Saber vivir

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La homosexualidad: ¿natural?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 16, 2020

Si alguien dice: “La homosexualidad no es natural”, es posible que otro responda: “Eso es falso, puesto que se ve en los animales”.

Quien piensa así olvida 3 aspectos:

En primer lugar, la naturaleza humana es superior a la animal: entre las muchas diferencias que hay, el ser humano es racional (ninguna mascota u homínido es capaz de sumar, restar, multiplicar, deducir, filosofar, pensar en el futuro o el pasado, preguntarse por su destino…); otra diferencia es que el ser humano posee la facultad de la voluntad: puede decidir libremente sus actos, mientras que los animales se guían indefectiblemente por el instinto. Por eso, jamás se pueden comparar los actos humanos con los actos animales: el acto humano puede ser valorado moralmente (afirmando que es bueno o malo para sí mismo, para los demás o para el medio ambiente en el que vive); pero el acto animal, por ser instintivo, no se puede valorar moralmente: el animal no tiene opción: sigue su instinto, que va siempre en favor de su naturaleza.

Se deduce de esto que, cuando se afirma que la homosexualidad no es natural, lo que se está diciendo es que no es natural EN LA ESPECIE HUMANA, de muchísima mayor dignidad que la de un animal.

Añadamos algo más: una hembra, cuando le toca elegir entre su vida y la de su cría, la abandona en las fauces o garras de los predadores; esto no lo hará una madre humana: ella está dispuesta a dar la vida por su hijo. Quiere decir esto que el ser humano es capaz de amar: por el bien de otro individuo de su especie, se olvida de sí mismo, hasta el extremo de llegar a dar su misma vida con ese fin.

Así, pues, no se puede comparar al ser humano con un simple animal.

En segundo lugar, cualquier veterinario especializado en conducta animal -o etólogo-, nos puede explicar que, cuando un macho monta a otro, lo está haciendo por dominancia: establece así una jerarquía mayor sobre el que está montando (esto se da también entre las hembras de algunas especies, para determinar cuál es la hembra alfa: su prelación en la jerarquía animal). Además, es un movimiento instintivo, similar al del coito, pero se hace sobre una pierna o el lomo del otro, sin penetración alguna.

Por último, hay una inmensa diferencia entre los actos animales y los humanos: ese movimiento instintivo que realizan por dominancia los animales de una misma especie entre sí difiere por completo al establecimiento de una relación de pareja entre dos personas del mismo sexo en la especie humana, pues el primero —el del animal— es un acto inconsciente, mientras que el segundo —el humano— es un acto claramente consciente: los homosexuales siempre han defendido su relación basada en el amor o, al menos, en fuertes sentimientos, de los que están exentos los animales.

Debe añadirse aquí que, desde el punto de vista fisiológico, en la entrada vaginal, se encuentran las glándulas de Bartolín, cuya función es lubrificar la zona, para que no se produzcan erosiones o excoriaciones durante el coito. Pero ni el ano ni el recto tienen lubrificante alguno, lo que explica la alta incidencia de transmisión de sida en personas homosexuales, comparada con la de personas heterosexuales; esto significa que la homosexualidad no es fisiológica. Y tampoco es anatómica: la vagina tiene la misma forma y tamaño que el pene: se acoplan perfectamente; esto no ocurre entre el pene y el recto (y menos entre lesbianas: la vagina no se complementa con los dedos, instrumentos u otros reemplazos del pene).

En consecuencia, la homosexualidad —que propiamente hablando solo se da en la especie humana— va en contra de SU propia naturaleza.

Y, por esto mismo, el homosexual se hace daño a sí mismo cuando realiza actos homosexuales, que van en contra de las características esenciales que posee como ser humano: su inteligencia y la capacidad de usar su voluntad libre, reduciendo así su dignidad, infinitamente superior a la de un simple animal (o menos, pues un animal no se rebaja, ya que siempre sigue su instinto).

 

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¿2 sexos o 3 géneros?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 14, 2020

 

     En relación con la sexualidad, como en casi todos los temas, se presenta con frecuencia el caso de estar debatiendo un punto sin caer en cuenta de que, a pesar de estar pensando lo mismo, las partes discuten porque no conocen la terminología adecuada; a veces, por ejemplo, se está diciendo lo mismo, pero se cree que las posiciones son opuestas.

     Para una mejor comprensión de la materia, es necesario conocer la definición de algunos vocablos que denotan el sexo de un individuo:

     El primero es el sexo cromosómico o genético, que consiste en la presencia o ausencia del cromosoma «Y» en cualquiera de las células de un ser humano.

     Aquellos individuos que tienen un cromosoma Y en sus células, con uno o más cromosomas X son varones, mientras que quienes carecen de cromosoma Y son genéticamente hembras.

     Este hecho se da como resultado de la fecundación: mientras en los ovarios las células del germen femenino se dividen en dos óvulos, cada uno con un cromosoma X, las células del germen masculino que se encuentran en los testículos, se dividen en dos espermatozoides, uno con el cromosoma Y y otro con el cromosoma X.

      Si el espermatozoide que posee el cromosoma Y es el que fecunda al óvulo, se concibe un varón; por el contrario, si es el espermatozoide que posee el cromosoma X el que se une al óvulo, nacerá una niña.

     Así nos formamos todos. No existen, pues, sino dos opciones: sexo masculino o sexo femenino; varón o hembra.

     Se puede decir entonces, que el sexo nace antes que nosotros. Somos varones o hembras desde el día de la fecundación y lo somos de manera irreversible: el desarrollo de las hormonas masculinas (testosterona) y femeninas (estrógenos y progesterona) depende precisamente del sexo genético; el funcionamiento del sistema nervioso, los ciclos periódicos y la configuración física de nuestra sexualidad no son otra cosa que resultados naturales del sexo genético. Por deducción, podríamos decir que lo que algunos llaman sexo hormonal también está definido anticipadamente en el ser humano: sólo le falta desarrollarse.

     El sexo gonadal (gónada significa glándula sexual), se basa en las características microscópicas de los tejidos de las gónadas: el varón posee tejido testicular; la mujer, tejido ovárico. No hay más opciones.

     El crecimiento y la diferenciación de las glándulas sexuales se dan gradualmente bajo la influencia del sexo genético, los genes que se encuentran en los cromosomas se encargan de diferenciar las gónadas en sentido masculino o femenino.

     El sexo embrionario o de las vías genitales lo determina también el sexo genético y consiste en los conductos propios de cada sexo durante la etapa embrionaria, es decir, durante el embarazo: el conducto de Müller (propio de la mujer) y el conducto de Wolff (propio del varón).

      Como se concluye, el conducto es femenino o masculino, no existe otro conducto, dijéramos, para especificar un tercer sexo.

     Por último, el sexo fenotípico o genital está determinado por las características de los genitales externos (su forma femenina o masculina), que se dieron como resultado de la información genética.

     Basándose en el sexo genital, en el nacimiento se le asigna el sexo al individuo, desde el punto de vista civil y social: hombre o mujer.

     Todo esto quiere decir que no existe lo que ahora llaman el tercer género, puesto que en la naturaleza humana no hay sino dos sexos.

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¿Homofobia u homofilia?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 6, 2020

Si digo que debemos defender los derechos de los homosexuales, me critican por admitir una conducta que va en contra de la naturaleza, aunque no haya dicho que estoy de acuerdo con ella.

Y si digo que me opongo a los actos homosexuales, me tachan de homófobo, aunque no haya dicho que los discrimino.

Somos muchos los que no estamos de acuerdo con la conducta homosexual, pero respetamos a los homosexuales, seres humanos que tienen la misma dignidad y derechos de los demás.

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