Saber vivir

Posts Tagged ‘Padres’

Un acercamiento a las causas de la homosexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2011

 

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la educación errónea por parte del padre. De hecho, hoy se cree imposible que exista un homosexual sin algún grado de ausencia de cariño paterno.

Esos estudios indican que hay dos comportamientos paternos que inducen a la homosexualidad de un hijo:

1) El padre distante, alejado o frío en el trato con su hijo

Frecuentísimo error, más común ahora que antes, porque hoy parece primar el bienestar material de los hijos sobre el bienestar afectivo y emocional: «Estoy trabajando mucho para darles todo a mis hijos», suelen decir estos padres, y olvidan que lo que sus hijos requieren más es el tiempo que se les dedique, pues es lo único que les proporcionará la tranquilidad, la confianza, la seguridad, el buen juicio y la capacidad para madurar adecuadamente y ser auténticamente felices.

Por añadidura, ese tiempo con ellos y el amor que representa, compartiendo sus vidas (padre e hijo) es la «vacuna» más eficaz contra la homosexualidad: un niño que recibe amor (más que dinero y cosas materiales) difícilmente se hará homosexual, como se verá a continuación.

2) El padre enérgico y duro y hasta violento

Esta circunstancia es también bastante más frecuente de lo que parece, en las sociedades eminentemente machistas de hoy: es habitual, por ejemplo, el argumento de muchos padres que creen que si tratan con ternura o dulzura a su hijo varón, lo impulsarán a la homosexualidad. Y lo que sucede es exactamente lo contrario: hoy se sabe con certeza que es precisamente la falta de cariño paterno lo que hace que ellos traten de suplirla buscando el afecto de otro varón.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil.

Este factor, pues, es determinante.

Y si a esta conducta paterna se suma una madre del tipo de la mujer seductora, que domina y minimiza a su marido —lo demuestran también las estadísticas—, se impulsará más la orientación a la homosexualidad.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta:

Por esa carencia afectiva, algunas de ellas desarrollan —por algún mecanismo todavía no explicado científicamente— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio.

De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

Debe afirmarse que no todas las mujeres que se ven afectadas de esta manera por esta falta de afecto paternal. Por el contrario: hoy se sabe que la mayoría de las mujeres optan por reemplazar esa carencia con otro hombre que llene las ansias de ser amado que todo ser humano lleva en su interior. En estos casos, lo que suele ocurrir es que las experiencias negativas que se les presentan las van llenando de frustraciones seguidas, que generan inconformidad y mayor ansia de llenar sus expectativas con otro hombre…

Pero debe decirse que, aunque el conocimiento científico que se posee hoy es ya un acercamiento a las causas del lesbianismo, pero también deben seguirse buscando los demás factores que inclinen a algunas mujeres hacia la conducta homosexual.

 

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¿Hay buenos padres?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 25, 2010

 

La historia se repite casi a diario:

–Papá, qué bueno que llegaste. ¿Me puedes ayudar a hacer una tarea?

–Ahora no, hijo; estoy muy cansado. Dile a tu mamá que te ayude.

A veces, la cosa no es tan cordial: son verdaderos desprecios los que hacen a sus hijos:

–¡Quite! ¡Quite, que estoy viendo televisión! No moleste.

–Las tareas las tiene que hacer usted, no yo. ¡Vaya! ¡Vaya! Sea responsable.

Y el irresponsable es el papá, que no planeó tiempo para sus hijos o que no planeó sus hijos. Tener hijos con la resuelta idea de no ser padre para ellos no es responsabilidad.

Los buenos papás escasean cada vez más. Y si lo decimos en forma adecuada, los verdaderos papás escasean; porque ser papá implica amar al hijo; y amar no solo significa preocuparse por su bienestar, sino ocuparse en ello.

La siguiente es una lista de preguntas que usted se puede hacer para saber cuánto ama a su hija o a su hijo:

  • ¿Cuántas veces —por ejemplo— los escucha con atención? ¿cuántas los rechaza para descansar o hacer sus cosas?
  • ¿Sabe qué le gusta más a sus hijos? ¿cuál es su pasatiempo favorito?
  • Diga los nombres de los tres mejores amigos de sus hijos.
  • ¿Cuál es la materia preferida de cada uno de ellos? ¿en cuál debe hacer progresos?
  • ¿Cuántos minutos habló hoy con cada uno de ellos? ¿le contaron lo que les pasó hoy? ¿sabe si pelearon con sus amigos?
  • Si ya son mayorcitos, ¿le han hecho preguntas trascendentales sobre la vida? ¿Nota que confían en usted? ¿A quién acuden primero: a un amigo(a)?

 

Las estadísticas no mienten: en una encuesta llevada a cabo en Colombia, hecho con 1450 padres, a los que se les hicieron 50 preguntas (de las que se entresacaron las anteriores), se mostró que, de cada 100 padres, solo entre 2 y 3 aman a sus hijos.

Por otra parte, hay padres que, por miedo a que sus hijos varones se vuelvan homosexuales, no les muestran cariño ni afecto, son fríos, aislados y secos… Sin embargo, las estadísticas muestran cómo los padres que tienen un verdadero contacto —léase: con tacto—, tienen menos hijos homosexuales. Es decir, los papás que dan rienda suelta a sus muestras de afectividad, con palabras, caricias y hasta con besos a sus hijos varones, los alejan del riesgo de la homosexualidad.

Por eso, ser papá es compartir la vida del hijo y que él comparta la de su padre: ¡cuántas veces se encuentra uno con muchachos y muchachas que ni si quieran saben en qué trabaja su papá! No es amigo aquel que no comparte las dichas y desdichas y, por lo tanto, no puede ser un buen papá quien no le cuenta a su hijo o a su hija los problemas que tiene en todos los ámbitos, quien no los comparte con ellos pensando que no los va a entender o que no puede aportarle nada para solucionarlos… Y ¡es que no se trata de que los solucione, sino de que haya amistad!

Padres, que no les vaya a pasar lo que le sucedió a este, en la conocida historia:

Mi hijo nació hace pocos días. Llegó a este mundo de una manera normal… Pero yo tenía que trabajar, ¡Tenía tantos compromisos!

Mi hijo aprendió a comer cundo menos lo esperaba… Comenzó a hablar cuando yo no estaba…

Cómo crece de rápido mi hijo. ¡Cómo pasa el tiempo!

Mi hijo, a medida que crecía me decía:

–Papá, ¡algún día yo seré como tú!

–¿Cuándo regresas a casa, papá?

–No lo sé, hijo, ando ocupado, trabajando duro por tu futuro; tú sabes… Pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás…

Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días, y me dijo:

–Gracias por el balón, papá; ¿quieres jugar conmigo?

–Hoy no, hijo, tengo mucho qué hacer… negocios muy importantes… muchos riesgos… Tú sabes

–Está bien, papá. Otro día jugaremos.

Se fue sonriendo, y repitió las palabras de siempre:

–Yo quiero ser como tú.

Mi hijo regresó de la universidad el otro día. Ya es todo un hombre.

–Hijo, estoy orgulloso de ti. Siéntate y hablemos un poco.

–Hoy no, papá, tengo que estudiar donde unos amigos… Por favor préstame el carro….

Ya me jubilé, y mi hijo vive en su apartamento. Hoy lo llamé.

–Hola hijo; quiero verte, pásate por la casa.

–Me encantaría, papá, pero es que no tengo tiempo; tú sabes: el trabajo… las responsabilidades… Pero gracias por llamar. Fue chévere oír tu voz.

Al colgar el teléfono, comprendí que no podía quejarme: mi hijo ya era como yo.

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La educación sexual a través de los medios

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 15, 2009

 

La Educación Sexual a través de los medios de comunicación es un hecho desde hace tiempo: películas, propagandas y comportamientos de los presentadores de radio, cine y televisión en las que se invita al desorden sexual, a la promiscuidad y a las malas costumbres.

Mientras tanto, el programa de Educación Sexual iniciado por el Gobierno , en lo que se refiere a la Comunicación, ha suscitado la polémica entre los educadores y también entre los padres de familia porque, según unos, los parámetros elegidos propenden a la promiscuidad sexual y, según otros, hoy en día es necesario hablar sin tapujos para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados o a destiempo.

Vale la pena, entonces, analizar el recorrido histórico de los conceptos sobre el tema:

Inicialmente, después de comprender las consecuencias devastadoras de los desórdenes, las culturas trabajaron en la ética hasta completar una serie de normas que intentaban preservar a las nuevas generaciones de los peligros de una sexualidad mal entendida.

Esta normatización indujo a que el público redujera todo el análisis a “bueno o malo”. Así, cada comportamiento sexual fue tachado de bondadoso o pecaminoso, según los parámetros establecidos, y se llegó a pecar de puritanismo.

Este defecto se tradujo más adelante en la mojigatería, en la cual, todo tema relacionado con la sexualidad era mito y arrastraba tras de sí la mancha de pecado.

Como “contrapeso” social, apareció la “liberación” sexual, que introdujo, no solamente la ruptura de todos esos esquemas anteriores, sino el descuido por precauciones más sencillas, desde el punto de vista médico. Se llegó a afirmar con razón que la anterior etapa era represiva e impulsora de una gran cantidad de desórdenes más funestos que los que se veían en un comienzo.

En los últimos tiempos, la alta incidencia del sida y las enfermedades de transmisión sexual, junto con el índice creciente de embarazos no deseados y de abortos, ha suscitado en el ámbito mundial, entre los sexólogos, un nuevo replanteamiento.

Simultáneamente, en casi todos los campos del saber científico, la preocupación por el hábitat del hombre, de su entorno primario inicialmente y del cosmos en general, ha estimulado de una manera asombrosa un “regreso” hacia el respeto por las leyes de la naturaleza: desde no utilizar aerosoles que destruyan la capa de ozono, hasta eliminar en los procesos médicos toda complicación externa que obstaculice el proceso natural orgánico (nacimientos en el agua sin ayudas anestésicas y partos en cuclillas, entre otras muchas técnicas). El advenimento o progreso de las llamadas medicinas alternativas, la sofrología, el auge de los tratamientos psicológicos para patologías psicosomáticas e incluso de la hipnosis terapéutica son sólo muestras de este viraje de carácter mundial.

Hoy, dentro de este marco, como resultado del estudio interdisciplinario y de acuerdo con las tendencias más progresistas en el campo de la sexualidad, se propende por una educación sexual que simplemente respete las normas del cosmos, de la naturaleza humana. Enseñanza esta que desmitifica todo, lo sitúa a la altura real del ser humano de finales de milenio y comienzos del siguiente, y a la vez previene todo daño personal y familiar (y por ende social), ya que sitúa la educación sexual en su justo medio, lejos de la mojigatería y del desafuero, peligros entre los que se mantuvo por siglos. Por el camino del medio, sin excesos y sin defectos, alejados de  los problemas suscitados por los desórdenes sexuales o por el excesivo recato y la mojigatería, los hombres tendrán la respuesta esperada por parte de la naturaleza: salud. Salud integral que comprende la biológica, la psicológica y la espiritual, planos en los que se desenvuelve la vida humana.

Al mismo tiempo, se impone el criterio de que el ser humano no es sólo cuerpo como el de un animal, ni sólo alma espiritual como un ángel.

El verdadero retroceso está quizá en la posición fanática de quienes no han caminado por toda esa senda histórica y cargan con la rebeldía en contra del criterio por el que fueron asediados: liberación contra la opresión recibida o, por el contrario, lucha denodada con leyes y normas que a veces atentan contra la libertad individual y social.

Sin embargo, debe haber un reglamento, una ley. La ley que es obligatoria hoy es la natural. Y dentro de este contexto, el respeto por la vida humana es la principal, y es la base de todos los demás derechos.

Una vez conseguido este primer paso, el respeto por las leyes naturales, vendrá el segundo, el respeto por las leyes divinas.

La fuerza de los medios de comunicación no está en duda. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de la comunidad informando acerca de estos últimos adelantos científicos en uno de los campos más trascendentales de la vida del ser humano?

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¿Somos buenos papás?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

La historia se repite casi a diario:

 

–Papá, qué bueno que llegaste. ¿Me puedes ayudar a hacer una tarea?

–Ahora no, hijo; estoy muy cansado. Dile a tu mamá que te ayude.

 

A veces, la cosa no es tan cordial: son verdaderos desprecios los que hacen a sus hijos:

 

–¡Quite! ¡Quite, que estoy viendo televisión! No moleste.

–Las tareas las tiene que hacer usted, no yo. ¡Vaya! ¡Vaya! Sea responsable.

 

Y el irresponsable es el papá, que no planeó tiempo para sus hijos o que no planeó sus hijos. Tener hijos con la resuelta idea de no ser padre para ellos no es responsabilidad.

 

Los buenos papás escasean cada vez más. Y si lo decimos en forma adecuada, los verdaderos papás escasean; porque ser papá implica amar al hijo; y amar no solo significa preocuparse por su bienestar, sino ocuparse en ello.

 

La siguiente es una lista de preguntas que usted se puede hacer para saber cuánto ama a su hija o a su hijo:

·      ¿Cuántas veces —por ejemplo— los escucha con atención? ¿cuántas los rechaza para descansar o hacer sus cosas?

·      ¿Sabe qué le gusta más a sus hijos? ¿cuál es su pasatiempo favorito?

·      Diga los nombres de los tres mejores amigos de sus hijos.

·      ¿Cuál es la materia preferida de cada uno de ellos? ¿en cuál debe hacer progresos?

·      ¿Cuántos minutos habló hoy con cada uno de ellos? ¿le contaron lo que les pasó hoy? ¿sabe si pelearon con sus amigos?

·      Si ya son mayorcitos, ¿le han hecho preguntas trascendentales sobre la vida? ¿Nota que confían en usted? ¿A quién acuden primero: a un amigo(a)?

 

Las estadísticas no mienten: en una encuesta llevada a cabo en Colombia, hecho con 1450 padres, a los que se les hicieron 50 preguntas (de las que se entresacaron las anteriores), se mostró que, de cada 100 padres, solo entre 2 y 3 aman a sus hijos.

 

Por otra parte, hay padres que, por miedo a que sus hijos varones se vuelvan homosexuales, no les muestran cariño ni afecto, son fríos, aislados y secos… Sin embargo, las estadísticas muestran cómo los padres que tienen un verdadero contacto —léase: con tacto—, tienen menos hijos homosexuales. Es decir, los papás que dan rienda suelta a sus muestras de afectividad, con palabras, caricias y hasta con besos a sus hijos varones, los alejan del riesgo de la homosexualidad.

 

Por eso, ser papá es compartir la vida del hijo y que él comparta la de su padre: ¡cuántas veces se encuentra uno con muchachos y muchachas que ni si quieran saben en qué trabaja su papá! No es amigo aquel que no comparte las dichas y desdichas y, por lo tanto, no puede ser un buen papá quien no le cuenta a su hijo o a su hija los problemas que tiene en todos los ámbitos, quien no los comparte con ellos pensando que no los va a entender o que no puede aportarle nada para solucionarlos… Y ¡es que no se trata de que los solucione, sino de que haya amistad!

 

Padres, que no les vaya a pasar lo que le sucedió a este, en la conocida historia:

 

Mi hijo nació hace pocos días. Llegó a este mundo de una manera normal… Pero yo tenía que trabajar, ¡Tenía tantos compromisos!

Mi hijo aprendió a comer cundo menos lo esperaba… Comenzó a hablar cuando yo no estaba…

Cómo crece de rápido mi hijo. ¡Cómo pasa el tiempo!

Mi hijo, a medida que crecía me decía:

–Papá, ¡algún día yo seré como tú!

–¿Cuándo regresas a casa, papá?

–No lo sé, hijo, ando ocupado, trabajando duro por tu futuro; tú sabes… Pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás…

Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días, y me dijo:

–Gracias por el balón, papá; ¿quieres jugar conmigo?

–Hoy no, hijo, tengo mucho qué hacer… negocios muy importantes… muchos riesgos… Tú sabes

–Está bien, papá. Otro día jugaremos.

Se fue sonriendo, y repitió las palabras de siempre:

–Yo quiero ser como tú.

Mi hijo regresó de la universidad el otro día. Ya es todo un hombre.

–Hijo, estoy orgulloso de ti. Siéntate y hablemos un poco.

–Hoy no, papá, tengo que estudiar donde unos amigos… Por favor préstame el carro…

Ya me jubilé, y mi hijo vive en su apartamento. Hoy lo llamé.

–Hola hijo; quiero verte, pásate por la casa.

–Me encantaría, papá, pero es que no tengo tiempo; tú sabes: el trabajo… las responsabilidades… Pero gracias por llamar. Fue chévere oír tu voz.

Al colgar el teléfono, comprendí que no podía quejarme: mi hijo ya era como yo.

 

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La realización del ser humano

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

LA REALIZACIÓN DEL SER HUMANO

 

1.     La misión personal

a)     Plano espiritual

i)       La muerte

ii)   La vida

b)     Plano psicológico

i)       La afectividad

ii)   La emotividad

c)      Plano biológico

i)       Alimentación

ii)   Ejercicio físico

iii)Eliminación de conductas riesgosas

2.      La misión familiar

a)     Ser esposos

b)     Ser padres

c)      Ser hijos y hermanos

3.    La misión profesional

a)     Medio de servicio

b)     Medio de subsistencia

c)      Medio de comunicación

4.    La misión social

a)     Los talentos

b)     La “orquesta” mundial

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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