Saber vivir

Archive for 14 mayo 2015

¿Aborto u homicidio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 14, 2015

¿Cuándo comienza la vida?

¿Qué ha dicho la ciencia al respecto?

¿Hasta qué punto el aborto es un homicidio?

¿Qué hacer en caso de violación, de mongolismo, de malformaciones congénitas?

¿Está en peligro la salud y la vida de las madres que realizan el aborto legal?

¿El feto tiene alma? ¿es un ser racional?

¿No es la mujer dueña de su propio cuerpo?

¿Qué debe hacer una muchacha joven si queda embarazada?

Estas preguntas -y muchas más- tienen su respuesta en este documento que informa todo acerca de la interrupción del embarazo.

LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS

 

 

ÍNDICE

Introducción

El desarrollo humano

La fecundación

El desarrollo ulterior

Principios generales de genética médica

El Aborto

Clasificación

Técnicas

Cuestionamientos y respuestas

Consideraciones médicas para realizar el aborto

Consideraciones personales para realizar el aborto

Consideraciones sociales para realizar el aborto

Consideraciones legales para realizar el aborto

Consideraciones religiosas para realizar el aborto

Consideraciones económicas para realizar el aborto

Nota final

 

 

Introducción

 

No hay persona que permanezca impasible ante el aborto. Existen asociaciones de carácter internacional que luchan por defender el derecho a nacer, como también movimientos que abogan por el derecho a abortar.

La contienda es muy grande. Muchos países han desaprobado la legalización del aborto, mientras otros lo han aceptado; es más: en algunos estados federados está autorizado, y en otros no. En la actualidad, los países latinoamericanos están siendo objeto de campañas que buscan aprobar la licitud del aborto; en Colombia, por ejemplo, se debate política y moralmente su viabilidad.

La mayor controversia se ha centrado sobre si el producto de la unión del espermatozoide con el óvulo tiene vida humana, o si ésta se inicia con el embrión, con el feto o en el momento del nacimiento; pero también se tienen en cuenta consideraciones médicas, humanas, legales, religiosas, y hasta económicas, para determinar si su legalización es viable.

En ocasiones, las reflexiones que se hacen sobre estos aspectos tan delicados, tienen un soporte científico pobre; por tanto, es necesario que los interesados en el tema se informen sobre los conocimientos médicos y técnicos actuales más relevantes acerca del desarrollo humano, de la genética y de los métodos abortivos, basados en los cuales, podrán analizar los argumentos que, en pro y en contra, se enarbolan para tomar la determinación de interrumpir el embarazo.

 

 

El desarrollo humano

 

Para abordar el tema del desarrollo humano, es imprescindible comenzar por la información sobre la composición de la célula humana, de modo que se pueda comprender, aunque sólo sea someramente, la descripción del mecanismo por el cual se “construye” un nuevo ser.

La célula está envuelta por una membrana que la cubre, llamada membrana plasmática, que se comporta como una barrera encargada de regular el transporte de sustancias del exterior de la célula al interior, y viceversa. Sirve de barrera que selecciona las sustancias que se van a transportar. Esta barrera cubre al citoplasma o “cuerpo” de la célula. En el interior del citoplasma se encuentra el núcleo.

En el núcleo de las células se encuentran los cromosomas, estructuras en forma de bastoncillos que contienen millares de genes, partículas que contienen las características hereditarias. En el hombre, cada célula posee 46 cromosomas, dispuestos en 23 pares.

El núcleo está envuelto en una membrana conocida como la membrana nuclear. Esta membrana, del mismo modo como lo hace la membrana celular o plasmática, aisla los procesos que ocurren entre el núcleo y el citoplasma.

 

La fecundación

Las características hereditarias del bebé que habrá de nacer como resultado de la fecundación son determinadas por los cromosomas del óvulo y del espermatozoide.

Inicialmente, las células del germen masculino se subdividen, a través de un proceso denominado meiosis, que reduce el número de cromosomas a la mitad, y da como resultado dos espermatozoides más pequeños que la célula del germen masculino. Del mismo modo, las células del germen femenino se dividen en dos óvulos más grandes rodeados de una zona pelúcida y con la mitad de los cromosomas en su núcleo.

Así pues, cada espermatozoide maduro contiene entonces 23 cromosomas en su núcleo, con las características trasmisibles del padre, los mismos que cada óvulo, en el que incluye el material genético que se habrá de heredar de la madre.

Para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, es necesario que un espermatozoide atraviese la zona pelúcida del óvulo y mezcle sus cromosomas con los del óvulo. El individuo resultante de la unión de los gametos, o células sexuales masculina y femenina, se llama cigoto.

Esta célula primitiva o cigoto no tiene parangón en el universo entero.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en sus cromosomas toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: los genes guían la construcción del cerebro, determinan el grado de inteligencia, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la forma del rostro, la forma de las huellas digitales, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un casete, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Toda la enorme cantidad de información contenida en los genes (veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre) es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Por eso, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia dotado biológicamente de una naturaleza o especie humana, eso se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre. (Libro: “Dejadlos vivir” Jérôme Lejeune et al. Ed. Rialp, S. A., pags.17-29. 1983.)

 

El desarrollo ulterior

Este cigoto sufre inicialmente una serie de divisiones, la primera de las cuales se realiza aproximadamente a las 30 horas, cuando ya hay 2 células; 20 horas después existen 4 células, pues ya se ha hecho la segunda división; 6 días después de la fecundación ha habido muchas divisiones más, y se llega a conformar un cuerpo sólido de células llamado mórula. En cada una de las células de la mórula, la cual se dirige al útero o matriz después de la fecundación, está ya establecida su individualidad genética, la cual desaparece si muere el nuevo ser.

Poco tiempo después, aparece una cavidad central en el seno de la mórula, y las células forman una esfera llena de líquido, denominada blastocito, que luego se implanta en la mucosa del útero. Con el fin de iniciar su nutrición, la mucosa uterina se ha engrosado y han aumentado tanto el flujo de sangre a la zona, como las grasas, proteínas y azúcares. La pared de la cavidad del blastocito está formada por una delgada capa de células, el trofoblasto, que se encuentra engrosado en un punto, formando el embrioblasto. Es el sexto o séptimo día de su vida; con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien, a través de un mensaje químico propio y peculiar, estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario -residuo que queda después de la salida de cada óvulo-, y suspende la ovulación y el ciclo menstrual de su madre, haciendo que el útero mantenga las condiciones adecuadas para nutrirse, y evitando, hasta el final del embarazo, que su madre pueda concebir de nuevo. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Desde que se producen estos cambios, a los pocos días de fecundado, ya se habla de embrión.

Con técnicas que se vienen realizando desde hace algún tiempo, como la ecografía transvaginal, en la que las imágenes se proyectan en una pantalla (esta técnica es mucho más exacta que la ecografía tradicional), se puede observar, 25 días después de la fecundación, la protuberancia que contiene el cerebro y las de los maxilares, con la boca en el medio, y un corazón primitivo que ya late (Diccionario Médico. Dr. Stephen Lock et al, pág. 284, 1983).

Un mes después de la fecundación (4 semanas) se ven, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro. Posee ya células sanguíneas y vasos primitivos. A lo largo del tronco se encuentran 25 pares de segmentos de tejidos llamados somitos, de los que se desarrollarán sucesivamente los huesos y los músculos. Cada somito tiene su conjunto de nervios. El sistema nervioso del cerebro comienza a hacerse más complejo, y empieza a formarse el estómago.

Durante la quinta semana, por medio de la ecografía trasnvaginal de alta resolución, los médicos pueden ver latir el corazón; además, pueden reconocerse, a cada lado de la cabeza, los rudimentos de los ojos, y se ve que comienza a formarse la nariz. El cerebro es aún más complejo, y ya han comenzado a formarse los pares craneales. Los brazos son más largos que las piernas, las cuales también continúan desarrollándose. En las zonas en que más tarde estarán los huesos comienza a aparecer cartílago.

(Es muy importante señalar aquí que antes de este período, el índice de abortos es casi nulo. La mujer sólo nota la ausencia de la menstruación o amenorrea aproximadamente 20 días después de la fecundación; pero inicialmente la considera un retraso de pocos días, hasta que, ya cerca de los 30 días, suele hacerse un examen de laboratorio para confirmar la sospecha del embarazo.)

A las 6 semanas se ha formado ya la retina de los ojos y el cristalino casi en su totalidad. Comienza a desarrollarse el pabellón auricular (oreja). Las manos muestran el contorno de los dedos. Se inicia la producción de sangre por parte del hígado. Desde este momento, los ginecólogos ven al embrión efectuando movimientos.

Con 7 semanas de vida, se delinea el cuello, se hacen evidentes el pabellón auricular y el conducto auditivo, comienzan a crecer los párpados, la boca tiene labios y en su interior aparecen los 20 brotes de los dientes deciduos (de “leche”).

Con el nombre de feto se conoce todo ser intrauterino, cuya madre tenga más de dos meses de gestación (algunos autores siguen considerándolo embrión hasta los tres meses).

A los dos meses está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

(Conviene informar aquí que, mientras la mujer toma la determinación de abortar, desde que supo que estaba embarazada, suelen pasar alrededor de un mes o incluso a veces más. Por eso, el mayor porcentaje de abortos suele realizarse entre la 6ª y 8ª semanas de la gestación.)

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior, el feto vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios, y hasta sonríe. “Agarra firmemente el bastoncillo que se pone en su mano y comienza a chuparse el dedo…”, en palabras del mismo Profesor Lejeune.

(Es muy oportuno informar que muchas clínicas efectúan abortos aun en el tercer trimestre del embarazo; se sabe de fetos abortados de 32 semanas.)

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. Recién nacido, obviamente, no puede vivir sin dependencia. Esto permite entender que el nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida humana.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos.

Sólo al llegar la adolescencia, esta maraña de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

En la vida adulta, se presentan cambios orgánicos y mentales que no dejan de cesar ni en la ancianidad.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

La conclusión anterior coincide con las apreciaciones del Dr. Ronald G. Davidson, Director del Programa de Genética Humana de la Universidad Mc. Caster en Ontario, Canadá; según sus investigaciones, “el desarrollo de un individuo depende de dos influencias que interactúan: factores genéticos y ambiente. La composición genética o genoma de un individuo queda establecida en el momento de la concepción”.

El “Official Journal of the Californial Medical Association”, Vol. 113 Nº 3. págs. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Principios generales de genética médica

Hasta ahora se ha hablado de genoma, de herencia, de genes, de código genético… Es muy importante entonces que el lector entienda todos esos términos relacionados con la genética del ser humano.

Según el Dr. Davidson, los genes son moléculas de ácido desoxiribonucléico (DNA), y constituyen las unidades básicas de la herencia. Todos los genes, entonces, están constituidos por DNA; unos, agrupados, se encargan del sexo del individuo, mientras que otros tienen la misión de trasmitir -como se dijo anteriormente- las demás características que, por herencia, se transmiten de los padres a los hijos: estatura y tamaño aproximados de los huesos, color de ojos, cabello y piel, el dibujo de las huellas digitales, forma del rostro, de la nariz, el grado intelectual… y hasta algunos rasgos de la personalidad.

El Dr. Jaime Bernal V., Médico y PhD en Genética Humana de la Universidad de Newcastle (Inglaterra), director del Instituto de genética Humana de la Universidad Javeriana (Colombia) y autor de cuatro libros sobre Genética, hace una comparación entre el idioma y el ser humano, con la que se puede entender cómo todo el material genético (DNA) de la célula se encuentra “secuestrado” en su núcleo (una biblioteca). La estructura central del DNA está constituida por cuatro bases o nucleótidos: Adenina, Timina, Citosina y Guanina, las cuales vienen a ser las “letras” del DNA. Sin embargo, al otro lado de la membrana nuclear (en el citoplasma), el lenguaje de las proteínas está escrito en otras veinte letras -los aminoácidos- que debe tener una secuencia determinada (para que formen palabras y frases coherentes), secuencia que se conoce con el nombre de código genético.

El DNA tiene capacidad de duplicarse a sí mismo, y esta capacidad, llamada replicación, constituye la base de la transmisión hereditaria. El código genético rige el desarrollo de las células y además su metabolismo, es decir las transformaciones químicas, físicas y biológicas que experimentan las sustancias dentro de las células, haciendo que el individuo sea único e irrepetible.

Otra comparación hecha por el Dr. Carl Sagan (autor también de varios libros sobre Genética Humana), muestra la similitud de un computador con el DNA: dado que los computadores trabajan con un sistema de dos números (0 y 1), llamados “bits” (apócope de binary digits) y las “letras” del DNA son cuatro pares, el número de bits de una molécula de DNA es cuatro veces el número de pares. Un sólo cromosoma tiene cinco billones de letras, por tanto, contendría veinte billones de bits de información. Esa cantidad de bits corresponde a unos tres billones de letras, o unos 500 millones de palabras; si hay cerca de trescientas palabras en cada página impresa, esto correspondería a unos dos millones de páginas. La información genética contenida en 46 cromosomas del ser humano sería entonces el equivalente a 184.000 volúmenes de 500 páginas cada uno.

Esos 184.000 libros de información genética constituyen el llamado genotipo de cada uno de nosotros, y ese genotipo se expresa en nuestra apariencia física y en nuestro funcionamiento fisiológico, a lo que se le denomina fenotipo. De este modo se puede entender que el fenotipo es el “mapa” del genotipo, aunque factores ambientales, tanto ámbito el externo del individuo, como el interno orgánico o celular, influyen también en el desarrollo posterior.

En este punto, es conveniente volver sobre la problemática del comienzo de la vida humana ya que algunos piensan que la vida no comienza con el genotipo sino con el fenotipo: el Dr. Jaime Bernal V. utiliza un ejemplo parecido al escogido por el Dr. Lejeune para definir si el momento en que comienza la vida es cuando se define el genotipo (DNA), o éste se convierte en fenotipo: “pensar que la vida no comienza con el genotipo sino solamente cuando han transcurrido algunas semanas de embarazo es como pensar que un disco con La Pastoral de Beethoven que yo ya he oído, sólo es un disco con La Pastoral de Beethoven cuando lo he puesto nuevamente en un tocadiscos y se ha oído ya parte de la Pastoral de Beethoven. ¿Y antes qué era?” (La herencia de Caín. Publicaciones U. Javeriana, Bogotá, Colombia, pág. 132-133. 1992)

Otra curiosa pero didáctica analogía con la secuencia embriológica presentada por el Dr. Bernal, es la que se refiere a las matemáticas, más específicamente a las secuencias numéricas. Leemos en su libro:

“1,3,5,7,9…

Esta es una secuencia familiar a cualquiera; pero ¿será diferente de esta otra?

1,3,5,7,9,11,13…

¿O de ésta?

1,3,5…

Cualquiera reconocería algo en común entre las tres secuencias; más aún, diría sin pensarlo dos veces que se trata de los números impares comenzando por el uno [o sea, que la fórmula es “+2”]. Pero veamos una más compleja; en 1.202 Leonardo de Pisa, el hijo de Bonaccio, ideó la siguiente serie que vendría a conocerse como la secuencia de números de Fibonacci:

1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89…

En esta secuencia, el lector que desconozca la serie puede encontrar dificultades para poner el siguiente término, y puede pensar incluso que la serie no tiene sentido y que se diferencia poco de una colección de términos al azar. Y aún otro ejemplo de algo que ya no tiene cara alguna de serie, pero que responde a una fórmula:

1,1,2,3,3,4,5,5,6,6,6,8,8,8,10,9,10…

[…]Volviendo entonces a la secuencia embriológica de eventos, la unión del óvulo y del espermatozoide es la “definición” de la serie, y tanto el proceso de desarrollo embriológico como todos aquellos de envejecimiento posteriores al nacimiento son términos de esa serie. De no ser así, habría que aceptar que un individuo sólo es un individuo el día que completa todos los términos de su serie, el día de su muerte”. (págs. 134-135)

Comprendido todo esto, se puede llegar a la conclusión de que los términos: “Interrupción del embarazo” o “del período de gestación”, “aborto terapéutico”, o “legal”, “liberalización de la mujer”, “intervención médica perfectamente controlada”, “tratamiento de los retrasos menstruales”… son todos eufemismos que minimizan el hecho de realizar un homicidio y no son racionales.

La maravillosa diversidad de la biblioteca del genoma humano hace pensar en lo que se llama la ley fundamental de la Biblioteca: todos los libros, por diversos que sean, están compuestos por las letras del alfabeto, el punto, la coma, el espacio…, sin embargo, no hay dos libros idénticos. De ese modo, no hay dos seres idénticos, genéticamente hablando.

Otro genetista contemporáneo, el Dr. Edmond Murphy, dice también que “el advenimiento de la tecnología del DNA está mostrando claramente que cada uno de nosotros es único espiritual y biológicamente”.

En una célula cualquiera se pueden observar algunas de las características de un determinado hombre, con la microscopía electrónica y bajo tinciones especiales. Por ese mismo mecanismo, hoy se pueden prever algunas de las enfermedades futuras de un ser; el ejemplo más común para mostrar esto es el Síndrome de Down, también llamado Trisomía 21, Trisomía G o mongolismo, el cual se debe -en el 95 % de los casos- a que existe un cromosoma 21 extra.

Quizás lo más sobresaliente y lo que más futuro tiene en la actualidad es el estudio del genetista James Watson, quien ha desarrollado el proyecto de conocer la ubicación, en los cromosomas, de cada uno de los genes (Nobel de medicina, exdirector del Nacional Instituto of Meath y exdirector del proyecto Genoma Humano, fue despedido de ese instituto por haberse opuesto a la política de patentar los genes, con la que la empresa quiere asegurarse la propiedad de su futura explotación clínica.).

Así las cosas, no sorprende que hoy se tenga la capacidad técnica de hacer diagnósticos y, lo que es mejor, de reducir la prevalencia al nacimiento de enfermedades genéticas y otros defectos congénitos.

 

 

El Aborto

 

Derivado del latín aboriri (estropearse), en medicina el aborto significa interrupción prematura del embarazo antes de la semana 25 de su evolución, ya que anteriormente se consideraba que el ser humano era incapaz de vivir fuera del vientre materno. Hoy se sabe que es posible hacer viable un feto de 20 semanas de gestación; por eso, un embarazo que se suspende después se considera parto prematuro.

 

Clasificación

Tres formas de aborto se distinguen: espontáneo, provocado y terapéutico. El primero obedece a causas maternas u ovulares (del óvulo fecundado o huevo) que producen la patología o la muerte del huevo con su consecuente expulsión. El aborto provocado es, como su nombre lo dice, un acto voluntario, directo o indirecto, realizado por un médico, un empírico o por el mismo paciente para producir su muerte y evacuación.

El aborto terapéutico es un aborto provocado orientado a la abolición de riesgos reales -y aun supuestos-, de origen materno, por la existencia de un embarazo.

También existe otra clasificación del aborto: el directo y el indirecto. El primero alude al que ha sido premeditado y querido como fin principal, para desembarazarse del niño, o como medio para salvaguardar la honra, la salud, la vida o cualquier otro bien de la madre o de otras personas.

El segundo, no querido directamente, es el que no se realiza como medio o como fin de la acción, sino que es algo que sigue como secuencia accidental y probable de esa acción en sí misma, libre y legítima, de tal modo que, si se pudiera, se evitaría el aborto. Un ejemplo de esto, es el administrar a la madre medicamentos necesarios para erradicar un proceso patológico grave, con bajo riesgo de producirlo.

 

Técnicas

Desde que, en 1920, cuando la Unión Soviética legalizó el aborto, las técnicas para realizarlo han crecido en número y en metodología: dentro de las técnicas que más se utilizan para realizar el aborto en las primeras etapas de la preñez, está el raspado bajo anestesia general que, como su nombre lo dice, consiste en retirar el feto, previa una apertura rápida de dos centímetros del cuello uterino, con el paciente anestesiado, en el que se utilizan unas pinzas largas para despedazar al bebé dentro del útero materno y sacarlo en pedazos.

El aborto por aspiración, que emplea, a modo de legra, un tubo de 8 a 16 mm al que se acopla un aspirador quirúrgico y que evita, casi siempre, hospitalizar a la madre. El método Karmann, variante del precedente, y que emplea un pequeño material plástico.

El aborto por solución salina o hipertónica que consiste en pinchar el útero y absorber o dejar salir casi todo el líquido amniótico; en su reemplazo se deja una solución salina (cloruro de sodio). El bebé se intoxica y muere. Entre uno y tres días más tarde la madre expele el niño muerto. Este método es recomendado en los casos que llegan con tres meses y medio de evolución o más, en donde el feto ya no se puede trocear para evacuarlo por raspado, debido a su tamaño.

En algunas ocasiones, se hace una cesárea o histerotomía, recomendada para después de la 12ª semana de gestación, y especialmente cuando se quiere esterilizar a la madre. Con esta técnica no es raro que el feto sea retirado vivo.

Si se quisiera realizar el aborto sin intervención manual o instrumental, se podría optar por utilizar las prostaglandinas, que invitan al útero a contraerse y a expulsar el contenido. Este método es uno de los más utilizados en las clínicas especializadas, pero suele presentar un problema para los operadores: el “evacuado” de muchos fetos vivos.

Pomadas y compuestos abortivos, sin valoraciones objetivas y con frecuencia de fracasos y efectos teratógenos (malformaciones del niño).

Es obligante reseñar aquí, y con una relevancia mayor a la que le han querido dar, los anticonceptivos orales que, por los estrógenos que contienen “al aumentar la movilidad, hacen que el óvulo fecundado llegue al útero antes de estar preparado para la anidación; bien con gestágenos [progesterona] que, al disminuir la movilidad, hacen que el óvulo [fecundado] llegue tarde al útero, cuando ya ha muerto, por falta de nutrición. Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.” (Aborto y anticonceptivos. Joaquín Ruiz Jiménez Vargas, G. López García. Eunsa, pág. 91-98. 1980.).

En el mercado farmacéutico apareció recientemente el Misoprostol, conocido comercialmente con el nombre de Cytotec, medicamento que se utiliza para combatir la úlcera gástrica o duodenal y para antagonizar algunos efectos secundarios de los analgésicos. Como se trata de un análogo sintético de la prostaglandina “E”, estimula la contracción del útero, al igual que ésta. Frecuentemente sólo provoca un aborto parcial que hace que a la paciente se le produzca una hemorragia que la obliga a ingresar al hospital para recibir asistencia médica, pues hay riesgo de una grave pérdida de sangre. Allí, usualmente, se termina de realizar el aborto con un legrado. Parecido es el mecanismo de acción de la Mefepristona, píldora abortiva que lleva por nombre comercial RU-486, el cual hace referencia al nombre de la compañía fabricante, Roussel Uclaf, y del número del proyecto de investigación, el 38486; está compuesta por un antagonista de la progesterona y se la usa unida con frecuencia a un análogo de la prostaglandina, el gemeprost.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional “probo y altamente calificado”, crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de amenorreas persistentes (falta de menstruación), procesos inflamatorios tubo-ováricos, esterilidad secundaria y otros procesos patológicos. Los reportes muestran, además de las complicaciones de la anestesia, especialmente las siguientes secuelas tardías: esterilidad, embarazos extrauterinos, apertura permanente o desgarro de cuello uterino, sinequias (adherencias colágenas) del útero, endometriosis, corte o lastimación del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica), predisposición a partos prematuros. Otra secuela de menor prevalencia es la perforación accidental del intestino -con hemorragia- a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial). Se presentan también investigaciones que muestran, a veces, la muerte de la paciente. Carol Everett, ex-propietaria de cuatro clínicas situadas en Dallas, Texas, informa que desde 1977 hasta 1983, una de cada quinientas mujeres a las que se practicaba el aborto moría o quedaba mutilada (Revista “Palabra” Vol. 309-I, págs. 46-47. 1991).

 

Las técnicas utilizadas por personal “no calificado” como las inyecciones de agua jabonosa o dettol con la jeringa de Higgison, la introducción de instrumentos, como ganchos de ropa, agujas de tejer o sondas de caucho, la perforación del huevo formado, el uso de la corteza medicinal del olmo que se hincha al insertarla en el cuello uterino o “píldoras abortivas” (siempre fallidas), y muchas más, son las más frecuentemente utilizadas a nivel clandestino,

Cuando el aborto es practicado por el mismo paciente o por personal “no preparado” científica y tecnológicamente se producen, desde la perforación del útero y aun de intestinos, hasta la aparición de procesos infecciosos, a veces graves, que llegarán, en ocasiones, a implicar tratamiento quirúrgico radical. A veces se reportan contracciones uterinas, abortos incompletos, desprendimiento a trozos e, incluso, muerte de la madre.

 

Sea cual fuere el procedimiento, los psicólogos que tratan estos casos han reportado, posterior al aborto, un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”, que no desaparece con el tiempo, sino que se oculta produciendo gran cantidad de efectos psicológicos, como los que siguen: baja de su estima personal, frigidez (disminución o pérdida del deseo sexual) en unos casos y, en otros muchos, el deseo urente de quedar nuevamente embarazada, aversión hacia su marido o compañero, frustración de su instinto maternal, neurosis, insomnio y hasta el suicidio.

 

 

Cuestionamientos y respuestas

 

CONSIDERACIONES MÉDICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El feto no es todavía un ser humano, es una masa informe de tejidos o masa de protoplasma”.

– “El embrión, a lo sumo, es sólo un proyecto, una posibilidad”.

– “Es hijo sólo en la medida en que yo lo desee”.

– “El ser humano se hace por el aprendizaje, por las relaciones afectivas y cuando es aceptado como tal, no cuando se unen el espermatozoide y el óvulo”.

 

Este aspecto ha sido ampliamente resuelto líneas más arriba, en el capítulo sobre el desarrollo humano: en cada una de las células del cigoto, la mórula, el blastocito, el embrión o el feto residen, como se dijo anteriormente, todas las características del ser que luego se desarrollará. Por eso, el cigoto (punto de partida de ese desarrollo) es una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa indivualidad hasta su muerte.

Se conoce que la expectativa de vida, o lo que, en promedio, llega a vivir un espermatozoide es de 72 horas y la de un óvulo de un poco más de 24 horas, mientras que la expectativa de vida del cigoto o célula primaria es de aproximadamente 75 años (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

A lo sumo, la polémica podría centrarse en el momento exacto de la creación de una nueva vida: ¿se produce ésta cuando el espermatozoide penetra en el óvulo, o cuando los cromosomas de ambos gametos se unen, estableciendo así un nuevo código genético? Aparte de que entre ambos momentos no hay mucho tiempo, éste es la consecuencia inmediata de aquel; dada ya la penetración del espermatozoide en el óvulo, no existe mecanismo fisiológico que pueda detener la secuencia siguiente. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida.

Todos estos argumentos nacen de una falta de conocimiento de genética y embriología que, como escribiera el Dr. Bernal, es similar a la “…del que cree que al saber el alfabeto ruso domina la lengua, entendible apenas en una persona con entrenamiento en física, un interés tardío en la biología y ningún conocimiento médico.” (pág. 132)

Aun antes de que la ciencia probara que la vida se inicia con el cigoto, al realizar un aborto existía siempre el riesgo de estar efectuando un homicidio, como cuando se dispara una ametralladora hacia unos matorrales, en donde no se ha verificado si hay o no posibles víctimas. Es más: aceptando como cierta la creencia antigua de que, en los primeros estadios del embarazo no hay vida propiamente humana, debe quedar sin duda el hecho de que el germen humano (hombre en potencia) no puede llegar a ser otra cosa que un ser humano. Por tanto, el aborto sería un homicidio anticipado.

El ser humano es un hombre no porque se le desee o no, sino debido a la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana.

Finalmente, el postulado que defiende la idea de que lo engendrado es humano, sólo en la medida en que sea aceptado por los padres o por la sociedad no le da valor al ser per se, sino que el hombre sería hombre únicamente cuando otros así lo decidan; si la sociedad o los padres fueran quienes determinaran -aceptando o rechazando al ser- que el “eso” biológico se convirtiera en un “tú”, no serían seres humanos los indigentes y todos los que viven en condiciones infrahumanas, y la sociedad se hundiría en las políticas fascistas nazis, que desprecian al ser humano.

 

– “La salud de la madre está en peligro”.

– “En algunas ocasiones, ya que corre peligro la madre, se hace en legítima defensa, pues el feto es un injusto agresor del organismo de la madre”.

– “Es mejor que muera el hijo y no la madre, ya que le hará más falta al esposo y a los otros hijos”.

 

Con frecuencia se afirma falsamente que el embarazo es riesgoso para la paciente. En ese sentido debe recordarse que, por ejemplo, desde el punto de vista médico, por ejemplo, una paciente cardíaca tiene más riesgo con el aborto que con el embarazo.

Además, en la inmensa mayoría de estos casos, factores inherentes al organismo de la madre -y no al del niño-, son los que causan la agresión.

Por otra parte, no se puede tachar al feto de “injusto agresor del organismo de la madre”, como se afirma a veces, ya que el niño no hace nada, voluntaria y conscientemente; y si se habla de “legítima defensa”, habría que exigir la legítima defensa del niño.

Ahora, como se verá más adelante, crecen las razones para ejecutar el aborto: se habla de que, en ocasiones, la salud psíquica de la madre se encuentra amenazada, y se ha llegado a postular que las depresiones o cualquier tipo de neurosis -de las que casi ningún ser humano escapa- son causa suficiente para recomendarlo. Nunca se podrá objetar que lo que se hace no es otra cosa que matar a un ser humano al que sólo le falta desarrollarse, con el fin de evitar el sufrimiento de la madre. Si se siguiera el pensamiento de dar validez ilimitada del aborto terapéutico, habría que tener en cuenta, incluso, el hecho de que el embarazo fatiga y es incómodo y molesto, especialmente para algunas mujeres que, en el primer trimestre, sienten náuseas y vómitos, además de la frecuente ansiedad. Entonces, ¿se recomendaría el aborto terapéutico?

Sin embargo, un aspecto que debe tenerse en cuenta se refiere al caso, cada día más raro, de tener que escoger entre la vida de la madre o la del feto: debe insistirse que el médico nunca provocará directamente el aborto para lograr salvar la vida de la madre; pero se elegirá su curación, siempre y cuando exista certeza de conseguirla, y que, sin pretender dañar al hijo, indirectamente se le cause la muerte, no sin antes haber agotado todos los medios técnicos y científicos para evitarlo, hoy casi siempre suficientes.

 

 

– “La mayor parte de las mujeres que, en los países en donde está legalizado, se someten legalmente a la operación provocarían el aborto de todos modos, ilegalmente y en peores condiciones. Legalizarlo evitaría la gran cantidad de abortos clandestinos, pues está en peligro la salud y la vida de las madres. Es necesario ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”.

– “El aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…”

 

Es muy importante no caer en este juego de palabras:

1) Si el aborto ilegal produce daño en la salud y en la vida de la madre, no abortar eliminaría por completo el riesgo, incluso, el que tiene todo aborto legal, descrito más arriba.

2) Si la ley se propone establecer y legalizar el aborto para “ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”, como lo suelen presentar, aduciendo a la vida de las madres que mueren tratando de abortar por métodos no médicos, habría que recordar que la vida del feto es también una vida, y que la historia ha probado que, tras su aprobación, se incrementa -como se probará más adelante- la práctica de este homicidio premeditado.

3) Obviamente, un aborto no clandestino disminuye el riesgo que corre la madre. En cambio, no merma el riesgo que corre el hijo, que casi siempre termina, como informa Carol Everett, en “…un triturador de desperdicios. Usábamos los modelos más potentes. Algunas de las estructuras del bebé en el segundo y tercer trimestre son tan fuertes que no se destruían en el triturador y teníamos que tirarlos en bolsas de basura”; además -como se sabe- los fetos son vendidos, ya que se utiliza su lanolina en la fabricación de cosméticos, su colágeno (al que se atribuyen propiedades rejuvenecedoras y embellecedoras), su duramadre para cirugía plástica cosmética de nariz o de pecho, sus testículos (con los que se cree que se acelera el crecimiento), sus células de cepa extraídas de los pulmones, cerebro, riñón, amígdalas, epidermis, bazo, tiroides, etc., entre otras cosas para extraer la uroquinasa, solvente de trombos, etc.

Por otra parte, afirmar que “el aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…” hace pensar que el remedio que se ofrece para curar esa enfermedad (la muerte de inocentes) no es siempre peor que el problema, lo cual es irracional.

En los estados donde más fuerza se hace para que se “solucione esta enfermedad social, a nivel comunitario” la situación del sector salud es siempre crítica: la dotación, la tecnología y -especialmente en los lugares alejados de las capitales- el factor humano son precarios. Si en los hospitales regionales, y aun en los hospitales universitarios, no se tienen camas suficientes para atender pacientes en grave estado, ¿cómo se iría a prestar el “servicio social”? Es fácil deducir que esto no se puede llevar a cabo sino en las clínicas particulares de las grandes ciudades, obviamente con costos inaccesibles para el pueblo.

 

 

– “Es necesario permitir la investigación con tejidos fetales. De eso depende la salud de otros”.

 

En 1928, cirujanos italianos comenzaron lo que hoy se está convirtiendo en realidad: los trasplantes de tejidos fetales a pacientes enfermos: diabetes, leucemia, poliomielitis… Recientemente, la enfermedad conocida comúnmente con el nombre de “mal de Parkinson” y la diabetes tienen perspectivas de ser curadas por estos medios; News Week publicó hace poco (El Tiempo, Mayo 30 de 1993) el siguiente relato:

“El aborto sólo duró casi siete minutos. Comenzó con un pequeño instrumento de acero inoxidable. Luego se escuchó el sonido de una succión mientras se transportaban el embrión y la placenta por entre un tubo que se perdía en un hueco en la pared. Al otro lado, una enfermera, cargando un pequeño plato de plástico, recibió los sobrantes de un embrión de seis semanas, que sólo pesaba dos onzas. Pero este no fue a parar al incinerador. Un técnico llevó rápidamente los tejidos a una mesa estéril, le sacó unos cuantos gramos de células neuronales y los puso en hielo.

Mientras tanto, otros científicos hicieron una serie de pruebas: no se presentaban deficiencias genéticas, no había SIDA, no había contaminación bacteriana. Seis horas más tarde los tejidos fueron llevados al hospital y entregados en una sala de operaciones. Allí, los cirujanos habían taladrado un diminuto hueco en el cráneo de un paciente que tenía mal de Parkinson. El cirujano chupó unas cuantas células con una jeringa, y utilizando un instrumento para encontrar el área afectada por esta enfermedad incurable, las inyectó en el cerebro del paciente que estaba despierto y consciente.”

Algunos usan embriones de entre seis y ocho semanas, otros usan embriones de más edad o, como en Suecia, se usa más de un embrión para cada procedimiento.

Sin embargo, la mayoría de los “científicos especialistas” dicen que los embriones que se deben utilizar para estos tratamientos o experimentos son los abortados artificialmente, ya que la razón más común para un aborto espontáneo o “natural” es que el feto sea defectuoso. Esto hace que sus células sean frecuentemente defectuosas y, por tanto, inadecuadas para ese fin; además, arguyen que los abortos espontáneos ocurren en situaciones no estériles (en la casa de la paciente y con la obvia contaminación vaginal, vulvar y del entorno).

Cualquier ser racional puede comprender sin esfuerzo, que lo que se pretende es matar seres humanos sanos para curar o promover la investigación.

 

 

CONSIDERACIONES PERSONALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es producto de una violación, y no lo puedo admitir como propio”.

– “La criatura fue concebida en circunstancias no normales (violación); además, la pobre muchacha quedará marcada por la vergüenza y por la sociedad”.

 

Un análisis especial merece la circunstancia de la violación. La situación psicológica de la gran mayoría de las mujeres se ve afectada de una manera u otra, llegando a presentarse casos de desquiciamiento total. Es verdaderamente una injusticia ante la que hay que reaccionar. En primer lugar, es necesario encontrar la causa de semejante atropello. Parte del problema tiene su origen en la educación sexual del ciudadano, pues recibe una instrucción colegial superficial en donde no se compromete el amor con la sexualidad humana y está sometido a la avalancha de mensajes comerciales, lecturas, programas radiales, televisivos y de cine que invitan a la irresponsabilidad sexual y al deterioro de los valores humanos fuertes que, en situaciones de inestabilidad emocional desencadenan la violencia sexual. Sirve de confirmación de ello que en la guerra o en tragedias naturales, muchos hombres se convierten casi en animales y violan a gente inocente, en su cuerpo, en su derecho a la libertad y en su intimidad. He aquí una loable meta a lograr por parte del gobierno: la de educación en la moral y en las buenas costumbres de los futuros ciudadanos.

Sin embargo, es bueno refrescar las estadísticas: en el “Manual sobre el Aborto” (Eunsa, págs. 52-57. 1975) los hermanos Willike informan que en Checoeslovaquia, de 86.000 abortos provocados, sólo 22 fueron embarazos producidos por violación. Otro estudio realizado en Minneápolis – St. Paul (The Educator, Sep.1970) sobre 3.500 casos de violación, dados en diez años, no se registró caso alguno de embarazo. La oficina del fiscal del estado de Illinois informó que, en un período mayor de 9 años, no se observó ningún embarazo por violación (“Medical Insigth” Eugene F. Diamond, M.D. Feb. 1972)

Hoy esta situación es aún menos grave: para fortuna de las mujeres que reciben tal oprobio, la ciencia médica es capaz de eliminar al espermatozoide de la vagina, del cuello uterino y del útero para descartar la posibilidad de la fecundación. Basta que la paciente acuda rápidamente a un centro médico donde le practicarán un “lavado” que impide que el espermatozoide viaje a la trompa a encontrarse con el óvulo y se forme el cigoto.

¿Qué hacer entonces ante el caso del embarazo por violación? ¿Se debe castigar con la muerte al niño inocente? Es verdad que la violación es una injusticia pero ¿se añadirá un asesinato a esa injusticia social? Esto, además, sería hacer más aceptable una situación ya de por sí inaceptable.

Psicólogos nombrados por Lejeune afirman que no siempre un embarazo indeseado implica un nacimiento no deseado: en el curso de los nueve meses, la actitud de la madre, incluso si ha sido violada, puede cambiar por completo. Además, para las madres que no se sientan capaces de hacerlo, quedará siempre la noble opción de la entrega del hijo en adopción: que otros seres humanos puedan encargarse del niño para darle la oportunidad de vivir y de gestarse su propio destino.

 

 

– “Mi novio me obliga a abortar si deseo continuar mi relación con él, y yo lo quiero mucho.

– “Debo abortar pues mis padres no tolerarán que haya quedado embarazada de mi novio”.

– “Los padres de mi novio me dieron plata para abortar y para huir de mis padres a otro país”.

– “Es imposible seguir estudiando en el colegio (o en la universidad) y tener, al mismo tiempo, ese bebé; no quiero atarme a ese muchachito hasta que haya estudiado”.

– “Mis amigas siempre abortan, si yo no lo hago, me botan del grupo”.

 

Todas estas afirmaciones tienen su base en la pobreza de principios de valoración personal, especialmente radicada en jóvenes inmaduras. Habría que preguntar hasta qué punto han incidido en esto los medios de comunicación y la publicidad que, a veces, hacen pensar de nuevo que la estima personal no es la que el individuo posea per se y la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana, sino que es única y exclusivamente la que los demás le dan.

Impresiona mucho saber, contrario a lo que se pueda creer, que las estadísticas prueban que estas razones son las que más abortos producen.

Es importante que el lector conozca que en casi todos los países existen fundaciones o asociaciones que se encargan de asistir a las adolescentes, jóvenes y adultas que se encuentren en esa situación. En Colombia, la Fundación “Derecho a Nacer” (Tels.: 2442618 y 2448538. Cra. 28 Nº 42-42, Bogotá) se encarga de dar apoyo moral, ayuda psicológica y asesoría familiar a toda persona que lo solicite; además, presta servicios médicos, psicológicos y psiquiátricos. Esas fundaciones son entidades sin ánimo de lucro y que, con una finalidad puramente filantrópica, han mostrado resultados altamente beneficiosos a las familias, dando orientación profesional tanto a nivel personal como familiar.

 

– “Ese hijo será una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja”.

 

Los cónyuges realizan un acto libre por amor. Esa libertad que tiene la pareja para procrear es la que se debe ejercer antes de decidir sobre la vida de otro. La libertad exige responsabilidad.

Si esa acción no fue realizada con coacción, engrandecerá el amor mutuo, antes que amenazar su equilibrio. En cambio, no hay duda de que la conciencia de haber realizado el asesinato de un hijo en forma conjunta, con la consecuente sensación de mutua complicidad en el delito, para solventar un problema psicológico, minará la relación de pareja y agravará aún más la inestabilidad emocional.

 

 

CONSIDERACIONES SOCIALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Esta situación es terrible: no soy capaz de sobrellevar una vida con un hijo mongólico… o con una deformación, y creo que él tampoco va a ser feliz. Ese mutuo dolor es mejor evitarlo”.

– “Por ser seres no deseados, serán los psicópatas del mañana”.

 

La Asociación civil francesa “Laissez-les Vivre”, presidida por un biólogo, especialista en genética, precisa que es falso que la mayor parte de las deficiencias del recién nacido sean hereditarias o provengan de enfermedades del embarazo; más bien -dice- obedecen a la insuficiencia de equipos de reanimación o fallas humanas en lo que respecta a prevención y vigilancia.

También afirma que es falso que todas las malformaciones se pueden constatar por punción amniótica (succionando, con una jeringa el líquido amniótico y analizando en él las células descamativas del feto). Sólo algunas enfermedades se pueden diagnosticar tempranamente, como es el caso de la trisomía 21 o mongolismo. Además, es necesario oír el comentario que, acerca de esto hace el Dr. Bernal: “… en las mejores manos, la amniocentesis (punción del líquido amniótico para su análisis) tiene un riesgo de 0.5 – 1% de generar un aborto”.

Algo que muchos desconocen, y que adquiere una relevancia particular, es que la naturaleza es muy sabia: las verdaderas monstruosidades son eliminadas espontáneamente.

Desde el punto de vista genético, se dice que se deben estudiar todas las familias con antecedentes de una enfermedad hereditaria. Como lo demuestra de nuevo el Dr. Bernal en su último libro, “suprimir a esos pacientes o impedirles que se reproduzcan, tan sólo reducirían la carga genética en un 2% por generación (la frecuencia del gen bajaría a la mitad en 1.500 años). En este sentido, es indispensable informar a la opinión pública que muchas de las malformaciones que se consideran son de carácter hereditario, obedecen más bien al hecho de que, entre generación y generación, aparecen nuevos genes que “crean” nuevos trastornos hereditarios, las mutaciones nuevas, que consisten en la transformación de uno o más genes durante la división de la célula.

Además, con los últimos adelantos científicos, hoy es posible intentar mejorar el cromosoma afectado.

Sin embargo, algunos médicos aceptan el deseo de sus pacientes o, incluso, instan a que se elimine a los enfermos cuando son pequeños e incapaces de defenderse, como es el caso del embrión y del feto, olvidando que el médico está para preservar la vida y la salud, no para matar. En ese sentido, el profesional debe ser muy cauteloso al decir las cosas, respetando la libertad de sus pacientes: muchas veces una palabra del médico se convierte, por la autoridad de que está revestido, en coacción.

La historia sucedida en Italia a propósito de la nube tóxica de dioxina sobre la ciudad de Seveso, puede dar una idea del estrago que los médicos y los medios de comunicación pueden causar sobre la opinión pública: muchas madres fueron convencidas de que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas monstruosas. Por esa razón, las autoridades permitieron el aborto terapéutico. Lo llamativo de la historia fue que las 1.400 madres que se negaron a hacerlo dieron a luz hijos sanos. Así como éste, se dan muchos casos que se presentan como abortos terapéuticos los que sólo son homicidios verdaderos y premeditados.

Sin embargo, esto no contesta del todo la pregunta.

En primer lugar, en el fondo de todo esto, como siempre, está en la ignorancia sobre la realidad científicamente comprobada -citada reiteradamente- de que el producto de la fecundación es ya un hombre con todos los derechos que como tal debe tener y sobre el hecho de que cualquier ser disminuido físicamente o mentalmente, tiene una libertad, piensa y posee sentimientos.

En segundo término, el sufrimiento que se cree padece, es casi siempre medido por seres sin esa patología, sin esa disminución de su capacidad física o mental. Si se tienen en cuenta las palabras de Rosalie Craig, en Testimony, Ohio Legislation, 1971, “no ha existido nunca una organización de padres de niños retrasados que haya favorecido el aborto” y se confirma que más bien defienden la vida, pues el contacto directo y vivo con ellos les hace valorar esas vidas de un modo especial, se llegará a la conclusión de que son seres humanos con apego por la vida, con deseo de disfrutar de ella y que tiene para ellos un valor absoluto.

Así se concluye el tercer aspecto sistemáticamente olvidado por muchos: la vida de los mongólicos y la de los “disminuidos” es su mejor tesoro.

La dignidad de un ser humano no está sujeta a que sea más o menos inteligente o a que esté físicamente disminuido o completo y fisiológicamente apto, depende de que sea un ser humano. Conceder el derecho a vivir únicamente a los bien dotados es racismo, que tiende siempre a considerar inservibles cada vez más número de defectos, orgánicos o no, inicialmente fútiles, de poca importancia.

 

 

– “En el caso de las mujeres retrasadas mentales y/o dementes debe implantarse el aborto, ya que los genes de un violador y una loca serán siempre malos”.

 

Ante esta afirmación, además de todo lo analizado en el punto precedente, es necesario añadir que si lo que se propone es eliminar a todos los poseedores de genes “malos” y, teniendo en cuenta que esas dementes que deambulan por las calles son violadas en varias ocasiones, sería más práctico eliminarlas a ellas, antes de que eso suceda; con ello se lograría cortar “por la raíz” el futuro problema. Sin embargo ambas acciones repugnan a cualquier profesional probo y honesto, y a cualquier ser humano.

 

 

– “Sólo los ricos pueden abortar sin riesgo en el extranjero y los pobres deben acudir al peligroso aborto clandestino; legalizarlo acabaría con esa injusta desigualdad”.

 

De nuevo, aparece un sofisma: ¿esa desigualdad es para ejercer un derecho legítimo?: ¿se espera que el mal que los ricos pueden hacer sin el más mínimo castigo pueda ser realizado de igual manera que los menos favorecidos económicamente? ¿es a esta impunidad a la que quieren llegar los que así piensan?

Aun conseguido este propósito -esa igualdad de condiciones- el delito no dejará de ser delito.

 

 

CONSIDERACIONES LEGALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban”

 

Los efectos de la legalización del aborto en muchos países suelen ser el incremento de las razones que se utilizan para ello. Comenzando por algunas particulares causas extremas como la violación, el incesto y entidades patológicas específicas, se ha ido aumentando hasta situaciones tan sutiles como las que siguen:

El chileno Benjamín Viel V., autor del libro “La explosión demográfica” afirma en él que “los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos figuran allí como causas aceptadas” (Editorial Pax-México. México, pag.140. 1973). “el Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas […] Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto” (pág. 142).

Como lo afirman en su libro “Técnicas de control de la natalidad” (Editorial Diana. México, 1972) el sociólogo John Peel y el Dr. Malcolm Poots -pro-abortistas- en Suecia “sólo el 35% eran por prescripción médica” (pág. 193). “Depresión reactiva (sicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que hay que pensar en un aborto.” (pág. 197).

Esto denota el deterioro del impulso inicial reducido a algunos particulares casos.

Además, Benjamín Viel cita cómo, tras la legalización, el incremento de estas prácticas es grande, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en la ciudadanía, mutando su gestión protectora de la moral y las buenas costumbres: “la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva al número de veces que anteriormente se ha recurrido a tal maniobra.”

Esto es corroborado por muchos otros, como Peel y Poots, quienes en su libro -ya citado-, dicen textualmente: “En Checoeslovaquia, Polonia y Yugoslavia la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría […] los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos” (pág. 190).

Era fácil deducir que esto habría de ocurrir.

Si bien todo lo precedente cuestiona sobre la oportunidad de legalizar el aborto o no, el tópico principal a tratar es si el pluralismo ideológico es más importante que el bien común. Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano, por mayoría de votos, lo cual sería no menos que la tiranía de algunos. Por citar sólo un ejemplo dentro del mismo contexto, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia -establecida, por demás, en muchos países- no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría); igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un “valor moral” que no posee y que no adquiere por mayoría de votos en ningún congreso, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Finalmente vale la pena citar el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, carta magna de 1991: “El derecho a la vida es inviolable”.

 

 

– “Tengo el derecho a abortar”.

– “Soy dueña de mi propio cuerpo, nada me impide disponer de él”.

– “El feto es un apéndice de la madre, como su pie o su brazo”.

– “La ley que prohíbe el aborto es reprimir a las pobres madres que no desean tener al hijo. Esa ley es discriminativa”.

 

Ante todo, debe reiterarse que no existe el derecho a abortar, pues no existe el derecho a matar.

Además, al oír estas frases, lo primero que asoma en la mente de cualquiera es pensar que el embrión (o el feto) también es dueño de su propio cuerpo, y que por lo tanto sólo él podría disponer de sí; salta a la vista el hecho de que, por ahora, es incapaz de hacerlo. Son otros los que creen tener la potestad de destruir su vida y su porvenir.

Sin embargo, conviene profundizar algo en este tema trayendo a colación las palabras de la Dr. Botella Llusía en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, 90: 290, 1973: “…es ya un ser extraño dentro de otro. Un ser vivo dentro de otro ser vivo, y su carácter ajeno es tal que el organismo de la mujer tiene que poner en marcha complicados mecanismos inmunológicos para que el fruto no sea eliminado como se rechaza un injerto.”

Y también las siguientes letras, que intentan hacer un paralelo con un astronauta: “Antes del nacimiento el feto posee varias partes auxiliares que las utiliza mientras vive en el útero. Tiene su cápsula espacial: el saco amniótico; su cordón vital: el cordón umbilical; y un sistema de raíces: la placenta. Todo eso es suyo y no de la madre, pues se desarrollaron a partir de su célula original” (The secret World of a Baby, Day & Liley, 1968, Random House)

Por otra parte, el proceso de la concepción concierne a ambos cónyuges, ya que sin el padre habría sido imposible engendrarlo. Debe recordarse que ese nuevo ser posee igual número de cromosomas de su padre que de su madre. Siendo así, es imposible aceptar la frase que alude a la propiedad del cuerpo y a la libertad que tienen de disponer sobre él, proferida por algunas madres o por algunos abortistas, acabando con el derecho paternal. Sin embargo, debe decirse que la vida humana no es una “cosa útil”, como la propiedad; por tanto, ambos derechos a la vida -el de la madre y el del niño- son igualmente valederos; así que, en los casos en que se justifica el aborto para salvar la vida de la madre, se viola uno de los dos derechos.

Cuando se dice que la ley que prohíbe el aborto es discriminativa se olvida que la ley que lo permite discrimina al ser humano más indefenso que existe: el que no ha nacido todavía, y que depende más de sus padres que, sin embargo, lo asesinan. Cabría aquí traer a colación lo que escribiera el Dr. José López Navarro desde 1979: “Con el mismo derecho con que las madres podrían matar a sus hijos no deseados, podrían estos pretender matar a sus madres no deseadas; basta pensar que una madre anciana y enferma sea no deseada por sus hijos porque la consideren un estorbo.”

 

 

– “Las características de ese supuesto asesinato no son enteramente comparables a las que entendemos como propias del asesinato en el concepto universalmente conocido”.

 

Ya que ha quedado científicamente establecido que hay una nueva vida humana desde la fecundación, quizás esta consideración pueda referirse a que el embrión o el feto no sientan dolor, al ser abortados. Por eso, vale la pena hacer las siguientes citas:

“Antes de finalizar el segundo mes, hay una clara respuesta del feto a los estímulos. Por ese entonces la inspección EEG (electroencefalograma) revela que hay funcionamiento cerebral del niño no nacido.

Entre la octava y la décima semana, ya se puede medir la actividad del tálamo (sitio donde está, en el cerebro, el centro del dolor). Los nociceptores (nervios sensoriales para la recepción del dolor) llegan a la piel antes de la novena semana de la gestación.

Para el día 77 de vida en el vientre materno, el niño ya puede tragar (a una velocidad que varía según el nivel de dulce de la inyección)” (“The Silent Screams: Abortion & Fetal Pain” Patrick Kaler, C. SS. R. Liguori publications. 1984).

“…a la mitad del período de embarazo, mitad del quinto mes, una luz muy luminosa puesta sobre el abdomen de la madre induce al niño o niña a mover sus manos en una posición de protegerse los ojos. Música en alto volumen induce a una respuesta similar en las manos hacia las orejas. El movimiento rápido de los ojos (REM) -con el que los investigadores miden los estados de alerta, de dormir y los sueños- han sido registrados desde la semana 19 de gestación” (Libro: “The secret Life of Unborn Child” Dr. Thomas Verny).

Se ha probado la existencia de dolor fetal, dolor resultado del aborto. (“Fetal Pain and Abortion: The Medical Evidence” Vincent J. Collins, Steven R. Zielinski y Thomas J. Marzen. 1984).

El Dr. William Hogan, miembro del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos citó numerosas obras reconocidas de fetología que apoyan la existencia de dolor en el feto. (The New York Times, Feb.26 de 1984).

En 1984, durante la Convención Estadounidense sobre Derecho a la Vida, en Kansas City, Missouri, el Dr. Bernard Nathanson, un ex-abortista, mostró un sonograma (película de ultrasonido) de un aborto por succión. El siguiente es el relato dado por una de las delegadas, Mrs. Sandy Ressel:

“La pequeña niña tiene diez semanas de vida y es muy activa. Podemos verla en sus juegos moviéndose y volviéndose, y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su “santuario”.

Nosotros vimos con horror cómo -literalmente- maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza; mientras la niña convulsionaba violentamente, vivió casi todo ese trágico proceso tratando de esquivar el instrumento cortante. Con mis propios ojos vi su cabeza echada hacia atrás y su boca quedó abierta, a lo que el Dr. Nathanson llamó “un grito silencioso”. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del fórceps buscando la cabeza para destrozarla y removerla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión.”

El aborto por dilatación y evacuación se practica en embarazos de 12 semanas; el procedimiento requiere producir innumerable cantidad de heridas de cuchilla, hasta que se produzca la muerte.

Para realizar abortos en épocas más tardías del desarrollo se utiliza, como se dijo más arriba, la técnica de la solución salina o hipertónica en la que “la acción corrosiva de la solución salina quema las capas superiores de la piel del feto”, lo cual es obvio, ya que, en los manuales sobre técnicas abortivas, se advierte a los médicos no dejar gotas de la solución salina entrar en contacto con los tejidos maternos, por lo que se produciría un “intenso y severo dolor”. “Ante el abortista que inyecta la solución salina, que quema la piel del feto, ¿quién no reacciona?” (Philadelphia Daily News, Mar. 6 de 1984).

 

 

CONSIDERACIONES RELIGIOSAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Prohibir el aborto es un tabú que va en contra del progreso. En las naciones adelantadas lo están legalizando”.

 

Otros argumentos irracionales que se exponen son estos dos postulados. Tabú es, según el sentido que se le quiere dar a la frase, una creencia religioso-popular que limita el entendimiento de quien lo vive y por el cual es capaz de negarse a la verdad. Dentro de ese contexto, ha de afirmarse que el negar la verdad en forma sistemática para defender una posición errónea es un verdadero tabú y que el progreso implica avanzar en la verdad científicamente comprobada de que existe vida desde la formación de la célula primaria y que, por tanto, realizar un aborto es eliminar una vida.

De otro lado, cae, por su falta de peso, el defender la idea de que todo lo que se haga en las naciones avanzadas es siempre bueno.

 

– “Es inadmisible la intromisión del clero y de los cristianos retrógrados en los asuntos civiles y políticos”.

 

Dentro de una democracia, el clero y los cristianos son ciudadanos que poseen los mismos derechos de opinión sobre las leyes que los regulan; con ese argumento se podrían violar los derechos de los militantes de cualquier religión o credo y aun los de los llamados ateos; luego no es intromisión sino ejercicio legítimo de la condición de ciudadanos. Ningún practicante de cualquier religión o credo pueden negar el valor social de argumentos tan contundentes como el siguiente:

“Si sustituyésemos el derecho a la vida, el don de la vida, por el derecho de quitar la vida al hombre inocente, entonces no podríamos dudar que, en medio de todos los valores técnicos y materiales con los que computamos la dimensión del progreso y de la civilización, quedaría quebrantado el valor esencial y fundamental que es la razón justa y el metro del verdadero progreso: el valor de la vida humana, o sea, el valor de la existencia del hombre […] Si aceptásemos el derecho a quitar el don de la vida al hombre aún no nacido, ¿lograremos defender después el derecho del hombre a la vida en todas las demás situaciones?, ¿lograremos detener el proceso de destrucción de las conciencias humanas?” (S.S. Juan Pablo II, en el Angelus, Abril 4 de 1981)

 

– “El feto no tiene alma, ya que todavía no es un ser racional”.

 

Las funciones específicas de la inteligencia -intuir, razonar, abstraer- llegan a su plenitud en la adolescencia, ni siquiera están acabadas en la infancia; por esta razón, es injustificado el pensamiento que defiende la idea de que el alma “entra” al cuerpo cuando el ser humano tiene inteligencia racional y no antes. Dado este supuesto absurdo, un adulto bajo anestesia general para una operación quirúrgica dejaría de existir por un tiempo, ya que no se puede probar que razona ni intuye ni abstrae.

Hoy se sabe que la inteligencia se forma de los reflejos; son ellos la base de la senso-percepción. Un niño sin reflejos no tendrá suficiente inteligencia. Y esos reflejos hacen su aparición en la vida intra-uterina.

Además, arriba se mostró cómo el cerebro termina de “interconectarse” hacia los 6 o 7 años, por tanto, debe repetirse que su desarrollo es sólo un proceso creciente cuya “fórmula” está ya establecida desde el cigoto.

La animación del cuerpo (vivificar el alma al cuerpo) está dada -valga la redundancia- por el alma.

Así como las plantas tienen un alma vegetativa que las anima, los animales tienen un alma sensitiva sin la cual no pueden vivir (además, con ella, un cachorro experimenta, por ejemplo, la carencia o falta de compañía de su amo). El hombre, a su vez, posee un alma espiritual que lo vivifica. Esta alma, capaz de entender, querer y sentir, es el principio espiritual por el cual el ser humano (léase: anciano, adulto, joven, adolescente, niño, feto, embrión, blastocito, mórula o cigoto) vive, tiene vida, es una persona, un ser humano.

 

 

CONSIDERACIONES ECONÓMICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es un medio de control demográfico, especialmente útil en los países subdesarrollados”.

– “La explosión demográfica lo exige; es mejor que seamos pocos, pero bien alimentados”.

 

Este es el menos contundente de los argumentos que se enarbolan para defender la realización del aborto, pues es obvia la desviación de la atención que pretenden hacer:

El equitativo reparto de las riquezas de un país e, incluso, del mundo es la política adecuada para solucionar el problema de las necesidades básicas de la población: alimentación, vivienda, educación, salud… A nadie escapa el conocimiento de que las diferencias económicas, sociales y culturales son cada vez mayores. Basta observar cualquier país para convencerse de que con el dinero de unos pocos se solucionaría el problema socio-económico presente aun en el tercer mundo. Estas riquezas alcanzarían a cubrir quizá algunos de los requerimientos adicionales, como la recreación, el acceso a una mayor cultura, las comodidades, etc. El Profesor Donald Bogne, quien pudo probar que los agricultores del mundo en 1971 podían alimentar a un mundo con una población 40 veces mayor que la que los censos estimaban para esas fechas (Time Magazine. Sep.13). Aunque la situación ha empeorado, no se puede pensar que todavía sea dramática.

Las naciones que, desde hace tiempo, implementaron controles de natalidad para evitar la explosión demográfica deben enfrentarse ahora al fenómeno de implosión demográfica: Europa está viendo incrementar cada día más su población senil no activa laboral y económicamente, los índices de nacimientos Vs. defunciones son cada vez menos alentadores, el estado ha tenido que incrementar el aporte económico para el renglón de pensiones y jubilaciones en una forma alarmante, alcanzando a afectar la economía de sus naciones y en países como Francia, Alemania y Noruega se hace políticamente necesario el nacimiento de un tercer hijo. América está caminando por el mismo sendero: si en 1957 el índice de fecundidad era de 122,5 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles, en 1975 esa cifra era de 66,5, es decir, a la mitad en 18 años; paralelo a esto, la tercera edad, en cambio, se incrementa: en 1977 aproximadamente el 10% de los habitantes era de ancianos (216 millones de habitantes, 23 millones de viejos) y en 1985 ya estaba en el 13%. Si se continúan las promociones de control demográfico en América, en el año 2000 no sólo se llegará a la cifra de 21 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles y a que de cada 6 habitantes 1 sea anciano, sino que la economía de los países se verá aún más afectada de lo que está, fin principal de los que abogan por la política del control demográfico, usando hasta el aborto con ese fin.

 

 

Nota final

 

La defensa de la vida humana es la base de la lucha por todos los demás derechos. Sin ese derecho primordial, toda lid por obtener las subsiguientes libertades es etérea y volátil.

Quiera Dios que quienes lean estas líneas se hagan conscientes de la importancia de difundir los conceptos aquí expuestos, para que todos los hombres, sin distingo de raza, condición, oficio o credo religioso, reiniciemos la brega por comprender y defender los principios fundamentales de la existencia humana, y podamos construir un mundo mejor para nuestros hijos, que son la continuación de nuestros seres.

Anuncios

Posted in Aborto | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Aborto u homicidio?