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¿Somos realmente humanos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 24, 2018

Cuando se analiza con profundidad el adjetivo “humano” se llega a comprender que eso es, precisamente, lo que nos hace diferentes de todos los demás seres: los pensamientos, las palabras, las acciones humanas, los sentimientos…

Esto implica, por supuesto, que aquellas acciones que realizan también los animales no pueden probar que somos hombres. Sólo las acciones que no pueden realizar esos seres inferiores hacen patente la diferencia y, como consecuencia lógica, marcan nuestra dignidad. Dignidad que se expresa en la conciencia de que somos los seres más excelentes que hay, cuando menos en nuestro sistema solar.

Para el autoconocimiento del hombre es de gran utilidad el uso de algunas ciencias:

  1. La antropología, de antropo- (hombre) y -logía (tratado, estudio, ciencia), que trata de los aspectos biológicos del hombre y de su comportamiento como miembro de una sociedad, y la paleoantropología (paleo-: de «antiguo» o «primitivo», referido frecuentemente a eras geológicas anteriores a la actual), que engloba al hombre dentro del tiempo.
  2. La genética, parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.
  3. La geología, ciencia que trata de la forma exterior e interior del globo terrestre; de la naturaleza de las materias que lo componen y de su formación; de los cambios o alteraciones que estas han experimentado desde su origen, y de la colocación que tienen en su actual estado.
  4. La hermenéutica, arte de interpretar textos.
  5. La anatomía, ciencia que tiene por objeto dar a conocer el número, estructura, situación y relaciones de las diferentes partes del cuerpo de los animales y del hombre.

¿De dónde venimos? ¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos? Son las preguntas que es necesario hacerse para hallar nuestra felicidad y que estas ciencias nos ayudarán a contestar.

 

  1. EL HOMBRE EN EL UNIVERSO

¿Cuál es la edad del universo? ¿cómo comenzó?…

¿Cuál fue el origen de la vida? ¿cuándo se inició?…

¿Cuándo apareció el ser humano? ¿Cómo se hizo el paso del mono al hombre? ¿Qué características se tienen en cuenta para clasificarlos como tales?…

Si somos capaces de comprender los cambios que se produjeron en el pasado, estaremos en mejores condiciones de comprendernos.

A continuación, trataremos de responder estas y otras preguntas, basados en todos los elementos de juicio que poseen hoy las ciencias.

Si bien el conocimiento que hoy se tiene es mucho menor del que quisiéramos, los avances son ahora muy significativos y, sobre todo, útiles; por eso en estas líneas se interpondrán con frecuencia los vocablos «probablemente», «tal vez», «aproximadamente», y otros parecidos, lo cual no quiere decir que no sean afirmaciones distantes de la verdad sino que, por el contrario, son las que mayor credibilidad tienen ahora en el ambiente científico.

 

  1. El universo

La edad del universo debe ser determinada por el modelo cosmológico correcto, y los científicos que lo utilizan han llegado a la conclusión de que su comienzo oscila entre los 15,000 y los 18,000 millones de años antes de Cristo (A de C), aunque en los últimos años algunos tienen la tendencia a hablar de valores un poco menores.

Respecto de la teoría del inicio de la actividad del universo por una explosión, y de que producto de la cual se está llevando a cabo en estos momentos una expansión del universo, casi todos los científicos del orbe están de acuerdo.

En lo que no hay claridad todavía es si esa explosión fue el comienzo del universo o es solo un episodio más en su evolución porque, para unos, más adelante habrá un retorno (implosión) al que seguirá otra explosión de modo que el ciclo continúe: postulan que se dé crédito a la idea de que el universo tiene límites y que, al llegar a ellos, la onda expansiva regresará.

De cualquier manera, la creación no puede coincidir con un estado del universo, ya que el Creador le dio el ser al universo de modo que funcionara bajo ciertos aspectos determinados, uno de los cuales (como se estudiará más adelante) puede ser el azar.

La tierra, una nebulosa inicialmente, se condensó unos 4,500 millones de años A de C. Fuego vomitado por volcanes primero, y luego, un enfriamiento paulatino que, con la presencia de agua, fueron el «caldo de cultivo» para la aparición de la vida unicelular.

 

  1. El origen de la vida

Solo hay vida cuando existe lo que llamamos animación, movimiento, esto es, nacimiento, crecimiento, multiplicación, descendencia… Para ello es necesaria la presencia de algo que anime, el alma, lo esencial y más importante de una cosa, que le da forma sustancial, es decir la informa.

Por eso los minerales no tienen alma.

Los vegetales tienen el alma vegetativa.

Los animales poseen un alma sensible.

En el hombre esta sustancia es espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y también informa al cuerpo humano y con él constituye su esencia.

Pero tanto en los libros y en las enciclopedias más conocidas del mundo, como en las entrevistas hechas a los más conocedores del tema se encontró, como respuesta a la pregunta: «¿Cómo empezó la vida?», casi las mismas palabras: no hay respuesta cierta, verdadera, segura, indubitable.

Se han postulado numerosas teorías, todas inconsistentes. Algunos, por ejemplo, creen en la llegada de una primitiva forma de vida a la tierra a través de una especie de vientos que viajan por el espacio, idea que no explica su origen, pues la vida se habría formado en otra parte.

El mundo científico no ha podido dilucidar cómo se produjo el cambio desde la materia inanimada hasta la vida.

Por otro lado, los intentos por producir la vida han sido numerosos e infructuosos: se ha puesto a funcionar una vida siempre preexistente, se han formado cadenas de proteínas, pero no se ha podido crear la vida a partir de la materia.

Lo que sí se sabe es la fecha aproximada del origen de la vida: 3,500 millones de años A de C: las formas más tempranas de vida son unas células parecidas a las bacterias, estudiadas a partir de fósiles de esas épocas.

 

  1. La teoría de la evolución

¿Cómo se transformaron esas primeras células en plantas y animales?

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural.

Según esta teoría, los organismos vivos producen constantemente nuevos rasgos. Muchos de estos rasgos son neutros, es decir, no resultan beneficiosos ni perjudiciales. Pero de vez en cuando hay una característica que funciona especialmente bien, porque se adecua mejor al medio ambiente que las versiones anteriores y proporciona una ventaja reproductora a sus poseedores.

Esto es muy importante, ya que el aspecto crucial de la evolución es la reproducción: toda característica que aumente las probabilidades de un organismo de producir más descendencia será seleccionada.

Todavía no sabemos con certeza cuál es el mecanismo por el que se heredan los genes que tienen las características seleccionadas y no los otros genes, pero una vez que el nuevo rasgo beneficioso ha sido adoptado y se ha extendido a otros miembros de la especie, puede decirse que se ha producido una mutación y que la evolución ha actuado. La selección natural es el motor de la evolución.

Existen 3 requisitos indispensables para que se produzca la selección natural:

  • Es preciso que haya variaciones, una especie de continuo variar genéticamente que produzca diferentes rasgos susceptibles de ser seleccionados o rechazados. Estas variaciones se llaman mutaciones.
  • Es necesario también que haya un mecanismo de herencia, de manera que los nuevos rasgos se transmitan a las siguientes generaciones.
  • Por último, debe haber competencia formándose así una especie de embudo a través del cual solo puedan pasar los mejores equipados, ya que si los recursos fueran ilimitados, todas las variaciones tendrían éxito.

La genética, única ciencia que podría probar seriamente la teoría de la selección natural, tiene dudas al respecto, ya que en los estudios de las poblaciones se pueden destacar algunos caracteres genéticos, pero otros no se hacen evidentes ni son cuantificables, aunque estén codificados en los genes. Dicho de otro modo, hay mucha información genética que no se conoce todavía ni se hace evidente, aunque está presente en los genes de las células; por lo tanto, la selección natural sigue siendo una teoría, aunque ningún estudio serio la niegue y por el contrario los otros parezcan confirmarla.

La evolución no es un proceso lógico con intenciones u objetivos a largo plazo, como puede ser el perfeccionamiento o cualquier cosa por el estilo. Es algo que sencillamente sucede, de forma impredecible, a un ritmo variable y de modo inconsistente. Esto es el concepto del azar, del que se hablaba anteriormente, y que constituye una de las reglas de la evolución de las especies.

Si lo ponemos de una manera gráfica para comprenderlo mejor, habría que decir que es como si el Creador hubiese puesto a girar un trompo, como lo haría un niño, con la diferencia de que el niño puede despreocuparse de la suerte del trompo, mientras que Dios permanece siempre al lado de los seres vivientes, respetando la condición propia de su actividad (que en el hombre es libre), pero pendiente de su suerte e interviniendo para su bien, especialmente cuando solicita su ayuda.

Aunque Dios no ha abandonado a su creación, y a pesar de que está, como lo veremos, al tanto de los acontecimientos e interviniendo en la historia, ha dejado que el azar sea una de las reglas del devenir universal y humano.

Así se producen, según los científicos que aceptan la teoría de la evolución, la extinción de las especies y la formación de nuevas especies. Estos dos mecanismos explicarían cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años A de C hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es muy posible -y también quizá probable en un futuro no muy lejano- que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Si se acepta -como ellos- esta teoría, se entenderá cómo se llevaron a cabo la aparición de nuevas especies y la extinción de otras muchas.

Así se puede comprender que no solamente las glaciaciones (grandes invasiones de hielo que en épocas remotas acontecieron en zonas muy extensas de distintos continentes) y otros desastres naturales acabaron con algunas especies, como ocurrió con los dinosaurios que, luego de existir por unos 160 millones de años, se extinguieron hace 65.

En fin, dentro de ese proceso evolutivo debemos ubicarnos ahora en unos animales llamados antropomorfos, es decir, animales que, de algún modo, tienen forma o apariencia humana. Los más representativos son, en su orden, el lémur, el mono, el chimpancé y uno que ya dejó de existir: el australopiteco.

El científico Carl Von Linné (Linneo, 1707-1778) agrupó a los seres vivos así: el grupo más pequeño, integrado por individuos tan parecidos entre sí que, excepto en muy sutiles detalles, resultan idénticos en la práctica, es una especie; un grupo de especies pertenecen a un género; varios géneros constituyen una subfamilia; varias subfamilias se agrupan en una familia; las familias unidas entre sí hacen al orden; y los órdenes forman la categoría más amplia, denominada clase.

El orden de los primates es el de los mamíferos de superior organización, plantígrados, con extremidades terminadas en cinco dedos provistos de uñas, de los cuales el pulgar es oponible a los demás, por lo menos en los miembros torácicos (los miembros superiores).

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Entre los primates de hoy están el lémur (mamífero cuadrúmano, con los dientes incisivos de la mandíbula inclinados hacia adelante y las uñas planas, menos la del índice de las extremidades torácicas, que son ganchudas, y la cola muy larga), el mono, el chimpancé y el hombre.

Los homínidos, familia a la que pertenece el hombre, está compuesta por todas las criaturas que han vivido en las líneas evolutivas desde la separación los chimpancés hasta el presente. Como se verá, incluye al australopiteco, al homo habilis, al homo erectus y al homo sapiens (este último es sinónimo de ser humano).

 

El australopiteco

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, ya que, según las fuentes más conocedoras del tema, es uno de los eslabones de la cadena antecesora del hombre.

Se han descubierto dos grupos de fósiles: el australopiteco afarensis, que vivió entre los 4 y los 3 millones de años A de C, y el australopiteco africanis, cuyos restos apuntan hacia los 3,5 y 2,5 millones de años A de C.

Los restos de ambos fueron encontrados en África, razón por la que se ha afirmado siempre que la raza humana se inició en ese gran continente.

El australopiteco pertenece a la familia de los homínidos.

Medía un promedio de 1,20 m, tenía entre 30 y 70 kilos de peso y su cerebro era un poco mayor que el de los actuales monos.

Uno de los rasgos que lo hace tan especial es que se sabe, por las características de los huesos de sus piernas y por la presencia de arcos plantares de sus pies, que caminaba, es decir, con esta especie se inició el bipedismo. Efectivamente, Mary Leakey y otros paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a tres millones y medio de años A de C.

Otra conducta diferente de la de los demás animales hace poner los ojos de los paleoantropólogos en esta especie: usaba palos y piedras para defenderse.

Como se ve, los rasgos descritos presagian al hombre, pero no son tan consistentes para poder llamar al australopiteco un ser humano (decir que el bipedismo es humano haría también a algunos pájaros seres humanos). Este es simplemente un animal más desarrollado.

 

El homo habilis

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C.

No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías.

Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos.

Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Es importante decir que en este mismo período (entre 2 y 1 millón de años A de C) vivieron los que hoy se llaman australopitecos robustus y otras especies animales similares, lo cual ha hecho pensar a algunos que el homo habilis no es un eslabón de la cadena evolutiva que termina con el hombre, pero sí que vivió simultáneamente con otros animales.

 

El homo erectus

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso:

Sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura.

Sus cerebros más voluminosos inducen a concluir su mayor inteligencia.

El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores.

Otro aspecto destacable es que este ser inició las migraciones: ya los límites de su andar no dependían de si esa tierra ofrecía o no las cualidades necesarias para albergarlo. Es importante señalar, para explicar esto, que los animales herbívoros dependen de los recursos vegetales de un hábitat concreto, pero los carnívoros como el homo erectus no tienen esa limitación.

Esta característica, sin embargo, obedecía todavía a las leyes de la teoría de la evolución. Según esta, hay tres formas diferentes de responder a la limitación del área donde vivían: podían extinguirse, si por ejemplo no tenían posibilidad de retirarse a ninguna otra región; en muy raras ocasiones podían beneficiarse de una modificación genética que determinara la aparición de una nueva especie; o podían desplazarse hacia una nueva región geográfica donde las condiciones imperantes se asemejaran a las de su antiguo hábitat.

Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

 

  1. El homo sapiens

La fecha exacta de la aparición del homo sapiens es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C: algunos restringen el inicio del homo sapiens a los 200.000 años A de C, y aun hay quienes votan por los 100.000 años A de C.

A continuación se detallarán, una a una, las características que lo hacen tan especial:

  • Al aparecer el homo sapiens sucedió algo de dimensiones asombrosas: los animales, hasta este punto, iban evolucionando de tal manera que sus cuerpos se acomodaban al medio, según la teoría de la evolución de las especies; ahora, por primera vez, un ser acomodaba el medio a su cuerpo: comenzó a cambiar las condiciones del ambiente para su propio beneficio.
  • Hubo, también, algo que puede impresionar a quien estudia el origen del hombre: hasta ahora, los animales, como se vio con el homo habilis y el erectus, eran capaces de hacer herramientas.

Esas herramientas eran fabricadas para realizar acciones específicas: un palo, por ejemplo, era utilizado por el homo habilis o por el homo erectus para defenderse de los animales, y se cree, incluso, que se quedaba con el palo como medio de defensa.

Así se creaba una asociación neuronal (cerebral) entre la acción y el efecto que produce: “Si le pego a esa fiera con este palo, lo ahuyento”. Esto es producto de un patrón neuronal (un modelo de comportamiento). Es probable que la ley del azar de la teoría de la evolución intervenga en esa asociación y que luego se herede.

Pero el homo sapiens logró realizar algo que no se puede explicar a través de las leyes de la genética. En el ejemplo anterior, el ser humano no sólo utilizaba el palo para defenderse, sino que con él abría hoyos en la tierra para buscar hormigas u otro tipo de alimento, y también lo usaba para otros muchos fines. Es decir, su capacidad de análisis le dio la libertad para saber que una herramienta sirve para realizar acciones diferentes. Pero hay algo más: no solo usaba el palo, sino que cogía piedras y otros elementos para hacer lo mismo que hacía con el palo. Esa capacidad de análisis era ya tan avanzada que le dio la libertad para pensar que varios instrumentos podían servir para la misma finalidad. Además, se disparó la producción de herramientas en multitud de formas y, lo que es mejor, comenzó a hacer herramientas para fabricar herramientas.

Dicho de otro modo, se acabó la restricción cerebral que asociaba la acción al efecto, es decir, apareció independencia en el patrón neuronal, (antes rígido para los animales). El homo sapiens posee esa independencia pues tiene una comprensión abstracta (no rígida) tanto del acto como del instrumento.

¿Qué produjo esa capacidad de deducir que varios instrumentos podían ser utilizados con una misma finalidad, y que una misma herramienta tuviera varios usos?

Algunos creen que la genética tiene la respuesta, pero la genética tiene unas leyes, y esas leyes restringen los cambios, aunque sea en un porcentaje muy bajo. Con esas restricciones es imposible explicar estas nuevas capacidades del ser humano.

Otra teoría es que la plasticidad cerebral (capacidad modeladora del cerebro) podría ser la causa de este asombroso cambio, pero este cambio es de tal magnitud, que resulta obvio que el mero aprendizaje o la sola plasticidad cerebral, pueda llegar a producirlo.

Se debe concluir que algo extraordinario sucedió entre el hombre y sus predecesores. Ese “algo” debe ser una fuente de vida mucho más poderosa que la evolución, y se explicará al terminar esta enumeración de las características propias del ser humano.

  • El homo sapiens ya utilizaba el lenguaje.

Si bien algunos paleoantropólogos creen que sus pliegues (cuerdas) bucales no estaban bien desarrollados para ello, sí se cree que el homo habilis y el homo erectus emitían sonidos con los que se comunicaban ideas precisas y cortas, como lo hace ahora el actual cercopiteco, un mono catarrino, propio de África: con un vocabulario de 10 palabras diferentes da a entender a los otros ideas como “peligro”, “leopardo”, etcétera. A esto, por supuesto, no se le puede llamar todavía lenguaje.

Rod Caird -escritor y productor de documentales sobre antropología- cuenta en su libro “Hombre mono”, que entrevistó a Terrence Deacon, neurobiólogo de la universidad de Boston, en agosto de 1993. En esa entrevista Deacon dice textualmente:

“Un buen experimento de lenguaje con animales es el que plantea la pregunta: ¿qué diferencia hay entre enseñar a un animal a utilizar mecánicamente una serie de gestos o de símbolos que representan algo y enseñarle a comprender lo que está comunicando?”.

A un chimpancé se le pueden enseñar unas trescientas palabras y a actuar de acuerdo con ellas, mientras que un niño de 4 años conoce aproximadamente unas cinco mil.

El hombre entiende conceptos abstractos; puede hablar sobre el futuro, sobre cosas que no existen o sobre el espíritu; además, todos los idiomas y dialectos están hechos por numerosísimos vocablos y poseen reglas precisas, que están bien lejos de los gruñidos y primeras vocalizaciones animales.

Se sabe que los primeros homo sapiens ordenaban vocablos, es decir, construían frases que expresaban ideas amplias y claras, con las que no solo se comunicaban, sino que hacían partícipes a los otros de sus pensamientos y de sus sentimientos.

Se han encontrado pruebas arqueológicas de ornamentación, pintura y otros símbolos visibles, que son paralelos al concepto del lenguaje; el arte en sí mismo es gráfico, y nadie que no disponga del lenguaje puede asignar un significado a un pequeño rasguño en la pared.

Por eso, la mayoría de los estudiosos coinciden al afirmar que el lenguaje se inició a los 100.000 años A de C, con todas sus extraordinarias propiedades de rapidez, volumen y abstracción.

  • Si se compara un ordenador (computador) con el cerebro del homo sapiens, se infiere inmediatamente que al ordenador hay que decirle qué hacer, mientras que el cerebro hace las cosas por su cuenta. La capacidad creadora independiente del cerebro hace que los humanos actuemos espontáneamente, y es la base de nuestra habilidad para pensar, planificar e influir drásticamente (para bien o para mal) sobre el medio ambiente.

El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software.

Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

  • Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

Al comienzo se creía que el tamaño del cerebro incidía mucho en la capacidad intelectual, ya que los paleoantropólogos observaban que el cerebro de los homínidos, en la secuencia de la evolución, fue creciendo. El australopiteco tenía unos 400 cm³ (lo mismo que un chimpancé moderno), el homo habilis, entre 650 y 800 cm³, el homo erectus, de 850 a 1.000 cm³, y los primeros homo sapiens y los neandertales, entre 1.100 y 1.400 cm³. El hombre moderno está en ese rango, pues tiene aproximadamente 1.350 cm³. Pero el cerebro de una ballena grande puede ser cuatro veces mayor.

  • Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

Se desprende de la tolerancia, la palabra respeto, rasgo que caracterizará, entre otras cosas, al ser humano.

Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

  • Los análisis realizados en chimpancés, especialmente los de la doctora Jane Goodall, a primera vista hacen pensar que en estos animales hay ciertas actitudes que algunos se aventuran a llamar “humanas”: maquinaciones, actitudes compasivas, engaños maquiavélicos, pequeñas muestras de lo que en el ser humano se llamaría ternura, violencia y crueldad.

Pero en los estudios psicológicos se rechaza la idea de que estas características, por sí mismas, puedan definir al ser humano. De hecho, las llamadas “actitudes compasivas” y la “ternura” se explican con el instinto: todos hemos visto moverse la cola de un perro al ver u oír a su amo, lamerse a las leonas entre sí, arroparse a los mapaches… Y nadie ha pensado jamás llamar ser humano a los mapaches, a los leones, a los perros ni a ningún otro animal. En suma, esas son actitudes animales, no características humanas, aunque el hombre las eleva a un nivel que los animales no alcanzan.

En cambio, lo que sí admira, es la aparición de la solidaridad.

Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Pero, llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al leer la historia (o verla en cine o televisión) de tantos que han dado su vida por un ideal similar.

Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

  • Hay pruebas de que la competencia sexual era menos evidente entre los hombres, que la de sus antecesores, los animales: apareció una especie de respeto por la mujer del prójimo.

Otro aspecto que algunos paleoantropólogos destacan es que, ya que en la época de los australopitecos había una diferencia notable entre las dimensiones corporales de los machos y las hembras, parece que los machos estaban rodeados de algo parecido a harenes de hembras.

Sin embargo, el homo sapiens cambió de actitud:

En la entrevista concedida a Rod Caird (comentada más arriba), Terrence Deacon amplía su explicación sobre el lenguaje así:

“Creo que el problema que se plantea al instalarse en un entorno en que la carne se convierte en un elemento necesario para criar a la prole es el de encontrar medios para establecer conductas sociales predecibles, concretamente en torno a la sexualidad: conductas socialmente aceptadas en cuanto a la inclusión o a la exclusión de las relaciones sexuales. Unas relaciones así establecidas no son meros apareamientos; en cierto sentido son promesas. Son mensajes acerca de un futuro posible, acerca de lo que debe o no debe suceder, y esto es algo que no puede representarse con un gruñido o un gesto. Creo que el primer contexto en el que evoluciona la representación simbólica es algo así como un ritual de boda, la determinación pública y social de ciertas obligaciones sexuales y exclusiones reproductivas.”

Si las 7 características descritas hasta ahora dan certeza acerca de la gran diferencia existente entre el hombre y sus antecesores, este aspecto de las conductas sexuales es particularmente impresionante: el homo sapiens fue el primero que entendió la responsabilidad de la paternidad, de la maternidad y del concepto “familia”; y esto desde el punto de vista natural (es lo natural en el ser humano), y en orden a la procreación de los hijos: el hijo debe ser educado para seguir enriqueciéndose en todos los ámbitos de la vida, pues su esencia es diferente de la de los demás seres vivos: puede ser cada vez más sabio, cada vez más hábil, cada vez más dueño de sí mismo, puede amar cada vez más… Los matrimonios de hoy, con sus ritos, movimientos y sonidos, y en presencia de la sociedad (como dijo Terrence Deacon) son un desarrollo más del homo sapiens en su historia.

De aquí se desprende la idea de que la infidelidad es un retroceso del hombre a etapas anteriores, como la del australopiteco.

  • Pero lo más fascinante del homo sapiens es que fue el primero en hacer rituales y ceremonias religiosas. Robert Foley (biólogo y profesor del King’s College of Cambridge, director del Laboratorio de Antropología Biológica Duckworth y autor del libro “Another unique species”) cuenta que el famoso hombre de Neandertal, que vivió entre 130.000 y 35.000 años A de C, ya enterraba los cadáveres de sus congéneres.

Se puede establecer por la diferencia que había en los ritos, que en algunos de ellos se agradecía a determinados miembros del grupo que tuvieron una sabiduría especial o que habían hecho aportes importantes a la comunidad.

Así mismo, la mayoría de esqueletos hallados presentan cicatrices de fracturas curadas en vida del sujeto: se sabe entonces que los miembros heridos de la comunidad recibían algún tipo de cuidado hasta que mejoraban y podían incorporarse de nuevo a las actividades cotidianas.

Es más: los estudios científicos permiten pensar a los paleoantropólogos que los miembros más ancianos (de cuarenta y cinco o cincuenta años) de los grupos sociales eran valorados por sus recuerdos y por sus conocimientos aun después de haber perdido el pleno uso de su fuerza física.

Estos análisis llevan de la mano a sacar una consecuencia muy especial: los actos sociales iban en beneficio del individuo, y no al revés.

  • Aún más admirable para el estudioso de la paleoantropología es que los entierros obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte (a diferencia del miedo a una muerte inminente) hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

El arte simbólico que se encontró en las cavernas, con búfalos y rituales mágicos, por ejemplo, es un testimonio histórico de que se adquirió el conocimiento reflexivo del destino del hombre y, además, de que apareció la conciencia de que a través de esos rituales se podían someter las fuerzas de la naturaleza. La sabiduría, en este sentido, se guió más tarde hacia una cultura mágica en los cazadores, y hacia una cultura mítica en los agricultores.

Al terminar esta enumeración de las características del homo sapiens, se puede decir que no hay duda de que el espíritu marca definitivamente al hombre, y que es su presencia lo que lo hace completamente diferente a sus antecesores: el homo sapiens se diferencia de los demás en que tiene espíritu.

Por eso, ya no hay razón para pensar que es una sola la especie que agrupa al homo sapiens, al homo erectus y al homo habilis: la primera de estas es una especie perfectamente bien diferenciada de las otras 2.

En fin, son tantas y tan extraordinarias las diferencias entre el homo erectus y el homo sapiens, que no se pueden explicar con solo 2 cromosomas más, como sucede entre el chimpancé y el hombre actuales.

Tampoco se ha explicado, a través de la teoría de la evolución, ese cambio tan extraordinario: la existencia del alma espiritual. Si tenemos presentes las palabras que Robert Foley dijo en otra entrevista hecha por Rod Caird, en octubre de 1993: “La selección se limita a solucionar pequeños problemas aislados”, nos nace una pregunta: ¿Qué se solucionó con el advenimiento del espíritu? Y esta interrogación no tiene respuesta.

Somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

 

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La inconsciencia

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 19, 2015

DestinoEl ser humano tiene la facultad de preguntarse acerca de su origen, su destino y la razón de su existencia. Esto lo hace único y superior a todas las especies. Por esto, la humanidad ha producido miles de pensamientos y pensadores, todos tratando de resolver estos interrogantes.

No es necesario ser filósofo para descubrir que, ya no miles sino millones de personas viven su existencia indiferentes ante esas inquietudes. Y esto no es coherente.

Alguien afirmó jocosa y sarcásticamente alguna vez que el ser humano, como las plantas y los animales, simplemente nace, crece, se reproduce y muere. A veces esta sentencia no parece tan disparatada: si se le pregunta a un joven cuál es la razón de ser de su existencia, cuál es su misión en este mundo, de dónde vino y para dónde va, es muy posible que no tenga respuestas. Pero teniendo en cuenta que la juventud es la etapa de la vida en la que nacen esas preguntas, está claro que no se le pueden exigir.

Lo que sí sorprende es que tampoco los adultos ni los viejos suelen tener respuestas… En algún momento de su existencia, el joven inquieto por estos cuestionamientos deja de hacérselos. ¿Por qué?

En la mayoría de los casos, las respuestas a esas preguntas quedan ahogadas por las circunstancias de la vida moderna: el estudio universitario, el noviazgo y el matrimonio, los afanes económicos, profesionales, laborales, las exigencias sociales y culturales, y hasta por el poco tiempo que deja hoy la tecnología…

Es difícil admitir que el ser humano contemporáneo vive tan agobiado por el hacer que se olvidó del ser. Y esto es dramático: ¡No sabe qué es él ni por qué vive, pero sí se ocupa en miles de actividades, como si supiera por qué y para qué hace todo eso!

La masa humana, aunque acepta teóricamente la posibilidad de su felicidad —la llama: realización personal— y la busca cotidianamente, no cree en ella.

La verdad es que la especie humana tiene tácita, colectiva e inconscientemente determinado que su finalidad es simplemente el bienestar. Esta es su máxima aspiración. Para la mayoría, el concepto de felicidad es tan pobre que se reduce a eso: un bienestar principalmente físico y, si se pudiera, ojalá también psicológico. “Si se pudiera…”, lo dice desesperanzado…

La pregunta obvia es: ¿Cómo puede realizarse un ser que no conoce su propia identidad, su valor, su esencia, su propósito, el objetivo de su existencia?

Y la respuesta también es elemental: No puede.

¡Qué triste es ver por el mundo, más que seres humanos, entes buscadores de placer y de poseer, maquinitas para producir, sujetos anhelantes de fama y de poder, esclavos de la sociedad de consumo y de los medios de comunicación, que los hacen pensar y desear lo que ellos venden!…

Podemos preguntar si eso es vida, vida humana… Y se nos responderá que la mayoría de los seres humanos no viven sus vidas, no tienen control sobre ellas: son autómatas dominados por lo que los rodea; no son libres. La vida que llevan vive por ellos. Están como muertos, aunque parezcan vivos; y a eso se lo denomina zombis.

 

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¿Aborto u homicidio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 14, 2015

¿Cuándo comienza la vida?

¿Qué ha dicho la ciencia al respecto?

¿Hasta qué punto el aborto es un homicidio?

¿Qué hacer en caso de violación, de mongolismo, de malformaciones congénitas?

¿Está en peligro la salud y la vida de las madres que realizan el aborto legal?

¿El feto tiene alma? ¿es un ser racional?

¿No es la mujer dueña de su propio cuerpo?

¿Qué debe hacer una muchacha joven si queda embarazada?

Estas preguntas -y muchas más- tienen su respuesta en este documento que informa todo acerca de la interrupción del embarazo.

LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS

 

 

ÍNDICE

Introducción

El desarrollo humano

La fecundación

El desarrollo ulterior

Principios generales de genética médica

El Aborto

Clasificación

Técnicas

Cuestionamientos y respuestas

Consideraciones médicas para realizar el aborto

Consideraciones personales para realizar el aborto

Consideraciones sociales para realizar el aborto

Consideraciones legales para realizar el aborto

Consideraciones religiosas para realizar el aborto

Consideraciones económicas para realizar el aborto

Nota final

 

 

Introducción

 

No hay persona que permanezca impasible ante el aborto. Existen asociaciones de carácter internacional que luchan por defender el derecho a nacer, como también movimientos que abogan por el derecho a abortar.

La contienda es muy grande. Muchos países han desaprobado la legalización del aborto, mientras otros lo han aceptado; es más: en algunos estados federados está autorizado, y en otros no. En la actualidad, los países latinoamericanos están siendo objeto de campañas que buscan aprobar la licitud del aborto; en Colombia, por ejemplo, se debate política y moralmente su viabilidad.

La mayor controversia se ha centrado sobre si el producto de la unión del espermatozoide con el óvulo tiene vida humana, o si ésta se inicia con el embrión, con el feto o en el momento del nacimiento; pero también se tienen en cuenta consideraciones médicas, humanas, legales, religiosas, y hasta económicas, para determinar si su legalización es viable.

En ocasiones, las reflexiones que se hacen sobre estos aspectos tan delicados, tienen un soporte científico pobre; por tanto, es necesario que los interesados en el tema se informen sobre los conocimientos médicos y técnicos actuales más relevantes acerca del desarrollo humano, de la genética y de los métodos abortivos, basados en los cuales, podrán analizar los argumentos que, en pro y en contra, se enarbolan para tomar la determinación de interrumpir el embarazo.

 

 

El desarrollo humano

 

Para abordar el tema del desarrollo humano, es imprescindible comenzar por la información sobre la composición de la célula humana, de modo que se pueda comprender, aunque sólo sea someramente, la descripción del mecanismo por el cual se “construye” un nuevo ser.

La célula está envuelta por una membrana que la cubre, llamada membrana plasmática, que se comporta como una barrera encargada de regular el transporte de sustancias del exterior de la célula al interior, y viceversa. Sirve de barrera que selecciona las sustancias que se van a transportar. Esta barrera cubre al citoplasma o “cuerpo” de la célula. En el interior del citoplasma se encuentra el núcleo.

En el núcleo de las células se encuentran los cromosomas, estructuras en forma de bastoncillos que contienen millares de genes, partículas que contienen las características hereditarias. En el hombre, cada célula posee 46 cromosomas, dispuestos en 23 pares.

El núcleo está envuelto en una membrana conocida como la membrana nuclear. Esta membrana, del mismo modo como lo hace la membrana celular o plasmática, aisla los procesos que ocurren entre el núcleo y el citoplasma.

 

La fecundación

Las características hereditarias del bebé que habrá de nacer como resultado de la fecundación son determinadas por los cromosomas del óvulo y del espermatozoide.

Inicialmente, las células del germen masculino se subdividen, a través de un proceso denominado meiosis, que reduce el número de cromosomas a la mitad, y da como resultado dos espermatozoides más pequeños que la célula del germen masculino. Del mismo modo, las células del germen femenino se dividen en dos óvulos más grandes rodeados de una zona pelúcida y con la mitad de los cromosomas en su núcleo.

Así pues, cada espermatozoide maduro contiene entonces 23 cromosomas en su núcleo, con las características trasmisibles del padre, los mismos que cada óvulo, en el que incluye el material genético que se habrá de heredar de la madre.

Para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, es necesario que un espermatozoide atraviese la zona pelúcida del óvulo y mezcle sus cromosomas con los del óvulo. El individuo resultante de la unión de los gametos, o células sexuales masculina y femenina, se llama cigoto.

Esta célula primitiva o cigoto no tiene parangón en el universo entero.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en sus cromosomas toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: los genes guían la construcción del cerebro, determinan el grado de inteligencia, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la forma del rostro, la forma de las huellas digitales, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un casete, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Toda la enorme cantidad de información contenida en los genes (veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre) es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa. Por eso, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia dotado biológicamente de una naturaleza o especie humana, eso se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre. (Libro: “Dejadlos vivir” Jérôme Lejeune et al. Ed. Rialp, S. A., pags.17-29. 1983.)

 

El desarrollo ulterior

Este cigoto sufre inicialmente una serie de divisiones, la primera de las cuales se realiza aproximadamente a las 30 horas, cuando ya hay 2 células; 20 horas después existen 4 células, pues ya se ha hecho la segunda división; 6 días después de la fecundación ha habido muchas divisiones más, y se llega a conformar un cuerpo sólido de células llamado mórula. En cada una de las células de la mórula, la cual se dirige al útero o matriz después de la fecundación, está ya establecida su individualidad genética, la cual desaparece si muere el nuevo ser.

Poco tiempo después, aparece una cavidad central en el seno de la mórula, y las células forman una esfera llena de líquido, denominada blastocito, que luego se implanta en la mucosa del útero. Con el fin de iniciar su nutrición, la mucosa uterina se ha engrosado y han aumentado tanto el flujo de sangre a la zona, como las grasas, proteínas y azúcares. La pared de la cavidad del blastocito está formada por una delgada capa de células, el trofoblasto, que se encuentra engrosado en un punto, formando el embrioblasto. Es el sexto o séptimo día de su vida; con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien, a través de un mensaje químico propio y peculiar, estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario -residuo que queda después de la salida de cada óvulo-, y suspende la ovulación y el ciclo menstrual de su madre, haciendo que el útero mantenga las condiciones adecuadas para nutrirse, y evitando, hasta el final del embarazo, que su madre pueda concebir de nuevo. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Desde que se producen estos cambios, a los pocos días de fecundado, ya se habla de embrión.

Con técnicas que se vienen realizando desde hace algún tiempo, como la ecografía transvaginal, en la que las imágenes se proyectan en una pantalla (esta técnica es mucho más exacta que la ecografía tradicional), se puede observar, 25 días después de la fecundación, la protuberancia que contiene el cerebro y las de los maxilares, con la boca en el medio, y un corazón primitivo que ya late (Diccionario Médico. Dr. Stephen Lock et al, pág. 284, 1983).

Un mes después de la fecundación (4 semanas) se ven, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro. Posee ya células sanguíneas y vasos primitivos. A lo largo del tronco se encuentran 25 pares de segmentos de tejidos llamados somitos, de los que se desarrollarán sucesivamente los huesos y los músculos. Cada somito tiene su conjunto de nervios. El sistema nervioso del cerebro comienza a hacerse más complejo, y empieza a formarse el estómago.

Durante la quinta semana, por medio de la ecografía trasnvaginal de alta resolución, los médicos pueden ver latir el corazón; además, pueden reconocerse, a cada lado de la cabeza, los rudimentos de los ojos, y se ve que comienza a formarse la nariz. El cerebro es aún más complejo, y ya han comenzado a formarse los pares craneales. Los brazos son más largos que las piernas, las cuales también continúan desarrollándose. En las zonas en que más tarde estarán los huesos comienza a aparecer cartílago.

(Es muy importante señalar aquí que antes de este período, el índice de abortos es casi nulo. La mujer sólo nota la ausencia de la menstruación o amenorrea aproximadamente 20 días después de la fecundación; pero inicialmente la considera un retraso de pocos días, hasta que, ya cerca de los 30 días, suele hacerse un examen de laboratorio para confirmar la sospecha del embarazo.)

A las 6 semanas se ha formado ya la retina de los ojos y el cristalino casi en su totalidad. Comienza a desarrollarse el pabellón auricular (oreja). Las manos muestran el contorno de los dedos. Se inicia la producción de sangre por parte del hígado. Desde este momento, los ginecólogos ven al embrión efectuando movimientos.

Con 7 semanas de vida, se delinea el cuello, se hacen evidentes el pabellón auricular y el conducto auditivo, comienzan a crecer los párpados, la boca tiene labios y en su interior aparecen los 20 brotes de los dientes deciduos (de “leche”).

Con el nombre de feto se conoce todo ser intrauterino, cuya madre tenga más de dos meses de gestación (algunos autores siguen considerándolo embrión hasta los tres meses).

A los dos meses está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

(Conviene informar aquí que, mientras la mujer toma la determinación de abortar, desde que supo que estaba embarazada, suelen pasar alrededor de un mes o incluso a veces más. Por eso, el mayor porcentaje de abortos suele realizarse entre la 6ª y 8ª semanas de la gestación.)

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior, el feto vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios, y hasta sonríe. “Agarra firmemente el bastoncillo que se pone en su mano y comienza a chuparse el dedo…”, en palabras del mismo Profesor Lejeune.

(Es muy oportuno informar que muchas clínicas efectúan abortos aun en el tercer trimestre del embarazo; se sabe de fetos abortados de 32 semanas.)

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. Recién nacido, obviamente, no puede vivir sin dependencia. Esto permite entender que el nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida humana.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos.

Sólo al llegar la adolescencia, esta maraña de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

En la vida adulta, se presentan cambios orgánicos y mentales que no dejan de cesar ni en la ancianidad.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

La conclusión anterior coincide con las apreciaciones del Dr. Ronald G. Davidson, Director del Programa de Genética Humana de la Universidad Mc. Caster en Ontario, Canadá; según sus investigaciones, “el desarrollo de un individuo depende de dos influencias que interactúan: factores genéticos y ambiente. La composición genética o genoma de un individuo queda establecida en el momento de la concepción”.

El “Official Journal of the Californial Medical Association”, Vol. 113 Nº 3. págs. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Principios generales de genética médica

Hasta ahora se ha hablado de genoma, de herencia, de genes, de código genético… Es muy importante entonces que el lector entienda todos esos términos relacionados con la genética del ser humano.

Según el Dr. Davidson, los genes son moléculas de ácido desoxiribonucléico (DNA), y constituyen las unidades básicas de la herencia. Todos los genes, entonces, están constituidos por DNA; unos, agrupados, se encargan del sexo del individuo, mientras que otros tienen la misión de trasmitir -como se dijo anteriormente- las demás características que, por herencia, se transmiten de los padres a los hijos: estatura y tamaño aproximados de los huesos, color de ojos, cabello y piel, el dibujo de las huellas digitales, forma del rostro, de la nariz, el grado intelectual… y hasta algunos rasgos de la personalidad.

El Dr. Jaime Bernal V., Médico y PhD en Genética Humana de la Universidad de Newcastle (Inglaterra), director del Instituto de genética Humana de la Universidad Javeriana (Colombia) y autor de cuatro libros sobre Genética, hace una comparación entre el idioma y el ser humano, con la que se puede entender cómo todo el material genético (DNA) de la célula se encuentra “secuestrado” en su núcleo (una biblioteca). La estructura central del DNA está constituida por cuatro bases o nucleótidos: Adenina, Timina, Citosina y Guanina, las cuales vienen a ser las “letras” del DNA. Sin embargo, al otro lado de la membrana nuclear (en el citoplasma), el lenguaje de las proteínas está escrito en otras veinte letras -los aminoácidos- que debe tener una secuencia determinada (para que formen palabras y frases coherentes), secuencia que se conoce con el nombre de código genético.

El DNA tiene capacidad de duplicarse a sí mismo, y esta capacidad, llamada replicación, constituye la base de la transmisión hereditaria. El código genético rige el desarrollo de las células y además su metabolismo, es decir las transformaciones químicas, físicas y biológicas que experimentan las sustancias dentro de las células, haciendo que el individuo sea único e irrepetible.

Otra comparación hecha por el Dr. Carl Sagan (autor también de varios libros sobre Genética Humana), muestra la similitud de un computador con el DNA: dado que los computadores trabajan con un sistema de dos números (0 y 1), llamados “bits” (apócope de binary digits) y las “letras” del DNA son cuatro pares, el número de bits de una molécula de DNA es cuatro veces el número de pares. Un sólo cromosoma tiene cinco billones de letras, por tanto, contendría veinte billones de bits de información. Esa cantidad de bits corresponde a unos tres billones de letras, o unos 500 millones de palabras; si hay cerca de trescientas palabras en cada página impresa, esto correspondería a unos dos millones de páginas. La información genética contenida en 46 cromosomas del ser humano sería entonces el equivalente a 184.000 volúmenes de 500 páginas cada uno.

Esos 184.000 libros de información genética constituyen el llamado genotipo de cada uno de nosotros, y ese genotipo se expresa en nuestra apariencia física y en nuestro funcionamiento fisiológico, a lo que se le denomina fenotipo. De este modo se puede entender que el fenotipo es el “mapa” del genotipo, aunque factores ambientales, tanto ámbito el externo del individuo, como el interno orgánico o celular, influyen también en el desarrollo posterior.

En este punto, es conveniente volver sobre la problemática del comienzo de la vida humana ya que algunos piensan que la vida no comienza con el genotipo sino con el fenotipo: el Dr. Jaime Bernal V. utiliza un ejemplo parecido al escogido por el Dr. Lejeune para definir si el momento en que comienza la vida es cuando se define el genotipo (DNA), o éste se convierte en fenotipo: “pensar que la vida no comienza con el genotipo sino solamente cuando han transcurrido algunas semanas de embarazo es como pensar que un disco con La Pastoral de Beethoven que yo ya he oído, sólo es un disco con La Pastoral de Beethoven cuando lo he puesto nuevamente en un tocadiscos y se ha oído ya parte de la Pastoral de Beethoven. ¿Y antes qué era?” (La herencia de Caín. Publicaciones U. Javeriana, Bogotá, Colombia, pág. 132-133. 1992)

Otra curiosa pero didáctica analogía con la secuencia embriológica presentada por el Dr. Bernal, es la que se refiere a las matemáticas, más específicamente a las secuencias numéricas. Leemos en su libro:

“1,3,5,7,9…

Esta es una secuencia familiar a cualquiera; pero ¿será diferente de esta otra?

1,3,5,7,9,11,13…

¿O de ésta?

1,3,5…

Cualquiera reconocería algo en común entre las tres secuencias; más aún, diría sin pensarlo dos veces que se trata de los números impares comenzando por el uno [o sea, que la fórmula es “+2”]. Pero veamos una más compleja; en 1.202 Leonardo de Pisa, el hijo de Bonaccio, ideó la siguiente serie que vendría a conocerse como la secuencia de números de Fibonacci:

1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89…

En esta secuencia, el lector que desconozca la serie puede encontrar dificultades para poner el siguiente término, y puede pensar incluso que la serie no tiene sentido y que se diferencia poco de una colección de términos al azar. Y aún otro ejemplo de algo que ya no tiene cara alguna de serie, pero que responde a una fórmula:

1,1,2,3,3,4,5,5,6,6,6,8,8,8,10,9,10…

[…]Volviendo entonces a la secuencia embriológica de eventos, la unión del óvulo y del espermatozoide es la “definición” de la serie, y tanto el proceso de desarrollo embriológico como todos aquellos de envejecimiento posteriores al nacimiento son términos de esa serie. De no ser así, habría que aceptar que un individuo sólo es un individuo el día que completa todos los términos de su serie, el día de su muerte”. (págs. 134-135)

Comprendido todo esto, se puede llegar a la conclusión de que los términos: “Interrupción del embarazo” o “del período de gestación”, “aborto terapéutico”, o “legal”, “liberalización de la mujer”, “intervención médica perfectamente controlada”, “tratamiento de los retrasos menstruales”… son todos eufemismos que minimizan el hecho de realizar un homicidio y no son racionales.

La maravillosa diversidad de la biblioteca del genoma humano hace pensar en lo que se llama la ley fundamental de la Biblioteca: todos los libros, por diversos que sean, están compuestos por las letras del alfabeto, el punto, la coma, el espacio…, sin embargo, no hay dos libros idénticos. De ese modo, no hay dos seres idénticos, genéticamente hablando.

Otro genetista contemporáneo, el Dr. Edmond Murphy, dice también que “el advenimiento de la tecnología del DNA está mostrando claramente que cada uno de nosotros es único espiritual y biológicamente”.

En una célula cualquiera se pueden observar algunas de las características de un determinado hombre, con la microscopía electrónica y bajo tinciones especiales. Por ese mismo mecanismo, hoy se pueden prever algunas de las enfermedades futuras de un ser; el ejemplo más común para mostrar esto es el Síndrome de Down, también llamado Trisomía 21, Trisomía G o mongolismo, el cual se debe -en el 95 % de los casos- a que existe un cromosoma 21 extra.

Quizás lo más sobresaliente y lo que más futuro tiene en la actualidad es el estudio del genetista James Watson, quien ha desarrollado el proyecto de conocer la ubicación, en los cromosomas, de cada uno de los genes (Nobel de medicina, exdirector del Nacional Instituto of Meath y exdirector del proyecto Genoma Humano, fue despedido de ese instituto por haberse opuesto a la política de patentar los genes, con la que la empresa quiere asegurarse la propiedad de su futura explotación clínica.).

Así las cosas, no sorprende que hoy se tenga la capacidad técnica de hacer diagnósticos y, lo que es mejor, de reducir la prevalencia al nacimiento de enfermedades genéticas y otros defectos congénitos.

 

 

El Aborto

 

Derivado del latín aboriri (estropearse), en medicina el aborto significa interrupción prematura del embarazo antes de la semana 25 de su evolución, ya que anteriormente se consideraba que el ser humano era incapaz de vivir fuera del vientre materno. Hoy se sabe que es posible hacer viable un feto de 20 semanas de gestación; por eso, un embarazo que se suspende después se considera parto prematuro.

 

Clasificación

Tres formas de aborto se distinguen: espontáneo, provocado y terapéutico. El primero obedece a causas maternas u ovulares (del óvulo fecundado o huevo) que producen la patología o la muerte del huevo con su consecuente expulsión. El aborto provocado es, como su nombre lo dice, un acto voluntario, directo o indirecto, realizado por un médico, un empírico o por el mismo paciente para producir su muerte y evacuación.

El aborto terapéutico es un aborto provocado orientado a la abolición de riesgos reales -y aun supuestos-, de origen materno, por la existencia de un embarazo.

También existe otra clasificación del aborto: el directo y el indirecto. El primero alude al que ha sido premeditado y querido como fin principal, para desembarazarse del niño, o como medio para salvaguardar la honra, la salud, la vida o cualquier otro bien de la madre o de otras personas.

El segundo, no querido directamente, es el que no se realiza como medio o como fin de la acción, sino que es algo que sigue como secuencia accidental y probable de esa acción en sí misma, libre y legítima, de tal modo que, si se pudiera, se evitaría el aborto. Un ejemplo de esto, es el administrar a la madre medicamentos necesarios para erradicar un proceso patológico grave, con bajo riesgo de producirlo.

 

Técnicas

Desde que, en 1920, cuando la Unión Soviética legalizó el aborto, las técnicas para realizarlo han crecido en número y en metodología: dentro de las técnicas que más se utilizan para realizar el aborto en las primeras etapas de la preñez, está el raspado bajo anestesia general que, como su nombre lo dice, consiste en retirar el feto, previa una apertura rápida de dos centímetros del cuello uterino, con el paciente anestesiado, en el que se utilizan unas pinzas largas para despedazar al bebé dentro del útero materno y sacarlo en pedazos.

El aborto por aspiración, que emplea, a modo de legra, un tubo de 8 a 16 mm al que se acopla un aspirador quirúrgico y que evita, casi siempre, hospitalizar a la madre. El método Karmann, variante del precedente, y que emplea un pequeño material plástico.

El aborto por solución salina o hipertónica que consiste en pinchar el útero y absorber o dejar salir casi todo el líquido amniótico; en su reemplazo se deja una solución salina (cloruro de sodio). El bebé se intoxica y muere. Entre uno y tres días más tarde la madre expele el niño muerto. Este método es recomendado en los casos que llegan con tres meses y medio de evolución o más, en donde el feto ya no se puede trocear para evacuarlo por raspado, debido a su tamaño.

En algunas ocasiones, se hace una cesárea o histerotomía, recomendada para después de la 12ª semana de gestación, y especialmente cuando se quiere esterilizar a la madre. Con esta técnica no es raro que el feto sea retirado vivo.

Si se quisiera realizar el aborto sin intervención manual o instrumental, se podría optar por utilizar las prostaglandinas, que invitan al útero a contraerse y a expulsar el contenido. Este método es uno de los más utilizados en las clínicas especializadas, pero suele presentar un problema para los operadores: el “evacuado” de muchos fetos vivos.

Pomadas y compuestos abortivos, sin valoraciones objetivas y con frecuencia de fracasos y efectos teratógenos (malformaciones del niño).

Es obligante reseñar aquí, y con una relevancia mayor a la que le han querido dar, los anticonceptivos orales que, por los estrógenos que contienen “al aumentar la movilidad, hacen que el óvulo fecundado llegue al útero antes de estar preparado para la anidación; bien con gestágenos [progesterona] que, al disminuir la movilidad, hacen que el óvulo [fecundado] llegue tarde al útero, cuando ya ha muerto, por falta de nutrición. Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.” (Aborto y anticonceptivos. Joaquín Ruiz Jiménez Vargas, G. López García. Eunsa, pág. 91-98. 1980.).

En el mercado farmacéutico apareció recientemente el Misoprostol, conocido comercialmente con el nombre de Cytotec, medicamento que se utiliza para combatir la úlcera gástrica o duodenal y para antagonizar algunos efectos secundarios de los analgésicos. Como se trata de un análogo sintético de la prostaglandina “E”, estimula la contracción del útero, al igual que ésta. Frecuentemente sólo provoca un aborto parcial que hace que a la paciente se le produzca una hemorragia que la obliga a ingresar al hospital para recibir asistencia médica, pues hay riesgo de una grave pérdida de sangre. Allí, usualmente, se termina de realizar el aborto con un legrado. Parecido es el mecanismo de acción de la Mefepristona, píldora abortiva que lleva por nombre comercial RU-486, el cual hace referencia al nombre de la compañía fabricante, Roussel Uclaf, y del número del proyecto de investigación, el 38486; está compuesta por un antagonista de la progesterona y se la usa unida con frecuencia a un análogo de la prostaglandina, el gemeprost.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional “probo y altamente calificado”, crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de amenorreas persistentes (falta de menstruación), procesos inflamatorios tubo-ováricos, esterilidad secundaria y otros procesos patológicos. Los reportes muestran, además de las complicaciones de la anestesia, especialmente las siguientes secuelas tardías: esterilidad, embarazos extrauterinos, apertura permanente o desgarro de cuello uterino, sinequias (adherencias colágenas) del útero, endometriosis, corte o lastimación del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica), predisposición a partos prematuros. Otra secuela de menor prevalencia es la perforación accidental del intestino -con hemorragia- a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial). Se presentan también investigaciones que muestran, a veces, la muerte de la paciente. Carol Everett, ex-propietaria de cuatro clínicas situadas en Dallas, Texas, informa que desde 1977 hasta 1983, una de cada quinientas mujeres a las que se practicaba el aborto moría o quedaba mutilada (Revista “Palabra” Vol. 309-I, págs. 46-47. 1991).

 

Las técnicas utilizadas por personal “no calificado” como las inyecciones de agua jabonosa o dettol con la jeringa de Higgison, la introducción de instrumentos, como ganchos de ropa, agujas de tejer o sondas de caucho, la perforación del huevo formado, el uso de la corteza medicinal del olmo que se hincha al insertarla en el cuello uterino o “píldoras abortivas” (siempre fallidas), y muchas más, son las más frecuentemente utilizadas a nivel clandestino,

Cuando el aborto es practicado por el mismo paciente o por personal “no preparado” científica y tecnológicamente se producen, desde la perforación del útero y aun de intestinos, hasta la aparición de procesos infecciosos, a veces graves, que llegarán, en ocasiones, a implicar tratamiento quirúrgico radical. A veces se reportan contracciones uterinas, abortos incompletos, desprendimiento a trozos e, incluso, muerte de la madre.

 

Sea cual fuere el procedimiento, los psicólogos que tratan estos casos han reportado, posterior al aborto, un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”, que no desaparece con el tiempo, sino que se oculta produciendo gran cantidad de efectos psicológicos, como los que siguen: baja de su estima personal, frigidez (disminución o pérdida del deseo sexual) en unos casos y, en otros muchos, el deseo urente de quedar nuevamente embarazada, aversión hacia su marido o compañero, frustración de su instinto maternal, neurosis, insomnio y hasta el suicidio.

 

 

Cuestionamientos y respuestas

 

CONSIDERACIONES MÉDICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El feto no es todavía un ser humano, es una masa informe de tejidos o masa de protoplasma”.

– “El embrión, a lo sumo, es sólo un proyecto, una posibilidad”.

– “Es hijo sólo en la medida en que yo lo desee”.

– “El ser humano se hace por el aprendizaje, por las relaciones afectivas y cuando es aceptado como tal, no cuando se unen el espermatozoide y el óvulo”.

 

Este aspecto ha sido ampliamente resuelto líneas más arriba, en el capítulo sobre el desarrollo humano: en cada una de las células del cigoto, la mórula, el blastocito, el embrión o el feto residen, como se dijo anteriormente, todas las características del ser que luego se desarrollará. Por eso, el cigoto (punto de partida de ese desarrollo) es una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa indivualidad hasta su muerte.

Se conoce que la expectativa de vida, o lo que, en promedio, llega a vivir un espermatozoide es de 72 horas y la de un óvulo de un poco más de 24 horas, mientras que la expectativa de vida del cigoto o célula primaria es de aproximadamente 75 años (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

A lo sumo, la polémica podría centrarse en el momento exacto de la creación de una nueva vida: ¿se produce ésta cuando el espermatozoide penetra en el óvulo, o cuando los cromosomas de ambos gametos se unen, estableciendo así un nuevo código genético? Aparte de que entre ambos momentos no hay mucho tiempo, éste es la consecuencia inmediata de aquel; dada ya la penetración del espermatozoide en el óvulo, no existe mecanismo fisiológico que pueda detener la secuencia siguiente. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida.

Todos estos argumentos nacen de una falta de conocimiento de genética y embriología que, como escribiera el Dr. Bernal, es similar a la “…del que cree que al saber el alfabeto ruso domina la lengua, entendible apenas en una persona con entrenamiento en física, un interés tardío en la biología y ningún conocimiento médico.” (pág. 132)

Aun antes de que la ciencia probara que la vida se inicia con el cigoto, al realizar un aborto existía siempre el riesgo de estar efectuando un homicidio, como cuando se dispara una ametralladora hacia unos matorrales, en donde no se ha verificado si hay o no posibles víctimas. Es más: aceptando como cierta la creencia antigua de que, en los primeros estadios del embarazo no hay vida propiamente humana, debe quedar sin duda el hecho de que el germen humano (hombre en potencia) no puede llegar a ser otra cosa que un ser humano. Por tanto, el aborto sería un homicidio anticipado.

El ser humano es un hombre no porque se le desee o no, sino debido a la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana.

Finalmente, el postulado que defiende la idea de que lo engendrado es humano, sólo en la medida en que sea aceptado por los padres o por la sociedad no le da valor al ser per se, sino que el hombre sería hombre únicamente cuando otros así lo decidan; si la sociedad o los padres fueran quienes determinaran -aceptando o rechazando al ser- que el “eso” biológico se convirtiera en un “tú”, no serían seres humanos los indigentes y todos los que viven en condiciones infrahumanas, y la sociedad se hundiría en las políticas fascistas nazis, que desprecian al ser humano.

 

– “La salud de la madre está en peligro”.

– “En algunas ocasiones, ya que corre peligro la madre, se hace en legítima defensa, pues el feto es un injusto agresor del organismo de la madre”.

– “Es mejor que muera el hijo y no la madre, ya que le hará más falta al esposo y a los otros hijos”.

 

Con frecuencia se afirma falsamente que el embarazo es riesgoso para la paciente. En ese sentido debe recordarse que, por ejemplo, desde el punto de vista médico, por ejemplo, una paciente cardíaca tiene más riesgo con el aborto que con el embarazo.

Además, en la inmensa mayoría de estos casos, factores inherentes al organismo de la madre -y no al del niño-, son los que causan la agresión.

Por otra parte, no se puede tachar al feto de “injusto agresor del organismo de la madre”, como se afirma a veces, ya que el niño no hace nada, voluntaria y conscientemente; y si se habla de “legítima defensa”, habría que exigir la legítima defensa del niño.

Ahora, como se verá más adelante, crecen las razones para ejecutar el aborto: se habla de que, en ocasiones, la salud psíquica de la madre se encuentra amenazada, y se ha llegado a postular que las depresiones o cualquier tipo de neurosis -de las que casi ningún ser humano escapa- son causa suficiente para recomendarlo. Nunca se podrá objetar que lo que se hace no es otra cosa que matar a un ser humano al que sólo le falta desarrollarse, con el fin de evitar el sufrimiento de la madre. Si se siguiera el pensamiento de dar validez ilimitada del aborto terapéutico, habría que tener en cuenta, incluso, el hecho de que el embarazo fatiga y es incómodo y molesto, especialmente para algunas mujeres que, en el primer trimestre, sienten náuseas y vómitos, además de la frecuente ansiedad. Entonces, ¿se recomendaría el aborto terapéutico?

Sin embargo, un aspecto que debe tenerse en cuenta se refiere al caso, cada día más raro, de tener que escoger entre la vida de la madre o la del feto: debe insistirse que el médico nunca provocará directamente el aborto para lograr salvar la vida de la madre; pero se elegirá su curación, siempre y cuando exista certeza de conseguirla, y que, sin pretender dañar al hijo, indirectamente se le cause la muerte, no sin antes haber agotado todos los medios técnicos y científicos para evitarlo, hoy casi siempre suficientes.

 

 

– “La mayor parte de las mujeres que, en los países en donde está legalizado, se someten legalmente a la operación provocarían el aborto de todos modos, ilegalmente y en peores condiciones. Legalizarlo evitaría la gran cantidad de abortos clandestinos, pues está en peligro la salud y la vida de las madres. Es necesario ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”.

– “El aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…”

 

Es muy importante no caer en este juego de palabras:

1) Si el aborto ilegal produce daño en la salud y en la vida de la madre, no abortar eliminaría por completo el riesgo, incluso, el que tiene todo aborto legal, descrito más arriba.

2) Si la ley se propone establecer y legalizar el aborto para “ahorrar gran cantidad de vidas jóvenes”, como lo suelen presentar, aduciendo a la vida de las madres que mueren tratando de abortar por métodos no médicos, habría que recordar que la vida del feto es también una vida, y que la historia ha probado que, tras su aprobación, se incrementa -como se probará más adelante- la práctica de este homicidio premeditado.

3) Obviamente, un aborto no clandestino disminuye el riesgo que corre la madre. En cambio, no merma el riesgo que corre el hijo, que casi siempre termina, como informa Carol Everett, en “…un triturador de desperdicios. Usábamos los modelos más potentes. Algunas de las estructuras del bebé en el segundo y tercer trimestre son tan fuertes que no se destruían en el triturador y teníamos que tirarlos en bolsas de basura”; además -como se sabe- los fetos son vendidos, ya que se utiliza su lanolina en la fabricación de cosméticos, su colágeno (al que se atribuyen propiedades rejuvenecedoras y embellecedoras), su duramadre para cirugía plástica cosmética de nariz o de pecho, sus testículos (con los que se cree que se acelera el crecimiento), sus células de cepa extraídas de los pulmones, cerebro, riñón, amígdalas, epidermis, bazo, tiroides, etc., entre otras cosas para extraer la uroquinasa, solvente de trombos, etc.

Por otra parte, afirmar que “el aborto inducido de naturaleza ilegal es una enfermedad social gravísima…” hace pensar que el remedio que se ofrece para curar esa enfermedad (la muerte de inocentes) no es siempre peor que el problema, lo cual es irracional.

En los estados donde más fuerza se hace para que se “solucione esta enfermedad social, a nivel comunitario” la situación del sector salud es siempre crítica: la dotación, la tecnología y -especialmente en los lugares alejados de las capitales- el factor humano son precarios. Si en los hospitales regionales, y aun en los hospitales universitarios, no se tienen camas suficientes para atender pacientes en grave estado, ¿cómo se iría a prestar el “servicio social”? Es fácil deducir que esto no se puede llevar a cabo sino en las clínicas particulares de las grandes ciudades, obviamente con costos inaccesibles para el pueblo.

 

 

– “Es necesario permitir la investigación con tejidos fetales. De eso depende la salud de otros”.

 

En 1928, cirujanos italianos comenzaron lo que hoy se está convirtiendo en realidad: los trasplantes de tejidos fetales a pacientes enfermos: diabetes, leucemia, poliomielitis… Recientemente, la enfermedad conocida comúnmente con el nombre de “mal de Parkinson” y la diabetes tienen perspectivas de ser curadas por estos medios; News Week publicó hace poco (El Tiempo, Mayo 30 de 1993) el siguiente relato:

“El aborto sólo duró casi siete minutos. Comenzó con un pequeño instrumento de acero inoxidable. Luego se escuchó el sonido de una succión mientras se transportaban el embrión y la placenta por entre un tubo que se perdía en un hueco en la pared. Al otro lado, una enfermera, cargando un pequeño plato de plástico, recibió los sobrantes de un embrión de seis semanas, que sólo pesaba dos onzas. Pero este no fue a parar al incinerador. Un técnico llevó rápidamente los tejidos a una mesa estéril, le sacó unos cuantos gramos de células neuronales y los puso en hielo.

Mientras tanto, otros científicos hicieron una serie de pruebas: no se presentaban deficiencias genéticas, no había SIDA, no había contaminación bacteriana. Seis horas más tarde los tejidos fueron llevados al hospital y entregados en una sala de operaciones. Allí, los cirujanos habían taladrado un diminuto hueco en el cráneo de un paciente que tenía mal de Parkinson. El cirujano chupó unas cuantas células con una jeringa, y utilizando un instrumento para encontrar el área afectada por esta enfermedad incurable, las inyectó en el cerebro del paciente que estaba despierto y consciente.”

Algunos usan embriones de entre seis y ocho semanas, otros usan embriones de más edad o, como en Suecia, se usa más de un embrión para cada procedimiento.

Sin embargo, la mayoría de los “científicos especialistas” dicen que los embriones que se deben utilizar para estos tratamientos o experimentos son los abortados artificialmente, ya que la razón más común para un aborto espontáneo o “natural” es que el feto sea defectuoso. Esto hace que sus células sean frecuentemente defectuosas y, por tanto, inadecuadas para ese fin; además, arguyen que los abortos espontáneos ocurren en situaciones no estériles (en la casa de la paciente y con la obvia contaminación vaginal, vulvar y del entorno).

Cualquier ser racional puede comprender sin esfuerzo, que lo que se pretende es matar seres humanos sanos para curar o promover la investigación.

 

 

CONSIDERACIONES PERSONALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es producto de una violación, y no lo puedo admitir como propio”.

– “La criatura fue concebida en circunstancias no normales (violación); además, la pobre muchacha quedará marcada por la vergüenza y por la sociedad”.

 

Un análisis especial merece la circunstancia de la violación. La situación psicológica de la gran mayoría de las mujeres se ve afectada de una manera u otra, llegando a presentarse casos de desquiciamiento total. Es verdaderamente una injusticia ante la que hay que reaccionar. En primer lugar, es necesario encontrar la causa de semejante atropello. Parte del problema tiene su origen en la educación sexual del ciudadano, pues recibe una instrucción colegial superficial en donde no se compromete el amor con la sexualidad humana y está sometido a la avalancha de mensajes comerciales, lecturas, programas radiales, televisivos y de cine que invitan a la irresponsabilidad sexual y al deterioro de los valores humanos fuertes que, en situaciones de inestabilidad emocional desencadenan la violencia sexual. Sirve de confirmación de ello que en la guerra o en tragedias naturales, muchos hombres se convierten casi en animales y violan a gente inocente, en su cuerpo, en su derecho a la libertad y en su intimidad. He aquí una loable meta a lograr por parte del gobierno: la de educación en la moral y en las buenas costumbres de los futuros ciudadanos.

Sin embargo, es bueno refrescar las estadísticas: en el “Manual sobre el Aborto” (Eunsa, págs. 52-57. 1975) los hermanos Willike informan que en Checoeslovaquia, de 86.000 abortos provocados, sólo 22 fueron embarazos producidos por violación. Otro estudio realizado en Minneápolis – St. Paul (The Educator, Sep.1970) sobre 3.500 casos de violación, dados en diez años, no se registró caso alguno de embarazo. La oficina del fiscal del estado de Illinois informó que, en un período mayor de 9 años, no se observó ningún embarazo por violación (“Medical Insigth” Eugene F. Diamond, M.D. Feb. 1972)

Hoy esta situación es aún menos grave: para fortuna de las mujeres que reciben tal oprobio, la ciencia médica es capaz de eliminar al espermatozoide de la vagina, del cuello uterino y del útero para descartar la posibilidad de la fecundación. Basta que la paciente acuda rápidamente a un centro médico donde le practicarán un “lavado” que impide que el espermatozoide viaje a la trompa a encontrarse con el óvulo y se forme el cigoto.

¿Qué hacer entonces ante el caso del embarazo por violación? ¿Se debe castigar con la muerte al niño inocente? Es verdad que la violación es una injusticia pero ¿se añadirá un asesinato a esa injusticia social? Esto, además, sería hacer más aceptable una situación ya de por sí inaceptable.

Psicólogos nombrados por Lejeune afirman que no siempre un embarazo indeseado implica un nacimiento no deseado: en el curso de los nueve meses, la actitud de la madre, incluso si ha sido violada, puede cambiar por completo. Además, para las madres que no se sientan capaces de hacerlo, quedará siempre la noble opción de la entrega del hijo en adopción: que otros seres humanos puedan encargarse del niño para darle la oportunidad de vivir y de gestarse su propio destino.

 

 

– “Mi novio me obliga a abortar si deseo continuar mi relación con él, y yo lo quiero mucho.

– “Debo abortar pues mis padres no tolerarán que haya quedado embarazada de mi novio”.

– “Los padres de mi novio me dieron plata para abortar y para huir de mis padres a otro país”.

– “Es imposible seguir estudiando en el colegio (o en la universidad) y tener, al mismo tiempo, ese bebé; no quiero atarme a ese muchachito hasta que haya estudiado”.

– “Mis amigas siempre abortan, si yo no lo hago, me botan del grupo”.

 

Todas estas afirmaciones tienen su base en la pobreza de principios de valoración personal, especialmente radicada en jóvenes inmaduras. Habría que preguntar hasta qué punto han incidido en esto los medios de comunicación y la publicidad que, a veces, hacen pensar de nuevo que la estima personal no es la que el individuo posea per se y la realidad ontológica que le da sus cualidades y su dignidad de persona humana, sino que es única y exclusivamente la que los demás le dan.

Impresiona mucho saber, contrario a lo que se pueda creer, que las estadísticas prueban que estas razones son las que más abortos producen.

Es importante que el lector conozca que en casi todos los países existen fundaciones o asociaciones que se encargan de asistir a las adolescentes, jóvenes y adultas que se encuentren en esa situación. En Colombia, la Fundación “Derecho a Nacer” (Tels.: 2442618 y 2448538. Cra. 28 Nº 42-42, Bogotá) se encarga de dar apoyo moral, ayuda psicológica y asesoría familiar a toda persona que lo solicite; además, presta servicios médicos, psicológicos y psiquiátricos. Esas fundaciones son entidades sin ánimo de lucro y que, con una finalidad puramente filantrópica, han mostrado resultados altamente beneficiosos a las familias, dando orientación profesional tanto a nivel personal como familiar.

 

– “Ese hijo será una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja”.

 

Los cónyuges realizan un acto libre por amor. Esa libertad que tiene la pareja para procrear es la que se debe ejercer antes de decidir sobre la vida de otro. La libertad exige responsabilidad.

Si esa acción no fue realizada con coacción, engrandecerá el amor mutuo, antes que amenazar su equilibrio. En cambio, no hay duda de que la conciencia de haber realizado el asesinato de un hijo en forma conjunta, con la consecuente sensación de mutua complicidad en el delito, para solventar un problema psicológico, minará la relación de pareja y agravará aún más la inestabilidad emocional.

 

 

CONSIDERACIONES SOCIALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Esta situación es terrible: no soy capaz de sobrellevar una vida con un hijo mongólico… o con una deformación, y creo que él tampoco va a ser feliz. Ese mutuo dolor es mejor evitarlo”.

– “Por ser seres no deseados, serán los psicópatas del mañana”.

 

La Asociación civil francesa “Laissez-les Vivre”, presidida por un biólogo, especialista en genética, precisa que es falso que la mayor parte de las deficiencias del recién nacido sean hereditarias o provengan de enfermedades del embarazo; más bien -dice- obedecen a la insuficiencia de equipos de reanimación o fallas humanas en lo que respecta a prevención y vigilancia.

También afirma que es falso que todas las malformaciones se pueden constatar por punción amniótica (succionando, con una jeringa el líquido amniótico y analizando en él las células descamativas del feto). Sólo algunas enfermedades se pueden diagnosticar tempranamente, como es el caso de la trisomía 21 o mongolismo. Además, es necesario oír el comentario que, acerca de esto hace el Dr. Bernal: “… en las mejores manos, la amniocentesis (punción del líquido amniótico para su análisis) tiene un riesgo de 0.5 – 1% de generar un aborto”.

Algo que muchos desconocen, y que adquiere una relevancia particular, es que la naturaleza es muy sabia: las verdaderas monstruosidades son eliminadas espontáneamente.

Desde el punto de vista genético, se dice que se deben estudiar todas las familias con antecedentes de una enfermedad hereditaria. Como lo demuestra de nuevo el Dr. Bernal en su último libro, “suprimir a esos pacientes o impedirles que se reproduzcan, tan sólo reducirían la carga genética en un 2% por generación (la frecuencia del gen bajaría a la mitad en 1.500 años). En este sentido, es indispensable informar a la opinión pública que muchas de las malformaciones que se consideran son de carácter hereditario, obedecen más bien al hecho de que, entre generación y generación, aparecen nuevos genes que “crean” nuevos trastornos hereditarios, las mutaciones nuevas, que consisten en la transformación de uno o más genes durante la división de la célula.

Además, con los últimos adelantos científicos, hoy es posible intentar mejorar el cromosoma afectado.

Sin embargo, algunos médicos aceptan el deseo de sus pacientes o, incluso, instan a que se elimine a los enfermos cuando son pequeños e incapaces de defenderse, como es el caso del embrión y del feto, olvidando que el médico está para preservar la vida y la salud, no para matar. En ese sentido, el profesional debe ser muy cauteloso al decir las cosas, respetando la libertad de sus pacientes: muchas veces una palabra del médico se convierte, por la autoridad de que está revestido, en coacción.

La historia sucedida en Italia a propósito de la nube tóxica de dioxina sobre la ciudad de Seveso, puede dar una idea del estrago que los médicos y los medios de comunicación pueden causar sobre la opinión pública: muchas madres fueron convencidas de que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas monstruosas. Por esa razón, las autoridades permitieron el aborto terapéutico. Lo llamativo de la historia fue que las 1.400 madres que se negaron a hacerlo dieron a luz hijos sanos. Así como éste, se dan muchos casos que se presentan como abortos terapéuticos los que sólo son homicidios verdaderos y premeditados.

Sin embargo, esto no contesta del todo la pregunta.

En primer lugar, en el fondo de todo esto, como siempre, está en la ignorancia sobre la realidad científicamente comprobada -citada reiteradamente- de que el producto de la fecundación es ya un hombre con todos los derechos que como tal debe tener y sobre el hecho de que cualquier ser disminuido físicamente o mentalmente, tiene una libertad, piensa y posee sentimientos.

En segundo término, el sufrimiento que se cree padece, es casi siempre medido por seres sin esa patología, sin esa disminución de su capacidad física o mental. Si se tienen en cuenta las palabras de Rosalie Craig, en Testimony, Ohio Legislation, 1971, “no ha existido nunca una organización de padres de niños retrasados que haya favorecido el aborto” y se confirma que más bien defienden la vida, pues el contacto directo y vivo con ellos les hace valorar esas vidas de un modo especial, se llegará a la conclusión de que son seres humanos con apego por la vida, con deseo de disfrutar de ella y que tiene para ellos un valor absoluto.

Así se concluye el tercer aspecto sistemáticamente olvidado por muchos: la vida de los mongólicos y la de los “disminuidos” es su mejor tesoro.

La dignidad de un ser humano no está sujeta a que sea más o menos inteligente o a que esté físicamente disminuido o completo y fisiológicamente apto, depende de que sea un ser humano. Conceder el derecho a vivir únicamente a los bien dotados es racismo, que tiende siempre a considerar inservibles cada vez más número de defectos, orgánicos o no, inicialmente fútiles, de poca importancia.

 

 

– “En el caso de las mujeres retrasadas mentales y/o dementes debe implantarse el aborto, ya que los genes de un violador y una loca serán siempre malos”.

 

Ante esta afirmación, además de todo lo analizado en el punto precedente, es necesario añadir que si lo que se propone es eliminar a todos los poseedores de genes “malos” y, teniendo en cuenta que esas dementes que deambulan por las calles son violadas en varias ocasiones, sería más práctico eliminarlas a ellas, antes de que eso suceda; con ello se lograría cortar “por la raíz” el futuro problema. Sin embargo ambas acciones repugnan a cualquier profesional probo y honesto, y a cualquier ser humano.

 

 

– “Sólo los ricos pueden abortar sin riesgo en el extranjero y los pobres deben acudir al peligroso aborto clandestino; legalizarlo acabaría con esa injusta desigualdad”.

 

De nuevo, aparece un sofisma: ¿esa desigualdad es para ejercer un derecho legítimo?: ¿se espera que el mal que los ricos pueden hacer sin el más mínimo castigo pueda ser realizado de igual manera que los menos favorecidos económicamente? ¿es a esta impunidad a la que quieren llegar los que así piensan?

Aun conseguido este propósito -esa igualdad de condiciones- el delito no dejará de ser delito.

 

 

CONSIDERACIONES LEGALES PARA REALIZAR EL ABORTO

– “El pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban”

 

Los efectos de la legalización del aborto en muchos países suelen ser el incremento de las razones que se utilizan para ello. Comenzando por algunas particulares causas extremas como la violación, el incesto y entidades patológicas específicas, se ha ido aumentando hasta situaciones tan sutiles como las que siguen:

El chileno Benjamín Viel V., autor del libro “La explosión demográfica” afirma en él que “los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos figuran allí como causas aceptadas” (Editorial Pax-México. México, pag.140. 1973). “el Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas […] Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto” (pág. 142).

Como lo afirman en su libro “Técnicas de control de la natalidad” (Editorial Diana. México, 1972) el sociólogo John Peel y el Dr. Malcolm Poots -pro-abortistas- en Suecia “sólo el 35% eran por prescripción médica” (pág. 193). “Depresión reactiva (sicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que hay que pensar en un aborto.” (pág. 197).

Esto denota el deterioro del impulso inicial reducido a algunos particulares casos.

Además, Benjamín Viel cita cómo, tras la legalización, el incremento de estas prácticas es grande, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en la ciudadanía, mutando su gestión protectora de la moral y las buenas costumbres: “la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva al número de veces que anteriormente se ha recurrido a tal maniobra.”

Esto es corroborado por muchos otros, como Peel y Poots, quienes en su libro -ya citado-, dicen textualmente: “En Checoeslovaquia, Polonia y Yugoslavia la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría […] los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos” (pág. 190).

Era fácil deducir que esto habría de ocurrir.

Si bien todo lo precedente cuestiona sobre la oportunidad de legalizar el aborto o no, el tópico principal a tratar es si el pluralismo ideológico es más importante que el bien común. Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano, por mayoría de votos, lo cual sería no menos que la tiranía de algunos. Por citar sólo un ejemplo dentro del mismo contexto, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia -establecida, por demás, en muchos países- no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría); igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un “valor moral” que no posee y que no adquiere por mayoría de votos en ningún congreso, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Finalmente vale la pena citar el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, carta magna de 1991: “El derecho a la vida es inviolable”.

 

 

– “Tengo el derecho a abortar”.

– “Soy dueña de mi propio cuerpo, nada me impide disponer de él”.

– “El feto es un apéndice de la madre, como su pie o su brazo”.

– “La ley que prohíbe el aborto es reprimir a las pobres madres que no desean tener al hijo. Esa ley es discriminativa”.

 

Ante todo, debe reiterarse que no existe el derecho a abortar, pues no existe el derecho a matar.

Además, al oír estas frases, lo primero que asoma en la mente de cualquiera es pensar que el embrión (o el feto) también es dueño de su propio cuerpo, y que por lo tanto sólo él podría disponer de sí; salta a la vista el hecho de que, por ahora, es incapaz de hacerlo. Son otros los que creen tener la potestad de destruir su vida y su porvenir.

Sin embargo, conviene profundizar algo en este tema trayendo a colación las palabras de la Dr. Botella Llusía en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, 90: 290, 1973: “…es ya un ser extraño dentro de otro. Un ser vivo dentro de otro ser vivo, y su carácter ajeno es tal que el organismo de la mujer tiene que poner en marcha complicados mecanismos inmunológicos para que el fruto no sea eliminado como se rechaza un injerto.”

Y también las siguientes letras, que intentan hacer un paralelo con un astronauta: “Antes del nacimiento el feto posee varias partes auxiliares que las utiliza mientras vive en el útero. Tiene su cápsula espacial: el saco amniótico; su cordón vital: el cordón umbilical; y un sistema de raíces: la placenta. Todo eso es suyo y no de la madre, pues se desarrollaron a partir de su célula original” (The secret World of a Baby, Day & Liley, 1968, Random House)

Por otra parte, el proceso de la concepción concierne a ambos cónyuges, ya que sin el padre habría sido imposible engendrarlo. Debe recordarse que ese nuevo ser posee igual número de cromosomas de su padre que de su madre. Siendo así, es imposible aceptar la frase que alude a la propiedad del cuerpo y a la libertad que tienen de disponer sobre él, proferida por algunas madres o por algunos abortistas, acabando con el derecho paternal. Sin embargo, debe decirse que la vida humana no es una “cosa útil”, como la propiedad; por tanto, ambos derechos a la vida -el de la madre y el del niño- son igualmente valederos; así que, en los casos en que se justifica el aborto para salvar la vida de la madre, se viola uno de los dos derechos.

Cuando se dice que la ley que prohíbe el aborto es discriminativa se olvida que la ley que lo permite discrimina al ser humano más indefenso que existe: el que no ha nacido todavía, y que depende más de sus padres que, sin embargo, lo asesinan. Cabría aquí traer a colación lo que escribiera el Dr. José López Navarro desde 1979: “Con el mismo derecho con que las madres podrían matar a sus hijos no deseados, podrían estos pretender matar a sus madres no deseadas; basta pensar que una madre anciana y enferma sea no deseada por sus hijos porque la consideren un estorbo.”

 

 

– “Las características de ese supuesto asesinato no son enteramente comparables a las que entendemos como propias del asesinato en el concepto universalmente conocido”.

 

Ya que ha quedado científicamente establecido que hay una nueva vida humana desde la fecundación, quizás esta consideración pueda referirse a que el embrión o el feto no sientan dolor, al ser abortados. Por eso, vale la pena hacer las siguientes citas:

“Antes de finalizar el segundo mes, hay una clara respuesta del feto a los estímulos. Por ese entonces la inspección EEG (electroencefalograma) revela que hay funcionamiento cerebral del niño no nacido.

Entre la octava y la décima semana, ya se puede medir la actividad del tálamo (sitio donde está, en el cerebro, el centro del dolor). Los nociceptores (nervios sensoriales para la recepción del dolor) llegan a la piel antes de la novena semana de la gestación.

Para el día 77 de vida en el vientre materno, el niño ya puede tragar (a una velocidad que varía según el nivel de dulce de la inyección)” (“The Silent Screams: Abortion & Fetal Pain” Patrick Kaler, C. SS. R. Liguori publications. 1984).

“…a la mitad del período de embarazo, mitad del quinto mes, una luz muy luminosa puesta sobre el abdomen de la madre induce al niño o niña a mover sus manos en una posición de protegerse los ojos. Música en alto volumen induce a una respuesta similar en las manos hacia las orejas. El movimiento rápido de los ojos (REM) -con el que los investigadores miden los estados de alerta, de dormir y los sueños- han sido registrados desde la semana 19 de gestación” (Libro: “The secret Life of Unborn Child” Dr. Thomas Verny).

Se ha probado la existencia de dolor fetal, dolor resultado del aborto. (“Fetal Pain and Abortion: The Medical Evidence” Vincent J. Collins, Steven R. Zielinski y Thomas J. Marzen. 1984).

El Dr. William Hogan, miembro del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos citó numerosas obras reconocidas de fetología que apoyan la existencia de dolor en el feto. (The New York Times, Feb.26 de 1984).

En 1984, durante la Convención Estadounidense sobre Derecho a la Vida, en Kansas City, Missouri, el Dr. Bernard Nathanson, un ex-abortista, mostró un sonograma (película de ultrasonido) de un aborto por succión. El siguiente es el relato dado por una de las delegadas, Mrs. Sandy Ressel:

“La pequeña niña tiene diez semanas de vida y es muy activa. Podemos verla en sus juegos moviéndose y volviéndose, y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su “santuario”.

Nosotros vimos con horror cómo -literalmente- maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza; mientras la niña convulsionaba violentamente, vivió casi todo ese trágico proceso tratando de esquivar el instrumento cortante. Con mis propios ojos vi su cabeza echada hacia atrás y su boca quedó abierta, a lo que el Dr. Nathanson llamó “un grito silencioso”. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del fórceps buscando la cabeza para destrozarla y removerla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión.”

El aborto por dilatación y evacuación se practica en embarazos de 12 semanas; el procedimiento requiere producir innumerable cantidad de heridas de cuchilla, hasta que se produzca la muerte.

Para realizar abortos en épocas más tardías del desarrollo se utiliza, como se dijo más arriba, la técnica de la solución salina o hipertónica en la que “la acción corrosiva de la solución salina quema las capas superiores de la piel del feto”, lo cual es obvio, ya que, en los manuales sobre técnicas abortivas, se advierte a los médicos no dejar gotas de la solución salina entrar en contacto con los tejidos maternos, por lo que se produciría un “intenso y severo dolor”. “Ante el abortista que inyecta la solución salina, que quema la piel del feto, ¿quién no reacciona?” (Philadelphia Daily News, Mar. 6 de 1984).

 

 

CONSIDERACIONES RELIGIOSAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Prohibir el aborto es un tabú que va en contra del progreso. En las naciones adelantadas lo están legalizando”.

 

Otros argumentos irracionales que se exponen son estos dos postulados. Tabú es, según el sentido que se le quiere dar a la frase, una creencia religioso-popular que limita el entendimiento de quien lo vive y por el cual es capaz de negarse a la verdad. Dentro de ese contexto, ha de afirmarse que el negar la verdad en forma sistemática para defender una posición errónea es un verdadero tabú y que el progreso implica avanzar en la verdad científicamente comprobada de que existe vida desde la formación de la célula primaria y que, por tanto, realizar un aborto es eliminar una vida.

De otro lado, cae, por su falta de peso, el defender la idea de que todo lo que se haga en las naciones avanzadas es siempre bueno.

 

– “Es inadmisible la intromisión del clero y de los cristianos retrógrados en los asuntos civiles y políticos”.

 

Dentro de una democracia, el clero y los cristianos son ciudadanos que poseen los mismos derechos de opinión sobre las leyes que los regulan; con ese argumento se podrían violar los derechos de los militantes de cualquier religión o credo y aun los de los llamados ateos; luego no es intromisión sino ejercicio legítimo de la condición de ciudadanos. Ningún practicante de cualquier religión o credo pueden negar el valor social de argumentos tan contundentes como el siguiente:

“Si sustituyésemos el derecho a la vida, el don de la vida, por el derecho de quitar la vida al hombre inocente, entonces no podríamos dudar que, en medio de todos los valores técnicos y materiales con los que computamos la dimensión del progreso y de la civilización, quedaría quebrantado el valor esencial y fundamental que es la razón justa y el metro del verdadero progreso: el valor de la vida humana, o sea, el valor de la existencia del hombre […] Si aceptásemos el derecho a quitar el don de la vida al hombre aún no nacido, ¿lograremos defender después el derecho del hombre a la vida en todas las demás situaciones?, ¿lograremos detener el proceso de destrucción de las conciencias humanas?” (S.S. Juan Pablo II, en el Angelus, Abril 4 de 1981)

 

– “El feto no tiene alma, ya que todavía no es un ser racional”.

 

Las funciones específicas de la inteligencia -intuir, razonar, abstraer- llegan a su plenitud en la adolescencia, ni siquiera están acabadas en la infancia; por esta razón, es injustificado el pensamiento que defiende la idea de que el alma “entra” al cuerpo cuando el ser humano tiene inteligencia racional y no antes. Dado este supuesto absurdo, un adulto bajo anestesia general para una operación quirúrgica dejaría de existir por un tiempo, ya que no se puede probar que razona ni intuye ni abstrae.

Hoy se sabe que la inteligencia se forma de los reflejos; son ellos la base de la senso-percepción. Un niño sin reflejos no tendrá suficiente inteligencia. Y esos reflejos hacen su aparición en la vida intra-uterina.

Además, arriba se mostró cómo el cerebro termina de “interconectarse” hacia los 6 o 7 años, por tanto, debe repetirse que su desarrollo es sólo un proceso creciente cuya “fórmula” está ya establecida desde el cigoto.

La animación del cuerpo (vivificar el alma al cuerpo) está dada -valga la redundancia- por el alma.

Así como las plantas tienen un alma vegetativa que las anima, los animales tienen un alma sensitiva sin la cual no pueden vivir (además, con ella, un cachorro experimenta, por ejemplo, la carencia o falta de compañía de su amo). El hombre, a su vez, posee un alma espiritual que lo vivifica. Esta alma, capaz de entender, querer y sentir, es el principio espiritual por el cual el ser humano (léase: anciano, adulto, joven, adolescente, niño, feto, embrión, blastocito, mórula o cigoto) vive, tiene vida, es una persona, un ser humano.

 

 

CONSIDERACIONES ECONÓMICAS PARA REALIZAR EL ABORTO

– “Es un medio de control demográfico, especialmente útil en los países subdesarrollados”.

– “La explosión demográfica lo exige; es mejor que seamos pocos, pero bien alimentados”.

 

Este es el menos contundente de los argumentos que se enarbolan para defender la realización del aborto, pues es obvia la desviación de la atención que pretenden hacer:

El equitativo reparto de las riquezas de un país e, incluso, del mundo es la política adecuada para solucionar el problema de las necesidades básicas de la población: alimentación, vivienda, educación, salud… A nadie escapa el conocimiento de que las diferencias económicas, sociales y culturales son cada vez mayores. Basta observar cualquier país para convencerse de que con el dinero de unos pocos se solucionaría el problema socio-económico presente aun en el tercer mundo. Estas riquezas alcanzarían a cubrir quizá algunos de los requerimientos adicionales, como la recreación, el acceso a una mayor cultura, las comodidades, etc. El Profesor Donald Bogne, quien pudo probar que los agricultores del mundo en 1971 podían alimentar a un mundo con una población 40 veces mayor que la que los censos estimaban para esas fechas (Time Magazine. Sep.13). Aunque la situación ha empeorado, no se puede pensar que todavía sea dramática.

Las naciones que, desde hace tiempo, implementaron controles de natalidad para evitar la explosión demográfica deben enfrentarse ahora al fenómeno de implosión demográfica: Europa está viendo incrementar cada día más su población senil no activa laboral y económicamente, los índices de nacimientos Vs. defunciones son cada vez menos alentadores, el estado ha tenido que incrementar el aporte económico para el renglón de pensiones y jubilaciones en una forma alarmante, alcanzando a afectar la economía de sus naciones y en países como Francia, Alemania y Noruega se hace políticamente necesario el nacimiento de un tercer hijo. América está caminando por el mismo sendero: si en 1957 el índice de fecundidad era de 122,5 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles, en 1975 esa cifra era de 66,5, es decir, a la mitad en 18 años; paralelo a esto, la tercera edad, en cambio, se incrementa: en 1977 aproximadamente el 10% de los habitantes era de ancianos (216 millones de habitantes, 23 millones de viejos) y en 1985 ya estaba en el 13%. Si se continúan las promociones de control demográfico en América, en el año 2000 no sólo se llegará a la cifra de 21 nacimientos por cada 1000 mujeres fértiles y a que de cada 6 habitantes 1 sea anciano, sino que la economía de los países se verá aún más afectada de lo que está, fin principal de los que abogan por la política del control demográfico, usando hasta el aborto con ese fin.

 

 

Nota final

 

La defensa de la vida humana es la base de la lucha por todos los demás derechos. Sin ese derecho primordial, toda lid por obtener las subsiguientes libertades es etérea y volátil.

Quiera Dios que quienes lean estas líneas se hagan conscientes de la importancia de difundir los conceptos aquí expuestos, para que todos los hombres, sin distingo de raza, condición, oficio o credo religioso, reiniciemos la brega por comprender y defender los principios fundamentales de la existencia humana, y podamos construir un mundo mejor para nuestros hijos, que son la continuación de nuestros seres.

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¡Adios, Mamá!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 1, 2014

Un cuentico…

 

                                        … que narra una gran verdad.

Escúchelo en:

 

http://www.fluvium.org/textos/aborto/abo168.htm

 

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Dar la vida por…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 1, 2014

Hay quienes dan la vida por un ideal: Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jesucristo y muchos más fueron asesinados por defender sus metas.

Otros dan la vida, gota a gota, día a día, gastándola por una causa. Y la mayoría de ellos ha logrado sus sueños.

¿Y tú? ¿Por qué luchas? ¿Cuál ideal da sentido a tu existencia? ¿Para qué te levantas todos los días?

¿Acaso eres de los que responden: “Es que tengo que ir a trabajar” o: “a estudiar”?

Quizá no tengas ideales…

Entonces déjame preguntarte: ¿Qué impulsa tus actos? ¿Qué te mueve a trabajar? ¿Qué deseas en esta vida?

Existen seres humanos que lo único que quieren es no sufrir; pasan sus días tratando de evitar el dolor, los sufrimientos, las penas, los sinsabores… ¡Y jamás lo logran! ¿Sabes por qué? Porque en la vida humana, además de los gozos, siempre habrá sufrimientos.

Es que, con respecto a este tema, hay sólo dos opciones: trabajar sin miedo al sufrimiento ni a la muerte por conseguir un ideal o sufrir estúpidamente.

Recuerda la época de Alejandro Magno: la mayoría de sus coetáneos vivían para la gloria, luchaban por la fama, se sometían a cualquier sufrimiento por quedar como héroes, como los más valientes; arriesgaban su vida por ello y, si morían en el intento, se daban por bien pagados: su historia había quedado como un ejemplo para la posteridad…

Eso mismo —con connotaciones distintas— veíamos en las películas de vaqueros del oeste estadounidense: ¡Cuántas veces los oímos exclamar: “Es mejor morir como un valiente que vivir como un cobarde”!

La gloria ante los hombres. Algunos encuentran en esto una razón para vivir. Pero, dime: ¿Vale la pena vivir por eso?, ¿morir por eso?

Te lo digo porque hoy hay muchos y muchas que arriesgan su vida y se someten a toda clase de sacrificios por obtener una buena imagen: lo que no hacen por un gran ideal sí son capaces de hacerlo por ser delgadas y esbeltas —ellas— o ellos, por tener gran musculatura: ¡cuántas dietas y cirugías!, ¡cuántas horas pasan en el gimnasio!… Y la mayoría terminan igual que los demás: viejos, arrugados, olvidadizos (cuando no con alzheimer), encorvados, arrastrando los pies, dependientes… Eso no es gloria; ¡Es vanagloria!: gloria vana.

Lo mismo pasa con quienes intentan alcanzar la dicha con la fama, las alabanzas, los elogios, el prestigio… Buscan la popularidad, la reputación, el crédito, los honores… Compiten por premios, homenajes, distinciones, diplomas, estatuillas…; y persiguen todas estas cosas con ahínco, como si necesitaran el reconocimiento de los demás… Aquí no solo hay gloria vana sino también esclavitud.

Esclavitud parecida a la de aquellos que viven solo para el placer o el tener…

Otros, en cambio, han puesto sus talentos al servicio de la humanidad.

Te lo pregunto de nuevo: ¿Qué motiva tu vida? ¿Por cuál ideal estás dispuesto a sufrir?, ¿a morir?

El ideal que te motive le dará el valor a tu existencia. En otras palabras: tu valor como ser humano lo define aquello por lo que eres capaz de dar la vida.

Busca, pues, ese ideal. Pronto.

Y comienza a vivirlo. ¡Comienza a vivir!

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¿Hay vida en otros planetas?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 2, 2013

Universo

¿Estamos solos en el Universo?

En este video se muestra lo que dice la ciencia al respecto:

https://www.youtube.com/watch?v=_Yv57I7dOcA

 

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¿Vivir o sobrevivir?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 3, 2012

 

Una investigación reciente mostró que un poco menos del 2% de los seres humanos es feliz y, cosa sorprendente, casi nadie se quiere morir.

¿Por qué sucede esto?

Los argumentos para responder esta pregunta pueden ser muchos, pero solo uno es acertado: al ser humano, por difícil que sea su situación, siempre le queda la esperanza. Esperanza de que la situación mejore por sí sola o por poder solucionarla. Los humanos somos de tal índole que siempre, aun cuando todas las puertas parezcan cerradas, persistimos en buscar una nueva salida.

Y siempre está latente en nuestro corazón la esperanza de hallar el camino para encontrar la felicidad.

Hay tantos hombres y mujeres que no comprenden para qué viven, por qué se levantan todos los días, para qué trabajan, por qué luchan y se afanan, por qué buscan divertirse con tanta ansiedad, por qué se frustran con tanta facilidad, por qué se deprimen tanto, por qué viven con estrés…

La mayoría de los hombres no viven la vida: solamente sobreviven.

Y lo hacen en un mundo que los induce a pensar que es más importante tener que ser; que es más valiosa la imagen que la dignidad del ser humano; que sobre el bien común domina siempre el particular; que aunque el mundo se autodestruya poco a poco, lo que interesa es disfrutar; que no le incumbe a esta generación la suerte de las venideras…

La puerta que se debe abrir para hallar las respuestas a las inquietudes más profundas del ser humano es la legítima sabiduría, la vía segura para arribar a la verdadera e imperecedera felicidad: ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Qué vine a hacer en esta vida?…

Contestar estas preguntas es ineludible para eliminar una de las principales causas del estrés moderno, tan arraigado en esta sociedad consumista…., ¡y a punto de ser consumida por sí misma!

Y ese será el comienzo del camino del auténtico vivir, que está muy por encima del simple sobrevivir.

 

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Prioridades

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 4, 2011

 

Una de las verdaderas causas de estrés es el no darle, en nuestras mentes, la importancia que tienen las cosas, las circunstancias y las personas en nuestras vidas.

Con frecuencia, por ejemplo, anteponemos cosas superfluas a las trascendentales o les damos más interés a circunstancias secundarias o le dedicamos más tiempo a personas menos allegadas que a los seres queridos…

Se da también el caso de quienes tienen una desavenencia con un amigo, y no valoran el apoyo que recibe en su propio hogar.

Hay quienes se amargan el día porque no pueden ir a tomarse unos tragos y departir con sus amigos, pues los requieren asuntos de trabajo o familiares

Otros se angustian mucho ante la inminencia de una dificultad económica, pero olvidan que lo más importante —su salud espiritual, psicológica y biológica— está bien.

Por otra parte, es común observar cuánto se pierde diariamente al dedicar tiempo y esfuerzos a cosas triviales, dejando de lado las cosas que nos harían realmente felices.

Y todo esto obedece a que no tenemos ordenadas las ideas.

Lo más importante en un ser humano es que posee un alma espiritual, que está destinado a ser eternamente feliz; que esta vida es un paso, «una mala noche en una mala posada», como dijo santa Teresa de Ávila. Por lo tanto, la mejor inversión (de tiempo, de esfuerzo, de dedicación) es la que se haga para lograr esa trascendental meta.

En segundo lugar está la familia, sus seres queridos: el amor que logre construir. Con ese empuje e inspiración podrá proyectar ideales altos y soportará cualquier penalidad.

Luego, es necesaria la salud. Con ella se puede trabajar y dar el máximo de las capacidades para llegar a ver hechas realidad las metas que se proponga.

Después de estas preferencias están las otras personas, circunstancias y cosas de la vida de un ser humano.

Como resumen, el siguiente cuadro podrá servir para ordenar la vida humana por prioridades y, sobre todo, para elegir en cuál área trabajar primero para forjar nuestro bienestar:

 

  1. Mi salvación eterna y la de mis seres queridos

  2. Mi relación con mis seres queridos

  3. Mi salud y la de mis seres queridos

  4. Mis necesidades materiales

  5. Mis relaciones familiares

  6. Mis amistades

  7. Mis gustos personales

 

Confronte con su propia vida las cosas que de esta lista ya posee, las que necesita mejorar o reforzar y las que le hace falta implementar. Y comience hoy mismo.

Póngase metas diarias, semanales, mensuales y anuales; revise a diario cómo va el mejor negocio de su vida: su propia felicidad.

 

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Despenalización del aborto: ¿Y la salud de la madre?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 15, 2011

 

La investigación científica más reciente ha recogido una lista de las graves consecuencias, tanto en la salud física como en la salud psicológica de las madres que se someten a la realización de un aborto.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional «probo y altamente calificado», crea peligros: en los casos en que se practica puede causar los siguientes trastornos:

  1. Amenorreas persistentes (falta de menstruación).

  2. Procesos inflamatorios tubo–ováricos.

  3. Esterilidad secundaria y otros procesos patológicos.

  4. Complicaciones de la anestesia.

  5. Embarazos extrauterinos.

  6. Apertura permanente o desgarro de cuello uterino.

  7. Sinequias (adherencias colágenas) del útero.

  8. Corte o lastimación accidental del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica).

  9. Perforación accidental del intestino a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial).

Carol Everett, ex directora de cuatro clínicas especializadas en realizar abortos con personal médico e infraestructura entrenada para esta clase de oficio, informó que durante los seis años que las tuvo a cargo, una de cada quinientas mujeres a las que se practicó el aborto murió o quedó mutilada.

Pero las consecuencias físicas no son las únicas.

A nivel psicológico se han reportado las siguientes secuelas:

  1. Baja en su estima personal (se sienten poco valiosas, dignas de reprobación, poco útiles, menospreciadas o frustradas…).

  2. Deterioro de su relación de pareja.

  3. Tabaquismo, alcoholismo o drogadicción.

  4. Frigidez (reducción o pérdida del deseo sexual).

  5. Frustración de su instinto maternal.

  6. Deseo vehemente de reemplazar al hijo «perdido».

  7. Aversión hacia su marido o compañero.

  8. Neurosis (especialmente de tipo depresión reactiva) e insomnio.

  9. Suicidios (alrededor del treinta por ciento de las mujeres que practicaron el aborto consideraron esta posibilidad).

Después de leerlas, caben las preguntas: ¿Se piensa realmente en  el bienestar de las madres? ¿No se someten a muchos y grandes riesgos para su salud? ¿No quedan aun peor después del aborto?

El fundamento científico es contundente. ¿A la afrenta que representa la violación o la inseminación no consentida se va a agregar el riesgo de estos efectos nocivos en la salud física y psicológica de la mujer? ¿Es esto pensar en ella?

 

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Bebé en basurero

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 11, 2009

Un transeúnte pasaba cerca de un basurero del distrito de Aguablanca, en Cali, cuando escuchó el llanto de un bebé. Se acercó para verificarlo y, efectivamente, un bebé recién nacido yacía entre las basuras.

Dice la noticia que la madre fue apresada, pero la pregunta que nace es: ¿Qué llevó a esta mujer a realizar semejante despropósito? ¿Puede uno pensar que se trata de un acto premeditado y consciente? ¿Cómo puede una madre arrojar en un basurero al producto de sus entrañas, máxime habiéndolo sentido moverse en su vientre los últimos cinco o seis meses?… No hay duda de que algo malo y absurdo está sucediendo en la cabeza de esa mujer.

Tampoco hace falta mucho análisis para sacar la conclusión de que la sociedad está enferma: este hecho se ha repetido varias veces. ¿Qué ha llegado a suceder en la moral social para que incluso los instintos maternos hayan sido afectados hasta tal punto?

Primero, la degradación del ser humano ha llegado a tal nivel que se ha sublimado el placer como finalidad última de la existencia y, en este contexto, el valor de la vida es relativo: en la búsqueda del placer todo se vale.

No es que se afirme esto explícitamente, pero los hechos hablan más que las palabras: en la educación sexual, por ejemplo, nada puede detener el ímpetu del deseo del placer; hasta el homicidio es un medio para lograrlo: el aborto en numerosas formas (asesinato de inocentes) es «la solución». Tampoco se publica lo que la ciencia ya comprobó: que los anticonceptivos orales (la píldora) y el dispositivo intrauterino (la famosa «T» o el «DIU») son abortivos, es decir, homicidas.

Pero, como si fuera poco, además del placer, la comodidad es otra de las metas tácitas en la vida: que los actos no sean responsables, que sus consecuencias se solucionen de cualquier manera. Y en ese marco moral —o mejor: inmoral—, hay que deshacerse de lo que suponga un estorbo, llámese anciano (eutanasia) o bebé, usando para ello hasta el pote de la basura…

Si no paramos, ¿a dónde llegaremos?

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Los 5 niveles de seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 11, 2009

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural, que explicaría cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años antes de Cristo (A de C) hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es posible —aunque no probado científicamente por ahora— que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, que usaba palos y piedras para defenderse y de quien algunos paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a 3 millones y medio de años A de C.

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C. No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías. Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos. Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso: sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura. El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores. Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

La fecha exacta de su aparición —la del homo sapiens— es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

Las cinco principales características (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:

1) El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software. Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

4) De la tolerancia se desprende el respeto, rasgo que caracteriza, entre otros, al ser humano. Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

5) Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al saber la historia de tantos que han dado su vida por un ideal similar. Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

Por otra parte, si nos observamos bien, somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

Lo que se cree que realmente ocurrió es que el homo sapiens evolucionó y todavía hoy lo está haciendo, pero no es así siempre: con más frecuencia de la que quisiéramos cometemos errores y no solamente no progresamos, sino que regresamos a niveles anteriores, los de nuestros antepasados; parece que tuviéramos 4 niveles de seres humanos:

5º nivel: El salvaje, que usa la violencia física —animal— para defender sus derechos o conseguir lo que se propone o desea. El más bajo de todos es el que soluciona los problemas matando a sus congéneres.

4º nivel: El bravucón, que usa la violencia verbal, las amenazas, los gestos, los insultos para zanjar sus diferencias o defender sus supuestos o reales derechos.

3r nivel: El sarcástico, que usa el los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el disimulo… Dice las cosas sin significar explícita o claramente lo que quiere, dándola, sin embrago, a entender. Encubre con astucia las verdaderas intenciones. Este «arte» de soterrar es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan. Es evidente que ser hipócrita es mentir. Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

2º nivel: El racional, que pretende solucionar todo problema a través de la razón. Y para ello escoge como principales virtudes la equidad y la justicia; se deja llevar únicamente por ellas y con ellas dirime todo, sin dejarse llevar por sentimientos como la ira o la bondad. Sabe que la verdad no necesita ser defendida, que se sostiene por sí sola.

1r nivel: El homo sapiens es aquel que tiene como principio de conducta, y como modo de solucionar sus diferencias con los demás, esas 5 características que lo describieron más arriba como ser humano: la voluntad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y, sobre todo, el amor: servir antes que pensar en sí mismo.

¿En qué nivel estamos cuando actuamos: el de un ser humano?

 

 

 

 

 

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Células madre

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 28, 2008

 

La ley no puede tratar al embrión humano como un amasijo de células
Entrevista al director del Grupo «Bioética y Sociedad» de investigación interdisciplinar

MADRID, 26 septiembre 2003 (ZENIT.org-VERITAS).- La Reproducción asistida es un tema de candente actualidad en España: este viernes se presentó en el congreso la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (LTRA), que antes de entrar en el trámite parlamentario ha recibido ya numerosas críticas.

La posibilidad de utilizar células madres embrionarias con fines terapéuticos y el destino de los embriones congelados son algunos de los puntos más controvertidos de la LTRA.

El profesor Jesús Ballesteros, a quien Veritas ha entrevistado sobre el tema, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia y director del Grupo «Bióetica y Sociedad», está coordinando actualmente un libro que aparecerá en el mes de diciembre con el título «Células madre: un estudio interdisciplinar», con la colaboración de expertos procedentes de la biología, la medicina, la sociología, la filosofía, y el derecho.

Por otra parte, Ballesteros es también uno de los directores del Curso de «Biotecnología y Derechos Humanos» que tendrá lugar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia entre el 27 y el 31 de octubre, para debatir sobre los desafíos ético-jurídicos que plantean las nuevas tecnologías aplicadas a la vida humana.

–¿Qué opina de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida que ha sido presentada hoy por la Ministra de Sanidad, Ana Pastor, al Parlamento?

–Jesús Ballesteros: La reforma de la LTRA, presentada este viernes en el Parlamento por la Ministra de Sanidad tiene la finalidad positiva de evitar la creación de nuevos embriones congelados, prescribiendo que sólo se fecunden aquellos óvulos que vayan a ser implantados, lo cual debe ser visto muy positivamente dada la situación actual; pero va a encontrar una fortísima oposición por parte de los que creen que el embrión es un simple amasijo de células, ya que estos quieren dejar en manos del médico el número de óvulos que deban fecundarse.

Discrepo con la decisión de la Ministra de establecer la gratuidad de la Fecundación in vitro (FIV). Me parece un despilfarro presupuestario tal gratuidad de la FIV, cuando existen tantas necesidades fundamentales por cubrir en el mismo ámbito de la asistencia médica. La FIV no se puede llevar a la Seguridad Social porque no es una enfermedad que deba ser tratada.

La Ley tiene aspectos positivos, pero parece que se ha cedido algo ante la presión de la oposición y de las clínicas FIIV. Sin embargo, ceder del todo a la presión conduciría a la larga a la clonación terapéutica.

–¿Qué opinión tiene de la Reproducción asistida en sí?

–Jesús Ballesteros: En el libro que publicamos el año pasado «La humanidad in vitro» (Editorial Comares), se ponían de relieve los aspectos negativos que la fecundación in vitro tiene para el niño y para la mujer.

En el fondo de este debate está el eterno problema entre la moral y el derecho. Desde un punto de vista moral, la fecundación in vitro es negativa; desde el punto de vista jurídico es muy difícil dar marcha atrás y prohibir en este momento radicalmente la FIV.

Lo que sí creo que sería conveniente es prohibir todo tipo de fecundación heteróloga, en la que el hijo ya no sería propio. Habría que permitir únicamente la fecundación homóloga, para que el material genético fuera aportado siempre por los padres.

Hay un error de fondo subyacente a todo esto y es que no existe ningún derecho a ser padres, el hijo es un don, no una cosa. En el fondo, estas técnicas siempre son un trauma para la mujer, y por eso, la gente justifica el permitir la fecundación de más óvulos para asegurar el éxito de la fecundación como una medida de hacer menos traumático a la mujer el fracaso.

–Sobre los embriones congelados y la polémica que se ha levantado ¿qué es mejor, investigar con ellos, descongelarlos y dejarlos morir, o adoptarlos?

–Jesús Ballesteros: La mejor salida para el embrión es sin duda la adopción, pero parece poco realista como solución para todos los embriones congelados, dado su elevadísimo número: pueden pasar de los 50.000. No hay 50.000 mujeres dispuestas a adoptar embriones. Por otra parte, mantenerlos congelados supone encarnizamiento terapéutico, y descongelarlos, incluso para una adopción, podría suponer que la mayor parte muriera en el proceso.

En cualquier caso el embrión no debe ser manipulado. Sólo en el caso en que estuviera ya muerto, después de ser descongelado podrían ser utilizadas para la investigación sus células, por analogía con lo que ocurre con los cadáveres.

También en esto es sensata la ley. Discrepo sin embargo en que se deje a disposición de los padres-propietarios el destino del embrión. Unos padres que han metido a sus hijos en el congelador no deberían ser los que decidieran sobre su destino. Lo mejor es que esto se decida directamente por ley.

–¿Cree usted que la gente normal, la sociedad, es consciente de los términos del debate sobre las células madre o existe desinformación sobre este tema?

–Jesús Ballesteros: Existe un desconocimiento casi total en la opinión pública respecto al tema de la investigación con células madre, ya que se parte de la reducción de la células madre a las células madre embrionarias, aquellas que se contienen en la masa celular interna del embrión de 5 a 10 días de desarrollo (embrión conocido con el nombre de blastocisto), ignorando la existencia de células madre en el organismo de los adultos.

Las células madre en el organismo de los adultos son precisamente las que han dado hasta ahora resultados espectaculares en la regeneración de tejidos dañados por enfermedades degenerativas. Estas células madre se encuentran en los distintos órganos del cuerpo humano, especialmente en la médula ósea (células mesenquimales), pero también en la sangre del cordón umbilical, e incluso en algo aparentemente tan inútil y molesto como el tejido adiposo, la grasa.

–Desde su punto de vista, ¿es la investigación con células madre un logro científico o un negocio?

–Jesús Ballesteros: Creo que la medicina regenerativa con células madre de adultos es una maravilla de la ciencia , que debe ser apoyada con todos los medios. Por el contrario la investigación con células embrionarias exige el sacrificio de vidas humanas, aunque sea en su estadio mas incipiente.

Otra cosa distinta sería la utilización de células, que no tuvieran propiamente el carácter de cigoto, como podrían ser las obtenidas a través de la estimulación del óvulo sin la participación del esperma (lo que se conoce con el nombre de partenogénesis), que debería considerarse lícita.
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Sobre el debate de los embriones congelados que ya no serán utlizados para fecundar a la madre, creo que lo cristiano sería primero bautizarlos y luego descongelarlos y dejar que mueran naturalmente, evitando que éstos sean objeto de experimentación en laboratorios. Me pregunto: ¿Que está pasando con éstos embriones en la actualidad, en las clínicas de tratamientos reproductivos?

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Evidencias de atraso

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 23, 2008

Las más grandes evidencias para probar que la humanidad está muy atrasada es que todavía existen los ejércitos, la policía y los abogados

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Duración de la vida

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 23, 2008

Comparado con la vida,

 

lo que viene después de la muerte

 

va a durar mucho tiempo,

 

¿no crees que necesitas

 

prepararte?

 

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En caso de violación ¿abortar?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Cuando acaece una violación, la situación psicológica de la gran mayoría de las mujeres se ve afectada de una manera u otra, llegando a presentarse casos de desquiciamiento total.

 

Es verdaderamente una injusticia ante la que hay que reaccionar. En primer lugar, es necesario encontrar la causa de semejante atropello. Parte del problema tiene su origen en la educación sexual del ciudadano, pues recibe una instrucción colegial superficial en donde no se compromete el amor con la sexualidad humana y está sometido a la avalancha de mensajes comerciales, lecturas, programas radiales, televisados y de cine que invitan a la irresponsabilidad sexual y al deterioro de los valores humanos fuertes que, en situaciones de inestabilidad emocional desencadenan la violencia sexual. Sirve de confirmación de ello que en la guerra o en tragedias naturales, muchos hombres se convierten casi en animales y violan a gente inocente, en su cuerpo, en su derecho a la libertad y en su intimidad. He aquí una loable meta a lograr por parte del gobierno: la de educación en la moral y en las buenas costumbres de los futuros ciudadanos.

 

Sin embargo, es bueno refrescar las estadísticas: en el Manual sobre el Aborto (Eunsa, 1975) se informa que en Checoslovaquia, de 86.000 abortos provocados, sólo 22 fueron embarazos producidos por violación y que en un estudio realizado en Minneápolis sobre 3.500 casos de violación, dados en diez años, no se registró caso alguno de embarazo.

 

Médicamente esto tiene su explicación: la adrenalina, sustancia que excretan las glándulas suprarrenales en situaciones de susto o pánico, cierra el cuello del útero y hace su moco más espeso, dificultando así el paso de los espermatozoides.

 

Para fortuna de las mujeres que están en el pequeño porcentaje de quienes quedan embarazadas tras una violación, hoy la ciencia médica es capaz de eliminar al espermatozoide de la vagina y del cuello uterino para descartar la posibilidad de la fecundación. Basta que la paciente acuda rápidamente a un centro médico donde le practicarán un “lavado” que impide que el espermatozoide viaje a la trompa a encontrarse con el óvulo y se forme el cigoto.

 

Precisamente por la ignorancia en este aspecto, aunque son pocas, todavía hay algunas mujeres que quedan embarazadas después una violación. ¿Qué hacer entonces? ¿Se debe castigar con la muerte al niño inocente? Es verdad que la violación es una injusticia pero, ¿se añadirá un asesinato a la injusticia social? Esto, además, sería hacer más aceptable una situación ya de por sí inaceptable.

 

Psicólogos nombrados por el doctor Jêróme Lejeune, biólogo especializado en genética, afirman que no siempre un embarazo no deseado implica un nacimiento no deseado: en el curso de los nueve meses, la actitud de la madre, incluso si ha sido violada, puede cambiar por completo. Más adelante, se ha visto que algunas sobreprotegen al hijo que ha nacido por una violación, mucho más que a sus hermanos.

 

Además, para las madres que no se sientan capaces de hacerlo, quedará siempre la noble opción de la entrega del hijo en adopción: que otros seres humanos puedan encargarse del niño para darle la oportunidad de vivir y de gestarse su propio destino.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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El aborto terapéutico

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

La Asociación civil francesa “Laissez-les Vivre” precisa que “es falso que la mayor parte de las deficiencias del recién nacido sean hereditarias o provengan de enfermedades del embarazo; más bien” -dice- “obedecen a la insuficiencia de equipos de reanimación o fallas humanas en lo que respecta a prevención y vigilancia”.

 

También afirma que “es falso que todas las malformaciones se pueden constatar por punción amniótica (succionando, con una jeringa el líquido amniótico y analizando en él las células descamativas del feto). Sólo algunas enfermedades se pueden diagnosticar tempranamente, como es el caso de la trisomía 21 o mongolismo. La naturaleza es sabia: las verdaderas monstruosidades son eliminadas espontáneamente”. Además, con los últimos adelantos científicos, hoy es posible intentar mejorar el cromosoma afectado.

 

Sin embargo, algunos médicos aceptan el deseo de sus pacientes o, incluso, instan a que se elimine a los enfermos cuando son pequeños e incapaces de defenderse, como es el caso del embrión y del feto, olvidando que el médico está para preservar la vida y la salud, no para matar. En ese sentido, el profesional debe ser muy cauteloso al decir las cosas: muchas veces, una palabra del médico se convierte, por la autoridad de que está revestido, en coacción, al igual que lo sería la legalización del aborto, pues le daría un “valor moral” que no posee y que no adquiere por mayoría de votos en ningún congreso.

 

La historia sucedida en Italia a propósito de la nube tóxica de dioxina sobre la ciudad de Seveso, puede dar una idea del estrago que los médicos y los medios de comunicación pueden causar sobre la opinión pública: muchas madres fueron convencidas de que sus hijos nacerían con malformaciones congénitas monstruosas. Por esa razón, las autoridades permitieron el aborto terapéutico. Lo llamativo del caso fue que las 1.400 madres que se negaron a hacerlo dieron a luz hijos sanos. Así como éste, se dan muchos casos que se presentan como abortos terapéuticos los que sólo son homicidios verdaderos y premeditados.

 

Por otra parte, no se puede tachar al feto de “injusto agresor del organismo de la madre”, como se afirma a veces, ya que el niño no hace nada, voluntaria y conscientemente. Además, en la inmensa mayoría de estos casos, factores inherentes al organismo de la madre —y no al del niño—, son los que causan agresión.

 

Por último, debe decirse que la vida humana no es una “cosa útil”, como la propiedad; por tanto, ambos derechos a la vida —el de la madre y el del niño— son igualmente valederos; así que, en los casos en que se justifica el aborto para salvar la vida de la madre, se viola uno de los dos derechos.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sufrimiento posaborto

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

SECUELAS PERSONALES Y FAMILIARES

 

La toma de la decisión antes de abortar, evidentemente, está impregnada de muchas emociones negativas. Las influencias externas que acompañan a esta determinación influyen también: las circunstancias por las que atraviesa la mujer, las opiniones de sus seres queridos o allegados, la incertidumbre sobre lo que le va a pasar, las razones que la llevaron a pensar así…

Mientras tanto, su sentido común y la conciencia la atacan sin descansar: algo le dice que no está actuando correctamente.

Pero, luego de realizarse un aborto, la mayoría de las mujeres experimentan una serie de impresiones psicológicas que trascienden a la vida familiar como se pasa a describir.

Primero aparece un tremendo complejo de culpa y, como afirman ellas mismas, “la terrible sensación de ser una asesina”.

Después, puede suceder que tenga con quién desahogarse contándole todo pormenorizadamente o que se calle y no comparta sus emociones, sino que las interiorice. En ambos casos, ella misma se disculpa con toda clase de argumentos para contradecir a su conciencia y para sumar una buena cantidad de “razones” que explicarían el aborto como tal, como también la determinación que tomó. Quienes la escuchan, obviamente, toman la misma actitud: no le van a reprochar algo que ya hizo y que no tiene retroceso, especialmente cuando la hace sufrir tanto.

En la tercera etapa, la sensación de culpa se oculta sin desaparecer produciendo gran cantidad de efectos en su emotividad y en su afectividad:

La primera afección psicológica es una baja en su estima personal. Como se sabe, estas mujeres, sin notarlo ni expresarlo, se sienten poco valiosas, dignas de reprobación, poco útiles, menospreciadas o frustradas…

Las actitudes en su vida diaria son muestra de estas sensaciones internas y, por eso, se dejan maltratar psicológicamente, verbalmente e, incluso, físicamente.

Esas fallas en su emotividad producen efectos nocivos en su afectividad: en primer lugar, sus seres queridos se ven afectados de una u otra forma, pero también todos los que se relacionan con ella.

La experiencia profesional ha mostrado que la relación de pareja y, si tiene otros hijos, la relación maternal, se ven continuamente deterioradas, hasta producir separaciones y fallas graves en el proceso educativo de los hijos.

 

Con frecuencia se dan casos de mujeres que no logran estabilidad laboral por sus continuas riñas con compañeros de trabajo y/o patronos, hasta que se curan, cuando acceden a la terapia psicológica que se hace en esos casos (y que hoy llaman: “sanación posaborto”). Otras veces nacen en ellas costumbres como el tabaquismo, alcoholismo o drogadicción, que también ceden o desaparecen con el tratamiento.

Pero aún hay más: reiteradamente los psicólogos son consultados por parejas o por individuos de ambos sexos que buscan disminuir la frigidez (reducción o pérdida del deseo sexual) que se presenta tras los abortos.

Muchas mujeres sienten una frustración de su instinto maternal que no manifiestan abiertamente, pero que las obliga a tomar actitudes de tristeza o depresión ante la vida.

Otras sienten un deseo vehemente de quedar nuevamente embarazadas para reemplazar al hijo “perdido”.

Y la mayoría suelen tomar actitudes que parecen extrañas pero que son explicables: anotan en un papel la fecha probable del parto del hijo que abortaron, y ese papel lo dejan en la mesita de noche (bajo el vidrio, entre el cajón o detrás de ella), debajo del colchón, tras un cuadro de la habitación…, siempre en su alcoba, como si quisieran castigarse al levantarse y al acostarse, todos los días de su vida, con el recuerdo de esa deplorable acción. Pero la cosa no termina allí: también es frecuente que se queden viendo con tristeza y mucho dolor a un niño o niña de la edad que tendría su hijo, si viviera; la mayoría de las veces en silencio.

A menudo se crea una fuerte aversión hacia su marido o compañero, lo que dificulta el trato en la pareja, con las consecuencias que se derivan en cuanto a relación interpersonal, a educación y armonía en el hogar.

Es habitual la presencia de neurosis, especialmente de tipo depresión reactiva, como también el insomnio de muy difícil curación, como consecuencias de practicarse el aborto.

Por último, el suicidio se presenta como secuela final en alrededor del treinta por ciento de las mujeres. Pero lo más sorprendente de todo es saber que, en Colombia, quienes se suicidan o piensan hacerlo eligen casi siempre una marca especial de veneno para matar ratones. Fue una sorpresa saber que la mayoría de las personas creen que ese veneno mata destruyendo las entrañas. ¿No será que, al matarse así, el castigo estaría a la altura del crimen que se cometió?

 

 

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‘Preembrión’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

¿SE PUEDE DISPONER DE ÉL PARA FINES CIENTÍFICOS?

 

En muchos medios de comunicación se ha venido escribiendo y hablando del “preembrión” con una seguridad asombrosa, como si se tratara de algo ya plenamente aceptado por la ciencia. Incluso se han llegado a oír médicos que utilizan este vocablo en sus conferencias.

Esto no tendría ninguna trascendencia si no fuera porque repercute tanto en el ámbito científico como en el humano.

La ciencia puede definir ahora el estado —en muchos aspectos— de los embriones antes del nacimiento. Ya se han descrito cerca de 6.000 genes que producen caracteres hereditarios específicos, aunque el trabajo que resta es inmensamente mayor: son miles de millones.

Existen procedimientos capaces de originar seres humanos idénticos o en serie, lo que se ha llamado “clonación”; se tiene la posibilidad de utilizar la ingeniería genética con fines no terapéuticos; se busca lograr el intercambio genético con otras especies; el uso de embriones (o “preembriones”) para la producción de cosméticos y su comercialización es cada vez más frecuente…

Por otra parte, se quiere establecer cuál será el estatuto jurídico del “preembrión” —qué derechos tiene— y quiénes serían los titulares de la disponibilidad sobre él, quiénes decidirían su futuro.

 

 

¿Qué es el “preembrión”?

 

Uno de los aspectos más importantes al dirimir un asunto es conocer el argot que le corresponde. Es necesario puntualizar que el término “preembrión” no está aceptado por la Real Academia Española, que no se usa en los textos científicos y que tampoco aparece en los diccionarios de términos médicos.

Acudiendo a la etimología (y a la lógica), se puede deducir que el preembrión es lo que precede al embrión. La definición de éste es: “Germen o rudimento de un ser vivo, desde que comienza el desarrollo del huevo hasta que el organismo adquiere una forma característica del individuo adulto. Producto de la concepción hasta fines del tercer mes del embarazo” (sin embargo, hoy se considera que a los sesenta días, ya que está completo y que sólo le falta desarrollarse, muda su nombre por el de feto).

Si se tiene en cuenta que la concepción es el momento en el cual el espermatozoide penetra en el óvulo y sus núcleos se fusionan para formar un nuevo ser humano, no hay lugar para la posible existencia de un preembrión: antes de este momento sólo hay dos células, llamadas gametos: una femenina —que puede llegar a vivir un poco más de 24 horas—, y otra masculina —que tiene una expectativa de vida de 72 horas— si esa unión no se produce. De lo contrario, el producto de esa conjugación podrá alcanzar los 75 años de vida que muestran, como promedio, las estadísticas (78 años para la mujer y 72 para el hombre).

Los primeros estadios de la vida humana tienen una denominación específica: cigoto es el primero de ellos, y se denomina así al “individuo resultante de la unión de los dos gametos”; el siguiente es mórula que significa “óvulo fecundado que, durante el período de segmentación, tiene el aspecto de una mora”; y finalmente blástula o “período de desarrollo embrionario consecutivo a la segmentación del huevo fecundado, con una cavidad central”. Como se ve, todos estos son fases de crecimiento y desarrollo del embrión.

De manera que todo estatuto jurídico del embrión debe, primero, asumir que las decisiones que se tomen al respecto afectarán al ser humano desde el momento de la fecundación y, segundo, no legislar para un “preembrión” no existente.

 

 

Los titulares de la disponibilidad sobre el embrión

 

Desde el punto de vista genético, ser humano significa el individuo que, en sus células, y más específicamente en los núcleos, posea 46 cromosomas, y que, además, posea la capacidad de desarrollar, si las circunstancias de normalidad se dan, un ser humano adulto.

La célula primaria o cigoto —siendo una sola— es capaz de desarrollar un cerebro y un corazón tan complejos como los de un adulto, una placenta y un cordón umbilical que lo mantienen unido a su madre para alimentarse y beneficiares de ella desde los primeros días… En cambio, una célula de la piel de una mujer o de un hombre no puede realizarse a sí misma tantos cambios, aunque posea los 23 pares de cromosomas.

De modo que, aunque sea un individuo unicelular, el cigoto es el punto de partida del desarrollo del ser humano y, por tanto, de la vida humana: es ya una persona con un principio vital propio, única e irrepetible, y conservará esa individualidad hasta su muerte. En otras palabras, el proceso no tiene detención ni retroceso, luego, una vez lograda la penetración, se sabe que, pocos minutos después, habrá una nueva vida. Y esta vida continuará sus estadios hasta la muerte.

Se puede afirmar, entonces, que toda legislación común para el ser humano, sea éste viejo, adulto, joven, adolescente o niño debe cobijar al ser humano, sea éste feto, embrión o cigoto.

El embrión y lo que se ha llamado preembrión es un ser humano. Es seguro que, como tal, tendrá todos los derechos de que son depositarios los seres humanos y, por consiguiente, ése mismo será su “estatuto” jurídico.

En este contexto, al debatir, como se pretende, quién es titular de la disponibilidad de un feto o de un embrión es imperante preguntar antes quién es el titular de la disponibilidad de otro ser humano cualquiera.

 

 

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Aborto: ¿por mayoría de votos?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

En la polémica que se desata de cuando en cuando sobre la despenalización del aborto, algunos abogados, miembros de la Corte Constitucional y Defensores del Pueblo aducen que «el pluralismo ideológico y la democracia lo exigen: democracia significa acatar las leyes que, por mayoría de votos, se aprueban».

Pero, ¿es el pluralismo ideológico más importante que el bien común? Basta recordar cómo, a través de la historia, se han implementado gran cantidad de leyes nocivas para el ciudadano. Por citar sólo un ejemplo, la ley que impedía participar a la mujer de la democracia —establecida, por demás, en muchos países— no dejaba de ser injusta al impedir el voto de más del 50% del potencial electoral (las mujeres estadísticamente han sido siempre mayoría).

La «mayoría de votos» podría llegar así a ser no menos que la «tiranía de algunos».

Igual lo sería la legalización del aborto, que intentaría darle un «valor moral» que no posee y que no se adquiere por mayoría de votos en ningún Congreso del mundo.

Si las ciencias de la genética y la embriología —con todo sustento científico— no han hecho otra cosa que especificar que la vida humana comienza con la fecundación, y el artículo 11 de la Constitución política de Colombia, Carta Magna de 1991, reza: «El derecho a la vida es inviolable», despenalizarlo sería una contradicción flagrante, especialmente cuando se invoca la libertad de opinión para violar el derecho a la vida de un inocente, incapaz de defenderse.

Además, el efecto histórico de la legalización del aborto es el incremento de las razones que se utilizan para ello: se comienza por algunas particulares causas extremas, como la violación y la fecundación no consentida, y luego se aumentan hasta situaciones tan sutiles como las que se dieron en los ejemplos que siguen:

Los países nórdicos fueron los primeros en modificar su legislación ampliando el campo de las indicaciones en las que el médico podía sentirse legalmente autorizado, razones tales como la angustia, agotamiento y otros estados mentales no bien definidos, que figuran allí como causas aceptadas.

El Parlamento inglés aprobó el aborto a pedido de la mujer, no sólo por razones médicas, sino también por razones sociales y económicas. Hoy día, Inglaterra teme más al nacimiento de un niño no deseado que a la práctica de un aborto.

Asimismo, en Suecia, la depresión reactiva (psicosis afectiva) es la más común de las sintomatologías en las que se piensa en realizar un aborto.

Lo peor de todo es que, tras la legalización, la tendencia a recurrir al aborto aumenta en forma progresiva con respecto del número de veces que anteriormente se recurría a tal maniobra, ya que el aval que el gobierno le da, elimina toda duda moral en muchos ciudadanos. Esto muda la gestión protectora de la moral y las buenas costumbres que deben dar las autoridades.

En Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia, por ejemplo, la frecuencia de internamiento para terminar el embarazo se ha establecido en 30 a 50 abortos por cada 100 nacimientos vivos. En Hungría los abortos legales sobrepasan en número los nacimientos de hijos vivos.

Es fácil deducir que esto mismo ocurrirá en Colombia si se llega a despenalizar el aborto, y se incrementará la muerte violenta de otros muchos ciudadanos; en este caso, con el agravante de que se hará con premeditación, alevosía y ventaja. ¿No es suficiente con lo que ya está pasando?

 

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Métodos para realizar el aborto

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

Dentro de los métodos que más se utilizan para realizar el aborto está el raspado bajo anestesia general que, como su nombre lo dice, consiste en retirar el feto, previa una apertura rápida de dos centímetros del cuello uterino, con el paciente anestesiado, en el que se utilizan unas pinzas largas para despedazar al bebé dentro del útero materno y sacarlo en pedazos.

El aborto por aspiración, que emplea, a modo de legra, un tubo de 8 a 16 mm al que se acopla un aspirador quirúrgico y que evita, casi siempre, hospitalizar a la madre. El método Karmann, variante del precedente, y que emplea un pequeño material plástico.

El aborto por solución salina (también uno de los más utilizados) consiste en pinchar el útero y absorber o dejar salir casi todo el líquido amniótico; en su reemplazo se deja una solución salina (cloruro de sodio). El bebé se intoxica y muere. Entre uno y tres días más tarde la madre expele el niño muerto. Este método es recomendado en los casos que llegan con tres meses y medio de evolución o más, en donde el feto ya no se puede trocear para evacuarlo por raspado, debido a su tamaño.

En algunas ocasiones, se hace una cesárea, especialmente cuando se quiere esterilizar a la madre.

Si se quiere realizar el aborto sin intervención manual o instrumental, se puede optar por utilizar las prostaglandinas, que invitan al útero a contraerse y a expulsar el contenido. Este método es uno de los más utilizados en las clínicas especializadas.

El aborto “asistido” consiste en citar a la madre una semana antes del parto, dilatar el cuello uterino y darle la vuelta al niño para que quede de pie: Una vez en esa posición, se lo saca hasta el cuello, de modo que la cabeza quede todavía dentro del cuerpo materno. Luego, se le succiona el cerebro a través de la fontanela (el orificio que tienen los bebés en la cabeza). Terminado este procedimiento se lo termina de extraer por completo. Se dice que es un aborto y no un homicidio, puesto que el cerebro todavía está dentro del cuerpo de la madre.

El aborto provocado, aun cuando sea practicado por un profesional “probo y altamente calificado”, crea un peligro en su evolución y, en los casos en que es preciso practicar legrado (raspado) uterino, no debe descartarse la posibilidad de que sea la causa de amenorreas persistentes (falta de menstruación), procesos inflamatorios tubo–ováricos, esterilidad secundaria y otros procesos patológicos. Los reportes muestran, además de las complicaciones de la anestesia, especialmente las siguientes secuelas tardías: esterilidad, embarazos extrauterinos, apertura permanente o desgarro de cuello uterino, sinequias (adherencias colágenas) del útero, corte o lastimación del conducto urinario (que requiere reparación quirúrgica) y otras de menor prevalencia, como la perforación accidental del intestino a través de la vagina, que acaba, a veces, en colostomía (formación de una apertura artificial en el colon o ano artificial). Carol Everett, ex propietaria de cuatro clínicas situadas en Dallas, Tejas, informa que desde 1977 hasta 1983, una de cada quinientas mujeres a las que se practicaba el aborto moría o quedaba mutilada.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Aborto legal contra el aborto ilegal

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

 

La razón más fuerte que enarbolaba el último documento que pretendía legalizar el aborto en Colombia es que en casi todos los países “avanzados” lo está. Colombia —decía el proyecto— no puede quedarse atrás en ese sentido.

El mundo camina hacia su destrucción y nuestro país se ha negado, de nuevo, a estar a la moda. ¿Llamaremos a eso adelanto o retroceso?

El argumento que más se discutió rondaba la idea, muy extendida hoy, de que el aborto ilegal es una realidad y que, como existencia indiscutible, había que regularlo.

Así se empezó a forjar una idea que se oye a diario en todos los ambientes en la que se cree que, ya que es imposible penalizar adecuadamente ese acto ilegal, deben implantarse las reglas del juego: en cuáles circunstancias y cuándo se considerará legal hacerlo y en cuáles circunstancias y cuándo no.

Pero nadie cuestionó lo siguiente:

·     La justicia que no pudo evitar el aborto llamado clandestino ¿será capaz de hacer valer las nuevas reglas? ¿cómo lo hará? ¿con qué mecanismo?

·     ¿No será más difícil detectar si los abortos que se lleven a cabo están permitidos? ¿cómo se evitaría el aborto no permitido por la nueva ley, si anteriormente no se podía evitar el aborto, aunque estaba penalizado?

Pero lo más inconsecuente de todo es pensar que el razonamiento inicial —legalizar lo que no se puede evitar— es lógico:

·     ¿Debemos legalizar (regular) el homicidio, ya que Colombia es uno de los países en los que menos se respeta la vida? ¡Habría que hacer lo mismo con el secuestro, con el robo, con la violencia conyugal o infantil, con el peculado, con la corrupción…!

Se puede decir que el problema, entonces, no es del congreso, es de la rama jurisdiccional: hacer cumplir las leyes.

Pero, si inspeccionamos más profundamente, se llegará a la esencia: el problema es de moral: hace falta una cultura por la defensa de la vida que se contraponga a la cultura de la muerte que nos domina y que hace que las conciencias no valoren el don más valioso que puede tener el ser humano: su vida. Sin ella, es imposible luchar por los demás derechos.

  

 

 

 

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¿Aborto u homicidio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 22, 2008

El individuo resultante de la unión de las células sexuales masculina y femenina, o gametos, se llama cigoto.

Según el Profesor Jérôme Lejeune, biólogo especializado en genética y catedrático de la misma área en la Universidad de París, el cigoto posee en los genes toda la información que conformará las características peculiares de ese ser: son ellos los que guían la construcción del cerebro, y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de la personalidad, de manera similar a como lo hace una cinta de un cassette, almacenando todo el sonido de una gran sinfonía, sin que para ello existan instrumentos ni partituras. Es enorme la cantidad de información contenida en las moléculas de DNA: Veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva, que es como una grabadora o magnetófono: tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa y, si el organismo es efectivamente un aglomerado de materia animado por una naturaleza humana, se debe a esta información primitiva y sólo a ella. Aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre.

A los pocos días de fecundado, ya no se habla de cigoto, sino de embrión.

En el sexto o séptimo día de su vida, con un tamaño apenas de milímetro y medio, es ya capaz de presidir no poco de su propio destino. Es él, y sólo él, quien a través de un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de su madre. Obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Con técnicas como la ecografía transvaginal, se puede observar, un mes después de la fecundación, el minúsculo corazón del embrión que late ya desde hace una semana y, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro.

A los dos meses, llamado ya feto, está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse. Ya se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma. Con un microscopio se pueden observar sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Es más: si se le roza el labio superior con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza con un movimiento de huida.

Si a los tres meses se repite este toque del labio superior vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios y hasta sonríe.

El niño se diferencia del feto sólo por tres características: ya no está en el vientre materno, obtiene el oxígeno de manera autónoma y, unos minutos más tarde, deberá alimentarse del pecho materno. El nacimiento es un estadio del desarrollo, no el comienzo de la vida.

Pero el proceso continúa después del nacimiento: muchas de las células cerebrales, por citar un sólo ejemplo, están aisladas en grupos pequeños y, aproximadamente a los seis o siete años de edad, se unen por innumerables contactos. Sólo al llegar la adolescencia, esta red de circuitos desarrolla su plena potencia porque sus mecanismos químicos y eléctricos se encuentran suficientemente evolucionados.

Concluye el Profesor Lejeune afirmando que “…el comienzo del ser humano coincide con la fecundación. Es un error situar el principio de la vida en la 8ª semana, a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada”.

El proceso de unión de los dos gametos es, entonces, el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

El “Official Journal of the California Medica Asociación”, Vol. 113 Nº 3. p. 67-68 dice desde 1970: “La vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.”

Y en 1979, en la “I Conferencia Internacional sobre el Aborto”, celebrado en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos, se estableció que no se puede “encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración”.

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Abortar es avanzar

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 12, 2008

Abortar es avanzar

 

«Los países más adelantados lo han aprobado. Colombia no se puede quedar atrás.» Con este argumento se pretende —otra vez— legalizar el aborto.

Los países más adelantados en genética han descubierto que el individuo resultante de la unión de los gametos, espermatozoide y óvulo, posee en los genes toda la información que conformará sus características peculiares: son ellos los que guían la construcción del cerebro y establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, la talla aproximada, etc., e incluso algunos rasgos de su personalidad: veintitrés cromosomas de la madre se unen al mismo número de cromosomas del padre para conformar una nueva célula, llamada célula primitiva o cigoto a partir del que, tan pronto como el mecanismo comienza a funcionar, la vida humana se realiza conforme a su propio programa, y aparece un código genético nuevo, cuyo mensaje es distinto al del padre y al de la madre.

Los países más adelantados han desarrollado tanto la ciencia de la embriología que han descubierto que en el sexto o séptimo día de su vida, con un tamaño apenas de milímetro y medio, el ser humano es ya capaz de presidir no poco de su propio destino: es él, y sólo él, quien a través de un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de su madre; obliga, así, a la madre a protegerlo; produce en ella algunos cambios, y lo seguirá haciendo en lo sucesivo.

Los países más adelantados en técnicas como la ecografía transvaginal, han mostrado que a través de ella se puede observar, un mes después de la fecundación, el minúsculo corazón del embrión que late ya desde hace dos semanas y, esbozados, sus principales miembros, la cabeza y el cerebro.

Los países más adelantados demuestran que a los dos meses está casi completo: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro; todo está en su lugar, y sólo le falta desarrollarse; se pueden registrar ondulaciones en el electroencefalograma.

Con un microscopio, los países más adelantados han observado sus huellas digitales, iguales a las que tendrá como adulto. Si a los tres meses se le toca el labio superior, vuelve la cabeza, bizquea y frunce el ceño. Para estos días aprieta los puños y los labios, y hasta sonríe.

Los países más adelantados concluyen que el comienzo del ser humano coincide con la fecundación: para ellos, es tan error situar el principio de la vida en la 8ª semana como a los 5 o 7 años, en la pubertad o al terminar el crecimiento (adulto): el hombre no es nunca una persona terminada.

Los países más adelantados afirman que el proceso de unión de los dos gametos es el comienzo de toda la serie de cambios propios de cada edad, los cuales no tienen la suficiente consistencia para permitir afirmar que antes de un estadio determinado no haya vida humana. La vida humana se inicia con el cigoto. Al conjugarse los cromosomas del padre con los de la madre se crea un ser único: comienza una nueva vida individual e inconfundible.

Los países más adelantados aseveran que la vida humana comienza en la concepción y prosigue continuamente, ya dentro o ya fuera del útero, hasta la muerte.

En la «I Conferencia Internacional sobre el Aborto», celebrada en Washington, con presencia de médicos, juristas, biólogos, sociólogos y demógrafos de los países más adelantados, se estableció que no se puede «encontrar ningún punto, entre la concepción y el nacimiento, en que se pudiera decir que esa vida no era humana. Los cambios que ocurren entre la implantación, el embrión de seis semanas, el feto de seis meses y la persona adulta, son simplemente etapas de crecimiento y maduración».

Sin embargo, algunos países —de entre los «más adelantados»— han aprobado el homicidio de pequeños e indefensos inocentes, decidiendo quiénes deben vivir y quiénes no, quitándoles abusivamente su libertad y su principal derecho: el de la vida.

¿Le haremos caso a los países más desarrollados en sus avances o en sus retrocesos?

 

 

Tomado del libro:

¿ABORTO U HOMICIDIO? LA VERDAD CIENTÍFICA AL ALCANCE DE TODOS, 1ª edición (reimpreso el mismo año; segunda reimpresión en 2003). Bogotá. Colombia, Editorial San Pablo, 1994.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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La realización del ser humano

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 10, 2008

LA REALIZACIÓN DEL SER HUMANO

 

1.     La misión personal

a)     Plano espiritual

i)       La muerte

ii)   La vida

b)     Plano psicológico

i)       La afectividad

ii)   La emotividad

c)      Plano biológico

i)       Alimentación

ii)   Ejercicio físico

iii)Eliminación de conductas riesgosas

2.      La misión familiar

a)     Ser esposos

b)     Ser padres

c)      Ser hijos y hermanos

3.    La misión profesional

a)     Medio de servicio

b)     Medio de subsistencia

c)      Medio de comunicación

4.    La misión social

a)     Los talentos

b)     La “orquesta” mundial

 

 

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

Este libro se puede adquirir en Indo–american press service limitada:

http://www.indoamericanpress.com/colecciones/varios/libros.htm#29

  

 

 

 

 

 

 

 

 

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