Saber vivir

Posts Tagged ‘Sentimentalismo’

Porqué tantos fracasos conyugales

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2009

El amor matrimonial difiere de todos los otros modos de vivir el amor: consiste en el don total de la persona. Es el don de sí mismo, del propio «yo». Todos los modos de salir de sí mismo para ir hacia otra persona poniendo la mira en el bien de ella no van tan lejos como en el amor matrimonial. «Darse» es más que «querer el bien».

Una vez que se ha afirmado el valor —la dignidad— de la otra persona, viene la pertenencia recíproca de ambos, comprometiéndose así mutuamente su libertad. Y este compromiso, paradójicamente, es libre.

Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión (común unión) de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal para la generación y educación de nuevas vidas: ese «nosotros» caminando hacia el enriquecimiento personal y la procreación, evidencia palpable y hermosísima de su amor y continuación de sus propios seres.

Esta entrega tiene cuatro características:

1. Es humana, es decir, es sensible y espiritual, lo que significa que la voluntad y la razón gobernarán a los instintos.

2. Es total, esto es sin condicionamientos o reservas.

3. Es fiel y exclusiva hasta la muerte, dicho de un modo más sencillo, es de uno con una y para siempre.

4. Por último, es fecunda, no se agota en la comunión de los esposos, sino que está destinada a propagarse suscitando nuevas vidas

Todo esto significa más que lo que puede parecer:

Para que exista el amor auténtico, la entrega debe ser total e incondicionada en lo biológico, total e incondicionada en lo psicológico y total e incondicionada en lo espiritual.

La entrega del ser humano, de acuerdo con su propia dignidad —espiritual—, debe ser total, sin reservas egoístas.

La afectividad más en la mujer que en el hombre y la sensualidad en este pueden hacer que se equivoque el concepto acertado de entrega. La afectividad pura (las percepciones y las emociones que se experimentan en el trato) no puede sostener una relación y creer que esa afectividad es amor es causa de muchas decepciones. Al igual, después de un tiempo, cuando se desvela que la pasión fue la que guió la entrega, no quedará nada sólido. Y todo esto ocurre porque la entrega no fue total, se entregó parte (la afectividad o la sensualidad), no la totalidad de la persona.

Otro tanto ocurrirá si a la entrega se le ponen condiciones.

Si la entrega no es total o está condicionada —y por tanto no es verdadera— los esposos estarán a la merced de las veleidades y de los vaivenes de las pasiones, y un sentimentalismo irracional e inestable será, la mayor parte de las veces, su móvil. En esas condiciones será casi imposible hablar de sinceridad en la relación, y la seguridad de la fidelidad —requisito del amor— no existirá. Es seguro que en estas circunstancias el ego es el móvil de la relación, lo cual es casi siempre premonitorio del fracaso.

Posted in Matrimonio | Etiquetado: , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Porqué tantos fracasos conyugales

¿Virginidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 20, 2009

En Estados Unidos tres de cada cuatro jóvenes tienen relaciones sexuales antes de terminar la enseñanza secundaria y el cuarenta por ciento es sexualmente activo cuando ingresa a la enseñanza superior.

Aunque el porcentaje es menor en otros países, la incidencia crece de tal manera que pronto alcanzará niveles similares.

Este hecho hace que las parejas tomen el matrimonio casi como una relación más y no como una entrega total e imperecedera.

El ser humano, por la dignidad tan alta que posee, no puede estar jugando con entregas «a medias». Sin embargo, se dan muchas relaciones sexuales sin una entrega total del «yo» personal para luchar por la felicidad del otro; sin un compromiso cabal, serio y responsable para conseguir un enriquecimiento mutuo; sin la apertura a formar nuevas vidas; es decir, sin amor.

De hecho, una de las causas más frecuentes de ruptura conyugal es que los miembros de la pareja no aprendieron a amar. Confunden con frecuencia el amor verdadero con la pasión o el sentimentalismo, con la simpatía o empatía que puede haber entre ellos; y más frecuentemente lo que buscan es llenar carencias afectivas de la infancia…

Así se desvaloriza la entrega total, y los cónyuges suelen experimentar la sensación interior de no ser plenamente felices, lo que tiende a deteriorar el amor y a resquebrajar la armonía que debe imperar en la que es la célula de la sociedad: la familia.

Esta actitud, quiérase o no, es la esencia de la educación de los hijos (el ejemplo es siempre el más didáctico de los métodos de enseñanza), lo cual termina por crear seres con la misma inclinación utilitarista.

¿No es eso lo que a veces se ve en la actualidad: hombres y mujeres que crecen con el deseo ferviente de servirse de los demás en beneficio propio, seres que nunca aprendieron la alegría de dar?

Si, en cambio, las nuevas generaciones se proponen dar un valor mayor a las relaciones conyugales —el valor que realmente tienen—, se formarán mujeres y hombres con el poder de mejorar la sociedad intrínseca y extrínsecamente:

Los intentos por edificar matrimonios estables y duraderos darán éxito más fácilmente, los hijos nacerán en un ambiente propicio para aprender a amar, y la sociedad comenzará a mejorar paulatinamente, ya que su primer valor será la dignidad humana y esta se habrá solidificado desde su mismo interior, que es la familia.

  

 

 

Posted in Sexualidad | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Virginidad?