Saber vivir

Archive for 18 noviembre 2018

Una perturbación velada que se extiende por el mundo

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 18, 2018

Por las carencias afectivas en su infancia, la mayoría de los seres humanos viven hoy mendigando amor o buscando ansiosamente la aprobación y admiración de los demás o persiguiendo afanosamente el placer (como si no fueran más que máquinas de autocomplacencia) o absortos en la moderna y vertiginosa carrera consumista, esclavizados por el deseo de poseer, sin percatarse de que lo material jamás llenará las ansias de felicidad que arden en su interior…

Este grado de inconsciencia es en la actualidad la enfermedad más grave y diseminada en la especie humana y, mientras permanezca así: ignorada, no se le buscará remedio.

¿Cuándo vamos a caer en la cuenta de que los hijos necesitan del amor de los padres y que la única medida que tienen para evaluarlo es el tiempo que les dedican?

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De padre a hijo*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 2, 2018

No sé en qué momento el tiempo pasó,

ni a qué hora mi hijo creció.

Sólo sé que ahora es todo un hombre

y que en su vida… ya no estoy yo.

Era muy joven cuando mi hijo nació;

todavía recuerdo el momento en que llegó.

Pero mi trabajo el día me ocupaba

y no me daba cuenta que el tiempo pasaba.

No supe en qué momento aprendió a caminar

ni tampoco a qué hora comenzó a estudiar;

no estuve presente cuando cambió sus dientes;

sólo me ocupé de pagar las cuentas.

Pedía que lo consolara cuando se ‘aporreaba’

o que le ayudara cuando su carro no caminaba,

pero yo estaba ocupado, debía trabajar,

y así sus problemas no podía solucionar.

Cuando a casa llegaba insistía en estar conmigo:

“Papi ven… yo quiero ser tu amigo…”,

“Más tarde hijo, quiero descansar”,

y con estas palabras me iba a reposar.

Ojalá atento lo hubiera escuchado,

cuando al acostarlo y dejarlo arropado,

suplicante me insistía con ruegos y llantos

que me quedara a su lado, que estaba asustado.

Ya no hay juegos que arbitrar,

tampoco hay llantos que consolar.

No hay historias que escuchar,

peleas que arreglar, ni rodillas que remendar.

Ya no hay trabajo, ya no estoy atareado:

no tengo qué hacer, me siento desolado.

Ahora soy yo quien quiere estar a su lado,

y es hoy mi hijo quien vive ocupado.

Un distante abismo me separa de mi hijo

poco nos vemos… no somos amigos.

Los años han volado, mi hijo se ha marchado,

y mi continua ausencia solo me ha dejado.

No sé en qué momento el tiempo pasó

ni a qué horas mi hijo creció.

Ojalá pudiera volver a nacer,

para estar a su lado y verlo crecer.

Ángela Marulanda

 

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