Saber vivir

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La enfermedad del III milenio

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 16, 2014

 

¿Tiene la vida algún sentido? ¿Por qué existe la enfermedad? ¿Qué explicación hay para el sufrimiento humano? ¿Por qué nacen algunos en hogares ricos y otros son tan pobres? ¿Dónde se encuentra la felicidad auténtica? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Existe Dios? ¿Existe la suerte… o el destino? ¿Por qué sufrimos estrés? ¿En qué consiste el amor?…

Por supuesto: hay muchas preguntas más. Pero la más importante es: ¿Puede ser feliz un ser humano sin resolver estas inquietudes?

Y tú, ¿ya contestaste estas y tantas preguntas que nacen durante la adolescencia? ¿O las muchas ocupaciones de la vida —estudios, trabajo, amistades, noviazgo, matrimonio, cónyuge, hijos, etc.—, hicieron que te olvidaras de buscar el sentido de tu existencia?

Tal vez lo que hiciste fue elegir creer en lo que subjetivamente te pareció más factible, sin el menor estudio… Así decidiste en qué dios creer, qué te puede dar más felicidad, qué es lo correcto, con quién casarte, si tener hijos o no, qué estudiar, etc.

Y quizá las circunstancias, sin preguntarte siquiera, dispusieron en qué empresa debías trabajar, cuánto ganar, dónde vivir, con quién…

Efectivamente, ahora que comenzó el tercer milenio, los seres humanos —que llevan cerca de doscientos mil años sobre la tierra— nunca habían vivido más inconscientes:

No solamente ignoran su esencia sino que toman las decisiones más importantes de su vida sin criterios seguros, obviamente porque una cosa lleva a la otra: si ni siquiera sé quién soy, qué soy, ¿cómo voy a saber lo que me hará feliz? Si no conozco mi dignidad, mi valor como ser humano, ¿cómo voy a dimensionar si los actos que realizo me procurarán el verdadero bienestar?

Y lo que es peor: al no tener una norma objetiva para la toma de decisiones, la mayoría de los habitantes de este globo terráqueo usan el primer criterio subjetivo que les viene a la mente:

  • unos se entregan por completo a divertirse y procurarse los mayores placeres, reduciéndose así a una especie de máquinas de autocomplacencia;

  • otros dedican todos su esfuerzos a ganar dinero y poder, esclavizados por el deseo de tener, en el que fundamentan todas sus seguridades, sin pensar siquiera qué harán cuando les llegue a faltar;

  • algunos encaminan sus vidas a sobresalir en el campo profesional, a lucirse en cualquier arte o con la apariencia, pensado así atraer las miradas y la admiración de los demás, demostrando con esto lo vacíos que se sienten por dentro;

  • hay quienes a lo único que aspiran es a no padecer dolores y sufrimientos, convirtiéndose así en seres pusilánimes (incapaces de emprender cualquier ideal), cobardes y apocados, siempre tristes…

Y son todos estos quienes deciden casarse por infinidad de razones distintas al amor auténtico, único criterio que asegura la felicidad conyugal perenne; y también de estos grupos es de donde salen esas personas que eligen la vida religiosa o sacerdotal por capricho, para esconderse, por seguridad económica, comodidad…, por cualquier razón diferente al amor a Dios…

No tienen ideales algunos, fuera de sus mezquinos egoísmos.

Son los que uno les pregunta por qué salen a estudiar o a trabajar, y contestan un par de palabras que denotan su esclavitud, su falta de libertad: “Porque toca”.

Suelen ser mediocres en sus vidas, en sus labores, en sus relaciones… ¡Ni siquiera se les ocurre dejar un legado en este mundo!…

No parecen seres humanos vivos, parecen zombis (muertos que parecen vivos), porque en realidad no están vivos: vivir es tener una razón para hacerlo; sobrevivir es apenas mantenerse vivo. Los animales, por ejemplo, simplemente sobreviven.

Para agravar su desgracia, precisamente porque no perciben el gran valor que tienen como personas humanas, piensan y actúan en contra de su propia naturaleza, de su propia dignidad:

  • usan la sexualidad, no para donarse y enriquecerse mutuamente y abiertos a la procreación como expresión natural del amor verdadero, sino para usarse el uno al otro en un utilitarismo degradante, que hace del otro un simple objeto de placer sexual, no una persona con valores y sentimientos que desea ser respetada y amada, facilitando la promiscuidad vil, cada vez más pare3cida a la conducta animal;

  • con este mismo criterio sobre la vida sexual, inducen a la infidelidad, que cae sobre el otro, con toda su carga de frustración y dolor, y que deja secuelas psicológicas graves en sus hijos, casi imposibles de superar sin ayuda profesional especializada (se llegan a propiciar, como si fueran naturales, orgías sexuales en las que mezclan los cónyuges de dos o más parejas);

  • defienden la idea de que la homosexualidad es simplemente una opción —a pesar de ser antifisiológica y contraria a la anatomía natural—, y hasta exigen el “derecho” de las parejas homosexuales a adoptar hijos, olvidándose del natural derecho del niño a tener un padre y una madre;

  • llegan a defender el homicidio de personas humanas en el vientre materno, sin tener en cuenta los conocimientos científicos —genéticos y embriológicos— que demuestran lo que el sentido común ya sabía: que la vida comienza con la concepción y que, por ser humana, merece el mismo respeto que la de un adulto…

Se podría seguir indefinidamente mostrando qué tan ruin puede llegar a ser el individuo por este camino.

En fin, basados en la falacia de que “todo lo moderno es mejor”, promueven todos esos errores contrarios a su propia esencia, como si fueran aciertos, sin darse cuenta que jamás los llevarán —ni a ellos ni a quienes intentan persuadir— por los caminos de la felicidad, pues tanto cuando se vulnera el derecho a la vida como cuando se viola la entraña misma de su dignidad, aparecen tal corrupción y tal perversión, que la vida se deshumaniza y esclaviza.

En cambio, quienes son coherentes, es decir, quienes saben que sus actos no deben ir en contra de su propia naturaleza, se esfuerzan en conocer esa naturaleza profundamente y ejecutan cada una de sus acciones en concordancia con ella.

Con esta libertad de pensamiento y de acción (ya no se dejan guiar por el error), sin permitir que el acaso o las circunstancias decidan por ellos, eligen acertadamente entre las diferentes opciones y descubren que hay una razón para su existencia en este mundo, que tienen una misión y que cumpliéndola se realizarán como verdaderos seres humanos, dirigiendo sus vidas hacia la auténtica felicidad.

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Bienestar duradero y estable

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 15, 2012

En un avance de la vigésima tercera edición de su Diccionario, la Real Academia Española define la palabra: Trastorno como: “Perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento”. Y así fue como denominé a la homosexualidad frente a una psicóloga que, con aire de librepensadora moderna, me cuestionó:

—¿Trastorno?

—Sí.

Ella repitió su pregunta con la sonrisa que suelen poner los doctos en una materia cuando habla un lego con ellos, mientras se le quebraba un poco su voz por una ligera risa refrenada que salía de su boca:

—¿Trastorno…?

—Ya que hablo con una profesional, me animo a explicarte que en una cópula sexual entre un hombre y una mujer, cuando ella está excitada, las glándulas de Bartolino, que se encuentran a la entrada vaginal, segregan una sustancia lubrificante para impedir que el roce de las mucosas produzca en ellas excoriaciones o erosiones (pérdida del epitelio o peladuras). En cambio, en el caso de dos hombres homosexuales, ni en el recto ni en el ano hay tales glándulas, lo que ocasiona esas excoriaciones, que explican en parte la alta incidencia de VIH positivo y sida entre los homosexuales, comparándola con los índices en heterosexuales. Esto quiere decir que la relación homosexual es antifisiológica o, lo que es lo mismo, va en contra de la función normal —natural— de los órganos genitales.

Ella repitió, casi de memoria y al pie de la letra, lo que enseñan en muchas facultades de psicología con base en la llamada Ideología de género:

—Es simplemente la elección de una opción. Y si eso los complace, ¿qué importa? ¿Qué tiene de malo? Lo que ocurre es que la cultura de nuestros retrasados pueblos y las religiones son un fardo que no nos deja ser actuales… Hay que tener “mente abierta”. En Noruega, por ejemplo, a todos les parece normal optar por la homosexualidad…

Lo que esta psicóloga está lejos de entender es que la felicidad auténtica es mucho más que una complacencia biológica transitoria, temporal, efímera, como lo es el placer sexual. Las estadísticas, por ejemplo, muestran al mismo tiempo que las uniones de homosexuales son más inestables que las heterosexuales y que tanto el índice de los trastornos psicoafectivos como psicoemocionales es más alto en el primer grupo. Por eso hablaba de trastorno: perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento.

Al explicarle todo esto, cambió súbitamente el tema (como suelen hacer quienes detectan en un interlocutor cualquier asomo de moralidad), y pasó a hablar del aborto:

—Otro tema en el que estoy de acuerdo es la interrupción del embarazo, sobre todo en el caso de una violación: ¿Cómo es posible que obliguen a una mujer a sufrir 9 meses por algo que ella no deseó? Yo critico a las mujeres que abortan cuando libremente quedan embarazadas; pero ¿¡una mujer violada!?

Y usó con la palabrita mágica que había utilizado para el tema anterior:

—Ella debe tener la opción de abortar.

Y continuó:

—Ella tiene el derecho a elegir no seguir con ese embarazo.

Le expliqué que la ciencia —la embriología y la genética principalmente— han dejado claro el instante en el que comienza una nueva vida: la concepción. Y añadí:

—Esa nueva vida tiene los mismos derechos que cualquier otro ser humano.

Asintiendo con su cabeza, dijo:

—Sí; yo estoy de acuerdo: la vida comienza con la concepción. Pero la madre va a sufrir mucho durante esos 9 meses…

Entonces le pregunté:

—¿Lo que quieres decir es que el derecho a la vida que ese nuevo ser humano tiene es menos importante que el derecho de su madre a no sufrir esos pocos meses?; porque en realidad no son 9, como dices, sino unos siete y medio, desde que se entera de que está embarazada. ¿Tiene ella el derecho de matar a ese ser indefenso solamente por no sufrir? ¿No crees que con ese criterio se podría crear el derecho de matar a quien nos haga sufrir?

Aquí repitió el argumento:

—Es que es ella quien va a tener ese hijo en su vientre ese tiempo… Ella tiene derecho…

Para tratar de regresar al tema del bienestar auténtico, anoté:

—Tú sabes, por experiencia, cuán difícil es tratar a una persona que abortó; sabes la cantidad de secuelas psicológicas que quedan…

—Sí. Es de los casos más difíciles de tratar. Las secuelas son aterradoras.

—Por eso te pregunto: ¿Qué es psicológicamente peor: soportar esos meses de embarazo y dar al niño en adopción o sufrir las secuelas del aborto?

Esto es lo que se olvida con más frecuencia: que el bienestar que se busca la mayoría de las veces es algo pasajero, temporal: pero lo que debe propiciarse es un bienestar duradero: la tranquilidad, la serenidad, la paz, la complacencia de haber hecho lo correcto.

El homosexual no se satisface con unos minutos de placer genital; se sentirá plenamente feliz cuando haya podido sentirse realmente amado.

Y a la mujer violada no se le debe sobrecargar —ya tiene un fardo bastante pesado con la violación de que fue objeto— con el peso psicológico de haber cometido un homicidio contra quien es —aunque sea a pesar suyo— ¡su propio hijo! Ella tiene la noble opción de dar a su hijo en adopción (hay muchas solicitudes hoy día) o, como lo han hecho otras mujeres, tener a ese hijo y educarlo, con la consecuente sensación de haber hecho algo loable, altruista, generoso, magnánimo, que no le depara malestar sino un bienestar psicológico muy alto.

No se trata, pues, de ver quién es más librepensador o más moderno; tampoco se trata de no sentirse ahogado por religiones o culturas atrasadas; y mucho menos de ser rebeldes contra unas normas pasadas de moda, teniendo “mente abierta”… Se trata de buscar lo mejor para el ser humano y que eso no sea temporal o pasajero, sino lo más duradero y estable: su felicidad auténtica.

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La ideología de género como vigencia del informe Kissinger*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 7, 2012

Por Beatriz Eugenia Campillo Vélez*

Resumen

El Informe Kissinger (NSSM 200) es un estudio secreto que aborda el tema de la sobrepoblación mundial como un problema de seguridad nacional de los Estados Unidos. Entre sus múltiples aspectos señala los países en los cuales se debe intervenir para controlar la natalidad y qué métodos se deben aplicar. Lo particular es que hace especial énfasis en la mujer, lo que coincide con la tesis que propone actualmente la Ideología de Género promovida desde organizaciones internacionales como la ONU, UNICEF, CEDAW, IPPF, entre otras, dando cumplimiento literal a lo propuesto en el Informe Kissinger que se suponía ya no sería aplicado.

Palabras clave: Biopolítica, Informe Kissinger, Ideología de Género, Derechos Sexuales y Reproductivos, Feminismo.

Introducción

Por tradición se ha asociado el poder político a la esfera pública pero, en aras de combatir la ingenuidad, habrá que reconocer su creciente injerencia en el ámbito de lo privado debido a los avances en materia de ciencia y tecnología aunque, a su vez, será importante recordar que la pretensión de controlar la población no es nueva, pues hace parte de la política “tradicional”, porque no podemos olvidar que la población es uno de los elementos fundantes del Estado Moderno y que, por tanto, su vinculación con la política resulta más que obvia. El mismo ser humano, como lo describía Aristóteles, es un Zoon Politikon (un animal político). Es así como bajo la óptica realista de las re-laciones internacionales y producto de esa misma intervención de la ciencia y la tecnología en la vida humana, vemos cómo el elemento poblacional se convierte en una simple ficha a jugar. Lo que una vez más nos comprueba aquella tesis de que en el plano internacional reina el “Estado de Naturaleza”, un estado que, como lo describían los teóricos de la política, es previo a la civilidad y en donde no había respeto por los derechos naturales, ni siquiera a la vida, el primero de ellos.

Siendo conscientes de este panorama, digamos que las teorías idealistas pretenden demostrar que es posible superar dicho estado de naturaleza, por medio de organismos supranacionales y ordenamientos jurídicos internacio-nales “neutrales y objetivos” que propendan por la armonía, paz y estabilidad internacionales. No obstante, como lo veremos en la práctica, las relaciones internacionales han utilizado este discurso idealista como una simple herra-mienta que legitima las políticas realistas.

Este doble juego se encuentra explícito en el Informe Kissinger, un documento de política exterior que hace gala de ese “destino manifiesto” de los Estados Unidos, en el cual, con un aire hegemónico, inciden en el orden internacional con el fin de seguir manejando, con gran habilidad, el discurso idealista, para camuflar la realidad evidenciada en la intervención y el supuesto aislacionismo, lo que conlleva el uso acomodado de las ideologías que en el bipolarismo de la Guerra Fría dividían el mundo.

Aunque algunos pensadores hablaban de la muerte de las ideologías, la historia de la política -que es la misma historia de la humanidad- ha de-mostrado con creces que las ideologías nunca mueren y que, a lo sumo, se adormecen o camuflan. Es pues trabajo del estudioso de la política advertir dichos movimientos, por lo cual en este artículo intentaremos hacer algunos apuntes sobre la ideología de género, un tema de altísima importancia po-lítica en nuestros días que recopila, en gran parte, postulados que se creían superados, y cuestiona otros que se daban por sentados.

 

El informe Kissinger

Se conoce como Informe Kissinger el Memorándum Estudio Seguridad Nacional 200 (NSSM 200, por sus siglas en inglés) que versa sobre las “Consecuencias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad de Estados

Unidos y sus intereses de ultramar”. Este estudio secreto se elabora en 1974 y es desclasificado en 1989, coincidiendo justamente con la caída del muro de Berlín y, por ende, con el término de la Guerra Fría. Lo anterior podría sugerir que el documento fue elaborado exclusivamente para ese periodo y que su desclasificación indica que, en adelante, no se seguirá aplicando; no obstante, es pertinente no perder de vista que las proyecciones del Informe van hasta el año 2000 y, en algunos casos, incluso hasta el 2075. En éste es-crito justamente pretendemos demostrar cómo dicha desclasificación busca generar un ambiente de confianza, que le permita actuar cómodamente como potencia hegemónica, que dicta políticas sin que exista otro poder que lo iguale en fuerza como para cuestionar su proceder.

El Informe Kissinger es un documento de altísima importancia en materia de política exterior estadounidense, porque traza la agenda biopo-lítica para aplicar en el mundo en vía de desarrollo, pues se “afirma que el crecimiento demográfico de los “países menos desarrollados” (PMD) pone en peligro la economía y la seguridad nacional de los Estados Unidos. El documento propone como estrategia, la promoción de los programas de control demográfico en algunos de esos países”. (“¿Por qué existe el control demográfico?”, S.F.)

Dicho informe señala algunos factores poblacionales que se deben tener en cuenta para explicar el crecimiento de la población (especialmente en los países que denomina como LDC -Países con Bajo Nivel de Desarrollo-), con el fin de construir las estrategias para combatir la sobrepoblación, sin hacer ningún reparo en que se trata de vidas humanas. América Latina, entre otras regiones del mundo, se convierte entonces en el foco de dichas biopolíticas, pues son regiones que geopolíticamente son importantes para dominar, no solo por sus altas tasas poblacionales, sino en especial por sus riquezas natu-rales y excelente ubicación, como es el caso de Colombia.

En efecto, dice el Informe Kissinger (1975):

La asistencia para la moderación de la población debe dar principalmente énfasis a los países en desarrollo más grandes y de crecimiento poblacional más rápido, donde existe interés estratégico y político de los EEUU. Estos países son: India, Bangladesh, Pakistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, las Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. Juntos, estos países explican el 47% del incremento actual de la población mundial (p. 13).

Literalmente se expresa que el Informe busca establecer,

(…) planes alternativos de acción para los EE.UU. en su manejo de asuntos poblaciones en el extranjero, particularmente en países en vías de desarrollo con énfasis especial en las siguientes preguntas: a. ¿cuáles nuevas iniciativas por parte de los EE.UU. son requeridas para enfocar la atención internacional al problema poblacional? b. ¿Pueden nuevas innovaciones o desarrollos tecnológicos reducir el crecimiento o disminuir sus efectos? c. ¿Podrían los EE.UU. mejorar su asistencia en el área poblacional y, de ser así, de qué manera y a través de cuáles agencias: bilaterales, multilaterales, o privadas? (p. 5).

Este fragmento nos permite dilucidar varios aspectos, el más obvio es que estamos frente a un documento intervencionista y que se involu-cra en aspectos que, en principio, deben ser privativos de los Estados en razón de su soberanía. De las preguntas propuestas se deduce que el tema poblacional, hasta ese momento, no es un asunto de principal importancia a nivel internacional, que la ciencia y la tecnología empezarán a jugar un papel fundamental en el control poblacional y, por último, que aunque el documento está redactado en una época en la cual el sistema internacional era el bipolar (Guerra Fría), los Estados Unidos ya empiezan a buscar otras formas de intervención que vayan más allá del Estado, es decir, empiezan a jugar un papel importante los actores y las figuras que hoy consideramos determinantes en el fenómeno de la globalización como una extensión no oficial del Estado, pero que lleva a cabo sus políticas sin crear tanto escozor; por ejemplo, frente al tema de soberanía.

Buena parte del discurso del Informe Kissinger se esfuerza en mostrar su intervención como un asunto de cooperación, de ayuda. Un país desa-rrollado que simplemente quiere ayudar a los países más pobres, porque le preocupan las graves situaciones que ésta población podría sufrir en términos de desempleo, pobreza, hambrunas, enfermedades y conflictos, si no se hace una pronta intervención.

Siendo ello así, “El estudio debe tener en cuenta la preocupación del Presidente de que la política poblacional es un asunto humano íntimamente relacionado con la dignidad del individuo y el objetivo de los EE.UU. de trabajar cerca con otros, en vez de imponer nuestros puntos de vista sobre los otros” (p. 5).

El Informe Kissinger señala reiteradamente algunos aspectos a inter-venir en los “Países con Bajo Nivel de Desarrollo” o LDC (por su sigla en inglés), aspectos que a grandes rasgos podemos agrupar así:

El feminismo: tal vez es el punto de mayor importancia y vigencia, pues el Informe identifica a la mujer como elemento central para llevar a cabo las biopolíticas que intentan disminuir la fertilidad. Siendo ella la directamente vinculada con el proceso biológico que permite el nacimiento de una nueva vida, y siendo conscientes de su gran poder en el hogar, en el ámbito familiar, es un blanco necesario de ataque para desestabilizar a la sociedad. Por tanto, se pretende alejarla de la maternidad promoviendo, en principio, su desempeño tanto en la parte laboral, como en la educativa, no porque se quiera reconocer sus virtudes en estos campos, sino porque de esta manera se mantiene ocupada y no se podrá dedicar a la crianza de sus hijos lo que, además de disminuir la natalidad, garantiza que las nuevas generaciones no tengan una formación muy sólida en cuanto a los valores familiares, toda vez que se impone como modelo un ritmo de vida mucho más rápido y competitivo. Es así como el feminismo de equidad es utilizado como un medio para el fin principal: el control de natalidad. No obstante, éste feminismo evolucionará de la mano de la ideología de género tal y como veremos más adelante, sumándose el discurso de la planificación familiar, hoy reforzada bajo el sofisma de “derechos sexuales y reproductivos”, que ya el informe empezaba a esbozar con su alusión a los anticonceptivos, esterilización y aborto, como métodos rápidos y eficaces para el control de la natalidad.

La familia: se insiste en promover e inculcarles a las nuevas generacio-nes que la familia debe ser máximo de dos hijos. Para lo cual se intentarán mostrar los beneficios económicos que se generan de dicha práctica, no sólo para la misma familia, sino también para el Estado, pues se reducen costos y se tendrán niños de “mejor calidad”, todo bajo un lógica utilitarista.

Cabe anotar que, actualmente, la arquitectura refuerza y obliga a que dicha idea sea socialmente aceptada al construir cada vez lugares más pequeños para habitar.

Lo urbano vs. lo rural: se identifica a la población rural como aquella que más se reproduce; por tanto, se propone aumentar la migración a las ciudades, pues son lugares donde el ritmo de vida impide tener grandes fa-milias. Además, se preocupan por tecnificar el campo y llevar a ellos medios de comunicación alternativos para que en “1980 la información y métodos sobre control de natalidad estén completamente disponibles para todos los individuos fértiles, particularmente en áreas rurales. También se necesitan mejoras en los métodos de control de natalidad más aceptables y utilizables por los pobres rurales” (p.10).

Los medios de comunicación: un poder que sirve no sólo para difundir información y motivar, sino que también permite legitimar prácticas pues, en nuestra cultura se asume, como un rezago del mismo enciclopedismo, que todo aquello que se dé a conocer de forma masiva es la verdad y debe ser seguida.

Juventud: según el Informe, “La gente joven, que en muchos LDC está en mucho mayor proporción, es más probablemente volátil, inestable, dada a los extremos, enajenación y violencia que una población mayor. Esta gente joven puede ser convencida más fácilmente de atacar las instituciones legales del gobierno o la propiedad real del “establecimiento”, los “imperialistas”, las corporaciones multinacionales, u otras influencias — a menudo extranjeras – a las cuales se les culpa por sus problemas” (p. 47). Se comprueba que hay un temor a la confrontación y que toda la población es atacada, pues aunque las políticas más fuertes van dirigidas a los primeros estadios del ser humano y hacia el final de la vida, también se hacen alusiones como ésta a la población joven, por lo que se propone hacer mayor énfasis en ese adoctrinamiento de los niños.

Pobreza como causa de violencia: se insiste en la teoría de las causas objetivas de la guerra, en palabras del informe Kissinger “Donde el tamaño de la población es mayor que los recursos disponibles, hay una tendencia a desórdenes internos y violencia y, a veces, políticas perturbadoras internacio-nales o violencia” (p. 47). De esta manera se reviven las tesis de eminente corte fascista, según las cuales es más fácil matar un guerrillero en el vientre de su madre que perseguirlo por los campos, cayendo igualmente en el equívoco de eliminar la pobreza, eliminando al pobre.

Lo paradójico es que estas teorías suelen tener una visión marcada-mente marxista, de izquierda, que se supone no tendrían mucho eco en la

tradición norteamericana. Sin embargo, y esto es lo magistral y macabro de la política exterior estadounidense, la visión realista de derecha nunca se pierde, aunque en el discurso, y únicamente con la finalidad de ganar adeptos, se utilice el idealismo, acompañado por una gran dosis de ideología socialista por su carga emotiva.

La inmigración: el problema de los inmigrantes se analiza como un daño de las relaciones con los otros países. Sin duda una de las problemáticas más fuertes que se presenta con la pobreza en los países del “Tercer Mundo” es el fenómeno de la inmigración. De allí que los ataques principales de los Estados Unidos estén dirigidos a América Latina, por su cercanía geográfica, aunque también a muchos otros países que representa un “peligro” para ellos.

La alimentación: siguiendo a Malthus se argumenta que “el creci-miento poblacional tendrá un serio impacto en la necesidad de alimentos, especialmente es los países de menor desarrollo (LDC), más pobres y de mayor crecimiento” (Informe Kissinger, 1975, p. 8). La consecuencia de no tomar medidas serian “hambrunas masivas en algunas regiones del mundo, particularmente en las regiones más pobres” (p. 8).

En suma, el Informe Kissinger recoge buena parte de los planteamientos elaborados en el Plan de Acción Poblacional Mundial adoptado durante la

Conferencia de Población Mundial (Bucarest, 1974) donde se

(…) recomienda que los países que están trabajando para influir en niveles de fertilidad deben dar prioridad a programas de desarrollo y estrategias de salud y educación que tienen un efecto decisivo en la fertilidad. La cooperación internacional debe dar prioridad a ayudar esos esfuerzos nacionales. Estos programas incluyen: (a) Mejora de la nutrición y prestación de salud para reducir la mortalidad infantil; (b) Educación y mejoras en el status social de la mujer;

(c) Incremento del empleo femenino; (d) Mejora en la seguridad en la tercera edad; y (e) Asistencia para el pobre rural, que generalmente tiene la fertilidad más alta, con acciones para redistribuir los ingresos y recursos, incluyendo la provisión de granjas privadas (Informe Kissinger, 1975, p. 10).

La idea de la sobrepoblación es un mito que a las grandes potencias les interesa sostener, especialmente para apoderarse de las materias primas. “Las causas del hambre en el mundo, del daño al medio ambiente y de otros problemas residen en la falta de solidaridad y justicia social, así como en malévolas maquinaciones políticas, gubernamentales y económicas, además

de la corrupción, la mala administración de la economía y la falta de actuali-zación tecnológica en la explotación de los abundantes recursos que existen” (La postura de Human Life International, S.F.).

Es cierto que aumentó la población después de la II Guerra Mundial, pero dicho aumento no se debe a los nacimientos, sino a la esperanza de vida producto de los avances en la ciencia frente al manejo y cura de las enfermeda-des, de mejores políticas sociales y alimentarias, pero no se puede hablar de una sobrepoblación mundial. En efecto, debido a las fuertes políticas de control poblacional habría que hablar de implosión poblacional, como lo sugieren varios estudiosos del tema (¿Por qué hay una implosión demográfica?, S.F.). En la actualidad se ven los daños de estas políticas en los países en desarrollo, incluso desde lo económico, pues se ha perdido la generación de relevo, que sustentaba el buen funcionamiento de la pirámide poblacional.

Con todo, el informe Kissinger (1975) afirmaba que:

(…) los gastos en servicios de planificación familiar efectiva son generalmente una de las inversiones de mejor relación costo/beneficio para un país LDC que busca mejorar el bienestar general y el crecimiento económico “per cápita”. No podemos esperar la modernización y desarrollo global para que se produzcan naturalmente tasas de fertilidad más bajas, porque esto tomará indudablemente muchas décadas en la mayoría de los países en desarrollo, durante las cuales el crecimiento poblacional rápido tenderá a retardar el desarrollo y ampliar la brecha entre ricos y pobres (p. 10).

Es lógico que la intencionalidad política de una potencia no es reducir la brecha entre ricos y pobres, aunque tampoco les interesará que los pobres lo sean a tal extremo que no logren consumir lo necesario, pues esta relación de interdependencia (oferta-demanda) mantiene la economía de mercado. Es así como quitando esta cortina de humo sobre lo económico, lo que descubrimos es una situación de eugenesia “oculta”, donde no se respeta la soberanía de los países, y donde el individuo queda sin protección, pues las actuaciones en temas de vida y muerte serán sin conocimiento ni consen-timiento. La población que se pretende eliminar son los pobres y enfermos que generan costos al sistema.

En política no se puede ser ingenuo, nadie y menos una potencia, in-vierte dinero y tiempo si no es persiguiendo algún objetivo que le beneficie.

Los Estados Unidos son una nación organizada y tienen poder; al mismo tiempo son expertos en diplomacia, y la historia ha demostrado que siempre realizan un juego perfecto entre el discurso idealista y el realista, lo que gene-ralmente se ha conocido como “la política del garrote y la zanahoria”. Todo el informe está elaborado para manejar un doble discurso, expresamente señala cuáles son los objetivos que se persiguen y de qué manera se deben mostrar, al mejor estilo del marketing político actual.

La ideología de género, un marxismo capitalista

La capacidad camaleónica de adaptación discursiva sin perder de vista el objetivo, es uno de los rasgos más determinantes en la política exterior estadounidense, y de su principal gestor Henry Kissinger. La mezcla del discurso marxista con unos ideales capitalistas es la muestra perfecta de que las ideologías son estrategias de poder que se asumen para obtener mayor aceptación. En el caso concreto es notorio el juego entre las teorías realistas y las idealistas siendo, en la práctica, preponderantes las primeras sobre las segundas. Ya anotábamos que no es propio de la tradición de los Estados Unidos adoptar políticas de corte marxista, pese a ello, como lo prueba la historia el marxismo es un discurso que en los países pobres suele acogerse muy bien por su gran carga emotiva, que se lucra de las dificultades vividas para armar todo el escenario contra el dominio y el sometimiento, aunque la mayoría de las veces, lejos de ser algo positivo estanca a la sociedad, cuando no tiende a exterminarla, pues no hace propuestas que permitan el desarrollo, sino que se enfoca en trasladar la culpa.

La llamada ideología de género es justamente una ideología de corte marxista impulsada en gran parte directamente por los Estados Unidos y de forma indirecta mediante las organizaciones internacionales en las cuales tiene poder. Esta ideología, que aparece en los años 60, propone entender la dicoto-mía hombre-mujer, como una construcción cultural y no como una realidad ontológica. Se niega, por tanto, la misma naturaleza que demuestra claramente que las mujeres tienen dos cromosomas X, mientras que los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y. Para la perspectiva de género lo importante son los roles, con lo que plantean la existencia de 5 géneros u orientaciones afectivo-sexuales: heterosexual femenino, heterosexual masculino, homosexual femenino, homosexual masculino y bisexual. No obstante, entendiendo lo sexual como una simple construcción cultural, se abre la puerta a entender como normal la pedofilia, la zoofilia, la necrofilia, entre otros.

En palabras de Judith Butler, El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo (…) Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino (Revello, 2005, p. 78).

En efecto, las ideólogas de género Lucy Gilber y Paula Wesbster afirman en su libro The Dangers of Feminity, Gender Differences: Sociology of Biology? que “Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es – femenina o masculino -. Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y el pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo” (Citado en Alzamora, S.F.). De modo que la idea es dejarle a cada sujeto la libertad absoluta de elegir el “género” al que quiere pertenecer. A todas luces una postura que responde meramente al deseo y no a la realidad.

Aún cuando la ideología de género quiere mostrar una gran gama de ámbitos donde interviene, es notorio que el tema del feminismo es tal vez el pilar más importante y fundante de la ideología.

Así las cosas, la historia de la humanidad es analizada como la historia del patriarcado, en la cual la mujer siempre ha estado sometida, especialmente por su condición de madre. Según la ideología de género el matrimonio y la idea de familia sólo buscan tener dominada a la mujer, pues el hombre la utiliza con el único fin de procrear. Algunos resumen esta posición señalando que “El biologismo descriptivo que conforma la idea de feminidad se articula especialmente en torno a la inferioridad sustitutiva del intelecto femenino. Esta inferioridad es fruto de su predeterminación a la maternidad que, consecuentemente, se constituye en una dictadura: la que sobre ella ejerce la reproducción” (Castillo, 2000, p. 66). Habrá que recordar una idea que resultaría obvia, y es que ningún ser humano determinó que el cuerpo de la mujer estuviera dotado biológicamente para permitirle albergar en él una nueva vida, un hecho que el feminismo radical de género insiste en mostrar como una imposición machista.

La feminidad se consagra en la figura de la madre. Toda mujer es madre y toda madre es susceptible de servir al Estado. El argumento del bien general, de la supervivencia de la especie; sujeta a la mujer –que debe ser siempre madre- a estrictas normas de actuación. Los argumentos más o menos apocalípticos sobre el peligro que supondría para la especie humana la emancipación de la mujer, constituyeron una más de las razones que sobrevaloraron la maternidad (Castillo, 2000, p. 70).

Es cierto que durante mucho tiempo la mujer se vio obligada a ser madre, pero no podemos caer en una especie de venganza con la historia e irnos al otro extremo de entender la maternidad como algo negativo, o una enfermedad, y menos censurar a quien opte por ella. Es lógico que se necesite para la supervivencia de la especie, es el único ser capaz de tener el ambiente propicio en su cuerpo para que una nueva vida aparezca; pero no es posible entenderlo como sometimiento, cuando en sí mismo es un poder.

Asumir a la mujer bajo una perspectiva de género es negar que, históri-camente, ha sido un sujeto enigmático, de gran poder. Sería un error decir que siempre ha estado sometida y dominada, porque la mujer es lo suficientemente astuta y estratega como para ponerla en todos los casos como la víctima. Ella, desde tiempos remotos, fue encargada de lo doméstico, un trabajo importante y difícil porque implicaba cuidar de la supervivencia de todos, lo que le permitió desarrollar habilidades distintas a las del hombre, que incluso hoy subsisten. Conociendo de su gran poder y sabiduría transmitida por generaciones, la mujer ha sido atacada, porque en ella reside la supervivencia, es la única capaz de dar vida y de mantener unida a su familia. Por tanto, la mujer no ha estado alejada del poder político, en muchas ocasiones ella es el “poder tras el poder” (Avendaño, 2009). De este fenómeno se percató la biopolítica y por esto no es coincidencia que la gran mayoría de los ataques que se generan para tratar de controlar la población vayan contra la mujer, a pesar de que para engañarla se le muestran como derechos, pero este tema lo abordaremos más adelante.

Los problemas que se avizoran de la ideología de género son varios, lo primero es que estamos frente a “un sistema cerrado contra el cual no hay

forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según las ‘feministas de género’ todo esto es ‘socialmente construido’” (Alzamora, S.F.) justamente como cualquier otra ideología es reduccionista.

Aquí estamos en el plano del relativismo, cuya tesis es que la verdad no existe. Y ya es conocida la crítica al relativismo, que evidencia su contra-dicción, pues si para ellos el que la verdad no exista, es una verdad absoluta e irrefutable, no tendremos más que apelar al principio de no contradicción, es decir que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo.

Llevando esta reflexión filosófica al plano de la teoría política, tendre-mos que decir que la ideología de género, más que una ideología, tiene preten-siones de doctrina. En palabras del profesor José Olimpo Suárez (2004),

(…) decimos de una teoría que se ha transformado en una doctrina política cuando asume acríticamente un conjunto de tesis en tanto cree poseer una verdad o un conjunto de verdades eternas e inmutables. El último ejemplo histórico de este caso de transformación teórica lo constituyó el marxismo-leninismo del siglo XX, que intentó legitimarse como una doctrina científica con base en el establecimiento de unas leyes inexorables para la historia humana” y concluye advirtiendo que “estas doctrinas han terminado siempre por absolutizarse y sus consecuencias en términos de violencia, barbarie y sinrazón deben ser siempre tenidas como modelos a no seguir por las sociedades modernas (p. 19).

Lo anterior nos lleva a la segunda cuestión, que es la unión entre mar-xismo y feminismo, que inicia con el planteamiento de Frederick Engels en su libro “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado” (1884), donde señalaba: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimo-nio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino” (Alzamora, S.F.).

Habrá que decir que esta unión entre feminismo y marxismo ha evolucionado a la unión entre género y marxismo, radicalizándose aún más. Pues es lógico que hablar de género no se restringe a la cuestión femenina, que valga, aclarar tampoco ésta se refiere a la mujer, pues recordemos que, dentro de dicha ideología, no existe ni el hombre ni la mujer, estas son simples categorías que inventa la cultura, pero que no son naturales.

Luego de revisar la peculiar “agenda feminista”, Dale O´Leary evidencia que el propósito de cada punto de la misma no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias. Asimismo, agrega la experta, el interés primordial del feminismo radical nunca ha sido el de mejorar directamente la situación de la mujer ni aumentar su libertad. Por el contrario, para las feministas radicales activas, las mejoras menores pueden obstaculizar la revolución de clase sexo/ género. Esta afirmación es confirmada por la feminista Heidi Hartmann que radicalmente afirma: ‘La cuestión de la mujer nunca ha sido la cuestión feminista. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer’” (Alzamora, S.F.).

De hecho, el feminismo sufre un rompimiento a raíz de la ideología de género. Es así como se empezará a hablar de feminismo de equidad para señalar aquel movimiento que buscaba la reivindicación de derechos sociales, políticos, económicos, entre otros. Y de feminismo de género, que pretende abarcarlo todo, entendiendo que la sociedad dominada por los hombres (patriarcado), ha sometido a la mujer en todos los sentidos, especialmente por medio de la maternidad, y que, en consecuencia, es necesaria la decons-trucción para superar esa dominación2.

De esta manera al disociar la mujer de la maternidad, y mostrar como algo esclavizante la familia y el matrimonio, además de promover las relaciones entre homosexuales, se estaría cumpliendo el principal objetivo del Informe Kissinger: reducir la natalidad. Pero la ideología de género no se queda ahí, va a cumplir lo que el Informe Kissinger planteaba sobre la promoción del aborto, la esterilización y los anticonceptivos, bajo la mal llamada educación

sexual, es así como aparecen en escena los derechos sexuales y reproductivos, hoy cada vez más promovidos internacionalmente.

Los derechos sexuales y reproductivos

Los “derechos sexuales y reproductivos”, son otro de los pilares de la ideo-logía de género, los cuales son considerados actualmente como parte de los llamados Derechos Humanos, y cada vez tienen pretensiones más fuertes de convertirse en Derechos Fundamentales, es decir, de hacer parte integral de las constituciones.

En un mundo constitucionalizado, las tesis de los derechos humanos (original de Occidente) cobraron cada vez más fuerza en el mundo, con-virtiéndose en un nuevo criterio de legitimidad del poder de los Estados modernos. Así las cosas ya no sólo basta con el contractualismo representado en la Constitución sino que, a nivel internacional y como producto de ese nuevo sistema global, los Estados deben responder a una serie de principios y valores que permiten la paz y la estabilidad de las naciones, entre ellos el respeto a los derechos humanos, de tal forma que aquello que se consignaba en la Constitución como privativo de la soberanía de los Estados, hoy se ve ampliado por figuras como el bloque de Constitucionalidad, que se consagra en la carta política de Colombia3 y que da el mismo rango de constituciona-lidad a los tratados internacionales que versen sobre Derechos Humanos.

Se supondría que la inclusión de dichos tratados al ordenamiento jurídico es una expresión de la misma soberanía nacional, pues así como está en la libertad de asumirlos, también es posible que no se adhiera a ellos, o que aceptándolos formule reservas. Ésta es la versión idealista, pues el realis-mo muestra que la no inclusión de esas agendas internacionales trae graves consecuencias para el país en términos diplomáticos y económicos, debido a que cualquier bloqueo de esta índole en un mundo globalizado es condenar

al fracaso muchos procesos de integración y colaboración de tipo económico, político, humanitario, de seguridad, entre otros, dada la interdependencia de los países. Dentro de esta lógica se entenderá que quien domine la inclusión o no de un nuevo discurso que adquiera categoría de derechos humanos ostentará un gran poder, que será justamente lo que pretendemos mostrar en la última parte de este artículo.

Ahora bien, en el lenguaje políticamente incorrecto estos supuestos derechos podrán ser sintetizados en aborto, esterilización y anticoncepción, o bajo su nombre genérico de “planificación familiar”. Esta categoría de de-rechos surge en la Conferencia de Teherán (1968), y de allí se repetirá en la Primera Conferencia Mundial de la Mujer (1975), en la Conferencia Mundial de Población (Bucarest, 1974) y en la Conferencia Internacional sobre Pobla-ción (México, 1984). Posteriormente, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer proporciona la base legal internacional más completa para estos derechos, siendo el primer ins-trumento internacional que se refiere expresamente a la planificación familiar. También hay acercamientos en las conferencias sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992) y sobre Derechos Humanos (1993). Pero es en 1994 donde aparecen ya de manera clara y fuerte los conceptos de salud sexual y reproductiva en dos conferencias importantes, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la IV Conferencia Internacional de la Mujer (Pekín, 1995) (Pérez & Noroña, 2002).

Justamente la conferencia de 1994 une las dos ideas fundamentales que pretende unir el informe Kissinger: la población y el desarrollo. Recor-demos que la propuesta del Informe es reducir las tasas de natalidad, para así “disminuir la demanda de alimentación, salud, educación, y otros servicios, y al incrementar su capacidad para contribuir a inversiones productivas, por tanto acelerando el desarrollo” (Informe Kissinger, 1975, p. 8).

Ahora bien, dar la categoría de derecho al aborto, la anticoncepción y la esterilización abre la puerta a muchos debates de tipo bioético, antropológico y filosófico, pero también biojurídicos y políticos, pues habrá que analizar el grado de poder que le estamos dando al Estado para que decida en las esferas de libertad que deberían ser privativas del individuo. Sin duda, estas biopolíticas no operan en lo público sino que, cada vez, tienen mayor injerencia en lo privado, llegando a determinar o sugerir ámbitos tan íntimos como el número de hijos que una pareja quiera tener, tal y como lo planteaba el Informe Kissinger.

Es conocido el argumento según el cual, estos nuevos derechos suponen una mayor libertad. Habría que empezar por preguntarse ¿qué entendemos por libertad?, y sobre todo ¿para qué existe el Estado? Porque, desde la tradi-ción liberal, el Estado es creado para que no nos matemos, para proteger la vida de cada individuo; el Estado tiene que coartar nuestras libertades para proteger la vida y de allí que se explique la existencia de órdenes jurídicos, como una forma de superar ese lamentable estado de naturaleza, donde reinaba la guerra de “todos contra todos” que bien describía Thomas Hobbes.

Ante lo controversial que puede resultar lo propuesto por el Informe Kissinger es recurrente encontrar advertencias sobre cómo deben ser pre-sentadas las ideas en los países LDC. Por ejemplo, una de ellas propone que se deben utilizar líderes de los propios países para que no se entienda como un colonialismo o una imposición externa. De ahí que todo el discurso se construya desde los derechos y no se hable ni de imposiciones, ni de deberes, se privilegia, de esta manera, el hombre Light que describe Enrique Rojas, al punto de confundir los deseos con los derechos.

Otra estrategia muy frecuente es que “la provisión de Planificación familiar en el contexto de servicios de salud más amplios puede ayudar a que la Planificación familiar sea más aceptada por los líderes de los LDC e individuos” (…) Finalmente, el proveer servicios integrados de planificación familiar y salud sobre una base amplia ayudaría a los EE.UU. a refutar la acusación ideológica que los EE.UU. están más interesados en disminuir el número de gentes en los LDC que en su futuro y bienestar” (Informe Kissinger, 1975, p. 90).

“El proveer cuidados de salud selectivos para las madres y sus hijos puede incrementar la aceptación de la planificación familiar al mostrar preocupación por la condición total de la madre y sus hijos, y no solamente por el único aspecto de fertilidad” (Informe Kissinger, 1975, p. 77). Interesa disminuir la mortalidad infantil debido a que, según ellos, las familias tienen más hijos para garantizar que algunos al menos sobrevivan.

Ahora, volviendo al tema del relativismo que planteábamos en el otro apartado, será necesario aclarar que los seres humanos somos hombres o mujeres y vivimos como tales, no estamos cumpliendo simples roles. Por ejemplo, la mujer cuando esmadre, no está haciendo las veces de madre, ella es, por ende, no es un simple rol. Esto que parecería un simple juego de

palabras lleva a relativismos problemáticos, como el disociar a la mujer de la maternidad, no es que para ser mujer se tenga que ser madre, es reconocer que la biología de la mujer le permite ser madre.

Este punto crucial al que hemos llegado nos permite hacer la relación directa con el Informe Kissinger que, como ya lo señalamos, entre sus líneas de acción tiene gran fuerza todas las políticas encaminadas a alejar a la mujer de la maternidad y de la familia, todo con miras a reducir la natalidad. En efecto, el informe expresa: “Las investigaciones indican que el empleo asalariado de la mujer fuera de la casa se relaciona con la reducción de fertilidad” (p. 80). De allí que quieran incentivarlo, no porque interese que la mujer se desarrolle y tenga igualdad en términos de derechos y oportunidades, sino porque la principal consecuencia es que ya no tendrá tiempo de cuidar a sus hijos y evitará tenerlos. Asunto que se refuerza con la declaración de Christina Hoff Sommers (citado en Alzamora): “No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella” (S.F.).

Es así como se trata de uniformar a la sociedad, privilegiando progra-mas que incentiven los derechos sexuales y reproductivos como una forma de liberación sexual femenina. Desde allí se impulsan los anticonceptivos que, en su mayoría, son hechos para las mujeres, sin informar los daños que generan en su salud; en parte porque las grandes beneficiadas son las farmacéuticas.

Se empieza a enseñar fuertemente que el aborto es un derecho de la mujer, no interesa explicar las consecuencias físicas y psicológicas que conlleva, en parte porque también es un buen negocio (Blood Money, 2009). No es gratuito que el mismo informe señale que “En los últimos años, los programas de población con fondos del gobierno de los EE.UU. han jugado un rol importante en despertar el interés en el tema de la Planificación familiar en muchos países, y en lanzar y acelerar el crecimiento de programas de Planificación Familiar nacionales” (Informe Kissinger, 1975, p. 59).

Incluso las corrientes más radicales, como la que expresa Adrienne Rich en “Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence” (citado en Alzamora, S.F.),llegan a sugerir que, “Una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es la de informar a toda mujer que la penetración heterosexual es una violación, sea cual fuere su experiencia subjetiva contraria”. De esta manera se acentúa aun más el odio y la división entre hombre y mujeres, que ellos

ven necesario para evitar la procreación y, de paso, se incentiva la procreación en los laboratorios.

Lo más curioso es que las primeras feministas, las que hoy denominan como feministas de equidad, estaban totalmente en contra del aborto, pues entendían que practicarlo, además de ser un asesinato, liberaba al hombre de toda responsabilidad asumiendo toda la carga la mujer.

En palabras de la Sra. Magaly Llaguno (1994), Coordinadora del

Consejo Latinoamericano por la Vida y la Familia de Vida Humana Internacional,

Los latinoamericanos se sienten ofendidos ante la imposición — por parte del gobierno de los Estados Unidos y de otros ‘países desarrollados’– de programas que ellos consideran inmorales y una violación de sus valores familiares. Las consecuencias de las políticas demográficas de los Estados Unidos han sido catastróficas para la familia. Se trata del holocausto más grande de la historia: entre 40 y 60 millones de abortos al año en el mundo, sin contar los cientos de millones más causados por los anticonceptivos abortivos. Si a este genocidio le añadimos el daño físico y psicológico a la mujer, la destrucción de la inocencia infantil a través de programas inmorales de ‘educación’ sexual, así como la destrucción del matrimonio y la familia, nos daremos cuenta de que este imperialismo demográfico no tiene paralelos en la historia.

El remplazo de la maternidad

“Los EE.UU. también propusieron unirse a otros países desarrollados en un esfuerzo de colaboración internacional de investigación de la reproducción humana y el control de fertilidad cubriendo factores biomédicos y socio-económicos” (Informe Kissinger, 1975, p. 64).

Paralelas a estas políticas de control de natalidad, y como respuesta a entender la maternidad como algo negativo, se han impulsado otras formas de procrear, como las técnicas de reproducción humana asistida. Lo ideal para quienes defienden estas tesis de género sería que la mujer no vuelva a participar en la maternidad, al menos no de la forma natural en cuanto a lo que al embarazo se refiere, de hecho se quiere llegar a la creación de úteros artificiales que reemplacen la función de la mujer en los nueve meses de gestación.

Por el momento, lo que se ha empleado son las llamadas madres de alquiler, mujeres que alquilan su útero con la finalidad de ayudar a aquellos padres que no pueden tener hijos, bien sea por problemas de fertilidad, este-rilidad o por su misma condición de homosexuales. O también para que las mujeres que pueden pagar por este servicio no pasen por el “penoso” proceso de la maternidad biológica. De esta manera tenemos mujeres de primera y segunda categoría, o la idea de una nueva esclavitud.

Al incentivar estas técnicas se llega a la eugenesia que pretende el Informe Kissinger, ya que la selección embrionaria que en ellas se practica, necesariamente es la eliminación de seres humanos en estadios primigenios que no cumplen las condiciones de calidad que el biopoder exige para vivir (ej: estar sanos). Igualmente, a partir de estas técnicas se puede pasar de la manipulación genésica (donde sólo se trabaja con vida en sus estadios pri-migenios sin alteración del material genético), a la manipulación genética (donde ya hay intervención en los genes), intentando en esta nueva etapa potenciar ciertos aspectos y eliminar otros. Otra modalidad de eugenesia es más simple y evidente, radica en el carácter económico, pues por los altos costos de estas técnicas quienes accedan a ellas no serán los pobres, para los cuales hay todo un diseño de “derechos sexuales y reproductivos”.

La otra opción, aunque todavía no muy explorada por las mismas dificultades técnicas, es la clonación humana. Pero ya empieza a verse como otra forma de reproducción viable hacia el futuro. Nuevamente la pregunta política sería ¿a quiénes clonar?

Los problemas aquí son más de tipo técnico y económico no bioé-tico, porque bajo la perspectiva de la ideología de género la bioética sería igualmente una construcción cultural que puede ser deconstruida u olvida-da. Recordemos que de la misma manera en que se eliminan los sexos y se habla de género, se disocia a la mujer de la maternidad, también se separa al humano del concepto de persona. De allí que la ideología de género tenga fuertes nexos con la bioética utilitarista, y con los movimientos defensores de la ecolatría, pues se parte de la tesis según la cual, no todo humano es persona y no toda persona es humano. De ahí el que no exista ningún reparo en la eliminación de embriones producto de técnicas de procreación humana asistida, ni frente a la píldora del día después, ni frente al mismo aborto. Al

quitarle al no nacido la condición de persona humana4, pasa a ser algo sin valor que no merece respeto y frente al cual priman los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.

Ahora bien, según lo que hemos visto existe una paradoja y es que se ha dicho que estamos viviendo el fenómeno de la sobrepoblación mundial y que por eso es necesario hacer un control de natalidad fuerte, entonces, por qué hablamos de técnicas de procreación humana asistida, de clonación y de prolongar la existencia. ¿No es una contradicción? No, estas apuestas de la biopolítica encuentran sentido, en tanto no se pretende acabar con toda la humanidad, sino eliminar a los que se consideran un problema, como los identificados en el Informe Kissinger.

Del género, la génera y otros eufemismos

El biopoder para llevar a cabo sus propuestas restringe el lenguaje y lo manipula; producto de esto en las últimas décadas asistimos a un fenóme-no conocido como el lenguaje políticamente correcto, que no es más que utilizar una serie de eufemismos para disfrazar la realidad, justamente como estrategia para emplear al mismo tiempo las teorías idealistas con las realis-tas. Mascarada en la que se utilizan todo tipo de estratagemas y la verdad es reducida a un asunto de poder que pocos cuestionan, pues como lo expresa Ludwig Wittgenstein en su famosa frase, “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Si el biopoder logra reducir el lenguaje que se propaga por los medios de comunicación que es la fuente de información, en últimas estará cambiando todo el imaginario colectivo, y tendrá el control de nuestra voluntad. No hay que olvidar a Goebbels: „Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad“.

En un artículo de prensa titulado “Del género y la «génera»”, que aborda la discusión de lo que se ha conocido como el “lenguaje políticamente correcto”, el profesor José Antonio Martínez, un catedrático de la Lengua Española, advierte de los daños que la ideología de género le ha ocasionado al lenguaje.

El lenguaje políticamente correcto más interesante es el llamado «no sexista». Su bestia negra, explicó Martínez, ha sido el masculino genérico, junto a la concordancia, porque «la perspectiva de género ha decidido asociarlo con la ocultación de la mujer por parte del varón y el dominio de éste sobre aquella».” Y continúa el artículo “Lo políticamente correcto no acaba en el género. El catedrático analizó eufemismos como ‘ataques selectivos’ «que no son sino asesinatos o actos de terror» y añadió que, por obra y gracia del lenguaje políticamente correcto, «el vil y desigual ‘terrorismo’ se dibuja como una simétrica y equilibrada ‘lucha armada’». Desde su óptica, es un veneno en papel de regalo, porque «la capacidad ocultadora del eufemismo se ha aprovechado para desinformar acerca de la realidad» (Fernández, S. F.).

Es importante ver que ya en el informe se intenta reemplazar la expre-sión “control de natalidad” por “planificación familiar”. La razón es que la primera expresión, desde la segunda Guerra Mundial, lleva implícita la idea de eugenesia. Mientras que la segunda es un buen eufemismo, que se vuelve socialmente más aceptable, aunque se dirija al mismo objetivo. Del mismo modo que hoy, por ejemplo, al aborto voluntario se le denomina interrupción voluntaria del embarazo.

La ideología de género no sólo pasó de los tradicionales dos sexos, a plantear cinco géneros, sino que también quiere reflejar estos cambios en el lenguaje. Lo que adicionalmente resulta cacofónico y que remite nuevamen-te a los dos tradicionales sexos a los cuales pretende estar haciendo alusión constante, supuestamente para lograr discursos incluyentes. Vemos cómo de manera reiterada el objetivo de la ideología de género es lograr la separación entre hombres y mujeres, división que pretende mostrarse, paradójicamente, como mayor inclusión.

“Los conceptos de Naturaleza, Ley Natural, Sexo y Familia son rem-plazados por otros como Derechos y Salud reproductiva, Derechos de las mujeres, Derechos de los homosexuales, Derecho a decidir” (Revello, 2005, p. 81).

Hoy hemos llegado a usar los mismos vocablos con contenidos muy diversos y, no pocas veces, con comprensiones contradictorias. Es más, habría que preguntarse si la introducción de tales términos ha ocurrido porque son connaturales a una mentalidad y a las costumbres que expresan, o porque son útiles para forjarlas. De hecho estas ambigüedades son fácilmente utilizables al servicio de intereses ideológicos y hasta económicos, que no reconocen la dignidad y, por ende, los derechos y los deberes del hombre (p. 79).

La ideología de género tiene, al mismo tiempo, un lenguaje agresivo, pues al ver a todo el sistema anterior como resultado de la dominación, no hay posibilidad de diálogo. Efectivamente, todo el que no esté de acuerdo con alguna política pasa a ser considerado “homofóbico”. Es decir, que la relación es de amigo-enemigo, quien no comparta mis postulados está en mi contra y debe ser atacado, lo que a todas luces constituye una visión dictatorial, totalmente alejada de la democracia.

Esta nueva ideología podría ser una forma más de pensamiento al cual podrían adherir quienes libremente deseen hacerlo, pero no es así. Quienes proponen estas normas particulares de pensamiento han decidido imponerlo al resto del mundo y para ello utilizaron la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizadas en septiembre de 1995 en Pekín, “para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión (p. 79).

Nuevos actores de las relaciones internacionales

La intervención de nuevos actores distintos a los Estados en la esfera mun-dial, como las ONG, las multinacionales, organismos supranacionales, entre otros, han puesto en entredicho la vigencia del concepto de soberanía5que da sustento al Estado moderno, convirtiéndose la mayoría de las veces en mecanismos para intervenir en otros países de forma soterrada. Esta herra

mienta ha sido ampliamente utilizada en materia de ideología de género, concretamente frente a derechos sexuales y reproductivos. En efecto, el Informe Kissinger expresa, “Los EE.UU., además, ofrecieron colaborar con otros países donantes interesados y organizaciones (por ejemplo, WHO, UNFPA, Banco Mundial, UNICEF) para promover mayor acción de parte de los gobiernos y otras instituciones de los LDC para proveer servicios de salud preventiva de bajo costo, incluyendo salud materna e infantil, y servi-cios de planificación familiar, intentando alcanzar las áreas rurales remotas”

(Informe Kissinger, 1975, p. 64).

A continuación enunciaremos algunas de las organizaciones que ac-tualmente tienen mayor presencia a nivel mundial.

Agencia Internacional para el desarrollo (AID): aparece de forma recu-rrente en el Informe Kissinger, documento en el cual se expresa que,

AID ha provisto asistencia a programas poblacionales en cerca de 70 países LDC bilateralmente y/o indirectamente a través de organizaciones privadas y otros medios. AID actualmente provee asistencia bilateral a 36 de estos países. El Estado y AID representaron un papel importante en el establecimiento del Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades Poblacionales (UNFPA) para liderar el esfuerzo multilateral poblacional como un complemento a las acciones bilaterales de AID y otros países donantes. Desde el establecimiento del Fondo, AID ha sido el contribuidor mayor. Más aún, con la asistencia de AID un número de organizaciones de planificación familiar privadas (por ejemplo, Pathfinder Fund, International Planned Parenthood Foundation, Population Council) han expandido significativamente sus programas poblacionales mundiales. Tales organizaciones aún son los principales apoyos de acción de Planificación familiar en muchos países en desarrollo (Informe Kissinger, 1975, p. 67).

AID debe alentar el desarrollo y ubicación de las mujeres en los LDC en los puestos de decisión en los programas de desarrollo, particularmente aquellos programas diseñados para incrementar el rol de la mujer como productoras de bienes y servicios, y en otras maneras mejorar el bienestar de la mujer (por ejemplo, programas de financiamiento y crédito nacionales, y programas nacionales de salud y planificación familiar)” (p. 80).

Organización de Naciones Unidas (ONU): aunque su mismo logo pretenda mostrar a los Estados en un plano de igualdad, esto no es más que

una ilusión propia de las teorías idealistas. Basta analizar su composición y financiación para advertir que la teoría realista se impone en cuanto a la ad-ministración del poder frente a las políticas a seguir. Estados Unidos tiene un gran poder en la organización y es visible que la ONU da fiel cumplimiento a lo propuesto en el Informe Kissinger por medio de sus entidades. Un caso ilustrativo fue el reciente pronunciamiento del Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas frente al caso de Nicaragua, país que en 2006 penalizó el llamado aborto terapéutico gracias a la unión de los dos principales parti-dos políticos, en dicho estudio justamente la ONU hace la relación entre la penalización del aborto y la violación de derechos humanos de las mujeres, lo que considera tortura, comprobando una vez más que los Estados, bajo el nuevo sistema, no tienen la libertad ni la soberanía de decidir sobre estos asuntos. Frente al caso son importantes las declaraciones del Dr. Rafael Ca-brera, Presidente de la Asociación Nicaragüense por la Vida (ANPROVIDA), quien reveló el acoso abortista por parte de distintas organismos y autoridades internacionales por haber consagrado el derecho a la vida del no nacido, ra-zón por la cual expresó estar “ofendido por la intromisión de embajadores, organizaciones internacionales, como la ONU, que están invadiendo nuestra soberanía, amenazando con la suspensión de ayuda económica si no se hace el capricho de ellos” (Médico pro-vida revela, 2007).

Organización Mundial de la Salud (OMS): retoma en sus programas conceptos expuestos en las conferencias de El Cairo 1994 y Pekín 1995 (antes mencionados). El profesor Jerome Lejeune, en una oportunidad, se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte” (Descu-bridor de la causa, S.F.). Este organismo perteneciente a la ONU está sujeto igualmente a esferas de poder y no es neutral, ni objetivo6.

Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF): desde 1966 hasta hoy, este organismo de la ONU promueve el aborto. En ese año el director ejecutivo Henry R. Labouisse sometió al Consejo directivo un informe titu-lado “Posible papel de UNICEF en la planificación familiar” (Possible Role of UNICEF in Family Planning), lo que en principio creó división. “Más tarde, como también ha sucedido con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este tipo de propuestas se aceptaron con una estratagema: se cambió el nombre a los programas de reducción de los nacimientos por el de “salud reproductiva” de madres y niños. (…) En 1966, UNICEF gastó 700.000 dólares en programas de planificación familiar. En 1971, 2,4 millones de dólares y, en 1973, 4,2 millones de dólares en 30 países. Con el pasar de los años, ha aumentado además la colaboración entre UNICEF y la International Planned Parenthood Federation (IPPF), la asociación más poderosa del mundo en la promoción del aborto y de la anticoncepción” (UNICEF: Acabar con la pobreza, S.F.).

Cada vez estas posiciones han sido más fuertes. Entre 1987 y 1990 UNICEF participó en programas de planificación familiar en Nepal, Malawi, Jamaica, Burundi, Kenia, Cabo Verde, Tanzania y China. En 1987 en la Conferencia Internacional para mejorar la salud de mujeres y niños a través de la planificación familiar, celebrada en Nairobi (Kenia), UNICEF apoyó abiertamente el aborto como “servicio legal, de buena calidad y accesible a todas las mujeres”. En 1992, UNICEF hizo presiones para legalizar el aborto en los países en los que es ilegal y en 1996 presentó en el informe anual de ese año la planificación familiar (que incluye el aborto) como “uno de los medios más eficaces para combatir la pobreza” (UNICEF: Acabar con la pobreza, S.F.).

Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF): fundada en Bombay en 1952, es la organización que más promueve la anticoncepción, la esterilización y el aborto en el mundo. Tiene varias filiales y organizaciones relacionadas con ellos7.

La fundadora de Planned Parenthood fue Margaret Sanger quien, inspirada en las ideas de la sueca Ellen Key, autora de “El Movimiento de la Mujer”,

comenzó a predicar una doctrina basada en la negación categórica de principios morales estables. Esta postura la llevó a sostener, por ejemplo, que “el lecho conyugal es la influencia más degenerante en el orden social”. Si bien la Sanger pareció al principio estar de parte de los pobres, no bien su movimiento ganó impulso comenzó a predicar la “necesidad” del control de la natalidad, demostrando que aquellos en realidad le horripilaban, pues consideraba a dicho control como un medio para limitar la “maleza humana” y de preservar la libertad de la ‘estirpe superior’” (“Informe sobre la IPPF, S.F.).

Hacia 1920, Margaret Sanger escribía “Los filántropos que propor-cionan cuidados gratis de maternidad obligan a los segmentos más sanos y normales del mundo a soportar la carga de la fecundidad irreflexiva e indiscri-minada de los demás, lo que trae consigo […] un peso muerto de desperdicio humano y, en lugar de disminuir y dedicarse a eliminar las estirpes que mas perjudican el futuro de la raza y del mundo, tiende a volverlas dominantes en un grado amenazador” (Informe sobre la IPPF”, S.F.)

Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer (CE-DAW): establecido por el artículo 17 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, para examinar los progresos realizados en la aplicación de sus disposiciones. Su función es “servir de sistema de vigilancia de la aplicación de la Convención por los Estados que la hubieren ratificado o se hubieren adherido a ella, a través del examen de los informes presentados por los Estados Partes. También puede invitar a organismos especializados de las Naciones Unidas a que envíen informes para su estudio y puede recibir información de organizaciones no guberna-mentales” (Comité para la eliminación, S.F.). Este Comité además elabora recomendaciones que deben ser acogidas por los Estados (especialmente aquellos que ratificaron el Protocolo Facultativo), en las que suele propender porque se amplíen los derechos sexuales y reproductivos (Recomendaciones del Comité, 2007).

Women on Waves (Mujeres sobre las Olas): es una organización holan-desa que dice trabajar sobre los derechos humanos de la mujer, se dedica a promover la legalización del aborto en aquellos países donde éste no ha sido legalizado o despenalizado, en ciertos supuestos. En la práctica, lo que hacen es ir a las costas de aquellos países, recoger allí mujeres y posteriormente realizar

abortos en el barco en aguas internacionales, ya que en ese momento la ley holandesa rige para el barco holandés8.

En la actualidad este barco ha tenido dificultades para continuar sus ta-reas debido a los cambios en la legislación holandesa en materia de aborto.9

Women’s Link Worldwide: como lo expresa en su página de internet “promueve la equidad de género a través del desarrollo y la implementación estratégica de los derechos humanos alrededor del mundo” (Women’s Link Worldwide, S.F.). Esta organización promueve abiertamente la ideología de género, con sus respectivos derechos sexuales y reproductivos. En efecto, la abogada Mónica Roa, Directora del programa Género y Justicia de esta organización, fue quien llevó a cabo el Proyecto de Alto Impacto para la Despenalización del Aborto (LAICIA) en Colombia que buscó tener un efecto dominó en América Latina.

Católicas por el derecho a decidir: su objetivo dicen, es “Incidir polí-ticamente en escenarios regionales e internacionales para el avance de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres en América Latina, promoviendo una visión positiva de la religión en el campo de la vida sexual y reproductiva” (Católicas por el derecho a decidir, S. F.). Esta organización, bajo un lenguaje engañoso pretende hacer creer que lo católi

co no riñe con el aborto, centrándose en la mujer y negando el carácter de persona al no nacido.

Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO): “El pre-sidente de FIGO trabaja con el apoyo de un Consejo Consultivo formado por expertos de la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNICEF, IPPF (Federación Internacional de Plani-ficación de la Familia) y el Banco Mundial (…) En 1998, la junta ejecutiva de FIGO estableció un “Grupo de estudio sobre los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres”, el cual investigó cómo avanzar dichos “derechos”, “promoverlos y protegerlos”. Durante su Asamblea General en Washington D.C., septiembre del 2000, la FIGO tomó claras posturas antivida a favor del aborto y de que se obligue a los médicos que no practican abortos a que refieran a las mujeres a “un colega” que sí lo hace. Según las Normas de ética de la FIGO, “La mujer tiene el derecho a tener acceso al aborto médico in-ducido (es decir, químico, nota de la traductora) o quirúrgico, y los servicios de cuidado de la salud [tienen] la obligación de proveerlos de la manera más segura posible” (Llaguno, S.F.).

International Projects Assistance Services (IPAS): es una compañía distribuidora de equipos para practicar abortos y promotora del aborto en Latinoamérica. Según expresan “Ipas trabaja a nivel mundial para aumentar la capacidad de las mujeres de ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, y para disminuir la tasa de muertes y lesiones relacionadas con el aborto. Nosotros creemos que las mujeres en todas partes del mundo deben tener la oportunidad de determinar su futuro, de cuidar a su familia y de manejar su fertilidad” (IPAS, S.F.).

Conclusión

A manera de conclusión, podemos decir que lo político y lo jurídico son construcciones culturales que justamente nos han permitido respetar la vida, ser diferentes a los animales, lograr ser racionales y no simplemente pasionales, no dejarnos llevar exclusivamente por lo que Freud llamaría las pulsiones del Eros y el Tánatos. Poder hablar de Derechos Humanos es un reconocimiento de esa dignidad del ser humano, y es un proceso que sólo se logra mediante la cultura y la racionalidad. Pretender el absurdo de que el ser humano llegue a un mundo desprovisto de cultura, como lo pretende la ideología de género, y que no se vea afectado por lo que ya hay construido, sería justamente volver a ese estado de naturaleza y pretender eliminar al mismo ser humano. De hecho, no son alejadas estas tesis de la ecolatría, o del mundo sin seres humanos.

Para superar los problemas que tenemos entre hombres y mujeres no hace falta negar nuestra realidad donde existen dos sexos, ni es necesario inventarse una multiplicidad de géneros. Ya Guillermo de Ockham, decía que “no se deben multiplicar los entes sin necesidad”, porque si cada vez que se requiera solucionar un problema va a postularse una nueva entidad, en-tonces no se está solucionando problema alguno (Botero, 2003, p. 345).

Esta inflación de términos no está solucionando nada, por el contrario, está manipulando la situación.

Por otro lado, al incluirse los “derechos sexuales y reproductivos” (aborto, esterilización y anticoncepción) como derechos humanos, se abre la posibilidad de que existan presiones externas para que el país se vea obligado a acogerlos y promoverlos, de lo contrario, estaría violando derechos humanos. Estas sanciones generalmente son políticas (diplomáticas) y/o económicas, lo que en un mundo globalizado supone mayores problemas dada la interde-pendencia de los países. Además se relativiza el derecho a la vida, el primero de todos según la tradición liberal clásica.

En suma, y siguiendo al profesor Zygmunt Bauman (citado en Pai-zzini, 2008),

Detrás de toda destrucción de un pueblo por otro está la idea de unwertes leben (vidas sin valor = nudas vidas), la creencia de que hay que preservar unas vidas y no otras y de que cuando se acaba con aquellas que no merece la pena conservar, se revalorizan las que sí son valiosas, aumentando sus posibilidades de supervivencia […]. Extinguir las unwertes lebenes una actividad de tipo higiénico y sanitario; un esfuerzo revitalizador, una operación que prolonga y protege la vida de los que merecen vivir […]. El único servicio que pueden prestar quienes no merecen vivir es desaparecer del mundo de los vivos […]. En todo genocidio las víctimas son asesinadas no por lo que han hecho sino por lo que son […] el genocidio se inicia con una clasificación y concluye como una matanza basada en el establecimiento de categorías. A diferencia de lo que ocurre en una guerra, las víctimas del genocidio no tienen una personalidad propia ni son sujetos de actos que puedan ser juzgados […] su

único y suficiente crimen es haber sido clasificados dentro de una categoría definida como criminal o como enferma sin remedio. En último extremo son culpables de ser acusados (p. 100).

Referencias

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Sida: ¿El uso del condón lo previene realmente?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 16, 2012

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que las políticas gubernamentales, en el mundo, quieren olvidar los dos primeros puntos, ya que, sistemáticamente erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

-“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, ha de tenerse en cuenta la información recopilada por el Dr. Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de Julio–Septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%. Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El Dr. Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre SIDA, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Esto sucede porque en las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es muy grande: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y en la de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección. Si se considera que las mucosas del ano y del recto están totalmente exentas de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que el porcentaje de excoriaciones es mucho mayor en las relaciones homosexuales entre hombres, o en las de pareja, cuando la relación es anal. Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar -injusta y estúpidamente- a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%). (Sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos). Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89). (R 19, del 28 de enero de 1992.)

Se están creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y se está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión, y otros medios de comunicación, propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de  propagandas de televisión, máxime si tienen el aval de los ministerios de salud, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestó afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

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La RU–486: aborto temprano

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 9, 2010

La Food and Drug Administration (FDA) aprobó en el mercado farmacéutico la Mefepristona, píldora abortiva que lleva por nombre comercial RU–486, el cual hace referencia a la compañía fabricante, Roussel Uclaf, y al número del proyecto de investigación, el 38486, con la que se producen la muerte y la expulsión del embrión. Quedó permitido su uso durante las primeras 7 semanas de embarazo.

Esta noticia ha dado la vuelta al mundo, causando gran admiración en el público, especialmente en aquellas personas que desconocen la función de la FDA o en las no instruidas en genética y embriología.

1.- Empecemos por la FDA. Lo que esta institución hace referente a los medicamentos es aprobar su uso, después de algunos exámenes rutinarios.

Pero, al revisar las aprobaciones dadas a muchos medicamentos, puede uno percatarse de que han sido certificados productos quimioterápicos que producen efectos secundarios graves y numerosos, como es el caso de la cortizona o el cloramfenicol: basta ver la larga lista de efectos negativos graves de estos dos medicamentos para deducir que la aprobación de la FDA no es, como algunos creen, una exaltación de las bondades de un medicamento sino simplemente la certificación de que no es letal.

2.- Otro aspecto muy ignorado es la certeza que la genética tiene hoy acerca del comienzo de la vida humana, que se origina con la fecundación. En ese momento, el nuevo ser humano posee en sus cromosomas toda la información que conformará las Embriología

características peculiares de ese ser: los genes guían la construcción del cerebro, determinan el grado de inteligencia, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la forma del rostro, la forma de las huellas digitales, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad…

Esto se lleva a cabo de manera similar a como lo hace un disco compacto, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan en él instrumentos ni partituras. Tan pronto comienza a funcionar, toda la enorme cantidad de información contenida en los genes (veintitrés cromosomas de la madre que se unen al mismo número de cromosomas del padre), la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre, es decir, una vida viviendo dentro de otra.

3.- Por último, hay aspectos embriológicos bastante desconocidos:

Se ha oído, por ejemplo, el latido del corazón de los embriones 17 días después de fecundado. Con técnicas como la ecografía transvaginal se puede observar, 19 días después de la fecundación, la protuberancia que contiene el cerebro, las placas neurales, que son lo más grande de su pequeño cuerpo. Esto nos enseña que lo primero que él forma es su sistema nervioso central.

Un mes después de la fecundación (4 semanas) se ven, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro. Posee ya células sanguíneas y vasos primitivos. A lo largo del tronco se encuentran 25 pares de segmentos de tejidos llamados somitos, de los que se desarrollarán sucesivamente los huesos y los músculos. Cada somito tiene su conjunto de nervios. El sistema nervioso del cerebro comienza a hacerse más complejo, y empieza a formarse el estómago. Durante la quinta semana pueden reconocerse, a cada lado de la cabeza, los rudimentos de los ojos, y se ve que comienza a formarse la nariz. El cerebro es aún más complejo, y ya han comenzado a formarse los pares craneales. Los brazos son más largos que las piernas, las cuales también continúan desarrollándose. En las zonas en que más tarde estarán los huesos comienza a aparecer cartílago. A las 6 semanas se ha formado ya la retina de los ojos y el cristalino casi en su totalidad. Comienza a desarrollarse el pabellón auricular (oreja). Las manos muestran el contorno de los dedos. Se inicia la producción de sangre por parte del hígado. Desde este momento, los ginecólogos ven al embrión efectuando movimientos.

Todo esto se habrá truncado si se practica el aborto con la RU­­–486.

  

 

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Cómo se producen las fallas en la sexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 3, 2009

 En la sexualidad física normal se da una armonía y concordancia entre todos sus componentes; pero, a veces, se presentan anomalías que determinan un estado de intersexualidad.

Esto se da si hay discordancia entre los caracteres genéticos, gonádicos, embrionarios y genitales del sexo. Las anomalías se conocen como el pseudohermafroditismo y el hermafroditismo verdadero.

El pseudohermafroditismo se puede dar en dos situaciones:

En el pseudohermafroditismo femenino los genitales son masculinos (más o menos diferenciados), mientras las gónadas y el patrimonio cromosómico son femeninos, como ocurre, por ejemplo, en el Síndrome Adrenogenital Congénito.

En el pseudohermafroditismo masculino los genitales son femeninos, pero las gónadas y el patrimonio cromosómico son masculinos, presentando incluso testículos (Síndrome de Morris o de feminización testicular).

El hermafroditismo verdadero es, casi siempre, una mezcla de los tejidos de las gónadas, esto es, del testículo y del ovario. A veces, también se presenta cuando el individuo posee un ovario y un testículo.

Ambas circunstancias son raras y originan anormalidades que dan la apariencia de reunir ambos sexos.

Con tratamientos quirúrgicos y hormonales se tratan estos casos. Afortunadamente, luego del tratamiento las características sexuales suelen definirse, y el individuo puede vivir una vida normal.

Estas diversas formas de anomalía se producen en los componentes físicos del sexo, y son completamente diferentes al transexualismo, la homosexualidad y transvestismo, los cuales se explican a continuación.

1) El transexualismo auténtico se define como el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto.

Casi la totalidad de los casos se trata de sujetos de sexo físico masculino que psicológicamente se sienten mujeres y que tienden a identificarse con el sexo femenino.

Estos individuos se examinan y resultan varones en el sentido pleno de la palabra: genéticamente son varones, las características de los genitales externos son —estrictamente hablando— masculinas, tienen testículos sin mezcla alguna de tejido ovárico, la hormona que circula por su cuerpo es la testosterona y por eso poseen todos los caracteres sexuales secundarios masculinos: su desarrollo muscular es mayor, la voz es grave, les nace barba y bigote, la cadera es más pequeña que la de la mujer, el vello púbico tiene forma de V con vértice superior…; pero su tendencia psicológica es femenina: suelen decir que se sentirían mejor si fueran mujeres, y a algunos les gustaría cambiarse de sexo.

Aunque parezca redundante, debe afirmarse que no se han descubierto factores que generen, susciten o predispongan esta actitud frente a su propia sexualidad: ni elementos genéticos, ni sustancias hormonales, ni aspectos embrionarios, ni de ningún tipo.

Son muy raros los casos en sentido inverso, es decir, los sujetos físicamente mujeres que pretenden volverse hombres.

2) El transvestismo, es un síndrome en el cual no hay un deseo profundo de cambiar de sexo, sino que simplemente sienten una «necesidad» psíquica de vestirse con ropa del otro sexo, como condición necesaria para alcanzar la excitación sexual; y esto no quiere decir que dejen de buscar relaciones sexuales con sujetos del sexo opuesto.

Tampoco hay elementos físicos causantes de este desorden entre lo biológico y lo psíquico.

3) El homosexual es un individuo masculino; pero los aspectos físicos del sexo los usa para la satisfacción erótica con un hombre. Él no desea cambiar de sexo, sino, simplemente, tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Esta definición es válida tanto para el homosexual masculino como para la mujer lesbiana: el sexo genético, el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital están todos definidos; pero ella desea tener relaciones sexuales con mujeres y él con hombres.

Como en el transexualismo y en el transvestismo, en la homosexualidad no factor hay biológico que la predisponga.

  

 

 

 

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La educación sexual: ¿en el justo medio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 5, 2009

Todos los padres desean que sus hijos e hijas no tengan hijos prematuramente y que no adquieran sida o enfermedades de transmisión sexual.

Nadie desea que su hija sea violada. Ni que sufra de frigidez o sea ninfomaníaca.

Quieren que sus hijos no tengan relaciones con prostitutas ni que, mucho menos, se prostituyan. Ni que sufran de eyaculación precoz o de impotencia. Ni tampoco que sean promiscuos.

Adicionalmente, ningún padre desea que alguno de sus hijos sea homosexual. Es sorprendente saber que ni siquiera lo desean la mayoría de los padres homosexuales. Todos los padres quieren que sus hijos sean felices, que lleguen con dignidad al matrimonio y que, ya en él, la mantengan.

De manera pues, que aunque es muy importante poder curar, es preciso y siempre mejor prevenir.

Para lograr estos deseos, es necesario estar en el justo medio: lo más ecuánime, pero también lo más difícil, es lograr el punto intermedio entre dos extremos.

En contraposición al antiguo y mojigato concepto de que toda información podía estimular la libido, hoy es constante en algunos sexólogos la idea de que los problemas que se presentan en los jóvenes provienen de la falta de información acerca de los temas genitales.

Por esa razón se ha creído necesario “llenar” al adolescente de datos estadísticos y científicos en lo que se refiere a evitar el embarazo y las enfermedades como el sida.

Los descritos son los dos extremos: ignorancia absoluta o relativa, y superinformación.

Pero las estadísticas muestran que los errores generalmente los producen la falta de voluntad, de formación, no de información; el punto intermedio —el justo medio— de estos dos extremos es educar.

Existe una gran diferencia entre “informar” y “formar”: con lo primero no se logra inducir el comportamiento hacia el bienestar propio de cada educando, sino que se le crea una cantidad grande de prevenciones que no lo encaminarán hacia el enriquecimiento personal integral, sino que, por el contrario, le dirán simplemente hasta dónde pueden llegar sus instintos con el mínimo riesgo de enfermedad o de embarazo. Al formar, en cambio se crea un ser capaz de entregarse sin reservas egoístas y, por tanto, de tomar decisiones desesclavizado de las pasiones, es decir, libre.

Contra el vicio, el egoísmo, la rutina y la comodidad —que impelen, por el conformismo, al divorcio—, la educación da un entrenamiento en el dominio de sí mismo, forma el carácter e incentiva el espíritu de sacrificio. Esto llevará de la mano a la estabilidad conyugal.

Otro mito que existía, el mantener todo escondido, hizo que, por reacción de rebote, muchos se inclinasen por intentar destapar todo. Resultado de esto fue, como se pretendía, la desmitificación de muchos errores, pero también, el hedonismo – doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida- y su consecuencia obvia, la denigración general de la moralidad y del valor que se le tiene a la mujer.

Esos, de nuevo, son los extremos. El justo medio es lo natural.

Tampoco debe tratar de vivirse la sexualidad en los extremos: ni “todo es pecaminoso”, ni “todo es correcto”. Ni seguir como los animales el instinto, ni tratar de domarlo maniqueísticamente, pensando que lo genital es malo. Otra vez, el justo medio es lo natural: ni mito, ni pudor excesivo.

En fin, el amor verdadero es el punto intermedio entre la pasión desenfrenada y el sentimentalismo irracional.

Por último, el justo medio debe estar también presente en el plan educativo: la información gradual, adecuada a la edad y, muy especialmente, coherente con la dignidad del ser humano será la medida para producir únicamente beneficios en los jóvenes.

 

 

 

 

 

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Las siete reglas de oro de la educación sexual

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 29, 2009

 

La procreación no termina, como en la mayoría de los animales, con el parto, la alimentación y protección durante los primeros días. En la especie humana, por la existencia de la inteligencia, la voluntad y el amor, es necesario completar la labor con la educación en todos los aspectos de sus vidas: la cultura, el bagaje de conocimientos, el aprecio de los bienes materiales, el amor, el comportamiento, las virtudes… todo lo que les pueda granjear su bienestar biológico, psicológico y espiritual.

Para lograr el justo medio entre la mojigatería y el libertinaje, como se acaba de describir, y así dejar un legado útil a los hijos con el que se encaminen hacia su felicidad, es necesario asentar la educación sexual en sus pilares fundamentales: el ejemplo, la confianza, la naturalidad, la verdad, la prevención, la prudencia y el decoro.

 

1. El ejemplo

Los niños están atentos a lo que Ud. hace y querrán hacerlo también, más si la relación padre–hijo o madre–hija es armónica.

Los adolescentes seguirán las pautas de coquetería y conquista que han visto en sus progenitores, cuando inicien su vida afectiva con sus amigas y amigos de distinto sexo.

Los jóvenes, aun en medio de la rebeldía propia de su edad, desarrollarán su personalidad individual en los cauces dejados por el ejemplo de los padres.

Y los adultos, pasada la etapa del conflicto generacional, retornarán para vivir indefectiblemente como los padres encaminaron su vida de relaciones interpersonales y de pareja, especialmente si llegan a faltar.

Casi ninguno escapa de esta “ley” de la vida. Es impresionante ver cómo se repite una y otra vez el viraje de rebeldía y, tras él, el retorno a las mismas costumbres que se vivieron en el primer hogar: de padres machistas, muchas veces se formarán hijos machistas; las hijas de las madres maltratadas, por un extraño concepto de similitud, casi siempre, y aunque manifiesten lo contrario, buscan esposos que, aunque las hagan sufrir, se parezcan a su padre. Así mismo, los hijos e hijas de padres y madres nobles y llenos de virtudes tienden a encontrar en sus novias y novios esas cualidades; algunas veces fallan en hallarlos y aparece el dolor.

Pero, generalmente, sólo el estudio de estos aspectos unido a una profunda perspicacia por parte de hijos ya maduros puede romper esta cadena. Por eso, el aspecto más relevante en la educación sexual, la principal regla de oro, es el ejemplo.

Aunado a esto, la fuerza de la educación reside principalmente en la vivencia personal. Sólo un padre fiel puede pretender, por ejemplo, que su hijo no se arriesgue a infectarse con el virus del sida o que su hija no quede embarazada durante la etapa escolar.

¿Cómo es posible enseñar principios morales si Ud. no los tiene? Si su hijo ve que Ud. los vive, le será más fácil seguir el ejemplo; igualmente, si Ud. tiene naturalidad, dice siempre la verdad, es decoroso, etc., obtendrá eficacia en la educación de sus hijos.

 

2. La confianza

¿Cómo lograr que sus hijos acudan a Ud. en caso de duda?

Esto no sucederá si Ud. no escucha con atención lo que su hijo le cuenta acerca de sus cosas, lo rechaza o simplemente si lo ignora, buscando la conversación con otros adultos. Tampoco será posible si, ante cualquier tema un poco “delicado” Ud. se escandaliza.

Para adquirir esa deseable confianza es necesario, primero, el diálogo: hable con su hijo, que su hijo sepa que puede hablar con Ud. de cualquier tema, que tenga la confianza de hablar cuando algo le preocupe. Esto es imposible si los temas que a su hijo le gusta tratar son vanos y superficiales para Ud.; en cambio, si Ud. les da la misma o más importancia a sus cosas que a las propias, encontrará un amigo en Ud. Eso lo llevará a explayarse siempre contándole todo, incluyendo los temas escabrosos, que ya no lo serán.

Es imperante insistir sin descanso en la calidad del trato con los hijos: así como el amor conyugal, el amor paternal y maternal también son sacrificio. ¿Se ha preguntado Ud. cuánto se “sacrifica” escuchando las cosas que sus hijos quieren contarle? ¿le parecen superfluas, intransigentes? Pues a ellos no. Póngase en sus circunstancias: acuérdese de cuando Ud. era niño y quería que sus padres lo atendieran y vivieran con Ud. las emociones de cada descubrimiento, de cada logro, de cada alegría… Si lo hace, ellos podrán contar con Ud. como amigo y Ud. podrá ayudarlos como tal y como padre.

¿Se da cuenta de lo tanto que gana un amor así? Pocos consejos se quedan tan grabados en la memoria de su hijo como cuando hay confianza y, lo que es mejor, la labor educativa no resultará desagradable para ninguno de los dos.

Para seguir cultivando esa amistad qué bueno es elogiar los esfuerzos de sus hijos, no sólo los triunfos. A veces los padres pecamos en ese sentido: si el muchacho o la muchacha lucha denodadamente por lograr algo y no lo hace, se sentirá frustrado cada vez que fracase, en cambio, si se le estimula, cada fracaso lo impulsará a seguir luchando, y es probable que por eso sea luego un triunfador. Así que anime en esa lucha, así disminuirá los altibajos, propios de esas edades y lo encaminará rápido a la madurez.

Un muro que a menudo se forma entre padres e hijos es el orgullo de los primeros: cuando un padre cree que el respeto es más importante que el amor y la comprensión, la comunicación se rompe y el trato se basa, a partir de ese momento, en el miedo. Acepte los propios errores: eso le hará ganar confianza, no sólo para que le comunique los suyos a Ud. sin temores, sino para que nunca se sienta desanimado en la lucha, pues sabrá que puede caer como Ud., y como Ud. levantarse.

Calma: el acaloramiento no lleva al bien del hijo, este casi nunca lo acepta y se resquebraja la relación. Si lo llega a hacer aprenda a pedir perdón. Sí, hay que repetirlo muchas veces (esta es otra forma de machismo), él es un ser humano, con una dignidad grande, como la suya.

Nunca critique a sus hijos, critique sus actuaciones, si es menester. Es muy distinto decir: “Qué estúpido eres”, que: “Lo que estás haciendo está mal”, o mejor aun: “estás equivocado”. Lo que más separa a un hijo de su padre es que este no sepa distinguir entre la ofensa y el ofensor: es bueno criticar la acción, es malo criticar a su hijo.

Y otra actitud que ayuda mucho a no romper el hilo filial y paternal es crear lazos de servicio y de responsabilidad: que los hijos sepan que están haciendo una contribución a la familia, que se sientan importantes, casi indispensables.

 

3. La naturalidad

Para obtener toda la confianza de un hijo, para que haga sus preguntas sobre sexualidad y aun sobre genitalidad a sus padres, es importante subrayarles que las preguntas sobre estos temas son, para los niños, tan normales como las que puede hacer a propósito del día y la noche, de la luz y de la sombra, o cualquier otro tema, puesto que este es un tópico natural, aunque, aveces, los adultos no lo vean así. Y aunque parezca excesivo lo que viene a continuación, no hay mejor manera que contestar a esas preguntas de la misma forma como se hace cuando las preguntas son acerca del día y la noche, de la luz y de la sombra o de cualquier otro tema considerado fatuo o intrascendente, obviamente, con la prudencia de contestar, como se verá en el subtítulo “F”, adecuándose a la edad, a las circunstancias y al momento.

Lo que no puede olvidarse es que si el tono de la voz o la actitud cambian, si, por ejemplo, ahora sí se le pone atención o si se da una evasiva a la respuesta, se creará en el subconsciente del niño o del joven una sensación de que “algo está mal”, de que “esto tiene cosas escondidas, secretos” o, lo que es peor, pero más frecuente, “esto no lo vuelvo a preguntar a papá o a mamá, sino a mis amigos”.

 

4. La verdad

Nunca, nunca, pero nunca mienta a su hijo.

Todos los sexólogos insisten en que todas las respuestas se deben dar en forma clara y completa. Délas así: con claridad y con sencillez. Bastará que Ud. esté listo a contestar sus preguntas, siempre pensando en el bienestar de su hijo.

Tal vez el único tema que quizá falte aquí es el de la masturbación, dentro de lo que se refiere a los trastornos de la sexualidad; ya que, al hablar de la verdad, conviene desechar algunos errores de concepción al respecto:

Se entiende por masturbación cualquier forma de autoestímulo dirigido a obtener excitación sexual, se alcance o no el orgasmo.

El término masturbación, si bien en su origen alude al estímulo manual (de “manus”, mano y “stuprare”, violar), abarca diferentes formas e instrumentos para estimular los genitales.

Algunos postulan que la masturbación es buena, antes de tener relaciones maritales, ya que los espermatozoides “buscan una salida”; de ahí, dicen ellos, las poluciones nocturnas.

En efecto, desde la adolescencia, y a lo largo de toda la vida, se forman en los testículos millones y millones de espermatozoides. En los canales seminíferos que llenan los compartimientos del testículo, los espermatozoides sufren un constante proceso de multiplicación, hasta el punto de que cada mes se crean entre 10 y 30 billones, que, por el canal seminífero, llegan hasta el epidídimo, donde maduran durante unas 72 horas, hasta que ya son adultos para fertilizar. En el epidídimo, por así decirlo, se “almacenan” y quedan en disposición de ser eyaculados. En unas doce horas, aproximadamente, se juntan espermatozoides para tres o cuatro eyaculaciones.

Lo que frecuentemente se desconoce es que cuando el hombre no tiene relaciones genitales, los espermatozoides se desintegran y reabsorben, de modo que el proceso de creación de estos no llega a detenerse nunca, aunque se destruya el excedente.

La masturbación, de hecho, no comporta ningún peligro para la salud biológica del adolescente, pero ya se ha visto en todos los estudios anatómicos y fisiológicos que el pene es para la vagina y esta para aquel. Significa esto que la masturbación no es natural, es destructora del orden cosmológico y, por ende, de la felicidad personal de quien la realiza, ya que la finalidad de la facultad genital es dejada a un lado para reemplazarla por el goce genital. En este caso, los aspectos psicológico y espiritual no participan de esa acción, dejando así de ser humana.

Por otra parte, la costumbre de masturbarse produce la sensación de que lo genital es únicamente para gozar del placer y, luego, obviamente será más fácil el desarrollo de un machista que elige esposa —si lo hace— para lo mismo: utilizarla como objeto de manipulación y de placer: se han llegado a dar casos de esposos que exigen que ella los masturbe, en vez de tener la relación en forma normal.

Se ha afirmado, con incontables estadísticas, que pasan del 50 por ciento los muchachos que se masturban alguna vez en la vida (los índices varían mucho, pero ese es el promedio) y que las muchachas que confiesan haberlo hecho están en un porcentaje cercano al 35 por ciento. Con estos datos se aduce que la masturbación es “normal”. En este sentido, es muy importante saber distinguir entre los vocablos “normal” y “común”: las estadísticas no muestran la moralidad de un acto determinado, sino el nivel de degradación de la población estudiada. Baste recordar la historia de las ciudades de Sodoma y Gomorra, en las que lo común eran las relaciones anormales entre personas del mismo y de distinto sexo.

Sin embargo, para la fertilización in vitro y para hacer realidad las madres substitutas, es necesario —al menos por ahora— que el hombre se masturbe (!).

 

5. La prevención

Con el ejemplo diario, la confianza ganada, una naturalidad a flor de piel y siempre con la verdad, se podrá prevenir en los hijos todos los daños que conllevan los errores de una sexualidad mal llevada: el sida, las otras enfermedades venéreas, los trastornos por falla en el aseo de los genitales, la impotencia y la eyaculación precoz en los varones, la frigidez, la dispaurenia y el “vaginismo” en las mujeres, los desórdenes producidos por el desafuero genital —tan graves—, la homosexualidad, la violación y hasta la prostitución.

Los niños y los jóvenes están siendo objeto de un bombardeo gigante en contra de la labor paterna y materna por parte, no sólo de los medios de comunicación y de publicidad, sino de escritos y conversaciones de muchas fuentes, incitándolos a que violen los principios que los guiarían hacia su propio concepto -valioso- de dignidad individual y a unas relaciones interpersonales verdaderamente humanas. Es por eso que todo lo que Ud. les informe de primera mano —con muchísima naturalidad—, cada vez que se presente la oportunidad será benéfico en sumo grado para ellos. Piense que en el peor de los casos estará “haciendo contrapeso” a la información muchas veces errónea y denigrante que le llega por otros medios.

En ese sentido, desde la más tierna edad, acostúmbrelos —con delicadeza y amor— a pensar que no todo lo que se presenta en la televisión es bueno. Es verdad que el cine, la prensa escrita y aun la radio influyen también, pero esa “compañía”, ese “amigo” dentro del hogar, es capaz de lograr mucho enriquecimiento personal o mucho daño. Son innumerables los estudios que, en forma seria y carente de todo interés comercial, han mostrado el poder destructivo de este pequeño aparato: un gran porcentaje de asiduos televidentes infantiles se convierten en seres perezosos, abúlicos, y lo que es peor, prestos a la promiscuidad sexual y a la violencia. Sería interminable hacer una lista de todos los aspectos en los cuales la televisión “suple” a los padres en la educación, arrebatándoles, sin que se den cuenta, ese derecho y ese deber.

Tampoco todas las amistades son buenas. Las costumbres y el criterio de moralidad de los amigos deben ser lo más parecidos a los que se les quiere infundir a los hijos. En verdad esto a veces es difícil de evaluar, pero una pequeña conversación inicial con ellos dará una pauta, al conocer sus costumbres y sus ideas. Más adelante, al irlos conociendo mejor, se podrá decidir sobre la conveniencia o inconveniencia de la amistad con ellos. Para esto se necesitan dos cosas: tener tiempo disponible e invitarlos a la casa. Alguno dirá que eso es mucho, pero la educación de los hijos exige tiempo y dedicación, es decir, una pequeña cuota de sacrifico, o lo que es lo mismo, amor.

De otro modo, las amistades inconvenientes podrán influir negativamente en los fines que los padres se han propuesto, antes que aumentar su “cultura”, como algunos creen, en un exceso de “amplitud”, siempre mal entendido.

En ese sentido, los compañeritos bruscos, sin modales, que usan malas palabras en su lenguaje diario, que no saludan a los mayores, que no tienen cuidado con los juguetes o que no agradecen las atenciones, son los que probablemente influirán negativamente a sus hijos. Entre los mayores, los que tienen vicios, a los que les gusta trasnochar, el licor, las drogas, las películas pornográficas… deben estar, obviamente, fuera de la lista de los futuros amigos de sus hijos.

 

6. La prudencia

Todo intento por educar debe estar a la altura de los jóvenes: que se adecue a la edad, a las circunstancias y al momento.

Cada una de las etapas de crecimiento y maduración tiene sus propias peculiaridades aunque, como en la biología, hay mucha disparidad entre los muchachos de la misma edad, entre las generaciones y de acuerdo con las experiencias vividas por cada uno de ellos.

En rasgos generales, extractados de todo el bagaje de conocimientos de la psicología evolutiva, estos son los aspectos de la sexualidad en los que debe estar preparado todo padre con antelación:

a. Etapa del nacimiento a los cinco años de edad

Si la presencia de la madre es importante desde los primeros meses de vida hasta después de la adolescencia, lo es de modo muy particular durante el segundo año. Así se desarrollarán sus relaciones afectivas con quien cuida de él. Este trato asiduo le dará la imagen materna y, a la vez, femenina.

Esta etapa de la vida es crucial para el desarrollo psicológico del niño: las estadísticas prueban que de la ausencia de la madre pueden surgir las inclinaciones a una vida anormal.

A los tres años, aproximadamente, aparte de ser la etapa del egocentrismo (se está conociendo a sí mismo, antes de “salir” de sí para conocer a los demás), se inicia el autoconocimiento de sus genitales y el de los niños del otro sexo. Por fin, el desnudo adquiere importancia y aparecen la natural curiosidad y algunas sencillas preguntas que requerirán respuestas sencillas.

Al mismo tiempo la manipulación de los genitales —especialmente en el hombre, por ser más protuberantes— será un gesto normal (nunca se le debe llamar masturbación, aunque genere cierta erección producida por unos valores mínimos de testosterona presentes en el torrente circulatorio), al que no debe dársele relevancia. Dado el caso de que se le encuentre accidentalmente manipulando sus genitales, bastará con que se le hagan juegos o cosquillas que distraigan su atención. Pero para lograr un mejor control de esta actitud y no se convierta en hábito, conviene que los niños permanezcan con sus calzoncillos puestos aun cuando esté empijamado y que estos sean de los que se ajustan a su cuerpo. De nuevo, recuerde los conceptos de naturalidad y de confianza.

No se sorprenda si encuentra que, alrededor de los tres años, haya un poco más de afinidad de los niños con su mamá y de las niñas con su papá e, incluso, que en sus juegos, a veces uno haga de papá y otras de mamá: es, por el contrario, la conducta regular.

Hacia los tres años es, precisamente, cuando la imagen del padre se fortalece. Con respecto a la formación, si durante toda la vida la presencia del padre es importante, lo es más en esta etapa: el incipiente concepto de feminidad (y de maternidad) ya someramente asentado se refuerza ahora con la presencia del otro sexo, a quien comenzará a distinguir. La imitación, feliz coincidencia, se inicia también en esta etapa; así que la identidad de los niños varones será más fácil. En la niña también sucederá esto, pero hacia la madre, a quien ya identificó un año antes, como se acaba de decir.

El apego a las personas se hace más evidente por estas épocas, y el ambiente que lo circunda se encarga de producir para siempre una marca en ese sentido. Es en este momento cuando la participación en sus juegos y pequeños intereses crea lazos de unión definitivos en la vida afectiva de los niños que podrán ser utilizados desde ahora en su proceso educativo, pero que cada día que pasa se harán más y más importantes. No puede dejarse de lado el cariño que los padres den por medio de caricias y frases cariñosas. También los caprichos suelen incrementarse y por eso conviene no dejarse manipular por ellos.

El quinto año está marcado por la sociabilidad con sus amiguitos y esta dejará una huella indeleble en sus relaciones interpersonales. Otra vez es importante la presencia de uno de los padres, para colaborar en sus juegos y encauzar sus molestias pasajeras. Al mismo tiempo, aparecen los primeros rasgos de moralidad: mentiras, secretos, conciencia de propiedad, etc.

En resumen, se puede afirmar sin temor a equivocaciones que los primeros cinco años son básicos: todo lo que Ud., como educador de sus hijos, siembre durante esta etapa quedará como semilla fértil para toda la vida. Por eso adquiere una importancia principal.

b. Desde los seis años hasta antes de la pubertad

Este período es variable y comprende unos seis o siete, aproximadamente. La pubertad se inicia a los 11 ó 12 años de edad, aunque puede haber variaciones grandes y aparecer desde los nueve hasta los 15 años. Por eso este período no puede quedar encasillado por un guarismo.

Estas épocas se caracterizan por una relativa calma en los instintos mientras que la curiosidad sobre los temas genitales, aunque decrece algo, permanece latente.

Es preciosa la oportunidad para formar a los hijos en todos estos aspectos, especialmente durante los últimos años, en la llamada prepubertad, antes de que irrumpan las hormonas. Conviene que, sin forzar las situaciones, el niño reciba la mayor cantidad posible de información de los padres durante esta época. Aquí es necesario recordar que una de las características del ser humano es el dominio de la razón y la voluntad sobre los instintos: dentro de poco se sentirán con fuerza esos instintos y es necesario, para su propio bien —hay que recalcárselo—, que puedan dominarlos.

Los miramientos y tocamientos entre niños de distinto sexo, el jugar al “doctor” serán raros o inexistentes en estas edades si la presencia de la madre y del padre es patente: un padre que los ama y se los demuestra, y que a la vez piensa y actúa varonilmente, y una madre que también está presente en la vida de sus hijos con el cariño vívido —y no teórico— y que sea suave y femenina sirven más que cualquier explicación sobre la forma correcta de una sexualidad sana.

Ahora, si se llegasen a presentar esos miramientos y tocamientos, no los desapruebe: ¡aprovéchelos para educar! es el momento más adecuado.

La medida exacta para saber que ya se puede hablar de prepubertad son los cambios psicológicos: para hacer más evidente su aspiración a una mayor independencia de juicio y de comportamiento, los muchachos adoptan una actitud crítica respecto a sus padres y hay una oposición más o menos abierta a la autoridad: es ahora cuando dejan de ser infalibles los padres, aparecen la desenvoltura en el trato con ellos y la independencia. Les parece muy bueno hacer lo contrario a lo que ellos recomiendan. Son signos normales de esta etapa —tampoco deben alarmar— la poca sociabilidad, la incapacidad para buscar compañía y para gozar de las diversiones que los padres creen normales para esa edad.

Esta rebeldía se hará cada vez mayor hasta no querer aceptar razones.

Los padres deben adecuarse a esos cambios y ser un poco tolerantes para no perder, ni ahora ni más adelante, las riendas de la educación. La serenidad es la palabra clave: si el padre logra superar con éxito esta etapa, el esfuerzo del muchacho le servirá de entrenamiento para las “luchas” posteriores, más difíciles.

La atención que prestan a los padres en el tema de la sexualidad, dada su innata, sana y sencilla curiosidad, seguirá siendo grande si se ha establecido confianza, como se expresó en el subtítulo “B”. En ese contexto, todavía no se le ha dado la suficiente importancia al deporte en familia: compartir la distracción, el solaz y hasta la competencia con los padres estimulará no sólo la confianza que se tenga con ellos, sino que hará que las energías se aprendan a encaminar adecuadamente. Además, la alegría y el esparcimiento favorecerán un clima propicio para el diálogo espontáneo.

No añadir a esto que la alegría familiar es fundamental, sería dejar a un lado el mejor aliado de los padres: si desde la prepubertad el niño asocia la compañía de los padres con la alegría, siempre tenderá a estar junto a ellos y esto será lo mejor para él en las etapas siguientes, la pubertad y la adolescencia.

c. La pubertad

La pubertad es, por definición, la primera fase de la adolescencia en la cual se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta.

Durante esta etapa se presentan cambios orgánicos ya suficientemente descritos que implican a su vez cambios psicológicos, y es la época de la vida en la que las relaciones humanas, es decir, la sexualidad propiamente dicha se desarrolla.

Al muchacho y a la muchacha les sucederá todo lo que se vio en la prepubertad, pero de un modo más intenso. Para ellos todo es nuevo y más difícil, se hace patente el conflicto generacional, aparece la libido y con ella, todos los riesgos de los que se ha hablado.

Si el joven ha aprendido a seguir ciertos parámetros —como el que se diera para la televisión y para los amigos—, si ha aprendido que la voluntad y la razón, en el ser humano, son las que gobiernan los instintos, si la verdad y la confianza han guiado las relaciones familiares, si el amor es el valor más importante de la familia, todo será más fácil. Ahora, por ejemplo, comienza el riesgo de la masturbación y de las relaciones prematrimoniales, dañinas para él, para su pareja, para la concepción que vaya a tener sobre la mujer, pero sobretodo para su identidad psicológica, ya que él debe madurar primero, enriquecerse, y así pueda darse a una persona, ya que no es posible dar lo que no se tiene.

Cabe aquí hacer un llamado de atención sobre la creencia infundada de que los colegios mixtos proporcionan mayor capacidad de maduración personal a los muchachos por las relaciones interpersonales que se pueden tener con personas de distinto sexo: es verdad que la timidez es frecuente en los que crecieron en colegios de jóvenes del mismo sexo cuando ingresan a la universidad o empiezan a laborar, pero también lo es el hecho de que antes de salir de sí mismo, es necesario madurar primero: así como el chiquillo de tres años (ver atrás) es egocentrista porque se está descubriendo, el adolescente suele estar buscando su identidad, produciendo con ello los errores y fracasos propios de esa edad; esto hace que la capacidad de relacionarse con personas de distinto sexo esté muy inmadura y que en ella se cometan aún más fallos que en otros campos. De hecho, las investigaciones estadísticas con sólido método científico muestran un índice mayor de homosexualidad y de abortos en los colegios mixtos. Esto no quiere decir que tener los hijos en colegios mixtos sea malo: en ellos hay muchos niños y jóvenes buenos y sanos. Pero si se tiene la oportunidad y se puede elegir con facilidad uno que sea unisexo, mejor.

La pubertad marca para los educadores y padres la fecha en la que se deben tratar los temas sobre paternidad responsable, sida y otras enfermedades, anticoncepción, afectividad y homosexualidad. Recuerde que hablar antes siempre es mejor y que, dependiendo de quién habla primero, habrá mejores resultados y la felicidad del joven será más expedita.

d. La adolescencia:

Definida como la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo, la adolescencia, es todo el proceso de maduración sexual.

Todos los experimentos científicos han aportado datos que concluyen que el desarrollo intelectual es el rasgo característico de la etapa que sigue a la pubertad. Conjuntamente, la vida afectiva e imaginativa tienen su mayor crecimiento. El muchacho descubre la comunidad, su psicosexualidad se desarrolla, aparece en su ámbito la vida sentimental —todo esto de acuerdo a cada sexo— y las preguntas trascendentales se convierten en el tema principal de su vida: ¿De dónde vengo, para dónde voy y qué he venido a hacer en esta tierra? Si estas respuestas no son contestadas, dentro de pocos años se tendrá un hijo al cual la vida se lo ha llevado “por delante”: estará enfrascado en la rutina diaria y el afán por el dinero y, en general, por lo material habrán hecho de él un robot sin destino y sin ilusiones. Concomitantemente la libertad es otro tema que le apasiona y del que pueden conversar progenitores para mantener un lazo de unión útil y, por qué no, para aprender también.

La apertura, la espontaneidad, el ser confiados e idealistas, marcan este período de maduración que, sin embargo, es un proceso de acomodación que deja una huella muy profunda en la personalidad del individuo. Consecuentemente, los fracasos serán más comunes que en cualquier otra época de la vida y es entonces cuando el apoyo discreto del padre del mismo sexo se convertirá en “acicate” para su desarrollo armónico.

Por esta época, el joven es más sugestionable y dado a la fantasía. Esto, bien encauzado, será de mucha utilidad en ese “encontrarse a sí mismo”. ¡Cuánto le puede ayudar el padre, si se siguieron los consejos descritos arriba! Pero si no, se convierte en el ser más extraño para su vida. Desgraciadamente esto es así con mucha más frecuencia de lo que parece.

En el campo del descubrimiento de la propia identidad psicológica y emocional es necesario que los padres se “alejen” prudentemente dejando de lado los consejos y las súplicas para que sea mejor en determinado aspecto: lo que Ud. no le enseñó antes, ya no se podrá hacer ahora. Si intenta persuadir al muchacho, estando más a flor de piel su inestabilidad y su “rebeldía”, encontrará más rechazo y cada vez será más poco lo que pueda ayudar. En cambio, la sensación que nace de ese “alejamiento”, entre comillas, porque Ud. estará al tanto para ayudarle con preguntas y con cuestionamientos personales, como se hace con un adulto, es para el joven un aliciente muy grande en el trato con sus padres: “mi papá (o mi mamá) me valora”, “ya no soy un niño” y “qué bello contar con el respeto de mi papá (o de mi mamá)”. Creando ese ambiente y con prudencia ¡cuánta labor se puede realizar!

e. Siempre

Si el tema correspondiente a cada etapa no se ha tocado al ir finalizando la misma, convendrá que se propicie la conversación libre con el hijo.

Las circunstancias podrán hacer variar también los momentos en los cuales conviene hablar de algún tema específico. Por ejemplo, si uno de sus hijos está en la etapa de noviazgo, en un momento oportuno, con cariño evidente y sin forzar la conversación (por ejemplo cuando se hable de la novia o del novio), se puede inducir una conservación sobre la dignidad personal, sobre la entrega total y verdadera en el matrimonio, de cómo evitar las ocasiones con prudencia, diciendo por ejemplo que si un hombre y una mujer se aman verdaderamente, sería tonto permanecer solos en un lugar, pues se arriesgarán a perder esa felicidad que buscan, por un deleite pasajero.

En el caso de encontrar pastillas anticonceptivas en el bolso de una hija de 16 años o menos, es conveniente que los padres hablen con ella no para recriminarle su conducta, sino para conocer su postura ante la sexualidad y las razones que tiene para tomar anticonceptivos. Con una prohibición tajante no se suelen conseguir buenos resultados y, por el contrario, se induce a seguir actuando como antes, pero con más precaución para no ser descubierta.

Sin embargo, no solamente no es perjudicial, sino que es bueno que los adolescentes tengan noviazgos: sólo así aprenderán más fácilmente lo que es el amor y, además, podrán elegir con más sabiduría, antes de entregarse del todo con quién van a compartir el resto de sus días y a quién van a escoger como la madre o el padre de sus hijos.

Los siguientes son los criterios que hacen humana —no solamente animal— la relación de pareja en los adolescentes:

·     Disciplina de los sentidos y de la mente.

·     Prudencia atenta a evitar las ocasiones.

·     Guarda del decoro (ver en la próxima entrega).

·     Moderación en las diversiones.

·     Ocupaciones sanas.

En resumen, tratar de hacer felices a los hijos es educar en una voluntad firme y dominio de sí, donde la razón supera al instinto.

 

7. El decoro

Los hombres quieren ser masculinos: caminar, sentarse, vestirse y hablar como tales, tener sentimientos y gestos de hombre, amar como hombres… y esta actitud es la que gusta a las mujeres.

Del mismo modo, la mujer desea ser femenina: rostro femenino, cuerpo curvilíneo, voz, caminado y gestos finos y delicados, y eso atrae a los hombres.

A la gente le gusta mostrar eso, es decir, le gusta mostrar la sexualidad (no la genitalidad): a través del maquillaje, cremas, ejercicios, dietas, baños de sol, masajes y hasta sauna y baños turcos, las mujeres enriquecen esos atractivos femeninos. Los reinados de belleza son un claro ejemplo de eso. El hombre también hace ejercicio y se siente orgulloso de su masculinidad. El niño o el joven trata de desarrollar la musculatura y de mostrar que es el más fuerte, el más rápido, el más hábil… Entre los adultos existen los concursos de cultura física (“Mister Universo”).

Casi no hay quien no se fascine cuando le dicen que es “sexy”. Un hombre que tiene voz muy fina se siente mal, lo mismo que una mujer con bigote.

Conclusión: los seres humanos gustan de mostrar su sexualidad, pero existe un profundo recato para mostrar la genitalidad. En la playa o en la piscina no hay óbice al mostrar la espalda, las piernas, los brazos… pero nos da pena nuestra desnudez total: los órganos genitales no son distintos de los demás órganos, son parte de nuestra naturaleza, pero hay algo que hace que los cubramos: las mamas de una adolescente son cuidadosamente cubiertas por ella apenas hacen su aparición. Los niños sienten que deben hacer lo propio con sus genitales…

¿Por qué?

La única diferencia que existe es que los órganos genitales no son para nosotros: el corazón bombea sangre oxigenada a través de las arterias a todo el organismo para mantenerlo vivo y también a los pulmones para que se oxigene, el páncreas ayuda, como la vesícula biliar, a la nutrición, los dientes trituran los alimentos para ser deglutidos con facilidad, los músculos nos movilizan y nos permiten hacer lo que queremos, el cerebro piensa gobierna y dirige nuestras acciones, las glándulas producen líquidos útiles para nuestro organismo… todo es para nosotros mismos. Pero los órganos genitales son para entregarlos a otro cuando el amor llega a nuestras vidas y, además, para producir otra vida; hasta las glándulas mamarias son para dar el alimento inicial a esa nueva vida, en fin, lo genital es para otros seres. El hombre tiene tetillas, pero no las cubre ni se siente mal si las muestra, porque no sirven para nada.

Cubrimos nuestros genitales porque los reservamos para alguien muy especial, para el más especial de todos. Son el misterio de esa entrega: la palabra misterio viene del griego “myo”: escondido, oculto, cubierto. Ellos participan de una manera muy especial de la intimidad y son para la donación personal, para la entrega total, incondicionada.

Todo esto es lo que se llama decoro y que tradicionalmente se ha llamado pudor, modestia y otros apelativos.

Y como es tan natural, tan humano, tan propio de nuestros seres, no debemos temerle ni rehuirle: está para proteger nuestro “misterio” y darle la dirección que queramos.

Esa protección que da es algo inconmensurablemente útil en la educación de nuestros hijos: será lo que los proteja para que encaucen su genitalidad y su sexualidad adecuadamente, y así, sean felices.

Para proteger ese tesoro personal, se les explicará, es necesario el dominio propio. Con él se obtendrá la fuerza que les evitará todos esos males, como el embarazo a destiempo, el sida y las otras enfermedades, la esclavitud de las pasiones…

Esta es la mejor forma de hablarles del error que significa asistir a espectáculos de nudismo o a campos nudistas.

Pero esa fuerza les será difícil desarrollarla sin el ejemplo de los padres: si Ud. —padre o madre— tiene que luchar, por ejemplo, siguiendo los métodos naturales del control de la fertilidad, tendrá autoridad para hablarle de fortaleza, que es la única forma de resistir a las presiones. Recuerde: si Ud. sabe decir que no, ellos lo podrán hacer más fácilmente.

Pasando a otro tema colindante, ¿cómo es posible que un muchacho se enamore de una niña, si esta le muestra constantemente sus piernas con minifaldas altas? ¿o las formas de sus nalgas con pantalones ceñidos a su cuerpo? ¿o parte de su pecho con escotes pronunciados? Es seguro que se enamorará de su cuerpo, no de ella. O, como decíamos, de una parte de su cuerpo.

Las mujeres deben aprender a tener la suficiente coquetería para levantarles la mirada a los hombres: que las miren a sus ojos, a su alma… que ellos se enamoren de la persona, para que nunca las dejen cuando acabe la pasión, cuando acabe el placer… cuando acaben los atributos.

Llegará una época, si la mujer quiere, en que el mundo cambiará: de ellas depende que se acabe el machismo, que se acabe el hedonismo… Sólo ellas pueden hacerlo.

También hay que hablarles de los peligros de un malentendido erotismo artístico y de la pornografía: ¡cuánto bien se haría la humanidad a sí misma si todos los medios de comunicación que tienen tendencias en ese sentido dejaran de comprarse o de encenderse!

Una última aplicación práctica de estos conceptos es lo referente al desnudo en la familia: ni pecar por exceso pensando que es imposible que los hijos vean a sus padres desnudos, ni por defecto creyendo que no debe haber el más mínimo recato. Es decir, no tiene nada de malo que las niñas se bañen con mamá y los hijos con papá si esto ahorra tiempo o dinero; es más, esto incrementará la inclinación del niño a su propio sexo en un ambiente natural y familiar, exento de todo mito tonto o de desinterés absoluto por el decoro. Además, ya llegará el momento en que ellos mismos soliciten hacerlo solos.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

 Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡Holocausto!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 22, 2009

La palabra «holocausto» se usa especialmente entre los israelitas para designar el sacrificio en que se quemaba toda la víctima y, especialmente, la muerte de más de seis millones de ellos en la segunda guerra mundial. Pero en el Diccionario aparece también como «Gran matanza de seres humanos».

 

Y eso es lo que está sucediendo: desde que se inició el sida hasta el comienzo del milenio, según la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, han muerto 21,8 millones de seres humanos.

 

Pero el Instituto Internacional para la Salud de la Familia informa que en los últimos veinte años cerca de 65 millones de personas han adquirido el sida, han muerto 25 millones y aproximadamente 40 millones son portadores. Como se deduce, ya son más de cuatro veces los judíos muertos de la segunda guerra mundial.

 

La misma institución acaba de informar que, solo en África, hay unos 12 millones de huérfanos por el sida.

 

La Organización Mundial de la Salud y el British Journal acaban de comunicar al mundo que solamente en el año 2001 hubo 3 millones de muertos, de los cuales 580.000 son menores de 15 años.

 

Y es que el sida no es una epidemia, es una pandemia, ya que se ha extendido a  todo el mundo: cada día mueren 8.219 personas y se infectan 14.000. ¡Y ninguno de ellos pensó que le llegaría el turno!

 

Pero, ¿qué pasó con el condón? Según las estadísticas, no está dando resultado. Ya hace tiempo, el doctor Sgreccia, en sus «Actas de la IV Conferencia Internacional sobre Sida», había advertido a la comunidad sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide y, por lo tanto, el uso del preservativo aumenta el porcentaje de transmisión; lo prueban hoy las estadísticas.

 

Los resultados de las campañas masivas del uso del condón se están viendo hoy con este espeluznante holocausto: nunca se había visto tanta mortandad ni tanta morbilidad: ni la peste del siglo XIV ni las guerras alcanzaron tales dimensiones…

 

Solo hay un camino realmente eficaz, propuesto desde hace varios años: «La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección» (EB 89. R 19, del 28 de enero de 1992).

 

¡Se está acabando el tiempo! Llegará un día en que quedarán sobre la tierra solamente los castos y los fieles. Y la naturaleza habrá hecho su limpieza.

   

 

 

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El uso del condón y el sida

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 1, 2009

 

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que las políticas gubernamentales, en Colombia, quieren olvidar los dos primeros puntos, ya que, sistemáticamente erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, debe tenerse en cuenta la información recopilada por el doctor Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de julio–septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%.

Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El doctor Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre Sida, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Esto sucede porque en las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es muy grande: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y en la de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección.

Si se considera que las mucosas del ano y del recto están completamente exentas de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que el porcentaje de excoriaciones es mucho mayor en las relaciones homosexuales entre hombres, o en las de pareja, cuando la relación es anal.

Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%). (Sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos).

Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89). (R 19, del 28 de enero de 1992.)

 

El gobierno está creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de una propaganda de televisión, máxime si tiene el aval del Ministerio de Salud, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestara afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

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El por qué de los trastornos de la sexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 23, 2009

 

Uno de los aspectos más importantes de la sexualidad es el comportamiento. Las relaciones interpersonales entre seres de distinto sexo son diferentes a las que hay entre quienes tienen el mismo. Sexo significa división, sección, “mitad en busca de otra mitad”; y esto es, precisamente, lo que hace la diferencia. La persona del otro sexo es, potencialmente, el complemento.

En esa búsqueda por el complemento, se encuentra una cantidad asombrosa de errores, producto de la mala comprensión de la sexualidad.

 

El machismo

En ese contexto, sobresale, por su incidencia en el mundo entero y por la cantidad de daños que produce en la relación de pareja, el machismo.

El machismo sería difícil de definir si no se tuviesen claros los conceptos de sexualidad y de dignidad, más especialmente la de la mujer. El Diccionario de la Lengua Española define al machismo como la actitud de prepotencia en los varones respecto de las mujeres.

Son características de la forma de pensar del machista las siguientes:

Ø  Ella debe ser quien lo complace en todo, incluidos los comportamientos genitales.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien se encarga del aseo, orden y buen funcionamiento de la casa; si él lo hace no será suficientemente “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien atienda las necesidades de los hijos (pañales, teteros, comida, aseo, ropa, baño, colegio, estudios, diversiones, tiempo de esparcimiento…); así mismo, si él lo hace no se sentirá “macho”.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien cocine o dirija a la empleada en esos menesteres.

Ø  Él, y sólo él, tiene derecho a estar cansado.

Ø  Ella debe ser quien debe comprender todo, aun el mal comportamiento de su marido.

Ø  Ella debe esperar que su marido llegue de las fiestas y diversiones con sus amigos y amigas, y no participar de ellas.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser quien debe comportarse bien. Al “macho” se le permiten y se le perdonan todos sus errores.

Ø  Él puede llegar tarde, e incluso, borracho.

Ø  Ella, y únicamente ella, debe ser fiel.

Ø  Ella no tiene derecho a trabajar ni a tener dinero.

Ø  Ella no tiene derecho a estudiar.

Ø  Si los dos trabajan, ella debe llegar a la casa a encargarse del hogar, de los hijos y de su esposo, mientras él llega a descansar.

Ø  En lo genital él tiene siempre la iniciativa; si ella intenta algo, el marido la considerará indigna y hasta “prostituta”.

Ø  Si el esposo no “se satisface” en lo genital, puede buscar otra mujer. Por eso ella debe lograr su “satisfacción” (la del marido) y nunca pensar en la propia.

Ø  Él tiene siempre el orgasmo, aunque ella no lo consiga.

Ø  La fuerza a tener relaciones genitales durante la menstruación, durante el embarazo o en un estado de depresión, independientemente de si a ella no le gusta o, simplemente, si no lo desea en ese momento.

Una sola cualquiera de estas actitudes es machista.

Aquí caben muchas otras maneras de pensar y actitudes propias del machismo, pero todo esto se puede resumir así:

El no la valora como ser humano, como mujer, sino como un objeto de placer y de comodidad. De ahí se desprende, para él, la bondad o maldad de una mujer: si le brinda placer y bienestar, es buena, si no, no.

Lo peligroso de estas actitudes es que pueden irse incrementando —y de hecho lo hacen— hasta propiciar el maltrato psicológico y hasta físico, incluyendo los golpes deformadores y hasta fatales.

Más aún, se puede llegar a extremos como el de la extirpación del clítoris de las recién nacidas para “eliminar” en ellas el placer —como sucede en algunas tribus africanas— o, más conocido, al de la poligamia, donde la mujer es solo una más, a quien le corresponde determinado turno.

Es fácil y obvio concluir que todo machismo es simplemente egoísmo —disfrazado o no— que hace del hombre un ser sin dignidad. Parecido es el significado de algunas acepciones de la palabra “macho”: hombre necio o animal irracional de sexo masculino.

 

La mojigatería

La mojigatería es la exagerada escrupulosidad en el proceder, más específicamente aplicada en estas líneas, a considerar todo lo genital pecaminoso.

Para una mejor comprensión de este vocablo en su acepción sexual, puede servir como ejemplo la actitud de un escolar que pedía a sus compañeros que lo golpearan con correas para excitarse y así poder masturbarse. Luego de las pesquisas psicológicas pertinentes, se descubrió que la madre, cuando se enteró de que su hijo tuvo la primera eyaculación nocturna, acto completamente fisiológico y, por tanto, normal, lo “castigó” dándole muchos golpes con una correa. Y esto se repitió hasta que el muchacho asoció el dolor con placer sexual.

Fuera de este real ejemplo, son muchos los errores en la concepción de las conductas sexuales por parte de quienes tienen actitudes mojigatas.

 

El hedonismo

Pero además del machismo y la mojigatería, otra enfermedad se cierne sobre el mundo, para agravar aún más el daño sobre los comportamientos sexuales:

La televisión, el cine, la prensa escrita, la radio, etc. aceptan las propagandas encaminadas a promocionar los productos que venden sus patrocinadores, y con mucha frecuencia no tienen cuidado en elegir las que mejoren la dignidad humana o las que propendan a un bienestar familiar y social, sino que escogen las que mayor aporte económico les produce.

Es así como aparece veladamente el hedonismo, doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida. Muchos mensajes comerciales adolecen de esa falla: en forma subliminal van dejando en los televidentes, lectores, oyentes y cinéfilos la idea de que la felicidad es todo lo que produce placer, comodidad, diversión… y erigen al dinero y al poder (que pueden conseguir todo esto) como los fines del hombre de hoy. De hecho casi todas las propagandas de la televisión o del cine son realizadas por actores jóvenes, “triunfadores” (tener dinero y el reconocimiento de los demás), atléticos, bien parecidos y con cuerpos esculturales; es muy raro el comercial que presenta ancianos o personas poco atractivas, y más raro aún, el que habla de seres fracasados. Por eso, en ellos, reiteradamente la mujer —con su cuerpo— “incita” a comprar todo tipo de artículos o servicios. A veces semidesnuda, otras sin ropa, pero siempre insinuante, este ser humano, en quien habita la potestad de la maternidad, se convierte simplemente en un medio para hacer propaganda, sin el cuidado de su dignidad; su valor intrínseco queda herido, propiciando el machismo, del que ya se vio su injusticia y su capacidad destructiva.

Casi todos los medios de comunicación se han convertido, en lo que se refiere a estos aspectos, en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico hasta hacer dañar el orden de la naturaleza. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho, haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, y fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas.

Así, será entonces muy fácil el florecimiento del machismo.

El siguiente relato -verídico- puede dar una muestra aproximada de las más frecuentes quejas por parte de las mujeres:

“Doctor: quiero contarle que me siento muy mal. Mi esposo es bueno, creo que es fiel y aporta el dinero necesario para el hogar. Pero no sé qué pasa: si yo coloco unas flores en el florero, si ordeno la sala de un modo diferente al usual, si me arreglo el cabello o si compro un nuevo vestido y me lo pongo para recibirlo en la casa, él no lo nota. Frecuentemente intento comunicarme con él preguntándole cómo le va en el trabajo y me contesta con monosílabos o me dice que bien. Cuando quiero comentarle algo acerca de nuestros hijos, de la familia, de mis amigas, no me pone atención o se muestra indiferente. Yo me casé con la ilusión de compartir toda la vida con un ser que amaba mucho y ahora me siento muy triste. En los únicos momentos en que se muestra cariñoso es cuando quiere tener relaciones íntimas. Pero eso me está cansando… ya no siento lo mismo que antes. Mejor dicho… ya no siento nada”.

El autor de estas letras ha oído innumerables veces relatos casi idénticos de parte de mujeres que sufren mucho y ya casi sin esperanzas, que se preguntan dónde está la falla o qué causó semejante “cambio” de actitud por parte del marido.

Una causa muy común es la siguiente: teniendo en cuenta la sobreestimulación en la que vive el hombre de hoy, si una muchacha pretende conquistar a un joven a través de incitaciones hacia lo genital, (como por ejemplo, usando minifaldas altas, pantalones ajustados a su cuerpo, escotes que dejan ver parte de las mamas, etc.), lo inducirá indirectamente a que se sienta atraído hacia eso, no hacia ella. Después será más difícil que, una vez casados, ella pretenda mutar los sentimientos de su esposo por otros aspectos —igual o más importantes en la relación de pareja—, como el psicológico y el espiritual. Es necesario entonces que la hermosa y femenina coquetería sea siempre dirigida por la perspicacia, el ingenio propio de las mujeres, para que el hombre la mire a los ojos, a su alma, y así se enamore de ella y no de su cuerpo; o peor, de una parte de su cuerpo, como suele suceder.

Aquí vale la pena hacer un análisis: la finalidad del placer puesto por la naturaleza en las papilas gustativas de la lengua, en el paladar y hasta en las mucosas de la boca, es mantener vivo al individuo, lo mismo que el placer que produce el ingerir alimentos cuando se siente mucha hambre. Si estos placeres no existieran, el hombre moriría; se requeriría que hiciera una abstracción mental para comprender que el alimento es necesario para mantener la vida y se diera unos minutos diarios al día para dedicarse a nutrir su cuerpo.

No es fácil olvidar lo que hacían algunos romanos del siglo primero en sus orgías, verdaderas bacanales: como sus viandas eran tan apetitosas, tenían destinados unos lugares ligeramente alejados a los cuales iban de cuando en  cuando a vomitar lo ingerido, para regresar a seguir disfrutando de su festín.

A cualquiera le repugna esta descripción, pero conviene mucho sopesar esta acción:

1. El instinto es un medio (en este caso el apetito es un medio para la subsistencia), pero en las acciones de estos romanos se puso como fin al instinto.

2. El hombre se diferencia de las bestias por su capacidad de raciocinio y por su voluntad.

3. Solo la ausencia de racionalización puede llevar a este desorden de la naturaleza en el que los actos no cumplen su finalidad natural.

Así mismo, a cualquiera puede parecerle grotesco realizar la cópula sexual si esta no produjera placer. Es fácil deducir entonces que la naturaleza dotó también de satisfacción al acto que haría que la raza humana no se acabase.

Por tanto, el placer que depara la genitalidad es un medio para la permanencia de hombre sobre la tierra y sería simplemente absurdo no concluir que nunca es un fin para el ser humano.

Pero así es:

Tanto en los hombres como en las mujeres, por el influjo del machismo y por la generalización del hedonismo, se puede presentar un deseo urente de genitalidad, hasta de una genitalidad desaforada, cuando se ha mutado el orden cosmológico para buscar únicamente el placer, el goce puramente biológico, dejando a un lado los otros aspectos de la sexualidad humana, y convirtiendo al hombre en un ser que lo único que busca es satisfacer sus debilidades haciendo de sí mismo un esclavo de las pasiones y no un hombre con libertad.

 

 

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

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El perfil del educador en la sexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 14, 2008

 

Al entender la diferencia entre sexualidad y genitalidad, se puede deducir que todos los profesores enseñan sexualidad todos los días, en todas sus clases, en los recreos, durante el almuerzo y en el bus…

He aquí la conveniencia de suscitar una elección del profesorado basada, no sólo en su probidad profesional, sino en la calidad humana y en el ejemplo que pueda dar a los alumnos. De no ser así, algunos profesores influirán negativamente en el desarrollo psicoemocional y humano de los educandos. Por eso se puede afirmar que la calidad de un colegio no la da la infraestructura física —material propiamente dicha—, ni la preparación académica de los docentes, sino sus cualidades como seres humanos.

Si bien todos los profesores deben tener criterios éticos, explicar la sexualidad para que se entienda requiere de alguien aún más especial, quien no solamente debe saberla sino también debe vivirla para que se pueda aprehender.

Consiguientemente, es imperante que el educador sexual sea un hombre o una mujer que pueda probar que su familia es estable, en donde reina el amor por encima de todos los otros aspectos, además de probo y calificado.

Para este propósito, aunque no es absolutamente necesario, se diría que conviene el profesor o la profesora sea casado y que tenga hijos (especialmente si es varón) para que pueda valorar a un niño y a un adolescente en su expresión más valedera: la expresión de un hijo a quien se ama de veras, a quien se le desea lo mejor, y quien, por tanto, es capaz de despertar los sentimientos necesarios en el educador para que se esfuerce siempre y sin descanso (como con un hijo) en la consecución de su fin, cual es su felicidad.

Lograr eso es imposible con un profesor al que se le note algún asomo, por pequeño que sea, de las tres causas de los daños producidos en las anteriores generaciones, esto es, de machismo, de hedonismo o de mojigatería.

Cualquier indicio de machismo, una sola sospecha de hedonismo o alguna muestra de mojigatería deberán alertar al personal directivo de la institución, bien en el momento de la entrevista para la selección, bien en los meses de prueba, y aun en el transcurso del tiempo que permanezca laborando.

Sobresale, entre todos estos conceptos, la valoración que el postulante tenga de la mujer, no solamente en el caso de los profesores varones, sino también en el de las profesoras. Recuérdese que si la mujer continúa siendo garante del machismo, nunca se acabará con él.

La mojigatería sería tan dañina como el mismo machismo.

El hedonismo de un maestro también acabaría fácilmente con cualquier pretensión de educación integral en la sexualidad de los muchachos.

Por eso conviene seleccionar a los profesores con cautela y encargar la importante y delicada misión de la educación sexual a aquellos maestros que, durante mucho tiempo, han demostrado ser los más idóneos para el cargo.

También ayudará que en las hojas de solicitud de empleo se hagan preguntas alusivas a la situación familiar y, dentro de ella, a la estabilidad individual de cada uno de sus componentes; además, sus gustos y las actividades a las cuales dedica su tiempo libre; una vez elegidos los posibles postulantes al cargo, se revisará con minuciosidad esa hoja.

En otras ocasiones será muy fácil hacer la elección adecuada, lo cual no indica que se deban suspender las periódicas evaluaciones.

Es siempre un error enunciar las virtudes de las que debe hacer gala alguien encargado de una labor importante (entre otras cosas, porque casi nadie las tiene todas), pero ya que el tema es tan trascendental, bien vale la pena destacar las principales: voluntad férrea, mayor inclinación a los valores que al desafuero, sencillez y naturalidad, amor por el hogar y por su cónyuge, generosidad con todos, espíritu de comprensión, veracidad… y, muy especialmente, decoro.

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

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¿El homosexual nace o se hace?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 14, 2008

 En un laboratorio de experimentación científica se lleva a cabo un estudio microscópico. Han sido citados una mujer y un hombre para ver sus células a gran escala, a través de un instrumento visor. Se procede a hacer un pequeño raspado del dorso de sus manos para que algunas de sus células más externas caigan sobre una lámina pequeña de vidrio, llamada portaobjetos, que se lleva de inmediato al microscopio electrónico.

El resultado —siempre sorprendente— es el mismo que se observa en todas las oportunidades: las células descamadas de la mujer muestran dos cromosomas “X”, mientras que las del hombre tienen un cromosoma “X” y otro “Y”.

La ciencia de la genética lo descubrió desde hace muchos años: los hombres, desde el período embrionario —y aun antes—, tienen definido el sexo. Lo que pasa frecuentemente inadvertido es que, no sólo las células de la piel, sino las de los órganos internos, las de los huesos, músculos y articulaciones, las de los vasos y nervios, las del cerebro y hasta las de la base de los cabellos están sexuadas.

En genética se ha comparado la información que existe en los cromosomas con los computadores y se ha llegado a la conclusión de que, en un solo cromosoma humano, hay el equivalente a 4 libros de 500 páginas cada uno, con 300 palabras impresas en cada página, aproximadamente. Son billones de genes con información específica: un gen determinará el color de los ojos, otro el de la piel, otro la estatura aproximada… Sin embargo, la sexualidad no está “escrita”, en uno o en un ciento, ni siquiera en un millar de genes, sino en un cromosoma completo, es decir, es todo un legado genético el que determina el sexo de un individuo.

De manera que esa sexualidad, parcialidad, “mitad en busca de otra mitad”, división o sección (es decir, sexo) está presente en todo el organismo: el corazón de una mujer es femenino, como lo es su páncreas, su hígado o su cartílago; las células de su sistema nervioso central están “impregnadas” de esa feminidad; por decirlo así, piensa y actúa como mujer, y hasta camina como mujer. Así mismo, el hombre lo es en toda su anatomía y en todo su funcionamiento fisiológico: las acciones involuntarias, y aun voluntarias, son realizadas por órganos y sistemas hechos por células masculinas; por eso sus acciones y pensamientos son los de un varón, se mueve como varón, vive como varón.

De los cromosomas depende también la formación de los órganos genitales y de los caracteres sexuales secundarios.

Sin embargo, el homosexual —quien dirige sus afectos hacia un ser humano de su mismo sexo— tiene idénticos órganos genitales y, en el microscopio, sus células muestran también los mismos cromosomas “X” y “Y” de un hombre.

¿Qué sucede entonces?

Desdichadamente nadie lo sabe con certeza hasta ahora. Pero hay algunas luces al respecto.

Los siguientes son factores que coadyuvan —que facilitan— el hecho de que un hijo se incline hacia la homosexualidad:

 

El uso de la píldora anticonceptiva.

Las hormonas sexuales femeninas, estrógenos y progesterona, presentes siempre en la píldora anticonceptiva permiten de vez en cuando —en un valor cercano al 1%— la ovulación y, por tanto, el embarazo. De hecho, ése es el porcentaje de fracaso (llámese “embarazos”) de los anticonceptivos orales. En esas ocasiones, la mujer continúa tomando el medicamento hasta que se da cuenta que está esperando un hijo.

Durante esa temporada es muy probable —lo están investigando los científicos dedicados a esta área— que las hormonas sexuales femeninas sean llevadas al nuevo ser humano que está desarrollándose y evolucionando dentro de unos parámetros bastante lábiles. Cualquier incidencia que les llega a través de los líquidos que atraviesan la placenta puede afectarlos positiva o negativamente. Por esa razón está contraindicado el uso de medicamentos durante el embarazo, a no ser que la balanza riesgo–beneficio haga que el obstetra determine, en ocasiones especiales, formularlos a la paciente asumiendo el riesgo de daño en el embrión o en el feto.

Pues bien, los índices preliminares parecen mostrar que hay más homosexuales en los matrimonios que utilizan la píldora como método anticonceptivo.

Si se tiene en cuenta que el levonorgestrel, aquella hormona que se “implanta” bajo la piel del brazo, uno de cuyos nombres comerciales es el Norplant, actúa con el mismo mecanismo, ha de temerse el mismo resultado.

 

La educación.

Pero esta circunstancia (el hecho de que la madre use estos anticonceptivos y que ello facilite una tendencia hacia la conducta homosexual) debe tener otros sumandos. De hecho, se cree imposible sin que, además, exista cierto grado de inestabilidad familiar.

Cuando el aspecto psicológico del niño es afectado, muy especialmente por el trato paterno, según los últimos análisis psicológicos realizados en estos pacientes, la alteración provocada por un padre excesivamente enérgico (y hasta violento) y duro, o bien, alejado y frío en sus relaciones con sus hijos, circunstancias ambas bastante más frecuentes de lo que parece en las sociedades eminentemente machistas como la nuestra, puede impulsar a esta propensión.

Si a esto se añade que en los centros educativos mixtos hay mayor incidencia de homosexualidad que en los demás, aunque es completamente erróneo afirmar que serán homosexuales quienes estudien en estos centros, éste se convertirá también en uno de los factores coadyuvantes, si se presentan las otras condiciones y circunstancias. Nadie sabe qué lo facilita. Se ha conjeturado que, ya que el desarrollo intelectual de la mujer es más rápido que el del hombre, el muchacho se verá inclinado a “refugiarse” en sus compañeros del mismo sexo y condición intelectual, quizá intentando reemplazar al padre que, desde el punto de vista psicológico, nunca tuvo.

Por último, y ya que la psicología propia de cada ser sexuado se desarrolla más fácilmente si hay más hermanitos del mismo sexo, si a todo lo precedente se añade que los padres no tienen más que dos hijos —la parejita—, otro sumando se asociará para facilitar este desorden de la naturaleza, en personas que, la mayoría de las veces, no tienen la culpa.

Si la ciencia no da pronto más indicios, estas y algunas otras lógicas conjeturas con ligero soporte científico son las únicas herramientas con las que se puede contar al analizar la tendencia homosexual. Lo que no se puede seguir afirmando, en cambio, es que se haya comprobado que el factor hereditario o el genético representen algún papel.

 

 

Tomado del libro:

 

HOMOSEXUALIDAD, DEL MIEDO A LA ESPERANZA. (Coautor) 1ª edición. Bogotá, Colombia. Editorial Trillas, 2006.

 

Este libro se puede adquirir en: 

Editorial Trillas. Señor Alfonso López: 2857187, Bogotá, Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Educación sexual obligatoria: tarea compleja

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 11, 2008

Educación sexual obligatoria: tarea compleja

 

Establecida como obligatoria, la cátedra escolar de Educación Sexual ha desatado la preocupación de muchos de los docentes y la polémica por la forma de presentación a los estudiantes.

¿Desde qué edad se debe implantar? ¿Qué tópicos se deben tocar en las edades más tempranas? ¿El estudiante debe conocer la anatomía y la fisiología (funcionamiento) genital? ¿Quién debe ser encargado de la cátedra? ¿un médico? ¿un psicólogo? ¿un sacerdote? ¿Cómo desmitificar la sexualidad, sin llegar a estropear el crecimiento integral del niño y del adolescente?… Son muchas las preguntas que salen a relucir y muy pocas las que se han contestado: es frecuente encontrar profesores que manifiestan no tener los instrumentos necesarios para salir airosos en el  nuevo cargo que se les ha asignado. Es posible que acudan a algún médico, a revistas o libros especializados que les den orientación o que acudan a los manuales, para ello preparados, de instrucción gradual en la sexualidad.

Sobre este tema, que toca directamente la esencia del ser humano, ha salido una cantidad asombrosa de publicaciones, dentro de las que destacan, por su número, las que tienden a lograr únicamente un incremento en el placer sexual, haciendo aparecer la sexualidad como algo superficial, poco profundo, meramente hedonista y, por ende,  no propio del ser humano.

Por otra parte, es frecuente encontrar que el sistema genital o reproductor se estudia de manera similar a como se lo hace con los demás sistemas en el organismo, como el sistema gástrico, el linfático o el cardiovascular: su anatomía, su funcionamiento fisiológico, las patologías (enfermedades) que pueden presentarse, etc. Si se tiene en cuenta que la sexualidad implica comportamientos humanos, lo que no se da en los otros sistemas (no existe, por ejemplo, un comportamiento humano voluntario para el sistema gástrico), se comprenderá que, en esos casos no se está estudiando la sexualidad, sino meramente la genitalidad. Una consideración únicamente biológica del hombre, entonces, haría que se le tratase como a un simple animal, de la misma manera que una cerrada acepción espiritual del hombre, haría de él un ángel. Otro tanto ocurrirá si se limita el concepto del hombre a su aspecto psicológico, dejando de lado su espiritualidad y su corporeidad.

Para tratar el tema de la sexualidad, es necesario adentrarse en la escénica de la totalidad del ser humano: su biología, su psicología y su espiritualidad.  Sólo así se puede entender que no se le puede fraccionar en las partes en las cuales está compuesto.

De este modo, todo comportamiento humano impone la participación del ser, de una manera integral: es toda su composición biológica, psicológica y espiritual la que actúa en el ámbito del comportamiento en general y, por supuesto, en las acciones sexuales. Si un hombre y una mujer cohabitan, se dan todos ellos: no sólo se entregan en el aspecto genital, sino que la entrega es de todos sus seres.

Esto es, precisamente, lo que hace diferente al ser humano de los otros seres: que su entrega comporta el mutuo don de su cuerpo, su alma y su espíritu.

Cuando la entrega está condicionada por alguna circunstancia, el ser humano no llega a cubrir las demandas de su dignidad, y decrece como tal: si alguien busca, en una relación sexual, únicamente el placer que esto le depara, estará dejando de lado partes esenciales de su condición humana, como son el aspecto psicológico y el aspecto espiritual y su acción será meramente animal.

Así mismo, si lo que busca con esa acción es satisfacer la necesidad de sentirse deseado o incluso “amado” (si a esto se le puede llamar amor verdadero) estará mutando también la finalidad del acto y denigrándose a sí mismo. Por esa razón, en ambas circunstancias, el hombre descubre un alto grado de insatisfacción que nace de la sensación de haber utilizado al otro o haber sido utilizado. Aunque esta sensación quiera ser considerada fútil, intrascendente o de poca importancia, siempre quedará ese sabor amargo de la entrega parcial, que es el único que da explicación a la inestabilidad matrimonial actual, cuando se la compara con la que había hace veinticinco años, cuando se suscitó la polémica sobre el uso de la píldora anticonceptiva, el DIU y otros métodos anticoncepcionales artificiales en la relación marital, ya que se hacen a un lado el aspecto natural de la concepción (resultado final de la cópula en los períodos fértiles) y la entrega mutua y total de los cónyuges, haciendo de ellos un par de cómplices de una acción utilitarista, aunque sea de común acuerdo, ya que ambos se estarían utilizando recíprocamente; además, ésta sería una relación que denota entrega parcial y, por lo tanto, no sincera, un acto que destruye la estabilidad de cada uno de los individuos y de la pareja, dando al traste con una de las finalidades de la unión matrimonial, la educación de la prole, quienes no podrán desarrollarse desde el punto de vista psicológico y espiritual, sin asistencia profesional especializada.

Como se comprenderá, la trascendencia de esta circunstancia en la sociedad es la que se observa hoy: muchos de los niños que mañana serán los motores del mundo están creciendo sin uno de sus padres y en una situación precaria de educación humana integral (emocional, espiritual, cultural y de conocimientos) que culminará en un retroceso en la moral de muchas naciones, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de los hombres y de su relación con los demás.

Urge que los educadores a los que se les ha asignado la enseñanza de la Educación Sexual se instruyan primero en la noción integral del ser humano, para que puedan mutar el currículo que hasta ahora se tiene, reducido a veces, a informar sobre la existencia de anticonceptivos, su modo de uso, y a intentar dar “tranquilidad” a los educandos preocupados por enfermedades como el sida. En segundo lugar, es necesario que conozcan los últimos avances científicos sobre métodos anticonceptivos naturales, como el de la temperatura basal o el del moco cervical, los cuales han demostrado gran eficacia, para que la sexualidad no sea simplemente genitalidad y esté basada en el raciocinio, y se pueda hablar ahora sí de paternidad responsable.

Sólo con el engrandecimiento del ser humano (que se da cuando la razón domina sus instintos) se puede propender al auge de la moral y de las buenas costumbres, único camino hábil de quienes pretenden mejorar la sociedad, para el bienestar de sus hijos.

  

 

 

 

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Células madre

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 28, 2008

 

La ley no puede tratar al embrión humano como un amasijo de células
Entrevista al director del Grupo «Bioética y Sociedad» de investigación interdisciplinar

MADRID, 26 septiembre 2003 (ZENIT.org-VERITAS).- La Reproducción asistida es un tema de candente actualidad en España: este viernes se presentó en el congreso la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (LTRA), que antes de entrar en el trámite parlamentario ha recibido ya numerosas críticas.

La posibilidad de utilizar células madres embrionarias con fines terapéuticos y el destino de los embriones congelados son algunos de los puntos más controvertidos de la LTRA.

El profesor Jesús Ballesteros, a quien Veritas ha entrevistado sobre el tema, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia y director del Grupo «Bióetica y Sociedad», está coordinando actualmente un libro que aparecerá en el mes de diciembre con el título «Células madre: un estudio interdisciplinar», con la colaboración de expertos procedentes de la biología, la medicina, la sociología, la filosofía, y el derecho.

Por otra parte, Ballesteros es también uno de los directores del Curso de «Biotecnología y Derechos Humanos» que tendrá lugar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia entre el 27 y el 31 de octubre, para debatir sobre los desafíos ético-jurídicos que plantean las nuevas tecnologías aplicadas a la vida humana.

–¿Qué opina de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida que ha sido presentada hoy por la Ministra de Sanidad, Ana Pastor, al Parlamento?

–Jesús Ballesteros: La reforma de la LTRA, presentada este viernes en el Parlamento por la Ministra de Sanidad tiene la finalidad positiva de evitar la creación de nuevos embriones congelados, prescribiendo que sólo se fecunden aquellos óvulos que vayan a ser implantados, lo cual debe ser visto muy positivamente dada la situación actual; pero va a encontrar una fortísima oposición por parte de los que creen que el embrión es un simple amasijo de células, ya que estos quieren dejar en manos del médico el número de óvulos que deban fecundarse.

Discrepo con la decisión de la Ministra de establecer la gratuidad de la Fecundación in vitro (FIV). Me parece un despilfarro presupuestario tal gratuidad de la FIV, cuando existen tantas necesidades fundamentales por cubrir en el mismo ámbito de la asistencia médica. La FIV no se puede llevar a la Seguridad Social porque no es una enfermedad que deba ser tratada.

La Ley tiene aspectos positivos, pero parece que se ha cedido algo ante la presión de la oposición y de las clínicas FIIV. Sin embargo, ceder del todo a la presión conduciría a la larga a la clonación terapéutica.

–¿Qué opinión tiene de la Reproducción asistida en sí?

–Jesús Ballesteros: En el libro que publicamos el año pasado «La humanidad in vitro» (Editorial Comares), se ponían de relieve los aspectos negativos que la fecundación in vitro tiene para el niño y para la mujer.

En el fondo de este debate está el eterno problema entre la moral y el derecho. Desde un punto de vista moral, la fecundación in vitro es negativa; desde el punto de vista jurídico es muy difícil dar marcha atrás y prohibir en este momento radicalmente la FIV.

Lo que sí creo que sería conveniente es prohibir todo tipo de fecundación heteróloga, en la que el hijo ya no sería propio. Habría que permitir únicamente la fecundación homóloga, para que el material genético fuera aportado siempre por los padres.

Hay un error de fondo subyacente a todo esto y es que no existe ningún derecho a ser padres, el hijo es un don, no una cosa. En el fondo, estas técnicas siempre son un trauma para la mujer, y por eso, la gente justifica el permitir la fecundación de más óvulos para asegurar el éxito de la fecundación como una medida de hacer menos traumático a la mujer el fracaso.

–Sobre los embriones congelados y la polémica que se ha levantado ¿qué es mejor, investigar con ellos, descongelarlos y dejarlos morir, o adoptarlos?

–Jesús Ballesteros: La mejor salida para el embrión es sin duda la adopción, pero parece poco realista como solución para todos los embriones congelados, dado su elevadísimo número: pueden pasar de los 50.000. No hay 50.000 mujeres dispuestas a adoptar embriones. Por otra parte, mantenerlos congelados supone encarnizamiento terapéutico, y descongelarlos, incluso para una adopción, podría suponer que la mayor parte muriera en el proceso.

En cualquier caso el embrión no debe ser manipulado. Sólo en el caso en que estuviera ya muerto, después de ser descongelado podrían ser utilizadas para la investigación sus células, por analogía con lo que ocurre con los cadáveres.

También en esto es sensata la ley. Discrepo sin embargo en que se deje a disposición de los padres-propietarios el destino del embrión. Unos padres que han metido a sus hijos en el congelador no deberían ser los que decidieran sobre su destino. Lo mejor es que esto se decida directamente por ley.

–¿Cree usted que la gente normal, la sociedad, es consciente de los términos del debate sobre las células madre o existe desinformación sobre este tema?

–Jesús Ballesteros: Existe un desconocimiento casi total en la opinión pública respecto al tema de la investigación con células madre, ya que se parte de la reducción de la células madre a las células madre embrionarias, aquellas que se contienen en la masa celular interna del embrión de 5 a 10 días de desarrollo (embrión conocido con el nombre de blastocisto), ignorando la existencia de células madre en el organismo de los adultos.

Las células madre en el organismo de los adultos son precisamente las que han dado hasta ahora resultados espectaculares en la regeneración de tejidos dañados por enfermedades degenerativas. Estas células madre se encuentran en los distintos órganos del cuerpo humano, especialmente en la médula ósea (células mesenquimales), pero también en la sangre del cordón umbilical, e incluso en algo aparentemente tan inútil y molesto como el tejido adiposo, la grasa.

–Desde su punto de vista, ¿es la investigación con células madre un logro científico o un negocio?

–Jesús Ballesteros: Creo que la medicina regenerativa con células madre de adultos es una maravilla de la ciencia , que debe ser apoyada con todos los medios. Por el contrario la investigación con células embrionarias exige el sacrificio de vidas humanas, aunque sea en su estadio mas incipiente.

Otra cosa distinta sería la utilización de células, que no tuvieran propiamente el carácter de cigoto, como podrían ser las obtenidas a través de la estimulación del óvulo sin la participación del esperma (lo que se conoce con el nombre de partenogénesis), que debería considerarse lícita.
ZS03092809

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Sobre el debate de los embriones congelados que ya no serán utlizados para fecundar a la madre, creo que lo cristiano sería primero bautizarlos y luego descongelarlos y dejar que mueran naturalmente, evitando que éstos sean objeto de experimentación en laboratorios. Me pregunto: ¿Que está pasando con éstos embriones en la actualidad, en las clínicas de tratamientos reproductivos?

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Subvaloración y desprestigio del noviazgo

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

¿UNA DE LAS CAUSAS DE LA DISOLUCIÓN CONYUGAL?

 

–Me ennovié con Carlos.

–¿De verdad? Yo no tengo novio…

–¿No? ¡Increíble!

 

Esta conversación entre dos adolescentes de 13 años de edad, denota una realidad difícil de ocultar y de cambiar: el noviazgo, la preparación para el matrimonio, ha dejado de ser un preámbulo para convertirse en una entidad propia, sin finalidad alguna, fuera de la de producir placer de diferentes índoles:

En primer lugar, hace que los jóvenes puedan disfrutar de un “qué dirán” positivo. Se complacen al sentir que los demás los tienen en mejor estima al ver que han logrado uno de los estereotipos infantiles del “triunfo”: tener novio.

En segundo lugar, hoy muchas madres deben salir a colaborar económicamente con sus esposos, de modo que tienen poco tiempo para compartir con sus hijos; con frecuencia, esto hace que los muchachos busquen el cariño que dejan de sentir en sus hogares en una persona de distinto sexo, con el (o la) que comparten sus sentimientos. Dado que la calidad de la entrega en el aspecto emocional suele ser mayor en ellas, se observa esto más en las jóvenes.

En tercer lugar, y teniendo en cuenta que las hormonas los están haciendo pasar por una etapa diferente para ellos y para ellas, dirigen sus energías sexuales con temor, primero, y luego con pasión, a quien ha llenado las dos expectativas anteriormente descritas. Es aquí donde nacen las frases: “Eres todo para mí”, “No hay nadie como tú”, “Tú eres la razón de mi vida”, etc.

Lo más peligroso de todo es que si no hay una formación basada en valores humanos, una vez expresada esa fogosidad sexual, nada detendrá la fogosidad genital: de un intercambio de expresiones de sentimientos interiores se pasará a las caricias y a la cópula sexual.

Producto de esta cadena de pasiones son los embarazos no deseados, la facilidad de transmisión de enfermedades y el aborto; y, además, el detrimento de la autoestima, por la sensación de ser utilizados y por la indignidad del acto cometido.

Pero la cosa no termina ahí. En edades tan tempranas, haya o no esta clase de problemas, es habitual que la relación, basada en aspectos tan superficiales y no fundamentada en el amor y en la responsabilidad, tenga poca duración. Es entonces cuando se reinicia el ciclo con otro u otra joven.

Conviene, entonces, que los padres de familia conozcan y enseñen a sus hijos la esencia del noviazgo:

La tercera acepción de la palabra “novio, via” en el Diccionario de la Lengua Española es: “La [persona] que mantiene relaciones amorosas en expectativa de futuro matrimonio”.

¿Está un adolescente, por su condición y madurez, en una verdadera expectativa de matrimonio? De no ser así, esa relación lleva el apelativo de flirteo que, por el contrario, es el “Juego amoroso que no se formaliza ni supone compromiso”. En este estado, es fácil el decrecimiento del valor intrínseco de la palabra “noviazgo” en el cerebro del joven, y, lo que es peor, de la palabra “matrimonio”.

Amistad, que es lo que casi siempre se esconde verdaderamente en los mal llamados noviazgos, expresa “Afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato”.

Antes de que la muchacha o el muchacho entren en la etapa de la prepubertad es indispensable que conozcan estos significados, para que no caigan en el garrafal error del fracaso amoroso, en un estado en el cual la incapacidad para afrontar los resultados funestos que se pueden derivar es grande.

Y, además, conviene que sepan que se deben tener, no solo algunas, sino muchas amistades verdaderas para ir madurando el concepto que se tiene del otro sexo, antes de adentrarse en una relación amorosa que los llevará más fácilmente, aunque no sin tropiezos, a un matrimonio estable y feliz.

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Al fin, ¿él o ella?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 20, 2008

 

El caso de la señora que tuvo una hija a la que educó como niña y, luego de algunos años, el médico le informó que se trataba de un varón, ya que sus órganos genitales estaban escondidos dentro de su cuerpo, está causando estupor en la opinión pública.

 

Por eso, es necesario explicar los desórdenes conocidos con los nombres de hermafroditismo y pseudohermafroditismo.

 

En el individuo normal los caracteres sexuales primarios y secundarios se reúnen armoniosamente para formar un ser masculino o femenino. Cuando esto no sucede se habla de hermafroditismo.

 

El hermafrodita es aquel que tiene los dos sexos, es decir, la persona con tejido testicular y ovárico en sus gónadas, lo cual origina anomalías en el cuerpo que le dan la apariencia de reunir ambos sexos, o bien, cuando el individuo posee un ovario y un testículo. Este trastorno es excesivamente raro.

 

El seudohermafroditismo, mejor conocido como estado intersexual, es, en la mujer, un exceso de producción de hormonas masculinas por parte de las glándulas suprarrenales; mientras que en el hombre obedece a un defecto en la producción de hormonas masculinas o a una falla en el metabolismo que impide que la secreción de testosterona ejerza su influencia sobre las células del cuerpo. Este trastorno, aunque se ve más que el hermafroditismo, es también bastante raro.

 

Ambos desórdenes se corrigen con cirugías, con el fin de mejorar la apariencia y el funcionamiento de los genitales externos e internos y con la administración de hormonas que favorece la adecuación de los genitales y el aspecto físico general del afectado al sexo que le corresponde.

 

Como se ve, ninguno de estos desórdenes corresponde al caso del niño que nació con sus genitales masculinos escondidos dentro de la pelvis.

 

Aunque lo llaman pseudohermafroditismo, se trata de un varón con anomalías en la ubicación de sus genitales, en cuyo caso debe esperarse que, al llegar a la adolescencia, se desarrolle como varón, por acción de la testosterona, hormona sexual masculina. Además, es conveniente realizar una cirugía que recoloque en posición normal sus genitales escondidos.

 

Pero la cosa no es tan sencilla: por esa colocación de sus genitales, la madre lo creyó una niña y, consiguientemente, la trató como niña, la vistió como niña, le compró juguetes para niña… En fin, la educó como mujer.

 

Al saber que su hijo tenía los genitales masculinos, ella decidió esperar y, ahora, que su hijo tiene siete años, pidió a unos médicos que le practicaran una operación con el fin de definir femenino el sexo del menor.

 

Ante la negativa del cuerpo médico que examinó el caso, la madre del menor interpuso una acción de tutela que la Corte Constitucional le negó, argumentando que deberá esperarse hasta que el niño tenga suficientes elementos de raciocinio que le permitan decidir qué sexo escoger.

 

Al mismo tiempo, el Alto Tribunal señaló que un grupo de selectos profesionales asesoren y guíen al menor, informándolo de todo lo necesario para que tome esa decisión con responsabilidad.

 

Pero lo que no se ha tenido en cuenta es el “dictamen” del organismo del niño: es lógico suponer que, al llegar a la pubertad, las hormonas masculinas llenarán el torrente circulatorio del niño y lo harán “todo un varón”, como se dice ahora: le saldrán “gallos” en su voz, le aparecerá bozo, sus músculos se desarrollarán tanto como sus genitales y tal vez sentirá atracción por las mujeres y se confundirá aún más…; y toda esa parafernalia de estudios médicos y jurídicos se irán al pote de la basura.

 

Mientras es todavía un niño —faltan unos siete años más para su desarrollo sexual— y se espera con calma a que la naturaleza haga su labor, ¿no sería conveniente que se intentara educarlo como lo que es naturalmente: un hombre?

 

Y, ¿no sería prudente realizarle la operación antes de que los espermatozoides se debiliten y mueran por la alta temperatura a la que serían sometidos dentro de la pelvis?

 

¿Se le habrá informado todo esto a la infortunada madre?

 

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El comienzo del amor

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 20, 2008

Miles de parejas se separan. El matrimonio, como si fuera un producto de la sociedad de consumo, se convirtió en algo desechable. Tanto es así, que algunos asesores de parejas están afirmando que el amor verdadero no existe y, que por lo tanto, lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano es a tratar de vivir lo mejor posible cada una de las relaciones que tenga durante su desdichada vida…

 

Pero otros psicólogos experimentados han descubierto que la mayoría de las personas cuyos matrimonios fracasaron han confundido el amor con sentimientos o pasiones que, en muchos casos, son completamente opuestas al amor verdadero.

 

La lista de esos sentimientos o pasiones que se confunden con el amor es común a ambos sexos, pero se da con ciertas preferencias en los hombres o en las mujeres así:

 

Los varones suelen tomar por amor el atractivo sexual, la estabilidad («organizarse», dicen ellos), la imagen y el encanto de tener esposa, niñera, ama de casa y criada.

 

Ellas, por su parte, suelen confundir más el amor con el hecho de sentirse amadas, halagadas, aduladas; tener un hogar, un buen marido —cariñoso, detallista— y unos hijos…

 

Pero lo que a ambos les resulta fácil entender erróneamente como amor (desde el punto de vista estadístico) es recibir el cariño que no han tenido en su infancia: las carencias afectivas se hacen evidentes al encontrar que alguien podría llenar ese vacío…

 

Y en donde cada uno busca su propia satisfacción es imposible que perdure una relación: al primer asomo de los errores del otro (que nunca faltarán) sobrevendrá la decepción.

 

El primer paso del amor verdadero no es sentir, sino trabajar útilmente en la felicidad de la persona amada: nada le importa a uno más que hacerla feliz.

 

Amar es luchar y trabajar por su felicidad, todo lo demás se posterga: metas personales, ilusiones, aun las más nobles; su felicidad es mi felicidad. Y esto, si es necesario, hasta el sacrificio. En este sentido, yo me sacrifico para que ella sea feliz, y este sacrificio es la prueba de que mi amor es verdadero, la garantía de la perpetuidad y de la mutua felicidad y, por lo tanto, la de los hijos que vengan.

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Clonar seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2008

Una de las noticias, maravillosa para unos, desastrosa para otros, es la reproducción genética de los seres humanos. Que quienes hicieron la clonación de la oveja Dolly en 1997, con la autorización gubernamental inglesa, van a realizarla por primera vez en la especie humana.

Esta reproducción se ha logrado en animales y se podría llevar a cabo en la espacie humana de 2 modos diferentes:

La fisión gemelar, que consiste en la división del óvulo fecundado, por estrangulamiento y separación de porciones de protoplasma, que es la sustancia constitutiva de las células. Dicho de otro modo, una vez que se ha formado un nuevo ser, se le hace una división en una forma particular, de manera que quedan dos seres idénticos. De hecho, los gemelos humanos idénticos son producto de una fisión gemelar natural.

La otra técnica es la transferencia de núcleo, que se ha realizado en anfibios, y consiste en retirarle el núcleo a un óvulo antes de que se unan en él los cromosomas paternos y maternos. Una vez hecho eso, se pone en su lugar el núcleo de una célula de un ser adulto. Así se formaría una especie de “fotocopia” del adulto.

Se pretende con esto congelar uno de los gemelos en estado embrionario —antes de dejarlo llegar a la etapa de feto— con 2 objetivos: reemplazar al otro gemelo en caso de muerte o utilizar sus órganos o sus tejidos para transplantarlos al otro, ya que no serían rechazados puesto que tienen la “misma” composición genética.

En este segundo caso, habría que descongelar al primero y darle los medios necesarios para su crecimiento y desarrollo, implantándolo en un útero, y luego, extirparle lo que necesita el otro.

Y si se trata de un órgano vital, habría que escoger quién debe vivir.

La noticia ha llevado a pensar a muchos en la posibilidad de hacer “bancos” inagotables de seres especiales: destacados científicos, deportistas, artistas, humanistas, escritores, ganadores de premio Nobel, etcétera.

¿Llegaría esto a formar “ejércitos” de seres humanos perfectamente idénticos desde el punto de vista genético? No. No debe decirse que este nuevo ser es idéntico al adulto, ya que el citoplasma y la membrana en donde se pondrá el núcleo del adulto son distintos del citoplasma y la membrana donde se desarrolló ese adulto (que fueron los de una célula de su propia madre): ahora se usará el óvulo de otra mujer.

Aun cuando se usara una célula de la madre del adulto a quien se pretende clonar se estaría formando un ser diferente pues se usaría una célula diferente, sus condiciones ambientales son distintas, con presiones osmóticas diferentes, con cualidades nutrientes distintas, con un metabolismo diferente… además, estaría —desde antes de nacido— expuesto a una atmósfera más contaminada, con menos oxígeno, etcétera. Es más: este nuevo ser vendría en un momento cósmico nuevo y viviría circunstancias nuevas.

Pero, debido a la ignorancia, ¿qué tal si apareciese un patrocinador científico con ideas como las de Hitler? Una raza que se cree mejor se iría imponiendo numéricamente sobre las demás, y los otros seres humanos serían considerados de “segunda categoría”, hasta llegar a formarse en el cerebro de muchos la idea de una nueva especie, obviamente, de diferente dignidad.

¿Es acaso que la dignidad viene inscrita en los genes? ¿en las oportunidades que tiene cada uno? ¿en las circunstancias que vivió? ¿en la educación que recibió?…

¿Vale más un ingeniero sobresaliente que el ayudante de una obra? ¿qué haría tal ingeniero sin los ayudantes, sin los oficiales, sin los maestros? ¿No somos todos parte de un engranaje?…

Está genéticamente bien establecido el momento exacto del origen de un nuevo ser humano: se da al unirse los núcleos de los dos gametos (el óvulo y el espermatozoide). En ese momento, el ácido desoxirribonucléico (ADN) contenido en los 23 cromosomas del espermatozoide se une al ADN de los 23 cromosomas del óvulo. Ese ADN interviene en la construcción de nuestro organismo durante el crecimiento. Este nuevo ser humano posee 46 cromosomas que contienen toda la información genética requerida para formar a un adulto con sus características particulares.

Solo hay vida cuando existe lo que llamamos animación, movimiento, esto es, nacimiento, crecimiento, multiplicación, descendencia… Para ello es necesaria la presencia de algo que anime, el alma, lo esencial y más importante de una cosa que da forma sustancial a una cosa. En el hombre esta sustancia es espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y también informa al cuerpo humano y con él constituye su esencia. Esa esencia da la dignidad al ser humano y se expresa en la conciencia de que somos los seres más excelentes de los que hay.

¿Es dignidad humana que otro ser humano sea congelado para reemplazar al gemelo en caso de muerte o utilizar sus órganos o sus tejidos para transplantárselos? ¿Dónde están sus derechos? ¿su libertad?

¿Puedo decir que el niño que vive bajo mi techo es mío, cuando su composición genética no se la di yo, pues heredó sus características de otro y no de mis espermatozoides? ¿Puede hacerlo mi esposa si no se usó un óvulo suyo?

¿Es dignidad humana obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad ni con la unión conyugal? ¿Cómo crecerían esos hijos? ¿A quién deberían llamar “papá”? ¿a quién, “mamá”? ¿a quiénes, “hermanos”?…

¿Es ético de fecundar a 2 lesbianas?…

¿Adónde llegaría la humanidad?

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¿Casados o solteros?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2008

El hombre es el complemento de la mujer y esta el de aquel. Eso es lo que significa sexualidad: sección, parcialidad, mitad en busca de otra mitad, es decir, complemento: el hombre y la mujer se complementan en el plano biológico, en el plano psicológico y en el plano espiritual. Toda relación entre un hombre y una mujer tiene ese carácter sexual (salvo algunas relaciones particulares como la que hay entre hermanos o entre padres e hijos, etc.).

Cada persona humana jamás encontrará otra que le sirva de complemento total. Sólo Dios puede llenar el corazón del hombre. Es el único que puede complementarlo.

El matrimonio es, en este contexto, el amor de uno por otra (o viceversa) porque ella (o él) es la imagen de Dios.

Adorar a una mujer, por ejemplo, es idolatría. El camino apropiado es amar y adorar a Dios en la imagen de la esposa; o amar y adorar a Dios en la imagen del esposo.

En cambio, la virginidad cristiana, como tal, no necesita del signo (sacramento) del matrimonio. Dios se convierte en el(la) esposo(a) del ser personal. La virginidad alcanza la realidad directamente.

De este modo, la virginidad confirma el sacramento del matrimonio y le da su verdadera dimensión.

La virginidad, entonces, viene a ser la realidad definitiva del hombre y de la mujer complementada por Dios. El matrimonio, al ser sólo signo, termina con la vida terrestre, y significa; mientras que la virginidad es lo significado.

No se habla aquí de la virginidad física ni de la psicológica (indivisibilidad del corazón) ni de la jurídica (renuncia al matrimonio), sino de la virginidad evangélica, esa que encuentra a Dios como el verdadero complemento. Virginidad esta que puede darse con signo (sacramento) o sin él.

Para los casados, el matrimonio debe constituirse en un signo eficiente de esa virginidad así entendida, que también ellos deben vivir.

Por el contrario, quien vive soltero no necesita el signo: puede ir directamente hacia la realidad —Dios— y, por añadidura, está más lejos de las veleidades y de los vaivenes de las pasiones; de este modo se capacita para un juicio más recto acerca de su propia sexualidad.

En el matrimonio la donación se lleva a cabo en el plano biológico (se entregan sus cuerpos), en el plano psicológico (se comparten la afectividad, la emotividad y los sentimientos) y en el plano espiritual (se dan el uno al otro para siempre). Todas sus acciones están encaminadas a lograr un verdadero complemento, enriqueciéndose ambos para encontrar, juntos, la verdadera y única felicidad.

El soltero puede entregar también su cuerpo a Dios eximiéndose de toda genitalidad<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> por amor a Él; comparte con Él su afectividad, su emotividad y sus sentimientos; y lo hace para siempre. Asimismo, todas sus acciones estarán encaminadas a hallar en Él su verdadero complemento, enriqueciéndose para encontrar la auténtica y única felicidad.

Para ejercer la sexualidad, entonces, basta el encuentro íntimo y sincero del yo personal que trasciende la señal física. Se puede dar el caso de que un soltero, por ejemplo, viva su sexualidad mucho mejor que un padre de familia.

Esto no quiere decir que el celibato (soltería) sea mejor que el matrimonio. La ventaja que tiene es que se entrega directamente a Dios; además, tiene una capacidad mayor (como se vio arriba) para hacer un juicio más recto acerca de su propia sexualidad e, incluso, de la sexualidad de los demás, lo cual lo hace el mejor consejero.

Por otra parte, alguien podría decir que al casado le queda más fácil, más asequible, ver en la realidad de su cónyuge la expresión de Dios, y buscar en él (o en ella) su complemento.

Tampoco existen dos categorías de cristianos: todos están obligados a optar radicalmente por Dios. Su mayor o menor virtud no depende del estado —soltero o casado— en sí, sino del modo de vivir en ese estado. Todo amor es legítimo cuando termina y descansa en Dios.

Si los casados se entregan por completo a la imagen de Dios —su cónyuge—, los solteros pueden, mientras llega el matrimonio, ofrecerse a Dios en su estado actual para comenzar a vivir esa virginidad evangélica, y así llegar a la plenitud del amor: viven una virginidad total en la que dirigen sus afectos, sin intermediarios, al Creador, objeto de su amor. Y eso los dignifica tanto o más que el matrimonio a los casados.

<!–[if !supportFootnotes]–>

<!–[endif]–>

<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> La palabra “genital” viene de genitare, que significa generar, y se refiere a generar vidas; es decir, la genitalidad se ejerce para procrear.

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

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¿Cuál anticonceptivo usar?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 13, 2008

 

La píldora

En el año 1953, los doctores Pincus y Chang descubrieron la píldora anticonceptiva. Hoy muchas mujeres toman la píldora.

La base del tratamiento reside en suministrar al organismo una cantidad de hormonas sexuales femeninas que intentan frenar la liberación de las gonadotropinas de la hipófifis, de manera que no se produzca la maduración de los folículos ováricos ni la ovulación.

Pero parece que la información científica que los esposos tienen sobre los anticonceptivos es muy errada:

La píldora es el medicamento más “seguro” en las estadísticas (menos del 1% de “fracasos”).

Se presenta en pastillas de toma diaria, en inyecciones cada cierto tiempo y en forma subcutánea. Están compuestas por estrógenos y progesterona, ambas hormonas sexuales femeninas, que intentan evitar la ovulación y mudan el estado del endometrio (parte interna del útero) para que el huevo fecundado no anide, no se adhiera a su madre.

Lo que poco se publica es que estos medicamentos producen muchos efectos secundarios, principalmente trastornos vasculares: tromboflebitis y flevotrombosis, razones por las que muchas pacientes deben acudir a hospitales por infartos de miocardio y trombosis cerebral o mueren; además, se reportan casos de hipertensión.

Fuera de estos, los libros y revistas científicos informan sobre alteraciones del ciclo menstrual, problemas digestivos, nerviosos y hepáticos, alteraciones mamarias, trastornos metabólicos y cutáneos, todos estos de larga descripción y por ello, imposibles de reseñar completamente.

Los síntomas son dolores de cabeza o náuseas, pero hay otros de menor incidencia, como el aumento de peso, que se presenta sobretodo en aquellas mujeres que tienen cierta predisposición a la obesidad.

Para contrarrestar estos efectos adversos se ha optado por disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas.

Algunas veces, al dejar la píldora después de haberla tomado largo tiempo, aparece una amenorrea (ausencia de menstruación) transitoria. Esto sucede porque el organismo se habitúa a las hormonas que contiene la píldora y, al faltar esta, necesita tiempo para recobrar su ritmo hormonal normal.

Por otra parte, se ha probado que este, que es el método más utilizado afecta, por las hormonas que contiene, a la mujer, haciendo que esté agresiva, que se disminuya su libido (apetito sexual) y otras consecuencias, como trastornos emocionales, ya que las hormonas cambian su patrón psicológico, así como lo hacen durante el embarazo y, a veces, en los días que preceden a la menstruación.

Pero lo peor de todo es que se ha probado que, ya que falla con alguna frecuencia como anovulatorio, actúa como abortivo: el medicamento mata al nuevo ser humano. He aquí la explicación:

De acuerdo con los últimos descubrimientos científicos en genética, el nuevo ser humano aparece con la fecundación: los 46 genes que ya posee el óvulo fecundado (23 de la madre y 23 del padre) hacen de él un ser único espiritual y biológicamente: son ellos los que guían la construcción del cerebro, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, las huellas digitales, la talla aproximada, algunos rasgos de la personalidad, etc.

Sin embargo, como se vio, los anticonceptivos orales permiten la ovulación: un óvulo sale a la trompa de Falopio, donde puede ser fecundado por un espermatozoide. La pareja continúa tranquila sus cópulas sexuales, pues la paciente sigue tomando el medicamento.

En un estadio del ciclo, los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del nuevo ser humano —óvulo fecundado— y hacen que llegue al útero muy joven (antes de estar preparado para asentarse en él) y muera.

La progesterona, por el contrario, disminuye su movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición.

Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio o pared interna de la matriz quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.

Al disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas para corregir los efectos adversos, como se dijo anteriormente, se corre aún más riesgo.

Con esto se concluye que los anticonceptivos orales o “píldoras” matan a ese nuevo ser humano, es decir, actúan como abortivos.

Desde hace tiempo se conocen estos mecanismos abortivos de la famosa “píldora”, pero se han ocultado sistemáticamente.

Así, hoy es imposible estar de acuerdo con el uso los anticonceptivos orales, sin estar de acuerdo con el homicidio de inocentes.

 

El dispositivo intrauterino (DIU)

Con un alto índice de “fracasos” (cercano al 4%), y por eso mucho menos utilizado, el dispositivo intrauterino (DIU) es el tercer anticonceptivo más popular después de la píldora y el preservativo.

Es una pieza de plástico pequeña y flexible, de entre 2 y 4 centímetros de longitud, que se coloca en el útero. Actualmente los hay de varias formas y tamaños. Algunos tienen una envoltura de cobre que rodea al plástico y que va cayendo en el útero en pequeñas cantidades. Esta clase de DIU tiene que ser cambiado cada dos años más o menos, mientras que los que no llevan cobre pueden usarse indefinidamente. Todos ellos tienen unos hilos que cuelgan de la vagina, de modo que pueden extraerse fácilmente

El mecanismo de funcionamiento consiste en la producción de cambios en las células del revestimiento del útero o invirtiendo las contracciones uterinas. Ello dificulta la adherencia en el mismo de un óvulo fertilizado. Así ha probado también ser abortivo: como su nombre lo dice, está dentro (intra) del útero (uterino); allí mata al nuevo ser humano que, con seis o siete días de vida, llega buscando posarse en el endometrio. Fuera de eso, si un óvulo fecundado consiguiese implantarse allí, la presencia del DIU le impedirá proseguir su desarrollo.

No se sabe exactamente cómo se producen estos cambios, pero sí que cualquier cuerpo extraño introducido en el útero provoca la misma respuesta que una infección. La producción de células que atacan a los organismos invasores se incrementa y es posible que sean estas células las que hacen al endometrio inapropiado para el nuevo ser humano. El cobre que se emplea en algunos se utiliza porque se cree que tiene un efecto adicional en la acumulación de dichas células.

El DIU también puede provocar cambios en las paredes de las trompas de Falopio, haciendo que el óvulo descienda por ellas más deprisa y que no llegue en el momento adecuado.

Finalmente, se sabe de casos en los que el niño nace con el dispositivo atravesando su oreja o cualquier otra zona de la piel, lo cual induce a pensar que una muerte posterior también es posible.

Aunado a todo esto, los dispositivos intrauterinos favorecen a veces la formación de infecciones en el útero. Dichas infecciones, que se manifiestan con abundante flujo vaginal, pueden ser debidas a la irritación de la mucosa uterina originada por la implantación del DIU, o bien a la entrada de gérmenes procedentes de la vagina a través del cordón que asoma por el cuello del útero y que sirve también para comprobar la colocación correcta del aparato. En algunos casos las infecciones persisten a pesar del tratamiento, por lo cual es conveniente retirar el DIU.

Además, se presentan trastornos o inflamaciones dolorosas en el bajo vientre materno, con o sin procesos hemorrágicos graves, y hasta se han reportado casos de contracciones uterinas que lo expulsan.

Por último, el DIU favorece el embarazo ectópico (fuera del útero, generalmente en las trompas de Falopio) en el caso de que se haya producido una fecundación por falla en su mecanismo anticonceptivo. Este dispositivo altera los movimientos de los cilios (filamentos) del interior de las trompas, impidiendo con ello la progresión del óvulo fecundado hacia el útero.

 

El preservativo o condón de látex

Con un índice de embarazos que oscila entre el 5 y el 20 %, desplazó al obsoleto condón de membrana, que fracasaba más todavía.

El condón es una especie de funda que se coloca sobre el pene en erección para recoger el semen de la eyaculación del hombre. Casi siempre tiene un extremo en forma de tetilla para contener el semen, de manera que no se filtre por los lados o haga que el preservativo se filtre por los lados. Los hay para mujeres también; en este caso se colocan en la vagina antes de la penetración.

Es este uno de los métodos “de barrera”, junto con los diafragmas, y es el que se utiliza desde hace más tiempo. De hecho, antes del advenimiento de la píldora, era el anticonceptivo más popular.

El uso del preservativo no produce efectos orgánicos, pero se han reportado efectos psicológicos, especialmente en el hombre: algunos se sienten incómodos al colocárselo o al retirárselo. Además, tanto en ellos como en las mujeres se presenta con frecuencia la queja de disminución de la sensibilidad.

Por el índice de fracasos tan alto, algunos trabajadores en la planificación familiar recomiendan el uso adicional de un espermicida, una sustancia química que mata a los espermatozoides (a veces esta sustancia viene recubriendo el condón), para tener una mayor protección. Así mismo, recomiendan lubricar el condón con una sustancia —además del lubricante con el que ahora vienen—, con el fin de disminuir el riesgo de rotura, y especialmente para impedir que la mujer sienta dolor debido a la fricción del caucho. Se añade que no se use vaselina o cierto tipo de cremas que puedan estropear el látex, disminuir sus características o producir sequedad de la lubricación natural de la vagina. Las precauciones incluyen no “herirlo” con las uñas, el adecuado desenrollado, comprobar la fecha de envoltura, no exponerlo al calor y otros cuidados adicionales que son los que hacen que el índice de fracasos sea tan variado.

Aun en el caso de que se sigan todas esas instrucciones, en el mejor de los casos, el índice de embarazos no baja del 5%. Por ese fracaso tan alto como anticonceptivo, hoy se usa más como profiláctico de enfermedades de transmisión sexual y, en forma errónea, como se comprobó científicamente, para prevenir la infección del sida.

 

Otros anticonceptivos artificiales

Óvulos, cremas espermicidas, diafragmas, esponjas y otros

Realmente despreciables desde el punto de vista eficacia (el índice de embarazos es muy alto), estas técnicas se han ido dejando de lado.

Cirugías: vasectomía y ligadura de trompas

La vasectomía (corte y ligadura del conducto deferente) en los hombres impide el paso de los espermatozoides desde los testículos a la uretra. El hombre que se ha sometido a esta intervención no dispone de espermatozoides en su semen, por lo que es incapaz de fecundar. Sin embargo, seguirá teniendo eyaculaciones normales, expulsando la secreción elaborada en las vesículas seminales y en la próstata.

La persona que se somete a una vasectomía debería considerar que este medio de esterilización es irreversible. Algunas veces, es posible intentar unir de nuevo los extremos del conducto deferente que se seccionó. Si el tubo se permeabiliza, los espermatozoides pueden volver a atravesarlo, aunque no hay la seguridad de que tal cosa ocurra. También cabe que, en el transcurso de la vasectomía, algunos espermatozoides salgan del conducto seccionado y entren en contacto con el tejido interno. En tal caso se formarán anticuerpos contra los espermatozoides, que los dañarían si se unen de nuevo los conductos.

En la mujer se hace la ligadura de trompas (las trompas de Falopio, que comunican al ovario con el útero). Además de los riesgos que conlleva este tipo de intervenciones quirúrgicas, dejan al paciente sin la posibilidad de engendrar nuevos hijos en caso de que en el futuro así lo deseen.

 

Hasta aquí los análisis de los anticonceptivos artificiales desde el punto de vista eminentemente científico, por supuesto menos importante siempre que el humano, del que se puede decir lo siguiente:

Los anticonceptivos artificiales destruyen el orden cosmológico, ya que con ellos se hace a un lado el aspecto natural de la concepción (resultado final de la cópula en los períodos fértiles), se rompe la unidad biología–psicología–espiritualidad, propia del ser humano, desordenando así la esencia de la relación marital.

Si alguien busca en una relación únicamente el placer que le depara, estará dejando de lado partes esenciales de su condición humana, como son el aspecto psicológico y el aspecto espiritual, y su acción será meramente carnal. Así mismo, si lo que busca con esa acción es satisfacer la necesidad de sentirse deseado o incluso “amado” (si a esto se le puede llamar amor verdadero) estará mutando también la finalidad del acto y denigrándose a sí mismo.

Por esa razón, en ambas circunstancias, el hombre descubre un alto grado de insatisfacción que nace de la sensación de haber utilizado al otro o haber sido utilizado. Aunque esta sensación quiera ser considerada fútil, intrascendente o de poca importancia, siempre quedará ese sabor amargo de la entrega parcial, que es uno de los aspectos que dan explicación a la gran inestabilidad matrimonial de nuestros días.

La entrega con condiciones hace de los cónyuges un par de cómplices de una acción utilitarista, aun cuando se haya hecho de común acuerdo, ya que ambos se estarían utilizando recíprocamente; además, esta es una entrega parcial y, por lo tanto, no sincera, un acto que destruye la estabilidad de cada uno de los individuos y de la pareja, dando al traste con una de las principales finalidades de la unión matrimonial, la educación de la prole, quienes frecuentemente no podrán desarrollarse desde el punto de vista psicológico y/o espiritual sin asistencia profesional especializada.

Los resultados de esta circunstancia en la sociedad se observan hoy: muchos de los niños que mañana serán los motores del mundo están creciendo sin uno de sus padres y en una situación precaria de educación humana integral (emocional, espiritual, cultural e intelectual) que culminará en un retroceso en la moral de muchas naciones, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de los hombres y de su relación con los demás.

Además, con el uso de los anticonceptivos artificiales se abrió un camino fácil y amplio para la infidelidad conyugal y se impulsó aún más la pérdida del respeto por la mujer.

Uno de los acontecimientos que impulsó la creación de los anticonceptivos fue que en 1798 Thomas Robert Malthus dijo que “el poder de la población es infinitamente mayor que el poder de la tierra para producir subsistencia para el hombre”. Pero Malthus olvidó que el poder de la inteligencia y de la fuerza de voluntad, actitudes que distinguen al hombre de los seres irracionales, da siempre paso a nuevas opciones, uno de cuyos ejemplos de las cuales son los cultivos hidropónicos, donde se multiplican los sembrados, fuera de la tierra.

Si, en cambio, los padres conocen los últimos avances científicos sobre la regulación natural de la fertilidad, los cuales han demostrado gran eficacia, podrán decidir con responsabilidad no tener más hijos, sin detrimento de su salud corporal, psicológica y/o espiritual.

 

Regulación natural de la fertilidad

Si un hombre no es capaz de esperar a que pase la menstruación de su esposa para tener relaciones genitales (simplemente porque a ella le disgusta hacerlo durante esos días), se podrá verificar qué tan poco la ama, qué tan importante para él es lo genital en la relación y tal vez qué era lo que buscaba.

¿Qué pensar entonces de otro que no pueda esperar unos días por amor y por decisión mutua? Se trata simplemente de dominar las energías de la naturaleza y orientarlas al bien personal, conyugal, familiar y social: la ganancia es muy grande comparada con el esfuerzo que se realiza:

Estos métodos no agreden a ninguno de los cónyuges, ni química, ni mecánicamente. Son métodos reversibles. Pueden ser usados por cualquier pareja. Se acomodan a cualquier irregularidad menstrual, por grande que sea. Y son gratuitos.

Además, los métodos artificiales comprometen, casi siempre, a la mujer, y algunas veces —si se usa el condón— al hombre, lo cual hace injusta la relación: se le da la responsabilidad a uno sólo de los cónyuges. En cambio, con los métodos naturales se comprometen ambos en pro del bien común.

Todos estos métodos siguen los lineamentos de la naturaleza —no rompen el orden cosmológico— y, al requerir cierta dosis de dominio de la razón sobre los instintos, están a la altura de la dignidad del ser humano y lo engrandecen, ya que ese espíritu de sacrificio —es decir, amor verdadero— los probará cada cierto tiempo y hará de su matrimonio una unión tan fuerte que nada ni nadie podrá destruir. La experiencia personal de muchas parejas es prueba evidente de ello.

Todos los que se han animado a utilizar estos métodos naturales desean gritar al mundo entero que esta vía es una cadena de aspectos positivos que llevan a la felicidad conyugal: al disminuir la esclavitud de las pasiones, crece cierto instinto espiritual, ese enriquecimiento con valores espirituales hace que la lucha contra el egoísmo —cuna del desamor— sea mayor y más expedita y, lo que es mejor, se incrementa la capacidad para educar a los hijos, ya que el espíritu de sacrificio entrena a los cónyuges para crecer en ese amor, el cual, con el ejemplo, edificará un hogar compuesto por seres que saben anteponer la felicidad del otro a su egoísmo. Con este ambiente “en el aire” los hijos respirarán la alegría de dar, única capaz de granjearles la verdadera felicidad.

Ahora sí se puede hablar de paternidad responsable. Responsable viene del latín “responsum”, supino de “respondêre”, responder. Responder a los actos que libremente realizamos, es decir, saber respetar el orden cosmológico, no violarlo para destruirnos; saber que los genitales, como su nombre lo dice están en el cuerpo para generar nuevas vidas; saber que sólo somos libres cuando los instintos son dominados por la voluntad, guiada por la inteligencia; saber que lo que más diferencia al ser humano de las bestias es el amor…

El método del moco cervical, de la ovulación o Billings

Sólo 4 días de un ciclo promedio de 28 son fértiles. Si se tiene en cuenta que la variabilidad biológica es grande, este lapso debe aumentarse para tener absoluta seguridad en el control de la natalidad. Por eso se habla de 11 días fértiles.

Pero esos once días se pueden reducir con los métodos naturales.

Este método, desarrollado por el doctor Billings, médico australiano, enseña a las mujeres a examinar sus secreciones vaginales diarias para detectar cambios en la cantidad y calidad del fluido del cuello uterino, o moco cervical. Hasta la fecha es el mejor método para predecir cuándo se va a producir la ovulación.

A medida que el ciclo menstrual de la mujer avanza, la cantidad, color y consistencia de las secreciones mucosas del cuello del útero van cambiando probablemente como resultado de los cambios en los niveles de estrógenos y progesterona del cuerpo.

Al principio del mes (es decir, el primer día de la menstruación) hay más estrógeno circulando por la sangre y después de la ovulación, más progesterona.

En las fases iniciales del ciclo, inmediatamente después de la menstruación, puede haber uno o dos días “secos” con muy poca secreción evidente. La mucosidad normal es espesa y pegajosa durante estos días y forma una especie de tapón en el cuello uterino que impide el paso del esperma.

A medida que se acerca la ovulación, la mucosidad aumenta en cantidad y se vuelve viscosa y elástica —su textura es parecida a la de una clara de huevo—. En este momento, la mujer puede experimentar una sensación de humedad y “apertura” en su zona vaginal y puede observar esa mucosidad muy fácilmente. Fue sorprendente para muchos ginecólogos enterarse de qué tan bien puede la mujer identificar ese tipo de flujo. Es suficiente entonces explicarles eso y enseñarles a aplicar el método.

Esa secreción más clara y menos espesa permite el paso de los espermatozoides en dirección al óvulo y va aumentando en cantidad hasta el último día o día cumbre, lo que indica que la ovulación es inminente, antes de adoptar de nuevo una consistencia más turbia y espesa que precede a la sequedad de la siguiente fase.

Tan pronto como la paciente detecte el menor indicio de este moco más claro y elástico debe abstenerse de practicar el coito hasta 4 días después del último día en que la paciente puede detectar la menor evidencia de la misma, no importa cuál sea su cantidad.

Desde el cuarto día después del día cumbre hasta la menstruación (en un ciclo promedio de 28 días, esto representa aproximadamente unos 10 días) se puede considerar que la mujer no es fértil.

Aunque no es imprescindible, conviene espaciar las relaciones genitales cada dos días, para obviar la presencia del semen que podría, eventualmente, confundirse con la mucosidad vaginal.

Se han hecho pruebas que demuestran que muchas mujeres pueden identificar perfectamente los síntomas de sus mucosidades, lo cual permite que ellas puedan distinguirlas de las que se producen por aumentos patológicos.

Su fiabilidad está cerca al 98.5%, según datos de la Organización Mundial de la Salud y, según las investigaciones llevadas a cabo por el doctor Billings, al 99.2%.

 

El método del control de la temperatura basal

El fundamento del método de control de la temperatura basal reside en el aumento que experimenta la temperatura corporal inmediatamente después de la ovulación. El incremento de la temperatura se debe al efecto de la progesterona, cuya presencia en el torrente circulatorio es mayor durante y después de la ovulación.

El término “temperatura basal” se refiere a la temperatura del cuerpo en completo reposo. Por lo tanto, debe tomarse diariamente por la mañana, en el momento de despertarse, en ayunas y antes de levantarse de la cama. Se utiliza un termómetro corriente, que puede aplicarse en cualquiera de las cavidades del cuerpo (boca, vagina o recto), si bien es necesario que sea siempre la misma. Si se desea hay termómetros especiales marcados con décimas de grado que pueden ser más útiles para ese fin. El resultado ha de observarse transcurridos 5 minutos desde la postura del termómetro.

En la primera parte del ciclo, la temperatura de la mujer, en circunstancias normales, se encuentra entre los 35,5 y los 36,5 grados centígrados. A causa de los antes aludidos cambios hormonales hay un aumento de temperatura que oscila entre 0,2 y 0,5 grados centígrados. Si se detecta esta fase es posible determinar, no sólo el período fértil de la mujer para casos de infertilidad, sino todos los días infértiles de cada ciclo, con el fin de espaciar o evitar el nacimiento de nuevos hijos. De este modo, se calcula que el tiempo de infecundidad segura va desde el tercer o cuarto día hasta los primeros días que siguen a la menstruación próxima.

 

El método síntomo–térmico, de la doble verificación

o muco–térmico

Este método combina tres sistemas diferentes con el objeto de aumentar la efectividad y predecir más exactamente en número de días fértiles. Por ejemplo, combinando el método Billings y el de la temperatura, se pueden predecir el inicio de su período fértil observando sus mucosidades y anotando los aumentos de temperatura y los cambios posteriores en la secreción mucosa.

Con un poco de entrenamiento y observación también se puede aprender a detectar los diversos síntomas que indican la ovulación en un gran número de mujeres. Por ejemplo, algunas mujeres pueden detectar un leve dolor punzante en la parte baja y posterior del abdomen acompañada de una sensación de calambre. Esto se conoce como mittelschmerz. También se puede observar una ligera pérdida de sangre, fenómeno conocido como “punteo”. Malestar en el pecho, dolores de cabeza, depresiones recurrentes en momentos determinados del ciclo, también pueden ser indicios de que se está apunto de ovular. Algunos de estos cambios pueden ser muy sutiles y naturalmente varían mucho en cada caso, por eso, si se practica este método es bueno fijarse bien en los cambios que se produzcan en su cuerpo, pues no hay reglas generales aplicables a todas las mujeres. No obstante, casi todas las mujeres tienen una facilidad inmensa para observar y “sentir” los cambios propios de su cuerpo y de su funcionamiento fisiológico.

Vale la pena añadir que aunque todos estos métodos son buenos (bien manejados alcanzan un promedio del 98% de eficacia) es muy importante que la paciente, con ayuda de su esposo, elija el que mejor se adecue a su fisiología y a su personalidad.

 

El PG 56

Ahora se dispone de un sistema llamado PG 56, que consiste en un lente con el que se observa el moco: en el caso de que este se trate de un moco ovulatorio, se podrá ver una estructura parecida a la de un helecho. Si esto es así se sabrá, con certeza, que se está produciendo la ovulación y, por tanto, que no se deben tener relaciones genitales si no se desean tener hijos.

Su precio es bastante bajo, teniendo en cuenta que puede servir durante muchos años, e incluso de por vida.

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

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La píldora, ¿un anticonceptivo?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 13, 2008

 

Los anticonceptivos orales, comúnmente llamados píldora, son los que más se utilizan. La razón es que tienen el menor índice de fracasos.

Se usan en tomas diarias, en una inyección mensual o en barritas que se colocan en la parte interna del brazo.

Poseen dos componentes que son hormonas: los estrógenos, que estimulan el desarrollo y el mantenimiento de los caracteres y órganos sexuales femeninos, y la progesterona o gestágeno, que prepara el útero (matriz) para el desarrollo del niño. Estas hormonas tienen como principal mecanismo de acción evitar que salga un óvulo, que se conoce como inhibición de la ovulación o acción anovulatoria. Con ellas, se pretende que la mujer permanezca «estéril», es decir, que no pueda procrear mientras los ingiere, se los inyecta o se los manda colocar en el brazo.

Sin embargo, con frecuencia, actúan de otro modo:

«En la acción anticonceptiva de los gestágenos, además de la inhibición de la ovulación, interviene […] la transformación del endometrio [capa interna del útero, donde anida el ser humano] debido a las drogas anovulatorias, que lo hacen desfavorable para la implantación del huevo [fecundado]. La administración de estrógenos después de la fecundación es capaz de impedir la nidación del huevo» (Goodman y Gilman, “Las Bases Farmacológicas de la Terapéutica”, 6ª ed., Buenos Aires, p. 1.262).

En palabras sencillas, el ser humano que ya se ha formado no se puede adherir a la piel interna de la matriz de su madre y, por tanto, muere de debilidad por falta de nutrición.

Por eso los libros especializados afirman:

«…queda demostrado que la inhibición de la ovulación no es indispensable para una acción anticonceptiva» (Ibíd., p. 1.263).

Esto significa que la acción anovulatoria (el impedir que salga un óvulo) no es infalible. A veces sucede, por lo tanto, que sale un óvulo a la trompa de Falopio, el cual puede ser fecundado por un espermatozoide. La pareja, por supuesto, continúa tranquila sus relaciones sexuales, pues están seguras de la acción de los anticonceptivos orales que la mujer se está tomando o inyectando, o porque los tiene puestos en su brazo.

«Está perfectamente aclarado que el endometrio debe estar exactamente en la etapa apropiada del desarrollo, bajo estrógeno y progesterona, para que se produzca la anidación» (Ibíd., p. 1.406).

Pero, durante la toma, hay períodos de alta concentración de estrógenos seguidos de temporadas de alto contenido de progesterona:

«Los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del óvulo fecundado [el nuevo ser humano] y hacen que llegue al útero muy joven [antes de estar preparado para asentarse en él] y muera. La progesterona, por el contrario, disminuye la movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición» (Jiménez Vargas, Joaquín Ruiz, López García, G., “Aborto y Anticonceptivos”, EUNSA, pp. 91-98. 1980).

Hoy es imposible, por tanto, estar de acuerdo con el uso de la píldora, sin estar de acuerdo con el aborto.

 

 

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

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Anticonceptivos para después de…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 13, 2008

«Una pareja se deja llevar por la pasión y el deseo y tiene relaciones sin usar ningún método anticonceptivo. Este es el caso más frecuente». Así dice la propaganda del «anticonceptivo poscoito».

 

La idea, según los promotores, es que después del «desliz» se puedan tomar anticonceptivos orales combinados (progesterona, estrógenos, andrógenos), insertarse un dispositivo intrauterino (DIU) o aplicar inyecciones de estrógenos o andrógenos.

 

Pero, ¿este método sí es anticonceptivo?

 

De acuerdo con los últimos datos científicos aportados por la genética, el nuevo ser humano aparece con la fecundación: los 46 genes que ya posee el óvulo fecundado (23 de la madre y 23 del padre) hacen de él un ser único desde el punto de vista biológico: son ellos los que guían la construcción del cerebro, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, las huellas digitales, la talla aproximada, algunos rasgos de la personalidad, etc.

 

El individuo resultante de la unión de las células sexuales masculina y femenina, o gametos, se llama cigoto. Es un individuo unicelular, pero es ya un ser humano: posee su propio código genético, diferente al de la madre y al del padre. Lo único que le falta a ese ser es desarrollarse.

 

Esto fue confirmado por el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, quien ratificó ante el Senado de los Estados Unidos[1] que la vida humana comienza con el cigoto, es decir, al unirse el espermatozoide y el óvulo.

 

Luego comienza a crecer y es llevado al útero, donde anidará 6 ó 7 días después, para nutrirse de la madre, a través de la placenta.

 

«Está perfectamente aclarado que el endometrio debe estar exactamente en la etapa apropiada del desarrollo, bajo estrógeno y progesterona, para que se produzca la anidación»[2]. El medicamento que se ofrece para después del coito, precisamente, cambia por completo el estado del endometrio (la piel interna del útero materno), de modo que se impide la anidación del nuevo ser humano en el útero, donde comenzaría a nutrirse; por eso muere por inanición.

 

Además, durante la toma del anticonceptivo, hay períodos de alta concentración de estrógenos seguidos de temporadas alto contenido de progesterona: «Los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del nuevo ser humano —óvulo fecundado— y hacen que llegue al útero muy joven (antes de estar preparado para asentarse en él) y muera. La progesterona, por el contrario, disminuye la movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición»[3].

 

Afirmar que no importa impedir que el óvulo fecundado anide en el endometrio y muera ya que a algunos les pasa eso en forma natural, es lo mismo que afirmar que no importa matar a un niño o a un adulto ya que a algunos les pasa eso en forma natural.

 

Por lo tanto, el llamado «anticonceptivo poscoito», debe ser denominado: «abortivo poscoito».

 


[1] Testimonio presentado ante el Subcomité de Separación de Poderes, del Senado de los Estados Unidos

[2] Goodman y Gilman, “Las Bases Farmacológicas de la Terapéutica”, 6ª ed., Buenos Aires, p. 1406

[3] Jiménez Vargas, Joaquín Ruiz, López García, G., “Aborto y Anticonceptivos”, EUNSA, pp. 91-98. 1980

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