso” hacia el respeto por las leyes de la naturaleza: desde no utilizar aerosoles que destruyan la capa de ozono, hasta eliminar en los procesos médicos toda complicación externa que obstaculice el proceso natural orgánico (nacimientos en el agua sin ayudas anestésicas y partos en cuclillas, entre otras muchas técnicas). El advenimento o progreso de las llamadas medicinas alternativas, la sofrología, el auge de los tratamientos psicológicos para patologías psicosomáticas e incluso de la hipnosis terapéutica son sólo muestras de este viraje de carácter mundial.

Hoy, dentro de este marco, como resultado del estudio interdisciplinario y de acuerdo con las tendencias más progresistas en el campo de la sexualidad, se propende por una educación sexual que simplemente respete las normas del cosmos, de la naturaleza humana. Enseñanza esta que desmitifica todo, lo sitúa a la altura real del ser humano de finales de milenio y comienzos del siguiente, y a la vez previene todo daño personal y familiar (y por ende social), ya que sitúa la educación sexual en su justo medio, lejos de la mojigatería y del desafuero, peligros entre los que se mantuvo por siglos. Por el camino del medio, sin excesos y sin defectos, alejados de  los problemas suscitados por los desórdenes sexuales o por el excesivo recato y la mojigatería, los hombres tendrán la respuesta esperada por parte de la naturaleza: salud. Salud integral que comprende la biológica, la psicológica y la espiritual, planos en los que se desenvuelve la vida humana.

Al mismo tiempo, se impone el criterio de que el ser humano no es sólo cuerpo como el de un animal, ni sólo alma espiritual como un ángel.

El verdadero retroceso está quizá en la posición fanática de quienes no han caminado por toda esa senda histórica y cargan con la rebeldía en contra del criterio por el que fueron asediados: liberación contra la opresión recibida o, por el contrario, lucha denodada con leyes y normas que a veces atentan contra la libertad individual y social.

Sin embargo, debe haber un reglamento, una ley. La ley que es obligatoria hoy es la natural. Y dentro de este contexto, el respeto por la vida humana es la principal, y es la base de todos los demás derechos.

Una vez conseguido este primer paso, el respeto por las leyes naturales, vendrá el segundo, el respeto por las leyes divinas.

La fuerza de los medios de comunicación no está en duda. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de la comunidad informando acerca de estos últimos adelantos científicos en uno de los campos más trascendentales de la vida del ser humano?

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La educación sexual a través de los medios

Los 5 niveles de seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 11, 2009

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural, que explicaría cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años antes de Cristo (A de C) hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es posible —aunque no probado científicamente por ahora— que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, que usaba palos y piedras para defenderse y de quien algunos paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a 3 millones y medio de años A de C.

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C. No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías. Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos. Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso: sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura. El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores. Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

La fecha exacta de su aparición —la del homo sapiens— es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

Las cinco principales características (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:

1) El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software. Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

4) De la tolerancia se desprende el respeto, rasgo que caracteriza, entre otros, al ser humano. Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

5) Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al saber la historia de tantos que han dado su vida por un ideal similar. Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

Por otra parte, si nos observamos bien, somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

Lo que se cree que realmente ocurrió es que el homo sapiens evolucionó y todavía hoy lo está haciendo, pero no es así siempre: con más frecuencia de la que quisiéramos cometemos errores y no solamente no progresamos, sino que regresamos a niveles anteriores, los de nuestros antepasados; parece que tuviéramos 4 niveles de seres humanos:

5º nivel: El salvaje, que usa la violencia física —animal— para defender sus derechos o conseguir lo que se propone o desea. El más bajo de todos es el que soluciona los problemas matando a sus congéneres.

4º nivel: El bravucón, que usa la violencia verbal, las amenazas, los gestos, los insultos para zanjar sus diferencias o defender sus supuestos o reales derechos.

3r nivel: El sarcástico, que usa el los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el disimulo… Dice las cosas sin significar explícita o claramente lo que quiere, dándola, sin embrago, a entender. Encubre con astucia las verdaderas intenciones. Este «arte» de soterrar es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan. Es evidente que ser hipócrita es mentir. Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

2º nivel: El racional, que pretende solucionar todo problema a través de la razón. Y para ello escoge como principales virtudes la equidad y la justicia; se deja llevar únicamente por ellas y con ellas dirime todo, sin dejarse llevar por sentimientos como la ira o la bondad. Sabe que la verdad no necesita ser defendida, que se sostiene por sí sola.

1r nivel: El homo sapiens es aquel que tiene como principio de conducta, y como modo de solucionar sus diferencias con los demás, esas 5 características que lo describieron más arriba como ser humano: la voluntad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y, sobre todo, el amor: servir antes que pensar en sí mismo.

¿En qué nivel estamos cuando actuamos: el de un ser humano?

 

 

 

 

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Los 5 niveles de seres humanos

Jugando a Dios

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 8, 2009

 

Desde hace poco los médicos se han dado a la tarea de resolver problemas de infertilidad con nuevos adelantos científicos y tecnológicos, y a diagnosticar, prevenir y tratar patologías dentro del útero materno. Hoy se puede implantar un óvulo fecundado en el vientre de la madre portadora, en el de una necesitada de hijos con el esperma de su propio marido o el semen de otro (conocido o desconocido); también se hace clonación, esto es duplicación de cigotos o de embriones para producir gemelos idénticos; se habla de mejorar la raza al estilo de lo que ideaba utópicamente Hitler y, como él, de eliminar los seres imperfectos en pro de una vida “mejor” entre seres “más puros”.

Desde otra perspectiva completamente diferente, el afán por defender el hábitat del ser humano de comienzos del siglo XXI ha disparado una conciencia de preservación del medio ambiente con cambios de actitudes y campañas intensas que, junto con la “innovación” de la medicina natural, propenden hacia una estima a la naturaleza y al orden natural. Es así como aparecen cambios sensibles, desde los partos en cuclillas o bajo el agua, hasta tratamientos bioenergéticos, homeopáticos o naturalistas de entidades como el cáncer.

Paradójicamente, este amor por lo natural no está presente en la nueva revolución de la medicina, la fertilización in Vitro o bebé probeta y las madres sustitutas:

Sólo es verdaderamente padre quien aporta el espermatozoide en una relación deseada y natural, es decir, el coito o acto conyugal (no en el frío tubo de ensayo); y solo es padre el que luego da el amor y educa al producto de sus entrañas. Pero ahora se ha hecho de la palabra “padre” un nombre sin apellido: padre biológico, padre natural, padre adoptivo, padre afectivo

Del mismo modo, la maternidad está regida por la naturaleza: solo es madre aquella que aporta el óvulo en una relación natural, aquella que guarda en su seno esa vida incipiente mientras crece y se desarrolla, aquella que la pare y amamanta, aquella que le da su amor y la educa, completando así el ciclo natural de la vida humana (los animales no educan a sus hijos mas que en comportamientos instintivos de subsistencia).

Nadie puede afirmar, por ejemplo, si alguien es madre en toda la expresión de la palabra cuando cumple solo una de esas labores o algunas de ellas; en cambio, ninguno duda en poner ese dulce apelativo a quien las ha ejecutado todas.

Adicionalmente, aquellas que han dado el óvulo o prestado el vientre pueden decir, con razón, que el hijo es suyo, y muchas veces se establecen demandas que hieren profundamente a las dos o tres “madres”. Es que la naturaleza se subleva ante el desorden que se da en ella.

En cambio, en los casos en que una pareja decide adoptar un hijo abandonado o huérfano no se violan explícitamente las leyes de la naturaleza, ni aparece la duda de quién es la verdadera madre.

Lo mismo sucede en otros casos, como cuando la conciencia acusa al que decide realizar un aborto porque ya se sabe qué defectos tendrá al nacer.

Hoy, mediante un examen de increíble sencillez —el análisis de algunas proteínas del plasma sanguíneo de la madre por medio de una muestra de sangre—, se pueden saber varios datos acerca de la salud del feto. En un reciente congreso de obstetricia, por ejemplo, se llegó a pedir al auditorio prudencia para no eliminar embriones o fetos con problemas leves (!?).

Conforme a lo que hoy llaman la “verdad científica”, se está pensando en exterminar a los que no son “mejores”, “puros”, los que son “imperfectos”, destruyendo inmisericordemente la verdad natural, bandera de la nueva y desarrollada humanidad, dando al traste con todo principio moral y haciendo a un lado los valores que nos hacen diferentes de los seres irracionales.

 

   

 

 

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Jugando a Dios

Homosexualidad: ciencia y derecho*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 1, 2009

HOMOSEXUALIDAD: CIENCIA Y DERECHO

Jorge Martínez S., MD. cM.Sc (Biol. & Genet.),  ProduTek Laboratories Corp.

y,  Dr. Jim Imitola, M.D., Postdoctoral Research Scholar, Harvard University

 

 

Para apoyar la labor de los Comunicadores y Medios y, para enriquecer el actual estudio y debate de los Honorables Parlamentarios sobre los proyectos de ley en materia de salud sexual y reproductiva y, sobre la legalización de uniones homosexuales, es conveniente proveerles oportuna y claramente la información sobre los aspectos científicos subyacentes.

 

Tanto por nuestra formación científica en Ciencias Biomédicas como por nuestra tradición de capacitación y asesoría al quehacer Legislativo, ponemos en  su conocimiento las siguientes aportaciones y datos de las Ciencias de la Vida (Life Sciences).

                                                     

 

En Lógica se enseña que: premisas falsas llevan a conclusiones falsas. Cuando para resolver un problema de matemáticas contamos con datos falsos, ocurre que al aplicar las fórmulas o ecuaciones convenientes, obtenemos resultados también falsos.

La discusión social actual sobre la actividad sexual de tipo homosexual es por lo general superficial o light. Se confunden la opinión y la creencia con el estado el arte del conocimiento científico. Se confunde lo que es ciencia con lo que es costumbre. Se confunden las costumbres de ciertos grupos con la cultura social.

Al explicarlo en lenguaje menos técnico y mas sencillo, será más accesible a los legisladores y ciudadanos no especialistas en ciencias biomédicas. Al hacerlo, es sano que nos concentremos en los aspectos esenciales y, en sana lógica, ir de lo general a lo particular:

1. La especie biológica Homo sapiens sapiens es denominada así por los fundadores de las Ciencias Biológicas en la nomenclatura y clasificación científica de los seres vivos o Taxonomía, en clara referencia a la característica de homínido sapiente o poseedor de conciencia inteligente.

2. El nombre científico completo del ser humano lleva dos veces la palabra sapiens de manera intencional, en alusión a que es un antropoide u homínido que, además de ser consciente, se da cuenta de lo que sabe y de lo que piensa; tiene conciencia reflexiva y auto-reflexiva: se da cuenta de que está aprendiendo, de qué es lo que aprehende y, además, puede volver sobre ello -a voluntad- para repensarlo.

3. Todo ser vivo –microorganismos, planta y animal- posee moléculas de material genético -ADN o ARN- que contiene la información para la vida y, los patrones o características propias y distintas para cada especie biológica.

4. Todo ser vivo, se reproduce por medio de la réplica o copia que hace de ese DNA para pasarlo a la generación siguiente. El DNA (Ácido DesoxirriboNucléico) es el fundamento material que ofrece la explicación -a nivel molecular- de muchos fenómenos, teorías y leyes científicas: Hoy una persona con un mínimo de cultura o alfabetismo científico (Scientific Literacy) no ignora que el DNA participa en la transmisión de la vida o reproducción; la biodiversidad, la selección natural y la evolución; lo propio se aplica a la distinción individual y a la diferenciación sexual entre los individuos de una misma especie biológica;

5. Aunque el DNA lo vinimos a conocer bien a nivel microscópico y molecular apenas hace 50 años, macroscópicamente los fenómenos biológicos ya habían sido observados y descritos por los hombres de ciencias naturales (Haeckel, Lamarck, Darwin, Spallanzani, Pasteur Mendel, etc.) desde mucho antes, estableciendo principios y leyes científicas fundamentales: Patrogonia (patrones biológicos), Adquisición de caracteres y Adaptación, Selección natural y Evolución; Fecundación y formación del cigoto (embrión unicelular), combinación y segregación o distribución de caracteres hereditarios, etc.,

6. Si bien todos los seres vivos al reproducirse copian y transmiten su DNA, esto ocurre básicamente de dos maneras:

a) Reproducción Sexuada: Participan dos individuos y, cada uno produce una célula diferente y complementaria con la del otro sexo, células germinales especializadas o gametos: óvulo y espermatozoide.

b) Reproducción Asexuada. Los mecanismos de reproducción asexuada pueden ser variados:

Unos lo hacen dividiéndose en dos (fisión binaria), algunos emiten prolongaciones que

terminan separándose (gemación o yemación), otros lanzando al entorno paquetes de

semillas o esporas, etc.

7. Así como la biología y la genética humana es sexuada, también en las dimensiones psicológicas y culturales se manifiesta que los individuos de la especie, son diferenciados y complementarios: masculino y femenino.

8. Por tanto, la diferenciación individual y la complementariedad entre los individuos -masculino y femenino- es integral: anatómica, fisiológica y psicológica. En una palabra: es psicosomática.

La revisión de los datos científicos biológicos y genéticos sobre la homosexualidad, incluyendo el análisis a la luz de la evolución biológica, muestra claramente que los seres humanos son filogenéticamente sexuados –varón y hembra- cada uno con una unidad psico-somática, cuyas mentes y cuerpos tienen una información genética y un diseño estructural y funcional apto para la actividad heterosexual, única capaz de la procreación y el acoplamiento complementario.

El Darwinismo y la Selección Biológica operan por el despliegue de la fertilidad del individuo: la Inter-fecundidad de la pareja de la especie. La “neutralidad” reproductiva de la actividad homosexual no es apta para la propagación sexual. Es una actividad “sexual” estéril. Por tanto, no es capaz de producir nuevos miembros de la especie, no constituye nuevas familias, no construye numéricamente a la sociedad. En la naturaleza biológica del Homo sapiens tampoco ocurre la reproducción asexuada. Por lo cual, en el Homo sapiens sapiens, no es una alternativa biológica ni genética para la supervivencia o perpetuación procreativa de los individuos de la especie humana. Sea cual fuere su opción o preferencia sexual individual. Aunque la actividad del sujeto sea opcional, su biología sigue leyes genéticas, independientes de la voluntad del individuo.

Por ser la actividad heterosexual del Homo sapiens la única genéticamente capaz de re-producirse, es también la única capaz de seleccionarse biológicamente y perpetuarse a sí misma en su descendencia biológica. De lo anterior se deduce, de modo evidente y axiomático, que la actividad homosexual –así como la esterilidad- no es ni puede ser hereditaria. No producen quien la herede.

Las uniones homosexuales, no producen hijos, no aportan a la renovación generacional, propician el envejecimiento de la población: Los países industrializados –agobiados por la llamada transición demográfica- no saben qué más hacer para estimular a los nuevos matrimonios a tengan hijos. Están amenazadas la calidad de vida, la vitalidad epidemiológica y la productividad de la sociedad. Sin lo cual el Sistema General de Seguridad Social y Salud-SGSSS no tiene viabilidad económica y pensional ninguna. Son los hijos de las familias biológicas verdaderas, los matrimonios, las parejas heterosexuales, quienes aseguran la renovación y sostenibilidad financiera –pensiones, seguros, etc.,- de toda la sociedad y de todas las generaciones.

Las uniones homosexuales no pueden –intrínsecamente- producir genomas ni gametos complementarios: De ahí su obvio interés en la adopción. Es una evidencia a nivel internacional. Aunque en Colombia -por ahora- por obvias razones de procedimiento o de táctica, no les convenga hablar de eso. Solo las improntas genómicas (genomic imprinting) femenina y masculina son aptas para la fusión entre sí, de los pro-núcleos del óvulo y del espermatozoide y su consiguiente activación genómica, indispensable para la formación del nuevo individuo embrionario unicelular –cigoto- de la especie biológica Homo sapiens.

LA VALORACIÓN JURÍDICA DE LOS ACTOS

La ley sabe distinguir y categorizar las conductas y la responsabilidad de los actos humanos. Sabe por ejemplo diferenciar entre lo imputable y lo inimputable. Sabe de interdicción judicial y de discapacidad, incapacidad e invalidez. La Ley sabe de causa fortuita, fuerza mayor y anteriormente ha considerado impedimentos dirimentes e impedientes. Sabe del delirium tremens, de la ira e intenso dolor y de la responsabilidad preterintencional.

Pus bien, en cuanto a la actividad homosexual, también se sabe que no hay evidencia ni demostración objetiva ninguna, de que sea un a priori determinado biológica y genéticamente. No existe en biología y genética humana algo que se pueda llamar otro sexo o un tercer sexo. (Cfr archivo anexo del Prof. Dr. Jerry Bergman, Ph.D.). Evidentemente, tanto la condición homosexual como la actividad homosexual, no es -ni ha sido- otra especie u otro sexo: porque no se puede reproducir a sí mismo biológicamente ni sexualmente. Es cosa del individuo, opción de la persona.

Lo que sí existe y es bien conocido por todos, es la numerosa evidencia de que cada vez que un homosexual o una lesbiana han tomado la decisión de dejar de tener actividad de tipo homosexual, no es porque haya ocurrido en ellos ninguna mutación genética. Y lo contrario también es cierto: cuando alguien heterosexual decide tener una actividad de tipo homosexual, no es porque haya sufrido una mutación genética. Es cosa de la persona, decisión del sujeto.

Por eso, no encontrando base científica, biológica ni genética, se acude a un recurso semántico como el género. El concepto de género, proviene de la Gramática, no de la biología. En Castellano existen tres géneros: masculino, femenino y neutro (el, la, lo). El concepto de género es propio de las discusiones entre corrientes sociológicas. Algo que difícilmente las ciencias auxiliares de la justicia podrán científicamente determinar: el género es algo que depende de mi decisión, la cual puedo cambiar, y ser –social y legalmente- distinta a la del año pasado o a la del mes próximo. En Derecho, cuando de determinación del sexo se trata, la ciencia presta un servicio concreto verificable. Quienes pretenden ante los estrados judiciales sustituir el sexo por el género, saben que no pueden procesalmente acercarse a la precisión y seriedad del valor probatorio de una prueba como la antropo-heredo-biológica de Medicina Legal, que tiene valor informativo intrínseco permanente, no sujeta a cambio ni dependiente de volición subjetiva.

Es tal la subjetividad y relativismo que el concepto género comporta, que se hace necesario decir explícitamente que se trata de una “perspectiva” de género.

El mejor ejemplo de la indefinición y variabilidad subjetiva en que se puede caer, si se hace depender la legislación sobre la unidad básica –estructural y funcional- de la organización social, de los tipos de actos o roles o preferencias sexuales, es que la homosexualidad ha sido varias veces cambiada de clasificación –por expertos- en los últimos cincuenta años, incluyendo la entrada y salida de diversas categorías patológicas. Es un terreno movedizo para el Legislador.

Actualmente, todos sabemos en qué consiste la familia de origen genético heterosexual. Pero entre quienes creen que el concepto de género pudiera servir para la familia, resulta que hay unos que creen que hay tres géneros, otros creen que pueden ser cinco, algunos otros creen que ocho., etc., cada cual con sus respetables preferencias y opciones para creerlo. Arena movediza para el Legislativo. Legislar para singularidades y casuísticas.

El hecho cierto es que en materia de consultas profesionales relacionadas con problemas de identidad sexual, de opciones o preferencias sobre la actividad homosexual, es prácticamente imposible describir lo que sería un “homosexual típico”. No existe. Los y las homosexuales, como otras personas, pueden ser muy variados. No se puede hacer estereotipos. Cada quien es hijo de su casa, vecino de su barrio y, miembro de su círculo social, económico y profesional. Además del gregarismo y la sensibilidad popularmente conocidos -canalizable en artes y letras-, se sabe que por lo común son muy selectivos en sus relaciones interpersonales, suelen ser más apasionados, menos estables emocionalmente, más celosos, sensibles, necesitan más manifestaciones de interés, de reconocimiento y de estímulo. Se pueden presentar comúnmente ansiedad, depresión, problemas de imagen corporal, de autoaceptación, uso de sustancias. Pero, también pueden ser personas -por lo demás- comunes y corrientes, incluyendo también algunos individuos brillantes y laboriosos como en cualquier colectividad humana.

Tanto por su sensibilidad como por los prejuicios y sufrimientos vividos -a veces desde niños-, necesitan ser gregarios, afirmar lealtades, marcar el terreno, buscar o controlar círculos de mayor seguridad o aceptación. Su situación no es fácil y, el mérito de esforzarse por controlarse, puede ser muy meritorio –aunque poco reconocible por la familia y la sociedad- al esforzarse por mantenerse funcionando en todo sentido y en todos los ambientes, sin que nadie se percate o como si nada les pasara por dentro.

Como suelen sufrir por su incomodidad y aceptación familiar y social –incluso su auto-aceptación-, últimamente se han dedicado más al proselitismo y al activismo político. Hoy en día, los profesionales de la salud pueden exponerse a ser discriminados o desprestigiados por los activistas y homosexuales radicales, ser tachados de intolerantes, “homófobos” y cosas parecidas. Los periodistas y legisladores pueden verse expuestos a las mismas presiones. Por lo pronto, dando por supuesto que la autonomía y autodeterminación de cada periodista y congresista permanecen incólumes, nosotros seguiremos siendo profesionales de la salud con alta estima, respeto y cariño para cada individuo sea cual sea su condición y, cumplimos con informarles y proveerles de fuentes científicas, honrando aquella sabia recomendación de La República de Platón: “a la sociedad le vienen males de que cada cual no haga lo suyo”.

Es ilustrativa y digna de una honrosa memoria, la vez que un colega y compañero de postgrado contó su propio caso. Haciendo un gran esfuerzo y brindando una confianza y sinceridad extraordinaria, contó la ansiedad y permanente incomodidad que sentía por tener que ocultar que algunos tipos le llamaban la atención o resultaban atractivos, mientras que también podía “darse cuenta” de la belleza femenina, aunque no se interesaba o se le dificultaba pasar a una relación profunda con ellas. Dijo que como médico él mismo había revisado la literatura especializada y no le quedaba duda que lo suyo no era genético. Llevaba más de ocho meses de psicoanálisis y no sabía qué pensar o esperar de su caso. Además de ser un buen médico era un buen tipo y era sincero consigo mismo. Al agradecerle al amigo su confianza, se le renovó también la solidaridad y el respeto. Luego viajó al exterior y no hubo más noticias. Se le dijo que no se conoce de nadie que no se tenga que dominar a sí mismo. Para otros la tragedia es el cigarrillo, la comida, el juego, las drogas, etc. Los solteros, los casados, ellos, ellas, todos tenemos que luchar por ser coherentes, por ser honrados, fieles o estables, controlarse, vencer la pereza, la envidia, el mal humor, el desorden. Y eso es para toda la vida.

Entonces, ¿Qué tiene de malo ser homosexual?

Sentir no es consentir. Lo mismo pasa con los heterosexuales. Si todos los hombres se lanzaran tras de todas las mujeres que les atraen, no se podría vivir en paz, ni se sabría quién es hijo de quién.

 

Pero, ¿y si un par de homosexuales se quieren y son fieles y no se meten con nadie?

El principal problema de la homosexualidad –para los homosexuales- es la actividad homosexual.

 

En el conjunto de la vida humana pasa algo análogo. A veces  se parte de experiencias muy particulares; o se nos crean expectativas artificiales; o cargamos con falsas necesidades; o podemos  perder la visión de conjunto. Cuando se trata de asuntos humanos, eventualmente involucran el sentido de las cosas, de la salud o de la vida: todos podemos comprobarlo diariamente al observar ciertos tipos de alimentación, bebida, consumo de sustancias, juego, aficiones de alto riesgo, etc. Es una experiencia y observación al alcance de todos, que los seres humanos podemos a veces hacer y desear cosas y actividades nocivas para la salud. Y que los gustos, opciones o preferencias pueden volverse contra nosotros aunque sean una tradición o una costumbre socialmente aceptada.

 

Algunos grupos humanos tienen costumbres tan curiosas -e innecesarias o perjudiciales- como la ablación del clítoris, la deformación del cráneo, la elongación de labios y cuello, la perforación y tatuaje de partes del cuerpo, etc. Cosas que no solo ocurren entre poblaciones que consideramos primitivas. También las culturas con raíces europeas y mediterráneas han tenido sus “costumbres”: desfloración ritual de las vírgenes, el derecho de pernada, la iniciativa parental en una iniciación sexual, etc.

 

En aras de la sencillez nos limitamos aquí a los actos sexuales, que para el caso que interesa a la opinión pública, a los medios y al Congreso en el presente, es la actividad de tipo homosexual. Es indispensable y muy importante en Psicobiología, distinguir entre:

 

1.         El objeto de interés sexual de una persona,

2.         La ejecución de una actividad sexual.

3.         La identidad sexual personal 

 

La base de la identidad, es triple: genética, somática y, psicológica. La identidad genética, viene dada por los gametos –masculino y femenino- parentales, de donde surgimos como embrión unicelular (cigoto). La identidad somática, es el resultado de la diferenciación estructural y funcional que se forma por la genética en interacción con influencias como las hormonales, internas o externas. Y la identidad psicológica, se define como la formación y desarrollo de la personalidad y la conciencia de sí mismo en interacción con los demás, la familia y la sociedad.

 

Por tanto, la sexualidad toca todas las dimensiones de la persona: la sexualidad propia de la madurez, es la integración armoniosa y viable de la persona en su corporeidad. Por tanto, toda la existencia, la vida mental, el trabajo y la vida social, son mucho más que solo sensibilidad y actividad.

 

La condición sexuada va más allá de la sensibilidad y actividad de tipo sexual. La actividad sexual va más allá de la genitalidad. La condición sexuada no es sinónimo de actividad sexual.

 

La naturaleza  sexuada del Homo sapiens va más allá de la actividad. Toda actividad personal no es sinónimo de actividad somática. Toda actividad somática no es genital. No todo objeto de interés sexual implica actividad sexual. Así como en medicina y epidemiología hay que saber distinguir entre susceptibilidad y enfermedad, también en Neurociencias se enseña que la sensibilidad  no presupone una actividad.

 

En las carreras con funciones directivas y en las afines a las Ciencias Administrativas y de la Organización, se estudian asignaturas como Análisis de Decisiones, que enseñan que la Toma de Decisiones es un proceso que implica aprendizaje, deliberación y que tiene responsabilidad personal e impacto empresarial y socioeconómico. Todo estudiante de esas asignaturas sabe que se puede -o no- tomar una concreta decisión, pero lo que no se puede es improvisar, suponer que las distintas decisiones son indiferentes entre sí y, desconocer que cada decisión tiene sus propias consecuencias.

 

La Psicobiología, nos enseña que la CLonación, es el proceso que ocurre en la esfera mental hasta la decisión de la ejecución; la pre-existencia de la sensibilidad subjetiva interna no obliga absolutamente a una acto o actividad objetiva externa. Todo el camino que va de lo subjetivo, pasando por los procesos cognitivos y emotivos hasta la ejecución –incluyendo un eventual objeto de interés sexual-, depende de la decisión personal. A veces las personas, como las empresas, para la toma de decisiones requieren asesoría y consultoría profesional.

 

Esto es esencial saber distinguirlo, porque son aspectos que pueden lograrse armonizar -o no- en una persona: Alguien puede tener una identidad o autopercepción sexual que no concuerda con su corporeidad.  Alguien puede tener un objeto de interés que no concuerda con su identidad. 

  

A una persona puede o no interesarle la belleza del cuerpo del sexo complementario. Una persona puede –de facto- tomar la decisión –subjetiva personal- de tener actividad sexual con el sexo no complementario. También pude decidir una actividad sexual en relación con una cosa, con un animal o solitariamente.

El espectro de posibilidades e intereses y sensibilidades subjetivas es muy heterogéneo y variable.

 

Por contraste, hay concretos condicionamientos biológicos humanos muy bien conocidos, que han dado lugar a legislaciones muy concretas en defensa de los intereses de toda la comunidad y de cada individuo sobre: el fumar en lugares y transportes públicos, el no consumo de sustancias psicoactivas si se va a conducir, etc. La diferencia es que todos corporalmente necesitamos para vivir aire con oxígeno y sin humo, a todos nos puede dar cáncer, todos podemos herirnos en un accidente automovilístico por ebriedad, etc. En cambio, legislar en materia de gustos y preferencias, intimidades, individualidades y subjetividades, es arena movediza.  

 

Premisas a revisar por el Legislador:

 

1. No vivimos en un ambiente cultural integrado, tampoco con el conocimiento científico. Nuestra cultura general no es coherente con nuestra propia cultura científica: el profesor que nos dio las –magistrales- clases sobre las enfermedades cardíacas y coronarias, encendía el siguiente cigarrillo con el que estaba terminando. No siempre nuestros estilos de vida reflejan nuestra propia profesión. Y si eso pasa entre personas cultas y estudiosas, qué esperar de los iletrados. Estamos en una interesante coyuntura de la historia de la cultura:  Actualmente se habla de Sociedad del Conocimiento y de la Información, pero padecemos endémicamente de lo que los expertos llaman Analfabetismo Científico (Scientific Iliteracy), cuyo remedio es el nuevo movimiento pedagógico y periodístico denominado Cultura Científica (Scientific Literacy).   Las ciencias de la salud se ven actualmente transformadas por la Medicina Basada en la Evidencia (Evidence Based Medicine) 

 

Nuestra cultura social no posee todavía una cultura general científicamente alfabetizada. Si para el Renacentismo era deseable una ilustración de la razón, ahora la necesidad de la razón es ser científicamente informada. Y luego habrá que tener paciencia a que vengan los “re-descubrimientos” de la conciencia social sobre una conveniente integración sapiencial (científico-humanística, etc).

 

Salvo esperanzadoras excepciones, todavía estamos en la época en que la mayor parte de los humanistas y profesionales de las ciencias sociales poco saben  de ciencias básicas y la mayoría de los científicos poco saben de ciencias humanas y sociales. Por tanto, no es de extrañar que para nuestros líderes sociales y dirigentes políticos y guías religiosos, todavía resulten un poco extraños a sus búsquedas bibliográficas, o a la formación de sus juicios y raciocinios, los datos de las ciencias. El  quehacer legislativo, periodístico y la predicación religiosa o la enseñanza moral, acuden muy poco a datos y fuentes científicas, que resultan sumamente valiosas y constructivas en una sociedad tan heterogénea y sincrética, en la cual los diversos interlocutores se caracterizan precisamente por la premisa a priori de no compartir la misma cosmovisión ni la misma matriz cultural. En casos como el actual con la discusión creciente sobre los proyectos de ley sobre aspectos de sexualidad y reproducción, es obvio.  

 

2. A veces sin darse cuenta, los partidarios de ponerse a legislar sobre la intimidad, como en el caso de la sensibilidad o preferencia homosexual, se parte de la premisa (propositiva u omisivamente) de que el Homo sapiens es ontológica o filogenéticamente, un fin absoluto para sí mismo. O que su situación cosmobiológica es no-dependiente, o que no es heterótrofo, o que  sus “construcciones culturales” y “preferencias” psicológicas puedan ser viables socialmente o legalmente, aunque no lo sean biológicamente.  Y a pesar de que no seamos viables como individuos, pretender ser sostenibles como civilización….

 

El proceso de desarrollo y maduración del Sistema Nervioso Central-SNC (aprendizaje del control progresivo de esfínteres, postura, marcha, alimentación, limpieza y cuidado o arreglo corporal, lenguaje, etc.) evidencian -también a los ojos de quienes no son profesionales de la salud, ni neurocientíficos- distintos elementos constitutivos en la realidad de la vida del Homo sapiens, entre vías y centros de integración de la información, de lo aferente (estímulo, hacia dentro) y lo eferente (respuesta, hacia fuera) lo motriz (moverse) y lo sensitivo (sentir); entre cinestésico, senestésico y propioceptivo (captar los propios movimientos, sensaciones viscerales y posturas corporales).    

 

Es axiomático para la Pedagogía, la Neurología, el Derecho, la Publicidad y el Marketing, que la educación del intelecto per se no constituye automáticamente la educación de la voluntad. Incluso, un intelecto ilustrado junto a una voluntad formada, no alcanza a excluir la posibilidad de la sobre-excitación de la sensibilidad. Esto forma parte de la base científica de la conveniencia de ofrecer modelos sociales viables.

 

Pero ese tipo de conocimiento tecno-científico profesional, puede o no haber sido integrado armoniosamente en la personalidad, al nivel o tipo de pensamiento y de comunicación de ese mismo Homo sapiens, fuera de la oficina o del laboratorio. El caballero de salón y el prudente profesional de la oficina, se sorprende de sí mismo cuando está al volante. O en la soledad de  una bóveda bancaria. O en la intimidad de su alcoba. O en el revoloteo de su imaginación. De ahí que debamos resaltar el valor y función pedagógica de la legislación.  Ofrecer modelos viables y sostenibles.

 

3. Desde los fundamentos de las Ciencias Naturales y Biológicas, con las aportaciones de Haeckel, Darwin, Lamarck, Spallanzani, Pasteur, Mendel,  como las leyes de la Patrogonia (la ontogenia es una síntesis de la filogenia), sabemos que el Homo sapiens sapiens que mejor se conoce y más se trabaja y aprende su auto-nomía y autorregulación, es quien mejor maneja su capacidad adaptativa y supervivencia en el entorno, humano y ambiental. 

Legislar para los Homo   sapiens sapiens.

 

HOMOSEXUALIDAD Y ENFERMEDAD: EL COSTO SOCIAL (IPS, EPS) DE LA OPCIÓN INDIVIDUAL.

Durante la actividad homosexual, el semen puede penetrar al intestino y entrar en contacto con la pared del colon de la contraparte sexual. Ya dentro del cuerpo, el semen afecta el sistema inmune, resultando en que la persona se vuelve más vulnerable a la enfermedad. Esto es un problema especialmente porque la práctica homosexual frecuentemente transmite muchas enfermedades que son infrecuentes entre heterosexuales. Por ejemplo, los homosexuales como grupo, son mucho más propensos a tener enfermedades raras del intestino, las cuales son agrupadas en lo que los tratados universitarios de gastroenterología denominan el Gay Bowel Syndrome (Nakamura, etc.) Los estudios indican que casi la mitad de los homosexuales eventualmente contraen parasitosis amebiana, mientras que la gonorrea rectal y la hepatítis infecciosa tipo A son mucho más altas entre la población homosexual. Fox, en respuesta a esta preocupación, anotaba:

‘Primero, el colon y el recto son emuntorios, están diseñados para la eliminación de materia fecal y no para la introducción de cuerpos extraños como en la actividad sexual. (los músculos y nervios de los esfínteres, están diseñados para regular el paso de dentro hacia fuera). La Materia Fecal es eliminada porque ella es ya indigerible por el ser humano y contiene materiales causantes de enfermedades (de hecho, el 90% del peso de las heces desecadas, corresponde a bacterias). Con la penetración sexual, los músculos rectales son frecuentemente sobre-expandidos y, la delicada membrana que recubre el colon es desgarrada muchas veces. La ruptura del colon permite a la materia fecal penetrar dentro del cuerpo, trayendo consigo enfermedades infecciosas.’

(Fox, E., The diseases of homosexuality).

Muchos homosexuales prefieren frecuentar médicos que atiendan más homosexuales para que puedan manejar mejor sus problemas especiales de salud. Mientras que estos doctores pueden preferir no anunciarse como tales especialistas en el directorio telefónico, los grupos sociales homosexuales y revistas de homosexuales son una fuente común que los pacientes usan para contactar a esos médicos especializados. Los estimativos sobre enfermedades infecciosas entre homosexuales, es que pueden llegar a una tasa hasta diez veces la de la población general — no solamente enfermedades venéreas, sino también hepatitis B y otras.

Otro grupo de enfermedades frecuentes incluye uretritis, herpes viral, infestación por pediculosis y otras. (Rueda, E., The Homosexual Network: Private Lives and Public Policy, Devin Adair Company, Old Greenwich, Connecticut, pp. 52–33).

Por supuesto, no es solo el tipo de comportamiento que ellos se permiten el que los pone en riesgo mucho más alto, sino su alto nivel de promiscuidad — una encuesta indicó que los varones homosexuales tenían en promedio más de 50 compañeros sexuales en su vida (Ídem).

Otro estudio encontró que el 28% tuvo más de 1,000 compañeros, el 15% tuvo de 500 á 1,000, el 32% de 100 á 500, y solamente el 25% tuvo menos de 100 compañeros en toda su vida. Si bien las encuestas en éste campo varían, dependiendo de la población muestreada, el tamaño de la muestra y las específicas preguntas formuladas, todos revelan que un enorme componente de promiscuidad ha sido una parte normal del estilo de vida gay.

Lo anterior, sin entrar en las consabidas y frecuentes manifestaciones agudas o crónicas de balanítis, proctítis, hemorroides, fisuras, etc.

Aunque esto varíe por épocas y no sea universal pues también hay heterosexuales que pueden ser igualmente promiscuos: en todas partes y para todos, hay un antes y un después del SIDA. Hay muy buenas razones científicas para formarse un criterio sensato y prudente. El nivel del problema puede ser debatido, pero nadie cuestiona que el problema es serio.

 

Para terminar, hagamos el siguiente razonamiento o silogismo. 

 

El sentido de la sexualidad es inseparable y esencial a la corporeidad. La corporeidad no se agota en la vida sensitiva. La vida sensitiva es una parte de la integración neurológica. La neurología se armoniza en la unidad de la persona. La persona surge biológicamente y se moldea psicológicamente en la familia. La cual participa en el sistema social de intercambios económicos y culturales.

 

En ese sistema general, las premisas de supervivencia, adaptación y perfeccionamiento, de la sociedad no se reducen a las de la familia; las de la familia no se reducen a las del individuo; las del individuo no se reducen a las de su corporeidad; las de su corporeidad no se reducen a su sensibilidad; las de su sensibilidad, no se reducen a su sexualidad; las de su sexualidad no se reducen a su genitalidad; las premisas de su genitalidad no se reducen a las de su sensibilidad; las de su sensibilidad no se reducen a las de su corporeidad, las de su corporeidad…    Sigan ustedes las series ascendentes y descendentes, pudiendo descubrir -por sí mismos- una mayor claridad y una mejor comprensión. 

 

Incluso teniendo a la vista la historia natural y el amplio panorama de realidades biológicas, filogenéticas, socioeconómicas y culturales, todavía cabe la posibilidad de que, -de su cuenta y riesgo-,  algunos Homo sapiens –retroalimentados por sus peculiares nichos culturales- se autoimpongan premisas distintas a las de las Ciencias Biológicas, por ejemplo, buscando que satisfagan prioritariamente sus sensibilidades. La libertad es auto-destinación. Es evidente que las personas tenemos la capacidad de persuadirnos fácilmente de aquello que contraría nuestros gustos.

 

 Pero la epidemiología no deja de registrar el impacto y costo social de las conductas de riesgo: más del 98% de los casos de SIDA son por transmisión sexual, asociados a promiscuidad, también en el uso de jeringas entre drogadictos. El resto, menos del 2%, son por casos raros en transfusiones, accidentes en cirugía, odontología, laboratorio, etc.

Para los doctores en Medicina, con estudios de postgrado en Biología y en Genética y, lo que es más importante, con una práctica profesional en Bio-tecnologías precisamente en la producción estéril (libre de virus) de medios de cultivo para células, es doloroso informarle a la gente desprevenida que:

La tasa de “protección” o de “seguridad” del condón que aparece en la publicación de “Profamilia” en Colombia del 85% es la misma que publica mundialmente el Population Council y, se calcula sobre la base de impedir el embarazo: de 100 parejas que lo usan en un año, solo 85 evitan el embarazo, pero para 15 no funciona, falla. Y las causales son aplicables a todo tipo de usuario con diversos fines.

Además, el embarazo (que no es una enfermedad) es el resultado de que pasó un espermatozoide del varón y llegó al óvulo en la mujer. En el caso del SIDA, no se trata de un espermatozoide sino un virus (VIH), QUE ES MUCHÍSIMO MÁS PEQUEÑO QUE EL ESPERMATOZOIDE. El espermatozoide mide máximo 0,5 micras de ancho, mientras que el virus VIH (SIDA) mide apenas 100 NANOmicras: es 500 veces más pequeño. Por donde pasa un espermatozoide (condón, etc.) pasa mucho más fácil un virus VIH del SIDA.

Además, para que un espermatozoide llegue a un óvulo se necesita que coincida un acto sexual con la ovulación, que solo ocurre UNA VEZ AL MES. En cambio, los actos sexuales potencialmente transmisores de enfermedades son más de uno al mes y, no tienen que coincidir con nada.

El SIDA es una enfermedad muy dramática, costosa, estigmatizante y por lo general mortal. Hay unos pocos casos raros (menos de 0,5%) de menor susceptibilidad genética.

CONCLUSIÓN: El mismo condón que falla el 15% para el caso del embaraza, falla mucho más del 15% para lo que no es embarazo, como las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), incluyendo el VIH-SIDA.

PREGUNTA: ¿Han visto alguna valla del Ministerio, o de la Secretaría de Salud, o propaganda de televisión que informe sobre esto? Eso viola el texto de la Constitución sobre el derecho a la información. Y también viola la legislación colombiana sobre los Derechos del Paciente.

CONSECUENCIA: Toda persona que halla sido perjudicada por esta “omisión”, “ocultamiento” –que no ingnorancia-, podría presentar acciones legales reclamando que se les informe y, además exigir legalmente o demandar al estado -y los funcionarios respectivos- para ser indemnizada en lo que corresponda. Es decir, la quiebra del sistema de salud, IPSs, EPSs, etc.

 

Trabajemos por la libertad y autonomía -de todos y cada uno- de los ciudadanos. Y que la ley promueva la Salud Social: que nos proteja de los multimillonarios sobre-costos hospitalarios e inviabilidad pensional asociados a los gustos, subjetividades y sensibilidades particulares.

 

Resumen (Traducido al Castellano de la obra científica del Dr. Jerry Bergman)

La homosexualidad envuelve un amplio rango de comportamientos con causas complejas, incluyendo biológicas, sociales, ambientales, psicológicas y morales. El que una persona adopte ese estilo de vida depende de la interacción total entre esos factores. En alguna persona la causa principal puede ser hormonal, social en alguna, y moral en otras. La concatenación es tan importante que, como una síntesis de este asunto se ha anotado que incluso cuando,‘… algunos investigadores encuentren “el gen” en cuestión y se vuelva posible un test genético prenatal, tal test ofrecerá poco más que un dato sugestivo acerca de la futura orientación o preferencia sexual de del feto. “Nunca habrá un test que diga si un niño será gay. Eso lo sabemos con certeza.”…’ (Holmes, B., Gay gene test New Scientist, Vol 141 No.1915

La investigación que indica que los factores biológicos están envueltos en la homosexualidad no concluye que la biología es el destino, solamente que ciertos factores anormales, genéticos y ambientales, hacen parte del espectro y pueden parcialmente influir en el desarrollo de la eventual respuesta sexual, aparte de la toma de decisión sobre los actos y preferencias de la persona, o de sus gustos y sensibilidades subjetivas.

Para responder apropiadamente ante el comportamiento homosexual, hay que comprender las causas. Entonces la respuesta a tal comportamiento variará de acuerdo con los factores involucrados. Una comprensión de esto ayudará a manejar tanto los factores patológicos biológicos como los ambientales. La conciencia pública de los factores ambientales influirá en las prácticas de crianza infantiles y la política social; y la conciencia de los factores biológicos promoverá el desarrollo de tratamientos médicos o farmacológicos, así como un entendimien-to más comprensivo de los factores involucrados.

 

 

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados en Homosexualidad: ciencia y derecho*