Saber vivir

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Antes de ser padres y madres

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 13, 2017

Todos los educadores son unánimes al respecto: se nota cuando los estudiantes tienen papás, tanto en el rendimiento académico como en el comportamiento.

Y así es, efectivamente: los educandos que sobresalen en las notas y quienes mejores relaciones tienen con sus compañeros y profesores son aquellos que son los que recibieron cariño, atención.

Antes de que aflore la prepubertad, hacia los doce años de edad, todo niño requiere una dosis de atención, cuidado, esmero por parte de sus padres. Y la única medida que tienen para ello es el tiempo que se les dedica.

Ser padres no solo implica procrear, generar una nueva vida, sino darle a ese nuevo ser todo lo necesario para su desarrollo integral: biológico, emocional, moral, espiritual, relacional, afectivo, laboral, cultural, social, lúdico…

Todo esto deben evaluar quienes deseen ser padres antes de dar este paso tan importante: ¿Tendré tiempo suficiente para estar al lado de mi hijo/a hasta que se haga hombre/mujer? ¿Tendré la capacidad de estar a su lado hasta que sea capaz, por sí mismo/a, de acometer todos los desafíos de su vida? ¿Seré capaz de anteponer mi paternidad/maternidad a otras metas personales?…

También las estadísticas afirman que quienes crecieron sin ese apoyo, sin esa ayuda, no solamente no logran su estabilidad en lo emocional y en lo afectivo, sino que desarrollan mucha falencias que los incapacitan para muchas tareas, ¡especialmente para ser padres!, con lo que se perpetúa el problema por generaciones.

La tarea más importante del ser humano es el legado que dejará en la sociedad; y aunque ese legado pueden ser logros profesionales que ayuden a la especie humana, el mayor de todos es dejar nuevos individuos sanos y aptos para aportar lo necesario para la instauración de una vida humana más digna en este mundo: hijos que no tienen problemas emocionales ni afectivos.

Así, pues, antes de ser padres o madres, debemos preguntarnos si lo único que buscamos es llenar un capricho personal egoísta o si queremos dar a esos hijos la mayor estabilidad psicológica posible y los medios necesarios para que se forjen su propia felicidad.

 

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Crisis de madres

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 1, 2015

Madres, crisisLa característica que más nos diferencia de los animales, más allá de la inteligencia y de la facultad de decidir —la voluntad—, es nuestra capacidad de amar, de amar hasta el extremo de olvidarnos de nosotros mismos por alcanzar el bien de quien amamos.

El amor maternal es el que mejor lo puede expresar: una mamá es capaz de dejarse matar por su hijo. No así los animales: las madres animales defienden su cría de los predadores solamente hasta cuando deben escoger cuál vida salvar, y optan entonces por abandonar a su cría y salvarse.

El ser humano puede definirse, por lo tanto, como aquel ser vivo que ama. Quiere decir esto que nuestra esencia radica en el amor.

Es por eso que lo que más nos realiza como seres humanos es amar y ser amados y, en consecuencia, lo que más daño nos hace es no amar ni ser amados.

De esta verdad se deriva que la mayoría de los problemas afectivos y emocionales del hombre se forjan en su etapa de formación más tempana, la infancia o niñez, que es la fase de desarrollo comprendida entre el nacimiento y la prepubertad (hacia los doce años de edad), pues todo ser humano requiere en esa época de una dosis de amor suficiente, para ser estable en ambos aspectos de su vida: el afectivo y el emocional.

Si un individuo recibe bajos niveles de nutrición en esta etapa de desarrollo presentará un índice de crecimiento biológico menor y quedará más propenso a determinadas enfermedades. Asimismo, si durante esos años una persona recibe una dosis de amor inferior a la que se requiere, no solamente sufrirá esa carencia sin poder entenderla, sino que, por no tener las herramientas necesarias para solucionarla, ocultarla, disimularla o, al menos, tratar de vivir sin que le produzca muchos daños, esa carencia afectiva derivará en una incapacidad para dar y darse en una entrega recíproca de amor, pues en las relaciones que tenga como joven y adulto sólo buscará suplir de alguna manera lo que no recibió en la infancia.

Por eso, hay individuos que buscan denodadamente a alguna persona a quién reclamarle el amor que tanto les faltó —y les falta—, depositando en ella todos sus afectos de manera enfermiza, posesiva y siempre psicodependiente, mientras que otros tratarán de abstraerse del amor por todos los medios, para no tener que sufrir nunca… Esto, como se vio más arriba, impedirá que la persona pueda realizarse y ser feliz.

Además de la disfunción en las relaciones interpersonales que todos estos individuos presentan, también adolecen de inestabilidades emocionales, que los harán más proclives que otros a sufrir muchas patologías psicológicas, como estrés, ansiedad, angustia, depresión, agresividad o cobardías y pusilanimidades, etc.

Durante la mencionada etapa de la infancia, por la precariedad de sus juicios y criterios, el niño no tiene otra medida para evaluar el amor que el tiempo que se le dedica:

—Mi mamá no tiene tiempo para mí; eso quiere decir que no me ama.

Quizás algunos —más creciditos— sean capaces de deducir:

—A mi mamá le interesa más el trabajo que estar conmigo; por lo tanto ama más su trabajo que a mí.

Es verdad que siempre se ha presentado el caso de parejas de esposos que, por sus escasos ingresos y para cubrir las necesidades básicas suyas y de sus hijos, ambos deben trabajar. Pero en los tiempos modernos muchas mamás están también ausentes en las vidas de sus hijos: unas porque desean “realizarse” como profesionales; otras, porque creen que es más importante forjarles a sus hijos un futuro económico estable que un futuro psicoafectivo y psicoemocional estable.

“Todos esos son criterios retrógrados”, afirman algunos pero, por desprenderse de la esencia del ser humano, son perennes e inmutables.

Basado en ellos, el lector decidirá si tiene hijos y, en caso afirmativo, cuántos.

El lector decidirá así el futuro de la humanidad: Hombres y mujeres sanos o enfermos; felices o desdichados.

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¿Aborto u homicidio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 14, 2015

¿Cuándo comienza la vida?

¿Qué ha dicho la ciencia al respecto?

¿Hasta qué punto el aborto es un homicidio?

¿Qué hacer en caso de violación, de mongolismo, de malformaciones congénitas?

¿Está en peligro la salud y la vida de las madres que realizan el aborto legal?

¿El feto tiene alma? ¿es un ser racional?

¿No es la mujer dueña de su propio cuerpo?

¿Qué debe hacer una muchacha joven si queda embarazada?

Estas preguntas -y muchas más- tienen su respuesta en este documento que informa todo acerca de la interrupción del embarazo.

LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS

 

 

ÍNDICE

Introducción

El desarrollo humano

La fecundación

El desarrollo ulterior

Principios generales de genética médica

El Aborto

Clasificación

Técnicas

Cuestionamientos y respuestas

Consideraciones médicas para realizar el aborto

Consideraciones personales para realizar el aborto

Consideraciones sociales para realizar el aborto

Consideraciones legales para realizar el aborto

Consideraciones religiosas para realizar el aborto

Consideraciones económicas para realizar el aborto

Nota final

 

 

Introducción

 

No hay persona que permanezca impasible ante el aborto. Existen asociaciones de carácter internacional que luchan por defender el derecho a nacer, como también movimientos que abogan por el derecho a abortar.

La contienda es muy grande. Muchos países han desaprobado la legalización del aborto, mientras otros lo han aceptado; es más: en algunos estados federados está autorizado, y en otros no. En la actualidad, los países latinoamericanos están siendo objeto de campañas que buscan aprobar la licitud del aborto; en Colombia, por ejemplo, se debate política y moralmente su viabilidad.

La mayor controversia se ha centrado sobre si el producto de la unión del espermatozoide con el óvulo tiene vida humana, o si ésta se inicia con el embrión, con el feto o en el momento del nacimiento; pero también se tienen en cuenta consideraciones médicas, humanas, legales, religiosas, y hasta económicas, para determinar si su legalización es viable.

En ocasiones, las reflexiones que se hacen sobre estos aspectos tan delicados, tienen un soporte científico pobre; por tanto, es necesario que los interesados en el tema se informen sobre los conocimientos médicos y técnicos actuales más relevantes acerca del desarrollo humano, de la genética y de los métodos abortivos, basados en los cuales, podrán analizar los argumentos que, en pro y en contra, se enarbolan para tomar la determinación de interrumpir el embarazo.

 

 

El desarrollo humano

 

Para abordar el tema del desarrollo humano, es imprescindible comenzar por la información sobre la composición de la célula humana, de modo que se pueda comprender, aunque sólo sea someramente, la descripción del mecanismo por el cual se “construye” un nuevo ser.

La célula está envuelta por una membrana que la cubre, llamada membrana plasmática, que se comporta como una barrera encargada de regular el transporte de sustancias del exterior de la célula al interior, y viceversa. Sirve de barrera que selecciona las sustancias que se van a transportar. Esta barrera cubre al citoplasma o “cuerpo” de la célula. En el interior del citoplasma se encuentra el núcleo.

En el núcleo de las células se encuentran los cromosomas, estructuras en forma de bastoncillos que contienen millares de genes, partículas que contienen las características hereditarias. En el hombre, cada célula posee 46 cromosomas, dispuestos en 23 pares.

El núcleo está envuelto en una membrana conocida como la membrana nuclear. Esta membrana, del mismo modo como lo hace la membrana celular o plasmática, aisla los procesos que ocurren entre el núcleo y el citoplasma.

 

La fecundación

Las características hereditarias del bebé que habrá de nacer como resultado de la fecundación son determinadas por los cromosomas del óvulo y del espermatozoide.

Inicialmente, las células del germen masculino se subdividen, a través de un proceso denominado meiosis, que reduce el número de cromosomas a la mitad, y da como resultado dos espermatozoides más pequeños que la célula del germen masculino. Del mismo modo, las células del germen femenino se dividen en dos óvulos más grandes rodeados de una zona pelúcida y con la mitad de los cromosomas en su núcleo.

Así pues, cada espermatozoide maduro contiene entonces 23 cromosomas en su núcleo, con las características trasmisibles del padre, los mismos que cada óvulo, en el que incluye el material genético que se habrá de heredar de la madre.

Para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, es necesario que un espermatozoide atraviese la zona pelúcida del óvulo y mezcle sus cromosomas con los del óvulo. El individuo resultante de la unión de los gametos, o células sexuales masculina y femenina, se llama cigoto.

Esta célula primitiva o cigoto no tiene parangón en el universo entero.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en sus cromosomas toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: los genes guían la construcción del cerebro, determinan el grado de inteligencia, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la forma del rostro, la forma de las huellas digitales, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un casete, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Toda la enorme cantidad de información contenida en los genes (veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre) es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Por eso, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia dotado biológicamente de una naturaleza o especie humana, eso se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre. (Libro: “Dejadlos vivir” Jérôme Lejeune et al. Ed. Rialp, S. A., pags.17-29. 1983.)

 

El desarrollo ulterior

Este cigoto sufre inicialmente una serie de divisiones, la primera de las cuales se realiza aproximadamente a las 30 horas, cuando ya hay 2 células; 20 horas después existen 4 células, pues ya se ha hecho la segunda división; 6 días después de la fecundación ha habido muchas divisiones más, y se llega a conformar un cuerpo sólido de células llamado mórula. En cada una de las células de la mórula, la cual se dirige al útero o matriz después de la fecundación, está ya establecida su individualidad genética, la cual desaparece si muere el nuevo ser.

Poco tiempo después, aparece una cavidad central en el seno de la mórula, y las células forman una esfera llena de líquido, denominada blastocito, que luego se implanta en la mucosa del útero. Con el fin de iniciar su nutrición, la mucosa uterina se ha engrosado y han aumentado tanto el flujo de sangre a la zona, como las grasas, proteínas y azúcares. La pared de la cavidad del blastocito está formada por una delgada capa de células, el trofoblasto, que se encuentra engrosado en un punto, formando el embrioblasto. Es el sexto o séptimo día de su vida; con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien, a través de un mensaje químico propio y peculiar, estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario -residuo que queda después de la salida de cada óvulo-, y suspende la ovulación y el ciclo menstrual de su madre, haciendo que el útero mantenga las condiciones adecuadas para nutrirse, y evitando, hasta el final del embarazo, que su madre pueda concebir de nuevo. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Desde que se producen estos cambios, a los pocos días de fecundado, ya se habla de embrión.

Con técnicas que se vienen realizando desde hace algún tiempo, como la ecografía transvaginal, en la que las imágenes se proyectan en una pantalla (esta técnica es mucho más exacta que la ecografía tradicional), se puede observar, 25 días después de la fecundación, la protuberancia que contiene el cerebro y las de los maxilares, con la boca en el medio, y un corazón primitivo que ya late (Diccionario Médico. Dr. Stephen Lock et al, pág. 284, 1983).

Un mes después de la fecundación (4 semanas) se ven, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro. Posee ya células sanguíneas y vasos primitivos. A lo largo del tronco se encuentran 25 pares de segmentos de tejidos llamados somitos, de los que se desarrollarán sucesivamente los huesos y los músculos. Cada somito tiene su conjunto de nervios. El sistema nervioso del cerebro comienza a hacerse más complejo, y empieza a formarse el estómago.

Durante la quinta semana, por medio de la ecografía trasnvaginal de alta resolución, los médicos pueden ver latir el corazón; además, pueden reconocerse, a cada lado de la cabeza, los rudimentos de los ojos, y se ve que comienza a formarse la nariz. El cerebro es aún más complejo, y ya han comenzado a formarse los pares craneales. Los brazos son más largos que las piernas, las cuales también continúan desarrollándose. En las zonas en que más tarde estarán los huesos comienza a aparecer cartílago.

(Es muy importante señalar aquí que antes de este período, el índice de abortos es casi nulo. La mujer sólo nota la ausencia de la menstruación o amenorrea aproximadamente 20 días después de la fecundación; pero inicialmente la considera un retraso de pocos días, hasta que, ya cerca de los 30 días, suele hacerse un examen de laboratorio para confirmar la sospecha del embarazo.)

A las 6 semanas se ha formado ya la retina de los ojos y el cristalino casi en su totalidad. Comienza a desarrollarse el pabellón auricular (oreja). Las manos muestran el contorno de los dedos. Se inicia la producción de sangre por parte del hígado. Desde este momento, los ginecólogos ven al embrión efectuando movimientos.

Con 7 semanas de vida, se delinea el cuello, se hacen evidentes el pabellón auricular y el conducto auditivo, comienzan a crecer los párpados, la boca tiene labios y en su interior aparecen los 20 brotes de los dientes deciduos (de “leche”).

Con el nombre de feto se conoce todo ser intrauterino, cuya madre tenga más de dos meses de gestación (algunos autores siguen considerándolo embrión hasta los tres meses).

A los dos meses está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

(Conviene informar aquí que, mientras la mujer toma la determinación de abortar, desde que supo que estaba embarazada, suelen pasar alrededor de un mes o incluso a veces más. Por eso, el mayor porcentaje de abortos suele realizarse entre la 6ª y 8ª semanas de la gestación.)

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior, el feto vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios, y hasta sonríe. “Agarra firmemente el bastoncillo que se pone en su mano y comienza a chuparse el dedo…”, en palabras del mismo Profesor Lejeune.

(Es muy oportuno informar que muchas clínicas efectúan abortos aun en el tercer trimestre del embarazo; se sabe de fetos abortados de 32 semanas.)

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. Recién nacido, obviamente, no puede vivir sin dependencia. Esto permite entender que el nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida humana.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos.

Sólo al llegar la adolescencia, esta maraña de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

En la vida adulta, se presentan cambios orgánicos y mentales que no dejan de cesar ni en la ancianidad.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

La conclusión anterior coincide con las apreciaciones del Dr. Ronald G. Davidson, Director del Programa de Genética Humana de la Universidad Mc. Caster en Ontario, Canadá; según sus investigaciones, “el desarrollo de un individuo depende de dos influencias que interactúan: factores genéticos y ambiente. La composición genética o genoma de un individuo queda establecida en el momento de la concepción”.

El “Official Journal of the Californial Medical Association”, Vol. 113 Nº 3. págs. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Principios generales de genética médica

Hasta ahora se ha hablado de genoma, de herencia, de genes, de código genético… Es muy importante entonces que el lector entienda todos esos términos relacionados con la genética del ser humano.

Según el Dr. Davidson, los genes son moléculas de ácido desoxiribonucléico (DNA), y constituyen las unidades básicas de la herencia. Todos los genes, entonces, están constituidos por DNA; unos, agrupados, se encargan del sexo del individuo, mientras que otros tienen la misión de trasmitir -como se dijo anteriormente- las demás características que, por herencia, se transmiten de los padres a los hijos: estatura y tamaño aproximados de los huesos, color de ojos, cabello y piel, el dibujo de las huellas digitales, forma del rostro, de la nariz, el grado intelectual… y hasta algunos rasgos de la personalidad.

El Dr. Jaime Bernal V., Médico y PhD en Genética Humana de la Universidad de Newcastle (Inglaterra), director del Instituto de genética Humana de la Universidad Javeriana (Colombia) y autor de cuatro libros sobre Genética, hace una comparación entre el idioma y el ser humano, con la que se puede entender cómo todo el material genético (DNA) de la célula se encuentra “secuestrado” en su núcleo (una biblioteca). La estructura central del DNA está constituida por cuatro bases o nucleótidos: Adenina, Timina, Citosina y Guanina, las cuales vienen a ser las “letras” del DNA. Sin embargo, al otro lado de la membrana nuclear (en el citoplasma), el lenguaje de las proteínas está escrito en otras veinte letras -los aminoácidos- que debe tener una secuencia determinada (para que formen palabras y frases coherentes), secuencia que se conoce con el nombre de código genético.

El DNA tiene capacidad de duplicarse a sí mismo, y esta capacidad, llamada replicación, constituye la base de la transmisión hereditaria. El código genético rige el desarrollo de las células y además su metabolismo, es decir las transformaciones químicas, físicas y biológicas que experimentan las sustancias dentro de las células, haciendo que el individuo sea único e irrepetible.

Otra comparación hecha por el Dr. Carl Sagan (autor también de varios libros sobre Genética Humana), muestra la similitud de un computador con el DNA: dado que los computadores trabajan con un sistema de dos números (0 y 1), llamados “bits” (apócope de binary digits) y las “letras” del DNA son cuatro pares, el número de bits de una molécula de DNA es cuatro veces el número de pares. Un sólo cromosoma tiene cinco billones de letras, por tanto, contendría veinte billones de bits de información. Esa cantidad de bits corresponde a unos tres billones de letras, o unos 500 millones de palabras; si hay cerca de trescientas palabras en cada página impresa, esto correspondería a unos dos millones de páginas. La información genética contenida en 46 cromosomas del ser humano sería entonces el equivalente a 184.000 volúmenes de 500 páginas cada uno.

Esos 184.000 libros de información genética constituyen el llamado genotipo de cada uno de nosotros, y ese genotipo se expresa en nuestra apariencia física y en nuestro funcionamiento fisiológico, a lo que se le denomina fenotipo. De este modo se puede entender que el fenotipo es el “mapa” del genotipo, aunque factores ambientales, tanto ámbito el externo del individuo, como el interno orgánico o celular, influyen también en el desarrollo posterior.

En este punto, es conveniente volver sobre la problemática del comienzo de la vida humana ya que algunos piensan que la vida no comienza con el genotipo sino con el fenotipo: el Dr. Jaime Bernal V. utiliza un ejemplo parecido al escogido por el Dr. Lejeune para definir si el momento en que comienza la vida es cuando se define el genotipo (DNA), o éste se convierte en fenotipo: “pensar que la vida no comienza con el genotipo sino solamente cuando han transcurrido algunas semanas de embarazo es como pensar que un disco con La Pastoral de Beethoven que yo ya he oído, sólo es un disco con La Pastoral de Beethoven cuando lo he puesto nuevamente en un tocadiscos y se ha oído ya parte de la Pastoral de Beethoven. ¿Y antes qué era?” (La herencia de Caín. Publicaciones U. Javeriana, Bogotá, Colombia, pág. 132-133. 1992)

Otra curiosa pero didáctica analogía con la secuencia embriológica presentada por el Dr. Bernal, es la que se refiere a las matemáticas, más específicamente a las secuencias numéricas. Leemos en su libro:

“1,3,5,7,9…

Esta es una secuencia familiar a cualquiera; pero ¿será diferente de esta otra?

1,3,5,7,9,11,13…

¿O de ésta?

1,3,5…

Cualquiera reconocería algo en común entre las tres secuencias; más aún, diría sin pensarlo dos veces que se trata de los números impares comenzando por el uno [o sea, que la fórmula es “+2”]. Pero veamos una más compleja; en 1.202 Leonardo de Pisa, el hijo de Bonaccio, ideó la siguiente serie que vendría a conocerse como la secuencia de números de Fibonacci:

1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89…

En esta secuencia, el lector que desconozca la serie puede encontrar dificultades para poner el siguiente término, y puede pensar incluso que la serie no tiene sentido y que se diferencia poco de una colección de términos al azar. Y aún otro ejemplo de algo que ya no tiene cara alguna de serie, pero que responde a una fórmula:

1,1,2,3,3,4,5,5,6,6,6,8,8,8,10,9,10…

[…]Volviendo entonces a la secuencia embriológica de eventos, la unión del óvulo y del espermatozoide es la “definición” de la serie, y tanto el proceso de desarrollo embriológico como todos aquellos de envejecimiento posteriores al nacimiento son términos de esa serie. De no ser así, habría que aceptar que un individuo sólo es un individuo el día que completa todos los términos de su serie, el día de su muerte”. (págs. 134-135)

Comprendido todo esto, se puede llegar a la conclusión de que los términos: “Interrupción del embarazo” o “del período de gestación”, “aborto terapéutico”, o “legal”, “liberalización de la mujer”, “intervención médica perfectamente controlada”, “tratamiento de los retrasos menstruales”… son todos eufemismos que minimizan el hecho de realizar un homicidio y no son racionales.

La maravillosa diversidad de la biblioteca del genoma humano hace pensar en lo que se llama la ley fundamental de la Biblioteca: todos los libros, por diversos que sean, están compuestos por las letras del alfabeto, el punto, la coma, el espacio…, sin embargo, no hay dos libros idénticos. De ese modo, no hay dos seres idénticos, genéticamente hablando.

Otro genetista contemporáneo, el Dr. Edmond Murphy, dice también que “el advenimiento de la tecnología del DNA está mostrando claramente que cada uno de nosotros es único espiritual y biológicamente”.

En una célula cualquiera se pueden observar algunas de las características de un determinado hombre, con la microscopía electrónica y bajo tinciones especiales. Por ese mismo mecanismo, hoy se pueden prever algunas de las enfermedades futuras de un ser; el ejemplo más común para mostrar esto es el Síndrome de Down, también llamado Trisomía 21, Trisomía G o mongolismo, el cual se debe -en el 95 % de los casos- a que existe un cromosoma 21 extra.

Quizás lo más sobresaliente y lo que más futuro tiene en la actualidad es el estudio del genetista James Watson, quien ha desarrollado el proyecto de conocer la ubicación, en los cromosomas, de cada uno de los genes (Nobel de medicina, exdirector del Nacional Instituto of Meath y exdirector del proyecto Genoma Humano, fue despedido de ese instituto por haberse opuesto a la política de patentar los genes, con la que la empresa quiere asegurarse la propiedad de su futura explotación clínica.).

Así las cosas, no sorprende que hoy se tenga la capacidad técnica de hacer diagnósticos y, lo que es mejor, de reducir la prevalencia al nacimiento de enfermedades genéticas y otros defectos congénitos.

 

 

El Aborto

 

Derivado del latín aboriri (estropearse), en medicina el aborto significa interrupción prematura del embarazo antes de la semana 25 de su evolución, ya que anteriormente se consideraba que el ser humano era incapaz de vivir fuera del vientre materno. Hoy se sabe que es posible hacer viable un feto de 20 semanas de gestación; por eso, un embarazo que se suspende después se considera parto prematuro.

 

Clasificación

Tres formas de aborto se distinguen: espontáneo, provocado y terapéutico. El primero obedece a causas maternas u ovulares (del óvulo fecundado o huevo) que producen la patología o la muerte del huevo con su consecuente expulsión. El aborto provocado es, como su nombre lo dice, un acto voluntario, directo o indirecto, realizado por un médico, un empírico o por el mismo paciente para producir su muerte y evacuación.

El aborto terapéutico es un aborto provocado orientado a la abolición de riesgos reales -y aun supuestos-, de origen materno, por la existencia de un embarazo.

También existe otra clasificación del aborto: el directo y el indirecto. El primero alude al que ha sido premeditado y querido como fin principal, para desembarazarse del niño, o como medio para salvaguardar la honra, la salud, la vida o cualquier otro bien de la madre o de otras personas.

El segundo, no querido directamente, es el que no se realiza como medio o como fin de la acción, sino que es algo que sigue como secuencia accidental y probable de esa acción en sí misma, libre y legítima, de tal modo que, si se pudiera, se evitaría el aborto. Un ejemplo de esto, es el administrar a la madre medicamentos necesarios para erradicar un proceso patológico grave, con bajo riesgo de producirlo.

 

Técnicas

Desde que, en 1920, cuando la Unión Soviética legalizó el aborto, las técnicas para realizarlo han crecido en número y en metodología: dentro de las técnicas que más se utilizan para realizar el aborto en las primeras etapas de la preñez, está el raspado bajo anestesia general que, como su nombre lo dice, consiste en retirar el feto, previa una apertura rápida de dos centímetros del cuello uterino, con el paciente anestesiado, en el que se utilizan unas pinzas largas para despedazar al bebé dentro del útero materno y sacarlo en pedazos.

El aborto por aspiración, que emplea, a modo de legra, un tubo de 8 a 16 mm al que se acopla un aspirador quirúrgico y que evita, casi siempre, hospitalizar a la madre. El método Karmann, variante del precedente, y que emplea un pequeño material plástico.

El aborto por solución salina o hipertónica que consiste en pinchar el útero y absorber o dejar salir casi todo el líquido amniótico; en su reemplazo se deja una solución salina (cloruro de sodio). El bebé se intoxica y muere. Entre uno y tres días más tarde la madre expele el niño muerto. Este método es recomendado en los casos que llegan con tres meses y medio de evolución o más, en donde el feto ya no se puede trocear para evacuarlo por raspado, debido a su tamaño.

En algunas ocasiones, se hace una cesárea o histerotomía, recomendada para después de la 12ª semana de gestación, y especialmente cuando se quiere esterilizar a la madre. Con esta técnica no es raro que el feto sea retirado vivo.

Si se quisiera realizar el aborto sin intervención manual o instrumental, se podría optar por utilizar las prostaglandinas, que invitan al útero a contraerse y a expulsar el contenido. Este método es uno de los más utilizados en las clínicas especializadas, pero suele presentar un problema para los operadores: el “evacuado” de muchos fetos vivos.

Pomadas y compuestos abortivos, sin valoraciones objetivas y con frecuencia de fracasos y efectos teratógenos (malformaciones del niño).

Es obligante reseñar aquí, y con una relevancia mayor a la que le han querido dar, los anticonceptivos orales que, por los estrógenos que contienen “al aumentar la movilidad, hacen que el óvulo fecundado llegue al útero antes de estar preparado para la anidación; bien con gestágenos [progesterona] que, al disminuir la movilidad, hacen que el óvulo [fecundado] llegue tarde al útero, cuando ya ha muerto, por falta de nutrición. Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.” (Aborto y anticonceptivos. Joaquín Ruiz Jiménez Vargas, G. López García. Eunsa, pág. 91-98. 1980.).

En el mercado farmacéutico apareció recientemente el Misoprostol, conocido comercialmente con el nombre de Cytotec, medicamento que se utiliza para combatir la úlcera gástrica o duodenal y para antagonizar algunos efectos secundarios de los analgésicos. Como se trata de un análogo sintético de la prostaglandina “E”, estimula la contracción del útero, al igual que ésta. Frecuentemente sólo provoca un aborto parcial que hace que a la paciente se le produzca una hemorragia que la obliga a ingresar al hospital para recibir asistencia médica, pues hay riesgo de una grave pérdida de sangre. Allí, usualmente, se termina de realizar el aborto con un legrado. Parecido es el mecanismo de acción de la Mefepristona, píldora abortiva que lleva por nombre comercial RU-486, el cual hace referencia al nombre de la compañía fabricante, Roussel Uclaf, y del número del proyecto de investigación, el 38486; está compuesta por un antagonista de la progesterona y se la usa unida con frecuencia a un análogo de la prostaglandina, el gemeprost.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional “probo y altamente calificado”, crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de amenorreas persistentes (falta de menstruación), procesos inflamatorios tubo-ováricos, esterilidad secundaria y otros procesos patológicos. Los reportes muestran, además de las complicaciones de la anestesia, especialmente las siguientes secuelas tardías: esterilidad, embarazos extrauterinos, apertura permanente o desgarro de cuello uterino, sinequias (adherencias colágenas) del útero, endometriosis, corte o lastimación del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica), predisposición a partos prematuros. Otra secuela de menor prevalencia es la perforación accidental del intestino -con hemorragia- a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial). Se presentan también investigaciones que muestran, a veces, la muerte de la paciente. Carol Everett, ex-propietaria de cuatro clínicas situadas en Dallas, Texas, informa que desde 1977 hasta 1983, una de cada quinientas mujeres a las que se practicaba el aborto moría o quedaba mutilada (Revista “Palabra” Vol. 309-I, págs. 46-47. 1991).

 

Las técnicas utilizadas por personal “no calificado” como las inyecciones de agua jabonosa o dettol con la jeringa de Higgison, la introducción de instrumentos, como ganchos de ropa, agujas de tejer o sondas de caucho, la perforación del huevo formado, el uso de la corteza medicinal del olmo que se hincha al insertarla en el cuello uterino o “píldoras abortivas” (siempre fallidas), y muchas más, son las más frecuentemente utilizadas a nivel clandestino,

Cuando el aborto es practicado por el mismo paciente o por personal “no preparado” científica y tecnológicamente se producen, desde la perforación del útero y aun de intestinos, hasta la aparición de procesos infecciosos, a veces graves, que llegarán, en ocasiones, a implicar tratamiento quirúrgico radical. A veces se reportan contracciones uterinas, abortos incompletos, desprendimiento a trozos e, incluso, muerte de la madre.

 

Sea cual fuere el procedimiento, los psicólogos que tratan estos casos han reportado, posterior al aborto, un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”, que no desaparece con el tiempo, sino que se oculta produciendo gran cantidad de efectos psicológicos, como los que siguen: baja de su estima personal, frigidez (disminución o pérdida del deseo sexual) en unos casos y, en otros muchos, el deseo urente de quedar nuevamente embarazada, aversión hacia su marido o compañero, frustración de su instinto maternal, neurosis, insomnio y hasta el suicidio.

 

 

Cuestionamientos y respuestas

 

CONSIDERACIONES MÉDICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El feto no es todavía un ser humano, es una masa informe de tejidos o masa de protoplasma”.

– “El embrión, a lo sumo, es sólo un proyecto, una posibilidad”.

– “Es hijo sólo en la medida en que yo lo desee”.

– “El ser humano se hace por el aprendizaje, por las relaciones afectivas y cuando es aceptado como tal, no cuando se unen el espermatozoide y el óvulo”.

 

Este aspecto ha sido ampliamente resuelto líneas más arriba, en el capítulo sobre el desarrollo humano: en cada una de las células del cigoto, la mórula, el blastocito, el embrión o el feto residen, como se dijo anteriormente, todas las características del ser que luego se desarrollará. Por eso, el cigoto (punto de partida de ese desarrollo) es una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa indivualidad hasta su muerte.

Se conoce que la expectativa de vida, o lo que, en promedio, llega a vivir un espermatozoide es de 72 horas y la de un óvulo de un poco más de 24 horas, mientras que la expectativa de vida del cigoto o célula primaria es de aproximadamente 75 años (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

A lo sumo, la polémica podría centrarse en el momento exacto de la creación de una nueva vida: ¿se produce ésta cuando el espermatozoide penetra en el óvulo, o cuando los cromosomas de ambos gametos se unen, estableciendo así un nuevo código genético? Aparte de que entre ambos momentos no hay mucho tiempo, éste es la consecuencia inmediata de aquel; dada ya la penetración del espermatozoide en el óvulo, no existe mecanismo fisiológico que pueda detener la secuencia siguiente. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida.

Todos estos argumentos nacen de una falta de conocimiento de genética y embriología que, como escribiera el Dr. Bernal, es similar a la “…del que cree que al saber el alfabeto ruso domina la lengua, entendible apenas en una persona con entrenamiento en física, un interés tardío en la biología y ningún conocimiento médico.” (pág. 132)

Aun antes de que la ciencia probara que la vida se inicia con el cigoto, al realizar un aborto existía siempre el riesgo de estar efectuando un homicidio, como cuando se dispara una ametralladora hacia unos matorrales, en donde no se ha verificado si hay o no posibles víctimas. Es más: aceptando como cierta la creencia antigua de que, en los primeros estadios del embarazo no hay vida propiamente humana, debe quedar sin duda el hecho de que el germen humano (hombre en potencia) no puede llegar a ser otra cosa que un ser humano. Por tanto, el aborto sería un homicidio anticipado.

El ser humano es un hombre no porque se le desee o no, sino debido a la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana.

Finalmente, el postulado que defiende la idea de que lo engendrado es humano, sólo en la medida en que sea aceptado por los padres o por la sociedad no le da valor al ser per se, sino que el hombre sería hombre únicamente cuando otros así lo decidan; si la sociedad o los padres fueran quienes determinaran -aceptando o rechazando al ser- que el “eso” biológico se convirtiera en un “tú”, no serían seres humanos los indigentes y todos los que viven en condiciones infrahumanas, y la sociedad se hundiría en las políticas fascistas nazis, que desprecian al ser humano.

 

– “La salud de la madre está en peligro”.

– “En algunas ocasiones, ya que corre peligro la madre, se hace en legítima defensa, pues el feto es un injusto agresor del organismo de la madre”.

– “Es mejor que muera el hijo y no la madre, ya que le hará más falta al esposo y a los otros hijos”.

 

Con frecuencia se afirma falsamente que el embarazo es riesgoso para la paciente. En ese sentido debe recordarse que, por ejemplo, desde el punto de vista médico, por ejemplo, una paciente cardíaca tiene más riesgo con el aborto que con el embarazo.

Además, en la inmensa mayoría de estos casos, factores inherentes al organismo de la madre -y no al del niño-, son los que causan la agresión.

Por otra parte, no se puede tachar al feto de “injusto agresor del organismo de la madre”, como se afirma a veces, ya que el niño no hace nada, voluntaria y conscientemente; y si se habla de “legítima defensa”, habría que exigir la legítima defensa del niño.

Ahora, como se verá más adelante, crecen las razones para ejecutar el aborto: se habla de que, en ocasiones, la salud psíquica de la madre se encuentra amenazada, y se ha llegado a postular que las depresiones o cualquier tipo de neurosis -de las que casi ningún ser humano escapa- son causa suficiente para recomendarlo. Nunca se podrá objetar que lo que se hace no es otra cosa que matar a un ser humano al que sólo le falta desarrollarse, con el fin de evitar el sufrimiento de la madre. Si se siguiera el pensamiento de dar validez ilimitada del aborto terapéutico, habría que tener en cuenta, incluso, el hecho de que el embarazo fatiga y es incómodo y molesto, especialmente para algunas mujeres que, en el primer trimestre, sienten náuseas y vómitos, además de la frecuente ansiedad. Entonces, ¿se recomendaría el aborto terapéutico?

Sin embargo, un aspecto que debe tenerse en cuenta se refiere al caso, cada día más raro, de tener que escoger entre la vida de la madre o la del feto: debe insistirse que el médico nunca provocará directamente el aborto para lograr salvar la vida de la madre; pero se elegirá su curación, siempre y cuando exista certeza de conseguirla, y que, sin pretender dañar al hijo, indirectamente se le cause la muerte, no sin antes haber agotado todos los medios técnicos y científicos para evitarlo, hoy casi siempre suficientes.

 

 

– “La mayor parte de las mujeres que, en los países en donde está legalizado, se someten legalmente a la operación provocarían el aborto de todos modos, ilegalmente y en peores condiciones. Legalizarlo evitaría la gran cantidad de abortos clandestinos, pues está en peligro la salud y la vida de las madres. Es necesario ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”.

– “El aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…”

 

Es muy importante no caer en este juego de palabras:

1) Si el aborto ilegal produce daño en la salud y en la vida de la madre, no abortar eliminaría por completo el riesgo, incluso, el que tiene todo aborto legal, descrito más arriba.

2) Si la ley se propone establecer y legalizar el aborto para “ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”, como lo suelen presentar, aduciendo a la vida de las madres que mueren tratando de abortar por métodos no médicos, habría que recordar que la vida del feto es también una vida, y que la historia ha probado que, tras su aprobación, se incrementa -como se probará más adelante- la práctica de este homicidio premeditado.

3) Obviamente, un aborto no clandestino disminuye el riesgo que corre la madre. En cambio, no merma el riesgo que corre el hijo, que casi siempre termina, como informa Carol Everett, en “…un triturador de desperdicios. Usábamos los modelos más potentes. Algunas de las estructuras del bebé en el segundo y tercer trimestre son tan fuertes que no se destruían en el triturador y teníamos que tirarlos en bolsas de basura”; además -como se sabe- los fetos son vendidos, ya que se utiliza su lanolina en la fabricación de cosméticos, su colágeno (al que se atribuyen propiedades rejuvenecedoras y embellecedoras), su duramadre para cirugía plástica cosmética de nariz o de pecho, sus testículos (con los que se cree que se acelera el crecimiento), sus células de cepa extraídas de los pulmones, cerebro, riñón, amígdalas, epidermis, bazo, tiroides, etc., entre otras cosas para extraer la uroquinasa, solvente de trombos, etc.

Por otra parte, afirmar que “el aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…” hace pensar que el remedio que se ofrece para curar esa enfermedad (la muerte de inocentes) no es siempre peor que el problema, lo cual es irracional.

En los estados donde más fuerza se hace para que se “solucione esta enfermedad social, a nivel comunitario” la situación del sector salud es siempre crítica: la dotación, la tecnología y -especialmente en los lugares alejados de las capitales- el factor humano son precarios. Si en los hospitales regionales, y aun en los hospitales universitarios, no se tienen camas suficientes para atender pacientes en grave estado, ¿cómo se iría a prestar el “servicio social”? Es fácil deducir que esto no se puede llevar a cabo sino en las clínicas particulares de las grandes ciudades, obviamente con costos inaccesibles para el pueblo.

 

 

– “Es necesario permitir la investigación con tejidos fetales. De eso depende la salud de otros”.

 

En 1928, cirujanos italianos comenzaron lo que hoy se está convirtiendo en realidad: los trasplantes de tejidos fetales a pacientes enfermos: diabetes, leucemia, poliomielitis… Recientemente, la enfermedad conocida comúnmente con el nombre de “mal de Parkinson” y la diabetes tienen perspectivas de ser curadas por estos medios; News Week publicó hace poco (El Tiempo, Mayo 30 de 1993) el siguiente relato:

“El aborto sólo duró casi siete minutos. Comenzó con un pequeño instrumento de acero inoxidable. Luego se escuchó el sonido de una succión mientras se transportaban el embrión y la placenta por entre un tubo que se perdía en un hueco en la pared. Al otro lado, una enfermera, cargando un pequeño plato de plástico, recibió los sobrantes de un embrión de seis semanas, que sólo pesaba dos onzas. Pero este no fue a parar al incinerador. Un técnico llevó rápidamente los tejidos a una mesa estéril, le sacó unos cuantos gramos de células neuronales y los puso en hielo.

Mientras tanto, otros científicos hicieron una serie de pruebas: no se presentaban deficiencias genéticas, no había SIDA, no había contaminación bacteriana. Seis horas más tarde los tejidos fueron llevados al hospital y entregados en una sala de operaciones. Allí, los cirujanos habían taladrado un diminuto hueco en el cráneo de un paciente que tenía mal de Parkinson. El cirujano chupó unas cuantas células con una jeringa, y utilizando un instrumento para encontrar el área afectada por esta enfermedad incurable, las inyectó en el cerebro del paciente que estaba despierto y consciente.”

Algunos usan embriones de entre seis y ocho semanas, otros usan embriones de más edad o, como en Suecia, se usa más de un embrión para cada procedimiento.

Sin embargo, la mayoría de los “científicos especialistas” dicen que los embriones que se deben utilizar para estos tratamientos o experimentos son los abortados artificialmente, ya que la razón más común para un aborto espontáneo o “natural” es que el feto sea defectuoso. Esto hace que sus células sean frecuentemente defectuosas y, por tanto, inadecuadas para ese fin; además, arguyen que los abortos espontáneos ocurren en situaciones no estériles (en la casa de la paciente y con la obvia contaminación vaginal, vulvar y del entorno).

Cualquier ser racional puede comprender sin esfuerzo, que lo que se pretende es matar seres humanos sanos para curar o promover la investigación.

 

 

CONSIDERACIONES PERSONALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es producto de una violación, y no lo puedo admitir como propio”.

– “La criatura fue concebida en circunstancias no normales (violación); además, la pobre muchacha quedará marcada por la vergüenza y por la sociedad”.

 

Un análisis especial merece la circunstancia de la violación. La situación psicológica de la gran mayoría de las mujeres se ve afectada de una manera u otra, llegando a presentarse casos de desquiciamiento total. Es verdaderamente una injusticia ante la que hay que reaccionar. En primer lugar, es necesario encontrar la causa de semejante atropello. Parte del problema tiene su origen en la educación sexual del ciudadano, pues recibe una instrucción colegial superficial en donde no se compromete el amor con la sexualidad humana y está sometido a la avalancha de mensajes comerciales, lecturas, programas radiales, televisivos y de cine que invitan a la irresponsabilidad sexual y al deterioro de los valores humanos fuertes que, en situaciones de inestabilidad emocional desencadenan la violencia sexual. Sirve de confirmación de ello que en la guerra o en tragedias naturales, muchos hombres se convierten casi en animales y violan a gente inocente, en su cuerpo, en su derecho a la libertad y en su intimidad. He aquí una loable meta a lograr por parte del gobierno: la de educación en la moral y en las buenas costumbres de los futuros ciudadanos.

Sin embargo, es bueno refrescar las estadísticas: en el “Manual sobre el Aborto” (Eunsa, págs. 52-57. 1975) los hermanos Willike informan que en Checoeslovaquia, de 86.000 abortos provocados, sólo 22 fueron embarazos producidos por violación. Otro estudio realizado en Minneápolis – St. Paul (The Educator, Sep.1970) sobre 3.500 casos de violación, dados en diez años, no se registró caso alguno de embarazo. La oficina del fiscal del estado de Illinois informó que, en un período mayor de 9 años, no se observó ningún embarazo por violación (“Medical Insigth” Eugene F. Diamond, M.D. Feb. 1972)

Hoy esta situación es aún menos grave: para fortuna de las mujeres que reciben tal oprobio, la ciencia médica es capaz de eliminar al espermatozoide de la vagina, del cuello uterino y del útero para descartar la posibilidad de la fecundación. Basta que la paciente acuda rápidamente a un centro médico donde le practicarán un “lavado” que impide que el espermatozoide viaje a la trompa a encontrarse con el óvulo y se forme el cigoto.

¿Qué hacer entonces ante el caso del embarazo por violación? ¿Se debe castigar con la muerte al niño inocente? Es verdad que la violación es una injusticia pero ¿se añadirá un asesinato a esa injusticia social? Esto, además, sería hacer más aceptable una situación ya de por sí inaceptable.

Psicólogos nombrados por Lejeune afirman que no siempre un embarazo indeseado implica un nacimiento no deseado: en el curso de los nueve meses, la actitud de la madre, incluso si ha sido violada, puede cambiar por completo. Además, para las madres que no se sientan capaces de hacerlo, quedará siempre la noble opción de la entrega del hijo en adopción: que otros seres humanos puedan encargarse del niño para darle la oportunidad de vivir y de gestarse su propio destino.

 

 

– “Mi novio me obliga a abortar si deseo continuar mi relación con él, y yo lo quiero mucho.

– “Debo abortar pues mis padres no tolerarán que haya quedado embarazada de mi novio”.

– “Los padres de mi novio me dieron plata para abortar y para huir de mis padres a otro país”.

– “Es imposible seguir estudiando en el colegio (o en la universidad) y tener, al mismo tiempo, ese bebé; no quiero atarme a ese muchachito hasta que haya estudiado”.

– “Mis amigas siempre abortan, si yo no lo hago, me botan del grupo”.

 

Todas estas afirmaciones tienen su base en la pobreza de principios de valoración personal, especialmente radicada en jóvenes inmaduras. Habría que preguntar hasta qué punto han incidido en esto los medios de comunicación y la publicidad que, a veces, hacen pensar de nuevo que la estima personal no es la que el individuo posea per se y la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana, sino que es única y exclusivamente la que los demás le dan.

Impresiona mucho saber, contrario a lo que se pueda creer, que las estadísticas prueban que estas razones son las que más abortos producen.

Es importante que el lector conozca que en casi todos los países existen fundaciones o asociaciones que se encargan de asistir a las adolescentes, jóvenes y adultas que se encuentren en esa situación. En Colombia, la Fundación “Derecho a Nacer” (Tels.: 2442618 y 2448538. Cra. 28 Nº 42-42, Bogotá) se encarga de dar apoyo moral, ayuda psicológica y asesoría familiar a toda persona que lo solicite; además, presta servicios médicos, psicológicos y psiquiátricos. Esas fundaciones son entidades sin ánimo de lucro y que, con una finalidad puramente filantrópica, han mostrado resultados altamente beneficiosos a las familias, dando orientación profesional tanto a nivel personal como familiar.

 

– “Ese hijo será una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja”.

 

Los cónyuges realizan un acto libre por amor. Esa libertad que tiene la pareja para procrear es la que se debe ejercer antes de decidir sobre la vida de otro. La libertad exige responsabilidad.

Si esa acción no fue realizada con coacción, engrandecerá el amor mutuo, antes que amenazar su equilibrio. En cambio, no hay duda de que la conciencia de haber realizado el asesinato de un hijo en forma conjunta, con la consecuente sensación de mutua complicidad en el delito, para solventar un problema psicológico, minará la relación de pareja y agravará aún más la inestabilidad emocional.

 

 

CONSIDERACIONES SOCIALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Esta situación es terrible: no soy capaz de sobrellevar una vida con un hijo mongólico… o con una deformación, y creo que él tampoco va a ser feliz. Ese mutuo dolor es mejor evitarlo”.

– “Por ser seres no deseados, serán los psicópatas del mañana”.

 

La Asociación civil francesa “Laissez-les Vivre”, presidida por un biólogo, especialista en genética, precisa que es falso que la mayor parte de las deficiencias del recién nacido sean hereditarias o provengan de enfermedades del embarazo; más bien -dice- obedecen a la insuficiencia de equipos de reanimación o fallas humanas en lo que respecta a prevención y vigilancia.

También afirma que es falso que todas las malformaciones se pueden constatar por punción amniótica (succionando, con una jeringa el líquido amniótico y analizando en él las células descamativas del feto). Sólo algunas enfermedades se pueden diagnosticar tempranamente, como es el caso de la trisomía 21 o mongolismo. Además, es necesario oír el comentario que, acerca de esto hace el Dr. Bernal: “… en las mejores manos, la amniocentesis (punción del líquido amniótico para su análisis) tiene un riesgo de 0.5 – 1% de generar un aborto”.

Algo que muchos desconocen, y que adquiere una relevancia particular, es que la naturaleza es muy sabia: las verdaderas monstruosidades son eliminadas espontáneamente.

Desde el punto de vista genético, se dice que se deben estudiar todas las familias con antecedentes de una enfermedad hereditaria. Como lo demuestra de nuevo el Dr. Bernal en su último libro, “suprimir a esos pacientes o impedirles que se reproduzcan, tan sólo reducirían la carga genética en un 2% por generación (la frecuencia del gen bajaría a la mitad en 1.500 años). En este sentido, es indispensable informar a la opinión pública que muchas de las malformaciones que se consideran son de carácter hereditario, obedecen más bien al hecho de que, entre generación y generación, aparecen nuevos genes que “crean” nuevos trastornos hereditarios, las mutaciones nuevas, que consisten en la transformación de uno o más genes durante la división de la célula.

Además, con los últimos adelantos científicos, hoy es posible intentar mejorar el cromosoma afectado.

Sin embargo, algunos médicos aceptan el deseo de sus pacientes o, incluso, instan a que se elimine a los enfermos cuando son pequeños e incapaces de defenderse, como es el caso del embrión y del feto, olvidando que el médico está para preservar la vida y la salud, no para matar. En ese sentido, el profesional debe ser muy cauteloso al decir las cosas, respetando la libertad de sus pacientes: muchas veces una palabra del médico se convierte, por la autoridad de que está revestido, en coacción.

La historia sucedida en Italia a propósito de la nube tóxica de dioxina sobre la ciudad de Seveso, puede dar una idea del estrago que los médicos y los medios de comunicación pueden causar sobre la opinión pública: muchas madres fueron convencidas de que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas monstruosas. Por esa razón, las autoridades permitieron el aborto terapéutico. Lo llamativo de la historia fue que las 1.400 madres que se negaron a hacerlo dieron a luz hijos sanos. Así como éste, se dan muchos casos que se presentan como abortos terapéuticos los que sólo son homicidios verdaderos y premeditados.

Sin embargo, esto no contesta del todo la pregunta.

En primer lugar, en el fondo de todo esto, como siempre, está en la ignorancia sobre la realidad científicamente comprobada -citada reiteradamente- de que el producto de la fecundación es ya un hombre con todos los derechos que como tal debe tener y sobre el hecho de que cualquier ser disminuido físicamente o mentalmente, tiene una libertad, piensa y posee sentimientos.

En segundo término, el sufrimiento que se cree padece, es casi siempre medido por seres sin esa patología, sin esa disminución de su capacidad física o mental. Si se tienen en cuenta las palabras de Rosalie Craig, en Testimony, Ohio Legislation, 1971, “no ha existido nunca una organización de padres de niños retrasados que haya favorecido el aborto” y se confirma que más bien defienden la vida, pues el contacto directo y vivo con ellos les hace valorar esas vidas de un modo especial, se llegará a la conclusión de que son seres humanos con apego por la vida, con deseo de disfrutar de ella y que tiene para ellos un valor absoluto.

Así se concluye el tercer aspecto sistemáticamente olvidado por muchos: la vida de los mongólicos y la de los “disminuidos” es su mejor tesoro.

La dignidad de un ser humano no está sujeta a que sea más o menos inteligente o a que esté físicamente disminuido o completo y fisiológicamente apto, depende de que sea un ser humano. Conceder el derecho a vivir únicamente a los bien dotados es racismo, que tiende siempre a considerar inservibles cada vez más número de defectos, orgánicos o no, inicialmente fútiles, de poca importancia.

 

 

– “En el caso de las mujeres retrasadas mentales y/o dementes debe implantarse el aborto, ya que los genes de un violador y una loca serán siempre malos”.

 

Ante esta afirmación, además de todo lo analizado en el punto precedente, es necesario añadir que si lo que se propone es eliminar a todos los poseedores de genes “malos” y, teniendo en cuenta que esas dementes que deambulan por las calles son violadas en varias ocasiones, sería más práctico eliminarlas a ellas, antes de que eso suceda; con ello se lograría cortar “por la raíz” el futuro problema. Sin embargo ambas acciones repugnan a cualquier profesional probo y honesto, y a cualquier ser humano.

 

 

– “Sólo los ricos pueden abortar sin riesgo en el extranjero y los pobres deben acudir al peligroso aborto clandestino; legalizarlo acabaría con esa injusta desigualdad”.

 

De nuevo, aparece un sofisma: ¿esa desigualdad es para ejercer un derecho legítimo?: ¿se espera que el mal que los ricos pueden hacer sin el más mínimo castigo pueda ser realizado de igual manera que los menos favorecidos económicamente? ¿es a esta impunidad a la que quieren llegar los que así piensan?

Aun conseguido este propósito -esa igualdad de condiciones- el delito no dejará de ser delito.

 

 

CONSIDERACIONES LEGALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban”

 

Los efectos de la legalización del aborto en muchos países suelen ser el incremento de las razones que se utilizan para ello. Comenzando por algunas particulares causas extremas como la violación, el incesto y entidades patológicas específicas, se ha ido aumentando hasta situaciones tan sutiles como las que siguen:

El chileno Benjamín Viel V., autor del libro “La explosión demográfica” afirma en él que “los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos figuran allí como causas aceptadas” (Editorial Pax-México. México, pag.140. 1973). “el Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas […] Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto” (pág. 142).

Como lo afirman en su libro “Técnicas de control de la natalidad” (Editorial Diana. México, 1972) el sociólogo John Peel y el Dr. Malcolm Poots -pro-abortistas- en Suecia “sólo el 35% eran por prescripción médica” (pág. 193). “Depresión reactiva (sicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que hay que pensar en un aborto.” (pág. 197).

Esto denota el deterioro del impulso inicial reducido a algunos particulares casos.

Además, Benjamín Viel cita cómo, tras la legalización, el incremento de estas prácticas es grande, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en la ciudadanía, mutando su gestión protectora de la moral y las buenas costumbres: “la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva al número de veces que anteriormente se ha recurrido a tal maniobra.”

Esto es corroborado por muchos otros, como Peel y Poots, quienes en su libro -ya citado-, dicen textualmente: “En Checoeslovaquia, Polonia y Yugoslavia la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría […] los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos” (pág. 190).

Era fácil deducir que esto habría de ocurrir.

Si bien todo lo precedente cuestiona sobre la oportunidad de legalizar el aborto o no, el tópico principal a tratar es si el pluralismo ideológico es más importante que el bien común. Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano, por mayoría de votos, lo cual sería no menos que la tiranía de algunos. Por citar sólo un ejemplo dentro del mismo contexto, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia -establecida, por demás, en muchos países- no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría); igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un “valor moral” que no posee y que no adquiere por mayoría de votos en ningún congreso, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Finalmente vale la pena citar el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, carta magna de 1991: “El derecho a la vida es inviolable”.

 

 

– “Tengo el derecho a abortar”.

– “Soy dueña de mi propio cuerpo, nada me impide disponer de él”.

– “El feto es un apéndice de la madre, como su pie o su brazo”.

– “La ley que prohíbe el aborto es reprimir a las pobres madres que no desean tener al hijo. Esa ley es discriminativa”.

 

Ante todo, debe reiterarse que no existe el derecho a abortar, pues no existe el derecho a matar.

Además, al oír estas frases, lo primero que asoma en la mente de cualquiera es pensar que el embrión (o el feto) también es dueño de su propio cuerpo, y que por lo tanto sólo él podría disponer de sí; salta a la vista el hecho de que, por ahora, es incapaz de hacerlo. Son otros los que creen tener la potestad de destruir su vida y su porvenir.

Sin embargo, conviene profundizar algo en este tema trayendo a colación las palabras de la Dr. Botella Llusía en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, 90: 290, 1973: “…es ya un ser extraño dentro de otro. Un ser vivo dentro de otro ser vivo, y su carácter ajeno es tal que el organismo de la mujer tiene que poner en marcha complicados mecanismos inmunológicos para que el fruto no sea eliminado como se rechaza un injerto.”

Y también las siguientes letras, que intentan hacer un paralelo con un astronauta: “Antes del nacimiento el feto posee varias partes auxiliares que las utiliza mientras vive en el útero. Tiene su cápsula espacial: el saco amniótico; su cordón vital: el cordón umbilical; y un sistema de raíces: la placenta. Todo eso es suyo y no de la madre, pues se desarrollaron a partir de su célula original” (The secret World of a Baby, Day & Liley, 1968, Random House)

Por otra parte, el proceso de la concepción concierne a ambos cónyuges, ya que sin el padre habría sido imposible engendrarlo. Debe recordarse que ese nuevo ser posee igual número de cromosomas de su padre que de su madre. Siendo así, es imposible aceptar la frase que alude a la propiedad del cuerpo y a la libertad que tienen de disponer sobre él, proferida por algunas madres o por algunos abortistas, acabando con el derecho paternal. Sin embargo, debe decirse que la vida humana no es una “cosa útil”, como la propiedad; por tanto, ambos derechos a la vida -el de la madre y el del niño- son igualmente valederos; así que, en los casos en que se justifica el aborto para salvar la vida de la madre, se viola uno de los dos derechos.

Cuando se dice que la ley que prohíbe el aborto es discriminativa se olvida que la ley que lo permite discrimina al ser humano más indefenso que existe: el que no ha nacido todavía, y que depende más de sus padres que, sin embargo, lo asesinan. Cabría aquí traer a colación lo que escribiera el Dr. José López Navarro desde 1979: “Con el mismo derecho con que las madres podrían matar a sus hijos no deseados, podrían estos pretender matar a sus madres no deseadas; basta pensar que una madre anciana y enferma sea no deseada por sus hijos porque la consideren un estorbo.”

 

 

– “Las características de ese supuesto asesinato no son enteramente comparables a las que entendemos como propias del asesinato en el concepto universalmente conocido”.

 

Ya que ha quedado científicamente establecido que hay una nueva vida humana desde la fecundación, quizás esta consideración pueda referirse a que el embrión o el feto no sientan dolor, al ser abortados. Por eso, vale la pena hacer las siguientes citas:

“Antes de finalizar el segundo mes, hay una clara respuesta del feto a los estímulos. Por ese entonces la inspección EEG (electroencefalograma) revela que hay funcionamiento cerebral del niño no nacido.

Entre la octava y la décima semana, ya se puede medir la actividad del tálamo (sitio donde está, en el cerebro, el centro del dolor). Los nociceptores (nervios sensoriales para la recepción del dolor) llegan a la piel antes de la novena semana de la gestación.

Para el día 77 de vida en el vientre materno, el niño ya puede tragar (a una velocidad que varía según el nivel de dulce de la inyección)” (“The Silent Screams: Abortion & Fetal Pain” Patrick Kaler, C. SS. R. Liguori publications. 1984).

“…a la mitad del período de embarazo, mitad del quinto mes, una luz muy luminosa puesta sobre el abdomen de la madre induce al niño o niña a mover sus manos en una posición de protegerse los ojos. Música en alto volumen induce a una respuesta similar en las manos hacia las orejas. El movimiento rápido de los ojos (REM) -con el que los investigadores miden los estados de alerta, de dormir y los sueños- han sido registrados desde la semana 19 de gestación” (Libro: “The secret Life of Unborn Child” Dr. Thomas Verny).

Se ha probado la existencia de dolor fetal, dolor resultado del aborto. (“Fetal Pain and Abortion: The Medical Evidence” Vincent J. Collins, Steven R. Zielinski y Thomas J. Marzen. 1984).

El Dr. William Hogan, miembro del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos citó numerosas obras reconocidas de fetología que apoyan la existencia de dolor en el feto. (The New York Times, Feb.26 de 1984).

En 1984, durante la Convención Estadounidense sobre Derecho a la Vida, en Kansas City, Missouri, el Dr. Bernard Nathanson, un ex-abortista, mostró un sonograma (película de ultrasonido) de un aborto por succión. El siguiente es el relato dado por una de las delegadas, Mrs. Sandy Ressel:

“La pequeña niña tiene diez semanas de vida y es muy activa. Podemos verla en sus juegos moviéndose y volviéndose, y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su “santuario”.

Nosotros vimos con horror cómo -literalmente- maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza; mientras la niña convulsionaba violentamente, vivió casi todo ese trágico proceso tratando de esquivar el instrumento cortante. Con mis propios ojos vi su cabeza echada hacia atrás y su boca quedó abierta, a lo que el Dr. Nathanson llamó “un grito silencioso”. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del fórceps buscando la cabeza para destrozarla y removerla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión.”

El aborto por dilatación y evacuación se practica en embarazos de 12 semanas; el procedimiento requiere producir innumerable cantidad de heridas de cuchilla, hasta que se produzca la muerte.

Para realizar abortos en épocas más tardías del desarrollo se utiliza, como se dijo más arriba, la técnica de la solución salina o hipertónica en la que “la acción corrosiva de la solución salina quema las capas superiores de la piel del feto”, lo cual es obvio, ya que, en los manuales sobre técnicas abortivas, se advierte a los médicos no dejar gotas de la solución salina entrar en contacto con los tejidos maternos, por lo que se produciría un “intenso y severo dolor”. “Ante el abortista que inyecta la solución salina, que quema la piel del feto, ¿quién no reacciona?” (Philadelphia Daily News, Mar. 6 de 1984).

 

 

CONSIDERACIONES RELIGIOSAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Prohibir el aborto es un tabú que va en contra del progreso. En las naciones adelantadas lo están legalizando”.

 

Otros argumentos irracionales que se exponen son estos dos postulados. Tabú es, según el sentido que se le quiere dar a la frase, una creencia religioso-popular que limita el entendimiento de quien lo vive y por el cual es capaz de negarse a la verdad. Dentro de ese contexto, ha de afirmarse que el negar la verdad en forma sistemática para defender una posición errónea es un verdadero tabú y que el progreso implica avanzar en la verdad científicamente comprobada de que existe vida desde la formación de la célula primaria y que, por tanto, realizar un aborto es eliminar una vida.

De otro lado, cae, por su falta de peso, el defender la idea de que todo lo que se haga en las naciones avanzadas es siempre bueno.

 

– “Es inadmisible la intromisión del clero y de los cristianos retrógrados en los asuntos civiles y políticos”.

 

Dentro de una democracia, el clero y los cristianos son ciudadanos que poseen los mismos derechos de opinión sobre las leyes que los regulan; con ese argumento se podrían violar los derechos de los militantes de cualquier religión o credo y aun los de los llamados ateos; luego no es intromisión sino ejercicio legítimo de la condición de ciudadanos. Ningún practicante de cualquier religión o credo pueden negar el valor social de argumentos tan contundentes como el siguiente:

“Si sustituyésemos el derecho a la vida, el don de la vida, por el derecho de quitar la vida al hombre inocente, entonces no podríamos dudar que, en medio de todos los valores técnicos y materiales con los que computamos la dimensión del progreso y de la civilización, quedaría quebrantado el valor esencial y fundamental que es la razón justa y el metro del verdadero progreso: el valor de la vida humana, o sea, el valor de la existencia del hombre […] Si aceptásemos el derecho a quitar el don de la vida al hombre aún no nacido, ¿lograremos defender después el derecho del hombre a la vida en todas las demás situaciones?, ¿lograremos detener el proceso de destrucción de las conciencias humanas?” (S.S. Juan Pablo II, en el Angelus, Abril 4 de 1981)

 

– “El feto no tiene alma, ya que todavía no es un ser racional”.

 

Las funciones específicas de la inteligencia -intuir, razonar, abstraer- llegan a su plenitud en la adolescencia, ni siquiera están acabadas en la infancia; por esta razón, es injustificado el pensamiento que defiende la idea de que el alma “entra” al cuerpo cuando el ser humano tiene inteligencia racional y no antes. Dado este supuesto absurdo, un adulto bajo anestesia general para una operación quirúrgica dejaría de existir por un tiempo, ya que no se puede probar que razona ni intuye ni abstrae.

Hoy se sabe que la inteligencia se forma de los reflejos; son ellos la base de la senso-percepción. Un niño sin reflejos no tendrá suficiente inteligencia. Y esos reflejos hacen su aparición en la vida intra-uterina.

Además, arriba se mostró cómo el cerebro termina de “interconectarse” hacia los 6 o 7 años, por tanto, debe repetirse que su desarrollo es sólo un proceso creciente cuya “fórmula” está ya establecida desde el cigoto.

La animación del cuerpo (vivificar el alma al cuerpo) está dada -valga la redundancia- por el alma.

Así como las plantas tienen un alma vegetativa que las anima, los animales tienen un alma sensitiva sin la cual no pueden vivir (además, con ella, un cachorro experimenta, por ejemplo, la carencia o falta de compañía de su amo). El hombre, a su vez, posee un alma espiritual que lo vivifica. Esta alma, capaz de entender, querer y sentir, es el principio espiritual por el cual el ser humano (léase: anciano, adulto, joven, adolescente, niño, feto, embrión, blastocito, mórula o cigoto) vive, tiene vida, es una persona, un ser humano.

 

 

CONSIDERACIONES ECONÓMICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es un medio de control demográfico, especialmente útil en los países subdesarrollados”.

– “La explosión demográfica lo exige; es mejor que seamos pocos, pero bien alimentados”.

 

Este es el menos contundente de los argumentos que se enarbolan para defender la realización del aborto, pues es obvia la desviación de la atención que pretenden hacer:

El equitativo reparto de las riquezas de un país e, incluso, del mundo es la política adecuada para solucionar el problema de las necesidades básicas de la población: alimentación, vivienda, educación, salud… A nadie escapa el conocimiento de que las diferencias económicas, sociales y culturales son cada vez mayores. Basta observar cualquier país para convencerse de que con el dinero de unos pocos se solucionaría el problema socio-económico presente aun en el tercer mundo. Estas riquezas alcanzarían a cubrir quizá algunos de los requerimientos adicionales, como la recreación, el acceso a una mayor cultura, las comodidades, etc. El Profesor Donald Bogne, quien pudo probar que los agricultores del mundo en 1971 podían alimentar a un mundo con una población 40 veces mayor que la que los censos estimaban para esas fechas (Time Magazine. Sep.13). Aunque la situación ha empeorado, no se puede pensar que todavía sea dramática.

Las naciones que, desde hace tiempo, implementaron controles de natalidad para evitar la explosión demográfica deben enfrentarse ahora al fenómeno de implosión demográfica: Europa está viendo incrementar cada día más su población senil no activa laboral y económicamente, los índices de nacimientos Vs. defunciones son cada vez menos alentadores, el estado ha tenido que incrementar el aporte económico para el renglón de pensiones y jubilaciones en una forma alarmante, alcanzando a afectar la economía de sus naciones y en países como Francia, Alemania y Noruega se hace políticamente necesario el nacimiento de un tercer hijo. América está caminando por el mismo sendero: si en 1957 el índice de fecundidad era de 122,5 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles, en 1975 esa cifra era de 66,5, es decir, a la mitad en 18 años; paralelo a esto, la tercera edad, en cambio, se incrementa: en 1977 aproximadamente el 10% de los habitantes era de ancianos (216 millones de habitantes, 23 millones de viejos) y en 1985 ya estaba en el 13%. Si se continúan las promociones de control demográfico en América, en el año 2000 no sólo se llegará a la cifra de 21 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles y a que de cada 6 habitantes 1 sea anciano, sino que la economía de los países se verá aún más afectada de lo que está, fin principal de los que abogan por la política del control demográfico, usando hasta el aborto con ese fin.

 

 

Nota final

 

La defensa de la vida humana es la base de la lucha por todos los demás derechos. Sin ese derecho primordial, toda lid por obtener las subsiguientes libertades es etérea y volátil.

Quiera Dios que quienes lean estas líneas se hagan conscientes de la importancia de difundir los conceptos aquí expuestos, para que todos los hombres, sin distingo de raza, condición, oficio o credo religioso, reiniciemos la brega por comprender y defender los principios fundamentales de la existencia humana, y podamos construir un mundo mejor para nuestros hijos, que son la continuación de nuestros seres.

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Monólogo de una mujer moderna*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 13, 2015

Son las 5:30 a.m. El despertador no para de sonar, y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared.

Me siento acabada… No querría tener que ir al trabajo hoy. Quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc. Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores. Todo, menos salir de la cama, meter primera y tener que poner el cerebro a funcionar.

Me gustaría saber quién fue la mujer imbécil, la madre de las feministas, que tuvo la idea de reivindicar los derechos de la mujer, y por qué hizo eso con nosotras, que nacimos después de ella.

Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, enseñándose mutuamente secretos de condimentos, trucos, remedios caseros, tips sobre la última moda, leyendo buenos libros de las bibliotecas de sus maridos, decorando la casa, podando árboles, plantando matas florales, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina.

Después se puso mejor: teníamos servidumbre, llegaron el teléfono, las telenovelas, la tarjeta de crédito, la Internet, ¡el e-mail! ¡Cuántas horas de paz, solaz y realización personal nos trajo la tecnología!

Hasta que vino una —a la que por lo visto no le gustaba el sostén— a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras como esa de que “Vamos a conquistar nuestro espacio”. ¡Qué espacio ni qué nada! ¡Si ya teníamos la casa entera! Todo el barrio era nuestro, ¡el mundo estaba a nuestros pies! Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse y para hacerse ver bien delante de sus amigos. Y ahora…, ¿dónde están?

¡Nuestro espacio!… Ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñar con las mujeres: huyen de nosotras como el diablo de la Cruz. Ese chistecito, esa gracia, acabó llenándonos de deberes; y, lo peor de todo, ¡acabó lanzándonos a muchas dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!

Antiguamente los matrimonios duraban; eran para siempre.

¿Por qué —díganme—, por qué un sexo que tenía todo lo mejor, que sólo necesitaba ser frágil y dejarse ayudar en la vida, comenzó a competir con los machos? ¿A quién se le ocurrió semejante despropósito? Miren el tamaño de sus músculos y miren el tamaño de los nuestros… Estaba muy claro: ¡eso no iba a terminar bien!

No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba (no por mí, sino porque mi trabajo me lo exige), para lo cual tengo que matarme en el gimnasio o reunir dinero para hacerme la mamoplastia, la liposucción, implantes en las nalgas…, además de morir de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas…; usar todas las demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente hasta el escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las canas, que son peor que la misma lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo…

Ver que no me falte más nada, tener que decidir qué perfume combina con mi humor o tener que salir corriendo para quedarme embotellada en el tránsito, y tener que resolver la mitad de las cosas por el celular, correr el riesgo de ser asaltada, de morir embestida por una buseta o un motorizado, instalarme todo el día frente a la computadora trabajando como una esclava (moderna, claro está), con un teléfono en el oído y resolviendo problemas uno detrás de otro, ¡que además ni siquiera son mis problemas!

Todo para salir con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor no hay tiempo).

¡Y teníamos todo resuelto!

Estamos pagando el precio de estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, operadas, con las uñas perfectas…, sin hablar del currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.

Nos volvimos “supermujeres”, pero seguimos ganando menos que ellos y, en la mayoría de los casos, ¡de todos modos nos siguen dando órdenes!

¿No era mejor, mucho mejor, seguir tejiendo en la silla mecedora?

¡¡¡Basta!!!

Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores y cartitas con poesías, que me dé serenatas en la ventana…

Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar, ¿para qué había que demostrárselo a ellos?

¡Ay, Dios mío!, son las 6:10 a.m., y tengo que levantarme… ¡Que fría está esta solitaria y grandísima cama! ¡Ah!… Solo quiero que un maridito llegue del trabajo, que se siente en el sofá y me diga: “Mi amor, ¿me traerías un whisky por favor?” O: “¿Qué hay de cenar?” Porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sandwich y una Coca-cola light, mientras termino el trabajo que me traje a casa.

¿Piensas que estoy ironizando o exagerando? No, mis queridas amigas, colegas, inteligentes, realizadas, liberadas… y ¡pendejas! Estoy hablando muy seriamente. ¡Estoy abdicando de mi puesto de mujer moderna!

¿Alguien más se suma?…

ROCHY

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Amor es…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 8, 2012

Cada ser humano tiene, basado primero en las circunstancias sociales en las que nació y creció, y también en las experiencias personales, una propia y casi exclusiva visión personal del amor verdadero.

Una vez que se enuncia la pregunta: “¿Qué es el amor?”, las respuestas son tan numerosas, y a veces tan dispares, que algunos han declinado en la lucha por lograr explicarlo.

Debe concluirse que si todos tenemos una versión propia acerca del amor, muchos serán los equivocados. Aunque obvio, esto no deja de ser sorprendente: aparte de la razón y la voluntad -y aun por encima de ellas- el amor es lo que nos diferencia de los otros seres y esto es, paradójicamente, una de las cosas que menos se conoce.

He aquí el por qué de tantos fracasos matrimoniales.

Sin embargo, algunas de las definiciones tienen, al menos, una dirección similar -algo que es un consenso- basados en lo cual, se puede lograr un acercamiento inicial:

Se ha afirmado con certeza que el amor de una madre es el amor más perfecto que existe y que los hijos nunca logran amar tanto a sus madres. Y así es efectivamente: el amor materno es desinteresado y no busca recompensa.

Analicemos la conducta de las madres:

Una madre es capaz de aguantar los mareos, vómitos y hasta desmayos del primer trimestre del embarazo producidos por el cambio hormonal; una madre es capaz de soportar el peso y las incomodidades de los últimos meses; una madre es capaz de sufrir los dolores del parto o aceptar la cesárea, si es necesaria. Todo a cambio de que su hijo nazca bien y sea sano.

Una madre es tan fuerte, que amamanta a su hijo, so pena de que le muerdan los pezones, muchas veces hasta que aparezcan grietas y aun cuando sangran; una madre es tan fuerte que se levanta todas las veces que considere necesario para verificar que su hijo está bien o para darle de comer; una madre es tan fuerte que le cambia los pañales cada vez que llora por la incomodidad que le produce la humedad, haciendo a un lado el asco de oler y/o untarse…

Si su hijo llega a enfermarse, no repara en gasto de tiempo, sueño, dinero, etc. para que ceda o desaparezca su malestar…

Más adelante, cuando su hijo crezca lo seguirá amando con la misma fuerza y lo defenderá de los demás, si quieren dañarlo física o psicológicamente.

Y, aunque se comporte como un mal hijo, siempre lo perdonará, olvidará con facilidad las veces que la ofenda… lo disculpará ante los demás y hablará siempre muy bien de él…

Sólo una madre puede ser ejemplo del verdadero de amor.

Al hacer un análisis del amor materno, se puede observar que en la mayoría de los casos la madre no solo es capaz de hacer muchas cosas por su hijo, sino de privarse de sus necesidades más esenciales por lograrlo; además, no repara en esfuerzos y, siempre, sin esperar nada a cambio.

¿Se encontrará un amor igual en la tierra? Nadie ama o perdona tanto como una madre (y, efectivamente, nadie hace por su madre todo lo que ella hace por él).

Todo esto es entrega desinteresada. Todo esto es sacrificio. Todo esto es amor.

Por tanto el amor es sacrificio.

No significa sacrificio sino que es sacrificio.

De modo que si se quiere saber cuánto se ama, se debe preguntar cuánto se ha sacrificado por ese ser, objeto del cual es ese posible amor.

En cambio, el medio ambiente social y, muy especialmente, los medios de comunicación, hacen que el hombre actual crea que el amor son otros valores:

Cada vez que en una propaganda se muestra un hombre o una mujer siempre jóvenes, esbeltos, atractivos, con un cuerpo sensual, rodeado de aclamaciones, siempre sonriente, quizá fumando un cigarrillo, quizá comprando una beca para estudiar, tal vez adquiriendo determinado producto, el televidente, el cinéfilo o el lector reciben en el subconsciente la idea de que “gozar” es la felicidad.

En este contexto es imperante analizar la palabra “gozar”: gozar es usar algo y experimentar placer con ello.

Así, el joven en proceso de formación va creando en su interior el concepto claro e irrefutable de que todo lo que le produzca placer es bueno para él, y por tanto, útil en la búsqueda de la felicidad.

En las relaciones interpersonales -y sobretodo teniendo en cuenta el marcado criterio machista de hoy- este modo de pensar hace que el muchacho frecuentemente encuentre a la mujer como “algo” que le pueda producir esa sensación de goce, y no alguien con quien quiera compartir su vida y a quien quiere hacer feliz, es decir, que la vea como un objeto de placer.

En las mujeres se da el mismo caso: si pretenden llenar su vacío de amor -circunstancia más frecuente de lo que pueda parecer-, o intentan simplemente “sentirse amadas” cuando buscan a su novio, estarán usándolo para experimentar ese placer meramente psicológico, y no ser su complemento para viajar juntos en pos de la felicidad.

Esta postura, conocida como el utilitarismo, es tratarse mutuamente como cosas: sólo para utilizarse, buscando así, como lo predica su máxima, el máximo de placer y el mínimo de pena y de dolor en la vida.

Si se analiza con profundidad, el utilitarismo es imposible: en algunas ocasiones tendrá que ser placer para el otro (y no gozará del máximo placer), para que luego ese otro sea su fuente de placer.

Por eso este camino es ilógico: o somos destinatarios de ese placer o somos medios para el placer de otros; debo aceptar ser medio, pues eso considero al otro.

Si la miramos con detenimiento, esta posición es errada ya que el valor intrínseco de la persona -su propia dignidad- no puede subordinarse al valor del placer.

Si se traslada el utilitarismo al plano conyugal, se puede descubrir la razón más frecuente de los fracasos matrimoniales: cuando acaba el provecho común, no quedará nada.

Ante estas dos presentaciones de la felicidad del mundo moderno (el sacrificio como fuente verdadera de amor y el placer como medio para alcanzar la “felicidad”), el muchacho o la niña se ven frecuentemente impulsados a elegir la postura más fácil y la más cómoda: aunque el ejemplo del hogar -de la madre- haya sido de valores humanos y de entrega sin interés, los ojos, los oídos y, en general, los sentidos se irán tras los “dioses” del mundo moderno: el dinero, el placer, la comodidad, el prestigio…, y la felicidad individual de cada uno de los jóvenes, la de la pareja, la de la familia y la de la sociedad no pasarán de ser una ilusión.

En cambio, si la relación se basa en desear para el otro lo mejor, aun a costa de ceder en mis propios intereses, y el otro hace lo mismo, la armonía crecerá en ese hogar, el enriquecimiento con valores humanos no se hará esperar y se tendrán mayores facultades para educar a los hijos en ese mismo camino, lo cual sí hará un cambio paulatino en la sociedad.

Amar, entonces, no puede definirse sino como tender ambos al bien. Si tú eres un bien para mí y yo deseo el bien para ti, la relación ya no será el caminar de dos “yo” juntos, sino el de un “nosotros”. Este amor no morirá con la vejez, la enfermedad, la falta de dinero o la disminución de la líbido.

Es por eso que están equivocados quienes colocan el amor conyugal en una mesa cuyas cuatro patas son el amor, el dinero, la salud y la genitalidad, pues en el momento en que falle uno de esos cuatro pilares, tambaleará la relación. Si el amor conyugal se sostiene en un sólo pilar -el amor verdadero- que se abre en abanico para soportar todos los otros aspectos de la vida, que pasarán, obviamente, a un importante pero secundario lugar en sus vidas, el triunfo será más factible: si el dinero falta en ese hogar, no faltará la fuerza del amor para colaborar en su consecución; si la genitalidad de uno es menos fogosa o decrece, la capacidad de entrega generosa del otro la suplirá con su ternura; si aparece la enfermedad, siempre se tendrá quién vele amorosamente por él…; en fin, ante la presencia de cualquier circunstancia negativa -circunstancias que siempre se presentarán-, el amor sostendrá la relación.

Sólo el amor lo puede todo. Sólo con amor se solventarán las dificultades. Sólo la entrega generosa y desinteresada salvará a la familia, célula de la sociedad.

Pero volvamos un poco atrás en el tiempo: al noviazgo. Nada se quiere si no se conoce. Por eso es necesario pasar del atractivo que se siente inicialmente (atractivo hacia la persona, no a una parte) a la amistad, y luego, al cariño, antes de llegar al amor. El noviazgo es la etapa que madura ese amor. Además, el noviazgo inicia y desarrolla el proceso de adaptación que lleva al triunfo en la relación y, por ende, al matrimonio. Al no darse adecuadamente, llevará a la ruptura o a una unión desdichada.

Antes de tomar la determinación de casarse, entonces, es necesario que cada uno pueda valorar el amor que se tienen verificando cuántas veces el uno ha sido generoso con el otro, cuántas veces ha dejado a un lado sus intereses, metas e ilusiones personales en pro del otro; es decir cuántas veces se ha sacrificado por él.

Si ambos han demostrado esa capacidad de sacrificio -amor-, y lo han hecho en muchas ocasiones, podrán dar el salto a la unión definitiva contando con el mejor aliado: la generosidad, esto es ¡de nuevo! el amor.

En ese proceso, es necesario evadir las inclinaciones erróneas más frecuentes de cada sexo: el hombre tiende a pensar que el amor es genitalidad, mientras que la mujer se inclina a creer que el amor es sólo sentimentalismo. Ambos están equivocados, como vimos. El amor marital tiene sentimientos, tiene genitalidad, y tiene otros componentes pero, en esencia, es sacrificio.

Si la relación se sostiene en la genitalidad o en el sentimentalismo, como sucede tantas veces (por no decir siempre que fracasa), tarde o temprano sucumbirá.

Los novios pueden evaluarse personal y mutuamente en eso, en cambio, para los esposos esa evaluación casi siempre llegará tarde, especialmente si ya tienen hijos. He aquí la importancia del examen prematuro.

Es por eso que la entrega parcial y prematura, que se da con las relaciones genitales prematrimoniales puede llevar a la frustración: la entrega, como quedó claro, se debe dar en los tres planos para que sea verdadera y humana: entrega en lo espiritual, en lo psicológico y en lo biológico. Estas relaciones genitales son entrega, como su nombre lo dice, genital -biológica-, y es frecuente que los novios se den también en el aspecto psicológico temporalmente, pero su entrega no es espiritual, ya que está condicionada por el tiempo, y una entrega espiritual es para siempre, como se vio en el primer capítulo. Además, nunca una entrega verdadera tiene condiciones.

La prueba de amor más grande es el sacrificio; en ese contexto, si él espera hasta el matrimonio, estará probando su amor verdadero; no así si se hace como se acostumbra: que ella “pruebe su amor” entregándose en lo genital, convirtiéndose en objeto de manipulación y de placer del otro.

En fin, desear la felicidad del otro es la senda del amor verdadero. Pero desearla con los pensamientos, con los sentimientos, con las palabras y, especialmente, con las obras: trabajando por ella con todo el ahínco, con toda la fuerza de que se es capaz. Si la voluntad no cede a lo que no atrae más que a los sentidos y a los sentimientos, su propia aportación creadora en el amor no puede aparecer.

Por tanto, la formación de los jóvenes es fundamental: quienes tiendan a una entrega total tendrán más posibilidades de ser felices.

Debe enfatizarse sin cansancio lo que puede servir de resumen de estas líneas dedicadas al aspecto más humano del hombre: el amor: el amor vedadero implica una mutua entrega.

Llegamos así al final de este capítulo agregando tres características del amor verdadero:

1. El amor real es creciente, ya que está en una pendiente, no puede estancarse, pues rodará. Aquel que note que su amor no crece, que sepa que está disminuyendo.

2. El amor no espera, es afanado. Quien ama de veras quiere la unión lo más pronto posible. Los noviazgos largos son prueba, casi siempre, de que el amor no es verdadero, o mejor, de que sencillamente no hay amor.

3. El amor verdadero se hace extensivo a cada vez más personas: si se aprende a amar a una persona, se notará que cada vez se ensancha más el corazón para que quepan más y más personas a quienes querremos también con hechos.

La entrega

El amor matrimonial difiere de todos los otros modos de vivir el amor: consiste en el don total de la persona. Su esencia es el don de sí mismo, de su propio “yo”. Todos los modos de salir de sí mismo para ir hacia otra persona poniendo la mira en el bien de ella no van tan lejos como en el amor matrimonial. “Darse” es más que “querer el bien”.

Una vez que se ha afirmado el valor -la dignidad- de la otra persona, viene la pertenencia recíproca de ambos, comprometiéndose así mutuamente su libertad. Y este compromiso, paradójicamente, es libre.

Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión (común unión) de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal para la generación y educación de nuevas vidas: ese “nosotros” caminando hacia el enriquecimiento personal y la procreación, evidencia palpable y hermosísima de su amor y continuación de sus propios seres.

Esta entrega tiene cuatro características:

1. Es humana, es decir, es sensible y espiritual, lo que significa que la voluntad y la razón gobernarán a los instintos.

2. Es total, esto es sin condicionamientos o reservas.

3. Es fiel y exclusiva hasta la muerte, dicho de un modo más sencillo, es de uno con una y para siempre.

4. Por último, es fecunda, no se agota en la comunión de los esposos, sino que está destinada a propagarse suscitando nuevas vidas

Todo esto significa más que lo que puede parecer:

Con el concepto claro acerca de los tres planos en los que se manifiesta el amor, se puede afirmar con certeza que la entrega debe ser total e incondicionada en lo biológico, total e incondicionada en lo psicológico y total e incondicionada en lo espiritual. Sólo así se hablará de amor verdadero.

La entrega del ser humano, de acuerdo con su propia dignidad -espiritual-, debe ser total, sin reservas egoístas.

Cuando el acto está condicionado, este amor no existe: por ejemplo, cuando un hombre va a una película pornográfica, se exita genitalmente y llega a su casa a obtener satisfacción de esos instintos con su esposa, simplemente la está usando como objeto de placer; del mismo modo, si ella se siente apenada, por ejemplo, porque tuvo un disgusto con su madre y busca un “sentirse amada” pidiendo a su marido que tengan una relación genital, estará usándolo como objeto en lo psicológico…

La afectividad más en la mujer que en el hombre y la sensualidad en este pueden hacer que se equivoque el concepto acertado de entrega. La afectividad pura (las percepciones y las emociones que se experimentan en el trato) no puede sostener una relación y creer que esa afectividad es amor es causa de muchas decepciones. Al igual, después de un tiempo, cuando se desvela la pasión que guió la entrega, no quedará nada sólido. Y todo esto ocurre porque la entrega no fue total, se entregó parte (la afectividad o la sensualidad), no la totalidad de la persona.

Otro tanto ocurrirá si a la entrega se le ponen condiciones.

Para que un acto no esté condicionado, es necesario que, al darse, el ser humano asuma las consecuencias que con ello vengan, sin violar las leyes de la naturaleza, sin destruir el orden cosmológico: la biología seguirá su curso y ese acto tendrá sus consecuencias: el nacimiento, en los días fértiles, de un hijo.

Es así como el amor conyugal verdadero se va convirtiendo, sin perder su valor, sino más bien incrementándolo, en amor paternal y amor maternal.

Se puede ir concluyendo que, cuando la entrega conyugal es verdadera, siempre estará orientada hacia la preservación de la dignidad humana, no a la utilización del otro, y que estará también encaminada hacia la finalidad de la genitalidad: la procreación. Con esto, se logrará paulatinamente la maduración de cada uno de los componentes de la pareja y, lo que es igualmente valioso, la integración sexual de la totalidad de la personalidad de ambos.

El acto conyugal, entonces, tiene dos significados: el unitivo (que une a la pareja) y el paternal.

Por otro lado, esta transmutación gradual y enriquecedora de amor conyugal a amor paternal y maternal propiciará el bien de la comunidad, ya que la célula de la sociedad es la familia.

Un ejemplo didáctico de esto es cualquier enfermedad: cuando un órgano está afectado, como el hígado o el ojo, son sus células (los hepatocitos o los conos y bastones del ojo, respectivamente) las que tienen algún daño en su membrana, en su citoplasma o en su núcleo. En cambio, si las células están sanas, el órgano gozará de salud. De la misma forma, la sociedad siempre se verá afectada por la moralidad de sus familias. Una vez se establezcan la salvaguarda y la estabilidad de la familia, habrá salvaguarda y estabilidad en la comunidad.

En cambio, si la entrega no es total o está condicionada -y por tanto no es verdadera- los esposos estarán a la merced de las veleidades y de los vaivenes de las pasiones, y un sentimentalismo irracional e inestable será, la mayor parte de las veces, su móvil. En esas condiciones será casi imposible hablar de sinceridad en la relación, y la seguridad de la fidelidad -requisito del amor- no existirá sostén. Es seguro, como se vio, que en estas circunstancias, el ego es el móvil de la relación, lo cual es casi siempre premonitorio del fracaso total.

Si ya son suficientes los hijos, ¿cuál anticonceptivo usar?

A. La píldora

En el año 1953, los doctores Pincus y Chang descubrieron la píldora anticonceptiva. Hoy muchas mujeres toman la píldora.

La base del tratamiento reside en suministrar al organismo una cantidad de hormonas sexuales femeninas que intentan frenar la liberación de las gonadotropinas de la hipófifis, de manera que no se produzca la maduración de los folículos ováricos ni la ovulación.

Pero parece que la información científica que los esposos tienen sobre los anticonceptivos es muy errada:

La píldora es el medicamento más “seguro” en las estadísticas (menos del 1% de “fracasos”).

Se presenta en pastillas de toma diaria, en inyecciones cada cierto tiempo y en forma subcutánea. Están compuestas por estrógenos y progesterona, ambas hormonas sexuales femeninas, que intentan evitar la ovulación y mudan el estado del endometrio (parte interna del útero) para que el huevo fecundado no anide, no se adhiera a su madre.

Lo que poco se publica es que estos medicamentos producen muchos efectos secundarios, principalmente trastornos vasculares: tromboflevitis y flevotrombosis, razón por la que muchas pacientes se encuentran en hospitales por infartos de miocardio y trombosis cerebral; además se reportan casos de hipertensión. Fuera de estos, los libros y revistas científicos informan sobre alteraciones del ciclo menstrual, problemas digestivos, nerviosos y hepáticos, alteraciones mamarias, trastornos metabólicos y cutáneos, todos estos de larga descripción y por ello, imposible de reseñar completamente.

Los síntomas son dolores de cabeza o náuseas, pero hay otros de menor incidencia, como el aumento de peso, que se presenta sobretodo en aquellas mujeres que tienen cierta predisposición a la obesidad. Para contrarrestar estos efectos adversos se ha optado por disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas.

Algunas veces, al dejar la píldora después de haberla tomado largo tiempo, aparece una amenorrea transitoria. Esto sucede porque el organismo se habitúa a las hormonas que contiene la píldora y, al faltar esta, necesita tiempo para recobrar su ritmo hormonal normal.

Pero lo peor de todo es que se ha probado que, ya que falla con alguna frecuencia como anovulatorio, actúa como abortivo: el medicamento mata al nuevo ser humano. He aquí la explicación:

De acuerdo con los últimos descubrimientos científicos en genética, el nuevo ser humano aparece con la fecundación: los 46 genes que ya posee el óvulo fecundado (23 de la madre y 23 del padre) hacen de él un ser único espiritual y biológicamente: son ellos los que guían la construcción del cerebro, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, las huellas digitales, la talla aproximada, algunos rasgos de la personalidad, etc.

Sin embargo, como se vio, los anticonceptivos orales permiten la ovulación: un óvulo sale a la trompa de Falopio, donde puede ser fecundado por un espermatozoide. La pareja continúa tranquila sus cópulas sexuales, pues la paciente sigue tomando el medicamento.

En un estadio del ciclo, los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del nuevo ser humano -óvulo fecundado- y hacen que llegue al útero muy joven (antes de estar preparado para asentarse en él) y muera.

La progesterona, por el contrario, disminuye su movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición.

Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio o pared interna de la matriz quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.

Al disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas para corregir los efectos adversos, como se dijo anteriormente, se corre aún más riesgo.

Con esto se concluye que los anticonceptivos orales o “píldoras” matan a ese

nuevo ser humano, es decir, actúan como abortivos.

Desde hace tiempo se conocen estos mecanismos abortivos de la famosa “píldora”, pero se han ocultado sistemáticamente.

Así, hoy es imposible estar de acuerdo con el uso los anticonceptivos orales, sin estar de acuerdo con el homicidio de inocentes.

Por otra parte, se ha probado que este, que es el método más utilizado -la píldora- afecta, por las hormonas que contiene, a la mujer, haciendo que esté agresiva, que se disminuya su líbido (apetito sexual) y otras consecuencias como trastornos emocionales, ya que las hormonas cambian su patrón psicológico, así como lo hacen durante el embarazo y, a veces, en los días que preceden a la menstruación.

B. El dispositivo intrauterino (DIU)

Con mayor índice de “fracasos” (cercano al 4%), y por eso mucho menos utilizado, el dispositivo intrauterino (DIU) es el tercer anticonceptivo más popular después de la píldora y el preservativo.

Es una pieza de plástico pequeña y flexible, de entre 2 y 4 centímetros de longitud, que se coloca en el útero. Actualmente los hay de varias formas y tamaños. Algunos tienen una envoltura de cobre que rodea al plástico y que va cayendo en el útero en pequeñas cantidades. Esta clase de DIU tiene que ser cambiado cada dos años más o menos, mientras que los que no llevan cobre pueden usarse indefinidamente. Todos ellos tienen unos hilos que cuelgan de la vagina, de modo que pueden extraerse fácilmente

El mecanismo de funcionamiento consiste en la producción de cambios en las células del revestimiento del útero o invirtiendo las contracciones uterinas. Ello dificulta la adherencia en el mismo de un óvulo fertilizado. Así ha probado también ser abortivo: como su nombre lo dice, está dentro (intra) del útero (uterino); allí mata al nuevo ser humano que, con seis o siete días de vida, llega buscando posarse en el endometrio. Fuera de eso, si un óvulo fecundado consiguiese implantarse allí, la presencia del DIU le impedirá proseguir su desarrollo.

No se sabe exactamente cómo se producen estos cambios, pero sí que cualquier cuerpo extraño introducido en el útero provoca la misma respuesta que una infección. La producción de células que atacan a los organismos invasores se incrementa y es posible que sean estas células las que hacen al endometrio inapropiado para el nuevo ser humano. El cobre que se emplea en algunos se utiliza porque se cree que tiene un efecto adicional en la acumulación de dichas células.

El DIU también puede provocar cambios en las paredes de las trompas de Falopio, haciendo que el óvulo descienda por ellas más de prisa y que no llegue en el momento adecuado.

Finalmente, se sabe de casos en los que el niño nace con el dispositivo atravesando su oreja o cualquier otra zona de la piel, lo cual induce a pensar que una muerte posterior también es posible.

Aunado a todo esto, los dispositivos intrauterinos favorecen a veces la formación de infecciones en el útero. Dichas infecciones, que se manifiestan con abundante flujo vaginal, pueden ser debidas a la irritación de la mucosa uterina originada por la implantación del DIU, o bien a la entrada de gérmenes procedentes de la vagina a través del cordón que asoma por el cuello del útero y que sirve también para comprobar la colocación correcta del aparato. En algunos casos las infecciones persisten a pesar del tratamiento, por lo cual es conveniente retirar el DIU.

Además, se presentan trastornos o inflamaciones dolorosas en el bajo vientre materno, con o sin procesos hemorrágicos graves, y hasta se han reportado casos de contracciones uterinas que lo expulsan.

Por último, el DIU favorece el embarazo ectópico (fuera del útero, generalmente en las trompas de Falopio) en el caso de que se haya producido una fecundación por falla en su mecanismo anticonceptivo. Este dispositivo altera los movimientos de los cilios (filamentos) del interior de las trompas, impidiendo con ello la progresión del óvulo fecundado hacia el útero.

C. El preservativo o condón de látex

Con un índice de embarazos que oscila entre el 5 y el 20 %, desplazó al obsoleto condón de membrana, que fracasaba más todavía.

El condón es una especie de funda que se coloca sobre el pene en erección para recoger el semen de la eyaculación del hombre. Casi siempre tiene un extremo en forma de tetilla para contener el semen, de manera que no se filtre por los lados o haga que el preservativo se filtre por los lados. Los hay para mujeres también; en este caso se colocan en la vagina antes de la penetración.

Es este uno de los métodos “de barrera”, junto con los diafragmas, y es el que se utiliza desde hace más tiempo. De hecho, antes del advenimiento de la píldora, era el anticonceptivo más popular.

El uso del preservativos no produce efectos orgánicos, pero se han reportado efectos psicológicos, especialmente en el hombre: algunos se sienten incómodos al colocárselo o al retirárselo. Además, tanto en ellos como en las mujeres se presenta con frecuencia la queja de disminución de la sensibilidad.

Por el índice de fracasos tan alto, algunos trabajadores en la planificación familiar recomiendan el uso adicional de un espermaticida, una sustancia química que mata a los espermatozoides (a veces esta sustancia viene recubriendo el condón), para tener una mayor protección. Así mismo, recomiendan lubricar el condón con una sustancia -además del lubricante con el que ahora vienen-, con el fin de disminuir el riesgo de rotura, y especialmente para impedir que la mujer sienta dolor debido a la fricción del caucho. Se añade que no se use vaselina o cierto tipo de cremas que puedan estropear el látex, disminuir sus características o producir sequedad de la lubricación natural de la vagina. Las precauciones incluyen no “herirlo” con las uñas, el adecuado desenrollado, comprobar la fecha de envoltura, no exponerlo al calor y otros cuidados adicionales que son los que hacen que el índice de fracasos sea tan variado.

Aun en el caso de que se sigan todas esas instrucciones, en el mejor de los casos, el índice de embarazos no baja del 5%. Por ese fracaso tan alto como anticonceptivo, hoy se usa más como profiláctico de enfermedades de transmisión sexual y, en forma errónea, como se comprobó científicamente en el III capítulo, para prevenir la infección del sida (ver: “D. Sida y otras enfermedades”).

D. Ovulos, cremas espermicidas, diafragmas, esponjas y otros

Realmente despreciables desde el punto de vista eficacia (el índice de embarazos es muy alto), estas técnicas se han ido dejando de lado.

E. Cirugías: vasectomía y ligadura de trompas

La vasectomía (corte y ligadura del conducto deferente) en los hombres impide el paso de los espermatozoides desde los testículos a la uretra. El hombre que se ha sometido a esta intervención no dispone de espermatozoides en su semen, por lo que es incapaz de fecundar. Sin embargo, seguirá teniendo eyaculaciones normales, expulsando la secreción elaborada en las vesículas seminales y en la próstata.

La persona que se somete a una vasectomía debería considerar que este medio de esterilización es irreversible. Algunas veces, es posible intentar unir de nuevo los extremos del conducto deferente que se seccionó. Si el tubo se permeabiliza, los espermatozoides vuelven a poder atravezarlo, aunque no hay la seguridad de que tal cosa ocurra. También cabe que, en el transcurso de la vasectomía, algunos espermatozoides salgan del conducto seccionado y entren en contacto con el tejido interno. En tal caso se formarán anticuerpos contra los espermatozoides, que los dañarían si se unen de nuevo los conductos.

En la mujer se hace la ligadura de trompas (las trompas de Falopio, que comunican al ovario con el útero). Además de los riesgos que conlleva este tipo de intervenciones quirúrgicas, dejan al paciente sin la posibilidad de engendrar nuevos hijos en caso de que en el futuro así lo deseen.

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Hasta aquí los análisis de los anticonceptivos artificiales desde el punto de vista eminentemente científico, por supuesto menos importantes siempre que el humano, del que se puede decir lo siguiente:

Los anticonceptivos artificiales destruyen el orden cosmológico del que ya se ha escrito suficiente, ya que con ellos se hace a un lado el aspecto natural de la concepción (resultado final de la cópula en los períodos fértiles), se rompe la unidad biología-psicología-espiritualidad, propia del ser humano, desordenando así la esencia de la relación marital.

Si alguien busca en una relación únicamente el placer que le depara, estará dejando de lado partes esenciales de su condición humana, como son el aspecto psicológico y el aspecto espiritual, y su acción será meramente carnal. Así mismo, si lo que busca con esa acción es satisfacer la necesidad de sentirse deseado o incluso “amado” (si a esto se le puede llamar amor verdadero) estará mutando también la finalidad del acto y denigrándose a sí mismo.

Por esa razón, en ambas circunstancias, el hombre descubre un alto grado de insatisfacción que nace de la sensación de haber utilizado al otro o haber sido utilizado. Aunque esta sensación quiera ser considerada fútil, intrascendente o de poca importancia, siempre quedará ese sabor amargo de la entrega parcial, que es uno de los aspectos que dan explicación a la gran inestabilidad matrimonial de nuestros días.

La entrega con condiciones hace de los cónyuges un par de cómplices de una acción utilitarista, aun cuando se haya hecho de común acuerdo, ya que ambos se estarían utilizando recíprocamente; además, esta es una entrega parcial y, por lo tanto, no sincera, un acto que destruye la estabilidad de cada uno de los individuos y de la pareja, dando al traste con una de las principales finalidades de la unión matrimonial, la educación de la prole, quienes frecuentemente no podrán desarrollarse desde el punto de vista psicológico y espiritual sin asistencia profesional especializada.

Como se comprenderá, la trascendencia de esta circunstancia en la sociedad se observa hoy: muchos de los niños que mañana serán los motores del mundo están creciendo sin uno de sus padres y en una situación precaria de educación humana integral (emocional, espiritual, cultural y de conocimientos) que culminará en un retroceso en la moral de muchas naciones, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de los hombres y de su relación con los demás.

Además, con el uso de los anticonceptivos artificiales se abrió un camino fácil y amplio para la infidelidad conyugal y se impulsó aún más la pérdida del respeto por la mujer.

Uno de los acontecimientos que impulsó la creación de los anticonceptivos fue que en 1798 Thomas Robert Malthus dijo que “el poder de la población es infinitamente más grande que el poder de la tierra para producir subsistencia para el hombre”. Pero Malthus olvidó que el poder de la inteligencia y de la fuerza de voluntad, actitudes que distinguen al hombre de los seres irracionales, da siempre paso a nuevas opciones, uno de cuyos ejemplos de las cuales son los cultivos hidropónicos, donde se multiplican los sembrados, fuera de la tierra.

Si, en cambio, los padres conocen los últimos avances científicos sobre métodos anticonceptivos naturales, los cuales han demostrado gran eficacia, podrán decidir con responsabilidad no tener más hijos, sin detrimento de su salud corporal, psicológica y/o espiritual.

Como se explicó anteriormente, sólo 4 días de un ciclo promedio de 28 son fértiles. Si se tiene en cuenta que la variabilidad biológica es grande, este lapso debe aumentarse para tener absoluta seguridad en el control de la natalidad. Por eso se habla de 11 días fértiles.

Pero esos once días se pueden reducir con estos métodos.

(Como se verá, conocer estos tiempos son el mejor método para lograr la concepción, en los casos en los que esta ha sido difícil.)

No se tratará aquí del método llamado del “ritmo” o de Ogino, ya que este método se considera hoy la historia de los métodos naturales.

F. El método del moco cervical, de la ovulación o Billings

Este método, desarrollado por el doctor Billings, médico australiano, enseña a las mujeres a examinar sus secreciones vaginales diarias para detectar cambios en la cantidad y calidad del fluido del cuello uterino, o moco cervical. Hasta la fecha es el mejor método para predecir cuándo se va a producir la ovulación.

A medida que el ciclo menstrual de la mujer avanza, la cantidad, color y consistencia de las secreciones mucosas del cuello del útero van cambiando probablemente como resultado de los cambios en lo niveles de estrógenos y progesterona del cuerpo. Al principio del mes (es decir, el primer día de la menstruación) hay más estrógeno circulando por la sangre y después de la ovulación, más progesterona.

En las fases iniciales del ciclo, inmediatamente después de la menstruación, puede haber uno o dos días “secos” con muy poca secreción evidente. La mucosidad normal es espesa y pegajosa durante estos días y forma una especie de tapón en el cuello uterino que impide el paso del esperma.

A medida que se acerca la ovulación, la mucosidad aumenta en cantidad y se vuelve viscosa y elástica -su textura es parecida a la de una clara de huevo-. En este momento, la mujer puede experimentar una sensación de humedad y “apertura” en su zona vaginal y puede observar esa mucosidad muy fácilmente. Fue sorprendente para muchos ginecólogos enterarse de qué tan bien puede la mujer identificar ese tipo de flujo. Es suficiente entonces explicarles eso y enseñarles a aplicar el método.

Esa secreción más clara y menos espesa permite el paso de los espermatozoides en dirección al óvulo y va aumentando en cantidad hasta el último día o día cumbre, lo que indica que la ovulación es inminente, antes de adoptar de nuevo una consistencia más turbia y espesa que precede a la sequedad de la siguiente fase.

Tan pronto como la paciente detecte el menor indicio de este moco más claro y elástico debe abstenerse de practicar el coito hasta 4 días después del último día en que la paciente puede detectar la menor evidencia de la misma, no importa cuál sea su cantidad.

Desde el cuarto día después del día cumbre hasta la menstruación (en un ciclo promedio de 28 días, esto representa aproximadamente unos 10 días) se puede considerar que la mujer no es fértil.

Aunque no es imprescindible, conviene espaciar la relaciones genitales cada dos días, para obviar la presencia del semen que podría, eventualmente, confundirse con la mucosidad vaginal.

Se han hecho pruebas que demuestran que muchas mujeres pueden identificar perfectamente los síntomas de sus mucosidades, lo cual permite que ellas puedan distinguirlas de las que se producen por aumentos patológicos.

Su fiabilidad está cerca al  98.5%, según datos de la Organización Mundial de la Salud y, según las investigaciones llevadas a cabo por el doctor Billings, al 99.2%.

G. El control de la temperatura basal

El fundamento del método de control de la temperatura basal reside en el aumento que experimenta la temperatura corporal inmediatamente después de la ovulación. El incremento de la temperatura se debe al efecto de la progesterona, cuya presencia en el torrente circulatorio es mayor durante y después de la ovulación.

El término “temperatura basal” se refiere a la temperatura del cuerpo en completo reposo. Por lo tanto, debe tomarse diariamente por la mañana, en el momento de despertarse, en ayunas y antes de levantarse de la cama. Se utiliza un termómetro corriente, que puede aplicarse en cualquiera de las cavidades del cuerpo (boca, vagina o recto), si bien es necesario que sea siempre la misma. Si se desea hay termómetros especiales marcados con décimas de grado que pueden ser más útiles para ese fin. El resultado ha de observarse transcurridos 5 minutos desde la postura del termómetro.

En la primera parte del ciclo, la temperatura de la mujer, en circunstancias normales, se encuentra entre los 35,5 y los 36,5 grados centígrados. A causa de los antes aludidos cambios hormonales hay un aumento de temperatura que oscila entre 0,2 y 0,5 grados centígrados. Si se detecta esta fase es posible determinar, no sólo el período fértil de la mujer para casos de infertilidad, sino todos los días infértliles de cada ciclo, con el fin de espaciar o evitar el nacimiento de nuevos hijos. De este modo, se calcula que el tiempo de infecundidad segura va desde el tercer o cuarto día hasta los primeros días que siguen a la menstruación próxima.

H. El método síntomo-térmico, de la doble verificación o muco-térmico

Este método combina tres sistemas diferentes con el objeto de aumentar la efectividad y predecir más exactamente en número de días fériles. Por ejemplo, combinando el método Billings y el de la temperatura, se pueden predecir el inicio de su período fértil obsevando sus mucosidades y anotando los aumentos de temperatura y los cambios posteriores en la secreción mucosa.

Con un poco de entrenamiento y observación también se puede aprender a detectar los diversos síntomas que indican la ovulación en un gran número de mujeres. Por ejemplo, algunas mujeres pueden detectar un leve dolor punzante en la parte baja y posterior del abdomen acompañada de una sensación de calambre. Esto se conoce como mittelschmerz. También se puede observar una ligera pérdida de sangre, fenómeno conocido como “punteo”. Malestar en el pecho, dolores de cabeza, depresiones recurrentes en momentos determinados del ciclo, también pueden ser indicios de que se está apunto de ovular. Algunos de estos cambios pueden ser muy sutiles y naturalmente varían mucho en cada caso, por eso, si se practica este método es bueno fijarse bien en los cambios que se produzcan en su cuerpo, pues no hay reglas generales aplicables a todas las mujeres. No obstante, casi todas las mujeres tienen una facilidad inmensa para observar y “sentir” los cambios propios de su cuerpo y de su funcionamiento fisiológico.

Vale la pena añadir que aunque todos estos métodos son buenos (bien manejados alcanzan un promedio del 98% de eficacia) es muy importante que la paciente, con ayuda de su esposo, elija el que mejor se adecue a su fisiología y a su personalidad.

I. El PG 56

Ahora se dispone de un sistema llamado PG 56, que consiste en un lente con el que se observa el moco: en el caso de que este se trate de un moco ovulatorio, se podrá ver una estructura parecida a la de un helecho. Si esto es así se sabrá, con certeza, que se está produciendo la ovulación y, por tanto, que no se deben tener relaciones genitales si no se desean tener hijos.

Su precio es bastante bajo, teniendo en cuenta que puede servir durante muchos años, e incluso de por vida.

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Si un hombre no es capaz de esperar a que pase la menstruación de su esposa para tener relaciones genitales, simplemente porque a ella le disgusta hacerlo durante esos días, se podrá verificar qué tan poco la ama, qué tan importante para él es lo genital en la relación y tal vez qué era lo que buscaba.

¿Qué pensar entonces de otro que no pueda esperar unos días por amor y por decisión mutua? Se trata simplemente de dominar las energías de la naturaleza y orientarlas al bien personal, conyugal, familiar y social: la ganancia es muy grande comparada con el esfuerzo que se realiza:

Estos métodos no agreden a ninguno de los cónyuges, ni química, ni mecánicamente. Son métodos reversibles. Pueden ser usados por cualquier pareja. Se acomodan a cualquier irregularidad menstrual, por grande que sea. Y son gratuitos.

Además, los métodos artificiales comprometen, casi siempre, a la mujer, y algunas veces -si se usa el condón- al hombre, lo cual hace injusta la relación: se le da la responsabilidad a uno sólo de los cónyuges. En cambio, con los métodos naturales se comprometen ambos en pro del bien común.

Todos estos métodos siguen los lineamientos de la naturaleza -no rompen el orden cosmológico- y, al requerir cierta dosis de dominio de la razón sobre los instintos, están a la altura de la dignidad del ser humano y lo engrandecen, ya que ese espíritu de sacrificio -es decir, amor verdadero (del que se habló bastante en el capítulo anterior)- los probará cada cierto tiempo y hará de su matrimonio una unión tan fuerte que nada ni nadie podrá destruir. La experiencia personal de muchas parejas -incluyendo la del autor de estas líneas, quien quiere participarlo a todos para que se amen con la misma fuerza- es prueba evidente de ello.

Todos los que se han animado a utilizar estos métodos naturales desean gritar al mundo entero que esta vía es una cadena de aspectos positivos que llevan a la felicidad conyugal: al disminuir la esclavitud de las pasiones, crece cierto instinto espiritual, ese enriquecimiento con valores espirituales hace que la lucha contra el egoísmo -cuna del desamor- sea mayor y más expedita y, lo que es mejor, se incrementa la capacidad para educar a los hijos, ya que el espíritu de sacrificio entrena a los cónyuges para crecer en ese amor, el cual, con el ejemplo, edificará un hogar compuesto por seres que saben anteponer la felicidad del otro a su egoísmo. Con este ambiente “en el aire” los hijos respirarán la alegría de dar, única capaz de granjearles la verdadera felicidad.

Ahora sí se puede hablar de paternidad responsable. Responsable viene del latín “responsum”, supino de “respondêre”, responder. Responder a los actos que libremente realizamos, es decir, saber respetar el orden cosmológico, no violarlo para destruirnos; saber que los genitales, como su nombre lo dice están en el cuerpo para generar nuevas vidas; saber que sólo somos libres cuando los instintos son dominados por la voluntad, guiada por la inteligencia; saber que lo que más diferencia al ser humano de las bestias es el amor…

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

 Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

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Legalizar el aborto o legalizar el homicidio

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 13, 2010

 

El resultado de la unión del espermatozoide y el óvulo se llama cigoto.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética postulado a premio Nobel de medicina, el cigoto posee en los genes toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: son ellos los que guían la construcción del cerebro, y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un casete, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras.

Es enorme la cantidad de información contenida en las moléculas de DNA: veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, que posee un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre. Tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Por eso, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia animado por una naturaleza humana, se debe a esta información primitiva y sólo a ella.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión del espermatozoide y el óvulo es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para poder afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

Este conocimiento científico permite afirmar que pretender legalizar el aborto es igual que pretender legalizar el homicidio.

 

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Bebé en basurero

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 11, 2009

Un transeúnte pasaba cerca de un basurero del distrito de Aguablanca, en Cali, cuando escuchó el llanto de un bebé. Se acercó para verificarlo y, efectivamente, un bebé recién nacido yacía entre las basuras.

Dice la noticia que la madre fue apresada, pero la pregunta que nace es: ¿Qué llevó a esta mujer a realizar semejante despropósito? ¿Puede uno pensar que se trata de un acto premeditado y consciente? ¿Cómo puede una madre arrojar en un basurero al producto de sus entrañas, máxime habiéndolo sentido moverse en su vientre los últimos cinco o seis meses?… No hay duda de que algo malo y absurdo está sucediendo en la cabeza de esa mujer.

Tampoco hace falta mucho análisis para sacar la conclusión de que la sociedad está enferma: este hecho se ha repetido varias veces. ¿Qué ha llegado a suceder en la moral social para que incluso los instintos maternos hayan sido afectados hasta tal punto?

Primero, la degradación del ser humano ha llegado a tal nivel que se ha sublimado el placer como finalidad última de la existencia y, en este contexto, el valor de la vida es relativo: en la búsqueda del placer todo se vale.

No es que se afirme esto explícitamente, pero los hechos hablan más que las palabras: en la educación sexual, por ejemplo, nada puede detener el ímpetu del deseo del placer; hasta el homicidio es un medio para lograrlo: el aborto en numerosas formas (asesinato de inocentes) es «la solución». Tampoco se publica lo que la ciencia ya comprobó: que los anticonceptivos orales (la píldora) y el dispositivo intrauterino (la famosa «T» o el «DIU») son abortivos, es decir, homicidas.

Pero, como si fuera poco, además del placer, la comodidad es otra de las metas tácitas en la vida: que los actos no sean responsables, que sus consecuencias se solucionen de cualquier manera. Y en ese marco moral —o mejor: inmoral—, hay que deshacerse de lo que suponga un estorbo, llámese anciano (eutanasia) o bebé, usando para ello hasta el pote de la basura…

Si no paramos, ¿a dónde llegaremos?

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Jugando a Dios

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 8, 2009

 

Desde hace poco los médicos se han dado a la tarea de resolver problemas de infertilidad con nuevos adelantos científicos y tecnológicos, y a diagnosticar, prevenir y tratar patologías dentro del útero materno. Hoy se puede implantar un óvulo fecundado en el vientre de la madre portadora, en el de una necesitada de hijos con el esperma de su propio marido o el semen de otro (conocido o desconocido); también se hace clonación, esto es duplicación de cigotos o de embriones para producir gemelos idénticos; se habla de mejorar la raza al estilo de lo que ideaba utópicamente Hitler y, como él, de eliminar los seres imperfectos en pro de una vida “mejor” entre seres “más puros”.

Desde otra perspectiva completamente diferente, el afán por defender el hábitat del ser humano de comienzos del siglo XXI ha disparado una conciencia de preservación del medio ambiente con cambios de actitudes y campañas intensas que, junto con la “innovación” de la medicina natural, propenden hacia una estima a la naturaleza y al orden natural. Es así como aparecen cambios sensibles, desde los partos en cuclillas o bajo el agua, hasta tratamientos bioenergéticos, homeopáticos o naturalistas de entidades como el cáncer.

Paradójicamente, este amor por lo natural no está presente en la nueva revolución de la medicina, la fertilización in Vitro o bebé probeta y las madres sustitutas:

Sólo es verdaderamente padre quien aporta el espermatozoide en una relación deseada y natural, es decir, el coito o acto conyugal (no en el frío tubo de ensayo); y solo es padre el que luego da el amor y educa al producto de sus entrañas. Pero ahora se ha hecho de la palabra “padre” un nombre sin apellido: padre biológico, padre natural, padre adoptivo, padre afectivo

Del mismo modo, la maternidad está regida por la naturaleza: solo es madre aquella que aporta el óvulo en una relación natural, aquella que guarda en su seno esa vida incipiente mientras crece y se desarrolla, aquella que la pare y amamanta, aquella que le da su amor y la educa, completando así el ciclo natural de la vida humana (los animales no educan a sus hijos mas que en comportamientos instintivos de subsistencia).

Nadie puede afirmar, por ejemplo, si alguien es madre en toda la expresión de la palabra cuando cumple solo una de esas labores o algunas de ellas; en cambio, ninguno duda en poner ese dulce apelativo a quien las ha ejecutado todas.

Adicionalmente, aquellas que han dado el óvulo o prestado el vientre pueden decir, con razón, que el hijo es suyo, y muchas veces se establecen demandas que hieren profundamente a las dos o tres “madres”. Es que la naturaleza se subleva ante el desorden que se da en ella.

En cambio, en los casos en que una pareja decide adoptar un hijo abandonado o huérfano no se violan explícitamente las leyes de la naturaleza, ni aparece la duda de quién es la verdadera madre.

Lo mismo sucede en otros casos, como cuando la conciencia acusa al que decide realizar un aborto porque ya se sabe qué defectos tendrá al nacer.

Hoy, mediante un examen de increíble sencillez —el análisis de algunas proteínas del plasma sanguíneo de la madre por medio de una muestra de sangre—, se pueden saber varios datos acerca de la salud del feto. En un reciente congreso de obstetricia, por ejemplo, se llegó a pedir al auditorio prudencia para no eliminar embriones o fetos con problemas leves (!?).

Conforme a lo que hoy llaman la “verdad científica”, se está pensando en exterminar a los que no son “mejores”, “puros”, los que son “imperfectos”, destruyendo inmisericordemente la verdad natural, bandera de la nueva y desarrollada humanidad, dando al traste con todo principio moral y haciendo a un lado los valores que nos hacen diferentes de los seres irracionales.

 

   

 

 

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Errores en la educación sexual

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 9, 2009

 

¡Cuántas veces se ha oído de los padres la queja de que ellos no fueron entrenados para educar a sus hijos! Y así es efectivamente. Son muchos los errores que se cometen, y en verdad duelen, porque un yerro cometido contra uno mismo se puede rectificar, pero uno que va a dañar a los seres que más se quiere ataca constantemente la conciencia. Más aún sabiendo que ellos están en proceso de crecimiento personal y que cada error puede significar algo que se perpetúe para toda su vida.

 

A. El conflicto generacional

Frecuentemente se encuentran padres que dicen tener dificultades en la educación de sus hijos, ya que, según ellos, existe un conflicto generacional que significa, a grandes rasgos, que las dos generaciones tienen muchas diferencias (las cuales parecen irreconciliables), que por eso el diálogo es casi imposible y que “en nuestra época no se veían esos desmanes juveniles”.

Estas afirmaciones no están lejos de la verdad. Pero no se trata ahora de hallar al culpable. Ya sabemos que los muchachos pasan por una época difícil, pues su organismo se está adecuando a las hormonas y a una cantidad inmencionable de novedades psicoemocionales. Además de eso, ya que las preguntas trascendentales —de dónde vengo, para dónde voy, qué hago en esta tierra, etc.— afloran para estos días en sus mentes, el hecho de ver el mundo en tan malas condiciones les hace pensar que la(s) generación(es) anterior(es) es(son) la(s) causantes de ese fracaso y, lo más sorprendente (para los padres), que ellos ahora sí tienen la solución.

Como los padres ya pasaron esas etapas, muy a menudo desprecian sus ideas o las escuchan dándoles poca importancia, máxime si se trata de un padre al cual la vida de trabajo y el apremio por la consecución del sostén diario no lo “dejaron” seguir pensando en las respuestas correctas a esas trascendentales preguntas.

Conviene entonces buscar los aspectos en los cuales pueden cambiar los padres —al fin y al cabo son más maduros y pueden hacerlo— para ayudar a que ese choque sea menos fuerte o, de ser posible, no exista.

El primero de ellos es que solemos olvidar que, de jóvenes, tuvimos nuestro propio conflicto generacional: recordémoslo para refrescar que, guardadas las proporciones de la época y de las costumbres reinantes, también produjo desasosiego en nuestros padres: cuando éramos jóvenes fuimos también rebeldes –¡como nuestros hijos!– y tuvimos pensamientos similares. La mayoría de las veces no hay mucha diferencia, no nos sigamos engañando. Es una disculpa, casi siempre, creer que “nunca llegamos a esos extremos”: ¿No fueron estas u otras parecidas, alguna vez, las palabras de nuestros progenitores, aun cuando se hablara de nuestro hermano rebelde o de los primos o de los vecinos…? Hoy ¡por fortuna! Es más fácil que un joven se exprese libremente, que diga lo que siente, ya que eso abre las puertas del diálogo si se sabe aprovechar la circunstancia.

Entonces, lo primero que debe hacer un padre es aceptar el conflicto, no tenerle miedo y buscar un medio para la comunicación.

Lo segundo que puede ayudar es adaptarse a los tiempos: cada generación, en promedio, dura veinticinco o treinta años. Esto significa que cada siglo hay aproximadamente tres o cuatro generaciones: ¿cuántas diferencias no habrá cada vez? No es para menos. El sólo hecho de que haya nueva tecnología y adelantos científicos crea nuevas costumbres, nuevos modos de ver la vida…

Por otro lado, si se analizan las generaciones, se verá que todo viene y todo vuelve: muchas veces aquellos aspectos contra los cuales lucharon nuestros abuelos son ahora repudiados por nuestros hijos. Las banderas que nosotros enarbolamos para nuestra lucha generacional serán desempolvadas por nuestros nietos para vencer a los supuestos “enemigos” del mundo. Es que en muchos aspectos cada generación joven piensa siempre que el camino adecuado es el contrario al llevado por sus antecesores.

También es bueno que los padres sepan que las maneras de vestir, peinarse, crear y oír música, caminar y en algunos casos de comportarse… son accidentales. Lo trascendental, lo que durará para siempre, será lo que hayamos sembrado con nuestro ejemplo y con nuestra palabra en sus años más mozos hasta la pubertad y, más que en ninguna otra etapa, en los cinco primeros años: cuando hayan terminado sus estudios universitarios, cuando lleguen a la edad adulta, cuando se casen y formen un nuevo hogar, y especialmente cuando tengan hijos, florecerán todas esas plantas que la vida desarrolló en ellos de las semillas que sus progenitores dejaron. Y si los padres llegaran a faltar, esos recuerdos les llegarán tan profundos que los impulsarán más a ser iguales en la moral y en los valores fundamentales.

El tercer punto, y quizá donde hay más fallas por parte de los padres, es la falta de verdadera amistad y de unión real con el hijo: compartir sus ilusiones y desilusiones, sus triunfos y sus fracasos, sus alegrías y sus tristezas, sus luchas, sus intereses… ¡su vida! Esto es lo que más une y, por tanto, lo que menos conflicto generacional crea. ¡Si al menos se les pusiera la misma atención que a nuestros amigos, vecinos, familiares y conocidos, cuánto habríamos ganado!

Pero eso es necesario ponerlo en práctica desde la niñez.

Cada vez que a cada “Papá” contestamos “Ahora no, hijo…”, debemos hacer de cuenta que pusimos un ladrillo entre él y nosotros. El peligro es que un día los ladrillos no nos dejarán verlo.

En este contexto adquiere relevancia aceptar que el muchacho o la muchacha crecieron: ese es el cuarto punto en que podemos mejorar. En el plano psicológico, durante la adolescencia se presenta una evolución que, a menudo, resulta problemática: aparecen los primeros deseos de independencia y libertad no siempre comprendidos por los padres quienes a veces se resisten a aceptar que su hijo ha dejado de ser un niño. El adolescente busca entonces su seguridad en un grupo formado por personas que están atravesando la misma etapa. Paralelamente descubre la belleza de su propio cuerpo y empieza a interesarse por el sexo opuesto. Muchos adolescentes adoptan una conducta impasible y conformista en unas ocasiones, mientras que en otras se muestran violentos y contestatarios, sin estabilizarse hasta que alcanzan la edad adulta.

El quinto aspecto es la comprensión: la disminución del rendimiento académico, por ejemplo, es, siempre que no se prolongue, un paso normal en la evolución psicológica del adolescente. Todo muchacho, a medida que va dejando atrás la infancia, se ve asaltado por una serie de vivencias nuevas que, con frecuencia, desenfocan los objetivos que hasta entonces tenía marcados. Es lógico que los estudios se resistan en alguna medida, ya que para el adolescente tiene mayor interés la amiga que conoció en la última fiesta, o la excursión que piensa hacer el próximo domingo, que la escuela y los libros. Es aconsejable que los padres que se enfrentan con este problema adopten una actitud comprensiva —aunque no permisiva— y procuren conocer las preocupaciones e intereses de su hijo.

Por último, aunque ya se habló de ello en el capítulo precedente, no juzgue a sus hijos nunca: si lo hace, sepa que ha puesto entre diez y cien ladrillos entre él y Ud.

Desde el comienzo, juzgue, si conviene para su formación, sus actuaciones, no su ser: él nunca es malo, a lo sumo, está equivocado.

 

B. La abstracción

Algo que quizá no sepan muchos padres, o que se les olvida, es que la mujer puede hacer más fácilmente abstracción psicológica, mientras que al hombre le es más asequible la intelectual.

Eso significa, en palabras más sencillas, que la mujer es mucho más delicada —tiene mejor “tacto”— para percibir el aspecto psicológico: si, por ejemplo, se cuenta una historia sobre un accidente de aviación, automovilismo o acerca de un tren descarrilado, estará más propensa a “sentir” el dolor de los ocupantes, de los parientes de las víctimas o la angustia de quienes se salvaron heridos, aun cuando se trate de extraños… Es por eso que algunos afirman que la mujer “tiene mejores sentimientos”.

Realmente no es así. No es que uno sea mejor que otro, sino que cada uno tiene las peculiaridades propias de su ser.

Y si el hombre la comprende y ella hace lo propio con él, habrá mayor compenetración.

Así mismo, el hombre abstrae más cómodamente las cosas intelectuales: es frecuente encontrar en las pruebas psicológicas una atracción preponderante en ellos por la forma como funciona una máquina, mientras que a la mujer poco le importa esto, le basta saber para qué sirve, cómo se usa y que funcione.

Otra vez, aunque suene repetitivo, debe comprenderse que esto no hace mejor al hombre que a la mujer: son formas características de cada sexo en el aspecto psicológico. El hecho de que la ciencia y la tecnología cautiven a más hombres no es sólo causado por el aspecto cultural, y si hay hombres que no demuestran sentimientos tan refinados y delicados, o no los tienen, obedece esto en parte de su masculinidad, aunque la educación o el ambiente cultural influyan también.

Esto no puede llevar a afirmar que un hombre delicado y refinado sea menos masculino o que una mujer con tendencias y aptitudes científicas o filosóficas sea menos femenina, sino que, en términos generales, las estadísticas (con excepciones que siempre confirman la regla) muestran características frecuentes en determinado sexo, que no lo definen nunca.

Tampoco se debe comparar: somos distintos, no malos o buenos (o malas o buenas). Por fortuna, todos tenemos defectos y cualidades. Comparar o compararnos dejará siempre la sensación de que hay seres humanos de diferente categoría, con lo cual, el valor de la dignidad humana estaría siempre en entredicho y tanto el alabado como el denigrado empezarán a sustentar su estabilidad psicológica en algo accidental, en algo superficial. En estas condiciones no se tendrá la capacidad de respetar a los demás y nunca habrá paz.

Pasando todos estos pensamientos a la educación de los hijos, los padres deberían pensar unos segundos, antes de cada frase, con quién están hablando: ¿es con una niña o una adolescente? ¡Cuánto le ayudará, especialmente si conoce bien a su hija, recordar lo de la abstracción psicológica! ¿Se trata de un muchacho? A probar su habilidad para racionalizar con él y para adaptarse a su propia psicología. Sonará tonto decirlo —pero qué frecuente es no tenerlo en cuenta— que al padre le resulta más difícil “llegar” a su hija y a la madre “tocar en lo más íntimo” a su hijo varón.

De ahí se desprende la máxima —tan desvalorizada hoy— pero que tanta falta hace a las familias: el mejor amigo de un niño es su papá, y la mejor amiga de una niña será siempre su mamá; sólo así será posible que el mejor amigo de un adolescente sea el padre de su mismo sexo, para que el proceso de la educación sexual tenga todas las facilidades.

 

C. La dignidad de la mujer

El machismo, propiciado por ambos sexos, ha vipilendiado a la mujer hasta el extremo de usarla como medio de propaganda, ya que al no poder desmembrarla para usar únicamente su cuerpo, se la está utilizando toda ella.

Esto debe acabar.

Es imprescindible iniciar una lucha por formar hacia la dignidad, especialmente la dignidad de la mujer: si la mujer está demeritada, la sociedad estará enferma; si la mujer está prostituida, la sociedad estará destruida; si la mujer se ha dignificado, la sociedad resurgirá, porque su moral se engrandecerá y esas características femeninas reverdecerán el ámbito donde se desenvuelve, haciéndolo más digno.

No sólo el valor de la mujer está minado: lo está también el valor de las madres.

Por su fortaleza, la madre es muchas veces el centro de la agresividad de todos los miembros de la familia, incluido el esposo, y las tensiones externas suelen proyectarse sobre ella. El padre, por el contrario acostumbra a inspirar más respeto y su autoridad se hace notar, en rasgos generales, más que la de la madre.

Debe favorecerse el cambio:

Lo primero que hay que preguntar es cuánto de culpabilidad tiene la misma mujer.

Ya se había dejado postulado cómo un hombre comienza a encapricharse con el cuerpo de su mujer, cómo favorece la mujer este gran error, cómo esa costumbre está tan arraigada en las sociedades más machistas y cómo se la debe combatir.

Pero a eso debe agregarse que todas las frases (generalmente dichas sin cuidado) que aceptan en sí mismas tácitamente el machismo, lo favorecerán.

Si salen de los labios del padre son malas, pero dichas por la mamá son casi un dogma; y la peor de todas estas es la que a veces dicen a sus hijas: “cuando seas grande debes ser igual al hombre, debes luchar para estar a su altura”. Sorprende, ¿no? Parece más bien una frase antimachista, pero no es así, puesto que sienta el precedente de que la mujer está en un plano inferior.

¿Cuándo se hará consciente la mujer de que su valor y su dignidad son casi infinitos?

Acabamos de decir que no se deben comparar el hombre y la mujer. Pero, ¿y si lo hiciésemos…?

¿Tiene el hombre la potestad de engendrar? ¿lo dotó la naturaleza para darle vida a su hijo durante nueve meses? ¿puede amamantarlo?… Conclusión rápida: la mujer es más que el hombre, desde el punto de vista biológico.

¿Suele tener el hombre la ternura que tienen las madres para cuidarlo? ¿su delicadeza? ¿su fineza por el detalle? ¿su fortaleza para dar? ¿soporta tanto como ella las incomodidades?… Psicológicamente la mujer también es más.

Es un yerro comparar, pero así se ve más claramente el error garrafal del concepto que de sí misma tiene la mujer cuando piensa que es menos que el hombre. Trabajando a su lado, siendo tan profesional como él (o mejor), ganando aun más que él, superándolo en los puestos de trabajo, en la calidad y en la cantidad de su labor… ¡está poniéndose a su altura, que es menor!

Ya era mejor. ¿Por qué descender?

Lo prueban los gerentes de las empresas: sus mejores empleados son mujeres, y más si han sido abandonadas por sus esposos, con sus hijos, obviamente. A propósito: ¿por qué casi nunca el padre se queda con los hijos? ¿por qué casi nunca lucha por encargarse de ellos? No siempre es porque los ame menos, es muy frecuente que sea a causa de su cobardía; en la mayoría de los casos ella, la mujer, que es la valiente, se encargará y los sacará adelante.

¡Cuánta falta hace que la mujer se persuada de que su valor es inconmensurable, casi infinito, tanto en la familia y con respecto a la educación de los hijos.

Y si se es madre, mucho más: ellas creen que no hacen nada siendo madres. ¡Cómo se nota cuando están ausentes! Algunas veces los descuidan para darles cosas materiales y luego se los encuentra por ahí, dando tumbos, queriendo sólo ganar dinero, poder, honra, placer, bienes materiales… sin nada en el interior…

La crisis de la sociedad es una crisis de madres: sólo con ellas se puede dar una educación integral a los hijos, sólo con ellas se formarán buenos ciudadanos, sólo con ellas habrá hijos felices que hagan el bien a sus semejantes, sólo con madres que dan amor —realidad que sí nos diferencia de los animales— se cambiará al mundo.

Pero para eso hace falta tiempo. Tiempo para sus hijos. A veces es necesario ayudar al esposo con las cargas económicas del hogar, pero en otras ocasiones, el bienestar material se pone por encima del bienestar psicoemocional, o mejor, integral de los hijos. A veces una supuesta “realización personal” (no hay mejor realización que ser madre) deja huérfanos de tiempo. A veces, las metas materiales de las madres dejan el vacío de lo más importante para un niño: el amor.

Algunos y algunas se engañan diciéndose que es más importante la calidad del tiempo que se les dedica que la cantidad. Y ellos la necesitan (perdón la redundancia) cuando ellos la necesitan, no cuando ellas “pueden” darles ese tiempo. Cuando el niño regresa del jardín infantil o del colegio, cuando hacen sus tareas escolares, cuando juegan con sus amigos (¿cómo se sabrá qué clase de amiguitos tiene nuestro hijo?), cuando tienen percances o accidentes, cuando, al ir creciendo, se sientan solos o tristes, cuando incluso su padre haya sido un poco duro con ellos…, en fin, siempre que se es hijo, se está creciendo y se puede tener una madre, se la debe tener.

Tener hijos con la intención clara de que no van a tener una madre a su lado es injusto e ilógico: nadie puede suplir a las madres; ni la abuela, ni la tía, ni el mismo esposo (los hombres somos menos cuando estamos solos que ellas sin nosotros), ni mucho menos, por supuesto, “la mejor empleada del mundo”.

¡No hay hombre que pueda tanto como una madre! ¡En sus manos está la resurrección del mundo! ¡Si quisieran salvarnos…!

Hasta ahora nos hemos referido a la actitud de la mujer. Además de ese cambio interior de ella, es imperante que el hombre cambie también: no es imposible, como acabamos de ver, pero sí muy difícil la labor de la mujer en el hogar sin el apoyo, la valoración y la comprensión de su esposo.

Apoyo en todo. La disculpa de llegar cansado del trabajo merece la misma reprobación que se dio a las mujeres que ponen su “realización profesional” o el dinero extra por encima de la educación de los hijos: ¿para qué tener un hijo, si no se le va a terminar de formar con la educación paterna que completa el ciclo? Sólo algunos animales terminan su tarea reproductora con el parto, como vimos anteriormente. O se tiene responsabilidad completa para formarlos, o se piensa mejor si se desean hijos. Apoyo en las tareas educativas y en las del hogar.

Valoración de la mujer y valoración del trabajo de la mujer: que ella sienta siempre que está haciendo lo mejor que puede hacer por su familia, que siempre haya agradecimiento por parte de su esposo (y con ese ejemplo, también de los hijos), no solamente por el esfuerzo que implica la labor educativa, sino por todo lo demás: la comida, el orden y el aseo, el cuidado de la ropa, de los objetos de decoración, etc. Que las palabras de su esposo la hagan sentir constantemente orgullosa de sus realizaciones en pro del hogar entero… esa, para ellas, es la mejor retribución y es lo mínimo que ellos deben hacer.

Y, por último, comprensión: ese ejemplo constante de amor que dan las madres trabajando en el hogar es sacrificio y las cansa. Y un hombre que sabe amar sabrá también comprender que si está un poco susceptible, es porque los muchachos le dieron mucho que hacer o la preocuparon, porque la labor del hogar —muchas veces solitaria— es muy monótona o porque antes de la menstruación o durante el embarazo sus hormonas la hacen más susceptible.

Ya se puede deducir el beneficio que representarán actitudes maternas y paternales como las que se acaban de describir: madres que saben lo que valen y padres que también se percatan de ello y que lo valoran. Dejarán una huella indeleble en el cerebro y en el corazón de sus hijos y de sus hijas, que irán haciendo de la célula de la sociedad —la familia— un nido de amor y de ejemplo para todos.

“Poco a poco, y con el trabajo silencioso de cada persona individual y el testimonio valiente de parejas y familias que viven la alegría de una experiencia de amor generoso y abierto a la vida se va construyendo una humanidad nueva”, presagio de alegría, paz y felicidad para nuestros hijos.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El machismo, ¿culpa de los hombres?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 24, 2008

No se sabe si la causa sea cultural o, como se dijo alguna vez, tiene su origen en las escrituras, pero hacia los 35 años de edad las mujeres solteras comienzan a sentir terror y angustia cuando escuchan la palabra “solterona”; mientras tanto, hombres célibes de mayor edad ni siquiera se inmutan por su condición.

¿Es que la cultura machista hace pensar a todos y a todas que la mujer no puede vivir sin un hombre que le sirva de apoyo psicológico y material? ¿Las preparamos para eso? ¿O es que aquello de que “ansiarás al hombre, quien te dominará” estigmatizó desde el Génesis a la mujer?

Lo que sí es patente es que los medios de comunicación estimulan constantemente a los hombres en el aspecto sexual: imágenes y fotografías de mujeres desnudas o semidesnudas son “el pan de cada día” en la televisión, el cine y la prensa escrita; cuando se trata de las películas, el “héroe” con rasgos de valentía y de moralidad se besa apasionadamente con cuanta mujer se cruza en su camino, cuando no tiene relaciones genitales con ellas. Esta cultura forja la creencia de que la mujer, lejos de ser un ser humano con valores, es simplemente un objeto de placer.

Aunado a esto, las mujeres con frecuencia se dejan llevar por tales conceptos hasta el extremo de que conquistan al hombre a través de conductas hedonistas, en vez de poner en alto su identidad como ser amable (que se puede amar), y su valor como futura madre.

Pero lo más habitual es que la mujer se considere a sí misma menos que el hombre. Cuando una madre, por ejemplo, aconseja a su hija que cuando sea grande luche mucho por llegar a ser igual que el hombre, tácitamente está haciéndole creer que las mujeres son inferiores, pues deben esforzarse para ser como ellos.

Un análisis poco profundo mostrará que las mujeres son superiores al hombre en el plano biológico (hasta ahora ninguno puede quedar embarazado o amamantar); también su ternura innata, su interés por ayudar, su paciencia con los necesitados y la unión con los que sufren demuestran que la mujer, generalmente, supera al hombre en el plano psicológico.

Sin embargo, estadísticamente, el índice de las que aceptan la infidelidad de su cónyuge, de las que se quejan de disminución del apetito sexual, de las que sufren porque se dan cuenta de que son buscadas únicamente como objetos de placer, es alarmante.

Cuando la mujer —madre en potencia— deje ver al hombre que su capacidad de amar y de sacrificarse (no hay mayor amor que el de una madre) debe ser correspondida por un amor igual, se iniciará el camino hacia la erradicación del machismo y de todas sus consecuencias devastadoras para la familia y, por ende, para la sociedad.

También se acabarán la palabra “solterona” (¿por qué no hay “solterones”?), y la frase “madre soltera” (¿existen padres solteros que se encarguen como ellas del bienestar de sus hijos, de su alimentación y educación, además de las cargas económica y laboral?).

Ellas y ellos dejan a un lado la coquetería con que se conquistaron. Pareciera que, una vez obtenido el “botín”, todo esfuerzo por perpetuar esa relación se dejara de lado: en la mujer, por ejemplo, se observa que, teniendo la potestad de hacer de su novio un digno padre para sus hijos, teniendo la capacidad de ir educando y hasta “moldeando” la personalidad de su esposo con esa coquetería, con ese “tire y afloje”, no la utilizan.

¿Cómo reaccionaría un hombre si su esposa se niega a la intimidad tras una mirada impura suya a otra mujer? ¿Cómo cambiaría un muchacho si su novia lo va dirigiendo hacia su alma enseñándole que el amor es la lucha total por hacer feliz al otro aun a costa de los propios intereses?

“La mujer no fue sacada del cerebro del hombre pues nunca se pensó que gobernara, ni de sus pies para que fuera su esclava, sino de su costado para que caminara a su lado, de debajo de su brazo para que fuese por él protegida y de cerca a su corazón para que la amara intensamente” (Hugo de Víctor, siglo XII).

   

 

 

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