Saber vivir

Posts Tagged ‘Animales’

Infidelidad de los hombres: ¿culpa de las esposas?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 6, 2015

En una misa, un sacerdote dijo, dirigiéndose a las mujeres presentes:

“¿Saben por qué sus maridos se consiguen otras mujeres? —Porque ustedes no los atienden.”

¿Es posible que alguien crea esto?

Si una esposa no “atiende” a su marido — y él la ama—, no se va a buscar otras mujeres, precisamente porque la ama, pues el amor auténtico es fiel; la única razón para la infidelidad es el desamor.

Además, los seres humanos no se dejan llevar por los instintos: a diferencia de los animales, tienen voluntad, voluntad libre.

Aunque el cura no se dé cuenta, su criterio hace de todos los hombres unos imbéciles, esclavos de sus pasiones —unos animalitos— y, de paso, carga a sus esposas de las culpas de sus maridos: ¡además del sufrimiento que les produce la infidelidad de sus maridos, según este sacerdote, deben asumir el pecado de sus pervertidos esposos!

 

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La inconsciencia

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 19, 2015

DestinoEl ser humano tiene la facultad de preguntarse acerca de su origen, su destino y la razón de su existencia. Esto lo hace único y superior a todas las especies. Por esto, la humanidad ha producido miles de pensamientos y pensadores, todos tratando de resolver estos interrogantes.

No es necesario ser filósofo para descubrir que, ya no miles sino millones de personas viven su existencia indiferentes ante esas inquietudes. Y esto no es coherente.

Alguien afirmó jocosa y sarcásticamente alguna vez que el ser humano, como las plantas y los animales, simplemente nace, crece, se reproduce y muere. A veces esta sentencia no parece tan disparatada: si se le pregunta a un joven cuál es la razón de ser de su existencia, cuál es su misión en este mundo, de dónde vino y para dónde va, es muy posible que no tenga respuestas. Pero teniendo en cuenta que la juventud es la etapa de la vida en la que nacen esas preguntas, está claro que no se le pueden exigir.

Lo que sí sorprende es que tampoco los adultos ni los viejos suelen tener respuestas… En algún momento de su existencia, el joven inquieto por estos cuestionamientos deja de hacérselos. ¿Por qué?

En la mayoría de los casos, las respuestas a esas preguntas quedan ahogadas por las circunstancias de la vida moderna: el estudio universitario, el noviazgo y el matrimonio, los afanes económicos, profesionales, laborales, las exigencias sociales y culturales, y hasta por el poco tiempo que deja hoy la tecnología…

Es difícil admitir que el ser humano contemporáneo vive tan agobiado por el hacer que se olvidó del ser. Y esto es dramático: ¡No sabe qué es él ni por qué vive, pero sí se ocupa en miles de actividades, como si supiera por qué y para qué hace todo eso!

La masa humana, aunque acepta teóricamente la posibilidad de su felicidad —la llama: realización personal— y la busca cotidianamente, no cree en ella.

La verdad es que la especie humana tiene tácita, colectiva e inconscientemente determinado que su finalidad es simplemente el bienestar. Esta es su máxima aspiración. Para la mayoría, el concepto de felicidad es tan pobre que se reduce a eso: un bienestar principalmente físico y, si se pudiera, ojalá también psicológico. “Si se pudiera…”, lo dice desesperanzado…

La pregunta obvia es: ¿Cómo puede realizarse un ser que no conoce su propia identidad, su valor, su esencia, su propósito, el objetivo de su existencia?

Y la respuesta también es elemental: No puede.

¡Qué triste es ver por el mundo, más que seres humanos, entes buscadores de placer y de poseer, maquinitas para producir, sujetos anhelantes de fama y de poder, esclavos de la sociedad de consumo y de los medios de comunicación, que los hacen pensar y desear lo que ellos venden!…

Podemos preguntar si eso es vida, vida humana… Y se nos responderá que la mayoría de los seres humanos no viven sus vidas, no tienen control sobre ellas: son autómatas dominados por lo que los rodea; no son libres. La vida que llevan vive por ellos. Están como muertos, aunque parezcan vivos; y a eso se lo denomina zombis.

 

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El mayor acto de estupidez

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 9, 2014

Una de las diez características que distingue al homo sapiens es la razón, su facultad de discurrir: el ser humano es capaz de reflexionar, pensar, hablar acerca de una cosa, aplicar la inteligencia. Solo la especie humana es capaz de razonar, inferir, deducir, preguntarse sobre su esencia y su futuro. Solo la especie humana despliega tanta capacidad de cambiar su entorno para su propio beneficio. Solo la especie humana tiene semejante inventiva…

Logró, por ejemplo, desarrollar la ciencia y la tecnología hasta niveles impensables en el pasado cercano, y que hoy se verifican asombrando tanto por su expansión como por la velocidad con que se sobreponen unos avances a otros.

Pero, después de 210.000 años sobre la tierra, se sigue comportando como si no tuviera inteligencia: la violencia continúa siendo la forma de dirimir sus diferencias. Se asemeja así más a los seres irracionales, que luchan atacándose unos a otros por un territorio o por las hembras; y los animales, en la mayoría de las ocasiones, en esas luchas no llegan hasta la muerte ni —mucho menos— a destruir su hábitat. Por todo esto, estas son acciones estúpidas.

¿Por qué se puede afirmar esto? Porque la definición de estúpido es: «Necio, falto de inteligencia». Y una de las acepciones de la palabra «Necio» es: «Falto de razón».

Lo más impresionante de todo es que la humanidad entera está en desacuerdo con la guerra, porque sabe que bajo los supuestos «motivos de peso» que mueven a las naciones en conflicto está, soterrado, el afán de poder y de dinero.

Aun las naciones que apoyan la guerra lo hacen porque deben favores o temen perderlos. Y esto es otro acto estúpido.

Unos pocos personajes, manejando las cuerdas de la política internacional, tienen divididas muchas regiones del mundo; y, mientras se despedazan vastos territorios y mueren seres humanos —y con ellos la dignidad de la especie—, algunos creen que se está haciendo lo correcto. Y eso es otra estupidez.

 

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En estado salvaje

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2013

Así se decía de los pueblos primitivos y también de cada individuo perteneciente a ellos: «Estos todavía se encuentran en estado salvaje».

¿Y por qué? Porque todavía no eran civilizados: no se les había elevado el nivel cultural: eran sociedades poco adelantadas; no se les había mejorado su formación ni —mucho menos— su comportamiento. Por eso se les decía también: pueblos incivilizados.

Estas personas, infortunadamente, existen todavía hoy, y no son pocos. En vez de regir su comportamiento con la razón, lo gobiernan con la fuerza bruta: indirectas, gritos, ofensas, golpes e, incuso, homicidios.

Por eso, se puede decir que hoy hay dos tipos de seres humanos: quienes guían su conducta con la inteligencia —los civilizados— y quienes se encuentran todavía en estado salvaje.

Lo peor es que así conforman dos grupos completamente aislados: a los individuos salvajes no se les puede argüir nada con la razón, no se puede apelar a su inteligencia para explicarles algo y, mucho menos, para llegar a un acuerdo en una discusión o cuando se presentan diferencias. Ellos simplemente no entienden razones.

Por esto, cuando atacan a alguien del otro grupo —a un hombre que se guía por la razón—, este se encuentra incapacitado para dirimir las diferencias con aquél. Efectivamente, los seres humanos racionales a menudo sienten que están entre salvajes; recuerdan quizá las muchas anécdotas de los conquistadores, cuando llegaban a esas zonas colmadas tanto de animales como de humanos salvajes, sin saber cómo actuar…

¿Cuándo desaparecerá esta brecha entre individuos de la misma especie, pero tan diferentes los unos de los otros?

¿Cuándo llegará el día en el que acabaremos con esa diferencia? ¿Cuándo se culturizará, como se dice ahora, a esa otra mitad de la humanidad?

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¿Matrimonio para siempre?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 14, 2011

 

Cuando el sacerdote recuerda a los contrayentes que la relación de noviazgo culmina y ahora se perpetúa nueva en el sacramento del matrimonio, y los novios aceptan que se unirán “hasta que la muerte los separe”, es indudable que su intención dista mucho de ser otra.

Pero el índice de separaciones y el terrible flagelo del divorcio muestran que algo está fallando.

Se aducen argumentos tan nimios como la incompatibilidad de caracteres y tan “profundos” como la infidelidad conyugal, aunque hay tanta variabilidad en las posibles causas, que son simplemente impredecibles, como la de la liberación de la mujer y la incomprensión por parte de su marido.

La indisolubilidad matrimonial se ha tratado desde el punto de vista moral y se tiene la certeza desde la perspectiva teológica. Pero tanto los hombres como las mujeres hacen abstracción del grave daño que a sí mismos se hacen cuando no toman en serio el concepto perenne del matrimonio. Además, la experiencia cotidiana demuestra en qué modo y cuánto sufren los hijos.

El ser humano no se entrega como lo hacen los animales. Estos pueden estar juntos sólo en la cópula, por unos días (mientras dura el período de celo), durante la crianza o, a veces, durante toda la vida; tampoco se ve homogeneidad en el número: pueden ser una o varias hembras las compañeras de un macho, y esta tener varias cópulas con diferentes machos… Es lógico: tienen un alma sensible.

El hombre y la mujer poseen, en cambio, un alma espiritual. Efectivamente, además de su cuerpo (como los animales) y su alma (sus sentimientos, su psicología) y, haciendo parte de su esencia, está eso que lo hace pensar en la otra vida y —principal y particularmente útil para hablar del amor— eso que le hace pensar que toda relación marital debe ser para siempre: el aspecto espiritual.

Así, los nuevos esposos desean que su relación se perpetúe hasta la muerte y, si fuera posible, después de ella. No hay pareja que no lo haya deseado. El ser humano se mueve en tres planos: el biológico, el psicológico y el espiritual: se ama con el cuerpo, el alma y el espíritu; de otro modo este no sería un amor humano.

Lo espiritual tiende a traspasar el umbral de la muerte. Y si lo espiritual es imperecedero, el amor de un ser espiritual deberá ser eterno. La entrega total se da en los tres planos; por tanto, quien ama con un amor verdadero ama para siempre. Si no lo hace así, la conciencia, que dicta todos los sumandos de la ley natural, le reprenderá constantemente y hará de él un ser siempre infeliz que, obviamente, no será capaz de amar lo suficiente para mantener una relación estable, ni para educar adecuadamente a los hijos. He aquí, entonces, una de las razones de los frecuentes fracasos matrimoniales.

Desprendiéndose de esta, la otra causa más frecuente de disolución conyugal es el hecho triste, pero incuestionable, de considerar al otro una posesión más: si la dignidad de la mujer —más violada que la del hombre— se sigue vulnerando hasta hacer de ella un objeto de placer sexual, una sirvienta y alguien que se encarga de los hijos, en vez de una compañera del camino hacia la felicidad, con la que se enriquece la relación, ambos cónyuges irán en direcciones dispares y se facilitará el fracaso.

Ambos, hombres y mujeres, deberían tener como guía de su relación las siguientes palabras de Hugo de Víctor, en el siglo XII: «La mujer no fue sacada del cerebro del hombre, pues nunca se pensó que gobernara, ni de sus pies para que fuera su esclava, sino de su costado para que caminara a su lado, de debajo de su brazo para que fuese por él protegida y de cerca de su corazón para que la amase intensamente».

 

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Los 5 niveles de seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 11, 2009

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural, que explicaría cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años antes de Cristo (A de C) hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es posible —aunque no probado científicamente por ahora— que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, que usaba palos y piedras para defenderse y de quien algunos paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a 3 millones y medio de años A de C.

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C. No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías. Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos. Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso: sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura. El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores. Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

La fecha exacta de su aparición —la del homo sapiens— es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

Las cinco principales características (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:

1) El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software. Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

4) De la tolerancia se desprende el respeto, rasgo que caracteriza, entre otros, al ser humano. Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

5) Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al saber la historia de tantos que han dado su vida por un ideal similar. Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

Por otra parte, si nos observamos bien, somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

Lo que se cree que realmente ocurrió es que el homo sapiens evolucionó y todavía hoy lo está haciendo, pero no es así siempre: con más frecuencia de la que quisiéramos cometemos errores y no solamente no progresamos, sino que regresamos a niveles anteriores, los de nuestros antepasados; parece que tuviéramos 4 niveles de seres humanos:

5º nivel: El salvaje, que usa la violencia física —animal— para defender sus derechos o conseguir lo que se propone o desea. El más bajo de todos es el que soluciona los problemas matando a sus congéneres.

4º nivel: El bravucón, que usa la violencia verbal, las amenazas, los gestos, los insultos para zanjar sus diferencias o defender sus supuestos o reales derechos.

3r nivel: El sarcástico, que usa el los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el disimulo… Dice las cosas sin significar explícita o claramente lo que quiere, dándola, sin embrago, a entender. Encubre con astucia las verdaderas intenciones. Este «arte» de soterrar es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan. Es evidente que ser hipócrita es mentir. Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

2º nivel: El racional, que pretende solucionar todo problema a través de la razón. Y para ello escoge como principales virtudes la equidad y la justicia; se deja llevar únicamente por ellas y con ellas dirime todo, sin dejarse llevar por sentimientos como la ira o la bondad. Sabe que la verdad no necesita ser defendida, que se sostiene por sí sola.

1r nivel: El homo sapiens es aquel que tiene como principio de conducta, y como modo de solucionar sus diferencias con los demás, esas 5 características que lo describieron más arriba como ser humano: la voluntad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y, sobre todo, el amor: servir antes que pensar en sí mismo.

¿En qué nivel estamos cuando actuamos: el de un ser humano?

 

 

 

 

 

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La dieta perfecta

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 16, 2008

 

Estudiar al ser humano hace saber que ciertas costumbres arraigadas en algunas culturas y sin sustento científico demuestren ser del todo inadecuadas, para la vida en general. Es el caso del vegetarianismo:

 

Los molares y los premolares de los animales carnívoros tienen cúspides altas y surcos profundos, mientras que los de los herbívoros los tienen casi planos. Al observar los dientes posteriores de los humanos, cualquiera puede percatase de que se trata de dientes con cúspides más altas y surcos más profundos que los de los animales herbívoros, esto es, están hechos para ambos tipos de alimentación: herbívora y carnívora.

 

Por otra parte, los movimientos mandibulares de los animales herbívoros son laterales, es decir, su mandíbula se mueve desde los lados hacia el centro; en los carnívoros la mandíbula se mueve de arriba abajo en forma vertical, sin componente horizontal. Aun cuando el hombre realiza también pequeños movimientos laterales, sus movimientos son más parecidos a los de los animales carnívoros: su componente vertical es mayor.

 

Si se tiene en cuenta que —salvo algunos raros casos— solo los animales carnívoros tienen dientes caninos y que, por el contrario, la mayoría de los animales herbívoros no los poseen, se deduce que el ser humano es también carnívoro.

 

Otro aspecto que se suele olvidar es que la vitamina B12 solo se encuentra en forma natural en la carne.

 

El hombre, por supuesto, es también herbívoro: su intestino es apto para ese tipo de alimentación y, como se verá más abajo, los alimentos de origen vegetal son indispensables en la dieta humana.

 

Precisamente por esa longitud de los intestinos delgado y grueso, el ácido úrico se puede acumular con la ingestión alta de carnes rojas. Por eso algunos recomiendan más las blancas: pescados, mariscos, pollo, cordero, conejo y otras. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el hierro aportado por las carnes rojas (80 a 70 % del requerido) es mucho más que con el que pueden contribuir los productos vegetales (20 a 30 %). Esto, unido a los problemas de deficiencia en vitamina B12, obliga a los vegetarianos a recibir suplementos preparados de ambos: hierro y vitamina B12.

 

Pero lo que sí debe desecharse del léxico es el término: “buena alimentación”, cuando lo que se quiere decir es: “mucha alimentación”. Es increíble, pero verdadero, que se encuentren personas obesas y desnutridas; su alimentación no es completa, aunque sí es exagerada.

 

La mayoría de las personas conoce la clasificación de los alimentos:

 

I.                   Agua y minerales

II.                Enzimas y vitaminas

III.             Proteínas

IV.             Carbohidratos

V.                Lípidos (grasas)

 

Pero la clasificación más aceptada hoy por los nutricionistas es según su función:

 

I.                   Formadores

A.                De masa celular y muscular

Son las proteínas de origen animal y vegetal. Las primeras se encuentran principalmente en las carnes (de cualquier color), en los lácteos (leche, kumis, yogur y quesos) y en los huevos. Y las de origen vegetal están especialmente en las leguminosas (fríjol, garbanzos, lentejas, etc.), aunque otros vegetales también las poseen.

B.                 De masa ósea

Se encuentran primordialmente en los lácteos.

C.                Del sistema hematopoyético (glóbulos rojos, blancos y plaquetas)

Están en las vísceras (hígado, riñón, intestinos, corazón, pulmones, molleja, etc.) y en las carnes rojas: aquí está precisamente el principal aporte de hierro y de vitamina B12.

 

II.                Vitalizadores

A.                Vitaminas en frutas y verduras

B.                 Minerales en frutas y verduras

C.                Fibra en frutas y verduras.

Está demostrado que la fibra vegetal disminuye el colesterol, la glicemia aumentada, el cáncer de colon, las hemorroides y el estreñimiento.

D.                Agua

Es este uno de los elementos más importantes del cuerpo humano (el 80% de su peso). Su ingestión diaria es indispensable. Se ha dicho siempre que 8 vasos de agua es lo ideal; sin embargo, ese volumen incluye los jugos, las sopas y otros líquidos que se ingieran; si se toma líquido en exceso se recargaría inútil y peligrosamente a los riñones.

Otro error del que hay que salir es creer que tomar mucha agua adelgaza, porque el agua no es capaz de desplazar ni de hacer eliminar la grasa.

 

III.             Energéticos

A.                Cereales

B.                 Pastas

C.                Tubérculos

D.                Plátanos

E.                 Harinas

F.                  Azúcares

G.                Grasas

En los niños su consumo es indispensable; por el contrario, en los adultos, la grasa debe disminuirse dramáticamente, si bien no eliminarse, porque es indispensable para la regulación térmica del individuo, como amortiguador en casos de trauma (golpes, accidentes, etc.) y, lo que es más importante, transporta las vitaminas liposolubles: la vitamina A, presente en los bastoncillos del ojo y por lo tanto útil en la visión; la vitamina D, que previene la osteoporosis y el raquitismo; la vitamina E, presente en los tejidos, previene las descamaciones de la piel, algunos tipos de esterilidad, la caída del cabello y otras enfermedades; y la vitamina K, que representa  un papel muy importante en los procesos de coagulación de la sangre.

Otro aspecto de las grasas es si su procedencia es animal, (saturadas), o vegetal (casi todas poliinsaturadas). Las primeras, al ser ingeridas en exceso, propician la aterosclerosis, causa de infartos, que es una de las principales causas de muertes en el mundo.

Por último, debe recordarse que hay 2 tipos de colesterol: el Ligth Density Lipoprotein (LDL), llamado hoy “malo” y el High Density Lipoprotein (HDL), llamado “bueno”, porque todas las membranas celulares tienen y necesitan colesterol (en los vasos sanguíneos, por ejemplo). Además, algunas hormonas también lo necesitan.

 

En las dietas debe tenerse siempre en cuenta que un gramo de proteínas tiene aproximadamente 4 calorías; uno de grasas, 9; y uno de carbohidratos, 4.

Las dietas deben hacerse de manera que las proteínas que ingiere el individuo den entre el 10 y el 15% de las calorías; las grasas, entre el 28 y el 30%; y los carbohidratos, entre el 55 y el 60%.

 

Los especialistas en nutrición aconsejan aprenderse la sigla CESA, con el fin de hacer cesar las malas costumbres en alimentación. Su significado es el siguiente:

 

Toda alimentación debe ser:

C

 

ompleta,

 

E

 

quilibrada,

 

S

 

uficiente, en cantidad y en calidad, de acuerdo con la edad, sexo y actividad y

 

A

 

decuada a la fisiología o patología del individuo (no es la misma para la diabetes, embarazo, lactancia o un deportista).

 

 

La dieta perfecta para adelgazar

Una forma racional para disminuir de peso, sin pasar hambre

 

Alimentos que engordan demasiado

(No comer nunca)

 

·        Chicharrón, tocineta, salchichón, cábanos, salchichas, etc.

·        Grasa de las carnes (rojas o blancas),  y pellejo del pollo o pescado

·        Huevos fritos, revueltos o “pericos”

·        Papa frita

·        Carnes (de cualquier color) fritas

·        Plátano frito

·        Tortillas (aunque sean de verduras)

·        Cualquier cosa preparada con aceite de origen animal, grasa o mantequilla

·        Crema de leche

·        Pasabocas (chitos, papas, besitos, etc.)

·        Quesos amarillos

·        Arepas con mantequilla o aceite

·        Hamburguesas

·        Sardinas, atún y mariscos enlatados en aceite

 

Alimentos que engordan mucho

(Comer una sola porción únicamente los domingos)

 

·        Todos los alimentos preparados con margarinas o aceites vegetales

·        Leche entera

·        Jamón de cerdo

·        Postres

·        Natillas

·        Pudines

·        Flanes

·        Tortas

·        Dulces (caramelos)

·        Bizcochos

·        Chocolate

·        Chicles

·        Salsas para las verduras

·        Roscón y mojicón

·        Tamales

·        Pizza

·        Pastas y lasañas

·        Pan

·        Arepa sin mantequilla, aceite o margarina

 

Alimentos que engordan moderadamente

(Comer sólo sábados y domingos, en dosis normales)

 

·        Papas no fritas

·        Jamón de cordero

·        Leche semidescremada

·        Yogur sin endulzar y kumis

·        Yuca

·        Arracacha

·        Avena

 

Alimentos que en dosis moderadas no engordan

(1 ó 2 porciones diarias)

 

·        Huevos duros o tibios

·        Arroz

·        Cereales sin azúcar (Corn Flakes, Fresi Crispis…)

·        Leguminosas (lentejas, maíz, frijoles, garbanzos, etc.)

·        Maní, cacahuetes, almendras…

·        Aguacate

·        Los alimentos llamados “dietéticos”, como postres y otros

·        Pan integral

·        Café

 

Alimentos que no engordan

(Se pueden comer todos los días, en cualquier cantidad)

 

·        Todas las demás frutas sin endulzar y sin crema de leche

·        Pescados, carnes y aves sin el pellejo, cocinados sin grasa

·        Sardinas, atún y mariscos enlatados en agua

·        Todas las verduras verdes, amarillas y rojas (tomate, lechuga, acelgas, zanahoria, etc.), siempre que se ingieran sin salsas

·        Queso blanco

·        Leche descremada (puede ser en té, café o sola)

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Bobby, mi mascota*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Aburrido ya de las gracias de mi perro, Bobby, un pastor de 3 años, decidí jugar con él de una manera diferente. Lo dejé con hambre y con mucha sed un día entero.

 

Luego quise saber qué le pasaría si en vez de agua le ponía en su bebedero leche de magnesio. El estúpido se lo tomó todito; me miraba esperando que le diera algo de comer, pero opté por encerrarlo para que no molestara.

 

Lo puse en la oscura bodega de herramientas, y les juro que si no es porque en la noche escuché un aullido, no hubiera recordado que el pobre estaba metido ahí; pero como ya era muy tarde, lo dejé hasta que se durmió.

 

Ya en la mañana lo fui a buscar, y había popó por todos lados; me imagino que hizo efecto el magnesio y, la verdad, se notaba muy débil y algo alterado por la luz que le daba directo en los ojos; pero yo me había levantado con más ganas de molestarlo, así que le halé el rabo, le hinqué los testículos, lo puncé con un tenedor… Realmente me pareció divertido…

 

Algo en él y en mí había cambiado; ya no era más mi mascota. Se estaba defendiendo, y me comenzó atacar. Sentí susto, pero sabía que estaba débil por la diarrea y las heridas del tenedor. Un poco más y me desgarra una pierna. Agarré un fierro y lo puncé; al desgraciado no le importó y no huyo; siguió intentando herirme, como si la venganza lo motivara, pero al fin y al cabo es un animal, y yo podía adivinar cada movimiento que él hacia…

 

No me percaté de las heridas de Bobby, ya que su pelo negro tapaba de alguna manera el rojo de su sangre, hasta que salió un chorro de sangre por su boca; estaba agotado: su lengua lo delataba, no la podía esconder. Me dio lástima el infeliz, pero, ¿qué le podía hacer? Ya estaba muy herido, y aun así quería atacar. No tuve más remedio que parar su sufrimiento: lo atravesé son el fierro, y ahí quedó lo que era Bobby…

 

Antes de que sigan pensando que soy un malvado, un perverso que no merece nada bueno, a quien ustedes no aplaudirían sino que posiblemente castigarían, hagamos un ejercicio mental: cambiemos a Bobby por un toro. Sí, un toro que, igual que Bobby, se puede defender un poco, pero que no puede hablar ni abrir las puertas o pedir ayuda… Entonces, ¿qué sería yo?, ¿un maestro?, ¿un artista?…

 

Un ser vivo es un ser vivo, sea un perro o sea un toro: siente, y sufre. No nos dejemos engañar por los enfermos que promocionan los eventos taurinos, que dicen que son buenos y que la tauromaquia es algo que pocos entienden…

 

No juguemos con el dolor ajeno, y digamos: ¡NO A LA TAUROMAQUIA!

 

Anónimo

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