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¿Somos realmente humanos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 24, 2018

Cuando se analiza con profundidad el adjetivo “humano” se llega a comprender que eso es, precisamente, lo que nos hace diferentes de todos los demás seres: los pensamientos, las palabras, las acciones humanas, los sentimientos…

Esto implica, por supuesto, que aquellas acciones que realizan también los animales no pueden probar que somos hombres. Sólo las acciones que no pueden realizar esos seres inferiores hacen patente la diferencia y, como consecuencia lógica, marcan nuestra dignidad. Dignidad que se expresa en la conciencia de que somos los seres más excelentes que hay, cuando menos en nuestro sistema solar.

Para el autoconocimiento del hombre es de gran utilidad el uso de algunas ciencias:

  1. La antropología, de antropo- (hombre) y -logía (tratado, estudio, ciencia), que trata de los aspectos biológicos del hombre y de su comportamiento como miembro de una sociedad, y la paleoantropología (paleo-: de «antiguo» o «primitivo», referido frecuentemente a eras geológicas anteriores a la actual), que engloba al hombre dentro del tiempo.
  2. La genética, parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.
  3. La geología, ciencia que trata de la forma exterior e interior del globo terrestre; de la naturaleza de las materias que lo componen y de su formación; de los cambios o alteraciones que estas han experimentado desde su origen, y de la colocación que tienen en su actual estado.
  4. La hermenéutica, arte de interpretar textos.
  5. La anatomía, ciencia que tiene por objeto dar a conocer el número, estructura, situación y relaciones de las diferentes partes del cuerpo de los animales y del hombre.

¿De dónde venimos? ¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos? Son las preguntas que es necesario hacerse para hallar nuestra felicidad y que estas ciencias nos ayudarán a contestar.

 

  1. EL HOMBRE EN EL UNIVERSO

¿Cuál es la edad del universo? ¿cómo comenzó?…

¿Cuál fue el origen de la vida? ¿cuándo se inició?…

¿Cuándo apareció el ser humano? ¿Cómo se hizo el paso del mono al hombre? ¿Qué características se tienen en cuenta para clasificarlos como tales?…

Si somos capaces de comprender los cambios que se produjeron en el pasado, estaremos en mejores condiciones de comprendernos.

A continuación, trataremos de responder estas y otras preguntas, basados en todos los elementos de juicio que poseen hoy las ciencias.

Si bien el conocimiento que hoy se tiene es mucho menor del que quisiéramos, los avances son ahora muy significativos y, sobre todo, útiles; por eso en estas líneas se interpondrán con frecuencia los vocablos «probablemente», «tal vez», «aproximadamente», y otros parecidos, lo cual no quiere decir que no sean afirmaciones distantes de la verdad sino que, por el contrario, son las que mayor credibilidad tienen ahora en el ambiente científico.

 

  1. El universo

La edad del universo debe ser determinada por el modelo cosmológico correcto, y los científicos que lo utilizan han llegado a la conclusión de que su comienzo oscila entre los 15,000 y los 18,000 millones de años antes de Cristo (A de C), aunque en los últimos años algunos tienen la tendencia a hablar de valores un poco menores.

Respecto de la teoría del inicio de la actividad del universo por una explosión, y de que producto de la cual se está llevando a cabo en estos momentos una expansión del universo, casi todos los científicos del orbe están de acuerdo.

En lo que no hay claridad todavía es si esa explosión fue el comienzo del universo o es solo un episodio más en su evolución porque, para unos, más adelante habrá un retorno (implosión) al que seguirá otra explosión de modo que el ciclo continúe: postulan que se dé crédito a la idea de que el universo tiene límites y que, al llegar a ellos, la onda expansiva regresará.

De cualquier manera, la creación no puede coincidir con un estado del universo, ya que el Creador le dio el ser al universo de modo que funcionara bajo ciertos aspectos determinados, uno de los cuales (como se estudiará más adelante) puede ser el azar.

La tierra, una nebulosa inicialmente, se condensó unos 4,500 millones de años A de C. Fuego vomitado por volcanes primero, y luego, un enfriamiento paulatino que, con la presencia de agua, fueron el «caldo de cultivo» para la aparición de la vida unicelular.

 

  1. El origen de la vida

Solo hay vida cuando existe lo que llamamos animación, movimiento, esto es, nacimiento, crecimiento, multiplicación, descendencia… Para ello es necesaria la presencia de algo que anime, el alma, lo esencial y más importante de una cosa, que le da forma sustancial, es decir la informa.

Por eso los minerales no tienen alma.

Los vegetales tienen el alma vegetativa.

Los animales poseen un alma sensible.

En el hombre esta sustancia es espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y también informa al cuerpo humano y con él constituye su esencia.

Pero tanto en los libros y en las enciclopedias más conocidas del mundo, como en las entrevistas hechas a los más conocedores del tema se encontró, como respuesta a la pregunta: «¿Cómo empezó la vida?», casi las mismas palabras: no hay respuesta cierta, verdadera, segura, indubitable.

Se han postulado numerosas teorías, todas inconsistentes. Algunos, por ejemplo, creen en la llegada de una primitiva forma de vida a la tierra a través de una especie de vientos que viajan por el espacio, idea que no explica su origen, pues la vida se habría formado en otra parte.

El mundo científico no ha podido dilucidar cómo se produjo el cambio desde la materia inanimada hasta la vida.

Por otro lado, los intentos por producir la vida han sido numerosos e infructuosos: se ha puesto a funcionar una vida siempre preexistente, se han formado cadenas de proteínas, pero no se ha podido crear la vida a partir de la materia.

Lo que sí se sabe es la fecha aproximada del origen de la vida: 3,500 millones de años A de C: las formas más tempranas de vida son unas células parecidas a las bacterias, estudiadas a partir de fósiles de esas épocas.

 

  1. La teoría de la evolución

¿Cómo se transformaron esas primeras células en plantas y animales?

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural.

Según esta teoría, los organismos vivos producen constantemente nuevos rasgos. Muchos de estos rasgos son neutros, es decir, no resultan beneficiosos ni perjudiciales. Pero de vez en cuando hay una característica que funciona especialmente bien, porque se adecua mejor al medio ambiente que las versiones anteriores y proporciona una ventaja reproductora a sus poseedores.

Esto es muy importante, ya que el aspecto crucial de la evolución es la reproducción: toda característica que aumente las probabilidades de un organismo de producir más descendencia será seleccionada.

Todavía no sabemos con certeza cuál es el mecanismo por el que se heredan los genes que tienen las características seleccionadas y no los otros genes, pero una vez que el nuevo rasgo beneficioso ha sido adoptado y se ha extendido a otros miembros de la especie, puede decirse que se ha producido una mutación y que la evolución ha actuado. La selección natural es el motor de la evolución.

Existen 3 requisitos indispensables para que se produzca la selección natural:

  • Es preciso que haya variaciones, una especie de continuo variar genéticamente que produzca diferentes rasgos susceptibles de ser seleccionados o rechazados. Estas variaciones se llaman mutaciones.
  • Es necesario también que haya un mecanismo de herencia, de manera que los nuevos rasgos se transmitan a las siguientes generaciones.
  • Por último, debe haber competencia formándose así una especie de embudo a través del cual solo puedan pasar los mejores equipados, ya que si los recursos fueran ilimitados, todas las variaciones tendrían éxito.

La genética, única ciencia que podría probar seriamente la teoría de la selección natural, tiene dudas al respecto, ya que en los estudios de las poblaciones se pueden destacar algunos caracteres genéticos, pero otros no se hacen evidentes ni son cuantificables, aunque estén codificados en los genes. Dicho de otro modo, hay mucha información genética que no se conoce todavía ni se hace evidente, aunque está presente en los genes de las células; por lo tanto, la selección natural sigue siendo una teoría, aunque ningún estudio serio la niegue y por el contrario los otros parezcan confirmarla.

La evolución no es un proceso lógico con intenciones u objetivos a largo plazo, como puede ser el perfeccionamiento o cualquier cosa por el estilo. Es algo que sencillamente sucede, de forma impredecible, a un ritmo variable y de modo inconsistente. Esto es el concepto del azar, del que se hablaba anteriormente, y que constituye una de las reglas de la evolución de las especies.

Si lo ponemos de una manera gráfica para comprenderlo mejor, habría que decir que es como si el Creador hubiese puesto a girar un trompo, como lo haría un niño, con la diferencia de que el niño puede despreocuparse de la suerte del trompo, mientras que Dios permanece siempre al lado de los seres vivientes, respetando la condición propia de su actividad (que en el hombre es libre), pero pendiente de su suerte e interviniendo para su bien, especialmente cuando solicita su ayuda.

Aunque Dios no ha abandonado a su creación, y a pesar de que está, como lo veremos, al tanto de los acontecimientos e interviniendo en la historia, ha dejado que el azar sea una de las reglas del devenir universal y humano.

Así se producen, según los científicos que aceptan la teoría de la evolución, la extinción de las especies y la formación de nuevas especies. Estos dos mecanismos explicarían cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años A de C hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es muy posible -y también quizá probable en un futuro no muy lejano- que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Si se acepta -como ellos- esta teoría, se entenderá cómo se llevaron a cabo la aparición de nuevas especies y la extinción de otras muchas.

Así se puede comprender que no solamente las glaciaciones (grandes invasiones de hielo que en épocas remotas acontecieron en zonas muy extensas de distintos continentes) y otros desastres naturales acabaron con algunas especies, como ocurrió con los dinosaurios que, luego de existir por unos 160 millones de años, se extinguieron hace 65.

En fin, dentro de ese proceso evolutivo debemos ubicarnos ahora en unos animales llamados antropomorfos, es decir, animales que, de algún modo, tienen forma o apariencia humana. Los más representativos son, en su orden, el lémur, el mono, el chimpancé y uno que ya dejó de existir: el australopiteco.

El científico Carl Von Linné (Linneo, 1707-1778) agrupó a los seres vivos así: el grupo más pequeño, integrado por individuos tan parecidos entre sí que, excepto en muy sutiles detalles, resultan idénticos en la práctica, es una especie; un grupo de especies pertenecen a un género; varios géneros constituyen una subfamilia; varias subfamilias se agrupan en una familia; las familias unidas entre sí hacen al orden; y los órdenes forman la categoría más amplia, denominada clase.

El orden de los primates es el de los mamíferos de superior organización, plantígrados, con extremidades terminadas en cinco dedos provistos de uñas, de los cuales el pulgar es oponible a los demás, por lo menos en los miembros torácicos (los miembros superiores).

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Entre los primates de hoy están el lémur (mamífero cuadrúmano, con los dientes incisivos de la mandíbula inclinados hacia adelante y las uñas planas, menos la del índice de las extremidades torácicas, que son ganchudas, y la cola muy larga), el mono, el chimpancé y el hombre.

Los homínidos, familia a la que pertenece el hombre, está compuesta por todas las criaturas que han vivido en las líneas evolutivas desde la separación los chimpancés hasta el presente. Como se verá, incluye al australopiteco, al homo habilis, al homo erectus y al homo sapiens (este último es sinónimo de ser humano).

 

El australopiteco

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, ya que, según las fuentes más conocedoras del tema, es uno de los eslabones de la cadena antecesora del hombre.

Se han descubierto dos grupos de fósiles: el australopiteco afarensis, que vivió entre los 4 y los 3 millones de años A de C, y el australopiteco africanis, cuyos restos apuntan hacia los 3,5 y 2,5 millones de años A de C.

Los restos de ambos fueron encontrados en África, razón por la que se ha afirmado siempre que la raza humana se inició en ese gran continente.

El australopiteco pertenece a la familia de los homínidos.

Medía un promedio de 1,20 m, tenía entre 30 y 70 kilos de peso y su cerebro era un poco mayor que el de los actuales monos.

Uno de los rasgos que lo hace tan especial es que se sabe, por las características de los huesos de sus piernas y por la presencia de arcos plantares de sus pies, que caminaba, es decir, con esta especie se inició el bipedismo. Efectivamente, Mary Leakey y otros paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a tres millones y medio de años A de C.

Otra conducta diferente de la de los demás animales hace poner los ojos de los paleoantropólogos en esta especie: usaba palos y piedras para defenderse.

Como se ve, los rasgos descritos presagian al hombre, pero no son tan consistentes para poder llamar al australopiteco un ser humano (decir que el bipedismo es humano haría también a algunos pájaros seres humanos). Este es simplemente un animal más desarrollado.

 

El homo habilis

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C.

No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías.

Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos.

Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Es importante decir que en este mismo período (entre 2 y 1 millón de años A de C) vivieron los que hoy se llaman australopitecos robustus y otras especies animales similares, lo cual ha hecho pensar a algunos que el homo habilis no es un eslabón de la cadena evolutiva que termina con el hombre, pero sí que vivió simultáneamente con otros animales.

 

El homo erectus

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso:

Sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura.

Sus cerebros más voluminosos inducen a concluir su mayor inteligencia.

El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores.

Otro aspecto destacable es que este ser inició las migraciones: ya los límites de su andar no dependían de si esa tierra ofrecía o no las cualidades necesarias para albergarlo. Es importante señalar, para explicar esto, que los animales herbívoros dependen de los recursos vegetales de un hábitat concreto, pero los carnívoros como el homo erectus no tienen esa limitación.

Esta característica, sin embargo, obedecía todavía a las leyes de la teoría de la evolución. Según esta, hay tres formas diferentes de responder a la limitación del área donde vivían: podían extinguirse, si por ejemplo no tenían posibilidad de retirarse a ninguna otra región; en muy raras ocasiones podían beneficiarse de una modificación genética que determinara la aparición de una nueva especie; o podían desplazarse hacia una nueva región geográfica donde las condiciones imperantes se asemejaran a las de su antiguo hábitat.

Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

 

  1. El homo sapiens

La fecha exacta de la aparición del homo sapiens es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C: algunos restringen el inicio del homo sapiens a los 200.000 años A de C, y aun hay quienes votan por los 100.000 años A de C.

A continuación se detallarán, una a una, las características que lo hacen tan especial:

  • Al aparecer el homo sapiens sucedió algo de dimensiones asombrosas: los animales, hasta este punto, iban evolucionando de tal manera que sus cuerpos se acomodaban al medio, según la teoría de la evolución de las especies; ahora, por primera vez, un ser acomodaba el medio a su cuerpo: comenzó a cambiar las condiciones del ambiente para su propio beneficio.
  • Hubo, también, algo que puede impresionar a quien estudia el origen del hombre: hasta ahora, los animales, como se vio con el homo habilis y el erectus, eran capaces de hacer herramientas.

Esas herramientas eran fabricadas para realizar acciones específicas: un palo, por ejemplo, era utilizado por el homo habilis o por el homo erectus para defenderse de los animales, y se cree, incluso, que se quedaba con el palo como medio de defensa.

Así se creaba una asociación neuronal (cerebral) entre la acción y el efecto que produce: “Si le pego a esa fiera con este palo, lo ahuyento”. Esto es producto de un patrón neuronal (un modelo de comportamiento). Es probable que la ley del azar de la teoría de la evolución intervenga en esa asociación y que luego se herede.

Pero el homo sapiens logró realizar algo que no se puede explicar a través de las leyes de la genética. En el ejemplo anterior, el ser humano no sólo utilizaba el palo para defenderse, sino que con él abría hoyos en la tierra para buscar hormigas u otro tipo de alimento, y también lo usaba para otros muchos fines. Es decir, su capacidad de análisis le dio la libertad para saber que una herramienta sirve para realizar acciones diferentes. Pero hay algo más: no solo usaba el palo, sino que cogía piedras y otros elementos para hacer lo mismo que hacía con el palo. Esa capacidad de análisis era ya tan avanzada que le dio la libertad para pensar que varios instrumentos podían servir para la misma finalidad. Además, se disparó la producción de herramientas en multitud de formas y, lo que es mejor, comenzó a hacer herramientas para fabricar herramientas.

Dicho de otro modo, se acabó la restricción cerebral que asociaba la acción al efecto, es decir, apareció independencia en el patrón neuronal, (antes rígido para los animales). El homo sapiens posee esa independencia pues tiene una comprensión abstracta (no rígida) tanto del acto como del instrumento.

¿Qué produjo esa capacidad de deducir que varios instrumentos podían ser utilizados con una misma finalidad, y que una misma herramienta tuviera varios usos?

Algunos creen que la genética tiene la respuesta, pero la genética tiene unas leyes, y esas leyes restringen los cambios, aunque sea en un porcentaje muy bajo. Con esas restricciones es imposible explicar estas nuevas capacidades del ser humano.

Otra teoría es que la plasticidad cerebral (capacidad modeladora del cerebro) podría ser la causa de este asombroso cambio, pero este cambio es de tal magnitud, que resulta obvio que el mero aprendizaje o la sola plasticidad cerebral, pueda llegar a producirlo.

Se debe concluir que algo extraordinario sucedió entre el hombre y sus predecesores. Ese “algo” debe ser una fuente de vida mucho más poderosa que la evolución, y se explicará al terminar esta enumeración de las características propias del ser humano.

  • El homo sapiens ya utilizaba el lenguaje.

Si bien algunos paleoantropólogos creen que sus pliegues (cuerdas) bucales no estaban bien desarrollados para ello, sí se cree que el homo habilis y el homo erectus emitían sonidos con los que se comunicaban ideas precisas y cortas, como lo hace ahora el actual cercopiteco, un mono catarrino, propio de África: con un vocabulario de 10 palabras diferentes da a entender a los otros ideas como “peligro”, “leopardo”, etcétera. A esto, por supuesto, no se le puede llamar todavía lenguaje.

Rod Caird -escritor y productor de documentales sobre antropología- cuenta en su libro “Hombre mono”, que entrevistó a Terrence Deacon, neurobiólogo de la universidad de Boston, en agosto de 1993. En esa entrevista Deacon dice textualmente:

“Un buen experimento de lenguaje con animales es el que plantea la pregunta: ¿qué diferencia hay entre enseñar a un animal a utilizar mecánicamente una serie de gestos o de símbolos que representan algo y enseñarle a comprender lo que está comunicando?”.

A un chimpancé se le pueden enseñar unas trescientas palabras y a actuar de acuerdo con ellas, mientras que un niño de 4 años conoce aproximadamente unas cinco mil.

El hombre entiende conceptos abstractos; puede hablar sobre el futuro, sobre cosas que no existen o sobre el espíritu; además, todos los idiomas y dialectos están hechos por numerosísimos vocablos y poseen reglas precisas, que están bien lejos de los gruñidos y primeras vocalizaciones animales.

Se sabe que los primeros homo sapiens ordenaban vocablos, es decir, construían frases que expresaban ideas amplias y claras, con las que no solo se comunicaban, sino que hacían partícipes a los otros de sus pensamientos y de sus sentimientos.

Se han encontrado pruebas arqueológicas de ornamentación, pintura y otros símbolos visibles, que son paralelos al concepto del lenguaje; el arte en sí mismo es gráfico, y nadie que no disponga del lenguaje puede asignar un significado a un pequeño rasguño en la pared.

Por eso, la mayoría de los estudiosos coinciden al afirmar que el lenguaje se inició a los 100.000 años A de C, con todas sus extraordinarias propiedades de rapidez, volumen y abstracción.

  • Si se compara un ordenador (computador) con el cerebro del homo sapiens, se infiere inmediatamente que al ordenador hay que decirle qué hacer, mientras que el cerebro hace las cosas por su cuenta. La capacidad creadora independiente del cerebro hace que los humanos actuemos espontáneamente, y es la base de nuestra habilidad para pensar, planificar e influir drásticamente (para bien o para mal) sobre el medio ambiente.

El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software.

Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

  • Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

Al comienzo se creía que el tamaño del cerebro incidía mucho en la capacidad intelectual, ya que los paleoantropólogos observaban que el cerebro de los homínidos, en la secuencia de la evolución, fue creciendo. El australopiteco tenía unos 400 cm³ (lo mismo que un chimpancé moderno), el homo habilis, entre 650 y 800 cm³, el homo erectus, de 850 a 1.000 cm³, y los primeros homo sapiens y los neandertales, entre 1.100 y 1.400 cm³. El hombre moderno está en ese rango, pues tiene aproximadamente 1.350 cm³. Pero el cerebro de una ballena grande puede ser cuatro veces mayor.

  • Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

Se desprende de la tolerancia, la palabra respeto, rasgo que caracterizará, entre otras cosas, al ser humano.

Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

  • Los análisis realizados en chimpancés, especialmente los de la doctora Jane Goodall, a primera vista hacen pensar que en estos animales hay ciertas actitudes que algunos se aventuran a llamar “humanas”: maquinaciones, actitudes compasivas, engaños maquiavélicos, pequeñas muestras de lo que en el ser humano se llamaría ternura, violencia y crueldad.

Pero en los estudios psicológicos se rechaza la idea de que estas características, por sí mismas, puedan definir al ser humano. De hecho, las llamadas “actitudes compasivas” y la “ternura” se explican con el instinto: todos hemos visto moverse la cola de un perro al ver u oír a su amo, lamerse a las leonas entre sí, arroparse a los mapaches… Y nadie ha pensado jamás llamar ser humano a los mapaches, a los leones, a los perros ni a ningún otro animal. En suma, esas son actitudes animales, no características humanas, aunque el hombre las eleva a un nivel que los animales no alcanzan.

En cambio, lo que sí admira, es la aparición de la solidaridad.

Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Pero, llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al leer la historia (o verla en cine o televisión) de tantos que han dado su vida por un ideal similar.

Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

  • Hay pruebas de que la competencia sexual era menos evidente entre los hombres, que la de sus antecesores, los animales: apareció una especie de respeto por la mujer del prójimo.

Otro aspecto que algunos paleoantropólogos destacan es que, ya que en la época de los australopitecos había una diferencia notable entre las dimensiones corporales de los machos y las hembras, parece que los machos estaban rodeados de algo parecido a harenes de hembras.

Sin embargo, el homo sapiens cambió de actitud:

En la entrevista concedida a Rod Caird (comentada más arriba), Terrence Deacon amplía su explicación sobre el lenguaje así:

“Creo que el problema que se plantea al instalarse en un entorno en que la carne se convierte en un elemento necesario para criar a la prole es el de encontrar medios para establecer conductas sociales predecibles, concretamente en torno a la sexualidad: conductas socialmente aceptadas en cuanto a la inclusión o a la exclusión de las relaciones sexuales. Unas relaciones así establecidas no son meros apareamientos; en cierto sentido son promesas. Son mensajes acerca de un futuro posible, acerca de lo que debe o no debe suceder, y esto es algo que no puede representarse con un gruñido o un gesto. Creo que el primer contexto en el que evoluciona la representación simbólica es algo así como un ritual de boda, la determinación pública y social de ciertas obligaciones sexuales y exclusiones reproductivas.”

Si las 7 características descritas hasta ahora dan certeza acerca de la gran diferencia existente entre el hombre y sus antecesores, este aspecto de las conductas sexuales es particularmente impresionante: el homo sapiens fue el primero que entendió la responsabilidad de la paternidad, de la maternidad y del concepto “familia”; y esto desde el punto de vista natural (es lo natural en el ser humano), y en orden a la procreación de los hijos: el hijo debe ser educado para seguir enriqueciéndose en todos los ámbitos de la vida, pues su esencia es diferente de la de los demás seres vivos: puede ser cada vez más sabio, cada vez más hábil, cada vez más dueño de sí mismo, puede amar cada vez más… Los matrimonios de hoy, con sus ritos, movimientos y sonidos, y en presencia de la sociedad (como dijo Terrence Deacon) son un desarrollo más del homo sapiens en su historia.

De aquí se desprende la idea de que la infidelidad es un retroceso del hombre a etapas anteriores, como la del australopiteco.

  • Pero lo más fascinante del homo sapiens es que fue el primero en hacer rituales y ceremonias religiosas. Robert Foley (biólogo y profesor del King’s College of Cambridge, director del Laboratorio de Antropología Biológica Duckworth y autor del libro “Another unique species”) cuenta que el famoso hombre de Neandertal, que vivió entre 130.000 y 35.000 años A de C, ya enterraba los cadáveres de sus congéneres.

Se puede establecer por la diferencia que había en los ritos, que en algunos de ellos se agradecía a determinados miembros del grupo que tuvieron una sabiduría especial o que habían hecho aportes importantes a la comunidad.

Así mismo, la mayoría de esqueletos hallados presentan cicatrices de fracturas curadas en vida del sujeto: se sabe entonces que los miembros heridos de la comunidad recibían algún tipo de cuidado hasta que mejoraban y podían incorporarse de nuevo a las actividades cotidianas.

Es más: los estudios científicos permiten pensar a los paleoantropólogos que los miembros más ancianos (de cuarenta y cinco o cincuenta años) de los grupos sociales eran valorados por sus recuerdos y por sus conocimientos aun después de haber perdido el pleno uso de su fuerza física.

Estos análisis llevan de la mano a sacar una consecuencia muy especial: los actos sociales iban en beneficio del individuo, y no al revés.

  • Aún más admirable para el estudioso de la paleoantropología es que los entierros obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte (a diferencia del miedo a una muerte inminente) hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

El arte simbólico que se encontró en las cavernas, con búfalos y rituales mágicos, por ejemplo, es un testimonio histórico de que se adquirió el conocimiento reflexivo del destino del hombre y, además, de que apareció la conciencia de que a través de esos rituales se podían someter las fuerzas de la naturaleza. La sabiduría, en este sentido, se guió más tarde hacia una cultura mágica en los cazadores, y hacia una cultura mítica en los agricultores.

Al terminar esta enumeración de las características del homo sapiens, se puede decir que no hay duda de que el espíritu marca definitivamente al hombre, y que es su presencia lo que lo hace completamente diferente a sus antecesores: el homo sapiens se diferencia de los demás en que tiene espíritu.

Por eso, ya no hay razón para pensar que es una sola la especie que agrupa al homo sapiens, al homo erectus y al homo habilis: la primera de estas es una especie perfectamente bien diferenciada de las otras 2.

En fin, son tantas y tan extraordinarias las diferencias entre el homo erectus y el homo sapiens, que no se pueden explicar con solo 2 cromosomas más, como sucede entre el chimpancé y el hombre actuales.

Tampoco se ha explicado, a través de la teoría de la evolución, ese cambio tan extraordinario: la existencia del alma espiritual. Si tenemos presentes las palabras que Robert Foley dijo en otra entrevista hecha por Rod Caird, en octubre de 1993: “La selección se limita a solucionar pequeños problemas aislados”, nos nace una pregunta: ¿Qué se solucionó con el advenimiento del espíritu? Y esta interrogación no tiene respuesta.

Somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

 

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Regreso a lo natural

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 3, 2017

Se está dando en todas partes: la medicina, reconociendo que la farmacología nació principalmente de las plantas y de los animales, se está abriendo a los conocimientos ancestrales de las que hoy se conocen como medicinas alternativas o, como han dicho algunos, complementarias (para denotar así que no se trata de una rivalidad entre las 2 ciencias). Efectivamente, en el Mundo entero se están abriendo facultades de medicina y posgrados de medicina natural.

En cuanto a nutrición se refiere, pululan por todas partes de la Red y en las librerías artículos, libros, audios y videos que expresan criterios naturales para la alimentación humana, y que muestran resultados sorprendentes en cuanto se refiere a la prevención y tratamiento de las enfermedades. Aunado a esto se pretende propiciar el manejo natural de la producción de alimentos no contaminados por pesticidas o cualquier tipo de preservativos o conservantes químicos, que dañan la salud.

Y, en general, se han disparado  criterios que buscan eliminar toda la complejidad de vida que tanto la industrialización como la filosofía del consumismo trajeron al mundo moderno: desde cursos para conseguir la paz interior hasta criterios de vida como el Minimalismo (vivir con lo mínimo necesario) se ofrecen hoy al ser humano moderno.

De entre todo este bagaje, conviene resaltar un pensamiento que quizá los abriga a todos: cuanto más ajustemos nuestras costumbres a nuestra esencia, a nuestra naturaleza, tanto más bienestar cosecharemos. Y este concepto se equipara, precisamente, a la definición de la palabra natural: aquello que es conforme a la cualidad o propiedad de algo.

 

Nuestra sustancia

Ahora bien: en nosotros, ese “algo” es nuestra sustancia, nuestra esencia, nuestra naturaleza. Por eso es imprescindible definirnos y verificar los planos en los que vivimos.

Para definirnos, podríamos afirmar primero lo que no somos: ni ángeles ni animales; estamos ubicados entre ambos. Tenemos cuerpo como los animales y espíritu como los ángeles. Además, como todo ser vivo, tenemos algo que nos anima (que nos mantiene vivos): un ánima, un alma. En las plantas, esa alma se llama vegetativa; la de los animales es un alma sensible y la nuestra es denominada espiritual.

Volviendo al diccionario, encontraremos allí que el alma espiritual se define como alma “racional e inmortal”, lo que especifica nuestra naturaleza: tanto el alma vegetativa de las plantas como el alma sensible de los animales mueren con sus cuerpos, mientras que la nuestra atraviesa el umbral de la muerte, tal y como lo entendieron los primeros seres humanos según lo describen los paleoantropólogos, quienes afirman que es muy distinto tapar con tierra un cadáver maloliente que, con un rito fúnebre y sagrado, despedir al difunto que partía en su viaje al más allá. Esta conducta de nuestros ancestros nos ilustra acerca de la conciencia cierta, segura, de nuestra trascendencia, y que acompaña al ser humano desde sus inicios.

Por esto, podemos afirmar que nosotros nos movemos no sólo en el plano biológico y en el psicológico, sino también en el plano espiritual.

Así, pues, el regreso a lo natural debería darse en los 3 planos. Esto significa que, además de propiciar una medicina, costumbres y nutrición más naturales, deberíamos volver también a una psicología y una espiritualidad más acordes con nuestra naturaleza, nuestra esencia, nuestra sustancia.

Pero no podemos dejar de lado un aspecto fundamental de la esencia del ser humano: las características que nos diferencian de los animales son muchas, pero hay 3 que emergen como las más importantes de todas, y que deben describirse en un orden invertido, del tercer al primer lugar de importancia:

En tercer lugar está la facultad de la razón, nuestra inteligencia. Nadie puede llegar a afirmar que su mascota es tan inteligente como un ser humano; ni siquiera los primates más parecidos al hombre pueden sumar o restar, filosofar o deducir, entender el pasado o el futuro, preguntarse por su esencia o su finalidad en esta vida…

En segundo lugar, nosotros tenemos la facultad de la voluntad: los animales se mueven por instinto; nosotros, en cambio, podemos manejar el instinto o la impulsión con nuestra voluntad libre: aunque nos apetezca mucho ingerir alimentos menos nutritivos y quizá dañinos para nuestra salud, podemos decidir no comerlos. Somos libres, incluso, de doblegar nuestros apetitos para conseguir un bien mayor.

Pero lo que más nos diferencia de los animales se muestra en el hecho de que cuando una hembra es perseguida por un predador y en un momento debe decidir entre su cría y ella misma, prefiere abandonar a su cría para salvar su vida: a eso la lleva su instinto. Por el contrario, una madre humana daría la vida por salvar a su hijo. Nosotros somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por amor a otro; podemos amar. La historia nos recuerda las innumerables ocasiones en las que, por eso, porque pueden amar, los humanos se han sacrificado por amor.

Con esta descripción de la esencia del ser humano, se puede deducir que es más feliz quien más ama.

 

Lo natural en el crecimiento

Es natural —es parte de su esencia— que los niños tengan un desarrollo progresivo, una continuidad en el crecimiento psicológico, una sucesión ordenada de eventos afectivos y emocionales que preserven su salud psicológica.

Antes, esto era más fácil: los niños entraban a estudiar ya cumplidos los 5 años de vida; y esto permitía que el desarrollo psicoafectivo y psicoemocional fuera acorde con su naturaleza humana:

En su primer año de vida miraba su entorno, lo empezaba a reconocer; percibía sensaciones auditivas (la voz de su mamá, de su papá…), táctiles (frío, calor, dolor), visuales, gustativos, olfativos…

En el segundo año empezaba a formarse un vínculo más estrecho con su mamá y se esbozaban en su mente y en sus sentimientos las nociones: Mujer y Mamá, obviamente de un modo rudimentario, pero que iba a ser definitivo en su vida.

En el tercer año hacía lo mismo con su papá (qué importante es por eso que los padres inviertan el mayor tiempo posible con sus hijos siempre, pero principalmente en esta etapa): surgen en el niño las primeras ideas de hombre y de papá.

En los años cuarto y quinto comenzaba su conciencia de sí mismo —su propio conocimiento—, y formaba incipientemente los conceptos, también rudimentarios pero fundamentales, de familia y, si tenía hermanitos, también de fraternidad.

Para cuando el niño cumplía 5 años, no sólo ya había preconceptualizado las nociones fundamentales de su vida personal y familiar, sino que, como antaño no había para los padres tanta demanda de consumir por consumir y no existían los afanes del tráfico y el atafago de la moderna vida laboral, había recibido gran estabilidad emocional y afectiva: los padres tenían más tiempo para sus hijos, para la vida familiar: aunque no todos aprovechaban esa valiosísima oportunidad, la mayoría disfrutaba compartiendo con sus hijos, y así les infundía la seguridad de su amor, los proveía del hogar, ese nicho, ese refugio desde el cual podían salir a experimentar confiados la aventura de la vida.

Así, pues, estos 5 primeros años de vida marcan ¡y guían! definitivamente las vidas de todos los seres humanos.

 

Lo antinatural

Pero de esta naturalidad en la vida familiar se salió a lo antinatural: aparecieron los jardines infantiles, las guarderías, salacunas y muchas alternativas más para que los papás puedan desentenderse de sus hijos pequeños para irse a trabajar, unas veces por absoluta necesidad y otras porque el mundo moderno, con sus ideas antinaturales, basadas casi exclusivamente en la búsqueda del placer, en el consumismo y en ese querer proyectar una buena imagen a los demás, ha distorsionado la esencia misma del niño, y lo ha relegado a un segundo lugar: para muchos padres primero están el trabajo, el dinero, su “espacio”…

Así comprendida la vida, el bienestar de los hijos se redujo a darles únicamente lo material; y los padres se dieron una tácita consigna: que cuantas más cosas materiales se les dé tanto más suplen su dolor (el de sus hijos y el suyo propio). Pero esta consigna es falsa: es un autoengaño para los padres y fuente de dolor y daños para sus hijos.

Es que con frecuencia no se tiene en cuenta que los niños, en la precariedad en la que se encuentran, no tienen otro recurso, otra “medida” para saber si son amados, que el tiempo que cada uno de sus padres le dedica: “Mi papá tiene tiempo para su trabajo pero no para mí; entonces ama más a su trabajo que a mí.” “No me ama.” Pero apenas perciben esa verdad, apenas la intuyen: la sienten —ni siquiera la entienden, solo la sufren— y, por supuesto, no tienen las herramientas necesarias para darle solución.

Y, como la esencia de la felicidad de un ser humano depende del amor que pueda dar (como se explicó más arriba), esos hijos serán seguramente infelices, aunque recibieran todas las cosas materiales del mundo, pues nadie les habría enseñado a amar realmente. Por más consejos que recibieran, por más conferencias que escucharan, por más libros que leyeran, no aprenderán jamás a amar, cosa que sólo se aprende experimentalmente (con hechos, no con palabras) cuando uno es amado con un amor auténtico, especialmente durante la etapa en la que absorbemos todo como por inercia: en la niñez.

Por lo que se dijo anteriormente, a esa edad no se tienen los medios para solucionar esta tragedia e intenso dolor. Y es una verdadera tragedia, porque daña la esencia misma del ser humano: ¡no aprendió a amar, no sabe amar! que es lo que más lo diferencia de los animales y, por ende, lo que más humano lo hace… He ahí el porqué de la intensidad de su dolor.

Comienza entonces —en unos— un deterioro de su situación afectiva, desarrollando una búsqueda enfermiza del amor y fuertes y continuas psicodependencias y altibajos afectivos y emocionales, con las que menos podrán aprender a amar ni a dejarse amar. Otros se enfrascarán en sí mismos, haciéndose pusilánimes (sin ánimo para emprender grandes empresas) y cobardes o se harán agresivos y violentos…, buscando en todos los casos ocultar su dolor… En fin, empiezan a aparecer los trastornos psicológicos más variados.

 

La tendencia homosexual

Una de las búsquedas angustiosas y enfermizas del amor es la tendencia homosexual.

Antes de explicarla, conviene saber que la homosexualidad no es genética, pues por el sexo cromosómico o genético, sabemos que los hombres homosexuales tienen el cromosoma «Y» en todas las células de su organismo, como cualquier hombre no-homosexual; y que ninguna de las mujeres lesbianas tienen ese cromosoma: son mujeres.

Se puede decir entonces, que el sexo nace antes que nosotros. Somos varones o hembras desde el día de la fecundación y lo somos de manera irreversible: el desarrollo de las hormonas masculinas (testosterona) y femeninas (estrógenos y progesterona) depende precisamente del sexo genético; el funcionamiento del sistema nervioso, los ciclos periódicos y la configuración física de nuestra sexualidad no son otra cosa que resultados naturales del sexo genético.

Quiere decir esto que la homosexualidad no es natural ni tampoco lo es la tendencia homosexual.

 

Cómo se da la tendencia homosexual

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la ausencia de cariño paterno.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil. Este factor, pues, es determinante.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta: Por la carencia afectiva del padre, algunas de ellas desarrollan —sobre todo cuando el papá fue violento con la mamá— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio. De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

 

Conclusión

Ya que el movimiento hacia lo natural se está dando en todo el mundo y en todas las áreas de la vida del ser humano, conviene también que se propicie en el ámbito de la familia: es necesario fomentar lo natural en la familia, lo que siempre se ha llamado paternidad y maternidad responsables: que los padres evalúen si van a tener suficiente TIEMPO (es decir: amor) para darle a su hijo, antes de pensar en concebirlo.

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Sin papá ni mamá… o con muchos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 11, 2016

Con el Proyecto de Ley 56 de 2016 se pretende establecer una cadena productiva de niños de la siguiente manera: se facilita la creación centros de acopio de gametos humanos masculinos (espermatozoides) y femeninos (óvulos), clasificándolos con sus respectivas características y antecedentes; se ofrecen a los consumidores de espermatozoides o de óvulos, con “costos” diferenciales, pues los primeros son abundantes y los segundos, escasos.

fecundacionLos donantes pueden identificarse o ser anónimos. No obstante, a ellos se les confiere el derecho de saber de sus hijos hasta veinte años después de la donación, sin que se les otorguen los derechos propios de paternidad.

Los adquirentes pueden ser parejas de cónyuges o de compañeros que buscan suplir al esterilidad de alguno de ellos, u otros que adquieren tanto el espermatozoide como el óvulo, con las características que escojan tales como color de los ojos, posible inteligencia, etc., etc.

La entidad oferente realiza la fecundación asistida y facilita que los “padres” alquilen el vientre o útero, de una mujer, la que después del parto se los entregará, fijando previamente las condiciones, incluso económicas, de tal proceder.embarazo

Así pues se trata de una cadena productiva completa desde antes de la concepción hasta después del parto de niños. Las empresas que se lucrarían con esta cadena van desde poderosas multinacionales hasta microempresas.

Dicho lo mismo en un lenguaje coloquial y sencillo, yo podría comprar espermatozoides de un hombre genéticamente determinado, el óvulo de una mujer (también con características genéticamente determinadas), alquilar el útero de otra mujer para implantar el allí el embrión, esperar nueve meses y recibir de ella el hijo o hija que voy a adoptar y educar con mi pareja hétero u homosexual.

El negocio —en apariencia filantrópico— establece el tráfico de niños que no sabrán a quién decirle mamá ni a quién llamar papá.

No deja de ser irónico que el proyecto incluya un artículo según el cual ¡el proceso debe realizarse con respeto a la dignidad humana!

 

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¿La voz del pueblo es la voz de Dios?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 7, 2016

Vox populi, vox Dei. Esta sentencia —La voz del pueblo es la voz de Dios—, como muchas, se ha establecido como norma, como ley, como palabra inequívoca, irrefutable…, ¡como pronunciada por el mismísimo Dios!

Pero quizá no la hemos evaluado suficientemente, antes de repetirla.

Ejemplo: Después de un debate en una de las Comisiones del Senado de la República, se decide invitar a algunos expertos para que ilustren a los honorables senadores sobre el tópico que trataban y —¡oh, sorpresa!— la decisión de la mayoría cambia: quienes estaban a punto de votar a favor lo hacen en contra.

¿Qué ocurrió? Simplemente, que cuando fueron instruidos en un tema que desconocían adquirieron herramientas suficientes para tomar responsablemente una decisión. Eran ignorantes. Y así —siendo ignorantes— con frecuencia deciden la suerte de otros muchos.

Otro ejemplo: Hoy, muchas empresas privadas y estatales, en los servicios telefónicos de ayuda al usuario, le piden que al final de la llamada califiquen el servicio que prestó el asesor. Sin embargo, muchas veces los usuarios califican a la empresa, no al asesor y, dependiendo de los comentarios y votaciones de los usuarios, el empleado puede ser despedido.

Un último ejemplo muy generalizado en la actualidad: Las publicaciones en las redes sociales se evalúan de acuerdo al número de visitas recibidas. Ocurre con frecuencia que un video que muestra la importancia de la educación de la juventud con miras a la construcción de un mundo mejor tiene muy pocas visitas, mientras que otro muy superficial, vano y bajo, tanto en contenido (no aporta nada bueno) como en su forma (palabras soeces e imágenes vulgares), a los pocos minutos ya ha tenido millones de visitas.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿El número de votaciones (aprobaciones o desaprobaciones) de algo es indicativo de lo bueno o malo que es? ¿O más bien nos indica el grado de degradación de la sociedad que vota?

Por otra parte, a veces la voz del pueblo es totalmente contraria al bien común (a la voz de Dios): recordemos épocas en las que era totalmente inadmisible el voto de las mujeres o que las personas de raza negra tuvieran derechos…

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la mayoría de los votantes —tanto en las urnas de una democracia como en las redes sociales— no tienen el conocimiento suficiente para tomar una determinación sobre temas de trascendental importancia en la vida de los seres humanos, por lo menos no en todos los temas que tienen que ver con el bien común. Esta es la razón por la que en el primer ejemplo de este artículo, los senadores cambiaron su posición respecto al tema que se dirimía: no lo conocían suficientemente.

Lo grave es que eso ocurre diariamente: la inmensa mayoría de las personas opinan —y votan— sobre un tema sin estudiarlo con profundidad.

Por eso, es completamente equivocado dejar en manos de quienes ignoran un tema las decisiones importantes de la vida de los demás.

Sigamos con los ejemplos: son quienes no saben nada acerca de embriología y genética los que están de acuerdo con el aborto, pues desconocen que ya hay una vida desde la concepción; son quienes nada saben del tamaño del virus del sida ni de estadísticas sobre las conductas riesgosas los que creen que la solución para prevenirlo es el uso del preservativo; son quienes de psicología infantil ignoran casi todo los que abogan por la adopción de niños por parte de parejas de homosexuales; son los que nada han leído sobre sexo cromosómico, gonadal, embrionario, fenotípico o genital, quienes hablan sobre género, en vez de sexo…

No sobra repetirlo una vez más: la voz del pueblo no siempre es la voz de Dios.

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La RU–486: aborto temprano

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 9, 2010

La Food and Drug Administration (FDA) aprobó en el mercado farmacéutico la Mefepristona, píldora abortiva que lleva por nombre comercial RU–486, el cual hace referencia a la compañía fabricante, Roussel Uclaf, y al número del proyecto de investigación, el 38486, con la que se producen la muerte y la expulsión del embrión. Quedó permitido su uso durante las primeras 7 semanas de embarazo.

Esta noticia ha dado la vuelta al mundo, causando gran admiración en el público, especialmente en aquellas personas que desconocen la función de la FDA o en las no instruidas en genética y embriología.

1.- Empecemos por la FDA. Lo que esta institución hace referente a los medicamentos es aprobar su uso, después de algunos exámenes rutinarios.

Pero, al revisar las aprobaciones dadas a muchos medicamentos, puede uno percatarse de que han sido certificados productos quimioterápicos que producen efectos secundarios graves y numerosos, como es el caso de la cortizona o el cloramfenicol: basta ver la larga lista de efectos negativos graves de estos dos medicamentos para deducir que la aprobación de la FDA no es, como algunos creen, una exaltación de las bondades de un medicamento sino simplemente la certificación de que no es letal.

2.- Otro aspecto muy ignorado es la certeza que la genética tiene hoy acerca del comienzo de la vida humana, que se origina con la fecundación. En ese momento, el nuevo ser humano posee en sus cromosomas toda la información que conformará las Embriología

características peculiares de ese ser: los genes guían la construcción del cerebro, determinan el grado de inteligencia, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la forma del rostro, la forma de las huellas digitales, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad…

Esto se lleva a cabo de manera similar a como lo hace un disco compacto, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan en él instrumentos ni partituras. Tan pronto comienza a funcionar, toda la enorme cantidad de información contenida en los genes (veintitrés cromosomas de la madre que se unen al mismo número de cromosomas del padre), la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre, es decir, una vida viviendo dentro de otra.

3.- Por último, hay aspectos embriológicos bastante desconocidos:

Se ha oído, por ejemplo, el latido del corazón de los embriones 17 días después de fecundado. Con técnicas como la ecografía transvaginal se puede observar, 19 días después de la fecundación, la protuberancia que contiene el cerebro, las placas neurales, que son lo más grande de su pequeño cuerpo. Esto nos enseña que lo primero que él forma es su sistema nervioso central.

Un mes después de la fecundación (4 semanas) se ven, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro. Posee ya células sanguíneas y vasos primitivos. A lo largo del tronco se encuentran 25 pares de segmentos de tejidos llamados somitos, de los que se desarrollarán sucesivamente los huesos y los músculos. Cada somito tiene su conjunto de nervios. El sistema nervioso del cerebro comienza a hacerse más complejo, y empieza a formarse el estómago. Durante la quinta semana pueden reconocerse, a cada lado de la cabeza, los rudimentos de los ojos, y se ve que comienza a formarse la nariz. El cerebro es aún más complejo, y ya han comenzado a formarse los pares craneales. Los brazos son más largos que las piernas, las cuales también continúan desarrollándose. En las zonas en que más tarde estarán los huesos comienza a aparecer cartílago. A las 6 semanas se ha formado ya la retina de los ojos y el cristalino casi en su totalidad. Comienza a desarrollarse el pabellón auricular (oreja). Las manos muestran el contorno de los dedos. Se inicia la producción de sangre por parte del hígado. Desde este momento, los ginecólogos ven al embrión efectuando movimientos.

Todo esto se habrá truncado si se practica el aborto con la RU­­–486.

  

 

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El mapa genético: ¿euforia o prudencia?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 9, 2009

 

Los beneficios del proyecto genoma humano, es decir, del conocimiento del patrimonio genético del ser humano saltan a la vista:

  1. La identificación de genes patógenos, esto es, determinar qué genes son responsables o inducen a las enfermedades hereditarias, y proceder después a su tratamiento, la geneterapia.
  2. El establecimiento de un archivo internacional de todas las bases nitrogenadas que componen y representan el genoma humano (el mapa).
  3. La tipificación de algunos sujetos para:
    1. Uso criminológico
    2. Investigar la paternidad
    3. Conocer las predisposiciones a enfermedades en ambientes particulares.

Pero también es importante describir los riesgos y los problemas éticos:

  1. La posibilidad de utilizar el diagnóstico prenatal con fines eugenésicos: analizar el feto —o el embrión, inclusive— para determinar su eliminación, es decir, matar a los seres humanos que vengan defectuosos, en vez de trabajar por encontrar la mejor terapia para el feto y una mejor acogida del mismo. Podrían ser:
    1. Malformaciones
    2. Anomalías
    3. Enfermedades actuales o posteriores
    4. El establecimiento de bancos de datos, no para finalidades científicas o para uso de los tribunales, sino accesibles a los particulares, por ejemplo:
      1. Industrias
      2. Compañías de seguros
      3. La discriminación en los puestos de trabajo, mediante monitoreo genético.
      4. El riesgo de que estos datos caigan en manos inescrupulosas que pretendan el establecimiento de una raza superior y, por lo tanto, la eliminación de las demás.

En fin, son muchos los peligros que entraña semejante adelanto científico, como también deben ser muchos los fundamentos éticos que los deben acompañar.

   

 

 

 

 

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‘Hallan el gen de la infidelidad’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 7, 2009

Con este título se han publicado en Internet y en periódicos, varios artículos, basados en un estudio hecho recientemente en Estocolmo, Suecia, con los que la opinión pública, ajena a la metodología científica, deduce de inmediato, que los adúlteros solamente siguen un patrón genético del que no pueden escapar.

Así queda patente, ante el mundo entero, que la infidelidad no es ningún pecado y que erraron todos los que se atrevieron a “juzgar” a los adúlteros.

Los científicos sabemos que muchos estudios adolecen de fallas, entre otras, sostener una supuesta verdad con base solamente en las estadísticas, sin evaluar las variables que pudieron incidir en los resultados y producir resultados falsos. En palabras sencillas, si en la investigación hecha en Estocolmo no se evaluó la incidencia de la educación de los individuos estudiados, ni sus costumbres y el medio ambiente en el que se mueven (entre otras cosas, algo casi imposible de determinar) y otros factores más, los resultados pueden ser erróneos.

Pero lo más grave es confundir, como lo hacen los medios de comunicación, lo que concluyen los resultados de las investigaciones: no es lo mismo afirmar que el factor genético puede predisponer, puede hacer tender, puede inducir, que decir: “Hallan el gen de la infidelidad”. Porque, desde el punto de vista científico, es totalmente infundado afirmar que un gen (o varios de ellos) determinen la conducta de un individuo o, peor aún, que hagan perder la libertad, el libre albedrío.

Pero ahora resulta que la ciencia malinterpretada por los medios de comunicación descubre al mundo el gen de la infidelidad. Y si se permite este desafuero, seguirán afirmando que existe el gen de los homosexuales, descubrirán después el gen de los asesinos, de los violadores, de los secuestradores… Y tendremos que abolir las cárceles, las multas, los abogados…, porque, ¿qué culpa tienen los que cargan un gen así? Y llegaremos a una hecatombe.

Y si aplicamos el mismo criterio al ámbito de las relaciones personales, familiares, sociales, nacionales e internacionales, ¿cuándo habría que pedirse perdón?, ¿por qué razones habría de pedirse perdón? Es más: ¿“descubrirán” también el gen del perdón?

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La actividad homosexual y su significado actual (en inglés)*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 25, 2009

Un estudio sobre el problema de la actividad homosexual y su significado actual

 

Jerry Bergman, Ph.D., Biología

 

What changed the view about homosexuality to the degree that in some countries homosexuals now receive special protection under civil rights acts and those who object to homosexual behavior are labelled psychologically maladjusted, namely homophobes? The present approach used to understand and help homosexuals adjust to a heterosexual life has obviously not been very fruitful; most studies show a very low ‘cure’ rate.7,8

 

The creationist viewpoint would also conclude that homosexuality is not due to normal biological factors that differentiate them from heterosexuals. The naturally-designed sexual orientation is heterosexual, and any deviation from this must be due to an aberration in either biological or psychological development. Importantly, this view can provide prevention advice and guidelines for child care so as to facilitate sexual adjustment. In fact, the common belief that one is ‘either a heterosexual or a homosexual’ and that physical or other clear reasons for this difference usually exist is not supported by research.9,10 The empirical research evidence indicates that for most people the sexual drive exists in a diffuse state in the early stages, solidifying only much later. Sexual development occurs primarily between the second year of life and the onset of puberty. During the first few years it is rather undefined and can develop through learning so that it can be stimulated, or at least influenced, by a wide variety of objects, although at first the primary stimulus is tactile stimulation of the genital area.11

 

Thus children’s sexual development is highly influenced by early experiences in a process similar to imprinting.12 This system enables a person to become sexually attracted to their own race, national group or culture.13 Thus, Chinese men generally find Chinese women most erotic. Black men relate to black women in the same way, etc. This is not to say that people cannot find those in other groups attractive, but that the preference tends to be towards one’s own national and cultural group. Because the original sexual drive is diffuse, it can thus be conditioned in many different directions.14

 

For this reason, a variety of experiences, many of which have little to do with the person himself or herself, can cause one to become a homosexual, depending on the degree that one’s early diffuse sex drive is conditioned toward persons of the same sex and away from persons of the opposite sex. Holmes noted that

 

‘In many women, particularly, sexual attraction tends to follow on the heels of strong emotional attachments with partners of either sex.’15

 

Thus this gradual process can occur if the proper conditions —which are extremely diverse, and not yet fully delineated by research— exist. We are all susceptible to homosexual conditioning, at least until our sex drive becomes fairly solidified.16 The longer an orientation is rewarded and successfully persists, the more difficult it is to change. In addition, if one fully believes that homosexuality is ‘part of me, the way I am’, similar to one’s having black hair, change is obviously going to be more difficult. If one has concluded that most homosexuality is learned or acquired due to pathological biological factors because of a specific set of abnormal circumstances which influence development, as creationist psychology theory would predict, the person will recognize that the homosexual can change, even though it may be difficult.17

 

The evolution explanation

 

In contrast, the Darwinian view explains the sexual drive and all behavior as solely a product of survival of the fittest selection. That is, organisms with a strong heterosexually oriented drive produce more of their kind, and are more successful, and those lacking it produce fewer offspring and are, therefore, more likely to become extinct.18 Evolution teaches that the source of sex is ‘biological … written by natural selection’.19 Since nature would consistently select those organisms with stronger heterosexual drives, it would become stronger and stronger until it would eventually become the all-encompassing human drive, more important than food and other life preservation needs. Evolution would not select for length of life beyond childbearing years, but primarily for the number of offspring that an individual was able to produce.20,21

 

Reproduction rates are not just of major importance in evolution, but are critical because high rates provide the numbers for evolution to select from —and a greater sample size means greater chances exist that more ‘fitter species’ will occur. Homosexuality would obviously usually not produce higher levels of reproduction than heterosexuality— evolutionary selection would consistently work in the opposite direction, selecting for heterosexuality and any biological factors positively influencing homosexual feelings would rapidly be selected out. Homosexuality is thus not easy to explain from this world view. Heterosexuality is so critical for evolution that Fox stated:

 

‘During the course of my own [research] pursuit, Darwin loomed larger and larger He provided the major idea within which all else fits: There is ultimately only one life process–natural selection. This truth, once grasped, changes the world for an observer, as it changed it for Marx for example. But Darwin supplies a secondary theory that of sexual selection, which is the way natural selection connects with the issues that concerned Freud: incest and aggression. Sexual selection has two sides: the competition between members of one sex (usually male) for mates from the other, and the choice exercised by the other (usually female) in picking mates from the competitors. Through this process, genes are differentially distributed in populations, and this can lead to significant evolutionary changes.22

 

Nonetheless, evolution theory would not necessarily view homosexuality as ‘abnormal’ or ‘unnatural’, only a less successful mode of reproductive behavior. To evolution, nothing is ‘normal’ in the sense of moral or appropriate compared to some universal standard or value. The only ultimate value in evolution is the degree to which a trait produces either a selection advantage or disadvantage. Aside from this, they say heterosexuality is not better, or more or less normal or desirable than homosexuality, especially if they both satisfy many of the same needs such as companionship, association, security, and sexual satisfaction. To a consistent evolutionist it thus makes no difference whether these needs are satisfied within a homosexual or heterosexual relationship. Homosexuality today actually could be viewed as more desirable from a secular standpoint because it could reduce population problems:

 

‘Whether the result of deprivation or a natural tendency for the organism, homosexuality also serves evolutionary processes by acting as a form of population control … as more gay families emerge fewer children will be born … A homosexual solution to overpopulation, however, will not simply happen by itself… If homosexuality is to have a limiting effect on population growth, we must remove the stigma surrounding gay relationships. For it is this very shame that encourages so many gays to contract heterosexual relationships and have children as a means of coping with or covering up personal deviance. Facilitating greater acceptance will not only provide peace of mind to gay people but will also benefit heterosexuals and indeed the entire world by providing a humane method of controlling overpopulation.’23

 

Emanating from the pure evolutionary approach would also be the assumption that no behavior is ‘right or wrong’, ‘good or bad’, and any behavior that results in pleasure (and does not hurt anyone, most would add) is fully proper. Life has no purpose, at least no long-term purpose, aside from what we give it, nor does our behavior. Consequently judgments cannot be made, except in terms of survival or reproductive advantage.24 The sexual organs are the way they are solely because they supposedly evolved that way as a result of selection, time and chance; not because they were created for a specific purpose. Thus, no ‘wrong’ way to use them. Painful or dysfunctional ways but not ‘wrong’ ways. Further, if a selective advantage can be envisaged for homosexuality, it could be argued it is ‘normal’ in the sense that nature selected for it:

 

‘There is, I wish to suggest, a strong possibility that homosexuality is normal in a biological sense, that it is a distinctive beneficent behavior that evolved as an important element of early human social organization. Homosexuals may be the genetic carriers of some mankind’s rare altruistic impulses.’25

 

On the selective advantage of homosexual behavior, a model called kin selection, Wilson speculates:

 

‘How can genes predisposing their carriers towards homosexuality spread through the population if homosexuals have no children? One answer is that their close relatives could have had more children as a result of their presence. The homosexual members of primitive societies could have helped members of the same sex, either while hunting and gathering or in more domestic occupations at the dwelling sites. Freed from the special obligations of parental duties, they would have been in a position to operate with special efficiency in assisting close relatives.’26

 

This ad hoc explanation, though, has little if any support from contemporary research, and much evidence against it. The major problem is that little evidence exists for any view except that homosexual behavior was anything but rare or unknown in ‘primitive’ societies. Ruse concludes that all ‘evolutionary explanations’ models of homosexuality are inadequate and problematic, including theories of kin selection, superior heterozygote fitness, parental manipulation, and homosexuality as a maladaptive side of intensive natural selection for superior adaptive male heterosexual behavior, selected because the maladaptive behavior comes along with the adaptive.27

 

Do ‘homosexuals’ exist?

 

In my decade of working at various psychology clinics, I have queried all of my ‘homosexual’ clients as to whether they were erotically attracted to the opposite sex. All of them said that they were, and most all said that they liked women as friends. I have always found it intriguing that virtually all of them did not fit the common definition of homosexual —a person sexually attracted to their own instead of the opposite sex— but all were to some degree bisexual. Many were once married and most had sexual encounters with the opposite sex. Furthermore, Masters’ and Johnson’s scientific studies of persons labelled homosexual and lesbian have found that both groups consistently listed heterosexual encounters as highly erotic, actually at the top of a list of their erotic fantasies. In one study both male and female homosexuals listed a ‘heterosexual encounter’ as their third most common sexual fantasy!28 This finding also supports the conclusion that most of those persons labelled gay are, at best, in varying degrees bisexual, especially in view of the fact that many also have heterosexual relations, and many were once married and had families. In the words of Byne:

 

‘To understand how biological factors influence sexual orientation, one must first define orientation. Many researchers, most conspicuously Simon LeVay, treat it as a sexually dimorphic trait: men are generally ‘programmed’ for attraction to women, and women are generally programmed for attraction to men … The validity of this ‘intersex’ expectation is questionable … sexual orientation is not dimorphic; it has many forms. The conscious and unconscious motivations associated with sexual attraction are diverse even among people of the same sex and orientation. Myriad experiences (and subjective interpretations of those experiences) could interact to lead different people to the same relative degree of sexual attraction to men or to women. Different people could be sexually attracted to men for different reasons; for example, there is no a priori reason that everyone attracted to men should share some particular brain structure.’29

 

Given this, the often unstated but common inference that ‘gays’ in general are attracted to the same sex with the same power that heterosexuals are attracted to the opposite sex —also sexually repelled to the opposite sex as heterosexuals are to the same sex— is not justified. The labelling process dichotomizes, distorts, and should be rejected by both sides. Studies of homosexuals and heterosexuals have found that the two groups are similar on most traits because most ‘gay’ persons are to some degree heterosexual. The contrast is the label, and this is what has an enormous influence on one’s self-identity, which is a major influence in causing homosexual behavior.

 

‘All of us have a wide range of erotic feelings. Societies define some of these as sexual and regulate the degree and the ways in which we are permitted to develop and express them. Homosexual behaviors probably have existed in all societies, but our current perception of homosexuality has its roots in the late nineteenth century. That is when people began to consider certain sexual behaviors to be the identifying characteristic of those who practiced them. Homosexuality stopped being what people did and became who they were. As Michael Foucault writes in his History of Sexuality, until that time “the sodomite had been a temporary aberration; the homosexual was now a species”.’30

 

The research generalization that exclusively homosexual persons who have no attraction for, and are sexually repulsed by, the opposite sex do not exist, but rather homosexual behavior exists, is supported by other evidence. Studies of adolescents find that many young persons —22% according to one study— involve themselves in homosexual behavior, especially in early adolescence.31 Further, a large number of prison inmates and males become involved in the so-called tea room trade.32 None of these persons, though, would define themselves as ‘gay’.33,34

 

Freud concluded that homosexuality was a stage that most boys grew out of, and that adults who involved themselves in homosexual behavior simply had never matured beyond this developmental stage. This position, interestingly, has been the dominant view in the West. Greenberg concluded from his historical study that the category ‘homosexual’ is a late nineteenth century invention?35 Prior to that time, people did not refer to ‘homosexuals’ as a class of people. There were simply men who did different sexual things, including engaging in homogenital acts. They were viewed —in different cultures and to varying degrees— with puzzlement, tolerance, or often strong disapproval.

 

The level of the population that is exclusively homosexual has traditionally been placed at 10% , partly as a result of the 1940s Kinsey studies. Numerous new empirical studies in the United States, Canada, Denmark, Norway, Britain and other countries reveal the rate is less than 3% and as little as below 1%.36,37 That the number varies from 0.9% of males in Norway to 2.8% found by the national opinion research center at the University of Chicago for the United States of America, indicates that cultural factors are likely very influential. Further, according to a Minnesota adolescent health survey, only 0.6% of the boys and 0.2% of the girls surveyed identified themselves as ‘most of 100% homosexual’, 0.7% males and 0.8% females as bisexual, and 10.1% of the males and 11.3% of the females were ‘unsure’. This indicates that many individuals do not have a firm sexual orientation as an adolescent, and reveals the importance of social and sexual experiences in development.38

 

Although many factors are involved, it is my experience that a person is not a prisoner to his or her sexuality and to a large degree chooses a homosexual lifestyle. The unfortunate factor in this debate is that it is very difficult to reason about this topic with those who advocate that a ‘sexual orientation’ called ‘homosexual’ exists. They simply reject, ignore or distort the enormous amount of empirical data against their position. A clear need exists to understand the reasons why people adopt this lifestyle, and the difficulties of doing so in our, or any, society.

 

Much of the speculation that abounds, such as that the Apostle Paul was a ‘homosexual’, involve incredibly shallow reasoning. According to the scriptural record, it is fairly clear that during his ministry Paul was either widowed, divorced or separated, a conclusion which is arrived at from several lines of evidence.39,40 Conditioning as a factor which influences sexual orientation explains quite well not only why many people are homosexuals, but it also explains the behavior of those whose major erotic focus is on statues, young boys, corpses, or excretion. The ‘rights’ of these individuals are in many places coded into laws which state that one cannot discriminate on the basis of ‘sexual orientation’. This would certainly include the sexual orientations listed above, although the law is often arbitrarily interpreted to mean only homosexuality.

 

Further, from a creationist standpoint, it is not only homosexual behavior that is objectionable, but also much of the sexual behavior that is common among homosexuals. Bell et al. found that 43% of white male homosexuals reported having sex with more than 500 partners, and a whopping 28% with over 1,000 partners.41 Also, the sexual practices that homosexuals engage in (a major one is labelled sodomy, from the scriptural example of Sodom and Gomorrah) are generally regarded as unacceptable in Christian society even for heterosexuals.

 

From a medical standpoint, they are fraught with health dangers, including infections, bleeding and disease transmission problems. While promiscuity among heterosexuals also carries many dangers, they are generally far less than sodomy, and infections from sexual relations are actually relatively rare in monogamous couples who practice appropriate hygiene. A major reason this is true is that numerous genital secretions produce high levels of germicides which minimize enormously the chances of infection from heterosexual relations. On the other hand, no such secretions are produced for sodomy relations, which would be expected if heterosexual behavior were designed and sodomy were not. Consequently, studies reveal that homosexual behavior produces a rate of venereal disease 22 times higher than the national average. The major anatomical problems with sodomy (for example, tearing of mucosa) are generally not a problem in heterosexual relationships. Thus, the evidence revealed from medical research supports the creationists’ design interpretation.

 

The biology of sexual differentiation

 

The first step in sexual differentiation occurs at the moment of fertilization when future females usually inherit an XX, and males an XY, chromosome constitution. Among the first differentiations to occur is the development of the müllerian duct system in the females, and the wolffian duct system in males. During the first month of development the embryo is sexually ambiguous, and the specific developmental route the embryo takes depends upon the presence of a gene set usually found on the Y chromosome. This gene set causes development of a male and blocks the development of a female partly by controlling the levels of testosterone and dihydroxytestosterone (DHT) secretion. Female development requires the absence of sufficient levels of these hormones.

 

Specifically, a gene called the testis-determining factor (TDS) found on a region of the short arm of the Y chromosome is believed to play a major role in beginning the ‘developmental cascade of gene action that begins testes development’.42 Testosterone is the primary hormone that produces males, but also secreted in males is the müllerian inhibiting hormone, which both inhibits further development of the female duct structures and initiates the müllerian duct degeneration. Conversely, the lack of testosterone in females causes the wolffian duct system to degenerate and allows the müllerian duct system to develop, forming fallopian tubes, parts of the vagina and the uterus.

 

If the testis-determining factor gene is on the X-chromosome, then an XX male results; and if lacking on the Y chromosome, an XY female with androgen insensitivity can result. As a result of these abnormalities, many cases exist of individuals who were raised as females and externally appear to be females, although their chromosomal set indicates that they should be males. The International Olympic Committee instituted a testing program that began with the 1968 Olympics to determine sex by evaluating the sex chromatin, specifically the bar body on epithelial cells recovered in a sample taken from the inner lining of the mouth cavity. Genetic females would, according to the test, show a single bar body, and genetic males would lack such. A study of this test found that:

 

‘there is no evidence that it has led to the exclusion of any males attempting to compete as females. … An analysis of the results of testing on over 6,000 female athletes led to the estimate that 1 in 500 female athletes have had to withdraw from competition because of the sex tests.’43

 

Further, sexual differentiation, although it can cause two divergent developmental pathways, does not always result in one of two distinct pathways leading to a clear male-female dichotomy, various pathological factors can produce many alternate pathways ‘producing intermediate outcomes in gonadal sex and in sexual phenotypes’.44 Developmental problems can occur either in the early or later stages. For example, in males, testosterone is converted into dihydroxytestosterone, which in turn directs the development of external male genitalia, including the penis from the genital folds and tubercle, and the scrotum from the labioscrotal swelling.

 

Although the origin of sexual development is caused by the X and Y chromosome, they interact with the autosomes which are also involved in sexual differentiation. The most famous example of a developmental disorder is the true hermaphrodite. These persons possess both ovaries and testes and the associated duct systems. They are typically sex chromosome mosaics, some of their body cells being XX, others XY or XXY. In other cases, hermaphrodites have only XY cells.

 

Another category called pseudohermaphrodites have only one type of gonad and ambiguous genitalia. They may have an XY chromosome constitution and an autosomal recessive gene which prevents the conversion of testosterone to DHT. Therefore, their external genitalia do not develop, but their internal male duct system and internal organs are usually properly formed. Although males, their genitalia are essentially female, the scrotum resembles labia, a blind vaginal pouch is typically present, and the penis resembles a clitoris. Pseudohermaphrodites are typically raised as females. Their most severe problems occur at puberty when masculinization often occurs, the testes descend into a developing scrotum, the phallus develops into a functional penis, beard growth occurs, the voice deepens, and muscle mass increases occur as in normal males.45,46 In some cases, the problem is caused by a piece of the Y chromosome which is attached to one of the two X chromosomes. The obvious trauma of a female developing into a male at puberty has motivated the establishment of programs to recognize the condition by careful examination of the genitals of affected populations in infancy.

 

Other developmental abnormalities include sex chromosome aneuploidies, most of which are due to non-disjunction of the sex chromosomes. If this occurs during oogenesis, the egg may have either two X chromosomes or no X chromosomes; if during spermatogenesis, sperm is produced with either no X chromosome, both an X and a Y chromosome, two X chromosomes, or two Y chromosomes.47 The result is a variety of chromosomal abnormalities in the offspring which include Turner’s syndrome, a monosomy of the X chromosome (XO). The XO constitution lacks the male chromosome, consequently they develop more female than male traits. It is more accurate to describe them as largely sexually undifferentiated, but phenotypically resembling females more than males. Turner females tend to be short, have thick necks and lack most secondary sexual characteristics. They do not undergo puberty, menstruate or experience breast development.

 

The XXY condition is called Klinefelter’s syndrome, and occurs when an egg with two X chromosomes is fertilized by Y-bearing sperm. The resultant males have underdeveloped testes, yet develop female breasts, an abnormality which is usually not apparent until puberty. Another non-disjunction abnormality is XYY males who are usually taller than average, often having barely normal intelligence, and suffer from persistent acne. Much controversy about this condition resulted from the now disproved claim that these persons were very likely to be criminally aggressive. Further research has found that this relationship is far too tenuous to make valid generalizations.

 

A third major condition in this category is called the metafemale, which results from having three X chromosomes, caused when an X-bearing sperm fertilizes an egg having two X chromosomes. Contrary to what the term metafemale implies, XXX females often have no major physical abnormalities other than early onset of menopause, menstrual irregularities, and a tendency towards learning disabilities.

 

In spite of these genetic problems, and although many of the individuals with the chromosomal disjunction abnormalities listed above are often regarded as different and never marry, they live what appear to be normal lives as males or females. Many take the role of one sex, and largely identify with this sex, attempting to achieve normal heterosexual relationships. Some persons labelled homosexuals, though, do come from the ranks of these abnormalities. Nonetheless, they are abnormalities which reveal deviation from the normal created condition, supporting the creation/Fall hypothesis.

 

The biological influences

 

The claim is often made that those who involve themselves in homosexual behavior cannot help the way that they are, and are biologically attracted to the same sex, not the opposite sex. Further,

 

‘… many people seem to believe that homosexuality would be more accepted if it were shown to be inborn. Randy Shilts, a gay journalist, has said that a biological explanation “would reduce being gay to something like being left-handed, which is in fact all that it is. … Questions about the origins of homosexuality would be of little interest if it were not a stigmatized behavior. We do not ask comparable questions about “normal” sexual preferences. … Still, many gay people welcome biological explanations and, in recent years, much of the search for biological components in homosexuality has been carried out by gay researchers.’48

 

Despite claims, no gene causing homosexuality has yet been shown to unambiguously exist, nor has any clear evidence of a biological basis yet been located.49 In the words of LeVay:

 

‘Although efforts have been made to establish the biological basis of sexual orientation, for example, by the application of cytogenetic, endocrinological, or neuroanatomical methods, these efforts have largely failed to establish any consistent differences between homosexual and heterosexual individuals.’50

 

Of the many scores of studies that have searched for biological factors which could cause homosexuality, the only ones so far located that indicate a possible biological cause are abnormal hypothalamus development and hormonal imbalance.51,52,53,54,55

 

Research by Simon LeVay, a neuroscientist at the Salk Institute for Biological Studies in San Diego, found that the area in the hypothalamus which influences sexuality, the interstitial nuclei of the anterior hypothalamus (INAH), was more than twice as large in heterosexual as in homosexual men, and these brain cells were completely absent in one of the gay males. The volume of this area in the gay men in his sample was very similar to the heterosexual women in his study. In short, this study concluded the INAH of gay men were closer in structure and size to those of women than of heterosexual men. The results were obtained by analyzing brain tissue from 41 cadavers, specifically 16 presumed heterosexual males, six presumed heterosexual females, and 19 presumed homosexual males. LeVay ruled out disease which occurred in later life as a confounding factor, a concern because many of the men in his sample died of AIDS. Further, the results are still tenuous, because measuring this brain structure is extremely difficult (the areas scrutinized were smaller than snowflakes) and its function is not entirely clear, nor are the techniques used to determine the viability of his methods, some researchers use volume as LeVay did, others use the number of neurons.

 

Indications that this part of the hypothalamus influences heterosexuality also come from experiments on male primates which found those with certain hypothalamus lesions lost interest in females, even though their sex drives remained normal. Thus, while biological pathology may help explain some homosexual behavior, it is by no means clear that it alone completely explains homosexuality. Hypothalamus deficiencies may influence homosexual behavior, but homosexual behavior could also cause hypothalamus changes, a relationship which needs to be determined before any firm conclusions on causality can be made.56 Clearly, neurons change in response to mental activity, but whether this occurs in this situation is not yet known. Further, a third factor may influence both homosexual behavior and the neuron differences observed. One hypothesis is that exposures to abnormal levels of testosterone in utero may explain much or all of the hypothalamus differences observed.

 

The research by LeVay is a pioneering study which at best indicates that further research is needed. Unfortunately, the mass media often reported this study as if it has proved beyond a doubt that homosexuality is biologically determined.57 LeVay, who accepts the gay label, has expressed definite motivations in doing his research. If LeVay’s research is valid, it indicates that homosexuality is caused by a biological pathology, since he found that the INAH 2 and 3 (the preoptic nuclei) was much smaller in homosexual compared to normal heterosexual males, indicating it is caused by disease, hormone imbalance or some other abnormality. If it is caused by pathological conditions, it is not normal.

 

A biological pathology theory that relates to developmental influences may explain the abnormal INAH 2 and 3, and supports the conclusion that homosexuality could be biological in some cases. Research points in the direction that this pathology relates to:

 

‘… the concentration of the hormone testosterone in the bloodstream of the developing fetus influences the sexual orientation and sex-typical behavior of the resulting adult. This hormone is produced mainly by Leydig cells which differentiate in the testes of the male embryos. In addition to testes in males, any fetus has two other sources of testosterone, its adrenal gland and the adrenal gland of its mother. In the brain, testosterone is metabolized to another hormone, estradiol, which during the fourth and fifth months of gestation stimulates the proliferation of nerve cells in the preoptic nucleus of the hypothalamus. As a result of this precisely timed estradiol exposure, there are twice as many nerve cell bodies in the preoptic nuclei [the INAH 2 and 3] of typical men compared to typical women. By a means yet to be discovered, individuals with these enlarged preoptic areas, including most men, tend to prefer women sex partners.

 

Thus, sexual orientation somehow derives from the prenatal concentration of testosterone, lowering it in a fetal male affects his preoptic nucleus and later, when he matures, his sexual orientation. In a similar fashion, a little later in prenatal development, estradiol affects at least two other areas of the hypothalamus: the anterior nucleus, which organizes sex-typical behavior and the ventromedial nucleus, which is blocked by the higher levels of estradiol in typical males but at lower levels (e.g., in typical females or some male homosexuals) organizes the timing of the “ovulatory” cycle. At least in these three areas of the hypothalamus the brains of typical men and typical women are different.’58

 

Ellis and Ames concluded from a study of 283 women that sexual orientation of human offspring ‘may be altered by severe maternal stress during pregnancy’.59 Dorner also found that stress during pregnancy was a major factor present in the mothers of homosexuals, but far less so in mothers of heterosexuals.60 Another study by Hamer and his colleagues found a region near the tip of the long arm of the X-chromosome known as Xq28 which they speculated may contain a genetic influence affecting homosexuality. The gene itself ‘has not yet been isolated’, and represents ‘less than 0.2 percent of the total human genome’ or about several hundred genes.61 This finding is far more problematic than the above biological factors because:

 

‘Thirty-three of 40 pairs of gay brothers the researchers studied inherited the same version of this chromosome region, significantly more than the 20 pairs (half) expected by chance … [but the researchers] warned against making too much of their results, however “We have never thought that finding a genetic link makes sexual orientation a simple genetic trait like eye colour. It’s much more complex than that.” … seven of the original 40 pairs of brothers did not share the same version of this critical region, for example. And other studies have shown that even the identical twin of a gay man has only a 50 per cent chance of being gay himself. So Hamer’s gene, whatever it turns out to be, is neither necessary nor sufficient to determine homosexual orientation.’62

 

In a summary of the biological research, Byne concluded ‘what evidence exists thus far of innate biological traits underlying homosexuality is flawed’.63 [Ed. note: in 1999, four years after Dr Bergman’s paper was published in the CENTJ, he was further vindicated by a Science69 paper casting more doubt upon the existence of a ‘gay gene’ at Xq28].

 

Even if a biological factor exists for some persons, it is another question altogether as to whether homosexual behaviour is desirable or even acceptable. Change is admittedly difficult, but the level of success in treating other sexual disorders such as pedophilia is also extremely low. The latter individuals also claim that they have strong attractions for young children, and have minimal or no attraction to adults of the opposite sex. Some indications also exist that pedophilia may be biologically influenced. This alone would not argue that laws against pedophilia behaviour should be rescinded, or that this behaviour is a normal, acceptable sexual preference. If it were shown that many behaviors now classified as abnormal, including sadomasochism, various fetishes, coprophilia, necrophilia, etc., are likewise influenced by biological factors, this may help us to understand persons who indulge in these practices, but it would likely carry little weight in convincing society to embrace these behavioural forms as normal or desirable.

 

In the cases where homosexual behaviour is precipitated by developmental abnormalities, the focus should be on understanding the abnormality and developing ways of, ideally, treating or preventing it. The homosexual movement vigorously opposes this response, producing the almost unparalleled situation in which, assuming the biological factors are confirmed, a clear pathology or abnormality is defended as desirable, and efforts to correct this resisted. Woolpy concluded the appropriate approach is to identify the factors which may precipitate homosexual behaviour, and:

 

‘Obstetricians could prescribe more extreme safeguards against stress during pregnancy. Legislators could criminalize the use of all drugs with testosterone effects (including alcohol) during pregnancy. Biotechnologists could search for ways to stabilize testosterone levels during pregnancy. Religious traditionalists could acknowledge the physiological predisposition of homosexuals and still recommend celibacy.’64

 

Psychological/sociological factors

 

An enormous amount of research has been completed on the influence on homosexuality of such factors as passive fathers, domineering mothers, marital relationship abnormalities, closeness and similarity of siblings, relationships with peers, adolescent sexual experiences, feminine interests in males and masculine interests in females while growing up, and numerous other factors. So far, a consistent pattern has not been determined. Likely numerous factors exist which influence homosexual development, any one of which is often not critical. Suffice to say that all of the factors that have been proposed and have been to some degree documented as influential are regarded in Western society as pathological, that is, a domineering, overbearing mother and a weak, passive, ineffective father.

 

Regardless of the validity of these studies, they all point to pathology in interpersonal relationships as an important or influencing factor in the development of homosexual behavioural tendencies. No one has noted that loving siblings and parental relationships in which the power is equitably shared causes homosexuality, although some have noted that this environment will not necessarily preclude a child from developing homosexual tendencies. This again supports the creationists’ interpretation of homosexuality, that is, that it is a result of pathological factors or behaviour styles that are generally regarded as abnormal or definitely far from ideal.

 

Disease and homosexuality

 

A major problem relative to homosexuality is that many venereal and other diseases are far more a problem with homosexual behaviour than heterosexual. For non-promiscuous couples who take proper cleanliness measures, the transmission of disease among heterosexuals is extremely rare, and then usually almost always due to lack of hygiene. During homosexual behaviour, sperm can penetrate the partner’s colon wall. When inside the body, the sperm adversely effects the immune system, resulting in the person being more vulnerable to disease. This is especially a problem, in that homosexual practices commonly transmit many diseases which are uncommon among heterosexuals. For example, homosexuals as a group are far more apt to have rare bowel diseases, which are generally lumped together under the designation ‘gay bowel syndrome’. One study indicated that one half of homosexuals eventually contract the colon disease parasitic amebiasis, while rectal gonorrhea and infectious hepatitis A are far higher among the homosexual population. Fox, in response to this concern, noted:

 

‘First, the colon and rectum are made for the elimination of fecal matter and not for sexual experience. Fecal matter is eliminated because it is indigestible and contains disease-causing materials. With sexual penetration, the rectal muscles are often torn or over-expanded, and the fragile lining of the colon is almost always torn. The tearing of the colon allows fecal matter to penetrate into the body, bringing with it infectious disease.’65

 

Many homosexuals frequent medical doctors who specialize in treating homosexuals in order to best deal with their special health concerns. While these doctors may not advertise themselves as such in the telephone book, the homosexual social network as well as the homosexual press is a common source patients use to contact these specialized physicians. Estimates of the infectious disease rate among homosexuals is about ten times higher than that of the general population, not only venereal diseases, but also hepatitis B and others. Other common diseases include urethritis, viral herpes, pediculosis infestation and others.66 Of course, it is not only the type of behaviour that they indulge in which puts them at a much higher risk, but also their high level of promiscuity, one survey indicated that homosexual males have an average of over 50 sexual partners in their lifetime.67 Another study found that 28% had more than 1,000 partners, 15% had 500 to 1,000, 32% from 100 to 500, and only 25% had less than 100 partners in their lifetime. While surveys in this area vary, depending upon the sampling population, sample size and specific questions asked, all reveal that an enormous amount of promiscuity is a normal part of the gay lifestyle. The writer’s personal interviews, although a small sample, nonetheless provide good reason to believe that these survey results are reasonably accurate. The level of the problem can be debated, but there is no question that the problem is serious, with AIDS being the most publicized example.

 

Summary

 

Homosexuality involves a wide range of behaviour with complex causes, including biological, social, environmental, psychological and moral. Whether a person adopts a homosexual lifestyle depends on the total interaction of these factors. The major cause could be hormonal in one person, social in another and moral in yet others. The concatenation of factors is so important that, as one summary of this issue noted, even when

 

‘… some researcher finds the gene in question and a prenatal genetic test for the gene becomes possible, such a test will offer little more than a hint about the future sexual orientation of the fetus. “There will never be a test that will say for certain whether a child will be gay. We know that for certain.”…’ 68

 

The extant empirical research supports the creationists’ hypothesis, concluding that homosexuality is due either to environmental, social or physiological pathology. The research which indicates biological factors are involved in homosexuality does not conclude that biology is destiny, only that certain abnormal factors, both genetic and environmental, influence the development of the eventual sexual response. That these are abnormal supports the conclusion that there is an original naturally designed  sexual response which fulfills the goal to reproduce, multiply and bond, and that other sexual responses are not designed, but are the result of pathological factors.

 

In order to respond appropriately to homosexual behaviour, the causes must be understood. The response to this behaviour would then vary according to the factors involved. An understanding of this would help deal with both the environmental and biological pathology factors. Awareness of the environmental factors would influence child-rearing practices and social policy, and awareness of the biological factors would influence development of pharmacological or medical treatments, as well as a more compassionate understanding of the factors involved.

 

References

     (Contiene todas las referencias propias del texto extractado)

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Rice, G., Anderson, C., Risch, N. and Ebers, G., Male homosexuality: Absence of linkage to microsatellite markers at Xq28, Science 284(5414):665-667, 1999; Perspective by Wickelgren, I., Discovery of ‘gay gene’ questioned, same issue, p. 517.

 

 

El doctor Jerry Bergman tiene siete títulos universitarios, a saber:

  • Ph.D. en Biología Humana de Columbia Pacific University
  • Ph.D. en Investigación y Evaluación de Wayne State University
  • Ph.D. en Biología Molecular, Northwest College
  • M.S. en Psicología de Wayne State University
  • M.A. en Sociología de Bowling Green State University
  • B.S. en Psicología de Wayne State University

 

Es Presidente del Comité de Asuntos Académicos  y Consejero del Claustro en Northwest State College, y también un colaborador destacado en más de 20 libros de texto de ciencia. Actualmente es profesor de ciencias en  Northwest College, Archbold (Ohio), al tiempo que desarrolla sus trabajos en Biología Molecular.

 

Ha sido autor y coautor de más de cuarenta libros de texto, monografías y capítulos de libros. Ha publicado más de 400 artículos en revistas especializadas y profesionales y también en publicaciones divulgativas y populares. (ver abajo una selección). Su obra se ha publicado en 6 lenguas (Alemán, Francés, Italiano, Holandés, Polaco y Sueco).

 

Entre sus libros se cuenta una monografía sobre la Evaluación por Pares (peer evaluation) publicada por el College Student Journal Press; un libro sobre Salud Mental publicado por la editorial Claudius Verlag de Munich en Alemania; un libro sobre temas interdisciplinarios comunes a las ciencias y la filosofía, publicado por Phi Delta Kappa; un libro sobre órganos vestigiales con el Dr. George Howe (‘Vestigial Organs’ are Fully Functional); un libro sobre psicología y cultos religiosos y, un libro sobre discriminación moral publicado por la editorial  Onesimus Press. También ha publicado un tratado y texto universitario sobre evaluación académica (Boston, Houghton Mifflin Co.), y ha contribuído en docenas de otros libros de texto.

 

El Dr Bergman ha presentando más de un centenar de trabajos investigativos y ensayos en  eventos científicos y con la comunidad, en los Estados Unidos, Canadá y Europa. Ha explicado sus investigaciones como orador destacado en muchos campus universitarios a lo largo de Estados Unidos y Europa, y es invitado frecuente en programas de radio y televisión. Sus investigaciones han ocupado la primera plana en los periódicos del país, ha sido destacado por el Paul Harvey Show varias veces y, sus trabajos han sido analizados por David Brinkley y otros comentaristas conocidos en la televisión nacional.

 

Sus otras experiencias laborales incluyen  más de diez años de experiencia en varias clínicas de Salud Mental y Psicología; servicio como Asesor Clínico profesional licenciado; tres años como investigador y consultor de tiempo completo para una corte de circuito en  Michigan y, dentro de los muros de la Jackson Prison (SPSM), la más grande prisión abaluartada del mundo.

 

También ha servido como consultor científico para CBS News, ABC News, Reader’s Digest, Amnesty International, varias agencies gubernamentales y para dos ganadores del Premio Nobel, incluyendo al inventor del transistor.

 

En el último decenio ha sido consultado y también ha rendido testimonio -como perito y asesor experto-  en cerca de un centenar de casos juzgados en corte. Es Fellow de la American Scientific Association, miembro de la National Association for the Advancement of Science y otras asociacions científicas y profesionales.

 

Su nombre figura en Who’s Who in America, Who’s Who in the Midwest and in Who’s Who in Science and Religion.

 

Algunos Artículos del Dr. Bergman

  • The Dodo Bird … An example of survival of the fittest
  • Who invented it first?
  • Understanding Poisons 
  • Darwinism and the Nazi race Holocaust
  • The problem of homosexual behaviour
  • Teaching Evolution in Public Schools: Solid research reveals American beliefs
  • Did God Make Pathogenic Viruses? (CEN Technical Journal article)
  • ATP: The Perfect Energy Currency for the Cell (CRSQ article posted on True Origins website)
  • Why Abiogenesis is Impossible (CRSQ article)

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Clonar seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2008

Una de las noticias, maravillosa para unos, desastrosa para otros, es la reproducción genética de los seres humanos. Que quienes hicieron la clonación de la oveja Dolly en 1997, con la autorización gubernamental inglesa, van a realizarla por primera vez en la especie humana.

Esta reproducción se ha logrado en animales y se podría llevar a cabo en la espacie humana de 2 modos diferentes:

La fisión gemelar, que consiste en la división del óvulo fecundado, por estrangulamiento y separación de porciones de protoplasma, que es la sustancia constitutiva de las células. Dicho de otro modo, una vez que se ha formado un nuevo ser, se le hace una división en una forma particular, de manera que quedan dos seres idénticos. De hecho, los gemelos humanos idénticos son producto de una fisión gemelar natural.

La otra técnica es la transferencia de núcleo, que se ha realizado en anfibios, y consiste en retirarle el núcleo a un óvulo antes de que se unan en él los cromosomas paternos y maternos. Una vez hecho eso, se pone en su lugar el núcleo de una célula de un ser adulto. Así se formaría una especie de “fotocopia” del adulto.

Se pretende con esto congelar uno de los gemelos en estado embrionario —antes de dejarlo llegar a la etapa de feto— con 2 objetivos: reemplazar al otro gemelo en caso de muerte o utilizar sus órganos o sus tejidos para transplantarlos al otro, ya que no serían rechazados puesto que tienen la “misma” composición genética.

En este segundo caso, habría que descongelar al primero y darle los medios necesarios para su crecimiento y desarrollo, implantándolo en un útero, y luego, extirparle lo que necesita el otro.

Y si se trata de un órgano vital, habría que escoger quién debe vivir.

La noticia ha llevado a pensar a muchos en la posibilidad de hacer “bancos” inagotables de seres especiales: destacados científicos, deportistas, artistas, humanistas, escritores, ganadores de premio Nobel, etcétera.

¿Llegaría esto a formar “ejércitos” de seres humanos perfectamente idénticos desde el punto de vista genético? No. No debe decirse que este nuevo ser es idéntico al adulto, ya que el citoplasma y la membrana en donde se pondrá el núcleo del adulto son distintos del citoplasma y la membrana donde se desarrolló ese adulto (que fueron los de una célula de su propia madre): ahora se usará el óvulo de otra mujer.

Aun cuando se usara una célula de la madre del adulto a quien se pretende clonar se estaría formando un ser diferente pues se usaría una célula diferente, sus condiciones ambientales son distintas, con presiones osmóticas diferentes, con cualidades nutrientes distintas, con un metabolismo diferente… además, estaría —desde antes de nacido— expuesto a una atmósfera más contaminada, con menos oxígeno, etcétera. Es más: este nuevo ser vendría en un momento cósmico nuevo y viviría circunstancias nuevas.

Pero, debido a la ignorancia, ¿qué tal si apareciese un patrocinador científico con ideas como las de Hitler? Una raza que se cree mejor se iría imponiendo numéricamente sobre las demás, y los otros seres humanos serían considerados de “segunda categoría”, hasta llegar a formarse en el cerebro de muchos la idea de una nueva especie, obviamente, de diferente dignidad.

¿Es acaso que la dignidad viene inscrita en los genes? ¿en las oportunidades que tiene cada uno? ¿en las circunstancias que vivió? ¿en la educación que recibió?…

¿Vale más un ingeniero sobresaliente que el ayudante de una obra? ¿qué haría tal ingeniero sin los ayudantes, sin los oficiales, sin los maestros? ¿No somos todos parte de un engranaje?…

Está genéticamente bien establecido el momento exacto del origen de un nuevo ser humano: se da al unirse los núcleos de los dos gametos (el óvulo y el espermatozoide). En ese momento, el ácido desoxirribonucléico (ADN) contenido en los 23 cromosomas del espermatozoide se une al ADN de los 23 cromosomas del óvulo. Ese ADN interviene en la construcción de nuestro organismo durante el crecimiento. Este nuevo ser humano posee 46 cromosomas que contienen toda la información genética requerida para formar a un adulto con sus características particulares.

Solo hay vida cuando existe lo que llamamos animación, movimiento, esto es, nacimiento, crecimiento, multiplicación, descendencia… Para ello es necesaria la presencia de algo que anime, el alma, lo esencial y más importante de una cosa que da forma sustancial a una cosa. En el hombre esta sustancia es espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y también informa al cuerpo humano y con él constituye su esencia. Esa esencia da la dignidad al ser humano y se expresa en la conciencia de que somos los seres más excelentes de los que hay.

¿Es dignidad humana que otro ser humano sea congelado para reemplazar al gemelo en caso de muerte o utilizar sus órganos o sus tejidos para transplantárselos? ¿Dónde están sus derechos? ¿su libertad?

¿Puedo decir que el niño que vive bajo mi techo es mío, cuando su composición genética no se la di yo, pues heredó sus características de otro y no de mis espermatozoides? ¿Puede hacerlo mi esposa si no se usó un óvulo suyo?

¿Es dignidad humana obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad ni con la unión conyugal? ¿Cómo crecerían esos hijos? ¿A quién deberían llamar “papá”? ¿a quién, “mamá”? ¿a quiénes, “hermanos”?…

¿Es ético de fecundar a 2 lesbianas?…

¿Adónde llegaría la humanidad?

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¿Adán y Eva o la teoría de la evolución?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

EL ORIGEN DEL HOMBRE:

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Se ha suscitado una polémica grande acerca del origen del hombre: hay quienes defienden la idea de que el ser humano es producto de la evolución y de que, por lo tanto, varios individuos dieron ese formidable paso del mono al hombre simultáneamente; otros, por el contrario, creen en la narración bíblica que afirma que fue en una sola pareja —Adán y Eva— en la que hizo patente el cambio.

El genetista especializado en estudio de poblaciones Luigi Lucca Cavally–Sfforza, de la universidad de Stanfford, explica algo que tiene gran trascendencia en el estudio de la génesis del hombre:

Está genéticamente bien establecido el momento exacto del origen de un nuevo ser humano: se da al unirse los núcleos de los dos gametos (el óvulo y el espermatozoide). En ese momento, el ácido desoxirribonucléico (ADN) contenido en los 23 cromosomas del espermatozoide se une al ADN de los 23 cromosomas del óvulo. Ese ADN interviene en la construcción de nuestro organismo durante el crecimiento. Este nuevo ser humano, con 46 cromosomas que contienen toda la información genética requerida para formar a un adulto con sus características particulares se llama cigoto. El ADN está constituido por bases, y se sabe que en este ADN hay 3.000’000.000 de pares de bases

Lo anterior es conocido por muchos, pero permanece muy olvidado un aspecto particular: mientras que del espermatozoide solo se usa su núcleo para la formación del cigoto, del óvulo se usan todas sus partes: núcleo, citoplasma y membrana celular. En el citoplasma femenino se encuentran unos organitos encargados de la respiración celular llamados mitocondrias, en donde hay unos pequeños trozos circulares de ADN, que se encargan de suministrar energía para el metabolismo celular (conjunto de reacciones químicas que efectúan constantemente las células de los seres vivos). A este se le llama el ADN mitocondrial, y tiene únicamente 16.500 pares de bases.

El ADN mitocondrial femenino se hereda de generación en generación solamente por línea materna.

Al compilar los estudios de las poblaciones en África, el doctor Cavally–Sfforza ha encontrado esa transmisión lineal femenina, y ha visto que las mutaciones (alteraciones producidas en la estructura o en el número de los genes o de los cromosomas) que se producen son menores en cualquier parte del mundo que en África, lo que sugiere que el linaje humano es más antiguo en ese continente. Además, la investigación ha revelado que las divergencias observadas son relativamente escasas, de apenas un 0,5 %.

Analizado esto con profundidad se llega a la conclusión lógica de que existió un antepasado común a todos los humanos y, por lo tanto, de que la especie humana proviene de una sola pareja.

Hoy son pocos los que todavía afirman que la primera mujer es resultado de un proceso evolutivo: basta mirar las gigantescas diferencias entre el homo sapiens y el homo erectus, su antecesor más inmediato, según los especialistas.

Y, lo que es más admirable aún, en ningún estudio genético se ve el menor rastro de material más antiguo que debería corresponder al homo erectus. Esto descarta la idea de que se hubiera producido un mestizaje entre el homo erectus y el ser humano, especie que la reemplazó completamente.

Este estudio genético de las mitocondrias del óvulo está consignado en varios artículos de varios genetistas reconocidos en el mundo entero, y ya lo llaman la “Eva mitocondrial”.

Ya que no hay datos que nieguen esta aseveración, sino que, por el contrario, varios estudios genéticos lo corroboran, cada día crece el número de científicos que tienen la certeza de que la especie humana nació de una pareja.

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

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