Saber vivir

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Piensa mal…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 7, 2008

«Piensa mal y acertarás»

¡Qué máxima tan mínima!

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La infelicidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 19, 2008

Tras muchos años de investigación científica sobre el estrés, y con la experiencia de atender miles de personas que consultan para encontrar algo de felicidad en sus vidas, se pudo establecer una respuesta a las preguntas más frecuentes sobre la infelicidad:

¿Por qué sufrimos? ¿Cómo aparece la depresión?

¿Por qué discutimos acaloradamente? ¿por qué peleamos? ¿De dónde nace el sentimiento de la envidia? ¿Por qué sentimos odios? ¿Por qué sentimos ira? ¿Qué nos enfurece?

¿Cómo se acaban las amistades? ¿Por qué fracasan los matrimonios, las sociedades…?

¿Cuál es la causa de este estrés moderno que no nos deja?

Y como se dedujo de la investigación, la soberbia es la causa de todos esos males.

El Diccionario de la lengua española define con exactitud esta palabra: «Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros» y «Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás».

Pero son muchas las formas que toma la soberbia: el orgullo, es decir, arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, a veces disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas; la presunción, es decir, vanagloriarse, tener alto concepto de sí mismo; además, hay otras innumerables figuras de la soberbia, que ocasionan daños a nosotros mismos, a nuestros seres queridos y a los demás seres que pueblan el mundo en que vivimos.

¿Y el remedio? La humildad, que es la virtud del que conoce sus limitaciones y debilidades y obra de acuerdo con este conocimiento.

No se trata de esa humildad de la que hablan a veces, cuando se refieren a quien tiene bajezas (de nacimiento o de otra cualquier especie). Tampoco es sumisión ni rendimiento, como se suele utilizar este vocablo.

Es ser conscientes de nuestra igualdad con todos los demás seres humanos quienes, con otras virtudes y defectos diferentes a los nuestros, luchan por encontrar algo de felicidad en esta vida.

Y esta actitud nos pone frente a los demás como lo que somos, y nos hace verlos como lo que son: seres limitados y necesitados de los demás… ¡Como nosotros!

Sufrimos más que todo porque se nos olvida eso, precisamente: que todos tenemos errores y con esos errores buscamos la felicidad…, y que todo sería más fácil si nos ayudáramos unos a otros.

Por eso discutimos acaloradamente y peleamos, por eso nace el sentimiento de envidia y por eso odiamos.

Por eso se acaban las amistades, los matrimonios…

Ese estrés moderno nos dejará cuando recordemos que todos sufrimos y que todos anhelamos lo mismo.

 

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La dieta perfecta

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 16, 2008

 

Estudiar al ser humano hace saber que ciertas costumbres arraigadas en algunas culturas y sin sustento científico demuestren ser del todo inadecuadas, para la vida en general. Es el caso del vegetarianismo:

 

Los molares y los premolares de los animales carnívoros tienen cúspides altas y surcos profundos, mientras que los de los herbívoros los tienen casi planos. Al observar los dientes posteriores de los humanos, cualquiera puede percatase de que se trata de dientes con cúspides más altas y surcos más profundos que los de los animales herbívoros, esto es, están hechos para ambos tipos de alimentación: herbívora y carnívora.

 

Por otra parte, los movimientos mandibulares de los animales herbívoros son laterales, es decir, su mandíbula se mueve desde los lados hacia el centro; en los carnívoros la mandíbula se mueve de arriba abajo en forma vertical, sin componente horizontal. Aun cuando el hombre realiza también pequeños movimientos laterales, sus movimientos son más parecidos a los de los animales carnívoros: su componente vertical es mayor.

 

Si se tiene en cuenta que —salvo algunos raros casos— solo los animales carnívoros tienen dientes caninos y que, por el contrario, la mayoría de los animales herbívoros no los poseen, se deduce que el ser humano es también carnívoro.

 

Otro aspecto que se suele olvidar es que la vitamina B12 solo se encuentra en forma natural en la carne.

 

El hombre, por supuesto, es también herbívoro: su intestino es apto para ese tipo de alimentación y, como se verá más abajo, los alimentos de origen vegetal son indispensables en la dieta humana.

 

Precisamente por esa longitud de los intestinos delgado y grueso, el ácido úrico se puede acumular con la ingestión alta de carnes rojas. Por eso algunos recomiendan más las blancas: pescados, mariscos, pollo, cordero, conejo y otras. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el hierro aportado por las carnes rojas (80 a 70 % del requerido) es mucho más que con el que pueden contribuir los productos vegetales (20 a 30 %). Esto, unido a los problemas de deficiencia en vitamina B12, obliga a los vegetarianos a recibir suplementos preparados de ambos: hierro y vitamina B12.

 

Pero lo que sí debe desecharse del léxico es el término: “buena alimentación”, cuando lo que se quiere decir es: “mucha alimentación”. Es increíble, pero verdadero, que se encuentren personas obesas y desnutridas; su alimentación no es completa, aunque sí es exagerada.

 

La mayoría de las personas conoce la clasificación de los alimentos:

 

I.                   Agua y minerales

II.                Enzimas y vitaminas

III.             Proteínas

IV.             Carbohidratos

V.                Lípidos (grasas)

 

Pero la clasificación más aceptada hoy por los nutricionistas es según su función:

 

I.                   Formadores

A.                De masa celular y muscular

Son las proteínas de origen animal y vegetal. Las primeras se encuentran principalmente en las carnes (de cualquier color), en los lácteos (leche, kumis, yogur y quesos) y en los huevos. Y las de origen vegetal están especialmente en las leguminosas (fríjol, garbanzos, lentejas, etc.), aunque otros vegetales también las poseen.

B.                 De masa ósea

Se encuentran primordialmente en los lácteos.

C.                Del sistema hematopoyético (glóbulos rojos, blancos y plaquetas)

Están en las vísceras (hígado, riñón, intestinos, corazón, pulmones, molleja, etc.) y en las carnes rojas: aquí está precisamente el principal aporte de hierro y de vitamina B12.

 

II.                Vitalizadores

A.                Vitaminas en frutas y verduras

B.                 Minerales en frutas y verduras

C.                Fibra en frutas y verduras.

Está demostrado que la fibra vegetal disminuye el colesterol, la glicemia aumentada, el cáncer de colon, las hemorroides y el estreñimiento.

D.                Agua

Es este uno de los elementos más importantes del cuerpo humano (el 80% de su peso). Su ingestión diaria es indispensable. Se ha dicho siempre que 8 vasos de agua es lo ideal; sin embargo, ese volumen incluye los jugos, las sopas y otros líquidos que se ingieran; si se toma líquido en exceso se recargaría inútil y peligrosamente a los riñones.

Otro error del que hay que salir es creer que tomar mucha agua adelgaza, porque el agua no es capaz de desplazar ni de hacer eliminar la grasa.

 

III.             Energéticos

A.                Cereales

B.                 Pastas

C.                Tubérculos

D.                Plátanos

E.                 Harinas

F.                  Azúcares

G.                Grasas

En los niños su consumo es indispensable; por el contrario, en los adultos, la grasa debe disminuirse dramáticamente, si bien no eliminarse, porque es indispensable para la regulación térmica del individuo, como amortiguador en casos de trauma (golpes, accidentes, etc.) y, lo que es más importante, transporta las vitaminas liposolubles: la vitamina A, presente en los bastoncillos del ojo y por lo tanto útil en la visión; la vitamina D, que previene la osteoporosis y el raquitismo; la vitamina E, presente en los tejidos, previene las descamaciones de la piel, algunos tipos de esterilidad, la caída del cabello y otras enfermedades; y la vitamina K, que representa  un papel muy importante en los procesos de coagulación de la sangre.

Otro aspecto de las grasas es si su procedencia es animal, (saturadas), o vegetal (casi todas poliinsaturadas). Las primeras, al ser ingeridas en exceso, propician la aterosclerosis, causa de infartos, que es una de las principales causas de muertes en el mundo.

Por último, debe recordarse que hay 2 tipos de colesterol: el Ligth Density Lipoprotein (LDL), llamado hoy “malo” y el High Density Lipoprotein (HDL), llamado “bueno”, porque todas las membranas celulares tienen y necesitan colesterol (en los vasos sanguíneos, por ejemplo). Además, algunas hormonas también lo necesitan.

 

En las dietas debe tenerse siempre en cuenta que un gramo de proteínas tiene aproximadamente 4 calorías; uno de grasas, 9; y uno de carbohidratos, 4.

Las dietas deben hacerse de manera que las proteínas que ingiere el individuo den entre el 10 y el 15% de las calorías; las grasas, entre el 28 y el 30%; y los carbohidratos, entre el 55 y el 60%.

 

Los especialistas en nutrición aconsejan aprenderse la sigla CESA, con el fin de hacer cesar las malas costumbres en alimentación. Su significado es el siguiente:

 

Toda alimentación debe ser:

C

 

ompleta,

 

E

 

quilibrada,

 

S

 

uficiente, en cantidad y en calidad, de acuerdo con la edad, sexo y actividad y

 

A

 

decuada a la fisiología o patología del individuo (no es la misma para la diabetes, embarazo, lactancia o un deportista).

 

 

La dieta perfecta para adelgazar

Una forma racional para disminuir de peso, sin pasar hambre

 

Alimentos que engordan demasiado

(No comer nunca)

 

·        Chicharrón, tocineta, salchichón, cábanos, salchichas, etc.

·        Grasa de las carnes (rojas o blancas),  y pellejo del pollo o pescado

·        Huevos fritos, revueltos o “pericos”

·        Papa frita

·        Carnes (de cualquier color) fritas

·        Plátano frito

·        Tortillas (aunque sean de verduras)

·        Cualquier cosa preparada con aceite de origen animal, grasa o mantequilla

·        Crema de leche

·        Pasabocas (chitos, papas, besitos, etc.)

·        Quesos amarillos

·        Arepas con mantequilla o aceite

·        Hamburguesas

·        Sardinas, atún y mariscos enlatados en aceite

 

Alimentos que engordan mucho

(Comer una sola porción únicamente los domingos)

 

·        Todos los alimentos preparados con margarinas o aceites vegetales

·        Leche entera

·        Jamón de cerdo

·        Postres

·        Natillas

·        Pudines

·        Flanes

·        Tortas

·        Dulces (caramelos)

·        Bizcochos

·        Chocolate

·        Chicles

·        Salsas para las verduras

·        Roscón y mojicón

·        Tamales

·        Pizza

·        Pastas y lasañas

·        Pan

·        Arepa sin mantequilla, aceite o margarina

 

Alimentos que engordan moderadamente

(Comer sólo sábados y domingos, en dosis normales)

 

·        Papas no fritas

·        Jamón de cordero

·        Leche semidescremada

·        Yogur sin endulzar y kumis

·        Yuca

·        Arracacha

·        Avena

 

Alimentos que en dosis moderadas no engordan

(1 ó 2 porciones diarias)

 

·        Huevos duros o tibios

·        Arroz

·        Cereales sin azúcar (Corn Flakes, Fresi Crispis…)

·        Leguminosas (lentejas, maíz, frijoles, garbanzos, etc.)

·        Maní, cacahuetes, almendras…

·        Aguacate

·        Los alimentos llamados “dietéticos”, como postres y otros

·        Pan integral

·        Café

 

Alimentos que no engordan

(Se pueden comer todos los días, en cualquier cantidad)

 

·        Todas las demás frutas sin endulzar y sin crema de leche

·        Pescados, carnes y aves sin el pellejo, cocinados sin grasa

·        Sardinas, atún y mariscos enlatados en agua

·        Todas las verduras verdes, amarillas y rojas (tomate, lechuga, acelgas, zanahoria, etc.), siempre que se ingieran sin salsas

·        Queso blanco

·        Leche descremada (puede ser en té, café o sola)

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Gritar o emplear la fuerza física*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 14, 2008

Gritar o emplear la fuerza física es propio de los que creen débiles sus argumentos

o de los que no tienen la razón.

La fuerza de los argumentos es intrínseca.

La verdad no necesita ser defendida,

se sostiene por sí sola.

El hombre que está seguro de su poder

no siente la necesidad de demostrarlo

porque conoce su fortaleza,

pero jamás se aprovecha de ella.

Anónimo

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El placer*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 25, 2008

El ser humano es incomprensible, enigmático e indescifrable porque está empastado de ambigüedad, frecuentemente desconcertante. Busca apasionadamente la felicidad y lleva una vida de tensión y de vértigo; desea la paz y vive en la guerra cotidiana; anhela plenitud y se contenta con una felicidad instantánea.

En la sociedad actual se ha suplantado la felicidad por el placer, que se le ha elevado a valor supremo. El placer como fin y meta del hombre cotidiano. El placer se ha convertido en estilo de vida, de propaganda y de negocio, incluso en ética y en cultura. La gran masa vive aquello que decía Nietzsche: ‘La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche’, sin pensar ni proyectar en otra forma de vida diferente.

Sin embargo, cuanto más se busca el placer más se encuentra con la tristeza. No le faltaba la razón a Pascal cuando decía que los que más se divierten son precisamente los que más se aburren.”

 

 

José Antonio Merino

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El arte de soterrar

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 18, 2008

 ¡Qué hermoso es encontrar personas sinceras! Sin caer en imprudencias o impertinencias, sin ser duros o agresivos, recordando siempre la caridad y el respeto para con los demás, dicen siempre la verdad, usan siempre la verdad y profesan siempre la verdad.

 

En cambio, cuánto nos molestan los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el arte de disimular…

 

¿Por qué no decir las cosas directamente, con franqueza? ¿Qué se pretende cuando se intenta hacer que una cosa parezca distinta de lo que es con simulación, engaño o apariencia?

 

¿Qué se gana cuando se dice algo para no significar explícita o claramente una cosa, y darla, sin embargo, a entender?

 

¿Sirve de algo representar cosas, fingiendo o imitando lo que no es?

 

¿Con qué fin se disimula para disfrazar u oscurecer la verdad?

 

¿Para qué encubrir con astucia las verdaderas intenciones? ¿Por qué disfrazar u ocultar cosas, para que parezcan distintas de lo que son?

 

Soterrar significa eso: esconder una cosa de modo que no aparezca. Y eso es lo que algunos acostumbran hacer, cuando no quieren decir lo que piensan directamente y sin tapujos.

 

El «arte» de soterrar, entonces, es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan.

 

También es evidente que ser hipócrita es mentir; entre otras cosas porque no hay peor mentira que una verdad a medias.

 

Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

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Algunas virtudes

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 11, 2008

Se definen, a continuación, algunas de las virtudes a las que debe acceder todo ser humano, si quiere realizarse como tal.

 

à     Abnegación: sacrificio que se hace de la voluntad, de los afectos o de los intereses, generalmente por amor.

à     Afabilidad: ser agradable, dulce, suave en la conversación y el trato.

à     Alegría.

à     Apacibilidad: ser manso, dulce y agradable en la condición y el trato; de buen temple, tranquilo, agradable.

à     Aprovechamiento del tiempo.

à     Benevolencia: simpatía y buena voluntad hacia las personas.

à     Bondad: natural inclinación a hacer el bien, apacibilidad de genio.

à     Compasión: sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.

à     Comprensión: facultad, capacidad o perspicacia para entender a las personas.

à     Constancia: firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos.

à     Cortesía: atención, agrado, urbanidad, comedimiento.

à     Decoro: circunspección, gravedad; pureza, honestidad, recato; honra, pundonor, estimación.

à     Delicadeza: finura, atención y exquisito miramiento con las personas o las cosas, en las obras o en las palabras; ternura, suavidad.

à     Devoción: amor, veneración y fervor religiosos; prontitud con que se está dispuesto a hacer la santa voluntad de Dios.

à     Discreción: sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar; don de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad; reserva, prudencia, circunspección.

à     Ecuanimidad: igualdad y constancia de ánimo; imparcialidad de juicio.

à     Elegancia.

à     Equidad: bondadosa templanza habitual; propensión a dejarse guiar, o a decidir algo, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley.

à     Espíritu de servicio.

à     Fidelidad: lealtad, observancia de la fe que uno debe a otro.

à     Generosidad: inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés; largueza, liberalidad; valor y esfuerzo en las empresas arduas.

à     Honestidad: decencia o decoro; el que es recatado, pudoroso; razonable, justo; probo, recto, honrado.

à     Honorabilidad: el que es digno de ser honrado o acatado.

à     Laboriosidad: aplicación al trabajo.

à     Lealtad.

à     Magnanimidad: grandeza y elevación de ánimo.

à     Obediencia a las leyes de Dios y de las autoridades competentes.

à     Optimismo: propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.

à     Paciencia: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse; capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas; facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

à     Perseverancia: mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión; constancia en la virtud y en mantener la gracia hasta la muerte.

à     Perspicacia: penetración de ingenio o entendimiento.

à     Prudencia: capacidad para discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello; templanza, cautela, moderación; sensatez, buen juicio.

à     Puntualidad: cuidado y diligencia en hacer las cosas a su debido tiempo.

à     Reciedumbre: fuerza, fortaleza o vigor.

à     Rectitud de intención.

à     Rectitud: recta razón o conocimiento práctico de lo que debemos hacer o decir.

à     Religión: virtud que nos mueve a dar a Dios el culto debido.

à     Respeto: veneración, acatamiento que se hace a uno; miramiento, consideración, deferencia.

à     Sagacidad: virtud del que es avisado, astuto y prudente, que prevé y previene las cosas.

à     Sencillez: que no tiene artificio ni composición; que carece de ostentación y adornos.

à     Sensatez: prudencia, cordura, buen juicio.

à     Simpatía: modo de ser y carácter de una persona que la hacen atractiva o agradable a las demás.

à     Sinceridad: veracidad, modo de expresarse libre de fingimiento.

à     Sobriedad: templanza, moderación.

à     Suavidad: el que es tranquilo, quieto, manso; moderado; dócil, manejable o apacible.

à     Tenacidad: el que es firme, porfiado y pertinaz en un propósito.

à     Ternura: virtud del que es afectuoso, cariñoso y amable.

à     Tolerancia: respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras.

à     Tranquilidad.

à     Valentía.

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Las tres rejas*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 28, 2008

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de este y le dice:

 

–Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia…

 

–Espera —lo interrumpe el filósofo—, ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

 

–¿Las tres rejas?

 

–Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

 

–No. Lo oí comentar a unos vecinos.

 

–Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

 

–No, en realidad no. Al contrario…

 

–¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

 

–A decir verdad, no.

 

–Entonces —dijo el sabio sonriendo— si no es verdadero ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

 

 

Anónimo

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El tener hipotecó al ser*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Se han impuesto la consigna y la voluntad de producir más para consumir más, y consumir más para que la producción no cese, sino que aumente. Tan pronto como se satisfacen unas necesidades, se estimulan y se crean unas nuevas. En la medida en que se satisfacen las necesidades estimuladas se van creando y elevando otras aspiraciones en el propio nivel de vida. Así se impulsan las ansias de bienestar y los deseos de una vida cómoda.

Los nobles esfuerzos humanos por superar la miseria, la pobreza y tantas limitaciones materiales del pasado, se han transformado en una espiral ilimitada de necesidades en los consumidores y de estímulos en los productores y propagandistas. Pero en la escala de la felicidad no siempre están más altos en felicidad los que más tienen y los que más consumen. El malestar del bienestar se ha hecho evidente. Y precisamente entre las clases más habituadas al consumo ha crecido un claro sentimiento de aburrimiento, de hastío y de cansancio vital.

Nos alimentamos de todo sin importarnos mucho de qué. Lo que interesa es tener sensaciones nuevas y estar satisfechos. El consumismo se ha convertido en un estilo de vida, en una aventura frenética y en una sed insaciable de devorar lo que sea: cosas, objetos, personas, valores, libros, tiempo, ideas, imágenes y manías. El hombre de la sociedad desarrollada, hostigado por la propaganda, es un ser que consume cada vez más y con mayor rapidez, pero sin la capacidad de disfrutarlo. Y con el consumo de las cosas y de los objetos, se consume también la propia vida.

Se vive suave y pacíficamente una esclavitud sublimada. Se vive con una conciencia feliz porque los sentidos están satisfechos y los egoísmos saturados.

El consumismo crea una cultura de experiencia sensible inmediata y del disfrute instantáneo y favorece una psicología del “fast food”, del consumo rápido, incidiendo en las relaciones del hombre con las cosas y en la misma manera de interpretarse y valorarse la persona humana. A veces cuando menos es el individuo tanto más necesita tener y demostrar que tiene para tapar y suplir las propias limitaciones y las ausencias personales.

 

José Antonio Merino

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¿Tenemos más o tenemos menos?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

 

v Tenemos más compromisos, pero menos tiempo

v Tenemos más medicinas, pero menos salud

v Queremos casas más grandes, pero familias más chicas

v Hemos multiplicado nuestros deseos de fortuna, pero hemos reducido nuestros valores

v Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado

v Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para conocer a nuestro vecino

v Hemos conquistado el espacio exterior, pero no el interior

v Llegamos a tiempos de más libertad, pero tenemos menos alegría

v Son épocas de más comida, pero de menos nutrición

v Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios

v Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos

v Tenemos mayores ambiciones materiales, pero menos moral

 Anónimo

 

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Psicología*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

PSICOLOGÍA (antigua pero todavía valedera)

Características más comunes

 

Hay tres características principales, con las cuales se hace la clasificación de la personalidad de cada individuo. Son estas lo emotivo o no emotivo; lo activo o pasivo; y lo primario o secundario. Ninguna se considera buena o mala, son simplemente diferentes maneras de ser, lo que hace tan enriquecedor y variable el trato entre los seres humanos.

 

Emotivo:

Sensible a las emociones. Que, ante un evento positivo o negativo, reacciona expresándolo con emoción. La emoción es un estado de ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que se traducen en gestos, actitudes u otras formas de expresión.

El individuo no emotivo puede sentir, aunque no lo exprese.

 

Activo:

Diligente. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona actuando. Aunque lo haga bien o mal, actúa.

Una persona activa puede demorarse o no en actuar y, también, que puede cometer errores, equivocarse al actuar.

 

Primario:

Rápido. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona rápido, bien expresando sentimientos, bien con hechos.

 

Secundario:

Que la reacción es más lenta.

 

Factores elementales

 

 

 

Emotivo

No emotivo

Activo

No activo

 

 

 

Primario

Locuaz

Superficial

Subjetivo

Alegre

Acomodadizo

Hábil

Astuto

Extravertido

Complaciente

Poco sensible al peligro

Presencia de espíritu

No acepta el fracaso

Tendencia a la mentira

Feliz de vivir

Negligente

Despilfarrador

Deseo

Actúa en todo de palabra

 

 

 

 

Secundario

Introvertido

Excusado

Remordimien-tos

Mentiroso

Solapado

Falta de valor físico

No fervoroso

Automatismo de actos

Fiel

Justo

De principios

Hacia el pensamiento abstracto

Poco activo y eficaz

Capacidad de organización

Puntualidad

Sentido social

Trabajo regular

Coherente

Escrupuloso

Introvertido (soledad)

Resistencia pasiva

Se desalienta rápido

 

Activo

Pronto

Afiebrado

Juegos violentos

No hábitos

Buen humor

Mando

Empujones

No afectivo

Animoso

Objetividad

Habilidad manual

Atento

Perseverante

 

 

 

 

 

No activo

Miedo a la acción

Fatalista

Soñador

Sublimación de deseos

Distraído

Celoso

No esfuerzo

Indiferente

Sin iniciativa

Egoísmo

Sujeto a las necesidades orgánicas

 

 

 

 

 

Indicaciones para las conjugaciones más comunes

 

Apasionado: emotivo, activo y secundario.

Necesita convicciones razonadas y reflexivas.

Toma muy en serio lo que se le dice: la orientación ha de ser prudente y discreta.

Debe compartir los entretenimientos, las alegrías y las penas para disminuir su introversión.

Exigirle buenos modales.

Hacerlo consciente de la necesidad y de la obligación de perdonar y olvidar ofensas.

 

Colérico: emotivo, activo y primario.

Evitar la violencia y animarlo con simpatía en el esfuerzo.

Combatirle la inconstancia y desarrollarle el esmero y la perfección.

Evitarle la precipitación y cultivarle la autocrítica.

La formación moral y religiosa puede contrarrestar su afán de emociones y novedades que le resultarán nocivas.

 

 

 

 

Flemático: no emotivo, activo y secundario

Habituarlo a la flexibilidad, comprensión y transigencia.

Evitarle la desmesurada importancia al deber.

Favorecer su confianza para provocar su exteriorización y abrir sus horizontes.

Evitarle la obstinación y favorecerle la sociabilidad.

 

Sanguíneo: no emotivo, activo y primario

Evitar el egoísmo con ideales de abnegación y generosidad.

Establecer prioridad de lo intelectual sobre las necesidades prácticas u orgánicas.

Controlar el trabajo esmerado y acabado.

Desarrollar la reflexión y la autocrítica.

Inculcarle convicciones profundas para contrarrestar su natural debilidad e inconstancia.

 

Nervioso: emotivo, no activo y primario.

Se aconseja con benevolencia, comprensión y paciencia, pero con energía y constancia.

Crearle una mayor ponderación; que piense antes de obrar, que ejercite la autocrítica y actúe con constancia y esmero.

Vigilar sus amistades en los períodos críticos

 

Sentimental: emotivo, no activo y secundario.

Darle comprensión y confianza, para hacerlo abierto y alegre.

Intelectualizarlo y favorecer la sociabilidad, evitando la melancolía y el pesimismo.

Animarlo, exagerando sus éxitos para aumentar sus energías.

Buscar el lado positivo.

La inclinación a la vida sobrenatural despierta su voluntad.

 

Apático: no emotivo, no activo y secundario.

Alentarlo y estimularlo.

Ayudarlo en su expansión y sociabilidad.

Evitar o reducir “lo del pasado” que lo hace pesimista y melancólico.

Animarlo y estimularlo, antes que reprenderlo o castigarlo.

 

Amorfo: no emotivo, no activo y primario.

Hacerle conocer sus defectos y posibilidades.

Dirigir y controlar sus actividades cotidianas con interés renovado.

Formar hábitos y vigilar sus amistades.

 

 

Variables o subtipos

 

Las conjugaciones más comunes no son, como se podría pensar, puras; esto es, apasionado puro, flemático puro, nervioso puro… Los tipos “puros” son apenas el 40% o el 45% de los individuos, los demás tienen variables que se pueden agrupar como se ve a continuación. Las equis muestran las variables, teniendo en cuenta que, al subir, la característica correspondiente se hace un poco más evidente y lo contrario al bajar.                                         

 

 

 

Apasionado

E    A    S

 

  x     x     x

 

Colérico

E    A    P

 

  x     x     x

Flemático

nE    A    S

 

   x     x     x

Sanguíneo

nE    A    P

 

   x     x     x

Sentimental

E    nA    S

 

  x     x     x

Nervioso

E    nA    P

 

  x     x     x

Apático

nE    nA   S

 

   x     x     x

Amorfo

nE    nA   P

 

   x     x     x

 

          x    

=x            x

 

  Impetuoso

 

 

=x     x      

                x

 Apasionado

 

   x            x

=        x

 

  Insensible

 

                 x

= x     x

 

     Febril

 

 

=x     x

                x

 Introvertido

 

 

=x           x

         x

Indisciplinado

 

          x  

= x           x

         

 Sentimental

 

  

=        x     x

   x          

   Nervioso

 

 

=x

          x     x

    Inquieto

 

                x

=x  

         x

  Aventurero

 

          x

= x

                 x

    Estricto

 

                    

= x                   

          x     x

     Medio    

 

                x    

=x     x               

                   

      Duro

 

         x           

=x           x         

                

  Depresivo  

 

                    

= x           x        

          x         

   Flemático

 

                    

= x            x       

          x         

  Sanguíneo

 

 

=       x     x

  x

   Flemático

 

 

=x            x

         x  

   Nervioso

 

   x                 

=               x     

          x          

    Apático

 

   x               

=                    

          x     x     

     Agudo

 

                    

=       x     x        

  x   

    Apático

 

                    

=x           x

         x

   Colérico  

 

                    

= x     x              

                x   

    Amorfo

 

                    

=        x            

   x            x    

 Sentimental

 

 

=x            x

         x

 Sentimental

 

 

=       x     x

  x

  Sanguíneo

 

                    

= x     x             

                 x

  Sanguíneo

 

                   

=        x     x

   x                 

   Colérico

 

                     

=x     x               

                x

   Nervioso

 

                    

=       x    x         

  x                 

    Amorfo

 

                    

                    

                   

 

 

   x     x     x      

=                    

                  

     Radical

 

 

 

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La paradoja de nuestro tiempo es que…*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

…gastamos más, pero tenemos menos

…compramos más, pero disfrutamos menos

…tenemos más compromisos, pero menos tiempo

…poseemos más conocimiento, pero menos criterio

…poseemos más títulos, pero menos sentido común

…hay más expertos, pero más problemas

…disponemos de más medicinas, pero menos salud

…tenemos autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos

…hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores

…llegamos a la luna, pero no cruzamos la calle para conocer al vecino

…conquistamos el espacio exterior, pero no nuestro interior

…hemos aumentado la cantidad, pero hemos disminuido la calidad

…tenemos más comida, pero menos nutrición

…llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios

…se ven casas más lindas, pero también más hogares rotos

…nos preocupamos por la polución del aire, pero no por la de nuestras almas

…buscamos mayores ingresos, pero no la moral

…hay mucho qué mostrar por fuera, pero poco por dentro

…hablamos mucho, pero escuchamos poco

…buscamos que nos comprendan, pero no comprendemos a los demás

…vemos que falta el amor, pero no nos amamos

…corremos mucho, y no sabemos para qué

…aprendimos a sobrevivir, pero no a vivir

 

Anónimo

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Los demás*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Somos jueces mezquinos

del valor de los demás;

pero no permitimos

que nos juzguen los demás.

 

Nuestro tiempo es valioso

pero no el de los demás;

nuestro espacio, precioso,

mas no el de los demás.

 

Nunca estamos conformes

del quehacer de los demás:

los errores son tiestos

qué tirar a los demás;

los aciertos son nuestros,

y jamás de los demás.

 

Las verdades ofenden

si las dicen los demás;

las mentiras se venden

cuando compran los demás.

 

Condenamos la envidia

cuando envidian los demás;

pero lo nuestro es análisis

que no entienden los demás.

 

Nos pensamos pilotos

del andar de los demás;

donde estemos nosotros,

que se aguanten los demás.

 

Cada paso es un intento

de pisar a los demás.

Cada vez más es violento

el portazo a los demás

Y vivimos a solas,

sin pensar en los demás,

como lobos hambrientos,

acechando a los demás,

convencidos de que son

nuestro alimento los demás.

 

Seres pluscuamperfectos

con respecto a los demás;

olvidamos que somos

los demás de los demás:

que tenemos el lomo

como todos los demás,

que llevamos a cuestas

–unos menos, otros más–

vanidad y nostalgia

como todos los demás.

 

Apagamos la Luz

que por amor a los demás

encendió en una cruz

el que murió por los demás.

 

Nos hacemos los sordos

cuando llaman los demás,

“porque es tontería

escuchar a los demás”.

 

Porque son ataduras

comprender a los demás,

caminamos siempre a oscuras

sin pensar en los demás.

 

Y tildamos de manía

el amor por los demás.

 Anónimo

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Le habían enseñado a pensar*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: “Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.” El estudiante había respondido: “Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.”

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí 6 minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado 5 minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirlo y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: Toma el barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, mide el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la fórmula altura = 0,5 por g por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio.

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. “Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?

“Sí, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero

también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de presesión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras.

Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje.

Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.”

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares distintos nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarlo a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que le habían enseñado a pensar. Lo que no es poco.

 

Anónimo

 

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Buscar la felicidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Si buscas la felicidad, no la hallarás; búscasela a otro y se habrirá la puerta de tu felicidad

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La felicidad se duplica*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Dos hombres, ambos seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse en su cama durante una hora cada tarde, para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba junto a la única ventana del cuarto. El otro hombre debía permanecer todo el tiempo en su cama tendido sobre su espalda.

 

Los hombres hablaban por horas y horas. Hablaban acerca de sus esposas y familias, de sus hogares, de sus trabajos, su servicio militar, de cuando habían estado de vacaciones… Y cada tarde, el que estaba en la cama cercana a la ventana y podía sentarse, se pasaba el tiempo decribiéndole a su compañero de cuarto las cosas que podía ver desde allí. El hombre de la otra cama, en esos pequeños lapsos de una hora, sentía como si su mundo se agrandara y reviviera por toda la actividad y el calor del mundo exterior.

 

El hombre de la ventana hablaba desde la ventana de un hermoso lago, cisnes, personas nadando y niños jugando con sus pequeños barcos de papel. Jóvenes enamorados caminaban abrazados entre todos los colores del arco iris. Grandes y viejos árboles adornaban el paisaje, y una ligera vista del horizonte en la ciudad podía divisarse. Como describía todo esto con exquisitez de detalle, el hombre de la otra cama podía cerrar sus ojos e imaginar tan pintorescas escenas. Una cálida tarde de verano, el hombre de la ventana le describió un desfile que pasaba por ahí. A pesar de que no podían escuchar a la banda, el otro enfermo podía ver todo en su mente, pues el caballero de la ventana le representaba todo con palabras muy descriptivas.

 

Días y semanas pasaron. Un día, la enfermera de la mañana llegó a la habitación llevando agua para el baño de cada uno de ellos, y descubrió el cuerpo sin vida del hombre de la ventana; había muerto tranquilamente en la noche mientras dormía. Se entristeció mucho y llamó a los dependientes del hospital para sacar el cuerpo.

 

Tan pronto como creyó conveniente, el otro hombre preguntó si podrá ser trasladado cerca de la ventana. La enfermera se puso feliz al realizar el cambio; luego de estar segura de que estaba confortable, lo dejó solo. Lenta y dolorosamente se incorporó apoyado en uno de sus codos para tener su primera visión del mundo exterior. Finalmente iba a tener la dicha de verlo por sí mismo. Se estiró lentamente, giró su cabeza y miró por la ventana. Vio una pared blanca.

 

El hombre preguntó a la enfermera qué pudo haber obligado a su compañero de cuarto a describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le contestó que ese hombre había quedado ciego en un accidente. Ella dijo: «Quizá él solamente quería darle ánimo».

Anónimo

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¿De qué depende la felicidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

En un estudio llevado a cabo durante 12 años, se hizo esta pregunta a cerca de mil personas. No se utilizó un protocolo, sino que se hizo dentro de una conversación espontánea. Por eso, el margen de error de este estudio está entre el 7% y el 12%.

He aquí los resultados:

 

Respuesta número 1 (41 % de los entrevistados):

–Depende de si a uno le va bien en la vida: hay gente que tiene dinero… fama… y puede gozar de la vida…

 

Respuesta número 2 (29 %):

–Depende de lo que cada uno crea que es la felicidad: algunos piensan, por ejemplo, que ser feliz consiste en casarse, formar un hogar lindo, tener nietos, etc. Otros creen que hay que divertirse, tener aventuras, “pasarla bien”… Y para otros la felicidad está en otras cosas o circunstancias; si cada uno de ellos las logra, será feliz; si no, no.

 

Respuesta número 3 (15 %):

–Depende de la forma como uno asuma la vida. Hay que ser positivos: pensar lo bueno, tener fe en que las cosas van a salir bien, en que uno puede…

 

Respuesta número 4 (5 %):

–La felicidad es la paz: vivir en paz.

 

Respuesta número 5 (3 %):

–La felicidad es una armonía total, y nadie puede estar en armonía en todas las áreas. Por lo tanto conseguir la felicidad es imposible.

 

Respuesta número 6 (2 %):

–Depende de si uno ama.

 

Respuesta número 7 (1 %):

–Si uno busca la felicidad sufre. Es mejor no pensar en eso: la felicidad puede surgir repentinamente. La felicidad no es una meta qué lograr, sino un estado.

 

Respuesta número 8 (4%):

–No sabe / no responde.

 

Las respuestas anteriores muestran que la mayoría de quienes las dieron no han encontrado la verdadera felicidad.

 

El principal error radica en que suelen confundirse los vocablos “felicidad” y “alegría”. El Diccionario de la lengua española define la alegría como “Sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero o a veces sin causa determinada, que se manifiesta por lo común con signos exteriores”, significado que apunta más a momentos pasajeros.

En cambio, felicidad es el “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”.

Para entenderla bien, es necesario, entonces comprender la palabra posesión: “Acto de poseer o tener una cosa con ánimo de conservarla”; es decir, la felicidad se encamina al mantenimiento de ese estado de complacencia en el ánimo.

Pero esos bienes pueden ser variados: materiales (objetos concretos o abstractos, como la salud), psicológicos (afectos, estado del ánimo o de la emotividad, etc.) o espirituales (relación con Dios y Fe).

Entonces la felicidad podría darse en muchos campos: desde la alegría que se produce con la adquisición de un objeto cualquiera, aunque sea muy poco valioso, hasta la que se logra con la utópica consecución de todos los bienes posibles.

 

Con esto también se deduce que la verdadera felicidad es la posesión del bien mayor o más importante de todos, como se pasa a describir:

· En primer lugar, la felicidad no depende del medio ambiente externo del ser: un hombre no está feliz porque no esté lloviendo, no está feliz porque no está enfermo, no está feliz porque no tiene problemas…; su felicidad no depende de esas u otras circunstancias, todas externas.

· En segundo lugar, la felicidad tampoco depende de lograr o no los anhelos de la vida, porque a veces esos anhelos fueron dados por la cultura en la que se creció o por lo que los medios de comunicación impusieron.

Un ejemplo claro de esto es la televisión, que es la que muchas veces está formando a los niños: les dice que la felicidad se consigue con dinero, porque el placer no se logra sin dinero, sin cosas materiales. Les dice subliminalmente que la fama es uno de los valores más importantes de la vida y que quien la consiga será feliz.

Tener, placer, fama, poder… estereotipos que ciegan al hombre en su afán —velado o no— de felicidad.

La felicidad no viene de afuera, proviene de adentro.

· En tercer lugar, la felicidad es inmutable: se puede ser feliz aun ante la ausencia de bienes materiales, en presencia de la enfermedad, etc.

Esto se explica al analizar las vidas de mujeres y hombres con mucha fama, con mucho dinero, con mucho poder o que han vivido en la comodidad y el placer: se descubre en muchos de ellos un alto grado de infelicidad. Hay varios ejemplos de suicidios de aquellos a quienes se les ha dado mucho reconocimiento internacional en las artes, la ciencia, la tecnología, la política, etc.

Y —qué paradoja— a veces se encuentran seres que, viviendo en medio de las tragedias más aterradoras, muestran no solo serenidad sino una capacidad grande de aceptación y de sobreponerse a las adversidades con renovado vigor y esperanza…

Es frecuente encontrar muchos que se ocupan más en los demás que en sí mismos. Precisamente en estos últimos se puede descubrir un constante sentimiento de felicidad, actitud que nunca deja indiferentes a quienes los conocen: atraen con su ejemplo e invitan a seguirlo.

 

Ahora, ¿cómo hacer brotar la semilla de la felicidad?

1. Tener una conciencia clara del destino al cual uno está llamado. Y, por lo tanto, buscar vivir en armonía con el Creador, con el cosmos (incluidos los demás) y consigo mismo (armonía interior).

2. Esto implica vivir muy bien la propia religión: primero, tener la certeza absoluta de que esa es la religión verdadera y, segundo, buscar coherencia entre esa religión y lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

3. Iniciar un diálogo con Dios (no monólogo), para ir descubriendo la razón de ser de la vida personal: de dónde vengo, para dónde voy y qué vine a hacer en esta tierra.

4. Contestada esa trascendental pregunta se hace aún más obligado hacer, decir y pensar en consecuencia: que todos los actos, las palabras y los pensamientos tengan el mismo objetivo.

5. El resultado de vivir estos 4 pasos es una condición estable en la relación personal con Dios, una condición estable en la relación personal con los seres animados e inanimados y una condición interior estable. Así, el estado del ánimo ya no va a depender de las condiciones externas.

6. Si bien es verdad que el que no busca no encuentra, también es verdad que todo el que busca la felicidad propia será siempre infeliz.

Pero el que la trata de dar la felicidad a los demás (aunque sea a uno solo) se encaminará, sin quererlo directamente, por la senda acertada de la dicha total, inmutable e imperecedera: no hay nada que pueda hacer tan feliz a un ser humano como deshacerse de su propio egoísmo para amar, luchar por la felicidad de los demás, ilusionarse a diario con lograr que otros sean felices…

Esa actitud ha sido patente en los santos: Teresa de Calcuta, Francisco de Asís, Pablo… y muchos más. Siempre pensando en los demás antes que en ellos mismos —a ejemplo de Jesús, que murió por todos—, se llenaron indirectamente de lo que ahora llaman “autoestima”: autoestima que nació de saber que podían hacer algo por los demás, autoestima que los hizo tan grandes que hoy hacen la lista más grande de mujeres y hombres felices que hay en el mundo.

7. Todo lo anterior es simplemente un preámbulo —y esto se puede apreciar también en las vidas de los santos— de la única y verdadera felicidad que añora el ser humano: la esperanza de estar algún día en aquel lugar donde estará Dios: todo lo bello, todo lo bondadoso, toda la verdad reunido en un solo ser… Todo el Amor que se nos da para llenarnos de felicidad. Esa no es la pequeña y pobre imagen de felicidad que cada uno tiene: no es una felicidad individual, es la felicidad. Es una felicidad eterna, en un presente continuo, sin ayer y sin mañana, sin antes ni después, un ahora hermoso que no pasa; ¡y es una felicidad que sacia sin saciar!: cuando ya se siente plena, no llena del todo, pues se desea más…

 

 

Quien lo desee puede ser otro de esos, si se lo propone:

· Que ame y a las alegrías pasajeras de la vida habrá unido una felicidad inconmovible.

* Que ame y las que llaman tristezas se convertirán en peldaños para llegar a la perfección, en obstáculos sorteables y necesarios para crecer.

· Que ame y verá que su estado de ánimo permanecerá impasible ante las desgracias más atroces, ante el dolor, ante la muerte…

· Que ame y será verdaderamente feliz.

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

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El comienzo del amor

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 20, 2008

Miles de parejas se separan. El matrimonio, como si fuera un producto de la sociedad de consumo, se convirtió en algo desechable. Tanto es así, que algunos asesores de parejas están afirmando que el amor verdadero no existe y, que por lo tanto, lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano es a tratar de vivir lo mejor posible cada una de las relaciones que tenga durante su desdichada vida…

 

Pero otros psicólogos experimentados han descubierto que la mayoría de las personas cuyos matrimonios fracasaron han confundido el amor con sentimientos o pasiones que, en muchos casos, son completamente opuestas al amor verdadero.

 

La lista de esos sentimientos o pasiones que se confunden con el amor es común a ambos sexos, pero se da con ciertas preferencias en los hombres o en las mujeres así:

 

Los varones suelen tomar por amor el atractivo sexual, la estabilidad («organizarse», dicen ellos), la imagen y el encanto de tener esposa, niñera, ama de casa y criada.

 

Ellas, por su parte, suelen confundir más el amor con el hecho de sentirse amadas, halagadas, aduladas; tener un hogar, un buen marido —cariñoso, detallista— y unos hijos…

 

Pero lo que a ambos les resulta fácil entender erróneamente como amor (desde el punto de vista estadístico) es recibir el cariño que no han tenido en su infancia: las carencias afectivas se hacen evidentes al encontrar que alguien podría llenar ese vacío…

 

Y en donde cada uno busca su propia satisfacción es imposible que perdure una relación: al primer asomo de los errores del otro (que nunca faltarán) sobrevendrá la decepción.

 

El primer paso del amor verdadero no es sentir, sino trabajar útilmente en la felicidad de la persona amada: nada le importa a uno más que hacerla feliz.

 

Amar es luchar y trabajar por su felicidad, todo lo demás se posterga: metas personales, ilusiones, aun las más nobles; su felicidad es mi felicidad. Y esto, si es necesario, hasta el sacrificio. En este sentido, yo me sacrifico para que ella sea feliz, y este sacrificio es la prueba de que mi amor es verdadero, la garantía de la perpetuidad y de la mutua felicidad y, por lo tanto, la de los hijos que vengan.

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Ahora que estoy vivo…*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 12, 2008

Prefiero que compartas conmigo unos cuantos minutos ahora que estoy vivo, y no una noche entera cuando yo muera.

Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no que apoyes tu cuerpo sobre mi cadáver cuando yo muera.

Prefiero que me hagas una breve llamada ahora que estoy vivo, y no que emprendas un inesperado viaje cuando yo muera.

Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo, y no que envíes un hermoso ramo cuando yo muera.

Prefiero que eleves por mí una corta oración ahora que estoy vivo, y no una Eucaristía cantada y concelebrada cuando yo muera.

Prefiero que me digas unas cortas palabras de aliento ahora que estoy vivo, y no un desgarrador poema cuando yo muera.

Prefiero que me escribas una linda frase ahora que estoy vivo, y no un poético epitafio sobre mi tumba cuando yo muera.

Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles tuyos ahora que estoy vivo, y no que hagas grandes manifestaciones de pesar cuando yo muera.

Anónimo

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Falta mucha autoestima

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

Numerosos psicólogos fueron haciendo sus presentaciones magistrales en un congreso, explicando la altísima incidencia de la baja autoestima en nuestro país, como causa de muchos de nuestros males y, basados en sus estadísticas, mostraron a los asistentes, uno a uno, los orígenes de ese padecimiento.

El primero destacó, entre las causas principales, la que ya conocíamos todos: una ausencia de amor en el hogar, especialmente por parte del padre. Efectivamente, un poco más del ochenta por ciento de los padecimientos psicológicos se producen cuando el padre no tiene contacto con sus hijos e hijas: abrazos, caricias, besos paternales, otras demostraciones de cariño, aprecio por lo que hacen, etc. Adicionó en su exposición que «contacto» es una palabra que se divide en dos: «con» y «tacto», y que esto, lejos de propiciar la homosexualidad de los hijos varones, los aleja de ese peligro, ya que no crecen con esa carencia de afecto paterno ni de figura masculina, las cuales sí inducen a reemplazar al papá que no se tuvo con otro hombre que probablemente estaba en sus mismas condiciones…

Otro investigador disertó profundamente sobre la «educación» que dan los medios de comunicación (especialmente la televisión) a los niños y a los jóvenes: los estereotipos de hombres galanes y mujeres esbeltas están, en la mayoría de los casos, alejadísimos de la realidad nacional, como también está el nivel de vida de los «héroes» protagonistas de las películas: sus posesiones, su habilidad, su suerte y la fama que siempre los rodea. En estas condiciones —decía— es imposible que el público televidente vea viables esas «metas», y su frustración alcanzará niveles altos y duraderos en sus mentes y en sus vidas, haciendo de ellos seres pusilánimes que se consideran a sí mismos incapaces de lograr los anhelos que tengan…

Un conferenciante latinoamericano explicó la incidencia de la educación que se da en los hogares de nuestros países: con más frecuencia de lo que pensamos, la mujer es considerada un objeto de placer sexual, una muchacha del servicio doméstico, una niñera o, si trabaja, una simple productora de dinero; en segundo lugar, los niños nacen, casi siempre, para que los esposos logren el anhelo de ser padres, no para ser amados, lo que significaría que sus padres dedicarían todos sus esfuerzos para hacerlos felices, no a «realizarse» como padres o únicamente para darles cosas materiales, como ahora se ve; en tercer lugar, lo que ahora los padres promueven más con sus palabras es que las personas valen por la fortuna económica que posean: «a fulano le ha ido muy bien, ya tiene casa, finca, dos buenos carros, viaja con frecuencia…». Todo esto anula —según este psicólogo— el valor intrínseco de la persona humana, y lo reduce a la altura de una cosa útil o inútil, de manera que ya no posee autoestima si no «produce» cosas materiales…

Y —agregó— a los niños no se les presta la atención debida; no se les dedica el tiempo necesario para educarlos (dejan esa responsabilidad a los colegios); los padres no comparten con ellos los sentimientos, ni las dichas ni las desdichas, ni los triunfos ni los fracasos… «Ellos no entienden», suelen decir; muy pocos padres saben quiénes son los mejores amigos de sus hijos, cuáles son sus juegos preferidos, sus ilusiones, sus metas, sus proyectos…

Pero lo que realmente produjo estupor fue la participación del último orador: sus palabras fueron cortas pero incisivas y consistentes: «¿Podrá tener autoestima un niño que oye decir casi todos los días que no hay que tener tantos hijos, que hoy ya no se puede, que una familia de tres hijos es ya muy grande, que el mundo se está llenando y que ya no cabemos, que si seguimos así faltarán los alimentos, que hay que ser inteligentes y racionalizar los hijos…? Esos niños pensarán que son solamente estorbos.»

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El autoengaño y la felicidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

 

Un día, buscando mejorar sus ingresos económicos, un médico contrató un asesor de ventas.

 

Lo primero que hizo este consejero fue explicarle que su consultorio no era un negocio, sino un servicio, y que su interés por el bienestar de los pacientes debía ser mayor que el beneficio económico que representaban. Él comprendió que eran seres humanos los que iban a buscar salud, y no bolsillos que podía desocupar.

 

Y los pacientes, poco a poco, se fueron aumentando…

 

¿Por qué se dio ese cambio en el número de pacientes?

 

Porque, al comienzo, ellos advertían fácilmente que el galeno no se interesaba en ellos, sino en sus billeteras; por el humor, ese olor que se expele al hablar, al mirar, al expresarse, al movernos… Ahora se dan cuenta de que su atención se centra en sus dolencias, en sus malestares, en sus intereses; y en cómo solucionarlos de la mejor manera posible.

 

Es que, al tratar de engañar, solemos engañarnos a nosotros mismos.

 

El autoengaño es un error fatal para la felicidad y para la paz interior.

 

Pretender hacer creer, por ejemplo, que somos bondadosos, al hacer un acto de caridad para que los demás nos vean y nos aplaudan, va cargado de un humor maligno. El humor es el genio o la disposición en que uno se halla para hacer una cosa; y es perceptible. Hay que aprender a ser bondadosos, no a parecerlo.

 

Así se pueden evaluar todos nuestros actos y actitudes: ¿Los vivimos con sinceridad? O, por el contrario, ¿solamente intentamos mostrarlos? Cuando tratamos de vivir así, ¿lo hacemos para servir o para lucirnos?

 

Recordemos que no aceptar los errores, defectos y pecados es soberbia.

 

Son muchos los beneficios que se derivan de mejorar en sinceridad y en buenas intenciones: nos enriqueceremos interiormente y, lo que es mejor, prosperaremos en nuestras relaciones familiares, laborales y sociales.

 

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¿Puede ser ateo el ser humano?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

La fecha exacta de la aparición del homo sapiens es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que sucedió entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

A continuación se detallarán algunas de las características que hacen a este ser tan especial:

1) Si se compara un computador con el cerebro del homo sapiens, se infiere inmediatamente que al computador hay que decirle qué hacer, mientras que el cerebro hace las cosas por su cuenta. La capacidad creadora independiente del cerebro hace que los humanos actuemos espontáneamente, y es la base de nuestra habilidad para pensar, planificar e influir drásticamente (para bien o para mal) sobre el medio ambiente. El mayor y más avanzado computador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software.

Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Los análisis realizados en chimpancés, especialmente los de la doctora Jane Goodall, a primera vista hacen pensar que en estos animales hay ciertas actitudes que algunos se aventuran a llamar “humanas”: maquinaciones, actitudes compasivas, engaños maquiavélicos, pequeñas muestras de lo que en el ser humano se llamaría ternura, violencia y crueldad.

Pero en los estudios psicológicos se rechaza la idea de que estas características, por sí mismas, puedan definir al ser humano. De hecho, las llamadas “actitudes compasivas” y la “ternura” se explican con el instinto: todos hemos visto moverse la cola de un perro al ver u oír a su amo, lamerse a las leonas entre sí, arroparse a los mapaches… Y nadie a pensado jamás llamar ser humano a los mapaches, a los leones, a los perros ni a ningún otro animal. En suma, esas son actitudes animales, no características humanas, aunque el hombre las eleva a un nivel que los animales no alcanzan.

En cambio, lo que sí admira, es la aparición de la solidaridad.

Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Pero, llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al leer la historia (o verla en cine o televisión) de tantos que han dado su vida por un ideal similar.

Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

4) Pero lo más fascinante para el estudioso del homo sapiens es que fue el primero en hacer rituales y ceremonias religiosas. Los entierros obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte (a diferencia del miedo a una muerte inminente) hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Evita los apuros

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

 

 

Primero se hace lo importante, lo urgente puede esperar.

 

Nunca parar,

pero tampoco correr.

 

Pon todo en manos de Dios: con Él lograrás lo que te propongas.

 

 

 

 

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Una antigua alegoría Judía*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

 

Una vez un hombre muy rico fue a pedirle un

 

consejo a un rabino.

 

El rabino tomó la mano, lo acercó a la ventana y le dijo:

–Mira.

El rico miró por la ventana a la calle. El rabino le preguntó:

–¿Qué ves?

El hombre le respondió:

–Veo gente.

El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:

–¿Qué ves ahora?

El rico le respondió:

–Ahora me veo yo.

El rabino le preguntó:

–¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata. Y cuando hay un poco de plata, uno deja de ver gente y comienza a verse sólo a sí mismo.

 

Anónimo

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