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Sida: ¿El uso del condón lo previene realmente?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 16, 2012

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que las políticas gubernamentales, en el mundo, quieren olvidar los dos primeros puntos, ya que, sistemáticamente erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

-“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, ha de tenerse en cuenta la información recopilada por el Dr. Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de Julio–Septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%. Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El Dr. Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre SIDA, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Esto sucede porque en las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es muy grande: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y en la de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección. Si se considera que las mucosas del ano y del recto están totalmente exentas de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que el porcentaje de excoriaciones es mucho mayor en las relaciones homosexuales entre hombres, o en las de pareja, cuando la relación es anal. Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar -injusta y estúpidamente- a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%). (Sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos). Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89). (R 19, del 28 de enero de 1992.)

Se están creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y se está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión, y otros medios de comunicación, propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de  propagandas de televisión, máxime si tienen el aval de los ministerios de salud, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestó afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

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¿Y siguen recomendando el condón?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 16, 2011

 

Poco después de la aparición del síndrome de inmunodeficiencia adquirida se comenzó a recomendar el uso del preservativo. Y se lo sigue haciendo a pesar de que todas las estadísticas, recopilando los estudios hechos por la Organización Mundial de la Salud, la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida y otras entidades científicas, muestran que en la medida en la que se incrementan las campañas de uso del condón, en esa misma medida aumentan los enfermos: no solo los pacientes siguen muriendo por esta enfermedad sino que cada día se infectan y mueren más.

Desde que se inició el sida hasta el comienzo del milenio, según la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, han muerto más de 22 millones de seres humanos. Por su parte, el Instituto Internacional para la Salud de la Familia informa que en los últimos veinte años cerca de 65 millones de personas han adquirido el sida, han muerto 25 millones, y aproximadamente 40 millones son portadores. Cada día mueren en promedio 8.219 personas y se infectan otras 14.000.

Y, ¿por qué ocurre esto a pesar del uso de los preservativos? Porque la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, y puede atravesar los poros de los condones, tanto de los de látex como de los recién puestos al mercado, de resina.

Por eso, los expertos afirmaban que ese modelo de prevención, el uso del preservativo, «es una peligrosa ilusión». La gente creyó que el condón los protegía; por ese engaño los usó más y, por lo tanto, aumentó el porcentaje de transmisión.

Y, a pesar de tanta evidencia científica, en Bangkok, Tailandia, otra vez se acaba de recomendar su uso.

El modelo de prevención debe ser diferente al acostumbrado: el primer aspecto que debe replantearse es el aspecto del comportamiento sexual. Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos en los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad. Por esa razón, es más exacto hablar de conductas de riesgo, en vez de «grupos de riesgo», como se hace en el caso de otras epidemias.

La mayor conducta de riesgo es la homosexualidad: no hay estadística seria que informe que los homosexuales son menos del 60% de los afectados, seguido de la promiscuidad sexual.

Los Estados deben asumir un compromiso cultural y educador, compromiso que está bastante alejado de la actual realidad que hace crear ilusiones vanas y falsas en un «sexo seguro», y propende a la irresponsabilidad sexual y no a la dignidad del hombre y al orden social. ¿Por qué no establecer una educación sexual que enseñe a los muchachos la verdad?

Otro tanto deben hacer los medios de comunicación. ¿Cuándo se darán cuenta de que su responsabilidad es inmensa? En sus manos está una gran capacidad de influencia sobre la moral y las costumbres. ¿Por qué no aprovecharla en beneficio de un bien común?

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Para qué exponernos a una enfermedad venérea

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 18, 2009

 

Al buscar las palabras “venéreo” y “venérea”, en el Diccionario de la Lengua Española, se encuentra la siguiente definición: “Patología. Dícese de la enfermedad contagiosa que ordinariamente se contrae por el trato sexual”.

Sin embargo, debido a algunos prejuicios en contra de lo religioso (por venéreo se entiende inexplicablemente algo pecaminoso), en el argot de algunos sexólogos se ha dejado de lado este término para sustituirlo por el de “Enfermedades de Transmisión Sexual” o E.T.S.

1. El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es una enfermedad progresiva y mortal y, por ahora, incurable.

Esta patología provoca la inoperancia de los sistemas inmunitarios del organismo y así la persona afectada se vuelve muy susceptible a todo tipo de infecciones, las cuales adquieren en él una inusitada gravedad. Dicho de otro modo, el paciente, al perder las “defensas”, comienza a enfermarse de una gran cantidad de enfermedades. Al fin, alguna de ellas se hará tan grave que el paciente morirá. Se podría decir también que es la manifestación de un amplio grupo de enfermedades que se producen como resultado del ataque del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Este virus afecta gravemente al sistema inmune que es el que defiende al organismo de agentes extraños y, como consecuencia, se favorece el desarrollo de serias infecciones, algunos tipos de tumores malignos (cáncer) y otras manifestaciones que tienen como resultado final el deceso del paciente.

2. La sífilis es una enfermedad infecciosa, generalizada desde su comienzo, que se trasmite por medio de la piel o de las mucosas, y que es capaz de afectar a cualquier órgano o estructura corporales. La sífilis es una de las más graves enfermedades de este grupo.

3. La gonorrea o blenorragia es infecciosa y por lo general afecta a los conductos genitales y, en casos más raros, a la faringe o al recto. Está causada por la bacteria Neisseria Gonorrhoeæ o gonococo, y se contagia casi exclusivamente por medio de la cópula sexual con una persona infectada.

4. Una de las enfermedades que ha ido en aumento en los últimos días es el Herpes Simple, infección crónica de las mucosas genitales, que consiste en la formación de pequeñas vesículas que suelen agruparse en forma de ramillete. El virus que la produce -del mismo nombre de la enfermedad- es el tipo 2. Desafortunadamente hoy no hay tratamiento realmente eficaz, de manera que sólo pueden combatirse los síntomas y prevenir la sobreinfección.

5. Las infecciones de las vías genitales por hongos, que suelen ser causadas por Cándida Albicans, se conocen con el nombre de Candidiasis Genital, y son cada día más frecuentes sobretodo en mujeres. Suelen producirse por contacto genital, pero también pueden proceder del intestino.

Otras enfermedades de menor incidencia son: tricomoniasis, balanopostitis y balanitis, proctitis, chancroide, linfogranuloma venéreo, granuloma inguinal, verrugas genitales y otras infecciones inespecíficas.

Si se tiene en cuenta que todas estas enfermedades provienen principalmente de contactos genitales, más de un joven se cuidará, antes de iniciar una relación de este tipo con su pareja.

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Las campañas de prevención

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 31, 2009

La Organización Mundial de la Salud (OMS) parece ser el organismo al que menos se le da publicidad: aun a pesar de que alerta constantemente sobre la incidencia cada vez mayor de sida en todos los países, son pocos los artículos referentes al tema, tanto en la prensa escrita como en la televisión.

Efectivamente, la OMS ha resumido los reportes de todas las entidades encargadas de la salud en el ámbito mundial al afirmar que ya son cerca de cuarenta y dos millones de seres humanos con el virus del sida (VIH) en su organismo. De estos, se cree que un poco más de seis millones ya han desarrollado la enfermedad.

Ante esta perspectiva, la información se ha enviado a los ministerios de salud de varios países, muchos de los cuales han emprendido campañas para detener esa pandemia (esta palabra significa enfermedad epidémica que se extiende a muchos países).

Las múltiples propagandas para lograr que los colombianos usemos técnicas de prevención: a los heterosexuales que tienen relaciones con varias personas se les trata de inducir a usar el condón, a quienes tienen relaciones homosexuales o bisexuales también se les recomienda el preservativo, a los casados se les persuade para que tengan una pareja estable…

En esa miscelánea campaña se nota un respeto infinito al comportamiento sexual y genital de los seres humanos: no importa que haya o no relaciones homo, bi o heterosexuales, etcétera. Lo único que importa es que se detenga el llamado flagelo del siglo XXI.

Pero las estadísticas de muchos organismos encargados de la salubridad (nacionales e internacionales) asombran a los investigadores: continuamente se muestra que el uso del preservativo es mínimo entre la población sexualmente activa.

Se aducen argumentos como el de que es un procedimiento incómodo, poco satisfactorio y poco útil: algunos han demostrado que los poros del condón permiten el paso del virus, que es realmente muy pequeño: 500 veces más que un espermatozoide, que se sabe que se cuela a través de esos poros.

Pero, más que eso, resulta obvio deducir que el procedimiento no es natural, que deja de lado uno de los ingredientes indispensables del amor humano: que la entrega carnal está indefectiblemente unida a la psicológica y a la espiritual. Quien ama lo hace a través de lo biológico, a través de los sentimientos y a través del espíritu. De otro modo, la relación deja de ser humana para reducirse a un acto de mutuas complacencias biológicas, en las que se hace evidente el utilitarismo recíproco y que, por lo tanto, no es amor.

Y eso es lo que muestran los medios de comunicación: actitudes típicas de relaciones exentas de amor verdadero.

El reiterado “sexo seguro” deja entonces una confusión de la que es difícil salir, especialmente a los adolescentes, siempre en proceso de maduración.

¿Quién podrá negar, por tanto, que parte de ese rechazo a las campañas nazca de la conciencia cierta de que esta tarea gubernamental está encaminada a las relaciones puramente biológicas, esto es, a las de un animal? Evidentemente no son apropiadas para los seres humanos.

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Los medios, ¿unos idiotas útiles?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 3, 2009

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del Sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que los medios de comunicación social, en el mundo, están siendo manipulados por los productores de condones, ya que olvidan de los dos primeros puntos cuando erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

-“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, ha de tenerse en cuenta la información recopilada por el doctor Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de julio–septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%. Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El doctor Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre sida, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%).

Debe tenerse en cuenta que sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos. Sin embargo, las noticias que más se “venden” son las que informan sobre estos lamentables hechos.

Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89, R 19, del 28 de enero de 1992.)

Se están creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y se está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión y otros medios de comunicación, propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Casi todos los medios de comunicación se han convertido, en lo que se refiere a estos aspectos, en una lluvia de proyectiles que llegan a los ojos y oídos de los jóvenes todavía en proceso formación, penetran en su alma y en su cuerpo e incitan a colocar en grado sumo el valor de la sensualidad y del goce eminentemente biológico o, cuando más, humedecido por lo psicológico. Con sus hormonas despertando su atracción hacia el otro sexo, condición propia de la pubertad y de la adolescencia, en medio de un mundo nuevo para ellos y, por tanto, desconocido, más vulnerables a cualquier estímulo, sentirán una fuerte atracción hacia lo genital propiamente dicho haciendo abstracción de los otros planos en los que la vida del hombre se mueve normalmente, fomentando así la tendencia a esclavizarse con las pasiones hasta llegar a afirmar que son necesidades orgánicas. En estas condiciones será muy fácil el florecimiento del machismo.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de propagandas de prensa escrita y de televisión, (máxime si tienen el aval del Ministerio de Protección Social o de Salud) leída, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestara afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

  

 

 

 

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El uso del condón y el sida

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 1, 2009

 

Las palabras del descubridor del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y presidente de la Fundación Mundial de Investigación y Prevención del sida, Luc Montagner, en el marco del seminario “El niño y el futuro de la sociedad”, acerca de los tres métodos para la prevención del sida: 1. La fidelidad conyugal, 2. la abstinencia sexual de los solteros y 3. el uso del preservativo, hacen pensar que las políticas gubernamentales, en Colombia, quieren olvidar los dos primeros puntos, ya que, sistemáticamente erigen al preservativo como la panacea de la prevención del sida:

“Si decides tener relaciones sexuales, usa siempre condón.”

Llama la atención que en el Centro de Enfermedades de Atlanta se expresaron en ese sentido diciendo que el preservativo “puede reducir, pero no eliminar el riesgo” (Morbidity and Mortality Weekly Report, 1987). Además, expertos suizos, como los doctores Scheriner y April, en 1990, se refieren al tema diciendo: “no hay pruebas rigurosas de que [el preservativo] sea eficaz […] es una peligrosa ilusión”.

Aunado a estos aspectos, debe tenerse en cuenta la información recopilada por el doctor Aquilino Polaino–Lorente, catedrático de medicina, quien, en la edición de julio–septiembre de 1992 de la revista española Atlántida, afirma que los preservativos, como anticonceptivos, tienen un fracaso que oscila entre el 5% y el 20%.

Entre sus diversas causas se ha establecido que el tamaño del espermatozoide representa  un papel muy importante, ya que puede atravesar los poros del condón de látex. El doctor Sgreccia, en sus Actas de la IV Conferencia Internacional sobre Sida, llama la atención sobre el hecho de que la partícula del VIH es 500 veces menor que el espermatozoide, lo cual hace más fácil su filtración y aumenta el porcentaje de transmisión.

Esto sucede porque en las relaciones sexuales el trauma sobre las mucosas es muy grande: después de cada acto sexual, en la mucosa del pene y en la de la vagina se presentan múltiples erosiones o excoriaciones, producto del fuerte roce o trauma normal, facilitando así el ingreso del virus al torrente circulatorio y, por lo tanto, de adquirir la infección.

Si se considera que las mucosas del ano y del recto están completamente exentas de un moco capaz de lubricar, tal como lo hace la vagina en el coito, se deducirá que el porcentaje de excoriaciones es mucho mayor en las relaciones homosexuales entre hombres, o en las de pareja, cuando la relación es anal.

Completamente desatinado es creer que aquellos condones que tienen glicerina van a suplir en su función lubricante a la vagina, pues ésta lo hace durante todo el coito, mientras que la glicerina está destinada a lograr únicamente más facilidad de penetración al inicio de la relación.

Para erradicar el sida o, por lo menos, para disminuir el número de infecciones y de enfermos la clave está en modificar esos comportamientos y no tanto en marginar —injusta y estúpidamente— a los grupos en que es mayor la probabilidad de que aparezca la enfermedad: homosexualidad o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (43% de los afectados), promiscuidad heterosexual o relaciones sexuales con diferentes personas del sexo opuesto (28%), bisexualidad o relaciones sexuales con seres del otro y del mismo sexo (22%). (Sólo el 0,8% de los casos están asociados a transfusiones sanguíneas y otros contagios a través de instrumentos).

Por eso, “La Organización Mundial de la Salud quiere que se sepa que sólo la abstinencia sexual o la absoluta fidelidad eliminan el riesgo de infección” (EB 89). (R 19, del 28 de enero de 1992.)

 

El gobierno está creando ilusiones vanas y falsas en un “sexo seguro” y está estimulando la promiscuidad sexual de jóvenes que, incautos, están observando por la televisión propagandas para promover el uso del condón, con lo cual, reciben la verdad incompleta —y peligrosa—, violándose así el legítimo derecho del ciudadano a saber la verdad sin recortes, principalmente cuanto se refiere a su salud.

Por otra parte, el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos dentro de sus principios está siendo truncado, pues nadie puede negar la influencia de una propaganda de televisión, máxime si tiene el aval del Ministerio de Salud, vista y oída por niños y adolescentes en proceso de maduración; de hecho, muchos de esos padres pueden considerar que esa información no está encaminada a enriquecer su dignidad como hombres.

Y también en el ámbito de los derechos de los ciudadanos, ha de pensarse en el orden social y en la salud pública. La “seguridad” que dicen ofrecer los preservativos disparará la actividad sexual de homosexuales, de heterosexuales y de bisexuales a niveles donde el porcentaje de infección -obviamente- crecerá proporcionalmente: no es lo mismo el porcentaje de sida de un número bajo de relaciones sexuales que el de uno alto que provenga, especialmente, de la promiscuidad.

El incremento de esas conductas arriesgadas irá -paradójicamente- en contra de la finalidad de toda política gubernamental que pretenda disminuir la incidencia de la infección.

Esa es la explicación para que de los 800 sexólogos presentes en el Congreso Mundial de Sexología, que tuvo lugar recientemente en Heidelberg, Alemania, ni un solo experto contestara afirmativamente cuando se les preguntó si tendrían relaciones sexuales con algún enfermo de sida o con un VIH positivo, utilizando un preservativo.

 

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

 

 

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