Saber vivir

Posts Tagged ‘Psicología’

El dinero de los esposos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 21, 2018

 

Antes de que se estableciera el matrimonio como la ceremonia que conocemos, la entrega de una pareja de adultos entre los primeros seres humanos, consistía en un tácito acuerdo de fidelidad absoluta. Así, por ejemplo, en una entrevista, el doctor Terrence Deacon (paleoantropólogo) explica, hablando de las características propias del Homo Sapiens:

“Creo que el problema que se plantea […] es el de encontrar medios para establecer conductas sociales predecibles, concretamente en torno a la sexualidad: conductas socialmente aceptadas en cuanto a la inclusión o a la exclusión de las relaciones sexuales. Unas relaciones así establecidas no son meros apareamientos; en cierto sentido son promesas. Son mensajes acerca de un futuro posible, acerca de lo que debe o no debe suceder […]. Creo que el primer contexto en el que evoluciona la representación simbólica es algo así como un ritual de boda, la determinación pública y social de ciertas obligaciones sexuales y exclusiones reproductivas.” (“Hombre mono”, Rod Caird: entrevista a Terrence Deacon, neurobiólogo de la universidad de Boston, agosto de 1993)

Asimismo, desde sus inicios, ese acuerdo implicaba la entrega mutua, total, sin condiciones e irreversible de sus seres: el uno se da al otro totalmente y para siempre.

Junto con otras, ambas características, según este y otros paleoantropólogos, definen al ser humano y lo diferencian de las otras especies.

El matrimonio de hoy es ese ritual —ya explícito— en que dos seres humanos de distinto sexo se comprometen ante la sociedad toda (y ante un Dios, entre los creyentes) a amarse, entregándose no solo todas sus pertenencias, sino también y principalmente ellos mismos: sus mismos seres, para el enriquecimiento del otro; una donación total que se hace con la única finalidad de construir un nosotros, en el que siguen su camino —ahora juntos— para alcanzar la plenitud de la felicidad en el plano afectivo.

Pero esa entrega total implica que se dé en los 3 planos en los que se mueve el ser humano: el biológico (sus cuerpos), el psicológico (afectos, emociones) y el espiritual (lo hacen para siempre). Pretenden así llegar a la realización personal en el plano afectivo, y a la felicidad personal y de pareja. Y, como consecuencia natural de esa entrega total, se da la procreación (si no hay impedimento de salud), evidencia sublime de ese amor, de esa entrega.

Es en este contexto en donde se entienden mejor esas exclusiones sexuales de por vida que se dan en los seres humanos, desde sus comienzos, y que tanto los distinguen de las demás especies: había una promesa implícita de vivir en adelante el uno para el otro, con todo su ser.

En esta entrega total, con todas las connotaciones descritas, es totalmente incomprensible la conducta tan arraigada hoy entre la parejas: que cada uno maneje su propio dinero, y que cada uno se encargue de determinados gastos del hogar; o  el que haya esposos varones que manejan esos gastos, sin permitir que sus esposas (aquellas que no tienen ingresos) intervengan. Peor aún es el caso de quienes le dan una mesada a sus esposas o que ni siquiera hacen eso: nunca les dan nada. La incongruencia es total: en una relación auténticamente humana se supone que entregan todos sus seres el uno al otro, ¿y se reservan el dinero?

Ese actuar está muy por debajo de la entrega que debería darse ente dos individuos y desdice de su dignidad. Lo humano es que los ingresos sean manejados por ambos.

Lo peor de esta conducta es que los esposos se van acostumbrando a esa idea de no compartirlo todo: comienzan por el dinero y las cosas materiales y terminan aislándose afectivamente cada día más. Y los hijos observan ese comportamiento tan poco humano, con lo que se presagia también en ellos la infelicidad conyugal que aprendieron de sus padres.

 

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Regreso a lo natural

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 3, 2017

Se está dando en todas partes: la medicina, reconociendo que la farmacología nació principalmente de las plantas y de los animales, se está abriendo a los conocimientos ancestrales de las que hoy se conocen como medicinas alternativas o, como han dicho algunos, complementarias (para denotar así que no se trata de una rivalidad entre las 2 ciencias). Efectivamente, en el Mundo entero se están abriendo facultades de medicina y posgrados de medicina natural.

En cuanto a nutrición se refiere, pululan por todas partes de la Red y en las librerías artículos, libros, audios y videos que expresan criterios naturales para la alimentación humana, y que muestran resultados sorprendentes en cuanto se refiere a la prevención y tratamiento de las enfermedades. Aunado a esto se pretende propiciar el manejo natural de la producción de alimentos no contaminados por pesticidas o cualquier tipo de preservativos o conservantes químicos, que dañan la salud.

Y, en general, se han disparado  criterios que buscan eliminar toda la complejidad de vida que tanto la industrialización como la filosofía del consumismo trajeron al mundo moderno: desde cursos para conseguir la paz interior hasta criterios de vida como el Minimalismo (vivir con lo mínimo necesario) se ofrecen hoy al ser humano moderno.

De entre todo este bagaje, conviene resaltar un pensamiento que quizá los abriga a todos: cuanto más ajustemos nuestras costumbres a nuestra esencia, a nuestra naturaleza, tanto más bienestar cosecharemos. Y este concepto se equipara, precisamente, a la definición de la palabra natural: aquello que es conforme a la cualidad o propiedad de algo.

 

Nuestra sustancia

Ahora bien: en nosotros, ese “algo” es nuestra sustancia, nuestra esencia, nuestra naturaleza. Por eso es imprescindible definirnos y verificar los planos en los que vivimos.

Para definirnos, podríamos afirmar primero lo que no somos: ni ángeles ni animales; estamos ubicados entre ambos. Tenemos cuerpo como los animales y espíritu como los ángeles. Además, como todo ser vivo, tenemos algo que nos anima (que nos mantiene vivos): un ánima, un alma. En las plantas, esa alma se llama vegetativa; la de los animales es un alma sensible y la nuestra es denominada espiritual.

Volviendo al diccionario, encontraremos allí que el alma espiritual se define como alma “racional e inmortal”, lo que especifica nuestra naturaleza: tanto el alma vegetativa de las plantas como el alma sensible de los animales mueren con sus cuerpos, mientras que la nuestra atraviesa el umbral de la muerte, tal y como lo entendieron los primeros seres humanos según lo describen los paleoantropólogos, quienes afirman que es muy distinto tapar con tierra un cadáver maloliente que, con un rito fúnebre y sagrado, despedir al difunto que partía en su viaje al más allá. Esta conducta de nuestros ancestros nos ilustra acerca de la conciencia cierta, segura, de nuestra trascendencia, y que acompaña al ser humano desde sus inicios.

Por esto, podemos afirmar que nosotros nos movemos no sólo en el plano biológico y en el psicológico, sino también en el plano espiritual.

Así, pues, el regreso a lo natural debería darse en los 3 planos. Esto significa que, además de propiciar una medicina, costumbres y nutrición más naturales, deberíamos volver también a una psicología y una espiritualidad más acordes con nuestra naturaleza, nuestra esencia, nuestra sustancia.

Pero no podemos dejar de lado un aspecto fundamental de la esencia del ser humano: las características que nos diferencian de los animales son muchas, pero hay 3 que emergen como las más importantes de todas, y que deben describirse en un orden invertido, del tercer al primer lugar de importancia:

En tercer lugar está la facultad de la razón, nuestra inteligencia. Nadie puede llegar a afirmar que su mascota es tan inteligente como un ser humano; ni siquiera los primates más parecidos al hombre pueden sumar o restar, filosofar o deducir, entender el pasado o el futuro, preguntarse por su esencia o su finalidad en esta vida…

En segundo lugar, nosotros tenemos la facultad de la voluntad: los animales se mueven por instinto; nosotros, en cambio, podemos manejar el instinto o la impulsión con nuestra voluntad libre: aunque nos apetezca mucho ingerir alimentos menos nutritivos y quizá dañinos para nuestra salud, podemos decidir no comerlos. Somos libres, incluso, de doblegar nuestros apetitos para conseguir un bien mayor.

Pero lo que más nos diferencia de los animales se muestra en el hecho de que cuando una hembra es perseguida por un predador y en un momento debe decidir entre su cría y ella misma, prefiere abandonar a su cría para salvar su vida: a eso la lleva su instinto. Por el contrario, una madre humana daría la vida por salvar a su hijo. Nosotros somos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por amor a otro; podemos amar. La historia nos recuerda las innumerables ocasiones en las que, por eso, porque pueden amar, los humanos se han sacrificado por amor.

Con esta descripción de la esencia del ser humano, se puede deducir que es más feliz quien más ama.

 

Lo natural en el crecimiento

Es natural —es parte de su esencia— que los niños tengan un desarrollo progresivo, una continuidad en el crecimiento psicológico, una sucesión ordenada de eventos afectivos y emocionales que preserven su salud psicológica.

Antes, esto era más fácil: los niños entraban a estudiar ya cumplidos los 5 años de vida; y esto permitía que el desarrollo psicoafectivo y psicoemocional fuera acorde con su naturaleza humana:

En su primer año de vida miraba su entorno, lo empezaba a reconocer; percibía sensaciones auditivas (la voz de su mamá, de su papá…), táctiles (frío, calor, dolor), visuales, gustativos, olfativos…

En el segundo año empezaba a formarse un vínculo más estrecho con su mamá y se esbozaban en su mente y en sus sentimientos las nociones: Mujer y Mamá, obviamente de un modo rudimentario, pero que iba a ser definitivo en su vida.

En el tercer año hacía lo mismo con su papá (qué importante es por eso que los padres inviertan el mayor tiempo posible con sus hijos siempre, pero principalmente en esta etapa): surgen en el niño las primeras ideas de hombre y de papá.

En los años cuarto y quinto comenzaba su conciencia de sí mismo —su propio conocimiento—, y formaba incipientemente los conceptos, también rudimentarios pero fundamentales, de familia y, si tenía hermanitos, también de fraternidad.

Para cuando el niño cumplía 5 años, no sólo ya había preconceptualizado las nociones fundamentales de su vida personal y familiar, sino que, como antaño no había para los padres tanta demanda de consumir por consumir y no existían los afanes del tráfico y el atafago de la moderna vida laboral, había recibido gran estabilidad emocional y afectiva: los padres tenían más tiempo para sus hijos, para la vida familiar: aunque no todos aprovechaban esa valiosísima oportunidad, la mayoría disfrutaba compartiendo con sus hijos, y así les infundía la seguridad de su amor, los proveía del hogar, ese nicho, ese refugio desde el cual podían salir a experimentar confiados la aventura de la vida.

Así, pues, estos 5 primeros años de vida marcan ¡y guían! definitivamente las vidas de todos los seres humanos.

 

Lo antinatural

Pero de esta naturalidad en la vida familiar se salió a lo antinatural: aparecieron los jardines infantiles, las guarderías, salacunas y muchas alternativas más para que los papás puedan desentenderse de sus hijos pequeños para irse a trabajar, unas veces por absoluta necesidad y otras porque el mundo moderno, con sus ideas antinaturales, basadas casi exclusivamente en la búsqueda del placer, en el consumismo y en ese querer proyectar una buena imagen a los demás, ha distorsionado la esencia misma del niño, y lo ha relegado a un segundo lugar: para muchos padres primero están el trabajo, el dinero, su “espacio”…

Así comprendida la vida, el bienestar de los hijos se redujo a darles únicamente lo material; y los padres se dieron una tácita consigna: que cuantas más cosas materiales se les dé tanto más suplen su dolor (el de sus hijos y el suyo propio). Pero esta consigna es falsa: es un autoengaño para los padres y fuente de dolor y daños para sus hijos.

Es que con frecuencia no se tiene en cuenta que los niños, en la precariedad en la que se encuentran, no tienen otro recurso, otra “medida” para saber si son amados, que el tiempo que cada uno de sus padres le dedica: “Mi papá tiene tiempo para su trabajo pero no para mí; entonces ama más a su trabajo que a mí.” “No me ama.” Pero apenas perciben esa verdad, apenas la intuyen: la sienten —ni siquiera la entienden, solo la sufren— y, por supuesto, no tienen las herramientas necesarias para darle solución.

Y, como la esencia de la felicidad de un ser humano depende del amor que pueda dar (como se explicó más arriba), esos hijos serán seguramente infelices, aunque recibieran todas las cosas materiales del mundo, pues nadie les habría enseñado a amar realmente. Por más consejos que recibieran, por más conferencias que escucharan, por más libros que leyeran, no aprenderán jamás a amar, cosa que sólo se aprende experimentalmente (con hechos, no con palabras) cuando uno es amado con un amor auténtico, especialmente durante la etapa en la que absorbemos todo como por inercia: en la niñez.

Por lo que se dijo anteriormente, a esa edad no se tienen los medios para solucionar esta tragedia e intenso dolor. Y es una verdadera tragedia, porque daña la esencia misma del ser humano: ¡no aprendió a amar, no sabe amar! que es lo que más lo diferencia de los animales y, por ende, lo que más humano lo hace… He ahí el porqué de la intensidad de su dolor.

Comienza entonces —en unos— un deterioro de su situación afectiva, desarrollando una búsqueda enfermiza del amor y fuertes y continuas psicodependencias y altibajos afectivos y emocionales, con las que menos podrán aprender a amar ni a dejarse amar. Otros se enfrascarán en sí mismos, haciéndose pusilánimes (sin ánimo para emprender grandes empresas) y cobardes o se harán agresivos y violentos…, buscando en todos los casos ocultar su dolor… En fin, empiezan a aparecer los trastornos psicológicos más variados.

 

La tendencia homosexual

Una de las búsquedas angustiosas y enfermizas del amor es la tendencia homosexual.

Antes de explicarla, conviene saber que la homosexualidad no es genética, pues por el sexo cromosómico o genético, sabemos que los hombres homosexuales tienen el cromosoma «Y» en todas las células de su organismo, como cualquier hombre no-homosexual; y que ninguna de las mujeres lesbianas tienen ese cromosoma: son mujeres.

Se puede decir entonces, que el sexo nace antes que nosotros. Somos varones o hembras desde el día de la fecundación y lo somos de manera irreversible: el desarrollo de las hormonas masculinas (testosterona) y femeninas (estrógenos y progesterona) depende precisamente del sexo genético; el funcionamiento del sistema nervioso, los ciclos periódicos y la configuración física de nuestra sexualidad no son otra cosa que resultados naturales del sexo genético.

Quiere decir esto que la homosexualidad no es natural ni tampoco lo es la tendencia homosexual.

 

Cómo se da la tendencia homosexual

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la ausencia de cariño paterno.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil. Este factor, pues, es determinante.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta: Por la carencia afectiva del padre, algunas de ellas desarrollan —sobre todo cuando el papá fue violento con la mamá— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio. De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

 

Conclusión

Ya que el movimiento hacia lo natural se está dando en todo el mundo y en todas las áreas de la vida del ser humano, conviene también que se propicie en el ámbito de la familia: es necesario fomentar lo natural en la familia, lo que siempre se ha llamado paternidad y maternidad responsables: que los padres evalúen si van a tener suficiente TIEMPO (es decir: amor) para darle a su hijo, antes de pensar en concebirlo.

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Antes de ser padres y madres

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 13, 2017

Todos los educadores son unánimes al respecto: se nota cuando los estudiantes tienen papás, tanto en el rendimiento académico como en el comportamiento.

Y así es, efectivamente: los educandos que sobresalen en las notas y quienes mejores relaciones tienen con sus compañeros y profesores son aquellos que son los que recibieron cariño, atención.

Antes de que aflore la prepubertad, hacia los doce años de edad, todo niño requiere una dosis de atención, cuidado, esmero por parte de sus padres. Y la única medida que tienen para ello es el tiempo que se les dedica.

Ser padres no solo implica procrear, generar una nueva vida, sino darle a ese nuevo ser todo lo necesario para su desarrollo integral: biológico, emocional, moral, espiritual, relacional, afectivo, laboral, cultural, social, lúdico…

Todo esto deben evaluar quienes deseen ser padres antes de dar este paso tan importante: ¿Tendré tiempo suficiente para estar al lado de mi hijo/a hasta que se haga hombre/mujer? ¿Tendré la capacidad de estar a su lado hasta que sea capaz, por sí mismo/a, de acometer todos los desafíos de su vida? ¿Seré capaz de anteponer mi paternidad/maternidad a otras metas personales?…

También las estadísticas afirman que quienes crecieron sin ese apoyo, sin esa ayuda, no solamente no logran su estabilidad en lo emocional y en lo afectivo, sino que desarrollan mucha falencias que los incapacitan para muchas tareas, ¡especialmente para ser padres!, con lo que se perpetúa el problema por generaciones.

La tarea más importante del ser humano es el legado que dejará en la sociedad; y aunque ese legado pueden ser logros profesionales que ayuden a la especie humana, el mayor de todos es dejar nuevos individuos sanos y aptos para aportar lo necesario para la instauración de una vida humana más digna en este mundo: hijos que no tienen problemas emocionales ni afectivos.

Así, pues, antes de ser padres o madres, debemos preguntarnos si lo único que buscamos es llenar un capricho personal egoísta o si queremos dar a esos hijos la mayor estabilidad psicológica posible y los medios necesarios para que se forjen su propia felicidad.

 

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¿La voz del pueblo es la voz de Dios?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 7, 2016

Vox populi, vox Dei. Esta sentencia —La voz del pueblo es la voz de Dios—, como muchas, se ha establecido como norma, como ley, como palabra inequívoca, irrefutable…, ¡como pronunciada por el mismísimo Dios!

Pero quizá no la hemos evaluado suficientemente, antes de repetirla.

Ejemplo: Después de un debate en una de las Comisiones del Senado de la República, se decide invitar a algunos expertos para que ilustren a los honorables senadores sobre el tópico que trataban y —¡oh, sorpresa!— la decisión de la mayoría cambia: quienes estaban a punto de votar a favor lo hacen en contra.

¿Qué ocurrió? Simplemente, que cuando fueron instruidos en un tema que desconocían adquirieron herramientas suficientes para tomar responsablemente una decisión. Eran ignorantes. Y así —siendo ignorantes— con frecuencia deciden la suerte de otros muchos.

Otro ejemplo: Hoy, muchas empresas privadas y estatales, en los servicios telefónicos de ayuda al usuario, le piden que al final de la llamada califiquen el servicio que prestó el asesor. Sin embargo, muchas veces los usuarios califican a la empresa, no al asesor y, dependiendo de los comentarios y votaciones de los usuarios, el empleado puede ser despedido.

Un último ejemplo muy generalizado en la actualidad: Las publicaciones en las redes sociales se evalúan de acuerdo al número de visitas recibidas. Ocurre con frecuencia que un video que muestra la importancia de la educación de la juventud con miras a la construcción de un mundo mejor tiene muy pocas visitas, mientras que otro muy superficial, vano y bajo, tanto en contenido (no aporta nada bueno) como en su forma (palabras soeces e imágenes vulgares), a los pocos minutos ya ha tenido millones de visitas.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿El número de votaciones (aprobaciones o desaprobaciones) de algo es indicativo de lo bueno o malo que es? ¿O más bien nos indica el grado de degradación de la sociedad que vota?

Por otra parte, a veces la voz del pueblo es totalmente contraria al bien común (a la voz de Dios): recordemos épocas en las que era totalmente inadmisible el voto de las mujeres o que las personas de raza negra tuvieran derechos…

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la mayoría de los votantes —tanto en las urnas de una democracia como en las redes sociales— no tienen el conocimiento suficiente para tomar una determinación sobre temas de trascendental importancia en la vida de los seres humanos, por lo menos no en todos los temas que tienen que ver con el bien común. Esta es la razón por la que en el primer ejemplo de este artículo, los senadores cambiaron su posición respecto al tema que se dirimía: no lo conocían suficientemente.

Lo grave es que eso ocurre diariamente: la inmensa mayoría de las personas opinan —y votan— sobre un tema sin estudiarlo con profundidad.

Por eso, es completamente equivocado dejar en manos de quienes ignoran un tema las decisiones importantes de la vida de los demás.

Sigamos con los ejemplos: son quienes no saben nada acerca de embriología y genética los que están de acuerdo con el aborto, pues desconocen que ya hay una vida desde la concepción; son quienes nada saben del tamaño del virus del sida ni de estadísticas sobre las conductas riesgosas los que creen que la solución para prevenirlo es el uso del preservativo; son quienes de psicología infantil ignoran casi todo los que abogan por la adopción de niños por parte de parejas de homosexuales; son los que nada han leído sobre sexo cromosómico, gonadal, embrionario, fenotípico o genital, quienes hablan sobre género, en vez de sexo…

No sobra repetirlo una vez más: la voz del pueblo no siempre es la voz de Dios.

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Crisis de madres

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 1, 2015

Madres, crisisLa característica que más nos diferencia de los animales, más allá de la inteligencia y de la facultad de decidir —la voluntad—, es nuestra capacidad de amar, de amar hasta el extremo de olvidarnos de nosotros mismos por alcanzar el bien de quien amamos.

El amor maternal es el que mejor lo puede expresar: una mamá es capaz de dejarse matar por su hijo. No así los animales: las madres animales defienden su cría de los predadores solamente hasta cuando deben escoger cuál vida salvar, y optan entonces por abandonar a su cría y salvarse.

El ser humano puede definirse, por lo tanto, como aquel ser vivo que ama. Quiere decir esto que nuestra esencia radica en el amor.

Es por eso que lo que más nos realiza como seres humanos es amar y ser amados y, en consecuencia, lo que más daño nos hace es no amar ni ser amados.

De esta verdad se deriva que la mayoría de los problemas afectivos y emocionales del hombre se forjan en su etapa de formación más tempana, la infancia o niñez, que es la fase de desarrollo comprendida entre el nacimiento y la prepubertad (hacia los doce años de edad), pues todo ser humano requiere en esa época de una dosis de amor suficiente, para ser estable en ambos aspectos de su vida: el afectivo y el emocional.

Si un individuo recibe bajos niveles de nutrición en esta etapa de desarrollo presentará un índice de crecimiento biológico menor y quedará más propenso a determinadas enfermedades. Asimismo, si durante esos años una persona recibe una dosis de amor inferior a la que se requiere, no solamente sufrirá esa carencia sin poder entenderla, sino que, por no tener las herramientas necesarias para solucionarla, ocultarla, disimularla o, al menos, tratar de vivir sin que le produzca muchos daños, esa carencia afectiva derivará en una incapacidad para dar y darse en una entrega recíproca de amor, pues en las relaciones que tenga como joven y adulto sólo buscará suplir de alguna manera lo que no recibió en la infancia.

Por eso, hay individuos que buscan denodadamente a alguna persona a quién reclamarle el amor que tanto les faltó —y les falta—, depositando en ella todos sus afectos de manera enfermiza, posesiva y siempre psicodependiente, mientras que otros tratarán de abstraerse del amor por todos los medios, para no tener que sufrir nunca… Esto, como se vio más arriba, impedirá que la persona pueda realizarse y ser feliz.

Además de la disfunción en las relaciones interpersonales que todos estos individuos presentan, también adolecen de inestabilidades emocionales, que los harán más proclives que otros a sufrir muchas patologías psicológicas, como estrés, ansiedad, angustia, depresión, agresividad o cobardías y pusilanimidades, etc.

Durante la mencionada etapa de la infancia, por la precariedad de sus juicios y criterios, el niño no tiene otra medida para evaluar el amor que el tiempo que se le dedica:

—Mi mamá no tiene tiempo para mí; eso quiere decir que no me ama.

Quizás algunos —más creciditos— sean capaces de deducir:

—A mi mamá le interesa más el trabajo que estar conmigo; por lo tanto ama más su trabajo que a mí.

Es verdad que siempre se ha presentado el caso de parejas de esposos que, por sus escasos ingresos y para cubrir las necesidades básicas suyas y de sus hijos, ambos deben trabajar. Pero en los tiempos modernos muchas mamás están también ausentes en las vidas de sus hijos: unas porque desean “realizarse” como profesionales; otras, porque creen que es más importante forjarles a sus hijos un futuro económico estable que un futuro psicoafectivo y psicoemocional estable.

“Todos esos son criterios retrógrados”, afirman algunos pero, por desprenderse de la esencia del ser humano, son perennes e inmutables.

Basado en ellos, el lector decidirá si tiene hijos y, en caso afirmativo, cuántos.

El lector decidirá así el futuro de la humanidad: Hombres y mujeres sanos o enfermos; felices o desdichados.

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Carencia afectiva infantil

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 6, 2014

La causa principal de los sufrimientos de los seres humanos es la carencia afectiva infantil: muchos de ellos (la mayoría) no aprendieron a amar a sus hijos porque no fueron amados por sus padres; y así, el problema se perpetúa de generación en generación.

Es que todos los seres humanos —durante los primeros 12 años— requieren recibir una dosis suficiente de amor por parte de sus padres; si alguno recibe menos, no podrá desarrollar todas sus capacidades psicológicas (emocionales y afectivas) normalmente, y se expondrá a una cantidad mayor o menor (de acuerdo con el mayor o menor cariño no recibido) de problemas relacionales e, incluso, laborales.

Un niño de esa edad, cuando no es amado, no puede entender ni expresar el dolor que siente, ni mucho menos lo logra manejar, pues en esa edad no se tienen las herramientas para conseguirlo. Por eso sufre sin saber cómo asimilar ese dolor ni qué hacer con él.

Y es por eso que más adelante empieza a desarrollar actitudes no sanas: unos se vuelven agresivos para disimular su dolor; otros se hacen pusilánimes (les falta ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes), miedosos, cobardes…; otros se dedican a distraer su dolor con los placeres o los vicios, etc. Pero todos, absolutamente todos, actúan así porque quieren llenar los vacíos afectivos que les quedaron en su alma.

Al salir de la infancia, esta carencia afectiva, produce una constante actitud autocompasiva, autoevaluativa, autodolorosa y, la mayoría de las veces, autodestructiva. Efectivamente, la mayoría de quienes sufren por esto se vuelven sobre sí mismos, preguntándose cómo solucionar sus inestabilidades, sus inseguridades, sus altibajos emocionales, sus variaciones afectivas…

Muchos de ellos dedican sus vidas a leer y tratar de poner en práctica libros de autoayuda; otros acuden a terapistas, psicólogos y psiquiatras; algunos ingresan a grupos espirituales…; y así se encuentran miles de personas que concentran su vida en sí mismos, lo que los aísla en mayor o menor grado de los demás y, lo que es peor, su situación anímica y sentimental se agrava paulatinamente, hasta darse casos en los que ya no son capaces de amar, de servir y darse a los demás, sino que simplemente usan a otros para llenar sus carencias afectivas, con lo que convierten sus relaciones interpersonales en actitudes utilitaristas.

Para completar su desgracia, cuando las personas que están a su alrededor caen en cuenta de que están siendo utilizadas, suelen alejarse de estos personajes, dejándolos muy destruidos desde el punto de vista afectivo…

Con la repetición de estas experiencias, se genera en ellos una creciente ansiedad afectiva y emocional, se aferran cada vez más en las nuevas relaciones, haciéndose totalmente psicodependientes.

La solución de esta situación es contraria a la que les suelen proponer: en vez de decirles que salgan de esa autoconcentración, de ese egocentrismo, les establecen terapias de constante autoevaluación, autoestudio y autosuperación.

Sus terapeutas se apoyan en la idea de que nadie puede ayudar a otro si no está bien primero él.

Pero, ¡qué pocos son los que salen de esa situación por estos medios! Es que no se percatan de que agravan la situación de sus pacientes al hacer que reconcentren sus mentes en sí mismos. Y olvidan un criterio principalísimo: que todos —hasta el más enfermo— tienen talentos escondidos hasta que los ponen al servicio de los demás.

En cambio, aquellos profesionales que inducen a sus pacientes a salir de sí mismos, a dejar de pensar en sus propios problemas, a ocuparse en ayudar a otros, consiguen lo que los desconocedores del tema llaman milagros: con sus talentos ya despiertos, descubren primero que pueden ser útiles; después, que hay más alegría en dar que en recibir y, finalmente, que no hay mayor felicidad que la que obtiene el que se entrega —él mismo, su misma persona— a luchar por un ideal de servicio a los demás.

Pero el mayor milagro se da cuando sus terapeutas comprenden:

1) que el tratamiento más eficaz consiste en sacar a los pacientes de su preocupación por sí mismos y lanzarlos a que se ocupen en el bienestar ajeno,

2) que nadie tiene que esperar a estar bien para poder dar y

3) que a nadie se le debe decir: «Usted puede salir de esta situación. Repita muchas veces: “¡Yo puedo!”», sino simplemente: «Ayude a otros», y se curará.

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Un acercamiento a las causas de la homosexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2011

 

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la educación errónea por parte del padre. De hecho, hoy se cree imposible que exista un homosexual sin algún grado de ausencia de cariño paterno.

Esos estudios indican que hay dos comportamientos paternos que inducen a la homosexualidad de un hijo:

1) El padre distante, alejado o frío en el trato con su hijo

Frecuentísimo error, más común ahora que antes, porque hoy parece primar el bienestar material de los hijos sobre el bienestar afectivo y emocional: «Estoy trabajando mucho para darles todo a mis hijos», suelen decir estos padres, y olvidan que lo que sus hijos requieren más es el tiempo que se les dedique, pues es lo único que les proporcionará la tranquilidad, la confianza, la seguridad, el buen juicio y la capacidad para madurar adecuadamente y ser auténticamente felices.

Por añadidura, ese tiempo con ellos y el amor que representa, compartiendo sus vidas (padre e hijo) es la «vacuna» más eficaz contra la homosexualidad: un niño que recibe amor (más que dinero y cosas materiales) difícilmente se hará homosexual, como se verá a continuación.

2) El padre enérgico y duro y hasta violento

Esta circunstancia es también bastante más frecuente de lo que parece, en las sociedades eminentemente machistas de hoy: es habitual, por ejemplo, el argumento de muchos padres que creen que si tratan con ternura o dulzura a su hijo varón, lo impulsarán a la homosexualidad. Y lo que sucede es exactamente lo contrario: hoy se sabe con certeza que es precisamente la falta de cariño paterno lo que hace que ellos traten de suplirla buscando el afecto de otro varón.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil.

Este factor, pues, es determinante.

Y si a esta conducta paterna se suma una madre del tipo de la mujer seductora, que domina y minimiza a su marido —lo demuestran también las estadísticas—, se impulsará más la orientación a la homosexualidad.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta:

Por esa carencia afectiva, algunas de ellas desarrollan —por algún mecanismo todavía no explicado científicamente— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio.

De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

Debe afirmarse que no todas las mujeres que se ven afectadas de esta manera por esta falta de afecto paternal. Por el contrario: hoy se sabe que la mayoría de las mujeres optan por reemplazar esa carencia con otro hombre que llene las ansias de ser amado que todo ser humano lleva en su interior. En estos casos, lo que suele ocurrir es que las experiencias negativas que se les presentan las van llenando de frustraciones seguidas, que generan inconformidad y mayor ansia de llenar sus expectativas con otro hombre…

Pero debe decirse que, aunque el conocimiento científico que se posee hoy es ya un acercamiento a las causas del lesbianismo, pero también deben seguirse buscando los demás factores que inclinen a algunas mujeres hacia la conducta homosexual.

 

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La educación sexual a través de los medios

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 15, 2009

 

La Educación Sexual a través de los medios de comunicación es un hecho desde hace tiempo: películas, propagandas y comportamientos de los presentadores de radio, cine y televisión en las que se invita al desorden sexual, a la promiscuidad y a las malas costumbres.

Mientras tanto, el programa de Educación Sexual iniciado por el Gobierno , en lo que se refiere a la Comunicación, ha suscitado la polémica entre los educadores y también entre los padres de familia porque, según unos, los parámetros elegidos propenden a la promiscuidad sexual y, según otros, hoy en día es necesario hablar sin tapujos para evitar las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados o a destiempo.

Vale la pena, entonces, analizar el recorrido histórico de los conceptos sobre el tema:

Inicialmente, después de comprender las consecuencias devastadoras de los desórdenes, las culturas trabajaron en la ética hasta completar una serie de normas que intentaban preservar a las nuevas generaciones de los peligros de una sexualidad mal entendida.

Esta normatización indujo a que el público redujera todo el análisis a “bueno o malo”. Así, cada comportamiento sexual fue tachado de bondadoso o pecaminoso, según los parámetros establecidos, y se llegó a pecar de puritanismo.

Este defecto se tradujo más adelante en la mojigatería, en la cual, todo tema relacionado con la sexualidad era mito y arrastraba tras de sí la mancha de pecado.

Como “contrapeso” social, apareció la “liberación” sexual, que introdujo, no solamente la ruptura de todos esos esquemas anteriores, sino el descuido por precauciones más sencillas, desde el punto de vista médico. Se llegó a afirmar con razón que la anterior etapa era represiva e impulsora de una gran cantidad de desórdenes más funestos que los que se veían en un comienzo.

En los últimos tiempos, la alta incidencia del sida y las enfermedades de transmisión sexual, junto con el índice creciente de embarazos no deseados y de abortos, ha suscitado en el ámbito mundial, entre los sexólogos, un nuevo replanteamiento.

Simultáneamente, en casi todos los campos del saber científico, la preocupación por el hábitat del hombre, de su entorno primario inicialmente y del cosmos en general, ha estimulado de una manera asombrosa un “regreso” hacia el respeto por las leyes de la naturaleza: desde no utilizar aerosoles que destruyan la capa de ozono, hasta eliminar en los procesos médicos toda complicación externa que obstaculice el proceso natural orgánico (nacimientos en el agua sin ayudas anestésicas y partos en cuclillas, entre otras muchas técnicas). El advenimento o progreso de las llamadas medicinas alternativas, la sofrología, el auge de los tratamientos psicológicos para patologías psicosomáticas e incluso de la hipnosis terapéutica son sólo muestras de este viraje de carácter mundial.

Hoy, dentro de este marco, como resultado del estudio interdisciplinario y de acuerdo con las tendencias más progresistas en el campo de la sexualidad, se propende por una educación sexual que simplemente respete las normas del cosmos, de la naturaleza humana. Enseñanza esta que desmitifica todo, lo sitúa a la altura real del ser humano de finales de milenio y comienzos del siguiente, y a la vez previene todo daño personal y familiar (y por ende social), ya que sitúa la educación sexual en su justo medio, lejos de la mojigatería y del desafuero, peligros entre los que se mantuvo por siglos. Por el camino del medio, sin excesos y sin defectos, alejados de  los problemas suscitados por los desórdenes sexuales o por el excesivo recato y la mojigatería, los hombres tendrán la respuesta esperada por parte de la naturaleza: salud. Salud integral que comprende la biológica, la psicológica y la espiritual, planos en los que se desenvuelve la vida humana.

Al mismo tiempo, se impone el criterio de que el ser humano no es sólo cuerpo como el de un animal, ni sólo alma espiritual como un ángel.

El verdadero retroceso está quizá en la posición fanática de quienes no han caminado por toda esa senda histórica y cargan con la rebeldía en contra del criterio por el que fueron asediados: liberación contra la opresión recibida o, por el contrario, lucha denodada con leyes y normas que a veces atentan contra la libertad individual y social.

Sin embargo, debe haber un reglamento, una ley. La ley que es obligatoria hoy es la natural. Y dentro de este contexto, el respeto por la vida humana es la principal, y es la base de todos los demás derechos.

Una vez conseguido este primer paso, el respeto por las leyes naturales, vendrá el segundo, el respeto por las leyes divinas.

La fuerza de los medios de comunicación no está en duda. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de la comunidad informando acerca de estos últimos adelantos científicos en uno de los campos más trascendentales de la vida del ser humano?

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Educación sexual obligatoria: tarea compleja

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 11, 2008

Educación sexual obligatoria: tarea compleja

 

Establecida como obligatoria, la cátedra escolar de Educación Sexual ha desatado la preocupación de muchos de los docentes y la polémica por la forma de presentación a los estudiantes.

¿Desde qué edad se debe implantar? ¿Qué tópicos se deben tocar en las edades más tempranas? ¿El estudiante debe conocer la anatomía y la fisiología (funcionamiento) genital? ¿Quién debe ser encargado de la cátedra? ¿un médico? ¿un psicólogo? ¿un sacerdote? ¿Cómo desmitificar la sexualidad, sin llegar a estropear el crecimiento integral del niño y del adolescente?… Son muchas las preguntas que salen a relucir y muy pocas las que se han contestado: es frecuente encontrar profesores que manifiestan no tener los instrumentos necesarios para salir airosos en el  nuevo cargo que se les ha asignado. Es posible que acudan a algún médico, a revistas o libros especializados que les den orientación o que acudan a los manuales, para ello preparados, de instrucción gradual en la sexualidad.

Sobre este tema, que toca directamente la esencia del ser humano, ha salido una cantidad asombrosa de publicaciones, dentro de las que destacan, por su número, las que tienden a lograr únicamente un incremento en el placer sexual, haciendo aparecer la sexualidad como algo superficial, poco profundo, meramente hedonista y, por ende,  no propio del ser humano.

Por otra parte, es frecuente encontrar que el sistema genital o reproductor se estudia de manera similar a como se lo hace con los demás sistemas en el organismo, como el sistema gástrico, el linfático o el cardiovascular: su anatomía, su funcionamiento fisiológico, las patologías (enfermedades) que pueden presentarse, etc. Si se tiene en cuenta que la sexualidad implica comportamientos humanos, lo que no se da en los otros sistemas (no existe, por ejemplo, un comportamiento humano voluntario para el sistema gástrico), se comprenderá que, en esos casos no se está estudiando la sexualidad, sino meramente la genitalidad. Una consideración únicamente biológica del hombre, entonces, haría que se le tratase como a un simple animal, de la misma manera que una cerrada acepción espiritual del hombre, haría de él un ángel. Otro tanto ocurrirá si se limita el concepto del hombre a su aspecto psicológico, dejando de lado su espiritualidad y su corporeidad.

Para tratar el tema de la sexualidad, es necesario adentrarse en la escénica de la totalidad del ser humano: su biología, su psicología y su espiritualidad.  Sólo así se puede entender que no se le puede fraccionar en las partes en las cuales está compuesto.

De este modo, todo comportamiento humano impone la participación del ser, de una manera integral: es toda su composición biológica, psicológica y espiritual la que actúa en el ámbito del comportamiento en general y, por supuesto, en las acciones sexuales. Si un hombre y una mujer cohabitan, se dan todos ellos: no sólo se entregan en el aspecto genital, sino que la entrega es de todos sus seres.

Esto es, precisamente, lo que hace diferente al ser humano de los otros seres: que su entrega comporta el mutuo don de su cuerpo, su alma y su espíritu.

Cuando la entrega está condicionada por alguna circunstancia, el ser humano no llega a cubrir las demandas de su dignidad, y decrece como tal: si alguien busca, en una relación sexual, únicamente el placer que esto le depara, estará dejando de lado partes esenciales de su condición humana, como son el aspecto psicológico y el aspecto espiritual y su acción será meramente animal.

Así mismo, si lo que busca con esa acción es satisfacer la necesidad de sentirse deseado o incluso “amado” (si a esto se le puede llamar amor verdadero) estará mutando también la finalidad del acto y denigrándose a sí mismo. Por esa razón, en ambas circunstancias, el hombre descubre un alto grado de insatisfacción que nace de la sensación de haber utilizado al otro o haber sido utilizado. Aunque esta sensación quiera ser considerada fútil, intrascendente o de poca importancia, siempre quedará ese sabor amargo de la entrega parcial, que es el único que da explicación a la inestabilidad matrimonial actual, cuando se la compara con la que había hace veinticinco años, cuando se suscitó la polémica sobre el uso de la píldora anticonceptiva, el DIU y otros métodos anticoncepcionales artificiales en la relación marital, ya que se hacen a un lado el aspecto natural de la concepción (resultado final de la cópula en los períodos fértiles) y la entrega mutua y total de los cónyuges, haciendo de ellos un par de cómplices de una acción utilitarista, aunque sea de común acuerdo, ya que ambos se estarían utilizando recíprocamente; además, ésta sería una relación que denota entrega parcial y, por lo tanto, no sincera, un acto que destruye la estabilidad de cada uno de los individuos y de la pareja, dando al traste con una de las finalidades de la unión matrimonial, la educación de la prole, quienes no podrán desarrollarse desde el punto de vista psicológico y espiritual, sin asistencia profesional especializada.

Como se comprenderá, la trascendencia de esta circunstancia en la sociedad es la que se observa hoy: muchos de los niños que mañana serán los motores del mundo están creciendo sin uno de sus padres y en una situación precaria de educación humana integral (emocional, espiritual, cultural y de conocimientos) que culminará en un retroceso en la moral de muchas naciones, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de los hombres y de su relación con los demás.

Urge que los educadores a los que se les ha asignado la enseñanza de la Educación Sexual se instruyan primero en la noción integral del ser humano, para que puedan mutar el currículo que hasta ahora se tiene, reducido a veces, a informar sobre la existencia de anticonceptivos, su modo de uso, y a intentar dar “tranquilidad” a los educandos preocupados por enfermedades como el sida. En segundo lugar, es necesario que conozcan los últimos avances científicos sobre métodos anticonceptivos naturales, como el de la temperatura basal o el del moco cervical, los cuales han demostrado gran eficacia, para que la sexualidad no sea simplemente genitalidad y esté basada en el raciocinio, y se pueda hablar ahora sí de paternidad responsable.

Sólo con el engrandecimiento del ser humano (que se da cuando la razón domina sus instintos) se puede propender al auge de la moral y de las buenas costumbres, único camino hábil de quienes pretenden mejorar la sociedad, para el bienestar de sus hijos.

  

 

 

 

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Psicología*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

PSICOLOGÍA (antigua pero todavía valedera)

Características más comunes

 

Hay tres características principales, con las cuales se hace la clasificación de la personalidad de cada individuo. Son estas lo emotivo o no emotivo; lo activo o pasivo; y lo primario o secundario. Ninguna se considera buena o mala, son simplemente diferentes maneras de ser, lo que hace tan enriquecedor y variable el trato entre los seres humanos.

 

Emotivo:

Sensible a las emociones. Que, ante un evento positivo o negativo, reacciona expresándolo con emoción. La emoción es un estado de ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que se traducen en gestos, actitudes u otras formas de expresión.

El individuo no emotivo puede sentir, aunque no lo exprese.

 

Activo:

Diligente. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona actuando. Aunque lo haga bien o mal, actúa.

Una persona activa puede demorarse o no en actuar y, también, que puede cometer errores, equivocarse al actuar.

 

Primario:

Rápido. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona rápido, bien expresando sentimientos, bien con hechos.

 

Secundario:

Que la reacción es más lenta.

 

Factores elementales

 

 

 

Emotivo

No emotivo

Activo

No activo

 

 

 

Primario

Locuaz

Superficial

Subjetivo

Alegre

Acomodadizo

Hábil

Astuto

Extravertido

Complaciente

Poco sensible al peligro

Presencia de espíritu

No acepta el fracaso

Tendencia a la mentira

Feliz de vivir

Negligente

Despilfarrador

Deseo

Actúa en todo de palabra

 

 

 

 

Secundario

Introvertido

Excusado

Remordimien-tos

Mentiroso

Solapado

Falta de valor físico

No fervoroso

Automatismo de actos

Fiel

Justo

De principios

Hacia el pensamiento abstracto

Poco activo y eficaz

Capacidad de organización

Puntualidad

Sentido social

Trabajo regular

Coherente

Escrupuloso

Introvertido (soledad)

Resistencia pasiva

Se desalienta rápido

 

Activo

Pronto

Afiebrado

Juegos violentos

No hábitos

Buen humor

Mando

Empujones

No afectivo

Animoso

Objetividad

Habilidad manual

Atento

Perseverante

 

 

 

 

 

No activo

Miedo a la acción

Fatalista

Soñador

Sublimación de deseos

Distraído

Celoso

No esfuerzo

Indiferente

Sin iniciativa

Egoísmo

Sujeto a las necesidades orgánicas

 

 

 

 

 

Indicaciones para las conjugaciones más comunes

 

Apasionado: emotivo, activo y secundario.

Necesita convicciones razonadas y reflexivas.

Toma muy en serio lo que se le dice: la orientación ha de ser prudente y discreta.

Debe compartir los entretenimientos, las alegrías y las penas para disminuir su introversión.

Exigirle buenos modales.

Hacerlo consciente de la necesidad y de la obligación de perdonar y olvidar ofensas.

 

Colérico: emotivo, activo y primario.

Evitar la violencia y animarlo con simpatía en el esfuerzo.

Combatirle la inconstancia y desarrollarle el esmero y la perfección.

Evitarle la precipitación y cultivarle la autocrítica.

La formación moral y religiosa puede contrarrestar su afán de emociones y novedades que le resultarán nocivas.

 

 

 

 

Flemático: no emotivo, activo y secundario

Habituarlo a la flexibilidad, comprensión y transigencia.

Evitarle la desmesurada importancia al deber.

Favorecer su confianza para provocar su exteriorización y abrir sus horizontes.

Evitarle la obstinación y favorecerle la sociabilidad.

 

Sanguíneo: no emotivo, activo y primario

Evitar el egoísmo con ideales de abnegación y generosidad.

Establecer prioridad de lo intelectual sobre las necesidades prácticas u orgánicas.

Controlar el trabajo esmerado y acabado.

Desarrollar la reflexión y la autocrítica.

Inculcarle convicciones profundas para contrarrestar su natural debilidad e inconstancia.

 

Nervioso: emotivo, no activo y primario.

Se aconseja con benevolencia, comprensión y paciencia, pero con energía y constancia.

Crearle una mayor ponderación; que piense antes de obrar, que ejercite la autocrítica y actúe con constancia y esmero.

Vigilar sus amistades en los períodos críticos

 

Sentimental: emotivo, no activo y secundario.

Darle comprensión y confianza, para hacerlo abierto y alegre.

Intelectualizarlo y favorecer la sociabilidad, evitando la melancolía y el pesimismo.

Animarlo, exagerando sus éxitos para aumentar sus energías.

Buscar el lado positivo.

La inclinación a la vida sobrenatural despierta su voluntad.

 

Apático: no emotivo, no activo y secundario.

Alentarlo y estimularlo.

Ayudarlo en su expansión y sociabilidad.

Evitar o reducir “lo del pasado” que lo hace pesimista y melancólico.

Animarlo y estimularlo, antes que reprenderlo o castigarlo.

 

Amorfo: no emotivo, no activo y primario.

Hacerle conocer sus defectos y posibilidades.

Dirigir y controlar sus actividades cotidianas con interés renovado.

Formar hábitos y vigilar sus amistades.

 

 

Variables o subtipos

 

Las conjugaciones más comunes no son, como se podría pensar, puras; esto es, apasionado puro, flemático puro, nervioso puro… Los tipos “puros” son apenas el 40% o el 45% de los individuos, los demás tienen variables que se pueden agrupar como se ve a continuación. Las equis muestran las variables, teniendo en cuenta que, al subir, la característica correspondiente se hace un poco más evidente y lo contrario al bajar.                                         

 

 

 

Apasionado

E    A    S

 

  x     x     x

 

Colérico

E    A    P

 

  x     x     x

Flemático

nE    A    S

 

   x     x     x

Sanguíneo

nE    A    P

 

   x     x     x

Sentimental

E    nA    S

 

  x     x     x

Nervioso

E    nA    P

 

  x     x     x

Apático

nE    nA   S

 

   x     x     x

Amorfo

nE    nA   P

 

   x     x     x

 

          x    

=x            x

 

  Impetuoso

 

 

=x     x      

                x

 Apasionado

 

   x            x

=        x

 

  Insensible

 

                 x

= x     x

 

     Febril

 

 

=x     x

                x

 Introvertido

 

 

=x           x

         x

Indisciplinado

 

          x  

= x           x

         

 Sentimental

 

  

=        x     x

   x          

   Nervioso

 

 

=x

          x     x

    Inquieto

 

                x

=x  

         x

  Aventurero

 

          x

= x

                 x

    Estricto

 

                    

= x                   

          x     x

     Medio    

 

                x    

=x     x               

                   

      Duro

 

         x           

=x           x         

                

  Depresivo  

 

                    

= x           x        

          x         

   Flemático

 

                    

= x            x       

          x         

  Sanguíneo

 

 

=       x     x

  x

   Flemático

 

 

=x            x

         x  

   Nervioso

 

   x                 

=               x     

          x          

    Apático

 

   x               

=                    

          x     x     

     Agudo

 

                    

=       x     x        

  x   

    Apático

 

                    

=x           x

         x

   Colérico  

 

                    

= x     x              

                x   

    Amorfo

 

                    

=        x            

   x            x    

 Sentimental

 

 

=x            x

         x

 Sentimental

 

 

=       x     x

  x

  Sanguíneo

 

                    

= x     x             

                 x

  Sanguíneo

 

                   

=        x     x

   x                 

   Colérico

 

                     

=x     x               

                x

   Nervioso

 

                    

=       x    x         

  x                 

    Amorfo

 

                    

                    

                   

 

 

   x     x     x      

=                    

                  

     Radical

 

 

 

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El sexo ‛débil’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Un análisis concienzudo de las diferencias entre el hombre y la mujer puede llevar a sorprender a más de uno… ¡y a más de una!

Para comenzar, es necesario recordar que son tres los planos en los que opera el ser humano: el biológico, lo que corresponde a la fisiología; el psicológico, que comprende la afectividad, las emociones, los sentimientos, etc.; y el espiritual, el plano en el que se maneja lo trascendental: la otra vida y lo que dejamos como huella en este mundo.

Conviene pormenorizar cada uno de los planos en los dos sexos:

 

El plano biológico

· Ningún hombre puede quedar, hasta ahora, embarazado. Tampoco puede disfrutar de esa experiencia maternal durante la gestación: los movimientos de su hijo, la sensación de tenerlo dentro de sí, de sentirlo vivo…

· Tampoco hay varón que pueda amamantar a su hijo, darle el alimento de su propio cuerpo, con todo lo que ello representa afectivamente…

· En la definición que da el Diccionario de la lengua española de las tetillas dice que son “menos desarrolladas que las de las hembras”. Efectivamente, se puede decir que estas son una atrofia de las glándulas mamarias, las cuales nunca se desarrollaron en ellos. Debe destacarse, además, que las telillas no sirven para nada.

· El sujeto masculino posee una hormona sexual: la testosterona y sus derivados, mientras que la mujer tiene dos principales: los estrógenos que desarrollan y mantienen los órganos genitales y fomentan los caracteres sexuales secundarios, por un lado; y por el otro, la progesterona o gestágeno, que faculta a la mujer para concebir y ayudar a desarrollar al producto de la fecundación.

· Si los hombres tenemos una zona erógena principal, el pene, las mujeres tienen dos: el clítoris y los bulbos vestibulares, trabeculado venoso ubicado a los lados de la entrada vaginal, con los cuales puede llegar también al orgasmo. Por eso la extirpación del clítoris —como se hace en alguna tribu africana con el nombre de “circuncisión”— es insuficiente para eliminar la satisfacción genital en la mujer.

· En el aspecto de la excitación sexual, no se sabe de hombres que puedan experimentar varios orgasmos durante una cópula, como sí se ha reportado en varias mujeres.

· En la misma línea, los orgasmos femeninos son más intensos: se sabe que, muchas veces, la mujer pierde el sentido durante el clímax, cosa que nunca ocurre en el varón. De hecho, la experiencia muestra que la mujer queda más satisfecha y, quizá por eso, no está pendiente de la próxima relación genital con tanta ansia como muchos hombres.

· Pasando a otro tema, por todos es conocido que la mujer tiene el umbral del dolor más alto que los hombres, en cuanto se refiere al dolor visceral (cólicos, gripe, etc.).

 

El plano psicológico

· En el campo de la responsabilidad hay superioridad: en el trabajo, por ejemplo, a las mujeres les cuesta un poco “salirse” de las reglas establecidas en las empresas; por eso, las estadísticas muestran que son más los gerentes que roban a su compañía. Debido a esto, hoy las corporaciones de ahorro tienen más mujeres como directoras de sus oficinas.

· Y las palabras de los gerentes y de los jefes de personal de las empresas muestran mucho: sus empleados más eficientes son mujeres, aun las que han sido abandonadas por sus esposos, con sus hijos, obviamente.

· En el campo afectivo, si alguien —por ejemplo— cuenta en un auditorio femenino la historia trágica de una mujer embarazada que va en un tren cargando a su hijo —un niño de brazos— y que cuando, al descarrilarse la máquina, intenta sin éxito evitar que las ruedas pasen cercenando un brazo de su pequeño niño, y que lo ve gritar de dolor, las mujeres se erizarán de pena y de dolor. Por su parte, esa misma historia presentada ante un público masculino haría que ellos simplemente dijeran levantando los hombros: “Huy, qué vaina”. Esto quiere decir que los sujetos masculinos no están, por norma general, tan cerca del dolor ajeno como las mujeres; a ellas les “llega” más, se conduelen más fácilmente, sienten con los demás.

· También su ternura innata y su interés por ayudar y por consolar las hace más humanas, la mayoría de las veces.

El plano espiritual

· En el aspecto religioso se nota un sentido de responsabilidad mayor en la mujer: basta visitar las iglesias y observar qué porcentaje de varones hay (en cualquier credo).

· En este plano, el de la trascendencia, se erige como principal la labor educativa (los hijos son, de algún modo, la continuación de nuestros seres), y en este campo se nota que la mujer, como madre, es más paciente, tolerante y comprensiva. Pocas veces las órdenes perentorias de los padres consiguen tanto como las palabras cariñosas de las madres.

· Ellas son, casi siempre, más respetuosas de los sentimientos de sus hijos y saben entender que, algunas veces, esas emociones les impiden actuar bien o responder más rápido y que es bueno esperar un poco. Claro, todo esto es lo común, porque hay muy buenos padres y madres malas, que por fortuna son la excepción.

· Las estadísticas muestran que, cuando hay una separación, la mamá suele quedarse con los hijos (son muy pocos los que luchan por sus hijos), y que a ellas les queda más fácil asumir el papel de padre que al revés: los padres el de las madres.

· Las capacidades para sacar un hogar adelante en ausencia del otro, el encargarse del sostén económico, afectivo y educativo muestran también el talento de la mujer.

· La mujer, además, tiene la potestad de hacer de su novio un digno padre para sus hijos, la capacidad de ir educando y hasta “moldeando” la personalidad de su esposo con esa coquetería, con ese “tire y afloje”: ¿Cómo reaccionaría un hombre si su esposa se niega a la intimidad tras una mirada impura suya a otra mujer? ¿Cómo cambiaría un muchacho si su novia lo va dirigiendo hacia su alma enseñándole que el amor es la lucha total por hacer feliz al otro aun a costa de los propios intereses?

· Y si son madres, son mucho más valiosas: ellas creen que no hacen nada siendo madres. ¡Cómo se nota cuando están ausentes! Algunas veces los descuidan para darles cosas materiales y luego se los encuentra por ahí, dando tumbos, queriendo sólo ganar dinero, poder, honra, placer, bienes materiales… sin nada en el interior… A veces se unen a ellos malas compañías que, junto con el ocio, los inducen a ser viciosos y se vuelven alcohólicos y hasta drogadictos…

La crisis de la sociedad es una crisis de madres: sólo con ellas se puede dar una educación integral a los hijos, sólo con ellas se formarán buenos ciudadanos, sólo con ellas habrá hijos felices que hagan el bien a sus semejantes, sólo con madres que dan amor —realidad que sí nos diferencia de los animales— se cambiará al mundo.

Pero para eso hace falta tiempo. Tiempo para sus hijos. A veces es necesario ayudar al esposo con las cargas económicas del hogar, pero en otras ocasiones, el bienestar material se pone por encima del bienestar psicoemocional, o mejor, integral de los hijos. A veces una supuesta “realización personal” (no hay mejor realización que ser madre) deja huérfanos de tiempo. A veces, las metas materiales de las madres dejan el vacío de lo más importante para un niño: el amor. Algunos y algunas se engañan diciéndose que es más importante la calidad del tiempo que se les dedica que la cantidad. Y ellos necesitan a la mamá —aunque suene redundante— cuando ellos la necesitan, no cuando ellas “pueden” darles ese tiempo: cuando el niño regresa del jardín infantil o del colegio, cuando hacen sus tareas escolares, cuando juegan con sus amigos (¿cómo se sabrá qué clase de amigos tiene nuestro hijo?), cuando tienen percances o accidentes, cuando, al ir creciendo, se sientan solos o tristes, cuando incluso su padre haya sido un poco duro con ellos…, en fin, siempre que se es hijo, se está creciendo y se debe tener una madre. Procrear con la intención clara de que los hijos no van a tener una madre a su lado es injusto e ilógico: nadie puede suplir a las madres; ni la abuela, ni la tía, ni el mismo esposo (los hombres somos menos cuando estamos solos que ellas sin nosotros), ni mucho menos, por supuesto, “la mejor empleada del mundo”.

 

——————— o ———————

 

Si cambiamos otra vez la Constitución, si cambiamos al Presidente, si cambiamos a los dirigentes, si cambiamos la infraestructura del país… no cambiará el futuro de nuestra patria, pero si la mujer cambia habrá esperanza.

¡Y dicen que es el sexo débil!

¡No hay hombre que pueda tanto como una madre! ¡En sus manos está la resurrección del mundo! ¡Si quisieran salvarnos…!

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

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El papá, causa de estrés

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

 «El 80 % de los factores etiológicos del estrés es el papá.» Cuando escuché eso de una persona que se dedicaba a atender a las personas con estrés, le pregunté de dónde sacaba tamaña afirmación. Me contestó que el grupo de psicólogos, psiquiatras y psicólogos clínicos con los que trabajaba habían llegado a esa conclusión después de muchos años de experiencia clínica. No le creí.

Sin embargo, luego de casi un decenio, he descubierto que se quedó corto: en más del noventa por ciento de los pacientes que padecen estrés he encontrado ese factor etiológico, además de algunas otras causas.

Algún lector entendido en estas lides podrá preguntarse cómo lo he averiguado. La respuesta está en la terapia que se le implanta a esos pacientes, y que consta de tres pasos:

En la primera fase, se instruye a la persona para que recuerde todo aquello que le disgustó de su padre en las etapas más tiernas de su vida, las de su niñez y las de su adolescencia: maltrato verbal, psicológico, físico, moral… Luego se le explican las posibles causas de ese comportamiento de su padre: la educación que él recibió, las circunstancias que vivió y que lo llevaron a creer que eso era lo correcto, los genes que recibió, los amigos que tuvo y que influyeron en su comportamiento, etc. De aquí se pasa a fomentar en el paciente una actitud de comprensión para con su padre: «Si usted hubiera tenido la herencia genética de su papá, si hubiera vivido la vida que a él le tocó vivir, ¿no cree que habría terminado actuando como él?» Y, por último, se le da la oportunidad de que lo perdone de corazón, aunque no se lo diga personalmente. Esto puede llevarse a cabo aun cuando su progenitor haya muerto: el paciente se comunica con él (en el más allá o donde crea que esté), le dice que lo comprende y que lo perdona, porque nunca dejó de amarlo, aunque por un tiempo se convenció de lo contrario.

La segunda fase del tratamiento consiste en que el paciente se perdone a sí mismo, por no haber perdonado a su padre durante todos esos años.

Y la última es pedir perdón a Dios por no haber perdonado al papá.

Parecerá mentira lo que sigue, pero los resultados son mágicos: desde ese momento muchas y muchos dejan de pelear con todo el mundo, se arreglan matrimonios, se acaban disputas intrafamiliares y laborales; algunos dejan de fumar sin saber por qué, otros comienzan a tener gozo por la vida; y a todos, en mayor o menor grado, les llega un poco de paz.

¿De qué depende que a unos les haga más efecto que a otros? De la cantidad e incidencia que tengan en su psique esos recuerdos de los malos tratos paternos no perdonados.

Lo que me llama la atención es algo que no he podido dilucidar: ¿Por qué a la mamá siempre la perdonamos, mientras que al papá le capitalizamos todo error para guardarlo y castigarlo en nuestra mente no perdonándolo? Les he expuesto mi teoría a varios especialistas, quienes afirman que puedo no estar lejos de la verdad:

Los padres tratamos de proyectar en nuestros hijos una imagen de «papá perfecto» para lograr, según nuestro erróneo y machista entender, «educarlos» adecuadamente: nuestras órdenes son perentorias, concluyentes, sin apelaciones; nosotros —por ser padres— nunca nos equivocamos, «sabemos qué es lo mejor y punto»; y si el muchacho o muchacha pretende cuestionarnos o cuestionar nuestras órdenes, aunque a veces tenga la razón, recibe siempre un: «Yo soy su papá.», o un: «¡Usted qué va a saber!», o un: «¡Me obedece, carajo!», o algo parecido o peor…

Así vamos formando en el niño y el adolescente primero la idea de que «Papá nunca se equivoca.» «Papá no se puede equivocar.» Y cuando llega el «Papá sí se equivocó», aparece el «¡No lo puedo perdonar!»

¡Qué distinta suele ser la actitud de las mamás que acepta sus errores, que dialoga con su hijo, que tiene tolerancia…! ¡Por eso quizá la perdonamos!

El papá que nunca ha pedido perdón a su niño está sembrando en su corazoncito una de las taras psíquicas más dañinas.

El papá que comprende y perdona enseña con su ejemplo a comprender y a perdonar.

El padre que acepta sus errores inspira ánimo a su hijo para superar sus defectos.

El papá que muestra que es un ser humano como cualquiera cosechará hijos muy sanos desde el punto de vista psicológico.

 

 

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El comienzo del amor

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 20, 2008

Miles de parejas se separan. El matrimonio, como si fuera un producto de la sociedad de consumo, se convirtió en algo desechable. Tanto es así, que algunos asesores de parejas están afirmando que el amor verdadero no existe y, que por lo tanto, lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano es a tratar de vivir lo mejor posible cada una de las relaciones que tenga durante su desdichada vida…

 

Pero otros psicólogos experimentados han descubierto que la mayoría de las personas cuyos matrimonios fracasaron han confundido el amor con sentimientos o pasiones que, en muchos casos, son completamente opuestas al amor verdadero.

 

La lista de esos sentimientos o pasiones que se confunden con el amor es común a ambos sexos, pero se da con ciertas preferencias en los hombres o en las mujeres así:

 

Los varones suelen tomar por amor el atractivo sexual, la estabilidad («organizarse», dicen ellos), la imagen y el encanto de tener esposa, niñera, ama de casa y criada.

 

Ellas, por su parte, suelen confundir más el amor con el hecho de sentirse amadas, halagadas, aduladas; tener un hogar, un buen marido —cariñoso, detallista— y unos hijos…

 

Pero lo que a ambos les resulta fácil entender erróneamente como amor (desde el punto de vista estadístico) es recibir el cariño que no han tenido en su infancia: las carencias afectivas se hacen evidentes al encontrar que alguien podría llenar ese vacío…

 

Y en donde cada uno busca su propia satisfacción es imposible que perdure una relación: al primer asomo de los errores del otro (que nunca faltarán) sobrevendrá la decepción.

 

El primer paso del amor verdadero no es sentir, sino trabajar útilmente en la felicidad de la persona amada: nada le importa a uno más que hacerla feliz.

 

Amar es luchar y trabajar por su felicidad, todo lo demás se posterga: metas personales, ilusiones, aun las más nobles; su felicidad es mi felicidad. Y esto, si es necesario, hasta el sacrificio. En este sentido, yo me sacrifico para que ella sea feliz, y este sacrificio es la prueba de que mi amor es verdadero, la garantía de la perpetuidad y de la mutua felicidad y, por lo tanto, la de los hijos que vengan.

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Falta mucha autoestima

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

Numerosos psicólogos fueron haciendo sus presentaciones magistrales en un congreso, explicando la altísima incidencia de la baja autoestima en nuestro país, como causa de muchos de nuestros males y, basados en sus estadísticas, mostraron a los asistentes, uno a uno, los orígenes de ese padecimiento.

El primero destacó, entre las causas principales, la que ya conocíamos todos: una ausencia de amor en el hogar, especialmente por parte del padre. Efectivamente, un poco más del ochenta por ciento de los padecimientos psicológicos se producen cuando el padre no tiene contacto con sus hijos e hijas: abrazos, caricias, besos paternales, otras demostraciones de cariño, aprecio por lo que hacen, etc. Adicionó en su exposición que «contacto» es una palabra que se divide en dos: «con» y «tacto», y que esto, lejos de propiciar la homosexualidad de los hijos varones, los aleja de ese peligro, ya que no crecen con esa carencia de afecto paterno ni de figura masculina, las cuales sí inducen a reemplazar al papá que no se tuvo con otro hombre que probablemente estaba en sus mismas condiciones…

Otro investigador disertó profundamente sobre la «educación» que dan los medios de comunicación (especialmente la televisión) a los niños y a los jóvenes: los estereotipos de hombres galanes y mujeres esbeltas están, en la mayoría de los casos, alejadísimos de la realidad nacional, como también está el nivel de vida de los «héroes» protagonistas de las películas: sus posesiones, su habilidad, su suerte y la fama que siempre los rodea. En estas condiciones —decía— es imposible que el público televidente vea viables esas «metas», y su frustración alcanzará niveles altos y duraderos en sus mentes y en sus vidas, haciendo de ellos seres pusilánimes que se consideran a sí mismos incapaces de lograr los anhelos que tengan…

Un conferenciante latinoamericano explicó la incidencia de la educación que se da en los hogares de nuestros países: con más frecuencia de lo que pensamos, la mujer es considerada un objeto de placer sexual, una muchacha del servicio doméstico, una niñera o, si trabaja, una simple productora de dinero; en segundo lugar, los niños nacen, casi siempre, para que los esposos logren el anhelo de ser padres, no para ser amados, lo que significaría que sus padres dedicarían todos sus esfuerzos para hacerlos felices, no a «realizarse» como padres o únicamente para darles cosas materiales, como ahora se ve; en tercer lugar, lo que ahora los padres promueven más con sus palabras es que las personas valen por la fortuna económica que posean: «a fulano le ha ido muy bien, ya tiene casa, finca, dos buenos carros, viaja con frecuencia…». Todo esto anula —según este psicólogo— el valor intrínseco de la persona humana, y lo reduce a la altura de una cosa útil o inútil, de manera que ya no posee autoestima si no «produce» cosas materiales…

Y —agregó— a los niños no se les presta la atención debida; no se les dedica el tiempo necesario para educarlos (dejan esa responsabilidad a los colegios); los padres no comparten con ellos los sentimientos, ni las dichas ni las desdichas, ni los triunfos ni los fracasos… «Ellos no entienden», suelen decir; muy pocos padres saben quiénes son los mejores amigos de sus hijos, cuáles son sus juegos preferidos, sus ilusiones, sus metas, sus proyectos…

Pero lo que realmente produjo estupor fue la participación del último orador: sus palabras fueron cortas pero incisivas y consistentes: «¿Podrá tener autoestima un niño que oye decir casi todos los días que no hay que tener tantos hijos, que hoy ya no se puede, que una familia de tres hijos es ya muy grande, que el mundo se está llenando y que ya no cabemos, que si seguimos así faltarán los alimentos, que hay que ser inteligentes y racionalizar los hijos…? Esos niños pensarán que son solamente estorbos.»

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¡Angustia!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

Aflicción, congoja, ansiedad, temores opresivos, aprietos, situaciones apuradas, sofoco, dolor, sufrimiento… ¿No es verdad que estos sinónimos parecieran estar describiendo muchos momentos de nuestras vidas?

 

Es por eso que —en medio de las crisis económicas— los centros de meditación trascendental, yoga, adivinación, astrología, Nueva era, esoterismo y todas las «nuevoterapias» están tan boyantes hoy día. Y es por eso que los únicos profesionales de la salud que no están con crisis económica son los psiquiatras y los psicólogos. La gente busca salidas a su situación…

 

La gente busca lo que no buscó ni encontró cuando era joven: respuestas a las preguntas más trascendentales de la vida. ¿De dónde vengo? ¿Qué viene después de la muerte? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿Por qué existen el dolor, la enfermedad y la muerte?…

 

¿Será posible vivir sin responder estas preguntas? Vivir es distinto a sobrevivir: no saber la razón de ser de la vida, para qué levantarse de la cama todos los días, por qué luchar…

 

Resulta dramático descubrir que la vida maneja a quienes no se han planteado esas preguntas trascendentales o no las han respondido, poniéndolos a trabajar para buscar sus falsos estereotipos de felicidad: el placer, el tener, el poder, la fama…

 

Se les pregunta si son felices, y ni siquiera se atreven a encarar valientemente la pregunta y sus posibles respuestas; y terminan buscando por fuera lo que está dentro de sí mismos, trayendo angustia a sus vidas.

 

Y esa superficialidad de vida no se da solamente en el plano personal sino que, obligatoriamente, se lleva a la vida familiar, laboral y social. Y en estos ambientes también crece la angustia.

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