Saber vivir

La leyenda del medio corazón*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 7, 2011

 

Cuenta una leyenda que cuando Dios crea un hombre, toma un corazón en la mano y lo parte por la mitad, y medio corazón lo coloca en su cuer­po y el otro medio lo pone en el cuerpo de una mujer. Y ambos los echa al mundo, cada cual con su medio corazón.

Cuando los dos crecen, notan que no tienen más que medio corazón y deben entregarse a la búsqueda del otro medio que a cada uno le falta. Pero aquí viene la dificultad: ¿Dónde estará ese medio corazón que a cada uno le falta? ¿Estará cerca? ¿Estará lejos? Ninguno de los dos sabe. Por eso añade la leyenda que ni él ni ella deben descansar hasta que encuentren el medio corazón que a cada uno le falta. Una vez que ya lo encuentran, tienen que unir los dos medios corazones para formar uno solo, y para lograrlo, solamente hay un pegante, el pegante del amor.

Hermosa leyenda que nos ilustra lo gratificante y lo valioso del ma­trimonio que hoy celebran delante de Dios y de esta comunidad: N y N. Como no hay mejor pegante que el amor para formar un solo corazón… y con éste los dos serán una sola carne, como lo ratifican las Sagradas Escrituras, la ceremonia del matrimonio será la primera capa de pegan­te, la cual se irá consolidando hasta lograr la unión perfecta durante toda la vida.

Y es que, efectivamente, el amor es la base, el fundamento, la causa formal de la vida matrimonial. Es el alma que debe llenar la vida en­tera de los esposos. Sin él no hay posibilidad de edificar una comunidad matrimonial ni familiar.

Con toda razón puede afirmarse: El matrimonio nace del amor, se sos­tiene y desarrolla por el amor y se realiza en el amor. Por un acto divino se formó la pareja humana y por (otros) actos de amor deberán formarse las nuevas parejas que surjan a través de los tiempos.

La unión de padres e hijos es temporal y por tanto disoluble; en cam­bio, la unión de los esposos es indisoluble y eterna. No deberán separarse jamás.

De manera que un matrimonio sin amor, no tiene razón de ser ni de existir. De aquí se desprenden varias conclusiones:

1.  Sin amor no deben casarse los novios. No importa que lleven mucho tiempo y hasta años de relaciones; no importa tampoco que lo exijan las presiones familiares o sociales; ni siquiera importa que tengan sufi­ciente dinero para vivir bien. La falta de amor es razón suficiente para no casarse.

2.  Sin amor, ¿qué significado pueden tener las palabras de mutua entrega que se hacen ante el altar? Será una entrega fingida, engañosa y ridícula.

3.  Sin amor, ¿cómo van a vivir dos esposos bajo el mismo techo, no digo ya unos años o meses, sino un solo día?

4.  Sin amor, ¿fruto de qué van a ser los hijos?

5.  Sin amor, ¿cómo será el matrimonio, signo sacramental de otro amor, “del amor que Cristo tiene a su Iglesia”, como dice san Pablo?

El pueblo chino guarda una atrayente tradición: llevar a las bodas una pareja de gansos, símbolo de fidelidad. Estos animales, al igual que los cisnes, no cambian de pareja y conservan una relación estable de por vida.

 

Tomado de: bonilla, Héctor. Parábolas para la vida. San Pablo, Bogotá. 2007.

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