Saber vivir

Viagra, ¿la solución?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 20, 2012

 

Fue una especie de equivocación: a los enfermos que se les administraba un medicamento para tratar una dolencia de la tensión arterial les empezaba a aparecer cabello en forma inusitada. Por eso ahora se vende en todas partes una sustancia que muchos calvos usan a diario para no verse así.

Lo mismo aconteció con el “Viagra”: se intentaba solucionar algunos problemas cardiovasculares con un medicamento vasodilatador, cuando se observó que los pacientes que padecían de disfunción eréctil (impotencia) mostraban mejoría en esta última patología. Hoy, el mundo entero habla con o sin conocimiento del tema.

La impotencia se divide en 2: la orgánica y la psíquica. La orgánica es la más rara de las impotencias, y puede producirse por lesiones espinales, por ejemplo en las tabes, en que se interrumpe el arco reflejo de la erección y la eyaculación; lesiones de los genitales, prostatitis , fimosis e hipogonadismo. Otras causas de esta rara afección son el alcoholismo y la diabetes.

La impotencia psíquica, de mayor incidencia, se debe a factores de tipo psicológico que pueden ser de índole personal, la mayor parte de las veces, o bien, estar relacionadas con dificultades en la relación sexual con su pareja (entiéndase relación sexual, no genital).

Pero casi siempre la impotencia psíquica o psicógena se presenta especialmente en personas jóvenes y se debe a estados emotivos, resultado de la educación machista que hace pensar a los hombres que la erección es signo de virilidad, mientras que la impotencia lo es de ausencia o disminución de la misma.

Por esta misma razón, muchos adultos, al llegar a la edad de 50 años o al acercarse a ella, se angustian tanto con su posible presencia que, paradójicamente, caen en ella. La impotencia obedece a estos estados emotivos y a otros, como depresión nerviosa, miedo, repulsión, sensación de inferioridad, resentimiento, etc., y no a la insuficiencia testicular. Una prueba de esto son los casos de impotencia en los que se mantiene la capacidad eréctil durante el sueño, mientras que de día es difícil o imposible, causado esto por factores de origen psíquico, pues los mecanismos nerviosos que controlan la erección se hallan totalmente intactos. Durante el sueño, la ansiedad o los temores que bloquean la erección no actúan, y esta se ve libre de interferencias.

Su tratamiento esencial se ubicará, obviamente, en la causa que la produce. Si una racionalización por parte del paciente es insuficiente, se acudirá a la psicoterapia.

Por eso, es erróneo pensar que el ahora famosísimo “Viagra” pueda llegar a la etiología (causa) del problema.

Es superficial aducir que, tanto en los jóvenes, como en los adultos que padecen de esta dolencia, se pueda hablar de curación con el “Viagra”. Es más exacto decir que al paciente se le hizo un tratamiento paliativo, es decir, que no se le solucionó el problema.

Sucede lo mismo cuando, ante la presencia de un dolor de cabeza producido por un tumor cerebral benigno, la enfermera le da una “aspirina” al paciente; a las 6 horas regresa el dolor. En cambio, si se ha hecho el diagnóstico a tiempo, el médico tratará efectivamente el tumor atacando la causa de la enfermedad, de modo que se produzca una curación.

El análisis del problema debe asentarse en la exacta concepción médica del mismo, antes de acometerlo moralmente: deshechados, entonces, los casos en los cuales la causa es psicógena u orgánica, no queda otra opción de uso que cuando el anciano desea disfrutar de lo que por naturaleza ya ha perdido, es decir, cuando se quiere vivir contra natura.

La naturaleza ha previsto que valores como la ternura y el amor espiritual vayan enriqueciéndose, mientras mengua el apetito sexual, para que los mayores se conviertan en recipientes de sabiduría poco sensibles a las pasiones, de modo que sean buenos consejeros de sus hijos y allegados. También está previsto por la naturaleza que ese enriquecimiento espiritual -que comienza al mismo tiempo que la vida humana- alcance niveles altos en esta etapa de la vida, de modo que el individuo esté preparado para la muerte, o mejor, para lo que viene después de la muerte.

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