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¿Somos realmente humanos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 24, 2018

Cuando se analiza con profundidad el adjetivo “humano” se llega a comprender que eso es, precisamente, lo que nos hace diferentes de todos los demás seres: los pensamientos, las palabras, las acciones humanas, los sentimientos…

Esto implica, por supuesto, que aquellas acciones que realizan también los animales no pueden probar que somos hombres. Sólo las acciones que no pueden realizar esos seres inferiores hacen patente la diferencia y, como consecuencia lógica, marcan nuestra dignidad. Dignidad que se expresa en la conciencia de que somos los seres más excelentes que hay, cuando menos en nuestro sistema solar.

Para el autoconocimiento del hombre es de gran utilidad el uso de algunas ciencias:

  1. La antropología, de antropo- (hombre) y -logía (tratado, estudio, ciencia), que trata de los aspectos biológicos del hombre y de su comportamiento como miembro de una sociedad, y la paleoantropología (paleo-: de «antiguo» o «primitivo», referido frecuentemente a eras geológicas anteriores a la actual), que engloba al hombre dentro del tiempo.
  2. La genética, parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.
  3. La geología, ciencia que trata de la forma exterior e interior del globo terrestre; de la naturaleza de las materias que lo componen y de su formación; de los cambios o alteraciones que estas han experimentado desde su origen, y de la colocación que tienen en su actual estado.
  4. La hermenéutica, arte de interpretar textos.
  5. La anatomía, ciencia que tiene por objeto dar a conocer el número, estructura, situación y relaciones de las diferentes partes del cuerpo de los animales y del hombre.

¿De dónde venimos? ¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos? Son las preguntas que es necesario hacerse para hallar nuestra felicidad y que estas ciencias nos ayudarán a contestar.

 

  1. EL HOMBRE EN EL UNIVERSO

¿Cuál es la edad del universo? ¿cómo comenzó?…

¿Cuál fue el origen de la vida? ¿cuándo se inició?…

¿Cuándo apareció el ser humano? ¿Cómo se hizo el paso del mono al hombre? ¿Qué características se tienen en cuenta para clasificarlos como tales?…

Si somos capaces de comprender los cambios que se produjeron en el pasado, estaremos en mejores condiciones de comprendernos.

A continuación, trataremos de responder estas y otras preguntas, basados en todos los elementos de juicio que poseen hoy las ciencias.

Si bien el conocimiento que hoy se tiene es mucho menor del que quisiéramos, los avances son ahora muy significativos y, sobre todo, útiles; por eso en estas líneas se interpondrán con frecuencia los vocablos «probablemente», «tal vez», «aproximadamente», y otros parecidos, lo cual no quiere decir que no sean afirmaciones distantes de la verdad sino que, por el contrario, son las que mayor credibilidad tienen ahora en el ambiente científico.

 

  1. El universo

La edad del universo debe ser determinada por el modelo cosmológico correcto, y los científicos que lo utilizan han llegado a la conclusión de que su comienzo oscila entre los 15,000 y los 18,000 millones de años antes de Cristo (A de C), aunque en los últimos años algunos tienen la tendencia a hablar de valores un poco menores.

Respecto de la teoría del inicio de la actividad del universo por una explosión, y de que producto de la cual se está llevando a cabo en estos momentos una expansión del universo, casi todos los científicos del orbe están de acuerdo.

En lo que no hay claridad todavía es si esa explosión fue el comienzo del universo o es solo un episodio más en su evolución porque, para unos, más adelante habrá un retorno (implosión) al que seguirá otra explosión de modo que el ciclo continúe: postulan que se dé crédito a la idea de que el universo tiene límites y que, al llegar a ellos, la onda expansiva regresará.

De cualquier manera, la creación no puede coincidir con un estado del universo, ya que el Creador le dio el ser al universo de modo que funcionara bajo ciertos aspectos determinados, uno de los cuales (como se estudiará más adelante) puede ser el azar.

La tierra, una nebulosa inicialmente, se condensó unos 4,500 millones de años A de C. Fuego vomitado por volcanes primero, y luego, un enfriamiento paulatino que, con la presencia de agua, fueron el «caldo de cultivo» para la aparición de la vida unicelular.

 

  1. El origen de la vida

Solo hay vida cuando existe lo que llamamos animación, movimiento, esto es, nacimiento, crecimiento, multiplicación, descendencia… Para ello es necesaria la presencia de algo que anime, el alma, lo esencial y más importante de una cosa, que le da forma sustancial, es decir la informa.

Por eso los minerales no tienen alma.

Los vegetales tienen el alma vegetativa.

Los animales poseen un alma sensible.

En el hombre esta sustancia es espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y también informa al cuerpo humano y con él constituye su esencia.

Pero tanto en los libros y en las enciclopedias más conocidas del mundo, como en las entrevistas hechas a los más conocedores del tema se encontró, como respuesta a la pregunta: «¿Cómo empezó la vida?», casi las mismas palabras: no hay respuesta cierta, verdadera, segura, indubitable.

Se han postulado numerosas teorías, todas inconsistentes. Algunos, por ejemplo, creen en la llegada de una primitiva forma de vida a la tierra a través de una especie de vientos que viajan por el espacio, idea que no explica su origen, pues la vida se habría formado en otra parte.

El mundo científico no ha podido dilucidar cómo se produjo el cambio desde la materia inanimada hasta la vida.

Por otro lado, los intentos por producir la vida han sido numerosos e infructuosos: se ha puesto a funcionar una vida siempre preexistente, se han formado cadenas de proteínas, pero no se ha podido crear la vida a partir de la materia.

Lo que sí se sabe es la fecha aproximada del origen de la vida: 3,500 millones de años A de C: las formas más tempranas de vida son unas células parecidas a las bacterias, estudiadas a partir de fósiles de esas épocas.

 

  1. La teoría de la evolución

¿Cómo se transformaron esas primeras células en plantas y animales?

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural.

Según esta teoría, los organismos vivos producen constantemente nuevos rasgos. Muchos de estos rasgos son neutros, es decir, no resultan beneficiosos ni perjudiciales. Pero de vez en cuando hay una característica que funciona especialmente bien, porque se adecua mejor al medio ambiente que las versiones anteriores y proporciona una ventaja reproductora a sus poseedores.

Esto es muy importante, ya que el aspecto crucial de la evolución es la reproducción: toda característica que aumente las probabilidades de un organismo de producir más descendencia será seleccionada.

Todavía no sabemos con certeza cuál es el mecanismo por el que se heredan los genes que tienen las características seleccionadas y no los otros genes, pero una vez que el nuevo rasgo beneficioso ha sido adoptado y se ha extendido a otros miembros de la especie, puede decirse que se ha producido una mutación y que la evolución ha actuado. La selección natural es el motor de la evolución.

Existen 3 requisitos indispensables para que se produzca la selección natural:

  • Es preciso que haya variaciones, una especie de continuo variar genéticamente que produzca diferentes rasgos susceptibles de ser seleccionados o rechazados. Estas variaciones se llaman mutaciones.
  • Es necesario también que haya un mecanismo de herencia, de manera que los nuevos rasgos se transmitan a las siguientes generaciones.
  • Por último, debe haber competencia formándose así una especie de embudo a través del cual solo puedan pasar los mejores equipados, ya que si los recursos fueran ilimitados, todas las variaciones tendrían éxito.

La genética, única ciencia que podría probar seriamente la teoría de la selección natural, tiene dudas al respecto, ya que en los estudios de las poblaciones se pueden destacar algunos caracteres genéticos, pero otros no se hacen evidentes ni son cuantificables, aunque estén codificados en los genes. Dicho de otro modo, hay mucha información genética que no se conoce todavía ni se hace evidente, aunque está presente en los genes de las células; por lo tanto, la selección natural sigue siendo una teoría, aunque ningún estudio serio la niegue y por el contrario los otros parezcan confirmarla.

La evolución no es un proceso lógico con intenciones u objetivos a largo plazo, como puede ser el perfeccionamiento o cualquier cosa por el estilo. Es algo que sencillamente sucede, de forma impredecible, a un ritmo variable y de modo inconsistente. Esto es el concepto del azar, del que se hablaba anteriormente, y que constituye una de las reglas de la evolución de las especies.

Si lo ponemos de una manera gráfica para comprenderlo mejor, habría que decir que es como si el Creador hubiese puesto a girar un trompo, como lo haría un niño, con la diferencia de que el niño puede despreocuparse de la suerte del trompo, mientras que Dios permanece siempre al lado de los seres vivientes, respetando la condición propia de su actividad (que en el hombre es libre), pero pendiente de su suerte e interviniendo para su bien, especialmente cuando solicita su ayuda.

Aunque Dios no ha abandonado a su creación, y a pesar de que está, como lo veremos, al tanto de los acontecimientos e interviniendo en la historia, ha dejado que el azar sea una de las reglas del devenir universal y humano.

Así se producen, según los científicos que aceptan la teoría de la evolución, la extinción de las especies y la formación de nuevas especies. Estos dos mecanismos explicarían cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años A de C hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es muy posible -y también quizá probable en un futuro no muy lejano- que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Si se acepta -como ellos- esta teoría, se entenderá cómo se llevaron a cabo la aparición de nuevas especies y la extinción de otras muchas.

Así se puede comprender que no solamente las glaciaciones (grandes invasiones de hielo que en épocas remotas acontecieron en zonas muy extensas de distintos continentes) y otros desastres naturales acabaron con algunas especies, como ocurrió con los dinosaurios que, luego de existir por unos 160 millones de años, se extinguieron hace 65.

En fin, dentro de ese proceso evolutivo debemos ubicarnos ahora en unos animales llamados antropomorfos, es decir, animales que, de algún modo, tienen forma o apariencia humana. Los más representativos son, en su orden, el lémur, el mono, el chimpancé y uno que ya dejó de existir: el australopiteco.

El científico Carl Von Linné (Linneo, 1707-1778) agrupó a los seres vivos así: el grupo más pequeño, integrado por individuos tan parecidos entre sí que, excepto en muy sutiles detalles, resultan idénticos en la práctica, es una especie; un grupo de especies pertenecen a un género; varios géneros constituyen una subfamilia; varias subfamilias se agrupan en una familia; las familias unidas entre sí hacen al orden; y los órdenes forman la categoría más amplia, denominada clase.

El orden de los primates es el de los mamíferos de superior organización, plantígrados, con extremidades terminadas en cinco dedos provistos de uñas, de los cuales el pulgar es oponible a los demás, por lo menos en los miembros torácicos (los miembros superiores).

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Entre los primates de hoy están el lémur (mamífero cuadrúmano, con los dientes incisivos de la mandíbula inclinados hacia adelante y las uñas planas, menos la del índice de las extremidades torácicas, que son ganchudas, y la cola muy larga), el mono, el chimpancé y el hombre.

Los homínidos, familia a la que pertenece el hombre, está compuesta por todas las criaturas que han vivido en las líneas evolutivas desde la separación los chimpancés hasta el presente. Como se verá, incluye al australopiteco, al homo habilis, al homo erectus y al homo sapiens (este último es sinónimo de ser humano).

 

El australopiteco

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, ya que, según las fuentes más conocedoras del tema, es uno de los eslabones de la cadena antecesora del hombre.

Se han descubierto dos grupos de fósiles: el australopiteco afarensis, que vivió entre los 4 y los 3 millones de años A de C, y el australopiteco africanis, cuyos restos apuntan hacia los 3,5 y 2,5 millones de años A de C.

Los restos de ambos fueron encontrados en África, razón por la que se ha afirmado siempre que la raza humana se inició en ese gran continente.

El australopiteco pertenece a la familia de los homínidos.

Medía un promedio de 1,20 m, tenía entre 30 y 70 kilos de peso y su cerebro era un poco mayor que el de los actuales monos.

Uno de los rasgos que lo hace tan especial es que se sabe, por las características de los huesos de sus piernas y por la presencia de arcos plantares de sus pies, que caminaba, es decir, con esta especie se inició el bipedismo. Efectivamente, Mary Leakey y otros paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a tres millones y medio de años A de C.

Otra conducta diferente de la de los demás animales hace poner los ojos de los paleoantropólogos en esta especie: usaba palos y piedras para defenderse.

Como se ve, los rasgos descritos presagian al hombre, pero no son tan consistentes para poder llamar al australopiteco un ser humano (decir que el bipedismo es humano haría también a algunos pájaros seres humanos). Este es simplemente un animal más desarrollado.

 

El homo habilis

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C.

No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías.

Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos.

Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Es importante decir que en este mismo período (entre 2 y 1 millón de años A de C) vivieron los que hoy se llaman australopitecos robustus y otras especies animales similares, lo cual ha hecho pensar a algunos que el homo habilis no es un eslabón de la cadena evolutiva que termina con el hombre, pero sí que vivió simultáneamente con otros animales.

 

El homo erectus

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso:

Sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura.

Sus cerebros más voluminosos inducen a concluir su mayor inteligencia.

El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores.

Otro aspecto destacable es que este ser inició las migraciones: ya los límites de su andar no dependían de si esa tierra ofrecía o no las cualidades necesarias para albergarlo. Es importante señalar, para explicar esto, que los animales herbívoros dependen de los recursos vegetales de un hábitat concreto, pero los carnívoros como el homo erectus no tienen esa limitación.

Esta característica, sin embargo, obedecía todavía a las leyes de la teoría de la evolución. Según esta, hay tres formas diferentes de responder a la limitación del área donde vivían: podían extinguirse, si por ejemplo no tenían posibilidad de retirarse a ninguna otra región; en muy raras ocasiones podían beneficiarse de una modificación genética que determinara la aparición de una nueva especie; o podían desplazarse hacia una nueva región geográfica donde las condiciones imperantes se asemejaran a las de su antiguo hábitat.

Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

 

  1. El homo sapiens

La fecha exacta de la aparición del homo sapiens es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C: algunos restringen el inicio del homo sapiens a los 200.000 años A de C, y aun hay quienes votan por los 100.000 años A de C.

A continuación se detallarán, una a una, las características que lo hacen tan especial:

  • Al aparecer el homo sapiens sucedió algo de dimensiones asombrosas: los animales, hasta este punto, iban evolucionando de tal manera que sus cuerpos se acomodaban al medio, según la teoría de la evolución de las especies; ahora, por primera vez, un ser acomodaba el medio a su cuerpo: comenzó a cambiar las condiciones del ambiente para su propio beneficio.
  • Hubo, también, algo que puede impresionar a quien estudia el origen del hombre: hasta ahora, los animales, como se vio con el homo habilis y el erectus, eran capaces de hacer herramientas.

Esas herramientas eran fabricadas para realizar acciones específicas: un palo, por ejemplo, era utilizado por el homo habilis o por el homo erectus para defenderse de los animales, y se cree, incluso, que se quedaba con el palo como medio de defensa.

Así se creaba una asociación neuronal (cerebral) entre la acción y el efecto que produce: “Si le pego a esa fiera con este palo, lo ahuyento”. Esto es producto de un patrón neuronal (un modelo de comportamiento). Es probable que la ley del azar de la teoría de la evolución intervenga en esa asociación y que luego se herede.

Pero el homo sapiens logró realizar algo que no se puede explicar a través de las leyes de la genética. En el ejemplo anterior, el ser humano no sólo utilizaba el palo para defenderse, sino que con él abría hoyos en la tierra para buscar hormigas u otro tipo de alimento, y también lo usaba para otros muchos fines. Es decir, su capacidad de análisis le dio la libertad para saber que una herramienta sirve para realizar acciones diferentes. Pero hay algo más: no solo usaba el palo, sino que cogía piedras y otros elementos para hacer lo mismo que hacía con el palo. Esa capacidad de análisis era ya tan avanzada que le dio la libertad para pensar que varios instrumentos podían servir para la misma finalidad. Además, se disparó la producción de herramientas en multitud de formas y, lo que es mejor, comenzó a hacer herramientas para fabricar herramientas.

Dicho de otro modo, se acabó la restricción cerebral que asociaba la acción al efecto, es decir, apareció independencia en el patrón neuronal, (antes rígido para los animales). El homo sapiens posee esa independencia pues tiene una comprensión abstracta (no rígida) tanto del acto como del instrumento.

¿Qué produjo esa capacidad de deducir que varios instrumentos podían ser utilizados con una misma finalidad, y que una misma herramienta tuviera varios usos?

Algunos creen que la genética tiene la respuesta, pero la genética tiene unas leyes, y esas leyes restringen los cambios, aunque sea en un porcentaje muy bajo. Con esas restricciones es imposible explicar estas nuevas capacidades del ser humano.

Otra teoría es que la plasticidad cerebral (capacidad modeladora del cerebro) podría ser la causa de este asombroso cambio, pero este cambio es de tal magnitud, que resulta obvio que el mero aprendizaje o la sola plasticidad cerebral, pueda llegar a producirlo.

Se debe concluir que algo extraordinario sucedió entre el hombre y sus predecesores. Ese “algo” debe ser una fuente de vida mucho más poderosa que la evolución, y se explicará al terminar esta enumeración de las características propias del ser humano.

  • El homo sapiens ya utilizaba el lenguaje.

Si bien algunos paleoantropólogos creen que sus pliegues (cuerdas) bucales no estaban bien desarrollados para ello, sí se cree que el homo habilis y el homo erectus emitían sonidos con los que se comunicaban ideas precisas y cortas, como lo hace ahora el actual cercopiteco, un mono catarrino, propio de África: con un vocabulario de 10 palabras diferentes da a entender a los otros ideas como “peligro”, “leopardo”, etcétera. A esto, por supuesto, no se le puede llamar todavía lenguaje.

Rod Caird -escritor y productor de documentales sobre antropología- cuenta en su libro “Hombre mono”, que entrevistó a Terrence Deacon, neurobiólogo de la universidad de Boston, en agosto de 1993. En esa entrevista Deacon dice textualmente:

“Un buen experimento de lenguaje con animales es el que plantea la pregunta: ¿qué diferencia hay entre enseñar a un animal a utilizar mecánicamente una serie de gestos o de símbolos que representan algo y enseñarle a comprender lo que está comunicando?”.

A un chimpancé se le pueden enseñar unas trescientas palabras y a actuar de acuerdo con ellas, mientras que un niño de 4 años conoce aproximadamente unas cinco mil.

El hombre entiende conceptos abstractos; puede hablar sobre el futuro, sobre cosas que no existen o sobre el espíritu; además, todos los idiomas y dialectos están hechos por numerosísimos vocablos y poseen reglas precisas, que están bien lejos de los gruñidos y primeras vocalizaciones animales.

Se sabe que los primeros homo sapiens ordenaban vocablos, es decir, construían frases que expresaban ideas amplias y claras, con las que no solo se comunicaban, sino que hacían partícipes a los otros de sus pensamientos y de sus sentimientos.

Se han encontrado pruebas arqueológicas de ornamentación, pintura y otros símbolos visibles, que son paralelos al concepto del lenguaje; el arte en sí mismo es gráfico, y nadie que no disponga del lenguaje puede asignar un significado a un pequeño rasguño en la pared.

Por eso, la mayoría de los estudiosos coinciden al afirmar que el lenguaje se inició a los 100.000 años A de C, con todas sus extraordinarias propiedades de rapidez, volumen y abstracción.

  • Si se compara un ordenador (computador) con el cerebro del homo sapiens, se infiere inmediatamente que al ordenador hay que decirle qué hacer, mientras que el cerebro hace las cosas por su cuenta. La capacidad creadora independiente del cerebro hace que los humanos actuemos espontáneamente, y es la base de nuestra habilidad para pensar, planificar e influir drásticamente (para bien o para mal) sobre el medio ambiente.

El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software.

Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

  • Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

Al comienzo se creía que el tamaño del cerebro incidía mucho en la capacidad intelectual, ya que los paleoantropólogos observaban que el cerebro de los homínidos, en la secuencia de la evolución, fue creciendo. El australopiteco tenía unos 400 cm³ (lo mismo que un chimpancé moderno), el homo habilis, entre 650 y 800 cm³, el homo erectus, de 850 a 1.000 cm³, y los primeros homo sapiens y los neandertales, entre 1.100 y 1.400 cm³. El hombre moderno está en ese rango, pues tiene aproximadamente 1.350 cm³. Pero el cerebro de una ballena grande puede ser cuatro veces mayor.

  • Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

Se desprende de la tolerancia, la palabra respeto, rasgo que caracterizará, entre otras cosas, al ser humano.

Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

  • Los análisis realizados en chimpancés, especialmente los de la doctora Jane Goodall, a primera vista hacen pensar que en estos animales hay ciertas actitudes que algunos se aventuran a llamar “humanas”: maquinaciones, actitudes compasivas, engaños maquiavélicos, pequeñas muestras de lo que en el ser humano se llamaría ternura, violencia y crueldad.

Pero en los estudios psicológicos se rechaza la idea de que estas características, por sí mismas, puedan definir al ser humano. De hecho, las llamadas “actitudes compasivas” y la “ternura” se explican con el instinto: todos hemos visto moverse la cola de un perro al ver u oír a su amo, lamerse a las leonas entre sí, arroparse a los mapaches… Y nadie ha pensado jamás llamar ser humano a los mapaches, a los leones, a los perros ni a ningún otro animal. En suma, esas son actitudes animales, no características humanas, aunque el hombre las eleva a un nivel que los animales no alcanzan.

En cambio, lo que sí admira, es la aparición de la solidaridad.

Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Pero, llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al leer la historia (o verla en cine o televisión) de tantos que han dado su vida por un ideal similar.

Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

  • Hay pruebas de que la competencia sexual era menos evidente entre los hombres, que la de sus antecesores, los animales: apareció una especie de respeto por la mujer del prójimo.

Otro aspecto que algunos paleoantropólogos destacan es que, ya que en la época de los australopitecos había una diferencia notable entre las dimensiones corporales de los machos y las hembras, parece que los machos estaban rodeados de algo parecido a harenes de hembras.

Sin embargo, el homo sapiens cambió de actitud:

En la entrevista concedida a Rod Caird (comentada más arriba), Terrence Deacon amplía su explicación sobre el lenguaje así:

“Creo que el problema que se plantea al instalarse en un entorno en que la carne se convierte en un elemento necesario para criar a la prole es el de encontrar medios para establecer conductas sociales predecibles, concretamente en torno a la sexualidad: conductas socialmente aceptadas en cuanto a la inclusión o a la exclusión de las relaciones sexuales. Unas relaciones así establecidas no son meros apareamientos; en cierto sentido son promesas. Son mensajes acerca de un futuro posible, acerca de lo que debe o no debe suceder, y esto es algo que no puede representarse con un gruñido o un gesto. Creo que el primer contexto en el que evoluciona la representación simbólica es algo así como un ritual de boda, la determinación pública y social de ciertas obligaciones sexuales y exclusiones reproductivas.”

Si las 7 características descritas hasta ahora dan certeza acerca de la gran diferencia existente entre el hombre y sus antecesores, este aspecto de las conductas sexuales es particularmente impresionante: el homo sapiens fue el primero que entendió la responsabilidad de la paternidad, de la maternidad y del concepto “familia”; y esto desde el punto de vista natural (es lo natural en el ser humano), y en orden a la procreación de los hijos: el hijo debe ser educado para seguir enriqueciéndose en todos los ámbitos de la vida, pues su esencia es diferente de la de los demás seres vivos: puede ser cada vez más sabio, cada vez más hábil, cada vez más dueño de sí mismo, puede amar cada vez más… Los matrimonios de hoy, con sus ritos, movimientos y sonidos, y en presencia de la sociedad (como dijo Terrence Deacon) son un desarrollo más del homo sapiens en su historia.

De aquí se desprende la idea de que la infidelidad es un retroceso del hombre a etapas anteriores, como la del australopiteco.

  • Pero lo más fascinante del homo sapiens es que fue el primero en hacer rituales y ceremonias religiosas. Robert Foley (biólogo y profesor del King’s College of Cambridge, director del Laboratorio de Antropología Biológica Duckworth y autor del libro “Another unique species”) cuenta que el famoso hombre de Neandertal, que vivió entre 130.000 y 35.000 años A de C, ya enterraba los cadáveres de sus congéneres.

Se puede establecer por la diferencia que había en los ritos, que en algunos de ellos se agradecía a determinados miembros del grupo que tuvieron una sabiduría especial o que habían hecho aportes importantes a la comunidad.

Así mismo, la mayoría de esqueletos hallados presentan cicatrices de fracturas curadas en vida del sujeto: se sabe entonces que los miembros heridos de la comunidad recibían algún tipo de cuidado hasta que mejoraban y podían incorporarse de nuevo a las actividades cotidianas.

Es más: los estudios científicos permiten pensar a los paleoantropólogos que los miembros más ancianos (de cuarenta y cinco o cincuenta años) de los grupos sociales eran valorados por sus recuerdos y por sus conocimientos aun después de haber perdido el pleno uso de su fuerza física.

Estos análisis llevan de la mano a sacar una consecuencia muy especial: los actos sociales iban en beneficio del individuo, y no al revés.

  • Aún más admirable para el estudioso de la paleoantropología es que los entierros obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte (a diferencia del miedo a una muerte inminente) hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

El arte simbólico que se encontró en las cavernas, con búfalos y rituales mágicos, por ejemplo, es un testimonio histórico de que se adquirió el conocimiento reflexivo del destino del hombre y, además, de que apareció la conciencia de que a través de esos rituales se podían someter las fuerzas de la naturaleza. La sabiduría, en este sentido, se guió más tarde hacia una cultura mágica en los cazadores, y hacia una cultura mítica en los agricultores.

Al terminar esta enumeración de las características del homo sapiens, se puede decir que no hay duda de que el espíritu marca definitivamente al hombre, y que es su presencia lo que lo hace completamente diferente a sus antecesores: el homo sapiens se diferencia de los demás en que tiene espíritu.

Por eso, ya no hay razón para pensar que es una sola la especie que agrupa al homo sapiens, al homo erectus y al homo habilis: la primera de estas es una especie perfectamente bien diferenciada de las otras 2.

En fin, son tantas y tan extraordinarias las diferencias entre el homo erectus y el homo sapiens, que no se pueden explicar con solo 2 cromosomas más, como sucede entre el chimpancé y el hombre actuales.

Tampoco se ha explicado, a través de la teoría de la evolución, ese cambio tan extraordinario: la existencia del alma espiritual. Si tenemos presentes las palabras que Robert Foley dijo en otra entrevista hecha por Rod Caird, en octubre de 1993: “La selección se limita a solucionar pequeños problemas aislados”, nos nace una pregunta: ¿Qué se solucionó con el advenimiento del espíritu? Y esta interrogación no tiene respuesta.

Somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

 

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Regreso a lo natural

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 3, 2017

Se está dando en todas partes: la medicina, reconociendo que la farmacología nació principalmente de las plantas y de los animales, se está abriendo a los conocimientos ancestrales de las que hoy se conocen como medicinas alternativas o, como han dicho algunos, complementarias (para denotar así que no se trata de una rivalidad entre las 2 ciencias). Efectivamente, en el Mundo entero se están abriendo facultades de medicina y posgrados de medicina natural.

En cuanto a nutrición se refiere, pululan por todas partes de la Red y en las librerías artículos, libros, audios y videos que expresan criterios naturales para la alimentación humana, y que muestran resultados sorprendentes en cuanto se refiere a la prevención y tratamiento de las enfermedades. Aunado a esto se pretende propiciar el manejo natural de la producción de alimentos no contaminados por pesticidas o cualquier tipo de preservativos o conservantes químicos, que dañan la salud.

Y, en general, se han disparado  criterios que buscan eliminar toda la complejidad de vida que tanto la industrialización como la filosofía del consumismo trajeron al mundo moderno: desde cursos para conseguir la paz interior hasta criterios de vida como el Minimalismo (vivir con lo mínimo necesario) se ofrecen hoy al ser humano moderno.

De entre todo este bagaje, conviene resaltar un pensamiento que quizá los abriga a todos: cuanto más ajustemos nuestras costumbres a nuestra esencia, a nuestra naturaleza, tanto más bienestar cosecharemos. Y este concepto se equipara, precisamente, a la definición de la palabra natural: aquello que es conforme a la cualidad o propiedad de algo.

 

Nuestra sustancia

Ahora bien: en nosotros, ese “algo” es nuestra sustancia, nuestra esencia, nuestra naturaleza. Por eso es imprescindible definirnos y verificar los planos en los que vivimos.

Para definirnos, podríamos afirmar primero lo que no somos: ni ángeles ni animales; estamos ubicados entre ambos. Tenemos cuerpo como los animales y espíritu como los ángeles. Además, como todo ser vivo, tenemos algo que nos anima (que nos mantiene vivos): un ánima, un alma. En las plantas, esa alma se llama vegetativa; la de los animales es un alma sensible y la nuestra es denominada espiritual.

Volviendo al diccionario, encontraremos allí que el alma espiritual se define como alma “racional e inmortal”, lo que especifica nuestra naturaleza: tanto el alma vegetativa de las plantas como el alma sensible de los animales mueren con sus cuerpos, mientras que la nuestra atraviesa el umbral de la muerte, tal y como lo entendieron los primeros seres humanos según lo describen los paleoantropólogos, quienes afirman que es muy distinto tapar con tierra un cadáver maloliente que, con un rito fúnebre y sagrado, despedir al difunto que partía en su viaje al más allá. Esta conducta de nuestros ancestros nos ilustra acerca de la conciencia cierta, segura, de nuestra trascendencia, y que acompaña al ser humano desde sus inicios.

Por esto, podemos afirmar que nosotros nos movemos no sólo en el plano biológico y en el psicológico, sino también en el plano espiritual.

Así, pues, el regreso a lo natural debería darse en los 3 planos. Esto significa que, además de propiciar una medicina, costumbres y nutrición más naturales, deberíamos volver también a una psicología y una espiritualidad más acordes con nuestra naturaleza, nuestra esencia, nuestra sustancia.

Pero no podemos dejar de lado un aspecto fundamental de la esencia del ser humano: las características que nos diferencian de los animales son muchas, pero hay 3 que emergen como las más importantes de todas, y que deben describirse en un orden invertido, del tercer al primer lugar de importancia:

En tercer lugar está la facultad de la razón, nuestra inteligencia. Nadie puede llegar a afirmar que su mascota es tan inteligente como un ser humano; ni siquiera los primates más parecidos al hombre pueden sumar o restar, filosofar o deducir, entender el pasado o el futuro, preguntarse por su esencia o su finalidad en esta vida…

En segundo lugar, nosotros tenemos la facultad de la voluntad: los animales se mueven por instinto; nosotros, en cambio, podemos manejar el instinto o la impulsión con nuestra voluntad libre: aunque nos apetezca mucho ingerir alimentos menos nutritivos y quizá dañinos para nuestra salud, podemos decidir no comerlos. Somos libres, incluso, de doblegar nuestros apetitos para conseguir un bien mayor.

Pero lo que más nos diferencia de los animales se muestra en el hecho de que cuando una hembra es perseguida por un predador y en un momento debe decidir entre su cría y ella misma, prefiere abandonar a su cría para salvar su vida: a eso la lleva su instinto. Por el contrario, una madre humana daría la vida por salvar a su hijo. Nosotros somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por amor a otro; podemos amar. La historia nos recuerda las innumerables ocasiones en las que, por eso, porque pueden amar, los humanos se han sacrificado por amor.

Con esta descripción de la esencia del ser humano, se puede deducir que es más feliz quien más ama.

 

Lo natural en el crecimiento

Es natural —es parte de su esencia— que los niños tengan un desarrollo progresivo, una continuidad en el crecimiento psicológico, una sucesión ordenada de eventos afectivos y emocionales que preserven su salud psicológica.

Antes, esto era más fácil: los niños entraban a estudiar ya cumplidos los 5 años de vida; y esto permitía que el desarrollo psicoafectivo y psicoemocional fuera acorde con su naturaleza humana:

En su primer año de vida miraba su entorno, lo empezaba a reconocer; percibía sensaciones auditivas (la voz de su mamá, de su papá…), táctiles (frío, calor, dolor), visuales, gustativos, olfativos…

En el segundo año empezaba a formarse un vínculo más estrecho con su mamá y se esbozaban en su mente y en sus sentimientos las nociones: Mujer y Mamá, obviamente de un modo rudimentario, pero que iba a ser definitivo en su vida.

En el tercer año hacía lo mismo con su papá (qué importante es por eso que los padres inviertan el mayor tiempo posible con sus hijos siempre, pero principalmente en esta etapa): surgen en el niño las primeras ideas de hombre y de papá.

En los años cuarto y quinto comenzaba su conciencia de sí mismo —su propio conocimiento—, y formaba incipientemente los conceptos, también rudimentarios pero fundamentales, de familia y, si tenía hermanitos, también de fraternidad.

Para cuando el niño cumplía 5 años, no sólo ya había preconceptualizado las nociones fundamentales de su vida personal y familiar, sino que, como antaño no había para los padres tanta demanda de consumir por consumir y no existían los afanes del tráfico y el atafago de la moderna vida laboral, había recibido gran estabilidad emocional y afectiva: los padres tenían más tiempo para sus hijos, para la vida familiar: aunque no todos aprovechaban esa valiosísima oportunidad, la mayoría disfrutaba compartiendo con sus hijos, y así les infundía la seguridad de su amor, los proveía del hogar, ese nicho, ese refugio desde el cual podían salir a experimentar confiados la aventura de la vida.

Así, pues, estos 5 primeros años de vida marcan ¡y guían! definitivamente las vidas de todos los seres humanos.

 

Lo antinatural

Pero de esta naturalidad en la vida familiar se salió a lo antinatural: aparecieron los jardines infantiles, las guarderías, salacunas y muchas alternativas más para que los papás puedan desentenderse de sus hijos pequeños para irse a trabajar, unas veces por absoluta necesidad y otras porque el mundo moderno, con sus ideas antinaturales, basadas casi exclusivamente en la búsqueda del placer, en el consumismo y en ese querer proyectar una buena imagen a los demás, ha distorsionado la esencia misma del niño, y lo ha relegado a un segundo lugar: para muchos padres primero están el trabajo, el dinero, su “espacio”…

Así comprendida la vida, el bienestar de los hijos se redujo a darles únicamente lo material; y los padres se dieron una tácita consigna: que cuantas más cosas materiales se les dé tanto más suplen su dolor (el de sus hijos y el suyo propio). Pero esta consigna es falsa: es un autoengaño para los padres y fuente de dolor y daños para sus hijos.

Es que con frecuencia no se tiene en cuenta que los niños, en la precariedad en la que se encuentran, no tienen otro recurso, otra “medida” para saber si son amados, que el tiempo que cada uno de sus padres le dedica: “Mi papá tiene tiempo para su trabajo pero no para mí; entonces ama más a su trabajo que a mí.” “No me ama.” Pero apenas perciben esa verdad, apenas la intuyen: la sienten —ni siquiera la entienden, solo la sufren— y, por supuesto, no tienen las herramientas necesarias para darle solución.

Y, como la esencia de la felicidad de un ser humano depende del amor que pueda dar (como se explicó más arriba), esos hijos serán seguramente infelices, aunque recibieran todas las cosas materiales del mundo, pues nadie les habría enseñado a amar realmente. Por más consejos que recibieran, por más conferencias que escucharan, por más libros que leyeran, no aprenderán jamás a amar, cosa que sólo se aprende experimentalmente (con hechos, no con palabras) cuando uno es amado con un amor auténtico, especialmente durante la etapa en la que absorbemos todo como por inercia: en la niñez.

Por lo que se dijo anteriormente, a esa edad no se tienen los medios para solucionar esta tragedia e intenso dolor. Y es una verdadera tragedia, porque daña la esencia misma del ser humano: ¡no aprendió a amar, no sabe amar! que es lo que más lo diferencia de los animales y, por ende, lo que más humano lo hace… He ahí el porqué de la intensidad de su dolor.

Comienza entonces —en unos— un deterioro de su situación afectiva, desarrollando una búsqueda enfermiza del amor y fuertes y continuas psicodependencias y altibajos afectivos y emocionales, con las que menos podrán aprender a amar ni a dejarse amar. Otros se enfrascarán en sí mismos, haciéndose pusilánimes (sin ánimo para emprender grandes empresas) y cobardes o se harán agresivos y violentos…, buscando en todos los casos ocultar su dolor… En fin, empiezan a aparecer los trastornos psicológicos más variados.

 

La tendencia homosexual

Una de las búsquedas angustiosas y enfermizas del amor es la tendencia homosexual.

Antes de explicarla, conviene saber que la homosexualidad no es genética, pues por el sexo cromosómico o genético, sabemos que los hombres homosexuales tienen el cromosoma «Y» en todas las células de su organismo, como cualquier hombre no-homosexual; y que ninguna de las mujeres lesbianas tienen ese cromosoma: son mujeres.

Se puede decir entonces, que el sexo nace antes que nosotros. Somos varones o hembras desde el día de la fecundación y lo somos de manera irreversible: el desarrollo de las hormonas masculinas (testosterona) y femeninas (estrógenos y progesterona) depende precisamente del sexo genético; el funcionamiento del sistema nervioso, los ciclos periódicos y la configuración física de nuestra sexualidad no son otra cosa que resultados naturales del sexo genético.

Quiere decir esto que la homosexualidad no es natural ni tampoco lo es la tendencia homosexual.

 

Cómo se da la tendencia homosexual

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la ausencia de cariño paterno.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil. Este factor, pues, es determinante.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta: Por la carencia afectiva del padre, algunas de ellas desarrollan —sobre todo cuando el papá fue violento con la mamá— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio. De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

 

Conclusión

Ya que el movimiento hacia lo natural se está dando en todo el mundo y en todas las áreas de la vida del ser humano, conviene también que se propicie en el ámbito de la familia: es necesario fomentar lo natural en la familia, lo que siempre se ha llamado paternidad y maternidad responsables: que los padres evalúen si van a tener suficiente TIEMPO (es decir: amor) para darle a su hijo, antes de pensar en concebirlo.

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Sin papá ni mamá… o con muchos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 11, 2016

Con el Proyecto de Ley 56 de 2016 se pretende establecer una cadena productiva de niños de la siguiente manera: se facilita la creación centros de acopio de gametos humanos masculinos (espermatozoides) y femeninos (óvulos), clasificándolos con sus respectivas características y antecedentes; se ofrecen a los consumidores de espermatozoides o de óvulos, con “costos” diferenciales, pues los primeros son abundantes y los segundos, escasos.

fecundacionLos donantes pueden identificarse o ser anónimos. No obstante, a ellos se les confiere el derecho de saber de sus hijos hasta veinte años después de la donación, sin que se les otorguen los derechos propios de paternidad.

Los adquirentes pueden ser parejas de cónyuges o de compañeros que buscan suplir al esterilidad de alguno de ellos, u otros que adquieren tanto el espermatozoide como el óvulo, con las características que escojan tales como color de los ojos, posible inteligencia, etc., etc.

La entidad oferente realiza la fecundación asistida y facilita que los “padres” alquilen el vientre o útero, de una mujer, la que después del parto se los entregará, fijando previamente las condiciones, incluso económicas, de tal proceder.embarazo

Así pues se trata de una cadena productiva completa desde antes de la concepción hasta después del parto de niños. Las empresas que se lucrarían con esta cadena van desde poderosas multinacionales hasta microempresas.

Dicho lo mismo en un lenguaje coloquial y sencillo, yo podría comprar espermatozoides de un hombre genéticamente determinado, el óvulo de una mujer (también con características genéticamente determinadas), alquilar el útero de otra mujer para implantar el allí el embrión, esperar nueve meses y recibir de ella el hijo o hija que voy a adoptar y educar con mi pareja hétero u homosexual.

El negocio —en apariencia filantrópico— establece el tráfico de niños que no sabrán a quién decirle mamá ni a quién llamar papá.

No deja de ser irónico que el proyecto incluya un artículo según el cual ¡el proceso debe realizarse con respeto a la dignidad humana!

 

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La ideología de género como vigencia del informe Kissinger*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 7, 2012

Por Beatriz Eugenia Campillo Vélez*

Resumen

El Informe Kissinger (NSSM 200) es un estudio secreto que aborda el tema de la sobrepoblación mundial como un problema de seguridad nacional de los Estados Unidos. Entre sus múltiples aspectos señala los países en los cuales se debe intervenir para controlar la natalidad y qué métodos se deben aplicar. Lo particular es que hace especial énfasis en la mujer, lo que coincide con la tesis que propone actualmente la Ideología de Género promovida desde organizaciones internacionales como la ONU, UNICEF, CEDAW, IPPF, entre otras, dando cumplimiento literal a lo propuesto en el Informe Kissinger que se suponía ya no sería aplicado.

Palabras clave: Biopolítica, Informe Kissinger, Ideología de Género, Derechos Sexuales y Reproductivos, Feminismo.

Introducción

Por tradición se ha asociado el poder político a la esfera pública pero, en aras de combatir la ingenuidad, habrá que reconocer su creciente injerencia en el ámbito de lo privado debido a los avances en materia de ciencia y tecnología aunque, a su vez, será importante recordar que la pretensión de controlar la población no es nueva, pues hace parte de la política “tradicional”, porque no podemos olvidar que la población es uno de los elementos fundantes del Estado Moderno y que, por tanto, su vinculación con la política resulta más que obvia. El mismo ser humano, como lo describía Aristóteles, es un Zoon Politikon (un animal político). Es así como bajo la óptica realista de las re-laciones internacionales y producto de esa misma intervención de la ciencia y la tecnología en la vida humana, vemos cómo el elemento poblacional se convierte en una simple ficha a jugar. Lo que una vez más nos comprueba aquella tesis de que en el plano internacional reina el “Estado de Naturaleza”, un estado que, como lo describían los teóricos de la política, es previo a la civilidad y en donde no había respeto por los derechos naturales, ni siquiera a la vida, el primero de ellos.

Siendo conscientes de este panorama, digamos que las teorías idealistas pretenden demostrar que es posible superar dicho estado de naturaleza, por medio de organismos supranacionales y ordenamientos jurídicos internacio-nales “neutrales y objetivos” que propendan por la armonía, paz y estabilidad internacionales. No obstante, como lo veremos en la práctica, las relaciones internacionales han utilizado este discurso idealista como una simple herra-mienta que legitima las políticas realistas.

Este doble juego se encuentra explícito en el Informe Kissinger, un documento de política exterior que hace gala de ese “destino manifiesto” de los Estados Unidos, en el cual, con un aire hegemónico, inciden en el orden internacional con el fin de seguir manejando, con gran habilidad, el discurso idealista, para camuflar la realidad evidenciada en la intervención y el supuesto aislacionismo, lo que conlleva el uso acomodado de las ideologías que en el bipolarismo de la Guerra Fría dividían el mundo.

Aunque algunos pensadores hablaban de la muerte de las ideologías, la historia de la política -que es la misma historia de la humanidad- ha de-mostrado con creces que las ideologías nunca mueren y que, a lo sumo, se adormecen o camuflan. Es pues trabajo del estudioso de la política advertir dichos movimientos, por lo cual en este artículo intentaremos hacer algunos apuntes sobre la ideología de género, un tema de altísima importancia po-lítica en nuestros días que recopila, en gran parte, postulados que se creían superados, y cuestiona otros que se daban por sentados.

 

El informe Kissinger

Se conoce como Informe Kissinger el Memorándum Estudio Seguridad Nacional 200 (NSSM 200, por sus siglas en inglés) que versa sobre las “Consecuencias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad de Estados

Unidos y sus intereses de ultramar”. Este estudio secreto se elabora en 1974 y es desclasificado en 1989, coincidiendo justamente con la caída del muro de Berlín y, por ende, con el término de la Guerra Fría. Lo anterior podría sugerir que el documento fue elaborado exclusivamente para ese periodo y que su desclasificación indica que, en adelante, no se seguirá aplicando; no obstante, es pertinente no perder de vista que las proyecciones del Informe van hasta el año 2000 y, en algunos casos, incluso hasta el 2075. En éste es-crito justamente pretendemos demostrar cómo dicha desclasificación busca generar un ambiente de confianza, que le permita actuar cómodamente como potencia hegemónica, que dicta políticas sin que exista otro poder que lo iguale en fuerza como para cuestionar su proceder.

El Informe Kissinger es un documento de altísima importancia en materia de política exterior estadounidense, porque traza la agenda biopo-lítica para aplicar en el mundo en vía de desarrollo, pues se “afirma que el crecimiento demográfico de los “países menos desarrollados” (PMD) pone en peligro la economía y la seguridad nacional de los Estados Unidos. El documento propone como estrategia, la promoción de los programas de control demográfico en algunos de esos países”. (“¿Por qué existe el control demográfico?”, S.F.)

Dicho informe señala algunos factores poblacionales que se deben tener en cuenta para explicar el crecimiento de la población (especialmente en los países que denomina como LDC -Países con Bajo Nivel de Desarrollo-), con el fin de construir las estrategias para combatir la sobrepoblación, sin hacer ningún reparo en que se trata de vidas humanas. América Latina, entre otras regiones del mundo, se convierte entonces en el foco de dichas biopolíticas, pues son regiones que geopolíticamente son importantes para dominar, no solo por sus altas tasas poblacionales, sino en especial por sus riquezas natu-rales y excelente ubicación, como es el caso de Colombia.

En efecto, dice el Informe Kissinger (1975):

La asistencia para la moderación de la población debe dar principalmente énfasis a los países en desarrollo más grandes y de crecimiento poblacional más rápido, donde existe interés estratégico y político de los EEUU. Estos países son: India, Bangladesh, Pakistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, las Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. Juntos, estos países explican el 47% del incremento actual de la población mundial (p. 13).

Literalmente se expresa que el Informe busca establecer,

(…) planes alternativos de acción para los EE.UU. en su manejo de asuntos poblaciones en el extranjero, particularmente en países en vías de desarrollo con énfasis especial en las siguientes preguntas: a. ¿cuáles nuevas iniciativas por parte de los EE.UU. son requeridas para enfocar la atención internacional al problema poblacional? b. ¿Pueden nuevas innovaciones o desarrollos tecnológicos reducir el crecimiento o disminuir sus efectos? c. ¿Podrían los EE.UU. mejorar su asistencia en el área poblacional y, de ser así, de qué manera y a través de cuáles agencias: bilaterales, multilaterales, o privadas? (p. 5).

Este fragmento nos permite dilucidar varios aspectos, el más obvio es que estamos frente a un documento intervencionista y que se involu-cra en aspectos que, en principio, deben ser privativos de los Estados en razón de su soberanía. De las preguntas propuestas se deduce que el tema poblacional, hasta ese momento, no es un asunto de principal importancia a nivel internacional, que la ciencia y la tecnología empezarán a jugar un papel fundamental en el control poblacional y, por último, que aunque el documento está redactado en una época en la cual el sistema internacional era el bipolar (Guerra Fría), los Estados Unidos ya empiezan a buscar otras formas de intervención que vayan más allá del Estado, es decir, empiezan a jugar un papel importante los actores y las figuras que hoy consideramos determinantes en el fenómeno de la globalización como una extensión no oficial del Estado, pero que lleva a cabo sus políticas sin crear tanto escozor; por ejemplo, frente al tema de soberanía.

Buena parte del discurso del Informe Kissinger se esfuerza en mostrar su intervención como un asunto de cooperación, de ayuda. Un país desa-rrollado que simplemente quiere ayudar a los países más pobres, porque le preocupan las graves situaciones que ésta población podría sufrir en términos de desempleo, pobreza, hambrunas, enfermedades y conflictos, si no se hace una pronta intervención.

Siendo ello así, “El estudio debe tener en cuenta la preocupación del Presidente de que la política poblacional es un asunto humano íntimamente relacionado con la dignidad del individuo y el objetivo de los EE.UU. de trabajar cerca con otros, en vez de imponer nuestros puntos de vista sobre los otros” (p. 5).

El Informe Kissinger señala reiteradamente algunos aspectos a inter-venir en los “Países con Bajo Nivel de Desarrollo” o LDC (por su sigla en inglés), aspectos que a grandes rasgos podemos agrupar así:

El feminismo: tal vez es el punto de mayor importancia y vigencia, pues el Informe identifica a la mujer como elemento central para llevar a cabo las biopolíticas que intentan disminuir la fertilidad. Siendo ella la directamente vinculada con el proceso biológico que permite el nacimiento de una nueva vida, y siendo conscientes de su gran poder en el hogar, en el ámbito familiar, es un blanco necesario de ataque para desestabilizar a la sociedad. Por tanto, se pretende alejarla de la maternidad promoviendo, en principio, su desempeño tanto en la parte laboral, como en la educativa, no porque se quiera reconocer sus virtudes en estos campos, sino porque de esta manera se mantiene ocupada y no se podrá dedicar a la crianza de sus hijos lo que, además de disminuir la natalidad, garantiza que las nuevas generaciones no tengan una formación muy sólida en cuanto a los valores familiares, toda vez que se impone como modelo un ritmo de vida mucho más rápido y competitivo. Es así como el feminismo de equidad es utilizado como un medio para el fin principal: el control de natalidad. No obstante, éste feminismo evolucionará de la mano de la ideología de género tal y como veremos más adelante, sumándose el discurso de la planificación familiar, hoy reforzada bajo el sofisma de “derechos sexuales y reproductivos”, que ya el informe empezaba a esbozar con su alusión a los anticonceptivos, esterilización y aborto, como métodos rápidos y eficaces para el control de la natalidad.

La familia: se insiste en promover e inculcarles a las nuevas generacio-nes que la familia debe ser máximo de dos hijos. Para lo cual se intentarán mostrar los beneficios económicos que se generan de dicha práctica, no sólo para la misma familia, sino también para el Estado, pues se reducen costos y se tendrán niños de “mejor calidad”, todo bajo un lógica utilitarista.

Cabe anotar que, actualmente, la arquitectura refuerza y obliga a que dicha idea sea socialmente aceptada al construir cada vez lugares más pequeños para habitar.

Lo urbano vs. lo rural: se identifica a la población rural como aquella que más se reproduce; por tanto, se propone aumentar la migración a las ciudades, pues son lugares donde el ritmo de vida impide tener grandes fa-milias. Además, se preocupan por tecnificar el campo y llevar a ellos medios de comunicación alternativos para que en “1980 la información y métodos sobre control de natalidad estén completamente disponibles para todos los individuos fértiles, particularmente en áreas rurales. También se necesitan mejoras en los métodos de control de natalidad más aceptables y utilizables por los pobres rurales” (p.10).

Los medios de comunicación: un poder que sirve no sólo para difundir información y motivar, sino que también permite legitimar prácticas pues, en nuestra cultura se asume, como un rezago del mismo enciclopedismo, que todo aquello que se dé a conocer de forma masiva es la verdad y debe ser seguida.

Juventud: según el Informe, “La gente joven, que en muchos LDC está en mucho mayor proporción, es más probablemente volátil, inestable, dada a los extremos, enajenación y violencia que una población mayor. Esta gente joven puede ser convencida más fácilmente de atacar las instituciones legales del gobierno o la propiedad real del “establecimiento”, los “imperialistas”, las corporaciones multinacionales, u otras influencias — a menudo extranjeras – a las cuales se les culpa por sus problemas” (p. 47). Se comprueba que hay un temor a la confrontación y que toda la población es atacada, pues aunque las políticas más fuertes van dirigidas a los primeros estadios del ser humano y hacia el final de la vida, también se hacen alusiones como ésta a la población joven, por lo que se propone hacer mayor énfasis en ese adoctrinamiento de los niños.

Pobreza como causa de violencia: se insiste en la teoría de las causas objetivas de la guerra, en palabras del informe Kissinger “Donde el tamaño de la población es mayor que los recursos disponibles, hay una tendencia a desórdenes internos y violencia y, a veces, políticas perturbadoras internacio-nales o violencia” (p. 47). De esta manera se reviven las tesis de eminente corte fascista, según las cuales es más fácil matar un guerrillero en el vientre de su madre que perseguirlo por los campos, cayendo igualmente en el equívoco de eliminar la pobreza, eliminando al pobre.

Lo paradójico es que estas teorías suelen tener una visión marcada-mente marxista, de izquierda, que se supone no tendrían mucho eco en la

tradición norteamericana. Sin embargo, y esto es lo magistral y macabro de la política exterior estadounidense, la visión realista de derecha nunca se pierde, aunque en el discurso, y únicamente con la finalidad de ganar adeptos, se utilice el idealismo, acompañado por una gran dosis de ideología socialista por su carga emotiva.

La inmigración: el problema de los inmigrantes se analiza como un daño de las relaciones con los otros países. Sin duda una de las problemáticas más fuertes que se presenta con la pobreza en los países del “Tercer Mundo” es el fenómeno de la inmigración. De allí que los ataques principales de los Estados Unidos estén dirigidos a América Latina, por su cercanía geográfica, aunque también a muchos otros países que representa un “peligro” para ellos.

La alimentación: siguiendo a Malthus se argumenta que “el creci-miento poblacional tendrá un serio impacto en la necesidad de alimentos, especialmente es los países de menor desarrollo (LDC), más pobres y de mayor crecimiento” (Informe Kissinger, 1975, p. 8). La consecuencia de no tomar medidas serian “hambrunas masivas en algunas regiones del mundo, particularmente en las regiones más pobres” (p. 8).

En suma, el Informe Kissinger recoge buena parte de los planteamientos elaborados en el Plan de Acción Poblacional Mundial adoptado durante la

Conferencia de Población Mundial (Bucarest, 1974) donde se

(…) recomienda que los países que están trabajando para influir en niveles de fertilidad deben dar prioridad a programas de desarrollo y estrategias de salud y educación que tienen un efecto decisivo en la fertilidad. La cooperación internacional debe dar prioridad a ayudar esos esfuerzos nacionales. Estos programas incluyen: (a) Mejora de la nutrición y prestación de salud para reducir la mortalidad infantil; (b) Educación y mejoras en el status social de la mujer;

(c) Incremento del empleo femenino; (d) Mejora en la seguridad en la tercera edad; y (e) Asistencia para el pobre rural, que generalmente tiene la fertilidad más alta, con acciones para redistribuir los ingresos y recursos, incluyendo la provisión de granjas privadas (Informe Kissinger, 1975, p. 10).

La idea de la sobrepoblación es un mito que a las grandes potencias les interesa sostener, especialmente para apoderarse de las materias primas. “Las causas del hambre en el mundo, del daño al medio ambiente y de otros problemas residen en la falta de solidaridad y justicia social, así como en malévolas maquinaciones políticas, gubernamentales y económicas, además

de la corrupción, la mala administración de la economía y la falta de actuali-zación tecnológica en la explotación de los abundantes recursos que existen” (La postura de Human Life International, S.F.).

Es cierto que aumentó la población después de la II Guerra Mundial, pero dicho aumento no se debe a los nacimientos, sino a la esperanza de vida producto de los avances en la ciencia frente al manejo y cura de las enfermeda-des, de mejores políticas sociales y alimentarias, pero no se puede hablar de una sobrepoblación mundial. En efecto, debido a las fuertes políticas de control poblacional habría que hablar de implosión poblacional, como lo sugieren varios estudiosos del tema (¿Por qué hay una implosión demográfica?, S.F.). En la actualidad se ven los daños de estas políticas en los países en desarrollo, incluso desde lo económico, pues se ha perdido la generación de relevo, que sustentaba el buen funcionamiento de la pirámide poblacional.

Con todo, el informe Kissinger (1975) afirmaba que:

(…) los gastos en servicios de planificación familiar efectiva son generalmente una de las inversiones de mejor relación costo/beneficio para un país LDC que busca mejorar el bienestar general y el crecimiento económico “per cápita”. No podemos esperar la modernización y desarrollo global para que se produzcan naturalmente tasas de fertilidad más bajas, porque esto tomará indudablemente muchas décadas en la mayoría de los países en desarrollo, durante las cuales el crecimiento poblacional rápido tenderá a retardar el desarrollo y ampliar la brecha entre ricos y pobres (p. 10).

Es lógico que la intencionalidad política de una potencia no es reducir la brecha entre ricos y pobres, aunque tampoco les interesará que los pobres lo sean a tal extremo que no logren consumir lo necesario, pues esta relación de interdependencia (oferta-demanda) mantiene la economía de mercado. Es así como quitando esta cortina de humo sobre lo económico, lo que descubrimos es una situación de eugenesia “oculta”, donde no se respeta la soberanía de los países, y donde el individuo queda sin protección, pues las actuaciones en temas de vida y muerte serán sin conocimiento ni consen-timiento. La población que se pretende eliminar son los pobres y enfermos que generan costos al sistema.

En política no se puede ser ingenuo, nadie y menos una potencia, in-vierte dinero y tiempo si no es persiguiendo algún objetivo que le beneficie.

Los Estados Unidos son una nación organizada y tienen poder; al mismo tiempo son expertos en diplomacia, y la historia ha demostrado que siempre realizan un juego perfecto entre el discurso idealista y el realista, lo que gene-ralmente se ha conocido como “la política del garrote y la zanahoria”. Todo el informe está elaborado para manejar un doble discurso, expresamente señala cuáles son los objetivos que se persiguen y de qué manera se deben mostrar, al mejor estilo del marketing político actual.

La ideología de género, un marxismo capitalista

La capacidad camaleónica de adaptación discursiva sin perder de vista el objetivo, es uno de los rasgos más determinantes en la política exterior estadounidense, y de su principal gestor Henry Kissinger. La mezcla del discurso marxista con unos ideales capitalistas es la muestra perfecta de que las ideologías son estrategias de poder que se asumen para obtener mayor aceptación. En el caso concreto es notorio el juego entre las teorías realistas y las idealistas siendo, en la práctica, preponderantes las primeras sobre las segundas. Ya anotábamos que no es propio de la tradición de los Estados Unidos adoptar políticas de corte marxista, pese a ello, como lo prueba la historia el marxismo es un discurso que en los países pobres suele acogerse muy bien por su gran carga emotiva, que se lucra de las dificultades vividas para armar todo el escenario contra el dominio y el sometimiento, aunque la mayoría de las veces, lejos de ser algo positivo estanca a la sociedad, cuando no tiende a exterminarla, pues no hace propuestas que permitan el desarrollo, sino que se enfoca en trasladar la culpa.

La llamada ideología de género es justamente una ideología de corte marxista impulsada en gran parte directamente por los Estados Unidos y de forma indirecta mediante las organizaciones internacionales en las cuales tiene poder. Esta ideología, que aparece en los años 60, propone entender la dicoto-mía hombre-mujer, como una construcción cultural y no como una realidad ontológica. Se niega, por tanto, la misma naturaleza que demuestra claramente que las mujeres tienen dos cromosomas X, mientras que los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y. Para la perspectiva de género lo importante son los roles, con lo que plantean la existencia de 5 géneros u orientaciones afectivo-sexuales: heterosexual femenino, heterosexual masculino, homosexual femenino, homosexual masculino y bisexual. No obstante, entendiendo lo sexual como una simple construcción cultural, se abre la puerta a entender como normal la pedofilia, la zoofilia, la necrofilia, entre otros.

En palabras de Judith Butler, El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo (…) Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino (Revello, 2005, p. 78).

En efecto, las ideólogas de género Lucy Gilber y Paula Wesbster afirman en su libro The Dangers of Feminity, Gender Differences: Sociology of Biology? que “Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es – femenina o masculino -. Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y el pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo” (Citado en Alzamora, S.F.). De modo que la idea es dejarle a cada sujeto la libertad absoluta de elegir el “género” al que quiere pertenecer. A todas luces una postura que responde meramente al deseo y no a la realidad.

Aún cuando la ideología de género quiere mostrar una gran gama de ámbitos donde interviene, es notorio que el tema del feminismo es tal vez el pilar más importante y fundante de la ideología.

Así las cosas, la historia de la humanidad es analizada como la historia del patriarcado, en la cual la mujer siempre ha estado sometida, especialmente por su condición de madre. Según la ideología de género el matrimonio y la idea de familia sólo buscan tener dominada a la mujer, pues el hombre la utiliza con el único fin de procrear. Algunos resumen esta posición señalando que “El biologismo descriptivo que conforma la idea de feminidad se articula especialmente en torno a la inferioridad sustitutiva del intelecto femenino. Esta inferioridad es fruto de su predeterminación a la maternidad que, consecuentemente, se constituye en una dictadura: la que sobre ella ejerce la reproducción” (Castillo, 2000, p. 66). Habrá que recordar una idea que resultaría obvia, y es que ningún ser humano determinó que el cuerpo de la mujer estuviera dotado biológicamente para permitirle albergar en él una nueva vida, un hecho que el feminismo radical de género insiste en mostrar como una imposición machista.

La feminidad se consagra en la figura de la madre. Toda mujer es madre y toda madre es susceptible de servir al Estado. El argumento del bien general, de la supervivencia de la especie; sujeta a la mujer –que debe ser siempre madre- a estrictas normas de actuación. Los argumentos más o menos apocalípticos sobre el peligro que supondría para la especie humana la emancipación de la mujer, constituyeron una más de las razones que sobrevaloraron la maternidad (Castillo, 2000, p. 70).

Es cierto que durante mucho tiempo la mujer se vio obligada a ser madre, pero no podemos caer en una especie de venganza con la historia e irnos al otro extremo de entender la maternidad como algo negativo, o una enfermedad, y menos censurar a quien opte por ella. Es lógico que se necesite para la supervivencia de la especie, es el único ser capaz de tener el ambiente propicio en su cuerpo para que una nueva vida aparezca; pero no es posible entenderlo como sometimiento, cuando en sí mismo es un poder.

Asumir a la mujer bajo una perspectiva de género es negar que, históri-camente, ha sido un sujeto enigmático, de gran poder. Sería un error decir que siempre ha estado sometida y dominada, porque la mujer es lo suficientemente astuta y estratega como para ponerla en todos los casos como la víctima. Ella, desde tiempos remotos, fue encargada de lo doméstico, un trabajo importante y difícil porque implicaba cuidar de la supervivencia de todos, lo que le permitió desarrollar habilidades distintas a las del hombre, que incluso hoy subsisten. Conociendo de su gran poder y sabiduría transmitida por generaciones, la mujer ha sido atacada, porque en ella reside la supervivencia, es la única capaz de dar vida y de mantener unida a su familia. Por tanto, la mujer no ha estado alejada del poder político, en muchas ocasiones ella es el “poder tras el poder” (Avendaño, 2009). De este fenómeno se percató la biopolítica y por esto no es coincidencia que la gran mayoría de los ataques que se generan para tratar de controlar la población vayan contra la mujer, a pesar de que para engañarla se le muestran como derechos, pero este tema lo abordaremos más adelante.

Los problemas que se avizoran de la ideología de género son varios, lo primero es que estamos frente a “un sistema cerrado contra el cual no hay

forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según las ‘feministas de género’ todo esto es ‘socialmente construido’” (Alzamora, S.F.) justamente como cualquier otra ideología es reduccionista.

Aquí estamos en el plano del relativismo, cuya tesis es que la verdad no existe. Y ya es conocida la crítica al relativismo, que evidencia su contra-dicción, pues si para ellos el que la verdad no exista, es una verdad absoluta e irrefutable, no tendremos más que apelar al principio de no contradicción, es decir que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.

Llevando esta reflexión filosófica al plano de la teoría política, tendre-mos que decir que la ideología de género, más que una ideología, tiene preten-siones de doctrina. En palabras del profesor José Olimpo Suárez (2004),

(…) decimos de una teoría que se ha transformado en una doctrina política cuando asume acríticamente un conjunto de tesis en tanto cree poseer una verdad o un conjunto de verdades eternas e inmutables. El último ejemplo histórico de este caso de transformación teórica lo constituyó el marxismo-leninismo del siglo XX, que intentó legitimarse como una doctrina científica con base en el establecimiento de unas leyes inexorables para la historia humana” y concluye advirtiendo que “estas doctrinas han terminado siempre por absolutizarse y sus consecuencias en términos de violencia, barbarie y sinrazón deben ser siempre tenidas como modelos a no seguir por las sociedades modernas (p. 19).

Lo anterior nos lleva a la segunda cuestión, que es la unión entre mar-xismo y feminismo, que inicia con el planteamiento de Frederick Engels en su libro “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” (1884), donde señalaba: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimo-nio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino” (Alzamora, S.F.).

Habrá que decir que esta unión entre feminismo y marxismo ha evolucionado a la unión entre género y marxismo, radicalizándose aún más. Pues es lógico que hablar de género no se restringe a la cuestión femenina, que valga, aclarar tampoco ésta se refiere a la mujer, pues recordemos que, dentro de dicha ideología, no existe ni el hombre ni la mujer, estas son simples categorías que inventa la cultura, pero que no son naturales.

Luego de revisar la peculiar “agenda feminista”, Dale O´Leary evidencia que el propósito de cada punto de la misma no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias. Asimismo, agrega la experta, el interés primordial del feminismo radical nunca ha sido el de mejorar directamente la situación de la mujer ni aumentar su libertad. Por el contrario, para las feministas radicales activas, las mejoras menores pueden obstaculizar la revolución de clase sexo/ género. Esta afirmación es confirmada por la feminista Heidi Hartmann que radicalmente afirma: ‘La cuestión de la mujer nunca ha sido la cuestión feminista. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer’” (Alzamora, S.F.).

De hecho, el feminismo sufre un rompimiento a raíz de la ideología de género. Es así como se empezará a hablar de feminismo de equidad para señalar aquel movimiento que buscaba la reivindicación de derechos sociales, políticos, económicos, entre otros. Y de feminismo de género, que pretende abarcarlo todo, entendiendo que la sociedad dominada por los hombres (patriarcado), ha sometido a la mujer en todos los sentidos, especialmente por medio de la maternidad, y que, en consecuencia, es necesaria la decons-trucción para superar esa dominación2.

De esta manera al disociar la mujer de la maternidad, y mostrar como algo esclavizante la familia y el matrimonio, además de promover las relaciones entre homosexuales, se estaría cumpliendo el principal objetivo del Informe Kissinger: reducir la natalidad. Pero la ideología de género no se queda ahí, va a cumplir lo que el Informe Kissinger planteaba sobre la promoción del aborto, la esterilización y los anticonceptivos, bajo la mal llamada educación

sexual, es así como aparecen en escena los derechos sexuales y reproductivos, hoy cada vez más promovidos internacionalmente.

Los derechos sexuales y reproductivos

Los “derechos sexuales y reproductivos”, son otro de los pilares de la ideo-logía de género, los cuales son considerados actualmente como parte de los llamados Derechos Humanos, y cada vez tienen pretensiones más fuertes de convertirse en Derechos Fundamentales, es decir, de hacer parte integral de las constituciones.

En un mundo constitucionalizado, las tesis de los derechos humanos (original de Occidente) cobraron cada vez más fuerza en el mundo, con-virtiéndose en un nuevo criterio de legitimidad del poder de los Estados modernos. Así las cosas ya no sólo basta con el contractualismo representado en la Constitución sino que, a nivel internacional y como producto de ese nuevo sistema global, los Estados deben responder a una serie de principios y valores que permiten la paz y la estabilidad de las naciones, entre ellos el respeto a los derechos humanos, de tal forma que aquello que se consignaba en la Constitución como privativo de la soberanía de los Estados, hoy se ve ampliado por figuras como el bloque de Constitucionalidad, que se consagra en la carta política de Colombia3 y que da el mismo rango de constituciona-lidad a los tratados internacionales que versen sobre Derechos Humanos.

Se supondría que la inclusión de dichos tratados al ordenamiento jurídico es una expresión de la misma soberanía nacional, pues así como está en la libertad de asumirlos, también es posible que no se adhiera a ellos, o que aceptándolos formule reservas. Ésta es la versión idealista, pues el realis-mo muestra que la no inclusión de esas agendas internacionales trae graves consecuencias para el país en términos diplomáticos y económicos, debido a que cualquier bloqueo de esta índole en un mundo globalizado es condenar

al fracaso muchos procesos de integración y colaboración de tipo económico, político, humanitario, de seguridad, entre otros, dada la interdependencia de los países. Dentro de esta lógica se entenderá que quien domine la inclusión o no de un nuevo discurso que adquiera categoría de derechos humanos ostentará un gran poder, que será justamente lo que pretendemos mostrar en la última parte de este artículo.

Ahora bien, en el lenguaje políticamente incorrecto estos supuestos derechos podrán ser sintetizados en aborto, esterilización y anticoncepción, o bajo su nombre genérico de “planificación familiar”. Esta categoría de de-rechos surge en la Conferencia de Teherán (1968), y de allí se repetirá en la Primera Conferencia Mundial de la Mujer (1975), en la Conferencia Mundial de Población (Bucarest, 1974) y en la Conferencia Internacional sobre Pobla-ción (México, 1984). Posteriormente, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer proporciona la base legal internacional más completa para estos derechos, siendo el primer ins-trumento internacional que se refiere expresamente a la planificación familiar. También hay acercamientos en las conferencias sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992) y sobre Derechos Humanos (1993). Pero es en 1994 donde aparecen ya de manera clara y fuerte los conceptos de salud sexual y reproductiva en dos conferencias importantes, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la IV Conferencia Internacional de la Mujer (Pekín, 1995) (Pérez & Noroña, 2002).

Justamente la conferencia de 1994 une las dos ideas fundamentales que pretende unir el informe Kissinger: la población y el desarrollo. Recor-demos que la propuesta del Informe es reducir las tasas de natalidad, para así “disminuir la demanda de alimentación, salud, educación, y otros servicios, y al incrementar su capacidad para contribuir a inversiones productivas, por tanto acelerando el desarrollo” (Informe Kissinger, 1975, p. 8).

Ahora bien, dar la categoría de derecho al aborto, la anticoncepción y la esterilización abre la puerta a muchos debates de tipo bioético, antropológico y filosófico, pero también biojurídicos y políticos, pues habrá que analizar el grado de poder que le estamos dando al Estado para que decida en las esferas de libertad que deberían ser privativas del individuo. Sin duda, estas biopolíticas no operan en lo público sino que, cada vez, tienen mayor injerencia en lo privado, llegando a determinar o sugerir ámbitos tan íntimos como el número de hijos que una pareja quiera tener, tal y como lo planteaba el Informe Kissinger.

Es conocido el argumento según el cual, estos nuevos derechos suponen una mayor libertad. Habría que empezar por preguntarse ¿qué entendemos por libertad?, y sobre todo ¿para qué existe el Estado? Porque, desde la tradi-ción liberal, el Estado es creado para que no nos matemos, para proteger la vida de cada individuo; el Estado tiene que coartar nuestras libertades para proteger la vida y de allí que se explique la existencia de órdenes jurídicos, como una forma de superar ese lamentable estado de naturaleza, donde reinaba la guerra de “todos contra todos” que bien describía Thomas Hobbes.

Ante lo controversial que puede resultar lo propuesto por el Informe Kissinger es recurrente encontrar advertencias sobre cómo deben ser pre-sentadas las ideas en los países LDC. Por ejemplo, una de ellas propone que se deben utilizar líderes de los propios países para que no se entienda como un colonialismo o una imposición externa. De ahí que todo el discurso se construya desde los derechos y no se hable ni de imposiciones, ni de deberes, se privilegia, de esta manera, el hombre Light que describe Enrique Rojas, al punto de confundir los deseos con los derechos.

Otra estrategia muy frecuente es que “la provisión de Planificación familiar en el contexto de servicios de salud más amplios puede ayudar a que la Planificación familiar sea más aceptada por los líderes de los LDC e individuos” (…) Finalmente, el proveer servicios integrados de planificación familiar y salud sobre una base amplia ayudaría a los EE.UU. a refutar la acusación ideológica que los EE.UU. están más interesados en disminuir el número de gentes en los LDC que en su futuro y bienestar” (Informe Kissinger, 1975, p. 90).

“El proveer cuidados de salud selectivos para las madres y sus hijos puede incrementar la aceptación de la planificación familiar al mostrar preocupación por la condición total de la madre y sus hijos, y no solamente por el único aspecto de fertilidad” (Informe Kissinger, 1975, p. 77). Interesa disminuir la mortalidad infantil debido a que, según ellos, las familias tienen más hijos para garantizar que algunos al menos sobrevivan.

Ahora, volviendo al tema del relativismo que planteábamos en el otro apartado, será necesario aclarar que los seres humanos somos hombres o mujeres y vivimos como tales, no estamos cumpliendo simples roles. Por ejemplo, la mujer cuando esmadre, no está haciendo las veces de madre, ella es, por ende, no es un simple rol. Esto que parecería un simple juego de

palabras lleva a relativismos problemáticos, como el disociar a la mujer de la maternidad, no es que para ser mujer se tenga que ser madre, es reconocer que la biología de la mujer le permite ser madre.

Este punto crucial al que hemos llegado nos permite hacer la relación directa con el Informe Kissinger que, como ya lo señalamos, entre sus líneas de acción tiene gran fuerza todas las políticas encaminadas a alejar a la mujer de la maternidad y de la familia, todo con miras a reducir la natalidad. En efecto, el informe expresa: “Las investigaciones indican que el empleo asalariado de la mujer fuera de la casa se relaciona con la reducción de fertilidad” (p. 80). De allí que quieran incentivarlo, no porque interese que la mujer se desarrolle y tenga igualdad en términos de derechos y oportunidades, sino porque la principal consecuencia es que ya no tendrá tiempo de cuidar a sus hijos y evitará tenerlos. Asunto que se refuerza con la declaración de Christina Hoff Sommers (citado en Alzamora): “No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella” (S.F.).

Es así como se trata de uniformar a la sociedad, privilegiando progra-mas que incentiven los derechos sexuales y reproductivos como una forma de liberación sexual femenina. Desde allí se impulsan los anticonceptivos que, en su mayoría, son hechos para las mujeres, sin informar los daños que generan en su salud; en parte porque las grandes beneficiadas son las farmacéuticas.

Se empieza a enseñar fuertemente que el aborto es un derecho de la mujer, no interesa explicar las consecuencias físicas y psicológicas que conlleva, en parte porque también es un buen negocio (Blood Money, 2009). No es gratuito que el mismo informe señale que “En los últimos años, los programas de población con fondos del gobierno de los EE.UU. han jugado un rol importante en despertar el interés en el tema de la Planificación familiar en muchos países, y en lanzar y acelerar el crecimiento de programas de Planificación Familiar nacionales” (Informe Kissinger, 1975, p. 59).

Incluso las corrientes más radicales, como la que expresa Adrienne Rich en “Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence” (citado en Alzamora, S.F.),llegan a sugerir que, “Una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere su experiencia subjetiva contraria”. De esta manera se acentúa aun más el odio y la división entre hombre y mujeres, que ellos

ven necesario para evitar la procreación y, de paso, se incentiva la procreación en los laboratorios.

Lo más curioso es que las primeras feministas, las que hoy denominan como feministas de equidad, estaban totalmente en contra del aborto, pues entendían que practicarlo, además de ser un asesinato, liberaba al hombre de toda responsabilidad asumiendo toda la carga la mujer.

En palabras de la Sra. Magaly Llaguno (1994), Coordinadora del

Consejo Latinoamericano por la Vida y la Familia de Vida Humana Internacional,

Los latinoamericanos se sienten ofendidos ante la imposición — por parte del gobierno de los Estados Unidos y de otros ‘países desarrollados’– de programas que ellos consideran inmorales y una violación de sus valores familiares. Las consecuencias de las políticas demográficas de los Estados Unidos han sido catastróficas para la familia. Se trata del holocausto más grande de la historia: entre 40 y 60 millones de abortos al año en el mundo, sin contar los cientos de millones más causados por los anticonceptivos abortivos. Si a este genocidio le añadimos el daño físico y psicológico a la mujer, la destrucción de la inocencia infantil a través de programas inmorales de ‘educación’ sexual, así como la destrucción del matrimonio y la familia, nos daremos cuenta de que este imperialismo demográfico no tiene paralelos en la historia.

El remplazo de la maternidad

“Los EE.UU. también propusieron unirse a otros países desarrollados en un esfuerzo de colaboración internacional de investigación de la reproducción humana y el control de fertilidad cubriendo factores biomédicos y socio-económicos” (Informe Kissinger, 1975, p. 64).

Paralelas a estas políticas de control de natalidad, y como respuesta a entender la maternidad como algo negativo, se han impulsado otras formas de procrear, como las técnicas de reproducción humana asistida. Lo ideal para quienes defienden estas tesis de género sería que la mujer no vuelva a participar en la maternidad, al menos no de la forma natural en cuanto a lo que al embarazo se refiere, de hecho se quiere llegar a la creación de úteros artificiales que reemplacen la función de la mujer en los nueve meses de gestación.

Por el momento, lo que se ha empleado son las llamadas madres de alquiler, mujeres que alquilan su útero con la finalidad de ayudar a aquellos padres que no pueden tener hijos, bien sea por problemas de fertilidad, este-rilidad o por su misma condición de homosexuales. O también para que las mujeres que pueden pagar por este servicio no pasen por el “penoso” proceso de la maternidad biológica. De esta manera tenemos mujeres de primera y segunda categoría, o la idea de una nueva esclavitud.

Al incentivar estas técnicas se llega a la eugenesia que pretende el Informe Kissinger, ya que la selección embrionaria que en ellas se practica, necesariamente es la eliminación de seres humanos en estadios primigenios que no cumplen las condiciones de calidad que el biopoder exige para vivir (ej: estar sanos). Igualmente, a partir de estas técnicas se puede pasar de la manipulación genésica (donde sólo se trabaja con vida en sus estadios pri-migenios sin alteración del material genético), a la manipulación genética (donde ya hay intervención en los genes), intentando en esta nueva etapa potenciar ciertos aspectos y eliminar otros. Otra modalidad de eugenesia es más simple y evidente, radica en el carácter económico, pues por los altos costos de estas técnicas quienes accedan a ellas no serán los pobres, para los cuales hay todo un diseño de “derechos sexuales y reproductivos”.

La otra opción, aunque todavía no muy explorada por las mismas dificultades técnicas, es la clonación humana. Pero ya empieza a verse como otra forma de reproducción viable hacia el futuro. Nuevamente la pregunta política sería ¿a quiénes clonar?

Los problemas aquí son más de tipo técnico y económico no bioé-tico, porque bajo la perspectiva de la ideología de género la bioética sería igualmente una construcción cultural que puede ser deconstruida u olvida-da. Recordemos que de la misma manera en que se eliminan los sexos y se habla de género, se disocia a la mujer de la maternidad, también se separa al humano del concepto de persona. De allí que la ideología de género tenga fuertes nexos con la bioética utilitarista, y con los movimientos defensores de la ecolatría, pues se parte de la tesis según la cual, no todo humano es persona y no toda persona es humano. De ahí el que no exista ningún reparo en la eliminación de embriones producto de técnicas de procreación humana asistida, ni frente a la píldora del día después, ni frente al mismo aborto. Al

quitarle al no nacido la condición de persona humana4, pasa a ser algo sin valor que no merece respeto y frente al cual priman los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.

Ahora bien, según lo que hemos visto existe una paradoja y es que se ha dicho que estamos viviendo el fenómeno de la sobrepoblación mundial y que por eso es necesario hacer un control de natalidad fuerte, entonces, por qué hablamos de técnicas de procreación humana asistida, de clonación y de prolongar la existencia. ¿No es una contradicción? No, estas apuestas de la biopolítica encuentran sentido, en tanto no se pretende acabar con toda la humanidad, sino eliminar a los que se consideran un problema, como los identificados en el Informe Kissinger.

Del género, la génera y otros eufemismos

El biopoder para llevar a cabo sus propuestas restringe el lenguaje y lo manipula; producto de esto en las últimas décadas asistimos a un fenóme-no conocido como el lenguaje políticamente correcto, que no es más que utilizar una serie de eufemismos para disfrazar la realidad, justamente como estrategia para emplear al mismo tiempo las teorías idealistas con las realis-tas. Mascarada en la que se utilizan todo tipo de estratagemas y la verdad es reducida a un asunto de poder que pocos cuestionan, pues como lo expresa Ludwig Wittgenstein en su famosa frase, “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Si el biopoder logra reducir el lenguaje que se propaga por los medios de comunicación que es la fuente de información, en últimas estará cambiando todo el imaginario colectivo, y tendrá el control de nuestra voluntad. No hay que olvidar a Goebbels: „Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad“.

En un artículo de prensa titulado “Del género y la «génera»”, que aborda la discusión de lo que se ha conocido como el “lenguaje políticamente correcto”, el profesor José Antonio Martínez, un catedrático de la Lengua Española, advierte de los daños que la ideología de género le ha ocasionado al lenguaje.

El lenguaje políticamente correcto más interesante es el llamado «no sexista». Su bestia negra, explicó Martínez, ha sido el masculino genérico, junto a la concordancia, porque «la perspectiva de género ha decidido asociarlo con la ocultación de la mujer por parte del varón y el dominio de éste sobre aquella».” Y continúa el artículo “Lo políticamente correcto no acaba en el género. El catedrático analizó eufemismos como ‘ataques selectivos’ «que no son sino asesinatos o actos de terror» y añadió que, por obra y gracia del lenguaje políticamente correcto, «el vil y desigual ‘terrorismo’ se dibuja como una simétrica y equilibrada ‘lucha armada’». Desde su óptica, es un veneno en papel de regalo, porque «la capacidad ocultadora del eufemismo se ha aprovechado para desinformar acerca de la realidad» (Fernández, S. F.).

Es importante ver que ya en el informe se intenta reemplazar la expre-sión “control de natalidad” por “planificación familiar”. La razón es que la primera expresión, desde la segunda Guerra Mundial, lleva implícita la idea de eugenesia. Mientras que la segunda es un buen eufemismo, que se vuelve socialmente más aceptable, aunque se dirija al mismo objetivo. Del mismo modo que hoy, por ejemplo, al aborto voluntario se le denomina interrupción voluntaria del embarazo.

La ideología de género no sólo pasó de los tradicionales dos sexos, a plantear cinco géneros, sino que también quiere reflejar estos cambios en el lenguaje. Lo que adicionalmente resulta cacofónico y que remite nuevamen-te a los dos tradicionales sexos a los cuales pretende estar haciendo alusión constante, supuestamente para lograr discursos incluyentes. Vemos cómo de manera reiterada el objetivo de la ideología de género es lograr la separación entre hombres y mujeres, división que pretende mostrarse, paradójicamente, como mayor inclusión.

“Los conceptos de Naturaleza, Ley Natural, Sexo y Familia son rem-plazados por otros como Derechos y Salud reproductiva, Derechos de las mujeres, Derechos de los homosexuales, Derecho a decidir” (Revello, 2005, p. 81).

Hoy hemos llegado a usar los mismos vocablos con contenidos muy diversos y, no pocas veces, con comprensiones contradictorias. Es más, habría que preguntarse si la introducción de tales términos ha ocurrido porque son connaturales a una mentalidad y a las costumbres que expresan, o porque son útiles para forjarlas. De hecho estas ambigüedades son fácilmente utilizables al servicio de intereses ideológicos y hasta económicos, que no reconocen la dignidad y, por ende, los derechos y los deberes del hombre (p. 79).

La ideología de género tiene, al mismo tiempo, un lenguaje agresivo, pues al ver a todo el sistema anterior como resultado de la dominación, no hay posibilidad de diálogo. Efectivamente, todo el que no esté de acuerdo con alguna política pasa a ser considerado “homofóbico”. Es decir, que la relación es de amigo-enemigo, quien no comparta mis postulados está en mi contra y debe ser atacado, lo que a todas luces constituye una visión dictatorial, totalmente alejada de la democracia.

Esta nueva ideología podría ser una forma más de pensamiento al cual podrían adherir quienes libremente deseen hacerlo, pero no es así. Quienes proponen estas normas particulares de pensamiento han decidido imponerlo al resto del mundo y para ello utilizaron la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizadas en septiembre de 1995 en Pekín, “para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión (p. 79).

Nuevos actores de las relaciones internacionales

La intervención de nuevos actores distintos a los Estados en la esfera mun-dial, como las ONG, las multinacionales, organismos supranacionales, entre otros, han puesto en entredicho la vigencia del concepto de soberanía5que da sustento al Estado moderno, convirtiéndose la mayoría de las veces en mecanismos para intervenir en otros países de forma soterrada. Esta herra

mienta ha sido ampliamente utilizada en materia de ideología de género, concretamente frente a derechos sexuales y reproductivos. En efecto, el Informe Kissinger expresa, “Los EE.UU., además, ofrecieron colaborar con otros países donantes interesados y organizaciones (por ejemplo, WHO, UNFPA, Banco Mundial, UNICEF) para promover mayor acción de parte de los gobiernos y otras instituciones de los LDC para proveer servicios de salud preventiva de bajo costo, incluyendo salud materna e infantil, y servi-cios de planificación familiar, intentando alcanzar las áreas rurales remotas”

(Informe Kissinger, 1975, p. 64).

A continuación enunciaremos algunas de las organizaciones que ac-tualmente tienen mayor presencia a nivel mundial.

Agencia Internacional para el desarrollo (AID): aparece de forma recu-rrente en el Informe Kissinger, documento en el cual se expresa que,

AID ha provisto asistencia a programas poblacionales en cerca de 70 países LDC bilateralmente y/o indirectamente a través de organizaciones privadas y otros medios. AID actualmente provee asistencia bilateral a 36 de estos países. El Estado y AID representaron un papel importante en el establecimiento del Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades Poblacionales (UNFPA) para liderar el esfuerzo multilateral poblacional como un complemento a las acciones bilaterales de AID y otros países donantes. Desde el establecimiento del Fondo, AID ha sido el contribuidor mayor. Más aún, con la asistencia de AID un número de organizaciones de planificación familiar privadas (por ejemplo, Pathfinder Fund, International Planned Parenthood Foundation, Population Council) han expandido significativamente sus programas poblacionales mundiales. Tales organizaciones aún son los principales apoyos de acción de Planificación familiar en muchos países en desarrollo (Informe Kissinger, 1975, p. 67).

AID debe alentar el desarrollo y ubicación de las mujeres en los LDC en los puestos de decisión en los programas de desarrollo, particularmente aquellos programas diseñados para incrementar el rol de la mujer como productoras de bienes y servicios, y en otras maneras mejorar el bienestar de la mujer (por ejemplo, programas de financiamiento y crédito nacionales, y programas nacionales de salud y planificación familiar)” (p. 80).

Organización de Naciones Unidas (ONU): aunque su mismo logo pretenda mostrar a los Estados en un plano de igualdad, esto no es más que

una ilusión propia de las teorías idealistas. Basta analizar su composición y financiación para advertir que la teoría realista se impone en cuanto a la ad-ministración del poder frente a las políticas a seguir. Estados Unidos tiene un gran poder en la organización y es visible que la ONU da fiel cumplimiento a lo propuesto en el Informe Kissinger por medio de sus entidades. Un caso ilustrativo fue el reciente pronunciamiento del Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas frente al caso de Nicaragua, país que en 2006 penalizó el llamado aborto terapéutico gracias a la unión de los dos principales parti-dos políticos, en dicho estudio justamente la ONU hace la relación entre la penalización del aborto y la violación de derechos humanos de las mujeres, lo que considera tortura, comprobando una vez más que los Estados, bajo el nuevo sistema, no tienen la libertad ni la soberanía de decidir sobre estos asuntos. Frente al caso son importantes las declaraciones del Dr. Rafael Ca-brera, Presidente de la Asociación Nicaragüense por la Vida (ANPROVIDA), quien reveló el acoso abortista por parte de distintas organismos y autoridades internacionales por haber consagrado el derecho a la vida del no nacido, ra-zón por la cual expresó estar “ofendido por la intromisión de embajadores, organizaciones internacionales, como la ONU, que están invadiendo nuestra soberanía, amenazando con la suspensión de ayuda económica si no se hace el capricho de ellos” (Médico pro-vida revela, 2007).

Organización Mundial de la Salud (OMS): retoma en sus programas conceptos expuestos en las conferencias de El Cairo 1994 y Pekín 1995 (antes mencionados). El profesor Jerome Lejeune, en una oportunidad, se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte” (Descu-bridor de la causa, S.F.). Este organismo perteneciente a la ONU está sujeto igualmente a esferas de poder y no es neutral, ni objetivo6.

Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF): desde 1966 hasta hoy, este organismo de la ONU promueve el aborto. En ese año el director ejecutivo Henry R. Labouisse sometió al Consejo directivo un informe titu-lado “Posible papel de UNICEF en la planificación familiar” (Possible Role of UNICEF in Family Planning), lo que en principio creó división. “Más tarde, como también ha sucedido con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este tipo de propuestas se aceptaron con una estratagema: se cambió el nombre a los programas de reducción de los nacimientos por el de “salud reproductiva” de madres y niños. (…) En 1966, UNICEF gastó 700.000 dólares en programas de planificación familiar. En 1971, 2,4 millones de dólares y, en 1973, 4,2 millones de dólares en 30 países. Con el pasar de los años, ha aumentado además la colaboración entre UNICEF y la International Planned Parenthood Federation (IPPF), la asociación más poderosa del mundo en la promoción del aborto y de la anticoncepción” (UNICEF: Acabar con la pobreza, S.F.).

Cada vez estas posiciones han sido más fuertes. Entre 1987 y 1990 UNICEF participó en programas de planificación familiar en Nepal, Malawi, Jamaica, Burundi, Kenia, Cabo Verde, Tanzania y China. En 1987 en la Conferencia Internacional para mejorar la salud de mujeres y niños a través de la planificación familiar, celebrada en Nairobi (Kenia), UNICEF apoyó abiertamente el aborto como “servicio legal, de buena calidad y accesible a todas las mujeres”. En 1992, UNICEF hizo presiones para legalizar el aborto en los países en los que es ilegal y en 1996 presentó en el informe anual de ese año la planificación familiar (que incluye el aborto) como “uno de los medios más eficaces para combatir la pobreza” (UNICEF: Acabar con la pobreza, S.F.).

Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF): fundada en Bombay en 1952, es la organización que más promueve la anticoncepción, la esterilización y el aborto en el mundo. Tiene varias filiales y organizaciones relacionadas con ellos7.

La fundadora de Planned Parenthood fue Margaret Sanger quien, inspirada en las ideas de la sueca Ellen Key, autora de “El Movimiento de la Mujer”,

comenzó a predicar una doctrina basada en la negación categórica de principios morales estables. Esta postura la llevó a sostener, por ejemplo, que “el lecho conyugal es la influencia más degenerante en el orden social”. Si bien la Sanger pareció al principio estar de parte de los pobres, no bien su movimiento ganó impulso comenzó a predicar la “necesidad” del control de la natalidad, demostrando que aquellos en realidad le horripilaban, pues consideraba a dicho control como un medio para limitar la “maleza humana” y de preservar la libertad de la ‘estirpe superior’” (“Informe sobre la IPPF, S.F.).

Hacia 1920, Margaret Sanger escribía “Los filántropos que propor-cionan cuidados gratis de maternidad obligan a los segmentos más sanos y normales del mundo a soportar la carga de la fecundidad irreflexiva e indiscri-minada de los demás, lo que trae consigo […] un peso muerto de desperdicio humano y, en lugar de disminuir y dedicarse a eliminar las estirpes que mas perjudican el futuro de la raza y del mundo, tiende a volverlas dominantes en un grado amenazador” (Informe sobre la IPPF”, S.F.)

Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer (CE-DAW): establecido por el artículo 17 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, para examinar los progresos realizados en la aplicación de sus disposiciones. Su función es “servir de sistema de vigilancia de la aplicación de la Convención por los Estados que la hubieren ratificado o se hubieren adherido a ella, a través del examen de los informes presentados por los Estados Partes. También puede invitar a organismos especializados de las Naciones Unidas a que envíen informes para su estudio y puede recibir información de organizaciones no guberna-mentales” (Comité para la eliminación, S.F.). Este Comité además elabora recomendaciones que deben ser acogidas por los Estados (especialmente aquellos que ratificaron el Protocolo Facultativo), en las que suele propender porque se amplíen los derechos sexuales y reproductivos (Recomendaciones del Comité, 2007).

Women on Waves (Mujeres sobre las Olas): es una organización holan-desa que dice trabajar sobre los derechos humanos de la mujer, se dedica a promover la legalización del aborto en aquellos países donde éste no ha sido legalizado o despenalizado, en ciertos supuestos. En la práctica, lo que hacen es ir a las costas de aquellos países, recoger allí mujeres y posteriormente realizar

abortos en el barco en aguas internacionales, ya que en ese momento la ley holandesa rige para el barco holandés8.

En la actualidad este barco ha tenido dificultades para continuar sus ta-reas debido a los cambios en la legislación holandesa en materia de aborto.9

Women’s Link Worldwide: como lo expresa en su página de internet “promueve la equidad de género a través del desarrollo y la implementación estratégica de los derechos humanos alrededor del mundo” (Women’s Link Worldwide, S.F.). Esta organización promueve abiertamente la ideología de género, con sus respectivos derechos sexuales y reproductivos. En efecto, la abogada Mónica Roa, Directora del programa Género y Justicia de esta organización, fue quien llevó a cabo el Proyecto de Alto Impacto para la Despenalización del Aborto (LAICIA) en Colombia que buscó tener un efecto dominó en América Latina.

Católicas por el derecho a decidir: su objetivo dicen, es “Incidir polí-ticamente en escenarios regionales e internacionales para el avance de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres en América Latina, promoviendo una visión positiva de la religión en el campo de la vida sexual y reproductiva” (Católicas por el derecho a decidir, S. F.). Esta organización, bajo un lenguaje engañoso pretende hacer creer que lo católi

co no riñe con el aborto, centrándose en la mujer y negando el carácter de persona al no nacido.

Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO): “El pre-sidente de FIGO trabaja con el apoyo de un Consejo Consultivo formado por expertos de la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNICEF, IPPF (Federación Internacional de Plani-ficación de la Familia) y el Banco Mundial (…) En 1998, la junta ejecutiva de FIGO estableció un “Grupo de estudio sobre los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres”, el cual investigó cómo avanzar dichos “derechos”, “promoverlos y protegerlos”. Durante su Asamblea General en Washington D.C., septiembre del 2000, la FIGO tomó claras posturas antivida a favor del aborto y de que se obligue a los médicos que no practican abortos a que refieran a las mujeres a “un colega” que sí lo hace. Según las Normas de ética de la FIGO, “La mujer tiene el derecho a tener acceso al aborto médico in-ducido (es decir, químico, nota de la traductora) o quirúrgico, y los servicios de cuidado de la salud [tienen] la obligación de proveerlos de la manera más segura posible” (Llaguno, S.F.).

International Projects Assistance Services (IPAS): es una compañía distribuidora de equipos para practicar abortos y promotora del aborto en Latinoamérica. Según expresan “Ipas trabaja a nivel mundial para aumentar la capacidad de las mujeres de ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, y para disminuir la tasa de muertes y lesiones relacionadas con el aborto. Nosotros creemos que las mujeres en todas partes del mundo deben tener la oportunidad de determinar su futuro, de cuidar a su familia y de manejar su fertilidad” (IPAS, S.F.).

Conclusión

A manera de conclusión, podemos decir que lo político y lo jurídico son construcciones culturales que justamente nos han permitido respetar la vida, ser diferentes a los animales, lograr ser racionales y no simplemente pasionales, no dejarnos llevar exclusivamente por lo que Freud llamaría las pulsiones del Eros y el Tánatos. Poder hablar de Derechos Humanos es un reconocimiento de esa dignidad del ser humano, y es un proceso que sólo se logra mediante la cultura y la racionalidad. Pretender el absurdo de que el ser humano llegue a un mundo desprovisto de cultura, como lo pretende la ideología de género, y que no se vea afectado por lo que ya hay construido, sería justamente volver a ese estado de naturaleza y pretender eliminar al mismo ser humano. De hecho, no son alejadas estas tesis de la ecolatría, o del mundo sin seres humanos.

Para superar los problemas que tenemos entre hombres y mujeres no hace falta negar nuestra realidad donde existen dos sexos, ni es necesario inventarse una multiplicidad de géneros. Ya Guillermo de Ockham, decía que “no se deben multiplicar los entes sin necesidad”, porque si cada vez que se requiera solucionar un problema va a postularse una nueva entidad, en-tonces no se está solucionando problema alguno (Botero, 2003, p. 345).

Esta inflación de términos no está solucionando nada, por el contrario, está manipulando la situación.

Por otro lado, al incluirse los “derechos sexuales y reproductivos” (aborto, esterilización y anticoncepción) como derechos humanos, se abre la posibilidad de que existan presiones externas para que el país se vea obligado a acogerlos y promoverlos, de lo contrario, estaría violando derechos humanos. Estas sanciones generalmente son políticas (diplomáticas) y/o económicas, lo que en un mundo globalizado supone mayores problemas dada la interde-pendencia de los países. Además se relativiza el derecho a la vida, el primero de todos según la tradición liberal clásica.

En suma, y siguiendo al profesor Zygmunt Bauman (citado en Pai-zzini, 2008),

Detrás de toda destrucción de un pueblo por otro está la idea de unwertes leben (vidas sin valor = nudas vidas), la creencia de que hay que preservar unas vidas y no otras y de que cuando se acaba con aquellas que no merece la pena conservar, se revalorizan las que sí son valiosas, aumentando sus posibilidades de supervivencia […]. Extinguir las unwertes lebenes una actividad de tipo higiénico y sanitario; un esfuerzo revitalizador, una operación que prolonga y protege la vida de los que merecen vivir […]. El único servicio que pueden prestar quienes no merecen vivir es desaparecer del mundo de los vivos […]. En todo genocidio las víctimas son asesinadas no por lo que han hecho sino por lo que son […] el genocidio se inicia con una clasificación y concluye como una matanza basada en el establecimiento de categorías. A diferencia de lo que ocurre en una guerra, las víctimas del genocidio no tienen una personalidad propia ni son sujetos de actos que puedan ser juzgados […] su

único y suficiente crimen es haber sido clasificados dentro de una categoría definida como criminal o como enferma sin remedio. En último extremo son culpables de ser acusados (p. 100).

Referencias

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