Saber vivir

Archive for the ‘Saber vivir’ Category

Sencillez

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 3, 2017

Esta es una de las virtudes más valoradas: el hombre sencillo, la mujer sencilla, son acogidos en todas partes.

Obviamente, no se habla aquí de esa versión de la sencillez que usan algunos para descalificar a otros, por su poquedad de ánimo o de cultura y presencia; o porque son incautos, fáciles de engañar; no: quien posee la virtud de la sencillez es una persona natural, espontánea, habla sin sutilezas ni artimañas, no tiene doblez ni engaña.

Es sincero; jamás usa perspicacias ni simulaciones ni engaños. Nunca finge ni habla con tapujos. No es hipócrita. Ni siquiera dice verdades a medias ni mentiras “piadosas”.gota-de-agua

Cuando te habla, te mira a los ojos, te mira de frente, no habla de ti a tus espaldas, te dice en la cara lo que siente, nada se calla fuera de lo que la prudencia le dice que es inútil y puede producir males mayores.

Por otra parte, quienes son sencillos acogen lo que les dicen tal y como se los dicen; no están preguntándose: “¿Qué me habrá querido decir con eso?”. Con la misma sencillez con la que hablan, escuchan.

Contestan lo que les preguntan; eso, y nada más.

¡Pero qué escasa es esta hermosa virtud!

 

Anuncios

Posted in Educación, Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Sencillez

Mentes abiertas

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 26, 2016

mente-abiertaSegún la Real Academia de la Lengua, el fundamentalismo es una “exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”. En palabras sencillas, el fundamentalista te exige que te sometas a su modo de pensar o de actuar. Y te lo puede exigir de muchas maneras: no solamente por medio de violencia física, sino también agrediéndote verbalmente, presionándote para forzar tu voluntad, descalificándote si no piensas igual, burlándose de ti, etc.

Esta actitud está frecuentemente unida al fanatismo: “Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones.” Los fanáticos son esas personas incapaces de escuchar una opinión contraria, sin criticarla o atacarla de inmediato, pues no tienen la mente abierta a otros criterios: se cierran a priori a cualquier otra posición. Por eso se los denomina también personas de mente cerrada, absolutistas inmaduros, que no podrán alcanzar la verdad, pues se frenan, aferrándose a su posición.

Y los hay en todas las áreas: en la religión, en la política, en la opinión sobre temas públicos, en la historia, en el deporte…

Jamás aceptarán una cualidad de su oponente, abultarán sus errores y minimizarán los defectos de quienes defienden;  y lo mismo harán con su partido político, con su candidato o con sus creencias…

El hombre y la mujer libres, por el contrario, escuchan con atención e interés las nuevas propuestas o posiciones diferentes a las suyas, buscando las razones por las que otros las siguen, para verificar su viabilidad y, si así es -abiertos al cambio-, acogerlas con el fin de mejorar como seres humanos y avanzar más rápidamente en el descubrimiento de la verdad.

Si estos últimos fueran creciendo en número, no solamente disminuirían las polémicas inútiles, sino que un día se acabarían las guerras.

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Mentes abiertas

7 reglas para los residentes de edificios de apartamentos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 19, 2016

 

Señor residente:

 

 

 

Las siguientes son unas recomendaciones que le hacemos para hacer de la nuestra una comunidad más salvaje e inculta:

 

  1. Las plantas: Pase por encima de las plantas, para dañarlas y afear el edificio

 

  1. La basura: Arroje basura en las pequeñas canecas que están a la entrada del ascensor; estas están destinadas para que usted bote hasta paquetes grandes que no quepan

        En el depósito, coloque la basura como le dé la gana

        Arroje basura por la ventana de la cocina: caerá en el patio de los apartamentos del primer piso

 

  1. El ruido: Procure hacer ruido, para favorecer la intranquilidad de todos, especialmente los sábados por la tarde y los domingos; y también los viernes por la noche: recuerde que hay personas que trabajan los sábados

        Grite, para no perturbar la paz de los residentes de los otros apartamentos

 

  1. Los parqueaderos: Parquee donde le dé la gana, procurando quedar encima de las líneas delimitadoras de cada garaje o en el parqueadero de al lado

        Pídales a sus familiares que se anuncien en la entrada, desde el carro, para interrumpir la entrada

        Si escucha sonar una alarma de un carro, no se preocupe en lo más mínimo: que los demás se la aguanten

 

  1. Las zonas comunes: Permita que sus hijos jueguen fútbol: además de que eso quita la tranquilidad, podrían romper un vidrio de otros apartamentos

        No le importe si sus hijos adolescentes y jóvenes se queden de noche tomando licor e interrumpiendo el sueño de los demás

 

  1. Pago de la administración: No pague la cuota mensual de administración; salga siempre en la lista de morosos

 

  1. La cultura: Propicie las malas costumbres; ejemplo: nunca salude a nadie, no se gaste diciendo: “Buenos días”

 

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en 7 reglas para los residentes de edificios de apartamentos

El éxito de las redes sociales

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 6, 2016


FaceBook, Twitter, Instagram,  LinkedIn, YouTube, Google+, Pinterest, Reddit, Flickr, Tumblr, Imgur, SoundCloud, Vimeo, deviantART, , Twoo, Tagged, 4chan, Foursquare, Last.fm, MySpace, hi5, Snapchat

Sus creadores se volvieron multimillonarios, casi de la noche a la mañana. He aquí a algunos de los más conocidos.:

Mark Zuckerberg, Jack Dorsey, Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim, Kevin Systrom, Mike Krieger, Reid Hoffman, Allen Blue, Konstantin Guericke, Eric Ly y Jean-Luc Vaillant…

 

Pero son muchos más los que se están posicionando en el mercado de las redes sociales o pretenden hacerlo.

¿Por qué?

Porque se encontraron un mercado propicio:

Desde hace decenios, los padres modernos se ocupan de sus trabajos, de sus ingresos, de sus contactos laborales, de su vida socio-cultural-económica, de conseguir lo que llamaron desde entonces un “nivel de vida”, un status, tanto para ellos como para sus hijos.

E hicieron esto mientras sus hijos crecieron solos. Sin lo que más necesitaban: el amor protector de sus padres. Téngase en cuenta que durante los primeros años de vida los niños no tienen más criterio para medir el amor paternal y maternal que EL TIEMPO: el tiempo que les dedican: sus mentes en formación apenas alcanzan a deducir esto:

—Si mi papá no tiene tiempo para mí, es que no me ama. Para él es más importante su trabajo, su vida social.

Y esta deducción no la hacen a nivel intelectual; sólo la sienten…, la sufren.

En esa primera etapa de la vida no se poseen herramientas suficientes para solucionar el dolor que sienten.

Y crecen en la situación más dolorosa de todas: LA CARENCIA AFECTIVA INFANTIL. Es tan poderosa, que produce en unos agresividad, en otros cobardía, y la mayoría de las enfermedades psicológicas conocidas hoy: depresión, angustia, ansiedad, miedos, estrés…

Pero lo que más se repite es un patrón de suplencia: tratan de reemplazar ese afecto no recibido con otras personas, produciéndose la enfermedad más diseminada en el mundo actual: la dependencia afectiva, en la que se pretende obtener de su pareja —que puede ser hasta del mismo sexo— el amor que no recibieron en la infancia. Y, por supuesto, esto ni llena el vacío interior ni se construyen relaciones sanas, pues son seres enfermos de amor (léase: carentes de amor) que no buscan amar sino ser amados, lo que suscita miles de choques cada vez que se siente la frustración al no conseguir el amor que pretendían recibir…

Este es el caldo de cultivo que encontraron los creadores de las redes sociales: miles de millones de personas que viven ansiosas, buscando ser tenidas en cuenta, valoradas, reconocidas por otros, importarles a alguien…

En las redes sociales ¡oh, maravilla!, te dicen que te gusta tu foto o tu escrito, tienes tantos fans o seguidores, te comunicas con otros sin el riesgo del fracaso social, sin tener que vestirte a la moda, sin trabas de ninguna especie… ¡Eres reconocido!… ¿No suple eso en parte esas carencias afectivas?

Aunque se satisfacen con esto, su dolor interior no se sana por completo, pues nada ni nadie puede llenar el vacío producido por la falta de amor maternal o paterno: la enfermedad sigue vigente y creciente. Con esa potencialidad de clientes que desean cada vez más, ¿cómo no se hacen más millonarios los creadores de las redes sociales?

 

Posted in Educación, Reflexiones, Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El éxito de las redes sociales

¿En qué consiste la vida humana?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 26, 2016

Sentido de la vida

¿En nacer, crecer, estudiar, trabajar, fatigarse, casarse y tener hijos antes de morir, para que ellos hagan lo mismo?

-¿Por qué sigues los patrones de comportamiento que te impone la cultura, el medio ambiente social, la costumbre, la educación que te dieron…? ¿Acaso no eres libre? ¿Ya descubriste de dónde vienes, para dónde vas y qué viniste a hacer en esta tierra?

No eres un zombi, un autómata, un atontado: tienes un origen, una finalidad, una misión…, o varias.

Posted in Educación, Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿En qué consiste la vida humana?

Los 10 mandamientos… *

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 22, 2016

…para estar bien con uno mismo y con los demás, y para vivir con tranquilidad y felicidad:

 

1 No te quejes

Una cosa es intentar mejorar las cosas y otra es lamentarse aun sabiendo que lamentándose no mejorarán

 

2 Prohibido terriblizar

Es la mejor forma de inventar o agrandar problemas

 

3 Necesitas muy poco para ser feliz

Una persona cada día necesita menos cosas, y las pocas que necesita las necesita muy poco

 

4 Cuida el diálogo interno

No nos afecta lo que sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que sucede

 

5 No exijas nada a nadie

Una fuente de problemas es decirte a ti mismo que necesitas que todo el mundo te trate exactamente como tú quieres, todo el tiempo

 

6 Cuídate

Ocúpate primero de ti misma y deja de preocuparte por lo que piensen los demás

 

7 Utiliza el humor y el amor frente a lo que tú consideras locura ajena

Si otra persona está de mal genio, dale besos, hazle bromas, no discutas con ella mientras está así, y menos con insistencia

 

8 No te importe lo que piensen los demás

No estés justificando lo que haces o piensas

 

9 Quiérete incondicionalmente

No hables mal de ti, no te hagas el mártir ni te humilles ante los demás para causar tristeza y mendigar cariño

 

10 Quiere incondicionalmente a los demás

Cuando alguien te hace algo malo, piensa que nunca es a propósito o por que no te quiera; es porque se equivocó

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Los 10 mandamientos… *

Una nueva campaña

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 15, 2015

Pongamos esta leyenda en los carros:

IMG_0494

Posted in Saber vivir | Comentarios desactivados en Una nueva campaña

No grites…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 26, 2015

…mejora tu argumento.

 

Anónimo

Posted in Educación, Saber vivir | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en No grites…

Juzgar

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 8, 2014

En las discusiones, es muy frecuente que alguno (y a veces hasta todos los que discuten) tenga su posición sesgada, torcida hacia un lado, distinto de la verdad.

Esto suele ocurrir por una de estas 3 razones:

Primero, por prejuicios: tener opiniones anticipadas e inflexibles acerca de algo que se conoce mal. Por eso, prejuzgar consiste en juzgar las cosas sin tener de ellas un conocimiento completo. Este tema ya fue presentado en este blog, cuando se habló sobre la felicidad; se puede leer en:

https://mauriciorubiano.wordpress.com/2014/08/01/opinar-sobre-la-felicidad/

En segundo lugar, las personas suelen tener posiciones inclinadas anticipadamente hacia una postura determinada. Es el caso que quienes, por defender un credo o idea, adecúan todos los argumentos de la discusión con el único fin de demostrar que su posición es la correcta.

Por supuesto, en ambos casos se puede decir que esas personas no son totalmente libres para juzgar ni las situaciones ni las personas, pues para descubrir la verdad —toda la verdad— es necesario no solamente conocer bien el tema, sino estar abierto al diálogo y, sobre todo, a la posibilidad de estar equivocado. A esas personas les queda imposible salir del error.

Pero lo que más quita la libertad para juzgar una circunstancia es la tercera razón: no escuchar a ambas partes, antes de dar el juicio.

Los ejemplos pueden ser múltiples: si viéramos una película americana sobre la época de la Guerra fría y nos dejamos influenciar por ella, concluiremos que la Unión Soviética era la malvada entonces; pero, ¿qué ocurriría si viéramos una película hecha en la URSS?… Lo mismo sucedería si leyéramos un libro que analiza ese momento histórico: habría que averiguar primero de qué lado estaba quien lo escribió…

Es indispensable, pues, tener el equilibrio, la ecuanimidad de escuchar a las partes que están en discusión y sacar una conclusión más cercana a la realidad.

En el caso, por ejemplo, de los consejeros matrimoniales, si solo escuchan a uno de los cónyuges, tendrán un enfoque parcializado de la situación; es necesario que los oigan a ambos, para poder acercarse un poco más a la verdad (que nunca llegarán a abarcar completamente), y tener la capacidad de evaluar mejor la situación conyugal, con lo que podrán emitir un juicio más acertado, que los capacite para realizar un tratamiento más eficaz.

A esto se suma un par de conductas no tan poco comunes como se cree: las malas experiencias y la generalización. Otro ejemplo puede ayudarnos a comprenderlas: el caso de un niño violado por un sacerdote, que con el tiempo desarrolla una gran aversión a todo el clero, a la Iglesia y hasta a su doctrina; si canaliza su dolor leyendo todo documento anticatólico o anticlerical que encuentra, estimulará poco a poco su rencor, hasta que se convierta en odio. Y, si se encuentra con escritos sesgados que solo muestran el lado malo de la Iglesia, alimentará ese aborrecimiento más y más…

Estos son los individuos que más caen en los 2 errores anteriormente descritos: prejuzgar y acomodar la verdad para defender su posición.

Al llegar a este punto, debemos tener en cuenta que estamos hablando de seres humanos heridos (a veces muy gravemente), incapaces de encontrar la diferencia entre el individuo (un sacerdote malvado) y la institución a la que pertenece, tal y como lo hacen muchos con la conocida falacia: «Carlos es colombiano; muchos colombianos son narcotraficantes; en consecuencia, Carlos es narcotraficante».

A estas heridas e incapacidades se suman muchas más, especialmente la agresividad: en vez de exponer su enfoque con serenidad, dejando abierta a los demás la posibilidad de que discrepen de ellos, los tildan de ciegos e ignorantes, cuando no los ofenden más gravemente, evidenciando así su falta de seguridad en sus propios criterios. Olvidan que la verdad se sostiene sola, no necesita ser defendida, solo debe ser presentada para que brille por sí misma.

Esta inmadurez es debida, obviamente, a su historia de traumatismos, sumada a sus continuos desaciertos para eliminar su dolor interior o, al menos, disminuirlo.

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Juzgar

¿Opinar sobre la felicidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 1, 2014

 

Cada vez que observamos una circunstancia o un comportamiento humano, inmediatamente nos formamos un juicio interior sobre ello; y a veces —quizá con mucha frecuencia— hasta lo manifestamos.

Pero, ¿qué tan acertado es ese juicio?

En el caso de una persona, por ejemplo, ¿cuánto sabemos acerca de las circunstancias que se rodeaba? ¿Conocemos su historia?, ¿entendemos cómo la afectó su vida familiar en su infancia para actuar como lo hizo?…

Es conocidísimo el ejemplo que pusiera Steven Cobie en uno de sus best seller: el caso de una señora que, enojada con un hombre que mantenía los ojos en el piso y no controlaba a los bulliciosos niños con los que se subió al metro, lo reprendió con dureza. El señor la miró un instante, bajó los ojos de nuevo y dijo: “Sí, señora; tiene razón… Supongo que están así porque no saben cómo reaccionar… Acaban de perder a su madre…”

¡Pocas veces nos percatamos de haber hecho un juicio falso o por lo menos desacertado, al verificar que fueron otros los motivos los que movieron a la persona a actuar o hablar de determinada manera!: a veces un gesto de dolor lo interpretamos como agresión; un silencio como cobardía o algún cargo de conciencia; una sonrisa como una burla…

¿No es verdad que acostumbramos a lanzar juicios sobre personas que desconocemos o cuyos motivos de obrar ignoramos? Nos atrevemos a juzgar lo que no alcanzamos ni comprendemos completamente, lo que no penetramos.

Decimos lo que creemos, pensamos, opinamos, ¡juzgamos!

Y, si eso ocurre con una sola persona, ¿qué podremos decir en las discusiones entre dos? La ignorancia se multiplica por dos y el margen de error también.

 

Eso mismo hacemos con las instituciones: sin averiguar minuciosamente qué razones las llevan a tomar algunas determinaciones, con una facilidad asombrosa somos capaces de emitir opiniones sobre sus decisiones. Dictaminamos, sentenciamos, damos veredictos, basados casi siempre en nuestra ignorancia sobre el tema.

¿No es eso lo que ocurre cuando criticamos una decisión gubernamental, sin haber asistido a los debates previos con base en los cuales la produjeron? Un ejemplo más pequeño es el del conductor de automóvil que se queja de una restricción en un cruce, sin conocer las estadísticas de accidentes que instaron a la autoridad correspondiente a prohibirlo (esto no quiere decir que las autoridades siempre acierten; por eso mismo es necesario estudiar cada caso con profundidad).

Antes de juzgar, pues, es necesario saber.

¿Qué opinión puede dar, por ejemplo, un ingeniero civil en una junta médica que dirime lo que se le debe hacer a un enfermo de gravedad? O al revés: ¿Qué puede aportar un médico para realizar un cálculo de estructuras para un gran edificio?

Que cada cual opine en lo que sabe.

 

Además de todo esto, hay tres temas en los que la mayoría de las personas cree que puede opinar sin tener conocimiento suficiente. Y son los más controversiales: la ética, la felicidad y la fe.

Estos temas, que son los más investigados en la historia de la humanidad —hay una mole inmensa de investigaciones científicas serias—, son los que deberían estudiar previamente quienes desean discutirlos; pero precisamente son estas las investigaciones que menos se leen: la mayoría de los hombres opinan sobre la ética, la felicidad y la fe —tan estrechamente relacionados entre sí— basados únicamente en criterios subjetivos.

Como se deduce, argüir sin este conocimiento previo no produce utilidad alguna y, con más frecuencia de la que quisiéramos, la discusión termina produciendo acaloramientos fastidiosos y, a veces, hasta agresiones personales infantiles.

Y si no tenemos tiempo para estudiar, ¿no sería prudente dejarnos enseñar de quienes en la práctica están logrando la felicidad o ya la consiguieron?

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Opinar sobre la felicidad?

¿Por quién votar?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 9, 2014

 

He aquí los criterios que debe seguir un buen ciudadano para elegir a sus gobernantes y representantes.

La obligación de quien vive y cree en una democracia es analizar concienzudamente en cada candidato:

  1. la vida,

  2. las propuestas,

  3. la fidelidad que ha mostrado a sus principios,

  4. su honestidad y

  5. su ética.

El ciudadano no debe permitir con su voto (o al no votar) que sea elegido un candidato que no procure el bien común (imponiendo, por ejemplo, políticas que favorecen solo a unos pocos), que viole los derechos fundamentales particulares (por ejemplo, que imponga a los padres una educación contraria a sus creencias…) o que está en contra de la ley natural (por ejemplo, uno que propicie el aborto, el matrimonio de homosexuales, la tenencia de hijos por parte de parejas homosexuales, etc.), pues se dañaría la entraña misma de la vida y la dignidad humana.

Además, en algunas ocasiones, el ciudadano debe usar la estrategia de votar no por el candidato de su preferencia —si sabe que de todos modos no ganará—, sino por el que entre los posibles ganadores dañaría menos al país…

En resumen: hay que usar criterios éticos, procurando al máximo que tanto el bien común como el particular ganen, y usando la sagacidad.

 

Posted in Colombia, Saber vivir | Comentarios desactivados en ¿Por quién votar?

Dar la vida por…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 1, 2014

Hay quienes dan la vida por un ideal: Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Jesucristo y muchos más fueron asesinados por defender sus metas.

Otros dan la vida, gota a gota, día a día, gastándola por una causa. Y la mayoría de ellos ha logrado sus sueños.

¿Y tú? ¿Por qué luchas? ¿Cuál ideal da sentido a tu existencia? ¿Para qué te levantas todos los días?

¿Acaso eres de los que responden: “Es que tengo que ir a trabajar” o: “a estudiar”?

Quizá no tengas ideales…

Entonces déjame preguntarte: ¿Qué impulsa tus actos? ¿Qué te mueve a trabajar? ¿Qué deseas en esta vida?

Existen seres humanos que lo único que quieren es no sufrir; pasan sus días tratando de evitar el dolor, los sufrimientos, las penas, los sinsabores… ¡Y jamás lo logran! ¿Sabes por qué? Porque en la vida humana, además de los gozos, siempre habrá sufrimientos.

Es que, con respecto a este tema, hay sólo dos opciones: trabajar sin miedo al sufrimiento ni a la muerte por conseguir un ideal o sufrir estúpidamente.

Recuerda la época de Alejandro Magno: la mayoría de sus coetáneos vivían para la gloria, luchaban por la fama, se sometían a cualquier sufrimiento por quedar como héroes, como los más valientes; arriesgaban su vida por ello y, si morían en el intento, se daban por bien pagados: su historia había quedado como un ejemplo para la posteridad…

Eso mismo —con connotaciones distintas— veíamos en las películas de vaqueros del oeste estadounidense: ¡Cuántas veces los oímos exclamar: “Es mejor morir como un valiente que vivir como un cobarde”!

La gloria ante los hombres. Algunos encuentran en esto una razón para vivir. Pero, dime: ¿Vale la pena vivir por eso?, ¿morir por eso?

Te lo digo porque hoy hay muchos y muchas que arriesgan su vida y se someten a toda clase de sacrificios por obtener una buena imagen: lo que no hacen por un gran ideal sí son capaces de hacerlo por ser delgadas y esbeltas —ellas— o ellos, por tener gran musculatura: ¡cuántas dietas y cirugías!, ¡cuántas horas pasan en el gimnasio!… Y la mayoría terminan igual que los demás: viejos, arrugados, olvidadizos (cuando no con alzheimer), encorvados, arrastrando los pies, dependientes… Eso no es gloria; ¡Es vanagloria!: gloria vana.

Lo mismo pasa con quienes intentan alcanzar la dicha con la fama, las alabanzas, los elogios, el prestigio… Buscan la popularidad, la reputación, el crédito, los honores… Compiten por premios, homenajes, distinciones, diplomas, estatuillas…; y persiguen todas estas cosas con ahínco, como si necesitaran el reconocimiento de los demás… Aquí no solo hay gloria vana sino también esclavitud.

Esclavitud parecida a la de aquellos que viven solo para el placer o el tener…

Otros, en cambio, han puesto sus talentos al servicio de la humanidad.

Te lo pregunto de nuevo: ¿Qué motiva tu vida? ¿Por cuál ideal estás dispuesto a sufrir?, ¿a morir?

El ideal que te motive le dará el valor a tu existencia. En otras palabras: tu valor como ser humano lo define aquello por lo que eres capaz de dar la vida.

Busca, pues, ese ideal. Pronto.

Y comienza a vivirlo. ¡Comienza a vivir!

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Dar la vida por…

La enfermedad del III milenio

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 16, 2014

 

¿Tiene la vida algún sentido? ¿Por qué existe la enfermedad? ¿Qué explicación hay para el sufrimiento humano? ¿Por qué nacen algunos en hogares ricos y otros son tan pobres? ¿Dónde se encuentra la felicidad auténtica? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Existe Dios? ¿Existe la suerte… o el destino? ¿Por qué sufrimos estrés? ¿En qué consiste el amor?…

Por supuesto: hay muchas preguntas más. Pero la más importante es: ¿Puede ser feliz un ser humano sin resolver estas inquietudes?

Y tú, ¿ya contestaste estas y tantas preguntas que nacen durante la adolescencia? ¿O las muchas ocupaciones de la vida —estudios, trabajo, amistades, noviazgo, matrimonio, cónyuge, hijos, etc.—, hicieron que te olvidaras de buscar el sentido de tu existencia?

Tal vez lo que hiciste fue elegir creer en lo que subjetivamente te pareció más factible, sin el menor estudio… Así decidiste en qué dios creer, qué te puede dar más felicidad, qué es lo correcto, con quién casarte, si tener hijos o no, qué estudiar, etc.

Y quizá las circunstancias, sin preguntarte siquiera, dispusieron en qué empresa debías trabajar, cuánto ganar, dónde vivir, con quién…

Efectivamente, ahora que comenzó el tercer milenio, los seres humanos —que llevan cerca de doscientos mil años sobre la tierra— nunca habían vivido más inconscientes:

No solamente ignoran su esencia sino que toman las decisiones más importantes de su vida sin criterios seguros, obviamente porque una cosa lleva a la otra: si ni siquiera sé quién soy, qué soy, ¿cómo voy a saber lo que me hará feliz? Si no conozco mi dignidad, mi valor como ser humano, ¿cómo voy a dimensionar si los actos que realizo me procurarán el verdadero bienestar?

Y lo que es peor: al no tener una norma objetiva para la toma de decisiones, la mayoría de los habitantes de este globo terráqueo usan el primer criterio subjetivo que les viene a la mente:

  • unos se entregan por completo a divertirse y procurarse los mayores placeres, reduciéndose así a una especie de máquinas de autocomplacencia;

  • otros dedican todos su esfuerzos a ganar dinero y poder, esclavizados por el deseo de tener, en el que fundamentan todas sus seguridades, sin pensar siquiera qué harán cuando les llegue a faltar;

  • algunos encaminan sus vidas a sobresalir en el campo profesional, a lucirse en cualquier arte o con la apariencia, pensado así atraer las miradas y la admiración de los demás, demostrando con esto lo vacíos que se sienten por dentro;

  • hay quienes a lo único que aspiran es a no padecer dolores y sufrimientos, convirtiéndose así en seres pusilánimes (incapaces de emprender cualquier ideal), cobardes y apocados, siempre tristes…

Y son todos estos quienes deciden casarse por infinidad de razones distintas al amor auténtico, único criterio que asegura la felicidad conyugal perenne; y también de estos grupos es de donde salen esas personas que eligen la vida religiosa o sacerdotal por capricho, para esconderse, por seguridad económica, comodidad…, por cualquier razón diferente al amor a Dios…

No tienen ideales algunos, fuera de sus mezquinos egoísmos.

Son los que uno les pregunta por qué salen a estudiar o a trabajar, y contestan un par de palabras que denotan su esclavitud, su falta de libertad: “Porque toca”.

Suelen ser mediocres en sus vidas, en sus labores, en sus relaciones… ¡Ni siquiera se les ocurre dejar un legado en este mundo!…

No parecen seres humanos vivos, parecen zombis (muertos que parecen vivos), porque en realidad no están vivos: vivir es tener una razón para hacerlo; sobrevivir es apenas mantenerse vivo. Los animales, por ejemplo, simplemente sobreviven.

Para agravar su desgracia, precisamente porque no perciben el gran valor que tienen como personas humanas, piensan y actúan en contra de su propia naturaleza, de su propia dignidad:

  • usan la sexualidad, no para donarse y enriquecerse mutuamente y abiertos a la procreación como expresión natural del amor verdadero, sino para usarse el uno al otro en un utilitarismo degradante, que hace del otro un simple objeto de placer sexual, no una persona con valores y sentimientos que desea ser respetada y amada, facilitando la promiscuidad vil, cada vez más pare3cida a la conducta animal;

  • con este mismo criterio sobre la vida sexual, inducen a la infidelidad, que cae sobre el otro, con toda su carga de frustración y dolor, y que deja secuelas psicológicas graves en sus hijos, casi imposibles de superar sin ayuda profesional especializada (se llegan a propiciar, como si fueran naturales, orgías sexuales en las que mezclan los cónyuges de dos o más parejas);

  • defienden la idea de que la homosexualidad es simplemente una opción —a pesar de ser antifisiológica y contraria a la anatomía natural—, y hasta exigen el “derecho” de las parejas homosexuales a adoptar hijos, olvidándose del natural derecho del niño a tener un padre y una madre;

  • llegan a defender el homicidio de personas humanas en el vientre materno, sin tener en cuenta los conocimientos científicos —genéticos y embriológicos— que demuestran lo que el sentido común ya sabía: que la vida comienza con la concepción y que, por ser humana, merece el mismo respeto que la de un adulto…

Se podría seguir indefinidamente mostrando qué tan ruin puede llegar a ser el individuo por este camino.

En fin, basados en la falacia de que “todo lo moderno es mejor”, promueven todos esos errores contrarios a su propia esencia, como si fueran aciertos, sin darse cuenta que jamás los llevarán —ni a ellos ni a quienes intentan persuadir— por los caminos de la felicidad, pues tanto cuando se vulnera el derecho a la vida como cuando se viola la entraña misma de su dignidad, aparecen tal corrupción y tal perversión, que la vida se deshumaniza y esclaviza.

En cambio, quienes son coherentes, es decir, quienes saben que sus actos no deben ir en contra de su propia naturaleza, se esfuerzan en conocer esa naturaleza profundamente y ejecutan cada una de sus acciones en concordancia con ella.

Con esta libertad de pensamiento y de acción (ya no se dejan guiar por el error), sin permitir que el acaso o las circunstancias decidan por ellos, eligen acertadamente entre las diferentes opciones y descubren que hay una razón para su existencia en este mundo, que tienen una misión y que cumpliéndola se realizarán como verdaderos seres humanos, dirigiendo sus vidas hacia la auténtica felicidad.

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La enfermedad del III milenio

Un mundo mejor en el tráfico

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 10, 2013

 

Hay un mundo en el que la gente no pelea por un puesto en el tráfico, hay un mundo en el que los vehículos no se cierran el uno al otro, hay un mundo en el que los conductores no se echan el carro, no se agreden, no se insultan, no se pitan…, ni siquiera se miran feo…

Hay un mundo en el que los choferes viven en paz, sonríen, disfrutan conduciendo…

 

Ese mundo está dentro de usted: basta que le dé paso a cuatro nuevas conductas:

  1. Salga con el tiempo suficiente para no ir afanado

  2. No pite para regañar, sino únicamente para prevenir

  3. Trate de comprender hasta a los conductores más torpes

  4. Disfrute manejando: no piense tanto en sus «derechos», sino en el gusto de hacer el bien a los demás: darles el paso, tener paciencia, sonreír…

Recuerde que así disminuirá su estrés, prevendrá muchas enfermedades, dormirá más tranquilo y, lo que es mejor, estará construyendo un mundo mejor.

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , | Comentarios desactivados en Un mundo mejor en el tráfico

¿Compasión o reprensión?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 18, 2012

 

Nos hiere profundamente la actitud de muchas personas a través de la cual expresan su desprecio, su interés por mostrar su superioridad sobre nosotros o su absoluta falta de interés en nuestras necesidades. Y a veces no nos quedamos sin hacer algo al respecto: reiteramos que todos ellos merecían una reprensión, y la hacemos o de algún modo la propiciamos.

Y esta actitud la tenemos tanto en el ámbito laboral como en todos los campos de nuestra vida: familia, relaciones sociales, vendedores, trato con dependientes de cualquier empresa… Y así llegamos a ganarnos la animadversión de muchos… Y lo que es peor: no la pasamos muy bien, puesto que con cada evento nos enfadamos o, al menos, sentimos algún disgusto, a pesar de la supuesta satisfacción lograda al haber defendido “mi causa” o “la causa de otros”…

Pero hay un camino hermoso por recorrer:

Así como nosotros mismos tenemos defectos, los demás tienen también —digamos— ese “derecho” a ser defectuosos. Nadie es perfecto. Y, en consecuencia, también ellos tienen derecho a que nosotros seamos capaces de pasar por alto sus errores, así como lo esperamos de ellos.

Los defectos de cada persona tienen sus raíces en causas muy profundas, y que casi todos ellos nacen de carencias afectivas en la primera etapa de la vida: antes de los doce años. En esa etapa de nuestra vida todos necesitamos recibir una dosis suficiente de amor por parte de nuestros padres, y que nuestros padres, porque no la recibieron, no pudieron dárnosla en medida suficiente. Y esto se remonta, generación tras generación, en orden ascendente, quién sabe desde cuando…

Lo peor de esta situación es que en esa época no somos capaces de entender por qué no nos aman suficientemente (ni siquiera tenemos clara esa idea en el cerebro); sólo nos duele…

Y, como somos tan pequeños, no tenemos las herramientas para encarar esa realidad y, mucho menos, darle solución.

Por estas causas, hay miles de personas llenas de agresividad o, por el contrario, de pusilanimidad, simplemente porque no recibieron el amor necesario para que sus vidas —desde el punto de vista afectivo y emocional— se desarrollaran adecuada y normalmente.

La mayoría de ellos tratan de suplir esas carencias afectivas ahogándolas en cuatro actitudes que toman como la razón de ser de sus vidas: el tener, el poder, el placer y/o la fama, tratando de llenar inútilmente con ellas ese vacío (si tienen dinero, acuden a las ciencias de la psicología clínica o la psiquiatría).

Y es por esto que encontramos personas que quieren imponerse de alguna manera sobre los demás (así sea aprovechando que tienen poder para manejar al público), altivos, arrogantes, displicentes, déspotas, despreciadoras, despectivas, desdeñosas, totalmente desinteresadas en los problemas de otros, frías y hasta sin la más mínima cultura para saludar, como te ha pasado con algunos médicos.

¡Pobres seres humanos!: unos tratan de llenar sus vacíos afectivos infantiles con esas actitudes mientras que otros reaccionan agresivamente para ocultar su vulnerabilidad. Sí; porque gritar o emplear la fuerza (física o con palabras) es la mayor muestra de debilidad: el hombre que está seguro de su poder no siente necesidad de demostrarlo. Por eso son dignos de nuestra compasión, no de nuestra reprensión.

Podemos estar por encima de esas lides. Podemos decidir verlos como lo que son: víctimas que lloran porque no recibieron cariño, aunque lloren equivocadamente. Pensemos por un momento: ¿Qué hacemos cuando vemos el berrinche de un niño? ¿No es verdad que no le damos la trascendencia que le damos a la de un adulto? Pues bien: ¿por qué hacemos esta diferencia? Porque no hemos descubierto que entre la actitud infantil de un niño y la de un adulto que no supo cómo solucionar las carencias afectivas de su infancia no hay diferencia: son adultos en el porte, no en el interior. ¡La correcta actitud de un adulto que se siente atacado de alguna manera por estos sufrientes seres es la lástima! Y, tras ella, la comprensión Y después el perdón. ¡Aunque nos estén hiriendo!, pues ya sabemos de qué herida viene su agresión.

Quien comienza a actuar así empieza a descubrir algo maravilloso: que esas agresiones ya no lo hieren tanto, que esos errores ya no le afectan. ¡Se ha comenzado a liberar! Se ha comenzado a curar; ¡y sin medicamentos ni terapias de ninguna clase! Poco a poco empieza a verificar que puede llegar al estado en el que nada lo afecta; como dicen ahora los muchachos: ¡Todo le resbala!

Pensemos: “Si yo hubiera nacido en el hogar en el que nació Hitler, hubiera vivido en sus circunstancias históricas, hubiera tenido los padres y amigos que él tuvo, hubiera sufrido lo que él sufrió, etc., me pregunto: ¿No sería igual o peor que él?” ¿No es verdad que, en su situación, nosotros seríamos peores que esos que nos agreden o nos ignoran y desprecian…? Lo repito: ¡Pobres seres humanos! Necesitan de nuestra comprensión y corremos a corregirlos, sin saber de dónde les vienen todos sus males…

¡Qué serenidad produce el dejar de sentir las agresiones y desprecios que nos hacen! Pero más enriquecedor es acabar con ese deseo de “dejar sentada nuestra posición” ante los demás, de corregir, de reprender, de exigir respeto (cuando sabemos que no pueden darlo). Se reducen —y hasta se acabarían— las disputas acaloradas, y el mundo comenzaría a caminar hacia la paz auténtica: esa que viene de dentro, esa que no se pierde fácilmente, esa que fortalece y da ejemplo.

Finalmente, solo así lograremos la verdadera pureza de corazón: la absoluta indiferencia a todo lo que no sea amor.

Posted in Reflexiones, Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Compasión o reprensión?

¿Vivir o sobrevivir?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 3, 2012

 

Una investigación reciente mostró que un poco menos del 2% de los seres humanos es feliz y, cosa sorprendente, casi nadie se quiere morir.

¿Por qué sucede esto?

Los argumentos para responder esta pregunta pueden ser muchos, pero solo uno es acertado: al ser humano, por difícil que sea su situación, siempre le queda la esperanza. Esperanza de que la situación mejore por sí sola o por poder solucionarla. Los humanos somos de tal índole que siempre, aun cuando todas las puertas parezcan cerradas, persistimos en buscar una nueva salida.

Y siempre está latente en nuestro corazón la esperanza de hallar el camino para encontrar la felicidad.

Hay tantos hombres y mujeres que no comprenden para qué viven, por qué se levantan todos los días, para qué trabajan, por qué luchan y se afanan, por qué buscan divertirse con tanta ansiedad, por qué se frustran con tanta facilidad, por qué se deprimen tanto, por qué viven con estrés…

La mayoría de los hombres no viven la vida: solamente sobreviven.

Y lo hacen en un mundo que los induce a pensar que es más importante tener que ser; que es más valiosa la imagen que la dignidad del ser humano; que sobre el bien común domina siempre el particular; que aunque el mundo se autodestruya poco a poco, lo que interesa es disfrutar; que no le incumbe a esta generación la suerte de las venideras…

La puerta que se debe abrir para hallar las respuestas a las inquietudes más profundas del ser humano es la legítima sabiduría, la vía segura para arribar a la verdadera e imperecedera felicidad: ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Qué vine a hacer en esta vida?…

Contestar estas preguntas es ineludible para eliminar una de las principales causas del estrés moderno, tan arraigado en esta sociedad consumista…., ¡y a punto de ser consumida por sí misma!

Y ese será el comienzo del camino del auténtico vivir, que está muy por encima del simple sobrevivir.

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Vivir o sobrevivir?

Prioridades

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 4, 2011

 

Una de las verdaderas causas de estrés es el no darle, en nuestras mentes, la importancia que tienen las cosas, las circunstancias y las personas en nuestras vidas.

Con frecuencia, por ejemplo, anteponemos cosas superfluas a las trascendentales o les damos más interés a circunstancias secundarias o le dedicamos más tiempo a personas menos allegadas que a los seres queridos…

Se da también el caso de quienes tienen una desavenencia con un amigo, y no valoran el apoyo que recibe en su propio hogar.

Hay quienes se amargan el día porque no pueden ir a tomarse unos tragos y departir con sus amigos, pues los requieren asuntos de trabajo o familiares

Otros se angustian mucho ante la inminencia de una dificultad económica, pero olvidan que lo más importante —su salud espiritual, psicológica y biológica— está bien.

Por otra parte, es común observar cuánto se pierde diariamente al dedicar tiempo y esfuerzos a cosas triviales, dejando de lado las cosas que nos harían realmente felices.

Y todo esto obedece a que no tenemos ordenadas las ideas.

Lo más importante en un ser humano es que posee un alma espiritual, que está destinado a ser eternamente feliz; que esta vida es un paso, «una mala noche en una mala posada», como dijo santa Teresa de Ávila. Por lo tanto, la mejor inversión (de tiempo, de esfuerzo, de dedicación) es la que se haga para lograr esa trascendental meta.

En segundo lugar está la familia, sus seres queridos: el amor que logre construir. Con ese empuje e inspiración podrá proyectar ideales altos y soportará cualquier penalidad.

Luego, es necesaria la salud. Con ella se puede trabajar y dar el máximo de las capacidades para llegar a ver hechas realidad las metas que se proponga.

Después de estas preferencias están las otras personas, circunstancias y cosas de la vida de un ser humano.

Como resumen, el siguiente cuadro podrá servir para ordenar la vida humana por prioridades y, sobre todo, para elegir en cuál área trabajar primero para forjar nuestro bienestar:

 

  1. Mi salvación eterna y la de mis seres queridos

  2. Mi relación con mis seres queridos

  3. Mi salud y la de mis seres queridos

  4. Mis necesidades materiales

  5. Mis relaciones familiares

  6. Mis amistades

  7. Mis gustos personales

 

Confronte con su propia vida las cosas que de esta lista ya posee, las que necesita mejorar o reforzar y las que le hace falta implementar. Y comience hoy mismo.

Póngase metas diarias, semanales, mensuales y anuales; revise a diario cómo va el mejor negocio de su vida: su propia felicidad.

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Prioridades

Las verdaderas causas del estrés

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 1, 2010

 

Se presenta con mucha más frecuencia de lo que se quisiera el hecho de que se reaccione exageradamente a los momentos negativos de la vida: la tristeza, el desasosiego, la depresión, el desconsuelo, la ira, la sensación de impotencia y otras muchas patologías psicológicas son «el pan de cada día» en los consultorios de psicólogos.

Una investigación llevada a cabo en casi mil personas arrojaba resultados similares a todos los precedentes: 1) la disolución conyugal, 2) los problemas económicos, 3) la muerte de seres queridos, 4) el exceso de trabajo y 5) el trafico de las calles, encabezaban la lista de los factores etiológicos, es decir, de las causas que provocan los problemas psicológicos.

Sin embargo, al avanzar la investigación, fue sorprendente encontrar individuos que no sufrían estrés, a pesar de estar viviendo uno o varios de estos problemas. Por eso, se llegó a descubrir algo que reevalúa todos los criterios científicos que existían sobre el estrés: no son causas externas las que producen el estrés: no es el tráfico de las calles, ni los problemas conyugales, ni la falta de dinero, ni el exceso de trabajo lo que estresa al individuo, sino que hay individuos con propensión a sufrir de estrés; es decir, no existen situaciones estresantes sino individuos estresables. 

Pero, ¿de dónde sale esta ineptitud, esta incapacidad? La misma investigación lo respondió. Hay 5 causas: 1) la mentira, 2) la falta de coherencia de vida, 3) el comparar y sentir envidia, 4) el espíritu de competencia malsano y 5) el perder la libertad auténtica, dejándose comprar por los falsos estereotipos del triunfo: el tener, el placer, el poder y/o la fama. Estas verdaderas causales minan paulatinamente las capacidades normales de los sujetos para acometer los retos de la vida.

Analicemos las dos primeras; veamos, en primer lugar, la mentira: mentiras que se dicen, mentiras que se piensan mentiras que se viven… Los aparatos detectores de mentiras perciben el más mínimo cambio de la presión arterial, de las pulsaciones del corazón y de otras mediciones que hacen, cuando un individuo miente en algo superficial. Cuando el individuo está acostumbrado a mentir, experimentará continuamente esos cambios fisiológicos, lo que producirá deterioro de su salud física y psicológica: la adrenalina sale continuamente causando cambios en el sistema nervioso del individuo.

Ahora bien, ¿cuánto se incrementarán estas mediciones cuando las personas mienten en algo importante? ¿Qué cambios producirá en el organismo y en la psique una forma de vida falsa? Quienes les son infieles a su cónyuge, los ladrones, los que cobran comisiones injustas, los que levantan falsos testimonios de los demás… ¡Que débiles se van haciendo! ¡El menor problema conyugal, laboral, familiar o personal los afecta terriblemente! ¡Cómo no van a tener estrés!

Lo mismo sucede con los individuos que no tienen coherencia entre los actos que realizan y sus metas en la vida: hay quienes se mienten a sí mismos diciendo que creen en tal o cual religión o modo de vida, mientras sus vidas están alejadas de esos criterios. ¡Cuántos hay que no estudian ni intentan vivir bien su fe! Así es imposible esperar que no tengan estrés.

Aquellos que no saben de dónde vienen, para dónde van y qué vinieron a hacer en esta vida, no tienen la capacidad suficiente para luchar por solucionar los conflictos de sus vidas; esos individuos están más propensos al estrés.

En cambio, a quienes se dan a la tarea de profundizar en esos temas e inician un esfuerzo por ser coherentes se les disminuye el estrés y, a veces, se les acaba: ya no les afectan los problemas, sino que los encaran sabiamente, y salen avantes mejorando lo que pueden mejorar, cambiando lo que pueden cambiar, y reconociendo y aceptando con madurez lo que no se puede cambiar.

Es esta, entonces, una tarea para toda la vida. Primero, comenzar diciendo siempre la verdad, luego —un nivel más alto— pensar siempre la verdad y, finalmente, ser veraz: que los actos coincidan con las creencias y con los principios morales que se dicen tener.

.

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en Las verdaderas causas del estrés

¿Es posible la felicidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 6, 2010

El principal error que se comete al tratar de contestar esta pregunta radica en que suelen confundirse los vocablos “felicidad” y “alegría”. El Diccionario de la lengua española define la alegría como “Sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero o a veces sin causa determinada, que se manifiesta por lo común con signos exteriores”, significado que apunta más a momentos pasajeros.

En cambio, felicidad es el “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”.

Para entenderla bien, es necesario, entonces comprender la palabra posesión: “Acto de poseer o tener una cosa con ánimo de conservarla”; es decir, la felicidad se encamina al mantenimiento de ese estado de complacencia en el ánimo.

Pero esos bienes pueden ser variados: materiales (objetos concretos o abstractos, como la salud), psicológicos (afectos, estado del ánimo o de la emotividad, etc.) o espirituales (relación con Dios y Fe).

Entonces la felicidad podría darse en muchos campos: desde la alegría que se produce con la adquisición de un objeto cualquiera, aunque sea muy poco valioso, hasta la que se logra con la utópica consecución de todos los bienes posibles.

 Con esto también se deduce que la verdadera felicidad es la posesión del bien mayor o más importante de todos, como se pasa a describir:

  • En primer lugar, la felicidad no depende del medio ambiente externo del ser: un hombre no está feliz porque no esté lloviendo, no está feliz porque no está enfermo, no está feliz porque no tiene problemas…; su felicidad no depende de esas u otras circunstancias, todas externas.
  • En segundo lugar, la felicidad tampoco depende de lograr o no los anhelos de la vida, porque a veces esos anhelos fueron dados por la cultura en la que se creció o por lo que los medios de comunicación impusieron.

Un ejemplo claro de esto es la televisión, que es la que muchas veces está formando a los niños: les dice que la felicidad se consigue con dinero, porque el placer no se logra sin dinero, sin cosas materiales. Les dice subliminalmente que la fama es uno de los valores más importantes de la vida y que quien la consiga será feliz.

Tener, placer, fama, poder… estereotipos que ciegan al hombre en su afán -velado o no- de felicidad.

La felicidad no viene de afuera, proviene de adentro.

  • En tercer lugar, la felicidad es inmutable: se puede ser feliz aun ante la ausencia de bienes materiales, en presencia de la enfermedad, etc.

Esto se explica al analizar las vidas de mujeres y hombres con mucha fama, con mucho dinero, con mucho poder o que han vivido en la comodidad y el placer: se descubre en muchos de ellos un alto grado de infelicidad. Hay varios ejemplos de suicidios de aquellos a quienes se les ha dado mucho reconocimiento internacional en las artes, la ciencia, la tecnología, la política, etc.

Y —qué paradoja— a veces se encuentran seres que, viviendo en medio de las tragedias más aterradoras, muestran no solo serenidad sino una capacidad grande de aceptación y de sobreponerse a las adversidades con renovado vigor y esperanza…

Es frecuente encontrar muchos que se ocupan más en los demás que en sí mismos. Precisamente en estos últimos se puede descubrir un constante sentimiento de felicidad, actitud que nunca deja indiferentes a quienes los conocen: atraen con su ejemplo e invitan a seguirlo.

 Ahora, ¿cómo hacer brotar la semilla de la felicidad?

1.  Tener una conciencia clara del destino al cual uno está llamado. Y, por lo tanto, buscar vivir en armonía con el Creador, con el cosmos (incluidos los demás) y consigo mismo (armonía interior).

2.  Iniciar un diálogo con Dios (no monólogo), para ir descubriendo la razón de ser de la vida personal: de dónde vengo, para dónde voy y qué vine a hacer en esta tierra.

3.  Contestada esa trascendental pregunta se hace aún más obligado hacer, decir y pensar en consecuencia: que todos los actos, las palabras y los pensamientos tengan el mismo objetivo.

4.  El resultado de vivir estos 3 pasos es una condición estable en la relación personal con Dios, una condición estable en la relación personal con los seres animados e inanimados y una condición interior estable. Así, el estado del ánimo ya no va a depender de las condiciones externas.

5.  Si bien es verdad que el que no busca no encuentra, también es verdad que todo el que busca la felicidad propia será siempre infeliz.

Pero el que la trata de dar la felicidad a los demás se encaminará, sin quererlo directamente, por la senda acertada de la dicha total, inmutable e imperecedera: no hay nada que pueda hacer tan feliz a un ser humano como deshacerse de su propio egoísmo para amar, luchar por la felicidad de los demás, ilusionarse a diario con lograr que otros sean felices…

Esa actitud ha sido patente en quienes lograron la felicidad. Siempre pensando en los demás antes que en ellos mismos, se llenaron indirectamente de lo que ahora llaman “autoestima”: autoestima que nació de saber que podían hacer algo por los demás, autoestima que los hizo tan grandes que hoy hacen la lista más grande de mujeres y hombres felices que hay en el mundo.

6.  Todo lo anterior es simplemente un preámbulo de la única y verdadera felicidad que añora el ser humano: la esperanza de estar algún día en aquel lugar donde estará Dios: todo lo bello, todo lo bondadoso, toda la verdad reunido en un solo ser… Todo el Amor que se nos da para llenarnos de felicidad. Esa no es la pequeña y pobre imagen de felicidad que cada uno tiene: no es una felicidad individual, es la felicidad. Es una felicidad eterna, en un presente continuo, sin ayer y sin mañana, sin antes ni después, un ahora hermoso que no pasa; ¡y es una felicidad que sacia sin saciar!: cuando ya se siente plena, no llena del todo, pues se desea más…

 Quien lo desee puede ser otro de esos, si se lo propone:

  • Que ame y a las alegrías pasajeras de la vida habrá unido una felicidad inconmovible.
  • Que ame y las que llaman tristezas se convertirán en peldaños para llegar a la perfección, en obstáculos sorteables y necesarios para crecer.
  • Que ame y verá que su estado de ánimo permanecerá impasible ante las desgracias más atroces, ante el dolor, ante la muerte…
  • Que ame y será verdaderamente feliz.

Posted in Reflexiones, Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Es posible la felicidad?

El siglo XXI, ¿siglo del estrés?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en enero 3, 2010

 

En una investigación, llevada a cabo durante los últimos 14 años, se descubrieron las principales causas del estrés de los seres humanos, en su orden de incidencia:

 

1.  La disolución conyugal

2.  La pérdida de un ser querido

3.  Los problemas económicos

4.  El exceso de trabajo

5.  El tráfico

6.  La pérdida de trabajo

7.  Los problemas laborales

 

La lista, por supuesto, es mucho más larga, pero con estos primeros 7 puntos se pueden hacer algunos análisis y sacar conclusiones útiles para la vida.

Se presenta con mucha más frecuencia de lo que se quisiera el hecho de que se reaccione exageradamente a los momentos negativos de la vida: la tristeza, el desasosiego, la depresión, el desconsuelo, la ira, la sensación de impotencia y otras muchas patologías psicológicas son “el pan de cada día” en los consultorios de psiquiatras y de psicólogos; y no son producidas estas por razones reales, sino porque el individuo no está capacitado para aceptar lo negativo en su vida, para emprender el cambio que solucionaría su problema o para sobrellevarlos.

Es evidente que el grado de afectación en cada una de esas circunstancias es diferente para cada ser: unos se deprimen severamente, otros sienten pánico, otros se sienten impotentes, otros luchan denodadamente por solucionar sus problemas, otros se alzan de hombros como si no les afectara…, en fin, las reacciones son tan dispares, que bien se puede deducir que todos somos muy diferentes.

Las primeras preguntas que surgen son: ¿Por qué algunos se afligen menos con esos problemas que otros?

Resulta obvio concluir que algunos están mejor preparados para enfrentar los sinsabores y sufrimientos de la vida. Pero, ¿de dónde proviene esa supuesta preparación?

La respuesta a esta pregunta está en un error de concepto acerca de la etiología (la causa) de los problemas emocionales: no son causas externas las que producen el estrés psicológico: no es el tráfico de las calles, ni los problemas conyugales, ni la falta de dinero, ni el exceso de trabajo lo que estresa al individuo, sino que el individuo mismo tiene propensión a sufrir de estrés; es decir, no existen situaciones estresantes sino individuos estresables.

En la investigación quedó patente que son los individuos débiles los incapaces de afrontar la vida con sus aspectos positivos y negativos, y los ineptos para asumir su responsabilidad como seres humanos.

Pero, ¿de dónde sale esa ineptitud, esa incapacidad?

1.  En primer lugar, de la mentira. Mentiras que se dicen, mentiras que se piensan mentiras que se viven…

Los aparatos detectores de mentiras perciben el más mínimo cambio en la presión arterial, en las pulsaciones del corazón y en las otras mediciones que hacen, cuando un individuo miente en algo superficial. ¿Cuánto cambiarán esas mediciones ante una mentira en algo importante? ¿Qué cambios producirá en el organismo una forma de vida falsa? Los infieles a su cónyuge, los ladrones, los que cobran comisiones injustas, los que levantan falsos testimonios de los demás… ¡Que débiles se van haciendo! ¡El menor problema conyugal, laboral, familiar o personal los afecta terriblemente! ¡Cómo no van a tener estrés!

Lo mismo sucede con los individuos que no tienen coherencia entre los actos que realizan y las metas que dicen tener en la vida: hay quienes se mienten a sí mismos diciendo que creen en tal o cual religión o modo de vida, mientras sus vidas están alejadas de esos criterios. ¡Cuántos cristianos hay que critican a los demás! ¡Cuántos que envidian! ¡Cuántos que no estudian ni intentan vivir bien su religión! Así es imposible esperar que no tengan estrés.

La experiencia ha demostrado que aquellos que no saben de dónde vienen, para dónde van y qué vinieron a hacer en esta vida, no tienen la capacidad suficiente para acometer la lucha por solucionar los conflictos de la vida; es decir, estos individuos están más propensos al estrés. Y la religión bien vivida es la única respuesta a esas preguntas.

Se concluye fácilmente que sin ahondar en la Fe y guiados por una persona conocedora, es imposible evitar el estrés; como también la experiencia ha demostrado que a quienes se dan a la tarea de profundizar en esos temas e inician una vida coherente se les disminuye el estrés y, a veces, se les acaba: ya no les afectan los problemas, sino que los encaran sabiamente, y salen avantes mejorando lo que pueden mejorar, cambiando lo que pueden cambiar, y reconociendo y aceptando como imposible lo que no se puede cambiar.

Es esta, entonces, una tarea para toda la vida. Primero, comenzar diciendo siempre la verdad, luego —un nivel más alto— pensar siempre la verdad y, finalmente, ser veraz: que los actos coincidan con las creencias y con los principios morales que se dicen tener.

2.  Otro aspecto bien documentado por la psicología moderna es la incapacidad que algunos seres tienen para perdonar. Millares de personas se curan de todo estrés cuando aprenden a perdonar, a aceptar que los demás, como ellos, tienen errores y que, así como los demás deben tolerarles sus propios defectos, ellos deben hacer lo mismo con las deficiencias de los demás.

Pero lo que más elimina el estrés es aprender a perdonar al papá. No se sabe la razón exacta, pero los humanos perdonan a la mamá, aunque ella sea una mala mujer, y la defienden de toda afrenta; pero con el papá no son tan indulgentes: recuerdan todos los malos momentos que les hizo pasar, los insultos, los golpes y pasan su vida con una carga inmensa y pesada en sus hombros, generándose a sí mismos un gigantesco estrés. La experiencia personal del autor confirma la estadística existente: casi el 80% del estrés proviene de no querer entender que el papá es también un ser humano con defectos, al que hay que comprender y perdonar de corazón, para no vivir autodestruyéndose.

A los padres de familia hay que reiterarles que ser demasiado exigentes con sus hijos o proyectar para ellos una imagen de perfección puede desencadenar en ellos ese mal. Deben saber los padres que, como seres humanos, cometen errores, y que el papá que no pide perdón a sus hijos cuando se equivoca suscita en ellos la idea de que él es perfecto, con lo que se les desencadena su incapacidad para perdonarlos…

3.  Diferente es el caso de quienes comparan, pero tiene la misma incidencia sobre la psique: los que con frecuencia comparan a los demás o se comparan con ellos, o comparan lo que poseen, son unos seres desgraciados, porque se van debilitando para eliminar el estrés. Las estadísticas muestran que, de cada 10 personas con estrés, 7 viven comparándose y comparando. Miden, verifican, tratan de estimar sus diferencias o semejanzas con otros, la suerte que les ha tocado…

4.  Y del hábito de comparar se pasa con mucha facilidad al juicio: se convierten en jueces de los demás. A estos seres humanos es muy fácil descubrirlos: son expertos en solucionar las vidas de los demás, pero la suya propia la viven my mal. Es imposible pretender que no tengan estrés. Como también es quimérico eliminar los sufrimientos producidos por la envidia, otra consecuencia de la comparación.

5.  El paso siguiente a la envidia, el odio, está a la vuelta de la esquina para estos seres. ¡Cuánto sufren estas personas! ¡Cuánto los afectan los problemas externos! Y el problema lo tienen adentro…

En fin, son tantas las verdaderas causas de estrés, que difícilmente cabrían en estas líneas. Baste decir que, fuera de las causas ya descritas, todo lo que el ser humano haga, diga o piense en contra de su propia naturaleza es lo que lo afecta en su interior, y lo hace menos competente para asumir los retos vitales.

Entonces, la vía para evitar los apuros, los aprietos, los conflictos, las dificultades, los apremios…, es no violar las leyes del cosmos, tanto del cosmos externo como del personal: la dignidad de la persona.

   

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El siglo XXI, ¿siglo del estrés?

El mundo de la imagen

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 5, 2009

La esbeltez se ha erigido en una de las principales metas del hombre y la mujer modernos: ellas lo conciben como delgadez, y ellos como músculos bien desarrollados. Y para lograrla se invierten miles de horas de gimnasio, privaciones de alimentos y gastos altísimos…

Los únicos médicos que no han sido afectados por las leyes modernas —es decir, los que todavía tienen trabajo— son los cirujanos plásticos: silicona introducida en el organismo por doquier, liposucción y lipoesculturas, bisturís que cortan y retiran todo lo que el concepto moderno de estética rechaza y colocan todo lo que sí cabe en esa noción.

Y los odontólogos que todavía sobreviven son los que hacen odontología cosmética: los famosísimos diseños de sonrisas y —muchas veces en contra del color que dio la naturaleza— los blanqueamientos dentales.

Los centros de estética y de adelgazamiento alcanzan casi a superar en clientes y en ingresos a los centros de yoga y terapias psicológicas para eliminar el estrés, el mal del mundo moderno.

Curiosamente, ese ya casi enfermizo afán de cuidar la imagen y los altos índices del actual estrés tienen relación: cuando no hay autoestima se busca alguna manera de encontrarla y, como no se encuentra, se produce estrés.

Las carencias afectivas están deteriorando cada vez más a la población. Pretendiendo llenar el vacío afectivo que lo hiere profundamente, el individuo busca ser reconocido por alguien, sentirse importante para alguno y, tratando de llenar su corazón, vacío de afectos, se inventa una falacia: «Voy a tener quién me estime produciendo admiración: me verán tan linda (o tan musculoso), que por fin me amarán». Y cuando a esta pobre mujer (o a este pobre hombre) le pongan atención, se engañará a sí misma(o) diciéndose que esa admiración ya es amor.

Por eso, tanto ellas como ellos terminarán —después de muchos esfuerzos— consultando un psicólogo o asistiendo a terapias alternativas… Pero el vacío seguirá allí.

Los problemas se solucionan atacando sus causas: en la célula de la sociedad, el hogar, debe reinar el amor.

Usted, ¿está dando amor a sus hijos, o prefiere verlos sufrir después y esforzarse desmesuradamente por hallar algo de autoestima, sin encontrarla?

 

  

 

 

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El mundo de la imagen

Los 5 niveles de seres humanos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en marzo 11, 2009

El naturalista británico Charles Darwin desarrolló su teoría de la evolución de las especies en el siglo XIX. A partir de ella, se concibió la idea de la selección natural, que explicaría cómo la vida se desarrolló desde esas formas unicelulares que vivían 3,500 millones de años antes de Cristo (A de C) hasta los animales que hoy pueblan la tierra, los que surcan los mares, lagos y ríos, y los que vuelan por los aires.

Es posible —aunque no probado científicamente por ahora— que en ese panorama de la evolución también esté el hombre. Es más: existen científicos que, aun a pesar de la falta de evidencia sólida desde el punto de vista genético, ya consideran un axioma que el hombre proviene del mono.

Los primeros primates existieron desde 70 millones de años A de C. Los llamados primates avanzados hacia los 45 millones de años A de C. Luego vinieron los propiopitecus (35 millones de años A de C), los driopitecus, que vivían en los árboles, y los ramapitecus, que ya se desplazaban por la tierra, y que vivían hacia los 10 millones de años A de C.

Un primate de gran importancia fue el australopiteco, que usaba palos y piedras para defenderse y de quien algunos paleoantropólogos realizaron varios hallazgos de pisadas que se remontan a 3 millones y medio de años A de C.

Con un desarrollo cerebral un poco mayor que el de los australopitecos, el homo habilis vivió entre los 2 y 1,8 millones de años A de C. No solamente cazaba, sino que hay evidencia de que planeaba sus cacerías. Pero lo más llamativo de esta especie es que se han encontrado pruebas de que hacía trabajos en piedra: hachas, algunas formas primitivas de martillos y otros instrumentos útiles (de ahí su nombre). Hay evidencia de que algunas piedras eran utilizadas por ellos para conseguir alimentos. Por estas características hay quienes se atreven a considerarlos ya humanos. Sin embargo, como se verá más abajo, se necesita mucho más para completar las características que hacen a un ser humano.

Casi justo al desaparecer el homo habilis, es decir, entre 1’750.000 y 300.000 años A de C, vivió un ser de aspecto menos simiesco que su predecesor, que hoy se reconoce con el nombre de homo erectus, de características sorprendentes para todo estudioso: sus mandíbulas más pequeñas, lo mismo que sus dientes, nos muestran que la dieta era menos dura. El famoso hombre de Java, a cuyos restos se les atribuye hoy una antigüedad de 1’750.000 años, es el más representativo.

El uso del fuego (hacia los 500.000 años A de C) para cocinar alimentos, para calentarse e, incluso, para cazar, lo ponen por encima de todos sus antecesores. Pero, otra vez, estos rasgos todavía no completan la lista de los requisitos para que un ser pueda ser llamado humano.

La fecha exacta de su aparición —la del homo sapiens— es una incógnita: la mayor parte de los paleoantropólogos son amplios y afirman que se trata de un tiempo que osciló entre los 230.000 y los 100.000 años A de C.

Las cinco principales características (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:

1) El mayor y más avanzado ordenador del mundo todavía necesita programas pensados por humanos para empezar a trabajar. El cerebro humano, en cambio, trae tanto el hardware, como el software. Esto es lo mismo que decir que una de las características más representativas del ser humano es la voluntad. Hasta este momento de la evolución, los animales se manejaban por instintos, no por la voluntad.

2) Junto con la voluntad nació la capacidad de hacer abstracción intelectual: el homo sapiens separaba, como hoy, por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia o noción.

3) Otro aspecto que se ve en la historia del homo sapiens es la tolerancia, palabra que el Diccionario define como “Respeto o consideración hacia las prácticas o hacia las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras”. Obviamente este rasgo característico del ser humano no está presente en los animales.

4) De la tolerancia se desprende el respeto, rasgo que caracteriza, entre otros, al ser humano. Como se ve, el nivel que se observa en el homo sapiens es inmensamente superior.

5) Los animales abandonan a su suerte a los individuos débiles de su especie. Frecuentemente los débiles son los atacados y destrozados por los predadores. En ninguna otra especie, fuera de la humana, los individuos se preocupan y se ocupan de los débiles, de los enfermos, de los ancianos, de los que no pueden valerse por sí mismos…

Llamar a esta conducta solidaridad es subvalorarla. Se trata de bondad verdadera, que impresiona y mueve, con el ejemplo, a seguirlo. Todos nos conmovimos con las vidas de algunos personajes, como la madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida al bienestar de los pobres y desamparados, y nos conmovemos al saber la historia de tantos que han dado su vida por un ideal similar. Si se define adecuadamente, de lo que se está hablando es del amor, que sí expresa la diferencia entre el ser humano y los otros animales.

Por otra parte, si nos observamos bien, somos los primeros homínidos de aspecto más bien frágil y musculatura débil. Esto ha sucedido, no solamente porque la vida es menos exigente desde el punto de vista muscular, es además (y posiblemente esta razón sea más su causa) porque el espíritu es el nivel superior al que estamos llamados, y provee al hombre de una infinidad de recursos para resolver problemas de cualquier índole.

En esta innovación, la presencia del espíritu, está centrada la esencia del ser humano: si un ser no tiene espíritu no es humano; por el contrario, si hay espíritu, estamos ante la presencia de un hombre o de una mujer.

Lo que se cree que realmente ocurrió es que el homo sapiens evolucionó y todavía hoy lo está haciendo, pero no es así siempre: con más frecuencia de la que quisiéramos cometemos errores y no solamente no progresamos, sino que regresamos a niveles anteriores, los de nuestros antepasados; parece que tuviéramos 4 niveles de seres humanos:

5º nivel: El salvaje, que usa la violencia física —animal— para defender sus derechos o conseguir lo que se propone o desea. El más bajo de todos es el que soluciona los problemas matando a sus congéneres.

4º nivel: El bravucón, que usa la violencia verbal, las amenazas, los gestos, los insultos para zanjar sus diferencias o defender sus supuestos o reales derechos.

3r nivel: El sarcástico, que usa el los fingimientos, las indirectas, la simulación, los tapujos, el disimulo… Dice las cosas sin significar explícita o claramente lo que quiere, dándola, sin embrago, a entender. Encubre con astucia las verdaderas intenciones. Este «arte» de soterrar es propio de los hipócritas: fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o experimentan. Es evidente que ser hipócrita es mentir. Pero lo más grave del hipócrita es su cobardía, puesto que no decir las cosas como son, sino amañarlas, hacerlas aparecer distintas de lo que son con engaño o artificio, es cobardía. Los valientes dicen siempre la verdad, aunque la verdad les acarree la muerte.

2º nivel: El racional, que pretende solucionar todo problema a través de la razón. Y para ello escoge como principales virtudes la equidad y la justicia; se deja llevar únicamente por ellas y con ellas dirime todo, sin dejarse llevar por sentimientos como la ira o la bondad. Sabe que la verdad no necesita ser defendida, que se sostiene por sí sola.

1r nivel: El homo sapiens es aquel que tiene como principio de conducta, y como modo de solucionar sus diferencias con los demás, esas 5 características que lo describieron más arriba como ser humano: la voluntad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y, sobre todo, el amor: servir antes que pensar en sí mismo.

¿En qué nivel estamos cuando actuamos: el de un ser humano?

 

 

 

 

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Los 5 niveles de seres humanos

¡Quite el freno!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 28, 2008

Con frecuencia se piensa que ser libre es no estar en la cárcel, no tener que pedir permisos u obedecer órdenes, no estar sujetos ni subordinados… Se cree que la libertad es poder hacer lo que se desea, no depender de nadie para tomar decisiones.

Pero, ¿qué sucede cuando es el mismo individuo quien coarta su propia libertad? A menudo se encuentran personas que viven condicionándose a sí mismas, y no se percatan de ello.

La libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Como se deduce, perder la libertad es perder esa capacidad, no solamente por condicionamientos externos, sino internos.

Puede suceder que estemos cohibidos para hacer algo positivo, por alguna experiencia de muestra infancia. Hay quien no puede, por ejemplo, contestar bien a una agresión, ya que el ejemplo que recibió de su padre fue reaccionar con violencia: siempre que se sintió vulnerado, gritó, insultó, golpeó, etc. Vivirá sin esa libertad hasta que un psicólogo o alguna circunstancia particular logre romper ese freno que tiene desde su infancia.

En otras ocasiones el individuo se da cuenta de que estuvo frenándose durante mucho tiempo. Este es el caso de una persona que le temía exageradamente a la oscuridad y, de pronto, descubrió que ese era un miedo tonto e infantil, nacido de los cuentos para niños que le leía su madre. Luego de que adquirió conciencia de ello, se forzó a caminar por un parqueadero oscuro varias veces, y después pudo afirmar que se quitó ese freno.

Y esto se da hasta en los actos más sublimes: es repetidísimo —por desgracia— el caso de quienes no logran amar porque sus padres nunca se amaron. Este freno es mucho más difícil de erradicar…

Pero el peor de todos los frenos es el de quienes se anulan completamente diciendo, por ejemplo: «Es que yo soy así», «Es mi forma de ser», «Nadie puede cambiar»… Porque los que piensan así se niegan la posibilidad de curarse, de crecer o de mejorar en cualquier campo: no intentan nada pues, según ellos, no existe la posibilidad de que alguien cambie. Y esto equivale a decirse a sí mismos que no pueden quitar el pie del freno.

Si bien los animales siguen ciegamente el instinto por un mecanismo bioquímico, como lo hacen las plantas al dirigirse siempre hacia el sol, el ser humano tiene algo que aquellos y estos no poseen: la voluntad.

La voluntad es la potencia que mueve a hacer o no hacer una cosa, el libre albedrío o la libre determinación. Y esta facultad no la tiene ninguna otra especie: solo nosotros podemos decir que no a los instintos, a los impulsos, al sentimentalismo, a las pasiones, a los condicionamientos…

Solo el ser humano puede revertir las limitaciones o restricciones —los frenos— que la educación equivocada o ciertas circunstancias pusieron en su naturaleza humana, con las que le hicieron perder su estado natural: su pureza inicial, la libertad con la que nació.

Si no fuera así, nadie tendría méritos y nadie merecería reprobación: diríamos que tanto los buenos como los malos son así, por naturaleza, y que ninguno de ellos puede cambiar. Por lo tanto, deberíamos abolir castigos y premios, cárceles y reconocimientos, aplausos y reproches, pergaminos y reprobaciones…

Si el ser humano no pudiera cambiar, ¿en qué consistiría educar o formar a los jóvenes?

En ese mismo supuesto, la psiquiatría y la psicología no habrían prestado tantos y tan buenos servicios a la humanidad, como se puede verificar en innumerables investigaciones en las que se comprobó científicamente cómo muchos hombres y mujeres lograron cambiar su modo de ser, de actuar o de ver la vida, siguiendo criterios que desconocían, con los que pudieron eliminar esos frenos o limitaciones, que les impedían vivir normalmente.

Además, ¿por qué inciden las filosofías y las religiones en la gente, hasta el punto de determinar en ellos nuevas conductas y modos de vida? ¿Cómo se explicarían las conversiones de tantos pecadores que dejaron atrás su mala vida e iniciaron una nueva, llena de aspectos positivos y enriquecedores?…

El mismísimo Dios vino a la tierra a predicar a los hombres, porque los creó con la capacidad de recibir su mensaje y convertirse, de cambiar, de quitarse los frenos que los atan y de ser libres y felices.

Entonces, ¡quítese los frenos! Y, si no puede solo, déjese ayudar. Pero, por favor, crea en usted tanto como Dios cree en su capacidad de cambio; crea que cambiar es posible para todo ser humano.

 

 

 

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¡Quite el freno!

Querer es poder

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 18, 2008

Las gordas son gordas, casi siempre,

porque quieren ser gordas.

Los grandes hombres llegaron a ser grandes porque se lo propusieron.

Con Dios, tú logras lo que quieras, tienes lo que quieres, ganas lo que quieres y llegarás hasta donde quieras; lo que pasa, quizá, es que no quieres lo suficiente.

¡Querer es poder!

Posted in Saber vivir | Etiquetado: , | Comentarios desactivados en Querer es poder