Saber vivir

¿Matrimonio de homosexuales?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 5, 2010

 

En todas las células de un hombre homosexual hay un cromosoma «Y». Por su parte, nunca se ha encontrado ese cromosoma «Y» en una lesbiana. Por esto, desde el punto de vista genético está probado que el individuo no nace homosexual: aunque haya factores que lo favorezcan, ninguno de ellos es capaz de determinarlo, es decir, ninguno de esos factores obliga al individuo a ser homosexual.

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos seres humanos, dentro de los factores predisponentes, dos comportamientos paternos son los que más inducen a la homosexualidad de un hijo: el padre distante, alejado o frío en el trato con su hijo, y el padre enérgico y duro y hasta violento

Estas circunstancias son bastante más frecuentes de lo que parece en las sociedades eminentemente machistas de hoy: es habitual, por ejemplo, el argumento de muchos padres que creen que si tratan con ternura o dulzura a su hijo varón, lo impulsarán a la homosexualidad. Y lo que sucede es exactamente lo contrario: hoy se sabe con certeza que es precisamente la falta de cariño paterno lo que hace que ellos traten de suplirla buscando el afecto de otro varón.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil.

Este factor, pues, es determinante.

Y si a esta conducta paterna se suma una madre del tipo de la mujer seductora, que domina y minimiza a su marido —lo demuestran también las estadísticas—, se impulsará más la orientación a la homosexualidad.

Un ser humano con este trastorno, tiene los mismos derechos de los demás; lo que sí no admite dudas es que ellos, mientras no sean tratados adecuadamente, precisamente por el trastorno que padecen, no están en la capacidad de dirigir y desarrollar adecuadamente sus relaciones, porque su situación psicoafectiva los hace muy inestables. Es rarísimo, por ejemplo, el caso de una relación de homosexuales que sea duradera: las estadísticas que hay muestran que, a pesar de la gran cantidad de parejas de esposos que se separan hoy día, nunca alcanzan los índices de inestabilidad que se verifica entre los homosexuales.

Por esta afectación psicológica, tanto en el ámbito afectivo como emocional, les queda más difícil entender lo que es una entrega de amor auténtico, en la que haya una donación total de sus seres, tanto en el plano biológico, como en el psicológico y el espiritual.

Este amor auténtico del que se está hablando es la entrega total de la vida para conseguir un solo objetivo: la felicidad del ser amado, y quien así actúa logra su propia felicidad; es frecuente que los que aman así digan que su felicidad es la felicidad de ella (o de él).

Si aun entre parejas —hombres y mujeres sin este tipo de problemas— es difícil vivir este auténtico amor, lo es más para quienes están tan afectados psicológicamente con estas carencias afectivas, tal y como sucede con los homosexuales.

Y es lógico que suceda así, puesto que la complementariedad no se puede dar entre ellos: así como en el aspecto biológico sus genitales no se complementan, tampoco sus psiques masculinas, porque por más que intenten volverlas femeninas, siempre tendrán un sustrato, una esencia, un fundamento genético masculino, del que no podrán deshacerse jamás. Y lo mismo sucede entre dos lesbianas: sus sustratos son y serán femeninos.

Por eso, el matrimonio de homosexuales no es conveniente: al fallar el tan deseado complemento, sus carencias afectivas y emocionales obviamente se incrementarán; y esto sucederá una y otra vez, repitiéndose consecutivamente tres sentimientos: el anhelo de felicidad, la ilusión de que una nueva relación podrá llevarlos a la meta y la frustración por no haberla logrado…

El matrimonio de homosexuales produce, por lo tanto, más daños que beneficios: al no lograr el bien que se pretende, se aumentan cada vez más las ansiedades, las angustias y la sensación de frustración…

Y todavía es peor el hecho de que los homosexuales adopten hijos, puesto que, como se dijo, la situación psicológica de los homosexuales los hace menos capaces para educar acertadamente a los adoptados. Es, además, evidente que no podrán formar en ellos ni la imagen masculino–paterna, ni la femenino–materna, con lo que se propicirán en los niños errores de concepción; y esto no puede darse, pues el derecho de los niños a un desarrollo normal desde los puntos de vista afectivo y emocional está por encima de cualquier otra consideración o derecho de los adultos que los tienen a cargo.

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