Saber vivir

Las campañas de prevención

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 31, 2009

La Organización Mundial de la Salud (OMS) parece ser el organismo al que menos se le da publicidad: aun a pesar de que alerta constantemente sobre la incidencia cada vez mayor de sida en todos los países, son pocos los artículos referentes al tema, tanto en la prensa escrita como en la televisión.

Efectivamente, la OMS ha resumido los reportes de todas las entidades encargadas de la salud en el ámbito mundial al afirmar que ya son cerca de cuarenta y dos millones de seres humanos con el virus del sida (VIH) en su organismo. De estos, se cree que un poco más de seis millones ya han desarrollado la enfermedad.

Ante esta perspectiva, la información se ha enviado a los ministerios de salud de varios países, muchos de los cuales han emprendido campañas para detener esa pandemia (esta palabra significa enfermedad epidémica que se extiende a muchos países).

Las múltiples propagandas para lograr que los colombianos usemos técnicas de prevención: a los heterosexuales que tienen relaciones con varias personas se les trata de inducir a usar el condón, a quienes tienen relaciones homosexuales o bisexuales también se les recomienda el preservativo, a los casados se les persuade para que tengan una pareja estable…

En esa miscelánea campaña se nota un respeto infinito al comportamiento sexual y genital de los seres humanos: no importa que haya o no relaciones homo, bi o heterosexuales, etcétera. Lo único que importa es que se detenga el llamado flagelo del siglo XXI.

Pero las estadísticas de muchos organismos encargados de la salubridad (nacionales e internacionales) asombran a los investigadores: continuamente se muestra que el uso del preservativo es mínimo entre la población sexualmente activa.

Se aducen argumentos como el de que es un procedimiento incómodo, poco satisfactorio y poco útil: algunos han demostrado que los poros del condón permiten el paso del virus, que es realmente muy pequeño: 500 veces más que un espermatozoide, que se sabe que se cuela a través de esos poros.

Pero, más que eso, resulta obvio deducir que el procedimiento no es natural, que deja de lado uno de los ingredientes indispensables del amor humano: que la entrega carnal está indefectiblemente unida a la psicológica y a la espiritual. Quien ama lo hace a través de lo biológico, a través de los sentimientos y a través del espíritu. De otro modo, la relación deja de ser humana para reducirse a un acto de mutuas complacencias biológicas, en las que se hace evidente el utilitarismo recíproco y que, por lo tanto, no es amor.

Y eso es lo que muestran los medios de comunicación: actitudes típicas de relaciones exentas de amor verdadero.

El reiterado “sexo seguro” deja entonces una confusión de la que es difícil salir, especialmente a los adolescentes, siempre en proceso de maduración.

¿Quién podrá negar, por tanto, que parte de ese rechazo a las campañas nazca de la conciencia cierta de que esta tarea gubernamental está encaminada a las relaciones puramente biológicas, esto es, a las de un animal? Evidentemente no son apropiadas para los seres humanos.

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