Saber vivir

Archive for 28 junio 2008

Células madre

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 28, 2008

 

La ley no puede tratar al embrión humano como un amasijo de células
Entrevista al director del Grupo «Bioética y Sociedad» de investigación interdisciplinar

MADRID, 26 septiembre 2003 (ZENIT.org-VERITAS).- La Reproducción asistida es un tema de candente actualidad en España: este viernes se presentó en el congreso la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida (LTRA), que antes de entrar en el trámite parlamentario ha recibido ya numerosas críticas.

La posibilidad de utilizar células madres embrionarias con fines terapéuticos y el destino de los embriones congelados son algunos de los puntos más controvertidos de la LTRA.

El profesor Jesús Ballesteros, a quien Veritas ha entrevistado sobre el tema, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Valencia y director del Grupo «Bióetica y Sociedad», está coordinando actualmente un libro que aparecerá en el mes de diciembre con el título «Células madre: un estudio interdisciplinar», con la colaboración de expertos procedentes de la biología, la medicina, la sociología, la filosofía, y el derecho.

Por otra parte, Ballesteros es también uno de los directores del Curso de «Biotecnología y Derechos Humanos» que tendrá lugar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia entre el 27 y el 31 de octubre, para debatir sobre los desafíos ético-jurídicos que plantean las nuevas tecnologías aplicadas a la vida humana.

–¿Qué opina de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida que ha sido presentada hoy por la Ministra de Sanidad, Ana Pastor, al Parlamento?

–Jesús Ballesteros: La reforma de la LTRA, presentada este viernes en el Parlamento por la Ministra de Sanidad tiene la finalidad positiva de evitar la creación de nuevos embriones congelados, prescribiendo que sólo se fecunden aquellos óvulos que vayan a ser implantados, lo cual debe ser visto muy positivamente dada la situación actual; pero va a encontrar una fortísima oposición por parte de los que creen que el embrión es un simple amasijo de células, ya que estos quieren dejar en manos del médico el número de óvulos que deban fecundarse.

Discrepo con la decisión de la Ministra de establecer la gratuidad de la Fecundación in vitro (FIV). Me parece un despilfarro presupuestario tal gratuidad de la FIV, cuando existen tantas necesidades fundamentales por cubrir en el mismo ámbito de la asistencia médica. La FIV no se puede llevar a la Seguridad Social porque no es una enfermedad que deba ser tratada.

La Ley tiene aspectos positivos, pero parece que se ha cedido algo ante la presión de la oposición y de las clínicas FIIV. Sin embargo, ceder del todo a la presión conduciría a la larga a la clonación terapéutica.

–¿Qué opinión tiene de la Reproducción asistida en sí?

–Jesús Ballesteros: En el libro que publicamos el año pasado «La humanidad in vitro» (Editorial Comares), se ponían de relieve los aspectos negativos que la fecundación in vitro tiene para el niño y para la mujer.

En el fondo de este debate está el eterno problema entre la moral y el derecho. Desde un punto de vista moral, la fecundación in vitro es negativa; desde el punto de vista jurídico es muy difícil dar marcha atrás y prohibir en este momento radicalmente la FIV.

Lo que sí creo que sería conveniente es prohibir todo tipo de fecundación heteróloga, en la que el hijo ya no sería propio. Habría que permitir únicamente la fecundación homóloga, para que el material genético fuera aportado siempre por los padres.

Hay un error de fondo subyacente a todo esto y es que no existe ningún derecho a ser padres, el hijo es un don, no una cosa. En el fondo, estas técnicas siempre son un trauma para la mujer, y por eso, la gente justifica el permitir la fecundación de más óvulos para asegurar el éxito de la fecundación como una medida de hacer menos traumático a la mujer el fracaso.

–Sobre los embriones congelados y la polémica que se ha levantado ¿qué es mejor, investigar con ellos, descongelarlos y dejarlos morir, o adoptarlos?

–Jesús Ballesteros: La mejor salida para el embrión es sin duda la adopción, pero parece poco realista como solución para todos los embriones congelados, dado su elevadísimo número: pueden pasar de los 50.000. No hay 50.000 mujeres dispuestas a adoptar embriones. Por otra parte, mantenerlos congelados supone encarnizamiento terapéutico, y descongelarlos, incluso para una adopción, podría suponer que la mayor parte muriera en el proceso.

En cualquier caso el embrión no debe ser manipulado. Sólo en el caso en que estuviera ya muerto, después de ser descongelado podrían ser utilizadas para la investigación sus células, por analogía con lo que ocurre con los cadáveres.

También en esto es sensata la ley. Discrepo sin embargo en que se deje a disposición de los padres-propietarios el destino del embrión. Unos padres que han metido a sus hijos en el congelador no deberían ser los que decidieran sobre su destino. Lo mejor es que esto se decida directamente por ley.

–¿Cree usted que la gente normal, la sociedad, es consciente de los términos del debate sobre las células madre o existe desinformación sobre este tema?

–Jesús Ballesteros: Existe un desconocimiento casi total en la opinión pública respecto al tema de la investigación con células madre, ya que se parte de la reducción de la células madre a las células madre embrionarias, aquellas que se contienen en la masa celular interna del embrión de 5 a 10 días de desarrollo (embrión conocido con el nombre de blastocisto), ignorando la existencia de células madre en el organismo de los adultos.

Las células madre en el organismo de los adultos son precisamente las que han dado hasta ahora resultados espectaculares en la regeneración de tejidos dañados por enfermedades degenerativas. Estas células madre se encuentran en los distintos órganos del cuerpo humano, especialmente en la médula ósea (células mesenquimales), pero también en la sangre del cordón umbilical, e incluso en algo aparentemente tan inútil y molesto como el tejido adiposo, la grasa.

–Desde su punto de vista, ¿es la investigación con células madre un logro científico o un negocio?

–Jesús Ballesteros: Creo que la medicina regenerativa con células madre de adultos es una maravilla de la ciencia , que debe ser apoyada con todos los medios. Por el contrario la investigación con células embrionarias exige el sacrificio de vidas humanas, aunque sea en su estadio mas incipiente.

Otra cosa distinta sería la utilización de células, que no tuvieran propiamente el carácter de cigoto, como podrían ser las obtenidas a través de la estimulación del óvulo sin la participación del esperma (lo que se conoce con el nombre de partenogénesis), que debería considerarse lícita.
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Sobre el debate de los embriones congelados que ya no serán utlizados para fecundar a la madre, creo que lo cristiano sería primero bautizarlos y luego descongelarlos y dejar que mueran naturalmente, evitando que éstos sean objeto de experimentación en laboratorios. Me pregunto: ¿Que está pasando con éstos embriones en la actualidad, en las clínicas de tratamientos reproductivos?

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Las tres rejas*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 28, 2008

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de este y le dice:

 

–Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia…

 

–Espera —lo interrumpe el filósofo—, ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

 

–¿Las tres rejas?

 

–Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

 

–No. Lo oí comentar a unos vecinos.

 

–Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

 

–No, en realidad no. Al contrario…

 

–¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

 

–A decir verdad, no.

 

–Entonces —dijo el sabio sonriendo— si no es verdadero ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

 

 

Anónimo

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Somos víctimas del autoengaño cuando…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Somos víctimas del autoengaño cuando…

 

Ø Creemos que saber vivir es parrandear, viajar o disfrutar del dinero.

Ø Imaginamos que los pobres no pueden alcanzar la felicidad.

Ø Pensamos que al tomar licor podemos ocultar nuestros vacíos interiores.

Ø Somos serviles con quienes nos pueden dar algo.

Ø Vendemos nuestra dignidad a los demás porque tienen riquezas materiales.

Ø Compramos a los demás porque nos sentimos solos, y tenemos dinero.

Ø Creemos que nos quieren a nosotros, no a nuestras posesiones.

Ø Definimos quién es bueno y quién es malo; a quién le damos apoyo y a quién no.

Ø Decidimos quién merece nuestro trato y quién no, como si fuéramos dioses.

Ø Usamos a los demás para lograr nuestros egoísmos.

Ø Ahogamos nuestra infelicidad en momentos transitorios de placer.

Ø No sabemos de dónde venimos ni a dónde vamos.

Ø No hemos descubierto a qué vinimos a esta tierra.

Ø Nos vemos acusados por las vidas de los demás, y no reaccionamos.

Ø Juzgamos a los demás, como si fuéramos dueños de la virtud.

Ø Ofendemos o humillamos a algunos porque «se lo merecen».

Ø Suponemos que los que no se divierten son siempre desdichados.

Ø Sentimos envidia de que alguien sea más feliz que nosotros.

Ø Pensamos que la verdadera alegría es externa, bulliciosa y pasajera.

Ø Consideramos que la verdadera paz del alma proviene de afuera.

Ø No creemos en la auténtica felicidad, sino en robarle algunas alegrías pasajeras a la vida.

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La verdad

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Ni la retórica ni la elocuencia ni la vehemencia

pueden cambiar la verdad, ni siquiera pueden

embellecerla o afearla.

La verdad se sostiene sola, no necesita ser defendida, solo debe ser presentada para que brille por sí misma.

Ante la verdad solo hay dos opciones para el ser humano: negarla empecinadamente o aceptarla con humildad. En los absolutistas inmaduros que no la aceptan, ni cambian, está sembrada la semilla del fracaso; por el contrario, quien la acata puede acceder al triunfo.


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Vandalismo

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Oscurecía en el centro de la ciudad. Un pordiosero le pide a un conductor «una monedita de cien pesos»; cuando se la dio, este hizo el ademán de rascarse una pierna y, súbitamente, le arrancó el espejo retrovisor al carro, y huyó velozmente.

 

Luego, pasaron varios haciendo y diciendo cosas parecidas… Murallas de buses lo acorralaban por todas partes, mientras era asediado por esos menesterosos de mal aspecto. Cerca, otros mendigos intimidaban con palos a más conductores…

 

La violencia de la zona era patente: hacía no pocos días habían matado a un estudiante y el día anterior estallaba una bomba a pocas cuadras…

 

¿Cuál era el móvil de este hombre zarrapastroso?: su acto violento no se debía a la ira, ya que le dieron lo que pedía. ¿Tendría hambre, y por eso lo hizo? ¿Cómo lo educaron? ¿Cómo aprendió a sobrevivir? ¿Qué le enseñaron? ¿Cuál es su modo de vida? ¿Cómo y dónde vivía?…

 

El hecho es la muestra de una enfermedad social innegable… Y, ¿quiénes son los culpables de este vandalismo?

 

¿No es vandalismo también el terrorismo de la guerrilla y los paramilitares? ¿No son vandalismo las políticas gubernamentales que favorecen el enriquecimiento de unos pocos y que incrementan los impuestos al pueblo, mientras se disminuye el empleo? ¿No son vandalismo las acciones de las potencias mundiales que bajo el manto de la ayuda humanitaria propenden únicamente por sus propios beneficios económicos?…

 

Y, todos ellos, ¿cómo han sido educados? ¿Qué intereses han aprendido a seguir? ¿Qué los mueve a pensar sólo en sí mismos y a pasar por encima de los derechos de los demás?

 

Los seres humanos hemos sembrado mucho egoísmo, y el egoísmo es el padre del odio… Pero parece que no nos damos cuenta, y estamos —en el mundo— como en la calle del cartucho: llenos de vándalos.

 

Por nuestro egoísmo somos una multitud de seres solitarios.

 

Esta triste realidad es la causa de todo el desastre que nos aflige, y debe ser derrotada con nuestro amor: cuando dejemos de pensar tanto en nosotros mismos y nos abramos al «tú», aparecerá un «yo» solidario. Y hay que educar a nuestros hijos en ese aspecto.

 

Si no empezamos ya, no terminaremos nunca.

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No digas que te falta tiempo*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

No digas que te falta tiempo: tienes exactamente el mismo número de horas por día que el que tuvieron Pasteur, Miguel Ángel, la madre Teresa, Gndhi y Albert Einstein.

Anónimo

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El tener hipotecó al ser*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Se han impuesto la consigna y la voluntad de producir más para consumir más, y consumir más para que la producción no cese, sino que aumente. Tan pronto como se satisfacen unas necesidades, se estimulan y se crean unas nuevas. En la medida en que se satisfacen las necesidades estimuladas se van creando y elevando otras aspiraciones en el propio nivel de vida. Así se impulsan las ansias de bienestar y los deseos de una vida cómoda.

Los nobles esfuerzos humanos por superar la miseria, la pobreza y tantas limitaciones materiales del pasado, se han transformado en una espiral ilimitada de necesidades en los consumidores y de estímulos en los productores y propagandistas. Pero en la escala de la felicidad no siempre están más altos en felicidad los que más tienen y los que más consumen. El malestar del bienestar se ha hecho evidente. Y precisamente entre las clases más habituadas al consumo ha crecido un claro sentimiento de aburrimiento, de hastío y de cansancio vital.

Nos alimentamos de todo sin importarnos mucho de qué. Lo que interesa es tener sensaciones nuevas y estar satisfechos. El consumismo se ha convertido en un estilo de vida, en una aventura frenética y en una sed insaciable de devorar lo que sea: cosas, objetos, personas, valores, libros, tiempo, ideas, imágenes y manías. El hombre de la sociedad desarrollada, hostigado por la propaganda, es un ser que consume cada vez más y con mayor rapidez, pero sin la capacidad de disfrutarlo. Y con el consumo de las cosas y de los objetos, se consume también la propia vida.

Se vive suave y pacíficamente una esclavitud sublimada. Se vive con una conciencia feliz porque los sentidos están satisfechos y los egoísmos saturados.

El consumismo crea una cultura de experiencia sensible inmediata y del disfrute instantáneo y favorece una psicología del “fast food”, del consumo rápido, incidiendo en las relaciones del hombre con las cosas y en la misma manera de interpretarse y valorarse la persona humana. A veces cuando menos es el individuo tanto más necesita tener y demostrar que tiene para tapar y suplir las propias limitaciones y las ausencias personales.

 

José Antonio Merino

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¿Tenemos más o tenemos menos?*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

 

v Tenemos más compromisos, pero menos tiempo

v Tenemos más medicinas, pero menos salud

v Queremos casas más grandes, pero familias más chicas

v Hemos multiplicado nuestros deseos de fortuna, pero hemos reducido nuestros valores

v Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado

v Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para conocer a nuestro vecino

v Hemos conquistado el espacio exterior, pero no el interior

v Llegamos a tiempos de más libertad, pero tenemos menos alegría

v Son épocas de más comida, pero de menos nutrición

v Son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios

v Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos

v Tenemos mayores ambiciones materiales, pero menos moral

 Anónimo

 

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‘Asesinar con cuidado’

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Las consecuencias nefastas de nuestros actos parecen ya no interesarle a nadie; hoy no importa mucho el mal que resulte de las acciones encaminadas a la consecución de dinero, lo que importa es obtenerlo.

La globalización de la economía, por ejemplo, consiste en que todos los países, tengan la pobreza que tengan, participen de un mercado de competitividad con las naciones que poseen todos los medios para ganar esa competencia.

Así, poco a poco, los países pobres están entrando en una parálisis económica que los llevará a la ruina; aquellos cuyas economías están limitadas, pero estables, se están yendo por el mismo resbaladero que arruinó a los pobres; y las naciones poderosas se harán más y más ricas.

Es otro modo de asesinar —con mucha sagacidad, por supuesto—; pero es un homicidio hecho con premeditación, alevosía y ventaja.

Esta salvaje forma de vivir en el ámbito internacional, es el pan de cada día dentro de las economías nacionales: todo lo que produzca dinero es viable, pero muchas cosas indispensables para el desarrollo del ser humano, por no producir ganancias monetarias, son inasequibles.

Basta pensar en la situación de salud del pueblo: los índices de morbilidad (proporción de personas que enferman) y mortalidad son todavía altísimos para lo que se presupuestó hace unos decenios, dado el avance científico y tecnológico en la medicina.

La educación del pueblo sigue reservada a unos cuantos privilegiados. Y no se diga nada acerca de esa educación en valores humanos y en principios morales que guiarían la construcción de una sociedad civilizada, respetuosa de los derechos individuales y propulsora del bien común.

Numerosos estudios muestran el dramático estado de subalimentación de nuestros pueblos, y esa tasa de desnutrición da fe de la insalubridad biológica y la pobreza intelectual del pueblo.

Mientras tanto, a esa población enferma, sin educación y desnutrida, se la llena de celulares, televisión por cable, computadores que se desactualizan una semana después y gran cantidad de productos y servicios que les prometen una supuesta vida más feliz.

Por un lado se les incentiva lo superficial, lo banal y la imagen; y por otro, no se les ofrece lo primordial y básico para una vida digna. Y así, poco a poco van muriendo mientras llenan de dinero a las multinacionales y la los «pulpos» de la industria nacional…

Se asesinan así con mucho cuidado las mentes de esos ingenuos consumidores de lo superfluo quienes, obnubilados por las novedades del mercado, siguen viviendo una existencia vacía, cuyo dolor tratan de ahogar en cerveza y aguardiente (siempre baratos, quién sabe por qué), acumulando sin darse cuenta riquezas en quienes los usan como «idiotas útiles» de una sociedad de consumo inventada con el único fin de enriquecerse a costa de los demás.

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Tres pensamientos sobre la riqueza y la felicidad*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Si quieres hacer rico a alguien,

no aumentes su fortuna:

disminuye su deseo.

 

Disfruta aquello que tienes,

porque si no eres feliz con poco

no lo serás tampoco con mucho.

 

No dejes que tus posesiones

te posean.

 

 

 

Anónimo

 

 

 

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‘Lo ricos que llegaríamos a ser’*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Una vez un padre de familia acaudalado llevó a su hijo pequeño al campo, con el firme propósito de que viera cuán pobres eran algunos campesinos, que comprendiera el valor de las cosas que tenían y lo afortunados que eran ellos.

Estuvieron un día y una noche completos en una granja de una familia muy pobre.

De regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo:

–¿Cómo te pareció todo?

–Muy bonito, papá.

–¿Viste qué tan pobre y necesitada puede ser la gente?

–Sí.

–Y, ¿qué aprendiste?

–Vi que nosotros tenemos un perro, y ellos tienen cuatro… Vi que nosotros tenemos una piscina de 25 metros, pero el río que ellos tienen es larguísimo… Vi que nuestro patio llega hasta el muro, pero el de ellos no tiene fin… Vi que, en vez de lámparas finas tienen la luna y las estrellas…

–…

Y prosiguió el hijo:

–Pero lo que más me gustó es que ellos tienen tiempo para conversar y vivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo… Casi nunca los veo.

El padre dijo para sí mismo:

«Gracias, hijo, por enseñarme lo ricos que podríamos llegar a ser».

 

 Anónimo

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¿La religión enajena?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Es bastante común que los sociólogos, trabajadores sociales, antropólogos, historiadores y psicólogos afirmen que la religión condiciona tanto a la sociedad como al individuo pues, según ellos, es otro de los factores culturales que inciden en su identidad y desarrollo.

 

Algunos llegan a aseverar que cualquier religión entorpece o turba el uso de la razón, es decir, que enajena al ser humano. Y hay quienes se preocupan por encontrar maneras de «liberarse» de esta esclavitud.

 

De hecho, cuando se observan las actitudes de un fanático, se puede llegar a la misma conclusión: un atento análisis de todos aquellos que defienden con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, hace descubrir las razones que los mueven a actuar así: carencias afectivas, problemas familiares, laborales o sociales, que los llevaron a aferrarse enfermizamente a su credo, filosofía o forma de pensar.

 

Pero hay más: el miedo a perder ese sentido de «pertenencia» pocas veces los deja enfrentarse madura y razonablemente con sus creencias. No son capaces de evaluar valientemente si su religión es la verdadera; temen errar o fallar a sus principios religiosos (pecar); «creen» porque lo «heredaron» de sus padres, por «costumbre», por miedos irracionales e irreflexivos, no por convicción.

 

Entendida así la religión es efectivamente alienante. Alguien que vive así experimenta la mayor tragedia que puede sufrir el ser humano: su ausencia de libertad.

 

Por eso, es indispensable que el individuo comprenda una de la principales diferencias descubiertas por la paleoantropología entre la especie humana y los animales.

 

Cuando apareció, hace entre 210.000 y 100.000 años, el ser humano enterraba a los muertos. Esos entierros que hacían obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

 

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

 

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

 

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

 

El arte simbólico que se encontró en las cavernas, con búfalos y rituales mágicos, por ejemplo, es un testimonio histórico de que se adquirió el conocimiento reflexivo del destino del hombre y, además, de que apareció la conciencia de que a través de esos rituales se podían someter las fuerzas de la naturaleza.

 

La sabiduría, en este sentido, se guió más tarde hacia una cultura mágica en los cazadores, y hacia una cultura mítica en los agricultores.

 

Se puede decir que no hay duda de que el espíritu marca definitivamente al hombre, y que es su presencia lo que lo hace completamente diferente a sus antecesores: el homo sapiens se diferencia de los demás en que tiene espíritu.

 

Por eso los seres humanos sentimos algo que nos mueve a dar a Dios el culto debido y practicamos la religión, ese conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor reverencial hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio.

 

Si no lo hiciéramos, no seríamos humanos. Y seríamos esclavos.

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¿Es posible la reencarnación?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

DESDE EL PUNTO DE VISTA FILOSÓFICO

 

La variedad de circunstancias en las que nace y vive el ser humano: unos ricos, otros pobres; unos sanos, otros enfermos; unos con posibilidades de estudiar, otros no; unos que nacen en situaciones aceptables, otros en lugares donde el hambre los acaba recién nacidos…; todo esto hace pensar en la existencia, por justicia, de la llamada reencarnación.

 

Conforme a la creencia en la reencarnación, el alma vaga de cuerpo en cuerpo purificándose de sus malas acciones, palabras y pensamientos, con la finalidad de «purgar» todos esos pecados pasados y llegar «limpios» a la perfección, al llamado Nirvana.

 

Según la creencia más popular es posible vivir así miles de vidas, es decir, nuevas oportunidades para mejorar el nivel, porque también se da el descenso: una persona puede, en vez de mejorar, empeorar en la siguiente vida. Así se explica la presencia de los seres que llaman «desechables» y de los que han tenido «fortuna» en la vida, de ricos y pobres, de enfermos y sanos, de inteligentes y brutos, de capaces e incapaces, de sabios y necios, de gente con oportunidades y sin ellas…

 

La metempsicosis o metempsícosis es la doctrina filosófica y religiosa de varias escuelas orientales, y renovada por otras de occidente, según la cual transmigran las almas después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. Un vocablo más preciso a utilizar sería metensomatosis ya que no es el cuerpo (soma) el que cambia de alma, sino el alma (psique) la que cambia de cuerpo.

 

Transmigrar es pasar un alma de un cuerpo a otro. Reencarnar, simplemente, es volver a encarnar. Estos dos términos son utilizados por los partidarios de la teosofía y del espiritismo. Sin embargo, se usa más frecuentemente “trasmigración” para hablar del paso de un alma humana a otro cuerpo humano, mientras que “reencarnación” aduce más veces al cambio de un alma humana al cuerpo de un animal o de una planta.

 

Algunos autores ven nacer la idea sobre la que se fundaría la metensomatosis en los pueblos mediterráneos, particularmente en Egipto, lo que explica el rito de la momificación y luego entre los griegos, en la época de Homero; pero esa idea era confusa todavía y no se entendía especialmente como metensomatosis. El orfismo ya admitió la necesidad de un continuo retornar de las almas a la tierra con el fin de purificarse sucesivamente. Platón también habló de esa catarsis (purificación necesaria). Luego, en Roma, Virgilio creyó en la metensomatosis y se apoyó en ella para ordenar que no se matara a los animales y así no dañar a un alma pariente de los hombres. Más adelante, el gnosticismo, el maniqueísmo, la escuela neoplatónica y Plotino la aceptaron.

 

Pero en Asia fue donde más se extendió la metensomatosis con matices diversos: el hinduismo y el brahmanismo hicieron de ella una doctrina fundamental, cuyo origen era la teoría del “Karma” o acto, ley de causalidad llevada al plano ético. Las almas que van de cuerpo en cuerpo sufren en estos el resultado de sus actos, de su karma, castigándolos o premiándolos, la cual llega así a ser una ley de justicia inmanente, actuando con una eficacia casi mecánica. El budismo y el jainismo aceptaron la ley del karma y la metensomatosis, origen del dolor, e impusieron la meditación y el yoga para liberar al hombre de la ignorancia primordial. De un modo diferente, el taoísmo también la admitió.

 

Hoy, el espiritismo y la teosofía han renovado las antiguas creencias paganas e, inclusive, la cábala (especie de gnosis judía) acepta la metensomatosis.

 

Desde el punto de vista filosófico, son muchas las partes que componen a un ser, un ente. De esas, unas son necesarias para que ese ser sea lo que es; sin eso, sencillamente, no sería o sería otro ente. Es lo permanente e invariable de las cosas y se llama sustancia o esencia. En cambio, otras son accidentes, podría decirse, circunstanciales, variables.

 

Un objeto sencillo e inanimado puede servir de ejemplo: un trozo de oro. Por más grande o pequeño que sea, es oro. Aun si lo partimos en dos, cada fragmento sigue siendo oro, individualmente. Esa es su sustancia: oro.

 

Otro ejemplo más complejo es una flor. La flor tiene algunos atributos: se forma en una planta, está compuesta por sépalos en cáliz que sostienen una corola formada por pétalos, una o dos coronas de estambres que rodean el pistilo, etc. Estos atributos son necesarios para que la flor sea flor; en cambio, no es necesario que tenga un color determinado para que sea flor, como tampoco es indispensable que crezca en una planta determinada: tan flor es una amapola, como un geranio o una margarita; su forma es también accidental.

 

El ser humano tiene por esencia, por sustancia, el alma (espíritu) y el cuerpo (materia). Sin alma este ser no sería humano, como también sin su cuerpo.

 

Desde otra perspectiva, el ser humano es un animal racional. Si, por ejemplo, no tuviera la capacidad de raciocinio sería simplemente un animal.

 

Otras cosas son accidentales, como el color de la piel (es tan hombre el de raza negra como el de raza amarilla o blanca), el idioma que hable o su cultura… Así mismo, si el hombre llegase a perder un brazo o ambos, o los cuatro miembros no dejaría de ser hombre.

 

Al transformarse el hombre en un animal irracional se perdería uno de los componentes esenciales del ser: además de no tener razón, el hombre estaría sin conciencia, sin libertad y sin la capacidad de amar.

 

Si existe la transmigración a otro cuerpo humano, ha de aceptarse la ruptura de la esencia del ser humano: sustancialmente, cada alma está unida a su propio cuerpo. Cuando se afirma que el hombre se compone de alma y cuerpo, se debe deducir, con criterio lógico, que sólo esa alma unida a ese cuerpo forman ese ser humano. Al darse la transmigración, ya no sería la unión de los mismos componentes esenciales, sino otra que, obviamente, sería un ser distinto, con una identidad propia y un destino diferente.

 

La ciencia genética moderna ha demostrado que desde el primer instante de su existencia el individuo adquiere una identidad con un código genético irrepetible, intransferible y propio; identidad que crece y se define con sus actos, emociones, sensaciones y decisiones. Es un ser único.

 

Todo esto hace filosóficamente inadmisible la metensomatosis.

 

Por otra parte, la pérdida del recuerdo que, según esta doctrina, se da de nuestra(s) vida(s) anteriores destruye su efectividad en el plano ético: sin este recuerdo, no se puede hablar de castigo o de recompensa, ya que para que el culpable se reconozca como tal, debe tener el recuerdo de sus faltas. ¿Cómo puede haber castigo si no hay memoria de la falta que se expía?

Además, si se concediera el chance de volver a arreglar las cuentas, cambiaría radicalmente la vida presente.

 

Lo contrario, la sensación de haber vivido ya una situación, saber cosas no estudiadas o reconocer parajes o personas no antes vistos, no prueba nada. Esta limitadísima experiencia no puede demostrar la metensomatosis.

 

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Psicología*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

PSICOLOGÍA (antigua pero todavía valedera)

Características más comunes

 

Hay tres características principales, con las cuales se hace la clasificación de la personalidad de cada individuo. Son estas lo emotivo o no emotivo; lo activo o pasivo; y lo primario o secundario. Ninguna se considera buena o mala, son simplemente diferentes maneras de ser, lo que hace tan enriquecedor y variable el trato entre los seres humanos.

 

Emotivo:

Sensible a las emociones. Que, ante un evento positivo o negativo, reacciona expresándolo con emoción. La emoción es un estado de ánimo producido por impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos que se traducen en gestos, actitudes u otras formas de expresión.

El individuo no emotivo puede sentir, aunque no lo exprese.

 

Activo:

Diligente. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona actuando. Aunque lo haga bien o mal, actúa.

Una persona activa puede demorarse o no en actuar y, también, que puede cometer errores, equivocarse al actuar.

 

Primario:

Rápido. Que, ante esas impresiones de los sentidos, ideas o recuerdos reacciona rápido, bien expresando sentimientos, bien con hechos.

 

Secundario:

Que la reacción es más lenta.

 

Factores elementales

 

 

 

Emotivo

No emotivo

Activo

No activo

 

 

 

Primario

Locuaz

Superficial

Subjetivo

Alegre

Acomodadizo

Hábil

Astuto

Extravertido

Complaciente

Poco sensible al peligro

Presencia de espíritu

No acepta el fracaso

Tendencia a la mentira

Feliz de vivir

Negligente

Despilfarrador

Deseo

Actúa en todo de palabra

 

 

 

 

Secundario

Introvertido

Excusado

Remordimien-tos

Mentiroso

Solapado

Falta de valor físico

No fervoroso

Automatismo de actos

Fiel

Justo

De principios

Hacia el pensamiento abstracto

Poco activo y eficaz

Capacidad de organización

Puntualidad

Sentido social

Trabajo regular

Coherente

Escrupuloso

Introvertido (soledad)

Resistencia pasiva

Se desalienta rápido

 

Activo

Pronto

Afiebrado

Juegos violentos

No hábitos

Buen humor

Mando

Empujones

No afectivo

Animoso

Objetividad

Habilidad manual

Atento

Perseverante

 

 

 

 

 

No activo

Miedo a la acción

Fatalista

Soñador

Sublimación de deseos

Distraído

Celoso

No esfuerzo

Indiferente

Sin iniciativa

Egoísmo

Sujeto a las necesidades orgánicas

 

 

 

 

 

Indicaciones para las conjugaciones más comunes

 

Apasionado: emotivo, activo y secundario.

Necesita convicciones razonadas y reflexivas.

Toma muy en serio lo que se le dice: la orientación ha de ser prudente y discreta.

Debe compartir los entretenimientos, las alegrías y las penas para disminuir su introversión.

Exigirle buenos modales.

Hacerlo consciente de la necesidad y de la obligación de perdonar y olvidar ofensas.

 

Colérico: emotivo, activo y primario.

Evitar la violencia y animarlo con simpatía en el esfuerzo.

Combatirle la inconstancia y desarrollarle el esmero y la perfección.

Evitarle la precipitación y cultivarle la autocrítica.

La formación moral y religiosa puede contrarrestar su afán de emociones y novedades que le resultarán nocivas.

 

 

 

 

Flemático: no emotivo, activo y secundario

Habituarlo a la flexibilidad, comprensión y transigencia.

Evitarle la desmesurada importancia al deber.

Favorecer su confianza para provocar su exteriorización y abrir sus horizontes.

Evitarle la obstinación y favorecerle la sociabilidad.

 

Sanguíneo: no emotivo, activo y primario

Evitar el egoísmo con ideales de abnegación y generosidad.

Establecer prioridad de lo intelectual sobre las necesidades prácticas u orgánicas.

Controlar el trabajo esmerado y acabado.

Desarrollar la reflexión y la autocrítica.

Inculcarle convicciones profundas para contrarrestar su natural debilidad e inconstancia.

 

Nervioso: emotivo, no activo y primario.

Se aconseja con benevolencia, comprensión y paciencia, pero con energía y constancia.

Crearle una mayor ponderación; que piense antes de obrar, que ejercite la autocrítica y actúe con constancia y esmero.

Vigilar sus amistades en los períodos críticos

 

Sentimental: emotivo, no activo y secundario.

Darle comprensión y confianza, para hacerlo abierto y alegre.

Intelectualizarlo y favorecer la sociabilidad, evitando la melancolía y el pesimismo.

Animarlo, exagerando sus éxitos para aumentar sus energías.

Buscar el lado positivo.

La inclinación a la vida sobrenatural despierta su voluntad.

 

Apático: no emotivo, no activo y secundario.

Alentarlo y estimularlo.

Ayudarlo en su expansión y sociabilidad.

Evitar o reducir “lo del pasado” que lo hace pesimista y melancólico.

Animarlo y estimularlo, antes que reprenderlo o castigarlo.

 

Amorfo: no emotivo, no activo y primario.

Hacerle conocer sus defectos y posibilidades.

Dirigir y controlar sus actividades cotidianas con interés renovado.

Formar hábitos y vigilar sus amistades.

 

 

Variables o subtipos

 

Las conjugaciones más comunes no son, como se podría pensar, puras; esto es, apasionado puro, flemático puro, nervioso puro… Los tipos “puros” son apenas el 40% o el 45% de los individuos, los demás tienen variables que se pueden agrupar como se ve a continuación. Las equis muestran las variables, teniendo en cuenta que, al subir, la característica correspondiente se hace un poco más evidente y lo contrario al bajar.                                         

 

 

 

Apasionado

E    A    S

 

  x     x     x

 

Colérico

E    A    P

 

  x     x     x

Flemático

nE    A    S

 

   x     x     x

Sanguíneo

nE    A    P

 

   x     x     x

Sentimental

E    nA    S

 

  x     x     x

Nervioso

E    nA    P

 

  x     x     x

Apático

nE    nA   S

 

   x     x     x

Amorfo

nE    nA   P

 

   x     x     x

 

          x    

=x            x

 

  Impetuoso

 

 

=x     x      

                x

 Apasionado

 

   x            x

=        x

 

  Insensible

 

                 x

= x     x

 

     Febril

 

 

=x     x

                x

 Introvertido

 

 

=x           x

         x

Indisciplinado

 

          x  

= x           x

         

 Sentimental

 

  

=        x     x

   x          

   Nervioso

 

 

=x

          x     x

    Inquieto

 

                x

=x  

         x

  Aventurero

 

          x

= x

                 x

    Estricto

 

                    

= x                   

          x     x

     Medio    

 

                x    

=x     x               

                   

      Duro

 

         x           

=x           x         

                

  Depresivo  

 

                    

= x           x        

          x         

   Flemático

 

                    

= x            x       

          x         

  Sanguíneo

 

 

=       x     x

  x

   Flemático

 

 

=x            x

         x  

   Nervioso

 

   x                 

=               x     

          x          

    Apático

 

   x               

=                    

          x     x     

     Agudo

 

                    

=       x     x        

  x   

    Apático

 

                    

=x           x

         x

   Colérico  

 

                    

= x     x              

                x   

    Amorfo

 

                    

=        x            

   x            x    

 Sentimental

 

 

=x            x

         x

 Sentimental

 

 

=       x     x

  x

  Sanguíneo

 

                    

= x     x             

                 x

  Sanguíneo

 

                   

=        x     x

   x                 

   Colérico

 

                     

=x     x               

                x

   Nervioso

 

                    

=       x    x         

  x                 

    Amorfo

 

                    

                    

                   

 

 

   x     x     x      

=                    

                  

     Radical

 

 

 

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Por si el mañana nunca llega*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

 Si supiera que hoy es la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y pediría al Señor ser el guardián de tu alma.

 

Si supiera que esta es la última vez que te veo salir por la puerta, te daría un abrazo y un beso, y te llamaría de nuevo para darte más besos y más abrazos.

 

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veré, te diría que te quiero y no asumiría tontamente que ya lo sabes.

 

Creemos que siempre hay un mañana y que la vida nos dará otra oportunidad para hacer las cosas bien. Pero si este momento es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero y que nunca te olvidaré.

 

 

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más para amarlos con hechos; hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día en que no sacaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso…; o llorarás el día que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un último deseo.

 

Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas; trátalos bien diciéndoles: «lo siento», «por favor», «gracias», etc.; quiérelos, saca tiempo para decirles todas las palabras de amor que conoces…

 

Lee bien este mensaje, y vívelo con tu esposo(a), hijo(a), hermano(a), papá mamá, etc.

 

Anónimo

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Es tan pobre…

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Es tan pobre,

tan pobre, que no tiene sino dinero y cosas materiales

 

 

Anónimo

 

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La paz, ¿semilla o fruto?

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Poco a poco, se nos está escapando la paz… Se oye por todas partes que tenemos que imponernos ese objetivo, cueste lo que cueste; que debemos comenzar siendo pacíficos en nuestros hogares; que nadie puede exigir paz si no hace lo suyo; que es responsabilidad de todos… Y, poco a poco, la violencia se aproxima más a nuestras vidas, a nuestras familias… Cada vez está más cerca…

 

¿Cómo pretendemos que los guerrilleros deseen la paz, si todo lo han conseguido a través de la guerra? ¿Cómo van a aceptar la idea de paz que tenemos nosotros, si no la conocieron en sus hogares ni en su infancia? ¿Acaso las conciencias curtidas por el secuestro, los asesinatos y la violación de los derechos pueden entender el idioma del perdón y del olvido?

 

¿No será que la paz no es tanto una finalidad como una consecuencia? Si la paz es el fruto de una planta, las semillas serán el bienestar biológico, psicológico y espiritual de los ciudadanos; el agua y el abono serán la formación en valores y en principios morales; y la luz del sol será la tolerancia y el respeto.

 

Toda negociación política o toda componenda para llegar a un acuerdo será inútil, puesto que del árbol malo sólo pueden brotar frutos malos.

 

Crear hábitos de tolerancia en medio de nuestra diversidad, enseñar respeto por los demás y por sus derechos, ayudar a forjar virtudes y erradicar defectos, crear buenas costumbres, guiar a los jóvenes en una afectividad generosa, adiestrarlos para que manejen acertadamente sus emociones e impulsarlos a que desarrollen una relación adulta y responsable con Dios dará como resultado una paz interior que forzosamente conducirá a la paz colectiva que tanto añoramos.

 

Como las hojas de esa planta, viviremos entre múltiples ramas (tolerancia en la diversidad), compartiendo sin avidez por poseer más de lo necesario disminuirá la ambición desmedida por poseer, brotará la generosidad y llegarán las flores del trabajo, el bienestar y el progreso.

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La paradoja de nuestro tiempo es que…*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

…gastamos más, pero tenemos menos

…compramos más, pero disfrutamos menos

…tenemos más compromisos, pero menos tiempo

…poseemos más conocimiento, pero menos criterio

…poseemos más títulos, pero menos sentido común

…hay más expertos, pero más problemas

…disponemos de más medicinas, pero menos salud

…tenemos autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos

…hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores

…llegamos a la luna, pero no cruzamos la calle para conocer al vecino

…conquistamos el espacio exterior, pero no nuestro interior

…hemos aumentado la cantidad, pero hemos disminuido la calidad

…tenemos más comida, pero menos nutrición

…llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios

…se ven casas más lindas, pero también más hogares rotos

…nos preocupamos por la polución del aire, pero no por la de nuestras almas

…buscamos mayores ingresos, pero no la moral

…hay mucho qué mostrar por fuera, pero poco por dentro

…hablamos mucho, pero escuchamos poco

…buscamos que nos comprendan, pero no comprendemos a los demás

…vemos que falta el amor, pero no nos amamos

…corremos mucho, y no sabemos para qué

…aprendimos a sobrevivir, pero no a vivir

 

Anónimo

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El naufragio*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

El único sobreviviente de un naufragio logró llegar a una isla pequeña e inhabitada.

Cansado, construyó una pequeña cabaña para protegerse y guardar sus pocas posesiones.

Todos los días oraba fervientemente a Dios, pidiendo que lo rescatara, y revisaba el horizonte buscando la ayuda pedida, pero no llegaba…

Un día, después de andar buscando comida, regresó y encontró su pequeña choza en llamas; el humo subía hasta el cielo. Para colmo de males, había perdido también todas las cosas que guardaba en la cabaña.

Se sintió muy confundido y enojado con Dios; llorando, le decía: «¿Cómo pudiste hacerme esto?…» Después de sollozar un buen rato, se quedó dormido en la arena.

A la mañana siguiente, se despertó por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. ¡Venían a rescatarlo!

Les preguntó a los navegantes: «¿Cómo supieron que yo estaba aquí?». Ellos contestaron: «Vimos las señales de humo que nos hiciste».

Anónimo

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Bobby, mi mascota*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Aburrido ya de las gracias de mi perro, Bobby, un pastor de 3 años, decidí jugar con él de una manera diferente. Lo dejé con hambre y con mucha sed un día entero.

 

Luego quise saber qué le pasaría si en vez de agua le ponía en su bebedero leche de magnesio. El estúpido se lo tomó todito; me miraba esperando que le diera algo de comer, pero opté por encerrarlo para que no molestara.

 

Lo puse en la oscura bodega de herramientas, y les juro que si no es porque en la noche escuché un aullido, no hubiera recordado que el pobre estaba metido ahí; pero como ya era muy tarde, lo dejé hasta que se durmió.

 

Ya en la mañana lo fui a buscar, y había popó por todos lados; me imagino que hizo efecto el magnesio y, la verdad, se notaba muy débil y algo alterado por la luz que le daba directo en los ojos; pero yo me había levantado con más ganas de molestarlo, así que le halé el rabo, le hinqué los testículos, lo puncé con un tenedor… Realmente me pareció divertido…

 

Algo en él y en mí había cambiado; ya no era más mi mascota. Se estaba defendiendo, y me comenzó atacar. Sentí susto, pero sabía que estaba débil por la diarrea y las heridas del tenedor. Un poco más y me desgarra una pierna. Agarré un fierro y lo puncé; al desgraciado no le importó y no huyo; siguió intentando herirme, como si la venganza lo motivara, pero al fin y al cabo es un animal, y yo podía adivinar cada movimiento que él hacia…

 

No me percaté de las heridas de Bobby, ya que su pelo negro tapaba de alguna manera el rojo de su sangre, hasta que salió un chorro de sangre por su boca; estaba agotado: su lengua lo delataba, no la podía esconder. Me dio lástima el infeliz, pero, ¿qué le podía hacer? Ya estaba muy herido, y aun así quería atacar. No tuve más remedio que parar su sufrimiento: lo atravesé son el fierro, y ahí quedó lo que era Bobby…

 

Antes de que sigan pensando que soy un malvado, un perverso que no merece nada bueno, a quien ustedes no aplaudirían sino que posiblemente castigarían, hagamos un ejercicio mental: cambiemos a Bobby por un toro. Sí, un toro que, igual que Bobby, se puede defender un poco, pero que no puede hablar ni abrir las puertas o pedir ayuda… Entonces, ¿qué sería yo?, ¿un maestro?, ¿un artista?…

 

Un ser vivo es un ser vivo, sea un perro o sea un toro: siente, y sufre. No nos dejemos engañar por los enfermos que promocionan los eventos taurinos, que dicen que son buenos y que la tauromaquia es algo que pocos entienden…

 

No juguemos con el dolor ajeno, y digamos: ¡NO A LA TAUROMAQUIA!

 

Anónimo

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Los demás*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Somos jueces mezquinos

del valor de los demás;

pero no permitimos

que nos juzguen los demás.

 

Nuestro tiempo es valioso

pero no el de los demás;

nuestro espacio, precioso,

mas no el de los demás.

 

Nunca estamos conformes

del quehacer de los demás:

los errores son tiestos

qué tirar a los demás;

los aciertos son nuestros,

y jamás de los demás.

 

Las verdades ofenden

si las dicen los demás;

las mentiras se venden

cuando compran los demás.

 

Condenamos la envidia

cuando envidian los demás;

pero lo nuestro es análisis

que no entienden los demás.

 

Nos pensamos pilotos

del andar de los demás;

donde estemos nosotros,

que se aguanten los demás.

 

Cada paso es un intento

de pisar a los demás.

Cada vez más es violento

el portazo a los demás

Y vivimos a solas,

sin pensar en los demás,

como lobos hambrientos,

acechando a los demás,

convencidos de que son

nuestro alimento los demás.

 

Seres pluscuamperfectos

con respecto a los demás;

olvidamos que somos

los demás de los demás:

que tenemos el lomo

como todos los demás,

que llevamos a cuestas

–unos menos, otros más–

vanidad y nostalgia

como todos los demás.

 

Apagamos la Luz

que por amor a los demás

encendió en una cruz

el que murió por los demás.

 

Nos hacemos los sordos

cuando llaman los demás,

“porque es tontería

escuchar a los demás”.

 

Porque son ataduras

comprender a los demás,

caminamos siempre a oscuras

sin pensar en los demás.

 

Y tildamos de manía

el amor por los demás.

 Anónimo

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Le habían enseñado a pensar*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: “Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.” El estudiante había respondido: “Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.”

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí 6 minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado 5 minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirlo y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: Toma el barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, mide el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la fórmula altura = 0,5 por g por T al cuadrado. Y así obtenemos la altura del edificio.

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. “Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?

“Sí, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero

también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de presesión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras.

Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje.

Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.”

En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares distintos nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarlo a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que le habían enseñado a pensar. Lo que no es poco.

 

Anónimo

 

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Cuidar la imagen

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Cuidar la imagen

Noemí no permitía que sus compañeros de trabajo cuestionaran la calidad de su labor; según ella, hacía todo perfecto. Un día, el jefe la llamó para encargarle un trabajo que otro empleado había hecho mal:

–Señora Noemí, como ya sabe, estos papeles no se entregaron a tiempo la vez pasada; le ruego que los haga llegar lo más pronto posible.

–¡Pero, señor, usted no me había pedido que los enviara!

–¿Le dije acaso que usted había fallado?

–Pero es que…

Noemí volvió la cabeza y se percató de algunas miradas de sus compañeros que, admirados por su conducta, mecían la cabeza de un lado para otro y murmuraban:

«No tiene remedio»…

¿Cuántas veces hemos hecho algo parecido? ¿Cuántas veces al día decimos la consabida frase: «Pero es que…»?

¿Por qué nos preocupa tanto nuestra imagen? ¿Qué nos lleva a tratar de mantenerla intacta por todos los medios? ¿A qué le tememos? ¿Es que no somos humanos ni nos podemos equivocar? ¿Acaso conocemos a alguien que nunca yerra?…

Y, sobre todas esas preguntas se yergue una más importante: ¿Qué pretendemos esconder con esa conducta?

La experiencia y los estudios científicos han demostrado que bajo esa actitud de querer proyectar una imagen que no poseemos está siempre la conciencia cierta de que somos inferiores a los demás, es decir, que tenemos una autoestima pobre.

Con frecuencia nos ocultamos a nosotros mismos nuestros defectos; y quizá lo logramos… Pero no a todos podemos engañar. La gente se da cuenta de más cosas y circunstancias de las que creemos, y de nuestras verdaderas intenciones.

Muchas veces, bajo la apariencia de bondad, salen al exterior nuestros deseos de aplausos, de un «qué dirán» positivo. Muchas veces —no nos engañemos— pretendemos que nos alaben, que nos tomen por buenos. Muchas veces buscamos admiración porque no nos amamos.

Algunos son más hábiles que otros en proyectar esa imagen a los demás. Todos conocemos, por ejemplo, ese tipo de personas que «nunca se equivocan», que «siempre tienen la razón», que siempre dan una explicación a su mal comportamiento y a sus palabras desacertadas.

Y quizá muchos hemos caído en ese error alguna vez…, o muchas. Si somos sinceros, aceptaremos que en mayor o menor grado hemos caído en esa trampa de nuestro principal enemigo de la felicidad: la soberbia.

Cuando dejemos de decir sin atención aquello de que «nadie es perfecto», cuando lo comprendamos de veras, cuando nos percatemos de que no somos la excepción, habremos dado el primer paso para no poner una coraza defensiva ante los demás.

¡Somos como todos: erramos, pecamos, caemos, reaccionamos mal…!

Entonces, ¿qué imagen es la que debemos cuidar?

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Hecho con humildad*

Posted by Mauricio Rubiano Carreño en junio 27, 2008

Cuenta el relato que un hombre atribulado subió a lo alto de una montaña para consultarle a un sabio sobre un problema que traía. Al llegar le dijo:

–Maestro, soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: “¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser?” Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Maestro, estoy arruinado! Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta y, peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto! ¡No entiendo qué sucedió, fue el mejor trabajo que hice en años!

–Vuelve a tu negocio —dijo el Maestro— descose cada una de las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego llévala al príncipe.

–¡Pero obtendré el mismo atuendo que tengo ahora! —protestó el sastre— Además, mi estado de ánimo no es el de siempre.

–Haz lo que te indico, y Dios te ayudará, dijo el maestro.

Dos semanas después, el sastre volvió a subir la montaña.

–¡Maestro, usted ha salvado mi vida! Cuando le presenté nuevamente el ropaje, el rostro del noble se iluminó: “¡Hermoso! —exclamó— ¡Este es el más hermoso y delicado traje que haya visto!” Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Maestro, deseo saber cuál es la diferencia entre la primera prenda y la segunda.

–El primer traje —explicó el Maestro— fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza. La segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provoca admiración en quien la vea.

 

Anónimo

 

 

 

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