Saber vivir

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Relación carnal entre parientes

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 9, 2011

 

“El que realice acceso carnal u otro acto erótico sexual con un descendiente, ascendiente, adoptante o adoptivo, o con un hermano o hermana, incurrirá en prisión de seis meses a cuatro años”, dice el artículo 259 del Código de Derecho Penal.

Un ciudadano demandó esta norma por considerar que atenta contra el libre desarrollo de la personalidad.

Hoy existen dos posiciones opuestas entre el público que se enteró del asunto: quienes creen que, salvo cuando estén involucrados menores de edad o que el acto se haya hecho en contra de la voluntad de alguien, el ser humano puede realizar el incesto; por otro lado hay quienes piensan que la pena de prisión debe mantenerse e, incluso, aumentarse.

Para tomar una decisión, es necesario —como siempre— analizar con conocimiento de causa el tema, desde las perspectivas antropológica, ética y legal.

La antropología es la ciencia que trata de los aspectos biológicos del hombre y de su comportamiento como miembro de una sociedad. Es en este campo donde se puede realizar el examen más extenso y del que dependen los otros dos.

En una pareja, la diferenciación de los sexos está directamente relacionada con su complementariedad: el hombre es complemento de la mujer y ella lo es de él. Pero ese complemento no se da únicamente en el aspecto biológico; los hombres difieren también mucho en el aspecto psicológico y en el aspecto espiritual, y esas diferencias psicológicas y espirituales se atraen mutuamente y con ellas se complementan.

Todo esto deriva en que la sexualidad marca a toda la personalidad: es el “yo personal” —biología, psicología y espiritualidad— lo que hace al hombre y a la mujer. Por eso el ser humano no es una cosa o un objeto o un animal, es una persona; lo que lo marca definitivamente como un ser superior, es decir, le da una dignidad mucho más alta.

Y ya que la dignidad del ser humano es tan sublime, sus acciones deben estar a esa altura, para no demeritarse él mismo.

Esta ya es la perspectiva ética.

La ética es la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre.

Con la ética se puede definir lo que es y lo que no es digno del hombre.

A la vez, con la ética se puede descubrir que no es lo mismo una relación marital o conyugal (la que se da entre los esposos) que una filial (la que se da de un hijo o hija a su padre o madre) o una paternal (la que se da del padre al hijo o a la hija) y que esta, la paternal, difiere de la maternal. En las dos últimas relaciones las personas aman en forma completamente diferente que los esposos: los padres les dan pautas de enriquecimiento a los hijos para que vayan desarrollándose integralmente, les tienen una ternura tal que les dé estabilidad afectiva, les respetan su libertad para que florezcan sus propias e individuales virtudes y características personales, les van dando independencia en todos los campos del vivir para que elijan sus metas, les ayudan cada vez menos para que ellos se forjen su propio destino, los preparan para que más adelante sean capaces de llegar a vivir sus propias relaciones sexuales…

Y esas características son las mismas en las relaciones entre adoptantes y adoptivos.

¿Es, entonces, ético que alguien tenga relaciones sexuales con su hija, a quien ama con un amor paternal? Se habría trastrocado el orden y la dignidad del ser humano, y se habrían destruido los fines de la relación paternal o maternal.

Lo mismo sucedería en una relación de una madre con su hijo.

Y ese “libre desarrollo de la personalidad” que el demandante enarbolaba estaría completamente destruido.

También se pueden diferenciar las relaciones fraternales (entre los hermanos) de las de pareja. En esta última, se dan las relaciones sexuales que, como se definió, son las que se llevan a cabo en los tres planos: entrega biológica total, entrega psicológica total y entrega espiritual total, lo que quiere decir que los esposos se entregan sus cuerpos, sus emociones, su afectividad y lo hacen para siempre. Y, ¿qué tal una relación sexual (total) entre dos hermanos? A nadie escapa la incongruencia, la inconveniencia y la indignidad de algo así.

Y lo legal es lo prescrito por ley y conforme a ella. Concierne a la ley dictar normas en bien del individuo. Y ese bien es el desarrollo del “yo personal”, ¡el libre desarrollo de la personalidad!, precisamente.

Las leyes que protegen ese libre desarrollo de niños y adultos son las que van en bien de los componentes de la sociedad en la procura de un modo de vida mejor y acorde con la dignidad de los seres humanos. Solo con este engrandecimiento de las leyes se puede hablar de desarrollo humano.

Por eso, la Corte Constitucional declaró exequible la norma, es decir, que se puede  llevar a efecto la norma y el castigo mencionado al comienzo y que no está de acuerdo con el demandante porque que el libre desarrollo de la personalidad no defiende conductas incestuosas.

Por el contrario, ese libre desarrollo de la personalidad no es un derecho absoluto, como ningún derecho; si así fuera, por un mal entendido “libre desarrollo de la personalidad” todos podrían hacer los males que quisieran, atentando contra los derechos de las demás personas.

Lo que la Corte hizo fue defender el valor de la familia, que se desprende de las buenas relaciones paternales, maternales, filiales, fraternales y conyugales, ya que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad.

Quedaron así salvaguardadas la moral social y la moral pública.

 

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Los 5 niveles de seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 11, 2009

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural, que explicaría cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años antes de Cristo (A de C) hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es posible —aunque no probado científicamente por ahora— que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, que usaba palos y piedras para defenderse y de quien algunos paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a 3 millones y medio de años A de C.

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C. No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías. Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos. Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso: sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura. El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores. Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

La fecha exacta de su aparición —la del homo sapiens— es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

Las cinco principales características (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:

1) El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software. Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

4) De la tolerancia se desprende el respeto, rasgo que caracteriza, entre otros, al ser humano. Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

5) Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al saber la historia de tantos que han dado su vida por un ideal similar. Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

Por otra parte, si nos observamos bien, somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

Lo que se cree que realmente ocurrió es que el homo sapiens evolucionó y todavía hoy lo está haciendo, pero no es así siempre: con más frecuencia de la que quisiéramos cometemos errores y no solamente no progresamos, sino que regresamos a niveles anteriores, los de nuestros antepasados; parece que tuviéramos 4 niveles de seres humanos:

5º nivel: El salvaje, que usa la violencia física —animal— para defender sus derechos o conseguir lo que se propone o desea. El más bajo de todos es el que soluciona los problemas matando a sus congéneres.

4º nivel: El bravucón, que usa la violencia verbal, las amenazas, los gestos, los insultos para zanjar sus diferencias o defender sus supuestos o reales derechos.

3r nivel: El sarcástico, que usa el los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el disimulo… Dice las cosas sin significar explícita o claramente lo que quiere, dándola, sin embrago, a entender. Encubre con astucia las verdaderas intenciones. Este «arte» de soterrar es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan. Es evidente que ser hipócrita es mentir. Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

2º nivel: El racional, que pretende solucionar todo problema a través de la razón. Y para ello escoge como principales virtudes la equidad y la justicia; se deja llevar únicamente por ellas y con ellas dirime todo, sin dejarse llevar por sentimientos como la ira o la bondad. Sabe que la verdad no necesita ser defendida, que se sostiene por sí sola.

1r nivel: El homo sapiens es aquel que tiene como principio de conducta, y como modo de solucionar sus diferencias con los demás, esas 5 características que lo describieron más arriba como ser humano: la voluntad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y, sobre todo, el amor: servir antes que pensar en sí mismo.

¿En qué nivel estamos cuando actuamos: el de un ser humano?

 

 

 

 

 

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¿Puede ser ateo el ser humano?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

La fecha exacta de la aparición del homo sapiens es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que sucedió entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

A continuación se detallarán algunas de las características que hacen a este ser tan especial:

1) Si se compara un computador con el cerebro del homo sapiens, se infiere inmediatamente que al computador hay que decirle qué hacer, mientras que el cerebro hace las cosas por su cuenta. La capacidad creadora independiente del cerebro hace que los humanos actuemos espontáneamente, y es la base de nuestra habilidad para pensar, planificar e influir drásticamente (para bien o para mal) sobre el medio ambiente. El mayor y más avanzado computador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software.

Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Los análisis realizados en chimpancés, especialmente los de la doctora Jane Goodall, a primera vista hacen pensar que en estos animales hay ciertas actitudes que algunos se aventuran a llamar “humanas”: maquinaciones, actitudes compasivas, engaños maquiavélicos, pequeñas muestras de lo que en el ser humano se llamaría ternura, violencia y crueldad.

Pero en los estudios psicológicos se rechaza la idea de que estas características, por sí mismas, puedan definir al ser humano. De hecho, las llamadas “actitudes compasivas” y la “ternura” se explican con el instinto: todos hemos visto moverse la cola de un perro al ver u oír a su amo, lamerse a las leonas entre sí, arroparse a los mapaches… Y nadie a pensado jamás llamar ser humano a los mapaches, a los leones, a los perros ni a ningún otro animal. En suma, esas son actitudes animales, no características humanas, aunque el hombre las eleva a un nivel que los animales no alcanzan.

En cambio, lo que sí admira, es la aparición de la solidaridad.

Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Pero, llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al leer la historia (o verla en cine o televisión) de tantos que han dado su vida por un ideal similar.

Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

4) Pero lo más fascinante para el estudioso del homo sapiens es que fue el primero en hacer rituales y ceremonias religiosas. Los entierros obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte (a diferencia del miedo a una muerte inminente) hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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