Saber vivir

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¿Homosexual o hermafrodita?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 9, 2012

 

Carlos es homosexual: desde pequeño, a pesar de tener genitales masculinos, y aunque al principio no lo entendía, se ha sentido mejor cuando se relaciona con los hombres; al cambiar de edad, le atrajeron los hombres, no las mujeres…

Recientemente, su médico le pidió que asistiera a un congreso de genética para hacer una investigación con la que se demostraría si los homosexuales nacen así o se hacen homosexuales en el transcurso de su vida.

Junto con Carlos, llegan al laboratorio de genética 19 homosexuales más, 20 lesbianas, 20 hombres no homosexuales y 20 mujeres no lesbianas.

Se les toman muestras celulares a todos, se clasifican y se les agradece su cooperación.

Días después tiene lugar el congreso de genética. El médico de Carlos, junto con otros galenos, se ubica en la mesa que está en frente del auditorio.

Después de su presentación, hace su ponencia: en un video se observan los núcleos de las células estudiadas, mientras va explicando a la concurrencia los resultados de la observación: así como los hombres no homosexuales tienen cromosomas «Y», todos los varones homosexuales también los tuvieron; asimismo, tanto las mujeres no lesbianas como las que sí lo son carecen del cromosoma «Y». Conclusión: la homosexualidad no es genética.

Carlos y los demás homosexuales, que están sentados en medio del auditorio, como también las mujeres lesbianas, se miran unos a otros admirados. Ellos y ellas no lo pueden comprender: creían que lo suyo era genético, de nacimiento.

Lo que parece que sucede es que se suelen confundir algunos términos, como el «hermafroditismo» y la «homosexualidad».

El hermafroditismo propiamente dicho es un trastorno excesivamente raro. Consiste en la mezcla de tejido del testículo y del ovario, o bien, cuando el individuo posee un ovario y un testículo. Ambas circunstancias originan anomalías que le dan la apariencia de reunir ambos sexos.

Fue lo que le sucedió a Juanita, la hija de una señora que se puso feliz al ver a su primera hija, pues ya tenía dos varones; le compró todo de color rosa, le adornó la alcoba para niña, la bautizó con el nombre «Juanita», en fin, la educó como mujer. Al llegar a la pubertad, a Juanita le salió bozo, comenzó a hablar grueso y aparecieron algunos rasgos masculinos más. Cuando la señora llevó a Juanita al médico, este le preguntó si no había notado algo raro en los genitales de la niña. Ella respondió que siempre le habían parecido un poco grandes, pero que no le pereció importante.

El médico encontró los testículos un poco más adentro y, tras un examen del tejido en el microscópico, descubrió que habían porciones pequeñas de tejido ovárico en esos testículos.

Por fortuna, los casos como este son excesivamente raros, y son los llamados hermafroditismo verdadero. Se corrigen con cirugías, con el fin de mejorar la apariencia y el funcionamiento de los genitales externos e internos y/o con la administración de hormonas que favorece la adecuación de los genitales y el aspecto físico general del afectado al sexo que le corresponde.

En cambio, la homosexualidad es definida como la inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo y la práctica de dicha relación. En sentido amplio, abarca a ambos sexos, aunque se usa más para designar este trato erótico entre varones, mientras que el término lesbianismo (amor lesbiano) designa esa tendencia en las mujeres.

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Un acercamiento a las causas de la homosexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2011

 

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos individuos, el ingrediente que más puede incidir para que aparezca la propensión a la conducta homosexual masculina es la educación errónea por parte del padre. De hecho, hoy se cree imposible que exista un homosexual sin algún grado de ausencia de cariño paterno.

Esos estudios indican que hay dos comportamientos paternos que inducen a la homosexualidad de un hijo:

1) El padre distante, alejado o frío en el trato con su hijo

Frecuentísimo error, más común ahora que antes, porque hoy parece primar el bienestar material de los hijos sobre el bienestar afectivo y emocional: «Estoy trabajando mucho para darles todo a mis hijos», suelen decir estos padres, y olvidan que lo que sus hijos requieren más es el tiempo que se les dedique, pues es lo único que les proporcionará la tranquilidad, la confianza, la seguridad, el buen juicio y la capacidad para madurar adecuadamente y ser auténticamente felices.

Por añadidura, ese tiempo con ellos y el amor que representa, compartiendo sus vidas (padre e hijo) es la «vacuna» más eficaz contra la homosexualidad: un niño que recibe amor (más que dinero y cosas materiales) difícilmente se hará homosexual, como se verá a continuación.

2) El padre enérgico y duro y hasta violento

Esta circunstancia es también bastante más frecuente de lo que parece, en las sociedades eminentemente machistas de hoy: es habitual, por ejemplo, el argumento de muchos padres que creen que si tratan con ternura o dulzura a su hijo varón, lo impulsarán a la homosexualidad. Y lo que sucede es exactamente lo contrario: hoy se sabe con certeza que es precisamente la falta de cariño paterno lo que hace que ellos traten de suplirla buscando el afecto de otro varón.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil.

Este factor, pues, es determinante.

Y si a esta conducta paterna se suma una madre del tipo de la mujer seductora, que domina y minimiza a su marido —lo demuestran también las estadísticas—, se impulsará más la orientación a la homosexualidad.

El caso de las mujeres —más raro que el de los hombres pero más frecuente de lo que se suele creer— se desarrolla también con más facilidad si falta el cariño paterno, aunque la secuencia psicológica es distinta:

Por esa carencia afectiva, algunas de ellas desarrollan —por algún mecanismo todavía no explicado científicamente— una aversión contra el sexo masculino, que a veces llega hasta el odio.

De ahí que sólo aceptan relaciones abiertas y confiadas con las mujeres, mientras que a los hombres los consideran seres despreciables u odiables, con quienes no conviene interrelacionar, ni compartir abiertamente con ellos las emociones de la vida y, mucho menos, la entrega de sus afectos…

Debe afirmarse que no todas las mujeres que se ven afectadas de esta manera por esta falta de afecto paternal. Por el contrario: hoy se sabe que la mayoría de las mujeres optan por reemplazar esa carencia con otro hombre que llene las ansias de ser amado que todo ser humano lleva en su interior. En estos casos, lo que suele ocurrir es que las experiencias negativas que se les presentan las van llenando de frustraciones seguidas, que generan inconformidad y mayor ansia de llenar sus expectativas con otro hombre…

Pero debe decirse que, aunque el conocimiento científico que se posee hoy es ya un acercamiento a las causas del lesbianismo, pero también deben seguirse buscando los demás factores que inclinen a algunas mujeres hacia la conducta homosexual.

 

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¿Matrimonio de homosexuales?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 5, 2010

 

En todas las células de un hombre homosexual hay un cromosoma «Y». Por su parte, nunca se ha encontrado ese cromosoma «Y» en una lesbiana. Por esto, desde el punto de vista genético está probado que el individuo no nace homosexual: aunque haya factores que lo favorezcan, ninguno de ellos es capaz de determinarlo, es decir, ninguno de esos factores obliga al individuo a ser homosexual.

Según los últimos análisis psicológicos realizados en estos seres humanos, dentro de los factores predisponentes, dos comportamientos paternos son los que más inducen a la homosexualidad de un hijo: el padre distante, alejado o frío en el trato con su hijo, y el padre enérgico y duro y hasta violento

Estas circunstancias son bastante más frecuentes de lo que parece en las sociedades eminentemente machistas de hoy: es habitual, por ejemplo, el argumento de muchos padres que creen que si tratan con ternura o dulzura a su hijo varón, lo impulsarán a la homosexualidad. Y lo que sucede es exactamente lo contrario: hoy se sabe con certeza que es precisamente la falta de cariño paterno lo que hace que ellos traten de suplirla buscando el afecto de otro varón.

Esto ocurre porque, en el niño la imagen paterno–masculina se entremezcla en su cerebro infantil, sin que pueda hacer una distinción clara de ambos conceptos–personas. Al crecer, justamente por la carencia afectiva, les cuesta mucho más trabajo, en el proceso de maduración, deshacer ese conflicto. En esas condiciones, se opta por conseguir ese cariño inexistente o pobre, a toda costa, en un afecto varonil.

Este factor, pues, es determinante.

Y si a esta conducta paterna se suma una madre del tipo de la mujer seductora, que domina y minimiza a su marido —lo demuestran también las estadísticas—, se impulsará más la orientación a la homosexualidad.

Un ser humano con este trastorno, tiene los mismos derechos de los demás; lo que sí no admite dudas es que ellos, mientras no sean tratados adecuadamente, precisamente por el trastorno que padecen, no están en la capacidad de dirigir y desarrollar adecuadamente sus relaciones, porque su situación psicoafectiva los hace muy inestables. Es rarísimo, por ejemplo, el caso de una relación de homosexuales que sea duradera: las estadísticas que hay muestran que, a pesar de la gran cantidad de parejas de esposos que se separan hoy día, nunca alcanzan los índices de inestabilidad que se verifica entre los homosexuales.

Por esta afectación psicológica, tanto en el ámbito afectivo como emocional, les queda más difícil entender lo que es una entrega de amor auténtico, en la que haya una donación total de sus seres, tanto en el plano biológico, como en el psicológico y el espiritual.

Este amor auténtico del que se está hablando es la entrega total de la vida para conseguir un solo objetivo: la felicidad del ser amado, y quien así actúa logra su propia felicidad; es frecuente que los que aman así digan que su felicidad es la felicidad de ella (o de él).

Si aun entre parejas —hombres y mujeres sin este tipo de problemas— es difícil vivir este auténtico amor, lo es más para quienes están tan afectados psicológicamente con estas carencias afectivas, tal y como sucede con los homosexuales.

Y es lógico que suceda así, puesto que la complementariedad no se puede dar entre ellos: así como en el aspecto biológico sus genitales no se complementan, tampoco sus psiques masculinas, porque por más que intenten volverlas femeninas, siempre tendrán un sustrato, una esencia, un fundamento genético masculino, del que no podrán deshacerse jamás. Y lo mismo sucede entre dos lesbianas: sus sustratos son y serán femeninos.

Por eso, el matrimonio de homosexuales no es conveniente: al fallar el tan deseado complemento, sus carencias afectivas y emocionales obviamente se incrementarán; y esto sucederá una y otra vez, repitiéndose consecutivamente tres sentimientos: el anhelo de felicidad, la ilusión de que una nueva relación podrá llevarlos a la meta y la frustración por no haberla logrado…

El matrimonio de homosexuales produce, por lo tanto, más daños que beneficios: al no lograr el bien que se pretende, se aumentan cada vez más las ansiedades, las angustias y la sensación de frustración…

Y todavía es peor el hecho de que los homosexuales adopten hijos, puesto que, como se dijo, la situación psicológica de los homosexuales los hace menos capaces para educar acertadamente a los adoptados. Es, además, evidente que no podrán formar en ellos ni la imagen masculino–paterna, ni la femenino–materna, con lo que se propicirán en los niños errores de concepción; y esto no puede darse, pues el derecho de los niños a un desarrollo normal desde los puntos de vista afectivo y emocional está por encima de cualquier otra consideración o derecho de los adultos que los tienen a cargo.

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Cómo se producen las fallas en la sexualidad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en septiembre 3, 2009

 En la sexualidad física normal se da una armonía y concordancia entre todos sus componentes; pero, a veces, se presentan anomalías que determinan un estado de intersexualidad.

Esto se da si hay discordancia entre los caracteres genéticos, gonádicos, embrionarios y genitales del sexo. Las anomalías se conocen como el pseudohermafroditismo y el hermafroditismo verdadero.

El pseudohermafroditismo se puede dar en dos situaciones:

En el pseudohermafroditismo femenino los genitales son masculinos (más o menos diferenciados), mientras las gónadas y el patrimonio cromosómico son femeninos, como ocurre, por ejemplo, en el Síndrome Adrenogenital Congénito.

En el pseudohermafroditismo masculino los genitales son femeninos, pero las gónadas y el patrimonio cromosómico son masculinos, presentando incluso testículos (Síndrome de Morris o de feminización testicular).

El hermafroditismo verdadero es, casi siempre, una mezcla de los tejidos de las gónadas, esto es, del testículo y del ovario. A veces, también se presenta cuando el individuo posee un ovario y un testículo.

Ambas circunstancias son raras y originan anormalidades que dan la apariencia de reunir ambos sexos.

Con tratamientos quirúrgicos y hormonales se tratan estos casos. Afortunadamente, luego del tratamiento las características sexuales suelen definirse, y el individuo puede vivir una vida normal.

Estas diversas formas de anomalía se producen en los componentes físicos del sexo, y son completamente diferentes al transexualismo, la homosexualidad y transvestismo, los cuales se explican a continuación.

1) El transexualismo auténtico se define como el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto.

Casi la totalidad de los casos se trata de sujetos de sexo físico masculino que psicológicamente se sienten mujeres y que tienden a identificarse con el sexo femenino.

Estos individuos se examinan y resultan varones en el sentido pleno de la palabra: genéticamente son varones, las características de los genitales externos son —estrictamente hablando— masculinas, tienen testículos sin mezcla alguna de tejido ovárico, la hormona que circula por su cuerpo es la testosterona y por eso poseen todos los caracteres sexuales secundarios masculinos: su desarrollo muscular es mayor, la voz es grave, les nace barba y bigote, la cadera es más pequeña que la de la mujer, el vello púbico tiene forma de V con vértice superior…; pero su tendencia psicológica es femenina: suelen decir que se sentirían mejor si fueran mujeres, y a algunos les gustaría cambiarse de sexo.

Aunque parezca redundante, debe afirmarse que no se han descubierto factores que generen, susciten o predispongan esta actitud frente a su propia sexualidad: ni elementos genéticos, ni sustancias hormonales, ni aspectos embrionarios, ni de ningún tipo.

Son muy raros los casos en sentido inverso, es decir, los sujetos físicamente mujeres que pretenden volverse hombres.

2) El transvestismo, es un síndrome en el cual no hay un deseo profundo de cambiar de sexo, sino que simplemente sienten una «necesidad» psíquica de vestirse con ropa del otro sexo, como condición necesaria para alcanzar la excitación sexual; y esto no quiere decir que dejen de buscar relaciones sexuales con sujetos del sexo opuesto.

Tampoco hay elementos físicos causantes de este desorden entre lo biológico y lo psíquico.

3) El homosexual es un individuo masculino; pero los aspectos físicos del sexo los usa para la satisfacción erótica con un hombre. Él no desea cambiar de sexo, sino, simplemente, tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.

Esta definición es válida tanto para el homosexual masculino como para la mujer lesbiana: el sexo genético, el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital están todos definidos; pero ella desea tener relaciones sexuales con mujeres y él con hombres.

Como en el transexualismo y en el transvestismo, en la homosexualidad no factor hay biológico que la predisponga.

  

 

 

 

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La actividad homosexual y su significado actual (en inglés)*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 25, 2009

Un estudio sobre el problema de la actividad homosexual y su significado actual

 

Jerry Bergman, Ph.D., Biología

 

What changed the view about homosexuality to the degree that in some countries homosexuals now receive special protection under civil rights acts and those who object to homosexual behavior are labelled psychologically maladjusted, namely homophobes? The present approach used to understand and help homosexuals adjust to a heterosexual life has obviously not been very fruitful; most studies show a very low ‘cure’ rate.7,8

 

The creationist viewpoint would also conclude that homosexuality is not due to normal biological factors that differentiate them from heterosexuals. The naturally-designed sexual orientation is heterosexual, and any deviation from this must be due to an aberration in either biological or psychological development. Importantly, this view can provide prevention advice and guidelines for child care so as to facilitate sexual adjustment. In fact, the common belief that one is ‘either a heterosexual or a homosexual’ and that physical or other clear reasons for this difference usually exist is not supported by research.9,10 The empirical research evidence indicates that for most people the sexual drive exists in a diffuse state in the early stages, solidifying only much later. Sexual development occurs primarily between the second year of life and the onset of puberty. During the first few years it is rather undefined and can develop through learning so that it can be stimulated, or at least influenced, by a wide variety of objects, although at first the primary stimulus is tactile stimulation of the genital area.11

 

Thus children’s sexual development is highly influenced by early experiences in a process similar to imprinting.12 This system enables a person to become sexually attracted to their own race, national group or culture.13 Thus, Chinese men generally find Chinese women most erotic. Black men relate to black women in the same way, etc. This is not to say that people cannot find those in other groups attractive, but that the preference tends to be towards one’s own national and cultural group. Because the original sexual drive is diffuse, it can thus be conditioned in many different directions.14

 

For this reason, a variety of experiences, many of which have little to do with the person himself or herself, can cause one to become a homosexual, depending on the degree that one’s early diffuse sex drive is conditioned toward persons of the same sex and away from persons of the opposite sex. Holmes noted that

 

‘In many women, particularly, sexual attraction tends to follow on the heels of strong emotional attachments with partners of either sex.’15

 

Thus this gradual process can occur if the proper conditions —which are extremely diverse, and not yet fully delineated by research— exist. We are all susceptible to homosexual conditioning, at least until our sex drive becomes fairly solidified.16 The longer an orientation is rewarded and successfully persists, the more difficult it is to change. In addition, if one fully believes that homosexuality is ‘part of me, the way I am’, similar to one’s having black hair, change is obviously going to be more difficult. If one has concluded that most homosexuality is learned or acquired due to pathological biological factors because of a specific set of abnormal circumstances which influence development, as creationist psychology theory would predict, the person will recognize that the homosexual can change, even though it may be difficult.17

 

The evolution explanation

 

In contrast, the Darwinian view explains the sexual drive and all behavior as solely a product of survival of the fittest selection. That is, organisms with a strong heterosexually oriented drive produce more of their kind, and are more successful, and those lacking it produce fewer offspring and are, therefore, more likely to become extinct.18 Evolution teaches that the source of sex is ‘biological … written by natural selection’.19 Since nature would consistently select those organisms with stronger heterosexual drives, it would become stronger and stronger until it would eventually become the all-encompassing human drive, more important than food and other life preservation needs. Evolution would not select for length of life beyond childbearing years, but primarily for the number of offspring that an individual was able to produce.20,21

 

Reproduction rates are not just of major importance in evolution, but are critical because high rates provide the numbers for evolution to select from —and a greater sample size means greater chances exist that more ‘fitter species’ will occur. Homosexuality would obviously usually not produce higher levels of reproduction than heterosexuality— evolutionary selection would consistently work in the opposite direction, selecting for heterosexuality and any biological factors positively influencing homosexual feelings would rapidly be selected out. Homosexuality is thus not easy to explain from this world view. Heterosexuality is so critical for evolution that Fox stated:

 

‘During the course of my own [research] pursuit, Darwin loomed larger and larger He provided the major idea within which all else fits: There is ultimately only one life process–natural selection. This truth, once grasped, changes the world for an observer, as it changed it for Marx for example. But Darwin supplies a secondary theory that of sexual selection, which is the way natural selection connects with the issues that concerned Freud: incest and aggression. Sexual selection has two sides: the competition between members of one sex (usually male) for mates from the other, and the choice exercised by the other (usually female) in picking mates from the competitors. Through this process, genes are differentially distributed in populations, and this can lead to significant evolutionary changes.22

 

Nonetheless, evolution theory would not necessarily view homosexuality as ‘abnormal’ or ‘unnatural’, only a less successful mode of reproductive behavior. To evolution, nothing is ‘normal’ in the sense of moral or appropriate compared to some universal standard or value. The only ultimate value in evolution is the degree to which a trait produces either a selection advantage or disadvantage. Aside from this, they say heterosexuality is not better, or more or less normal or desirable than homosexuality, especially if they both satisfy many of the same needs such as companionship, association, security, and sexual satisfaction. To a consistent evolutionist it thus makes no difference whether these needs are satisfied within a homosexual or heterosexual relationship. Homosexuality today actually could be viewed as more desirable from a secular standpoint because it could reduce population problems:

 

‘Whether the result of deprivation or a natural tendency for the organism, homosexuality also serves evolutionary processes by acting as a form of population control … as more gay families emerge fewer children will be born … A homosexual solution to overpopulation, however, will not simply happen by itself… If homosexuality is to have a limiting effect on population growth, we must remove the stigma surrounding gay relationships. For it is this very shame that encourages so many gays to contract heterosexual relationships and have children as a means of coping with or covering up personal deviance. Facilitating greater acceptance will not only provide peace of mind to gay people but will also benefit heterosexuals and indeed the entire world by providing a humane method of controlling overpopulation.’23

 

Emanating from the pure evolutionary approach would also be the assumption that no behavior is ‘right or wrong’, ‘good or bad’, and any behavior that results in pleasure (and does not hurt anyone, most would add) is fully proper. Life has no purpose, at least no long-term purpose, aside from what we give it, nor does our behavior. Consequently judgments cannot be made, except in terms of survival or reproductive advantage.24 The sexual organs are the way they are solely because they supposedly evolved that way as a result of selection, time and chance; not because they were created for a specific purpose. Thus, no ‘wrong’ way to use them. Painful or dysfunctional ways but not ‘wrong’ ways. Further, if a selective advantage can be envisaged for homosexuality, it could be argued it is ‘normal’ in the sense that nature selected for it:

 

‘There is, I wish to suggest, a strong possibility that homosexuality is normal in a biological sense, that it is a distinctive beneficent behavior that evolved as an important element of early human social organization. Homosexuals may be the genetic carriers of some mankind’s rare altruistic impulses.’25

 

On the selective advantage of homosexual behavior, a model called kin selection, Wilson speculates:

 

‘How can genes predisposing their carriers towards homosexuality spread through the population if homosexuals have no children? One answer is that their close relatives could have had more children as a result of their presence. The homosexual members of primitive societies could have helped members of the same sex, either while hunting and gathering or in more domestic occupations at the dwelling sites. Freed from the special obligations of parental duties, they would have been in a position to operate with special efficiency in assisting close relatives.’26

 

This ad hoc explanation, though, has little if any support from contemporary research, and much evidence against it. The major problem is that little evidence exists for any view except that homosexual behavior was anything but rare or unknown in ‘primitive’ societies. Ruse concludes that all ‘evolutionary explanations’ models of homosexuality are inadequate and problematic, including theories of kin selection, superior heterozygote fitness, parental manipulation, and homosexuality as a maladaptive side of intensive natural selection for superior adaptive male heterosexual behavior, selected because the maladaptive behavior comes along with the adaptive.27

 

Do ‘homosexuals’ exist?

 

In my decade of working at various psychology clinics, I have queried all of my ‘homosexual’ clients as to whether they were erotically attracted to the opposite sex. All of them said that they were, and most all said that they liked women as friends. I have always found it intriguing that virtually all of them did not fit the common definition of homosexual —a person sexually attracted to their own instead of the opposite sex— but all were to some degree bisexual. Many were once married and most had sexual encounters with the opposite sex. Furthermore, Masters’ and Johnson’s scientific studies of persons labelled homosexual and lesbian have found that both groups consistently listed heterosexual encounters as highly erotic, actually at the top of a list of their erotic fantasies. In one study both male and female homosexuals listed a ‘heterosexual encounter’ as their third most common sexual fantasy!28 This finding also supports the conclusion that most of those persons labelled gay are, at best, in varying degrees bisexual, especially in view of the fact that many also have heterosexual relations, and many were once married and had families. In the words of Byne:

 

‘To understand how biological factors influence sexual orientation, one must first define orientation. Many researchers, most conspicuously Simon LeVay, treat it as a sexually dimorphic trait: men are generally ‘programmed’ for attraction to women, and women are generally programmed for attraction to men … The validity of this ‘intersex’ expectation is questionable … sexual orientation is not dimorphic; it has many forms. The conscious and unconscious motivations associated with sexual attraction are diverse even among people of the same sex and orientation. Myriad experiences (and subjective interpretations of those experiences) could interact to lead different people to the same relative degree of sexual attraction to men or to women. Different people could be sexually attracted to men for different reasons; for example, there is no a priori reason that everyone attracted to men should share some particular brain structure.’29

 

Given this, the often unstated but common inference that ‘gays’ in general are attracted to the same sex with the same power that heterosexuals are attracted to the opposite sex —also sexually repelled to the opposite sex as heterosexuals are to the same sex— is not justified. The labelling process dichotomizes, distorts, and should be rejected by both sides. Studies of homosexuals and heterosexuals have found that the two groups are similar on most traits because most ‘gay’ persons are to some degree heterosexual. The contrast is the label, and this is what has an enormous influence on one’s self-identity, which is a major influence in causing homosexual behavior.

 

‘All of us have a wide range of erotic feelings. Societies define some of these as sexual and regulate the degree and the ways in which we are permitted to develop and express them. Homosexual behaviors probably have existed in all societies, but our current perception of homosexuality has its roots in the late nineteenth century. That is when people began to consider certain sexual behaviors to be the identifying characteristic of those who practiced them. Homosexuality stopped being what people did and became who they were. As Michael Foucault writes in his History of Sexuality, until that time “the sodomite had been a temporary aberration; the homosexual was now a species”.’30

 

The research generalization that exclusively homosexual persons who have no attraction for, and are sexually repulsed by, the opposite sex do not exist, but rather homosexual behavior exists, is supported by other evidence. Studies of adolescents find that many young persons —22% according to one study— involve themselves in homosexual behavior, especially in early adolescence.31 Further, a large number of prison inmates and males become involved in the so-called tea room trade.32 None of these persons, though, would define themselves as ‘gay’.33,34

 

Freud concluded that homosexuality was a stage that most boys grew out of, and that adults who involved themselves in homosexual behavior simply had never matured beyond this developmental stage. This position, interestingly, has been the dominant view in the West. Greenberg concluded from his historical study that the category ‘homosexual’ is a late nineteenth century invention?35 Prior to that time, people did not refer to ‘homosexuals’ as a class of people. There were simply men who did different sexual things, including engaging in homogenital acts. They were viewed —in different cultures and to varying degrees— with puzzlement, tolerance, or often strong disapproval.

 

The level of the population that is exclusively homosexual has traditionally been placed at 10% , partly as a result of the 1940s Kinsey studies. Numerous new empirical studies in the United States, Canada, Denmark, Norway, Britain and other countries reveal the rate is less than 3% and as little as below 1%.36,37 That the number varies from 0.9% of males in Norway to 2.8% found by the national opinion research center at the University of Chicago for the United States of America, indicates that cultural factors are likely very influential. Further, according to a Minnesota adolescent health survey, only 0.6% of the boys and 0.2% of the girls surveyed identified themselves as ‘most of 100% homosexual’, 0.7% males and 0.8% females as bisexual, and 10.1% of the males and 11.3% of the females were ‘unsure’. This indicates that many individuals do not have a firm sexual orientation as an adolescent, and reveals the importance of social and sexual experiences in development.38

 

Although many factors are involved, it is my experience that a person is not a prisoner to his or her sexuality and to a large degree chooses a homosexual lifestyle. The unfortunate factor in this debate is that it is very difficult to reason about this topic with those who advocate that a ‘sexual orientation’ called ‘homosexual’ exists. They simply reject, ignore or distort the enormous amount of empirical data against their position. A clear need exists to understand the reasons why people adopt this lifestyle, and the difficulties of doing so in our, or any, society.

 

Much of the speculation that abounds, such as that the Apostle Paul was a ‘homosexual’, involve incredibly shallow reasoning. According to the scriptural record, it is fairly clear that during his ministry Paul was either widowed, divorced or separated, a conclusion which is arrived at from several lines of evidence.39,40 Conditioning as a factor which influences sexual orientation explains quite well not only why many people are homosexuals, but it also explains the behavior of those whose major erotic focus is on statues, young boys, corpses, or excretion. The ‘rights’ of these individuals are in many places coded into laws which state that one cannot discriminate on the basis of ‘sexual orientation’. This would certainly include the sexual orientations listed above, although the law is often arbitrarily interpreted to mean only homosexuality.

 

Further, from a creationist standpoint, it is not only homosexual behavior that is objectionable, but also much of the sexual behavior that is common among homosexuals. Bell et al. found that 43% of white male homosexuals reported having sex with more than 500 partners, and a whopping 28% with over 1,000 partners.41 Also, the sexual practices that homosexuals engage in (a major one is labelled sodomy, from the scriptural example of Sodom and Gomorrah) are generally regarded as unacceptable in Christian society even for heterosexuals.

 

From a medical standpoint, they are fraught with health dangers, including infections, bleeding and disease transmission problems. While promiscuity among heterosexuals also carries many dangers, they are generally far less than sodomy, and infections from sexual relations are actually relatively rare in monogamous couples who practice appropriate hygiene. A major reason this is true is that numerous genital secretions produce high levels of germicides which minimize enormously the chances of infection from heterosexual relations. On the other hand, no such secretions are produced for sodomy relations, which would be expected if heterosexual behavior were designed and sodomy were not. Consequently, studies reveal that homosexual behavior produces a rate of venereal disease 22 times higher than the national average. The major anatomical problems with sodomy (for example, tearing of mucosa) are generally not a problem in heterosexual relationships. Thus, the evidence revealed from medical research supports the creationists’ design interpretation.

 

The biology of sexual differentiation

 

The first step in sexual differentiation occurs at the moment of fertilization when future females usually inherit an XX, and males an XY, chromosome constitution. Among the first differentiations to occur is the development of the müllerian duct system in the females, and the wolffian duct system in males. During the first month of development the embryo is sexually ambiguous, and the specific developmental route the embryo takes depends upon the presence of a gene set usually found on the Y chromosome. This gene set causes development of a male and blocks the development of a female partly by controlling the levels of testosterone and dihydroxytestosterone (DHT) secretion. Female development requires the absence of sufficient levels of these hormones.

 

Specifically, a gene called the testis-determining factor (TDS) found on a region of the short arm of the Y chromosome is believed to play a major role in beginning the ‘developmental cascade of gene action that begins testes development’.42 Testosterone is the primary hormone that produces males, but also secreted in males is the müllerian inhibiting hormone, which both inhibits further development of the female duct structures and initiates the müllerian duct degeneration. Conversely, the lack of testosterone in females causes the wolffian duct system to degenerate and allows the müllerian duct system to develop, forming fallopian tubes, parts of the vagina and the uterus.

 

If the testis-determining factor gene is on the X-chromosome, then an XX male results; and if lacking on the Y chromosome, an XY female with androgen insensitivity can result. As a result of these abnormalities, many cases exist of individuals who were raised as females and externally appear to be females, although their chromosomal set indicates that they should be males. The International Olympic Committee instituted a testing program that began with the 1968 Olympics to determine sex by evaluating the sex chromatin, specifically the bar body on epithelial cells recovered in a sample taken from the inner lining of the mouth cavity. Genetic females would, according to the test, show a single bar body, and genetic males would lack such. A study of this test found that:

 

‘there is no evidence that it has led to the exclusion of any males attempting to compete as females. … An analysis of the results of testing on over 6,000 female athletes led to the estimate that 1 in 500 female athletes have had to withdraw from competition because of the sex tests.’43

 

Further, sexual differentiation, although it can cause two divergent developmental pathways, does not always result in one of two distinct pathways leading to a clear male-female dichotomy, various pathological factors can produce many alternate pathways ‘producing intermediate outcomes in gonadal sex and in sexual phenotypes’.44 Developmental problems can occur either in the early or later stages. For example, in males, testosterone is converted into dihydroxytestosterone, which in turn directs the development of external male genitalia, including the penis from the genital folds and tubercle, and the scrotum from the labioscrotal swelling.

 

Although the origin of sexual development is caused by the X and Y chromosome, they interact with the autosomes which are also involved in sexual differentiation. The most famous example of a developmental disorder is the true hermaphrodite. These persons possess both ovaries and testes and the associated duct systems. They are typically sex chromosome mosaics, some of their body cells being XX, others XY or XXY. In other cases, hermaphrodites have only XY cells.

 

Another category called pseudohermaphrodites have only one type of gonad and ambiguous genitalia. They may have an XY chromosome constitution and an autosomal recessive gene which prevents the conversion of testosterone to DHT. Therefore, their external genitalia do not develop, but their internal male duct system and internal organs are usually properly formed. Although males, their genitalia are essentially female, the scrotum resembles labia, a blind vaginal pouch is typically present, and the penis resembles a clitoris. Pseudohermaphrodites are typically raised as females. Their most severe problems occur at puberty when masculinization often occurs, the testes descend into a developing scrotum, the phallus develops into a functional penis, beard growth occurs, the voice deepens, and muscle mass increases occur as in normal males.45,46 In some cases, the problem is caused by a piece of the Y chromosome which is attached to one of the two X chromosomes. The obvious trauma of a female developing into a male at puberty has motivated the establishment of programs to recognize the condition by careful examination of the genitals of affected populations in infancy.

 

Other developmental abnormalities include sex chromosome aneuploidies, most of which are due to non-disjunction of the sex chromosomes. If this occurs during oogenesis, the egg may have either two X chromosomes or no X chromosomes; if during spermatogenesis, sperm is produced with either no X chromosome, both an X and a Y chromosome, two X chromosomes, or two Y chromosomes.47 The result is a variety of chromosomal abnormalities in the offspring which include Turner’s syndrome, a monosomy of the X chromosome (XO). The XO constitution lacks the male chromosome, consequently they develop more female than male traits. It is more accurate to describe them as largely sexually undifferentiated, but phenotypically resembling females more than males. Turner females tend to be short, have thick necks and lack most secondary sexual characteristics. They do not undergo puberty, menstruate or experience breast development.

 

The XXY condition is called Klinefelter’s syndrome, and occurs when an egg with two X chromosomes is fertilized by Y-bearing sperm. The resultant males have underdeveloped testes, yet develop female breasts, an abnormality which is usually not apparent until puberty. Another non-disjunction abnormality is XYY males who are usually taller than average, often having barely normal intelligence, and suffer from persistent acne. Much controversy about this condition resulted from the now disproved claim that these persons were very likely to be criminally aggressive. Further research has found that this relationship is far too tenuous to make valid generalizations.

 

A third major condition in this category is called the metafemale, which results from having three X chromosomes, caused when an X-bearing sperm fertilizes an egg having two X chromosomes. Contrary to what the term metafemale implies, XXX females often have no major physical abnormalities other than early onset of menopause, menstrual irregularities, and a tendency towards learning disabilities.

 

In spite of these genetic problems, and although many of the individuals with the chromosomal disjunction abnormalities listed above are often regarded as different and never marry, they live what appear to be normal lives as males or females. Many take the role of one sex, and largely identify with this sex, attempting to achieve normal heterosexual relationships. Some persons labelled homosexuals, though, do come from the ranks of these abnormalities. Nonetheless, they are abnormalities which reveal deviation from the normal created condition, supporting the creation/Fall hypothesis.

 

The biological influences

 

The claim is often made that those who involve themselves in homosexual behavior cannot help the way that they are, and are biologically attracted to the same sex, not the opposite sex. Further,

 

‘… many people seem to believe that homosexuality would be more accepted if it were shown to be inborn. Randy Shilts, a gay journalist, has said that a biological explanation “would reduce being gay to something like being left-handed, which is in fact all that it is. … Questions about the origins of homosexuality would be of little interest if it were not a stigmatized behavior. We do not ask comparable questions about “normal” sexual preferences. … Still, many gay people welcome biological explanations and, in recent years, much of the search for biological components in homosexuality has been carried out by gay researchers.’48

 

Despite claims, no gene causing homosexuality has yet been shown to unambiguously exist, nor has any clear evidence of a biological basis yet been located.49 In the words of LeVay:

 

‘Although efforts have been made to establish the biological basis of sexual orientation, for example, by the application of cytogenetic, endocrinological, or neuroanatomical methods, these efforts have largely failed to establish any consistent differences between homosexual and heterosexual individuals.’50

 

Of the many scores of studies that have searched for biological factors which could cause homosexuality, the only ones so far located that indicate a possible biological cause are abnormal hypothalamus development and hormonal imbalance.51,52,53,54,55

 

Research by Simon LeVay, a neuroscientist at the Salk Institute for Biological Studies in San Diego, found that the area in the hypothalamus which influences sexuality, the interstitial nuclei of the anterior hypothalamus (INAH), was more than twice as large in heterosexual as in homosexual men, and these brain cells were completely absent in one of the gay males. The volume of this area in the gay men in his sample was very similar to the heterosexual women in his study. In short, this study concluded the INAH of gay men were closer in structure and size to those of women than of heterosexual men. The results were obtained by analyzing brain tissue from 41 cadavers, specifically 16 presumed heterosexual males, six presumed heterosexual females, and 19 presumed homosexual males. LeVay ruled out disease which occurred in later life as a confounding factor, a concern because many of the men in his sample died of AIDS. Further, the results are still tenuous, because measuring this brain structure is extremely difficult (the areas scrutinized were smaller than snowflakes) and its function is not entirely clear, nor are the techniques used to determine the viability of his methods, some researchers use volume as LeVay did, others use the number of neurons.

 

Indications that this part of the hypothalamus influences heterosexuality also come from experiments on male primates which found those with certain hypothalamus lesions lost interest in females, even though their sex drives remained normal. Thus, while biological pathology may help explain some homosexual behavior, it is by no means clear that it alone completely explains homosexuality. Hypothalamus deficiencies may influence homosexual behavior, but homosexual behavior could also cause hypothalamus changes, a relationship which needs to be determined before any firm conclusions on causality can be made.56 Clearly, neurons change in response to mental activity, but whether this occurs in this situation is not yet known. Further, a third factor may influence both homosexual behavior and the neuron differences observed. One hypothesis is that exposures to abnormal levels of testosterone in utero may explain much or all of the hypothalamus differences observed.

 

The research by LeVay is a pioneering study which at best indicates that further research is needed. Unfortunately, the mass media often reported this study as if it has proved beyond a doubt that homosexuality is biologically determined.57 LeVay, who accepts the gay label, has expressed definite motivations in doing his research. If LeVay’s research is valid, it indicates that homosexuality is caused by a biological pathology, since he found that the INAH 2 and 3 (the preoptic nuclei) was much smaller in homosexual compared to normal heterosexual males, indicating it is caused by disease, hormone imbalance or some other abnormality. If it is caused by pathological conditions, it is not normal.

 

A biological pathology theory that relates to developmental influences may explain the abnormal INAH 2 and 3, and supports the conclusion that homosexuality could be biological in some cases. Research points in the direction that this pathology relates to:

 

‘… the concentration of the hormone testosterone in the bloodstream of the developing fetus influences the sexual orientation and sex-typical behavior of the resulting adult. This hormone is produced mainly by Leydig cells which differentiate in the testes of the male embryos. In addition to testes in males, any fetus has two other sources of testosterone, its adrenal gland and the adrenal gland of its mother. In the brain, testosterone is metabolized to another hormone, estradiol, which during the fourth and fifth months of gestation stimulates the proliferation of nerve cells in the preoptic nucleus of the hypothalamus. As a result of this precisely timed estradiol exposure, there are twice as many nerve cell bodies in the preoptic nuclei [the INAH 2 and 3] of typical men compared to typical women. By a means yet to be discovered, individuals with these enlarged preoptic areas, including most men, tend to prefer women sex partners.

 

Thus, sexual orientation somehow derives from the prenatal concentration of testosterone, lowering it in a fetal male affects his preoptic nucleus and later, when he matures, his sexual orientation. In a similar fashion, a little later in prenatal development, estradiol affects at least two other areas of the hypothalamus: the anterior nucleus, which organizes sex-typical behavior and the ventromedial nucleus, which is blocked by the higher levels of estradiol in typical males but at lower levels (e.g., in typical females or some male homosexuals) organizes the timing of the “ovulatory” cycle. At least in these three areas of the hypothalamus the brains of typical men and typical women are different.’58

 

Ellis and Ames concluded from a study of 283 women that sexual orientation of human offspring ‘may be altered by severe maternal stress during pregnancy’.59 Dorner also found that stress during pregnancy was a major factor present in the mothers of homosexuals, but far less so in mothers of heterosexuals.60 Another study by Hamer and his colleagues found a region near the tip of the long arm of the X-chromosome known as Xq28 which they speculated may contain a genetic influence affecting homosexuality. The gene itself ‘has not yet been isolated’, and represents ‘less than 0.2 percent of the total human genome’ or about several hundred genes.61 This finding is far more problematic than the above biological factors because:

 

‘Thirty-three of 40 pairs of gay brothers the researchers studied inherited the same version of this chromosome region, significantly more than the 20 pairs (half) expected by chance … [but the researchers] warned against making too much of their results, however “We have never thought that finding a genetic link makes sexual orientation a simple genetic trait like eye colour. It’s much more complex than that.” … seven of the original 40 pairs of brothers did not share the same version of this critical region, for example. And other studies have shown that even the identical twin of a gay man has only a 50 per cent chance of being gay himself. So Hamer’s gene, whatever it turns out to be, is neither necessary nor sufficient to determine homosexual orientation.’62

 

In a summary of the biological research, Byne concluded ‘what evidence exists thus far of innate biological traits underlying homosexuality is flawed’.63 [Ed. note: in 1999, four years after Dr Bergman’s paper was published in the CENTJ, he was further vindicated by a Science69 paper casting more doubt upon the existence of a ‘gay gene’ at Xq28].

 

Even if a biological factor exists for some persons, it is another question altogether as to whether homosexual behaviour is desirable or even acceptable. Change is admittedly difficult, but the level of success in treating other sexual disorders such as pedophilia is also extremely low. The latter individuals also claim that they have strong attractions for young children, and have minimal or no attraction to adults of the opposite sex. Some indications also exist that pedophilia may be biologically influenced. This alone would not argue that laws against pedophilia behaviour should be rescinded, or that this behaviour is a normal, acceptable sexual preference. If it were shown that many behaviors now classified as abnormal, including sadomasochism, various fetishes, coprophilia, necrophilia, etc., are likewise influenced by biological factors, this may help us to understand persons who indulge in these practices, but it would likely carry little weight in convincing society to embrace these behavioural forms as normal or desirable.

 

In the cases where homosexual behaviour is precipitated by developmental abnormalities, the focus should be on understanding the abnormality and developing ways of, ideally, treating or preventing it. The homosexual movement vigorously opposes this response, producing the almost unparalleled situation in which, assuming the biological factors are confirmed, a clear pathology or abnormality is defended as desirable, and efforts to correct this resisted. Woolpy concluded the appropriate approach is to identify the factors which may precipitate homosexual behaviour, and:

 

‘Obstetricians could prescribe more extreme safeguards against stress during pregnancy. Legislators could criminalize the use of all drugs with testosterone effects (including alcohol) during pregnancy. Biotechnologists could search for ways to stabilize testosterone levels during pregnancy. Religious traditionalists could acknowledge the physiological predisposition of homosexuals and still recommend celibacy.’64

 

Psychological/sociological factors

 

An enormous amount of research has been completed on the influence on homosexuality of such factors as passive fathers, domineering mothers, marital relationship abnormalities, closeness and similarity of siblings, relationships with peers, adolescent sexual experiences, feminine interests in males and masculine interests in females while growing up, and numerous other factors. So far, a consistent pattern has not been determined. Likely numerous factors exist which influence homosexual development, any one of which is often not critical. Suffice to say that all of the factors that have been proposed and have been to some degree documented as influential are regarded in Western society as pathological, that is, a domineering, overbearing mother and a weak, passive, ineffective father.

 

Regardless of the validity of these studies, they all point to pathology in interpersonal relationships as an important or influencing factor in the development of homosexual behavioural tendencies. No one has noted that loving siblings and parental relationships in which the power is equitably shared causes homosexuality, although some have noted that this environment will not necessarily preclude a child from developing homosexual tendencies. This again supports the creationists’ interpretation of homosexuality, that is, that it is a result of pathological factors or behaviour styles that are generally regarded as abnormal or definitely far from ideal.

 

Disease and homosexuality

 

A major problem relative to homosexuality is that many venereal and other diseases are far more a problem with homosexual behaviour than heterosexual. For non-promiscuous couples who take proper cleanliness measures, the transmission of disease among heterosexuals is extremely rare, and then usually almost always due to lack of hygiene. During homosexual behaviour, sperm can penetrate the partner’s colon wall. When inside the body, the sperm adversely effects the immune system, resulting in the person being more vulnerable to disease. This is especially a problem, in that homosexual practices commonly transmit many diseases which are uncommon among heterosexuals. For example, homosexuals as a group are far more apt to have rare bowel diseases, which are generally lumped together under the designation ‘gay bowel syndrome’. One study indicated that one half of homosexuals eventually contract the colon disease parasitic amebiasis, while rectal gonorrhea and infectious hepatitis A are far higher among the homosexual population. Fox, in response to this concern, noted:

 

‘First, the colon and rectum are made for the elimination of fecal matter and not for sexual experience. Fecal matter is eliminated because it is indigestible and contains disease-causing materials. With sexual penetration, the rectal muscles are often torn or over-expanded, and the fragile lining of the colon is almost always torn. The tearing of the colon allows fecal matter to penetrate into the body, bringing with it infectious disease.’65

 

Many homosexuals frequent medical doctors who specialize in treating homosexuals in order to best deal with their special health concerns. While these doctors may not advertise themselves as such in the telephone book, the homosexual social network as well as the homosexual press is a common source patients use to contact these specialized physicians. Estimates of the infectious disease rate among homosexuals is about ten times higher than that of the general population, not only venereal diseases, but also hepatitis B and others. Other common diseases include urethritis, viral herpes, pediculosis infestation and others.66 Of course, it is not only the type of behaviour that they indulge in which puts them at a much higher risk, but also their high level of promiscuity, one survey indicated that homosexual males have an average of over 50 sexual partners in their lifetime.67 Another study found that 28% had more than 1,000 partners, 15% had 500 to 1,000, 32% from 100 to 500, and only 25% had less than 100 partners in their lifetime. While surveys in this area vary, depending upon the sampling population, sample size and specific questions asked, all reveal that an enormous amount of promiscuity is a normal part of the gay lifestyle. The writer’s personal interviews, although a small sample, nonetheless provide good reason to believe that these survey results are reasonably accurate. The level of the problem can be debated, but there is no question that the problem is serious, with AIDS being the most publicized example.

 

Summary

 

Homosexuality involves a wide range of behaviour with complex causes, including biological, social, environmental, psychological and moral. Whether a person adopts a homosexual lifestyle depends on the total interaction of these factors. The major cause could be hormonal in one person, social in another and moral in yet others. The concatenation of factors is so important that, as one summary of this issue noted, even when

 

‘… some researcher finds the gene in question and a prenatal genetic test for the gene becomes possible, such a test will offer little more than a hint about the future sexual orientation of the fetus. “There will never be a test that will say for certain whether a child will be gay. We know that for certain.”…’ 68

 

The extant empirical research supports the creationists’ hypothesis, concluding that homosexuality is due either to environmental, social or physiological pathology. The research which indicates biological factors are involved in homosexuality does not conclude that biology is destiny, only that certain abnormal factors, both genetic and environmental, influence the development of the eventual sexual response. That these are abnormal supports the conclusion that there is an original naturally designed  sexual response which fulfills the goal to reproduce, multiply and bond, and that other sexual responses are not designed, but are the result of pathological factors.

 

In order to respond appropriately to homosexual behaviour, the causes must be understood. The response to this behaviour would then vary according to the factors involved. An understanding of this would help deal with both the environmental and biological pathology factors. Awareness of the environmental factors would influence child-rearing practices and social policy, and awareness of the biological factors would influence development of pharmacological or medical treatments, as well as a more compassionate understanding of the factors involved.

 

References

     (Contiene todas las referencias propias del texto extractado)

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El doctor Jerry Bergman tiene siete títulos universitarios, a saber:

  • Ph.D. en Biología Humana de Columbia Pacific University
  • Ph.D. en Investigación y Evaluación de Wayne State University
  • Ph.D. en Biología Molecular, Northwest College
  • M.S. en Psicología de Wayne State University
  • M.A. en Sociología de Bowling Green State University
  • B.S. en Psicología de Wayne State University

 

Es Presidente del Comité de Asuntos Académicos  y Consejero del Claustro en Northwest State College, y también un colaborador destacado en más de 20 libros de texto de ciencia. Actualmente es profesor de ciencias en  Northwest College, Archbold (Ohio), al tiempo que desarrolla sus trabajos en Biología Molecular.

 

Ha sido autor y coautor de más de cuarenta libros de texto, monografías y capítulos de libros. Ha publicado más de 400 artículos en revistas especializadas y profesionales y también en publicaciones divulgativas y populares. (ver abajo una selección). Su obra se ha publicado en 6 lenguas (Alemán, Francés, Italiano, Holandés, Polaco y Sueco).

 

Entre sus libros se cuenta una monografía sobre la Evaluación por Pares (peer evaluation) publicada por el College Student Journal Press; un libro sobre Salud Mental publicado por la editorial Claudius Verlag de Munich en Alemania; un libro sobre temas interdisciplinarios comunes a las ciencias y la filosofía, publicado por Phi Delta Kappa; un libro sobre órganos vestigiales con el Dr. George Howe (‘Vestigial Organs’ are Fully Functional); un libro sobre psicología y cultos religiosos y, un libro sobre discriminación moral publicado por la editorial  Onesimus Press. También ha publicado un tratado y texto universitario sobre evaluación académica (Boston, Houghton Mifflin Co.), y ha contribuído en docenas de otros libros de texto.

 

El Dr Bergman ha presentando más de un centenar de trabajos investigativos y ensayos en  eventos científicos y con la comunidad, en los Estados Unidos, Canadá y Europa. Ha explicado sus investigaciones como orador destacado en muchos campus universitarios a lo largo de Estados Unidos y Europa, y es invitado frecuente en programas de radio y televisión. Sus investigaciones han ocupado la primera plana en los periódicos del país, ha sido destacado por el Paul Harvey Show varias veces y, sus trabajos han sido analizados por David Brinkley y otros comentaristas conocidos en la televisión nacional.

 

Sus otras experiencias laborales incluyen  más de diez años de experiencia en varias clínicas de Salud Mental y Psicología; servicio como Asesor Clínico profesional licenciado; tres años como investigador y consultor de tiempo completo para una corte de circuito en  Michigan y, dentro de los muros de la Jackson Prison (SPSM), la más grande prisión abaluartada del mundo.

 

También ha servido como consultor científico para CBS News, ABC News, Reader’s Digest, Amnesty International, varias agencies gubernamentales y para dos ganadores del Premio Nobel, incluyendo al inventor del transistor.

 

En el último decenio ha sido consultado y también ha rendido testimonio -como perito y asesor experto-  en cerca de un centenar de casos juzgados en corte. Es Fellow de la American Scientific Association, miembro de la National Association for the Advancement of Science y otras asociacions científicas y profesionales.

 

Su nombre figura en Who’s Who in America, Who’s Who in the Midwest and in Who’s Who in Science and Religion.

 

Algunos Artículos del Dr. Bergman

  • The Dodo Bird … An example of survival of the fittest
  • Who invented it first?
  • Understanding Poisons 
  • Darwinism and the Nazi race Holocaust
  • The problem of homosexual behaviour
  • Teaching Evolution in Public Schools: Solid research reveals American beliefs
  • Did God Make Pathogenic Viruses? (CEN Technical Journal article)
  • ATP: The Perfect Energy Currency for the Cell (CRSQ article posted on True Origins website)
  • Why Abiogenesis is Impossible (CRSQ article)

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¿Sexo o ‘género’?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 19, 2009

 Hoy se lee y se escucha la palabra «género», utilizada en vez de «sexo». Y se habla de tres «géneros», incluyendo el homosexual.

En relación con la sexualidad, debe utilizarse una terminología adecuada para una mejor comprensión de la materia. Por eso, es necesario conocer la definición de algunos vocablos, dentro de los que se encuentran los siguientes:

 

El sexo cromosómico o genético está especificado por la presencia o ausencia del cromosoma «Y» en el patrimonio genético de la célula del ser humano; así, los individuos que tienen un cromosoma «Y» con uno o más cromosomas «X» son varones; mientras que los que carecen de cromosoma «Y» son genéticamente hembras. Este hecho es el resultado objetivo de la fecundación.

«El sexo nace antes que nosotros. Hemos sido varones o hembras el día de la concepción y lo hemos sido de manera irreversible. El desarrollo hormonal, la centralización neurológica, la periodicidad fisiológica [las funciones del organismo] y la configuración formológica [la forma] de nuestra sexualidad no son otra cosa que fenómenos subsecuentes, pero también consecutivos al fenómeno de la determinación genética del sexo» (Boiardi, Sessualitá Maschile…, p. 19).

 

El sexo gonadal está basado en la histología —las características microscópicas de los tejidos— de las gónadas; el varón posee tejido testicular, la mujer posee tejido ovárico. Como se dijo anteriormente, el crecimiento y la diferenciación de las glándulas sexuales se dan gradualmente, sobre una base de tejidos diferentes bajo la influencia del sexo genético: los genes que se encuentran en los cromosomas se encargan de diferenciar las gónadas en sentido masculino o femenino.

 

El sexo embrionario o vías genitales son: el conducto de Müller (propio de la mujer) y el conducto de Wolff (propio del varón).

 

El sexo fenotípico o genital está determinado por las características de los genitales externos. Basándose en él, en el nacimiento se le asigna el sexo al individuo, desde los puntos de vista civil y social.

 

Durante la pubertad y a través de un proceso de maduración se da el crecimiento del organismo sexual interno y externo, según las características propias de cada uno de los dos sexos.

 

En la sexualidad física normal se da una armonía y concordancia entre todos estos componentes; pero, a veces, se presentan anomalías que determinan un estado de intersexualidad, esto se da si hay discordancia entre los caracteres genéticos, gonádicos, embrionarios y genitales del sexo. Las anomalías se conocen como el pseudohermafroditismo y el hermafroditismo verdadero.

 

El pseudohermafroditismo se puede verificar en dos situaciones:

En el pseudohermafroditismo femenino los genitales son masculinos (más o menos diferenciados) mientras las gónadas y el patrimonio cromosómico son femeninos, como ocurre, por ejemplo, en el Síndrome Adrenogenital Congénito.

En el pseudohermafroditismo masculino los genitales son femeninos, pero las gónadas y el patrimonio cromosómico son masculinos, presentando incluso testículos (Síndrome de Morris o de feminización testicular).

 

El hermafroditismo verdadero (muy raro), es el caso en el que se presentan tejidos ováricos y testiculares al mismo tiempo.

 

Estas diversas formas de anomalía que se refieren a los componentes físicos del sexo y no configuran lo que se define como transexualismo ni homosexualidad ni transvestismo:

 

El transexualismo auténtico se define como el conflicto entre el sexo físico normal y la tendencia psicológica que se experimenta en sentido opuesto.

Casi en la totalidad de los casos se trata de sujetos de sexo físico masculino que psicológicamente se sienten mujeres y que tienden a identificarse con el sexo femenino. Son muy raros los casos en sentido inverso, es decir, los sujetos físicamente mujeres que pretenden volverse hombres.

 

El transvestismo, por el contrario, es un síndrome en el cual no hay un deseo profundo de cambiar de sexo, sino que simplemente se ha instaurado una necesidad psíquica de vestirse con ropa del otro sexo, como condición necesaria para alcanzar la excitación sexual; y se busca la relación sexual con sujetos del sexo opuesto.

 

En la homosexualidad masculina, el sexo genético, el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital son masculinos; pero los aspectos físicos del sexo son usados para la satisfacción erótica depositada en un sujeto del mismo sexo. El homosexual no desea cambiar de sexo, sino, simplemente, tener relaciones sexuales con varones.

Asimismo, en el lesbianismo, tanto el sexo genético como el sexo gonadal, el sexo embrionario y el sexo genital son todos femeninos; pero ella desea tener relaciones sexuales con mujeres.

 

Por todo esto, en el Diccionario, la voz «Sexo» (del latín sexus: sección, división, parcialidad, mitad en busca de otra mitad) se define como «Condición orgánica que distingue al macho de la hembra en los seres humanos». Y su segunda acepción no da más que dos opciones: «Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo: sexo masculino, sexo femenino».

En cambio, «Género» (del latín genus, generis), es el «Conjunto de especies que tienen cierto número de caracteres comunes». Esto significa que la especie humana, junto con otras especies, conforma con ellas un género.

Por eso, es erróneo el uso de la palabra «género» para designar la sexualidad de un individuo.

 

Tampoco es acertado usar del término «género», para dar las supuestas tres opciones al individuo, ya que lo cierto es que para el individuo que nace no hay elección posible del sexo genético; y está científica y objetivamente comprobado que el sexo genético es el que determina los otros componentes biológicos:

Si el individuo es varón, todas las células de su organismo poseen cromosoma «Y»; por lo tanto ES masculino genética, gonadal, embrionaria y genitalmente. Y es varón aunque se sienta mejor como mujer o le atraigan los hombres.

Si se trata de una mujer, en ninguna de sus células existe un cromosoma «Y»; por lo tanto ES hembra genética, gonadal, embrionaria y genitalmente. Y es mujer aunque le atraigan las mujeres o se sienta mejor como hombre.

 

   

 

 

 

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La educación sexual: ¿en el justo medio?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 5, 2009

Todos los padres desean que sus hijos e hijas no tengan hijos prematuramente y que no adquieran sida o enfermedades de transmisión sexual.

Nadie desea que su hija sea violada. Ni que sufra de frigidez o sea ninfomaníaca.

Quieren que sus hijos no tengan relaciones con prostitutas ni que, mucho menos, se prostituyan. Ni que sufran de eyaculación precoz o de impotencia. Ni tampoco que sean promiscuos.

Adicionalmente, ningún padre desea que alguno de sus hijos sea homosexual. Es sorprendente saber que ni siquiera lo desean la mayoría de los padres homosexuales. Todos los padres quieren que sus hijos sean felices, que lleguen con dignidad al matrimonio y que, ya en él, la mantengan.

De manera pues, que aunque es muy importante poder curar, es preciso y siempre mejor prevenir.

Para lograr estos deseos, es necesario estar en el justo medio: lo más ecuánime, pero también lo más difícil, es lograr el punto intermedio entre dos extremos.

En contraposición al antiguo y mojigato concepto de que toda información podía estimular la libido, hoy es constante en algunos sexólogos la idea de que los problemas que se presentan en los jóvenes provienen de la falta de información acerca de los temas genitales.

Por esa razón se ha creído necesario “llenar” al adolescente de datos estadísticos y científicos en lo que se refiere a evitar el embarazo y las enfermedades como el sida.

Los descritos son los dos extremos: ignorancia absoluta o relativa, y superinformación.

Pero las estadísticas muestran que los errores generalmente los producen la falta de voluntad, de formación, no de información; el punto intermedio —el justo medio— de estos dos extremos es educar.

Existe una gran diferencia entre “informar” y “formar”: con lo primero no se logra inducir el comportamiento hacia el bienestar propio de cada educando, sino que se le crea una cantidad grande de prevenciones que no lo encaminarán hacia el enriquecimiento personal integral, sino que, por el contrario, le dirán simplemente hasta dónde pueden llegar sus instintos con el mínimo riesgo de enfermedad o de embarazo. Al formar, en cambio se crea un ser capaz de entregarse sin reservas egoístas y, por tanto, de tomar decisiones desesclavizado de las pasiones, es decir, libre.

Contra el vicio, el egoísmo, la rutina y la comodidad —que impelen, por el conformismo, al divorcio—, la educación da un entrenamiento en el dominio de sí mismo, forma el carácter e incentiva el espíritu de sacrificio. Esto llevará de la mano a la estabilidad conyugal.

Otro mito que existía, el mantener todo escondido, hizo que, por reacción de rebote, muchos se inclinasen por intentar destapar todo. Resultado de esto fue, como se pretendía, la desmitificación de muchos errores, pero también, el hedonismo – doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida- y su consecuencia obvia, la denigración general de la moralidad y del valor que se le tiene a la mujer.

Esos, de nuevo, son los extremos. El justo medio es lo natural.

Tampoco debe tratar de vivirse la sexualidad en los extremos: ni “todo es pecaminoso”, ni “todo es correcto”. Ni seguir como los animales el instinto, ni tratar de domarlo maniqueísticamente, pensando que lo genital es malo. Otra vez, el justo medio es lo natural: ni mito, ni pudor excesivo.

En fin, el amor verdadero es el punto intermedio entre la pasión desenfrenada y el sentimentalismo irracional.

Por último, el justo medio debe estar también presente en el plan educativo: la información gradual, adecuada a la edad y, muy especialmente, coherente con la dignidad del ser humano será la medida para producir únicamente beneficios en los jóvenes.

 

 

 

 

 

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¿El homosexual nace o se hace?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 14, 2008

 En un laboratorio de experimentación científica se lleva a cabo un estudio microscópico. Han sido citados una mujer y un hombre para ver sus células a gran escala, a través de un instrumento visor. Se procede a hacer un pequeño raspado del dorso de sus manos para que algunas de sus células más externas caigan sobre una lámina pequeña de vidrio, llamada portaobjetos, que se lleva de inmediato al microscopio electrónico.

El resultado —siempre sorprendente— es el mismo que se observa en todas las oportunidades: las células descamadas de la mujer muestran dos cromosomas “X”, mientras que las del hombre tienen un cromosoma “X” y otro “Y”.

La ciencia de la genética lo descubrió desde hace muchos años: los hombres, desde el período embrionario —y aun antes—, tienen definido el sexo. Lo que pasa frecuentemente inadvertido es que, no sólo las células de la piel, sino las de los órganos internos, las de los huesos, músculos y articulaciones, las de los vasos y nervios, las del cerebro y hasta las de la base de los cabellos están sexuadas.

En genética se ha comparado la información que existe en los cromosomas con los computadores y se ha llegado a la conclusión de que, en un solo cromosoma humano, hay el equivalente a 4 libros de 500 páginas cada uno, con 300 palabras impresas en cada página, aproximadamente. Son billones de genes con información específica: un gen determinará el color de los ojos, otro el de la piel, otro la estatura aproximada… Sin embargo, la sexualidad no está “escrita”, en uno o en un ciento, ni siquiera en un millar de genes, sino en un cromosoma completo, es decir, es todo un legado genético el que determina el sexo de un individuo.

De manera que esa sexualidad, parcialidad, “mitad en busca de otra mitad”, división o sección (es decir, sexo) está presente en todo el organismo: el corazón de una mujer es femenino, como lo es su páncreas, su hígado o su cartílago; las células de su sistema nervioso central están “impregnadas” de esa feminidad; por decirlo así, piensa y actúa como mujer, y hasta camina como mujer. Así mismo, el hombre lo es en toda su anatomía y en todo su funcionamiento fisiológico: las acciones involuntarias, y aun voluntarias, son realizadas por órganos y sistemas hechos por células masculinas; por eso sus acciones y pensamientos son los de un varón, se mueve como varón, vive como varón.

De los cromosomas depende también la formación de los órganos genitales y de los caracteres sexuales secundarios.

Sin embargo, el homosexual —quien dirige sus afectos hacia un ser humano de su mismo sexo— tiene idénticos órganos genitales y, en el microscopio, sus células muestran también los mismos cromosomas “X” y “Y” de un hombre.

¿Qué sucede entonces?

Desdichadamente nadie lo sabe con certeza hasta ahora. Pero hay algunas luces al respecto.

Los siguientes son factores que coadyuvan —que facilitan— el hecho de que un hijo se incline hacia la homosexualidad:

 

El uso de la píldora anticonceptiva.

Las hormonas sexuales femeninas, estrógenos y progesterona, presentes siempre en la píldora anticonceptiva permiten de vez en cuando —en un valor cercano al 1%— la ovulación y, por tanto, el embarazo. De hecho, ése es el porcentaje de fracaso (llámese “embarazos”) de los anticonceptivos orales. En esas ocasiones, la mujer continúa tomando el medicamento hasta que se da cuenta que está esperando un hijo.

Durante esa temporada es muy probable —lo están investigando los científicos dedicados a esta área— que las hormonas sexuales femeninas sean llevadas al nuevo ser humano que está desarrollándose y evolucionando dentro de unos parámetros bastante lábiles. Cualquier incidencia que les llega a través de los líquidos que atraviesan la placenta puede afectarlos positiva o negativamente. Por esa razón está contraindicado el uso de medicamentos durante el embarazo, a no ser que la balanza riesgo–beneficio haga que el obstetra determine, en ocasiones especiales, formularlos a la paciente asumiendo el riesgo de daño en el embrión o en el feto.

Pues bien, los índices preliminares parecen mostrar que hay más homosexuales en los matrimonios que utilizan la píldora como método anticonceptivo.

Si se tiene en cuenta que el levonorgestrel, aquella hormona que se “implanta” bajo la piel del brazo, uno de cuyos nombres comerciales es el Norplant, actúa con el mismo mecanismo, ha de temerse el mismo resultado.

 

La educación.

Pero esta circunstancia (el hecho de que la madre use estos anticonceptivos y que ello facilite una tendencia hacia la conducta homosexual) debe tener otros sumandos. De hecho, se cree imposible sin que, además, exista cierto grado de inestabilidad familiar.

Cuando el aspecto psicológico del niño es afectado, muy especialmente por el trato paterno, según los últimos análisis psicológicos realizados en estos pacientes, la alteración provocada por un padre excesivamente enérgico (y hasta violento) y duro, o bien, alejado y frío en sus relaciones con sus hijos, circunstancias ambas bastante más frecuentes de lo que parece en las sociedades eminentemente machistas como la nuestra, puede impulsar a esta propensión.

Si a esto se añade que en los centros educativos mixtos hay mayor incidencia de homosexualidad que en los demás, aunque es completamente erróneo afirmar que serán homosexuales quienes estudien en estos centros, éste se convertirá también en uno de los factores coadyuvantes, si se presentan las otras condiciones y circunstancias. Nadie sabe qué lo facilita. Se ha conjeturado que, ya que el desarrollo intelectual de la mujer es más rápido que el del hombre, el muchacho se verá inclinado a “refugiarse” en sus compañeros del mismo sexo y condición intelectual, quizá intentando reemplazar al padre que, desde el punto de vista psicológico, nunca tuvo.

Por último, y ya que la psicología propia de cada ser sexuado se desarrolla más fácilmente si hay más hermanitos del mismo sexo, si a todo lo precedente se añade que los padres no tienen más que dos hijos —la parejita—, otro sumando se asociará para facilitar este desorden de la naturaleza, en personas que, la mayoría de las veces, no tienen la culpa.

Si la ciencia no da pronto más indicios, estas y algunas otras lógicas conjeturas con ligero soporte científico son las únicas herramientas con las que se puede contar al analizar la tendencia homosexual. Lo que no se puede seguir afirmando, en cambio, es que se haya comprobado que el factor hereditario o el genético representen algún papel.

 

 

Tomado del libro:

 

HOMOSEXUALIDAD, DEL MIEDO A LA ESPERANZA. (Coautor) 1ª edición. Bogotá, Colombia. Editorial Trillas, 2006.

 

Este libro se puede adquirir en: 

Editorial Trillas. Señor Alfonso López: 2857187, Bogotá, Colombia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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