Saber vivir

Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Santos Vs Uribe

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 3, 2017

Sorprende siempre verificar cómo la gente puede creer tan fácilmente todo lo que dicen los medios de comunicación o la Internet acerca de los personajes públicos, cualesquiera que sean: políticos, gobernantes, empresarios, deportistas, artistas, profesores, científicos…

Ya sabemos que los medios de comunicación social no están exentos de compromisos con grupos económicos y/o políticos, y que por eso podrían intentar manipular a la opinión pública en beneficio de esos intereses. Y la Red se presta también para lo mismo, con el agravante de que entran en la polémica habladurías al estilo de las más chismosas vecinas de barrio de antaño que, sin embargo, atizan la polarización del pueblo colombiano en una u otra dirección.

Y todo esto junto se riega como polvorín por doquier, a la velocidad creciente de la Internet.

Y la mayoría son personas que simplemente se dejan llevar por lo que leen, oyen o ven, creyéndolo como verdades incuestionables. Y cuando se les pregunta cuáles son sus fuentes de información, dicen: «Lo leí en la prensa, lo vi la televisión o está en Internet…» (!?), ¡como si la prensa, la televisión o la Internet fueran siempre infalibles!

Ya se ven en los chats y videos acusaciones (falsas o ciertas, pero de apariencia indiscutibles) y actitudes tan agresivas que llegan a las burlas, la violencia verbal, iracundias y hasta odios irracionales de quienes no han sido testigos de los hechos ¡ni han corroborado nada!

No tiene nada de raro que esta bola-de-nieve crezca hasta que se dé una situación social irremediable y se cree un estado de desorden público tan descontrolado, que pueda hacer estallar una guerra civil, como antaño ocurrió entre los partidos políticos tradicionales.

Es hora de parar: No hablemos de lo que no fuimos testigos ni de lo que no hemos comprobado.

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¿Cambio de año?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 31, 2016

ano-nuevo

Las fiestas para celebrar el Año Nuevo tienen una larga historia que se remonta a las civilizaciones más antiguas, como los egipcios y las babilonios, quienes desde hace más de 5 mil años realizaban rituales para festejar el inicio y el fin de un nuevo ciclo.  En ese sentido, esta fiesta expresa la necesidad que ha tenido el ser humano desde hace miles de años de medir el tiempo, registrar acontecimientos relevantes y establecer fechas para celebrarlos. Esto no significa que el primero de enero haya sido desde siempre el día elegido para festejar el inicio de un nuevo año. Como se sabe, las fechas que un pueblo elije para celebrar esta fiesta dependen de distintos aspectos relacionados con los acontecimientos que considera más importantes para su cultura.

 

babiloniosAsí, por ejemplo, los babilonios y muchos otros pueblos agricultores relacionaban el comienzo de un nuevo año con el equinoccio de primavera; es decir, con los movimientos de la Tierra alrededor del Sol que señalaban la sucesión de las distintas estaciones y los momentos propicios para la siembra y la cosecha.

 

chinosSin embargo, para otras culturas, como la china o la árabe, el Año Nuevo estaba vinculado con el ritmo de la luna, y por ello la fecha para celebrarlo dependía de las transformaciones asociadas a la cara siempre cambiante de este astro.

 

judiosLa utilización de distintos calendarios, unos solares y otros lunares, explica que no en todos los pueblos del mundo se festeje el Año Nuevo en la misma fecha. En culturas como la china y la judía el día elegido para esta celebración está determinado por el calendario lunar. Los chinos festejan el Año Nuevo en la segunda luna nueva posterior al solsticio de invierno, entre los meses de enero y febrero. Los judíos, por su parte, lo hacen en los primeros días del mes de TishriTishri es el séptimo mes del calendario judío (entre septiembre y octubre), que coinciden con la primera luna nueva de otoño.

 

¿Desde cuándo se festeja el Año Nuevo el día 1º de enero?

julio-cesarFue en Roma, alrededor del año 47 antes de nuestra era, cuando por primera vez se estableció el día 1 de enero como el inicio del año en el nuevo calendario modificado por Julio César. Antes de esta fecha, los romanos celebraban el año nuevo en el mes de marzo, que constituía el primero de diez que formaban el antiguo calendario.

Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, después de Rómulo, había decidido seiscientos años antes de que llegara Julio César al poder, agregar dos meses más al calendario, Januarius y Februarius , y hacer una serie de modificaciones para adaptarlo al año solar. Sin embargo, fue hasta el calendario juliano cuando se estableció que los años tendrían 365 días y estarían ajustados por años bisiestos.

 

 

papa-gregorio-xiiiLas reformas posteriores realizadas por el Papa Gregorio XIII respetaron la designación del 1 de enero como el primer día del año. Así, desde 1582, esta fecha quedó consagrada en el calendario gregoriano que hoy en día seguimos utilizando la gran mayoría de los países occidentales. 

 

 

 

Como se ve, la fecha cambia según la cultura.

¿Qué se celebra en realidad?

 

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Sin papá ni mamá… o con muchos

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en diciembre 11, 2016

Con el Proyecto de Ley 56 de 2016 se pretende establecer una cadena productiva de niños de la siguiente manera: se facilita la creación centros de acopio de gametos humanos masculinos (espermatozoides) y femeninos (óvulos), clasificándolos con sus respectivas características y antecedentes; se ofrecen a los consumidores de espermatozoides o de óvulos, con “costos” diferenciales, pues los primeros son abundantes y los segundos, escasos.

fecundacionLos donantes pueden identificarse o ser anónimos. No obstante, a ellos se les confiere el derecho de saber de sus hijos hasta veinte años después de la donación, sin que se les otorguen los derechos propios de paternidad.

Los adquirentes pueden ser parejas de cónyuges o de compañeros que buscan suplir al esterilidad de alguno de ellos, u otros que adquieren tanto el espermatozoide como el óvulo, con las características que escojan tales como color de los ojos, posible inteligencia, etc., etc.

La entidad oferente realiza la fecundación asistida y facilita que los “padres” alquilen el vientre o útero, de una mujer, la que después del parto se los entregará, fijando previamente las condiciones, incluso económicas, de tal proceder.embarazo

Así pues se trata de una cadena productiva completa desde antes de la concepción hasta después del parto de niños. Las empresas que se lucrarían con esta cadena van desde poderosas multinacionales hasta microempresas.

Dicho lo mismo en un lenguaje coloquial y sencillo, yo podría comprar espermatozoides de un hombre genéticamente determinado, el óvulo de una mujer (también con características genéticamente determinadas), alquilar el útero de otra mujer para implantar el allí el embrión, esperar nueve meses y recibir de ella el hijo o hija que voy a adoptar y educar con mi pareja hétero u homosexual.

El negocio —en apariencia filantrópico— establece el tráfico de niños que no sabrán a quién decirle mamá ni a quién llamar papá.

No deja de ser irónico que el proyecto incluya un artículo según el cual ¡el proceso debe realizarse con respeto a la dignidad humana!

 

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¿La voz del pueblo es la voz de Dios?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 7, 2016

Vox populi, vox Dei. Esta sentencia —La voz del pueblo es la voz de Dios—, como muchas, se ha establecido como norma, como ley, como palabra inequívoca, irrefutable…, ¡como pronunciada por el mismísimo Dios!

Pero quizá no la hemos evaluado suficientemente, antes de repetirla.

Ejemplo: Después de un debate en una de las Comisiones del Senado de la República, se decide invitar a algunos expertos para que ilustren a los honorables senadores sobre el tópico que trataban y —¡oh, sorpresa!— la decisión de la mayoría cambia: quienes estaban a punto de votar a favor lo hacen en contra.

¿Qué ocurrió? Simplemente, que cuando fueron instruidos en un tema que desconocían adquirieron herramientas suficientes para tomar responsablemente una decisión. Eran ignorantes. Y así —siendo ignorantes— con frecuencia deciden la suerte de otros muchos.

Otro ejemplo: Hoy, muchas empresas privadas y estatales, en los servicios telefónicos de ayuda al usuario, le piden que al final de la llamada califiquen el servicio que prestó el asesor. Sin embargo, muchas veces los usuarios califican a la empresa, no al asesor y, dependiendo de los comentarios y votaciones de los usuarios, el empleado puede ser despedido.

Un último ejemplo muy generalizado en la actualidad: Las publicaciones en las redes sociales se evalúan de acuerdo al número de visitas recibidas. Ocurre con frecuencia que un video que muestra la importancia de la educación de la juventud con miras a la construcción de un mundo mejor tiene muy pocas visitas, mientras que otro muy superficial, vano y bajo, tanto en contenido (no aporta nada bueno) como en su forma (palabras soeces e imágenes vulgares), a los pocos minutos ya ha tenido millones de visitas.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿El número de votaciones (aprobaciones o desaprobaciones) de algo es indicativo de lo bueno o malo que es? ¿O más bien nos indica el grado de degradación de la sociedad que vota?

Por otra parte, a veces la voz del pueblo es totalmente contraria al bien común (a la voz de Dios): recordemos épocas en las que era totalmente inadmisible el voto de las mujeres o que las personas de raza negra tuvieran derechos…

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la mayoría de los votantes —tanto en las urnas de una democracia como en las redes sociales— no tienen el conocimiento suficiente para tomar una determinación sobre temas de trascendental importancia en la vida de los seres humanos, por lo menos no en todos los temas que tienen que ver con el bien común. Esta es la razón por la que en el primer ejemplo de este artículo, los senadores cambiaron su posición respecto al tema que se dirimía: no lo conocían suficientemente.

Lo grave es que eso ocurre diariamente: la inmensa mayoría de las personas opinan —y votan— sobre un tema sin estudiarlo con profundidad.

Por eso, es completamente equivocado dejar en manos de quienes ignoran un tema las decisiones importantes de la vida de los demás.

Sigamos con los ejemplos: son quienes no saben nada acerca de embriología y genética los que están de acuerdo con el aborto, pues desconocen que ya hay una vida desde la concepción; son quienes nada saben del tamaño del virus del sida ni de estadísticas sobre las conductas riesgosas los que creen que la solución para prevenirlo es el uso del preservativo; son quienes de psicología infantil ignoran casi todo los que abogan por la adopción de niños por parte de parejas de homosexuales; son los que nada han leído sobre sexo cromosómico, gonadal, embrionario, fenotípico o genital, quienes hablan sobre género, en vez de sexo…

No sobra repetirlo una vez más: la voz del pueblo no siempre es la voz de Dios.

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Qué es perdonar

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 16, 2016

Perdonar

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El éxito de las redes sociales

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 6, 2016


FaceBook, Twitter, Instagram,  LinkedIn, YouTube, Google+, Pinterest, Reddit, Flickr, Tumblr, Imgur, SoundCloud, Vimeo, deviantART, , Twoo, Tagged, 4chan, Foursquare, Last.fm, MySpace, hi5, Snapchat

Sus creadores se volvieron multimillonarios, casi de la noche a la mañana. He aquí a algunos de los más conocidos.:

Mark Zuckerberg, Jack Dorsey, Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim, Kevin Systrom, Mike Krieger, Reid Hoffman, Allen Blue, Konstantin Guericke, Eric Ly y Jean-Luc Vaillant…

 

Pero son muchos más los que se están posicionando en el mercado de las redes sociales o pretenden hacerlo.

¿Por qué?

Porque se encontraron un mercado propicio:

Desde hace decenios, los padres modernos se ocupan de sus trabajos, de sus ingresos, de sus contactos laborales, de su vida socio-cultural-económica, de conseguir lo que llamaron desde entonces un “nivel de vida”, un status, tanto para ellos como para sus hijos.

E hicieron esto mientras sus hijos crecieron solos. Sin lo que más necesitaban: el amor protector de sus padres. Téngase en cuenta que durante los primeros años de vida los niños no tienen más criterio para medir el amor paternal y maternal que EL TIEMPO: el tiempo que les dedican: sus mentes en formación apenas alcanzan a deducir esto:

—Si mi papá no tiene tiempo para mí, es que no me ama. Para él es más importante su trabajo, su vida social.

Y esta deducción no la hacen a nivel intelectual; sólo la sienten…, la sufren.

En esa primera etapa de la vida no se poseen herramientas suficientes para solucionar el dolor que sienten.

Y crecen en la situación más dolorosa de todas: LA CARENCIA AFECTIVA INFANTIL. Es tan poderosa, que produce en unos agresividad, en otros cobardía, y la mayoría de las enfermedades psicológicas conocidas hoy: depresión, angustia, ansiedad, miedos, estrés…

Pero lo que más se repite es un patrón de suplencia: tratan de reemplazar ese afecto no recibido con otras personas, produciéndose la enfermedad más diseminada en el mundo actual: la dependencia afectiva, en la que se pretende obtener de su pareja —que puede ser hasta del mismo sexo— el amor que no recibieron en la infancia. Y, por supuesto, esto ni llena el vacío interior ni se construyen relaciones sanas, pues son seres enfermos de amor (léase: carentes de amor) que no buscan amar sino ser amados, lo que suscita miles de choques cada vez que se siente la frustración al no conseguir el amor que pretendían recibir…

Este es el caldo de cultivo que encontraron los creadores de las redes sociales: miles de millones de personas que viven ansiosas, buscando ser tenidas en cuenta, valoradas, reconocidas por otros, importarles a alguien…

En las redes sociales ¡oh, maravilla!, te dicen que te gusta tu foto o tu escrito, tienes tantos fans o seguidores, te comunicas con otros sin el riesgo del fracaso social, sin tener que vestirte a la moda, sin trabas de ninguna especie… ¡Eres reconocido!… ¿No suple eso en parte esas carencias afectivas?

Aunque se satisfacen con esto, su dolor interior no se sana por completo, pues nada ni nadie puede llenar el vacío producido por la falta de amor maternal o paterno: la enfermedad sigue vigente y creciente. Con esa potencialidad de clientes que desean cada vez más, ¿cómo no se hacen más millonarios los creadores de las redes sociales?

 

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¡Retrógrado!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 12, 2016

Así califican muchos a quienes piensan o tienen conductas que consideran propias de tiempos pasados, contrarias a las innovaciones o cambios: “Es una persona retrógrada”; “Tiene ideas retrógradas”

Pero este adjetivo se usa siempre en forma despectiva, peyorativamente: indicando algo desfavorable. Esto hay que aclararlo, porque hay conductas de tiempos pasados que fueron buenas y hasta mejores que las actuales. Un ejemplo: Hoy, en Colombia, por el supuesto derecho fundamental a la educación, un estudiante de Bachillerato puede matar al rector de la institución educativa a la que asiste: la Ley ordena que se lo debe graduar como a todos los demás, ¡y no se lo penaliza, por ser menor de edad!

Aquí cabe la pregunta: ¿Es esto un avance o un retroceso? O, si se quiere: ¿Se considerará retrógrado a quien pretenda cambiar las normatividad vigente por la anterior?

Otro ejemplo: ¿Defenderíamos como un avance la fabricación de armas más modernas (que matan más seres humanos en menos tiempo y que destruyen mucho más el hábitat que las anteriores) y tacharíamos de retrógrados a quienes se oponen a ello, invocando la sensatez del hombre moderno y procurando la paz?

Hay un fenómeno que ocurre con frecuencia en el ámbito de la medicina: se descubre que medicamentos y tratamientos antiguos logran curaciones más fácilmente, más rápidamente o con efectos colaterales menores que las técnicas más modernas…

Y lo mismo pasa con las ideas supuestamente retrógradas: con criterio objetivo, podemos afirmar que las hay mejores que las actuales.

Pensemos en los valores que se inculcaban antaño en los hogares y en los centros educativos, en las virtudes que se empeñaban en implantar tanto en los hijos como en los educandos, etc.

¡Cuánto nos sorprende escuchar a los abuelos contar aquello de que “En mi época no se hacían contratos ni promesas de compra-venta; se creía en la palabra dada, porque se respetaba.”!

Y nos sorprende porque las personas pícaras y hábiles para engañar  pululan por doquier. ¡Hoy más que antes! Lo que significa que —en este campo de la honestidad— sería mejor ser retrógrado, en el sentido auténtico de la palabra, sin esa connotación peyorativa: ¡a veces tener ideas o costumbres contrarias a las innovaciones o cambios es bueno!

En consecuencia a todo lo dicho, deberíamos eliminar de nuestro léxico la palabra “Retrógrado”; podríamos usar: “Anterior”, “Antiguo”, o cualquier otro adjetivo del gusto de cada uno.

Y esto implicará también evitar el uso indiscriminado de términos como: “Tradicionalista” o “Progresista”, que con frecuencia tienen un uso similar despectivo.

No se quiere decir con esto que todo tiempo pasado fue mejor, como se afirma a veces, sino que no deberíamos permitir que el fanatismo irracional nos esclavice criticando todo lo pasado…, o todo lo futuro o todo lo actual, pues en todo tiempo ha habido y habrá conductas e ideas malas y buenas.

 

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¿Libertad religiosa?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 27, 2015

DUDH 3

La libertad religiosa es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna (irreligión), o de no creer o validar la existencia de un Dios (ateísmo y agnosticismo), y ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla a la fuerza.

Este concepto va más allá de la tolerancia religiosa, que consiste en el simple respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. También abarca el reconocimiento de inmunidad política a quienes profesan religiones distintas a la admitida oficialmente. Y permite, como una concesión gratuita, el ejercicio de profesar cualquier religión, es decir, la libertad de culto.

En las democracias modernas generalmente el Estado dice garantizar la libertad religiosa a todos sus ciudadanos; pero las situaciones de discriminación religiosa o intolerancia religiosa siguen siendo muy frecuentes en muchas partes del mundo, registrándose casos de preferencia de una religión sobre otras, intolerancia y persecución a ciertos credos, hasta con el homicidio, inclusive.

La libertad religiosa es reconocida por el derecho internacional en varios documentos, como el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; el art. 27 de este mismo pacto garantiza a las minorías religiosas el derecho a confesar y practicar su religión. De la misma forma lo hace la Convención de los Derechos del Niño, en su art. 14, y el artículo 9 de la Convención Europea de Derechos Humanos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el citado artículo 18, indica:

«Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.»

Asimismo, en la Constitución política de Colombia, Artículo 19, se garantiza la libertad de cultos: toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.

Además, también en Colombia, está vigente la Ley 133 de 1994 (mayo 23), reglamentada parcialmente por el Decreto Nacional 1396, de 1997, por la cual se desarrolla el Decreto de Libertad Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución Política. La Ley 133 fue declarada exequible por la Corte Constitucional, según Sentencia C – 088 de 1994.

¿Libertad de culto?

Pero las medidas tomadas en algunos países de Europa —prohibir el uso de los símbolos religiosos de determinadas religiones, para no vulnerar los derechos de los otros— reabre el debate sobre la libertad de cultos y sobre el laicismo:

¿Qué es más libertad de culto: impedir a todos los ciudadanos usar símbolos religiosos o permitirlos todos, en una apertura de mente y de conciencia respetuosa de los derechos de los demás?

La noción del laicismo que se tiene en Francia desde tiempos de la Revolución francesa consiste en que el Estado se defiende de las religiones. Es una posición distinta la norteamericana, laica, en la que el Estado defiende las religiones de la intromisión del mismo Estado.

La posición francesa es laicista y puede llevar a un fundamentalismo laico, que pretende excluir la religión de todo lo público. Esto es lo que han criticado algunos pensadores, como Danièle Hervieu- Leger, que proponen “deslaicizar la laicidad” para abrirse a la situación multicultural y plurirreligiosa del mundo actual. La posición norteamericana es más laica pues pretende que todas las religiones expresen y vivan su fe, sin que el Estado intervenga en ellas, siempre y cuando actúen dentro de los límites de la ley y no caigan en hechos contrarios al Derecho. Así, incluso, se reconocen lo que podríamos llamar seudorreligiones.

En Colombia, en este punto se ha seguido la opción norteamericana: igualdad de todas las religiones ante la ley y posibilidad del uso y manifestación de símbolos religiosos en público, como lo vemos con los símbolos cristianos, católicos, Hare Krishna, Israelitas del Nuevo Pacto Universal, etc., etc., etc.

En cambio, en todos los sitios públicos de varios países de Europa (colegios, universidades, entre otros) está prohibido poner una Cruz cristiana, la Estrella de David judía o la Estrella y la Luna creciente del Islam…, adoptando la posición intolerante y coercitiva de Francia, ¡el país de los Derechos Humanos!

 

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La inconsciencia

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 19, 2015

DestinoEl ser humano tiene la facultad de preguntarse acerca de su origen, su destino y la razón de su existencia. Esto lo hace único y superior a todas las especies. Por esto, la humanidad ha producido miles de pensamientos y pensadores, todos tratando de resolver estos interrogantes.

No es necesario ser filósofo para descubrir que, ya no miles sino millones de personas viven su existencia indiferentes ante esas inquietudes. Y esto no es coherente.

Alguien afirmó jocosa y sarcásticamente alguna vez que el ser humano, como las plantas y los animales, simplemente nace, crece, se reproduce y muere. A veces esta sentencia no parece tan disparatada: si se le pregunta a un joven cuál es la razón de ser de su existencia, cuál es su misión en este mundo, de dónde vino y para dónde va, es muy posible que no tenga respuestas. Pero teniendo en cuenta que la juventud es la etapa de la vida en la que nacen esas preguntas, está claro que no se le pueden exigir.

Lo que sí sorprende es que tampoco los adultos ni los viejos suelen tener respuestas… En algún momento de su existencia, el joven inquieto por estos cuestionamientos deja de hacérselos. ¿Por qué?

En la mayoría de los casos, las respuestas a esas preguntas quedan ahogadas por las circunstancias de la vida moderna: el estudio universitario, el noviazgo y el matrimonio, los afanes económicos, profesionales, laborales, las exigencias sociales y culturales, y hasta por el poco tiempo que deja hoy la tecnología…

Es difícil admitir que el ser humano contemporáneo vive tan agobiado por el hacer que se olvidó del ser. Y esto es dramático: ¡No sabe qué es él ni por qué vive, pero sí se ocupa en miles de actividades, como si supiera por qué y para qué hace todo eso!

La masa humana, aunque acepta teóricamente la posibilidad de su felicidad —la llama: realización personal— y la busca cotidianamente, no cree en ella.

La verdad es que la especie humana tiene tácita, colectiva e inconscientemente determinado que su finalidad es simplemente el bienestar. Esta es su máxima aspiración. Para la mayoría, el concepto de felicidad es tan pobre que se reduce a eso: un bienestar principalmente físico y, si se pudiera, ojalá también psicológico. “Si se pudiera…”, lo dice desesperanzado…

La pregunta obvia es: ¿Cómo puede realizarse un ser que no conoce su propia identidad, su valor, su esencia, su propósito, el objetivo de su existencia?

Y la respuesta también es elemental: No puede.

¡Qué triste es ver por el mundo, más que seres humanos, entes buscadores de placer y de poseer, maquinitas para producir, sujetos anhelantes de fama y de poder, esclavos de la sociedad de consumo y de los medios de comunicación, que los hacen pensar y desear lo que ellos venden!…

Podemos preguntar si eso es vida, vida humana… Y se nos responderá que la mayoría de los seres humanos no viven sus vidas, no tienen control sobre ellas: son autómatas dominados por lo que los rodea; no son libres. La vida que llevan vive por ellos. Están como muertos, aunque parezcan vivos; y a eso se lo denomina zombis.

 

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La función de la ley…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en agosto 30, 2015

…no es registrar lo que se hace, sino ayudar a hacerlo mejor.

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¿Somos libres?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 6, 2015

«En nuestra época, el ser humano está manejado y dominado, casi como una pequeña ruedecilla de una máquina enorme, destinada a producir para consumir y a consumir para producir, sin saber ya qué ni por qué.»

Carlo María Martini

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El mayor acto de estupidez

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 9, 2014

Una de las diez características que distingue al homo sapiens es la razón, su facultad de discurrir: el ser humano es capaz de reflexionar, pensar, hablar acerca de una cosa, aplicar la inteligencia. Solo la especie humana es capaz de razonar, inferir, deducir, preguntarse sobre su esencia y su futuro. Solo la especie humana despliega tanta capacidad de cambiar su entorno para su propio beneficio. Solo la especie humana tiene semejante inventiva…

Logró, por ejemplo, desarrollar la ciencia y la tecnología hasta niveles impensables en el pasado cercano, y que hoy se verifican asombrando tanto por su expansión como por la velocidad con que se sobreponen unos avances a otros.

Pero, después de 210.000 años sobre la tierra, se sigue comportando como si no tuviera inteligencia: la violencia continúa siendo la forma de dirimir sus diferencias. Se asemeja así más a los seres irracionales, que luchan atacándose unos a otros por un territorio o por las hembras; y los animales, en la mayoría de las ocasiones, en esas luchas no llegan hasta la muerte ni —mucho menos— a destruir su hábitat. Por todo esto, estas son acciones estúpidas.

¿Por qué se puede afirmar esto? Porque la definición de estúpido es: «Necio, falto de inteligencia». Y una de las acepciones de la palabra «Necio» es: «Falto de razón».

Lo más impresionante de todo es que la humanidad entera está en desacuerdo con la guerra, porque sabe que bajo los supuestos «motivos de peso» que mueven a las naciones en conflicto está, soterrado, el afán de poder y de dinero.

Aun las naciones que apoyan la guerra lo hacen porque deben favores o temen perderlos. Y esto es otro acto estúpido.

Unos pocos personajes, manejando las cuerdas de la política internacional, tienen divididas muchas regiones del mundo; y, mientras se despedazan vastos territorios y mueren seres humanos —y con ellos la dignidad de la especie—, algunos creen que se está haciendo lo correcto. Y eso es otra estupidez.

 

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El dolor humano

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 1, 2014

Para sacarle mucho jugo a un limón es necesario arrancarlo de la rama, magullarlo, cortarlo y exprimirlo, y mientras más se exprima, más jugo se le saca. El limón, en el árbol, se veía hermoso, pero no servía para nada. Tuvo que ser destruido para ser útil.

Una cebra en la estepa también se ve bella; pero, aparte de abonar la tierra con sus excrementos, no sirve para nada. Se hará verdaderamente útil en el momento en que es triturada por las dentelladas de las leonas, sirviéndoles de alimento.

Un ser humano puede vivir sólo unos pocos días bebiendo únicamente agua mineral: pero es necesario que mate seres vivos —vegetales y/o animales— para alimentarse. Ellos deben morir para que otros vivan. Así son los seres vivos: la muerte al servicio de la vida.

Hoy, el ser humano ya no sirve de alimento a las fieras sino en muy contadas ocasiones. En cambio, todos los logros le exigen un poco de dolor: con contadas excepciones, las madres paren con dolor y ¡qué alegría tan grande la que sienten!; los muchachos tienen que pasar por el jardín infantil, el colegio y la universidad para ser profesionales y, ¡cuántos sacrificios hacen en esos 19 años!, si es que no hacen posgrado; los grandes científicos logran sus anhelados avances tras noches y noches de trabajo e insomnio… en fin, los ideales no se logran sin sacrificios.

Y, ¿por qué en la naturaleza existe esa ley?

Es que cada acto de amor a otro extirpa de mí un poco de mi egoísmo o, por lo menos, de mi egocentrismo. Esta pequeña violencia que me hago al olvidar mi satisfacción personal por darle gusto a un ser querido hace morir un poco mi egoísmo, y no me importa, puesto que estoy enamorado.

Ese “morir un poco mi egoísmo” es la señal más clara del amor verdadero: pienso más en quien amo que en mí, más en su bienestar que en el mío, más en su felicidad que en la mía… Y —¡qué paradoja!— así me hago feliz.

En la medida en que tenga más amor, más deseos de servir al otro, más deseos de su felicidad, me sacrifico más por él. Basta ver el amor de una madre, y hacer memoria de la cantidad ingente de sacrificios que hace por un hijo.

Pero le tenemos miedo al dolor, huimos de él… como en una fuga de lo natural.

Es necesario que nos expriman (como al limón) para que produzcamos fruto: el científico que no se trasnocha, que no se “quema las pestañas” frente a un microscopio y a sus estadísticas no descubre las vacunas que han salvado tantas vidas, el atleta que no entrena hasta el dolor muscular no llega a la “final”…

Es necesario que trituren (como a la cebra) nuestro yo, para que aparezca el : si cada esposo va tras la felicidad del otro, fácilmente se olvidará de sí, de su egoísmo y hasta de sus metas nobles… ¡Y será feliz! Y enseñará a amar: sus hijos verán ese ejemplo de vida y se sentirán impulsados a seguirlo.

Es el dolor de cada día la que nos enseña providencialmente en qué podemos mejorar.

Es el dolor de cada día el que nos muestra, a veces, nuestros errores, para que rectifiquemos el camino.

Es el dolor de cada día el que nos agranda el corazón para comprender mejor a los demás.

Es el dolor de cada día el que hace que en los que ven nuestro sufrimiento se despierten sentimientos de compasión que, de otro modo, nunca se desarrollarían.

Si supiéramos qué tan bueno es el dolor, se irían de nuestro lado el desasosiego, la tristeza, el estrés, la angustia, la depresión, etcétera.

Todo, aun lo que parece negativo, es para nuestro bien. Esta es la verdadera sabiduría: que los padres, a veces, deben permitir que sus hijos sufran para que aprendan a vivir.

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¿Hay vida en otros planetas?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 2, 2013

Universo

¿Estamos solos en el Universo?

En este video se muestra lo que dice la ciencia al respecto:

https://www.youtube.com/watch?v=_Yv57I7dOcA

 

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En estado salvaje

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 15, 2013

Así se decía de los pueblos primitivos y también de cada individuo perteneciente a ellos: «Estos todavía se encuentran en estado salvaje».

¿Y por qué? Porque todavía no eran civilizados: no se les había elevado el nivel cultural: eran sociedades poco adelantadas; no se les había mejorado su formación ni —mucho menos— su comportamiento. Por eso se les decía también: pueblos incivilizados.

Estas personas, infortunadamente, existen todavía hoy, y no son pocos. En vez de regir su comportamiento con la razón, lo gobiernan con la fuerza bruta: indirectas, gritos, ofensas, golpes e, incuso, homicidios.

Por eso, se puede decir que hoy hay dos tipos de seres humanos: quienes guían su conducta con la inteligencia —los civilizados— y quienes se encuentran todavía en estado salvaje.

Lo peor es que así conforman dos grupos completamente aislados: a los individuos salvajes no se les puede argüir nada con la razón, no se puede apelar a su inteligencia para explicarles algo y, mucho menos, para llegar a un acuerdo en una discusión o cuando se presentan diferencias. Ellos simplemente no entienden razones.

Por esto, cuando atacan a alguien del otro grupo —a un hombre que se guía por la razón—, este se encuentra incapacitado para dirimir las diferencias con aquél. Efectivamente, los seres humanos racionales a menudo sienten que están entre salvajes; recuerdan quizá las muchas anécdotas de los conquistadores, cuando llegaban a esas zonas colmadas tanto de animales como de humanos salvajes, sin saber cómo actuar…

¿Cuándo desaparecerá esta brecha entre individuos de la misma especie, pero tan diferentes los unos de los otros?

¿Cuándo llegará el día en el que acabaremos con esa diferencia? ¿Cuándo se culturizará, como se dice ahora, a esa otra mitad de la humanidad?

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¿Compasión o reprensión?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en octubre 18, 2012

 

Nos hiere profundamente la actitud de muchas personas a través de la cual expresan su desprecio, su interés por mostrar su superioridad sobre nosotros o su absoluta falta de interés en nuestras necesidades. Y a veces no nos quedamos sin hacer algo al respecto: reiteramos que todos ellos merecían una reprensión, y la hacemos o de algún modo la propiciamos.

Y esta actitud la tenemos tanto en el ámbito laboral como en todos los campos de nuestra vida: familia, relaciones sociales, vendedores, trato con dependientes de cualquier empresa… Y así llegamos a ganarnos la animadversión de muchos… Y lo que es peor: no la pasamos muy bien, puesto que con cada evento nos enfadamos o, al menos, sentimos algún disgusto, a pesar de la supuesta satisfacción lograda al haber defendido “mi causa” o “la causa de otros”…

Pero hay un camino hermoso por recorrer:

Así como nosotros mismos tenemos defectos, los demás tienen también —digamos— ese “derecho” a ser defectuosos. Nadie es perfecto. Y, en consecuencia, también ellos tienen derecho a que nosotros seamos capaces de pasar por alto sus errores, así como lo esperamos de ellos.

Los defectos de cada persona tienen sus raíces en causas muy profundas, y que casi todos ellos nacen de carencias afectivas en la primera etapa de la vida: antes de los doce años. En esa etapa de nuestra vida todos necesitamos recibir una dosis suficiente de amor por parte de nuestros padres, y que nuestros padres, porque no la recibieron, no pudieron dárnosla en medida suficiente. Y esto se remonta, generación tras generación, en orden ascendente, quién sabe desde cuando…

Lo peor de esta situación es que en esa época no somos capaces de entender por qué no nos aman suficientemente (ni siquiera tenemos clara esa idea en el cerebro); sólo nos duele…

Y, como somos tan pequeños, no tenemos las herramientas para encarar esa realidad y, mucho menos, darle solución.

Por estas causas, hay miles de personas llenas de agresividad o, por el contrario, de pusilanimidad, simplemente porque no recibieron el amor necesario para que sus vidas —desde el punto de vista afectivo y emocional— se desarrollaran adecuada y normalmente.

La mayoría de ellos tratan de suplir esas carencias afectivas ahogándolas en cuatro actitudes que toman como la razón de ser de sus vidas: el tener, el poder, el placer y/o la fama, tratando de llenar inútilmente con ellas ese vacío (si tienen dinero, acuden a las ciencias de la psicología clínica o la psiquiatría).

Y es por esto que encontramos personas que quieren imponerse de alguna manera sobre los demás (así sea aprovechando que tienen poder para manejar al público), altivos, arrogantes, displicentes, déspotas, despreciadoras, despectivas, desdeñosas, totalmente desinteresadas en los problemas de otros, frías y hasta sin la más mínima cultura para saludar, como te ha pasado con algunos médicos.

¡Pobres seres humanos!: unos tratan de llenar sus vacíos afectivos infantiles con esas actitudes mientras que otros reaccionan agresivamente para ocultar su vulnerabilidad. Sí; porque gritar o emplear la fuerza (física o con palabras) es la mayor muestra de debilidad: el hombre que está seguro de su poder no siente necesidad de demostrarlo. Por eso son dignos de nuestra compasión, no de nuestra reprensión.

Podemos estar por encima de esas lides. Podemos decidir verlos como lo que son: víctimas que lloran porque no recibieron cariño, aunque lloren equivocadamente. Pensemos por un momento: ¿Qué hacemos cuando vemos el berrinche de un niño? ¿No es verdad que no le damos la trascendencia que le damos a la de un adulto? Pues bien: ¿por qué hacemos esta diferencia? Porque no hemos descubierto que entre la actitud infantil de un niño y la de un adulto que no supo cómo solucionar las carencias afectivas de su infancia no hay diferencia: son adultos en el porte, no en el interior. ¡La correcta actitud de un adulto que se siente atacado de alguna manera por estos sufrientes seres es la lástima! Y, tras ella, la comprensión Y después el perdón. ¡Aunque nos estén hiriendo!, pues ya sabemos de qué herida viene su agresión.

Quien comienza a actuar así empieza a descubrir algo maravilloso: que esas agresiones ya no lo hieren tanto, que esos errores ya no le afectan. ¡Se ha comenzado a liberar! Se ha comenzado a curar; ¡y sin medicamentos ni terapias de ninguna clase! Poco a poco empieza a verificar que puede llegar al estado en el que nada lo afecta; como dicen ahora los muchachos: ¡Todo le resbala!

Pensemos: “Si yo hubiera nacido en el hogar en el que nació Hitler, hubiera vivido en sus circunstancias históricas, hubiera tenido los padres y amigos que él tuvo, hubiera sufrido lo que él sufrió, etc., me pregunto: ¿No sería igual o peor que él?” ¿No es verdad que, en su situación, nosotros seríamos peores que esos que nos agreden o nos ignoran y desprecian…? Lo repito: ¡Pobres seres humanos! Necesitan de nuestra comprensión y corremos a corregirlos, sin saber de dónde les vienen todos sus males…

¡Qué serenidad produce el dejar de sentir las agresiones y desprecios que nos hacen! Pero más enriquecedor es acabar con ese deseo de “dejar sentada nuestra posición” ante los demás, de corregir, de reprender, de exigir respeto (cuando sabemos que no pueden darlo). Se reducen —y hasta se acabarían— las disputas acaloradas, y el mundo comenzaría a caminar hacia la paz auténtica: esa que viene de dentro, esa que no se pierde fácilmente, esa que fortalece y da ejemplo.

Finalmente, solo así lograremos la verdadera pureza de corazón: la absoluta indiferencia a todo lo que no sea amor.

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¿Quién ganó las elecciones?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en noviembre 5, 2011

Uno de los candidatos dice estar feliz, y declara que los resultados de la «fiesta democrática» que se vivió ayer lo favorecen: ahora se está viendo, según él, que son muchos los que apoyan sus tesis, los que votaron por él, sean o no de su partido.

Pero, ¿quién ganó realmente?

La respuesta a esta pregunta es fácil: el primer lugar lo ocupa el inmenso grupo de ciudadanos que no participaron en la jornada democrática: cerca de dos terceras partes de las personas con derecho a votar se abstuvieron.

En segundo lugar, teniendo también en cuenta el potencial de votantes (quienes están en capacidad de votar en el país), el candidato que más votos obtuvo alcanzó apenas ¡un poco más del doce por ciento de los votos!

Todo esto significa, en buen romance, que:

  1. La mayor parte de la población desea un cambio total en la democracia o no cree en ella

  2. El próximo presidente gobernará al país con el apoyo democrático de una mínima parte de ciudadanos

Ante estas incuestionables verdades, ¿qué podrán decir los demás candidatos?

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La cobarde hipocresía

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 17, 2011

 

En cuanto se refiere a lo que los guía, hay dos tipos de seres humanos: 1) los que viven según los criterios del mundo y 2) los que viven según principios espirituales.

Los primeros se guían según fingimientos, indirectas, simulación, tapujos, el “arte” de disimular… No son capaces de decir las cosas como son: las hacen aparecer a los demás, pero en forma disimulada, indirecta, con engaño. Y si alguien les pregunta: «¿Lo está diciendo por mí?» ellos responden soterradamente: «¡Nooo! Yo solo lo digo por decir…; es que hay personas que son así», y de esa manera huyen de la confrontación, escapándose cobardemente… Como se puede ver, no dicen la verdad, son hipócritas y son cobardes.

Y, basados en estos criterios de vida, se mantienen hiriendo a los demás, amargando las relaciones familiares, laborales y sociales, y amargándose ellos mismos… Predican el amor, la paz y el bien, pero sus verdaderas intenciones son siempre herir, ofender, corregir a los demás (sin pensar en sus propios defectos), “castigar” (se creen con ese derecho) a todos…

Y a todo esto lo llaman “astucia”, “inteligencia” u otros apelativos para hacer aparecer como buena esa conducta.

Sienten que todos les “echan indirectas” —pues ellos mismos las usan constantemente—, y contestan esos supuestos ataques con un veneno verdaderamente ponzoñoso…

Son personas cuyos criterios de vida no son la tolerancia, la convivencia, el respeto ni, mucho menos, la paz, la alegría, el afecto, el cariño… Pero predican estos mismos valores como si los vivieran…

 El segundo grupo es el de los seres humanos que guían sus vidas según criterios espirituales.

Son personas que procuran siempre el bien, aunque a veces se equivocan, como todo ser humano; nunca dicen nada con malicia; si los ofenden, no buscan cómo contraatacar, “quitándose la espinita”; si han de decir algo no buscan subterfugios para hacerlo; muestran estimación por quienes la tienen. En fin: son sinceros, sin ser groseros.

Y no son “interesados” como quienes tratan a los demás únicamente para sacar algún provecho de esas relaciones.

 

 

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La perversión de la verdad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 24, 2010

Gran parte de nuestras sociedades posmodernas ya acepta o justifica la destrucción de embriones en cuanto que no los considera seres humanos, comercia con óvulos y espermatozoides como si fueran galletas y querría hacer de la eutanasia una elección noble.

También teoriza sobre masculinidad y femineidad como simples etiquetas culturales, está de acuerdo con el “matrimonio” y la adopción de menores por parte de parejas homosexuales…

Por otra parte, difunde la pornografía como forma de diversión y, al considerar normal la infidelidad, alienta el intercambio de parejas casadas…

Pero —qué curioso— se escandaliza cuando alguien roba o miente.

Da la impresión de que estos dos actos —robar o mentir— son más graves que lo descrito en los párrafos anteriores: matar, trastrocar la naturaleza humana y pervertir al ser humano, el matrimonio y la familia, que es la célula de la sociedad.

Ya no existe sentido de moralidad: no se sabe evaluar la bondad o maldad de los actos.

¿Hacia dónde va, entonces, la sociedad humana?

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¿Democracia?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en mayo 1, 2010

 

“De todos los sistemas políticos que se han intentado en la historia, la democracia es el menos malo”; esta frase se repite constantemente cuando se explican las fallas que se le encuentran.

Efectivamente, ante las otras opciones —la monarquía, la dictadura, la aristocracia (el gobierno de los mejores), la tecnocracia (gobierno manejado por quienes tienen mayor formación técnica), la plutocracia (gobierno de los más ricos), la teocracia (gobierno de Dios o un representante suyo) y demás sistemas políticos por los que se podría regir una nación—, la mayoría de las personas prefiere la democracia pues, por definición, es el mismo pueblo quien ejerce la soberanía.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra tiene dos elementos compositivos: demo–: pueblo y ­–cracia: fuerza; lo que significa: el poder del pueblo. Así pues, la democracia es un sistema político, cuya característica predominante es que las decisiones son tomadas por el pueblo, respondiendo a la voluntad colectiva.

La democracia es, además, una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales.

La elección es el principio básico de la democracia.

Al comienzo, en la Grecia antigua se prefería recurrir a la suerte para designar a los magistrados y a los altos funcionarios, por un tiempo relativa­mente corto, a fin de permitir a los ciudada­nos, por una rotación de funciones, ejercer por turno una función gubernamental. Los gobernados que asistían regularmente a la eclesia (asamblea de ciudadanos con derechos políticos) tenían también una participación di­recta en las decisiones gubernamentales.

En el siglo XVIII, el principio de elección fue reforza­do por la hipótesis de que el pueblo fuera representado por los elegidos, pero fue hasta el XIX cuando la lucha por las ideas democráticas se confundió con la lucha por el sufragio universal.

Desde entonces, democracia y elección fueron indisolubles, y se empezaron a distinguir dos tipos de democracia: una teórica e ideal, en la que la decisión es adoptada directamente por el pueblo, sin mediación de un órgano represen­tativo llamada democraciadirecta y la democracia representati­va, en la cual el pueblo es representado por algunos ciudadanos elegidos para tal fin.

Ahora existe también la democracia participativa, llamada así para resaltar la posibilidad del pueblo de participar directamente en la toma de las decisiones políticas: se facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o se les dan amplios mecanismos plebiscitarios (por ejemplo: consultas que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc.).

Pero la realidad es otra:

  • La mayoría de los votantes no hacen un juicio maduro y responsable antes de elegir a sus representantes: ¡Cuántas veces se ha evidenciado que los votantes los eligen por razones tan banales como la amistad, simpatía, apariencia (“Voté por él porque tiene un bigote muy lindo”, decía un vez una ciudadana)…! o tan contrarias a la democracia como la conveniencia; no por un verdadero conocimiento de la vida, obra y propuestas de los candidatos, es decir, por un acto auténticamente democrático.

 

  • Lo anterior es poco viable, pues muy pocas veces los candidatos cumplen las propuestas y promesas que hacen en sus campañas; son innumerables las ocasiones en las que la oposición, los medios de comunicación y quienes los eligieron lo han comprobado y denunciado.

 

  • Además, las hojas de vida de los candidatos casi nunca indican los resultados del trabajo que realizarán como representantes del pueblo: no muestran cómo van a gobernar.

 

  • Con demasiada frecuencia no hay fidelidad a las ideas que postulan los candidatos: contrarios se alían tras un descalabro inicial en los resultados de la votación, haciendo componendas, acuerdos y pactos políticos que traicionan sus supuestos principios y postulados. Muchas veces, de quienes habían hablado mal en las campañas después los disculpan diciendo que nos se les probó nada…

 

  • Puesto que las campañas se deben financiar, casi siempre se quedan debiendo muchos favores que, en muchos casos, venden los principios, no solo del candidato sino hasta del partido que representan.

 

  • En muchos países pobres se le dan gigantescos auxilios económicos a los partidos para sus campañas políticas, mientras los numerosísimos pobres que hay en ellos todavía no tienen cubiertas sus necesidades básicas: educación, vivienda, alimentación, salud, vías…

 

  • En esas mismas naciones, cuando los candidatos no han logrado más del cincuenta por ciento de los sufragios, se hacen unas nuevas elecciones (las llamadas “segundas vueltas”), de altísimo costo para los contribuyentes, aun cuando sea evidente y arrollador el triunfo de uno de ellos.

 

  • De todo esto resulta que en realidad no hay verdadera representación: el pueblo que elige sigue carente de sus necesidades primordiales.

 

  • Es evidente que los ciudadanos no se benefician de igual modo de las libertades públicas.

 

  • Como si fuera poco, por la reinante corrupción administrativa, una buena parte del erario público es desmenuzado y repartido injustamente entre los representantes del pueblo y los intermediarios; de otro modo, con lo que se recauda, se verían obras que eliminarían verdaderamente las injusticias sociales.

 

  • En muchos casos se compran votos con dinero en efectivo o, para el mismo fin, se reparten comidas y licor a ciudadanos pobres y hambrientos… Presionan empleados, amenazándolos con el despido si no votan por determinado candidato… En fin: no hay libertad para elegir (sin libertad no se puede dar la democracia).

 

  • La falta de honestidad y de valores han conducido actualmente a una degeneración de la democracia, llamada demagogia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder y, muchas veces, la masa los sigue tontamente. Los demagogos recurren sistemáticamente a polarizaciones absolutas (el bien o el mal, la democracia o la antidemocracia, el desarrollo o el atraso, la honestidad o la corrupción), o conceptos imprecisos (“el cambio”, “la alegría”, “la seguridad”, “la justicia”, “la paz”, etc.).

 

  • Entre los congresistas es sabido que, para mantenerse, es necesario que sean aprobados sus proyectos de ley, sin importar si son realmente beneficiosos y útiles para los ciudadanos. De ahí que se legisle tanto y tan inútilmente.

 

  • Aunque de muchos políticos se habla de corrupción, pocas veces se los juzga y castiga: sus hojas de vida quedan incólumes.

 

  • Finalmente, las constantes denuncias —de hecho y de derecho— de fraudes electorales dejan siempre la duda sobre la veracidad de los resultados en el conteo de votos.

 

De todo esto se desprende que —aun cuando la corrupción y la desigualdad son fruto del obrar humano, no del sistema político que se tenga— la democracia, tal y como fue concebida, es una utopía.

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¡Hambre!

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en abril 11, 2010

 

En el día mundial de la alimentación se informó a la opinión pública que un poco más de ochocientos millones de seres humanos están subalimentados y padecen hambre. Si se tiene en cuenta que la humanidad sobrepasar los seis mil trescientos millones, se deduce que ¡casi la octava parte de la humanidad sufre de hambre!

Y esa es apenas una de las 3 necesidades prioritarias del hombre: según la Organización Mundial de la Salud, dos terceras partes de la sociedad humana están enfermas; por su parte, la educación adolece de graves fallas: en primer lugar no llega a todo el mundo y, en segundo lugar, la que se da está basada solo en llenar de conocimientos al educando y no en fundamentarlo con valores y principios morales que propendan por una vida mejor.

Mientras tanto, las naciones «desarrolladas» destinan un porcentaje altísimo de sus presupuestos a mantener su superioridad sobre las demás: se invierten grandes cantidades de dinero, tiempo y esfuerzos en experimentos nucleares que produzcan bombas cada vez más poderosas y destructoras; se incentiva la invención de aviones espías y armas de la más sofisticada condición, etc.

Otra parte de ese presupuesto se destina a fomentar el desarrollo de la tecnología y la ciencia: se reservan, por ejemplo, trillones de dólares para viajes espaciales y otras metas tan interesantes como inútiles y desproporcionadas con respecto a las necesidades básicas no solventadas de la mayoría de la población mundial.

En este sentido, es frecuente observar cómo los países subdesarrollados son primero explotados y, luego, ayudados con «gran caridad» por los mismos que los explotan.

Curiosamente, los países más pobres compran esos avances científicos y tecnológicos —casi siempre endeudándose— sin tener en cuenta que carecen de las necesidades básicas: se llenan de las cosas más superfluas que ofrece la sociedad de consumo y, sin embargo, permanecen con índices altísimos de enfermos, sin formación (e información no sesgada), pobres y desnutridos.

¿Qué hacer entonces?

Conviene recordar la conocidísima frase japonesa que dice:

«Dale un pez a un hombre hambriento y lo alimentarás por un día. Enséñale a pescar y lo alimentarás toda la vida».

¿Por qué no añadir a esas dos frases una tercera?:

«Enseña la verdadera caridad y acabarás con el hambre en el mundo».

Terminemos con dos pensamientos de Bernardino de Siena:

«Sé muy bien que los bienes que tú tienes no son tuyos; Dios los ha dado al mundo para provecho del hombre: no son del hombre, no, sino para las necesidades del hombre.»

«Si tú tienes muchos bienes y no tienes necesidad de ellos, y no los regalas y mueres, vas a parar a una casa muy caliente.»

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¿Es posible la felicidad?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en febrero 6, 2010

El principal error que se comete al tratar de contestar esta pregunta radica en que suelen confundirse los vocablos “felicidad” y “alegría”. El Diccionario de la lengua española define la alegría como “Sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero o a veces sin causa determinada, que se manifiesta por lo común con signos exteriores”, significado que apunta más a momentos pasajeros.

En cambio, felicidad es el “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”.

Para entenderla bien, es necesario, entonces comprender la palabra posesión: “Acto de poseer o tener una cosa con ánimo de conservarla”; es decir, la felicidad se encamina al mantenimiento de ese estado de complacencia en el ánimo.

Pero esos bienes pueden ser variados: materiales (objetos concretos o abstractos, como la salud), psicológicos (afectos, estado del ánimo o de la emotividad, etc.) o espirituales (relación con Dios y Fe).

Entonces la felicidad podría darse en muchos campos: desde la alegría que se produce con la adquisición de un objeto cualquiera, aunque sea muy poco valioso, hasta la que se logra con la utópica consecución de todos los bienes posibles.

 Con esto también se deduce que la verdadera felicidad es la posesión del bien mayor o más importante de todos, como se pasa a describir:

  • En primer lugar, la felicidad no depende del medio ambiente externo del ser: un hombre no está feliz porque no esté lloviendo, no está feliz porque no está enfermo, no está feliz porque no tiene problemas…; su felicidad no depende de esas u otras circunstancias, todas externas.
  • En segundo lugar, la felicidad tampoco depende de lograr o no los anhelos de la vida, porque a veces esos anhelos fueron dados por la cultura en la que se creció o por lo que los medios de comunicación impusieron.

Un ejemplo claro de esto es la televisión, que es la que muchas veces está formando a los niños: les dice que la felicidad se consigue con dinero, porque el placer no se logra sin dinero, sin cosas materiales. Les dice subliminalmente que la fama es uno de los valores más importantes de la vida y que quien la consiga será feliz.

Tener, placer, fama, poder… estereotipos que ciegan al hombre en su afán -velado o no- de felicidad.

La felicidad no viene de afuera, proviene de adentro.

  • En tercer lugar, la felicidad es inmutable: se puede ser feliz aun ante la ausencia de bienes materiales, en presencia de la enfermedad, etc.

Esto se explica al analizar las vidas de mujeres y hombres con mucha fama, con mucho dinero, con mucho poder o que han vivido en la comodidad y el placer: se descubre en muchos de ellos un alto grado de infelicidad. Hay varios ejemplos de suicidios de aquellos a quienes se les ha dado mucho reconocimiento internacional en las artes, la ciencia, la tecnología, la política, etc.

Y —qué paradoja— a veces se encuentran seres que, viviendo en medio de las tragedias más aterradoras, muestran no solo serenidad sino una capacidad grande de aceptación y de sobreponerse a las adversidades con renovado vigor y esperanza…

Es frecuente encontrar muchos que se ocupan más en los demás que en sí mismos. Precisamente en estos últimos se puede descubrir un constante sentimiento de felicidad, actitud que nunca deja indiferentes a quienes los conocen: atraen con su ejemplo e invitan a seguirlo.

 Ahora, ¿cómo hacer brotar la semilla de la felicidad?

1.  Tener una conciencia clara del destino al cual uno está llamado. Y, por lo tanto, buscar vivir en armonía con el Creador, con el cosmos (incluidos los demás) y consigo mismo (armonía interior).

2.  Iniciar un diálogo con Dios (no monólogo), para ir descubriendo la razón de ser de la vida personal: de dónde vengo, para dónde voy y qué vine a hacer en esta tierra.

3.  Contestada esa trascendental pregunta se hace aún más obligado hacer, decir y pensar en consecuencia: que todos los actos, las palabras y los pensamientos tengan el mismo objetivo.

4.  El resultado de vivir estos 3 pasos es una condición estable en la relación personal con Dios, una condición estable en la relación personal con los seres animados e inanimados y una condición interior estable. Así, el estado del ánimo ya no va a depender de las condiciones externas.

5.  Si bien es verdad que el que no busca no encuentra, también es verdad que todo el que busca la felicidad propia será siempre infeliz.

Pero el que la trata de dar la felicidad a los demás se encaminará, sin quererlo directamente, por la senda acertada de la dicha total, inmutable e imperecedera: no hay nada que pueda hacer tan feliz a un ser humano como deshacerse de su propio egoísmo para amar, luchar por la felicidad de los demás, ilusionarse a diario con lograr que otros sean felices…

Esa actitud ha sido patente en quienes lograron la felicidad. Siempre pensando en los demás antes que en ellos mismos, se llenaron indirectamente de lo que ahora llaman “autoestima”: autoestima que nació de saber que podían hacer algo por los demás, autoestima que los hizo tan grandes que hoy hacen la lista más grande de mujeres y hombres felices que hay en el mundo.

6.  Todo lo anterior es simplemente un preámbulo de la única y verdadera felicidad que añora el ser humano: la esperanza de estar algún día en aquel lugar donde estará Dios: todo lo bello, todo lo bondadoso, toda la verdad reunido en un solo ser… Todo el Amor que se nos da para llenarnos de felicidad. Esa no es la pequeña y pobre imagen de felicidad que cada uno tiene: no es una felicidad individual, es la felicidad. Es una felicidad eterna, en un presente continuo, sin ayer y sin mañana, sin antes ni después, un ahora hermoso que no pasa; ¡y es una felicidad que sacia sin saciar!: cuando ya se siente plena, no llena del todo, pues se desea más…

 Quien lo desee puede ser otro de esos, si se lo propone:

  • Que ame y a las alegrías pasajeras de la vida habrá unido una felicidad inconmovible.
  • Que ame y las que llaman tristezas se convertirán en peldaños para llegar a la perfección, en obstáculos sorteables y necesarios para crecer.
  • Que ame y verá que su estado de ánimo permanecerá impasible ante las desgracias más atroces, ante el dolor, ante la muerte…
  • Que ame y será verdaderamente feliz.

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Susto, miedo y temor

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en julio 4, 2008

Según la Academia de la Lengua: 

Susto:

Impresión repentina en el ánimo por sorpresa, miedo, espanto o pavor.

 

Miedo:

Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

 

Temor:

Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar las cosas que se consideran dañosas, arriesgadas o peligrosas.

 

Temor de Dios:

Miedo reverencial y respetuoso que se tiene Dios, por ser tan bueno.

 

 

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Somos víctimas del autoengaño cuando…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Somos víctimas del autoengaño cuando…

 

Ø Creemos que saber vivir es parrandear, viajar o disfrutar del dinero.

Ø Imaginamos que los pobres no pueden alcanzar la felicidad.

Ø Pensamos que al tomar licor podemos ocultar nuestros vacíos interiores.

Ø Somos serviles con quienes nos pueden dar algo.

Ø Vendemos nuestra dignidad a los demás porque tienen riquezas materiales.

Ø Compramos a los demás porque nos sentimos solos, y tenemos dinero.

Ø Creemos que nos quieren a nosotros, no a nuestras posesiones.

Ø Definimos quién es bueno y quién es malo; a quién le damos apoyo y a quién no.

Ø Decidimos quién merece nuestro trato y quién no, como si fuéramos dioses.

Ø Usamos a los demás para lograr nuestros egoísmos.

Ø Ahogamos nuestra infelicidad en momentos transitorios de placer.

Ø No sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos.

Ø No hemos descubierto a qué vinimos a esta tierra.

Ø Nos vemos acusados por las vidas de los demás, y no reaccionamos.

Ø Juzgamos a los demás, como si fuéramos dueños de la virtud.

Ø Ofendemos o humillamos a algunos porque «se lo merecen».

Ø Suponemos que los que no se divierten son siempre desdichados.

Ø Sentimos envidia de que alguien sea más feliz que nosotros.

Ø Pensamos que la verdadera alegría es externa, bulliciosa y pasajera.

Ø Consideramos que la verdadera paz del alma proviene de afuera.

Ø No creemos en la auténtica felicidad, sino en robarle algunas alegrías pasajeras a la vida.

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