Saber vivir

Blog de Mauricio Rubiano Carreño

Trastorno afectivo bipolar

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en abril 5, 2014

¿Qué es el trastorno bipolar?

Este es el título del libro del Dr. Eduard Vieta*, psiquiatra del Hospital Clinic, de la Universidad de Barcelona, Francesc Colom y Anabel Martínez-Arán.

En él, los autores lo definen así (p. 7):

“La enfermedad bipolar consiste en una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, de forma que los cambios habituales que experimenta cualquier persona en su tono vital se acentúan hasta un punto que puede llegar a requerir hospitalización.”

Esto quiere decir que las variaciones en el estado de ánimo que no llegan a esos niveles deben considerarse normales, que es lo que le ocurre a todo ser humano en su vida cotidiana: episodios de mayor o menor depresión y también episodios de mayor o menor manía, que hay que saber manejar, como lo hace la mayoría de los seres humanos.

Pero hoy se hacen muchos de diagnósticos de enfermedad bipolar en personas (no se deben llamarlos pacientes, pues no padecen enfermedad alguna) normales.

Lo que preocupa es que, una vez que un psiquiatra o psicólogo le dice a esas personas que padecen (convirtiéndolos así en pacientes) de trastorno afectivo bipolar o enfermedad bipolar, se sienten marcadas con ese calificativo, y desde entonces comienzan a autoevaluar constantemente sus comportamientos, para descubrir cuáles son característicos de esa enfermedad, autoinduciéndose así a concentrar la mente en sí mismos y en el “problema” que tienen (!?).

Obviamente, este egocentrismo genera en ellos un incremento de los síntomas, seguido de una sensación de autocompasión y también del deseo de producir compasión en quienes viven a su alrededor, máxime cuando el psiquiatra les dice a los familiares que el “paciente” sufre de esa enfermedad y que hay que cooperar en su tratamiento, como lo hace el libro del Dr. Vieta.

En cambio, cuando a la persona se le informa que su condición es la normal del ser humano y se le dan los medios para implantar en ellos las virtudes de las que carecen, el resultado es muy positivo: muchos de ellos empiezan a concentrar su vida en servir a los demás (haciendo a un lado la autocompasión y olvidándose de ese enfermizo interés en que los demás se ocupen de ellos), dejan los medicamentos y comienzan a vivir una vida normal, con sus luchas, sus triunfos y sus fracasos —que asumen con madurez—, aceptando vivir en adelante unas etapas de bienestar y optimismo y otras de malestar y pesimismo, como nos ocurre a todos.

Por eso, es utópico aspirar a que todos lleguen a una estabilidad anímica total, porque lo normal es esa variabilidad en el ánimo, más acentuada en las mujeres por sus cambios hormonales.

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*  El Profesor Eduard Vieta en la actualidad es profesor titular de Psiquiatría por la Universitad de Barcelona y Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Clinic de Barcelona, donde ejerce como médico consultor y director del Programa de Trastornos Bipolares. Dicho Programa es uno de los líderes mundiales en investigación clínica en trastorno bipolar y está financiado a través de proyectos competitivos por el Instituto de Salud Carlos III, el 7º Programa Marco de la Unión Europea, y el Stanley Medical Research Institute de Estados Unidos. El Dr. Vieta es también investigador del Institut dInvestigacions Biomèdiques August Pii Sunyer (IDIBAPS) y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM).

A lo largo de su vida profesional ha publicado más de 400 artículos originales en revistas internacionales, más de 200 capítulos de libros y 25 libros completos sobre trastorno bipolar, tanto puramente científicos como divulgativos. También forma parte del comité editorial de numerosas revistas científicas y ha recibido los premios internacionales Aristóteles y Mogens Schou a la excelencia investigadora por su trayectoria científica y el premio 2011 del Colegio de Médicos de Cataluña y Baleares (COMB) a la Excelencia profesional.

Ha sido asesor de la presidencia europea en investigación en neurociencia y profesor invitado de la Universidad de Harvard, Estados Unidos.

 

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¿Por quién votar?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en marzo 9, 2014

 

He aquí los criterios que debe seguir un buen ciudadano para elegir a sus gobernantes y representantes.

La obligación de quien vive y cree en una democracia es analizar la vida y propuestas de cada uno de los candidatos, la fidelidad a sus principios, su honestidad y su moralidad.

El ciudadano no debe permitir con su voto (o al no votar) que sea elegido un candidato que no procure el bien común (imponiendo, por ejemplo, políticas que favorecen solo a unos pocos), que viole los derechos fundamentales particulares (por ejemplo, que imponga a los padres una educación contraria a sus creencias…) o que está en contra de la ley natural (por ejemplo, uno que propicie el aborto, el matrimonio de homosexuales, la tenencia de hijos por parte de parejas homosexuales, etc.), pues se dañaría la entraña misma de la vida y la dignidad humana.

Además, en algunas ocasiones, el ciudadano debe usar la estrategia de votar no por el de su preferencia —si sabe que de todos modos no ganará—, sino por el que entre los posibles ganadores dañaría menos al país…

En resumen: hay que usar criterios morales, procurando al máximo que tanto el bien común como el particular ganen, y usando la sagacidad.

 

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Dar la vida por…

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en marzo 1, 2014

Hay quienes dan la vida por un ideal: Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jesucristo y muchos más fueron asesinados por defender sus metas.

Otros dan la vida, gota a gota, día a día, gastándola por una causa. Y la mayoría de ellos ha logrado sus sueños.

¿Y tú? ¿Por qué luchas? ¿Cuál ideal da sentido a tu existencia? ¿Para qué te levantas todos los días?

¿Acaso eres de los que responden: “Es que tengo que ir a trabajar” o: “a estudiar”?

Quizá no tengas ideales…

Entonces déjame preguntarte: ¿Qué impulsa tus actos? ¿Qué te mueve a trabajar? ¿Qué deseas en esta vida?

Existen seres humanos que lo único que quieren es no sufrir; pasan sus días tratando de evitar el dolor, los sufrimientos, las penas, los sinsabores… ¡Y jamás lo logran! ¿Sabes por qué? Porque en la vida humana, además de los gozos, siempre habrá sufrimientos.

Es que, con respecto a este tema, hay sólo dos opciones: trabajar sin miedo al sufrimiento ni a la muerte por conseguir un ideal o sufrir estúpidamente.

Recuerda la época de Alejandro Magno: la mayoría de sus coetáneos vivían para la gloria, luchaban por la fama, se sometían a cualquier sufrimiento por quedar como héroes, como los más valientes; arriesgaban su vida por ello y, si morían en el intento, se daban por bien pagados: su historia había quedado como un ejemplo para la posteridad…

Eso mismo —con connotaciones distintas— veíamos en las películas de vaqueros del oeste estadounidense: ¡Cuántas veces los oímos exclamar: “Es mejor morir como un valiente que vivir como un cobarde”!

La gloria ante los hombres. Algunos encuentran en esto una razón para vivir. Pero, dime: ¿Vale la pena vivir por eso?, ¿morir por eso?

Te lo digo porque hoy hay muchos y muchas que arriesgan su vida y se someten a toda clase de sacrificios por obtener una buena imagen: lo que no hacen por un gran ideal sí son capaces de hacerlo por ser delgadas y esbeltas —ellas— o ellos, por tener gran musculatura: ¡cuántas dietas y cirugías!, ¡cuántas horas pasan en el gimnasio!… Y la mayoría terminan igual que los demás: viejos, arrugados, olvidadizos (cuando no con alzheimer), encorvados, arrastrando los pies, dependientes… Eso no es gloria; ¡Es vanagloria!: gloria vana.

Lo mismo pasa con quienes intentan alcanzar la dicha con la fama, las alabanzas, los elogios, el prestigio… Buscan la popularidad, la reputación, el crédito, los honores… Compiten por premios, homenajes, distinciones, diplomas, estatuillas…; y persiguen todas estas cosas con ahínco, como si necesitaran el reconocimiento de los demás… Aquí no solo hay gloria vana sino también esclavitud.

Esclavitud parecida a la de aquellos que viven solo para el placer o el tener…

Otros, en cambio, han puesto sus talentos al servicio de la humanidad.

Te lo pregunto de nuevo: ¿Qué motiva tu vida? ¿Por cuál ideal estás dispuesto a sufrir?, ¿a morir?

El ideal que te motive le dará el valor a tu existencia. En otras palabras: tu valor como ser humano lo define aquello por lo que eres capaz de dar la vida.

Busca, pues, ese ideal. Pronto.

Y comienza a vivirlo. ¡Comienza a vivir!

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La enfermedad del III milenio

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en febrero 16, 2014

 

¿Tiene la vida algún sentido? ¿Por qué existe la enfermedad? ¿Qué explicación hay para el sufrimiento humano? ¿Por qué nacen algunos en hogares ricos y otros son tan pobres? ¿Dónde se encuentra la felicidad auténtica? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Existe Dios? ¿Existe la suerte… o el destino? ¿Por qué sufrimos estrés? ¿En qué consiste el amor?…

Por supuesto: hay muchas preguntas más. Pero la más importante es: ¿Puede ser feliz un ser humano sin resolver estas inquietudes?

Y tú, ¿ya contestaste estas y tantas preguntas que nacen durante la adolescencia? ¿O las muchas ocupaciones de la vida —estudios, trabajo, amistades, noviazgo, matrimonio, cónyuge, hijos, etc.—, hicieron que te olvidaras de buscar el sentido de tu existencia?

Tal vez lo que hiciste fue elegir creer en lo que subjetivamente te pareció más factible, sin el menor estudio… Así decidiste en qué dios creer, qué te puede dar más felicidad, qué es lo correcto, con quién casarte, si tener hijos o no, qué estudiar, etc.

Y quizá las circunstancias, sin preguntarte siquiera, dispusieron en qué empresa debías trabajar, cuánto ganar, dónde vivir, con quién…

Efectivamente, ahora que comenzó el tercer milenio, los seres humanos —que llevan cerca de doscientos mil años sobre la tierra— nunca habían vivido más inconscientes:

No solamente ignoran su esencia sino que toman las decisiones más importantes de su vida sin criterios seguros, obviamente porque una cosa lleva a la otra: si ni siquiera sé quién soy, qué soy, ¿cómo voy a saber lo que me hará feliz? Si no conozco mi dignidad, mi valor como ser humano, ¿cómo voy a dimensionar si los actos que realizo me procurarán el verdadero bienestar?

Y lo que es peor: al no tener una norma objetiva para la toma de decisiones, la mayoría de los habitantes de este globo terráqueo usan el primer criterio subjetivo que les viene a la mente:

  • unos se entregan por completo a divertirse y procurarse los mayores placeres, reduciéndose así a una especie de máquinas de autocomplacencia;

  • otros dedican todos su esfuerzos a ganar dinero y poder, esclavizados por el deseo de tener, en el que fundamentan todas sus seguridades, sin pensar siquiera qué harán cuando les llegue a faltar;

  • algunos encaminan sus vidas a sobresalir en el campo profesional, a lucirse en cualquier arte o con la apariencia, pensado así atraer las miradas y la admiración de los demás, demostrando con esto lo vacíos que se sienten por dentro;

  • hay quienes a lo único que aspiran es a no padecer dolores y sufrimientos, convirtiéndose así en seres pusilánimes (incapaces de emprender cualquier ideal), cobardes y apocados, siempre tristes…

Y son todos estos quienes deciden casarse por infinidad de razones distintas al amor auténtico, único criterio que asegura la felicidad conyugal perenne; y también de estos grupos es de donde salen esas personas que eligen la vida religiosa o sacerdotal por capricho, para esconderse, por seguridad económica, comodidad…, por cualquier razón diferente al amor a Dios…

No tienen ideales algunos, fuera de sus mezquinos egoísmos.

Son los que uno les pregunta por qué salen a estudiar o a trabajar, y contestan un par de palabras que denotan su esclavitud, su falta de libertad: “Porque toca”.

Suelen ser mediocres en sus vidas, en sus labores, en sus relaciones… ¡Ni siquiera se les ocurre dejar un legado en este mundo!…

No parecen seres humanos vivos, parecen zombis (muertos que parecen vivos), porque en realidad no están vivos: vivir es tener una razón para hacerlo; sobrevivir es apenas mantenerse vivo. Los animales, por ejemplo, simplemente sobreviven.

Para agravar su desgracia, precisamente porque no perciben el gran valor que tienen como personas humanas, piensan y actúan en contra de su propia naturaleza, de su propia dignidad:

  • usan la sexualidad, no para donarse y enriquecerse mutuamente y abiertos a la procreación como expresión natural del amor verdadero, sino para usarse el uno al otro en un utilitarismo degradante, que hace del otro un simple objeto de placer sexual, no una persona con valores y sentimientos que desea ser respetada y amada, facilitando la promiscuidad vil, cada vez más pare3cida a la conducta animal;

  • con este mismo criterio sobre la vida sexual, inducen a la infidelidad, que cae sobre el otro, con toda su carga de frustración y dolor, y que deja secuelas psicológicas graves en sus hijos, casi imposibles de superar sin ayuda profesional especializada (se llegan a propiciar, como si fueran naturales, orgías sexuales en las que mezclan los cónyuges de dos o más parejas);

  • defienden la idea de que la homosexualidad es simplemente una opción —a pesar de ser antifisiológica y contraria a la anatomía natural—, y hasta exigen el “derecho” de las parejas homosexuales a adoptar hijos, olvidándose del natural derecho del niño a tener un padre y una madre;

  • llegan a defender el homicidio de personas humanas en el vientre materno, sin tener en cuenta los conocimientos científicos —genéticos y embriológicos— que demuestran lo que el sentido común ya sabía: que la vida comienza con la concepción y que, por ser humana, merece el mismo respeto que la de un adulto…

Se podría seguir indefinidamente mostrando qué tan ruin puede llegar a ser el individuo por este camino.

En fin, basados en la falacia de que “todo lo moderno es mejor”, promueven todos esos errores contrarios a su propia esencia, como si fueran aciertos, sin darse cuenta que jamás los llevarán —ni a ellos ni a quienes intentan persuadir— por los caminos de la felicidad, pues tanto cuando se vulnera el derecho a la vida como cuando se viola la entraña misma de su dignidad, aparecen tal corrupción y tal perversión, que la vida se deshumaniza y esclaviza.

En cambio, quienes son coherentes, es decir, quienes saben que sus actos no deben ir en contra de su propia naturaleza, se esfuerzan en conocer esa naturaleza profundamente y ejecutan cada una de sus acciones en concordancia con ella.

Con esta libertad de pensamiento y de acción (ya no se dejan guiar por el error), sin permitir que el acaso o las circunstancias decidan por ellos, eligen acertadamente entre las diferentes opciones y descubren que hay una razón para su existencia en este mundo, que tienen una misión y que cumpliéndola se realizarán como verdaderos seres humanos, dirigiendo sus vidas hacia la auténtica felicidad.

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¿Hay vida en otros planetas?*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 2, 2013

Universo

¿Estamos solos en el Universo?

En este video se muestra lo que dice la ciencia al respecto:

https://www.youtube.com/watch?v=_Yv57I7dOcA

 

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Alka–Seltzer ®, la mejor aspirina del mundo

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en octubre 4, 2013

La combinación de 1.976 mg. de bicarbonato de sodio, 1 g. de ácido cítrico y de 324 mg. de aspirina es ahora el medicamento de elección en la acidez estomacal. Pero pocos conocen la historia de su nacimiento.

El principal y más conocido problema de la aspirina es que produce irritación gástrica, especialmente en pacientes que tienen gastritis, úlceras gástricas, etc.: su fórmula química es ácido acetil salicílico y, como ácido, puede llegar a herir las paredes internas del estómago (aunque también irrita al intestino).

Por eso se fabricó el Ecotrín ® una aspirina con cubierta entérica, una cápsula que impide que se absorba en el estómago, y pase al intestino completa. Allí, esta cápsula se disuelve y el contenido sale para ser absorbida. Desafortunadamente en el intestino no hay acidez suficiente para que se absorba en suficiente cantidad: por eso sería necesario que el paciente ingiriera 2 o más cápsulas, lo que haría aumentar las posibilidades de úlceras en el intestino.

Una alternativa que salió después al mercado fue el Bufferin ®, aspirina a la que se adicionaron sustancias alcalinas (hidróxido de magnesio, de aluminio…) para que la acidez de la aspirina se disminuyera; pero, infortunadamente, la cantidad de alcalinizantes no fue suficiente: los estudios mostraron irritación gástrica y duodenal persistentes.

En cambio, con el nombre de Alka–Seltzer ®, los 324 mg. de aspirina disueltos en 1.976 mg. de bicarbonato de sodio, para contrarrestar el famoso “guayabo” posterior a una noche de tragos (mejor llamado resaca) fue el mayor acierto: esa cantidad de bicarbonato de sodio sí es capaz de alcalinizar el medio ambiente estomacal y evitar mucha de la acidez de la aspirina. Además, como es imperante disolverlo en agua, la irritación es menor, especialmente si se lo hace en agua tibia.

Aquí cabe destacar que el acetaminofén, aunque no causa acidez, no tiene eficacia como antiinflamatorio, y que, por lo tanto, es menos útil en los dolores de carácter inflamatorio (que son casi todos).

Pero surgen 2 problemas con el uso del Alka–Seltzer ®: primero, si el medicamento se administra frecuentemente, el sodio orgánico se incrementa y pueden surgir problemas de equilibrio ácido–base; y segundo, es necesario evitar su uso en quienes está contraindicado, pues agravaría su estado o les produciría problemas adicionales:

  1. Pacientes menores de 12 años que puedan tener influenza tipo B (gripe).
  2. Pacientes que estén tomando anticoagulantes orales.
  3. Pacientes que estén ingiriendo hipoglicemiantes orales.
  4. Pacientes con trastornos de la coagulación: hemofilia, enfermedad de Von Willebrand, recuento plaquetario bajo, etc.
  5. Pacientes con gota, especialmente los tratados con medicamentos uricosúricos.
  6. Pacientes con diarrea presente.
  7. Pacientes con acidez estomacal, gastritis o úlcera.
  8. Pacientes con hipersensibilidad (alérgicos) a cualquier AINE (antiinflamatorio no esteroideo)
  9. Pacientes con insuficiencia renal

Es, por tanto, se suma importancia, evitar el uso del Alka–Seltzer ® como analgésico en estos pacientes, y reemplazarlo por la segunda opción: el acetaminofén, obviamente cuando este no esté contraindicado. Esto tiene también validez en los otros preparados que son o contienen aspirina: Asawín ®, Aspirina ®, Duofilm ®, Ecotrín ®, Plaquesyn ®, Rhonal ®, Rhonalito ®, Asasantín 50 ®, Aspirina efervescente ®, Benorilato MK ®, Dristán 3 ®, Dristancito ®, Neurosán ®, Percodán compuesto ® y Robaxisal ®, etc.

Como antiácido en las resacas y en la sensación de llenura es también útil, aunque podría usarse el bicarbonato de sodio puro en su reemplazo, especialmente cuando la aspirina está contraindicada.

Por último, debe hacerse énfasis en que el Alka–Seltzer ® nunca se debe administrar por períodos largos (mayores a 3 o 4 días).

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El ácido mefenámico: desechado desde hace tiempo, se vende libremente en los países latinoamericanos

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 8, 2013

El ácido mefenámico (Ponstan 500 ®, Drugfenam ®, Ácido Mefenámico La Santé ®, Ácido Mefenámico MK ®) es un antiinflamatorio, antipirético y antiinflamatorio no esteroideo que ha sido de mucha utilización en el mundo entero.

En analgesia, se ha descrito su utilidad para dolores leves y moderados.

Sin embargo, son muchos los artículos que demuestran que este medicamento debía ser sacado del mercado desde hace mucho tiempo. A continuación se extractan varios párrafos del artículo: Por América del Norte con el ácido mefenámico, The medical letter (Carta Médica), vol. 20, Nº 23, ejemplar 518, 17 de noviembre de 1978:

“En 1972, una evaluación del analgésico oral ácido mefenámico por La Carta Médica puso de relieve la impresionante larga lista de efectos adversos y la falta de pruebas de que dicho fármaco sea superior a otros analgésicos moderados como la aspirina o el acetaminofeno. La Carta Médica concluyó ese año que el ácido mefenámico no se debía prescribir, dado que, según el fabricante no se podía administra sin peligro [...]”

“Entre las reacciones adversas figuran diarrea, que tal vez sea grave, y se asocia con inflamación de los intestinos o hemorragia… Es posible que ocurra anemia hemolítica autoinmune grave en enfermos a quienes se administre el medicamento [...]”

“También se ha comunicado leucopenia, eosinofilia, púrpura trombocitopénica, agranulocitosis, pancitopenia e hipoplasia de la médula ósea [...]”

“Se ha descrito la diarrea en enfermos con una sensibilidad especial [...]”.

Hoy, después de más de veinticinco años, no ha vuelto a salir publicado ningún otro artículo alusivo al tema en La Carta Médica,  con lo que los médicos deben deducir que el tema ya ha concluido con la frase: no se debe prescribir. Eso sucedía en 1978.

Por todas esas razones los países industrializados (EUA, Europa occidental, Japón…) decidieron reservar su uso a pacientes muy especiales, y para eso obligaron a colocar el rótulo: “Para prescripción médica únicamente”. Esta política restrictiva se ha intentado implantar en países como Colombia, pero ha sido imposible cambiar el concepto que tienen los médicos al respecto, ya que siguen prescribiéndolo indiscriminadamente con la terrible consecuencia de incrementar los índices de las patologías descritas más arriba y que no oculta el Diccionario de especialidades farmacéuticas:

Sistema hematopoyético: anemia hemolítica autoinmune severa, leucopenia, eosinofilia, púrpura trombocitopénica, agranulocitosis, pancitopenia e hipoplasia medular marcada.

Sistema nervioso: somnolencia, vértigo, nerviosismo, cefalea, visión borrosa e insomnio.

Sistema gastrointestinal: náuseas, molestias gastrointestinales, vómito, flatulencia y diarrea que puede ser severa y encontrarse en ocasiones asociada a inflamación y hemorragia intestinal.

Piel: urticaria, eritema y edema facial.

Sistema urinario: toxicidad renal, disura y hematuria.

Otros: irritación ocular, otalgia, sudoración leve, toxicidad hepática, palpitaciones, disnea y pérdida de la visión del color (reversible).

Es indispensable que se revise la existencia y la utilización de este y de otros medicamentos (también de efectos adversos graves) en la práctica, para optar por fármacos que, aunque también tengan sus contraindicaciones y sus efectos colaterales, sean menos nocivos.

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No ponga colocar: coloque poner…*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en agosto 3, 2013

 

Últimamente, y de manera reiterada, notamos en los diferentes medios de comunicación un infundado temor a utilizar el correctísimo verbo poner y en su lugar apelar al verbo colocar, creando frases verdaderamente cómicas.

 

Y sus defensores, tal vez por ignorancia, utilizan argumentos traídos de los cabellos como “las únicas que ponen son las gallinas”. La siguiente es una antología donde el verbo colocar ha desplazado artera e incorrectamente al verbo poner. Casi todas proceden de medios de comunicación:

 

“Me coloca al borde de la quiebra”

“A la bebé la colocaron Valentina”

“Eso me colocó a pensar”

“Ella se colocó brava”

“La debo colocar en práctica”

“Esta tarjeta es para que no le coloquen problemas al entrar”

“Me colocó en ridículo”

“Voy a colocar la queja”

“Esas cosas me colocan nervioso”

“No pude asistir, porque mi mamá se colocó enferma”

 

La lista podría hacerse interminable (“me coloqué rojo”, “colocamos mucha atención”, etc.), porque los hispanohablantes ingenuos han creído que es mucho más elegante el empleo de colocar que el de poner.

 

Parte del encanto de una lengua son sus matices. Colocar es un matiz de poner, así como guisar es una precisión de cocinar. Por eso no son sinónimos, y a menudo es una barbaridad sustituir poner por colocar.

 

En su acepción más amplia, según don Rufino J Cuervo, colocar es “poner en el lugar debido”. La Real Academia dice algo semejante. Así, pues, colocar no es simplemente poner, sino poner donde corresponde. De manera que nadie se coloca colorado, ni enfermo. En cambio, aquella lamparita hay que colocarla en la mesa roja, porque en la verde se ve mal.

 

Otras dos acepciones específicas de colocar: 1) Invertir dinero, acciones o valores (“Coloqué plata al tres por ciento”). 2) Acomodar a una persona en un empleo (“Mi hermano se colocó en el Senado”). Como norma general, evite el uso de colocar y juéguesela con poner: hay menos posibilidades de meter las patas y ponerse colorado. Además, conviene hacerlo ya mismo, antes de que el virus contamine a toda la familia: “Hay que poscolocar la cita”, “No es bueno antecolocar los intereses personales a los de la patria”.

 

Y aquí pongo término a esta columna y coloco el punto final.

 

Anónimo

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En estado salvaje

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2013

Así se decía de los pueblos primitivos y también de cada individuo perteneciente a ellos: «Estos todavía se encuentran en estado salvaje».

¿Y por qué? Porque todavía no eran civilizados: no se les había elevado el nivel cultural: eran sociedades poco adelantadas; no se les había mejorado su formación ni —mucho menos— su comportamiento. Por eso se les decía también: pueblos incivilizados.

Estas personas, infortunadamente, existen todavía hoy, y no son pocos. En vez de regir su comportamiento con la razón, lo gobiernan con la fuerza bruta: indirectas, gritos, ofensas, golpes e, incuso, homicidios.

Por eso, se puede decir que hoy hay dos tipos de seres humanos: quienes guían su conducta con la inteligencia —los civilizados— y quienes se encuentran todavía en estado salvaje.

Lo peor es que así conforman dos grupos completamente aislados: a los individuos salvajes no se les puede argüir nada con la razón, no se puede apelar a su inteligencia para explicarles algo y, mucho menos, para llegar a un acuerdo en una discusión o cuando se presentan diferencias. Ellos simplemente no entienden razones.

Por esto, cuando atacan a alguien del otro grupo —a un hombre que se guía por la razón—, este se encuentra incapacitado para dirimir las diferencias con aquél. Efectivamente, los seres humanos racionales a menudo sienten que están entre salvajes; recuerdan quizá las muchas anécdotas de los conquistadores, cuando llegaban a esas zonas colmadas tanto de animales como de humanos salvajes, sin saber cómo actuar…

¿Cuándo desaparecerá esta brecha entre individuos de la misma especie, pero tan diferentes los unos de los otros?

¿Cuándo llegará el día en el que acabaremos con esa diferencia? ¿Cuándo se culturizará, como se dice ahora, a esa otra mitad de la humanidad?

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Dios ‘le’ bendiga

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en mayo 5, 2013

¿Cómo debe decirse? ¿«LO llamo después», «LA llamo después» o «LE llamo después»?

Muchos católicos optan por la tercera opción: «LES esperamos», «No LE pude llamar ayer», «¿Quién LE solicita?»… En vez de decir o escribir: «LOS esperamos», «No LO pude llamar ayer», «¿Quién LA solicita?»…

A veces hacen lo contrario: «Ella lo contó tal como sucedió, pero ellos no LA creyeron»(!?)…

Un ejemplo de esto se puede observar en el primer capítulo del Evangelio de san Lucas (versos 73-75), cuando Zacarías entona el cántico: «Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, LE sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días».

Según el párrafo, ¿a quién servimos libres de temor? A Dios, por supuesto; por eso sería mejor decir «LO sirvamos». De otro modo cabría la pregunta: «¿Qué LE servimos?» (¿Un vaso de vino? ¿Un plato de comida?…) Servir a Dios es servirLO; servirLE a Dios significa darLE algo servido.

Imaginémonos a un novio nariñense —quienes nunca se tutean— diciéndole a su amada: «Yo LE amo mucho» o, al revés: ella diciéndole a su futuro esposo: «Yo también LE quiero mucho»… Suena raro y artificioso.

Es usual que entre cristianos se despidan diciendo: «Que Dios LE bendiga». El aludido se puede preguntar: «¿Que Dios me bendiga qué: mis cosas, mi familia, mi trabajo…?».

Para evitar eso, es fácil decidir qué se debe decir o escribir: si hay una respuesta a un «Qué», debe decirse o escribirse: LE; si no hay opción de hacer una pregunta con la palabra «Qué», debe decirse o escribirse: LO o LA. Ejemplo: Si la frase fuera: «Que Dios LE bendiga su hogar», y el interlocutor no oyó el final de la frase, haría la pregunta: «¿Que me bendiga qué?» y la respuesta correspondiente sería: «Su hogar». Pero si la frase es: «Que Dios LO bendiga», no hay lugar a la pregunta, porque ya se sabe que se está deseando que Dios bendiga al interlocutor.

Llena está la Biblia de estas confusiones, como lo están los misales, leccionarios, libros de oraciones y millares de libros que tratan temas religiosos y, por consiguiente, también las palabras de numerosos sacerdotes y laicos que se han formado leyéndolos (no leyéndoLES).

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¿Medicina prepagada o EPS?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en abril 2, 2013

EPS: Entidad Promotora de Salud

Es la empresa que promueve los servicios de salud, como: Colsánitas, Compensar, Salud Colmena, Café–Salud, Instituto de Seguros Sociales, Coomeva, etc.

Por ser empresas, ningún usuario debería decir: «Yo tengo una EPS», a no ser que sea el dueño de esa empresa. Podría decir: «Soy beneficiario de una EPS», o mejor: «Estoy afiliado a una EPS».

POS: Plan Obligatorio de Salud

Es uno de los servicios que prestan las EPS, que todos los ciudadanos deben tener. Incluye todos los servicios de salud, sin excepción alguna (esas excepciones son llamadas frecuentemente «preexistencias»). Su costo es menor que el de los planes complementarios.

Los usuarios suelen confundir el POS —el plan al que están afiliados— con las EPS. En vez de decir: «Yo tengo una EPS», deberían decir: «Yo tengo un POS en tal EPS».

PAC: Plan de Atención Complementaria

Es otro de los servicios que prestan las EPS, adicional al POS, no obligatorio y de diferentes niveles de servicio. Estos planes sí tienen excepciones. Su costo es mayor que el POS.

Los usuarios suelen denominarlo: «Medicina prepagada» o, simplemente, «Prepagada», conceptos que se aplican tanto al POS como al PAC, pues ambos son servicios prepagados (pagados con anticipación).

IPS: Institución Prestadora de Servicio

Es la clínica, hospital, puesto de salud, centro de salud u otra institución a la que acude el usuario en busca del servicio de salud y donde es atendido. Sigue la política y órdenes de la EPS a la que pertenece.

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Un mundo mejor en el tráfico

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en marzo 10, 2013

 

Hay un mundo en el que la gente no pelea por un puesto en el tráfico, hay un mundo en el que los vehículos no se cierran el uno al otro, hay un mundo en el que los conductores no se echan el carro, no se agreden, no se insultan, no se pitan…, ni siquiera se miran feo…

Hay un mundo en el que los choferes viven en paz, sonríen, disfrutan conduciendo…

 

Ese mundo está dentro de usted: basta que le dé paso a cuatro nuevas conductas:

  1. Salga con el tiempo suficiente para no ir afanado

  2. No pite para regañar, sino únicamente para prevenir

  3. Trate de comprender hasta a los conductores más torpes

  4. Disfrute manejando: no piense tanto en sus «derechos», sino en el gusto de hacer el bien a los demás: darles el paso, tener paciencia, sonreír…

Recuerde que así disminuirá su estrés, prevendrá muchas enfermedades, dormirá más tranquilo y, lo que es mejor, estará construyendo un mundo mejor.

 

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Educación sexual en el uso de preservativos, ¿un auténtico beneficio?*

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en febrero 24, 2013

 

Se dice que la educación sexual que promueve el uso del preservativo es un beneficio, pues puede prevenir enfermedades de transmisión sexual y fomentar la tolerancia hacia prácticas homosexuales. ¿Es verdad?

En octubre de 2007, la Revista de Promoción Sanitaria de California reveló que los programas de educación sexual implementados en el 96% de las escuelas públicas de California, Estados Unidos, reflejan que en realidad ese tipo de “educación” fomenta la promiscuidad, o lo que es lo mismo: no funcionan. Así, 1,1 millón de chicos instruidos en el uso del condón contrajeron alguna enfermedad de transmisión sexual en 2005 (sífilis, clamidia, gonorrea, papiloma humano o sida). Según Chris Weinkopf, editor de Los Ángeles Daily News, estas cifras se deben a la prohibición legislativa que en California veta una educación sexual basada en la abstinencia.

La información de la Revista de Promoción Sanitaria de California está en sintonía con los datos que en marzo de 2008 dio a conocer el Centro de Control de Enfermedades y Prevención de Estados Unidos (CDCP). Según esta entidad, una de cada cuatro adolescentes porta enfermedades de transmisión sexual. En el informe la CDCP contempla la necesidad de una educación en la abstinencia como una prioridad pública urgente.

¿Y el elevado índice de contagios, por qué? Según la directora ejecutiva de la Asociación Nacional de Educación en la Abstinencia, Valerie Huber, “A los adolescentes se les enseña erradamente que el preservativo hace que las relaciones sean seguras. Cuando vemos que una de cada cuatro muchachas está infectada con alguna enfermedad de transmisión sexual, queda claro que la enseñanza basada en la anticoncepción que se aplica en el 75% de las escuelas de los Estados Unidos les está fallando a la gente joven”.

En España, durante el verano de 2009 fueron tema de escándalo y debate nacional los abusos y agresiones sexuales por parte de menores de edad. Ha sido fácil hallar una relación directa en la promoción, intencional o no, de la práctica sexual y su banalización desde temprana edad en la educación que se imparte en buena parte de las escuelas públicas.

Al respecto, el escritor Juan Manuel de Prada escribía en un artículo publicado en el diario ABC (27.07.2009): “Les reparten condones en las escuelas y les ponderan las delicias de la libertad sexual; a cambio les dicen que tales delicias sólo pueden alcanzarse si son plenamente consentidas por la otra parte. Pero esta barrera del ‘consentimiento’ se torna absolutamente ineficaz, porque previamente se ha desatado una fuerza arrolladora”.

Autor: Jorge Enrique Mújica

 

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Prevención y tratamiento de enfermedades

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en enero 23, 2013

 

Es muy frecuente que —especialmente quienes hemos sido formados en el campo científico— rechacemos los tratamientos naturales de las enfermedades y, todavía más, la prevención basada en esos criterios.

 

El doctor Alberto Martí, después de trabajar durante muchos años en hospitales en el área de la oncología (tratamiento del cáncer) pediátrica, viendo los escasos resultados y los efectos dañinos de los tratamientos de la medicina que practicaba, quiso investigar otras opciones. Viajó por muchos países estudiando estas terapias, que implementó luego en su práctica profesional, obteniendo una tasa muy alta de resultados positivos. Ahora dicta sus conferencias con estos mismos criterios a sus colegas y al público en general.

 

La mayoría de los que lo escuchamos descubrimos una nueva visión de la medicina (la que muchos criticábamos tantas veces sin conocimiento de causa), a la que le encontramos más sentido y que, sorprendentemente, es más fácil de llevar a cabo y mucho más económica para los pacientes.

 

Este es el enlace de una de sus conferencias, en un congreso médico organizado por la World Association for Cancer Research:

 

http://www.youtube.com/embed/R33xhKQWwtE

 

He aquí  un protocolo que se puede usar para prevenir —e incluso tratar— aquellas patologías (enfermedades o daños), cuya etiología (causa) no sea una infección (ocasionada por bacterias, virus, hongos o parásitos) o el trauma (golpes, accidentes, etc.). Helo aquí:

 

Una vez a la semana:

– Un baño de sal (2 kilos de sal disueltos en la tina o ir a baños termales), para hacer drenar los residuos ácidos (actúa como una diálisis percutánea)

– Un día en el que se come únicamente frutas y verduras, para facilitar la excreción de ácido úrico e hidratar sanamente el organismo

 

Cada 3 días:

– Una taza de té verde, para depurar los riñones (que son los que eliminan el ácido úrico)

– Una dosis de extracto de alcachofa (20 a 25 gotas) disuelta en medio vaso de agua, para depurar el hígado (que es el que elimina los ácidos grasos)

– Una infusión (como la del té) de tomillo, para depurar los pulmones (que son los que eliminan el CO2)

 

Diariamente:

–Tomar una cucharadita de bicarbonato de sodio en un poco menos de medio vaso de agua, para alcalinizar el organismo

– Hacer ejercicio, para oxigenar las células

 

Siempre:

– Disminuir el consumo de sal

– Evitar la ingesta de alimentos no naturales (evitar, sobre todo, los preservativos: enlatados, frascos, etc.)

 

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Maniatados por la Ley

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 4, 2012

Un ciudadano recibe una llamada de un negocio de compraventas de vehículos en la que le informan que le tienen un cliente para el automóvil que está vendiendo. Cuando llega al lugar, le dicen que la empresa está registrada en la Cámara de Comercio de Bogotá y, para demostrárselo, le dan la copia del registro y lo invitan a llamar, de modo que pudiera verificarlo. Él lo hace y comprueba que, efectivamente la empresa está registrada (lo que pocos ciudadanos saben es que la Cámara de Comercio de Bogotá no es un organismo de control y que el registro de una empresa no es ninguna garantía de seguridad).

Según el modelo de ventas de un concesionario, le hacen firmar el contrato de compraventa, entrega el vehículo e, inducido por ellos —de buena fe—, firma el traspaso. Se hace el inventario del vehículo. Se acuerda verbalmente que la empresa pagará los impuestos para hacer el traspaso.

Al día siguiente le pagan el 10% del valor (debían haberlo hecho el día de la firma del contrato; dicen que el mensajero no alcanzó).

El último día de plazo para pagar el 90% restante, llaman en la mañana a confirmar el número de la cuenta para hacer la consignación. Se comprometen a hacerla antes de las 3:00 p.m.

El ciudadano llama a las 3:10, después de verificar que no se hizo el pago y comienza a ocurrir lo que han hecho hasta ahora: mienten descaradamente[1], dan evasivas[2], piden un nuevo plazo para el pago, prometen hacerlo en esa fecha, y no lo cumplen…

 

Denuncia penal

Va a la fiscalía, denuncia al representante legal, y ve que tiene ya 6 denuncias penales más; al ver su sorpresa, uno de los empleados le dice: “Eso no es nada; cuando tenga unas 40 denuncias lo podrán penalizar” (en el programa de televisión: Séptimo día se muestra el caso de otro negocio de compraventa de carros que ya tiene 70 denuncias penales; un funcionario de la fiscalía dice que ahora sí van a iniciar el proceso).

Le explican que en 15 días asignarán un fiscal, que procederá unos meses después, si encentra un buen conjunto de pruebas para hacerlo. Pero escucha decir por los pasillos que cuando el implicado se vea ya a punto de ser encarcelado, se le dará la oportunidad de llegar a un acuerdo de pago (!?) que, obviamente, volverá a incumplir… Además, lo más probable es que estos estafadores se irán a otro lugar, como suelen hacer (están en esa sede hace solo un año).

Consulta ocho abogados que coinciden en afirmar que es necesario “empujar” constantemente al fiscal que se asigne: denunciarlo a la personería y a la veeduría y “meterle” tutelas, con el fin de que… ¡trabaje en el caso!

Todo esto significa que fiscalmente está maniatado por la Ley.

 

Desde el punto de vista civil

Le explica su abogado que con el proceso ejecutivo a lo máximo a lo que puede aspirar es a que les embarguen los haberes de la empresa, que se reducen a un televisor y un par de escritorios con sus respectivas sillas (eso si no se han ido antes a otra parte); ¿qué les importa eso para lo que ganan engañando a una sola persona? ¿Y a cuantos más estarán engañando?…

Los abogados están maniatados por la Ley.

 

La Policía Nacional de Colombia, SIJIN

Como se trata de una estafa, el vehículo no se puede reportar como robado. Y, si la Policía Nacional de Colombia o la SIJIN lo encontrara, no tienen autoridad para detener el carro más de 24 horas, aun cuando se sepa de la estafa. Le explican que, en ambos casos, tanto las autoridades como el ciudadano “se meterían en un problema”. Están maniatados por la Ley.

 

La Superintendencia de Industria y Comercio

El ciudadano presenta la llamada Demanda Protección Consumidor Jurisdiccional en la Superintendencia de Industria y Comercio. Unos días después, le comunican que la Delegatura para Asuntos Jurisdiccionales de esta Superintendencia profirió auto admisorio de la demanda promovida por él. Lo mismo hacen con la empresa de compraventas de vehículos.

Desde entonces ha envío varios memoriales y ha llamado constantemente a averiguar qué pasa y por qué no hacen nada. Los insta a que hagan algo porque esos estafadores se pueden ir en cualquier momento del lugar donde operan y… ¡Efectivamente!: casi seis meses después de presentar la Demanda, verifica que ¡los delincuentes se han ido, como tantas veces se lo anunció a la Superintendencia de Industria y Comercio!

Estoy maniatado por la ineficacia de esta entidad.

 

Otras consecuencias

Además de otras consecuencias graves, suelen no realizar el traspaso: en el RUNT, el ciudadano aparece todavía como propietario, lo cual implica que el Distrito le seguirá exigiendo el pago de los impuestos acumulados año tras año y, además, deberá pagar todos los comparendos por infracciones al tránsito que realicen con el vehículo, como les ha ocurrido a varias personas…

Aunque demuestre que ya no tiene en su poder el automóvil, que ha sido objeto de una estafa y que no se lo han pagado, según los Servicios Integrales para la Movilidad, SIM, no hay ningún modo de detener estos cobros, pues el vehículo aparece todavía a nombre suyo (!?); es decir, están maniatados por la Ley.

 

Los estafadores

Por eso es que estas personas —siempre al margen de la Ley— logran lo que quieren, aprovechándose de dos circunstancias: 1) la buena voluntad de las personas que confían en ellas y 2) la ineficacia de las leyes colombianas para condenar esos delitos.

Es verdaderamente aterradora la tranquilidad y el cinismo con la que actúan; pareciera que el ciudadano es quien les debe algo: le ponen las condiciones de pago, los plazos, el modo de hacerlo… ¡Y nunca pagan!

Ellos no están maniatados por la Ley, ¡están amparados por la Ley!


[1]  Que el mensajero ya está en la fila del banco haciendo la transacción; que les extraña que la transacción no aparezca; que hoy no se pudo, pero que mañana sí; que no hay problema, pues pagarán también la cláusula de incumplimiento; que un cheque que recibieron no ha hecho el canje; que les dé un día más, que olvidaron pagar los impuestos y por eso se atrasó todo; que le van a cubrir la deuda con otro cheque que ya les van a entregar, que ya lo consignaron y que para probarlo puede ir a recoger la hoja de la consignación (que nunca le entregan); que el cheque estaba posfechado y por eso no salió; que la fecha es tal día; que les llegó un mensaje a su correo electrónico de la abogada del ciudadano con un ultimátum de 3 días de plazo y que por eso no le van a cumplir la cita (cosa que no hizo mi abogada; usan equivocadamente otro nombre); unas veces dicen: “El carro ya se vendió” y otras: “Está en una bodega arreglándose para dársela al comprador” (un carro que no requiere arreglos)…
[2] No les devuelven las llamadas, le prometen llamadas y respuestas y no las cumplen; le cuelgan el teléfono cuando le reconocen la voz; el representante legal nunca está, y lo atiende otra persona que dice no saber nada ni tener autoridad alguna para tomar decisiones (es el que más mentiras dice y luego las reconoce y pide excusas)…
 

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Bienestar duradero y estable

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 15, 2012

En un avance de la vigésima tercera edición de su Diccionario, la Real Academia Española define la palabra: Trastorno como: “Perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento”. Y así fue como denominé a la homosexualidad frente a una psicóloga que, con aire de librepensadora moderna, me cuestionó:

—¿Trastorno?

—Sí.

Ella repitió su pregunta con la sonrisa que suelen poner los doctos en una materia cuando habla un lego con ellos, mientras se le quebraba un poco su voz por una ligera risa refrenada que salía de su boca:

—¿Trastorno…?

—Ya que hablo con una profesional, me animo a explicarte que en una cópula sexual entre un hombre y una mujer, cuando ella está excitada, las glándulas de Bartolino, que se encuentran a la entrada vaginal, segregan una sustancia lubrificante para impedir que el roce de las mucosas produzca en ellas excoriaciones o erosiones (pérdida del epitelio o peladuras). En cambio, en el caso de dos hombres homosexuales, ni en el recto ni en el ano hay tales glándulas, lo que ocasiona esas excoriaciones, que explican en parte la alta incidencia de VIH positivo y sida entre los homosexuales, comparándola con los índices en heterosexuales. Esto quiere decir que la relación homosexual es antifisiológica o, lo que es lo mismo, va en contra de la función normal —natural— de los órganos genitales.

Ella repitió, casi de memoria y al pie de la letra, lo que enseñan en muchas facultades de psicología con base en la llamada Ideología de género:

—Es simplemente la elección de una opción. Y si eso los complace, ¿qué importa? ¿Qué tiene de malo? Lo que ocurre es que la cultura de nuestros retrasados pueblos y las religiones son un fardo que no nos deja ser actuales… Hay que tener “mente abierta”. En Noruega, por ejemplo, a todos les parece normal optar por la homosexualidad…

Lo que esta psicóloga está lejos de entender es que la felicidad auténtica es mucho más que una complacencia biológica transitoria, temporal, efímera, como lo es el placer sexual. Las estadísticas, por ejemplo, muestran al mismo tiempo que las uniones de homosexuales son más inestables que las heterosexuales y que tanto el índice de los trastornos psicoafectivos como psicoemocionales es más alto en el primer grupo. Por eso hablaba de trastorno: perturbación de las funciones psíquicas y del comportamiento.

Al explicarle todo esto, cambió súbitamente el tema (como suelen hacer quienes detectan en un interlocutor cualquier asomo de moralidad), y pasó a hablar del aborto:

—Otro tema en el que estoy de acuerdo es la interrupción del embarazo, sobre todo en el caso de una violación: ¿Cómo es posible que obliguen a una mujer a sufrir 9 meses por algo que ella no deseó? Yo critico a las mujeres que abortan cuando libremente quedan embarazadas; pero ¿¡una mujer violada!?

Y usó con la palabrita mágica que había utilizado para el tema anterior:

—Ella debe tener la opción de abortar.

Y continuó:

—Ella tiene el derecho a elegir no seguir con ese embarazo.

Le expliqué que la ciencia —la embriología y la genética principalmente— han dejado claro el instante en el que comienza una nueva vida: la concepción. Y añadí:

—Esa nueva vida tiene los mismos derechos que cualquier otro ser humano.

Asintiendo con su cabeza, dijo:

—Sí; yo estoy de acuerdo: la vida comienza con la concepción. Pero la madre va a sufrir mucho durante esos 9 meses…

Entonces le pregunté:

—¿Lo que quieres decir es que el derecho a la vida que ese nuevo ser humano tiene es menos importante que el derecho de su madre a no sufrir esos pocos meses?; porque en realidad no son 9, como dices, sino unos siete y medio, desde que se entera de que está embarazada. ¿Tiene ella el derecho de matar a ese ser indefenso solamente por no sufrir? ¿No crees que con ese criterio se podría crear el derecho de matar a quien nos haga sufrir?

Aquí repitió el argumento:

—Es que es ella quien va a tener ese hijo en su vientre ese tiempo… Ella tiene derecho…

Para tratar de regresar al tema del bienestar auténtico, anoté:

—Tú sabes, por experiencia, cuán difícil es tratar a una persona que abortó; sabes la cantidad de secuelas psicológicas que quedan…

—Sí. Es de los casos más difíciles de tratar. Las secuelas son aterradoras.

—Por eso te pregunto: ¿Qué es psicológicamente peor: soportar esos meses de embarazo y dar al niño en adopción o sufrir las secuelas del aborto?

Esto es lo que se olvida con más frecuencia: que el bienestar que se busca la mayoría de las veces es algo pasajero, temporal: pero lo que debe propiciarse es un bienestar duradero: la tranquilidad, la serenidad, la paz, la complacencia de haber hecho lo correcto.

El homosexual no se satisface con unos minutos de placer genital; se sentirá plenamente feliz cuando haya podido sentirse realmente amado.

Y a la mujer violada no se le debe sobrecargar —ya tiene un fardo bastante pesado con la violación de que fue objeto— con el peso psicológico de haber cometido un homicidio contra quien es —aunque sea a pesar suyo— ¡su propio hijo! Ella tiene la noble opción de dar a su hijo en adopción (hay muchas solicitudes hoy día) o, como lo han hecho otras mujeres, tener a ese hijo y educarlo, con la consecuente sensación de haber hecho algo loable, altruista, generoso, magnánimo, que no le depara malestar sino un bienestar psicológico muy alto.

No se trata, pues, de ver quién es más librepensador o más moderno; tampoco se trata de no sentirse ahogado por religiones o culturas atrasadas; y mucho menos de ser rebeldes contra unas normas pasadas de moda, teniendo “mente abierta”… Se trata de buscar lo mejor para el ser humano y que eso no sea temporal o pasajero, sino lo más duradero y estable: su felicidad auténtica.

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¿Compasión o reprensión?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en octubre 18, 2012

 

Nos hiere profundamente la actitud de muchas personas a través de la cual expresan su desprecio, su interés por mostrar su superioridad sobre nosotros o su absoluta falta de interés en nuestras necesidades. Y a veces no nos quedamos sin hacer algo al respecto: reiteramos que todos ellos merecían una reprensión, y la hacemos o de algún modo la propiciamos.

Y esta actitud la tenemos tanto en el ámbito laboral como en todos los campos de nuestra vida: familia, relaciones sociales, vendedores, trato con dependientes de cualquier empresa… Y así llegamos a ganarnos la animadversión de muchos… Y lo que es peor: no la pasamos muy bien, puesto que con cada evento nos enfadamos o, al menos, sentimos algún disgusto, a pesar de la supuesta satisfacción lograda al haber defendido “mi causa” o “la causa de otros”…

Pero hay un camino hermoso por recorrer:

Así como nosotros mismos tenemos defectos, los demás tienen también —digamos— ese “derecho” a ser defectuosos. Nadie es perfecto. Y, en consecuencia, también ellos tienen derecho a que nosotros seamos capaces de pasar por alto sus errores, así como lo esperamos de ellos.

Los defectos de cada persona tienen sus raíces en causas muy profundas, y que casi todos ellos nacen de carencias afectivas en la primera etapa de la vida: antes de los doce años. En esa etapa de nuestra vida todos necesitamos recibir una dosis suficiente de amor por parte de nuestros padres, y que nuestros padres, porque no la recibieron, no pudieron dárnosla en medida suficiente. Y esto se remonta, generación tras generación, en orden ascendente, quién sabe desde cuando…

Lo peor de esta situación es que en esa época no somos capaces de entender por qué no nos aman suficientemente (ni siquiera tenemos clara esa idea en el cerebro); sólo nos duele…

Y, como somos tan pequeños, no tenemos las herramientas para encarar esa realidad y, mucho menos, darle solución.

Por estas causas, hay miles de personas llenas de agresividad o, por el contrario, de pusilanimidad, simplemente porque no recibieron el amor necesario para que sus vidas —desde el punto de vista afectivo y emocional— se desarrollaran adecuada y normalmente.

La mayoría de ellos tratan de suplir esas carencias afectivas ahogándolas en cuatro actitudes que toman como la razón de ser de sus vidas: el tener, el poder, el placer y/o la fama, tratando de llenar inútilmente con ellas ese vacío (si tienen dinero, acuden a las ciencias de la psicología clínica o la psiquiatría).

Y es por esto que encontramos personas que quieren imponerse de alguna manera sobre los demás (así sea aprovechando que tienen poder para manejar al público), altivos, arrogantes, displicentes, déspotas, despreciadoras, despectivas, desdeñosas, totalmente desinteresadas en los problemas de otros, frías y hasta sin la más mínima cultura para saludar, como te ha pasado con algunos médicos.

¡Pobres seres humanos!: unos tratan de llenar sus vacíos afectivos infantiles con esas actitudes mientras que otros reaccionan agresivamente para ocultar su vulnerabilidad. Sí; porque gritar o emplear la fuerza (física o con palabras) es la mayor muestra de debilidad: el hombre que está seguro de su poder no siente necesidad de demostrarlo. Por eso son dignos de nuestra compasión, no de nuestra reprensión.

Podemos estar por encima de esas lides. Podemos decidir verlos como lo que son: víctimas que lloran porque no recibieron cariño, aunque lloren equivocadamente. Pensemos por un momento: ¿Qué hacemos cuando vemos el berrinche de un niño? ¿No es verdad que no le damos la trascendencia que le damos a la de un adulto? Pues bien: ¿por qué hacemos esta diferencia? Porque no hemos descubierto que entre la actitud infantil de un niño y la de un adulto que no supo cómo solucionar las carencias afectivas de su infancia no hay diferencia: son adultos en el porte, no en el interior. ¡La correcta actitud de un adulto que se siente atacado de alguna manera por estos sufrientes seres es la lástima! Y, tras ella, la comprensión Y después el perdón. ¡Aunque nos estén hiriendo!, pues ya sabemos de qué herida viene su agresión.

Quien comienza a actuar así empieza a descubrir algo maravilloso: que esas agresiones ya no lo hieren tanto, que esos errores ya no le afectan. ¡Se ha comenzado a liberar! Se ha comenzado a curar; ¡y sin medicamentos ni terapias de ninguna clase! Poco a poco empieza a verificar que puede llegar al estado en el que nada lo afecta; como dicen ahora los muchachos: ¡Todo le resbala!

Pensemos: “Si yo hubiera nacido en el hogar en el que nació Hitler, hubiera vivido en sus circunstancias históricas, hubiera tenido los padres y amigos que él tuvo, hubiera sufrido lo que él sufrió, etc., me pregunto: ¿No sería igual o peor que él?” ¿No es verdad que, en su situación, nosotros seríamos peores que esos que nos agreden o nos ignoran y desprecian…? Lo repito: ¡Pobres seres humanos! Necesitan de nuestra comprensión y corremos a corregirlos, sin saber de dónde les vienen todos sus males…

¡Qué serenidad produce el dejar de sentir las agresiones y desprecios que nos hacen! Pero más enriquecedor es acabar con ese deseo de “dejar sentada nuestra posición” ante los demás, de corregir, de reprender, de exigir respeto (cuando sabemos que no pueden darlo). Se reducen —y hasta se acabarían— las disputas acaloradas, y el mundo comenzaría a caminar hacia la paz auténtica: esa que viene de dentro, esa que no se pierde fácilmente, esa que fortalece y da ejemplo.

Finalmente, solo así lograremos la verdadera pureza de corazón: la absoluta indiferencia a todo lo que no sea amor.

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¡Se están acabando los antibióticos!

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en octubre 6, 2012

Las infecciones que pueden afectar al hombre son producidas por: bacterias, virus, hongos o parásitos.

El organismo humano posee medios de defensa para atacarlos y, en la mayoría de los casos, vencerlos; de otro modo todos habríamos muerto tras la primera infección. Pero, a veces, es necesario ayudar a las defensas orgánicas con algún medicamento. Hoy se dispone de antiparasitarios, antivirales, antibacterianos y antifúngicos (este último se usa contra los hongos).

Los antibacterianos (mal llamados antibióticos) son agentes biológicos (naturales), semisintéticos o sintéticos, que sirven para matar bacterias (bactericidas) o detenerlas en su crecimiento (bacteriostáticos).

Sin embargo, cada día, por el uso indiscriminado de estos medicamentos, las bacterias hacen lo que se llama resistencias: se hacen inmunes en mayor o menor grado a los antibacterianos, cambiando parte de su estructura genética.

Por eso, hay ocasiones en las cuales los médicos no hallan la manera de salvar vidas: cada vez con más frecuencia se dan casos en los que no encuentran un antibacteriano que ayude al organismo a defenderse del ataque, porque las bacterias han hallado la manera de “burlarse” del antibacteriano. Se cuentan ya muchos casos de pacientes hospitalizados a los que se les administran grandes dosis de antibacterianos de todos los tipos y, a pesar de eso, se mueren.

Por otra parte, los investigadores de los laboratorios farmacéuticos gastan millones de dólares y tiempo buscando nuevos antibacterianos que no tengan esas resistencias por parte de las bacterias. Cuando por fin encuentran uno, se lanza al mercado y ¡qué desgracia!, en poco tiempo, el uso inadecuado los llena de resistencias bacterianas.

A medida que pasa el tiempo, la situación se torna cada vez más grave; es posible, como dijo un gran investigador, que las próximas generaciones vuelvan a morir infectados en masa, como sucedía antes de la aparición de la penicilina, en 1941.

Y, ¿cuáles son los errores en el uso de estos medicamentos? ¿En qué consiste ese uso inadecuado, que los lleva al fracaso?

1)     Tomar antibacterianos cuando la infección es viral (por ejemplo, cuando se tiene catarro o gripa)

2)     Tomar antibacterianos por menos de 7 días

3)     Tomar antibacterianos en dosis más espaciadas (en vez de tomarlo cada 6 horas, por ejemplo, tonarlo cada 8, aumentando la dosis para suplir la cantidad)

4)     Tomar antibacterianos antes de que pasen 8 días con el malestar: a veces el organismo mismo es capaz de defenderse solo (si se usa el medicamento aumenta el riesgo de resistencias bacterianas)

5)     Tomar el antibacteriano que no corresponde con la(las) bacteria(s) que están atacando. Todo esto explica el siguiente punto:

6)     Tomar antibacterianos sin prescripción médica.

 

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¿Homosexual o hermafrodita?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 9, 2012

 

Carlos es homosexual: desde pequeño, a pesar de tener genitales masculinos, y aunque al principio no lo entendía, se ha sentido mejor cuando se relaciona con los hombres; al cambiar de edad, le atrajeron los hombres, no las mujeres…

Recientemente, su médico le pidió que asistiera a un congreso de genética para hacer una investigación con la que se demostraría si los homosexuales nacen así o se hacen homosexuales en el transcurso de su vida.

Junto con Carlos, llegan al laboratorio de genética 19 homosexuales más, 20 lesbianas, 20 hombres no homosexuales y 20 mujeres no lesbianas.

Se les toman muestras celulares a todos, se clasifican y se les agradece su cooperación.

Días después tiene lugar el congreso de genética. El médico de Carlos, junto con otros galenos, se ubica en la mesa que está en frente del auditorio.

Después de su presentación, hace su ponencia: en un video se observan los núcleos de las células estudiadas, mientras va explicando a la concurrencia los resultados de la observación: así como los hombres no homosexuales tienen cromosomas «Y», todos los varones homosexuales también los tuvieron; asimismo, tanto las mujeres no lesbianas como las que sí lo son carecen del cromosoma «Y». Conclusión: la homosexualidad no es genética.

Carlos y los demás homosexuales, que están sentados en medio del auditorio, como también las mujeres lesbianas, se miran unos a otros admirados. Ellos y ellas no lo pueden comprender: creían que lo suyo era genético, de nacimiento.

Lo que parece que sucede es que se suelen confundir algunos términos, como el «hermafroditismo» y la «homosexualidad».

El hermafroditismo propiamente dicho es un trastorno excesivamente raro. Consiste en la mezcla de tejido del testículo y del ovario, o bien, cuando el individuo posee un ovario y un testículo. Ambas circunstancias originan anomalías que le dan la apariencia de reunir ambos sexos.

Fue lo que le sucedió a Juanita, la hija de una señora que se puso feliz al ver a su primera hija, pues ya tenía dos varones; le compró todo de color rosa, le adornó la alcoba para niña, la bautizó con el nombre «Juanita», en fin, la educó como mujer. Al llegar a la pubertad, a Juanita le salió bozo, comenzó a hablar grueso y aparecieron algunos rasgos masculinos más. Cuando la señora llevó a Juanita al médico, este le preguntó si no había notado algo raro en los genitales de la niña. Ella respondió que siempre le habían parecido un poco grandes, pero que no le pereció importante.

El médico encontró los testículos un poco más adentro y, tras un examen del tejido en el microscópico, descubrió que habían porciones pequeñas de tejido ovárico en esos testículos.

Por fortuna, los casos como este son excesivamente raros, y son los llamados hermafroditismo verdadero. Se corrigen con cirugías, con el fin de mejorar la apariencia y el funcionamiento de los genitales externos e internos y/o con la administración de hormonas que favorece la adecuación de los genitales y el aspecto físico general del afectado al sexo que le corresponde.

En cambio, la homosexualidad es definida como la inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo y la práctica de dicha relación. En sentido amplio, abarca a ambos sexos, aunque se usa más para designar este trato erótico entre varones, mientras que el término lesbianismo (amor lesbiano) designa esa tendencia en las mujeres.

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Amor es…

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en agosto 8, 2012

Cada ser humano tiene, basado primero en las circunstancias sociales en las que nació y creció, y también en las experiencias personales, una propia y casi exclusiva visión personal del amor verdadero.

Una vez que se enuncia la pregunta: “¿Qué es el amor?”, las respuestas son tan numerosas, y a veces tan dispares, que algunos han declinado en la lucha por lograr explicarlo.

Debe concluirse que si todos tenemos una versión propia acerca del amor, muchos serán los equivocados. Aunque obvio, esto no deja de ser sorprendente: aparte de la razón y la voluntad -y aun por encima de ellas- el amor es lo que nos diferencia de los otros seres y esto es, paradójicamente, una de las cosas que menos se conoce.

He aquí el por qué de tantos fracasos matrimoniales.

Sin embargo, algunas de las definiciones tienen, al menos, una dirección similar -algo que es un consenso- basados en lo cual, se puede lograr un acercamiento inicial:

Se ha afirmado con certeza que el amor de una madre es el amor más perfecto que existe y que los hijos nunca logran amar tanto a sus madres. Y así es efectivamente: el amor materno es desinteresado y no busca recompensa.

Analicemos la conducta de las madres:

Una madre es capaz de aguantar los mareos, vómitos y hasta desmayos del primer trimestre del embarazo producidos por el cambio hormonal; una madre es capaz de soportar el peso y las incomodidades de los últimos meses; una madre es capaz de sufrir los dolores del parto o aceptar la cesárea, si es necesaria. Todo a cambio de que su hijo nazca bien y sea sano.

Una madre es tan fuerte, que amamanta a su hijo, so pena de que le muerdan los pezones, muchas veces hasta que aparezcan grietas y aun cuando sangran; una madre es tan fuerte que se levanta todas las veces que considere necesario para verificar que su hijo está bien o para darle de comer; una madre es tan fuerte que le cambia los pañales cada vez que llora por la incomodidad que le produce la humedad, haciendo a un lado el asco de oler y/o untarse…

Si su hijo llega a enfermarse, no repara en gasto de tiempo, sueño, dinero, etc. para que ceda o desaparezca su malestar…

Más adelante, cuando su hijo crezca lo seguirá amando con la misma fuerza y lo defenderá de los demás, si quieren dañarlo física o psicológicamente.

Y, aunque se comporte como un mal hijo, siempre lo perdonará, olvidará con facilidad las veces que la ofenda… lo disculpará ante los demás y hablará siempre muy bien de él…

Sólo una madre puede ser ejemplo del verdadero de amor.

Al hacer un análisis del amor materno, se puede observar que en la mayoría de los casos la madre no solo es capaz de hacer muchas cosas por su hijo, sino de privarse de sus necesidades más esenciales por lograrlo; además, no repara en esfuerzos y, siempre, sin esperar nada a cambio.

¿Se encontrará un amor igual en la tierra? Nadie ama o perdona tanto como una madre (y, efectivamente, nadie hace por su madre todo lo que ella hace por él).

Todo esto es entrega desinteresada. Todo esto es sacrificio. Todo esto es amor.

Por tanto el amor es sacrificio.

No significa sacrificio sino que es sacrificio.

De modo que si se quiere saber cuánto se ama, se debe preguntar cuánto se ha sacrificado por ese ser, objeto del cual es ese posible amor.

En cambio, el medio ambiente social y, muy especialmente, los medios de comunicación, hacen que el hombre actual crea que el amor son otros valores:

Cada vez que en una propaganda se muestra un hombre o una mujer siempre jóvenes, esbeltos, atractivos, con un cuerpo sensual, rodeado de aclamaciones, siempre sonriente, quizá fumando un cigarrillo, quizá comprando una beca para estudiar, tal vez adquiriendo determinado producto, el televidente, el cinéfilo o el lector reciben en el subconsciente la idea de que “gozar” es la felicidad.

En este contexto es imperante analizar la palabra “gozar”: gozar es usar algo y experimentar placer con ello.

Así, el joven en proceso de formación va creando en su interior el concepto claro e irrefutable de que todo lo que le produzca placer es bueno para él, y por tanto, útil en la búsqueda de la felicidad.

En las relaciones interpersonales -y sobretodo teniendo en cuenta el marcado criterio machista de hoy- este modo de pensar hace que el muchacho frecuentemente encuentre a la mujer como “algo” que le pueda producir esa sensación de goce, y no alguien con quien quiera compartir su vida y a quien quiere hacer feliz, es decir, que la vea como un objeto de placer.

En las mujeres se da el mismo caso: si pretenden llenar su vacío de amor -circunstancia más frecuente de lo que pueda parecer-, o intentan simplemente “sentirse amadas” cuando buscan a su novio, estarán usándolo para experimentar ese placer meramente psicológico, y no ser su complemento para viajar juntos en pos de la felicidad.

Esta postura, conocida como el utilitarismo, es tratarse mutuamente como cosas: sólo para utilizarse, buscando así, como lo predica su máxima, el máximo de placer y el mínimo de pena y de dolor en la vida.

Si se analiza con profundidad, el utilitarismo es imposible: en algunas ocasiones tendrá que ser placer para el otro (y no gozará del máximo placer), para que luego ese otro sea su fuente de placer.

Por eso este camino es ilógico: o somos destinatarios de ese placer o somos medios para el placer de otros; debo aceptar ser medio, pues eso considero al otro.

Si la miramos con detenimiento, esta posición es errada ya que el valor intrínseco de la persona -su propia dignidad- no puede subordinarse al valor del placer.

Si se traslada el utilitarismo al plano conyugal, se puede descubrir la razón más frecuente de los fracasos matrimoniales: cuando acaba el provecho común, no quedará nada.

Ante estas dos presentaciones de la felicidad del mundo moderno (el sacrificio como fuente verdadera de amor y el placer como medio para alcanzar la “felicidad”), el muchacho o la niña se ven frecuentemente impulsados a elegir la postura más fácil y la más cómoda: aunque el ejemplo del hogar -de la madre- haya sido de valores humanos y de entrega sin interés, los ojos, los oídos y, en general, los sentidos se irán tras los “dioses” del mundo moderno: el dinero, el placer, la comodidad, el prestigio…, y la felicidad individual de cada uno de los jóvenes, la de la pareja, la de la familia y la de la sociedad no pasarán de ser una ilusión.

En cambio, si la relación se basa en desear para el otro lo mejor, aun a costa de ceder en mis propios intereses, y el otro hace lo mismo, la armonía crecerá en ese hogar, el enriquecimiento con valores humanos no se hará esperar y se tendrán mayores facultades para educar a los hijos en ese mismo camino, lo cual sí hará un cambio paulatino en la sociedad.

Amar, entonces, no puede definirse sino como tender ambos al bien. Si tú eres un bien para mí y yo deseo el bien para ti, la relación ya no será el caminar de dos “yo” juntos, sino el de un “nosotros”. Este amor no morirá con la vejez, la enfermedad, la falta de dinero o la disminución de la líbido.

Es por eso que están equivocados quienes colocan el amor conyugal en una mesa cuyas cuatro patas son el amor, el dinero, la salud y la genitalidad, pues en el momento en que falle uno de esos cuatro pilares, tambaleará la relación. Si el amor conyugal se sostiene en un sólo pilar -el amor verdadero- que se abre en abanico para soportar todos los otros aspectos de la vida, que pasarán, obviamente, a un importante pero secundario lugar en sus vidas, el triunfo será más factible: si el dinero falta en ese hogar, no faltará la fuerza del amor para colaborar en su consecución; si la genitalidad de uno es menos fogosa o decrece, la capacidad de entrega generosa del otro la suplirá con su ternura; si aparece la enfermedad, siempre se tendrá quién vele amorosamente por él…; en fin, ante la presencia de cualquier circunstancia negativa -circunstancias que siempre se presentarán-, el amor sostendrá la relación.

Sólo el amor lo puede todo. Sólo con amor se solventarán las dificultades. Sólo la entrega generosa y desinteresada salvará a la familia, célula de la sociedad.

Pero volvamos un poco atrás en el tiempo: al noviazgo. Nada se quiere si no se conoce. Por eso es necesario pasar del atractivo que se siente inicialmente (atractivo hacia la persona, no a una parte) a la amistad, y luego, al cariño, antes de llegar al amor. El noviazgo es la etapa que madura ese amor. Además, el noviazgo inicia y desarrolla el proceso de adaptación que lleva al triunfo en la relación y, por ende, al matrimonio. Al no darse adecuadamente, llevará a la ruptura o a una unión desdichada.

Antes de tomar la determinación de casarse, entonces, es necesario que cada uno pueda valorar el amor que se tienen verificando cuántas veces el uno ha sido generoso con el otro, cuántas veces ha dejado a un lado sus intereses, metas e ilusiones personales en pro del otro; es decir cuántas veces se ha sacrificado por él.

Si ambos han demostrado esa capacidad de sacrificio -amor-, y lo han hecho en muchas ocasiones, podrán dar el salto a la unión definitiva contando con el mejor aliado: la generosidad, esto es ¡de nuevo! el amor.

En ese proceso, es necesario evadir las inclinaciones erróneas más frecuentes de cada sexo: el hombre tiende a pensar que el amor es genitalidad, mientras que la mujer se inclina a creer que el amor es sólo sentimentalismo. Ambos están equivocados, como vimos. El amor marital tiene sentimientos, tiene genitalidad, y tiene otros componentes pero, en esencia, es sacrificio.

Si la relación se sostiene en la genitalidad o en el sentimentalismo, como sucede tantas veces (por no decir siempre que fracasa), tarde o temprano sucumbirá.

Los novios pueden evaluarse personal y mutuamente en eso, en cambio, para los esposos esa evaluación casi siempre llegará tarde, especialmente si ya tienen hijos. He aquí la importancia del examen prematuro.

Es por eso que la entrega parcial y prematura, que se da con las relaciones genitales prematrimoniales puede llevar a la frustración: la entrega, como quedó claro, se debe dar en los tres planos para que sea verdadera y humana: entrega en lo espiritual, en lo psicológico y en lo biológico. Estas relaciones genitales son entrega, como su nombre lo dice, genital -biológica-, y es frecuente que los novios se den también en el aspecto psicológico temporalmente, pero su entrega no es espiritual, ya que está condicionada por el tiempo, y una entrega espiritual es para siempre, como se vio en el primer capítulo. Además, nunca una entrega verdadera tiene condiciones.

La prueba de amor más grande es el sacrificio; en ese contexto, si él espera hasta el matrimonio, estará probando su amor verdadero; no así si se hace como se acostumbra: que ella “pruebe su amor” entregándose en lo genital, convirtiéndose en objeto de manipulación y de placer del otro.

En fin, desear la felicidad del otro es la senda del amor verdadero. Pero desearla con los pensamientos, con los sentimientos, con las palabras y, especialmente, con las obras: trabajando por ella con todo el ahínco, con toda la fuerza de que se es capaz. Si la voluntad no cede a lo que no atrae más que a los sentidos y a los sentimientos, su propia aportación creadora en el amor no puede aparecer.

Por tanto, la formación de los jóvenes es fundamental: quienes tiendan a una entrega total tendrán más posibilidades de ser felices.

Debe enfatizarse sin cansancio lo que puede servir de resumen de estas líneas dedicadas al aspecto más humano del hombre: el amor: el amor vedadero implica una mutua entrega.

Llegamos así al final de este capítulo agregando tres características del amor verdadero:

1. El amor real es creciente, ya que está en una pendiente, no puede estancarse, pues rodará. Aquel que note que su amor no crece, que sepa que está disminuyendo.

2. El amor no espera, es afanado. Quien ama de veras quiere la unión lo más pronto posible. Los noviazgos largos son prueba, casi siempre, de que el amor no es verdadero, o mejor, de que sencillamente no hay amor.

3. El amor verdadero se hace extensivo a cada vez más personas: si se aprende a amar a una persona, se notará que cada vez se ensancha más el corazón para que quepan más y más personas a quienes querremos también con hechos.

La entrega

El amor matrimonial difiere de todos los otros modos de vivir el amor: consiste en el don total de la persona. Su esencia es el don de sí mismo, de su propio “yo”. Todos los modos de salir de sí mismo para ir hacia otra persona poniendo la mira en el bien de ella no van tan lejos como en el amor matrimonial. “Darse” es más que “querer el bien”.

Una vez que se ha afirmado el valor -la dignidad- de la otra persona, viene la pertenencia recíproca de ambos, comprometiéndose así mutuamente su libertad. Y este compromiso, paradójicamente, es libre.

Los esposos, mediante su recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión (común unión) de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal para la generación y educación de nuevas vidas: ese “nosotros” caminando hacia el enriquecimiento personal y la procreación, evidencia palpable y hermosísima de su amor y continuación de sus propios seres.

Esta entrega tiene cuatro características:

1. Es humana, es decir, es sensible y espiritual, lo que significa que la voluntad y la razón gobernarán a los instintos.

2. Es total, esto es sin condicionamientos o reservas.

3. Es fiel y exclusiva hasta la muerte, dicho de un modo más sencillo, es de uno con una y para siempre.

4. Por último, es fecunda, no se agota en la comunión de los esposos, sino que está destinada a propagarse suscitando nuevas vidas

Todo esto significa más que lo que puede parecer:

Con el concepto claro acerca de los tres planos en los que se manifiesta el amor, se puede afirmar con certeza que la entrega debe ser total e incondicionada en lo biológico, total e incondicionada en lo psicológico y total e incondicionada en lo espiritual. Sólo así se hablará de amor verdadero.

La entrega del ser humano, de acuerdo con su propia dignidad -espiritual-, debe ser total, sin reservas egoístas.

Cuando el acto está condicionado, este amor no existe: por ejemplo, cuando un hombre va a una película pornográfica, se exita genitalmente y llega a su casa a obtener satisfacción de esos instintos con su esposa, simplemente la está usando como objeto de placer; del mismo modo, si ella se siente apenada, por ejemplo, porque tuvo un disgusto con su madre y busca un “sentirse amada” pidiendo a su marido que tengan una relación genital, estará usándolo como objeto en lo psicológico…

La afectividad más en la mujer que en el hombre y la sensualidad en este pueden hacer que se equivoque el concepto acertado de entrega. La afectividad pura (las percepciones y las emociones que se experimentan en el trato) no puede sostener una relación y creer que esa afectividad es amor es causa de muchas decepciones. Al igual, después de un tiempo, cuando se desvela la pasión que guió la entrega, no quedará nada sólido. Y todo esto ocurre porque la entrega no fue total, se entregó parte (la afectividad o la sensualidad), no la totalidad de la persona.

Otro tanto ocurrirá si a la entrega se le ponen condiciones.

Para que un acto no esté condicionado, es necesario que, al darse, el ser humano asuma las consecuencias que con ello vengan, sin violar las leyes de la naturaleza, sin destruir el orden cosmológico: la biología seguirá su curso y ese acto tendrá sus consecuencias: el nacimiento, en los días fértiles, de un hijo.

Es así como el amor conyugal verdadero se va convirtiendo, sin perder su valor, sino más bien incrementándolo, en amor paternal y amor maternal.

Se puede ir concluyendo que, cuando la entrega conyugal es verdadera, siempre estará orientada hacia la preservación de la dignidad humana, no a la utilización del otro, y que estará también encaminada hacia la finalidad de la genitalidad: la procreación. Con esto, se logrará paulatinamente la maduración de cada uno de los componentes de la pareja y, lo que es igualmente valioso, la integración sexual de la totalidad de la personalidad de ambos.

El acto conyugal, entonces, tiene dos significados: el unitivo (que une a la pareja) y el paternal.

Por otro lado, esta transmutación gradual y enriquecedora de amor conyugal a amor paternal y maternal propiciará el bien de la comunidad, ya que la célula de la sociedad es la familia.

Un ejemplo didáctico de esto es cualquier enfermedad: cuando un órgano está afectado, como el hígado o el ojo, son sus células (los hepatocitos o los conos y bastones del ojo, respectivamente) las que tienen algún daño en su membrana, en su citoplasma o en su núcleo. En cambio, si las células están sanas, el órgano gozará de salud. De la misma forma, la sociedad siempre se verá afectada por la moralidad de sus familias. Una vez se establezcan la salvaguarda y la estabilidad de la familia, habrá salvaguarda y estabilidad en la comunidad.

En cambio, si la entrega no es total o está condicionada -y por tanto no es verdadera- los esposos estarán a la merced de las veleidades y de los vaivenes de las pasiones, y un sentimentalismo irracional e inestable será, la mayor parte de las veces, su móvil. En esas condiciones será casi imposible hablar de sinceridad en la relación, y la seguridad de la fidelidad -requisito del amor- no existirá sostén. Es seguro, como se vio, que en estas circunstancias, el ego es el móvil de la relación, lo cual es casi siempre premonitorio del fracaso total.

Si ya son suficientes los hijos, ¿cuál anticonceptivo usar?

A. La píldora

En el año 1953, los doctores Pincus y Chang descubrieron la píldora anticonceptiva. Hoy muchas mujeres toman la píldora.

La base del tratamiento reside en suministrar al organismo una cantidad de hormonas sexuales femeninas que intentan frenar la liberación de las gonadotropinas de la hipófifis, de manera que no se produzca la maduración de los folículos ováricos ni la ovulación.

Pero parece que la información científica que los esposos tienen sobre los anticonceptivos es muy errada:

La píldora es el medicamento más “seguro” en las estadísticas (menos del 1% de “fracasos”).

Se presenta en pastillas de toma diaria, en inyecciones cada cierto tiempo y en forma subcutánea. Están compuestas por estrógenos y progesterona, ambas hormonas sexuales femeninas, que intentan evitar la ovulación y mudan el estado del endometrio (parte interna del útero) para que el huevo fecundado no anide, no se adhiera a su madre.

Lo que poco se publica es que estos medicamentos producen muchos efectos secundarios, principalmente trastornos vasculares: tromboflevitis y flevotrombosis, razón por la que muchas pacientes se encuentran en hospitales por infartos de miocardio y trombosis cerebral; además se reportan casos de hipertensión. Fuera de estos, los libros y revistas científicos informan sobre alteraciones del ciclo menstrual, problemas digestivos, nerviosos y hepáticos, alteraciones mamarias, trastornos metabólicos y cutáneos, todos estos de larga descripción y por ello, imposible de reseñar completamente.

Los síntomas son dolores de cabeza o náuseas, pero hay otros de menor incidencia, como el aumento de peso, que se presenta sobretodo en aquellas mujeres que tienen cierta predisposición a la obesidad. Para contrarrestar estos efectos adversos se ha optado por disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas.

Algunas veces, al dejar la píldora después de haberla tomado largo tiempo, aparece una amenorrea transitoria. Esto sucede porque el organismo se habitúa a las hormonas que contiene la píldora y, al faltar esta, necesita tiempo para recobrar su ritmo hormonal normal.

Pero lo peor de todo es que se ha probado que, ya que falla con alguna frecuencia como anovulatorio, actúa como abortivo: el medicamento mata al nuevo ser humano. He aquí la explicación:

De acuerdo con los últimos descubrimientos científicos en genética, el nuevo ser humano aparece con la fecundación: los 46 genes que ya posee el óvulo fecundado (23 de la madre y 23 del padre) hacen de él un ser único espiritual y biológicamente: son ellos los que guían la construcción del cerebro, establecen el color de los ojos, de la piel y de los cabellos, el sexo, las huellas digitales, la talla aproximada, algunos rasgos de la personalidad, etc.

Sin embargo, como se vio, los anticonceptivos orales permiten la ovulación: un óvulo sale a la trompa de Falopio, donde puede ser fecundado por un espermatozoide. La pareja continúa tranquila sus cópulas sexuales, pues la paciente sigue tomando el medicamento.

En un estadio del ciclo, los estrógenos que se encuentran en los anticonceptivos orales aumentan la movilidad del nuevo ser humano -óvulo fecundado- y hacen que llegue al útero muy joven (antes de estar preparado para asentarse en él) y muera.

La progesterona, por el contrario, disminuye su movilidad, haciendo que el óvulo fecundado llegue tarde al útero, cuando ya está muerto, por falta de nutrición.

Así mismo, el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio o pared interna de la matriz quede dispuesto para recibir el óvulo fecundado.

Al disminuir las dosis de hormonas contenidas en las pastillas anticonceptivas para corregir los efectos adversos, como se dijo anteriormente, se corre aún más riesgo.

Con esto se concluye que los anticonceptivos orales o “píldoras” matan a ese

nuevo ser humano, es decir, actúan como abortivos.

Desde hace tiempo se conocen estos mecanismos abortivos de la famosa “píldora”, pero se han ocultado sistemáticamente.

Así, hoy es imposible estar de acuerdo con el uso los anticonceptivos orales, sin estar de acuerdo con el homicidio de inocentes.

Por otra parte, se ha probado que este, que es el método más utilizado -la píldora- afecta, por las hormonas que contiene, a la mujer, haciendo que esté agresiva, que se disminuya su líbido (apetito sexual) y otras consecuencias como trastornos emocionales, ya que las hormonas cambian su patrón psicológico, así como lo hacen durante el embarazo y, a veces, en los días que preceden a la menstruación.

B. El dispositivo intrauterino (DIU)

Con mayor índice de “fracasos” (cercano al 4%), y por eso mucho menos utilizado, el dispositivo intrauterino (DIU) es el tercer anticonceptivo más popular después de la píldora y el preservativo.

Es una pieza de plástico pequeña y flexible, de entre 2 y 4 centímetros de longitud, que se coloca en el útero. Actualmente los hay de varias formas y tamaños. Algunos tienen una envoltura de cobre que rodea al plástico y que va cayendo en el útero en pequeñas cantidades. Esta clase de DIU tiene que ser cambiado cada dos años más o menos, mientras que los que no llevan cobre pueden usarse indefinidamente. Todos ellos tienen unos hilos que cuelgan de la vagina, de modo que pueden extraerse fácilmente

El mecanismo de funcionamiento consiste en la producción de cambios en las células del revestimiento del útero o invirtiendo las contracciones uterinas. Ello dificulta la adherencia en el mismo de un óvulo fertilizado. Así ha probado también ser abortivo: como su nombre lo dice, está dentro (intra) del útero (uterino); allí mata al nuevo ser humano que, con seis o siete días de vida, llega buscando posarse en el endometrio. Fuera de eso, si un óvulo fecundado consiguiese implantarse allí, la presencia del DIU le impedirá proseguir su desarrollo.

No se sabe exactamente cómo se producen estos cambios, pero sí que cualquier cuerpo extraño introducido en el útero provoca la misma respuesta que una infección. La producción de células que atacan a los organismos invasores se incrementa y es posible que sean estas células las que hacen al endometrio inapropiado para el nuevo ser humano. El cobre que se emplea en algunos se utiliza porque se cree que tiene un efecto adicional en la acumulación de dichas células.

El DIU también puede provocar cambios en las paredes de las trompas de Falopio, haciendo que el óvulo descienda por ellas más de prisa y que no llegue en el momento adecuado.

Finalmente, se sabe de casos en los que el niño nace con el dispositivo atravesando su oreja o cualquier otra zona de la piel, lo cual induce a pensar que una muerte posterior también es posible.

Aunado a todo esto, los dispositivos intrauterinos favorecen a veces la formación de infecciones en el útero. Dichas infecciones, que se manifiestan con abundante flujo vaginal, pueden ser debidas a la irritación de la mucosa uterina originada por la implantación del DIU, o bien a la entrada de gérmenes procedentes de la vagina a través del cordón que asoma por el cuello del útero y que sirve también para comprobar la colocación correcta del aparato. En algunos casos las infecciones persisten a pesar del tratamiento, por lo cual es conveniente retirar el DIU.

Además, se presentan trastornos o inflamaciones dolorosas en el bajo vientre materno, con o sin procesos hemorrágicos graves, y hasta se han reportado casos de contracciones uterinas que lo expulsan.

Por último, el DIU favorece el embarazo ectópico (fuera del útero, generalmente en las trompas de Falopio) en el caso de que se haya producido una fecundación por falla en su mecanismo anticonceptivo. Este dispositivo altera los movimientos de los cilios (filamentos) del interior de las trompas, impidiendo con ello la progresión del óvulo fecundado hacia el útero.

C. El preservativo o condón de látex

Con un índice de embarazos que oscila entre el 5 y el 20 %, desplazó al obsoleto condón de membrana, que fracasaba más todavía.

El condón es una especie de funda que se coloca sobre el pene en erección para recoger el semen de la eyaculación del hombre. Casi siempre tiene un extremo en forma de tetilla para contener el semen, de manera que no se filtre por los lados o haga que el preservativo se filtre por los lados. Los hay para mujeres también; en este caso se colocan en la vagina antes de la penetración.

Es este uno de los métodos “de barrera”, junto con los diafragmas, y es el que se utiliza desde hace más tiempo. De hecho, antes del advenimiento de la píldora, era el anticonceptivo más popular.

El uso del preservativos no produce efectos orgánicos, pero se han reportado efectos psicológicos, especialmente en el hombre: algunos se sienten incómodos al colocárselo o al retirárselo. Además, tanto en ellos como en las mujeres se presenta con frecuencia la queja de disminución de la sensibilidad.

Por el índice de fracasos tan alto, algunos trabajadores en la planificación familiar recomiendan el uso adicional de un espermaticida, una sustancia química que mata a los espermatozoides (a veces esta sustancia viene recubriendo el condón), para tener una mayor protección. Así mismo, recomiendan lubricar el condón con una sustancia -además del lubricante con el que ahora vienen-, con el fin de disminuir el riesgo de rotura, y especialmente para impedir que la mujer sienta dolor debido a la fricción del caucho. Se añade que no se use vaselina o cierto tipo de cremas que puedan estropear el látex, disminuir sus características o producir sequedad de la lubricación natural de la vagina. Las precauciones incluyen no “herirlo” con las uñas, el adecuado desenrollado, comprobar la fecha de envoltura, no exponerlo al calor y otros cuidados adicionales que son los que hacen que el índice de fracasos sea tan variado.

Aun en el caso de que se sigan todas esas instrucciones, en el mejor de los casos, el índice de embarazos no baja del 5%. Por ese fracaso tan alto como anticonceptivo, hoy se usa más como profiláctico de enfermedades de transmisión sexual y, en forma errónea, como se comprobó científicamente en el III capítulo, para prevenir la infección del sida (ver: “D. Sida y otras enfermedades”).

D. Ovulos, cremas espermicidas, diafragmas, esponjas y otros

Realmente despreciables desde el punto de vista eficacia (el índice de embarazos es muy alto), estas técnicas se han ido dejando de lado.

E. Cirugías: vasectomía y ligadura de trompas

La vasectomía (corte y ligadura del conducto deferente) en los hombres impide el paso de los espermatozoides desde los testículos a la uretra. El hombre que se ha sometido a esta intervención no dispone de espermatozoides en su semen, por lo que es incapaz de fecundar. Sin embargo, seguirá teniendo eyaculaciones normales, expulsando la secreción elaborada en las vesículas seminales y en la próstata.

La persona que se somete a una vasectomía debería considerar que este medio de esterilización es irreversible. Algunas veces, es posible intentar unir de nuevo los extremos del conducto deferente que se seccionó. Si el tubo se permeabiliza, los espermatozoides vuelven a poder atravezarlo, aunque no hay la seguridad de que tal cosa ocurra. También cabe que, en el transcurso de la vasectomía, algunos espermatozoides salgan del conducto seccionado y entren en contacto con el tejido interno. En tal caso se formarán anticuerpos contra los espermatozoides, que los dañarían si se unen de nuevo los conductos.

En la mujer se hace la ligadura de trompas (las trompas de Falopio, que comunican al ovario con el útero). Además de los riesgos que conlleva este tipo de intervenciones quirúrgicas, dejan al paciente sin la posibilidad de engendrar nuevos hijos en caso de que en el futuro así lo deseen.

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Hasta aquí los análisis de los anticonceptivos artificiales desde el punto de vista eminentemente científico, por supuesto menos importantes siempre que el humano, del que se puede decir lo siguiente:

Los anticonceptivos artificiales destruyen el orden cosmológico del que ya se ha escrito suficiente, ya que con ellos se hace a un lado el aspecto natural de la concepción (resultado final de la cópula en los períodos fértiles), se rompe la unidad biología-psicología-espiritualidad, propia del ser humano, desordenando así la esencia de la relación marital.

Si alguien busca en una relación únicamente el placer que le depara, estará dejando de lado partes esenciales de su condición humana, como son el aspecto psicológico y el aspecto espiritual, y su acción será meramente carnal. Así mismo, si lo que busca con esa acción es satisfacer la necesidad de sentirse deseado o incluso “amado” (si a esto se le puede llamar amor verdadero) estará mutando también la finalidad del acto y denigrándose a sí mismo.

Por esa razón, en ambas circunstancias, el hombre descubre un alto grado de insatisfacción que nace de la sensación de haber utilizado al otro o haber sido utilizado. Aunque esta sensación quiera ser considerada fútil, intrascendente o de poca importancia, siempre quedará ese sabor amargo de la entrega parcial, que es uno de los aspectos que dan explicación a la gran inestabilidad matrimonial de nuestros días.

La entrega con condiciones hace de los cónyuges un par de cómplices de una acción utilitarista, aun cuando se haya hecho de común acuerdo, ya que ambos se estarían utilizando recíprocamente; además, esta es una entrega parcial y, por lo tanto, no sincera, un acto que destruye la estabilidad de cada uno de los individuos y de la pareja, dando al traste con una de las principales finalidades de la unión matrimonial, la educación de la prole, quienes frecuentemente no podrán desarrollarse desde el punto de vista psicológico y espiritual sin asistencia profesional especializada.

Como se comprenderá, la trascendencia de esta circunstancia en la sociedad se observa hoy: muchos de los niños que mañana serán los motores del mundo están creciendo sin uno de sus padres y en una situación precaria de educación humana integral (emocional, espiritual, cultural y de conocimientos) que culminará en un retroceso en la moral de muchas naciones, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida de los hombres y de su relación con los demás.

Además, con el uso de los anticonceptivos artificiales se abrió un camino fácil y amplio para la infidelidad conyugal y se impulsó aún más la pérdida del respeto por la mujer.

Uno de los acontecimientos que impulsó la creación de los anticonceptivos fue que en 1798 Thomas Robert Malthus dijo que “el poder de la población es infinitamente más grande que el poder de la tierra para producir subsistencia para el hombre”. Pero Malthus olvidó que el poder de la inteligencia y de la fuerza de voluntad, actitudes que distinguen al hombre de los seres irracionales, da siempre paso a nuevas opciones, uno de cuyos ejemplos de las cuales son los cultivos hidropónicos, donde se multiplican los sembrados, fuera de la tierra.

Si, en cambio, los padres conocen los últimos avances científicos sobre métodos anticonceptivos naturales, los cuales han demostrado gran eficacia, podrán decidir con responsabilidad no tener más hijos, sin detrimento de su salud corporal, psicológica y/o espiritual.

Como se explicó anteriormente, sólo 4 días de un ciclo promedio de 28 son fértiles. Si se tiene en cuenta que la variabilidad biológica es grande, este lapso debe aumentarse para tener absoluta seguridad en el control de la natalidad. Por eso se habla de 11 días fértiles.

Pero esos once días se pueden reducir con estos métodos.

(Como se verá, conocer estos tiempos son el mejor método para lograr la concepción, en los casos en los que esta ha sido difícil.)

No se tratará aquí del método llamado del “ritmo” o de Ogino, ya que este método se considera hoy la historia de los métodos naturales.

F. El método del moco cervical, de la ovulación o Billings

Este método, desarrollado por el doctor Billings, médico australiano, enseña a las mujeres a examinar sus secreciones vaginales diarias para detectar cambios en la cantidad y calidad del fluido del cuello uterino, o moco cervical. Hasta la fecha es el mejor método para predecir cuándo se va a producir la ovulación.

A medida que el ciclo menstrual de la mujer avanza, la cantidad, color y consistencia de las secreciones mucosas del cuello del útero van cambiando probablemente como resultado de los cambios en lo niveles de estrógenos y progesterona del cuerpo. Al principio del mes (es decir, el primer día de la menstruación) hay más estrógeno circulando por la sangre y después de la ovulación, más progesterona.

En las fases iniciales del ciclo, inmediatamente después de la menstruación, puede haber uno o dos días “secos” con muy poca secreción evidente. La mucosidad normal es espesa y pegajosa durante estos días y forma una especie de tapón en el cuello uterino que impide el paso del esperma.

A medida que se acerca la ovulación, la mucosidad aumenta en cantidad y se vuelve viscosa y elástica -su textura es parecida a la de una clara de huevo-. En este momento, la mujer puede experimentar una sensación de humedad y “apertura” en su zona vaginal y puede observar esa mucosidad muy fácilmente. Fue sorprendente para muchos ginecólogos enterarse de qué tan bien puede la mujer identificar ese tipo de flujo. Es suficiente entonces explicarles eso y enseñarles a aplicar el método.

Esa secreción más clara y menos espesa permite el paso de los espermatozoides en dirección al óvulo y va aumentando en cantidad hasta el último día o día cumbre, lo que indica que la ovulación es inminente, antes de adoptar de nuevo una consistencia más turbia y espesa que precede a la sequedad de la siguiente fase.

Tan pronto como la paciente detecte el menor indicio de este moco más claro y elástico debe abstenerse de practicar el coito hasta 4 días después del último día en que la paciente puede detectar la menor evidencia de la misma, no importa cuál sea su cantidad.

Desde el cuarto día después del día cumbre hasta la menstruación (en un ciclo promedio de 28 días, esto representa aproximadamente unos 10 días) se puede considerar que la mujer no es fértil.

Aunque no es imprescindible, conviene espaciar la relaciones genitales cada dos días, para obviar la presencia del semen que podría, eventualmente, confundirse con la mucosidad vaginal.

Se han hecho pruebas que demuestran que muchas mujeres pueden identificar perfectamente los síntomas de sus mucosidades, lo cual permite que ellas puedan distinguirlas de las que se producen por aumentos patológicos.

Su fiabilidad está cerca al  98.5%, según datos de la Organización Mundial de la Salud y, según las investigaciones llevadas a cabo por el doctor Billings, al 99.2%.

G. El control de la temperatura basal

El fundamento del método de control de la temperatura basal reside en el aumento que experimenta la temperatura corporal inmediatamente después de la ovulación. El incremento de la temperatura se debe al efecto de la progesterona, cuya presencia en el torrente circulatorio es mayor durante y después de la ovulación.

El término “temperatura basal” se refiere a la temperatura del cuerpo en completo reposo. Por lo tanto, debe tomarse diariamente por la mañana, en el momento de despertarse, en ayunas y antes de levantarse de la cama. Se utiliza un termómetro corriente, que puede aplicarse en cualquiera de las cavidades del cuerpo (boca, vagina o recto), si bien es necesario que sea siempre la misma. Si se desea hay termómetros especiales marcados con décimas de grado que pueden ser más útiles para ese fin. El resultado ha de observarse transcurridos 5 minutos desde la postura del termómetro.

En la primera parte del ciclo, la temperatura de la mujer, en circunstancias normales, se encuentra entre los 35,5 y los 36,5 grados centígrados. A causa de los antes aludidos cambios hormonales hay un aumento de temperatura que oscila entre 0,2 y 0,5 grados centígrados. Si se detecta esta fase es posible determinar, no sólo el período fértil de la mujer para casos de infertilidad, sino todos los días infértliles de cada ciclo, con el fin de espaciar o evitar el nacimiento de nuevos hijos. De este modo, se calcula que el tiempo de infecundidad segura va desde el tercer o cuarto día hasta los primeros días que siguen a la menstruación próxima.

H. El método síntomo-térmico, de la doble verificación o muco-térmico

Este método combina tres sistemas diferentes con el objeto de aumentar la efectividad y predecir más exactamente en número de días fériles. Por ejemplo, combinando el método Billings y el de la temperatura, se pueden predecir el inicio de su período fértil obsevando sus mucosidades y anotando los aumentos de temperatura y los cambios posteriores en la secreción mucosa.

Con un poco de entrenamiento y observación también se puede aprender a detectar los diversos síntomas que indican la ovulación en un gran número de mujeres. Por ejemplo, algunas mujeres pueden detectar un leve dolor punzante en la parte baja y posterior del abdomen acompañada de una sensación de calambre. Esto se conoce como mittelschmerz. También se puede observar una ligera pérdida de sangre, fenómeno conocido como “punteo”. Malestar en el pecho, dolores de cabeza, depresiones recurrentes en momentos determinados del ciclo, también pueden ser indicios de que se está apunto de ovular. Algunos de estos cambios pueden ser muy sutiles y naturalmente varían mucho en cada caso, por eso, si se practica este método es bueno fijarse bien en los cambios que se produzcan en su cuerpo, pues no hay reglas generales aplicables a todas las mujeres. No obstante, casi todas las mujeres tienen una facilidad inmensa para observar y “sentir” los cambios propios de su cuerpo y de su funcionamiento fisiológico.

Vale la pena añadir que aunque todos estos métodos son buenos (bien manejados alcanzan un promedio del 98% de eficacia) es muy importante que la paciente, con ayuda de su esposo, elija el que mejor se adecue a su fisiología y a su personalidad.

I. El PG 56

Ahora se dispone de un sistema llamado PG 56, que consiste en un lente con el que se observa el moco: en el caso de que este se trate de un moco ovulatorio, se podrá ver una estructura parecida a la de un helecho. Si esto es así se sabrá, con certeza, que se está produciendo la ovulación y, por tanto, que no se deben tener relaciones genitales si no se desean tener hijos.

Su precio es bastante bajo, teniendo en cuenta que puede servir durante muchos años, e incluso de por vida.

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Si un hombre no es capaz de esperar a que pase la menstruación de su esposa para tener relaciones genitales, simplemente porque a ella le disgusta hacerlo durante esos días, se podrá verificar qué tan poco la ama, qué tan importante para él es lo genital en la relación y tal vez qué era lo que buscaba.

¿Qué pensar entonces de otro que no pueda esperar unos días por amor y por decisión mutua? Se trata simplemente de dominar las energías de la naturaleza y orientarlas al bien personal, conyugal, familiar y social: la ganancia es muy grande comparada con el esfuerzo que se realiza:

Estos métodos no agreden a ninguno de los cónyuges, ni química, ni mecánicamente. Son métodos reversibles. Pueden ser usados por cualquier pareja. Se acomodan a cualquier irregularidad menstrual, por grande que sea. Y son gratuitos.

Además, los métodos artificiales comprometen, casi siempre, a la mujer, y algunas veces -si se usa el condón- al hombre, lo cual hace injusta la relación: se le da la responsabilidad a uno sólo de los cónyuges. En cambio, con los métodos naturales se comprometen ambos en pro del bien común.

Todos estos métodos siguen los lineamientos de la naturaleza -no rompen el orden cosmológico- y, al requerir cierta dosis de dominio de la razón sobre los instintos, están a la altura de la dignidad del ser humano y lo engrandecen, ya que ese espíritu de sacrificio -es decir, amor verdadero (del que se habló bastante en el capítulo anterior)- los probará cada cierto tiempo y hará de su matrimonio una unión tan fuerte que nada ni nadie podrá destruir. La experiencia personal de muchas parejas -incluyendo la del autor de estas líneas, quien quiere participarlo a todos para que se amen con la misma fuerza- es prueba evidente de ello.

Todos los que se han animado a utilizar estos métodos naturales desean gritar al mundo entero que esta vía es una cadena de aspectos positivos que llevan a la felicidad conyugal: al disminuir la esclavitud de las pasiones, crece cierto instinto espiritual, ese enriquecimiento con valores espirituales hace que la lucha contra el egoísmo -cuna del desamor- sea mayor y más expedita y, lo que es mejor, se incrementa la capacidad para educar a los hijos, ya que el espíritu de sacrificio entrena a los cónyuges para crecer en ese amor, el cual, con el ejemplo, edificará un hogar compuesto por seres que saben anteponer la felicidad del otro a su egoísmo. Con este ambiente “en el aire” los hijos respirarán la alegría de dar, única capaz de granjearles la verdadera felicidad.

Ahora sí se puede hablar de paternidad responsable. Responsable viene del latín “responsum”, supino de “respondêre”, responder. Responder a los actos que libremente realizamos, es decir, saber respetar el orden cosmológico, no violarlo para destruirnos; saber que los genitales, como su nombre lo dice están en el cuerpo para generar nuevas vidas; saber que sólo somos libres cuando los instintos son dominados por la voluntad, guiada por la inteligencia; saber que lo que más diferencia al ser humano de las bestias es el amor…

 

Tomado del libro:

LA EDUCACIÓN SEXUAL. GUÍA PRACTICA PARA PROFESORES Y PADRES. 3ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2000.

 

 Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

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¿Vivir o sobrevivir?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en junio 3, 2012

 

Una investigación reciente mostró que un poco menos del 2% de los seres humanos es feliz y, cosa sorprendente, casi nadie se quiere morir.

¿Por qué sucede esto?

Los argumentos para responder esta pregunta pueden ser muchos, pero solo uno es acertado: al ser humano, por difícil que sea su situación, siempre le queda la esperanza. Esperanza de que la situación mejore por sí sola o por poder solucionarla. Los humanos somos de tal índole que siempre, aun cuando todas las puertas parezcan cerradas, persistimos en buscar una nueva salida.

Y siempre está latente en nuestro corazón la esperanza de hallar el camino para encontrar la felicidad.

Hay tantos hombres y mujeres que no comprenden para qué viven, por qué se levantan todos los días, para qué trabajan, por qué luchan y se afanan, por qué buscan divertirse con tanta ansiedad, por qué se frustran con tanta facilidad, por qué se deprimen tanto, por qué viven con estrés…

La mayoría de los hombres no viven la vida: solamente sobreviven.

Y lo hacen en un mundo que los induce a pensar que es más importante tener que ser; que es más valiosa la imagen que la dignidad del ser humano; que sobre el bien común domina siempre el particular; que aunque el mundo se autodestruya poco a poco, lo que interesa es disfrutar; que no le incumbe a esta generación la suerte de las venideras…

La puerta que se debe abrir para hallar las respuestas a las inquietudes más profundas del ser humano es la legítima sabiduría, la vía segura para arribar a la verdadera e imperecedera felicidad: ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Qué vine a hacer en esta vida?…

Contestar estas preguntas es ineludible para eliminar una de las principales causas del estrés moderno, tan arraigado en esta sociedad consumista…., ¡y a punto de ser consumida por sí misma!

Y ese será el comienzo del camino del auténtico vivir, que está muy por encima del simple sobrevivir.

 

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Problemas de comunicación

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en mayo 1, 2012

 

Carlos y Juana son una pareja de esposos que se quieren mucho.

Un día deciden regalar a una de sus mascotas. Por fin encuentran otra pareja que vive en el campo…

Juana le tiene un gran cariño a sus mascotas y, por eso, siente gran tristeza al desprenderse de la que decidieron entregar.

Carlos le dice:

–Estará bien. Es una casa de campo, y allá tendrá muchas comodidades y bienestar. Además, se ve que quieren mucho a los animales…

Sin embargo, eso no disminuye el desconsuelo de Juana: se despiden de los adoptantes y comienza a llorar.

Carlos no sabe qué hacer ni qué decir, y le repite las mismas palabras:

–No te preocupes; ya verás que estará bien…

Ocho días después van a la casa donde dejaron a su mascota.

Juana tiene la oportunidad de acariciar de nuevo a su ex-mascota y, al despedirse, se pone a llorar otra vez: su corazón siente gran nostalgia y, por un momento, piensa que los nuevos dueños jamás le dará el cariño que ella le daba; para desahogarse, dice en medio de suspiros:

–¡Pobrecito!

Es una forma de sacar afuera sus sentimientos, de aligerar su dolor…

Pero su esposo no comprende sino el lamento: “¡Pobrecito!”.

Inmediatamente, con el único fin de ayudar a su esposa a pasar ese trago amargo, dice lo que a él le serviría de alivio:

–¡Pero por qué “Pobrecito”, si se ve que está muy bien! Yo no lo veo mal…

Es que, a diferencia de las mujeres, para los hombres el remedio siempre proviene de un raciocinio; lo que él alcanza a pensar es lo siguiente:

Por la expresión de su esposa: “Pobrecito”, deduce que lo que ella siente es lástima por la mascota; y muy contento, cree tener la solución para quitarle esa pena: demostrarle a ella que no hay por qué sentir lástima, pues el animal está bien.

Lo que él no adivina es que las mujeres no expresan sus emociones con palabras exactas, sino simplemente muestran su tristeza, su dolor, intentan desahogarse…

Por eso, las buenas intenciones del hombre son malinterpretadas; ella le dice:

–¿Por qué siempre me dices que “por qué pobrecito”?

Y es posible que —al sentir que no encuentra el apoyo que esperaba de su esposo— añada:

–Sí; ya sé que soy una boba; que me pongo a llorar por bobadas…

Y esto desestabiliza al hombre, que puede sentirse defraudado porque su buena intención no dio resultado.

En algunos casos estas frustraciones se pueden traducir en irritación, que estalla en quejas y, por la situación anímica de ambos, todo esto puede derivar en una pelea conyugal.

 

Este suceso es apenas una pequeña muestra de lo que en la vida cotidiana de una pareja puede ocurrir, con más frecuencia de la que quisiéramos: como las mujeres desean expresar sentimientos y están heridas en esos momentos, suelen mostrar su dolor más a través de sus actitudes y el tono de su voz al hablar, que hablando con palabras acertadas, esperando que su cónyuge sepa interpretar todo dentro del contexto de su aflicción; por su parte, el esposo se ciñe a las palabras textuales y, tratando de ayudar, agrava el problema. Dicho de otra manera: por el dolor que la embarga, ella expresa con algo de imprecisión lo que siente, y él lo interpreta literalmente.

Ambos terminan frustrados y tristes y, a veces, más o menos enojados.

Definitivamente: las mujeres son de Venus y los hombres son de Marte. Por eso, conviene que los marcianos se esfuercen mucho para tratar de entender a las venusinas, y al revés; así también se demuestran el amor.

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Viagra, ¿la solución?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en abril 20, 2012

 

Fue una especie de equivocación: a los enfermos que se les administraba un medicamento para tratar una dolencia de la tensión arterial les empezaba a aparecer cabello en forma inusitada. Por eso ahora se vende en todas partes una sustancia que muchos calvos usan a diario para no verse así.

Lo mismo aconteció con el “Viagra”: se intentaba solucionar algunos problemas cardiovasculares con un medicamento vasodilatador, cuando se observó que los pacientes que padecían de disfunción eréctil (impotencia) mostraban mejoría en esta última patología. Hoy, el mundo entero habla con o sin conocimiento del tema.

La impotencia se divide en 2: la orgánica y la psíquica. La orgánica es la más rara de las impotencias, y puede producirse por lesiones espinales, por ejemplo en las tabes, en que se interrumpe el arco reflejo de la erección y la eyaculación; lesiones de los genitales, prostatitis , fimosis e hipogonadismo. Otras causas de esta rara afección son el alcoholismo y la diabetes.

La impotencia psíquica, de mayor incidencia, se debe a factores de tipo psicológico que pueden ser de índole personal, la mayor parte de las veces, o bien, estar relacionadas con dificultades en la relación sexual con su pareja (entiéndase relación sexual, no genital).

Pero casi siempre la impotencia psíquica o psicógena se presenta especialmente en personas jóvenes y se debe a estados emotivos, resultado de la educación machista que hace pensar a los hombres que la erección es signo de virilidad, mientras que la impotencia lo es de ausencia o disminución de la misma.

Por esta misma razón, muchos adultos, al llegar a la edad de 50 años o al acercarse a ella, se angustian tanto con su posible presencia que, paradójicamente, caen en ella. La impotencia obedece a estos estados emotivos y a otros, como depresión nerviosa, miedo, repulsión, sensación de inferioridad, resentimiento, etc., y no a la insuficiencia testicular. Una prueba de esto son los casos de impotencia en los que se mantiene la capacidad eréctil durante el sueño, mientras que de día es difícil o imposible, causado esto por factores de origen psíquico, pues los mecanismos nerviosos que controlan la erección se hallan totalmente intactos. Durante el sueño, la ansiedad o los temores que bloquean la erección no actúan, y esta se ve libre de interferencias.

Su tratamiento esencial se ubicará, obviamente, en la causa que la produce. Si una racionalización por parte del paciente es insuficiente, se acudirá a la psicoterapia.

Por eso, es erróneo pensar que el ahora famosísimo “Viagra” pueda llegar a la etiología (causa) del problema.

Es superficial aducir que, tanto en los jóvenes, como en los adultos que padecen de esta dolencia, se pueda hablar de curación con el “Viagra”. Es más exacto decir que al paciente se le hizo un tratamiento paliativo, es decir, que no se le solucionó el problema.

Sucede lo mismo cuando, ante la presencia de un dolor de cabeza producido por un tumor cerebral benigno, la enfermera le da una “aspirina” al paciente; a las 6 horas regresa el dolor. En cambio, si se ha hecho el diagnóstico a tiempo, el médico tratará efectivamente el tumor atacando la causa de la enfermedad, de modo que se produzca una curación.

El análisis del problema debe asentarse en la exacta concepción médica del mismo, antes de acometerlo moralmente: deshechados, entonces, los casos en los cuales la causa es psicógena u orgánica, no queda otra opción de uso que cuando el anciano desea disfrutar de lo que por naturaleza ya ha perdido, es decir, cuando se quiere vivir contra natura.

La naturaleza ha previsto que valores como la ternura y el amor espiritual vayan enriqueciéndose, mientras mengua el apetito sexual, para que los mayores se conviertan en recipientes de sabiduría poco sensibles a las pasiones, de modo que sean buenos consejeros de sus hijos y allegados. También está previsto por la naturaleza que ese enriquecimiento espiritual -que comienza al mismo tiempo que la vida humana- alcance niveles altos en esta etapa de la vida, de modo que el individuo esté preparado para la muerte, o mejor, para lo que viene después de la muerte.

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¿Un día de salario para la guerra?

Publicado por Mauricio Rubiano Carreño en marzo 4, 2012

 

Este gobierno hizo todo para conseguir la paz a través del diálogo; pero no pudo. Prometió poner todo el empeño —y lo hizo— pero la paz no llegó.

Ahora el país está más destruido física, emocional y moralmente…

La situación económica, que ya estaba grave, es ahora peor: las empresas siguen despidiendo trabajadores, los inversionistas siguen esperando o se van, el desempleo llega a niveles nunca alcanzados, se cierran negocios, los profesionales de la salud siguen siendo explotados, la construcción está frenada… A todo esto lo llaman peyorativamente recesión.

Mientras tanto, innumerables torres de energía fueron voladas por las FARC, y se anuncia la solución: el pueblo, ahogado por la situación económica, desprotegido del terrorismo por el Estado, inocente de todos los atentados contra la infraestructura eléctrica, es el que debe pagar y, para ello, se le aumentará el costo de la energía en un 25 %.

Por último, ante el fracaso del gobierno para lograr la paz, el ministro de Hacienda pide (¿y obligará?) al los ciudadanos —inocentes de todo el mal que recae sobre ellos— el producto de un día de su trabajo para la guerra.

¡Para la guerra, no para la paz! Y lo dice tan tranquilo. Nos están metiendo a todos en la guerra a las malas: quienes no habían sufrido en carne propia o de cerca los estragos de esta absurda guerra pagarán para que haya más colombianos muertos.

No fue suficiente que el Estado no educara para la paz a los que hoy destruyen la patria y sus gentes, sino que ahora, sufriendo los resultados de esa mala educación, hoy están escuchando nuestros hijos que todos pagaremos para la guerra. Con esta «formación», ¿qué será de ellos y de sus hijos?

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